Se jubila el maestro

Escuela

A lo largo de este mes de junio no son pocas las jubilaciones de docentes que se celebrarán en Navarra. La mayor parte, sobre todo si son de secundaria, las reciben como una bendición, otros con alivio, y los hay, tal vez los menos, que sienten una indisimulada pena por dejar una profesión en la que han trabajado tanto como han disfrutado. Pero habrá pocas que hayan reunido las características de la que tuvo lugar en Oteiza el pasado 9 de junio.

Se jubilaba Jesús Mari Albéniz, un maestro que llegó al pueblo en septiembre de 1976 y que se ha mantenido en su puesto, sin cambiar de destino, 42 años. Pese a haberlos tenido excelentes, Jesús Mari ha sido en nuestro colegio la encarnación del buen maestro: preparado, vocacional, inquieto, atento, dedicado, cercano, y preocupado por hacer de sus alumnos no solo hombres y mujeres con conocimiento, sino como decían nuestros padres y abuelos, hombres y mujeres de provecho.

El día fue una sucesión de actos en el que los sentimientos se hicieron memoria y recuerdo, cariño y presencia, música y palabra. Una abarrotada iglesia parroquial, cedida amablemente para la ocasión, sirvió de marco idóneo para la celebración de un acto institucional en el que el agradecimiento fue la idea más repetida. El ayuntamiento le entregó una placa conmemorativa. El actual director del centro, sin poder disimular su emoción, agradeció en nombre de todos los compañeros antiguos y actuales del centro su trabajo y su calidad humana. Todos los niños del colegio, situados junto a él en los primeros bancos, le cantaron algunas de las canciones aprendidas de sus labios. Un representante de la Apyma, en representación de todos los padres y madres, le recordó los buenos momentos vividos a lo largo de los años y su implicación en el proyecto del centro. Ex-alumnos y ex-alumnas le leyeron poemas y recuerdos, algunos llegados desde fuera de España. También la jota se hizo presente por parte de la familia Fernández Cambra, con letras alusivas que hicieron derramar lágrimas a más de uno. Llegaron también vídeos de jóvenes profesores interpretando con sus alumnos las canciones que ellos habían aprendido en Oteiza. Y hasta los más mayores se sumaron a la fiesta interpretando el prólogo del Florido Pensil, para recordar la escuela en la que el propio Jesús Mari se inició en Artavia en los años cincuenta del pasado siglo. El acto terminó con dos intervenciones especialmente señaladas: la de José Luis de Antonio, director, compañero y amigo durante buena parte de la estancia de ambos en el centro, jubilado hace unos años; y la del propio homenajeado, que quiso recordar en una trabajada y bien pensada intervención, su larga etapa de maestro. Pidió perdón por los errores, dio las gracias a todos, recordó sus objetivos educativos y ponderó el valor y la importancia de la educación pública en nuestros pueblos. Un digno colofón para una sesión inolvidable.

Una nutrida mesa de 400 comensales continuó la celebración en el polideportivo. Y tras ella, más regalos, música y una sana convivencia cerró un día que pasará a los anales de Oteiza como la jornada en la que todo un pueblo reconoció la tarea callada, discreta y eficaz de un hombre que amó su profesión desde el primer día al último, realizando su trabajo sin alharacas, cumpliendo simplemente su deber. Que esta fiesta excepcional, como no se ha conocido otra en Oteiza, haya sido en honor a un maestro, reconcilia con la profesión y habla bien de un pueblo que ha sabido reconocer en Jesús Mari Albéniz a uno de los suyos, dedicado a lo largo de más de cuarenta años a educar a sus hijos más pequeñós

Esta misma semana y en este mismo medio, con palabras que reflejan bien la personalidad de ambos, José María Romera, excelente profesor de secundaria, se despedía de una profesión en la que también ha disfrutado mucho. “Uno está convencido de que el mayor mérito de un profesor reside en disfrutar de su tarea, porque solo así logrará que sus discípulos aprecien el valor del conocimiento. A la descripción mortificante de la enseñanza se le opone otra menos difundida pero más cierta que habla del placer y el privilegio de contribuir a que otros aprendan. Dar clase puede ser a veces fatigoso e ingrato, pero en última instancia es una gozada. Y aunque dejar de hacerlo cuando llega la edad de la jubilación tiene su parte de indiscutible recompensa por la libertad que otorga, tener que decir adiós a la enseñanza es como recibir un violento empujón que te saca del recreo cuando mejor lo estabas pasando. Queda al menos el consuelo de poder decir: que me quites lo enseñado”.

A todos los que como Jesús Marí Albéniz han dedicado su vida a enseñar conocimientos y educar en valores, es decir, a ser auténticos maestros, muchas gracias.

Diario de Navarra, 22/6/2018

 

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Víctor Urrutia, un navarro cabal

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Hace unas semanas, mi buen amigo Javier Pagola, periodista jubilado y comprometido en causas varias, me invitó a la presentación del libro de Víctor Urrutia Memoria de silencios, que iba a tener lugar en la Biblioteca de Navarra. No pude asistir, pero le pedí que me enviara el texto, un escueto libro de poemas, que tanto me ponderaba. Y la tarde del día 26, en vísperas de conocer los resultados de la triple cita electoral, la dediqué a leer, reflexionar y escribir el texto que ahora les ofrezco.

Si tuviera que resumir su vida en pocas líneas, diria que Víctor Urrutia Abáigar fue un hombre de fuertes ideas políticas, un socialista honesto, un excelente profesor universitario, un cristiano comprometido y un poeta tardío.

Nació en Andosilla en 1945, y allí, en una villa que sufrió muy mucho la represión de la guerra y la posguerra, vivió durante su infancia. Pasó su juventud en Pamplona, comenzó a trabajar en un banco, y se inició en las primeras acciones políticas. De allí pasó a Bilbao, donde redescubrió su fe cristiana al calor del concilio Vaticano II, militó en la clandestinidad, fue detenido y sufrió torturas.

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En la democracia, Víctor Urrutia supo combinar su pasión por la acción política y la gestión pública con la docencia universitaria. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Deusto y catedrático de Sociología Urbana en la UPV, pronto se convirtió en una autoridad de la investigación urbana. Como sociólogo ha dedicado muchos años a tratar de entender cómo funcionan las sociedades, a descubrir sus grandes problemas, a realizar un diagnóstico acertado y a proponer políticas y soluciones.

Esta docencia universitaria, unánimemente alabada por sus alumnos, la compatibilizó con tareas de gestión en la propia universidad. Fue vicerrector de profesorado en los duros años de plomo y un abanderado de la defensa de un campus pluralista frente al fanatismo y el crimen. En este difícil contexto, él hizo de la coherencia una forma de estar y de servir que abarcaba todos los ámbitos de su personalidad y de su vida: como profesor, como socialista, como cristiano y como ciudadano. La contrapartida, la imaginan ustedes: escolta durante varios años, mal visto en determinados ambientes y malinterpretado por quienes prefirieron contemporizar con los amigos de los verdugos y sus aledaños.

Y junto a la docencia y la gestión universitaria, la política activa. Ocupó en 1994 la dirección de Asuntos Religiosos en la Secretaría de Estado de Justicia, en el gabinete de Felipe González. En 2005 fue designado senador del PSE por el Parlamento Vasco, partido al que llegó desde Euskadiko Ezkerra. Y en tiempos de Patxi López como lehendakari, fue responsable del Gabinete de Prospecciones Sociológicas del Gobierno Vasco.

Pero a esta vida fructífera y plena le faltaba todavía una sorpresa. Vio publicado en vida El libro de los días, y tras su muerte acaba de ver la luz Memoria de silencios. Su poesía, nada académica ni edulcorada, es recia, firme, honda y sentida. Más que exégesis, sus poemas requieren una lectura atenta en conexión con la sociedad y la vida que nos ha tocado vivir. Permítanme que escoja para ustedes algunos fragmentos:

¿Quién no ha visto odio en nuestra sociedad? Víctor lo aprecia así: “He visto el odio:/es oscuro,/ y es desprecio./ También ignominia culpable./Habita los arrabales del alma,/ y de pronto se dispara/ chulesco, envalentonado,/ curvo el torso,/ diente afuera./ ¿Qué hacer?/Aguantar. (…) Conviene, pues, mostrarlo así,/ desnudo./ Reírse de él si se puede./ y ofrecer enseguida/ otra estampa”.

El odio, a veces, se traduce en muerte. Un poema titulado “Silencio”, lo traduce así: “Sobre el ala rota del pájaro/ se hizo el silencio./ ¿Quiénes son los héroes: los que predican el horror/ o los que se resisten a él?/ Las miradas se hicieron sospecha, / las palabras susurros,/ los cuerpos materia invisible./ ¿De qué os quejáis,/ si aquí se vive muy bien?/ Se lo decían a los heridos,/ a los familiares de los muertos,/ a los amenazados,/ a los exiliados./ Lo decían por radio y televisión,/ lo siguen diciendo/ como si nada hubiera pasado,/ como si ellos no hubieran estado aquí/ y nosotros tampoco”. Esas muertes, que durante años solo provocaron silencio, le afectan especialmente: “Silencio sobre silencio/ (…)Silencio que lo calla todo:/ amistades, conciencias,/ ciudades,/ miradas./ (…) No dejaré que me venza,/ no dejaré que me calle/ ese pertinaz silencio”.

Tras aquellos duros años que no conviene olvidar, llegó el final y la luz, la vida, siendo las mismas se volvieron diferentes: “Salir/ caminar con tu rumbo/ ligero de peso/ abierto y libre/ como el aire/ en el campo./ Salir/ recorrer las calles/ tocar a la gente/ conversar/ escuchar el rumor de la vida./ Salir/ sin nadie a tu espalda, libre”.

Sirvan estas líneas para agradecer el trabajo y el testimonio de este navarro cabal, ciudadano coherente y comprometido. Y si pueden, lean su poemario. Rezuma vida.

Diario de Navarra, 30/5/2019

 

Viaje a Normandía y Bretaña. Arte y naturaleza (V)

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Vista general del recinto parroquial de Saint Thegonec,

De nuevo, de buena mañana, salimos de Saint Brieuc a través de la autovía que une la comarca de la Costa de Armor al Finisterrae. El paisaje es ondulado, con pequeñas colinas y un bocage todavía en funcionamiento. Pocas veces será más verdad lo del paisaje humanizado. Prados, extensiones de tierra bien cultivada, casas pequeñas perfectamente integradas en la naturaleza y una ordenación y limpieza exquisitas, hacen del paisaje bretón un lujo para los sentidos. No me sorprende el sentido de pertenencia que los bretones han desarrollado a lo largo de su historia: región bien definida, lengua propia, tradiciones conservadas y un amor profundo a su tierra hacen que Bretaña viva con cierta incomodidad el centralismo parisino. Tras llegar a Morlaix, definida por un hermoso puerto fluvial que la conecta al mar mediante una bahía, nos disponemos a entrar en unos paisajes dominados por unos conjuntos singulares. Unas iglesias que, rodeadas de un muro de piedra, son a la vez crucero, osario, cementerio y espacio porticado Son muchos los recintos parroquiales existentes en la región, en torno a cincuenta, y nos disponemos a visitar los dos más completos: Saint Thégonnec y Guimiliau.

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Una buena representación de Bargota, Los Arcos y Oteiza posan a la entrada del recinto

Saint Thégonnec nos recibe de buena hora. Un cercado de piedra separa el caserío, escueto y reducido, del recinto parroquial. El pórtico, en granito y formas barrocas, nos recuerda modelos gallegos con los que está lejanamente emparentado. Tras el pórtico, profusamente decorado, se encuentra el crucero, mucho más que la tradicional cruz con las imágenes de la Virgen y San Juan. Una serie de escenas en piedra conviven con el crucero propiamente dicho, sirviendo de temas pedagógicos para la predicación y el culto. La iglesia conserva una entrada de tradición gótica con los doce apóstoles en peana, de los que quedan solo cuatro. El interior resulta muy interesante por el espíritu claramente contrarreformista que respira. Retablos, santos, vírgenes y advocaciones que señalan la vinculación a la Iglesia católica tras Trento. Como novedad, un baptisterio de madera sin policromar, de excelente factura, en cuyo interior está enclavada la pila bautismal. Un osario y el cementerio propiamente dicho completan el conjunto. Guimiliau ofrece como novedad una entrada en la que el románico y el gótico perduran no en las formas pero sí en el contenido.

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El baptisterio en todo su esplendor durante un bautizo

Y en el interior, un espectacular baptisterio en madera del siglo XVII, en el que se está procediendo a realizar un bautizo. No cabe mejor oportunidad para comprobar el sentido y la realidad de la obra. El crucero todavía es más espectacular que el anterior con casi 200 figuras componiendo un conjunto bíblico de gran interés.

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El espectacular crucero de Guimiliau, subrayado con la presencia del grupo de interesadas visitantes

¿Por qué estas dos obras singulares? Es el momento del esplendor económico de la zona, derivado en parte a estas construcciones religiosas. La población no las necesitaba, pero los donantes lo hicieron posible.

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Pausa para la comida en un entorno playero

Tras el arte, la naturaleza. Después de comer en una localidad costera a pie de paya, la tarde la dedicamos a recorrer la costa de granito rosa. Peñascos imponentes, piedras esculpidas por el mar y amables paseos se repiten en el itinerario. Descendemos en la playa de Ploumanach, un localidad turística ya en ebullición, y recorremos pausadamente uno de los itinerarios prefijados. Todo es relajo, buen tiempo, tranquilidad y terraza, donde degustamos distendidamente una sabrosa cerveza en animada conversación.

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Tierras de granito rosa y altos acantilados que nos hablan de pesca, comercio y duras batallas

Y tras esta tarde sosegada, regreso a nuestro buen hotel de Saint Brieuc, cena en un restaurante del centro de la pequeña ciudad y descanso.

Sin el fragor de los días anteriores, una buena jornada. Espectaculares y distintos los recintos parroquiales de la Bretaña rural, levantados como fruto del comercio marítimo, y hermosos los paisajes de granito como material preponderante.

 

Cajal, la cuna como pretexto

Cajal

Ficha técnica

Título: Cajal. Un grito por la ciencia

Autores: José Ramón Alonso y Juan Andrés de Carlos

Editorial: Next Door Publishers

Páginas: 247

Precio: 35 euros

Dos son las razones por las que les presento este libro. La primera, por la condición de nacido en Navarra de su autor. La segunda, por el valor intrínseco del mismo.

La vida de Santiago Ramón y Cajal, probablemente el científico más grande que ha dado España en su historia, ha contado con un cierto equívoco respecto a su nacimiento. Pero no hay lugar a la duda. El propio Cajal lo dejó meridianamente claro en una entrevista concedida a ABC el 4 de mayo de 1922: “Poco importa que cariñosamente se discuta cuál es mi patria chica. Aragoneses fueron mis padres; en el Instituto Provincial de Huesca y en la Universidad de Zaragoza efectué mis estudios; pero nacer, propiamente nacer, nací en Petilla, pueblo navarro que aún continúa llamándose Petilla de Aragón, porque Aragón fue y un rey de Aragón lo cedió a un monarca de Navarra para cancelación de deudas. Soy, y ese es mi orgullo, español”. En un momento de marcado localismo, hermosa lección la que nos da don Santiago.

La vida de este hombre excepcional se extiende desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Segunda República. Mal estudiante en sus inicios, su voluntad de hierro, su profundo patriotismo y la calidad del trabajo desarrollado en difíciles circunstancias, consiguen que su obra sea reconocida mundialmente, recibiendo el premio Nobel en 1906. Considerado el fundador de la neurociencia, es a la vez un dibujante excepcional, uno de los grandes ilustradores científicos de todos los tiempos.

La biografía, repasa en cuatro capítulos sus inicios, la forja de un investigador, su especialización en el mundo neuronal y el mito que acompañó sus últimos años. Escrita por dos admiradores de Cajal, especialistas en neurociencia también, se lee sin especial dificultad, derrocha una contenida pasión y supone un grito más a favor de la investigación en España.

Editado en tapa dura, está magníficamente diseñado e impreso y se acompaña de un conjunto de fotografías y láminas de especial interés. Sin duda, una buena lectura para este periodo vacacional que se inicia.

Diario de Navarra, 21/6/2019

Viaje a Normandía y Bretaña. Saint Michel como símbolo (IV)

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Desde el autobús, la mole de Saint Michel aparece en medio de la llanura

También de buena hora, suena el despertador. Son las 6,30 de la mañana y es preciso comenzar pronto el viaje, ya que Saint Michel tiene algunos peajes. Es tal la nombradía del enclave, que es literalmente asaltado por multitudes que se enseñorean de un paraje por definición solitario y de difícil acceso.

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En un día espléndido, Saint Michel se nos muestra en todo su esplendor desde el puente que lo une a tierra firme

La aproximación es progresiva. En medio de la llanura normanda, Saint Michel aparece como una ensoñación. Borrosa primero, nítida después, y siempre sorprendente. Una abadía literalmente colgada en la montaña que crece sobre formas imposibles.

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Ya en el interior, el grupo espera la llegada de la guía bretona para iniciar la visita

Y si esa es la percepción exterior, todavía es más sorprendente el interior. Criptas, iglesia abacial románica de proporciones considerables, claustro bellísimo del siglo XIII, sala capitular, scriptorio, estancias varias que se superponen unas a otras, articulan un mundo en vertical donde todo está articulado en niveles – peregrinos y labradores, soldados, y monjes. Finalmente, la iglesia abacial, presidida por la flecha con San Miguel guerrero “¿Quién como Dios? Nadie como Dios” cantamos en Oteiza en la procesión en honor al arcángel, patrono también de la localidad.

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Imagen de la abadía propiamente dicha desde la población situada a sus pies

Hoy la abadía está servida por una doble y pequeña comunidad de monjes y monjas pertenecientes a la congregación de Jerusalén, una de las nuevas congregaciones surgidas en los últimos lustros.

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Vista de una de las salas del complejo abacial, desarrollado básicamente en altura

La visita la hemos realizado con una guía bretona que halaba un correcto español, y en un diálogo a tres, ella, Trinitat y yo, hemos procurado subrayar los aspectos más interesantes en el orden histórico, artístico y religioso.

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Vista parcial del claustro gótico, de una simplicidad y belleza extraordinarias

Otra cosa bien distinta es la estancia fuera de la abadía. La población, de una sola calle, está literalmente invadida de personas, más turistas que peregrinos, que colapsan físicamente la empinada calzada que comunica la abadía con la puerta de entrada. Con cierto agobio conseguimos salir de la marabunta, que sigue llegando a pie y en unos autobuses preparados al efecto desde las áreas del parking exterior. Creo que Saint Michel tiene un problema, que puede morir de éxito si no se toman medidas drásticas para limitar su visita.

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El grupo escucha atentamente las explicaciones en el interior del espacio abacial

Por tierras de polders ganados al mar, tras la comida, nos acercamos a Saint Malo. Esta villa marinera, que mira al océano y a las Indias Occidentales, está ligada a las hazañas marinas, los armadores y la figura de Chateaubriand. La tarde es espléndida y el primer veranillo se hace presente. Rodeada de murallas y con playas ya frecuentadas en su entorno, sus ciudadanos no quieren desperdiciar un día de sol, porque aquí no se sabe cuando hará presencia nuestro astro en una siguiente oportunidad.

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Un paseo en grupo por la muralla nos permite recorrer toda la ciudad histórica de Saint Malo

Tras dar la vuelta completa a la ciudad por el paseo de la muralla, -no en vano está hermanada con Lugo-, nos quedamos en la plaza del ayuntamiento, ubicado en la fortaleza portuaria, para tomar una cerveza y disfrutar del día. Es viernes, hay ambiente y el enclave es muy hermoso.

Realizada la visita, salimos hacia Saint Breuc, ciudad en la que tenemos reservado el hotel. Otra hermosa bahía, como en Saint Malo, acoge la ciudad. Nos albergamos en un gran cuartel rehabilitado con gusto y estilo. Techos altos, mansardas, ladrillo visto, porte señorial y un gran reloj articulan una plaza cuyo edificio gemelo alberga la Escuela de Bellas Artes de la localidad.

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La foto permite apreciar la línea de edificios pegada a la fachada marítima de la que solo les separa la muralla

Tras la cena, a base de sabrosísimos crepes bretones y sidra, nos retiramos pronto a la habitación, no sin antes, al igual que el año pasado en Amiens pero sin el Madrid, ver el partido de la final de la Champions. Pese a ser dos equipos ingleses, tras un juego miedoso y mediocre, el Liverpool se impone al Tottenham. A dormir, que la intensidad del recorrido nos obliga a madrugar y el despertador sueña enseguida.

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El ambiente festivo de Saint Malo invita a descansar y tomar una caña antes de partir

Gran jornada, con una joya inevitable, Saint Michel, y una tierra y un paisaje singularmente hermoso. Bretaña no defrauda.

 

Eusebius lo hizo posible

Eusebius

Ficha técnica

Título: Eusebius. Capitán de La Nave de Baco

Autor: Daniel Ramírez García-Mina

Editorial: Renacimiento. Biblioteca de la Memoria

Páginas: 494

Precio: 20,80 euros

El 3 de octubre de 1945, Ángel María Pascual comienza a escribir sus glosas a la ciudad, el mejor retrato de la Pamplona de la posguerra. Hacia un año que Eusebio García-Mina había muerto, tras una vida nada convencional pese a su aparente y burocrático oficio de abogado y procurador. Actividad que le permitió formar y alimentar a una familia y vivir sin apreturas, dedicado a su verdadera pasión: la música en toda la acepción del término – estudioso, melómano, correcto ejecutor, crítico, conferenciante y gestor-, la tertulia de altos vuelos, la buena mesa y la literatura de vanguardia.

Que todo esto, ya de por sí poco habitual, haya sido posible en Pamplona, una capital de tercer orden habitada por curas, militares, funcionarios, artesanos y comerciantes, recién salidos de la reclusión de las murallas, lo hace todavía más insólito. Porque la época no fue precisamente fácil. Nacido en Zamora en 1890 y muerto su padre, vuelve con su madre y sus cuatro hermanos a Pamplona donde estudia en los escolapios, se traslada para hacer derecho a Madrid y regresa a la ciudad en la que vivió el resto de su vida. “Queda inscrito en el colegio de abogados en 1917, -nos señala Daniel Ramírez-. Lo pisará poco. Prefiere el Gayarre y Casa Marceliano. Pocos meses más tarde jura ante la Audiencia como procurador hasta su muerte. Se refugia en lo administrativo, que la da dinero, pero sobre todo tiempo. Ni la fiebre le saca de un concierto”. Fueron los años en que él, católico de tradición y de derechas, vio pasar desde su peculiar atalaya la dictadura de Primo de Ribera, la II República, la cruenta Guerra Civil, donde en acertadas palabras del autor “en Pamplona se murió y se mató con nombres y apellidos”, y la tristísima posguerra que, en medio de una escasez generalizada, bien comido y bien bebido, lo llevó a la tumba en 1944.

El libro que les comento ofrece no pocos alicientes. El primero, la trayectoria vital de un personaje singular del que, lo confieso humildemente, no había oído hablar nunca. Puestos a seleccionar, subrayaría sobre todo su trascendencia en el campo de la música: conocedor de los autores de su tiempo, como pone de manifiesto en algunas de sus conferencias; artífice de la presencia en Pamplona de grandes artistas de primer nivel -Ravel, Rubinstein, Landowska-; y crítico punzante, irónico e irreductible al que Victoriano Juaristi le recomendó en una ocasión “a ver si alguna vez en su pundonorosa vida escribe dos líneas sin vinagre”. Un crítico temido y admirado al mismo tiempo. “En cuanto se dispone a entrar en funciones un violín, tiemblan las arpas ante lo que dirá Eusebius al día siguiente”, en palabras de Eladio Esparza. Una situación algo parecida a la vivida posteriormente con Fernando Pérez Ollo, crítico como él también en el Diario de Navarra. Con motivo de su muerte, el diario ABC resume su historial de esta manera: “Eusebius fue un crítico musical de rara personalidad. Agudo, documentado, claro en el concepto, ironizante, cáustico en la forma. No ya en Pamplona, su lugar de actividad. En toda España se le quería y admiraba”.

Y junto a la música, la buena mesa y la tertulia de unos pocos elegidos, reunidos en la Nave de Baco. “El crítico (Eusebius) fue capitán por edad, ingenio e impulso. Lió a sus coetáneos y embarulló aprendices. Marcó la pauta, dibujó líneas maestras y mantuvo la Nave lejos del puerto hasta que el hígado se cayó por la borda. La copa debía tener motivo, conversación y etiqueta negra. Su Baco era el lírico patrón del barco, no el derrochador de taberna desagradable”, nos dice el autor.

La otra gran virtud del libro la constituye la escritura del joven periodista Daniel Ramírez García-Mina. El texto no es una biografía al uso, escrita en correcta prosa. Es mucho más. El resultado es una obra chispeante, sutil, desinhibida y hermosamente escrita. Sirva un párrafo tomado de la página 70 para resumir lo evaluado: “La Nave de Baco es niebla entre los adoquines. Murmullo desordenado, latidos de una ciudad que no existe. El sueño de un viejo café, la carne de la manzana prohibida, el poema más deslavazado de Verlaine, el razonamiento menos ordenado que parió la vieja Atenas. Un barco de madera que recorre el río Aqueronte al borde del naufragio con las almas de sus tripulantes heridas, pero sonrientes. Borrachas, pero inspiradas. Alerta el corazón, de espaldas al mundo. La Nave de Baco es un rito secreto y burgués, exclusivo. Un homenaje a las letras desde el sumidero. Un grito en medio del silencio de que nadie recuerda”. ¡Qué poética manera de describir una inusual y sorprendente tertulia de trabajadores liberales y rentistas en una ciudad de moral estrecha y expectativas alicortas!

El libro, sobria y hermosamente editado, es un doble descubrimiento: del biografiado y del biógrafo.

Diario de Navarra,

Viaje a Normandía y Bretaña. Dos batallas decisivas: Hasting y el Desembarco (III)

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Aunque Caen fue especialmente castigada en la II Guerra Mundial, todavía conserva algunas casas de tradicionales, rehabilitadas tras los bombardeos

Apenas ha amanecido cuando suena el despertador del hotel. Son las 6,30 y es preciso levantarse, porque el día viene saturado de arte e historia. Es jueves, día de la Ascensión, festivo en Francia, y ello nos provoca algunos desajustes en los monumentos que tenemos que visitar.

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La Abadía de los Hombres, fundada por Guillermo el Conquistador, vista desde la explanada que le sirve de acceso

Caen, capital de la Baja Normandía, es todo un descubrimiento. Situada a una veintena de kilómetros del mar, y nacida en torno a una pequeña colina donde Guillermo, duque de Normandía, mandó construir un castillo fortaleza, es un monumento en sí misma. Los siglos de la edad media la dotaron de iglesias y abadías presididas por altas torres y una universidad prestigiosa. Situada en el centro del desembarco aliado, fue duramente castigada en la II Guerra Mundial, perdiendo el 70% de su casco urbano. Pero la paciente labor de posguerra ha recuperado buena parte de sus iglesias, algunas de sus tradicionales casas de madera y muchos de sus edificios renacentistas y barrocos. La mañana es fresca y las campanas anuncian las primeras misas en la festividad de la Ascensión del Señor.

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La belleza de la abadía románica y el sereno claustro clásico del siglo XVIII conviven armoniosamente

Ascendemos la suave colina del castillo para apreciar el casco urbano actual y paseamos por su calle principal entre iglesias románicas y góticas de altas torres, casas con encanto, palacetes barrocos, hasta llegar a uno de los puntos culminantes de la ciudad y del viaje, la abadía de San Esteban y su imponente conjunto arquitectónico. La abadía de los hombres, fundada por Guillermo el Conquistador en la segunda mitad del siglo XI y espacio donde se encuentra su tumba, reúne dos grandes conjuntos: la iglesia propiamente dicha, un extraordinario y novedoso edificio planteado en románico, muy próximo en concepción a Santiago de Compostela, y completado en gótico, sobre todo en su cabecera a lo largo del siglo XIII. Maestría, belleza y proporción se dan la mano en un templo deslumbrante. El hecho de haberlo vivido en plena celebración litúrgica, de tono muy conservador en formas y maneras, no impide resaltar la belleza de la liturgia y el ceremonial y la brillantez de los cantos y del órgano. Creo que Francia, el país laico por excelencia, diferencia mejor que nosotros los planos civil y religioso, con respeto por este último, a lo que contribuye un catolicismo sentido y participado. El resto de la abadía, un edificio equilibrado y sereno del siglo XVIII del que destaca el armonioso claustro, son actualmente dependencias municipales y culturales de usos varios.

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Toda la belleza de San Esteban de Caen queda de manifiesto en el ábside de la abadía

Enfrente, casi en línea recta, queda la abadía de las damas, que no visitamos. Impresionante Caen, ciudad abierta al futuro que cuida con esmero su pasado.

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La visita a Bayeux promete, pero antes hay que preparar el cuerpo para la tarea

El paseo hasta Bayeux apenas nos permite un pequeño descanso en el autobús. Decir Bayeux es hablar del tapiz por excelencia. Una tela de 50 metros, en lino y lana, que narra las hazañas de Guillermo el Conquistador. ¡Qué maestría, qué claridad narrativa y qué sabiduría encierra esta obra tan singular! Datada a finales del siglo XI, es una película de época al servicio del poder. El tapiz, magníficamente presentado, comparte protagonismo con un centro temático dedicado a la memoria de Guillermo el Conquistador.

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De nuevo, una catedral imponente en una ciudad minúscula

Pero Bayeux es mucho más: una catedral extraordinaria, románica en su cripta, nave principal y torres, y gótica en el resto. Una catedral que constituye el ejemplo del llamado románico normando, caracterizado por su decoración en arcos y paredes. El casco urbano no le va a la zaga. Pequeño, pero bien articulado. Una vez más, la pregunta recurrente: ¿Cómo es posible semejante catedral en una población que no pasaría de los 10.000 habitantes?

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Vista de Omaha Beach, el principal y más cruento escenario del desembarco aliado

El cambio de escenario es drástico tras la visita a Bayeux, primera ciudad liberada tras el desembarco aliado y primera ciudad francesa en la que De Gaulle se dirigió a sus compatriotas desde la llamada Francia libre.

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Más impresionante aún es el cementerio americano, ubicado sobre la propia playa

Por un paisaje bucólico y rural nos acercamos a las playas donde tuvo lugar el día D del desembarco, 6 de junio de 1944. Las banderas americanas ondean en edificios y casas particulares junto a la francesa. Tras estrechas carreteras dedicadas a los héroes de guerra americanos, divisamos el mar. Acantilados que caen en picado, y en medio una gran playa, hoy solitaria y aquel día literalmente regada en sangre.

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El ramo de flores al pie de la bandera no puede ser más expresivo: “dedicado a todos los hombres y mujeres que han dado su vida por la libertad”

Vimos en el viaje de venida la gran película de Spielberg “Salvad al soldado Ryan”, que describe muy gráficamente el desembarco en Omaha Beach, la playa que cambió su nombre en honor de este gran día. Pero lo verdaderamente impresionante es el memorial en recuerdo de los militares caídos, casi 20.000, de los que el cementerio de cruces blancas e iguales conserva casi 10.000. Cruces que recuerdan vidas jóvenes segadas en defensa de unos principios de validez universal, la defensa de la libertad frente a la opresión. A las cinco en punto suena el toque de oración y el sonido de la trompeta recuerda a los caídos en el momento de arriar la bandera. Todos son preparativos para el día 6 de junio, ya muy próximo, aniversario de la batalla.

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Otro de los lugares emblemáticos de la zona: la punta de Hoc, que los rangers tomaron al asalto en medio de una cruenta carnicería

Tras la visita emocionada del memorial, nos desplazamos a la punta de Hoc, donde estaban emplazados los cañones alemanes que divisaban las playas y que fueron tomados al asalto por los rangers en medio de una cruenta carnicería. En el entorno abundan los cementerios militares de uno y otro signo. Separados por la guerra, descansan ahora en una tierra que no exige el mismo credo, ni la misma ideología, ni siquiera la misma nacionalidad.

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Sirva esta imagen como homenaje a una nación que envió a sus hijos jóvenes. muy lejos de sus hogares, a luchar contra el totalitarismo

Un ejemplo que no deberíamos olvidar.

 

La soledad tiene rostro de mujer

Mujer

Mientras los medios de comunicación nos informan de los múltiples pactos posibles, los vetos cruzados entre partidos, y las sumas para acceder al número mínimo necesario para alcanzar el poder sin preguntarse todavía ¡a estas alturas! para qué lo quieren, la vida de la Comunidad prosigue su marcha a la espera de que puedan abordarse los grandes problemas que nos acucian. El otro día lanzaba un SOS por la Navarra vacía, instando a que los poderes públicos tomen conciencia del problema y articulen un pacto global que permita que la política de cohesión territorial se convierta en prioritaria en la próxima legislatura. Hoy, permítanme que insista en otra faceta social también de particular interés: el problema de la soledad impuesta.

Estos son los datos más significativos. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2018, en Navarra viven solas 68.600 personas, de las que 30.700, el 45%, son mayores de 65 años. De esta cantidad, el 70 % son mujeres, 21.700, frente a 9.000 hombres. Y de estas mujeres, el 81% son viudas. Resumido en una solo frase, el perfil típico de la persona en soledad es el de una mujer viuda y mayor de 65 años.

La proyección del INE, sin tener validez absoluta, apunta a una Navarra en la que en 2033 habrá cada vez más gente mayor y menos niños, con un porcentaje de domicilios unipersonales situado en el entorno del 30%. Es decir, en casi uno de cada tres domicilios navarros vivirá una sola persona.

¿Qué consecuencias tiene esto para nuestra sociedad? Las hay de dos tipos, las que afectan a las personas individualmente consideradas y las que nos afectan como sociedad en su conjunto. La soledad no es un mal en sí mismo. Nos acompaña como parte inherente de la compleja vivencia del ser humano e, incluso a veces, es elegida como forma voluntaria de vida. Pero no es lo mismo vivir solo que sentirse solo. La soledad potencialmente peligrosa es la que se deriva de una situación impuesta, que suele convertirse en un factor de riesgo para la salud física y mental, y que afecta especialmente a las personas de más edad, mayoritariamente mujeres.

La gerontología, especialidad en auge y cada vez más demandada en nuestra envejecida sociedad, apunta a determinadas políticas que permitan paliar en la medida de lo posible el problema. La más importante sería la educación en actitudes proactivas que hagan posible dar más vida a los años. Vivir en soledad ya no va a ser la excepción en el inmediato futuro, sino una realidad que estadísticamente nos va a rondar cada vez más. De ahí la importancia de ser conscientes y prepararse para ello. Afortunadamente, en la Navarra solidaria que hemos construido entre todos, la familia y los amigos todavía son una barrera a tener muy en cuenta. Pero cuando ésta falla, y eso sucede sobre todo en el ámbito urbano, la ayuda del voluntariado se convierte en un elemento fundamental de acompañamiento, que palía una soledad no atendida. Lo que no exime para que demandemos a los poderes públicos lo que todo estado del bienestar que se precie debe incluir: programas de atención a nuestros mayores, médicos, sociales y culturales, que permitan que aquellos que nos han traído hasta aquí, puedan disfrutar de sus últimos años en las menores condiciones posibles. Resulta satisfactorio comprobar la nutrida presencia de mujeres ya jubiladas -en torno al 70%- en los muchos programas culturales puestos en marcha por iniciativas públicas o privadas. Pero a partir de una determinada edad, pongamos que 75 años, esa medida ya deja de utilizarse y es preciso dar paso a otras que comportan más recursos y son de más difícil encaje. En palabras de Camino Oslé, vicepresidenta de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología, “nuestro objetivo tiene que ser, además de morir tarde, vivir y morir bien”.

Esperemos que al margen del color ideológico del próximo gobierno, esta política impregne la tarea de todos.

Diario de Navarra, 13/6/2019