Derecho natural

Pisón

Estos días de final de año abundan las listas de “mejores libros del año”. Entre las novelas, Berta Isla, el último libro de Javier Marías, ocupa un lugar destacado en casi todas ellas. Pero me ha sorprendido haber visto seleccionado en alguna Derecho natural, la última novela de Ignacio Martínez de Pisón.

Hace unos días terminé su lectura y me adelanto a señalar que me pareció un buen libro. La trama de la novela nos cuenta la historia de una familia española de los años ochenta, compuesta por un padre, actor de películas de serie B e imitador de Demis Roussos, cantante que gozó en aquellas décadas de gran predicamento; una madre, trabajadora de El Corte Inglés, y ama de casa abnegada que debe aguantar a un marido pretencioso y egoista al que termina por dejar; y varios hermanos, entre los que sobresale Ángel, el protagonista de nuestra historia, el único que llegará a la universidad, que es el hilo conductor del relato, en el que se incluye su propia vida.

No hay acciones memorables, ni hechos gloriosos, sino una historia que narra lo próximo y lo cotidiano, la letra pequeña de muchas de las familias de nuestro país en un tiempo interesante y convulso. El autor recrea este mundo con prosa limpia, maestría narrativa y gran soltura. Al final, me queda la sensación de una buena novela a la que le falta la hondura y profundidad que sí he encontrado en la de Marías, recientemente glosada en el blog. En todo caso, sin ser apasionante, se lee con gusto y facilidad y resulta por ello recomendable.

Ficha bibliográfica: MARTÍNEZ DE PISÓN, I., Derecho natural, Seix Barral, Barcelona, 2017.

 

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Celebrar y conocer Navarra

Villafranca

Vista del casco antiguo de Villafranca

He llegado a la edad de la jubilación, a Dios gracias, con buena salud, curiosidad creciente y ganas de hacer cosas. Y un interés por Navarra, mi tierra, que ahora que dispongo de más tiempo intento conocer, disfrutar y compartir. Pero, afortunadamente, esta visión optimista es ampliamente generalizada en buena parte de mi propio segmento, los jubilados, a los que me encuentro mayoritariamente presentes en las actividades a las que asisto: cursos, conferencias, cine, conciertos y viajes, por enumerar algunas. De ahí que no me haya resultado difícil vincular mis intereses a los del grupo, bien sea como profesor o como alumno. He de reconocer, además, que como alumnos son mucho más fáciles y gratificantes que los adolescentes, ya que la disciplina la tienen interiorizada y la atención está garantizada. Exige, eso sí, tablas y un cierto dominio de la materia, porque con los adultos cualquier pregunta es posible y no sirve cualquier respuesta. En mi condición de profesor, durante todo el año 2017 he impartido por primera vez un Curso de Arte Navarro, en el que hemos recorrido las principales manifestaciones artísticas de nuestra Comunidad desde la prehistoria hasta nuestros días, con especial atención a nuestros cuatro grandes momentos: románico, gótico, renacimiento y barroco. El grupo, heterogéneo y variopinto, lo componen cincuenta alumnos procedentes de 15 localidades de la merindad de Estella, que nos reunimos semanalmente en la casa de cultura de Los Arcos. Vernos cada miércoles, fieles y puntuales a la cita, dispuestos a estudiar y conocer nuestro patrimonio en el que se incluye el de sus respectivas localidades, es para ellos una satisfacción y para mí un acicate. Pero no acaba ahí nuestra actividad. Tras el estudio de cada etapa, programamos una salida para conocer in situ algunos hitos fundamentales de nuestra historia artística. Tras la prehistoria y la romanización, visitamos Las Eretas de Berbinzana, la ciudad de Andelo y la villa de Arellano; el románico nos llevó hasta la merindad de Sangüesa, para ver Leire y Sangüesa; Pamplona, Artajona y Olite nos permitieron acercarnos a lo más selecto del gótico entre nosotros; el renacimiento lo apreciamos en la merindad de Estella, con paradas en El Busto, Viana, Lapoblación, Genevilla y Los Arcos; y esta semana disfrutamos del buen barroco de la merindad de Tudela, con citas en Villafranca, Corella y Tudela. Nos restan por visitar los palacios y casas señoriales del Baztán y los tres museos abiertos recientemente y vinculados al arte contemporáneo: Oteiza, Huarte y Universidad de Navarra.

Esta misma semana hemos celebrado dos fechas que me gustaría glosar juntas: el día de Navarra -3 de diciembre- y el día del voluntariado -5 de diciembre- , utilizando para ello el ejemplo de la visita a la Ribera -2 de diciembre- . En un día especialmente gélido, con muchas dificultades para llegar a Los Arcos desde las localidades vecinas, iniciamos la visita en Villafranca. Llamaré por su nombre a personas que no conocía y que nos hicieron el día especialmente cálido. José Mari, párroco de Villafranca, nos esperaba en la puerta de su convento de carmelitas. Con la calefacción puesta, realizamos la visita a la monumental y espléndida iglesia de Santa Eufemia en las mejores condiciones posibles. Frente a tantas iglesias cerradas y frías, José Mari fue un ejemplo de acogida, amabilidad y servicio. De allí a Corella, donde ocho ciudadanos voluntarios se encargan de mostrar a todo el que lo desee las bellezas de la ciudad barroca navarra por excelencia. Joaquín y José, nos acompañaron en la visita al Museo Arrese y a la iglesia de San Miguel. Donde no llegan las instituciones, allí están ellos, atentos e instruidos, sin aceptar ni una propina, solo al servicio del arte y de su pueblo al que aman apasionadamente. Y de allí a Tudela. También aquí, primero Maite, la responsable del ayuntamiento, y después Maria Ángeles, religiosa de la Compañía de María, nos dieron toda clase de facilidades. Con la última visitamos la iglesia de la Enseñanza, una exquisitez barroca lamentablemente poco conocida.

Sin duda, hay muchas maneras de celebrar el Día de Navarra, pero encuentro pocas tan satisfactorias como conocer el patrimonio artístico heredado de nuestros mayores y comprobar cómo más de 30.000 navarros ayudan a los demás en los ámbitos más variados, uno de los cuales es el cuidado y conservación de este patrimonio. De ello dan fe algunos de los miembros del curso, también ellos voluntarios para que los peregrinos a Santiago puedan admirar la iglesia de Los Arcos. Entre todos hacemos posible la Navarra actual, una sociedad urbana de corazón rural, solidaria y abierta al futuro. Todavía quedan algunos días en el puente para conocerla y disfrutarla. Anímense, tenemos mucho y bueno y está a la vuelta de la esquina.

Diario de Navarra, 7/12/2017

Berta Isla

Bertra

Javier Marías es un escritor que no deja a nadie indiferente. Su prosa rica, premiosa y envolvente tiene lectores ávidos y personas a las que les resulta difícil digerirla. Yo, que en otras épocas me situaba entre los segundos, progresivamente voy pasando al bando de los primeros. Pero sé que tengo que tener paciencia. Pasarán páginas y páginas y parecerá que no ha sucedido nada, pero al igual que en nuestra vida, los detalles condicionarán el relato y la existencia.

Berta Isla y Tomás Nevinson se conocieron en Madrid. Tomás, medio español medio inglés, es un superdotado para las lenguas y los acentos, y eso hace que durante sus estudios en Oxford, ciudad y ambiente que Marías conoce y refleja muy bien, los servicios secretos aprovechen un desliz sexual del protagonista y el supuesto asesinato de su amante ocasional para introducirlo en los servicios secretos británicos. A partir de ahí, Berta Isla tendrá una convivencia intermitente y, lo que es más inusual, una desaparición del marido que durará años.

Esa anodina espera, que la novela consigue que sea apasionante, es el núcleo de la novela. Y ello le da pie al autor para desgranar reflexiones sobre la fragilidad de las relaciones humanas donde el para siempre resulta una quimera inalcanzable, la necesidad de fingir lo que no es, las anécdotas diarias de una vida en espera, sin saber si aquel que es el marido volverá o habrá desaparecido para siempre. Un marido, además, que a la vuelta de su peculiar exilio, reflexionará en estos términos. “Lo que pensé y me he repetido con frecuencia es lo siguiente: Lo que ahora sea será siempre. Seré quien no soy, seré ficticio, seré un espectro que va y viene y se aleja y vuelve. Y sucederé, seré mar y nieve y viento”.

Marías aprovecha también las entrelíneas de la novela para dejarnos su visión de la vida y del tiempo presente, que no es muy distinto del que expresa todas las semanas en su columna del País Semanal. “Tengo la impresión -decía hace algunos sábados- que vivimos en un tiempo estúpido e infantilizado”. Y al presentarnos al Tomás Nevinson que acaba de regresar de Oxford con su Bachelor of Arts en el bolsillo señala: “Entonces todo iba más rápido y más adelantado que ahora, en contra de lo que se cree, y los jóvenes se sentían adultos desde muy pronto, se sentías listos para acometer tareas, ejercitarse sobre la marcha y encaramarse a los lomos del mundo. No había motivo para esperar ni remolonear, y tratar de prolongar la adolescencia y la niñez, con sus plácidas indefiniciones, parecía propio de pusilánimes y medrosos, de los que la tierra está hoy tan llena que ya nadie los ve como tales. Son la norma, una humanidad sobreprotegida y haragana, surgida en un plazo brevísimo después de siglos de lo contrario: actividad, inquietud, intrepidez e impaciencia”.

A la hora de elegir país para trabajar, la razón domina sobre la pertenencia: “la vida de cualquiera, le dice su mentor en Oxford, está por doquier; está donde va; está donde cae”. Buena reflexión frente a los nacionalistas doctrinarios, convencidos de haber nacido en un lugar predestinado.

La supuesta muerte de Tomás en la guerra de las Malvinas, le permite reflexionar al autor sobre el papel del pueblo en la nueva política. “El pueblo, que a menudo es vil y cobarde e insensato, nunca se atreven los políticos a criticarlo, nunca lo riñen ni le afean su conducta, sino que invariablemente lo ensalzan, cuando poco suele tener de ensalzable, el de ningún sitio, Es sólo que se ha erigido en intocable y hace las veces de los antiguos monarcas despóticos y absolutistas. Como ellos, posee la prerrogativa de la veleidad impune, no responde de lo que vota ni de a quién elige, de lo que apoya, de lo que calla y otorga o impone y aclama”.

El paso del tiempo, inexorable, lo refleja muy bien en esta ácida reflexión: “Retornar a Inglaterra no era para él una opción: la nación tendría que haberse parado o tendría que haberse parado su edad, y esas dos cosas jamás se detienen, en ningún tiempo ni en ningún lugar. Los países los usurpan quienes van naciendo sin querer, a nosotros nos usurpan los adultos o los viejos en que nos convertimos sin querer”.

Esto y mucho más es lo que ofrece la nueva novela de Marías: una buena historia, muy buena literatura y densidad en fondo y forma. Si te atreves, paciencia, no es cuestión de un fin de semana.

Ficha bibliográfica: MARÍAS, J., Berta Isla, Alfaguara, Barcelona, 2017.

 

Una medalla discutida y discutible

Medalla

Navarra ha contado desde antiguo con distinciones para premiar a las personas o entidades que se han distinguido por sus méritos especiales en favor de la comunidad. La Medalla de Oro de Navarra, creada por la Diputación Foral en 1973, fue modificada por el Gobierno de Navarra en 1984, y se encuentra actualmente regulada por un decreto foral de 1998. El artículo 1º de dicha norma señala literalmente lo siguiente: “La Medalla de Oro de Navarra es la principal condecoración de la Comunidad Foral, destinada a premiar a las personas, instituciones, entidades o colectivos cuyos méritos en la defensa, promoción o fomento de los intereses de Navarra resulten estimados por el conjunto de la sociedad”. La medalla es de oro y esmalte. En el centro, sobre un fondo circular de esmalte rojo, aparece la figura armada y ecuestre de un rey de Navarra. Alrededor lleva una orla con el lema “Servicio, Integridad, Lealtad”. En el reverso figura el escudo de Navarra. Pero, obviamente, más interesante que su aspecto material, aunque el lema bien merece subrayarse, es su valor simbólico. La responsabilidad de la elección recae en el Gobierno de Navarra. Que su entrega se realice en el acto institucionalmente más relevante del año, coincidiendo con el Día de Navarra, no hace sino subrayar la importancia concedida al galardón.

Cuando uno repasa la lista de premiados, ve representadas personas relevantes de los ámbitos más diversos, instituciones de peso y prestigio, y colectivos que realizan una gran labor social. En la mayor parte de los casos, habiendo sido posible otras designaciones, el acierto ha acompañado la decisión. En otros casos, los menos, la polémica ha enturbiado la concesión. Pero cabe decir que el debate se ha desarrollado en parámetros razonables. No ha ocurrido lo mismo este año. La concesión de la medalla a título póstumo a los historiadores Hermilio de Olóriz, Julio Altadill y Arturo Campión ha levantado una polvareda que corre el riesgo de llevarse por delante al propio galardón. Las razones aducidas por el Gobierno de Navarra para tal concesión son básicamente las siguientes: “Por su contribución a la historia y la cultura navarras y a la defensa de los derechos históricos del antiguo Reino de Navarra, y sobre todo y de una manera especial, por su labor decisiva a la hora de definir para Navarra un símbolo permanente de su identidad del que carecía hasta entonces: la bandera de Navarra tal y como se conoce hoy, cuyo diseño fue aprobado por la Diputación Foral en 1910”. Pero las críticas se han multiplicado: en unos casos, poniendo el acento en la veracidad histórica de la razón aducida, el diseño de la bandera; en otros, atacando las ideas de Arturo Campión, sin duda el más importante y significado de los tres galardonados. Y tan fuertes han sido las críticas, que el propio Parlamento de Navarra, a través de su Junta de Portavoces, aprobó por mayoría una declaración institucional en la que rechazaba la distinción a Campión, calificándolo de integrista, xenófobo y racista, y pedía al gobierno que la reconsiderase. Nada de esto ha sucedido y, tras ratificar el Gobierno de Navarra su concesión, cuatro grupos políticos que representan a la mayoría de la ciudadanía navarra han anunciado que no asistirán al acto institucional.

Al hilo de la polémica, me gustaría hacer dos consideraciones, una como ciudadano y otra como modesto historiador. Teniendo presente que el escudo, la bandera y el himno son los símbolos de identidad exclusivos de la Comunidad Foral, sorprende y mucho que el mismo gobierno que ha promovido la derogación de la Ley de Símbolos vigente, que permitiría ondear en los edificios institucionales otra bandera además de la oficial, decida conceder el máximo galardón a los que diseñaron la que, por definición, representa a la Comunidad. Por otro lado, abierto el filón de la historia, éste se convierte en inagotable: ¿Por qué no a Sancho el Sabio que se autotituló por vez primera Rey de Navarra”? ¿o a los redactores del Fuero General? ¿o a Martín de Azpilicueta, tal vez nuestro intelectual más completo? ¿o a José Yanguas y Miranda, historiador y negociador de la Ley Paccionada? Como verán, el elenco sería interminable.

No conviene remover innecesariamente el pasado, sobre todo si lo que se pretende es sacar ventaja de él. Ya han sido galardonados en años anteriores algunos de nuestros mejores historiadores: José María Lacarra, Julio Caro Baroja, José Miguel de Barandiarán, Ángel Martín Duque o José María Jimeno Jurío. Centrémonos por tanto en el presente, y busquemos personas, instituciones y colectivos que hagan honor al lema que contiene la medalla: que sean íntegros, leales y que sirvan a Navarra. Afortunadamente, sin necesidad de rebuscar en exceso, disponemos de buenos ejemplos entre nosotros merecedores del galardón. ¡Feliz Día de Navarra!

23/11/2017

Viaje al sur de Francia (y VIII) Una ciudad renovada y señorial

12 de junio. Burdeos, Bayona, Pamplona

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Vista parcial de la plaza que rodea la catedral de Burdeos

El viaje toca a su fin, pero todavía quedan perlas por admirar. Tras el paseo vespertino por la urbe bordelesa, hoy toca visitar la catedral, un imponente conjunto gótico de los siglos XIII al XV. La primera sorpresa es la urbanización de la plaza, obra del estellés Patxi Mangado, en línea de otras obras conocidas del arquitecto. Bancos, losetas, fuentes y farolas nos resultan familiares. Las obras, de gran tamaño, han dotado de uniformidad al conjunto, resaltando los formidables contrafuertes exteriores y la imponente torre exenta. Es lunes, día en que la catedral está cerrada al público, pero los buenos oficios de Trinitat, neustra guía, han conseguido que el padre Pierre, el párroco de la catedral, nos permita una visita tranquila y minuciosa. Compartimos estancia con un grupo de niños de las escuelas de Burdeos. Están realizando una actividad que no había visto nunca en España. Sobre la pantalla situada al comienzo de la nave mayor se proyecta una película de dibujos animados a la que los niños ponen la música y los efectos especiales. Es su forma de acercarse a la música y de conocer el patrimonio. Una experiencia que provoca nuestra sorpresa, admiración y aplauso cuando finaliza.

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Vista exterior de la catedral

La catedral permite resumir lo visto durante la semana. Una única nave, románica en origen, desarrollada en el gótico meridional a lo largo del siglo XIII, a la que se añade en los siglos XIV y XV un crucero y un gran presbiterio con girola, según el modelo del gótico radiante del norte de Francia. Tal vez la pieza clave del conjunto sea la puerta real del siglo XIII, realzada ahora tras las obras de urbanización de la plaza. La calidad del conjunto es superior a la puerta del crucero, más aparatosa y efectista, que se nos abre para la entrada. Por cierto, el parteluz ha servido de espacio para que dos jóvenes sin techo, con colchón y perro incluido, pasen la noche al raso. Tampoco la rica y civilizada Francia se libra de estas diferencias sociales que ponen en evidencia a nuestra sociedad del bienestar.

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Interior de la catedral con la nave románica y la posterior ampliación gótica

Tras la visita a la catedral y un paseo por su entorno salimos hacia Bayona. Recorremos las Landas en toda su extensión, con sus dunas, su inabarcable llanura, sus bosques de pinos y sus campos de maíz. Una recta interminable que nos permite observar el rosario de camiones españoles que se dirigen hacia el resto de países europeos con mercancía para la exportación. Ha ahí una de las razones de nuestra favorable balanza importación-exportación.

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Mapa en el que se aprecia la larga carretera que recorre las Landas

La agujas de la catedral de Bayona, situada en una pequeña loma a las orillas del Nive y del Adour, se divisan en el horizonte. En un restaurante a las orillas del río, situado en un hermoso edificio del siglo XVIII, el primero de la ciudad en su género, tenemos nuestra última comida juntos. A la finalización de la misma, tomo la palabra para hacer una pequeña despedida. Recuerdo el objetivo del viaje, recuerdo las condiciones que deben cumplirse para que un viaje salga bien, pondero la buena labor de Félix, nuestro chófer, y Trinitat, nuestra guía, y doy las gracias a todos por su puntualidad, camaradería y deseos de aprender. Me despido oficialmente de los alumnos de 1º del Aula de la Experiencia y emplazo a los del curso de arte navarro de Los Arcos a septiembre para iniciar la segunda parte del mismo.

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Vista parcial de la fortificación que envuelve parte de la ciudad

Yo solo nos queda la catedral de Bayona, un edificio gótico emparentado con la catedral de Pamplona. Lo recorremos por dentro, resumimos su contenido, paseamos su clausttro y deambulamos durante un buen rato por su casco histórico, bien cuidado y limpio.

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Vista de una de las calles peatonales que conforman el casco histórico con la catedral al fondo

De allí a Pamplona, Estella y Oteiza. Besos, abrazos, agradecimientos y hasta luegos. Espero que para muchos haya sido una semana para el recuerdo.

Lutero. Una vida delante de Dios

Lazcano

El pasado día 31 de octubre se cumplieron 500 años de la misiva que Lutero envió a su arzobispo presentando las 95 tesis sobre las indulgencias. Probablemente, frente a lo publicado por Melanchthon, Lutero nunca clavó en la iglesia del castillo de Wittenberg el documento, pero esa anécdota añadió carácter épico a una iniciativa que tendría graves consecuencias religiosas y políticas en el futuro.

Entre los numerosos libros que han aparecido estos meses dedicados a la figura de Lutero, Rafael Lazcano, historiador, bibliógrafo y editor, especializado en historia de la Iglesia, ha publicado uno que califica como vita brevis, titulado Lutero, una vida delante de Dios. “Una vida, en palabras del propio autor, escrita en el contexto de su época y desde la que emerge el hombre de fe, el teólogo creyente, el personaje y la evolución doctrinal a lo largo de su andadura personal al compás de los tiempos y las circunstancias”.

Martín Lutero fue universitario en Erfurt, religioso en el convento de San Agustín, estudiante, profesor y doctor en teología en Erfurt y Wittenberg, y catedrático de Sagrada Escritura a la que dedicó treinta y dos años de enseñanza. El libro nos permite seguir su evolución humana y cristiana que le llevó desde su creencia radical en una imposibilidad de salvación a intuir una nueva doctrina basada en la teología de la cruz y la certeza de la salvación por la fe sola. Por medio quedan sus 95 tesis contra las indulgencias, los conflictos con el papado y el emperador, el apoyo de los príncipes alemanes, la bula de excomunión de León X, la ruptura definitiva con la Iglesia católica, la hora de la espada y la cólera en la guerra de los campesinos, su matrimonio con Catalina de Bora, su vida matrimonial en Wittenberg dedicada a la cátedra, el púlpito y la pluma, la ratificación de su doctrina de la justificación por la fe y su última etapa como padre de la Reforma.

Pero ¿cuál fue el legado de Lutero tras una vida convulsa, compleja y rica? Esta es la conclusión del autor. “Con un estilo fácil y elocuente, popular y acerado, sobre todo una vez que deja el catolicismo. La teología de Lutero quiere hallar a un Dios propicio en medio del sentimiento íntimo que experimentaba de su propia debilidad moral. Desconfiaba del amor de Dios, y su interior estaba lleno de angustia y desesperación religiosa. Un pesimismo radical invadió su alma impulsiva, radical y fogosa hasta el alumbramiento de una nueva doctrina: la salvación del hombre no se consigue por el cumplimiento de la ley, sino por el Evangelio; no por las obras, sino por la sola fe, entendida como fiducia, confianza y esperanza en Dios. En efecto, la doctrina de la justificación por la fe es la columna vertebral de todo el sistema teológico y de su pensamiento. Volcado hacia la predicación transmitió las bases doctrinales del edificio de la Reforma con sutileza teológica y no escasa belleza literaria.

Por la traducción de la Sagrada Escritura al alemán merece el título de forjador de la moderna lengua alemana. El proporcionó al pueblo alemán una versión maestra de la Biblia por sencilla y castiza.

Lutero y la Reforma protestante insistieron con mantenida relevancia en que era más importante que el buen cristiano se ocupase de pensar y sentir la fe dentro de sí mismo que de mostrar su adhesión a la práctica externa de ritos y devociones. El doctor de Wittenberg, fuerza motriz de la Reforma, en cuanto testigo del evangelio e instrumento en las manos de Dios, nos recuerda y plantea, a su vez, la raíz religiosa del hombre y del mundo. Este vivir delante de Dios es todo cuando representa la vida de la fe que ofrece al creyente la certeza de la salvación”.

Como se ve una visión de Lutero y su legado muy distinta de la que ha sido habitual en la tradición de la Iglesia católica. El libro es relativamente fácil de leer y resulta de utilidad para conocer su figura y su obra de en el 500 aniversario de la Reforma.

Ficha bibliográfica: LAZCANO GONZÁLEZ, R., Lutero. Una vida delante de Dios, San Pablo, Madrid, 2017.

 

Viaje al sur de Francia (VII) Tranquilo día de votaciones legislativas

11 de junio. Limoges, Angulema, Burdeos

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Vista general de la estación modernista de Limoges

Esta mañana me he levantado temprano para terminar mis impresiones del día de ayer. Hace calor, se presenta un día espléndido, y Francia celebra la primera vuelta de las elecciones legislativas tras el triunfo incontestable de Macron en las presidenciales de mayo.

Tras un desayuno copioso, salimos hacia la estación modernista de Limoges-Benedictins, en honor a la ubicación de la estación en lo que en otro tiempo fue monasterio de esta orden. Las dimensiones notables de la estación y su gran torre son hoy una referencia en Limoges, emplazada como está delante de la gran plaza donde se celebra, entre otros, el día nacional.

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Vista exterior de la catedral de San Esteban de Limoges

De allí partimos hacia la catedral de Saint Etienne. Dado que está cerrada, recorremos el mercadillo dominguero donde se venden todo tipo de objetos en desuso y de una relativa antigüedad. Una costumbre dominical que se repite en muchas partes de Francia. La catedral abre a las 10 y nos permite apreciar un edificio con una torre románica a los pies, continuada en gótico en los pisos superiores. El interior, armonioso en proporciones y bastante unitario responde a un gótico propio de los siglos XIV y XV.

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Vista de conjunto del armonioso interior

Junto al edificio en sí, destacan algunos sepulcros góticos, un “juvé” renacentista, al igual que un hermoso sepulcro también renacentista de fina labra y algunas otras piezas de interés. Mientras salimos, un coro ensaya algún concierto próximo a celebrar y la atmósfera invita a continuar sentados en las nuevas sillas de anea recientemente renovadas. Pero debemos seguir la marcha hacia Angulema.

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Vista de conjunto de la catedral de Angulema con la torre románica  al fondo

El calor aprieta y el camino hasta Angulema, la capital del departamento de Charente, se produce entre el sopor del calor externo y el paisaje que nos acompaña. Al final del viaje, la ciudad se percibe sobre la colina, otra de las pequeñas ciudades francesas que conservan del esplendor antiguo la sede del obispado. San Pedro de Angulema interesa por varias razones. Es una de las obras maestras del arte románico en su modalidad de bizantino, pero al exterior destacan sobre todo una esbelta torre románica que se ha mantenido casi inalterable, un hermoso juego de volúmenes articulados en torno al gran ábside y la impresionante portada-fachada, pareja a la de Notre Dame de Poitiers, que reflejan lo mejor del estilo románico poitevino.

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Vista de la rica  portada-fachada de la catedral de Angulema

Su interior tampoco carece de interés. Responde muy bien a un tipo de reconstrucción hoy tal vez considerado excesivo, pero que salvó buena parte de los edificios de Francia en el siglo XIX. En esa etapa se reconstruyó por dentro, quitándole adherencias de otros estilos, añadiendo elementos nuevos y dándole una pátina uniforme, encalado además con un blanco que aclara aún más su piedra natural. El sistema de cúpulas, además, está perfectamente claro y visible. El reflejo fiel de un modelo que paenas en visible en España.

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El románico bizantino a base de cúpulas queda patente en la imagen

La comida y el restaurante nos ofrecieron buen menú y mucho calor. Y entre siesta y canciones de María Dolores Pradera, el Dordoña y el Garona ya crecidos nos acompañan hasta Burdeos. La ciudad nos recibe imponente, renovada y muy hermosa. Una ciudad señorial que el vino y el comercio marítimo han convertido en referencia urbanística, arquitectónica y económica.

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El Garona y la proximidad al mar condicionan el desarrollo urbano de Burdeos

La visita es corta, pero de gran interés. Avenidas, calles y plazas desbordan calor humano y atmosférico. El paseo por algunas de sus calles más frecuentadas nos permite tomar el pulso a una ciudad cosmopolita que parece tener más habitantes de los que señala su censo. Y es que desborda porte de gran ciudad europea.

Mañana toca pasearla de nuevo, ya que la salida nocturna ha sido sustituida por estas notas evocadoras escritas en la habitación del hotel próximo a la estación del tren.

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Visto lo visto, no sorprende la elección

La televisión nos trae las noticias de actualidad. Nadal ha ganado su décima Roland Garros y el partido del `presidente Macron ha arrasado en la primera vuelta de las elecciones legislativas. El poder llama al poder. Un partido sin pasado, con presente y un futuro prometedor ha doblegado a la derecha y al socialismo. ¡Suerte para Macron y su tercera via!