Se jubila el maestro

Escuela

A lo largo de este mes de junio no son pocas las jubilaciones de docentes que se celebrarán en Navarra. La mayor parte, sobre todo si son de secundaria, las reciben como una bendición, otros con alivio, y los hay, tal vez los menos, que sienten una indisimulada pena por dejar una profesión en la que han trabajado tanto como han disfrutado. Pero habrá pocas que hayan reunido las características de la que tuvo lugar en Oteiza el pasado 9 de junio.

Se jubilaba Jesús Mari Albéniz, un maestro que llegó al pueblo en septiembre de 1976 y que se ha mantenido en su puesto, sin cambiar de destino, 42 años. Pese a haberlos tenido excelentes, Jesús Mari ha sido en nuestro colegio la encarnación del buen maestro: preparado, vocacional, inquieto, atento, dedicado, cercano, y preocupado por hacer de sus alumnos no solo hombres y mujeres con conocimiento, sino como decían nuestros padres y abuelos, hombres y mujeres de provecho.

El día fue una sucesión de actos en el que los sentimientos se hicieron memoria y recuerdo, cariño y presencia, música y palabra. Una abarrotada iglesia parroquial, cedida amablemente para la ocasión, sirvió de marco idóneo para la celebración de un acto institucional en el que el agradecimiento fue la idea más repetida. El ayuntamiento le entregó una placa conmemorativa. El actual director del centro, sin poder disimular su emoción, agradeció en nombre de todos los compañeros antiguos y actuales del centro su trabajo y su calidad humana. Todos los niños del colegio, situados junto a él en los primeros bancos, le cantaron algunas de las canciones aprendidas de sus labios. Un representante de la Apyma, en representación de todos los padres y madres, le recordó los buenos momentos vividos a lo largo de los años y su implicación en el proyecto del centro. Ex-alumnos y ex-alumnas le leyeron poemas y recuerdos, algunos llegados desde fuera de España. También la jota se hizo presente por parte de la familia Fernández Cambra, con letras alusivas que hicieron derramar lágrimas a más de uno. Llegaron también vídeos de jóvenes profesores interpretando con sus alumnos las canciones que ellos habían aprendido en Oteiza. Y hasta los más mayores se sumaron a la fiesta interpretando el prólogo del Florido Pensil, para recordar la escuela en la que el propio Jesús Mari se inició en Artavia en los años cincuenta del pasado siglo. El acto terminó con dos intervenciones especialmente señaladas: la de José Luis de Antonio, director, compañero y amigo durante buena parte de la estancia de ambos en el centro, jubilado hace unos años; y la del propio homenajeado, que quiso recordar en una trabajada y bien pensada intervención, su larga etapa de maestro. Pidió perdón por los errores, dio las gracias a todos, recordó sus objetivos educativos y ponderó el valor y la importancia de la educación pública en nuestros pueblos. Un digno colofón para una sesión inolvidable.

Una nutrida mesa de 400 comensales continuó la celebración en el polideportivo. Y tras ella, más regalos, música y una sana convivencia cerró un día que pasará a los anales de Oteiza como la jornada en la que todo un pueblo reconoció la tarea callada, discreta y eficaz de un hombre que amó su profesión desde el primer día al último, realizando su trabajo sin alharacas, cumpliendo simplemente su deber. Que esta fiesta excepcional, como no se ha conocido otra en Oteiza, haya sido en honor a un maestro, reconcilia con la profesión y habla bien de un pueblo que ha sabido reconocer en Jesús Mari Albéniz a uno de los suyos, dedicado a lo largo de más de cuarenta años a educar a sus hijos más pequeñós

Esta misma semana y en este mismo medio, con palabras que reflejan bien la personalidad de ambos, José María Romera, excelente profesor de secundaria, se despedía de una profesión en la que también ha disfrutado mucho. “Uno está convencido de que el mayor mérito de un profesor reside en disfrutar de su tarea, porque solo así logrará que sus discípulos aprecien el valor del conocimiento. A la descripción mortificante de la enseñanza se le opone otra menos difundida pero más cierta que habla del placer y el privilegio de contribuir a que otros aprendan. Dar clase puede ser a veces fatigoso e ingrato, pero en última instancia es una gozada. Y aunque dejar de hacerlo cuando llega la edad de la jubilación tiene su parte de indiscutible recompensa por la libertad que otorga, tener que decir adiós a la enseñanza es como recibir un violento empujón que te saca del recreo cuando mejor lo estabas pasando. Queda al menos el consuelo de poder decir: que me quites lo enseñado”.

A todos los que como Jesús Marí Albéniz han dedicado su vida a enseñar conocimientos y educar en valores, es decir, a ser auténticos maestros, muchas gracias.

Diario de Navarra, 22/6/2018

 

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Nuestra Iglesia diocesana

iGLEISA

Al leer el enunciado del artículo, más de uno pensará que me he equivocado de sección. Pero quisiera creer que el asunto del que les hablo interesa a no pocos, sean creyentes sociológicos, miembros activos de esta Iglesia diocesana o agnósticos. Desde una perspectiva estrictamente laical, me gustaría contribuir a un debate necesario, que la propia Iglesia nos plantea.

El domingo pasado se celebró en toda España, y por tanto también en Navarra, el día de la Iglesia diocesana. Una jornada en la que se nos invitaba a orar y a colaborar económicamente para ayudar al sostenimiento de la misma “con el deseo de que pueda servir mejor y más adecuadamente en todos los campos en los que trabaja en favor de la sociedad”, en palabras de Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela.

Bajo el lema de “Somos una gran familia contigo”, la diócesis entregó un folleto en el que se pretendía subrayar tres aspectos: una Iglesia que es familia, una Iglesia que es transparente, y una Iglesia que comparte y ayuda. Sin dudar de la buena voluntad de la campaña y los esfuerzos de la propia Iglesia por lograr los objetivos perseguidos, convengamos en que el punto de partida no es halagüeño, el reto no es fácil y la labor resulta francamente ímproba.

La Iglesia católica en Navarra se encuentra inmersa en una sociedad descarnadamente secularizada en la que ha perdido, afortunadamente, buena parte de su poder político y de su influencia social. Una Iglesia, además, que si medimos su éxito por la celebración de los sacramentos -bautizos, comuniones, confirmaciones, matrimonios- y la asistencia a la misa dominical, se encuentra en franca regresión. A ello se une la disminución del número de sacerdotes, religiosos y misioneros, tan abundantes en otras épocas, lo que obliga a plantearse una nueva organización y estructura para hacer frente a los nuevos tiempos.

Ante este panorama, ¿qué debemos hacer?. En esta tarde hermosamente otoñal, desde el rincón de la Navarra rural en la que habito, se me ocurren algunas propuestas que dejo enumeradas, aunque necesitarían un mayor desarrollo.

Lejos del boato de antaño, convertida de nuevo en levadura en la masa, la Iglesia que peregrina en Navarra debe ser consciente de su situación y tener clara su misión fundamental: anunciar la “buena noticia” y acompañar a los creyentes en Jesús de Nazaret en su vida de fe y esperanza. Más que la cantidad, lo que debe primar es la búsqueda de la calidad de esa fe, sabiendo que lo importante no es tanto la palabra que se anuncia como los hechos que se viven.

Esta vivencia y la situación descrita nos obligan a variar la orientación y la estructura radicalmente jerárquica de la Iglesia institucional. Por necesidad y convicción, los laicos debemos aumentar nuestro protagonismo en la vida ordinaria de la Iglesia, reservando a los clérigos lo que les es propio. Son pocos, serán menos y, en consecuencia, la actividad litúrgica y pastoral difícilmente podrá pivotar sobre la misa dominical. Se imponen otros usos y alternativas que no exijan la presencia del sacerdote. Animar la fe vivida en grupos reducidos, y orar juntos, sea en la iglesia o fuera de ella, serán realidades que acabarán imponiéndose.

Consecuencia de lo anterior, esta Iglesia deberemos mantenerla los que formamos parte de ella. Afortunadamente no es poco lo avanzado. En 2017, de los casi 23 millones de euros ingresados por la diócesis, más de 16 millones, el 71% del total, procedieron de las aportaciones voluntarias de los fieles y la asignación tributaria. La autofinanciación nos dará mayor conciencia de pertenencia, mayor responsabilidad y mayor libertad en nuestra actuación.

Nuestra Iglesia de Navarra está compuesta básicamente por una feligresía muy mayor. No hace falta sino ver los asistentes a la misa dominical. Acercarse a los jóvenes, contar con ellos y tenerlos en cuenta en todos los planes de pastoral, con todas las dificultades que esto supone, debería ser una prioridad inexcusable. Y esto nos lleva a plantearnos la tarea educativa desarrollada por los numerosos centros católicos presentes en la Comunidad. ¿Son semilla de cristianos comprometidos y responsables o cumplen otra misión?

Y una última idea para terminar. La Iglesia está para servir, no para ser servida. Y siendo medianamente fieles a la doctrina evangélica, las prioridades están meridianamente claras: los pobres y marginados.

Tras estas reflexiones, confieso que no tengo claro cómo será nuestra Iglesia diocesana del futuro. Solo sé que será más laica y menos clerical, más personal y menos cultual. Y que urge avanzar en esta dirección. Cuanto más tardemos, más difícil será la adaptación.

Diario de Navarra, 15/11/2018

 

Una buena cosecha musical

Müsica

Título: Navarra/Música

Autor: María Gembero-Ustárroz

Editorial: Gobierno de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2016

Páginas: 365

Precio: 24 euros

Sagaseta

Título: Catálogo del archivo de música. Catedral de Pamplona

Autor: Aurelio Sagaseta Aríztegui

Editorial: Analecta

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2015

Páginas: 636

Precio: 58 euros

La web: http://www.archivomusica-catedralpamplona.org

Esta sección inició su andadura en marzo de este año. Pretende dar a conocer las novedades que aparezcan en el ámbito de la historia ampliamente considerada, sean editadas o referidas a Navarra. En consecuencia, quedan fuera del ámbito de la sección las publicaciones anteriores a esa fecha. Pero me van a permitir que haga una excepción, tanto con la fecha como con el formato, porque una novedad aparecida en los últimos meses nos remite a dos obras que, a mi juicio, son lo más importante aparecido en materia musical en Navarra en el último lustro.

La historia de la música en Navarra disponía de textos de interés, pero no había ninguna aproximación de carácter general que permitiera hablar de una historia de la música propiamente dicha. La colección “Navarra”, editada por el gobierno foral, venía presentando libros referidos a la geografía, la historia, la etnografía, la literatura y la fotografía. En 2016 apareció Navarra/Música, obra de María Gembero-Ustárroz. El estudio abarca seis capítulos y un epílogo. Los cinco primeros, que ocupan 250 páginas, hacen referencia a una visión diacrónica que va de la prehistoria hasta mediados del siglo XX. El sexto está dedicado a las músicas tradicionales y populares y presenta un breve apunte sobre algunas músicas populares urbanas en Navarra a partir del siglo XX. El libro incluye también una selección de ediciones musicales, una completa bibliografía y un exhaustivo índice onomástico y toponímico.

La empresa no era ni fácil, pero la autora ha superado con creces las expectativas previstas. Cubierto brillantemente el hueco que faltaba en el ámbito de la historia de la música, la monografía es, sin duda, el libro de referencia para cualquier lector interesado en el tema.

La catedral de Pamplona guarda el archivo histórico de música religiosa más importante de Navarra, con fondos que abarcan desde el siglo XIII hasta mediados del siglo XX. A principios del siglo XIII (1206) se documentan también los estatutos de creación y funcionamiento de la chantría catedralicia y su Capilla de Música ha tenido, con los altibajos propios de toda institución multicentenaria, una actividad musical ininterrumpida hasta la actualidad. Aurelio Sagaseta, su actual maestro de capilla desde 1962, con una dilatada tarea en variados frentes que abarcan la dirección, la composición, la docencia, la investigación y la divulgación musical, es el principal impulsor y responsable de un proyecto trabajado durante muchos lustros, que en este año 2018 ha visto definitivamente la luz: el acceso a todos los fondos musicales de la catedral.

Dicho proyecto ha constado de tres fases claramente diferenciadas. La primera llegó en 2012, cuando se procedió a la digitalización de todo el archivo de música de la catedral. En total, unas 75.000 páginas de música, la mayoría inéditas y exclusivas de la catedral de Pamplona.

Tres años después, una iniciativa conjunta del Cabildo, la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona y la Fundación Cajanavarra, permitió editar el libro Catálogo del archivo de música/ Catedral de Pamplona, obra también de Aurelio Sagaseta, editado por Analecta. Este volumen I abarca los fondos históricos, desde los orígenes a 1962.

La tercera fase, una realidad desde finales de abril del presente año, ha sido la creación de una página web que recoge los fondos del catálogo corregido y aumentado, con imágenes en color y una base de datos que permite interrelacionar todo el repertorio por autores, años, instrumentos, voces, etc, siendo pionero en España en este tipo de presentación.

Es obvio que, a diferencia de la anterior, no estamos ante una obra de divulgación, sino más bien ante un texto para especialistas, sean profesionales de música o del mundo académico. Pero los simples aficionados, curiosos, o amantes de historia, también podemos sacar provecho de su lectura. Para todos ellos recomiendo, tanto las primeras páginas del libro de Sagaseta, como el apartado de la Introducción de la página web. Constituyen una apretada historia de los fondos tanto no históricos como históricos, y son la síntesis de un importante capítulo de la historia de la música en Navarra.

De lo dicho se desprende que estamos ante dos obras tan distintas como complementarias, pero llamadas las dos a ocupar un lugar de primer orden en la bibliografía musical de Navarra. Por un lado, una síntesis divulgativa de la historia de la música en Navarra que nos permite, por vez primera, tener una visión de conjunto. Por otro, un catálogo que ha permitido preservar, mediante la digitalización, edición y puesta a disposición de todos los interesados, el fondo musical de la catedral de Pamplona, el más importante de la Comunidad.

Enhorabuena a los autores y a cuantos lo han hecho posible.

Diario de Navarra, 9/11/2018

James Rhodes, vida y música

Rhodes

Grandes Intérpretes es un ciclo ya clásico en la programación del teatro Gayarre. La propuesta para el curso 2018-2019 contempla la presencia de dos pianistas muy distintos entre sí, pero unidos por su amor a la música y su vertiente provocadora y poco convencional: James Rodhes e Ivo Pogorelich. El domingo nos visitó el primero de ellos. El Gayarre abarrotado, la presencia de un público más joven y distinto al habitual del ciclo, y el comportamiento de los asistentes, muy respetuoso durante la interpretación, pero ruidoso en los vítores y aplausos, eran evidencia clara de que estábamos ante un personaje mediático que desbordaba su perfil de concertista de piano. Y James Rhodes no defraudó: vestido informalmente, presentó sus obras de forma desenfadada en inglés y algo de castellano, interpretó de forma muy personal las obras de Bach, Chopin y Rachmaninov, ofreció cuatro bises muy aclamados y entusiasmó a casi todo el público asistente. Y digo a casi todos, porque a algunos reconocidos melómanos con los que conversé al final del concierto, no les convenció su interpretación. A mi buen amigo Xabier Armendáriz, que ayer publicó en este mismo medio la crítica del concierto, me remito para la valoración artística del intérprete.

James Rhodes es un buen concertista de piano. Él mismo reconoce que no está en el top ten de los pianistas actuales, ni mucho menos. Sin embargo, pocos instrumentistas gozan de tanto fervor mediático. Su lengua mordaz e incluso soez, su estilo desenfadado a la hora de presentarse a un concierto, normalmente en vaqueros, camiseta y playeras, y sus deseos de romper la norma establecida con explicaciones nada convencionales de las piezas que interpreta, son algunas de las razones de su éxito. Si a ello unimos una vida que él mismo resume de esta manera: “Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida”, no hay duda de que estamos ante un personaje interesante y singular, aunque a continuación lo deba calificar de estrafalario, valiente y poco convencional.

El libro que recoge su corta vida, no tiene sino 43 años, se titula Instrumental, el nombre de su sello musical, y se subtitula Memorias de música, medicina y locura. El que yo leí el año pasado iba ya por su séptima edición. La historia de su vida, dura y descarnada, tiene interés en lo que supone de testimonio personal. Un joven de clase bien, que debido a los abusos, querencias personales y compleja personalidad estaba abocado a ser carne de cañón y acabar mal, se redime gracias a un complejo proceso en el que la música tiene un papel preponderante. Él es consciente de la mala imagen que proyecta en su libro, pero a medida que el texto avanza, la esperanza comienza a tomar cuerpo. Mejora en lo personal, lo profesional y lo psicológico. Comienzan los conciertos, los programas de televisión, los escritos en la prensa. Y se enamora de nuevo. Siempre inestable y temeroso, se permite sin embargo dar una serie de consejos relativos a la relación de pareja que sorprenden porque a veces suenan a libros de autoayuda.

Pero el libro ofrece más. Tiene una tercera faceta que lo hace particularmente interesante. Todos los capítulos, que él llama temas, están introducidos por una obra para piano, con un comentario sobre la misma y la sugerencia de una grabación concreta. En ellos aparecen su trilogía preferida, Bach, Beethoven y Chopin, y algunos de los pianistas y directores de más lustre: Glen Gould -para él el mejor pianista de todos los tiempos-, Kissin, Ohlsson, Ashkenazy, Leonskaja, Tiempo, Pollini, Zimerman, Luisada, Lonquich, Lupu, Kocsis, además de Sokolov, en su opinión el mejor de los pianistas vivos. ¡Qué suerte haber podido escuchar en Pamplona, sobre todo de la mano de la Sociedad Filarmónica, a algunos de los autores citados!

Fiel a su estilo, sugiere además que compremos, robemos o escuchemos en streaming estos tres discos: Las Sinfonías 3 y 7 de Beethoven, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres; las Variaciones Goldberg de Bach, interpretadas por Glen Gould; y los Conciertos para piano 2 y 3 de Rachmaninov, con Andrei Gavrilov al piano. Todas las obras descritas pueden, a su vez, encontrarse en internet, en la página http:/bit.do/instrumental.

Bienvenido sea este aire fresco, si la consecuencia es la llegada de nuevos públicos a nuestros conciertos de música clásica. El tiempo dirá dónde llega como intérprete. Pogorelich apuntaba a la cumbre hace 25 años y lo tendremos el próximo mes de mayo en el Gayarre sin llegar a ella. Enhorabuena, en todo caso, al equipo del Teatro Gayarre por apuntarse este tanto en su programación.

Diario de Navarra, 1/11/2018

La arqueología ensancha su horizonte

Ficha técnica

Título: Trabajos de arqueología navarra

Editorial: Gobierno de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2017, nº 29

Páginas: 302

Precio: 15 euros

El pasado 7 de septiembre, esta sección dedicó todo su espacio a comentar las revistas navarras de 2017, Príncipe de Viana, Fontes Linguae Vasconum y Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra. Por falta de espacio no pudimos incluir la cuarta revista de la serie, Trabajos de Arqueología Navarra, que completa el elenco.

Se trata de una revista para la difusión de los trabajos de arqueología realizados en Navarra, dirigida a la comunidad científica y editada desde 1979. Es una publicación anual que emprende una nueva etapa en la que son perceptibles importantes cambios en forma y fondo.

Por lo que hace a la forma, la revista consolida un diseño similar a las tres anteriores. En las páginas iniciales se da cuenta de su consejo de redacción, dirigido por Jesús Lorenzo Jiménez, investigador independiente; el criterio de selección y revisión de los originales; y las bases de datos de publicaciones periódicas de carácter científico en los que se incluye, además, su nivel en la Clasificación Integrada de las Revistas Científicas (CIRC). El sumario se divide en dos secciones básicas, artículos y noticias. La contraportada repite con acierto el sumario para facilitar una primera ojeada de su contenido.

Pero más importantes que sus cambios de forma, son las dos novedades de fondo, expresamente consignadas en la Presentación: el dictamen de evaluadores expertos en la materia como requisito previo a la publicación y los objetivos perseguidos. “La revista quiere seguir siendo fiel a su propósito inicial: servir de herramienta tanto para la divulgación de los hallazgos arqueológicos realizados en Navarra, desde la prehistoria hasta la edad contemporánea, como para la difusión de los estudios realizados sobre dichos hallazgos. Hemos querido, sin embargo, dotar de un mayor protagonismo a la sección de artículos. Para ello, hemos ampliado nuestra mirada desde un punto de vista geográfico, convencidos de que el conocimiento de nuestro entorno más allá de los límites administrativos de la Comunidad Foral puede ayudarnos en ocasiones a una mejor comprensión de lo que nos es más cercano”.

Los artículos de este número constituyen una sección monográfica dedicada a la arqueología del conflicto provocado por el golpe de Estado de julio de 1936. Nada que objetar, pero sería deseable que la presencia de estudios referidos a territorios ajenos a Navarra fuera la excepción, dada la periodicidad anual de la revista y la escasez de espacios existentes para la publicación de estudios arqueológicos.

Las noticias dan cuenta de una serie de actuaciones vinculadas a excavaciones arqueológicas en curso, y proyectos de recuperación arqueológica.

Cabe desear que, tras algunos titubeos y avatares varios, la revista consolide su periodicidad y siga siendo el referente de los estudios arqueológicos en la Comunidad Foral.

Diario de Navarra, 12/10/2018

Un tenor olvidado vuelve a escena

Tenor

Ficha técnica

Título: Isidoro Fagoaga. El tenor olvidado

Autor: Germán Ereña Mínguez

Editorial: Gobierno de Navarra/Ayuntamiento de Bera

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 571

Precio: 20 euros

En 1990 se cumplió el centenario de la muerte de Julián Gayarre, el más famoso e internacional de nuestros tenores. Su figura, un verdadero gigante de la interpretación operística de todos los tiempos, eclipsó de tal manera al resto de nuestros paisanos que a veces tendemos a considerar que antes o después de él apenas hay nada que merezca la pena. Nada más lejos de la realidad.

Este año 2018, se cumple el 125 aniversario del nacimiento de otro cantante de relieve internacional: Isidoro Fagoaga Larrache, el gran tenor wagneriano nacido en Bera en 1893 y muerto en San Sebastián en 1976. La celebración ha traído aparejada una exposición que acoge el Archivo Real y General de Navarra durante este mes de octubre y la aparición de una monografía que lleva por título Isidoro Fagoaga. El tenor olvidado, obra del investigador Germán Ereña, objeto de las presentes líneas.

Un sucinto resumen de su vida sería el siguiente: Nacido en Bera, recibió formación en Buenos Aires, Parma y Madrid, donde debutó con la ópera Sanson y Dalila. En 1920 interprtetó en Bilbao la ópera Amaya de Guridi. Una gira por Italia, donde triunfó con La Walkyria de Wagner, abrió su periodo más internacional como tenor wagneriano de referencia, con sucesivas temporadas en el teatro alla Scala de Milán, entre otros. Sus triunfos en Europa y América se suceden hasta que en 1937, tras el bombardeo de Gernika, dejó definitivamente los escenarios y se retiró a San Juan de Luz, donde inició su etapa investigadora y literaria, que cultivó hasta el fin de sus días. Tras una década en Argentina, en 1964 volvió a España y se instaló en San Sebastián, ciudad donde murió en 1976.

La monografía que nos ocupa no es un libro de ocasión, sino un denso y minucioso trabajo de investigación que el propio autor califica con acierto en la introducción: “Tuve como objetivo la redacción de un libro que abarcara ampliamente las dos facetas de su vida (…) Tal vez sea esta para algunos una biografía larga y en exceso exhaustiva, no siendo, a lo mejor, el formato ideal o la manera más adecuada de darlo a conocer al gran público, pero he querido aprovechar el enorme caudal de información encontrado para verter en ella todo lo que he llegado a conocer de este navarro ejemplar, uno de nuestros cantantes más internacionales”.

El libro consta de cinco partes bien diferenciadas. La primera, la más extensa, relata el periplo operístico del tenor, desde su nacimiento en Bera en 1893 hasta su inesperada retirada en 1937 por razones no musicales sino de orden social y moral. Dispuesto en orden cronológico, a lo largo de 310 páginas, el autor desgrana de forma minuciosa e incluso premiosa en algunos casos los episodios más característicos de su vida, con referencia casi permanente a sus cuitas musicales y triunfos más resonantes. La segunda parte está referida a los años que van de 1937 hasta su muerte en San Sebastián en 1976. Abarca sus años de exilio en Iparralde (1940-1951), su estancia como exiliado en Argentina (1951-1964) y su regreso a España, en concreto a San Sebastián donde fijó su residencia (1964-1976). Son años de investigaciones y colaboraciones en revistas y prensa, recogidas también de forma pormenorizada por el autor. Es, sin duda, una de las aportaciones más relevantes, que permiten conocer una personalidad humanista rica en trabajos históricos y literarios, y compromiso social. La tercera parte recoge una cronología exhaustiva, apta solo para melómanos, con las representaciones operísticas, obras representadas por primera vez, cronología de los teatros en los que actuó y sesiones de grabación. La cuarta abarca tanto la bibliografía publicada por Isidoro Fagoaga como la bibliografía sobre el tenor. La obra ofrece un complemento en formato digital consistente en ciento siete apéndices y más de cien reproducciones fotográficas referidas a la vida del tenor que pueden consultarse en la página http://www.culturanavarra.es/es/isidoro-fagoaga-el-tenor-olvidado

El libro, en una feliz iniciativa, ha sido coeditado por el Gobierno de Navarra y el ayuntamiento de Bera. Aunque el texto no sea de fácil lectura y tal vez hubiera requerido una más estricta selección del material del que se disponía, confiemos en que esta publicación, el legado más importante del 125 aniversario del nacimiento del tenor, “sirva para revitalizar su recuerdo y apartarlo para siempre del olvido”, como señala acertadamente la contraportada del mismo.

Diario de Navarra, 12/10/2018

El envejecimiento, una reflexión desde Los Arcos

Envejecimiento

El colectivo de personas mayores ha sido actualidad en la prensa navarra en las dos últimas semanas por dos motivos distintos y complementarios: dos informes referidos al envejecimiento activo y al índice de dependencia senil.

Los cambios demográficos habidos en las últimas décadas han conducido a un importante aumento de la esperanza de vida, dando lugar a la conocida como “revolución de la longevidad”. El caso de nuestra Comunidad es paradigmático. Navarra tiene una de las mayores esperanzas de vida del mundo, con 84 años de media. Dicha esperanza se ha incrementado en dos años en la última década y se prevé que aumente otros dos en cada una de las décadas siguientes. Si se mantiene la tendencia, dentro de 20 años, en 2038, el 25% de la población de Navarra tendrá más de 65 años, frente al 19% actual; cerca de 70.000 personas superarán los 80 años, frente a las 42.000 actuales; y en torno a 750 personas serán centenarias frente a las 260 del año 2018.

De todos estos datos se deduce la necesidad de fomentar el envejecimiento activo y saludable, un proceso individual y colectivo que trata de mejorar la salud, la participación y la seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen, según definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El índice de envejecimiento activo mide el potencial de un país o región para que el proceso de envejecimiento de sus habitantes pueda ser activo y saludable. El trabajo desarrollado por el Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra concluye que la Comunidad obtiene una valoración global de 36,8 puntos, situándose entre la sexta y la séptima posición en el ranking de países de la Unión Europea, por encima de la media continental (33,9) y de la nacional (32,6), y solo superado por países del norte de Europa, con Suecia a la cabeza (44,9).

Sobre estas cuestiones, que nos permitían sacar pecho, reflexionábamos en un curso de geografía e historia de Navarra, organizado por el ayuntamiento de Los Arcos, que imparto a 65 alumnos procedentes de 19 pueblos de la zona, precisamente en un ejercicio práctico de envejecimiento activo y saludable. Pero la relativa euforia que estos datos nos producían se nubló justo al día siguiente cuando este periódico abrió su edición con el siguiente titular: “Pirineo, Los Arcos y Allo tienen las zonas de salud más envejecidas de Navarra”. El estudio otorga a la zona básica de salud de Los Arcos, donde viven buena parte de los asistentes al curso, en su mayoría mujeres, el primer puesto en el índice de dependencia senil de Navarra, indicador demográfico que mide la proporción entre el colectivo mayor de 64 años y la población activa (entre 15 y 64 años). Mientras que para Navarra en su conjunto el índice es de 30,5%, en la zona básica de salud de Los Arcos alcanza la cifra de 63,86%, es decir más de 6 personas de cada 10 superan esta edad respecto a la población activa.

El debate se repitió ayer. La mayoría convinimos en que las cifras presentan un lado positivo a corto plazo. Nuestra zona básica registra la esperanza de vida más alta en mujeres de Navarra, y de las más altas del mundo, con 87,6 años. Como dato ilustrativo diré que del grupo de 65, una madre tiene más de 100 años y varias superan con creces los 90. Sin duda, esto nos habla de una comarca donde las buenas políticas públicas, sostenidas en el tiempo, y un contexto favorable, han dado sus frutos en forma de vida larga. Pero los aspectos negativos también pesan y mucho. Y no tanto para el propio grupo de edad, sino sobre todo para la población activa que ve incrementada la carga que supone este índice de dependencia. ¿Estamos ante la penúltima generación que va a vivir en buena parte de estos pequeños pueblos? pregunto con un punto de provocación. No hay demasiado optimismo en el grupo, compuesto por personas activas y motivadas, pero que han vivido el proceso de envejecimiento de sus respectivos pueblos en primera persona.

Desde que comencé mi colaboración en esta sección, en el ya lejano 2004, he venido insistiendo en que uno de los problemas fundamentales del futuro de Navarra era el referido al equilibrio territorial. Una parte significativa de la Navarra rural se nos muere lentamente y no hay reemplazo en el horizonte. Una vez más insisto en que la solución pasa por trabajar juntos, acoger con cariño a los que llegan, tomarse muy en serio por parte de todos los partidos el problema del equilibrio territorial, incluyéndolo en su agenda como tarea prioritaria, y plasmarlo en medidas políticas y presupuestarias. Si no es así, estaremos ante el canto del cisne de una sociedad que vivió tantos años que olvidó que era mortal y que otros debían sucederles. Pero cuando miró hacia atrás, nadie les seguía.

Diario de Navarra, 18/10/2018

 

Revistas navarras de 2017. Fontes Linguae Vasconum

Fontes

Un cuarto de siglo después de aparecer la revista “Príncipe de Viana”, la Diputación Foral de Navarra comenzó la edición de dos revistas nuevas: “Fontes Linguae Vasconum” y “Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra”, ambas aparecidas en 1969.

La revista “Fontes Linguae Vasconum” está dedicada a la lingüística vasca, está dirigida por Ekaitz Santazilia Salvador y, en la actualidad, tiene carácter semestral.

Los números correspondientes a 2017 son el 123 y el 124, ambos similares en formato, contenido y presentación. El diseño de la revista, tras la última remodelación, es similar al de “Príncipe de Viana” y le son aplicables las características descritas para ésta.

Es importante señalar que los estudios contenidos en la revista están redactados muy mayoritariamente en euskera. A título de ejemplo indicaré que de los 12 trabajos reunidos en los dos volúmenes, solo uno, “Estudio de los nombres de los pueblos y despoblados del valle de Guesalatz (Navarra)”, obra de Patxi Salaverri, está escrito en castellano.

El volumen 124 contiene un apartado de reseñas, en el que se incluye un amplio comentario sobre el libro de Peio J. Monteano El iceberg navarro. Euskera y castellano en la Navarra del siglo XVI.

Los que desconocemos la lengua vasca debemos conformarnos con el pequeño resumen trilingüe, en castellano, euskera e inglés, que aparece al comienzo de cada trabajo, pero echo de menos que, al igual que en la revista “Príncipe de Viana”, aparezca una reseña con los currículums de los autores.

Diario de Navarra, 7/9/2018