El modelo de la UPNA: una revisión pendiente

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Vista parcial del interior de la biblioteca de la UPNA

El día 21 de abril de 1987, el Parlamento de Navarra aprobaba la Ley Foral de Creación de la Universidad Pública de Navarra. Culminaba así un periodo corto en años pero intenso en actividad e iniciativa en el que, en el marco de la Constitución española y de la LORAFNA, y siguiendo las pautas de la Ley de Reforma Universitaria recientemente promulgada, una Cámara regional aprobaba por primera vez en España una universidad pública.

Los estudios previos se concretaron en una densa Memoria de 431 páginas que contenía, entre otros extremos, un modelo de universidad bien definido: creación ex novo, no duplicidad de la oferta respecto a la que ofrecía la Universidad de Navarra, atención preferente a las áreas técnicas y científico-técnicas, integración de los centros existentes, dimensiones medias, campus único en contacto con el casco urbano de Pamplona, estructura departamentalizada, y una oferta de estudios basada en la flexibilidad de los currículos, la ciclicidad real y operativa de los estudios y la máxima adecuación a las demandas de desarrollo material y cultural de Navarra.

El hacer de la necesidad virtud y conseguir un consenso social y político cada vez más amplio, creo que fueron algunas de las claves del éxito de una operación difícil en lo político, compleja en lo administrativo, exitosa en lo social y muy rentable en los ámbitos educativo, cultural y económico. Pese a todas sus insuficiencias, la Universidad Pública de Navarra, bien dotada de recursos humanos y materiales en sus casi treinta años de vida, ha sido una palanca clave en el desarrollo de la Comunidad y, en mi opinión, uno de los acontecimientos más importantes del último cuarto del siglo XX en Navarra.

El balance de lo realizado hasta hoy es razonablemente positivo. La Universidad Pública de Navarra se ha consolidado como una buena universidad generalista, con índices muy positivos en el conjunto de la universidad española en determinados ámbitos. Sorprende, no obstante, que universidades que se mueven en parámetros similares al nuestro, peor financiadas y peor dotadas de recursos humanos y materiales, superen en los diferentes rankings a nuestra universidad. Lo cual significa que no todo es cuestión de recursos, sino que otros intangibles como la calidad y el compromiso del profesorado, el liderazgo de los equipos directivos o la estructura organizativa y la gobernanza son elementos nada despreciables.

El modelo inicial ha experimentado mejoras paulatinas a lo largo de los años, pero en lo esencial se mantiene inalterado. Sin embargo, la Navarra que propició la Universidad en 1987 y al servicio de la cual nació ha experimentado cambios muy significativos. De ahí que resulte imperativo e inevitable hacerse una pregunta crucial: ¿El modelo actual de la Universidad Pública de Navarra es el que la Comunidad Foral necesita en el medio plazo? Jaume Pagés, uno de nuestros mejores expertos en materia universitaria, ex-rector de la Universidad Politécnica de Cataluña, y desde 2004 Consejero Delegado de Universia, una red constituida por unas 1.400 universidades de 23 países, prevé una verdadera revolución en el ámbito universitario en las próximas décadas y la desaparición de un buen número de universidades. Solo perdurarán y merecerán tal nombre, en su opinión, aquellas que cumplan algunos requisitos: especialización, internacionalización e integración regional. ¿Cumple la Universidad Pública de Navarra estos requisitos? Con el actual modelo, lo dudo, lo que unido a que es una de las universidades públicas más pequeñas de España en número de alumnos y la penúltima en titulaciones que expide, hace que el panorama no sea muy halagüeño. Se impone, por tanto, la revisión del modelo, tanto por convicción como por necesidad.

¿Y a quién corresponde tomar la iniciativa? En mi opinión, son cuatro las instituciones que deben actuar. En primer lugar, el Parlamento de Navarra, creador por ley foral de la institución, en quien reside la representación democrática de la ciudadanía. En segundo lugar, el Gobierno de Navarra, a quien corresponde la supervisión de la actividad educativa e interlocutor privilegiado con el equipo rectoral. En tercer lugar, el propio equipo rectoral con el rector al frente, gestor ordinario de los asuntos y máximo representante de la institución, que da cuenta de los mismos ante el Parlamento, el Gobierno y el Consejo Social. Y, en cuarto lugar, el Consejo Social, creado por el Parlamento como órgano de participación de la sociedad en la universidad y entidad que aprueba el presupuesto anual.

Adelanto que fijar el modelo no será fácil, requerirá esfuerzo, consenso y opciones preferenciales por unos ámbitos frente a otros. Se trata de decidir en qué queremos ser verdaderamente competitivos en un ámbito cada vez más globalizado. Y una vez decidido, actuar en consecuencia. Pero cuanto mas tarde lo hagamos, peor, porque otros ya se están adelantando. Solo hace falta voluntad política, ganas, determinación y mirar a nuestro entorno. No es necesario inventar nada, casi todo está descubierto. Disponemos de tres magníficas condiciones de partida: una Universidad que el actual rector quiere en la frontera; un gobierno que desea para la Universidad una mayor implicación social y manifiesta su compromiso inequívoco con la institución, como lo han hecho los ejecutivos anteriores; y una sociedad que siente esta Universidad como la suya y la ha financiado generosamente desde su nacimiento.

El curso que se abre estos días es especialmente propicio para la reflexión y el debate. Parlamento y Gobierno comienzan su segundo año de legislatura, tradicionalmente el más tranquilo y fructífero de los cuatro. El equipo rectoral encara también su segundo año con la reciente aprobación del IV Plan Estratégico 2016-2019 y un previsible acuerdo con el Gobierno de Navarra de financiación plurianual para la UPNA. Y el Consejo Social ha renovado recientemente su presidencia, y encara su actividad con un ambicioso plan de trabajo para el periodo 2014-2016. Todas condiciones idóneas para propiciar un debate sosegado y fructífero.

La Navarra del siglo XXI nos exige una Universidad que responda a las necesidades de nuestro tiempo. Una Universidad concretada en la máxima adecuación a las necesidades de la Comunidad Foral, compromiso, calidad, especialización, internacionalización y cambios organizativos y de gobernanza.. Con una ventaja adicional, las reformas que vengan de fuera nos pueden ayudar, pero la verdadera reforma la tenemos que propiciar nosotros mismos.

Diario de Navarra, 6/9/2016

 

Historia mínima de Cataluña

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A la hora de enfrentarse al estudio de un personaje, territorio o periodo histórico determinado, el historiador puede hacerlo en varios niveles de intensidad: el primero sería la monografía científica, en la que el estudio de las fuentes primarias, las notas a pie de página y la bibliografía suelen ocupar a veces tanto espacio como el texto propiamente dicho. La tarea es ardua, pero el historiador suele sentirse especialmente cómodo porque es un territorio acotado que normalmente domina y no resulta fácil ser rebatido en sus tesis. Pero estas monografías presentan un problema, su dificultad a la hora de la lectura por parte de los no especialistas y del público en general. Cuando el historiador ha alcanzado una cierta madurez o se siente especialmente dotado para ello, suele abordar textos de alta divulgación histórica en los que, sin perjuicio del rigor científico, se presentan libros aligerados de notas y referencias bibliográficas, que suponen visiones de conjunto. Aunque no lo parezca, la tarea es compleja porque la dificultad es grande y el riesgo no es pequeño.

En los últimos lustros, coincidiendo con la etapa democrática y el auge de la España de las autonomías, los textos sobre historias nacionales o regionales han proliferado, sobre todo en aquellos territorios con mayor demanda de autogobierno, que en no pocos casos han utilizado la historia para justificar supuestos orígenes nacionales al margen de los de la nación española. Como contrapunto a este auge, y con el deseo de presentar textos rigurosos donde los hechos históricos se sitúen por encima de mitos y prejuicios, la editorial Turner inició en 2012 una colección de “Historias Mínimas”, donde en poco más de 300 páginas se presentan síntesis elaboradas por destacados especialistas que tienen en común un contrastado prestigio científico, una visión abierta de la realidad histórica, y una mirada no nacionalista. Por el momento han aparecido la Historia Mínima de España, de Juan Pablo Fusi en 2012, de la que dí cuenta hace años en esta misma sección; la Historia Mínima del País Vasco, de Ion Juaristi en 2014; la Historia Mínima de Cataluña, de Jordi Canal en 2014; y la Historia Mínima de Galicia, de Justo Beramendi en 2016.

Dado que estamos próximos a la Diada, que tendrá lugar el 11 de septiembre, y que el problema catalán emergerá de nuevo al primer plano de la actualidad en cuanto se forme gobierno en España -que cuando quiera es hora- , permítanme que les presente la “Historia Mínima de Cataluña” de Jordi Canal, un especialista en carlismo y éxodos históricos que vive entre Gerona y París, donde ejerce como profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales.

Cuando la leí hace dos años, me llamó la atención su extraordinario prólogo, que condensa muy bien las intenciones del autor, la ausencia de fanfarrias épicas, tan propia de otras historias catalanas, su espíritu crítico con personajes, hechos históricos o símbolos casi sacralizados, y su valentía al acercar el relato hasta el verano de 2015, con referencias a Pujol y el “procés” incluidas. En palabras del autor, su intención es “explicar la historia de Cataluña con normalidad, sin prejuicios, de manera desapasionada y no lineal, en su contexto, y, asimismo, atendiendo a su complejidad”. Los dos últimos años, en un proceso desenfrenado hacia la declaración unilateral de independencia que no ha amainado, sino que de la mano de la CUP ha puesto fecha en 2017 a esta declaración, han reforzado el valor de la obra, no solo para Cataluña sino para España en su conjunto. De ahí la oportunidad de sugerírsela a ustedes como introducción a un curso político que por muchas razones se presume apasionante.

De entrada, me gustaría destacar que no estamos ante una obra de combate. Canal no pretende desmontar mitos, no intenta aleccionar, tan solo aspira a relatar la historia de Cataluña a través de sus documentos, del estudio académico y del rigor científico, ni más ni menos. El resultado es la historia de un territorio que, en su opinión, ni es una nación cuyo origen se remonta a tiempo inmemorial, ni una tierra que carece de mayor singularidad. Jordi Canal nos muestra una Cataluña con identidad propia muy marcada y con una historia rica en matices y contextos. Una historia en la que, a pesar de que la política constituya su espina dorsal, se tratan también aspectos económicos, sociales y culturales.

Carlos Martínez Shaw, historiador, catedrático durante años de historia moderna en la Universidad de Barcelona y miembro de la Real Academia de la Historia, nos dice: “Jordi Canal consigue explicar la historia de una comunidad histórica con normalidad, anteponiendo el rigor a la manipulación, en menos de trescientas páginas”, lo que añade, subrayo yo, valor a su obra en la medida en que es asumible y comprensible.

Diario de Navarra, 1/9/2016

 

Cartas de amor de la monja portuguesa Mariana Alcoforado

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Este pequeño librito de tan peculiar título recoge cinco cartas de amor presuntamente escritas por una monja portuguesa, Sor Mariana Alcoforado, nacida en Beja en 1640 y encerrada desde los dieciséis años en el convento de clarisas de Nuestra Señora de la Concepción de Évora. En cuanto al ingrato galán receptor de las ardientes misivas, sería un oficial francés, Noël Bouton de Chamilly, conde de Saint-Leger, nacido en 1615, que estuvo en Portugar de 1663 al 1668 formando parte de las tropas que, para apoyar a las inglesas, Luis XIV habría mandado contra Felipe IV de España. Fue un hermnao de Mariana, Baltazar, que servía en el mismo ejército, quien propició el conocimiento de ambos.

Con sospechas y desmentidos desde el primer momento, hoy queda poca duda de que el autor es un tal Gabriel de Guilleragues, un gentilhombre gascón introducido en los círculos literarios de París y amigo de Racine. Hay que señalar, eso sí, que las cartas tuvieron un éxito extraordinario y, en la tradición de la más ardiente pasión amorosa, fueron unas adelantadas del más alto amor romántico.

Las cinco cartas condensan una historia de exaltado amor no correspondido que permite a la mujer extremar los razonamientos en torno a su amado al que echa en cara su actitud, aunque en ningún caso quiere romper los lazos, siquiera epistolares con él, pese a que eso le cueste la honra, la salud y la vida.

“Recuerdo, a pesar de todo, haberte dicho alguna vez que me ibas a convertir en una desgraciada; pero eran temores que se desvanecían inmediatamente; me gozaba en sacrificarlos para ti y abondonarme de nuevo al retorcido hechizo de tus protestas. Conozco bien el remedio a mis males, y sé que solamente con dejarte de amar me vería libre de ellos. Pero ¡qué triste remedio!, mejor seguir sufriendo que olvidarte. Y además, ¡ay de mí!, ¿acaso está en mi mano?. Ni por un instante he pensado acusarme de ello. En el fondo, más lástima me das tú, porque es preferible estar penando tanto como yo a disfrutar de los lánguidos placeres que tus amantes francesas te puedan proporcionar. No envidio en absoluto tu indiferencia, y me pareces digno de compasión. Te desafío a que me olvides por completo si puedes” (Carta segunda)

¿Cómo es posible que con tanto caudal de amor no haya sido yo capaz de hacerte completamente feliz? Lo siento por tí, por los goces incalculables que te has perdido. ¿Cómo se explica que no te interesaran? Si los hubieras conocido, ¡ay!, te habrías dado cuenta sin duda de que son mucho más dulces que el mero logro de seducirme, y comprenderías que es algo mucho más conmovedor y más grande amar violentamente que ser amado”. (Carta tercera)

El libro se completa con dos piezas de interes. El epílogo lo constituye un ensayo publicado en 1889 por Emilia Pardo Bazán titulado “La Eloísa portuguesa” en el que la prosista gallega muestra un entusiasmo, tal vez excesivo, por el contenido de las cartas. No obstante, las páginas tienen interés por sí mismas como ejemplo de su rotunda prosa.

La traducción y el prólogo son obra de Carmen Martín Gaite. La autora repasa la historia de las cartas, su encaje en la literatura francesa y portuguesa y sitúa adecuadamente el contexto de las mismas.

En conjunto un libro para leer en una tarde apacible sobre el tema siempre eterno y novedoso del amor.

Ficha bibliográfica: Guilleragues, G.J. de, Cartas de amor de la monja portuguesa Mariana Alcoforado, Círculo de Lectores, Barcelona, 2000

Cartas de amor de la monja portuguesa Mariana Alcoforado

Este pequeño librito de tan peculiar título recoge cinco cartas de amor presuntamente escritas por una monja portuguesa, Sor Mariana Alcoforado, nacida en Beja en 1640 y encerrada desde los dieciséis años en el convento de clarisas de Nuestra Señora de la Concepción de Évora. En cuanto al ingrato galán receptor de las ardientes misivas, sería un oficial francés, Noël Bouton de Chamilly, conde de Saint-Leger, nacido en 1615, que estuvo en Portugar de 1663 al 1668 formando parte de las tropas que, para apoyar a las inglesas, Luis XIV habría mandado contra Felipe IV de España. Fue un hermnao de Mariana, Baltazar, que servía en el mismo ejército, quien propició el conocimiento de ambos.

Con sospechas y desmentidos desde el primer momento, hoy queda poca duda de que el autor es un tal Gabriel de Guilleragues, un gentilhombre gascón introducido en los círculos literarios de París y amigo de Racine. Hay que señalar, eso sí, que las cartas tuvieron un éxito extraordinario y, en la tradición de la más ardiente pasión amorosa, fueron unas adelantadas del más alto amor romántico.

Las cinco cartas condensan una historia de exaltado amor no correspondido que permite a la mujer extremar los razonamientos en torno a su amado al que echa en cara su actitud, aunque en ningún caso quiere romper los lazos, siquiera epistolares con él, pese a que eso le cueste la honra, la salud y la vida.

“Recuerdo, a pesar de todo, haberte dicho alguna vez que me ibas a convertir en una desgraciada; pero eran temores que se desvanecían inmediatamente; me gozaba en sacrificarlos para ti y abondonarme de nuevo al retorcido hechizo de tus protestas. Conozco bien el remedio a mis males, y sé que solamente con dejarte de amar me vería libre de ellos. Pero ¡qué triste remedio!, mejor seguir sufriendo que olvidarte. Y además, ¡ay de mí!, ¿acaso está en mi mano?. Ni por un instante he pensado acusarme de ello. En el fondo, más lástima me das tú, porque es preferible estar penando tanto como yo a disfrutar de los lánguidos placeres que tus amantes francesas te puedan proporcionar. No envidio en absoluto tu indiferencia, y me pareces digno de compasión. Te desafío a que me olvides por completo si puedes” (Carta segunda)

¿Cómo es posible que con tanto caudal de amor no haya sido yo capaz de hacerte completamente feliz? Lo siento por tí, por los goces incalculables que te has perdido. ¿Cómo se explica que no te interesaran? Si los hubieras conocido, ¡ay!, te habrías dado cuenta sin duda de que son mucho más dulces que el mero logro de seducirme, y comprenderías que es algo mucho más conmovedor y más grande amar violentamente que ser amado”. (Carta tercera)

El libro se completa con dos piezas de interes. El epílogo lo constituye un ensayo publicado en 1889 por Emilia Pardo Bazán titulado “La Eloísa portuguesa” en el que la prosista gallega muestra un entusiasmo, tal vez excesivo, por el contenido de las cartas. No obstante, las páginas tienen interés por sí mismas como ejemplo de su rotunda prosa.

La traducción y el prólogo son obra de Carmen Martín Gaite. La autora repasa la historia de las cartas, su encaje en la literatura francesa y portuguesa y sitúa adecuadamente el contexto de las mismas.

En conjunto un libro para leer en una tarde apacible sobre el tema siempre eterno y novedoso del amor.

Ficha bibliográfica: Guilleragues, G.J. de, Cartas de amor de la monja portuguesa Mariana Alcoforado, Círculo de Lectores, Barcelona, 2000.

El padre Bacaicoa: la música como misión

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El pasado jueves, 11 de agosto, la conocida iglesia de La Milagrosa de Pamplona, repleta de compañeros de congregación, hijas de la caridad, familiares, feligreses, amigos y admiradores, despidió a Luis Bacaicoa Martich, misionero paúl, fallecido el día anterior a los 96 años de edad.

El padre Bacaicoa, como todo el mundo le conocía, resume fielmente una época de la historia de Navarra, caracterizada por la omnipresencia de lo religioso en la vida política, social y cultural de la Comunidad.

El año del nacimiento de Luis Bacaicoa en Etxarri Aranatz, 1920, Navarra vivía los últimos años de la monarquía de Alfonso XIII, con la crisis del sistema de la Restauración. En la Navarra rural, las primeras letras estaban en manos de comunidades religiosas, hijas de la caridad en muchos casos, vivero de vocaciones de misioneros paúles. Y la enseñanza de la música se encontraba casi monopolizada por sacerdotes y religiosos, con frecuencia buenos organistas, maestros de coro y compositores de música religiosa en no pocas ocasiones. En este contexto, al igual que otros muchos, Luis Bacaicoa dirigió sus pasos a la vida religiosa, siendo ordenado sacerdote, tras estudiar Filosofía y Teología en los duros años de la guerra y la posguerra, en 1944.

Simultaneó la carrera eclesiástica con el estudio del piano, canto, composición y órgano, siendo premio extraordinario en esta última modalidad. Profesores suyos fueron Guridi, Echeveste, Julio Gómez y Lola Rodriguez de Aragón. El órgano fue su gran pasión y su principal aportación a la música. Buen músico y mejor intérprete, los órganos de la basílica de La Milagrosa de Madrid, junto al padre Alcácer, el gran músico paúl, y La Milagrosa de Pamplona, son testigos de sus grandes cualidades como intérprete, desde Bach, al que tanto apreciaba, a sus felices improvisaciones, dejando fluir sus innatas cualidades para el instrumento. Doy fe de ambas pasiones, que tuve oportunidad de conocer muy de cerca. Todavía recuerdo cómo sonó el órgano de la basílica de Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, en la visita que en 1990 tuve el honor de realizar a los centros navarros como miembro del Gobierno foral. No había escuchado el Himno de Navarra, convertido en oficial hacía unos años, pero ello no impidió que resonara con rotundidad en todo el templo mientras yo se lo tarareaba al oído. Escuchar junto a él alguna de las Pasiones de Bach, en conciertos en el Gayarre, también es otro de mis recuerdos preciados. Era emoción y hondo sentimiento el que traslucía mientras la orquesta y el coro desgranaban recitativos y cantatas.

Pero hay un rasgo que me gustaría destacar en el padre Bacaicoa. Él no fue un músico profesional, sino un misionero paúl que se sirvió de la música como parte esencial de su vocación sacerdotal en una triple dirección: la enseñanza, las misiones y el culto mariano. Así lo repetía él y así se puso de manifiesto en la celebración de su funeral, que terminó con una de sus plegarias musicales a la Virgen.

Pero el padre Bacaicoa, además, es el símbolo de una generación que se nos va. Está a punto de cerrarse un ciclo en el que la cultura navarra tuvo en los clérigos uno de los sectores más sobresalientes. La historia, la música y la literatura son ámbitos en los que el número y la calidad de la obra vinculada a este sector brilla especialmente. La llegada de las universidades, la generalización de la enseñanza y la crisis vocacional son factores que explican el nacimiento de una nueva etapa, en las que el ámbito universitario tomará el liderazgo antaño casi monopolizado por el clero. Pero no convendría por injusto, parapetados en la excusa de una modernidad mal entendida, dejar de subrayar su inmenso legado. Unos han muerto recientemente sin el reconocimiento debido, caso del padre Ondarra, pero quedan todavía destacados representantes que merecen dicho reconocimiento. Una iniciativa extensiva a la sociedad civil y también a la Iglesia a la que pertenecen. Cito algunos, sabiendo que otros se quedan en el tintero: el padre José María Goicoechea, nacido en 1924, magnífico músico, compositor y director de coros; Aurelio Sagaseta, nacido en 1935, maestro de capilla de la catedral de Pamplona desde 1962; el padre Jesús María Muneta, nacido en 1939, musicólogo, organista y compositor; el padre Luis Elizalde, nacido en 1940, organista y compositor; o los sacerdotes Federico Villanueva y Julián Ayesa, presentes en las exequias del padre Bacaicoa.

El día de su funeral, cantantibus organis, todos nos unimos a la plegaria en el Gure Aita, aprendido de niño en su Etxarri natal. Junto a este Padre bueno, le deseamos un descanso eterno envuelto en músicas celestiales.

Diario de Navarra, 18/8/2016

 

Navarra. Todo el románico

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La Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, nacida en 1994, es una institución cultural de ámbito nacional, domiciliada en el Monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo. De la mano de su mentor, José María Pérez Peridis, es una referencia tanto nacional como internacional en la puesta en valor del patrimonio cultural, natural y social. Uno de sus ámbitos de actuación es el Centro de Estudios del Románico (C.E.R.) donde sobresalen como actividades más relevantes la publicación de la Enciclopedia, publicaciones monográficas varias, cursos y seminarios, y el Centro de Documentación del Arte Románico.

La Enciclopedia del Románico en España es obra magna y de largo aliento. Hasta el momento se han publicado 45 volúmenes, aproximadamente la mitad de los que constará la obra total. En el primer trimestre de 2008 salieron a la venta los 3 volúmenes del románico en Navarra, obra colectiva dirigida por Javier Martínez de Aguirre. Sus 1.665 páginas, 1.426 fotografías, 400 planos y 205 monografías hacen de la obra el corpus más completo del románico en Navarra, sin olvidarnos de los cinco volúmenes del benemérito Arte Medieval Navarro, de Uranga e Iñiguez, publicados en 1973 por la CAN.

Pero un libro de estas características era difícilmente manejable, además de tener un carácter monográfico y académico que lo alejaba de las necesidades y deseos de un público de amplio espectro. Afortunadamente este problema se ha resuelto en los años siguientes. En 2008 apareció El arte románico en Navarra, obra de Fernández-Ladreda, Martínez de Aguirre y Martínez Álava, la primera síntesis completa y actualizada del gran momento artístico del románico en nuestra tierra. Un libro que gozó de gran aceptación y que, lamentablemente, se encuentra agotado, a la espera de una nueva y deseable reimpresión. Y hace escasas fechas ha aparecido el último, cuya ficha bibliográfica les proporciono y que pretendo comentar brevemente para ustedes: Carlos J. MARTÍNEZ ÁLAVA, Navarra. Todo el románico, Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, Aguilar de Campoo, 2016.

La presente guía es fruto granado de la Enciclopedia, que en palabras de los editores, “reúne en sus páginas todos los vestigios románicos censados, aunque adaptando el tono científico y la información a las características más divulgativas que se les supone a estos compendios de turismo cultural”. Para conseguirlo no han podido elegir mejor autor. Carlos J. Martínez Álava es doctor en historia del arte por la Universidad de Navarra con una tesis titulada “Del románico al gótico en la arquitectura navarra”, que recibió el premio de la Real Academia de Doctores de España a la tesis de humanidades más destacada del curso 1998/1999. Ha formado parte de los equipos que han redactado las principales obras sobre románico navarro que he enumerado más arriba. Y, cuestión no baladí, es profesor de instituto y, por lo tanto, docente obligado a practicar la divulgación histórico-artística, como medio ordinario de ejercer su tarea.

El libro se compone de los siguientes apartados: un mapa de Navarra, tal vez demasiado sucinto para una guía de estas características, aunque es verdad que va acompañado de un desplegable suelto que recoge pormenorizadamente todas las localidades donde existen vestigios románicos. Una doble introducción, histórica y artística, que permite encajar las piezas que a continuación se exponen. Un largo capítulo, el esencial del texto, en el que se describen las obras de todas las poblaciones, de la A a la Z, según un esquema similar: apuntes históricos y análisis de la fisonomía exterior e interior del conjunto, y una clasificación, siempre discutible pero fundada, con arreglo a su interés artístico. Un breve capítulo dedicado a otros vestigios, y un apéndice que incluye un glosario y un índice de localidades, completan el conjunto.

Los datos reflejados en la contraportada son hartamente expresivos del contenido del libro: más de 200 testimonios y 527 imágenes, ofrecidos en una apretada síntesis por quien es uno de nuestros máximos especialistas. Y todo ello con el acierto de ser un libro amable, bien editado, fácil de llevar y con un precio asequible. Estoy seguro de que, a partir de ahora, será libro obligado en toda excursión que pretenda abordar el románico navarro. Y si la información se nos queda corta, buena señal. Disponemos de textos para ahondarla y completarla. Solo les deseo que tengan suerte y cuando quieran visitar una iglesia o ermita la encuentren abierta. Pese a los esfuerzos realizados, encomiables en muchos casos, esa es una asignatura pendiente que tendremos que plantearnos algún día. Felicidades al autor y a la Fundación por la iniciativa. Y que ustedes la disfruten.

Diario de Navarra, 4/8/2016

 

Viaje a Madrid. Paradas de ida y vuelta (y 6) Alcalá de Henares

Una ciudad universitaria y conventual, Patrimonio de la Humanidad

50.- Detalle de la parte central de la fachada de la Universidad del Alcalá, obra cumbre del Renacimiento español20160804_083600.jpg

Vista de la fachada de la Universidad Complutense fundada por el cardenal Cisneros en 1499. Obra de Rodrigo Gil de Hontañón, es una obra señera del plateresco español

Nuestro viaje de Navarra a Madrid ha discurrido hasta el momento por las provincias de Soria y Guadalajara, caracterizadas por la escasez demográfica, el envejecimiento de la población, la ausencia de actividad industrial que merezca tal nombre y la prevalencia del cultivo del cereal en unas tierras depauperadas. Es lo que podríamos denominar la España profunda, que subsiste en forma de pequeñas ciudades, pueblos y aldeas, en muchos casos oprimidas por el peso de la historia a la que pretenden sacarle lustre como medio de prosperidad y progreso. Pero la situación cambia radicalmente a la salida de Guadalajara. El corredor del Henares, en otro tiempo tierra de cereal con pequeñas huertas regadas por un río exiguo en su caudal, se ha convertido en un polígono industrial continuo a uno y otro lado de la autovía que, durante 22 kilómetros, une sin interrupción el último tramo de la provincia de Guadalajara con la nueva Comunidad Autónoma de Madrid, surgida más por descarte que por convicción, tras la aprobación de la Constitución de 1978. Alovera, Azuqueca de Henares y Meco son los antiguos pueblos situados a la vera del camino, hoy convertidos en ciudades dormitorio de la gran área industrial. Justo antes de terminar la larga recta y coger el desvío hacia Alcalá nos encontramos con dos edificaciones relativamente próximas y de signo bien distinto. La primera es la cárcel de Alcalá-Meco, común en nuestros telediarios y frecuentada por delincuentes de cuello blanco que abochornan nuestra más reciente historia democrática. La segunda, el campus científico-tecnológico de la nueva Universidad de Alcalá, heredera de la Complutense fundada por Cisneros.

48.- Plaza de Cervantes, corazón  de la ciudad y su imagen más representativa20160804_070223

Plaza del Mercado o de Cervantes, corazón de la ciudad y una de sus imágenes más repreentativas

Dejamos la autovía, entramos en el casco urbano de la ciudad y tras avanzar por algunas avenidas convencionales, nos topamos con un casco histórico que nos anima a dejar el coche, movernos a pie y disfrutar de una ciudad llena de encanto. Estamos en Alcalá de Henares.

De Complutum a Alcalá

47.- Vista del casco histórico de Alcalá

Vista del casco histórico de Alcalá desde la torre de la catedral magistral de la ciudad

Como el resto de las poblaciones que hemos visitado, Alcalá de Henares cuenta con importantes restos arqueológicos que atestiguan la presencia de diferentes pueblos y culturas en la zona. Sobre la ciudad celtíbera se levantó Complutum después de la conquista romana. Excavaciones arqueológicas han ido sacando a la luz importantes vestigios, como la Casa de Hippolytus, convertida en museo. Más tarde, en el siglo IV (c. 305), durante el gobierno y persecución del emperador Diocleciano, tuvo lugar el martirio de los niños Justo y Pastor. Fueron ejecutados a las afueras de Complutum, en un espacio conocido como Campo Laudable, lugar que los cristianos empezaron a venerar y que con el tiempo sería la sede del templo dedicado a los Niños Mártires. Es el barrio histórico de Alcalá.

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Casa natal de Manuel Azaña, intelectual y político español, el hijo más ilustre de Alcalá junto con Miguel de Cervantes

Con la invasión musulmana, la antigua Complutum fue despoblándose paulatinamente para convertirse en una alcazaba conocida como “AlQal´at” de donde procede la actual denominación de Alcalá. La ciudad fue reconquistada en 1118 por el arzobispo de Toledo para el reino de Castilla. En 1129, Alfonso VII donó Alcalá y su Tierra a los arzobispos de Toledo quienes construyeron un importante castillo, luego palacio, donde residieron reyes y nobles, nacieron reyes y reinas, se celebraron cortes, y tuvo lugar la primera entrevista entre Colón y los Reyes Católicos, fundamental para el descubrimiento de América. Poco a poco Alcalá se convierte en una población próspera donde cristianos, judíos y musulmanes, asentados en sus propios barrios, conviven de manera pacífica.

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Casa natal de Cervantes, convertida en museo del escritor

Sobre los Estudios Generales del siglo XIII, en 1499 el cardenal Cisneros fundó la Universidad Complutense, convirtiéndose pronto en uno de los principales centros de irradiación de la cultura renacentista europea. Sumando a esto el auge constructivo impulsado por la Contrarreforma, se desarrolló un singular modelo de ciudad dedicada a la cultura, que sirvió como ejemplo del urbanismo español de la Edad Moderna y que ha permanecido relativamente inalterable a lo largo de los siglos. La Universidad de Alcalá tuvo su momento de esplendor en los siglos XVI y XVII, iniciando su decadencia en el siglo XVIII, hasta que en 1836 fue trasladada a Madrid. Los edificios universitarios comenzaron a ser vendidos a particulares y solo la iniciativa de los ciudadanos de Alcalá, constituidos en “Sociedad de condueños” evitó que éstos se perdieran comprando los edificios y evitando su expolio. Pero la ciudad entró en un periodo de recesión del que no salió hasta bien entrado el siglo XX. Su población disminuyó hasta los 5.000 habitantes y quedó reducida a una población agrícola, militar y conventual, duramente castigada además durante la Guerra Civil. En esta mortecina ciudad nació en 1880 Manuel Azaña, intelectual y político que ocupó en la Segunda República los cargos de presidente del Gobierno y presidente de la República, junto con Miguel de Cervantes, el hijo más preclaro de Alcalá.

51.- Vista d ela Calle porticada de Alcalá20160804_082148

Imagen de la calle mayor de Alcalá, la calle porticada más larga de España

El desarrollo industrial comenzó en la década de los sesenta. En 1977 se fundó una nueva universidad con el nombre de Universidad de Alcalá, ya que la Complutense era el nombre que había adoptado la antigua Universidad Central de Madrid, lo que supuso un renacimiento cultural de la ciudad y una recuperación del amplio patrimonio disponible. En 1991 se restauró la sede episcopal y su colegiata fue elevada al rango de Catedral-Magistral de los Santos Justo y

El desarrollo industrial comenzó en la década de los sesenta. En 1977 se fundó una nueva universidad con el nombre de Universidad de Alcalá, ya que la Complutense era el nombre que había adoptado la antigua Universidad Central de Madrid, lo que supuso un renacimiento cultural de la ciudad y una recuperación del amplio patrimonio disponible. En 1991 se restauró la sede episcopal y su colegiata fue elevada al rango de Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor.

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En el cuerpo de campanas podemos observar un perfil de la torre de la magistral de Alcalá

Hoy, Alcalá de Henares es una moderna ciudad de 200.000 habitantes que, anclada en su esplendoroso pasado, se proyecta al futuro en una economía diversificada basada en la industria, la educación, la cultura y el turismo.

Universidad y recinto histórico, Patrimonio de la Humanidad

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A través del hueco del cuerpo de campanas son visibles algunos de los edificios históricos de la ciudad

La ciudad de Alcalá de Henares, que vio nacer a Miguel de Cervantes en 1547, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 2 de diciembre de 1998. Este reconocimiento no sólo se refiere al patrimonio histórico y artístico que atesora la ciudad, sino también a la trascendente aportación de su universidad a la cultura universal, especialmente en los siglos XVI y XVII. La UNESCO declaró que “Universidad y recinto histórico de Alcalá merecían ser incluidos en la lista del Patrimonio Mundial por tres razones fundamentales:

Cisneros

Vista parcial de la estatua del cardenal Cisneros situada en la plaza que preside la fachada de la universidad

 

– Alcalá de Henares es la primera ciudad diseñada y construida especialmente como sede de una universidad, y este diseño serviría de modelo a otros centros de enseñanza en Europa y América.

– El concepto de ciudad ideal, la Ciudad de Dios (Civitas Dei), se materializó por primera vez en Alcalá, desde donde se irradió al mundo entero.

– La contribución de Alcalá al desarrollo intelectual de la humanidad se muestra en la materialización de la Civitas Dei, en los avances lingüísticos que tuvieron lugar en la ciudad, especialmente en lo relativo a la Lengua Española, y a través del trabajo de su hijo más ilustre, Miguel de Cervantes Saavedra, y su obra maestra Don Quijote de la Mancha”.

Paseos por la historia

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Interior de la colegiata de Alcalá, actual catedral-magistral, obra del siglo XVI

El casco histórico de Alcalá engloba muchos paseos posibles. En función del tiempo, uno puede realizar su propio itinerario, pero más importante que los edificios individualmente considerados, lo es el urbanismo en su conjunto, probablemente el mejor ejemplo de ciudad renacentista que uno pueda recorrer. En cada esquina, uno puede encontrarse con un colegio menor con vida propia, un convento recogido entre sus muros, una placa con el nombre de un profesor o alumno especialmente ilustre de la universidad, una iglesia con culto o reconvertida en centro cultural, o una plaza recoleta que rezuma todavía el eco del saber y el gozar de los estudiantes de otros siglos.

Pero hay algunos conjuntos de paseo obligado, con la ventaja de que se encuentran en un casco apretado y perfectamente transitable. El primero es el barrio medieval, con elementos de especial interés como el Centro de Interpretación del Burgo de Santiuste, la ermita de Santa Lucía de la calle de la Tercia, el colegio menor de Mínimos y la casa de los Lizana, la casa de la Entrevista, la cárcel vieja, el hospital de Santa María la Rica, el palacio de los arzobispos de Toledo, el Anticuarium y paseo arqueológico, el monasterio cisterciense de San Bernardo y el museo arqueológico regional.

60.- Colegios menores y conventos son la tónica dominante  de la ciudad20160804_080938

Los colegios menores y los conventos masculinos y femeninos se suceden en el recinto histórico

El barrio universitario se estructura en torno al Colegio Mayor de San Ildefonso, donde vivieron, enseñaron o aprendieron personajes de la talla de intelectual de Nebrija, Arias Montano, el navarro Martín de Azpilcueta, Quevedo, Calderón, Lope de Vega o Tirso de Molina. El Colegio Mayor estaba compuesto por varias edificaciones, el Patio de las Escuelas, el Patio de los Filósofos, el Patio Trilingüe, el Paraninfo o Aula Magna y la capilla de San Ildefonso, donde se encuentra el sepulcro del cardenal Cisneros. Entre los años 1537 y 1553 se realiza la obra más emblemática del patrimonio complutense. Sobre una pared de ladrillo, Rodrigo Gil de Hontañón idea una fachada de piedra caliza con una estética nueva y sorprendente, que convierte a este monumento en uno de los hitos arquitectónicos y escultóricos del Renacimiento plateresco en España. Este Colegio Mayor se complementa con los Colegios Menores, edificios renacentistas y barrocos hoy restaurados y vueltos a dedicar a su primitiva función, la docencia y administración universitaria. Otros edificios completan el recorrido: la ermita del Cristo de los doctrinos, la plaza del Mercado, hoy de Cervantes, el Centro de Interpretación “Los universos de Cervantes”, la torre de Santa María, el corral de comedias, la calle mayor bajo soportales, el museo-casa natal de Cervantes, y el hospital de Antezana.

Cervntes

Don Miguel de Cervantes preside la antigua plaza del Mercado, hoy plaza que lleva su nombre

Estos barrios entrelazan a su vez tres culturas existentes en la ciudad a lo largo de la Edad Media, con elementos, calles y placas que veremos reflejados en nuestro paseo: el barrio de la morería, el barrio judío y el barrio cristiano. Y todavía quedan, si tienen tiempo, ganas y paciencia, otras rutas que transitar: la ruta cervantina, la ciudad literaria, los caminos de la ciudad de las artes y las letras, y la ciudad de las cigüeñas. ¿Merece o no merece la pena un alto en Alcalá de Henares? Contéstense ustedes mismos tras la visita.

Para saber más

Don Quijote

Don Quijote y Sancho dialogan en la puerta de la casa natal del escritor

La oficina de turismo se encuentra ubicada en pleno casco antiguo, en el callejón de Santa María, junto a la plaza de Cervantes. Disponen de mapas y textos varios con edificios de interés, horarios y visitas guíadas.

VV.AA., Guía turística. Alcalá de Henares, Ayuntamiento de Alcalá de Henares, Madrid, 2016, 42 págs. Se trata de una guía actualizada, completa y gratuita que encontrarán en la oficina de turismo.

CERVANTES, M. DE, Don Quijote de la Mancha, Real Academia Española, Asociación de Academias de la lengua española, Penguin Random House, Barcelona, 2015, 1249 págs. Se trata de la edición conmemorativa del IV centenario de Cervantes. Además del texto, con edición y notas de Francisco Rico, se acompaña de cuatro estudios de Darío Villanueva, Mario Vargas Llosa, Francisco Ayala y Martín de Riquer. Es un texto altamente recomendable por la calidad de los estudios que acompañan al texto y el precio, 13,90 euros.

CERVANTES, M. DE., Don Quijote de la Mancha, Puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello, Destino, Madrid, 2015, 1040 págs.  «En la versión de Trapiello la obra de Cervantes se ha rejuvenecido y actualizado […] sin dejar de ser ella misma, poniéndose al alcance de muchos lectores a los que el esfuerzo de consultar las eruditas notas a pie de página o los vocabularios antiguos, disuadían de leer la novela de Cervantes de principio a fin. Ahora podrán hacerlo, disfrutar de ella y, acaso, sentirse incitados a enfrentarse, con mejores armas intelectuales, al texto original». Del prólogo de Mario Vargas Llosa.

AZAÑA, M., La velada en Benicarló: Diálogo de la guerra de España, Castalia, Madrid, 2005, 301 págs. La velada en Benicarló puede considerarse como uno de los mejores libros de Azaña, una de las obras más importantes del pensamiento político español del siglo XX, un gran documento sobre la República y también un inapreciable testimonio sobre nuestra guerra civil. El texto cumple así dos importantes objetivos: ayudar a comprender mejor la guerra y la República, y, por otro, reflejar de modo meridiano la real dimensión de Manuel Azaña; el hombre de razón, el liberal insobornable que ni en los momentos más duros de su vida perdió su amor a España y a la libertad.

Viaje a Madrid. Paradas de ida y vuelta (5) Guadalajara

Una ciudad asomada al balcón industrial del Henares

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Fachada del palacio del Infantado, principal joya artística de la capital

Si ustedes han subido a Medinaceli desde el barrio de la Estación, les recomiendo que desciendan por el otro lado de la ladera. Tras pasar por la ermita del Humilladero, levantada en el siglo XVI, toman la carretera de la derecha hasta el siguiente cruce. Ambrona y su museo, con los restos del cazadero de elefantes del Paleolítico Inferior (300.000 a.C.) les esperan, si ustedes disponen de tiempo, a poco más de 10 kilómetros. El perfil de Medinaceli sigue dominando la altura. Salimos de nuevo al cruce de la autovía y por el moderno viaducto nos incorporamos a un clásico del camino, la antigua Nacional II, hoy autovía del Nordeste, que nos conducirá a Guadalajara.

Durante unos kilómetros, el mínimo Jalón, recién aparecido en superficie, las viejas salinas y los molinos abundantes nos acompañan en el viaje. El ascenso hasta Alcolea nos hará recuperar prácticamente la altura de Medinaceli. Acabamos de dejar la otrora Castilla la Vieja, hoy Comunidad Autónoma de Castilla y León, y nos hemos incorporado a la provincia de Guadalajara, hoy Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha. De nuevo el paisaje se abre y se esponja a la altura de Alcolea. A la izquierda dejamos la carretera que nos conducirá a las tierras del Alto Tajo, cuya capital, Molina de Aragón, es rica en historia, cultura y patrimonio natural. A la derecha, una carretera comarcal nos conducirá hasta Sigüenza, la ciudad episcopal. Por tres veces se nos invitará a desplazarnos a Sigüenza por carreteras comarcales en los 70 kilómetros de línea casi recta que tenemos hasta Guadalajara. Si tienen tiempo no caigan en el error de pasar de largo. El doncel, que duerme el sueño del caballero en su sepulcro de la catedral, les echará en falta y se perderán un centro histórico de primer nivel.

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Palacio del Infantado. Vista del zaguán con su escalera de acceso y, al fondo, el patio principal

El paisaje apenas cambia hasta Torija. La planicie la comparten extensas manchas de vegetación autóctona, más bien rala dada la altura y la dureza del clima, y campos de cereal. Pero el agua no está lejos. Cela y su Viaje a la Alcarria se nos cruzan en el camino. El escritor comenzó su recorrido de posguerra en Guadalajara y armó su libro en torno a personas, paisajes, ríos y ciudades: del Henares al Tajuña, pasando por Torija y Brihuega; del Tajuña al Cifuentes, visitando la población del mismo nombre; del Cifuentes hasta el Tajo, con Gárgoles y Trillo en el camino; del Tajo al arroyo de la Soledad, visitando La Puerta y Budia; del arroyo de la Soledad al arroyo Empolveda, pasando por Durón y, tras dormir al raso, llegar a Pareja. Finalmente, visita Sacedón, donde pagó un duro por la habitación de dos camas y seis pesetas por el desayuno; toma un autobús hacia Tendilla y Pastrana, que le pareció “una gran ciudad un poco dormida”, para terminar montado en el coche de don Paco en Zorita, pueblo todavía sin la central nuclear “que vive en familia, y en paz y en gracia de Dios”.

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Palacio del Infantado. Vista parcial del patio principal con su ostentosa decoración

Estamos ya de vuelta, a las puertas de Guadalajara. Reconozco que es preciso hacer un esfuerzo para desviarse de la ruta. Madrid está muy cerca y la perspectiva desde la carretera no ayuda. Urbanizaciones convencionales, edificaciones mil veces vistas y la ausencia de un reclamo especial nos empujan a seguir. Pero si tienen tiempo entren en Guadalajara, les espera mucho más que un gran palacio.

Una historia en construcción

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San Ginés, una de las iglesias del casco histórico de Guadalajara

Guadalajara tiene orígenes remotos que la ligan con la Celtiberia. Pero las primeras referencias históricas nos informan de su condición de plaza fuerte en la etapa de al-Andalus. Su nombre actual parece provenir de Wad al-Ayara, traducción al árabe de su nombre prerromano, Arriaca.

En 1085, Guadalajara fue incorporada por Alfonso VI al reino de Castilla. A lo largo de la Edad Media, las prebendas reales fueron numerosas: Alfonso VII le concedió fueros en 1133, ratificados por Fernando III en 1219; Alfonso le concedió asiento en Cortes y Alfonso X el Sabio la organización de ferias. Por último, Enrique IV devolvió a Guadalajara definitivamente el título de Ciudad en 1460. La villa, en estos siglos medievales, se había estructurado en un próspero núcleo urbano en el que convivían cristianos, judíos y musulmanes. Los monumentos mudéjares que todavía se conservan son prueba de esta mutua influencia.

Pero Guadalajara ha estado unida históricamente a la familia de los Mendoza. La pugna entre el poder real y el nobiliario se decantó a lo largo del siglo XV a favor de éste último. En 1475, Diego Hurtado de Mendoza recibió el título de duque del Infantado y la ciudad se convirtió en una corte señorial del Renacimiento, repleta de casonas blasonadas, hermosas capillas y espaciosos conventos. Este periodo fundacional abarcó los siglos XVI y XVII en el que se instalaron en la ciudad comunidades de franciscanos, carmelitas, jesuitas y hospitalarios.

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Vista de la plaza del Ayuntamiento con el edificio historicista de principios del siglo XX al fondo

La llegada de la casa de Borbón supuso para la ciudad un cambio sin precedentes. A los desastres de la Guerra de Sucesión siguió un revulsivo económico y demográfico ejemplificado en la instalación de la Real Fábrica de Paños, que convirtió a Guadalajara en uno de los principales centros manufactureros de la España de la Ilustración. La Guerra de la Independencia acabó con esta actividad. Los inmuebles se reconvirtieron años más tarde en instalaciones militares y en1833 se instalaba la Academia de Ingenieros del Ejército. Guadalajara recuperaba su función de plaza militar para, más tarde, convertirse en adelantada de la aeronáutica y la automoción al ser, desde 1896, la sede del Servicio de Aerostación Militar y, desde 1917, de la Hispano S.A., Fábrica de Automóviles y Material de Guerra. La Guerra Civil acabó con estas buenas perspectivas y, dada su vinculación republicana, fue olvidada durante décadas por el franquismo.

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El casino principal, pieza indispensable en una ciudad de provincias del siglo XX

Hoy, Guadalajara vive un nuevo despertar, al calor del potente foco madrileño. A la tradicional actividad comercial, funcionarial y de servicios de la ciudad, se ha añadido un importante núcleo industrial. Y la explosión demográfica no se ha hecho esperar: poco más de 18.000 habitantes en 1950, 21.000 en 1960, 31.000 en 1970, 55.000 en 1980 y 83.000 en 2015. De ahí las nuevas urbanizaciones y servicios, tan visibles a nuestro paso por la autovía. Pero dentro, nos espera un núcleo histórico amable, accesible y de interés, que nos disponemos a sugerir brevemente.

Mucho más que un gran palacio

El casco histórico de la ciudad queda enmarcado por el eje cultural al norte, la Carrera y la plaza de Santo Domingo al este, y por la plaza y calle Mayor al sur, que constituyen la espina dorsal de la ciudad, alargando su recorrido hasta la plaza de los Caídos, donde se levanta el edificio más emblemático de la capital, el único que ha pasado a todas las historias del arte, el palacio del Infantado.

Les aconsejo que comiencen su itinerario por la Oficina de Gestión Turística Municipal, situada a escasos 200 metros de dicho palacio. Además de una completa y profesional información, podrán comenzar un itinerario ascendente que les permitirá conocer lo esencial de la ciudad.

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Vista del panteón de la condesa de la Vega del Pozo, obra de finales del siglo XIX

Unos cientos de metros más abajo, encontramos los dos restos más antiguos: el puente califal sobre el Henares, uno de los escasos exponentes de la ingeniería andalusí, datable en el siglo X, y el Alcázar Real, ya de época cristiana, del que hoy conservamos los paramentos izados en el siglo XIV. El resto del edificio fue lamentablemente destruido en la Guerra Civil.

Desde la Oficina de Gestión Turística es perfectamente visible el palacio del Infantado. Poco antes de llegar a él se encuentra el torreón de Alvar Fáñez de Minaya, unido a la leyenda de la reconquista de la ciudad en 1085.Se trata de una torre pentagonal de comienzos del siglo XIV, que formaba parte de la antigua muralla medieval.

El palacio del Infantado es la joya artística de Guadalajara. Obra de Juan Guas, arquitecto de los Reyes Católicos, se trata de un edificio único que reúne lo mejor de las tres tradiciones en las que bebe el arquitecto: sus orígenes nórdicos, la tradición de los alarifes de al-Andalus y las soluciones clasicistas planteadas por los tratadistas italianos. El resultado es un edificio con una fachada espectacular, una portada profusamente decorada y un patio interior todavía de reminiscencias góticas en las que la decoración se impone a los valores arquitectónicos. Novedosa en también la galería de arcos de medio punto sobre pilares elípticos y el extenso jardín de recreo que se abre al sur. El palacio está incluido desde 2015 en la lista indicativa de España para optar a su designación como Patrimonio de la Humanidad. Una imponente figura en bronce de Pedro González de Mendoza, el Gran Cardenal, hijo del marqués de Santillana, recuerda en la plaza, a los pies del palacio, a la estirpe que hizo posible la construcción de tan bello edificio.

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Palacio del Infantado. Vista parcial del patio principal

La calle que sale de la plaza de los Caídos inicia un suave ascenso que nos llevará hasta la plaza Mayor. A nuestra izquierda dejamos dos edificios de interés: la iglesia de Santiago, un bello ejemplo de confluencia de los estilos gótico y mudéjar, y el convento de la Piedad, edificio renacentista de comienzos del siglo XVI, hoy instituto Liceo Caracense. La plaza Mayor ha sido el corazón de la ciudad desde su reconquista en 1085. Aquí se emplazaron las Casas del Concejo, que se rehicieron en el siglo XVI. El actual ayuntamiento se levantó en 1906. Llama la atención su carácter historicista y su campanario de hierro forjado.

A la derecha de la plaza Mayor se encuentran buena parte de los edificios histórico-artísticos más importantes de la ciudad: la concatedral de Santa María, donde el mudéjar, el renacentista y el barroco se suceden; la capilla de Luis de Lucena, edificio renacentista; el convento de San José, ejemplo de fundación teresiana; y el palacio de la Cotilla, elegante edificio del siglo XVI.

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Vista del monumento al conde de Romanones, ministro de Instrucción Pública, en cuyo mandato los sueldos de los maestros aparecieron por primer vez en los presupuestos generales del Estado

De la plaza Mayor a la plaza de Santo Domingo se alzan los edificios más representativos de la arquitectura historicista de principios del siglo XX. Para nosotros los navarros, hay un conjunto monumental de especial interés, situado fuera del recinto histórico y visible desde la autovía: el panteón de la Condesa de la Vega del Pozo y el centro benéfico dedicado a niñas y niños de Guadalajara. La misma condesa que mandó levantar en Dicastillo un palacete neogótico que constituye una rareza dentro de nuestro panorama artístico regional. Al margen del gusto estético personal, panteón y edificaciones anexas constituyen uno de los conjuntos monumentales más bellos de la arquitectura española del siglo XIX.

Sigüenza y su doncel

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Vista aérea de la catedral de Sigüenza, con su carácter de iglesia-fortaleza perfectamente visible

La catedral de Sigüenza es una de las más hermosas y desconocidas catedrales de España. Las obras dieron comienzo en el siglo XII, a instancias del primer obispo y señor de Sigüenza, don Bernardo de Agen, después de la reconquista de la ciudad. Prosiguieron a todo lo largo de la Edad Media, quedando completo el edificio en el siglo XV. Su estructura estaba, en principio, incluida entre los muros de la ciudad y presenta todavía hoy un neto carácter defensivo. Su imponente presencia sobre el conjunto urbano refleja fielmente el dominio de los obispos, que ejercieron el señorío sobre la ciudad durante ocho siglos.

Entre los retablos y capillas de su interior sobresale la capilla de los Vázquez de Arce, conocida como “la del doncel”. El más bello y conocido de sus enterramientos corresponde a Martín Vázquez de Arce, muerto gloriosamente en la guerra de Granada cuando sólo contaba veinticinco años de edad. Del conjunto sepulcral destaca la bellísima estatua de alabastro del caballero que, armado de espada y puñal, vistiendo cota de guerrero y adornado el pecho con la cruz de Santiago, aparece recostado sobre el lecho de muerte, con un libro abierto entre sus manos. Es, sin duda, una de las obras cumbres de la estatuaria del renacimiento español

Para saber más

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Sepulcro de don Martín Vázquez de Arce, el doncel de Sigüenz

La Oficina de Gestión Turística Municipal está situada muy cerca del palacio del Infantado. Allí podrán hacerse con toda la información necesaria para la visita a la ciudad: mapa, guía turística, guía gastronómica e información de visitas guiadas.

En la web encontrarán además múltiple información y PDFs descargables para preparar la visita.

Entre los textos más representativos, les sugiero los siguientes:

VV.AA., Guadalajara. Guía turística, Ayuntamiento de Guadalajara. Es una guía actualizada, gratuita y muy completa que les ayudará a realizar una cómoda visita a la ciudad.

CELA, C. J., Viaje a la Alcarrria, Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1970. Es una de las muchas ediciones de un clásico que no envejece. Ameno y de fácil lectura, es lectura muy recomendable.

ATEMPORA. Catedral de Sigüenza. Se trata una exposición que recorre la sociedad, la cultura y el arte del Siglo de Oro con motivo del cuarto centenario de la muerte de Cervantes y Shakespeare. Se articula en 14 apartados distribuidos entre el claustro y la catedral. Permanecerá abierta hasta el 16 de octubre