Tres rincones de paraíso

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San Tirso entre el párroco y María Luisa

Hoy, 30 de abril, Oteiza ha celebrado su romería a San Tirso. La mañana ha amanecido fresca y desapacible, con riesgo de lluvia que ha caído molesta pero sin fuerza a lo largo de toda la mañana. Los campos están esplendentes, con el triunfante verde vestido de mil tonalidades, aunque la colza también se deja notar con su brillante amarillo. Las que han venido a menos son las esparragueras, aunque la presencia de familias andaluzas todavía se dejar notar, al igual que el producto de abril, especialmente suave y jugoso.

La cosecha apunta francamente bien, sólo falta un buen chaparrón por San Isidro y que junio no caliente demasiado para que la cabeza madure y el grano sea abundante. Eso es lo que le hemos pedido al santo en la bendición de los campos habida al terminar la misa al aire libre, celebrada en la campa del antiguo poblado romano, miliario incluido, que acabó de estar habitado a lo largo del siglo XIV, tras la peste negra.

Por el camino me he topado con dos mujeres magrebíes que, acompañados de los niños, caminaban también hacia la ermita, seguramente con la intención de participar del día de fiesta.

En la homilía, que el párroco don Ángel prepara con esmero, ha realizado una pequeña reflexión al hilo de las lecturas, la primera tomada del Génesis y referida a la creación del mundo, y la segunda del evangelio de Juan y referida al episodio de la última cena.

El párroco nos ha propuesto que ese paraíso del que habla el Génesis y que Dios tenía reservado al hombre y la mujer, intentemos conseguirlo en este mundo, concretado en tres rincones a nuestro alcance. El primero con la participación familiar y festiva en la campa de San Tirso, invitando a que no solo hoy, sino durante todo el año, la ermita y su paraje sirvan para disfrutar, pasar buenos ratos y conservarlo dignamente entre todos. El segundo, invitando a esforzarnos para conseguir que la antigua casa situada en la plaza del Raso, herencia de la parroquia que ha sido cedida al ayuntamiento para levantar un parque, sea espacio de convivencia y de disfrute. Y el tercero, el más difícil de todos, haciendo lo posible para que nuestros hogares sean eso, hogares, y no solo hostales de comida y alojamiento.

La jornada ha continuado con buena parte de los oteizanos y foráneos distribuidos por la campa, comiendo en familia, tras recoger el pan y el vino repartido por los miembros del ayuntamiento. Los amagos de borrascas han perturbado, pero no han podido con la buena costumbre. Y al final, la lluvia nos ha dado una tregua y hemos disfrutado de un buen rato de sol y cierzo fresco.

Hermosa, muy hermosa y oportuna la homilía de don Ángel. Ojalá que haya acierto y consigamos durante este año pergeñar esos tres rincones de paraíso.

Viaje a Irán. La ciudad santa de Qom (III)

 

 

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El Arco de la Victoria, imagen del moderno Teherán

Con algo de retraso sobre el horario previsto salimos de Teherán. La ciudad sigue sin tener el bullicio de la gran urbe, pero la explicación está en las carreteras. Un tráfico denso, multitud de coches parados en arcenes y espacios próximos, y  familias pasando el día de campo o en camino. Es fiesta y la comida y el té constituyen la actividad principal. A ello contribuye una agradable temperatura propia de la primavera.

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La puerta dedicada a entrada de las mujeres, con varias de ellas vestidas con el chador negro, junto a dos integrantes de nuestro grupo

El acceso a la ciudad santa de Qom nos permite acercarnos al Irán más integrista y convencional. El complejo de Musumek, tres patios, tres mezquitas y una superficie de 38.000 metros cuadrados nos permite acercarnos a la religiosidad popular. Lo que más nos llama la atención es la multitud de peregrinos, ellas con el obligatorio chador y ellos de variada pinta y condición,  entrando en el santuario por puertas distintas. Es una auténtica multitud y, entre ella, las componentes femeninas de nuestro grupo con su chador también obligatorio aparecen transportadas a otro tiempo y sustancialmente cambiadas de aspecto.

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Parte del grupo con la guía femenina, el mulá al fondo y nuestro guía

Nos acompaña un imán discreto y amable que, en correcto inglés, nos da la bienvenida y nos insiste en el carácter pacífico del Islam, al tiempo que rechaza los asesinatos de estos días en Europa. Pero junto al imán, una militante integrista, en correcto castellano, no desaprovecha la ocasión para impartir doctrina, creo que con escaso éxito.

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Vista de la entrada al mausoleo, reservado exclusivamente a los fieles musulmanes

Al mausoleo no podemos entrar, no somos musulmanes, pero tiene mucho interés el contexto general y el ambiente de una ciudad que cuenta con 100.000 estudiantes coránicos en las distintas madrazas y escuelas de la ciudad, de los cuales 30.000 son mujeres.

De Qom salimos hacia Kashan, una ciudad que es un oasis en medio del desierto. Sorprende encontrar tal proliferación de agua en un paisaje tan seco. Pero la visita al Jardín del Fin, uno de los más hermosos y conocidos jardines de Persia nos permite comprobar su belleza, como prueba que todos ellos hayan sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Éste fue diseñado como residencia para el monarca Abbas I en el siglo XVII, y es un buen ejemplo de la utilización del agua y su origen.

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Hombres  mujeres pasean por el patio interior del complejo religioso

Los pozos abiertos en la base de la montaña se canalizan  a través de galerías subterráneas que  fluyen donde es preciso regar o refrescar el ambiente. El sistema del jardín es complejo, bien ordenado y muy hermoso, con el agua como fuente de vida y disfrute.

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Vista parcial de una de las entradas al mausoleo

Esta Kashan es la ciudad de las rosas. El agua de rosas es un bien preciado y como prueba de ello, el lugar más sagrado del Islam, la Kaaba en la Meca, es limpiada cada cierto tiempo con el agua de rosas procedente de esta ciudad.

La vocación comercial de la ciudad en la Ruta de la Seda es patente en construcciones no tanto públicas como en residencias privadas, propiedad de ricos comerciantes que las utilizan como residencia propia y como lugar de alojamiento de sus invitados ilustres, muchos de ellos clientes y proveedores de su negocio. Como ejemplo de las existentes, la visita a una de ellas resulta muy ilustrativa. Un modesto exterior da paso a un interior amplio, desarrollado en una compleja planta situada bajo el nivel del suelo. Un procedimiento para aliviar las extremas temperaturas del amplio y ardiente verano de la meseta iraní.

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La obligación del pañuelo se extiende incluso al autobús, como prueba la imagen

La última visita de la ciudad es a la mezquita Agha Bazard, singular por varios motivos, en especial  su planta en dos alturas dedicadas una a escuela coránica y la otra a mezquita, y su cúpula de ladrillo con minaretes gemelos. Destaca además su puerta de 6666 clavos correspondientes a los versículos del Corán. Anochece cuando abandonamos la mezquita y las luces de colores que la iluminan le conceden un colorido distinto al de la luz natural, más irreal y poético.

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La mediana de buena parte de autovías y autopistas se utiliza para honrar a los mártires de la guerra con Irak, en forma de carteles con sus imágenes

Una de las sorpresas de Irán es la red de autopistas que estamos utilizando. Tramos largamente iluminados, dos o tres carriles en muchos kilómetros y denso tráfico en cualquier punto del recorrido. Eso sí, la conducción sigue siendo igualmente disparatada que en la ciudad, incluyendo la de nuestro chofer, que bebe té, come pipas y charla con su ayudante, sin ningún rubor.

La entrada en Isfahan se produce bien entrada la noche. El hotel, bien situado y confortable, nos ofrece una cena copiosa y unas dignas habitaciones. Todo preparado para degustar en los próximos días una de las joyas de Oriente.

Viaje a Irán. Teherán, la última capital de una larga serie (II)

Llegamos a Teherán a las 5 de la mañana. El inmenso avión aterriza suavemente en la pista del aeropuerto, situado en medio de un inmenso secarral a 35 kilómetros de la capital. Un problema con el pasaporte de Trini, una de las compañeras de viaje, nos retrotrae a los momentos de la guerra fría. Tras un tira y afloja que dura más de una hora, a lo que se une un paso de aduana propio del manual del perfecto e inútil burócrata, conseguimos salir al exterior. Lamentablemente dejamos a Trini y Pello, su solidario marido, en el aeropuerto solucionando el problema y, ya amanecido, nos acercamos a la capital.

Como el aeropuerto está situado al sur, en medio de la llanura mesetaria, la sorpresa es grande a medida que nos acercamos a Teherán. Antes de entrar, a pie de autopista, se encuentra el mausoleo del imán Jomeini, la última gran figura histórica del nuevo Irán. Forma un enorme complejo con cuatro minaretes forrados de bronce dorado y una gran cúpula, a la que se añaden infraestructuras hoteleras de gran tamaño. La última desmesura, aún sin terminar, del culto al lider, tan arraigada en pueblos y culturas distintas. En esto, comunismos, fascismos y fundamentalismos de todo tipo se dan la mano.

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Una escena que se repetirá multitud de veces en el viaje: Morti explica y el grupo escucha atentamente

Dejamos las maletas en el hotel, situado en una avenida céntrica de la capital, desayunamos con el yogur como plato estrella y sus múltiples variantes de mermeladas y salimos a la calle. El pañuelo es obligatorio y el chador negro es mayoritario entre las mujeres, tengan la edad que tengan.

Teherán es la última capital del Estado habida hasta ahora. Situada al pie de la montaña, de hecho etimológicamente significa “bajo la montaña”, en estos momentos todavía nevada, fue poco más que una ciudadela amurallada durante la dinastía safávida, y sólo en el siglo XVIII, con la dinastía kajar se convirtió en la capital del país. Los reyes la dotaron de palacios y dependencias administrativas donde fijaron su residencia y su corte.

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Vista exterior de una parte del complejo Golestán

El complejo Golestán, nombre del conjunto, designa a una serie de edificios de ladrillo, modestos en su apariencia exterior pero deslumbrantes en su interior. El mosaico y el ladrill0 dominan por fuera, mientras que el interior es la apoteosis del estuco y los espejos.

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Uno de los tronos instalados en el interior del Golestan

Reformados por los Pahlevi, padre e hijo se coronaron en el “trono del pavo real” y aquí tuvieron sus dependencias. Lástima que el conjunto desmerezca con una serie de anodinos edificios administrativos que Pahlevi padre mandó construir como símbolo de modernidad, arrasando buena parte del primitivo conjunto. Pahlevi hijo, con Soraya primero y Farah Diba después, levantó su propio palacio como residencia personal y familiar en la ladera de la montaña. El ajuar, comprado en Europa a semejanza de las monarquías europeas, refleja el carácter entre opulento y decadente que caracteriza a buena parte del siglo XIX. Convertido en museo histórico y arquitectónico con el triunfo de la revolución islámica en 1979, es desde 2013 Patrimonio de la Humanidad como ejemplo de fusión de estilos y culturas.

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Descanso en la escalerilla en los jardines del complejo

Pero Teherán carece de un casco histórico propiamente dicho como tienen buena parte de las ciudades con historia. La urbe, que se extiende a lo largo y ancho de más de 1.000 kilómetros cuadrados, es fea, destartalada y carente de una imagen propia. Pero no faltan edificios de interés.

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Sala del Museo del Vidrio y la Cerámica

El  Museo del vidrio y la cerámica ocupa una mansión particular levantada por un político persa en los años veinte del pasado siglo. Modesta en dimensiones y muy hermosa en su diseño de fachada y escalera principal, fue sucesivamente embajada de países distintos y oficina de Farah Diba en su gestión de los asuntos culturales, hasta convertirse en el museo que es hoy. Un museo con pocas piezas pero bien seleccionadas, con una buena propuesta didáctica y un acertado diseño.

Tras la comida en uno de los hoteles donde el gusto estético no abunda, cansados ya tras 24 horas sin dormir adecuadamente, iniciamos las últimas visitas a la capital.

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Fachada del Museo Nacional

El Museo Nacional de Irán ocupa un edificio inaugurado en 1937 muy digno, aunque ya necesitado de una remodelación a fondo. Pero sus colecciones son de primer nivel. Sobresalen, además de las culturas prehistóricas, elementos clave de la cultura meda, aqueménida, seléucida, parta y sasánida. Los famosos arqueros de la escalinata de Persépolis y los relieves vidriados justifican por sí solos su visita.

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Una escena de la escalinata de Persépolis

Para terminar, un museo monográfico también de gran interés. El Museo de las alfombras, levantado en tiempo del último sah, es un edificio diseñado para tal fin. Reúne una impresionante colección de tapices antiguos procedentes de los distintos lugares de la antigua Persia.

Literalmente derrengados, nos encaminamos al hotel. Una siesta y una ducha reparadora logran casi el milagro. Consigo descansar y dormir, y recuperar fuerzas para volver a la calle. Lo que ahora nos interesa es el lado humano de un país mal conocido, peor visto por occidente e injustamente valorado.

¿Es éste el eje del mal? No lo creo. El país tiene a mi juicio dos serios problemas de cara al futuro: la evolución política nada fácil desde una república islámica fundamentalista a un régimen de libertades más o menos homologable; y el aprovechamiento de la riqueza petrolífera y gasística paa dotar al país de una sólida evolución económica que permita la consolidación de una clase meida que aporte estabilidad y futuro.

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Una de las joyas del Museo de Alfombras

Pero si no fuera por el aspecto de sus mujeres y la omnipresencia de las fotos de los líderes religiosos y políticos, nada nos haría pensar en un país sojuzgado, teocrático y retrógado. Algo se mueve. Esta sociedad no podrá aguantar mucho tiempo sin reformas significativas. Sólo cabe desear que, frente a otras sociedades que hemos visitado en los últimos años, no caiga la barbarie sobre ellas y acierten en su propio camino.

El país necesita estabilidad y un difícil equilibrio, en una región que es literalmente un campo minado. Irán está llamado a liderar política, militar y demográficamente esta región del Medio Oriente. A todos nos irá bien que encuentre su camino.

 

De nuevo, el pacto educativo

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Si hay una aspiración permanente que recorre España desde hace años en programas políticos, declaraciones públicas, tribunas de prensa y demandas ciudadanas es la necesidad de un pacto social y político por la educación. El mero hecho de no haberlo alcanzado, pese a los esfuerzos realizados al respecto nos indica, por un lado, la dificultad del objetivo y, por otro, la necesidad imperiosa de seguir intentándolo.
Estamos, según parece, en vísperas de unas nuevas elecciones tras el fracaso estrepitoso no de la ciudadanía, que ya dijo ¡el 20 de diciembre de 2015! cuáles eran sus preferencias, sino de una clase política incapaz de articular mayorías y consensos. Volverán en las próximas semanas los partidos a ocuparse en desempolvar programas, zurcir listas y buscar responsabilidades en el adversario. Y de nuevo aparecerá, sólo de pasada, la necesidad de un pacto educativo.
Dado que esa realidas nos supera, parece  más realista que fijemos la mirada en Navarra y tratemos de esbozar las líneas por las que podría discurrir un objetivo más modesto, pero igualmente necesario: un pacto foral por la educación que permita dar un salto educativo a una Comunidad que reúne los mimbres necesarios para llevarlo a cabo.
El punto de partida no es malo. Navarra presenta, globalmente hablando, uno de los mejores índices del sistema educativo español en financiación, plazas escolares, número de alumnos por aula, atención a la diversidad, fracaso escolar o infraestructuras educativas. Y esto no es por casualidad. La Comunidad Foral asumió las transferencias educativas en 1990 con tres problemas de primera magnitud bien resueltos: una magnífica infraestructura educativa, fruto de inversiones muy importantes en los años anteriores; un ley del vascuence que permitió encauzar  un serio problema hasta entonces enquistado; y la creación de una universidad de nueva planta -la UPNA-  que, bien dotada de medios humanos y materiales, sirvió de modelo a las que llegaron después. A eso se unió el acuerdo suscrito entre PSN-PSOE, un partido que, conviene recordar, gobernó con 15 parlamentarios de 50, y UPN. Éste último garantizó la gobernabilidad y la aprobación de los sucesivos presupuestos a cambio de un acuerdo global en materia educativa que, además de cuidar la enseñanza pública, supuso la práctica gratuidad entre los 3 y los 18 para todos los centros concertados de Navarra, ikastolas incluidas. Este acuerdo se mantuvo en los lustros siguientes con altibajos de uno y otro signo, pero con una política compartida de fondo: unos presupuestos de educación próximos en financiación a porcentajes europeos de los que nos hemos ido alejándonos en los últimos años.
La atonía de la última etapa de UPN  ha saltado por los aires con la llegada del nuevo gobierno. Consecuencia de ello, la educación ha vuelto al primer plano de la actualidad y la necesidad de un pacto que traiga rumbo claro y compartido, estabilidad y sosiego se ha hecho todavía más evidente.
Pero a diferencia de otras ocasiones, además de palabras y buenas intenciones, tenemos una propuesta seria encima de la mesa. Sé lo que es elaborar documentos educativos y las dificultades que entraña y me atrevo a señalar que el “Pacto social y político por la educación en la Comunidad Foral de Navarra” que presentó hace unas semanas el PSN-PSOE es un documento digno de ser tenido en cuenta. Sobre todo si, como han señalado sus responsables, es solo el punto de partida para un acuerdo entre diferentes.
Por si esto no fuera suficiente, el pasado lunes, con muy buena presencia de docentes y representantes de asociaciones y apymas, se presentó en sociedad de la mano de tres ponentes de peso: Guillermo Herrero, la consejera de Educación de Aragón y Ángel Gabilondo. Resumo lo que, a mi juicio, fue lo esencial de su intervención. En el caso del exministro su convicción de que para pactar -bajo los parámetros de la libertad, la igualdad y la justicia- es preciso querer hacerlo, buscar el interés general, comenzar por lo que nos une y pactar los desacuerdos. Guillermo Herrero  enumeró, desde su larga experiencia, algunos de sus componentes: criterios de escolarización, política lingüística y apoyo explícito a la escuela rural. Me atrevo a señalar otro más: la necesidad de definir entre todos el modelo de Universidad que queremos para Navarra.
Tarea no nos falta. La sociedad lo quiere y Navarra lo necesita. Hagamos de la necesidad virtud. Es preciso que la clase política también lo quiera, se siente, se lo tome en serio y trabaje. Puedo dar fe de que otras cosas más difíciles  se consiguieron. La voluntad política no sólo hay que proclamarla sino ejercitarla. Señores parlamentarios, pongan manos a la obra. Es su turno. Y no lo duden, eso sí es prestigiar el Parlamento, que buena falta le hace.
Diario de Navarra, 14/4/2016

 

Viaje a Irán. Entre la emoción y la zozobra (I)

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María Puy y Jesús reponen fuerzas para el viaje

 

Un año más, los amigos del Verbo Divino nos han preparado uno de esos viajes exóticos a los que nos tienen acostumbrados. Tras Siria y Jordania, Turquía, Uzbekistán y ahora Irán.
Pero la emoción del viaje, Persia es uno de esos destinos inigualables, convive con la zozobra del momento presente. Aunque el país de los ayatolás parece haber entrado en una cierta calma, con el acuerdo nuclear con USA y la victoria de los moderados en las elecciones como hechos recientes, la coyuntura no invita al optimismo. Siria se desangra en una guerra civil interminable. Irak no encuentra un camino de paz con sunitas y chiitas a la greña permanente. Turquía está inmersa en una involución política, social y cultural, pese al balón de oxígeno que puede suponerle la ayuda europea para contener a los refugiados. Afganistán sigue siendo, tras el fracaso sucesivo de rusos y norteamericanos, coto de los señores de la guerra. Y las monarquías del Golfo, con la aquiescencia occidental alimentan los extremismos con los petrodólares. Y por si todo esto no fuera suficiente, el atentado reciente de Bruselas sacudió los cimientos de una Unión Europea en horas bajas y evidenció, una vez más, lo vulnerables que son nuestras sociedades y lo difícil que resulta abordar el fenómeno del yihadismo, con militantes dispuestos a inmolarse por una causa para nosotros irracional e incomprensible.

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El grupo espera el embarque hacia Estambul

Pero Irán nos espera con su historia, su leyenda, su cultura y sus gentes.
Si yo tuviera que evocar lo que Persia trae a mi memoria debería citar a Susa y Persépolis, a Ciro, Darío y Jerjes, a Alejandro Magno, al imperio sasánida, a las dinastías propias musulmanas, a los seljúcidas, a Gengis Kan y Tamerlán que lo arrasaron casi todo a su paso,  a las dinastías timúrida y safávida, a los Pahlevi, al ayatolá Jomeini y la revolución islámica, y a sus sucesores hasta hoy. Y, por supuesto, ciudades míticas como Isfahan o Shiraz. Y en todos estos siglos, un pueblo sojuzgado al servicio de dinastías todopoderosas, de fuera o de casa, que incluso hoy, a comienzos del siglo XXI, mantienen al país como una república islámica fundamentalista regida con puño de hierro y una ausencia casi absoluta de libertades religiosas y civiles.
Mientras escribo estas líneas en el avión que nos conduce a Estambul, como primera etapa de nuestro viaje, la pantalla de televisión nos indica la ruta del aparato. Hemos salido de Bilbao, hemos sobrevolado los Alpes franceses -con un recuerdo para los pasajeros y la tripulación estrellados por el copiloto de Germanwins hace ahora un año- y la Península Itálica por el norte, para entraren el avispero de los Balcanes. Hemos sobrevolado Croacia, hemos pasado sobre la vertical de Sarajevo en Bosnia, cruzamos entre Servia y Kosovo, y estamos a punto de entrar en Bulgaria, con Sofía en el horizonte. Hemos recorrido más de 2.000 kilómetros y nos quedan apenas 800 y una hora de viaje. ¿Cómo no recordar desde aquí a los refugiados que han recorrido todos los caminos terrestres para llegar a na Europa que primero los acoge y ahora los rechaza? ¿Cómo es posible que Turquía pueda acoger a más de 3 millones y toda la Unión Europea sea incapaz de absorber a un millón? Instalados a bordo, los números siempre me impresionan: casi 3.000 kilómetros, casi 4 horas de viaje a 10.000 pies de altura y -57 grados en el exterior.

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Los carteles alusivos al nuevo Irán revolucionario e islámico son una constante

 

La segunda parte del vuelo nos conduce de Estambul a Teherán. Un modernísimo avión de las líneas aéreas turcas nos indica nuestra posición en todo momento. Los cielos del Medio Oriente, menos peligrosos que las rutas terrestres, no dejan de ser inquietantes. Recorremos Turquía de oeste a este y penetramos en suelo iraní dejando encima de nosotros tierras tan complejas con las antiguas repúblicas soviéticas de Armenia y Azerbaiyán -ahora enfrentadas por la región de Nagorno Karabaj- y el mar Caspio, y situándose debajo el avispero de Irak, cuyo espacio aéreo afortunadamente no atravesamos. No me extraña que algunos de los compañeros del viaje hayan tenido que hablar de Persia y no de Irán, sin indicar muy bien donde estaba situada, para no asustar a la familia, amigos y conocidos.

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María Luisa y María Puy han cambiado de aspecto. El pañuelo les acompañará durante todo el viaje

Teherán, la gran urbe convertida en capital de Irán en el siglo XVIII reúne en su conurbación urbana 12 millones de habitantes. El aeropuerto al que nos dirigimos se llama ¡cómo no! Imán Jomeini. Sorprendentemente hemos salido del aeropuerto Kemal Ataturk en Estambul, en honor del héroe turco. Dos líderes diametralmente opuestos que representan el integrismo islámico el primero y el laicismo el segundo. Pero tras ellos, dos inmensos países, los más poblados de la región, buscan su destino. El primero apenas da pasos tímidos hacia un Estado menos radical, el segundo retrocede hacia una islamización creciente. En todo caso, en ambos países el destino lo tienen los más jóvenes, que son la mayoría. ¿Se abrirá paso en ambos un sistema político donde la libertad sea posible?

 

El Patrimonio inmaterial de Navarra

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Hojalatero con niños. Nicolás Ardanaz, hacia 1960

 

Que el tiempo pasa veloz es una constatación cada vez más evidente a medida que une cumple años. Pero aunque las manecillas del reloj avancen a igual ritmo en todos los lugares de la tierra, la percepción humana es claramente distinta en función de la edad, la coyuntura, la sociedad o el contexto vital. Todos hemos experimentado en mayor o menor medida esas noches que se hacen eternas  y esos días que pasan vertiginosamente. Lo mismo sucede con las sociedades. Aunque el tiempo cronológico les sea aplicable por igual, las hay en las que apenas pasa nada reseñable durante decenios, mientras que otras viven en una generación cambios que en puridad podemos llamar de verdad históricos. Ese es el caso de la Navarra de ayer y de hoy. Apenas somos conscientes del gigantesco cambio que han tenido oportunidad de vivir nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros mismos, la generación de la posguerra. Del futuro sólo intuimos algunas cosas, pero las tendremos aquí en un abrir y cerrar de ojos.
Hay veces, no obstante, en que una imagen o una foto te obliga a darte de bruces con esta realidad. Así me ocurrió a mí el otro día cuando en esta misma sección me topé con una foto inserta en una exposición que les recomiendo, titulada “Inmaterial. Patrimonio y memoria colectiva”, que se puede admirar estos días en el Museo de Navarra. La instantánea, obra del fotógrafo navarro Nicolás Ardanaz es de hacia 1960 y nos presenta a un hojalatero de aquellos que venían a nuestros pueblos a arreglar los cacharros de la gente modesta, rodeado de niños y niñas que lo observan curiosos y sorprendidos. El hojalatero parece sentado en un poyo de piedra, con el suelo sin asfaltar y apoyado  en una pared de sillarejo y adobe, con una ventana y una reja diminutas detrás. Les aseguro que yo podía ser uno de estos niños, ya que recuerdo  perfectamente haber asistido a escenas similares en mi infancia, y las fotos de mi álbum familiar en la escuela de las monjas o don Paulino  recogen vestimentas y atuendos muy parecidos.
Pero aquella sociedad prácticamente ha dejado de existir y apenas nos quedan sus huellas físicas. Recuerdo las vueltas que tuvimos que dar Víctor Pastor y yo en el año 2004 para documentar una casa semejante a la de la foto, representiva por cierto de de los grupos sociales más humildes de Los Arcos.
Llegados a este punto, la pregunta es obligada: ¿Quién se encarga de guardar la memoria de aquella Navarra que está a punto de desaparecer? Aunque es mucho lo perdido, afortunadamente hay instituciones que lo hacen.
Entendemos por Patrimonio Cultural Inmaterial “toda manifestación cultural viva asociada a significados colectivos compartidos y con raigambre en una comunidad”. En Navarra, algunos hitos de esta preocupación serían los siguientes: la obra de Julio Caro Baroja, la revista Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra dedicados a este tema, la colección de documentales que desde 2001 se elaboran con la Editora Pyrene de Huesca, el trabajo del Museo Etnológico “Julio Caro Baroja” y de su directora Susana Irigaray, y finalmente la labor de la Cátedra de Patrimonio Inmaterial de la UPNA.
Esta Cátedra, creada en 2014 y que tiene a Patxi Salaberri y Alfredo Asiáin como cabezas visibles de un equipo numeroso y capaz, surge con la ayuda de distintas asociaciones a fin de recopilar y digitalizar la memoria de la sociedad tradicional navarra del siglo XX. Uno de sus proyectos más ambiciosos es la elaboración de un archivo multimedia, sonoro, audiovisual y textual del patrimonio oral e inmaterial de Navarra y de la Baja Navarra. Sus objetivos son la recopilación y transcripción primero, la clasificación, edición y estudio después, y por último la preservación y difusión de dicho patrimonio. Los más de 1500 testimonios procedentes de un gran número de poblaciones navarras avalan este trabajo. Doy fe de ello, porque en mi casa conservamos como un pequeño tesoro el vídeo de la larga entrevista realizada a mi madre, de 91 años, que afortunadamente goza de una mente lúcida y una memoria excelente.
La página web contiene una información abundante del proyecto. Pasear por sus páginas es una buena manera de familiarizarse con un mundo que se nos va. Pero las novedades continúan. La última que nos anuncian para el mes de abril es una recopilación de 32 canciones tradicionales navarras para ser utilizadas como propuesta didáctica en Educación Infantil y Primaria, tanto en castellano como en euskera. Seguro que en algunas de ellas reencontramos parte de nuestra infancia.
Diario de Navarra, 31/3/2016

Pasión del dios que quiso ser hombre

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La sociedad navarra y española de hoy es el fruto de una larga historia en la que las raíces cristianas ocupan un papel preponderante. Durante buena parte de la misma, sobre todo a  partir del siglo tercero en el que comienza la progresiva cristianización  del territorio, la Iglesia es mucho más que un poder religioso, hasta impregnar la vida política, social y cultural, y convertirse en la amalmaga de nuestra sociedad. Sólo a partir de la Ilustración, y con muchas dificultades, comenzará a hacerse realidad la emancipación de la sociedad civil, hasta llegar a nuestros días en los que la secularización creciente constituye un rasgo característico de nuestra sociedad.
Pero todavía hoy, en Semana Santa y en las fiestas patronales sobre todo, como reflejo de una cultura que perdura, algunos rasgos de esa tradición religiosa se hacen presentes en la vía pública. En la Navarra urbana y en la rural, en Pamplona con fasto y solemnidad menguantes, y en los pueblos a veces con dificultades para sacar los pasos a la calle por falta de portadores,  las procesiones volverán a hacer latir los corazones de muchos creyentes, en muchos casos escasamente practicantes, que recuerdan tradiciones heredadas de sus mayores y les gustaría poder transmitirlas a sus hijos y nietos en forma de cofradía, medalla, asociación o romería.
Los días que vienen constituyen la semana clave de la vida cristiana. Celebran la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, para los creyentes el hijo de Dios y Dios él mismo. Sin olvidar el ámbito de la fe y de la trascendencia, esencial para millones de seres humanos a lo largo de la historia, estos hechos han sido objeto preferente de atención por parte de literatos, escultores, pintores y músicos, hasta el punto de ser la fuente de inspiración más importante en los respectivos ámbitos de la cultura occidental. Acercarse a cualquiera de estas vertientes en estos días que vienen, constituye una actividad que, al margen de nuestras creencias, tonificará nuestro espíritu.
Desde hace unos meses tenía en mi estantaría de novedades, a la espera de un momento propicio para su lectura, un librito que apareció en 2014, editado por Acantilado, titulado “Pasión del dios que quiso ser hombre”. Su autor, Rafael Argullol, narador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Sus 81 páginas se dividen en tres partes bien diferenciadas: un relato, una confesión y una serie de láminas brevemente comentadas. El relato no es el de un creyente, sino el de un hombre inquieto por la figura de Cristo, el de un hombre apasionado artísticamente por el cuerpo de otro hombre que a todas luces sigue generando un impacto profundo en la mente de sus estudiosos y sus seguidores. Son 44 páginas en las que se dirije directamente a Jesús recordando su paso por este mundo, deteniéndose en los tres últimos años de vida pública y subrayando con especial atención los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección. Las páginas están llenas de frases felices, acertadas para unos y discutibles para otros, reflexiones profundas y audacias expresivas en un tono que, sin embargo, denota por igual asombro, respeto y cautela.
La segunda parte, la confesión, abarca 11 densas páginas que constituyen la aportación más personal del libro. El autor se confiesa no cristiano, pero profundamente interesado por Jesús: “La intimidad que pronto dejé de tener con el cristianismo la continué teniendo con Cristo. El personaje me fascinaba, por más que fuera huidizo para toda interpretación”. Y esta interpretación personal y propia la encontró no sólo en las palabras, sino en las imágenes: “El Cristo de los artistas, aunque continuamente inventado, tiene más verdad que el Cristo de los eruditos”.
Y, finalmente, las imágenes. La tercera parte se titula “la mentira de los artistas que dicen la verdad”. Rafael Argullol resume en 23 imágenes los episodios más significativos de su vida, desde la anunciación (Fra Angelico), hasta la resurrección (maestro de la crucifixión de Lehman), pasando por la resurrección de Lázaro (Giotto), la última cena (Leonardo), el beso de Judas (mosaico anónimo bizantino), la flagelación (Piero della Francesca), la crucifixión (Miguel Ángel, Velázquez y Grünewald), el descendimiento (Van der Weyden), la lamentación sobre Cristo muerto (Botticelli), la Pietá (Bellini), el cuerpo de Cristo y los instrumentos del martirio (Carracci), el traslado de Cristo (Rafael) y el Cristo velado (Sanmartino).
Desde el mismo título (dios en minúscula), el libro es tan sugerente como provocador. Le acompañan una escritura limpia, poética y un punto inquietante. No es libro sólo para filósofos, artistas, historiadores del arte o teólogos, sino para cualquier lector medianamente interesado y sensible. Ustedes mismos. Les auguro una mañana o una tarde inolvidables.
Diario de Navarra, 17/3/2016