La religión islámica en la escuela navarra

Islam

El pasado 10 de febrero, Diario de Navarra publicaba un excelente reportaje a doble página de su redactor de educación, Íñigo González, en el que con el titular “La religión islámica llegará por primera vez a las aulas a partir del próximo curso” daba amplia información de los datos demográficos de los alumnos musulmanes en Navarra, los requisitos que deberá cumplir el profesorado, las características básicas del currículo, y unas declaraciones del presidente de la Unión de comunidades islámicas de Navarra.

Sobre el papel, nada que reprochar. Desde 1992 la Ley de Libertad Religiosa, además de la católica, permite a las familias recibir la asignatura de religión islámica, judía y evangélica, siempre que se cumplan una serie de requisitos -los más importantes, petición de los padres y un número mínimo de solicitudes-. Pero, pese a eso, en los últimos 26 años, apenas se ha puesto en marcha en España y nunca en Navarra.

Los números comienzan a ser significativos. El alumnado musulmán en España supera las 200.000 personas, de los que se calcula que en torno a 16.000 reciben la asignatura de religión islámica en colegios públicos de primaria. En Navarra, se calcula que los musulmanes son unos 24.000 de los que 3.273 están en edad escolar, 980 navarros y 2.293 extranjeros. Gracias al acuerdo con el Gobierno de Navarra, la prematrícula ha registrado 1.400 solicitudes de enseñanza religiosa islámica en los diferentes colegios de la Comunidad.

Si estos alumnos estuvieran homogéneamente distribuidos en toda la geografía navarra y en las dos redes sostenidas con fondos públicos, la pública propiamente dicha y la concertada, la cuestión podría suscitar un debate ideológico, al igual que sucede con la enseñanza de la religión católica, pero no llevaría aparejados otros problemas que sorprende y mucho que ésta, precisamente esta administración educativa parece no haber tenido en cuenta.

El artículo anterior lo dediqué a un hecho de estricta actualidad cual era el inicio del proceso de matriculación. Y aproveché para reflexionar sobre los problemas que siguen lastrando nuestro sistema educativo que, reitero, es bueno pero manifiestamente mejorable. El tercero de los que enumeraba era el reparto equitativo de derechos y deberes en los centros públicos y concertados, insistiendo en que era imprescindible que el porcentaje de atención a las minorías étnicas y de otro tipo fuera proporcional al peso que tiene cada una de las redes. Pues bien, si no quieres taza, taza y media. A nadie se le oculta que estos 3.273 alumnos musulmanes, que es verdad que tienen derecho a recibir enseñanzas de religión islámica en las aulas, se encuentran concentrados básicamente en una serie de municipios del sur de Navarra y casi en su totalidad en centros públicos. ¿Ha escuchado el departamento la opinión de las direcciones de los centros, el profesorado, los ayuntamientos e incluso la inspección educativa? ¿No es consciente del difícil equilibrio en el que viven muchos de estos centros, con unas minorías excesivas en no pocos de ellos, que están expulsando literalmente a bastantes alumnos autóctonos hacia redes donde apenas existen los primeros? Y estas redes tienen nombres y apellidos: toda la concertada tanto en castellano como en euskera, con excepciones dignas de aplauso, y el modelo D público que apenas integra a este alumnado. Se me dirá que lo que de verdad importa es la opinión de los padres y madres, pero he sido docente y consejero de educación durante siete años como para conocer los procedimientos que se utilizan para condicionar la opinión de las familias y más si éstas tienen dificultades sociales y educativas.

Concluyo, por lo tanto, señalando dos cosas: que los alumnos tienen derecho a recibir enseñanzas de la religión islámica, si bien este derecho lleva 26 años sin hacerse efectivo; y que esta iniciativa, en los términos en los que se pretende realizar, va a provocar más problemas de los que pretende solventar. En consecuencia, ante la colisión de intereses, es preciso acordar un procedimiento equitativo que no penalice al sistema público del sur de Navarra, aquejado de una severa problemática vinculada al excesivo número de alumnos de minorías étnicas en sus aulas. A no ser que se pretenda justamente desarticular una red que funciona magníficamente. Apelo, por tanto, una vez más a los grupos políticos a llegar a un acuerdo, en especial a Podemos e I-E, firmes defensores sobre el papel de la escuela pública. Apoyar la iniciativa del gobierno en esta cuestión sin medir las consecuencias de la misma es hacer un flaco favor a la escuela a la que dicen defender. Si queremos hacer efectivo este derecho resulta más necesario que nunca repartir la gracia del Dios en el que se cree.

Diario de Navarra, 15/2/2018

 

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Nada es lo que parece

Canción dulce

A lo largo de esta semana que acaba de terminar he leído un libro y he visto una película que me gustaría comentarles brevemente. El libro, Canción dulce de Leila Slimani, ganó el prestigioso premio Gongourt en 2016. Frente al impresionante bagaje económico del Planeta -600.001 euros-, el Goncourt contrapone sus modestos 10 euros de premio, aunque está rodeado de un aura de prestigio al que acompaña una tirada de ejemplares muy nutrida. La película, El autor, dirigida por Martín Cuenca y protagonizada por Javier Gutiérrez, también ha obtenido premios y buena crítica, sobre todo la interpretación del protagonista, que está soberbio.

Tanto en el libro como en la película, los protagonistas son dos personas caracterizadas por su bondad, dedicación y ayuda al otro. Pero en ambos, sin necesidad de destripar las tramas, se ocultan personajes especialmente complejos.

El estilo directo, amable y descriptivo de la novela se va llenando progresivamente de sombras hasta acabar de una forma totalmente inesperada. Louise, la niñera, se convierte en una figura imprescindible en un hogar con dos padres absorbidos por el trabajo y dos niños que la consideran más que su segunda madre. Y esta interdependencia cada vez más explícita acaba en un drama en el que se confunden amor y asesinato.

El protagonista de la película, obsesionado por ser escritor de verdad, no autor de novelas de éxito como su esposa de la que se separa, decide contar la vida de sus nuevos vecinos en el piso de alquiler que ha ocupado en Sevilla. Para conseguir material para su novela no repara en medios: espía al matrimonio de inmigrantes, vecinos suyos; se lía ocasionalmente con la portera para conseguir información de primera mano de los vecinos; y entabla relación con el militar jubilado, que tiene mucho dinero guardado en la caja fuerte de su casa. Su amabilidad es impostada, y solo es un medio para conseguir material para su obra. Aprovechando la mala situación económica del matrimonio inmigrante induce el asesinato del militar hasta que finalmente se produce. Pero le sale el tiro por la culata. La portera lo delata, el matrimonio lo incrimina utilizando su caja de herramientas y todo ello lo conduce a la cárcel.

Son dos formas exitosas de abordar lo complejo de la condición humana. Dos obras que, además de pasar una buena velada, dan que pensar. Lo cual no es poco en los tiempos que corren.

Ficha bibliográfica: SLIMANI, L., Canción dulce, Cabaret Voltaire, Barcelona, 2017.

 

 

La matriculación, el comienzo de un proceso

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Hoy, 1 de febrero, comienza en Navarra el proceso de matriculación. Es el gran tema para las familias con niños de nuevo ingreso, ya que lo que hasta no hace muchos años era un acto casi administrativo se ha convertido en una prueba de fuego donde es preciso estudiar cuidadosamente las numerosas ofertas que se presentan: público o concertado; castellano o euskera; PAI en sus múltiples variantes o modelos trilingües; jornada partida, continua o flexible; con transporte y comedor o sin ellos, por citar solo algunas de las múltiples alternativas posibles. Y semejante despliegue, para algo más de 6.000 alumnos y en medio de campañas institucionales o propias de cada centro en las que se subrayan los medios humanos y materiales de los que se dispone y los valores e ideario que se pretende fomentar. ¿Y qué hay de malo en todo ello -se preguntará más de uno? Las múltiples ofertas ¿no son símbolos de un sistema educativo avanzado, adaptado a la sociedad y abierto a los nuevos tiempos? Sin duda, pero aprovechando el proceso de matrícula deberíamos preguntarnos si hemos solventado bien algunos problemas previos que siguen lastrando nuestro sistema educativo, que es bueno pero manifiestamente mejorable. Enumeremos algunos.

– La consideración del sistema educativo como un todo indivisible e integrado al servicio de la sociedad en su conjunto. El presupuesto, que no es malo pero necesita ser progresivamente aumentado, debe servir para atender a las necesidades de la ciudadanía desde la educación infantil a la universidad. Y eso exige equilibrio y ponderación, sin abandonar sectores o ámbitos específicos especialmente necesitados. Atender bien a estos sectores es un excelente síntoma de la salud de nuestro sistema educativo.

– Garantízar un puesto escolar digno para todos en cualquier lugar del territorio en el que se habite. Esto exige un compromiso específico con la escuela pública rural, la única existente en la mayor parte de los municipios, con especial atención a un problema: garantizar su supervivencia -que es sinónimo de garantizar la vida de los propios pueblos-, dotándola de un modelo propio, flexible y viable, dado que la multiplicación de las ofertas dispersa a los escasos alumnos existentes e impide en no pocos casos la continuidad de los propios centros.

– Reparto equitativo de derechos y deberes en los centros públicos y concertados. En Navarra no existen centros privados propiamente dichos, sino concertados, es decir, todos están sostenidos con fondos públicos. Es imprescindible, en consecuencia, que el porcentaje de atención a las minorías étnicas y de otro tipo sea proporcional al peso que tiene cada una de las redes. Esto resulta especialmente obligado en razón del ideario, ya que la mayor parte de los centros concertados pertenecen al grupo de escuelas católicas, que deberían hacer de este mandato evangélico una prioridad educativa.

– Atención a la demanda efectiva de la sociedad en materia lingüística. Da la sensación de que el actual gobierno pone inconvenientes a la generalización del PAI, ampliamente demandada por las familias, y da toda clase de facilidades para la extensión del euskera, incluso donde la demanda de los ciudadanos escasea.

– Una administración educativa ecuánime y al servicio de la comunidad. Gestionar la educación nunca ha sido fácil, y creo hablar con conocimiento de causa, pero probablemente los dos últimos años han sido el bienio más caótico que ha conocido la educación en toda la etapa democrática. Cambios permanentes en los equipos, falta de principios claros de actuación, excesos en la gestión de la normativa en torno al euskera y su aplicación, y chapuzas administrativas poco explicables jalonan la actuación del departamento. Menos mal que la lista única, verdadero torpedo en la línea de flotación del sistema, se consiguió frenarla a tiempo. Con un agravante de libro: un gobierno que se declara partidario de la enseñanza pública y alardea de ello está consiguiendo que el porcentaje de la enseñanza concertada, sea en castellano o en euskera, aumente significativamente año a año. Y eso que en el cuatripartito están presentes I-E y Podemos, defensores a ultranza de la misma.

– Optar por educar a las personas y no solo por educar en competencias, destrezas o habilidades. Soy de los que piensan, y acabo de leer un clarificador artículo de José Antonio Marina al respecto, que la escuela no tiene solo que instruir, sino que educar. Esto tal vez nos impida sobresalir en el PISA, pero nos garantizaría a medio plazo una sociedad en la que debemos conocer para comprender, y debemos comprender para tomar buenas decisiones y actuar. Como el propio Marina señala en su artículo citando a Gracián, “de nada vale que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda”.

Suerte a los padres y madres, no se agobien en exceso, más importante que el centro que elijan para su hijo o hija es su compromiso de acompañarles en todo el proceso educativo.

Diario de Navarra,1/2/2018

 

Examen de ingenios

Caballero

El bajonavarro Juan Huarte de San Juan editó en 1575 en Baeza, de donde era médico titular, una obra de gran éxito en su tiempo: Examen de ingenios para las ciencias. Precursora de ciencias varias, entre otras la psicología diferencial, se propuso con ella mejorar la sociedad, seleccionando la instrucción más adecuada a cada persona según sus aptitudes físicas e intelectuales derivadas de la constitución física y neurológica específicas de cada una. Así lo explica él mismo: “Considerando cuán corto y limitado es el ingenio del hombre para una cosa y no más, tuve siempre entendido que ninguno podía saber dos artes con perfección sin que en la una faltase y, porque no errase en elegir la que es natural estaba mejor, había de haber diputados en la República, hombres de gran prudencia y saber, que en la tierna edad descubriesen a cada uno su ingenio, haciéndole estudiar por fuerza la ciencia que le convenía y no dejarlo a su elección, de lo cual resultaría en vuestros estados y señoríos haber los mayores artífices del mundo, no más de por juntar el arte con la naturaleza”. Dado lo avanzado de algunas teorías, la obra tuvo problemas con la Inquisición que obligó a expurgarla para poder seguir editándose en España y Portugal.

Casi cuatrocientos cincuenta años después, José Manuel Caballero Bonald acaba de reunir “un centón de retratos de escritores y artistas hispánicos que me han atraído por alguna razón y a los que he tratado de manera asidua o eventual”. El hecho de que el título de este libro copie el del muy divulgado tratado de Huarte de San Juan no tiene otro sentido que el de una oportuna coincidencia onomástica, señala el autor, que deja claro desde el principio que “la perspectiva de las semblanzas no pretende ser lisonjera, tampoco desapacible, o sólo a cuenta de alguna sobrevenida mordacidad. Siguiendo un poco la tónica de otros ejemplos afines, me ha tentado la idea de retratar a los escritores y artistas elegidos valiéndome de unas pinceladas de índole retórica, pensando sobre todo en que se trataba de unos textos de muy preciso acomodo en los márgenes de la literatura. O sea, que aparte de soslayar la definición de semblanza en sentido estricto, mi propósito nunca dejó de estar regulado por mis particulares nociones sobre el arte de escribir. Lo cual tampoco ha desplazado del texto propiamente dicho alguna que otra disquisición relativa al carácter de la obra del autor correspondiente”.

El resultado es un libro brillante, chispeante e instructivo del que me gustaría subrayar algunas características.

La primera, y tal vez más importante, es la propia calidad de la escritura. Las semblanzas son una excusa perfecta para componer verdaderos retratos con la técnica de la pincelada suelta que, en unas pocas páginas, utilizando la anécdota, el ingenio y la buen pluma permitan al lector acercarse al personaje en cuestión.

Pese a la larga vida del autor, ya superados los 90 años, sorprende la nómina de los retratados, ya que aquí están buena parte de los literatos más representativos del siglo XX, vinculados a los grupos generacionales de 1898, 1914, 1927, 1936 y 1950, además de pintores, músicos y cantantes.

Tal como nos anunciaba en su prólogo, las pinceladas no son lisonjeras, tampoco desapacibles, aunque abunden las mordacidades revestidas de buen decir. Es obvio que al nonagenario Caballero Bonald no le preocupa gran cosa la respuesta de los autores, casi todos ellos ya fallecidos, pero sin duda que el libro no pasa por alto rasgos, hechos y dichos que subrayan el carácter de muchos de los artistas, propensos a excesos y ruindades como el común de los mortales.

El autor, hombre desprejuiciado, cae sin embargo en algunos de los tópicos que pretende combatir. ¿Por qué tanto interés en subrayar la homosexualidad de no pocos de los autores, como si esto fuera necesariamente un rasgo esencial para su producción literaria?

El libro supone también un particular selección de obras de la literatura del siglo XX. Él, que conoce muy bien la obra de casi todos ellos, no duda es subrayar los libros que le parecen esenciales de cada uno y aquellos que han resistido especialmente bien o mal al paso del tiempo, lo cual tiene su interés.

No son pocas las ideas y frases ingeniosas que aparecen diseminadas por el texto. Subrayo algunas.

Finaliza así su semblanza de Bergamín: “Acaso le correspondía esa muerte, si es que la muerte puede corresponderse con alguien, incluso con alguien que consideraba que morir no es perder la vida, sino perder el tiempo”.

De José Antonio Muñoz Rojas señala: “Daba la impresión de que se parapetaba detrás de quien era realmente para sustituir al que no era. Nadie sabe las palabras que caben en un silencio, pronosticó en algún poema”.

A mi juicio, se trata de un texto de gran interés, oportuno para disfrutar a pequeños sorbos, con la ventaja de no tener que seguir ningún itinerario cronológico.

Ficha bibliográfica: CABALLERO BONALD, J.M., Examen de ingenios, Seix Barral, Barcelona, 2017.

 

 

Historia mínima de la Guerra Civil española

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No es la primera vez que tengo la oportunidad de comentar un libro de esta colección singular por varios conceptos: Se trata de obras de síntesis, elaboradas por autores prestigiosos y con claro afán divulgativo no exento de rigor científico. Así han surgido la Historia mínima de España, de Juan Pablo Fusi, la Historia mínima del País Vasco, de Jon Juaristi, y la Historia mínima de Cataluña, de Jordi Canal, previamente comentadas.

En esta ocasión el libro trata de resumir un acontecimiento excepcional, que ha marcado como ningún otro la vida española del siglo XX: Historia mínima de la guerra civil española. La obra le ha reportado a su autor, Enrique Moradiellos, catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Extremadura, muy justamente por cierto, el Premio Nacional de Historia 2017, el más importante galardón de su especialidad en nuestro país.

El texto intenta responder a las preguntas básicas que todavía nos formulamos hoy respecto a la guerra civil. Sin demasiado aparato crítico, pero con un conocimiento profundo de la bibliografía, Moradiellos divide el libro en ocho capítulos. El propio autor en el prefacio nos enmarca el objetivo: “este libro quiere ser una introducción panorámica sobre los antecedentes, curso, desenlace y significado histórico de la Guerra Civil librada en España durante casi tres años, entre julio de 1936 y abril de 1939. Fue una cruel contienda fratricida que constituye el hito trascendental de la hisotria contemporánea española, y está en el origen de nuestro tiempo presente, transcurridos justo ahora ocehnta años desde su comienzo. Y la obfra aspira a cumplir esa tarea informativa e interpretativa con elmayor grado posible de rigor historiográfico, dentro de las coordenadas propuestas por el historiador italiano Enzo Traverso que figuran al comienzo. Esto es: presentando en toda su complejidad los perfiles básicos del conflicto español que puso fin a la Segunda República y dio origen a la dictadura del general Franco, con sus pertinentes matices de luces y sombras, sin ánimo beligerante sectario, ni propósito maniqueo intencionado”.

Creo que el autor alcanza con creces los objetivos perseguidos y convierte el libro en una aportación singular que hace honor al título de la serie: una historia mínima -que no sencilla ni simple- que proporciona luz sobre lo sucedido y permite explicar razonablemente lo sucedido.

El capítulo II está dedicado a la Segunda República, titulada como “política de masas en democracia”. El capítulo III, el estallido de la guerra, recibe el titular de “un golpe militar parcialmente fallido”. El capítulo IV, dedicado a la reacción y militarización de la España insurgente, se subraya con la idea “la construcción de una dictadura caudillista”. El capítulo V, guerra y revolución en la España republicana se desarrolla bajo el epígrafe “del colapso del estado a la precaria restauración democrática”. El capítulo VII desarrolla la dimensión internacional, con una frase lapidaria ”el reñidero de toda Europa”. El capítulo VII dedicado al curso militar de la contienda se desarrolla bajo la idea de “de una guerra breve de movimientos a una guerra larga de desgaste”. Y finalmente, el VIII, dedicado a los vencedores y vencidos subraya “el coste humano de la Guerra Civil”. Todos los capítulos van precedidos de un párrafo introductorio que constituye un brevísimoy lúcido microrrelao de lo acontecido.

Una bibliografía básica, seleccionada de entre el inmenso caudal que la Guerra Civil ha generado, cierra el contenido del libro.

Aunque son muchos los libros recomendables, a partir de ahora habrá uno que recomendaré para todo aquel que quiera acercarse, con la perspectiva que dan los ochenta años transcurridos, a lo acontecido en la Guerra Civil. Es la mejor prueba del interés que a mi juicio tiene el libro de Enrique Moradiellos.

Ficha bibliográfica: MORADIELLOS, E., Historia mínima de la Guerra Civil española, Turner, el Colegio de México, Madrid, 2016.

 

Dos títulos pendientes en materia artística

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En estos días de comienzo de año, los medios de comunicación están llenos de peticiones y buenos deseos. Como estamos en la sección cultural del periódico, formulo también el mío, que a muchos parecerá una nimiedad sin importancia.

Es casi un lugar común -y no está exento de razón- señalar que Navarra es una tierra bien estudiada y conocida. La larga línea de publicaciones iniciada por la Institución Príncipe de Viana en los años cuarenta del pasado siglo, ha tenido una continuidad apenas modificada por regímenes políticos distintos y sucesivos gobiernos de variado signo. No obstante, la llegada de la democracia y la plasmación de Navarra en una Comunidad Foral propia y diferenciada, unido a la presencia de las universidades, incrementaron el interés por el pasado del territorio en sus múltiples facetas. En consecuencia, el estudio y la investigación fueron concretándose en sucesivas tesis doctorales que abordaron aspectos o etapas específicas, convertidos en no pocos casos en libros de referencia.

Pero estos textos beneméritos no estaban pensados para el lector no especializado en la mayor parte de los casos. De ahí la necesidad de abordar la elaboración de síntesis que, en lenguaje más asequible y sin perder su carácter científico, pusieran a disposición de la ciudadanía interesada, pero no especialista, compendios dignos de tal nombre. Esta labor, para el estricto ámbito de la historia, la abordó el Gobierno de Navarra en los años 1993-1995, con la publicación de la Historia de Navarra en cinco volúmenes, a cargo de destacados especialistas en cada una de las épocas citadas: Antigüedad y Alta Edad Media, La Baja Edad Media, Pervivencia y Renacimiento (1521-1808), El Siglo XIX y El Siglo XX. Lo escueto de sus páginas, el acertado diseño y el planteamiento global supusieron un esfuerzo meritorio que veinticinco años después resulta oportuno subrayar.

Un esfuerzo similar se ha llevado a cabo en el ámbito de la historia del arte. Tras el enorme esfuerzo que supuso la elaboración del Catálogo Monumental de Navarra, dirigido por la profesora García Gaínza, sucesivas tesis doctorales fueron estudiando etapas y movimientos artísticos con rigor y profundidad académica. Había llegado, por tanto, el momento de abordar las síntesis correspondientes que, como fruta madura, han ido apareciendo en los últimos lustros: El arte románico en Navarra (2003), El arte del renacimiento en Navarra (2005), El arte barroco en Navarra (2014) y El arte gótico en Navarra (2015). Los que nos dedicamos básicamente al ámbito de la divulgación en sus más variados frentes, agradecemos y de qué manera la existencia de estas síntesis elaboradas por consumados especialistas, presentadas además con mimo, buen diseño y gusto estético dignos de resaltar. Pero falta el último eslabón de esta cadena, probablemente el más difícil y necesario. Es verdad que el arte navarro en los siglos XIX y XX no tiene el empuje ni la importancia cualitativa alcanzada en las épocas precedentes. Tampoco abundan los estudios parciales, aunque en los últimos años han aparecido algunas obras de interés. Pero creo que, pese a todo, debería hacerse un esfuerzo por alumbrar el último tomo que queda por cubrir, el arte de los siglos XIX y XX en Navarra, Somos muchos los navarros que lo estamos esperando.

Finalmente, la propia administración se decidió a publicar una serie que aportara una visión global de Navarra en algunos ámbitos especialmente importantes. Prima también en estos textos el carácter básicamente divulgativo, con un aparato gráfico y una presentación casi de lujo. La serie está compuesta, hasta el día de hoy por seis volúmenes: Navarra-Historia (2002), síntesis lúcida y abierta de Fermín Miranda; Navarra-Geografía (2002), obra de Javier Pegenaute; Navarra-Literatura (2003), redactada por Carlos Mata; Navarra-Etnografía, desarrollado por Gabriel Imbuluzqueta; Navarra-Fotografía (2012), un verdadero compendio con un aparato gráfico espectacular de Carlos Cánovas; y Navarra-Música (2016), una síntesis especialmente meritoria por la falta de estudios previos , debida a María Gembero-Ustárroz. Como en el bloque anterior, se echa en falta un texto: Navarra-Arte, una síntesis de la historia del arte en Navarra para el que sobran estudios y autores competentes que puedan llevarlo a cabo.

Hay además una razón adicional en este comienzo de 2018 para ser optimistas: el responsable del Patrimonio en el departamento de Cultura es Carlos Martínez Álava, un reputado especialista en arte románico y gótico y autor de buenos textos de divulgación artística. Confiemos en que el nuevo Plan Estratégico de Cultura, el presupuesto de 2018 y el impulso del profesor Martínez Álava hagan factible esta doble petición que formulo en nombre de los que amamos la historia y el arte de Navarra.

Diario de Navarra, 18/1/2018

 

Los secretos de la defensa de Madrid

Chaves

Portada del libro

El 17 de octubre de 2016 les daba cuenta en el blog de un libro que me impactó especialmente entre mis lecturas veraniegas: A sangre y fuego, una serie de relatos sobre la guerra civil de Manuel Chaves Nogales. .

En la primavera del año 2017 ha sido reeditado, en una edición aumentada y corregida, el libro que Chaves Nogales dedicó en 1938 a la epopeya de la defensa de Madrid. Los hechos son bien conocidos. Franco quiso tomar la capital de la república en los primeros días de noviembre de 1936. El día 6, ante la que parecía inminente caída de la ciudad en manos de los rebeldes, Largo Caballero encarga al general Miaja la defensa de la ciudad. Éste toma el mando y procede con carácter de urgencia a preparar la defensa de una población que carece de lo necesario para ser defendida: plan de actuación, medios humanos y materiales, líneas de defensa y la mínima disciplina necesaria en tiempos de guerra. Pero un militar profesional y leal, firmemente comprometido con la defensa de la república, consigue de forma sorprendente hacer frente con éxito a la situación. Es el general Miaja. El autor, periodista autocalificado como “liberal y pequeñoburgués”, simpatizante del partido de Azaña, nos presenta así al defensor de Madrid: “Ser general de la República en los primeros meses de la guerra civil no es, ni mucho menos, una situación envidiable. Los generales más prestigiosos de España se han sublevado contra esta República antimilitarista que ha respondido a la rebelión lanzando las masas proletarias al asalto de los cuarteles. El pueblo en armas ha fusilado a los que han caído en sus manos y luego se ha puesto a hacer la guerra improvisando el más incongruente ejército del mundo; un ejército en el que las virtudes militares son consideradas como delitos (…) Un general del ejército regular en este trance es un triste personaje, un superviviente, un ser anacrónico que no se sabe aún por qué está allí y por qué está aún vivo si está allí (…) Olvidado en uno de los lóbregos y desiertos salones del caserón que fue la Capitanía General de Madrid se ha quedado un viejo general que se obstina en seguir siendo leal a la República. Pocos le conocen y nadie se acuerda de él. No es hombre brillante ni tiene historia política, cosa extraordinaria en un general español. Es, sencillamente, un hombre que ha cumplido siempre con su deber y que por seguir cumplíéndolo se ha quedado en su sitio. Este general olvidado es nada menos que el comandante general de Madrid y general en jefe de la división del ejército que tiene encomendada la defensa del casco de la ciudad”.

Chaves Nogales, al igual que sucedía en su libro A sangre y fuego, no se casa con nadie. Rechaza por igual a los marrulleros políticos, encabezados por Largo Caballero, jefe del gobierno y ministro de la Guerra, y a los dirigentes sindicales para los que la guerra no era sino un pretexto favorable para hacer la revolución. En medio de ambos, y como representante de un pueblo honesto y sufridor emerge la figura de José Miaja, valiente en lo personal, brillante en lo profesional, comprensivo con los débiles, y duro e inflexible en lo militar. Solo así consiguió revertir momentáneamente una situación, que tres años después acabaría con la victoria inapelable de los rebeldes.

El libro, escrito con prosa limpia y acción casi cinematográfica, es una retrato fiel del Madrid de la época. Por él desfilan, entre otros, militares, partidos políticos, sindicatos, voluntarios convertidos en soldados llenos de arrojo y fe, todos descritos con la lucidez y eficacia de la que hace gala nuestro autor. ¿Quién provocó la guerra? Fue él quien explicó antes que nadie que la guerra civil no fue fruto de la confrontación entre la libertad y la tiranía, la justicia y la opresión, sino por el choque irremediable entre dos totalitarismos igualmente criminales: “las potencias destructoras de Europa, la fuerzas del mal, las monstruosas concepciones de odio que ha ido formando esa nueva barbarie del Estado Totalitario, rojo o blanco, comunista o fascista”.

El libro es una amarga y lúcida reflexión sobre los efectos de la guerra, de toda guerra, en la sociedad. Y su lectura resulta por igual impactante y fascinante. Tiene todo el sabor de una crónica histórica, escrita por un periodista que traducía como nadie todos los ingredientes que una guerra lleva consigo.

Ficha bibliográfica: CHAVES NOGALES, M., Los secretos de la defensa de Madrid, Espuela de plata, Sevilla, 2017.