Cuando las cosas hablan

30 abril 2015

cUANDO LAS COSAS

El 29 de noviembre de 2012, en esta misma sección, les comentaba la aparición de un libro titulado “La historia del mundo en 100 objetos”, obra Neil MacGregor, director del Museo Británico. Las reglas del juego venían enumeradas en el prefacio: “Cien objetos cuyas fechas debían abarcar desde los comienzos de la historia humana hasta la época actual. Los objetos tenían que abarcar el mundo entero, en la medida de lo posible de manera equitativa. Tratarían de abordar tantos aspectos de la experiencia humana como resultara viable y hablarnos del conjunto de las sociedades, y no solo de los ricos y poderosos dentro de ellas. Los objetos incluirían necesariamente, pues, tanto las cosas sencillas de la vida cotidiana como las grandes obras de arte”. El balance, por más que la aportación de lo hispano se reducía a tres objetos, era, en mi opìnión, satisfactorio y sorprendente, y se lo recomendaba como lectura para la inmediata navidad.

La lectura del libro me suscitó también otro interrogante. ¿Sería posible hacer, mutatis mutandis, algo parecido en Navarra? Afortunadamente no fui el único que se hizo la misma pregunta, ya que el pasado jueves, 23 de abril, se presentó públicamente otro libro que podríamos catalogar como perteneciente a la misma familia: “Cuando las cosas hablan. La historia contada por cincuenta objetos de Navarra”, editado por el Gobierno de Navarra.

En la presentación del texto, su editor, Javier Itúrbide, expresa con claridad su fuente, intenciones y objetivos. Es un tributo explícito al libro de MacGregor; pretende dar la palabra a medio centenar de cosas, muchas de ellas casi anónimas, recogidas de los museos, archivos y colecciones de esta tierra; y aspira a recorrer de su mano aspectos de la historia de Navarra primero y de Occidente después, tratando de conjugar lo local y lo general.

En el libro, casi todo es discutible: los autores elegidos para desarrollar los textos, los objetos seleccionados, la decisión de no encomendar los capítulos a los máximos especialistas en cada época o tema, el criterio cronológico de comenzar con el presente y retroceder hasta la antigüedad, la ausencia de firma al pie de cada capítulo. Pero el resultado final es espléndido por varias razones.

En primer lugar, por la propia existencia del libro. Coordinar un trabajo con 26 autores, dar coherencia a los textos, cumplir los plazos y presentarlo en tiempo y forma exige iniciativa, sensibilidad, ideas claras, coordinación y mano firme. Todo ello lo han aportado Ana Zabalegui, Javier Itúrbide y Ricardo Pita, entre otros. Sin olvidar a los fotógrafos y al grupo de funcionarios que realizó la primera selección.

En segundo lugar, por el contenido del texto. Es evidente que no están todos los que son, pero son todos los que están. Si el objetivo era interrogar hábilmente a los objetos y, desde la evidencia de lo tangible, lo cotidiano y lo humilde, saltar a lo general, creo que en buena medida se ha conseguido. Hay capítulos más logrados que otros, conviven pequeñas piezas maestras con planteamientos más convencionales, pero el libro no se cae de las manos y creo que mantiene un buen tono general.

En tercer lugar, por el planteamiento. Acostumbrados a la historia convencional en la que las glorias patrias y los mitos siguen teniendo una cabida excesiva, resulta reconfortante observar que es posible otra mirada que nos acerca más y mejor a ese territorio habitado por multitud de gentes, nuestros antepasados, que nunca aparecerán en los libros oficiales, pero que han sido los verdaderos protagonistas de su día a día. Que una boina nos acerque al carlismo, una “manta” a la infamia social de los heterodoxos, una laya al trabajo del campo, un contenedor a la Navarra actual o un catavinos romano a la dieta mediterránea, dice mucho de la fecundidad de la idea y del buen hacer de los autores, por más que sus resultados sean dispares.

Y en cuarto lugar, por la belleza formal del libro. Editado por Castuera, sinónimo de buen hacer editorial, está bien maquetado y sobria y bellamente ilustrado. Y tiene un precio inusualmente barato para sus casi 400 páginas, 15 euros.

Pero decía Fernando Pérez Ollo, añorado maestro en estas lides, que no hay libro perfecto. Estoy seguro que él hubiera apuntado a algunos errores tipográficos fácilmente subsanables con algo más de tiempo y a algunas incorrecciones en la toponimia oficial, decretada por el mismo gobierno que edita el libro. Quedémonos, no obstante, con lo esencial. Un acierto. Se lo recomiendo encarecidamente. Se sorprenderán y disfrutarán.

Diario de Navarra, 30/4/2015

 


El empleo de los doctores en la empresa

26 abril 2015

Biblioteca

Vista parcial de la Biblioteca General de la UPNA

El Foro Social y Empresarial del Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra fue creado en noviembre de 2010 como un instrumento de asesoramiento al Consejo y de apoyo a la participación de la sociedad en la universidad. Forman parte de él algunos representantes del Consejo Social, del Equipo Rectoral y de la Fundación Universidad-Sociedad, y una veintena de profesionales relevantes provenientes de empresas e instituciones que colaboran con la institución académica, principalmente en los ámbitos del empleo y de la investigación. Este Foro ha venido celebrando sus reuniones con carácter semestral para debatir y proponer fórmulas sobre el modo de aproximar la actividad formativa de la Universidad Pública de Navarra a las necesidades de la sociedad. Los temas abordadados hasta el presente han sido: “Reflexiones y propuestas sobre el modelo educativo de la UPNA”, “Hacia un modelo formativo que potencia las capacidades de los titulados de la UPNA” y“El empleo de los doctores en el mercado laboral no universitario”. En la actualidad nos encontramos en plena reflexión sobre el último tema propuesto “El impulso del emprendimiento”, que concluiremos en junio de este mismo año. Como presidente del Foro, además de agradecer públicamente la entusiasta y desinteresada colaboración que ofrecen todos sus miembros, permítanme que les traslade las principales conclusiones de la reflexión efectuada a lo largo de 2014 sobre “El empleo de los doctores en el mercado laboral no universitario”.

La enseñanza universitaria se articula en varios niveles de creciente dificultad y especialización: el grado, el máster y el doctorado. A éste último se accede tras desarrollar una investigación original, la tesis, -un trabajo que suele durar varios años- que se defiende ante un tribunal público compuesto por especialistas en la materia. Informes recientes señalan que España presenta una tasa de generación de doctores equiparable a la de los países de nuestro entorno. Sin embargo, en nuestro país la tasa de doctores empleados en el sector empresarial es casi la mitad del promedio de los países de la OCDE, que en 2009 se situaba en el 30%. En consecuencia, solo 15 de cada 100 doctores trabajaban en el sector privado en España en ese mismo año.

Esta situación supone una notable brecha en términos de capacidad del sector empresarial para la innovación. El Foro Social y Empresarial considera muy necesario converger en este terreno con los países más avanzados. Por eso propone que se inicien actuaciones que ayuden a que empresa y universidad tomen conciencia del problema. El sector productivo, reconociendo las elevadas capacidades que presentan los doctores para incrementar el potencial de innovación de la empresa, y la Universidad valorando la conveniencia de generar, en una proporción adecuada, tanto doctores que deseen iniciar una carrera investigadora en la universidad como doctores que orienten su interés hacia un desarrollo profesional en la empresa.

Algunas de las recomendaciones enunciadas son las siguientes: una orientación dual de la Escuela de Doctorado de la UPNA; fomento de la participación de las empresas mediante convenio en la definición de determinadas actividades formativas y, donde proceda, en la elección de asuntos para la elaboración de tesis; fomento de la participación de profesionales externos en la formación; creación de espacios de encuentro entre empresas y grupos de investigación; familiarización del doctorando con los objetivos, ritmos, costes y visión transversal de la empresa; incentivación de la formación práctica mediante la presencia del doctorando en la empresa; aumento de la formación en competencias y capacidades operativas; incentivación de una competencia investigadora rigurosa; y difusión del nuevo doctorado entre las empresas.

Las Directrices Generales para las Enseñanzas Oficiales del Doctorado vigentes en la Universidad Pública de Navarra suponen un marco muy apropiado para el desarrollo de las recomendaciones enunciadas, por lo que se dan las condiciones idóneas para avanzar en un proceso del que doctorandos, empresa y sociedad saldrán beneficiados. Qué duda cabe que la creación de un programa de Doctorado Industrial, ensayado ya en alguna Comunidad Autónoma, ayudaría a avanzar en esta línea de trabajo. El Consejo Social entiende que fomentar el empleo de los doctores en el mercado laboral no universitario es un pequeño paso más que se inserta en el objetivo general que rige nuestro trabajo: estrechar la relación entre la Universidad y la sociedad a la que sirve. Confiamos en que, con el esfuerzo de todos, la situación mejore en el inmediato futuro.

Diario de Navarra, 25/4/2015

 


Distintas formas de mirar el agua

23 abril 2015

Llamazares

Una propuesta para pasar una buena tarde en el Día del Libro

A veces no es cuestión de cantidad, sino de intensidad. La última novela de Julio Llamazares, Distintas formas de mirar el agua, no llega a 200 páginas, pero en su interior encierra un mundo que se nos fue, visto desde la perspectiva de las generaciones que convivieron con su representante.

La idea central de la novela es tan sencilla como eficaz. Domingo es un campesino de la montaña leonesa que se ve obligado a emigrar a una nueva tierra, una laguna desecada en la llanura palentina, porque sus tierras van a ser anegadas por el nuevo pantano en construcción. Allí deja sus tierras, sus ancestros, un hijo que murió de niño y un mundo que le acompañará para siempre. Hasta tal punto que, cincuenta años después, tras criar a sus hijos y verlos dispersarse por diferentes regiones de España, ingresar junto con su mujer en una residencia y perder la cabeza y los recuerdos, pide que sus cenizas sean dispersadas en el pantano, lo más cerca posible de Ferreras, el pueblo que le vio nacer.

Allí se juntan un día de primavera su mujer, sus cuatro hijos, sus nietos y la novia italiana de uno de ellos en una procesión familiar y laica para aventar sus cenizas. El libro, dividido en pequeños capítulos, narra las reflexiones de Virginia, Teresa, Miguel, Susana, Raquel, José Antonio, Elena, Daniel, María Rosaria, Alex, Virginia hija, Emilio, Laura, Jesús, Virginia nieta, Agustín y un automovilista anónimo que contempla la escena.

La prosa, lírica y limpia de Llamazares, alumbra una serie de reflexiones que nos permiten ahondar en los cambios acontecidos en muchos lugares de España desde el franquismo a la transición. Costumbre familiares, comportamientos rurales y urbanos, principios de vida casi obsoletos que resultan anómalos para los nietos, y relaciones de familia aparecen uno tras otro componiendo un cuadro que tiene mucho de verdad y retrato sociológico sin eruditas pretensiones.

El pantano, ese espejo que refleja sentimientos dispares, da lugar al hermoso título de la novela. Título que es explicado por Agustín, el hijo retraido y soltero que se queda en casa, en su personal y poética reflexión, tal vez la más hermosa del conjunto. “Otra vez -se refiere a su padre-, tiempo despúes, un día que caminábamos al lado de un canal de riego, me enseñó cómo había que mirar el agua. Porque no todo el mundo la mira de la misma forma, me dijo. Unos lo único que ven de ella es su interés, si les sirve para beber o para regar las tierras, para venderla en garrafas como hacen muchas empresas, mientras que otros la miran sin fijarse en ella, al pasar al lado de un río, de un pozo o de una laguna. Pero nosotros, me dijo él, tenemos que ver el agua de otra manera. Nosotros no podemos contemplarla sin respeto después de lo que nos supuso ni despreciarla como hacen otros, esos que la malgastan sin darle uso porque no saben lo que cuesta conseguirla. Y, mientras lo decía, mi padre miraba el agua del canal, que corría libre de finca en finca aquella mañana si nnadie que la robara excepto los pájaros, que bebían de ella al pasar volando sin detenerse a mirarla como nosotros. Debía de ser primavera, porque el cielo estaba limpio y azul como el de esta mañana”.

Se acaba ese mundo rural regido por principios casi inmutables. Emilio, un yerno casi amputado de la familia ya que se ha separado de Virginia, una de las hijas, lo expresa con claridad en su reflexión: “A veces me gustaría ser como ellos, como esos hombres y mujeres para los que la felicidad se basa en la fidelidad a otros y en conformarse con muy pocas cosas (…) Aparentemente al menos fueron felices hasta el final, algo que yo no podría decir de mí a pesar de que toda mi vida la he empleado en lograr ese objetivo. ¿No será que el secreto de la felicidad es conformarte con lo que tienes, con lo que a base de esfuerzo vas consiguiendo por ti mismo, con el amor de unas pocas personas que la vida puso a tu lado, con la tranquilidad de dan la fidelidad y la compañíka de una mujer a la que conociste un día y que, si entonces te pareció la mejor del mundo, quizá fuera porque lo era?”.

Julio Llamazares, nacido en Vegamián en 1955, completa así su recorrido por las tierras que lo vieron nacer a las que ha dedicado hermosas páginas llenas de belleza, nostalgia y poesía.

He aquí otro retrato vívido de una época que se nos fue, al igual que el de Luis Landero que glosé en el blog hace algunas fechas. Les recomiendo ambos, sobre todo si han tenido la suerte de nacer en un trozo cualquiera de esa España rural que, pese a su pobreza, nos proporcionó una niñez tan feliz.

Ficha técnica: J, LLAMAZARES, Distintas formas de mirar el agua, Alfaguara, Madrid, 2015


Mimbres para un buen cesto

18 abril 2015

Programa

Servir a los intereses generales y facilitar la convivencia, mi aportación

Estamos a 38 días de las elecciones forales y municipales. Durante muchos años, he vivido intensamente las diferentes campañas, unas como responsable político, otras como redactor o coordinador del programa electoral y algunas como candidato, bien sea foral o municipal. Con mi jubilación de la política activa, asisto a ésta con similar interés, pero con la tranquilidad de quien, con la satisfacción del deber cumplido, le toca ahora ver los toros desde la barrera.

Dicho esto, como soy de los que piensan que no todos los partidos son iguales y que la acción política es una poderosa palanca para cambiar la realidad, les reconoceré que la situación política navarra no deja de inquietarme. ¿Qué composición tendrá el próximo gobierno? ¿Girará a la izquierda como apuntan buena parte de los sondeos o continuará la primacía del centro-derecha? ¿Primarán los intereses sociales o lo harán los identitarios? ¿Peligra el estatus institucional de la Comunidad Foral? Estas y otras cuestiones me las planteo yo, surgen en las conversaciones diarias y alimentan debates en tertulias y medios de comunicación. Pero me parece que con ser preguntas interesantes no son las esenciales, hay algunas otras que son previas y merece la pena detenerse brevemente en ellas, ya que forman parte de la política con mayúsculas, que es bien distinta al rifirrafe electoral y partidario.

Dado que la nuestra es una democracia representativa, articulada a través de los partidos políticos, la pregunta primera que deberíamos formularnos es cuál debería ser la finalidad básica de los partidos que obtengan representación en el Parlamento de Navarra el próximo 24 de mayo. Si tuviera que resumirlo en dos únicas ideas serían éstas: servir a los intereses generales y facilitar la convivencia.

El sistema de partidos nacido con la Transición, que en Navarra ha sido sustancialmente más plural que en el conjunto de España, atraviesa una dura crisis. Aunque las generalizaciones siempre son injustas, los ciudadanos se sienten poco representados por unos cargos electos alejados de la realidad, relativamente inmunes a la crisis, que siguen más interesados en ser fieles a los respectivos aparatos que les garantizan continuidad que en una auténtica apertura y transparencia a la ciudadanía, más predicada que practicada. Pese a todo, la situación ha obligado a mover ficha en ámbitos que hasta ahora parecían inamovibles. Sirvan como ejemplo las primarias, tan denostadas hasta hace poco y ahora poco menos que obligadas. Deben saber los nuevos electos del legislativo y los diferentes equipos del ejecutivo, que ya nada será como antes: la limpieza, la honorabilidad, la buena gestión, la austeridad, la cercanía, la transparencia y la rendición de cuentas forman parte ya de la demanda ciudadana y el nivel de exigencia sin duda se verá felizmente incrementado. Confío en que esa sea la tónica en la próxima legislatura. Y bueno será recordar que la Navarra que van a gestionar estos partidos es una Comunidad más desigual socialmente, en la que la brecha entre clases sociales se ha agrandado de forma significativa en el último lustro. De ahí la importancia de converger en torno a una serie de medidas susceptibles de ser aceptadas por todos, concretadas en un sistema fiscal progresivo y eficiente que permita financiar un Estado de bienestar que no deje a nadie en la cuneta y haga posible avanzar en cohesión social. Todo ello acompañado de un objetivo preferente, disminuir las cifras de paro, señal inequívoca de la mejora económica y social propugnada.

Pero la llegada de nuevos partidos va a dar como consecuencia una Cámara más fragmentada en la que probablemente estarán representados hasta ocho grupos políticos. Todo apunta a que ya no habrá un gran partido que duplique en votos al segundo, lo cual nos aboca a un gobierno de coalición que, al menos, será tripartito. ¿Convierte esto a Navarra en ingobernable? No necesariamente, pero exige una mayor cintura, una obligada flexibilidad en las posiciones y una inexorable necesidad de acuerdo. Somos pocos y muy plurales y, en consecuencia, se impone el diálogo para facilitar una convivencia tan inevitable como necesaria. Pactar será, sin duda, el verbo recurrente en la próxima legislatura y y aprender a conjugarlo y ejercitarlo, condición necesaria en el día a día. Reitero lo dicho, los electores navarros, a mi juicio, quieren pluralidad, negociación, acuerdos, estabilidad y un programa en el que, además de la letra pequeña, haya espacio preferente para estos dos principios incuestionables.

Diario de Navarra, 16/4/2015


La procesión del Encuentro

13 abril 2015

Encuentro

Los Arcos es una villa histórica caracterizada, entre otras cosas, por cuidar con mimo sus tradiciones. Entre éstas, ocupan lugar de honor sus procesiones de Semana Santa. En los últimos lustros se habían perdido algunas de las costumbres que acompañaban estos días, pero el interés y la perseverancia de un grupo de personas especialmente amantes de su pueblo han conseguido recuperarlas.

El Domingo de Pascua, festividad de la Resurrección de Jesús, asistí después de muchos años a una procesión especialmente simpática y simbólica a la vez, que me trajo indudables recuerdos de mi niñez. Es la conocida como procesión del Encuentro.

En la plaza de San Francisco, enclave que conserva el viejo convento de capuchinos, convertido posteriormente en convento de clausura de religiosas concepcionistas franciscanas, y hoy una lamentable ruina, tiene lugar la ceremonia. En la plaza esperan los componentes de la cofradía de la Vera Cruz, institución que ha recuperado el verdadero protagonismo durante la Semana Santa. Los cofrades, vestidos con túnicas negras y ampulosas capas verdes, esperan, presididos por el impresionante pendón negro de la cofradía, la llegada de la procesión que ha partido de la parroquia. Junto a los miembros de la cofradía, aguardan una imagen femenina pequeñita y adornada con tirabuzones y guirnaldas que representa a María Magdalena, portada por unas niñas con túnicas también verdes, y una figura de candelero de María, adormada con vestiduras blancas de fiesta, portada por los cofrades de la Vera Cruz. Pero María, aparece cubierta con un tela negra, porque todavía desconoce la Resurrección de su Hijo.

A la llegada de la comitiva que ha partido de la parroquia, se produce un protocolario encuentro lleno de simbolismo. La cruz procesional que inicia el cortejo llega a la plaza y realiza una venia al pendón de la Vera Cruz que le responde, a su vez, inclinándolo ante la Cruz. A continuación, uno tras otro, los grandes pendones con sus respectivos colores que representan a los cuatro elementos que componen la naturaleza, el primero de ellos verde y portado por un miembro de la cofradía de San Isidro, realizan un colorista y reverencial saludo ante el pendón de la Vera Cruz, respondido por éste. Las estandartes, más recientes, de la Adoración Nocturna masculina y femenina, realizan el mismo saludo.

Y llega el momento culminante. El sacerdote desciende de la carroza eucarística la custodia y la presenta a los fieles que presencian la escena. Entonces, el pendón de la Vera Cruz, hasta ese momento el auténtico protagonista, consciente de que su hora ha terminado, se inclina ante la custodia que contiene al mismo Cristo y realiza el similar y reverencial saludo que él había recibido. Tras él, las niñas que portan la imagen de María Magdalena, en un paso casi de danza, se acercan hasta la custodia y le hacen una profunda reverencia. Y tras la imagen diminuta, llega el momento del encuentro de la Madre con el Hijo. Los cofrades repiten la acción de las pequeñas y, tras acercarse, en el momento de ponerse de rodillas y realizar la reverencia, un persona situada detrás levanta el velo negro que cubría la imagen y la Virgen Madre aparece con las vestiduras blancas propias de la fiesta de la Resurrección. Aquella Virgen Dolorosa y de la Soledad, que cerrada el cortejo de la procesión del Viernes Santo con sus vestiduras negras de luto, viste hoy las ropas blancas de la fiesta y celebra con todos los fieles la Resurrección de su Hijo. En mis tiempos de niñez, en pleno nacionalcatolicismo, en ese momento la banda de música municipal entonaba el himno nacional. Hoy, a falta de banda y música más apropiada, los asistentes prorrumpen en un sonoro aplauso que es reconocimiento de fe, tradición y cariño.

Finalizado el Encuentro, se inicia la procesión propiamente dicha por las calles del pueblo, en este caso por la calle mayor, recién pavimentada y con recuperados aires jacobeos. La Eucaristía de la Misa Mayor tuvo la solemnidad acostumbrada, con los bancos repletos de fieles, solo visibles en los días de la novena de la Virgen de agosto y los funerales.

Lo quer comenzó el Domingo de Ramos con la procesión, continuó con las carranclas y el Monumento el Jueves Santo, siguió con las carranclas, la escenificación del Descendimiento y la gran procesión del Viernes Santo, y culminó con la procesión del Encuentro del Domingo de Resurrección, terminará definitivamente el lunes de Pascua con la quema del Judas. Pero la Semana Santa en Los Arcos no solo es tradición y folklore. Todos los actos están incardinados en la esplendorosa liturgia de estos días, celebrada con digna solemnidad.

Es de agradecer el esfuerzo de todos los que contribuyen a salvaguardar unas tradiciones que son una rica herencia de nuestros mayores. Constituye un hermoso ciclo que merece la pena ser preservado y divulgado.

Diario de Navarra 8/4/2015


La fractura se ensancha

8 abril 2015

Sesión ciparaiis

El éxito de la jornada fue indudable a juzgar por el número de asistentes

Acaba de terminar la legislatura foral. Los líderes políticos se afanan en realizar balances donde cuenta más sacar los colores al adversario que evaluar si estos cuatro años han supuesto una mejora social y económica para el conjunto de la ciudadanía y en qué medida el propio partido ha contribuido a su avance o deterioro. Es momento también de que los partidos presenten sus listas electorales y pongan a punto sus programas, esos documentos que pocos leen y que, sin embargo, resultan tan imprescindibles.

Permítanme que casi recién salido de este magma en el que he estado inmerso durante casi dos legislaturas, haga mi propio balance desde este lado de la barrera, el del ciudadano consciente, comprometido y crítico que pretender seguir aportando su granito de arena a la convivencia en el seno de la sociedad civil.

Considero que esta ha sido una legislatura parcialmente fracasada. Y este fracaso no lo es tanto por la incapacidad de diálogo de los partidos, ni por las insultantes cifras de paro, en especial el juvenil, ni por el deterioro evidente del estado de bienestar, que también, sino por una cifra que evidencia como ninguna el fracaso colectivo como sociedad: 30.000 personas han sido calificadas de pobreza severa -que viven con menos de 5.256 euros al año-, entre el 4 y el 5% de la población total de Navarra. Frente a esta cifra rotunda e increible, palidecen las grandes cifras macroeconómicas, la previsible subida del PIB e incluso los buenos números relativos de nuestra Comunidad respecto al resto de regiones de España.

El pasado jueves, la Cátedra de Investigación para la Igualdad y la Integración Social (Ciparaiis) de la UPNA presentó el segundo informe sobre el impacto social de la crisis 2007-2014 con el expresivo titulo “La desigualdad y la exclusión que se nos queda”. Lo hizo en el marco de una jornada en la que se inscribieron más de 300 alumnos y profesionales venidos de todos los puntos de Navarra. Las cifras y los datos fueron inapelables. Además de los datos de pobreza severa, se barajaron otras cifras significativas: 27.000 personas son paradas de larga duración, el 17% de los hogares navarros están afectados por alguna situación de exclusión de la vivienda, y el 8,4% de los navarros se encuentran en situación de pobreza consistente, caracterizada por la interrelación de bajos ingresos y de privación de bienes y recursos básicos. Cifras y datos aportados por un equipo de reconocido prestigio y avalados por algunas de las organizaciones más comprometidas en la defensa de los más débiles: Cáritas Diocesana de Pamplona-Tudela, Cruz Roja Navarra, la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social, y la Fundación Secretariado Gitano de Navarra. Los datos no gustaron al Gobierno de Navarra que contraatacó aportando datos sustancialmente diferentes. En su opinión, solo 3.800 personas incluirían el grupo de pobres severos. Haríamos mal en quedarnos en una guerra de cifras. Esto lamentablemente no es el seguimiento de una huelga ni el número de asistentes a una manifestación, en la que los números discrepan abiertamente provocando la sonrisa de tirios y troyanos. Esto es un drama intolerable y no deberíamos perder ni un minuto en debates estériles.

He asistido desde dentro a la evolución de la Renta de Inclusión Social (RIS), programa que ha pasado de invertir 30 millones en 2012 a 50 millones en 2014, y que incluía a 8.000 personas en 2012 y hoy lo hace a casi 12.000. He participado en arduos debates sobre la idoneidad de una renta universal de ciudadanía a la que muchos se oponen por el riesgo de cronificar la situación de un colectivo sin incentivos para encontrar empleo. Y sé del esfuerzo realizado para hacer frente al drama que se nos ha venido encima. Pero los datos son incontestables y deberíamos aprovechar el informe para repensar las medidas existentes, reforzar las que funcionan y abordar otras nuevas.

Estamos en tiempo propicio para ello. Para todos los partidos del arco parlamentario debería ser objetivo preferente de la próxima legislatura reducir drásticamente la cifra de pobreza severa y evitar el riesgo de polarización social que amenaza a una sociedad medianamente equilibrada como era la nuestra, ya que la defensa de los débiles es lo que hace grande y fuerte a una sociedad.

Conchita Corera, profesora universitaria y luchadora comprometida con las causas sociales que nos dejó hace casi un año, lo dejó escrito de forma hermosa y nítida: “Entiendo que, hoy más que nunca, en medio de la crisis actual, el postulado en el que hay que enmarcar toda la acción social es el desarrollo humano integral, que es el único sostenible”.

Diario de Navarra, 2/4/2015


Cultura, arte y devoción

4 abril 2015

Juan de Juni

Entierro de Cristo, Juan de Juni (1545)

Escribo estas notas en la tarde del Sábado Santo, justo antes de iniciar la preparación de la Vigilia Pascual que celebraré un año más, y van más de 30, en Alloz, junto con la comunidad de monjas cistercienses y algunos amigos del monasterio.

No resulta fácil conjugar en los tiempos que corren la inmensa riqueza de estos días. ¿Retirarse a orar? ¿Preparar más deternidamente las celebraciones? ¿Marcharse de vacaciones? Las tres formas las he ensayado a lo largo de los años, dependiendo de la programación familiar, según los casos.

En el presente año, he intentado aunar las dos caras de la Semana Santa, tan separadas a lo largo de la historia: la pìedad popular, centrada en las procesiones y los pasos de la Pasión, y las celebraciones litúrgicas, parcialmente recuperadas tras el Vaticano II.

Tengo por costumbre escuchar de forma tranquila y en actitud contemplativa el Officium Hebdomadae Sanctae de Tomás Luis de Victoria. En mi viejo tocadiscos, ya casi una reliquia inutilizada, escucho la versión que en el año 1974 gravaron para Hispavox el Coro de monjes del monasterio de Silos y el Coro de voces blancas de Burgos, bajo la dirección de Ismael Fernández de la Cuesta. Pese a lo deficiente de la audición, Tomás Luis de Victoria me parece que ha logrado una de las cumbres de la música religiosa de todos los tiempos. Y en sus melodías, el drama de la Pasión se vuelve arte, cultura y devoción de primer nivel.

El jueves, tras la celebración de la Cena del Señor, tuve ocasión de seguir algunos tramos de las procesiones de Ávila y Málaga. De la primera me interesó más el contexto histórico-artístico, con la muralla como fondo permanente, que la calidad de los pasos, portados sobre ruedas en casi todos los casos. De la segunda me impresionó justamente lo contrario. En medio de la Alameda principal de la ciudad, atiborrada de público que seguía expectante y aplaudía a legionarios e imágenes, el desfile del Cristo de la Buena Muerte a los sones del himno de la legión “Soy el novio de la muerte”, me causó un impacto estético indudable. Otra cosa es esas mezclas explosivas de la cruz y la espada, el Crucificado y la guerra.

El viernes, también tras la celebración litúrgica, tocó el turno de Oteiza. En los últimos años la modesta procesión no había salido, mitad por inclemencias meteorológicas, mitad por cierto desinterés general, concretado en ausencia de personas para portar los pasos. Pero todo es cuestión de proponérselo. Empujados por algunas personas de indudable gancho y perseverancia con las costumbres locales, un grupo de voluntarios nos presentamos a la puerta de la iglesia y pudo salir una procesión completa: cruces, pasos, coro y feligresía. Había emoción en algunos rostros, herencias recibidas, recuerdos de los ausentes. A Iñigo, mi hijo pequeño y a mí nos correspondió portar la Virgen de la Soledad. Vestidos de blanco y con el rostro cubierto, recorrimos las calles por las que tantas generaciones anteriores a las nuestras habían portado sus imágenes. ¿Será posible repetirlo en otras generaciones venideras? No parece fácil, pero el tiempo lo dirá. Por la noche contemplé durante un rato las procesiones de Granada: desfile en el mejor sentido de la palabra, con graderíos a lo largo de las calles para poder seguirlo y hermosas imágenes de la escuela barroca granadina portadas a hombros.

Hoy sábado, ha sido un día tranquilo. Por la mañana hemos entrado por primera vez, con mucho esfuerzo, la imagen de la Cruz a cuestas en la iglesia, tras descartar subirla de nuevo a la iglesia de San Salvador donde tradicionalmente ha estado, debido al penoso estado en la que se encuentra. Faltaban manos, sobre todo jóvenes, que ayudaran en el empeño, pero por esta vez ha sido posible.

Me dispongo ahora a preparar la celebración de la Vigilia Pascual, noche auténticamente memorable. Asistiremos gozosos a la liturgia de la Luz, recorreremos en las lecturas la historia de la salvación, asistiremos a la liturgía del Agua y finalmente celebraremos la Eucaristía y la Resurrección del Señor.

¡Feliz Pascua Florida!


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