Un estilo pastoral

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Vista parcial de los asistentes a la misa de acción de gracias

Ha sido un tópico, que tiene algo de verdad, señalar que en nuestros pueblos quienes mandaban, además del alcalde, eran el cura, el médico y el boticario. Esta estampa, por hablar de lo que nosotros hemos vivido, corresponde a una época histórica que corre paralela al franquismo. Con un nacionalcatolicismo que lo imbuía todo, desde el púlpito, el confesonario o la clase de religión, el cura dictaba la moral, dictaminaba las buenas o malas costumbres, influía en las relaciones familiares y marcaba conductas. Era, en definitiva, un guía y una referencia en la vida del pueblo.

Esta visión moralista de la religión, la mayoritaria en la época, conoció una crisis profunda con la llegada del Vaticano II. Y los curas de nuestros pueblos fueron en muchos casos la cara visible de la nueva etapa eclesial. Nuevos usos litúrgicos, nuevas relaciones con la feligresía, nuevas preocupaciones sociales, nuevas homilías y nueva visión de la figura de Jesús y de su Iglesia acompañaron un proceso rico, complejo y convulso en el que nos hemos movido en los últimos cincuenta años. El periodo fue acompañado de una crisis vocacional profunda, que supuso la secularización de un buen número de sacerdotes y la escasez de nuevas vocaciones, una progresiva presencia del laicado, todavía claramente insuficiente, y una reducción casi drástica de la asistencia a la misa dominical, que de ser mayoritaria ha pasado a ser minoritaria incluso en la otrora oficial y católica Navarra. Para completar esta visión de la Iglesia navarra hoy, añadiré que creo apreciar una involución en la última generación de sacerdotes, tanto en mentalidad como en apertura eclesial, respecto a la que desarrolló su tarea pastoral siguiendo la estela del Vaticano II, muchos de ellos ya en edad de jubilación a la que no pueden ni quieren acceder dada la escasez de vocaciones.

Dicho lo anterior, debo subrayar que aprecio mucho la tarea que los curas realizan en la sociedad secularizada de hoy. Una tarea que juzgo especialmente complicada. Ya no son los hombres socialmente importantes de antaño, ni los faros referenciales en la vida de nuestros pueblos, pero su trabajo y presencia siguen siendo importantes, ahora desde la modestia y el buen ejemplo de su compromiso y su vida. Los hay conservadores, volcados en el culto y los sacramentos, y me merecen respeto. Los hay más abiertos, sabedores de que la Iglesia debe acompañar y no imponer y me merecen respeto también. Y los hay quienes, al margen de su ideología, confunden vocación con profesión y parecen funcionarios más o menos cumplidores de una misión que tienen encomendada, y éstos me gustan menos. De todo hay en la viña del Señor.

Vivo en Oteiza desde hace 35 años y he tenido la fortuna de conocer a dos párrocos bien distintos, pero igualmente queridos por la población. La salida algo traumática de Enrique Moreno no fue bien vista por la feligresía, que removió Roma con Santiago para tratar de impedirla. Enrique salió físicamente, pero permaneció en el corazón de los oteizanos que vieron en él una persona sencilla, trabajadora y honesta que era uno más entre los suyos.

Hace casi 20 años llegó Ángel Mauleón, misionero del Verbo Divino. Supo abordar bien el desgarro afectivo de la salida de Enrique, y desde la modestia y el buen hacer, supo hacerse un hueco en el corazón de los vecinos de Oteiza. Si el balance hubiera de hacerse por la asistencia a la misa dominical, ese no sería brillante. ¿Pero se atreve alguien a tirar la primera piedra si esa es la pauta para medir la eficacia de la acción pastoral? Afortunadamente, hay otras pautas de actuación. Unas homilías bien preparadas y actualizadas, un sentido bíblico visiblemente marcado, una liturgia austera y centrada en la figura fundante de Jesús, una Iglesia para los fieles y no una feligresía para la Iglesia, y una participación activa en la vida religiosa y civil de la población, son algunas de las características de su paso entre nosotros. La respuesta del pasado 5 de noviembre, en la que se despidió como párroco, fue el digno colofón a una trayectoria de servicio. Una eucaristía, convertida en verdadera acción de gracias, permitió a toda la comunidad parroquial participar en una fiesta alegre y sentida. Por el ambón desfilaron jubilados, representantes de las distintas asociaciones del pueblo, el colegio entero representado por profesores, padres y madres y alumnado, el coro parroquial del que formaba parte, y las mejores voces de niños y mayores que desgranaron para él jotas alusivas. Y tras la misa, la mesa. Más de 250 personas nos reunimos para continuar una fiesta con bingo solidario y música para finalizar. Era la forma de decir gracias a una persona, a un estilo pastoral sencillo y cercano que solo intentó acompañar a sus hermanos en el camino.

Diario de Navarra, 11/11/2016

 

 

El mundo es mi patria

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Amo mi patria chica, Navarra, con contenida pasión. He nacido aquí, le he dedicado muchas horas de estudio, y he pasado mi vida profesional enseñando su historia y tratando de hacer un poco mejor la vida a sus ciudadanos desde mis responsabilidades políticas. Pero estos mismos estudios y mis convicciones socialdemócratas me han permitido vislumbrar que mi nacimiento aquí fue un feliz accidente, pero accidente al fin y al cabo. De ahí que observe con respeto, pero con recelo y aprensión, a los que hacen de su patria chica un ídolo al que inmolan su vida, ideas y convicciones.

Si esto lo tenía claro antes, algunos acontecimientos que me han sucedido en los últimos meses subrayan todavía más mis creencias en este sentido. Cada vez me siento más ciudadano del mundo y me parecen más reduccionistas las visiones nacionalistas y estrechas en las que nos movemos por estos pagos. Mi bisabueno paterno, de apellido Felloni, llegó de Italia a finales del siglo XIX en busca de una vida mejor para los suyos. Se estableció en Bernedo y de allí pasó a Los Arcos donde se estableció. En Bernedo el secretario decidió españolizar su apellido y pasó a denominarse Felones.

Mi hijo mayor, un viajero impenitente, lleva recorridos ya muchos países en su mochila, México y Australia, entre ellos. Y, tras una estancia de dos años en China, ha contraido matrimonio con una ciudadana china, Carmen para nosotros, con estudios de psicología en Burdeos. Mi nieto, que no tardará en llegar, será un niño hispano-chino, ciudadano del país más poderoso del mundo cuando llegue a la mayoría de edad. Por supuesto que intentaré que conozca España y Navarra, parte esencial de su cultura paterna. Pero será, sin duda, un ciudadano global del mundo en que vivimos al que le resultarán muy extraños las vivencias de los nacionalismos tan en boga por estos lares.

He asistido en directo a la boda, vía skype, de Carmen y Javier. Y no sé que me depararán las nuevas tecnología en los próximos años. Pero todo me servirá para fijar la vista en un mundo cada vez más pequeño y más global en el que todos sus habitantes deberían sentirse partes de una misma patria y un mismo destino: una humanidad lo más feliz posible.

 

 

Ejercicios de supervivencia

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Hace unos años dediqué uno de mis artículos de “Desde La Solana” a Jorge Semprún con motivo de su muerte. Había leído algunos de sus libros, me interesaba su trayectoria política y su evolución desde el marxismo hasta la socialdemocracia, y compartí con él un viaje de Pamplona a Roncesvalles, él como ministro y yo como consejero de Cultura, que me resultó muy interesante política y personalmente. Hoy vuelvo sobre su persona y su obra para comentar brevemente para ustedes un libro póstumo que acabo de terminar de leer: “Ejercicios de supervivencia”.

Se trata de un libro muy breve, apenas esbozado, en el que el autor, casi al final de sus días, vuelve sobre un episodio especialmente difícil de su biografía vital: su detención por la Gestapo como miembro de la resistencia francesa y su internamiento y tortura en el campo de exterminio de Buchenwald.

El libro y el tema se prestaban a una encendida hagiografía que cuantos hemos visitado alguna vez un campo de concentración hasta hubiéramos entendido. Yo precisamente visité Buchenwald en una viaje oficial a Alemania, al poco de la reunificación alemana, y quedé profundamente impresionado y horrorizado de lo que allí contemplé. Pero Semprún, pese a proceder de una rica y culta familia desgarrada por la guerra civil, se acerca a esa etapa de su vida con un pudor extremo, tanto como preciso es en la enumeración de las diferentes torturas utilizadas con él y sus camaradas.

El libro es una emocionante reflexión sobre la fraternidad y la solidaridad frente a la injusticia y la tiranía y un ejemplo de que en la vida “el idealismo, la generosidad, la valentía y la convicción moral son razones sólidas para sobrevivir”, como indica Vargas Llosa en el prólogo.

He aquí algunos párrafos, que me han llamado la atención:

“Diría mas, fue en Auxerre, en la villa de la Gestapo, bajo la tortura, donde cobré auténtica conciencia de la realidad de mi cuerpo. Antes, mi cuerpo y yo no formábamos más que un ser difuso: era mi cuerpo sin saberlo. A fuerza de ser yo mismo, además, mi cuerpo no existía para sí. No había ninguna distancia, antes de aquellas largas jornadas de interrogatorio, entre mi alma -mi voluntad, mis deseos, mis caprichos incluso- y ese cuerpo disponible, siempre apto para el esfuerzo y el relajamiento. En Auxerre tuve la sensación, retrospectivamente, de no haber tenido nunca cuerpo. Como si me encarnase en el dolor, como si éste me hiciese descubrir al mismo tiempo que mi cuerpo su fragilidad, sus miserias, su finitud. Sentí tanto mi cuerpo que éste se convirtió, en cierto modo, en una entidad separada, quizá autónoma -peligrosamente autónoma-, como un ser distinto. En ciertos momentos, más aún: un para-sí hostil, enemigo de la idea del Yo que había elegido, a la par como herencia y como proyecto”.

Semprún trae a relucir algunas ideas expresadas por Jean Améry, un escritor como él detenido por la Gestapo y autor de reflexiones fundamentales sobre el universo concentracionario:“el que vive inmerso en el dolor de la tortura siente su cuerpo como nunca antes. Su carne se realiza totalmente en la autonegación” o “aquel que ha sido sometido a la tortura es incapaz en lo sucesivo de sentirse en su casa en el mundo. El ultraje del anonadamiento es indeleble. La confianza en el mundo que desquicia ya el primer golpe recibido y que la tortura acaba de apagar por completo es irrecuperable. Semprún subraya que no está de acuerdo con su segunda afirmación. “Mi experiencia personal me dicta todo lo contrario, en efecto. Mi experiencia personal me enseña que no será la víctima sino el verdugo -si éste se salva, sobrevive en una existencia posterior, aun anónima y aparentemente apacible- quien no se sentirá más en su casa en el mundo, por más que diga, por más que finja. La víctima, por el contrario, y no sólo si sobrevive a la tortura, incluso durante ésta, en todos los intersticios de tregua bienvenida, aunque efímera, la víctima aferrada a su silencio ve multiplicarse sus vínculos con el mundo, ve arraigar, ramificarse, proliferar, las razones de sentirse-en-casa en el mundo”.

He aquí la reflexión que le produce la Transición al hilo de un encuentro frío con un comisario que se encargó de seguirle en la clandestinidad: “La Transición española hacia la democracia había tenido, entre otras causas, el doble motor, la doble motivación, extraordinariamente eficaz, fértil -cuando menos en el momento mismo- de la amnistía y de la amnesia, surgidas ambas de las profundidades de la voluntad popular”.

Un libro, en definitiva, breve, reflexivo, profundo y de interés.

Ficha bibliográfica: SEMPRÚN, J., Ejercicios de supervivencia, Tusquets editores, Barcelona, 2016.

 

Cifras para un reto

 

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Esta era la situación de Navarra en 2008, al inicio de la crisis

Navarra accedió a la segunda mitad del siglo XX con las señas de identidad que habían caracterizado en términos socioeconómicos su devenir histórico: una sociedad agraria y tradicional. Pero a partir de ese momento, la Comunidad Foral aceleró su proceso de cambios en proporción muy superior a lo reflejado a lo largo de su historia. La economía de base agraria dejó paso a una producción industrial y a un desarrollo de los servicios que han elevado considerablemente los niveles de riqueza. Un solo dato refleja como ninguno el avance experimentado. En el año 2007, momento previo al estallido de la crisis, Navarra había escalado al puesto 32 de las regiones europeas más ricas, de entre las 270 que componían la Unión Europea, tras aprovechar el intenso crecimiento de las dos décadas anteriores. En ese año, su PIB por persona suponía, medido en paridad de poder de compra, el 132 % de la media europea. Apenas un reducido número de regiones del centro y norte de Europa, además de los principales centros financieros y capitales, superaban a Navarra y, en el caso de España, solo la Comunidad de Madrid estaba por delante.

Han pasado 9 años desde entonces y la crisis nos ha afectado más de lo que hubiéramos deseado. Ésta se ha asentado también entre nosotros con el riesgo de permanencia que implica. Con el peligro además de que los problemas coyunturales tienden a cronificarse: desregulación casi absoluta del mercado de trabajo, crecimiento del paro juvenil hasta límites intolerables, generalización de los sueldos mileuristas que impiden una real emancipación, crecimiento de las tasas de pobreza severa y avance de la dualización de la sociedad.

Este impacto lo han recogido de forma palmaria las cifras de Eurostat, la oficina europea de estadística. En 2010, Navarra había perdido 6 posiciones, pero se mantenía en el puesto 38, sólo por detrás en España de la Comunidad de Madrid y la Comunidad Autónoma Vasca, que nos adelantó. Pero lo peor estaba por llegar. Según los datos de 2014, Navarra había descendido hasta el puesto 58 de las 272 regiones que actualmente componen la UE. Nada menos que 26 puestos desde el año 2007, frente a 11 puestos de la Comunidad de Madrid y 10 de la Comunidad Autónoma Vasca. El último dato publicado sitúa a Madrid en el puesto 39 con un PIB del 128% de la media europea, a la Comunidad Autónoma Vasca en el 48, con un 122%, y a Navarra en el 58 con un 116%. Vistos estos datos, el optimismo del Plan Moderna resulta cuando menos sorprendente. Preveía el puesto 30 para 2015, el 25 para el 2020 y el 20 para el 2030. Como se ve, el papel lo aguanta todo.

¿ Y cómo nos vemos nosotros? El Panel de Tendencias de Navarra que la asociación Co.Ciudadana lleva dos años elaborando, nos da el siguiente mapa de situación: Navarra es un tierra con sólidos valores cívicos, fuerte conciencia medioambiental, mayor responsabilidad fiscal que la media de nuestro entorno, fuerte apuesta por la igualdad de género y la participación ciudadana, y creciente desapego hacia la clase política. Como fortalezas se subrayan el autogobierno, la educación y nuestro peso industrial. Y como debilidades aparecen la alta dosis de autocomplacencia y la falta de emprendimiento que se percibe en la sociedad.

También en esto, los últimos datos de Eurostat resultan preocupantes. Según el Cuadro de Indicadores de Innovación Regional 2016, las regiones se clasifican en cuatro grupos: líder en innovación (36 regiones), fuerte en innovación (65 regiones) , innovación moderada e innovación modesta. En el estudio que ofrece una evaluación comparativa del rendimiento de la innovación de 214 regiones de la Unión Europea, Navarra se ha descolgado en los últimos años del grupo “fuerte en innovación”, en el que estaba con la Comunidad Autónoma Vasca hasta 2014. Lamentablemente hemos abandonado la lista de los cien primeros, habiendo descendido en los dos últimos años un 22%, la mayor caída de todas las regiones españolas.

Si la carrera de la innovación es un factor determinante para la prosperidad futura, ¿a qué esperamos para revertir la situación? En nuestro caso se trata de revisar el modelo, involucrar a todos los sectores interesados, en especial a la Universidad Pública de Navarra y a la Universidad de Navarra, además de centros de investigación y empresas, incrementar los recursos públicos y privados y recabar las ayudas europeas pertinentes.

Estas políticas deberían primar por encima de obsesiones identitarias e ideologicas. ¿No es posible un acuerdo mayoritario, si no unánime, en torno a estos temas? El estudio y aprobación del presupuesto de 2017 es un buen momento para intentarlo.

Diario de Navarra, 27/10/2016

 

Vísperas de investidura

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Miembros de la Gestora del PSOE

He asistido con mucho interés, preocupación y cierto desconcierto al proceso de reflexión llevado a cabo por el PSOE, partido en el que milito desde 1986, tras los resultados electorales de diciembre de 2015 y julio de 2016. He sido presidente del PSN-PSOE y, en consecuencia, no he querido interferir públicamente en la toma de postura de mi organización. Pero a quien me lo ha preguntado, también de la dirección, le he manifestado claramente mi posición. Resultaba obligado intentar formar gobierno alternativo al del PP, y aplaudo el intento. Pero una vez demostrado que no era posible sin violentar principios para nosotros infranqueables, fui partidario desde primera hora de dejar gobernar al partido más votado, con unas claras contrapartidas que permitieran apreciar a la ciudadanía que no era el interés del partido lo que nos guiaba. Estas contrapartidas tenían que ver con dos ámbitos bien distintos: el primero, superar problemas que nos aquejan como país, caso del intento de independencia de Cataluña y una reforma, por limitada que fuera, de nuestra Constitución que abarcara el título VIII, que hace aguas por todos los lados; el segundo, tratar de revertir leyes dañinas para el conjunto de la población, en especial de los sectores más necesitados, caso de la reforma laboral o la LOMCE. Si esto se hubiere llevado a efecto entonces, ambos bloques hubieran estado en la agenda de las negociaciones, sin descartar la exigencia de la retirada de Rajoy. Hoy esto no es posible y, una vez más, queda demostrado que en política el principio de la oportunidad debe ser tenido muy en cuenta.

No discutiré las razones de los partidarios del no, que son poderosas y tienen todo el sentido, pero llegados a este punto se trataba de minimizar el daño, y yo creo, respetando opiniones de compañeros a los que aprecio y valoro mucho, que la abstención es el mal menor.

Pero hay dos cosas que restan por solventar y que no son menores. La primera es el trance de votar la abstención, que corresponde a los 84 diputados del Congreso. He vivido una situación similar, cuando el PSOE obligó al PSN a abstenerse y facilitar la investidura de UPN hace unos años. Todavía recuerdo que fue un 16 de agosto. Fernando Puras, coherente con su propuesta, dimitió y el resto del grupo parlamentario nos abstuvimos en bloque. ¿Qué pasará en esta ocasión? Corresponde a la gestora conducir con criterio y cintura una situación que puede tensar todavía más el partido. Por ello, soy partidario de propiciar solo 11 abstenciones, para evitar una quiebra del grupo parlamentario. Caso de que no sea posible, sería partidario de la objeción de conciencia, sabiendo que en un partido como el nuestro, esto abre una espita peligrosa que podría ser invocada en más de una ocasión. Si finalmente se opta por la votación en bloque, creo que se debería actuar con magnanimidad con los discrepantes. Intentar cerrar filas y optar por un modelo cerrado de partido no me parece prudente ni oportuno en la situación actual.

Y a partir de ahora, a ejercer una oposición constructiva. No es fácil gobernar desde el Parlamento. También en eso los socialistas navarros podríamos contar nuestra propia experiencia. Pero hay margen para intentarlo. Confío en que después de una etapa convulsa, vuelva a instalarse en el sentir de todos el deseo de superar la crisis y trabajar al servicio de las clases más necesitadas, verdadera razón de nuestra existencia.

 

A sangre y fuego

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“Yo era eso que los sociólogos llaman un pequeñoburgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio -como dicen los marxistas-, ganaba mi pan y mi libertad con relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo (…) De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros”.

Estos son algunos párrafos del prólogo del libro que quiero presentarles brevemente, sin duda el más impactante por desconocido y sorpresivo para mí, de los que he leído este verano.

Manuel Chaves Nogales nació en Sevilla en 1897. Entre 1927 y 1937, alcanzó su cénit profesional como periodista, ejerciendo desde 1931como director de Ahora, diario afín a Manuel Azaña, de quien Chaves era reconocido partidario. Al estallar la guerra civil se pone al servicio de la República y sigue trabajando como periodista hasta que el gobierno abandona definitivamente Madrid, momento en que el que decide exiliarse en Francia, para trasladarse a Londres, tras la llegada de los nazis, donde falleció a los 47 años.

En el presente libro, A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, nos presenta una serie de relatos, a cada cual más impresionante, en el que describe episodios sobre fondo histórico que constituyen piezas maestras sobre nuestra cruenta guerra civil.

Lo que más sorprende de los relatos es la denuncia de las atrocidades cometidas por ambos bandos y el respeto con el que se acerca a los hechos acaecidos. “Cada uno de sus nueve episodios ha sido extraído fielmente de un hecho verídico; cada uno de su héroes tiene una existencia real y una personalidad auténtica”, nos dice en el prólogo.

Ochenta años después de su inicio, los relatos de Chaves Nogales nos dejan dos lecciones sobre el tapete. La primera la recoge el título. En toda guerra, y más si es civil como la nuestra, conviven héroes, bestias y mártires, y todos, para bien y para mal, forman parte de nuestra memoria. La segunda es que la guerra civil no solo puede conocerse a través de su historia , afortunadamente cada vez menos vindicativa y partidaria, y más propiamente histórica. Ensayos y relatos nos acercan también a un tiempo y a un contexto tan real como el abordado con el método histórico. La velada en Benicarló de Manuel Azaña y A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales son dos magníficos ejemplos de ello.

Ficha bibliográfica: CHAVES NOGALES, M., A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, Libros del Asteroide, Barcelona, 2013.

 

Tres siglos entre dos reinos

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Alcaldes y organizadores presentan el curso (foto tomada de Diario de Noticias)

El primer fin de semana de octubre se celebraron en toda Europa las Jornadas Europeas sobre el Patrimonio, promovidas por el Consejo de Europa. En Navarra, esta iniciativa se concretó en más de cien actividades programadas, que incluínan rutas y paseos, conferencias y visitas a museos, iglesias, ermitas, casas-cueva, castillos, villas romanas, molinos o monasterios. El tema escogido para esta edición era “Patrimonio de todos” y se centraba en el papel de las personas como portadoras y herederas del patrimonio cultural, poniendo de relieve el reconocimiento de las interrelaciones de las personas y su entorno, y en la importancia de la ciudadanía en la investigación del patrimonio, su interpretación y conservación.

Afortunadamente, el buen hacer de las instituciones, unido a la tarea de universidades e investigadores, ha hecho que en Navarra este patrimonio haya llegado hasta nosotros en líneas generales bien conservado y bien estudiado. De ahí la posibilidad y pertinencia de abordar una necesaria tarea de difusión para que, efectivamente, ese patrimonio lo sea de todos y para todos.

Esta función, desde el año 2005, la realiza de forma brillante y eficaz la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro de la Universidad de Navarra. La docencia, la difusión, la investigación, un foro de debate y un centro de documentación son los pilares sobre los que asienta su tarea. A quienes deseen conocer más detenidamente la misma les invito a ojear sus ejemplares memorias anuales, donde se da cumplida cuenta del trabajo realizado. En los últimos años sobresalen los ciclos y conferencias en la Navarra rural, donde todavía es más necesaria si cabe esta tarea de divulgación del patrimonio. Las conferencias previstas para hoy y mañana en Villafranca en torno a su pasado barroco son buena prueba de ello.

Pero en este elenco de actividades desarrolladas hay una especialmente notable que no quiero pasar por alto, dado lo simbólico y emblemático de la misma. Durante casi tres siglos, de 1463 a 1753, Los Arcos y su partido, es decir, El Busto, Sansol, Torres del Río y Armañanzas, fueron territorio de Castilla como consecuencia de la enésima guerra habida entre ambos reinos. Y esta situación generó consecuencias negativas, sobre todo desde el punto de vista político, pero también positivas, en los ámbitos económicos y culturales. Esta ambigüedad legal, aprovechada por las autoridades y vecinos de las villas, les permitió eludir impuestos, trasegar productos, sobre todo vino, y aprovechar su peculiar condición de ser navarros en Castilla y castellanos en Navarra. Todo ello se reflejó en unos cascos urbanos en los que resaltan iglesias muy notables y casonas de gran porte.

¿Por qué no dar a conocer esta situación tan peculiar a los vecinos de todas las localidades, mediante conferencias de divulgación a cargo de especialistas en todas las parroquias? Y nos pusimos manos a la obra. El curso de verano “Los Arcos y su partido. Tres siglos entre dos reinos (1463-1753)” pretendía básicamente dar a conocer el contexto histórico y subrayar lo esencial del patrimonio religioso y civil de cada una de las localidades. La cátedra de Patrimonio, a través de su convenio con el Gobierno de Navarra, aportó ponentes y financiación; los ayuntamientos corrieron con el coste de la salida cultural; y las parroquias dieron todas las facilidades para desarrollar las conferencias en unos recintos religiosos impecablemente mantenidos. Pero lo más importante de todo fue la respuesta masiva y entusiasta de los vecinos, con llenos en recintos que hoy solo conocemos en funerales.

El día 14 de septiembre, en el marco de la esplendorosa parroquia de Los Arcos, Víctor Pastor Abáigar, vecino de la villa, hermano marista e historiador, el mejor conocedor de su historia y arte, recibió una placa de homenaje como agradecimiento a su tarea. Román Felones y Ricardo Fernández en Los Arcos, Pedro Echeverría en El Busto, Pilar Andueza en Sansol, María José Tarifa en Torres del Río y Javier Azanza en Armañanzas dieron a conocer el valor de sus respectivos patrimonios. Aquellos que un día fueron partido y trabajaron juntos para sacar ventaja de una incómoda posición, conocieron también juntos, en una jornada festiva de sábado, el patrimonio de sus cinco localidades para terminar en un aperitivo fraterno en la casa de cultura de Los Arcos. Y allí surgieron proyectos: un libro que recogiera lo vivido, un curso que permitiera conocer mejor el patrimonio navarro, y otras iniciativas en común. A la espera de todo ello, quedémonos con lo vivido: el reencuentro de unos pueblos que se necesitan mutuamente y la constatación de que la historia y el arte son un excelente nexo de unión. Una vez más queda demostrado que la unión hace la fuerza y permite abordar nuevos retos.

Diario de Navarra, 13/10/2016