Se jubila el maestro

Escuela

A lo largo de este mes de junio no son pocas las jubilaciones de docentes que se celebrarán en Navarra. La mayor parte, sobre todo si son de secundaria, las reciben como una bendición, otros con alivio, y los hay, tal vez los menos, que sienten una indisimulada pena por dejar una profesión en la que han trabajado tanto como han disfrutado. Pero habrá pocas que hayan reunido las características de la que tuvo lugar en Oteiza el pasado 9 de junio.

Se jubilaba Jesús Mari Albéniz, un maestro que llegó al pueblo en septiembre de 1976 y que se ha mantenido en su puesto, sin cambiar de destino, 42 años. Pese a haberlos tenido excelentes, Jesús Mari ha sido en nuestro colegio la encarnación del buen maestro: preparado, vocacional, inquieto, atento, dedicado, cercano, y preocupado por hacer de sus alumnos no solo hombres y mujeres con conocimiento, sino como decían nuestros padres y abuelos, hombres y mujeres de provecho.

El día fue una sucesión de actos en el que los sentimientos se hicieron memoria y recuerdo, cariño y presencia, música y palabra. Una abarrotada iglesia parroquial, cedida amablemente para la ocasión, sirvió de marco idóneo para la celebración de un acto institucional en el que el agradecimiento fue la idea más repetida. El ayuntamiento le entregó una placa conmemorativa. El actual director del centro, sin poder disimular su emoción, agradeció en nombre de todos los compañeros antiguos y actuales del centro su trabajo y su calidad humana. Todos los niños del colegio, situados junto a él en los primeros bancos, le cantaron algunas de las canciones aprendidas de sus labios. Un representante de la Apyma, en representación de todos los padres y madres, le recordó los buenos momentos vividos a lo largo de los años y su implicación en el proyecto del centro. Ex-alumnos y ex-alumnas le leyeron poemas y recuerdos, algunos llegados desde fuera de España. También la jota se hizo presente por parte de la familia Fernández Cambra, con letras alusivas que hicieron derramar lágrimas a más de uno. Llegaron también vídeos de jóvenes profesores interpretando con sus alumnos las canciones que ellos habían aprendido en Oteiza. Y hasta los más mayores se sumaron a la fiesta interpretando el prólogo del Florido Pensil, para recordar la escuela en la que el propio Jesús Mari se inició en Artavia en los años cincuenta del pasado siglo. El acto terminó con dos intervenciones especialmente señaladas: la de José Luis de Antonio, director, compañero y amigo durante buena parte de la estancia de ambos en el centro, jubilado hace unos años; y la del propio homenajeado, que quiso recordar en una trabajada y bien pensada intervención, su larga etapa de maestro. Pidió perdón por los errores, dio las gracias a todos, recordó sus objetivos educativos y ponderó el valor y la importancia de la educación pública en nuestros pueblos. Un digno colofón para una sesión inolvidable.

Una nutrida mesa de 400 comensales continuó la celebración en el polideportivo. Y tras ella, más regalos, música y una sana convivencia cerró un día que pasará a los anales de Oteiza como la jornada en la que todo un pueblo reconoció la tarea callada, discreta y eficaz de un hombre que amó su profesión desde el primer día al último, realizando su trabajo sin alharacas, cumpliendo simplemente su deber. Que esta fiesta excepcional, como no se ha conocido otra en Oteiza, haya sido en honor a un maestro, reconcilia con la profesión y habla bien de un pueblo que ha sabido reconocer en Jesús Mari Albéniz a uno de los suyos, dedicado a lo largo de más de cuarenta años a educar a sus hijos más pequeñós

Esta misma semana y en este mismo medio, con palabras que reflejan bien la personalidad de ambos, José María Romera, excelente profesor de secundaria, se despedía de una profesión en la que también ha disfrutado mucho. “Uno está convencido de que el mayor mérito de un profesor reside en disfrutar de su tarea, porque solo así logrará que sus discípulos aprecien el valor del conocimiento. A la descripción mortificante de la enseñanza se le opone otra menos difundida pero más cierta que habla del placer y el privilegio de contribuir a que otros aprendan. Dar clase puede ser a veces fatigoso e ingrato, pero en última instancia es una gozada. Y aunque dejar de hacerlo cuando llega la edad de la jubilación tiene su parte de indiscutible recompensa por la libertad que otorga, tener que decir adiós a la enseñanza es como recibir un violento empujón que te saca del recreo cuando mejor lo estabas pasando. Queda al menos el consuelo de poder decir: que me quites lo enseñado”.

A todos los que como Jesús Marí Albéniz han dedicado su vida a enseñar conocimientos y educar en valores, es decir, a ser auténticos maestros, muchas gracias.

Diario de Navarra, 22/6/2018

 

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Los Sanfermines, según Iriberri

Iriberri

Les confieso, aún a riesgo de perder parte de mi reputación, que no soy persona especialmente festiva. Por razones del cargo, durante años visité innumerables pueblos de Navarra en su día grande, y recorrí sus cascos antiguos en procesión cívico-religiosa entre jotas, vítores, capas pluviales algo apolilladas y fervores marianos. Todavía recuerdo dos cosas de aquellos años: el atuendo de impecable traje como señal de respeto y día de fiesta, hoy impensable; y la emoción de las autoridades locales cantando las excelencias de las fiestas propias, cuando se parecían como una gota de agua a otra a las del pueblo vecino. Hoy, liberado de obligaciones protocolarias, mi calendario festivo se limita a unas breves visitas a Pamplona y Estella, y a las fiestas de Los Arcos -pochada en familia, encierros y cenas con los amigos- y Oteiza, donde espero ejercer de abuelo con el completo programa que ello comporta.

Pese a todo, siempre que se acerca el 6 de julio, mi primera intención es dedicar el artículo a los sanfermines, no sé si como obligación o como tributo a una fecha que forma parte del ritual veraniego. El año pasado centré mi colaboración en la evolución de la fiesta, glosando los cuatro cronistas locales que a mi juicio mejor han descrito la evolución de Pamplona y sus fiestas: Ángel María Pascual, José María Iribarren, José Miguel Iriberri y Juan José Martinena. De Iriberri, decía: “El testigo de José María Iribarren lo recoge, y de qué manera, José Miguel Iriberri, que durante muchos años, en este mismo medio, ha tomado la temperatura de la fiesta como el verdadero doctor de cabecera de la nueva Pamplona. ¿Para cuándo la recopilación de sus apuntes? “. Para mi sorpresa, hace escasos días, recibí un paquete en casa con un libro dentro titulado Sanfermines de papel, con una cariñosa dedicatoria que decía: “A Román Felones, que me animó, desde su Solana, a editar este libro”. Me llevé una gran alegría, porque además del interés del libro en sí, en el fondo todo escritor, por modesto que sea, aspira no solo a que le lean -que no es poco-, sino a que le hagan un poco de caso, lo cual es más difícil.

De modo que este año el tema venía impuesto. Y he querido titularlo “Los Sanfermines, según Iriberri”, porque a partir de ahora será uno de esos libros canónicos a los que tendremos que apelar como referencia de autoridad, cual evangelista que es de la verdad de la fiesta, tal como él la concibe. Con la agudeza que le caracteriza, ya lo señala César Oroz en su prólogo y lo glosa en su genial viñeta: rodeado de iconos sanfermineros, Iriberri toma apuntes en la plaza consistorial y un municipal señala: ¡Vamos, vamos, circulen! ¡Aquí no hay nada que ver! ¡Ya lo leerán mañana en Diario de Navarra!

Lo que siempre me ha llamado la atención de Iriberri es la difícil simbiosis que logra entre lo local y lo universal. Para él, los sanfermines no son solo los grandes actos que lo definen -cohete, vísperas, procesión, encierros, comparsa, autoridades civiles o religiosas, la pamplonesa, corridas, octava-, sino también los personajes de a pie, todos con nombres y apellidos, que son los verdaderos protagonistas de la fiesta, y que la elevan a categoría de “fiestas sin igual”. El índice de su libro, que recoge una selección de 79 artículos publicados entre 1998 y 2017, da cumplida prueba de ello. El primero, titulado En marcha, digno del más poético y entrañable Ángel María Pascual, es un canto a la fiesta que comienza: la marcha al cohete y el recuerdo a los que se fueron aquel año, Turrillas, Caballero y Zubieta. El último, Puerta grande, es un adiós agradecido a Rastrojo y Chichipán, pastores del encierro, que “saltaron a la calle cuando la Estafeta aún guardaba un lejano olor a alpargata y regresan al otro lado de la valla en estos otros tiempos, cuando el bando municipal alerta contra la presencia de drones y otros artilugios que le sientan al encierro como le sentaría a la vara del pastor un ramito de violetas”.

Y junto a lo local, lo universal. Iriberri es hombre de muchas lecturas que vierte en forma de frases cortas, a modo de citas de autoridad, como colofón a muchos de sus artículos, ¿ Qué pintan Auster, Hemingway, Bryce Echenique, García Serrano, Pascual, Sánchez Ostiz, Kundera, Miller, Vila-Matas, Ruiz Zafón, Elorriaga, Trapiello, Cercas, o Pessoa -por citar solo algunos- en estos relatos sanfermineros, dirá más de uno? Creo que les dan hondura y verosimilitud, y les permiten pasar de ser elementos locales a formar parte de páginas integrantes del relato universal de la fiesta.

Consolémonos. Si por la razón que sea no podemos disfrutar personalmente de la fiesta, siempre tendremos a Iriberri para recrearla. Con la ventaja añadida de que, a partir de ahora, a nuestra visión y recuerdo de los sanfermines, podremos añadir los Sanfermines de papel, según José Miguel Iriberri.

Diario de Navarra, 5/7/2018

 

Viaje a China. Un modelo prometedor (XIII)

 

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Vista del hotel intercontinental, justo al lado del estudio de fotografía

Es la primera vez que tengo la oportunidad de ver como se trabaja en una agencia por dentro. Tras el viaje por la autopista, nos acercamos a Cantón y apreciamos de nuevo su sky-line, con la Canton Tower como elemento más característico. Nos acercamos hasta un rascacielos junto al río con un hermoso diseño que recuerda en parte a la torre Acbar de Barcelona. Es el hotel Intercontinental, además de un bloque de oficinas. Y justo al lado, un invernadero frondosísimo con cientos de plantas tropicales contiene en su interior las instalaciones de la agencia. Todo es pura apariencia. Un barracón blanco con sofás, camas, cámaras, espejos y resto del instrumental necesario para la sesión.

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Comienza el proceso de cambio de trajes para la sesión

A Mikel le esperan en una estancia totalmente blanca, luminosa, con apenas unos cojines y elementos varios, y una pared de cristal que da al jardín tropical. La síntesis del blanco y el verde, hoy además con un sol luminoso, da un buen tono a las fotos que se van sucediendo por decenas. Son 10 las personas que se arremolinan en torno a Mikel: las chicas que le visten, desvisten y están pendientes de colocarlo en las posturas más oportunas.; tres fotógrafos que asaetean constantemente al niño en todas las posturas y poses; la responsable de tratar las imágenes; y el resto del equipo técnico.

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El fotógrafo espera pacientemente el momento propicio

Carmen, que ya conoce los pormenores, aprovecha el tiempo para trabajar en el ordenador. Y yo asisto sorprendido y divertido a un tiempo, al ir y venir de los vestidos, los focos, las llamadas de atención del fotógrafo y los mil y un trucos necesarios para mantener la atención del niño. Son ya 7 los vestidos que le han cambiado en la primera hora y empieza ya a estar cansado. Las pompas de jabón que le echan permiten mantener durante un rato la atención y seguir con la sesión. En esta ocasión la novedad es que se sostiene de pie, y pretenden sacarle fotos en esta posición, aunque él se resiste a permanecer en ella.

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Carmen supervisa el desarrollo de la sesión

Son la 11,30 de la mañana y me voy a dar una vuelta por el jardín. Aunque un poco salvaje y descuidado, está bellísimo, a lo que contribuye que el día esté luminoso, poca poco frecuente en Cantón. Junto al jardín hay algunos invernaderos de plantas exóticas de pequeño, mediano y gran porte.

Y del jardín, al exterior. El barrio, de nueva creación, es imponente. Junto al edificio de dos torres a las que ya hemos aludido anteriormente, se alza una urbanización enorme, cerrada a los coches exteriores, y llena de pequeñas tiendas. Recorro pausadamente parte de la misma. Es la hora de la comida y el olor de siempre, los cuencos de sopa de siempre, y las pequeñas tabernas de siempre se hacen presentes también en Cantón. Se aprecian claramente los contrastes sociales. Junto a las tiendas, en la misma puerta, campesinas del entorno ofrecen verduras y tomates. ¿Cuantos yuanes pueden sacar por esta exigua mercancía?

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Vista del jardín tropical en el que se encuentra inserto el estudio de fotografía

Vuelvo a la sección de fotos y Mikel, muy profesional, continúa posando, ya un poco cansado, claro está. Por eso deciden darse todos un descanso y proceder a la comida. Dicho y hecho. En el mismo lugar donde trabajan, sacan su taper y en santiamén devoran las viandas. A Carmen y a mí nos traen dos raciones más: arroz, verduras, huevo revuelto con tomate y pollo. Dicho así no esta mal, pero el sabor no es precisamente de mi gusto. Tampoco Carmen, que normalmente se lo come todo, hace demasiado aprecio.

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La comida no dio mucho de si, y quedó sobre la mesa

En poco más de media hora estamos listos de nuevo para reemprender la marcha. La sesión de la tarde es más breve y cada cambio de ropa cuesta más, porque el niño ya acusa el cansancio. Prueban con globos, biberón, muñecos y todo tipo de juegos para llamar su atención. Y, con dificultad, consiguen su objetivo. Dejan para el final los vestidos más coloristas, pero apenas consiguen avanzar.

Acaba la sesión. Poco que ver con los vídeos que aparecerán en un par de días en la página web de la agencia. Tras el telón todo es menos primoroso, ameno y fácil. He ahí la cara b de los desfiles a los que hoy he tenido la oportunidad de asistir.

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Afortunadamente para Mikel, la sesión ha terminado.

De todo, lo que más me ha gustado ha sido la naturalidad y profesionalidad de Mikel Felones Wu para el posado. Es una de las muchas y sorprendentes cosas que le esperan en el mundo globalizado del que ya forma parte.

 

 

Viaje a China. Día del Padre (XII)

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Mikel posa en el sofá del cuarto de estar

De nuevo esta noche hemos tenido tormenta. Ha durado poco rato, pero al menos ha limpiado un poco el aire, ya que la temperatura apenas se mueve. Oscilamos noche y día entre los 20 y los 25 grados.

Hay es día de poca actividad exterior. Nos levantamos algo más tarde, ya que Javier comienza sus clases a las diez de la mañana, y Carmen trabaja solo por la tarde. Solo Mikel desconoce la diferencia de horarios y toca diana como casi todos los días, en torno a las siete. Pero aunque le oigo cantar, ahí permanece con sus padres en la cama durante un buen rato.

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Resulta sorprendente encontrar edificios en construcción, donde el bambú todavía no ha dejado paso a las estructuras metálicas

Desayunamos juntos. Él, que ya ha tomado el biberón mañanero, me ayuda con las naranjas del desayuno, porque su apetito es voraz. Me sorprende que no haga ascos a casi nada, sea lo que sea y tenga el sabor que tenga. Jugamos durante un buen rato mientras u madre trabaja en el ordenador y le veo escribir esos ideogramas tan hermosos y complicados, con la facilidad de quien ha mamado esta escritura.

A las doce de la mañana, Mikel y yo salimos a dar un paseo por el barrio. Aprovechamos para comprar pan de molde y frutas variadas. Javier trae hoy de la escuela es inevitable tofu, verduras variadas y sandwiches vegetales. El postre extra son las fresas, muy gustosas, que le encantan especialmente a Mikel. Y terminamos con unos pastelitos variados que hemos comprado en una pastelería del barrio.

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Javier y Mikel juguetean al caer la tarde en el sofá

Tras la siesta, Javier y yo continuamos con la programación del proyecto en el que tenemos puestas muchas ilusiones: la posibilidad de montar una estancia de verano en el Albergue Oncineda de Estella con los jóvenes chinos procedentes de las escuelas de Dongguan. Carmen y Javier visitaron el albergue el verano pasado, les gustaron las instalaciones y estamos dispuestos a intentarlo. Pero la tarea no es fácil. Hay que preparar un buen programa que mezcle la lúdico y lo educativo, y que tenga interés para jóvenes con una mentalidad y costumbres distintas a las nuestras. El otro día comenzamos el diseño del horario minuciosamente descrito para cada uno de los 21 días que compondrán la estancia veraniega. La hemos titulada provisionalmente Summer in Spain.

Español, campos de futbol y natación, nociones de flamenco, Camino de Santiago, salidas a la ciudad y al campo, fiestas de Estella y otras actividades componen un programa denso e interesante. Solo falta que les interese y pueda realizarse.

Al caer la tarde, Mikel y yo salimos a dar un paseo por el barrio. Ya nos lo conocemos, pero las tiendas, el ir y venir del personal y el discurrir de la vida me sigue interesando mucho.

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Una última imagen de Mikel antes de acostarse

La cena es hoy netamente española: ensalada de lechuga, tomate, cebolla y atún, y una tortilla de setas, con cebolla y pimiento verde. Pero el pimiento me engaña y pica más de la cuenta, lo que no impide que Mikel se coma su parte sin rechistar.

Para finalizar, vemos en el canal de deportes de la televisión china, un gigante con 14 canales distintos, la final de Indian Wells entre Federer y Del Potro. Un extraordinario partido con dos colosos que juegan espléndidamente bien. Casi perdido, Del Potro logra remontar y el argentino tranquilo se lleva el torneo. ¡Bravo por él!

Un misterio semidesvelado

EngraCIA

Portada del libro

Ficha técnica

Título: De Engracia a Garazi. El misterio de los nombres en Navarra

Autores: Ana Zabalza Seguín (directora) y Otros

Editorial: Thomson Reuters Aranzadi/Gobierno de Navarra/Universidad de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 294

Precio: 33,25 euros (incluye libro electrónico)

En los últimos lustros, el interés por los nombres, apellidos, lugares de origen, heráldica o árboles genealógicos ha crecido de forma considerable. Pregúntenselo si no a los responsables de archivos civiles o eclesiásticos o recuerden la sección de este mismo medio, dedicada a los apellidos navarros, firmada por Mikel Belasko.

Tampoco es escasa la bibliografía existente respecto a onomástica y oiconimia de Navarra. Pero se echaba de menos una publicación que abordara el asunto de manera global y que permitiera tener una idea aproximada del estado de la cuestión en el momento presente. Ése es el objetivo del libro De Engracia a Garazi. El misterio de los nombres en Navarra, una investigación interdisciplinar animada desde la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra, y dirigida por la profesora Ana Zabalza Seguín. En la presentación del libro, un verdadero resumen del contenido del mismo, nos dice la directora: “Desde distintas disciplinas, en cada uno de los textos se subraya que los nombres no son piezas vacías de significado, asignadas al azar, ni siquiera cuando parecen fruto del capricho o de la moda. Han nacido y se han utilizado en un contexto espacio-temporal determinado, y constituyen un indicio del modo en que se conciben las relaciones paterno-filiales y de fraternidad, el papel asignado a cada uno de los sexos, la fuerza de las creencias, la presión de la cultura dominante, el recuerdo y la huella de los antepasados, el momento político, la concepción del espacio urbano o de aldea y tantas otras realidades”.

Demetrio Castro firma el trabajo “Ya no nos llamamos con aquellos nombres. Persistencia y transformación antroponímica”. Desde la sociología, aborda tres cuestiones de interés: algunas ideas generales sobres los nombres de persona y su innovación; el modelo antroponómico tradicional; y la dispersión y continuidad de este modelo. Todo ello referido a Navarra, pero situado en el contexto más global del Occidente europeo

Mikel Gorrotxategi, desde la filología, estudia la “Historia de los nombres de pila en Navarra”, en especial de la Navarra vascoparlante. El autor subraya tres conclusiones: de tener dos nombres y que éstos fueran en castellano, hemos pasado a tener uno solo, corto y mayoritariamente en euskera; hay un progresivo alejamiento del santoral; y los nombres en euskera han alcanzado rango de normalidad.

Muy interesante también es la aportación de José Luis Ramírez “El legado del mundo clásico en la onomástica navarra”. Su estudio, a partir de los datos del INE de 2010, permite hacerse una idea global de la cuestión, distinguiendo cuatro núcleos diferentes: tradición clásica, vascos o vasco-navarros, germánicos y extra-peninsulares. Y ya, respecto a la tradición clásica, atendiendo a tres fuentes distintas: greco-latinos, hebreos y cristianos.

Dos trabajos abordan el estudio de los apellidos. En el primero, “La huella bajonavarra. La utilización de los apellidos toponímicos como indicador del origen geográfico en los siglos XIV-XVII”, Peio Monteano subraya un dato muy poco estudiado: El numeroso asentamiento de bajonavarros en la Alta Navarra entre los siglos XIV al XVII. Todavía hoy, más de 25.000 navarros portan apellidos toponímicos procedentes de ese enclave. Una serie de sugerentes propuestas de estudio cierran el capítulo. En el segundo, “Por no pertenecerles el apellido. La formación de los apellidos en la Navarra moderna”, Ana Zabalza fija su atención en la villa de Urroz para intentar probar que en la Edad Moderna se pasa de un término de referencia espacial a la situación actual, en la que el apellido carece en la práctica de significado. Andoni Esparza, desde la heráldica, plantea en su trabajo “Antroponimia y heráldica” la cuestión de las armas parlantes, aquellas en las que la imagen representa gráficamente el significado de un apellido. Tras analizar una serie de casos tomados del Libro de armería del reino de Navarra, se centra en un escudo parlante singular, el del desaparecido convento de Carmelitas Descalzas de Lesaka, hoy casa de cultura de la villa.

La segunda parte del libro está dedicada a la oiconimia. En un extenso trabajo redactado en euskera, titulado “Euskal oikonimia Baztan-Bidasoa eremuko lekukotasun historikoen argitan”, Andrés Íñigo y Paskual Rekalde recopilan de manera exhaustiva los nombres de casa en la comarca de Baztán-Bidasoa, estableciendo una tipología de su formas, que acompañan con numerosas fotografías.

Una extensa bibliografía y un índice onomástico y toponímico, que se agradece especialmente, cierran la obra.

El libro es una aportación excelente a un campo de interés creciente. No resulta de fácil lectura, dada su especificidad, y la mezcla de visiones globales y estudios parciales dificultan, pero no impiden, hacerse una idea del estado de la cuestión. Tras su lectura, el misterio de los nombres en Navarra es menos misterio, ya que el libro ayuda a desvelarlo.

Diario de Navarra, “La historia de Navarra al día”, 4/5/2018

 

Viaje a China. La Canton Tower, el mundo a tus pies (XI)

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Vista de la torre desde el interior de la misma

La habitación del hotel disponía de dobles cortinas y dobles ventanas, lo que insonorizaba casi totalmente el interior. Así que por la mañana, cuando me levanté, mi sorpresa fue que, pese a ser domingo, la vida fluía ¡y de qué manera! El día seguía agradable y, tras el aseo personal, salimos dispuestos a visitar algunos de los muchos Cantones existentes. Decidimos desplazarnos en el coche, porque la circulación al ser domingo, con ser grande, era fluida e inferior a la de un día laboral. Pero los chinos tienen una mentalidad muy peculiar para el trabajo y el descanso. Se cogen vacaciones la semana del nuevo año chino para ir a visitar a sus familias (nuestra Navidad) y el resto del año trabajan ininterrumpidamente de lunes a domingo, sobre todo el comercio. Las tiendas que habíamos dejado abiertas el sábado por la noche en el entorno del hotel, estaban abiertas también hoy, el domingo por la mañana.

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Las vistas desde la altura son espectaculares

Dejamos el coche en uno de los parking situados en un gran edificio levantado no hace mucho tiempo. Además de las plantas del subsuelo, los dos primeros pisos eran un inmenso centro comercial sin apenas diferencias con los existentes en otras zonas del mundo. Pero el barrio adyacente tenía todo el encanto, la vida y la mugre de una zona más tradicional y popular. Pequeñas tiendas de todo tipo ocupaban los bajos de las calles en las que los pequeños negocios familiares se suceden: carnicerías con pavos, gorrines y cabras mostradas enteras y colgadas a la vista; alimentación; y todo tipo de artículos, hasta los más inimaginables. Las casas bajas y muy modestas, las calles muy transitadas y unos enormes árboles subtropicales que levantan las aceras, conviven con cientos de cables que se amontonan, siendo un milagro que aquello pueda funcionar sabiendo las fuertes lluvias que caen de vez en cuando. El centro comercial y las torres de viviendas donde hemos aparcado, probablemente fueron una parte del barrio demolido, como otros tantos, para levantar unos bloques en los que calculo habitan más de 10.000 personas.

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Mikel corretea por el interior de la plataforma, a 410 metros de altura

De este barrio destaca la calle peatonal Shang Xiajin. Tiendas de todo tipo, una agresividad comercial grande, con empleados a la puerta que reclaman la entrada micrófono en mano, y numerosas estatuas conmemorativas de la vida tradicional china, conforman un espacio singular. Es la hora de la comida, y muchos jóvenes se acercan a los puestos en los que por uno o dos euros pueden tomar un pincho de carne o pulpo, el omnipresente dim sum, unos bocaditos al vapor, o diversas frutas peladas que se llevan en una bolsa de plástico. Aprovechamos para visitar dos edificios emblemáticos: una tienda de pastas y un conocido restaurante, ubicados en dos hermosos edificios tradicionales. En cajas de latón bellamente decoradas, compramos unas pastas típicas cantonesas como recuerdo de la visita.

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Otra de las vistas del río Perla desde la torre

De allí volvemos a por el coche que ha quedado lavándose en el parking, y que incluye gratuidad durante dos horas, y nos dirigimos hacia la Canton Tower, el edificio más alto de la ciudad e icono de la misma. Es básicamente un mirador sobre la ciudad y el estuario del Perla. El edificio es un alarde de ingeniería. Sus 450 metros se articulan en torno a un núcleo central y un exterior constituido por tubos al aire que trazan una malla discontinua. El resto es cristal, por lo que la sensación de levedad es francamente notable. En los 410 metros de altura se sitúa la plataforma utilizada como mirador. Las vistas son impresionantes: enormes masas de torres que se pierden en el horizonte, una calima característica fruto del ambiente y la polución generada por los miles de vehículos y todo lo que una ciudad conlleva. Y el estuario del Perla articulando el conjunto. Son muchos los brazos del río, por supuesto navegable, que se extienden por Cantón, lo que contribuye a que sus orillas sean un gigantesco centro productivo de empresas de todo tipo que le ha valido el título de “taller del imperio”.

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El abuelo y Mikel posan en la inevitable foto turística, en el saledizo de la torre

Pero la torre reserva una sorpresa a la que casi nadie se resiste: un saliente con suelo de cristal desde la que hacerse la típica foto en la que pareces estar suspendido en el aire. Nos hacemos la foto de familia y a los pocos minutos podemos recogerla, previo pago de su importe.

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La familia Felones Wu posa en la torre

Son casi las tres de la tarde, y aunque hemos desayunado bien, yo el mejor café y croissant tomado hasta la fecha, no hemos comido nada más. Pero Javier tiene miedo del tráfico, ya que es domingo por la tarde, y decidimos retornar a Dongguan para aprovechar la fluidez del mismo. Solo en algunos tramos hay saturación, pero el viaje es cómodo y para las cindo de la tarde estamos en casa. Al llegar, una tortilla de cebolla y setas, y varias piezas de fruta permiten recuperar las fuerzas.

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Javier y Mikel posan a la salida del ascensor, a 433 metros de altura

Al caer la tarde conseguimos hablar con la abuela de Los Arcos, que está preocupada por la ausencia de noticias. Allá es la víspera de San José y la familia va a reunirse y a celebrarlo con las torrijas, una delicia que no le va a la zaga de los postres cantoneses.

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Javier y Mikel juguetean en el mirador de cristal de la torre

Buen balance es de Cantón. Hemos conocido una de las ciudades más grandes del mundo, en sus múltiples variantes: la megalópolis, el barrio antiguo, la isla del negocio con ingleses y franceses, los barrios populares progresivamente derruidos por los grandes rascacielos, y la urbe cosmopolita con un eje emblemático: Canton Tower, río, ópera, rascacielos, boulevard y campo de futbol del Guangzhou.

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Mikel, ya cansado, espera el ascensor de bajada en los brazos de su mamá.

Todo magnífico para ver y admirar. Otra cosa sería vivir. Uno ya no está para excesos de ningún tipo.

Una (casi) completa monografía local

Barbarin

Luis López de Dicastillo Gorricho, licenciado en Filosofía y Letras y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, catedrático de enseñanza media y profesor tutor de la UNED, decidió volver espiritualmente a Barbarin, el pueblo en el que nació, y desentrañar “ese agujero negro escondido detrás del velo de mi infancia”. El resultado es este Memorial de Barbarin dedicado a su familia y “a todos los vecinos que tan amablemente me han ayudado y siguen viviendo en ese arca de Noé que se ha quedado anclada en la Atalaya”.

Barbarin es una pequeña y típica población de la merindad de Estella, situada en el histórico valle de Santesteban de la Solana. Ubicado a media ladera, al pie de la carretera Pamplona-Logroño, su apretado caserío ha oscilado entre los 45 habitantes de 1330, los 190 de 1553, los 208 de 1935 y los 72 de 2010. El autor se atreve a calcular en 2793 los habitantes habidos en Barbarin entre la primera y la última fecha citada. Pues bien, el autor ha querido estudiar esta microcomunidad con una macrohistoria de 796 páginas, que más de uno considerará excesiva. Conozco la dificultad de la síntesis, la otra alternativa posible, y entre una visión sintética y una historia más minuciosa y pausada, Luis López de Dicastillo ha optado por la segunda. Cinco años de trabajo, mucha paciencia, muchas lecturas e innumerables horas de archivo, han decantado una historia que comienza en el primer milenio antes de Cristo y llega hasta el final de la guerra civil de 1936. La primera parte, edades antigua y media es una síntesis de lo escrito por otros autores; la segunda, edades moderna y contemporánea, utiliza fuentes primarias procedentes sobre todo de los archivos municipal y parroquial.

Al lector apresurado le recomiendo una jugosa introducción que resume en cinco páginas la historia de la localidad en sus hitos esenciales. El lector sosegado y con tiempo, si ojea detenidamente sus páginas, tendrá oportunidad de revivir la historia de un pequeño municipio tratada con rigor y con el cariño de quien, a su vez, relata su propia intra-historia.

El libro está magníficamente editado, y solo echo de menos un elemento imprescindible en un volumen editado con el rigor que éste tiene: una relación bibliográfica final de los libros y archivos utilizados y consultados.

Es un aporte más, y nada despreciable, a la rica bibliografía local de Navarra.

Ficha Técnica:

Título: Barbarin. Un lugar en el valle de Santesteban de la Solana

Autor: Luis López de Dicastillo Gorricho

Editorial: Lamiñarra

Páginas: 796

Precio: 25 euros