Viaje a Madrid. Paradas de ida y vuelta (I) Ágreda

1.- Vista general

Vista general del caserío donde destacan, además de su privilegiada ubicación,  las siluetas de iglesias y palacios

A modo de introducción

Tengo sobre la mesa dos libros especialmente notables en la literatura de viajes del siglo XX: Castilla, de Azorín, publicado en 1912 y Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela, escrito a finales de 1947. Ambos textos, en lenguajes tan personales y distintos, nos relatan las andanzas de los autores por Castilla la Vieja, el primero, y la comarca de la Alcarria, hoy parte de Castilla La Mancha, el segundo. Los dos hicieron su recorrido de forma premiosa, sea en autobús o ferrocarril, visitaron ciudades y pueblos, se hospedaron en ventas, posadas y fondas, hablaron con los vecinos y contemplaron campos de cereal con escasa cosecha, hermosos paisajes, poblaciones decadentes y mucha amabilidad y hospitalidad.

La Castilla y la Alcarria de Azorín y Cela responden a una España ya desaparecida, la primera todavía sumida en la crisis existencial derivada de la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, y la segunda inmersa en una dura posguerra que todavía perduraría algunos lustros. El turismo entonces era cosa de extranjeros, intelectuales o excéntricos y la preocupación fundamental de los vecinos era llevarse algo a la boca y tirar para adelante.

3.- Azulejo

Azulejo. La imagen es tan modesta como representativa. las tres culturas presentes en el callejero de las casas

Hoy, pese a las dificultades y la dureza de una crisis que da la sensación de que ha venido para quedarse, la situación es bien distinta. Somos una potencia turística mundial, 70 millones de personas nos visitarán durante 2016, el turismo supuso un 11% del Producto Interior Bruto (PIB) de España en 2015 y, dadas las dificultades geopolíticas del mundo, nuestro país se ofrece como lugar seguro para pasar unas vacaciones. Y esto no solo en el turismo de sol y playa, sino también en el de interior, con atención especial a las rutas culturales, paisajísticas y gastronómicas.

Fruto del desarrollo y de la mejora social y cultural, el viaje es hoy también una actividad en alza entre nosotros. Los navarros, junto a vascos, catalanes y madrileños estamos a la cabeza en viajes realizados y dinero gastado, lo cual es una prueba más de nuestro desarrollo. La proliferación de guías de viaje no es sino la constatación de esta realidad.

Pero frente a la actitud de Azorín o Cela, nuestros viajes no son en general premiosos y contemplativos. Tendemos más bien a lo contrario: visitar muchas ciudades, recorrer muchos kilómetros y hacerlo en un reducido número de días. En consecuencia, nos limitamos a picotear algunos lugares de algunas ciudades para decir a continuación que conocemos España o cualquier otro país que apenas hemos entrevisto.

Nos sucede lo mismo en nuestro ámbito más cercano. Estoy seguro que muchos de los que leerán este líneas habrán estado en Madrid. ¿Quién no ha viajado a la capital de España por motivos de trabajo, estudio, familia u ocio? Ahora bien, serán muchos menos, por no decir muchísimos, los que hayan pasado una y otra vez por la puerta de ciudades y pueblos del camino sin haberse parado nunca en ninguno, a excepción de un café o un bocadillo en Medinaceli o el 103, antigua venta de Almadrones. ¡Pues no saben ustedes lo que se han perdido!, porque la ruta Pamplona-Madrid, vía Soria y Guadalajara conserva algunas poblaciones especialmente interesantes.

Pero, afortunadamente, esto todavia tiene remedio. El objetivo de esta serie, que constará de seis entregas este verano, es paliar este desconocimiento, sugerir algunas visitas y animarles a disfrutar de lugares que les esperan a la vera de la carretera. Llegar pronto es lo más rápido, pero no lo más aconsejable. Tómense su tiempo y disfruten. Ágreda, Soria, Almazán, Medinaceli, Guadalajara y Alcalá de Henares les esperan. ¡Feliz viaje!

Ágreda

4.- Ayuntamiento

La sobria belleza del edificio renacentista del Ayuntamiento es ejemplo del esplendor experimentado por la villa en el siglo XVI. La oficina de información se encuentra situada a pie de calle.

No les ha pasado sólo a ustedes. También puedo hablar en primera persona. He ido a Madrid decenas de veces, vía Ágreda, Ólvega y Almazán, por la carretera conocida como “la ruta de los navarros”. Pues bien, a diferencia de las otras poblaciones, que las conozco bien por parar con frecuencia en ellas, en Ágreda no había estado nunca hasta este año. Aunque no es excusa, dos cosas ayudan a pasar de largo por la población: el escaso tiempo recorrido desde la salida y el aspecto poco sugestivo que ofrece la antigua carretera que la cruza. A ello se ha añadido en los últimos tiempos un problema adicional. La sempiterna por inconclusa autovía de Navarra, que un día unirá Medinaceli con Tudela, tiene en funcionamiento un tramo como variante, lo que nos aleja todavía un poco más del núcleo urbano. Pero la desangelada estampa que se ofrece a nuestra vista, cambia radicalmente una vez estamos en la población.

A la vera del Moncayo

Desde el cruce a Fitero, Ablitas y Cascante, una vez pasado Cintruénigo y en pleno valle del Ebro, la carretera comienza a empinarse leve y continuadamente. Con el Moncayo al fondo, dejamos Navarra, atravesamos durante algunos kilómetros La Rioja, con Valverde como población de referencia, y entramos en la provincia de Soria, antigua Castilla la Vieja de nuestros mapas infantiles, hoy Comunidad Autónoma de Castilla y León. El paisaje se transforma en un abrir y cerrar de ojos y llegados a la planicie soriana, Ágreda se ofrece de forma recatada a nuestros ojos, recostada a la vera del Moncayo. Situada en un lugar estratégico, entre la depresión del Ebro y la meseta castellana, supone un paso inmejorable en el sistema ibérico. Ayer lugar de paso y tierra de frontera, hoy es puerta de acceso de las gentes de Aragón, Navarra y La Rioja a tierras de Castilla y Madrid.

5.- Palacio de los Castejones y jardin renacentista

Palacio de los Castejones. Hermosa foto que condensa la síntesis artística de la villa. En primer término, el jardín renacentista del palacio de los Castejones, el gran edificio civil de Ágreda

Pero si uno se acerca un poco más y deja la autovía o la carretera generaL comprueba que la orografía de la vieja población es especialmente apropiada para la defensa. Aunque la zona conoció la presencia de celtíberos y romanos, Ágreda entra en la historia propiamente dicha en la época de la dominación musulmana. Fue bastión de la frontera con los reinos cristianos entre los siglos VIII al XI. En estos siglos, el promontorio rocoso de La Muela y el Barrio Moro fueron dos baluartes casi inexpugnables. Conquistada por Alfonso el Batallador en 1119, pasó a manos aragonesas hasta que en 1134, a la muerte de éste, Alfonso VII la incorporó definitivamente a la Corona de Castilla.

De este siglo XII datan sus tres barrios de San Miguel, Santa María de la Peña y San Juan, con sus respectivas e iniciales iglesias románicas, Cada uno de estos barrios se dotó de muralla interior, además de la muralla general que defendía el conjunto de la población. En torno a 1140 se forma la Comunidad de Villa y Tierra de Ágreda, favorecidos sus habitantes con privilegios, franquicias, exenciones y fueros.

Ágreda esencial. La ciudad de las tres culturas

Pasear por Ágreda hoy, con sus escasos 3.000 habitantes, es acercarse a una villa con un patrimonio artístico de primer nivel, que bien merece su catalogación de Conjunto Histórico-Artístico. No hay un solo estilo desde el siglo VIII hasta nuestros días que no tenga una muestra representativa. Pero, a mi juicio, más interesante que los monumentos individualmente considerados, es el conjunto y su emplazamiento. Pasear por sus calles; recorrer el Barrio Moro con sus lienzos de muralla y su centro de interpretación; observar el espectáculo milenario de las huertas árabes situadas en bancales; topar con la sinagoga, hoy convertida en restaurante; visitar sus primitivas iglesias románicas ampliamente rtemodeladas en los siglos siguientes; extasiarse con las crucerías estrelladas de la basílica de la Virgen de los Milagros; recibir una información profesional y precisa sobre la población en la oficina de turismo, sita en el elegante edificio renacentista del Ayuntamiento; descubrir el palacio de los Castejón con sus hermoso jardines renacentista y barroco; y caminar pausadamente al convento de las concepcionistas siguiendo la huella de su fundadora e hija más ilustre, Sor María de Jesús de Ágreda, son algunas de las muchas posibilidades que la villa ofrece.

Cuando terminen la visita, estoy seguro que compartirán la misma reflexión que yo hice: ¿Pero cómo es posible que hayamos olvidado una población que lo da todo sin pedir casi nada a cambio? No queda sino disfrutar y agradecer a los muchos voluntarios que atienden palacios e iglesias su disposición y su amabilidad.

Sor María de Ágreda, personaje singular

7.- La dama de azul

La Dama azul. Cartel del acto celebrado el pasado año en la Universidad de St. Mary´s en Texas

Nuestra monja nació en la villa de Ágreda en 1602. La peculiar familia, compuesta por padre, madre, dos hermanos y dos hermanas, decidió separarse y entrar en religión. Los tres varones ingresaron en distintas órdenes religiosas, mientras que la madre y las dos hijas fundaron un convento en su propia casa. En 1627, Sor María de Jesús de Ágreda fundó el convento de la Inmaculada Concepción del que fue nombrada abadesa a las 25 años de edad por dispensa papal, cargo que ostentó hasta su muerte en 1665.

Sor María pertenece a la saga de místicas españolas más conocidas y fue una importante escritora de literatura religiosa. Su obra cumbre es la Mística Ciudad de Dios, en la que narra la vida de la Virgen María. Pese a no salir nunca del convento de Ágreda fue consejera del rey Felipe IV con el que mantuvo una nutrida correspondencia a lo largo de 22 años. Más exótica si cabe es su faceta evangelizadora. Mediante el don de la bilocación (fenómeno paranormal, sobrenatural o divino, según el cual una persona u objeto estaría ubicado en dos lugares diferentes al mismo tiempo), sor María fue vista repetidas veces por los indios de Nuevo México, Tejas y Arizona donde preparaba a los indígenas para su bautismo por los misioneros. Allí era conocida como la Dama azul por el color del hábito conventual. Hoy, y a consecuencia de ello, la villa de Ágreda está hermanada con el Estado de Nuevo México en los Estados Unidos de América.

En el convento que ella fundó podemos admirar su iglesia, el cuerpo incorrupto de la Venerable y un pequeño museo de su vida y obra de gran interés artístico, histórico y devocional.

Para saber más

ALCALDE CRESPO, G., Ágreda, Ayuntamiento de Ágreda, Edilesa, 2005. Una guía actualizada, útil y bien editada de la población.

FERNÁNDEZ GRACIA, R., Arte, devoción y políica. La promoción de las artes en torno a sor María de Ágreda, Diputación Provincial de Soria, Soria, 2002. Excelente estudio del profesor Fernández Gracia en el marco del IV centenario del nacimiento de Sor María de Jesús.

SIERRA, J., La dama azul, Planeta, Barcelona, 1998. Primera novela del famoso escritor, basada en las bilocaciones de sor María de Jesús y sus predicaciones a los indígenas de Nuevo México.

 

 

 

El origen de la fiesta

San Fermín

Hoy es siete de julio, festividad de San Fermín. Y son tantos los matices que tiene esta fiesta que no he podido sustraerme a glosar algunos, hoy tal vez postergados, pero que constituyen los cimientos de lo que, con el paso de los siglos, han llegado a ser los sanfermines.

Todas las culturas han tenido sus fiestas, ocasión propicia para el encuentro de la comunidad y la vertebración del sentido de pertenencia a una familia, un pueblo o una religión. La Biblia es un ejemplo paradigmático del valor de la fiesta en el desarrollo del pueblo de Israel. Lo mismo sucede en las llamadas culturas clásicas.

El cristianismo penetró en Navarra en el siglo III a través del valle del Ebro, llegando inmediatamente a Pamplona, eje vertebrador del territorio de los vascones. En los siglos IV y V el territorio más romanizado se cristianiza y Pamplona se dota de una sede episcopal que continuará hasta nuestros días.

El culto a los santos, entendido en sentido amplio, constituye una de las mayores expresiones de la piedad cristiana. Prácticamente todas las poblaciones navarras tienen un santo titular, sea Dios Padre, Jesús, la Virgen en sus múltiples acepciones, los santos propiamente dichos o la corte celestial. Y las fiestas patronales se articulan en torno a la celebración del santo patrón, con novena previa, procesión y misa solemne en el día grande, y espectáculos que lo acompañan. Con el correr de los siglos, son clásicos la música y el baile, los fuegos artificiales, los toros y los gigantes y cabezudos. Por supuesto, a todos ellos acompañan la comida y la bebida en unos tiempos en los que aquella escasea y la mesa bien surtida es parte obligada del evento.

Y comienzan a aparecer las advocaciones. La primera, en el corazón de la diócesis, ya que el culto a la Virgen en la catedral de Pamplona se remonta al siglo V. En ese mismo siglo comienzan a titularse los templos, dotándolos cuando resulta posible de reliquias. Las primeras advocaciones conocidas son las referidas a San Martín de Tours, San Esteban protomártir, San Pedro, San Juan Bautista y San Andrés. A ellos se unió en el siglo VIII San Miguel, que se adueña de las alturas y se convierte en patrón de la reconquista con Sancho Garcés I en el siglo X.

Tal vez a más de uno le habrá sorprendido la ausencia de mención alguna a San Fermín, un santo que hoy recorrerá en olor de multitud las calles de los burgos pamploneses, acompañado del cabildo catedralicio, las cruces parroquiales, las cofradías y el ayuntamiento en cuerpo de ciudad. Un santo que probablemente será glosado en la homilía de hoy en su capilla siguiendo las pautas de su leyenda, una composición tardía y desprovista de veracidad histórica, como reconoció en su día don José Goñi Gaztambide al comienzo de su Historia de los obispos de Pamplona. El supuesto primer obispo pamplonés, San Fermín, no fue conocido en Navarra hasta el año 1186, desarrollándose a partir de entonces un incremento cultual sostenido y constante, que a finales de la Edad Media apenas traspasaba la capital del reino, salvo en su festividad litúrgica. Las ideas que acabo de exponer muy sucintamente están tomadas básicamente del libro de Roldán Jimeno, El culto a los santos en la cuenca de Pamplona. De San Fermín, como de Santiago en Compostela, lo importante son los frutos, no tanto la veracidad de su origen.

Lo que sucede después es más conocido y menos discutido. Las fiestas de San Fermín están relacionadas con tres celebraciones: los actos religiosos, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas desde el siglo XIV. En 1466 su culto se extendió a toda la diócesis. En 1591, el sínodo trasladó su celebración del 10 de octubre al 7 de julio, fecha de tiempo más seguro coincidiendo además con la feria, lo que hizo que se popularizara el culto. En 1622, a los pocos meses de su canonización, las Cortes de Navarra propusieron que San Francisco Javier fuera proclamado patrono universal del reino de Navarra. Pero el obispo, el cabildo y el clero secular, enfrentados a una influyente Compañía de Jesús, defendieron con ardor el patronazgo tradicional de San Fermín. En 1657, la Santa Sede, con el pragmatismo que le caracteriza, determinó que los dos santos fueran nombrados copatronos igualmente principales. Y, a partir de ahi, una advocación en alza que ha articulado una fiesta de renombre universal.

¿Los sanfermines son solo eso? Evidentemente no, pero no serían los sanfermines sin eso. Cada generación los ha ido completando con sus aportaciones. En la fiesta todos tenemos cabida, solo hace falta respeto, tolerancia y deseo de disfrutar. ¡Felices sanfermines a todos!. A los presentes y a los ausentes, que también ellos los recordarán con especial fervor y cariño.

Diario de Navarra, 8/7/2016

 

Historia oculta de la conquista de América

Historia oculta

El libro que les gloso se presenta con el siguiente subtítulo: “Los hechos omitidos de la historia oficial y la leyenda negra del Descubrimiento del Nuevo Mundo”. Tal vez demasiado para lo que el libro ofrece, porque en el fondo no deja de ser una historia bastante convencional del descubrimiento y colonización de América, centrando el foco sobre todo en los grandes conquistadores.

El libro se inscribe en una pretendida divulgación histórica, apoyada en una abundante bibliografía, con presencia notoria de textos de primera mano de autores que vivieron la conquista.

Por sus páginas pasan el jugador Cortés; Pizarro entre el oro; Lope de Aguire, el puño de Dios: Pedrarias el duro; Mendoza, el fundador de Buenos Aires; Cabeza de Vaca, espíritu de león; Orellana y las amazonas; además de unos aputnes sobre aspectos peculiares del mundo indígena.

Me parecen de especial interés las conclusiones. Serían las siguientes:

– La conquista fue muy intensa y voraz, y duró no más de 50 años en términos históricos

– El motor determinante en las capas más bajas de la sociedad fue la sed de oro

– Las campañas no eran un “sálvese quien pueda” al estilo forajido como los fenicios, portugueses e ingleses. Los españoles se tomaron el trabajo de fundar, segmentar, documentar, convertir, levantar actas, misiones y liturgias propias. Todas las capitales americanas están fundadas antes de 1567.

– Además del botín, la mejor recompensa era el título de nobleza y extensas propiedades territoriales, o ser designado alto funcionario.

– La conquista fue una empresa comunal en la que las decisiones eran en muchos casos colectivas.

– América fue una aventura para pocos, no más de 30.000 personas en los 70 primeros años. La constante no fue la riqueza, sino el hambre.

– La empresa no hizo ricos a los soldados a excepción del reducido grupo que derrotó a aztecas e incas.

– De allí nació un Nuevo Mundo que no estaba planeado.

– Los propios expedicionarios plantaron la semilla independentista que brotaría dos siglos después.

– “La conquista , en definitiva, produjo la demarcación de un flamante espacio geográfico-social, de una cosmovisión universal en la cual prosperaría la vanguardia misma del iluminismo y todas sus ramificaciones, hasta engendrar las propias culturas iberoamericanas que -aún hoy jóvenes- pasarían a redefinir la historia de la humanidad.

Ficha bibliográfica: SÁNCHEZ SORONDO, G., Historia oculta de la conquista de América, Nowtilus, Madrid, 2009

 

 

Una lectura navarra del 26-J

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El pasado 26 de junio se celebraron en España elecciones generales. Ganó con holgura el PP, lo que le legitima para intentar gobernar y le obliga a buscar los apoyos necesarios para ello. Los resultados del PSOE fueron malos, pero las expectativas no cumplidas del sorpaso le permiten respirar momentáneamente con alivio. Que un partido emergente se coloque a los dos años de su nacimiento en 71 escaños es objetivamente un gran logro, pero las expectativas eran tales que casi todos consideran el resultado un fracaso sin paliativos. Y, finalmente, Ciudadanos ha comenzado a experimentar en sus carnes que el tan deseado centro es un espacio difícil de alcanzar y más difícil de sostener. En definitiva, ni el bipartidismo ha muerto, ni los partidos emergentes están en condiciones de sustituirlos.

Navarra ha participado con su escaso peso demográfico en estas elecciones generales. Y lo ha hecho dejando claro cuatro cosas: la primacía de UPN-PP, el éxito indudable de Podemos, la resistencia del PSN-PSOE y el fracaso de los nacionalistas, estruendoso en el caso de Geroa Bai.

Pero dejando claro que han sido unas elecciones generales y que sus resultados no pueden ser miméticamente convertidos en forales, una lectura detenida de los mismos nos permite apreciar algunos datos que tal vez estén llamados a marcar tendencia en próximas citas electorales.

UPN apunta a que seguirá siendo el primer partido de Navarra. Tiene por delante tres años para consolidar el liderazgo de su presidente, recuperar buena parte del poder municipal perdido y representar a la ciudadanía navarra que no se siente cómoda con el PP de Rajoy.

Podemos es, sin duda, la fuerza emergente. Ha sabido aglutinar el voto juvenil y del descontento que le exige fundamentalmente mejoras sociales, limpieza absoluta y otra forma de gobernar. Hasta ahora, su balance es muy pobre. Sostiene disciplinadamente, pese a algunas salidas de tono, a un gobierno que ha primado lo identitario sobre lo social y apenas ha condicionado sus políticas, pese a disponer de una fuerza similar en escaños a la de los dos grupos nacionalistas. Ahí está su reto. Tras las dos últimas elecciones es el grupo más fuerte del cuatripartito y está en situación de condicionar la segunda parte de la legislatura. De que lo haga en un sentido o en otro dependerá que sea visto por su electorado como comparsa o como verdadera alternativa al nacionalismo, al que ha puesto en evidencia.

El PSN-PSOE, tras una etapa de descensos continuados, apunta a un cambio de tendencia. Un liderazgo progresivamente consolidado, una relativa paz interna, y una oposición nítida y constructiva, como se evidencia en Educación, le están permitiendo convertirse en la verdadera alternativa socialdemócrata frente al nacionalismo exacerbado de unos y al populismo de otros. Pero su espacio, achicado por los extremismos de uno y otro signo, y su escaso eco urbano y joven, requieren un esfuerzo adicional y continuado, ideas claras y políticas transversales nada fáciles.

Los nacionalistas se encuentran en un difícil dilema. Estarían ciegos si no apreciaran los peligros que les acechan. Aunque las elecciones generales no sean su campo más propicio, los resultados no pueden ser ocultados: malos en el caso de Bildu y desastrosos en el caso de Geroa Bai. Este último, no lo olvidemos, es el partido de la presidenta, que aparecía en los carteles electorales como referencia. Supongo que para Daniel Innerarity, intelectual al que leo con interés, habrá sido todo un ejemplo práctico de la diferencia entre teoría y realidad en el complejo mundo de la política. Que esto suceda tras un año de gobierno, añade todavía más gravedad al panorama. Podemos le ha arrebatado el voto joven y el del descontento, que parecía patrimonio de Bildu, y las cifras del voto nacionalista han menguado significativamente. ¿Traerá esto consecuencias?

Aún hay un último dato digno de interés. Pese a que Ciudadanos haya perdido 4.500 votos, todavía conserva 20.343, ¡6.000 votos más que Geroa Bai! y el 6,09% de los sufragios. Si los traducimos en escaños, los suficientes para conformar una mayoría alternativa, susceptible de dar un vuelco al mapa foral. Los votos que faltaron a Ciudadanos en las forales de 2015 y permitieron la conformación del cuatripartito, podrían ser, de continuar esta tendencia, los que decantaran el balance en un sentido o en otro en las próximas elecciones. Atinar en su programa foral, verdadero punto débil de la formación en Navarra, es su reto inmediato.

¿Ciencia ficción? Puede ser, pero los partidos navarros deberían tomar buen nota. Los ciudadanos les hemos pedido a unos que gobiernen y a otros que hagan oposición. Y a todos que primen el interés general. Dado lo apretado del resultado, cada voto es un tesoro que están obligados a conquistar.

Diario de Navarra, 3/7/2016

 

Irán, retazos de un viaje

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Irán, el corazón de una zona caliente del planeta

Un año más, los amigos del Verbo Divino nos han preparado uno de esos viajes exóticos a los que nos tienen acostumbrados. Tras Siria y Jordania, Turquía, Uzbekistán y ahora Irán. Pero la emoción del viaje -Persia es uno de esos destinos inigualables- convive con la zozobra del momento presente. Aunque el país de los ayatolás parece haber entrado en una cierta calma, con el acuerdo nuclear con USA y la victoria de los moderados en las elecciones como hechos recientes, la coyuntura no invita al optimismo. Siria se desangra en una guerra civil interminable. Irak no encuentra un camino de paz, con sunitas y chiitas a la greña permanente. Turquía está inmersa en una involución política, social y cultural, pese al balón de oxígeno que puede suponerle la ayuda europea para contener a los refugiados. Afganistán sigue siendo, tras el fracaso sucesivo de rusos y norteamericanos, coto de los señores de la guerra. Y las monarquías del Golfo alimentan los extremismos con los petrodólares y la indiferencia occidental. Y por si todo esto no fuera suficiente, el atentado reciente de Bruselas ha sacudido los cimientos de una Unión Europea en horas bajas y ha puesto en evidencia, una vez más, lo vulnerables que son nuestras sociedades y lo difícil que resulta abordar el fenómeno del yihadismo, con militantes dispuestos a inmolarse por una causa para nosotros irracional e incomprensible.

Pero Irán nos espera con su historia, su leyenda, su cultura y sus gentes.

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Un grupo de jóvenes iraníes posa con María Luisa en Persépolis

Si yo tuviera que evocar lo que Persia trae a mi memoria debería citar a Zoroastro y Mazda, a Susa y Persépolis, a Ciro, Darío y Jerjes, a Alejandro Magno, al imperio sasánida, a los seljúcidas, a Gengis Kan y Tamerlán que lo arrasaron casi todo a su paso, a las dinastías timúrida y safávida, a los Pahlevi, al ayatolá Jomeini y la revolución islámica, y a sus sucesores hasta hoy. Y, por supuesto, ciudades míticas como Isfahan o Shiraz. Y en todos estos siglos, un pueblo sojuzgado al servicio de dinastías todopoderosas, de fuera o de casa, que incluso hoy, a comienzos del siglo XXI, mantienen al país como una república islámica fundamentalista regida con puño de hierro y una ausencia casi absoluta de libertades religiosas y civiles.

Quisiera no dar lugar al equívoco. Estas líneas no son otra cosa que las impresiones de un viaje realizado con un grupo de amigos que nos ha dejado un regusto muy positivo y que , tal vez, tenga algún interés para los lectores. Diez días no es gran cosa para conocer un país, pero ayudan a hacerse una idea de la situación. Me permito adelantarles tres de mis conclusiones: Irán no es el eje del mal que dibujan los medios occidentales; es un país humana, cultural y artísticamente extraordinario; y se encuentra en una interesantísima encrucijada que le va a obligar a decantarse más pronto que tarde por continuar con un sistema fundamentalista o virar hacia un régimen de mayor libertad y apertura exterior. En mi opinión, las mujeres y los jóvenes, mayoritarios en Irán, les va a obligar a optar por lo segundo.

De la Persia histórica…

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Mapa de Irán con algunos de los lugares visitados

Los diez días de estancia en Irán nos permitieron disfrutar de una de las rutas clásicas: Teherán, la capital; Qom, una de las tres ciudades santas del país, centro del integrismo islámico; las ciudades históricas de Isfahan y Shiraz; y los tres grandes conjuntos arqueológicos de la antigua Persia: Pasargada, la capital fundada por Ciro el Grande; Persépolis, el imponente conjunto dse palacios levantados por Darío y Jerjes; y la necrópolis real de Naqh-e Rastan.

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La visita a la ciudad santa de Qom nos dejó imágenes inolvidables

Teherán, capital del país desde el siglo XVIII, es una ciudad inmensa, caótica y destartalada. Pero no carece de interés. Los dos elementos más sobresalientes, artísticamente hablando, son el complejo Golestán, sede de las dinastías Kajar y Pahlevi, todo lujo y esplendor, y el Museo Nacional de Irán, con colecciones de primer nivel de las culturas meda, aqueménida, seléucida, parta y sasánida. Los famosos arqueros de la escalinata de Persépolis y los relieves vidriados justifican por sí solos su visita.

El acceso a la ciudad santa de Qom nos permitió acercarnos al Irán más integrista y convencional. El complejo de Musumek, tres patios, tres mezquitas y una superficie de 38.000 metros cuadrados tiene más interés como centro de religiosidad popular que como espacio artístico. Pero sus 100.000 alumnos en las diferentes madrazas, de ellos 30.000 mujeres, hablan de la importancia que el Islam tiene en la vida diaria de los iraníes.

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Plaza porticada de Isfahan, un espacio emblemático de la Persia histórica

Isfahan fue capital de Persia con la dinastía safávida, durante los siglos XVI y XVII, la época de máximo esplendor artístico. La ciudad posee un conjunto de edificios articulados en torno a tres tipologías. El primero, las mezquitas, con dos ejemplos excepcionales: la mezquita antigua del viernes, centro de la Isfahan medieval, y la mezquita del “favor de Dios”, levantada en época safávida, cubierta por fuera y por dentro de azulejos vidriados y bellísima en su singularidad. El segundo, los edificios civiles, con la plaza porticada de Nayqsh-e Jahan -el espacio público por antonomasia de todo Irán con sus 510 metros de largo por 165 de ancho- y los artísticos puentes sobre el río. Y el tercero, los palacios públicos y privados, y los jardines, con el agua como fuente de vida y de belleza, distribuidos por toda la ciudad.

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Yazd es un ejemplo del valor artístico del adobe convertido en pantalla teatral

De camino, visitamos Naim y Yazd, dos núcleos urbanos en los que el adobe se hace ciudad, antes de llegar a Shiraz, otro de hitos de nuestro viaje. En otro tiempo ciudad del vino, la poesía y las flores, la ciudad reúne múltiples alicientes. Pero lo mejor se encuentra en sus alrededores. En medio de una llanura se asienta Pasargada, la capital fundada por Ciro el Grande en el siglo VI a.C. El elemento mejor conservado es la tumba de Ciro, hoy emblema nacional, que destaca por su sencilla grandiosidad. No lejos de allí, se levanta Persépolis, uno de los grandes conjuntos arqueológicos del mundo. Persépolis es la quintaesencia de la arquitectura al servicio del poder y sus escalinatas de acceso, con los famosos relieves procesionales de los inmortales, la lucha de toros y leones y las ofrendas de los pueblos, una de las obras presentes en todos los manuales de historia del arte. El tercero de los grandes conjuntos arqueológicos es el conjunto rocoso de Naqh-e Rastan donde descansan los cuatro grandes de la dinastía aqueménida: Darío I, Jerjes, Artajerjes y Darío II. El espacio impresiona por su sencillez expresiva, su plasticidad y su ubicación.

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Las columnas de la Apadana de Persépolis se elevan al cielo

Esto es solo una parte de lo que nos ofrece la Persia histórica, un conjunto excepcional, ya que buena parte de lo visto está declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Al Irán fundamentalista

Pero Irán no es sólo historia y arte, sino un país de más de millón y medio de kilómetros cuadrados, más de 80 millones de habitantes, llamado a ser una potencia regional en un área especialmente conflictiva del mundo.

La prensa occidental nos lo presenta como uno de los países que conforman el “eje del mal”, donde el fundamentalismo lo invade todo, los derechos humanos no existen y las mujeres están sojuzgadas y apartadas de la vida pública. Esta es también la visión que nos traslada la activista Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz, en su libro “La jaula de oro”, la novela que narra la vida de una familia dividida por la Revolución y unida en un destino trágico, el de su país.

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Imagen de la convivencia entre iraníes y extranjeros. La amabilidad y el respeto son la norma

Pero el país que vimos nosotros, viajeros ocasionales, no fue éste. Coincidió nuestra estancia con un periodo de especial interés: el nuevo año persa -algo parecido a nuestras navidades-, que comienza el 21 de marzo. Todo el país disfrutaba de una serie de días festivos, con fábricas y escuelas cerrados y una intensa vida ciudadana al aire libre. De no ser por el obligado pañuelo en las mujeres, acompañado del chador negro en muchos casos, y la omnipresente presencia pública de fotos de los líderes políticos y religiosos, nos hubiera resultado difícil percibir que nos encontrábamos en una república islámica fundamentalista.

El pueblo iraní es amable, respetuoso y limpio. No desdeñan el trato con el extranjero, todavía relativamente escaso, y los jóvenes lo buscan para hacerse una foto o intercambiar unas palabras y una sonrisa.

Todo el trayecto lo hicimos por autopistas y autovías, una agradable sorpresa que facilitó mucho las cosas. El tráfico, dado el reducido precio de la gasolina, es denso, caótico y poco respetuoso con señales, semáforos y personas. Los hoteles, perfectamente homologables a los nuestros, tal vez con una estrella menos, y la comida sabrosa y variada, con el alcohol rigurosamente prohibido.

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Posar con una occidental fue un deseo constante en nuestras visitas a las distintas ciudades

El país está formado en su mayor parte por altas estepas y desiertos, pero las inmensas reservas de petróleo y gas les permiten mirar con optimismo al futuro. No obstante, necesitan aclarar su modelo social, político y religioso. Creo que los jóvenes y las mujeres se impondrán a medio plazo, pero las resistencias no serán pequeñas. También aquí la educación jugará un papel determinante.

Si puedo darles un consejo, les diría que se animen a viajar a Irán. Es un país seguro y hermoso. No les defraudará.

Diario de Navarra, 3/5/2016

El largo camino hacia las Surtopías

Surtopia

El pasado 9 de junio se presentó en el Civican de Pamplona, de la mano del Ateneo, el libro Surtopía, del que dí cuenta hace unos meses. Tras la introducción del acto a cargo del presidente del Ateneo Javier Torrens, y la proyección de un cuidado vídeo, dos de sus autores, Jesús María Ramírez y Julio Mazarico, explicaron el origen y contenido de la obra y el contexto en el que surgió. Posteriormente, Eneko Larrarte, alcalde de Tudela, trató de bajar de las musas al teatro y realizó su propio diagnóstico de la situación y, lo que es más importante, las acciones encaminadas a paliar y revertir una situación ciertamente preocupante. Escuchar a Eneko Larrarte es un alivio. Tiene ideas, ganas e ilusión, pisa la calle y se expresa convincentemente, sin necesidad de otra cosa que un guión en su libreta que, por cierto, afortunadamente no es azul. Un transversal de los que tan necesitados estamos en nuestra tierra, que es Navarra; en nuestro país, que es España; y en nuestra patria grande, que es Europa.

Probablemente como consecuencia de mi artículo en el Diario de Navarra, Jesús Mari Ramírez me invitó a la presentación. Y comencé preguntándome lo que algunos de los asistentes: ¿Éste qué pinta aquí? Yo justifiqué mi presencia en tres razones: me habían invitado, compartía la preocupación y creía representar a otras surtopías forales.

Yo nací en Los Arcos y vivo en Oteiza desde hace 33 años, aunque la mayor parte de mi vida he trabajado en Pamplona. Creo conocer bien, porque la he vivido en propia carne, la polarización del territorio y creo ser un representante genuino de esa Navarra que Fermín Miranda, uno de nuestros mejores historiadores, define como “una sociedad urbana de corazón rural”-

Comencé mi intervención con una pequeña pincelada histórica. Navarra es una sociedad compleja y plural en la que uno de los problemas pendientes y más acuciantes es el del desequilibrio territorial. Hasta la segunda mitad del siglo XX, Navarra fue una sociedad rural y agraria con un cierto equilibrio en su red de ciudades. La mayor, Pamplona, no pasaba de 30.000 frente a un pequeño grupo situado entre los 5.000 y los 10.000 habitantes. A partir de la segunda mitad, el cambio y el desequilibrio se acentúa. Se convierte en una región industrial y de servicios con una conurbación urbana, Pamplona y sus municipios próximos, que se acerca a los 250.000 habitantes. Hoy, la Comunidad Foral es una región industrial y de servicios, con una crisis industrial generalizada de la que solo se salva la cuenca de Pamplona, estancada en el resto de las zonas y desertizada en algunas comarcas.

Este es un diagnóstico que algunos, incluido yo, nos habíamos resistido a aceptar. Pero loa cátedra CIPARAIS de la UPNA nos la presentó de bruces en su estudio de 2014, alertando de importantes desigualdades entre las distintas zonas de Navarra, llevándose la peor parte la Ribera. Este es el contexto en el que nace Surtopía. Para subrayarlo, leí unos breves párrafos del magnífico artículo del mismo nombre de Pedro Blanco, que considero el manifiesto del movimiento.

En el jugoso coloquio que siguió a las intervenciones iniciales, alguien preguntó en voz alta qué medidas habría que tomar. Con la libertad que da el estar jubilado y no representarte mas que a tí mismo sin necesidad de ser políticamente correcto, señalé algunas pautas: Tomar conciencia de la situación, dar a conocer machaconamente y sin descanso la realidad, concienciar por todos los medios posibles a personas e instituciones, realizar en positivo una serie de propuestas en aquellos sectores que se consideren prioritarios y reforzar un liderazgo político-social claro.

Me satisfizo comprobar que Eneko Larrarte insistió en pasar del lamento a la propuesta. Pero no será fácil. Sirva como síntoma que la presentación de un tema y un libro de indudable interés, promovido además por el Ateneo, atrajo a no más de 20 personas, algunos de ellos llegados desde Tudela. Queda, como se ve, un largo camino por recorrer. Pero no hay que desesperarse. -¡Estamos hablando de Surtopías¡

 

 

La Selectividad y sus alternativas

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La palabra “Selectividad” se ha integrado de tal manera en nuestro lenguaje que Wikipedia la recoge en su enciclopedia libre en una larga entrada. Consiste en una prueba escrita que se realiza a los estudiantes que desean acceder a estudios universitarios en universidades públicas y privadas de España. Dicho examen forma parte de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), en los que, además de la selectividad, computan los dos cursos de Bachillerato. Para poder acceder a la universidad es necesario aprobar la selectividad y, en función de la nota obtenida en la PAU, el alumno puede escoger la carrera universitaria con límite de plazas que quiera cursar en función de la nota de corte (nota mínima que se usa como límite para acceder a una carrera determinada) establecida para cada titulación y universidad. Esta nota de corte varía cada año y de una universidad a otra. Para el conjunto de España, la selectividad se inició en 1986 con el 74% de aprobados y acaba de cerrar su última prueba con un porcentaje que supera claramente el 90% de los mismos. ¿Mejores alumnos los actuales? No lo creo, la explicación reside, a mi juicio, en que el Curso de Orientación Universitaria (COU) ya no es tal, sino más bien un curso de preparación de la selectividad, lo que tiene su parte positiva -mejores notas- y su parte negativa -el curso ha perdido interés por el saber en beneficio de la nota, que no es lo mismo-.

El pasado 15 de junio, los estudiantes navarros que se habían presentado al examen de selectividad conocieron sus resultados. Los nervios y las histerias de los días anteriores dieron paso a una amplia sonrisa en la mayor parte de los casos, acrecentada con la expectativa de un viaje a la costa en grupo -iniciático en muchos casos-, una idea que pese a haber nacido antesdeayer parece haberse convertido en costumbre ancestral. Los datos de la selectividad en Navarra resultan apabullantes: aprobaron el 96,76% de los estudiantes presentados, que ascendieron a 2.715. Ello ha implicado un complejo dispositivo en el que han participado un importante número de profesores pertenecientes a la enseñanza secundaria y universitaria que han tenido que corregir en muy pocos días 5.731 exámenes, de los que el 71,10% han alcanzado el aprobado y el 28,90% han sido calificados con un suspenso. En este sistema tan garantista que tenemos, los alumnos disponen todavía de la posibilidad de una segunda corrección o la revisión de la nota inicial, además de una segunda convocatoria para los suspendidos que tendrá lugar los días 29, 30 de junio y 1 de julio.

Los docentes de secundaria sabemos bien que la verdadera criba no está en el examen de selectividad, sino en los dos cursos de bachillerato, especialmente el segundo, donde no son raros los porcentajes de aprobados que apenas superan el 50% del alumnado del curso. Si eso es así, conviene preguntarse por la razón de una prueba cara, compleja y bastante inútil para el objetivo perseguido. Convendría, antes que nada, dejar claro que España no es ninguna excepción en el panorama europeo. Al existir en todos ellos un desajuste entre la oferta y la demanda de plazas de estudios superiores, el acceso está condicionado a la superación de un proceso selectivo. Ahora bien, España sí es una excepción en el modo de obtener el certificado de Educación Secundaria.. Prácticamente en todos existe una prueba de certificación de secundaria, que a la vez abre la posibilidad de acceso a la universidad y, en la mayoría de los casos, es tenida en cuenta para la ordenación de los alumnos con este fin. En definitiva, lo más común en Europa es la existencia de una prueba obligatoria para la obtención del título de bachillerato.

La LOMCE, la ley educativa todavía en vigor, prevé la eliminación de la Selectividad y su sustitución por la reválida final de bachillerato. En 2015 la propuesta estaba clara: una prueba test de 350 preguntas dividida en tres bloques. El revuelo ha sido tal que Gobierno y rectores han pactado un nuevo modelo que nos retrotrae en buena medida al actualmente existente. En definitiva, siguiendo a Lampedusa, se trata de cambiarlo todo para que casi todo siga igual. Eso sin tener en cuenta que la LOMCE tiene los días contados. La idea de un Pacto de Estado por la Educación avanza lentamente y no es seguro que se aborde como tarea prioritaria en el primer año de la legislatura, cuando una ley de calado tiene más posibilidades de aprobarse. No obstante sería deseable, por no decir que obligado, que profesorado y alumnado comenzaran el próximo curso sabiendo qué les espera al final del mismo. Pero me temo que esto no sucederá porque lo que ahora verdaderamente importa no es qué va a hacer el gobierno, sino quién va a presidir ese gobierno. Y así nos va.

Diario de Navarra, 24/6/2016