Universidad y desarrollo

27 agosto 2015

CYD

Los expertos presentan el informe 2014

El pasado día 6 de julio, la Fundación Conocimiento y Desarrollo que preside Ana Patricia Botín, con presencia del Rey, el ministro de Educación, el presidente de la conferencia de rectores y  varios empresarios relevantes, presentó en Madrid el informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo sobre la contribución de las universidades españolas al desarrollo, correspondiente al año 2014. El informe, que se puede consultar en la web de CYD, es voluminoso y muy rico. Aporta datos y estadísticas que conforman una información amplísima, y a la vez ofrece valoraciones de síntesis en aspectos clave de nuestra enseñanza superior: sobre la oferta y la demanda de estudios universitarios en España, un análisis económico del sistema universitario, datos sobre la inserción laboral de los titulados, prospectivas sobre la actividad desarrollada en los centros universitarios en materia de investigación y emprendimiento, entre otros. Finalmente incluye un apartado que busca procesar toda esa avalancha de datos mediante indicadores que a la postre se concretan en rankings.

Resulta imposible en el breve espacio de este artículo entrar a valorar siquiera mínimamente los contenidos de este informe, pero pienso que de su lectura se desprende una conclusión principal que, en este tiempo en el que Navarra afronta un nuevo ciclo en el ámbito público, es muy oportuno destacar. El informe muestra que ya es una realidad plena lo que hace años aventuraban los expertos en desarrollo económico y social: en España, como en el resto de los países de nuestro entorno, la educación y en particular las universidades son el agente decisivo para el cambio hacia una sociedad del conocimiento, donde tanto la vida social (el desarrollo personal y profesional, la calidad democrática, e incluso el ocio) como el sistema productivo se basan en un uso intensivo del conocimiento. La crisis ha puesto de manifiesto que la actividad económica en España tiene que migrar hacia actividades en las que la innovación sea su valor principal. Si esto no ocurre, seguiremos encontrando muy serias dificultades para sostener las estructuras básicas de nuestro estado de bienestar.

El informe recoge la opinión de un amplio panel de expertos que identifica las tres tendencias que han mejorado con mayor intensidad en la Universidad española en los últimos años, en cuanto a su papel de motor del desarrollo: el fomento de la cultura emprendedora, el reforzamiento de las relaciones de las universidades con el sector empresarial sobre todo en la transferencia de tecnología, y la contribución de la universidad como formadora de capital humano. Sin embargo el informe identifica algunas sombras que también pueden verse como oportunidades: las universidades, por ejemplo, todavía tienen que asumir su papel en la formación permanente de los profesionales en ejercicio, como lo demuestra que sólo una sexta parte de los titulados han vuelto a su universidad por razones no ligadas a trámites administrativos. Todas estas vías de interrelación entre la universidad y el entorno constituyen factores de la mayor importancia para apoyar la recuperación económica. Esta recuperación, que ya está presente, es a su vez una buena ocasión para reforzar las actividades de la universidad que tienen un impacto más directo en el entorno productivo. Y como indica el informe este reforzamiento no debe ser entendido tan solo como una mejora de la financiación pública: como señala Botín en la presentación, “es preciso  involucrar a todos los agentes sociales y económicos que tienen un interés directo en el futuro de la universidad”. Si las cosas son como indica este riguroso informe, y a mí así me lo parece, se presenta un tiempo apasionante para la universidad y para la sociedad que a la que sirve. Recomiendo a todas las personas concernidas por este reto que estudien este informe en profundidad. El Consejo Social, que según reza su Ley Foral debe ejercer como elemento de interrelación entre las instituciones y la sociedad de Navarra y la Universidad Pública de Navarra, mantendrá su empeño en propiciar que la relevante contribución de esta Universidad al desarrollo de Navarra sea cada vez mayor. A ello dedicamos nuestros mejores esfuerzos.

Diario de Navarra y Diario de Noticias, 25/8/2015


Sobre el cuidado de la casa común

21 agosto 2015

Laudato Si

La Iglesia católica, como institución bimilenaria, alberga en su seno  una vida compleja y diversa, tamizada por el paso de los siglos. En lo formal, pese a los cambios experimentados y la universalidad de su misión, presenta una clara estructura jerárquica que, en materia de gobierno temporal, tiene en el Papa una cabeza con un poder cuasi omnímodo.

Aunque algunos autores, mitad en serio mitad en broma, han señalado que una prueba inequívoca de su perdurabilidad es que ni siquiera los Papas y la curia han podido hundirla, hemos de reconocer que la nómina de Papas de los siglos XX y XXI, variados en perfil y trayectoria eclesial,  presenta un elenco de figuras de primerísimo nivel humano y espiritual. Prácticamente todos nos han legado una serie de encíclicas –documentos en los que exponen de forma oficial y solemne determinados aspectos de la doctrina cristiana-, pero algunos aparecen ligados de forma especial a determinados títulos de contenido social: León XIII y la Rerum Novarum (1891); Pablo VI y la Populorum Progessio (1967); Juan Pablo II y la Sollicitudo Rei Socialis (1987).

A este elenco ha venido a sumarse en los últimos meses el siempre sorprendente Papa Francisco, con una encíclica titulada Laudato Si. Sobre el cuidado de la casa común. Motivado por el impacto mundial obtenido, su reflejo en los medios de comunicación, lo inusual de su problemática y el relajo veraniego, he leído atentamente el documento –les reconozco que es la primera vez que he leído una encíclica papal entera- y pretendo trasladarles mi opinión personal sobre la misma.

La primera novedad es el tema abordado. ¿No es este un documento más propio de la ONU, la FAO, la Conferencia Mundial sobre el Clima o cualquier otro foro internacional? Tal vez sí, pero la sensibilidad de Francisco, un Papa llegado de la periferia y el extrarradio del mundo, admirador confeso de Francisco de Asís, del que tomó el nombre para su pontificado y el título de su famoso Cántico de las criaturas para su encíclica, lo ha situado en el centro de la preocupación eclesial y mundial. De nuevo, y no es la primera vez, la supuesta Iglesia institucional y reaccionaria se pone a la cabeza en la defensa de los más débiles, simbolizados en ese planeta, casa común de todos, explotada en beneficio de algunos, sobre todo los que habitamos en el primer mundo.

La segunda novedad es el destinatario: la encíclica va dirigida a” todas las personas de buena voluntad” al margen de su condición o no de creyentes. Todos habitamos la casa común y en consecuencia, nada de este mundo nos resulta indiferente, al margen de credos y planteamientos vitales, y todos debemos estar unidos por la misma preocupación.

Pero la gran novedad es el planteamiento. Frente al lenguaje un tanto retórico y poco comprensible de los documentos eclesiales, este es un texto no diré que sencillo, pero que al menos presenta un lenguaje comprensible. Francisco aborda su reflexión y sus ideas en una introducción, seis capítulos y dos oraciones finales. Sólo uno, titulado “El Evangelio de la Creación”, está dedicado específicamente a realizar una lectura creyente del problema. En los otros realiza una reflexión de carácter ético admirable. Vincula el cambio climático con la pobreza y la explotación, acusa a las grandes compañías y a los gobernantes de los países más poderosos del uso desproporcionado de los recursos naturales y propone un cambio radical de estilo de vida para evitar que la Tierra se siga convirtiendo en “un inmenso depósito de porquería”.

Comprometida y tal vez profética la nueva “Cruzada verde” que nos propone el Papa.  Es el signo de los tiempos que tan bien interpreta Francisco.

Diario de Navarra, 20/8/2015


Museo Oteiza

18 agosto 2015

MUseoOteiza

Sobre la estantería de mi biblioteca, tumbados y casi dormidos, que no ubicados en el anaquel correspondiente, esperan pacientemente una serie de libros a la espera de su lectura, sea ésta lenta o más o menos presurosa. “Estos para las vacaciones”, suele ser la expresión habitual que los deja en hibernación. Las vacaciones han llegado, pasan mucho más rápido de lo que desearíamos y el montón apenas disminuye. Así que me apresto  a dar un empujoncito a  algunos de ellos y a comentar para ustedes mi impresión de los mismos. En buen número son libros referidos a temática navarra, que es la que procuro seguir con mayor asiduidad.

Un buen museo es la suma de muchos factores. Pero, en los tiempos actuales, un factor a tener en cuenta es la existencia de un buen catálogo. Define el estilo y la personalidad del centro, además de ser un excelente instrumento, incluso en tiempos de las nuevas tecnologías, para darse a conocer.

Algunos años después de su puesta en marcha, una vez consolidado el proyecto, y con motivo del décimo aniversario de su inauguración, el Museo Oteiza acometió la empresa de dotarse de un catálogo actualizado. El resultado, aparecido en 2013,  es excelente. Con un diseño tan bello como sobrio, el índice recoge en poco más de 300 páginas la biografía esencial del artista; un repaso detenido a la colección –el capítulo más extenso-; la poesía como elemento plástico; el centro de estudios; la educación como herramienta para de transformación social; y un repaso detenido al Museo, definido como un espacio para el espíritu.

El libro, en buena medida, es obra del equipo que trabaja en la casa. Gregorio Díaz Ereño, su director; Juan Pablo Huércanos, el subdirector;, Elena Martín, la conservadora; Borja González, responsable del centro de estudios; y Aitziber Urtasun, responsable de didáctica.

En su edición han colaborado la Obra Social de Kutxa, la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y el Ayuntamiento del Valle de Egüés, prueba inequívoca del esfuerzo por abrirse a la sociedad que el museo lleva a cabo.

En definitiva, una guía más que un catálogo que dignifica la labor del museo y facilita su visita y el conocimiento de la obra de Jorge Oteiza.

Ficha bibliográfica: DÍAZ EREÑO y OTROS, Museo Oteiza, Fundación Museo Oteiza, Pamplona, 2013


Bomarzo

11 agosto 2015

Lotto

“Retrato de un gentilhombre” de Lorenzo Lotto, supuesta imagen del duque de Orsini

Acabo de terminar el que tiene visos de ser para mí el libro del verano. Me lo recomendó un amigo, tras intercambiar  sugerencias por medio del wassap del grupo, artificio de gran utilidad manejado en su justa medida. He utilizado para su lectura un libro electrónico, mecanismo al que no acabo de acostumbrarme pese a las indudables ventajas que presenta cuando el tocho, como es el caso, se acerca a las setecientas páginas.

“Bomarzo- señala la reseña del texto-, obra cumbre de Manuel Múgica Laínez, es la recuperación literaria de la vida del genial duque de Orsini, un visionario del renacimiento italiano, reelaboración apasionada, mágica y poética de todo un mundo de príncipes, cardenales, condottieri, bufones, artistas, cortesanos y escritores. Con una magnífica prosa barroca teñida de ironía y de nostalgia, que se presta tanto a las  descripciones plásticas como a las reflexiones intimistas, Mújica Laínez construye un memorable mural manierista que trasciende el marco de la novela histórica para convertirse en crónica lúcida de una civilización. Su lengua pura y refinada, impregnada de cierto perfume arcaizante, traza flamantes descripciones y finos análisis psicológicos.”

El prólogo, obra de Roberto Bolaño, es un ejercicio valorativo de la generación argentina a la que Mújica perteneció y del propio autor. “Dos constantes le acompañaron durante toda su vida de escritor, señala Bolaño. Por un lado, un manejo exquisito del idioma, que es preciso, rico, lleno de variantes, sin caer nunca en el español recargado y castizo. Por otro lado, y esto es posiblemente lo que de verdad importa, una disposición feliz ante el hecho de narrar. Es verdad que nunca asumió riesgos muy grandes y que comparado a los grandes narradores latinoamericanos del siglo XX su obra, de alguna manera, es la obra de un autor menor. Pero ¡qué lujo de autor menor! (…) La vida y aventuras del duque de Orsini, las mil aventuras del duque y sus incontables desgracias y hazañas son el escenario en donde se despliega una escritura, un arte de narrar, que al tiempo que recuerda a los clásicos del siglo XIX, introduce lujos apócrifos del siglo XVI, el siglo del monstruoso y angelical Orsini. A simple vista Bomarzo se asemeja a una novela de resistencia, a una novela de supervivencia, a una novela histórica, a una novela de intriga, a un folletón. Puede que sea, efectivamente, todas esas cosas. Pero también es muchas cosas más: es una novela sobre el arte y es una novela sobre la decadencia, es una novela sobre el lujo de novelar y es una novela sobre la exquisita inutilidad de la novela”.

Yo añadiría al fino análisis de Bolaño que la novela es, sobre todo, la quintaesencia del manierismo: un movimiento que cada vez se alza más nítido entre el renacimiento y el barroco, donde la exquisitez y  el buen gusto están a punto de convertirse en un sublime artificio. Miguel Angel, Vignola o Sansovino; Cellini; Lorenzo Lotto o Bronzino, todos ellos presentes en la novela, son algunos nombres señeros de este movimiento.

La novela es, finalmente, un pozo de erudición en el que Mújica Laínez no se ahoga, sino  que sirve al autor para dotar a la narración de vida, color, autenticidad e intriga. La panoplia desplegada es variopinta y admirable.

Me resulta imposible reproducir algunos de los muchos párrafos excelentes. Me ceñiré solo a algunos ejemplos.

Las páginas dedicadas a narrar el proceso de creación del retrato del duque por Lorenzo Lotto, conocido en la historia del arte como “retrato de un gentilhombre” son extraordinarias. “En momentos en que la opulenta ola gozosa de la pintura veneciana progresaba teatralmente hacia la espuma suprema del Veronés, y se aprestaba a estallar al pie de terrazas de mármol en las que se sucedían los frívolos festines, Lorenzo Lotto seguía siendo, desde aspectos que se relacionan con su introversión sombría, índice de fuegos subterráneos, un solitario del arte, volcado con su congoja perpleja hacia las nieblas interiores de sus modelos, Nos cruzamos en una zona penumbrosa –la de los ansiosos, la de los insatisfechos, la de los incapaces de una confesión plena- y en ella convivimos. Mucho se ha escrito sobre él, sobre el patético sentimiento de la fugacidad del tiempo que planea sobre sus retratos y sobre su frigidez, que resta calor a los desnudos femeninos, mientras que sus inquietantes imágenes viriles son como el reflejo de un secreto doloroso que ocultó a lo largo de su vida torturada, que transcurrió entre discípulos burlones”.

Casi al final del libro, cuando Orsini busca decrépito y descreído, pese a sus defectos físicos, la gloria militar que no pudo encontrar ni en las letras ni en las artes, se enrola en las filas de la cristiandad para combatir en la batalla de Lepanto. Son también memorables las páginas dedicadas a la batalla. “En Lepanto nos aguardaba la escuadra entera del infiel. Don Juan de Austria nos ofreció un espectáculo estupendo, uno de los espectáculos que el Renacimiento prodigaba en los momentos necesarios, con su incomparable sentido de la belleza teatral, algo que nos conmovió hasta la médula, que nos inundó, aun a los coriáceos pecadores escépticos, de radiante fervor místico, porque en el joven caudillo reconocimos no sólo al hijo de la pasión del César, al pequeño Marte esbelto, de largas piernas cinceladas por divinos orífices, perfecto como una joya de Benvenuto, sino también al enviado de Cristo, al elegido que arrancó al papa el grito famoso: Hubo un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan”.

Una novela soberbia que supera con creces el valor de lo histórico para adentrarse en la esfera de la gran literatura, ésa que no conoce patria ni tiempo ni condición social.

Ficha técnica: MÚGICA LAÍNEZ, M., Bomarzo, Buenos Aires, 1962


Los Bañales, ¿la Tarraga de los vascones?

7 agosto 2015

Los Bañales

Javier Andreu junto a uno de los pedestales aparecidos en la presente campaña

Uno de los lugares comunes que algunos supuestos historiadores se empeñan en sostener es el referido a la escasa romanización de los vascones. Sin embargo, un mejor conocimiento de las fuentes escritas y las sucesivas excavaciones arqueológicas, cada vez más precisas en sus procedimientos y resultados, dibujan un panorama sustancialmente distinto. El momento de mayor extensión del territorio de los vascones debió corresponder, en palabras de María Jesús Peréx Agorreta, al siglo I a.C. y siglos I y II d.C. Abarcaría la actual Navarra con una prolongación hasta el Cantábrico por Oyarzun, al noroeste; al sur incluiría la Rioja Baja, desde Calahorra hasta Alfaro; por el sureste llegaría, muy probablemente hasta Alagón (Zaragoza); por el este incluiría las Cinco Villas de Aragón; y por el noroeste toda la Canal de Berdún, hasta Jaca.

Como se ve, una de las comarcas incluidas enteramente en este espacio es la de las Cinco Villas. Entre las ciudades vasconas citadas por Ptolomeo aparece Tarraga, único municipio federado del convento jurídico cesaraugustano. Todo apunta, cada vez con mayor certeza y a la espera de un hallazgo arqueológico que incluya su nombre, que dicha ciudad se ubicaría en el enclave conocido como Los Bañales, un yacimiento arqueológico romano ubicado en el término municipal de Uncastillo.

Al igual que en Andelo, lo mejor conocido de la ciudad es su sistema hidráulico, dotado de unas monumentales termas y de un acueducto que transportaba el agua desde un embalse próximo. A ello se une, cada año con más evidencia,  un recinto monumental de gran interés.

El pasado 24 de julio tuve la oportunidad de visitar, con la intención de animarles a  ustedes a hacerlo también, el conjunto arqueológico de la mano de Javier Andreu, profesor de arqueología de la Universidad de Navarra y de la UNED de Tudela, director científico del Plan de Investigación encargado por el Gobierno de Aragón  a la Fundación Uncastillo. Sirvan estas líneas para agradecer al profesor Andreu y a su equipo las atenciones recibidas.

De la larga visita efectuada, quisiera subrayar dos aspectos que me llamaron poderosamente la atención. El primero, la riqueza del conjunto arqueológico, que después de siete campañas de excavación sistemática  ofrece ya datos suficientes para considerarlo uno de los grandes conjuntos romanos del territorio histórico de los vascones y del actual territorio aragonés. La presente campaña ha aportado como elemento más notable cuatro grandes pedestales con breves inscripciones públicas magníficamente conservadas, que han permitido una datación muy precisa.

El riguroso Plan de Investigación, en el que conviven profesores y alumnos procedentes de variadas universidades y disciplinas, contempla a su vez  tres facetas poco comunes: la implicación de autoridades locales y grupos culturales de la zona; una página web  –http://www.losbanales.es– que recoge pormenorizadamente todo tipo de noticias, incluidos vídeos y reconstrucciones virtuales de diversos edificios; y una decidida apuesta por la divulgación y socialización del patrimonio, en el convencimiento compartido de que Los Bañales puede aportar un plus cultural, turístico y económico a una comarca en regresión demográfica y difícil futuro.

Pemítanme una reflexión final, dirigida expresamente a nuestras nuevas autoridades forales. Todo apunta a que Santa Criz (Eslava), esta vez en la Navarra Media Oriental, en una comarca también de futuro incierto, es el gran conjunto arqueológico por explotar en los próximos años, tal vez asiento de otra de las ciudades citadas por Ptolomeo.  Los Bañales pueden servir de ejemplo de buena práctica arqueológica. Un Plan Integral de actuación que incluya a los departamentos de Cultura, Turismo y Desarrollo Rural, además de los ayuntamientos y agentes de desarrollo de la zona, con un horizonte de una década sería un bien comienzo. Sin prisa, los frutos llegarán. Los ejemplos de Andelo y Arellano así lo acreditan.

Diario de Navarra, 6/8/2015


De vuelta a la Sonsierra

31 julio 2015

Sonsierra

El curso pasado y como detalle de jubilación, mis compañeros del IES Tierra Estella me regalaron una estancia de fin de semana en el hotel-bodega Eguren Ugarte de Páganos, una pequeña población próxima a Laguardia en la Rioja Alavesa. Casi un año después he tenido la ocasión de aprovechar el regalo y, mediante estas líneas, pretendo comentarles brevemente las impresiones de mi estancia.

La Sonsierra de antaño, hoy dividida entre La Rioja propiamente dicha y la comarca de la Rioja alavesa, formó parte del reino de Navarra hasta el siglo XV. Los nombres de sus villas, con Laguardia y San Vicente de la Sonsierra como lugares más conocidos, aparecen en la documentación del reino desde hora temprama. Sirva como ejemplo la completa relación contenida en el Libro del Rediezmo de 1268 en la que se consignaron las cantidades recogidas con motivo de este impuesto extraordinario concedido por el Papa a Teobaldo II para contribuir a los gastos de la cruzada de Túnez, convocada por su suegro San Luis, rey de Francia. Con una novedad, es uno de los territorios navarros en los que el vino tiene una presencia relevante junto con los cereales entre los pagos en especie.

Tierra de frontera casi permanente, la Sonsierra permaneció como parte del reino cuando en 1200 Sancho VI el Sabio se vio obligado a ceder Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado en su guerra con Castilla. Pero lo que fue posible entonces no lo fue dos siglos y medio más tarde. De nuevo en conflicto con el vecino, Navarra perdió definitivamente la comarca de Laguardia en 1461, fijándose la frontera occidental del reino en los términos que la conocemos hoy en día.

Esta tierra en otro tiempo navarra es hoy una comarca con un esplendoroso pasado histórico-artístico, un pujante presente en lo económico y un prometedor futuro, si sabe combinar adecuadamente los múltiples tesoros de que dispone.

La belleza del paisaje es incontestable. Al abrigo de la sierra de Cantabria por el norte, la vid ha ido ampliando la superficie cultivada hasta convertirse en casi un monocultivo. El paisaje que se divisa, en cualquiera de sus cuatro puntos cardinales, se condensa en pequeñas colinas y hondonadas cubiertas de vides amorosamente trabajadas, una sucesión de pequeños núcleos de población primorosamente cuidados como consecuencia de la riqueza acumulada en los últimos años y un sinfín de bodegas que le dan un aire inconfundible.

La riqueza histórico-artística es muy notable. Si tuviera que decantarme por algunos ejemplos obviamente señalaría a Laguardia como el lugar más enblemático. Situada en un altozano, esta villa a la que el rey Sancho el Sabio concedió fuero en 1164 conseva casi intacto su trazado medieval. La iglesia de Santa María guarda un pórtico excepcional con una policromía en excelente estado de conservación. En sus calles descubrimos espléndidos edificios medievales, casas palaciegas, y un subsuelo totalmente horadado por bodegas para trasegar y almacenar el vino ya desde antaño. Y junto a Laguardia, otras joyas menos conocidas: Labraza, una villa totalmente amurallada, muy próxima a Viana; una serie de dólmenes bien conservados y señalizados; Santa María de la Piscina, un despoblado medieval del que quedan una necrópolis rupestre y la iglesia románica mejor conservada de La Rioja; y San Vicente de la Sonsierra, bañada por el Ebro y levantada bajo un castillo que alberga en su interior la imponente iglesia gótico-renacentista de la villa. Y junto a estos, el resto de los cascos urbanos, dotados de iglesias y casonas nada desdeñables.

El mejor símbolo del esplendoroso presente lo constituyen las bodegas. Solo la Rioja Alavesa, con sus 300 kilómetros cuadrados y sus 12.000 habitantes, alberga 13.500 hectáreas de viñedos y casi 400 bodegas que producen aproximadamente 100 millones de botellas de vino anuales. Las hay de todas las tipologías: familiares, donde se mantiene la tradición elaboradora artesana, o de viticultores de tercera o cuarta generación dotadas de las más modernas tecnologías. Las encontraremos centenarias, majestuosas y clásicas, o de arquitectura de vanguardia diseñadas por algunos de los mejores arquitectos del mundo. Y dispondremos también de bodegas propiamente dichas, junto a otras que convinan elaboración, gastronomía y descanso.

Sin ningún ánimo de irredentismo político, la comarca de la Sonsierra y Ultrapuertos forman parte de nuestra memoria histórica como pueblo. Pasear por sus caminos y veredas es salir al encuentro con la historia y, con algo de nostalgia, reencontrarnos en nuestra propia casa. Con la alegría también de saber que, al igual que ocurre en nuestro territorio, sus tiempos hoy en Álava, La Rioja o Francia son mejores para sus actuales habitantes que los de la Navarra de antaño.

Diario de Navarra, 24/7/2015


Hombres buenos

13 julio 2015

Honbres buenos

Acabo de terminar la lectura del último libro de Arturo Pérez Reverte Hombres buenos. Se trata de una larga novela de 583 páginas en la que el escritor, miembro activo de la Real Academia de la Lengua Española, nos narra el viaje a París de dos académicos del finales del siglo XVIII para comprar por mandato de la propia institución la Enciclopédie, ou dictionenaire raisonné, de Dálambert y Diderot, la Biblia de la modernidad en los tiempos de la Ilustración.

El libro, distribuido en 12 capítulos, nos narra las aventuras de don Hermógenes Molina, bibliotecario de la docta casa y de don Pedro Zárate, brigadier retirado de la Real Armada, comisionados de la institución para la compra de los 28 volúmenes de la primera edición, pese a que la obra estuviera prohibida en España. Visto desde esa perspectiva, el libro presenta todos los componentes de una buena novela de intriga y acción: buena descripción de los personajes, magnífica ambientación, credibilidad, y un ritmo literario ágil tan característico del autor.

Pero el libro presenta para mí una novedad digna de ser resaltada. No soy especialmente adicto a la novela histórica porque, en unos casos, carece de sufienciente soporte documental, y en otros se excede en vuelos literarios olvidando los hechos que le dan soporte. Me parece que en este caso hay un difícil equilibrio que, sin perjuicio de contar los hechos básicos de una historia que sucedió en realidad, contiene también los elementos complementarios que permiten que la imaginación del autor reconstruya ambientes, situaciones y diálogos que dan credibilidad y calor literario a la historia.

Me ha intersado también una novedad incorporada a la novela. El autor dedica en el propio cuerpo de la obra bastantes páginas a explicarnos la documentación de la propia historia. El sistema de postas del siglo XVIII entre Madrid y París; la minuciosa descripción de la ciudad de Paris y la vida de salones y cafés; costumbres poco conocidas para nosotros como los duelos de honor con toda su parafernalia y lenguaje peculiar; o la vida del Madrid de la segunda mitad del siglo XVIII. Esa exigente y concienzuda documentación queda puesta de manifiesto en esas páginas y resulta reveladora del trabajo de un escritor que se toma en serio su tarea. Nada obligaba a Pérez Reverte a profundizar en los detalles y dotarlos de rigor histórico, tratándose de una novela, pero esta actitud le da credibilidad a su trabajo y le aporta un plus que se agradece grandemente.

Los demonios familiares, las filias y las fobias que caracterizan al autor también están presentes en la obra. Es obvio que a estas alturas de su vida, Pérez Reverte tiene una considerable mochila de la que no puede prescindir para bien o para mal en su personal escritura. Pero todo ello no oscurece, hablando del Siglo de las Luces, una obra bien escrita, interesante, ágil y con buen mensaje de fondo. Se la recomiendo como lectura de estos meses veraniegos.

Ficha bibliográfica: Pérez Reverte, A., Hombres buenos, Alfaguara, Barcelona, 2015


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