La construcción del relato

Fuerte

Acto a las puertas del Fuerte de San Cristóbal

 

Don Julio Caro Baroja publicó en 1974, en los estertores del franquismo, un libro titulado El laberinto vasco. En la página 139 del mismo, con la independencia y llaneza que caracterizaban su pluma, nos dice: “El historiador sabe muchas veces que la “tradición” es la historia falsificada y adulterada. Pero el político no solamente no lo sabe o no quiere saberlo, sino que se inventa una tradición y se queda tan ancho”. Cuando se trata de cuestiones menores -vestimentas, fiestas, ritos- la cosa no tiene demasiada importancia, pero cuando se pretende reescribir la historia corremos el riesgo de quemarnos todos. Veamos algunos ejemplos.

La gran tragedia de la Navarra de la primera mitad del siglo XX fue la guerra civil. Pese a no haber soportado en su suelo la contienda propiamente dicha, ésta afectó de lleno a todos los ámbitos de actuación: político, militar, social, económico, cultural y religioso. De tal manera que hasta finales del franquismo el relato oficial se mantuvo casi inalterado: la guerra fue una cruzada de liberación en la que los requetés jugaron un importante papel; Navarra se decantó mayoritariamente por el bando nacional; y la represión de las fuerzas republicanas y de izquierda fue un acto necesario y oportuno. Esta verdad oficial encubrió venganza, asesinatos, represión, mucho dolor y más de 3.000 muertos fuera de los frentes de guerra, muchos de los cuales se fueron recuperando de las cunetas en los años de la transición. La mayor parte de los asesinados fueron militantes de izquierda y, sólo en mucha menor medida, nacionalistas. Sin embargo, si hoy asiste uno a cualquier homenaje a los fusilados, sea en el Parque de la Memoria de Sartaguda, en los cementerios de nuestros pueblos o en actos cívicos de cualquier tipo, se encuentra con una proliferación de ikurriñas que no responden a ninguna verdad histórica, sino al relato que se nos quiere contar e imponer por parte de determinados partidos o ideologías. De poco sirve que las beneméritas asociaciones de familiares y amigos de fusilados intenten ceñir los actos a lo importante: el recuerdo a los muertos, la reivindicación de la memoria y la exigencia de una sepultura digna para todos. En la foto siempre habrá una bandera que buena parte de los asesinados desconocieron, otros no compartieron y sólo los menos la sintieron como propia. ¿Conocen algo de esto los jóvenes navarros menores de 35 años? Sería bueno que nos lo preguntáramos. Pero ahí queda el relato, y lo están ganando.

ETA

Mural colocado en Baluarte con motivo de la  presentación del libro Relatos de plomo

La segunda gran tragedia de Navarra, ésta en la segunda mitad del siglo XX, ha sido la existencia de ETA, que ha dejado en nuestra Comunidad 42 asesinatos, cientos de heridos, y muchísimo dolor en la sociedad. Los que tenemos una cierta edad recordamos con horror los años de plomo, los entierros casi clandestinos de policías y guardias civiles, y el miedo metido en el cuerpo de casi todos. ¡Cuántos y durante tantos años no han tenido que comenzar su jornada esperando a un escolta que llegara a la puerta de su casa, o mirando ellos mismos debajo de su coche para evitar que un atentado les segara las piernas o la vida! Afortunadamente, esto terminó hace unos años y pasear con libertad y sin mirar de reojo es una sensación que no tiene precio. Pero una cosa es reconocer el avance experimentado y otra tener que dar las gracias por ello. El libro escrito por Javier Marrodán y su equipo Relatos de plomo, describe en tres sobrios y densos volúmenes una historia abominable que deberíamos dar a conocer a las nuevas generaciones y no olvidar los que la vivimos. Bernardo Atxaga nos dice: “En todas las culturas hay que enterrar a los muertos, ponerles nombre y contar lo que les pasó”. Y añade: “Hay que dejar una puerta abierta, pero antes hay que leer entera la página de la violencia”. Y ésta, no solo no se ha leido, sino que los mismos de antaño pretenden manipular lo sucedido y volver a reescribir la historia. Luis Aizpeolea escribía en El País el pasado 8 de mayo un reportaje titulado: ¿Kale borroka? ¿Eso qué es?, resumen del debate habido en las aulas de la Universidad del País Vasco. Y es que el silencio pasivo de muchos y la militancia activa de otros nos han conducido al último espectáculo: presentar a Otegi, sea en televisión, en Irlanda, en el Parlamento europeo o en el Parlament de Cataluña, como un hombre de paz y, para más inri, candidato a lehendakari. También aquí lo importante es el relato y, de nuevo, lo están ganando.

 

La sociedad necesita un rearme moral. Es nuestra historia reciente la que está en juego. Historiadores, políticos, instituciones y gobierno, con el recuerdo imperecedero a las víctimas y sus familiares, deberían de contribuir más activamente a dar a conocer lo más objetivamente posible lo sucedido, porque algunos pretenden terminar el libro sin leer todas sus páginas, cuando no arrancando algunas y tergiversando otras.

Sigamos perdiendo el tiempo en cosas menores. Espero que cuando despertemos del letargo y nos demos cuenta de lo sucedido no sea ya demasiado tarde.

Diario de Navarra, 26/5/2016

Viaje a Irán. Yazd, el adobe hecho ciudad (VII)

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Vista de una de las torres del silencio, colinas utilizadas como cementerios zoroástricos

Nuestro día está dedicado a Yazd, una ciudad singular por muchos conceptos. La urbe moderna, un oasis en medio de dos desiertos, tiene casi medio millón de habitantes que viven desparramados en un área muy extensa, dado que solo los extrarradios tienen bloques de pisos de varias alturas.

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Vista de la llama sagrada del templo de Zoroastro

Pero su casco antiguo destaca sobre todo por cuatro cosas: su relación con la religión zoroástrica, vinculada al fuego; su urdimbre de calles con casas de barro, todavía en uso; sus torres de ventilación, un verdadero fenómeno en una ciudad que supera en verano con holgura los 40 grados diurnos durante muchas jornadas; y sus mezquitas con altos minaretes de la época timúrida. Y en las cuatro cosas, el balance es excepcional.

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Torres de ventilación, la gran novedad de Yazd para paliar las altas temperaturas

El primer lugar visitado está próximo a nuestro hotel. Son las “torres del silencio”, colinas utilizadas como cementerios zoroástricos. Los cuerpos de los fieles eran depositados en el interior del recinto para que fueran devorados por los buitres. Pocos días después, sus huesos eran arrojados al pozo situado en el centro del recinto. La idea de no contaminar la naturaleza está en el origen de esta tradición milenaria.

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Las proclamas antiUSA son frecuentes en los edificios y lugares públicos

De las “torres del silencio” nos dirigimos al templo de Zoroastro. Denominado Atashkadeh o templo de fuego, el edificio es de 1934 y conserva en su interior la llama sagrada que la tradición quiere subrayar que se mantiene, con distintas ubicaciones, desde el siglo VI a.C. Morti, nuestro guía, y Nico aprovechan para comentar diversos aspectos de una religión que ha influido y no poco en determinadas fiestas y principios del judaismo y del cristianismo.

Dejado el ámbito del mazdeismo, volvemos de nuevo a la época islámica. La mezquita del viernes es su obra de referencia.

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Vista de la espectacular fachada de la mezquita del viernes de Yazd

Una gran fachada esplendorosa y muy esbelta, contemporánea de las de Samarkanda, de época timúrida, se abre a nuestros ojos. A ella se añadieron dos minateres en el siglo XVII, que elevan su altura a 48 metros.

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Vista del casco histórico de Yazd con los minaretes de la mezquita como fondo

Destacan en el conjunto sus trabajos espectaculares de mocárabes esmaltados y vidriados, y sus cúpulas más anchas y menos altas que las safávidas. La mezquita exige chador a las mujeres y, de nuevo, es preciso portar la dichosa prenda con gran disgusto de las componentes del grupo.

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Un paseo lleno de encanto y misterio por el casco histórico de Yazd

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Vista de las torres de ventilación desde una terraza del casco histórico

Tras la mezquita, un paseo por el casco antiguo nos permite apreciar la belleza que se oculta en su interior. Casas habitadas, mezquitas, mausoleos y espacios adaptados al turismo conviven sin todavía molestarse demasiado. Es momento propicio para planificar un turismo respetuoso que dé vida a sus habitantes y permita cuidar adecuadamente el patrimonio. La Khiva que pudimos apreciar en Uzbekistan es un buen ejemplo. La hostelería está en sus inicios y les queda casi todo por aprender. Pero resulta encantador apreciar cómo el negocio hostelero convive con un sentido de familia en el que todos, abuelos, padres e hijos coadyuvan todavía torpemente en el negocio. En todo caso el potencial está ahí y convendría aprender de errores ajenos.

 

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El agua y la gran torre de ventilación del fondo, los dos elementos fundamentales del jardín

Desde una de las terrazas de este mismo casco antiguo apreciamos la magnitud y belleza del fenómeno de las torres de ventilación, un antecedente natural del aire acondicionado, verdadero icono en el paisaje urbano de Yazd.

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Las intrépidas viajeras del cuatro por cuatro descansan en la jaima tras el viaje, acompañadas del experto conductor

Tras la comida visitamos un hermoso jardín persa, en este caso de carácter gubernamental. El agua es el elemento dominante. Estanques, albercas, conducciones y fuentes que penetran en el interior del edificio caracterizan al jardín propiamente dicho y su palacio, obra del siglo XVIII. En todo caso, un trasunto de lo que tres siglos antes habían elevado a categoría de arte los nazaríes de Granada.

Con buen criterio decidimos sustituir la tarde libre por una escapada al desierto para disfrutar del atardecer. Loa cuatro por cuatro constituyen la actividad preferente. Unos expertos profesionales hacen que el viaje tenga carácter de gran aventura.

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Los chicos no quisimos ser menos y nos sumamos a la aventura

Un viaje, todo hay que decirlo, bastante insensato, dadas las pendientes y las medidas de seguridad., casi inexistentes. El te de la jaima, la subida a las dunas y la conversación, además de la agradable temperatura, entretienen la tarde.

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A la caída del sol, componentes del grupo se hacen una foto con un grupo de iraníes

Con la caída del sol volvemos a casa. Una ducha reparadora, una cena y un rato largo redactando estas notas constituyen el fin del programa y del día.

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El misterio y el exotismo presentes en esta vista nocturna de Yazd

Las elecciones a presidente del Consejo Social de la UPNA

Despedida

Imagen de mi despedida en la toma de posesión del nuevo presidente

El pasado día 12 de mayo tomó posesión como presidente del Consejo Social de la UPNA Joaquín Ansa, vocal designado por el Gobierno de Navarra. En la toma de posesión, celebrada sin presencia de la prensa, tuve ocasión de intervenir como presidente saliente, juntamente con el nuevo presidente, el rector y la presidenta del Gobierno de Navarra.

Mi nueva situación de jubilado tiene algunas ventajas. Entre otras, poder expresar con claridad mis opiniones sin preocuparme de que sean o no políticamente correctas. Y las que pronuncié en el acto no lo fueron, puesto que señalé ante las autoridades presentes que mi independencia me había costado el puesto, además de agradecer el trabajo de algunas personas presentes en la sala que habían intentado desde el primer día que mi estancia al frente del Consejo Social fuera lo más corta posible. Ni fue fácil de decir ni resultó cómodo de escuchar. Pero los hechos son tozudos y los ciudadanos se merecen, en aras a la tan predicada transparencia, una explicación que ni la UPNA ni el Gobierno de Navarra han proporcionado. Este es mi relato.

El pasado día 6 de abril, mediante sendos decretos forales, fui cesado como vocal del Consejo Social de la UPNA en representación del Gobierno de Navarra y nombrado vocal en representación de la UGT de Navarra. Cualquier persona no avezada en derecho tendería a pensar que nada había cambiado y que, dado que continuaba como vocal, seguía también como presidente hasta agotar mis cuatro años de mandato. No lo interpretó así un informe elaborado por la asesoría jurídica de la UPNA, expresamente pedido por el rector, que señalaba que, perdida la condición de vocal, perdía también la condición de presidente, aunque un decreto posterior volviera a nombrarme vocal. Pese a estar en desacuerdo con el mismo, di por buena la interpretación, me despedí por carta de los vocales y les comuniqué que no descartaba la opción de presentarme de nuevo si encontraba apoyo suficiente para ello.

Pero era obvio que no habíamos llegado hasta aquí para que esto fuera posible. Gobierno y rectorado decidieron de entrada apoyar a un candidato alternativo al que el propio consejero de Educación ofreció el puesto y garantizó la mayoría. Les eximo de más detalles, pero estoy dispuesto a darlos si alguien se atreve a desmentir la información que estoy facilitando.

Aún así, pensaba que todavía era posible competir en buena lid. Lo hice hace dos años y, aún con la oposición del gobierno y del equipo rectoral de entonces, una mayoría de vocales me eligió como presidente. Y, pese a la dificultad, estaba dispuesto a competir de nuevo porque creo firmemente en la importante labor del Consejo. La sorpresa fue que la convocatoria del pleno para elegir al nuevo presidente se hizo para el día 26 de abril sin la presencia de los representantes del profesorado, del alumnado y del personal de administración y servicios, que el Consejo de Gobierno de la UPNA debía designar ¡dos días después! La petición por escrito de cuatro vocales veteranos de posponer la elección de presidente, además de sendas peticiones previas de los representantes del alumnado y del PAS, no contó con la opinión favorable de la mayoría de los vocales asistentes al pleno, por lo que se procedió a la votación correspondiente con el resultado que ustedes conocen. La razón argüida para no retrasar el pleno fue la urgente necesidad de aprobar el Plan Estratégico, cosa que previsiblemente sucederá el próximo 23 de mayo, ¡27 días después!.

Manifesté expresamente, y así pedí que constara en acta, que mi intención era presentarme si se daban las condiciones de equidad entre los candidatos, es decir si votaban los 19 vocales que conformamos el Consejo. Pero dado que el pescado estaba vendido, renuncié a presentarme porque el resultado, con 15 vocales presentes, estaba cantado.

Y, después de todo lo sucedido, ustedes probablemente se preguntarán. ¿Y todo esto por qué? La respuesta para mí es sencilla. Por tratar de cumplir escrupulosamente lo previsto en la Ley Foral del Consejo Social aprobada unánimemente por el Parlamento de Navarra el año 2008. De nuevo me atrevo a retar a quien quisiere hacerlo a enumerar una sola actuación a lo largo de estos dos largos años en la que se haya conculcado lo señalado en la ley foral. Y dado que mis principios de actuación han sido el cumplimiento de la ley, la lealtad institucional y la independencia funcional, que prometí cumplir el día de mi toma de posesión, lo sucedido no ha sido sino el precio que he tenido que pagar por ser fiel a mis promesas y principios.

Este debate no se hubiera producido en ninguna otra universidad española, porque la UPNA es la única institución en la que, por decisión de la ley aprobada por el Parlamento de Navarra, la presidencia no es designada por el gobierno ni tutelada por el rectorado sino decidida por los vocales que componen el pleno. Es más, presidente sólo lo puede ser uno de los vocales que representan los intereses sociales, precisamente como garantía de independencia.

Continuaré como vocal hasta que se agote el tiempo de mi mandato. Y hoy, como desde hace muchos años, trabajaré para ayudar a conseguir que la UPNA sea la mejor universidad posible. El futuro no es fácil y requiere del esfuerzo de todos. Y ahí debe de estar el Consejo: supervisando, animando e impulsando el servicio público de la educación superior que le encomendó la ley foral de 2008.

Como señalé en mi intervención, le deseo al nuevo presidente buen tino, acierto y éxito. Eso será bueno para él, pero también para el Consejo Social, que debe seguir actuando lo más autónomamente posible; para la UPNA, en favor de la cual trabajamos; para Navarra, a la que nos debemos; y para la universidad española, a la que pertenecemos. Espero y deseo que esos sigan siendo el objeto de nuestros desvelos.

Con este escrito termina por mi parte la polémica en torno a la elección del presidente del Consejo Social. Ahora bien, me reservo el derecho de réplica si otros escritos lo hacen necesario. Y adelanto que hay pocas cosas tan potencialmente peligrosas como un jubilado con buena memoria que no necesita ser políticamente correcto, una agenda minuciosa y actualizada, y una causa que defender.

Diario de Navarra, 17/5/2016

 

Viaje a Irán. Por la ruta de la seda (VI)

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La fortaleza de Nain, convertida con el paso del tiempo en un montículo de barro

El de hoy ha sido un día de transición entre Isfahan y su corte y la ciudad de Yazd, situada en un oasis entre dos duros desiertos del centro de Irán. Pero esta transición, en la que el autobús juega un papel importante, no ha estado exenta de perlas de gran valor.

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Vista de la cúpula de la mezquita de Nain con sus juegos geométricos de ladrillos

A lo largo del camino, realizado por una autovía cómoda y altamente transitada, hemos tenido ocasión de apreciar varios caravansarais que nos hablan de la importancia de la ruta en otro tiempo. Su aspecto fortificado nos remite a las dificultades de un camino que, pese a todo, unía China con Occidente a lo largo de varios miles de kilómetros.

De vez en cuando aparecen en el horizonte complejos industriales vinculados al petróleo. La tierra no es propicia para la agricultura. La meseta se eleva por encima de los mil metros y la climatología no ayuda, con lluvias escasas, temperaturas muy rigurosas y gran oscilación térmica. Sin embargo los núcleos urbanos son grandes y eso supone la necesidad de actividades económicas para sostener a la población.

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Vista del mirhab y del mimbar de la mezquita de Nain

Nain, con nombre bíblico y arameo consecuencia del asentamiento judío a la vuelta del destierro de Babilonia, es una población que despierta nuestro interés. Es la primera población de Irán en la que se aprecia el dominio casi absoluto del adobe en las construcciones de su casco antiguo.

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Parte de la mezquita todavía en uso

Un fuerte gubernamental, hoy convertido en un montículo de tierra casi mimetizado con la naturaleza, es la primera sorpresa. Continúa la tormenta de arena que hemos visto durante el viaje y eso nos permite observar la dureza de la vida en estas zonas semidesérticas.

La mezquita es el edificio de mayor interés. Un espacio cuadrado con hermosa bóveda y juegos geométricos en las fenefas de ladrillo nos transportan a otros modelos ya vistos de la època timúrida y mogol. Especialmente hermosos son los elementos situados en la maxura. El mihrab, con una decoración procedente de modelos sasánidas, y el mimbar o púlpito para el imán, un extraordinario ejemplar de madera todavía en uso, son dos elementos de especial interés.

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Una joven nos da la bienvenida con aromas en el hotel de Yazd

Además de las observaciones del guía, bien preparado, amable y con un castellano rico y más que aceptable, Nico y yo aprovechamos el desplazamiento en el autobús para completar algunas observaciones, él de carácter filosófico y sociológico, y yo históricas y artísticas.

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Vista del complejo de Amir Chakhmagh con el autor de estas notas en primer término

La llegada a Yazd nos permite descansar en el hotel y salir a conocer la ciudad. Nos trasladamos a la plaza principal. Desde el extrarradio, donde está situado nuestro hotel, moderno y confortable, unos cuantos kilómetros de denso tráfico y bullicio ciudadano nos permiten tomar el pulso a Yazd.

 

 

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Vista general del complejo y la plaza

 

 

 

 

 

 

El complejo de Amir Chakhmagh es una enorme estructura simétrica construida en el siglo XV con una triple finalidad: ser mezquita, caravansarai y hammam. Aunque es un decorado muy teatral, sus altos minaretes le dan un aspecto muy fácilmente reconocible, hasta ser el icono de la ciudad. Pero de nuevo, el espectáculo está en la plaza. Un buen número de mujeres con chador negro escuchan las alocuciones, bien trabajadas y coordinadas, de dos oradores.

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Las madres, vestidas con chador negro, recuerdan a sus hijos caídos en la guerra contra Irak

Es un acto que celebra el culto a los mártires de la guerra con Irak, en la que dejaron la vida miles de jóvenes iraníes que hoy son homenajeados por doquier: carteles, banderolas y paredes de fachadas enteras. Una forma de mantener la cohesión en torno a un hecho fatídico que une a los iraníes frente a la opresión extranjera. Es sintomático que el cartel que preside la ceremonia contenga la imagen del lider espiritual junto a la una bandera de Estados Unidos que está siendo rota por un puño de hierro.

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Un momento del espectáculo de gimnasia, algo más que puro ejercicio físico

 

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Hermosa y evocadora vista nocturna del complejo de Amir Chakhmagh

Tras la visita tenemos la oportunidad de asistir a un curioso espectáculo de gimnasia, mitad deportiva y mitad espiritual, en una hábil combinación de cultivo del cuerpo y del espíritu. Un grupo de personas mayores primero, y de jóvenes después, realizan una serie de pruebas de gran dureza física al son del tambor y del cantante a un ritmo trepidante. El verdadero líder es el joven que los dirige. De cuerpo robusto, sus ejercicios gimnásticos son impecables y sus danzas de un brío espectacular. El eco de preparativos militares flotaba en el ambiente. He aquí a los sucesores de aquellos jóvenes persas que en determinadas épocas de la historia dominaron el mundo.

Un premiado distinto

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Ignacio Aranguren en su salsa

El 10 de junio del pasado año asistí a la entrega del Premio Príncipe de Viana de la Cultura a Ramón Andrés en Leire. Ese mismo día redacté, bajo el título “Nuevos usos institucionales”, el artículo quincenal correspondiente y en él me preguntaba: “¿Tendremos nuevo premio el año que viene?, ¿qué formato tendrá?, ¿quiénes serán los asistentes? No tengo dudas que habrá cambios, solo resta por saber el alcance y el sentido de los mismos”.

Un año después ya conocemos el alcance de estos cambios. La entrega del premio no la presidirán ni los Reyes de España ni la Princesa de Viana, y ésta tendrá lugar en el palacio de Olite y no en la abadía de San Salvador de Leire. En mi opinión, dos decisiones equivocadas que no añaden nada al premio y le quitan raigambre histórica, solera institucional y proyección exterior. Estoy seguro que si les hubieran preguntado a los galardonados, la decisión mayoritaria hubiera sido la de continuar como hasta ahora. Ni fue acertado su cambio al Baluarte y su pretendida proyección internacional, ni lo son las novedades actuales, que responden más a intereses políticos que culturales.

Pero lo verdaderamente importante no es ni quién entrega ni dónde se entrega, sino quién lo recibe. Y ahí creo que se ha acertado. Hace muchos años que conozco a Ignacio Aranguren, porque somos docentes de la misma generación y nos hemos jubilado casi a la vez. Llevaba yo dos años en el instituto de Estella, cuando una serie de inquietos profesores nos presentamos en el despacho de don Luis Rey Altuna, el todopoderoso inspector de enseñanza media, para pedirle que nos autorizara a impartir el currículo, no según el temario previsto en asignaturas compartimentadas, sino en bloques homogéneos donde literatura, arte, geografía, historia y filosofía fueran partes de un todo. El inspector, con palabras amables, nos alabó la iniciativa, nos devolvió a la realidad y no hubo eco para la innovación.

A los pocos años, siendo yo consejero de Educación, recibimos una petición aparentemente peregrina: un profesor pretendía que le redujéramos alguna hora lectiva a fin de dedicarla a iniciar a sus alumnos en el teatro. Me acordé de la respuesta de Rey Altuna y, aunque no había normativa específica que lo acogiera, se lo autorizamos y ya conocemos el resultado: generaciones de alumnos han pasado por sus manos y, con la ayuda de otros colegas, ha inoculado la pasión por el teatro en cientos de jóvenes, ha ganado todos los premios forales y nacionales y ha hecho del Taller de Teatro del Navarro Villoslada toda una referencia en el teatro escolar.

Hace unos años, con motivo de su jubilación y en el más absoluto secreto, Vicente Galbete, secundado por una buena parte de los componentes del taller a lo largo de los años, preparó un concienzudo dosier sobre Ignacio Aranguren y su labor, a fin de solicitar al ministerio de Educación la concesión de la Cruz de Alfonso X el Sabio como reconocimiento a la labor de toda una vida dedicada a la docencia y al teatro escolar. Aunque me encargué de realizar personalmente las gestiones ante la delegación del Gobierno, no tuvimos fortuna y, por razones que nunca nos explicaron satisfactoriamente, la distinción no le fue concedida.

Cuando vi la relación de personas presentadas al premio, pensé que tal vez le había llegado el momento. Y sentí una gran alegría cuando leí la noticia en la prensa. Ya sé que a más de uno le habrá sorprendido la concesión. Es una rara avis en el selecto elenco de los premiados desde 1990, pero no hay duda de que encaja plenamente en lo previsto en las bases que regulan el premio: reconocer la trayectoria de personas o entidades relevantes en el mundo de la cultura, comprendiendo tanto la acción creativa en el ámbito de las artes plásticas, la música, la literatura, etc., como el trabajo en los campos de la ciencia, la técnica y la investigación. Y aunque el premio no tenga dotación económica directa, otra ocurrencia más, no tengo duda de que el proyecto que se articule servirá para difundir el encomiable trabajo del profesor Aranguren y la importancia del teatro escolar en la educación integral de nuestro alumnado. Con él quiero creer que también se premia a muchos y buenos docentes que han dedicado su vida a tareas llamadas complementarias por las que no han recibido más recompensa que la satisfacción del deber cumplido.

Enhorabuena a Ignacio Aranguren. Y no descarten la sorpresa en la entrega del premio. Puede que Talía y Melpómene le estén esperando en el palacio y pretendan celebrarlo por todo lo alto.

Diario de Navarra, 12/5/2016

 

Viaje a Irán. Isfahan, el esplendor de la corte safávida (V)

Conocido y degustado el sabor y el olor de la plaza como centro público y de poder, era llegado el momento de encontrar el Isfahan más oculto, que continua mostrándose esplendoroso por los múltiples rincones de la ciudad.

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Vista del mirhab de mezquita antigua del viernes, obra de la época timúrida

Probablemente no hay edificio en Isfahan que resuma mejor el desarrollo artístico de Irán que la mezquita antigua del viernes, corazón de la ciudad medieval y guía y ejemplo para otros modelos posteriores. Este nombre tan habitual designa la mezquita principal, nuestra catedral cristiana. El enorme complejo, de unos 20.000 metros cuadrados, es el resultado de la acumulación artística de siglos y del proceso devastador de los terremotos, muy presentes desgraciadamente en la historia del pueblo persa.

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Hermosos espacios trabajados en ladrillo en la mezquita antigua del viernes

 

El origen fue un centro zoroastriano, dedicado al dios del fuego. Sobre él, situado en el corazón de la actual mezquita. Se fueron superponiendo las diferentes etapas y estilos, básicamente seljúcidas, timúridas y safávidas. La gran urbe que fue Isfahan en la época seljúcida (siglos XII y XIII y 300.000 habitantes) necesitaba una gran mezquita. Fue levantada en ladrillo con naves abovedadas en modelos distintos y singulares. El resultado es un muy sugerente conjunto que nos transporta a los modelos más conocidos de naves que conducen al mihrab.

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Gran patio central con los cuatro iwanes

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Maniquíes en una tienda a la entrada de la mezquita

Pero Isfahan camina hacia el futuro y dos estructuras resultan muy significativas de esta evolución. Junto a la mezquita se alza la antigua plaza timúrida, obra de los siglos XIV y XV, estructura aligerada en dos pisos, modelo para la posterior y más conocida de la época safávida que pudimos disfrutar ayer. La rehabilitación, sencilla y sin pretensiones, es un buen ejemplo de la puesta en valor patrimonial. Volvemos al autobús por unas escaleras mecánicas que nos remiten a una gran plaza subterránea, nudo de comunicaciones que libera el tráfico en superficie.

 

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Interior de la catedral ortodoxa armenia de Vank

De la mezquita del viernes nos acercamos a la catedral Vank, la iglesia ortodoxa armenia más importante de todo el país. La curiosa mezcla de arte iraní y renacimiento italiano produce una amalgama que llama mucho la atención frente a la desnudez de la mezquita. La iglesia está tan inundada de pinturas como de visitantes, que recuerdan a la Capilla Sixtina en hora punta. En el museo adjunto, además de cantorales y otros objetos litúrgicos, se levanta un memorial del genocidio armenio a manos de los turcos en los años veinte del pasado siglo. Un episodio de masacre sistemática de un pueblo, que Turquía no ha tenido la gallardía de reconocer.

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Vista del hermoso puente de los 33 arcos sobre el río Zayande Rud

De las obras religiosas pasamos a las estrictamente civiles. El río Zayande Rud, hoy escaso en caudal aunque lo disimule con la represa artificial en varios lugares, está atravesado por multitud de puentes. De ellos, el más famoso es el de los “33 arcos”, construido en época de Abbas I a comienzos del siglo XVII. Es una edificación en dos alturas bella, armónica y funcional. Hoy transitan por él básicamente familias, parejas y jóvenes en día de fiesta.

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Todavía más sofisticado es el puente Khaju, sin duda uno de los más hermosos del mundo

Todavía más sofisticado resulta el puente Khaju, con tres alturas, gran calzada para caravanas, pasos peatonales, miradores para ceremonias y bellas vistas.

Esta moderna Isfahan, situada al otro lado del río, es una ciudad con jardines cuidados, buenas construcciones y urbanización racional. Eso sí, apenas las diferenciaríamos de cualquier otra ciudad de nuestro occidente.

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Vista de uno de los palacios de la época safávida distribuidos por Isfahan

La jornada termina con un palacio más, situado en uno de los jardines de Isfahan. El palacio de los ocho paraísos es un pabellón de planta octogonal de la época safávida construido para las fiestas privadas de la corte. Su exquisita decoración y su caprichoso diseño le conceden ese aire de cuento y lujo tan característico de estas tierras.

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El grupo se relaja de un intenso día a la hora de la cena

Y de nuevo, al anochecer, la vida inunda la plaza en estos días de fiesta. Una vida que parece tranquila, segura y más tolerante de lo que uno se imaginaría. ¿Es la cara amable del país o es el país mismo?

Paradas de ida y vuelta

He iniciado mi jubilación verdadera, tras la etapa de la presidencia del Consejo Social, acompañando a mi hijo Iñigo a Madrid donde ha comenzado un máster en marketing. Era 2 de mayo, fiesta en la villa y corte y en otras cuantas comunidades autónomas. Sin prisa, hemos hecho los 200 primeros kilómetros y hemos llegado a Almazán. En otros tiempos, sobre todo para los funcionarios forales que viajaban oficialmente a Madrid, Almazán era parada obligada, tanto a la ida como a la vuelta. Pero ahora, con la buena red de carreteras existente, a la que se añaden los lentos pero sucesivos tramos de la Autovía de Navarra que unirá en su día Medinaceli con Tudela, el viaje de ida y vuelta a Madrid puede hacerse en el día con relativa comodidad.

Los que han salido perjudicados con esta mejora son los pueblos y ciudades del camino, ya que las variantes animan a no entrar en los núcleos urbanos. Es lo que ha sucedido con Ágreda, Almazán o Medinaceli, por no citar sino las tres ciudades históricas situadas a pie de carretera.

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Vista parcial de la Plaza Mayor con la iglesia de San Miguel y el palacio de Altamira

Ante la falta de prisa por llegar, optamos por tomar un bocadillo en Almazán, y ningún lugar mejor que su Plaza Mayor para hacer un alto en el camino. La plaza, restaurada con gusto en 2011, dispone de cuatro edificios singulares de interés: la iglesia románica de San Miguel, con bóveda de nervios en el crucero que nos remite a modelos califales cordobeses, al igual que el Santo Sepulcro de Torres del Río o la iglesia de Oloron, al otro lado del Pirineo; el ayuntamiento de la villa; el palacio de los Hurtado de Mendoza o de Altamira, hermoso edificio de los siglos XVI y XVII; y el antiguo casino, notable edificio de principios de siglo XX. A todo ello se une una hermosa estatua sobre pedestal de Diego Laínez, segundo general de la Compañía de Jesús tras San Ignacio de Loyola y uno de los grandes teólogos de Trento.

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Vista parcial de la plaza mayor de Medinaceli con la alhóndiga, el palacio y la torre de la colegiata al fondo

Tras dejar a Iñigo en Madrid, emprendí a media tarde el camino de vuelta. Si puedo, me suele gustar parar en Medinaceli y pasear por sus calles normalmente desiertas, aunque al ser día de fiesta en Madrid estaban más frecuentadas que de costumbre. Entré en el convento de Santa Isabel, de monjas clarisas, y asistí al rezo del rosario, la plegaria del mes de mayo y la exposición del Santísimo. Una comunidad de 11 monjas en el bajo coro, unos cuantos feligreses y un sacerdote de edad avanzada éramos toda la concurrencia. La ceremonia me recordó otros tiempos en Los Arcos y Pamplona. “Venid y vamos todos/ con flores a porfía/ con flores a María/ que madre nuestra es. De nuevo aquí nos tienes/ purísima doncella/ más que la luna bella/ postrados a tus pies” cantamos en la fresca tarde de mayo, situados como estábamos a 1204 metros de altura. Por supuesto, tras la exposición del Santísimo, situado en un baldaquino rococó inserto en un retablo de traza parecida al de San Gregorio Ostiense, rezamos las casi olvidadas salutaciones. “Bendito sea Dios; bendito sea un santo nombre…” A la salida, di un paseo por la plaza mayor, una de mis plazas rurales preferidas de España. Abierto como estaba el Palacio de Medinaceli, entré a echar un vistazo. El amable responsable de su conservación, un arquitecto jubilado mallorquín, me permitió acceder al patio, un rotundo rectángulo de dos pisos de arcadas superpuestas de raigambre renacentista, hoy cubierto con una cúpula acristalada. La enorme plaza estaba vacía, con una sola persona sentada en un banco. Paseé por el antiguo foro romano, me acerqué a la alhóndiga, hoy sede del ayuntamiento, y me asomé a la colegiata, un enorme edificio renacentista de los siglos XVI y XVII. He aquí un ejemplo de la España histórica que se resiste a morir. Apenas quedan vecinos los días de labor. Pero los fines de semana, gracias a la autovía y a la cercanía a Madrid, las calles reviven, los restaurantes se animan y la población recobra un poco de vida. ¿Hasta cuando?

Un nuevo arreón, y en poco más de dos horas me presenté en Oteiza  Son las ventajas del tiempo presente. Salir de un pequeño núcleo rural, llegar a la capital de España, y visitar, tanto a la ida como a la vuelta, dos poblaciones históricas de interés en un solo día y sin especiales apuros hoy es posible.