Se jubila el maestro

Escuela

A lo largo de este mes de junio no son pocas las jubilaciones de docentes que se celebrarán en Navarra. La mayor parte, sobre todo si son de secundaria, las reciben como una bendición, otros con alivio, y los hay, tal vez los menos, que sienten una indisimulada pena por dejar una profesión en la que han trabajado tanto como han disfrutado. Pero habrá pocas que hayan reunido las características de la que tuvo lugar en Oteiza el pasado 9 de junio.

Se jubilaba Jesús Mari Albéniz, un maestro que llegó al pueblo en septiembre de 1976 y que se ha mantenido en su puesto, sin cambiar de destino, 42 años. Pese a haberlos tenido excelentes, Jesús Mari ha sido en nuestro colegio la encarnación del buen maestro: preparado, vocacional, inquieto, atento, dedicado, cercano, y preocupado por hacer de sus alumnos no solo hombres y mujeres con conocimiento, sino como decían nuestros padres y abuelos, hombres y mujeres de provecho.

El día fue una sucesión de actos en el que los sentimientos se hicieron memoria y recuerdo, cariño y presencia, música y palabra. Una abarrotada iglesia parroquial, cedida amablemente para la ocasión, sirvió de marco idóneo para la celebración de un acto institucional en el que el agradecimiento fue la idea más repetida. El ayuntamiento le entregó una placa conmemorativa. El actual director del centro, sin poder disimular su emoción, agradeció en nombre de todos los compañeros antiguos y actuales del centro su trabajo y su calidad humana. Todos los niños del colegio, situados junto a él en los primeros bancos, le cantaron algunas de las canciones aprendidas de sus labios. Un representante de la Apyma, en representación de todos los padres y madres, le recordó los buenos momentos vividos a lo largo de los años y su implicación en el proyecto del centro. Ex-alumnos y ex-alumnas le leyeron poemas y recuerdos, algunos llegados desde fuera de España. También la jota se hizo presente por parte de la familia Fernández Cambra, con letras alusivas que hicieron derramar lágrimas a más de uno. Llegaron también vídeos de jóvenes profesores interpretando con sus alumnos las canciones que ellos habían aprendido en Oteiza. Y hasta los más mayores se sumaron a la fiesta interpretando el prólogo del Florido Pensil, para recordar la escuela en la que el propio Jesús Mari se inició en Artavia en los años cincuenta del pasado siglo. El acto terminó con dos intervenciones especialmente señaladas: la de José Luis de Antonio, director, compañero y amigo durante buena parte de la estancia de ambos en el centro, jubilado hace unos años; y la del propio homenajeado, que quiso recordar en una trabajada y bien pensada intervención, su larga etapa de maestro. Pidió perdón por los errores, dio las gracias a todos, recordó sus objetivos educativos y ponderó el valor y la importancia de la educación pública en nuestros pueblos. Un digno colofón para una sesión inolvidable.

Una nutrida mesa de 400 comensales continuó la celebración en el polideportivo. Y tras ella, más regalos, música y una sana convivencia cerró un día que pasará a los anales de Oteiza como la jornada en la que todo un pueblo reconoció la tarea callada, discreta y eficaz de un hombre que amó su profesión desde el primer día al último, realizando su trabajo sin alharacas, cumpliendo simplemente su deber. Que esta fiesta excepcional, como no se ha conocido otra en Oteiza, haya sido en honor a un maestro, reconcilia con la profesión y habla bien de un pueblo que ha sabido reconocer en Jesús Mari Albéniz a uno de los suyos, dedicado a lo largo de más de cuarenta años a educar a sus hijos más pequeñós

Esta misma semana y en este mismo medio, con palabras que reflejan bien la personalidad de ambos, José María Romera, excelente profesor de secundaria, se despedía de una profesión en la que también ha disfrutado mucho. “Uno está convencido de que el mayor mérito de un profesor reside en disfrutar de su tarea, porque solo así logrará que sus discípulos aprecien el valor del conocimiento. A la descripción mortificante de la enseñanza se le opone otra menos difundida pero más cierta que habla del placer y el privilegio de contribuir a que otros aprendan. Dar clase puede ser a veces fatigoso e ingrato, pero en última instancia es una gozada. Y aunque dejar de hacerlo cuando llega la edad de la jubilación tiene su parte de indiscutible recompensa por la libertad que otorga, tener que decir adiós a la enseñanza es como recibir un violento empujón que te saca del recreo cuando mejor lo estabas pasando. Queda al menos el consuelo de poder decir: que me quites lo enseñado”.

A todos los que como Jesús Marí Albéniz han dedicado su vida a enseñar conocimientos y educar en valores, es decir, a ser auténticos maestros, muchas gracias.

Diario de Navarra, 22/6/2018

 

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La historia de España en el aula

España

La creación del Estado de las Autonomías, derivado de la Constitución del 78, ha traído muchas consecuencias positivas para España, pero también ha conllevado otras negativas que sería conveniente atajar en una próxima reforma constitucional, de la que mucho se habla y poco se trabaja para lograrla. El último ejemplo lo acabamos de conocer. Los editores de texto denuncian presiones de todas las Comunidades Autónomas para incluir contenidos regionales en los manuales educativos. Si a este dato le ponemos cifras, el resultado es, no solo sorprendente, sino escandaloso: solo en papel, 33.222 libros de texto diferentes. Los ejemplos citados, en unos casos son chuscos, en otros paletos y, en no pocos, de profundo significado político.

Donde se pasa de la anécdota a la categoría es, obviamente, en los contenidos de Historia, sobre todo los referidos a la Historia de España. No es ningún secreto que los Estados nacionales en Europa se sirvieron de la historia para ayudar a conseguir estructuras políticas sólidas, sociedades más cohesionadas y un relato nacional que uniera a los ciudadanos en torno a símbolos comunes, entre otros un himno y una bandera. Las Españas medievales, por utilizar una terminología usada por algunos autores prestigiosos, dan paso a la progresiva creación de la nación española, a través de los estadios de los Austrias, los Borbones y la Constitución de Cádiz, que en su artículo primero y tercero proclama que “la Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios” y que “la soberanía reside esencialmente en la Nación”.

Al atormentado siglo XIX, que vio aparecer en su tramo final el regeneracionismo y los primeros atisbos del nacionalismo periférico, siguió una Segunda República, incapaz de hacer frente a tantos problemas acumulados, un golpe de estado cruento, una guerra civil y cuarenta años de gobierno autoritario, que ahondaron una brecha que venía de lejos. La Constitución de 1978, tan benemérita por muchos conceptos, no acertó enteramente en el diseño autonómico y, pese a que el artículo 2 proclama “la indisoluble unidad de la Nación española” y “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”, el sentimiento de unidad y de pertenencia a España como patria común hace aguas por todos los lados.

Y en estas aguas revueltas, pescan casi todos los gobiernos. Unos, los más, llevados por un espíritu pueblerino y alicorto, como si dar a conocer lo propio tuviera que ser a cuenta de desconocer la labor del conjunto. Lamentablemente esta actitud no distingue ideologías y afecta por igual a la derecha y a la izquierda. Pero hay otros, los menos, pero los más peligrosos, a los que guía un objetivo político claro y determinado: minar la historia común como forma de desacreditar al Estado del que forman parte y preparar el camino para una independencia hoy hipotética y mañana tal vez posible. Los nombres y apellidos los pueden poner ustedes, no hace falta que insista en ello.

¿Y quién puede atajar esto? El Estado tiene mecanismos para ello. Las Cortes legislan, y el Gobierno y las Comunidades Autónomas desarrollan las leyes y dictan los reglamentos. ¿Sería mucho pedir un currículo mínimo común y consensuado para cuantos conformamos un país que se llama España? Obviamente lo tienen Francia y Portugal, países centralizados, Italia, país regionalizado, y Alemania, país federal, por citar algunos. Nosotros caminamos en dirección contraria. Cada reforma, y no han sido pocas, sirve para reducir los contenidos comunes y dar más cancha a los gobiernos regionales. El fruto está a la vista.

¿ Y si las Comunidades y los centros no lo cumplen? También hay mecanismos, pero no se utilizan. Son la Alta Inspección, en el caso de las Comunidades Autónomas, y la inspección ordinaria en el caso de los centros.

Quisiera terminar con una nota positiva. En Navarra, creo poder decir que, con excepciones, la mayoría de los textos que conozco son razonables, pero hay docentes a los que esto les trae al pairo. A veces, unos materiales discutibles y mucha ideología constituyen el bagaje que reciben los alumnos en estos años cruciales.

Una vez más, la educación es la clave de nuestro futuro como sociedad. No está de más recordarlo en este comienzo del curso lectivo.

Diario de Navarra, 12/9/2019

La clausura nos muestra sus secretos

Celosías

Ficha técnica

Título: Tras las celosías. Patrimonio material e inmaterial en las clausuras de Navarra

Autor: Ricardo Fernández Gracia

Editorial: Universidad de Navarra/ Fundación Fuentes Dutor

Páginas: 477

Precio: Edición no venal

En la historia de la Iglesia en Navarra, los monasterios masculinos alcanzan un lugar preeminente, tanto por su valor artístico y cultural como por su importancia económica y social. No ocurre lo mismo con el monacato femenino, pese a que con el paso de los siglos el número de monasterios y conventos superó con creces a los masculinos. La situación en cifras en Navarra, a fecha de 2018, es la siguiente: 17 monasterios femeninos -agustinas, benedictinas, carmelitas descalzas, cistercienses, clarisas, comendadoras, concepcionistas, agustinas recoletas, Sagrada Familia- y solo 2 masculinos -benedictinos y cistercienses-.

La falta de vocaciones y el rigor de la vida conventual han convertido este capítulo de la historia de la Iglesia y de Navarra en un tema que tiene aparentemente mucho de crepuscular. De ahí la importancia de documentar adecuadamente una vida apartada y por naturaleza escondida como es la de las clausuras femeninas. Afortunadamente, en los últimos años dos libros muy distintos entre sí la han abordado desde perspectivas distintas: Silencio tengan en claustra: Monacato femenino en la Navarra medieval, obra de Julia Pavón, Anna Dulska y Ángeles García de la Borbolla, y Tras las celosías. Patrimonio material e inmaterial en las clausuras de Navarra, obra del profesor Ricardo Fernández Gracia.

El libro que les comento es excepcional por varios motivos: tema, contenido, fuentes utilizadas y resultado. A lo largo de los siglos, un número nada despreciable de mujeres de toda condición habitaron una serie de monasterios y conventos de los que apenas volvieron a salir, ni siquiera para ser enterradas. Estas comunidades articularon su vida en espacios dedicados a la oración y al trabajo. Este microcosmos, con un horario y una estructura adecuados al fin perseguido, es el que estudia con conocimiento y maestría Ricardo Fernández Gracia. Articulado en tres grandes capítulos, el libro engloba tres grandes ámbitos: comunidades, vida cotidiana y festiva intramuros; imágenes y propaganda, dotaciones y patrimonio desaparecido; y el trabajo manual y artístico, y la cocina.

Para poder abordar el estudio, el autor ha visitado todos y cada uno de los archivos de los conventos respectivos -algunos ya desaparecidos-, además de los diocesanos y catedralicios. Me atrevo a decir que es el seglar que mejor conoce los monasterios y que más los ha visitado, en muchos casos precedido de una campanilla cuando entraba en clausura. Eso y la confianza que las monjas tienen en su trabajo, ha permitido que este mundo interesante y arcano situado tras la celosías hoy sea posible conocerlo de forma comprensible y ordenada.

El resultado, en consecuencia, es un estudio que no dudo en calificar de excepcional por la abundancia de las fuentes primarias utilizadas, el dominio del tema en su contexto eclesial, cultural y artístico, y la minuciosidad y respeto del tratamiento dado a un sector, unas veces vilipendiado y otras minusvalorado. Estamos ante el libro definitivo que nos permite traspasar el torno y la celosía, y descubrir un mundo rico y peculiar que llamará poderosamente la atención a cualquier lector interesado.

El libro, editado por la Universidad de Navarra y la benemérita Fundación Fuentes Dutor, está primorosamente resuelto y contiene un abundante aparato gráfico, en buena parte ya histórico. Dada su condición de edición no venal, se agradece que el texto pueda ser consultado en la página web de dicha institución y en la biblioteca digital del centro académico.

Diario de Navarra, 27/8/2019

Elogio de septiembre

Septiembre

Chapu Apaolaza, además de corredor del encierro sanferminero, es un excelente periodista del que tenemos la oportunidad de disfrutar los lectores del DN con asiduidad. En su sección La ventana de antes de ayer, titulada “Septiembre”, hace esta hermosa y descarnada descripción del citado mes: “¿Ves a aquel tipo siniestro que entra por la puerta del bar? Es septiembre. Por mucho que uno de

los placeres de esta vida sea el que proporciona echarse la primera cazadora por los hombros, septiembre es un fantasma hecho de frío y de madrugones, rutina, desamor, vaho en los cristales de los coches cuando se detienen en los semáforos camino de la oficina. Septiembre es la irrelevancia”.

Pese a que he pasado uno de los agostos más felices de mi vida ejerciendo de abuelo, les confesaré que a mí septiembre es el mes que más me gusta del año. Pero como sé que a buena parte de ustedes, como a Chapu Apaolaza, septiembre no les despierta demasiadas simpatías, permítanme que les cuente las excelencias -al menos en Navarra- de este mes que despide al verano y nos acerca al otoño, tan colorista y cargado de buenos frutos.

No soy demasiado amigo de calendarios festivos, que en Navarra tienden a la exageración y, en consecuencia, aprecio más el llamado tiempo ordinario que el estival. Comprendo que eso solo puede suceder si el trabajo que uno realiza le gusta y le motiva. Ese ha sido mi caso. He disfrutado mucho en todas mis actividades profesionales, sea la docencia, sea la política. De ahí que septiembre supusiera, tanto en una como en otra, la vuelta a la actividad deseada, tras el parón veraniego.

Pero, al margen de la impresión personal que les he trasladado, el septiembre navarro presenta unos rasgos positivos indudables. Convendrán conmigo que el tiempo atmosférico nos depara unos días muy agradables. El frescor mañanero, la amable temperatura diurna, el ciercillo vespertino que te obliga a sacar la cazadora de la que hablaba Apaolaza, y la manta acogedora por la noche, constituyen un cóctel que lo hace irrepetible.

¿Y qué decir del campo y sus productos? Pasear por caminos y senderos es recuperar una Navarra de la que a veces nos olvidamos. Con los campos de cereal pasando del color pajizo al ocre, las viñas a punto de dar sus mejores frutos, la oliva ya granada, los árboles frutales en su mejor momento, y hasta las modestas moras esperándonos a la orilla del camino, septiembre espera e invita a que lo disfrutemos en contacto con una naturaleza que es madre pródiga en frutos. ¿Quién no recuerda el olor de un melocotón pequeño de tamaño y pleno de sabor, que nos retrotrae a los sabores de la infancia? Y esto, para los habitantes de la Navarra rural y la urbana, porque si algo sigue caracterizando a la sociedad navarra de ayer y de hoy es ese corazón rural que nos invita a volver el fin de semana a nuestro pueblo para reencontrarnos con unos orígenes de los que, afortunadamente, no nos queremos desprender.

No me olvido de los amantes de las fiestas, que son muchos. Tras la Virgen de Agosto, el otro gran empuje festivo lo constituye la Natividad de Nuestra Señora, las fiestas de la Virgen de septiembre, que nos llevarán hasta finales de mes, en los que San Miguel, desde las alturas, dirá adiós casi definitivo al calendario festivo.

Tras un agosto particularmente intenso en lo cultural, con un Flamenco on fire que sigue sorprendiendo a propios y extraños, además de otras manifestaciones de interés, septiembre, en material cultural, no tiene paragón: En música, el extraordinario programa de la Semana de Música Antigua en su cincuentenario, el comienzo de los grandes ciclos de la Sinfónica de Navarra, la Sínfónica de Euskadi, Baluarte, el Orféon y la Coral de Cámara de Pamplona, entre otros; en divulgación cultural, los cursos de las Universidades navarras y de la Cátedra de Patrimonio y Arte navarro; en cine, la programación de la Filmoteca; y en artes escénicas, los ciclos del Gayarre, Escuela Navarra de Teatro, Museo Universidad de Navarra y la Red de Teatros.

Por supuesto, comienza el curso lectivo, el político, el judicial y el deportivo. Pero de estas cosas menores no les hablaré, ya hay secciones que se ocupan de ello.

¿Cómo lo ven? ¿Verdad que es atractivo? Despidan agosto sin melancolía y abróchense los cinturones, porque llega septiembre. Espero que lo disfruten.

Diario de Navarra, 29/8/2019

 

No hay ciclo sin órgano

Organo

Ficha Técnica

Título: El órgano de la iglesia de San Miguel de Larraga (Navarra) Organeros, organistas y músicos

Autor: Jesús María Muneta Martínez de Morentin

Editorial: Fundación P. Muneta

Paginas: 108

Precio: 15 euros

En agosto de 2008 se inició en la villa de Larraga el I Ciclo de Órgano “Diego Gómez”, que en 2019 cumplirá su duodécima edición. A lo largo de estos años, la Asociación Cultural “Diego Gómez”, nacida poco después, el ayuntamiento y la parroquia de San Miguel de Larraga, y el impulso del padre Muneta, ragués de nacimiento e hijo predilecto de la villa, con escasos medios y y mucha ilusión y trabajo, han conseguido dar continuidad a un ciclo que acoge en la propia iglesia a un buen número de vecinos y forasteros, y que tiene personalidad propia: Sabia mezcla de intérpretes consagrados y noveles, música variada con el órgano histórico como elemento central, presencia de estrenos absolutos compuestos para el instrumento, introducciones didácticas a cargo de director del ciclo, padre Muneta, y carácter gratuito para los escuchantes. Como asiduo asistente a los conciertos, doy fe de lo acertado de los programas, la calidad de la música interpretada y la buena organización del evento. A lo largo de esta etapa, echo en falta, eso sí, un mayor apoyo de la administración foral a una iniciativa que bien se lo merece.

Por lo dicho hasta aquí, probablemente hay dos elementos que sobresalen en el ciclo: un órgano y un músico, en el pleno sentido de la palabra. Desde hace unos meses, el segundo, bien conocido, nos ha desvelado al primero. Y bien que se lo agradecemos. El libro de reciente aparición, titulado El órgano de la iglesia de San Miguel de Larraga (Navarra). Organeros, organistas y músicos, obra de Jesús María Muneta, nos permite conocer mejor un órgano que, en palabras del autor “no ha dejado de sonar desde 1565, tiene una gran riqueza sonora, dos teclados con contras en el pedalero, y se halla en muy buenas condiciones. Posee una magnífica trompetería de fachada y algunos registros procedentes del órgano anterior al actual, que Diego Gómez mantuvo. Se le puede catalogar como uno de los mejores órganos históricos que tenemos en Navarra”.

Gracias al libro, conocemos mejor el órgano y sus organistas, en especial el gran organero Diego Gómez (1752-1834), autor del instrumento, al que Miguel de Zufía dotó de una monumental caja a modo de fachada.

Al libro, benemérito, en todo caso, solo le falta una mejor impresión que realce su atinado contenido. No puede haber mejor introducción al ciclo que degustaremos el próximo mes de agosto.

Diario de Navarra, 20/7/2019

Navarra y Martín Duque: el nexo de la historia

Don Angel

Don Ángel Martín Duque, sabio y longevo, nos ha dejado. El pasado día siete de agosto, frente a su capilla ardiente sobriamente adornada por su familia con unos ramos de flores blancas, tuve la oportunidad de resarcirme en parte de esa visita pospuesta en demasía y repasar, me atrevo a decir que más que junto a él, con él, algunos momentos vividos juntos.

Tras mis estudios de Historia en Zaragoza, donde tuve como profesor a José María Lacarra, inicié mi vida profesional como profesor agregado en el instituto de Estella. Fue el propio Lacarra quien me recomendó visitar a don Ángel Martín Duque en la Universidad de Navarra, quien me sugirió el tema de mi tesina de licenciatura, época en la que pude apreciar y disfrutar de su valía académica y humana. Me dedicó tiempo, atención y cariño, y comenzó una relación afectuosa que ha continuado hasta el final de sus días. Mi trabajo como Consejero de Cultura entre 1984 y 1991, me permitió estrechar esos lazos y aprovechar el caudal de su experiencia en múltiples proyectos de interés para Navarra. Juntos nos felicitamos por la concesión de la Medalla de Oro de Navarra a don José María, como ambos le tratábamos, que el Gobierno tuvo a bien concederle en 1984. Juntos fuimos a dar el último adiós a nuestro maestro común a Zaragoza poco antes de su muerte. Y, tras su integración en el Consejo Navarro de Cultura, iniciamos una serie de proyectos, de los que su huella permanece hasta nuestros días: cambios significativos en la Revista Príncipe de Viana, remodelación a fondo de la Semana de Estudios Medievales de Estella, empuje a la publicación de trabajos históricos, y apoyo decidido a los Congresos de Historia de Navarra en forma de presencia, presupuesto y publicación de actas. En todos estos proyectos, a los que hay que sumar las grandes obras de divulgación histórica, promovidas por el Gobierno de Navarra y la Caja de Ahorros de Navarra, la labor de don Ángel fue fundamental. Por ello, fue para mí un honor tener la oportunidad de proponer al Gobierno de Navarra, y que éste aceptara, la concesión de la Medalla de Oro de Navarra a su persona en 1991.

¿Y qué ha aportado Martín Duque a Navarra para merecer tal distinción? Si lo dicho no fuera suficiente, permítanme que añada algunas reflexiones y valoraciones estrictamente personales, tal vez no compartidas por todos. Navarra tiene a gala conocer su historia razonablemente bien, con una especial atención y dedicación a la época medieval. Lacarra es el maestro indiscutible, y el nuevo modo de historiar del estellés, sobrio, científico y muy al día, fue la herencia acrisolada cultivada por Martín Duque. Si Lacarra formula las grandes líneas de la Navarra medieval y elabora su primera gran síntesis moderna, Martín Duque articula el discurso que permite explicar y entender la singularidad de un territorio, de reino de Pamplona a reino de Navarra, con la complejidad política, humana, social y cultural que dicho cambio supone. Pero si el impacto de un historiador se mide no solo por su producción científica, sino también por su capacidad para generar escuela y su implicación en divulgarla a toda la ciudadanía, aunque el propio Martín Duque se ruborizaría y tal vez no lo aceptara, me atrevería a decir que la huella del segundo supera en importancia a la del primero.

Crear escuela no es fácil, y menos en las circunstancias en las que trabajó don Ángel. Sorprende la nómina de sus discípulos, plurales ideológicamente, pero fieles a un magisterio solidario y respetuoso: Juan Carrasco, Javier Zabalo, Raquel García Arancón, Carmen Jusué, Juan José Martinena, Eloisa Ramirez, Fermín Miranda, Luis Javier Fortún, Julia Pavón, Susana Herreros y Roldán Jimeno, son algunos de ellos. Todos coincidirán en que sus tesinas de licenciatura y sus tesis doctorales son, en buena medida, coescritas con su maestro, que las repasaba de forma crítica y escrupulosa.

Y finalmente, la alta divulgación, tan poco valorada en los ámbitos académicos y tan necesaria en sociedades complejas como la nuestra. Las obras de más amplio aliento llevan su impulso, y algunas especialmente notables, su dirección. Es el caso del Gran Atlas de Navarra y Signos de identidad histórica para Navarra.

Esa atracción por la Navarra histórica, Martín Duque la completó como ciudadano de una tierra que amó apasionadamente e hizo suya. Un ciudadano comprometido que durante sesenta años vivió en ella, trabajó para ella, educó a su familia ya alargada hasta los bisnietos y siguió de cerca su actualidad.

Confío en que desde ese horizonte de eternidad que también compartíamos, vele por su familia y por la Navarra toda a la que dedicó sus mejores afanes.

Diario de Navarra, 15/8/2019

Un buen ejemplo de estudio multidisciplinar

Sancha

Ficha técnica

Título: Sancha de Aibar, una mujer necesaria en una encrucijada histórica

Autor: Begoña Martínez Jarreta (coordinación)

Editorial: Gobierno de Aragón y Ayuntamiento de Aibar

Páginas: 163

Precio: 12 euros

La primera sorpresa, y no la única, de este libro singular es la profesión de la coordinadora del texto, catedrática de Medicina Legal de la Universidad de Zaragoza. Y es que el libro forma parte de los trabajos de investigación de un proyecto titulado “Estudio antropológico y genético de los reyes privativos de Aragón”. Con buen criterio y mejor iniciativa, los resultados del estudio dedicado a Doña Sancha de Aibar, madre de Ramiro, primer rey de Aragón, fruto de sus relaciones con el rey de Pamplona Sancho III el Mayor, se han plasmado en este libro, titulado Sancha de Aibar, una mujer necesaria en una encrucijada histórica, editado conjuntamente por el ayuntamiento de Aibar y el Gobierno de Aragón.

El trabajo, obra de un amplio equipo multidisciplinar, consta básicamente de tres capítulos y unas conclusiones finales. En el primero, Rosa y Ana Iziz Elarre -la parte navarra del equipo, como denotan sus apellidos- estudian la figura de Sancha de Aibar y Sancho III el Mayor de Pamplona, padres del primer rey de Aragón y origen de la dinastía. En el segundo, el equipo de investigadoras compuesto por Carolina Núñez, Miriam Baeta y Begoña Martínez, plantean en clave de divulgación científica el papel de la ciencia forense para intentar descifrar la historia de Sancha de Aibar. En el tercero, Carlos Laliena desarrolla un amplio y documentado estudio de la vida de Sancha de Aibar en el contexto del año mil.

Si el texto no les resulta fácil, pueden acudir a las conclusiones finales redactadas por la coordinadora, que constituyen un atinado resumen del conjunto de la obra. Rescato para ustedes un párrafo de especial interés: ”Los restos atribuibles a Sancha de Aibar no aparecieron de forma separada, no se encontró un esqueleto solitario en un lugar aislado. Estos restos aparecieron unidos a un conjunto de restos femeninos dentro del sarcófago de la condesa Sancha, nieta de Sancha de Aibar y posiblemente el personaje femenino más importante de esta dinastía (…) Allí aparece el esqueleto de una anciana mujer, rodeado de los restos atribuidos a las hijas del primer rey de Aragón y compartiendo un espacio particular y expresivo de una consideración distinguida”. Como ven, una lectura en clave femenina, normalmente ausente en la historiografía al uso.

Resulta preciso, para terminar, citar también la tarea del recordado Pedro Lanas y de Aritz Burguete, alcaldes de Aibar. El impulso del primero y el compromiso del segundo han hecho posibles que Sancha de Aibar esté presente en efigie y mediante este trabajo en la memoria histórica de su pueblo.

Diario de Navarra, 20/7/2019

Los últimos de Filipinas

Baler

La Pamplona postsanferminera, fresca y bienoliente, depara a vecinos y foráneos una de sus mejores estampas en esta segunda quincena de julio. El frescor de sus parques, la tranquilidad de sus calles, la temperatura que casi nunca aprieta en demasía, y los aparcamientos abundantes y gratuitos, animan al paseo y el disfrute ciudadano. Si además uno lo completa con una visita cultural, una librería o una biblioteca, sin olvidar el aperitivo, no sienta envidia de los que se van lejos, porque su día puede ser casi perfecto. Para completar el menú, déjenme que les sugiera la visita a una exposición que está pasando más inadvertida de lo que merece: “Héroes de Baler”, situada en el edificio de la Comandancia Militar, en la calle General Chinchilla, justo detrás de Baluarte, de la yo disfruté hace unos días.

“Como pueblo lamentablemente curtido en mil batallas y creador de uno de los grandes imperios de la historia, los soldados españoles han protagonizado un sinnúmero de hechos memorables. Desde las gestas de las guerras contra los romanos, hasta llegar a la guerra civil y las actuales misiones de paz, pasando por la etapa medieval, la conquista y colonización de América, los tercios de Flandes, la guerra de la independencia, las guerras carlistas, el fin del imperio y los tristes episodios de la guerra de África. En casi todos ellos, los soldados, fueran de reemplazo, profesionales o de fortuna, pusieron el valor y la vida y estuvieron muy por encima de gobernantes y jefes militares. Para muchos de estos episodios sigue teniendo validez el famoso verso 20 del Cantar de Mío Cid: “¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!”.

Estas ideas las expresé en un artículo publicado en esta misma sección el 30 de diciembre de 2016, tras ver la película 1898 Los últimos de Filipinas: un episodio memorable en sí mismo, menor en el transcurso de la guerra, y absolutamente absurdo en el contexto en el que se desarrolló. Los hechos sintéticos fueron los siguientes: un destacamento de 60 militares españoles, al mando del teniente Martín Cerezo, se refugió en la iglesia de San Juan de Baler, en la isla de Luzón (Filipinas) y fue sometido a un asedio que duró 337 días, desde el 30 de junio de 1898 al 3 de junio de 1899. Desde diciembre de 1898, con la firma del tratado de Paz de París entre España y los Estados Unidos, se ponía formalmente fin a la guerra y España cedía la soberanía a la nueva potencia. Durante seis largos y durísimos meses, el teniente Martín Cerezo se resistió a entregar la plaza dudando de la veracidad de los hechos, hasta que convencido de ello por una noticia menor se entregó a las autoridades filipinas, que aceptaron unas condiciones honrosas de capitulación y permitieron con honores su repatriación a España. La lista de muertos y heridos por parte de los rebeldes filipinos ascendió a 700, mientras que de los españoles, 15 murieron de beri-beri o disentería, 2 lo hicieron por heridas de combate -uno de los cuales fue el soldado de segunda Julián Galbete Iturmendi, natural de Morentin (Navarra) que falleció debido a las heridas el 31 de julio de 1898-, 6 desertaron y 2 fueron fusilados por intento de deserción.

El Museo del Ejército muestra en su exposición permanente algunos bienes culturales de interés relacionados con el Sitio de Baler. Además, en los últimos meses se ha mostrado una exposición monográfica en la sala de exposiciones temporales. El núcleo de esa exposición es lo que podemos contemplar en Pamplona, en una ubicación muy adecuada pero poco usual como es la Comandancia Militar de Navarra, situada en pleno centro de la ciudad, junto a Baluarte. Un edificio que muchos no habrán pisado desde sus días de mili para recoger su cartilla.

La exposición, bien ubicada y ambientada, situada en la primera planta, es modesta en sus pretensiones y alcance, pero tiene un interés indudable. A través de maquetas, cuadros, gráficos, fotografías, ajuar, armas y vídeos, podemos rememorar un episodio bélico en el que el cumplimiento del deber y el heroísmo de los más convivió con la enfermedad, la muerte, el miedo, la deserción y el fusilamiento de algunos. Todo comprensible en unos soldados de reemplazo, verdadera carne de cañón, que probablemente se preguntarían con frecuencia qué hacían allí defendiendo una bandera y un país que permitía dispensar a otros hijos de ese esfuerzo si tenían dinero para pagarlo. A la repatriación con honores, siguió la memoria, el olvido y la leyenda, hasta que una visión más ecuánime de la historia nos ha permitido conocer el episodio y su contexto. Sin duda, lo más honesto y valioso fueron, una vez más, la tropa y la parte baja del escalafón, mientras que los altos mandos y la clase política dejaron mucho que desear.

Es de resaltar también que sea el propio Ministerio de Defensa el promotor de esta iniciativa y lo haga en la sede de la Comandancia Militar, en mi opinión, un acierto. Para la visita, todo son facilidades. Aprovechen la oportunidad, porque la muestra finaliza el ya próximo 15 de agosto.

Diario de Navarra, 1/9/2019