Siria en el corazón

25 junio 2015

Palmira

Vista parcial de Palmira con la fortaleza al fondo

Los medios de comunicación nos han informado en los últimos días que la cifra de desplazados en el mundo sigue creciendo de forma casi exponencial. Podemos llegar a entender que este exilio forzoso lo sea por razones económicas, tratando de buscar una vida mejor. Las imágenes de barcazas a la deriva en el Mediterráneo, históricamente un mar de vida, cultura y mestizaje, nos lo recuerdan casi cada día, con el riesgo que conllevan de convertirse en una rutina apenas noticiable. Pero resulta increible que a estas alturas del siglo XXI, todavía haya millones de personas que tengas que salir de su tierra por razones de tipo político, religioso o cultural. ACNUR acaba de dar la cifra aproximada de 2014: 59,5 millones. A este cifra contribuye de forma poderosa Siria, nuestro país de referencia: 7,6 millones de desplazados internos y 3,8 millones de refugiados propiamente dichos.

A estas cifras abrumadoras, sin duda las más importantes, se unen otros daños colaterales, especialmente estratégicos para un país que tiene en el turismo cultural una de sus principales fuentes de ingresos. La guerra civil y los ataques del Estado Islámico han destruido 24 ubicaciones de interés y han dejado muy dañados 5 lugares declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Y lo peor está por llegar. Ayer mismo, este periódico recogía el siguiente titular: “El Estado Islámico comienza la destrucción de Palmira”.

En la primavera de 2009 tuve la oportunidad de realizar un viaje a Siria y Jordania. Pocos paises me han impresionado tanto como el primero de ellos, para mí un verdadero descubrimiento. Estas fueron algunas notas que redacté a mi vuelta y que retomo hoy para ustedes: “La Siria que nos transmiten las agencias internacionales podríamos resumirla así: antigua en lo histórico, rica en lo artístico, desértica en lo geográfico, poco desarrollada en lo económico y totalitaria en lo político. Pues bien, en cinco días, esta Siria tópica ha adquirido matices nuevos y se ha enriquecido con otras visiones. Pocos países poseen un estrato histórico tan potente y rotundo. Fue el punto de cruce de los enfrentamientos expansionistas de las primeras potencias de la historia; el eje entre Oriente y Occidente con las expansión de las culturas griega y romana; el epicentro de la conquista árabe con los califas omeyas; el espacio vinculado durante siglos al imperio otomano; y, tras la sujeción a los intereses occidentales, el país orgulloso y aislado desde su independencia. Esta historia rica y compleja se manifiesta de forma especial en el arte. Imposible enumerar lo visto, pero nunca olvidaré algunas obras maestras: las estatuas de Mari, las ciudades helenísticas de Palmira y Apamea, el teatro romano de Bosra, la sinagoga de Dura Europos, el santuario bizantino de San Simeón Estilita, la mezquita omeya de Damasco, o la imponente fortaleza gótica del Krak de los Caballeros” (…) Lamentablemente, el país no pasa por sus mejores momentos. Articulado en una sociedad disforme y muy diferenciada, donde la huella musulmana es viva y patente, en el territorio conviven la penuria y la escasez con los barrios opulentos de Damasco y Alepo. Y todo ello articulado en un sistema totalitario y corrupto, donde el culto a la personalidad del joven jefe de Estado, Bachir el Asad, resulta tan omnipresente como antipático”. Añándanle a ello una cruenta guerra civil y la aparición del radicalismo religioso más sectario, bárbaro y analfabeto, y tendrán una idea aproximada de lo que hoy queda de la Siria de antaño.

Pero no puedo terminar esta evocación sin recordar Palmira, probablemente el lugar más emblemático del país. Lo recuerdo así: “Nuestro primer contacto con la ciudad y sus oasis de palmeras es la zona de tumbas (dos de las cuales acaban de ser voladas por el Estado Islámico), en los extramuros del recinto urbano. Pero Palmira es, sobre todo, la extensa ciudad histórica conformada por el gran templo, la vía sacra, la calle principal y los edificios públicos adyacentes. Un conjunto impresionante en dimensión y calidad. Una vez más queda demostrado que en Oriente, a diferencia de Grecia, la medida de todas las cosas no es el hombre, sino que el gigantismo lo invade todo. El estilo palmireño, a caballo entre Grecia, Roma y el mundo sasánida, es robusto, recargado y mestizo. Un paseo entre sus restos nos familiariza con Zenobia y sus sueños, y la puesta de sol desde la fortaleza termina definitivamente de encandilarnos. La piedra rosada refulge al sol, recuperando por unos momentos el esplendor del tiempo perdido. ¿Y la Palmira de hoy? Un gran poblachón con algunos hoteles de lujo y un turismo de horas, que se contenta con dar una vuelta por la zona arqueológica y seguir rumbo a otros lugares”.

¿No es posible, en nombre de la civilización, detener todo este horror humano y artístico?

Diario de Navarra, 27/6/2015

 

 


Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros

22 junio 2015

aNDRÉS

Les aporto un pequeño comentario al segundo libro de Ramón Andrés Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros, que he leido en las últimas semanas. Siguiendo la dinámica del autor, el libro es mucho más que la simple biografía del gran músico. El subtítulo es indicativo de sus pretensiones: contextualizar a través de sus libros y su música, el mundo que le tocó vivir. Pero es tanta la erudición del autor, tan complejas sus referencias musicales y tan minucioso el análisis, que el libro me ha superado grandemente. De ahí que he realizado una lectura transversal del mismo, deteniéndome en el último capítulo, dedicado al numeroso grupo de compositores relacionados con Bach.

Si algo queda claro en el libro es la profundidad de la obra del músico alemán, que el autor emparenta con las corrientes no solo musicales, sino también espirituales y culturales de la época. Afortundamente no es imprescindibles conocer éstas para disfrutar de su música. Con más o menos sutileza técnica, sus pasiones, sus cantatas, sus variaciones o su música para órgano siguen estando en lo más alto y a la vez al alcance de todos.

Ficha bibliográfica: R. Andrés, Johan Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros, Acantilado, Barcelona, 2005


No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio

17 junio 2015

Andrés

El último premio Príncipe de Viana de la Cultura me ha dejado un sabroso descubrimiento: la obra de Ramón Andrés, que incomprensiblemente desconocía. Tras ojear algunos de sus libros, recalqué que había que estar atentos a la entrega del premio, pues era previsible que constituyera una hermosa pieza, como así sucedió. En medio de las urgencias del momento, más pendientes de presencias y ausencias futuras, Ramón Andrés realizó un breve, profundo y hermoso alegato sobre la cultura a la que definió como una “forma de resistencia” y abogó por la utilidad de la misma frente al predominio del homo tecnicus, propio de nuestro tiempo.

Con más sosiego, acabo de terminar la lectura de uno de los libros del autor recomendados por un amigo: No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio. El título, perturbador y equívoco, está tomado nada menos que de San Juan de la Cruz, que en sus Avisos espirituales escribe que el alma “ha de ser tan amiga de la soledad y el silencio, que no sufra compañía de otra criatura”.

El libro se compone de dos partes bien definidas. En la primera, Ramón Andrés resume en un amplio prólogo, que es un ensayo en sí mismo, el origen y desarrollo de las tradiciones espirituales y filosóficas de Oriente y Occidente. Para el autor, el silencio, que es algo más que la interrupción de los sonidos o buscar el reverso del lenguaje oral, posee, contradictoriamente, una poderosa dimensión comunicativa y una extraña capacidad para facilitar la entrada en el mundo del espíritu, el pensamiento y las artes. Es, tanto como el habla, una forma de conocimiento, la llave que permite introducirse en la complejidad de la conciencia. Desde el silencio puede analizarse otra perspectiva de la conducta humana, interpretar críticamente la cultura y explicar de modo sutil y poco habitual toda construcción metafísica. Su recorido por las tradiciones espirituales de Oriente y Occidente es fino en su análisis y abrumador en su conocimiento.

Las frases memorables y las citas se suceden, Me limitaré a recoger algunas que me han gustado especialmente.

“Podría pensarse que el silentium es la lógica de la nada, su correspondiente, pero resulta, bien al contrario, un atento “escuchar” en todas direcciones, advertir, lo más desnudamente posible, la voz en la que se ha vaciado cuanto existe (…) Es, antes que otra cosa, un estado mental, un mirador que permite captar toda la amplitud de nuestro límite y, sin embargo, no padecerlo como línea última. Estar sosegado en lo limitado es tarea del silencio (…) La máxima confuciana de poseer “la identificación silenciosa de las cosas” es esencial y exacta para comprender qué son el silencio y su escucha” (pág. 11-12)

“San Buenaventura, exhortando al retiro interior comenta que el hombre, cuando calla, piensa en sus caminos (Homo, cum tacet, cogitat vias suas), aunque si desea alcanzar la más alta perfección debe ayudarse, cosa necesaria, de la virtud del silencio (virtus silentii)” (pág. 15)

“Es el silencio, o puede ser, un mandato del alma (Spinoza), lo que queda del mundo y de la muerte, su despojo (Shakespeare), aquello en que la forma se desconoce (Agustín), el más fiel de los confidentes (Kierkegaard), la puerta de entrada de la sabiduría (Juan de la Cruz), el resultado de toda obra (Bergson), el espacio entre la aspiración y la espiración, que siempre es reinicio (Gadamer), el engarce entre los signos que buscan un sentido (Humboldt), lo previo frente a la trascendencia (Jaspers), lo no dicho e imposible de decir (Wittgenstein), el obligado camino ente el exterior y el interior (Heidegger), el modo de cubrir la distancia infinita (Weil)”. (pág. 17)

“Del mismo modo, como reducción de espacios, y siguiendo la matáfora del monasterio y la celda, cabe pensar que el libro podía empezar a entenderse, al igual que ahora, como un desierto, un monasterion, una clausura, una ventana entre las manos. Porque el libro era y es, a la vez que receptáculo, una forma de derecho al silencio”. (pág. 45)

“Dice Tauler: Elige callar tú y hablará Dios o hablar tú para que Él calle. Debes hacer silencio, Entonces será pronunciada la palabra que tú podrás entender y nacerá Dios en el alma. En cambio, ten por cierto que si tú insistes en hablar nunca oirás su voz. Lograr nuestro silencio, aguardando la escucha del Verbo, es el mejor servicio que le podemos prestar. Si sales de tí completamente, Dios te dará en plenitud, porque en la medida que tú sales Ël entra. Ni más ni menos” (págs. 46-47).

“La tercera de las señales que ha de haber el espiritual, dice San Juan de la Cruz, es si el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios sin particular consideración, en paz interior y quietud y descanso, y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad -a lo menos discursivos, que es ir de uno a otro-; sino sólo con la atención y noticia general amorosa que decimos, sin particular inteligencia y sin entender sobre qué”. (pág. 49)

“El amor es, para Osuna, una maravilloso callar, lo que verdaderamente empuja a salir de sí para establecerse en lo amado, que es la expresión más alta del silencio” (pág. 60)

La segunda parte del libro es una cuidada selección de textos de los principales místicos españoles de los siglos XV, XVI y XVII. Estos son sus nombres: García Jiménez de Cisneros, Bernardino de Laredo, Francisco de Osuna, Juan de Valdés, Pedro de Alcántara, Juan de Ávila, Juan de Bonilla, Alonso de Orozco, Luis de Granada, Teresa de Jesús, Luis de León, Baltasar Álvarez, Juan de los Ángeles, Alonso Rodriguez, Juan de la Cruz, Antonio Molina, Luis de la Puente, Juan Falconi, María de Ágreda y Miguel de Molinos.

Ni el tema ni la prosa de estos autores son fáciles y los textos pueden resultar difíciles e indigestos. Pero una ojeada resulta imprescindible. En todo caso, solo el prólogo justifica el libro.

Ficha técnica: R. Andrés, No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio, Acantilado, Barcelona, 2010.


Así empieza lo malo

14 junio 2015

Marías

Más de uno habrá pensado al leer el título que me estoy refiriendo a la actualidad política nacional, foral o municipal. Nada más lejos. La dejaré para los próximos días, porque lo sucedido no es baladí y merece algún comentario. “Así empieza lo malo” es el título de la novela que acabo de terminar, no sin algún esfuerzo, obra del laureado Javier Marías.

Comenzaré por decir que la novela me ha gustado mucho. Y, sin embargo, no me ha resultado nada fácil de leer, digerir y comprender. Esa es la primera nota que me interesa apuntar. Javier Marías no es autor fácil y su línea argumental se enreda con frecuencia en disquisiciones en las que aprovecha para dar su opinión, muchas veces a contracorriente, sobre acontecimientos, personas y realidades sociales.

Tampoco ayuda a ello su escritura compleja y rica, de párrafos largos, frases entrecruzadas y composición singular. Pero en esa escritura hay muchas lecturas, mucho oficio, mucha inventiva y mucho mundo literario.

La contraportada del libro hace referencia, y con razón, a “una historia tenue de la vida íntima, de las que no suelen contarse o sólo en susurros”. Tras casi cincuenta páginas llegué a preguntarme: ¿pasará algo o el libro nos deparará una historia sin historia? Efectivamente pasó, ¡vaya que sí pasó! Pero hicieron falta casi quinientas páginas para alcanzar un climax imprevisto y asistir a un desenlace inesperado.

La novela es altamente recomendable, pero hay que acompañarla con dosis de paciencia y pulso firme. Y aguantar algunos lugares comunes que se le escapan al autor y que están presenten en casi toda su trayectoria. Si los protagonistas de su novela son hombres y mujeres con pequeñas miserias a veces poco comprensibles, como no admitírselas al autor, que lanza dardos envenenados, irónicos y sutiles eso sí, contra tirios y troyanos.

Una novela que revela la espléndida madurez de su autor.

Ficha técnica: J. Marías, Así empieza lo malo, Alfaguara, Madrid, 2014.


Nuevos usos institucionales

13 junio 2015

Leire

Autoridades civiles y religiosas en Leire

Escribo estas líneas en la tarde del miércoles, recién llegado del acto de Leire en el que los Reyes de España han entregado el Premio Príncipe de Viana de la Cultura a Ramón Andrés y han presidido el funeral por los antiguos Reyes de Navarra. Al habitual ceremonial se han unido este año como novedades, una reflexión tan breve como hermosa y profunda sobre el valor de la cultura por parte del galardonado, y algunas caras nuevas que pronto ocuparán un papel relevante en la vida política navarra. Pero a lo largo del acto, que ha tenido un indudable tono de fin de ciclo, no he podido sustraerme a una reflexión que me ha rondado persistentemente por la cabeza: ¿Tendremos nuevo premio el año que viene?, ¿qué formato tendrá?, ¿quiénes serán los asistentes? No tengo dudas que habrá cambios, solo resta por saber el alcance y el sentido de los mismos.

Estoy seguro de que la llegada del nuevo gobierno, con el apoyo del cuatripartito en la fórmula que se determine, va a traer de nuevo a la actualidad un debate que no hemos acabado de resolver en la etapa democrática: la presencia del poder político, sea municipal, parlamentario o foral en las manifestaciones religiosas que tanto abundan en nuestra tradición como pueblo.

Para iniciar esta mínima reflexión, comencemos por señalar lo previsto en nuestra Constitución. El artículo 16.3 señala: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. La aconfesionalidad está clara, pero a partir de ahí, casi todo es interpretable. Habrá quien apoyado en este artículo propicie una radical separación que traerá como consecuencia la ausencia de toda autoridad política en los actos religiosos habituales en casi todos nuestros pueblos y ciudades. Y habrá quien, basándose en este mismo precepto, interprete que la creencia mayoritaria de su población le exige la presencia en dichos actos.

Pongamos algunos ejemplos. Suponiendo que se quiera mantener la presencia de los Reyes de España en el acto que nos ocupa, que será una decisión sin duda polémica sea cual fuere el sentido de la misma, ¿debe incluir la jornada una celebración litúrgica con presencia de las más altas autoridades religiosas de Navarra? ¿Y qué decir de la presencia del Ángel de Aralar, tan querido para el mundo nacionalista, cuando en la próxima primavera intente visitar las sedes del Parlamento, el Gobierno o el Ayuntamiento?

Si de los actos institucionales pasamos a las fiestas patronales, el panorama se nos presenta igualmente complejo ¿Procesión de San Fermín sí, pero misa y vísperas en la octava no, como tienen por costumbre algunos grupos? Y los concejales que asistan, ¿representan a la corporación o lo hacen a título personal? ¿Qué prima en estas consideraciones, su sentido netamente religioso o su carácter popular y folklórico, enraizado en una tradición de siglos? Hoy ya tenemos planteamientos netamente diferenciados. Naci en Los Arcos y allí el ayuntamiento participa de forma asidua en procesiones y misas, con ofrenda personal del alcalde a la Patrona en el multitudinario final de la novena el día 14 de agosto. Vivo en Oteiza, donde la Corporación solo se deja ver una vez al año en la iglesia con motivo del día del patrón.

El asunto que apunto no es ni de lejos el más importante con el que se va a enfrentar el nuevo gobierno y las nuevas corporaciones municipales, pero no es un tema baladí, porque con la sensibilidad a flor de piel, como todo lo que afecta a las creencias y símbolos, puede ser motivo de discordia y confrontación. Por eso, antes de que lleguen las primeras decisiones, convendría una llamada a la mesura y la concordia. En época de pérdida de mayorías absolutas y de gobiernos a varias bandas convendría no guiarse por posturas maximalistas. De ahí que la responsabilidad sea, en primer lugar, de las autoridades civiles. También en esto acordar es mejor que imponer y ceder más rentable socialmente que avasallar. Pero también las autoridades religiosas tienen algo que decir. No les corresponde a ellas el protagonismo, sino a los electos. Ser hoy en Navarra factor de concordia es el mejor favor que la Iglesia puede hacer a nuestra nada fácil convivencia.

El verano promete ser movido en este sentido. Veremos, estoy seguro, más de un caso que nos sorprenderá. Y es que las vivencias y creencias populares están más enraizadas que algunas ideologías, por laicas que parezcan. Disfrutemos y dejemos disfrutar. Todos tenemos cabida en esta tierra que es la nuestra.

Diario de Navarra, 11/6/2015


Desde la distancia

7 junio 2015

Mapa eleciones

Si algo ha caracterizado a Navarra durante toda la etapa democrática ha sido su pluralidad política, decantada en un nutrido arco parlamentario. Esto suponía una novedad en el mapa político de las comunidades autónomas, donde no era infrecuente la existencia de dos o tres únicos grupos parlamentarios, y donde cuatro se consideraban ya multitud. Pero las elecciones del pasado 24 de mayo, tras la larguísima y aciaga legislatura de infeliz recuerdo, ha supuesto una nueva vuelta de tuerca. Si ahora lo normal en casi todos los parlamentos autonómicos es la presencia de cuatro o cinco grupos, de nuevo Navarra supone una avanzadilla y la Cámara foral tendrá siete grupos distintos. La fragmentación no es intrínsecamente negativa, pero convendrán conmigo que hace más difícil el llegar a acuerdos y el ahormar gobiernos eficaces y estables.

Durante muchos años he participado en primera línea de este fragor electoral, redactando programas, siendo candidato, protagonizando mítines y debates variopintos, y gestionando distintas áreas institucionales o partidarias. Por eso ha sido para mí una novedad asistir, a la vez con gran interés y algún desapego, a una campaña electoral en la que he visto los toros desde la barrera. Desde esa misma barrera, medida en respeto y en distancia, dadas mis nuevas responsabilidades, me atrevo a formular algunas reflexiones generales, sin entrar en recovecos partidistas.

La primera constatación era la previsible. Dejé dicho en mi blog que los grupos políticos representados en el Parlamento serían 8, y sólo el pinchazo de Ciudadanos, mitad debido a sus opiniones forales y la otra mitad al comportamiento de su cabeza de lista, ha impedido que esto fuera así. También señalé que el gobierno foral que se formara sería, al menos, un tripartito, y eso lleva camino de materializarse, aunque solo conocemos por el momento quién lo liderará, porque los socios todavía están por concretarse.

La segunda constatación también era previsible. Aunque UPN ganara las elecciones, tendría muy difícil formar gobierno. Y así está sucediendo. La propuesta última de Esparza no carecía de lógica desde su perspectiva, pero las posibilidades de éxito tras lo acontecido eran muy remotas, y en unas horas el envite fue rechazado.

La responsabilidad de Geroa Bai es tan grande como su riesgo. No parece fácil articular un gobierno apoyado por 33 votos, pero existe margen para ensayar fórmulas que permitan un gobierno estable y operativo. Creo que el dato crucial es cuánto de transversal sea ese gobierno. En mi opinión, la mayor dificultad inicial podría trocarse en consistencia posterior. Pero hay que vencer inercias y decantarse frente a propios y extraños.

Bildu parece tenerlo claro: quiere una mayoría de 26 votos y desea estar en el gobierno. También es una opción de riesgo para ellos, ya que la experiencia nos dice que el gran beneficiado de todo gobierno suele ser el grupo que ostenta la presidencia, y más si se trata de una experta en comunicación como es Uxue Barkos.

En el caso de Podemos estamos a la espera, pero entrar en el Parlamento de Navarra con 7 escaños no es tarea fácil, aunque las expectativas se hayan desinflado un tanto respecto a lo previsto hace unos meses.

El PSN-PSOE, con resultados sobre el papel que le abocaban a la irrelevancia, puede jugar un papel importante si sabe mover bien sus cartas. No tiene nada que perder a corto plazo, ya que es la quinta fuerza, pero tiene mucho que ganar si deja claras sus líneas rojas y marca bien el territorio que se le supone suyo.

I-E, pese a lo exiguo de su resultado, está en una inmejorable posición, con sus 2 escaños imprescindibles para configurar mayorías. Dos escaños que, en este caso, son mucho más que dos. Finalmente, el PPN no ha podido sustraerse al fenómeno de desgaste que el partido ha sufrido en toda España y eso ha lastrado mucho su posición en Navarra.

Una última reflexión si se me permite. Tendemos a pensar con demasiada facilidad que somos el ombligo del mundo. En diez días, apenas unas líneas en los periódicos nacionales nos hablan de la otrora singularidad del caso navarro, que se ha extendido como reguero de pólvora a casi todas las regiones de España. Eso nos quita protagonismo nacional y nos permite actuar sin la presión mediática de otras ocasiones.

¡Generosidad, altura de miras, tacto y acierto a los responsables políticos! Nos va mucho a todos en ello.

Diario de Navarra, 4/6/2015


De premios y premiados

15 mayo 2015

Ramón Andres

Es ya casi un clásico de esta sección que, conocida la concesión anual del Premio Príncipe de Viana de la Cultura, le dedique al evento el comentario correspondiente. Me mueven a ello tres razones poderosas: le tengo a la iniciativa, que me tocó poner en marcha en 1990 siendo consejero de Cultura, un especial cariño; he seguido con interés la nómina de premiados, un grupo selecto y representativo de la cultura navarra de los últimos 25 años, tras abandonar la veleidad internacional que afortunadamente duró un par de años; y, dada la inserción de esta sección en el Diario2 del periódico, parece especialmente obligado atender a la actualidad cultural.

Los 25 galardonados anteriores presentan algunas características que se mantienen a lo largo del cuarto de siglo transcurrido. Se han premiado básicamente trayectorias profesionales cuajadas, vinculadas a los ámbitos más clásicos de la cultura, como la historia, la filología, la literatura, la música y la pintura. No obstante, otros ámbitos también se han abierto paso con los años, como la arquitectura, la física, el derecho, el cine, la interpretación y la ingeniería. El galardón se ha concedido a personas concretas, a diferencia de la medalla de oro de Navarra que ha premiado en su última etapa básicamente a instituciones y colectivos. Y, finalmente, en general, se ha premiado a personas conocidas y reconocidas por la sociedad navarra.

Pero de vez en cuando surge una excepción que rompe la norma general. Ese fue el caso de Eugenio Asensio, un navarro de Murieta, en la Valdega de Tierra Estella, desconocido para casi todos, pese a ser una figura indiscutible en el complejo mundo de la filología. El premio permitió dar a conocer su menuda imagen y su ingente obra y recuperarlo para una Navarra que, pocos años después, lo acogió para siempre en el cementerio de su pueblo natal.

La historia se ha repetido este año. Me tengo por persona atenta al devenir cultural de la Comunidad. Sigo con interés las novedades que se suscitan en la misma y la música clásica es una de mis aficiones. Había oído hablar de Ramón Andrés, he leído algún artículo suelto, pero no conozco su obra. Y el caso es que algunas de sus iniciativas no las tenía tan lejos. De los estantes de mi biblioteca he rescatado los 8 números de la revista Pasajes, una iniciativa tan exótica como interesante, nacida de la iniciativa de José María Romera y dirigida por Miguel Sánchez Ostiz, cuyo último número, dedicado a la Melancolía, está coordinado por Ramón Andrés. Y he vuelto a ojear algunos números de Goldberg, esa preciosa revista dedicada a la música antigua y editada en Navarra, que Ramón Andrés coordinó entre 2004 y 2007. Además, un par de cosas más me han suscitado especial interés por su obra: fue presentado por Ricardo Pita y Joaquín Romero, personas de fino olfato y buen criterio, y esta misma semana, tras una conversación informal sobre su obra, un amigo me ha prestado dos libros suyos que me ha ponderado especialmente: “Johan Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros” y “No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio”.

Su currículo no admite duda. Intérprete de música medieval y renacentista, historiador de la música, poeta, ensayista, editor y traductor, son algunas de las facetas que componen su extensa obra. Sin menoscabo de los méritos de las otras candidaturas presentadas, no dudo que su elección ha sido un acierto. Espero que su premio ayude a que seamos muchos los navarros que nos animemos a conocer su obra. Sin duda, el premio le honra a él y, a su vez, él engrandece la nómina de los premiados.

Sus declaraciones a este mismo medio, tras la concesión del premio, no dejan lugar a dudas. Se trata de un intelectual en el pleno sentido de la palabra, convencido del valor liberador de la cultura, comprometido con su tiempo y crítico con la situación actual. Pese a lo breve de la reflexión exigida por el protocolo en Leire, su discurso tiene pinta de que será enjundioso e interesante.

En espera de encontrarme con su obra, mientras escucho una exquisita composición del cantante, laudista y compositor inglés, John Dowland, leo el breve ensayo “Semper Dowland, Semper Dolens”, que constituye la aportación de Ramón Andrés al monográfico sobre la melancolía de la revista Pasajes. Es una sutil y erudita reflexión en la que literatura, filosofía y música se mezclan en una recóndita armonía. Una melancolía que invade la vida y la obra del autor, y que traducida en verso de Garcí-Sánchez de Badajoz se expresa así: “en dos prisiones estoy/ que me atormentan aquí,/ la una me tiene a mí, y la otra la tengo yo”.

Enhorabuena al premiado.

Diario de Navarra, 14/5/2015


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.