Se jubila el maestro

Escuela

A lo largo de este mes de junio no son pocas las jubilaciones de docentes que se celebrarán en Navarra. La mayor parte, sobre todo si son de secundaria, las reciben como una bendición, otros con alivio, y los hay, tal vez los menos, que sienten una indisimulada pena por dejar una profesión en la que han trabajado tanto como han disfrutado. Pero habrá pocas que hayan reunido las características de la que tuvo lugar en Oteiza el pasado 9 de junio.

Se jubilaba Jesús Mari Albéniz, un maestro que llegó al pueblo en septiembre de 1976 y que se ha mantenido en su puesto, sin cambiar de destino, 42 años. Pese a haberlos tenido excelentes, Jesús Mari ha sido en nuestro colegio la encarnación del buen maestro: preparado, vocacional, inquieto, atento, dedicado, cercano, y preocupado por hacer de sus alumnos no solo hombres y mujeres con conocimiento, sino como decían nuestros padres y abuelos, hombres y mujeres de provecho.

El día fue una sucesión de actos en el que los sentimientos se hicieron memoria y recuerdo, cariño y presencia, música y palabra. Una abarrotada iglesia parroquial, cedida amablemente para la ocasión, sirvió de marco idóneo para la celebración de un acto institucional en el que el agradecimiento fue la idea más repetida. El ayuntamiento le entregó una placa conmemorativa. El actual director del centro, sin poder disimular su emoción, agradeció en nombre de todos los compañeros antiguos y actuales del centro su trabajo y su calidad humana. Todos los niños del colegio, situados junto a él en los primeros bancos, le cantaron algunas de las canciones aprendidas de sus labios. Un representante de la Apyma, en representación de todos los padres y madres, le recordó los buenos momentos vividos a lo largo de los años y su implicación en el proyecto del centro. Ex-alumnos y ex-alumnas le leyeron poemas y recuerdos, algunos llegados desde fuera de España. También la jota se hizo presente por parte de la familia Fernández Cambra, con letras alusivas que hicieron derramar lágrimas a más de uno. Llegaron también vídeos de jóvenes profesores interpretando con sus alumnos las canciones que ellos habían aprendido en Oteiza. Y hasta los más mayores se sumaron a la fiesta interpretando el prólogo del Florido Pensil, para recordar la escuela en la que el propio Jesús Mari se inició en Artavia en los años cincuenta del pasado siglo. El acto terminó con dos intervenciones especialmente señaladas: la de José Luis de Antonio, director, compañero y amigo durante buena parte de la estancia de ambos en el centro, jubilado hace unos años; y la del propio homenajeado, que quiso recordar en una trabajada y bien pensada intervención, su larga etapa de maestro. Pidió perdón por los errores, dio las gracias a todos, recordó sus objetivos educativos y ponderó el valor y la importancia de la educación pública en nuestros pueblos. Un digno colofón para una sesión inolvidable.

Una nutrida mesa de 400 comensales continuó la celebración en el polideportivo. Y tras ella, más regalos, música y una sana convivencia cerró un día que pasará a los anales de Oteiza como la jornada en la que todo un pueblo reconoció la tarea callada, discreta y eficaz de un hombre que amó su profesión desde el primer día al último, realizando su trabajo sin alharacas, cumpliendo simplemente su deber. Que esta fiesta excepcional, como no se ha conocido otra en Oteiza, haya sido en honor a un maestro, reconcilia con la profesión y habla bien de un pueblo que ha sabido reconocer en Jesús Mari Albéniz a uno de los suyos, dedicado a lo largo de más de cuarenta años a educar a sus hijos más pequeñós

Esta misma semana y en este mismo medio, con palabras que reflejan bien la personalidad de ambos, José María Romera, excelente profesor de secundaria, se despedía de una profesión en la que también ha disfrutado mucho. “Uno está convencido de que el mayor mérito de un profesor reside en disfrutar de su tarea, porque solo así logrará que sus discípulos aprecien el valor del conocimiento. A la descripción mortificante de la enseñanza se le opone otra menos difundida pero más cierta que habla del placer y el privilegio de contribuir a que otros aprendan. Dar clase puede ser a veces fatigoso e ingrato, pero en última instancia es una gozada. Y aunque dejar de hacerlo cuando llega la edad de la jubilación tiene su parte de indiscutible recompensa por la libertad que otorga, tener que decir adiós a la enseñanza es como recibir un violento empujón que te saca del recreo cuando mejor lo estabas pasando. Queda al menos el consuelo de poder decir: que me quites lo enseñado”.

A todos los que como Jesús Marí Albéniz han dedicado su vida a enseñar conocimientos y educar en valores, es decir, a ser auténticos maestros, muchas gracias.

Diario de Navarra, 22/6/2018

 

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Un documento para la concordia

Unión

Imagen el día de la presentación del libro

Ficha técnica

Título: Privilegio de la Unión de la Ciudad de Pamplona otorgado por el rey Carlos III el Noble de Navarra (1423)

Autor: Concepción Martínez Pasamar (versión, transcripción y estudios)

Editorial: Sancho el Fuerte Publicaciones

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 197

En el mundo del libro, la edición de joyas bibliográficas constituye una tradición que afortunadamente se mantiene en nuestros días. En este sector no es infrecuente la edición exclusiva, limitada y certificada notarialmente. Algunos de estos ejemplares han sido editados en Navarra por las editoriales Mintzoa o Sancho el Fuerte Publicaciones. Esta última es la responsable del libro que hoy comentamos, Privilegio de la Unión de la ciudad de Pamplona otorgado por el rey Carlos III el noble de Navarra (1423), sin duda el documento histórico más importante en la historia de la ciudad.

De la lujosa edición de bibliófilo, como lectores nos interesa especialmente, no tanto la reproducción facsímil del excepcional documento original de 245 por 53 centímetros conservado en el Archivo Real y General de Navarra, sino el volumen que lo acompaña.

El cuerpo central del libro lo constituye el triple trabajo de Concepción Martínez Pasamar, autora de una tesis doctoral sobre el tema editada en 1995. La transcripción del texto, escrito en romance navarro, no es tarea sencilla ni de fácil lectura, de ahí el interés de la versión que la autora nos ofrece. Conmigo ya ha cumplido la finalidad perseguida, porque reconozco que es la primera vez que he leído en su integridad dicho documento. Una serie de estudios complementarios, entre los que sobresalen la descripción de los documentos originales y una semblanza del autor material, Simón de Leoz, completan el texto.

Un prólogo de Félix Segura situando el Privilegio en su contexto histórico; un plano histórico de los burgos de Pamplona, obra de Juan José Martinena; y la reproducción del documento del Archivo Real y General de Navarra, completan el libro.

Para que la plausible iniciativa de la edición surta el efecto deseado, cabe esperar que, al menos el libro, está disponible en las principales bibliotecas de la Comunidad.

Diario de Navarra, 26/4/2018

 

Dos citas musicales de interés

Estella

Que la música ha experimentado en Navarra un salto cuantitativo y cualitativo indudable, creo que es una obviedad reconocida por casi todos. A la tradicional música clásica hemos añadido en los últimos años el ciclo Flamenco On Fire, cuya quinta edición acaba de cerrarse con gran éxito y una aceptación difícilmente previsible. Vaya mi felicitación a los promotores y organizadores porque esa sí que fue una apuesta arriesgada y de resultado incierto.

La programación musical para el curso 18-19 que hemos conocido estos días, tanto de Baluarte, como de las orquestas sinfónicas de Navarra y de Euskadi, resultan atractivas en cantidad y calidad. Si a ello añadimos los ciclos del Orfeón, las agrupaciones corales, el Gayarre y la AGAO, deberíamos preguntarnos si no estamos al borde de una saturación que, en todo caso, obliga a extremar la coordinación para no encontrarnos con varios espectáculos en el mismo día, lujo que no deberíamos permitirnos.

Pero esta cierta sobreabundancia es predicable para Pamplona, pero no es tal para el resto de Navarra. Por ello me van a permitir que fije mi atención en aquellos ciclos que tienen lugar fuera de la capital, pero que presentan un interés que trasciende lo local. Durante el mes de agosto se han celebrado en Mendigorría y Larraga, dos hermosas poblaciones de la zona media, sendos programas, beneméritos ambos, que merecerían un mayor apoyo por parte de las instituciones forales. Y sin terminar el mes, para abrir propiamente el curso 18-19, acaban de presentarse la Semana de Música Antigua de Estella y el Ciclo de Música para Órgano en Navarra.

La 49ª Semana de Música Antigua de Estella tendrá lugar entre los días 1 al 9 de septiembre en la ciudad del Ega. Es, sin duda, el más veterano de nuestros ciclos musicales. Nacido al calor de la Semana de Estudios Medievales, en una segunda etapa adquirió vida propia. Por las naves de la iglesia de San Miguel, una joya arquitectónica en sí misma, han desfilado muchos de los grupos más relevantes dedicados a la interpretación de la música antigua, con actuaciones memorables en algunos casos. Bajo la dirección de Íñigo Alberdi y con el título “Los viajes de la música”, se nos invita a disfrutar de 11 conciertos, muy dispares entre sí, que tendrán lugar en la iglesia de San Miguel, el convento de Santa Clara -sede recuperada de la primera etapa, con una acústica excelente-, la basílica del Puy y la escuela de música Julián Romano, además de la iglesia del Crucifijo de Puente la Reina. La presencia de Juan de la Rubia al claviórgano, el Huelgas Ensemble, o les musiciens du Louvre, entre otros, constituyen el meollo de un ciclo con entradas a precios muy asequibles.. Pero el deseo de acercar la música al público ha llevado a la organización a programar otros de corte más didáctico, que constituyen un buen complemento a los anteriores. Por intentarlo, que no quede.

Que la música ha experimentado en Navarra un salto cuantitativo y cualitativo indudable, creo que es una obviedad reconocida por casi todos. A la tradicional música clásica hemos añadido en los últimos años el ciclo Flamenco On Fire, cuya quinta edición acaba de cerrarse con gran éxito y una aceptación difícilmente previsible. Vaya mi felicitación a los promotores y organizadores porque esa sí que fue una apuesta arriesgada y de resultado incierto.

La programación musical para el curso 18-19 que hemos conocido estos días, tanto de Baluarte, como de las orquestas sinfónicas de Navarra y de Euskadi, resultan atractivas en cantidad y calidad. Si a ello añadimos los ciclos del Orfeón, las agrupaciones corales, el Gayarre y la AGAO, deberíamos preguntarnos si no estamos al borde de una saturación que, en todo caso, obliga a extremar la coordinación para no encontrarnos con varios espectáculos en el mismo día, lujo que no deberíamos permitirnos.

Pero esta cierta sobreabundancia es predicable para Pamplona, pero no es tal para el resto de Navarra. Por ello me van a permitir que fije mi atención en aquellos ciclos que tienen lugar fuera de la capital, pero que presentan un interés que trasciende lo local. Durante el mes de agosto se han celebrado en Mendigorría y Larraga, dos hermosas poblaciones de la zona media, sendos programas, beneméritos ambos, que merecerían un mayor apoyo por parte de las instituciones forales.Y sin terminar el mes, para abrir propiamente el curso 18-19, acaban de presentarse la Semana de Música Antigua de Estella y el Ciclo de Música para Órgano en Navarra.

La 49ª Semana de Música Antigua de Estella tendrá lugar entre los días 1 al 9 de septiembre en la ciudad del Ega. Es, sin duda, el más veterano de nuestros ciclos musicales. Nacido al calor de la Semana de Estudios Medievales, en una segunda etapa adquirió vida propia. Por las naves de la iglesia de San Miguel, una joya arquitectónica en sí misma, han desfilado muchos de los grupos más relevantes dedicados a la interpretación de la música antigua, con actuaciones memorables en algunos casos. Bajo la dirección de Íñigo Alberdi y con el título “Los viajes de la música”, se nos invita a disfrutar de 11 conciertos, muy dispares entre sí, que tendrán lugar en la iglesia de San Miguel, el convento de Santa Clara -sede recuperada de la primera etapa, con una acústica excelente-, la basílica del Puy y la escuela de música Julián Romano, además de la iglesia del Crucifijo de Puente la Reina. La presencia de Juan de la Rubia al claviórgano, el Huelgas Ensemble, o Le musiciens du Louvre, entre otros, constituyen el meollo de un ciclo con entradas a precios muy asequibles.. Pero el deseo de acercar la música al público ha llevado a la organización a programar otros de corte más didáctico, que constituyen un buen complemento a los anteriores. Por intentarlo, que no quede.

ciclo_organo_2018

Otra iniciativa muy veterana, nacido en 1984, es el Ciclo de Música para Órgano en Navarra. El ciclo formaba parte de un programa más ambicioso en el que se abordaron en su día la publicación de un libro que pusiera al día el estado y situación de los órganos en Navarra, titulado Órganos de Navarra, cuyos autores fueron Aurelio Sagaseta y Luis Taberna, y una convocatoria continuada en el tiempo para restaurar algunos de los órganos de más interés de nuestra Comunidad. El objeto del ciclo es poner en valor tanto los órganos en uso de las iglesias de Navarra, como la música escrita para este instrumento. Bajo la dirección artística de José Luis Echechipia y la colaboración de la Asociación Navarra de Amigos del Órgano y los ayuntamientos correspondientes, la edición de 2018 se extenderá del 30 de agosto al 3 de noviembre y ofrecerá 14 conciertos que abarcan desde Pamplona hasta Epároz, en Urraul Alto. Les recomiendo especialmente este último, un enclave precioso y desconocido en la Navarra profunda, donde arte, naturaleza y gastronomía conviven en exquisita armonía. Cabe resaltar, además de la calidad de los intérpretes, la celebración de dos días dedicados a los órganos del Bidasoa y de la Ribera, en los que al tradicional concierto se añaden paseos musicales, visitas a los órganos, taller de organería, proyecciones y coloquios. A todos estos alicientes se añade la entrada libre a los conciertos.

Como verán no faltan alicientes al nuevo curso musical. Y no se conformen con los conciertos, que ya es mucho. Conocer los enclaves artísticos en los que se celebran, tanto Estella como las distintas parroquias rurales; disfrutar de la naturaleza tan hermosa en este otoño, estación especialmente atractiva, y acompañarlo con una propuesta gastronómica, por modesta que sea, también están a nuestro alcance. No los desaprovechen.

Diario de Navarra, 30/8/2018

 

 

De senectute política (y II)

Olalla

“Principios de la democracia ateniense: isonomía, la igualdad política; isegoría, la igualdad en el uso de la palabra; parrhesía, la virtud de atreverse a emplearla para decir la verdad; boule, a voluntad de participación en lo común; eunomía, la vocación de la ley por la justicia; diké y aidós, el sentido de la justicia y el de la vergüenza; repartidos por la divinidad a todos como fundamento de la soberanía; dikaiosyne, la justicia en sí misma, cuya falta es el ùnico mal verdadero; seisachtheía, la supresión de las deudas que conducen a la esclavitud; eleos, la piedad, esa otra igualdad ante el dolor y la desgracia ajenos, prueba de que existe la dignidad humana; paideia, en su sentido del cultivo permanente de a personalidad y de sus facultades; aristeia, la excelencia como proyecto personal y colectivo; eleutheria, la libertad como atributo inalienable del ser humano; eudaimonia, la felicidad como realización plena de la persona y como razón de ser del Estado” (pág. 37)

“Hoy, el dinero mando sobre la economía, la economía sobre la política, y la política, de forma coercitiva, se impone sobre la sociedad y la naturaleza” (pág. 44)

“Muchas son las cosas formidables, pero nada hay más formidable que el hombre”. Coro de Antígona (pág. 47)

“Ser viejo, Marco, ya no será lo mismo que ha sido hasta hace poco. Y tampoco ser joven, porque seremos jóvenes durante mucho tiempo, y las cosas que teníamos por propias de la juventud serán también de otras edades avanzadas. Más que una sociedad envejecida, seremos una sociedad insólita de jóvenes de todas las edades, con pocos niños, de momento, y esperemos que pocos ancianos decrépitos. Y esa longevidad inexplorada traerá consigo un desafío enorme que no será científico, sino ético y político: un cambio de mentalidad profundo tanto a nivel social como a la escala íntima de cada uno de nosotros mismos” (pág. 55)

“No hay democracia más segura y más justa que aquella que confía los cargos a los más capaces y otorga a los ciudadanos el control sobre ellos “ Isócrates (pág. 77)

“El reto político de regenerar la democracia no es labor exclusiva de seniores ni iuniores, sino de ciudadanos con libertad y conciencia. Algunos sin embargo temen que la longevidad de nuestro tiempo convierta nuestra democracia en una especie de gerontocracia retrógrada y abyecta. Yo creo que hemos dejado claro que la virtud no está reñida con la edad, pero si fuera necesario demostrar que los vientos retrógrados que hoy soplan por el mundo no salen de un coro de ancianos, bastaría decir que en esta Europa nuestra -donde la cuarta parte de la gente ha superado ya el noveno climaterio-, los organismos de gobierno, las cúpulas de los partidos, el cuerpo judicial y los centros donde se toman decisiones dan a esa población fe edad avanzada una representación mínima o nula” (pág. 79)

“Si hemos sabido imaginar un ars senendi como parte inherente y natural de un ars vivendi, ¿no deberíamos imaginar también un ars moriendi como pieza cabal que lo completa y lo consuma? ¿Cómo afrontar bien este trance? ¿Qué sería sensato pedir ante la muerte? Si quieres que responda, Marco, pediremos que tarde; pero que, llegado el momento, no se demore demasiado. Que no se ensañe con nuestra indefensión. Que no nos obligue a partir sin tiempo de haber dado lo bastante. Que nos regale la ocasión de disponernos ante ella, Y que no nos sorprenda lejos de los que amamos” (pág. 85)

Yo humildemente pienso que, si lo que desaparece con la muerte es la conciencia de la individualidad, decidir sobre dejar o no la vida es potestad legítima del individuo, un dilema ético que atañe en exclusiva a su persona y al uso de su libertad para actuar sobre sí mismo” (pág. 87)

Si he de compendiar para mí, en una sola idea, todo lo que hemos dicho acerca de este empeño, llamado mal o bien senectus politica, me quedo con “crecer haciéndome mejor”. Voluptate animi nulla potest esse maior, Marco: No puede existir un placer mayor para el alma. Cura tu valeas” (pág. 89)

 

De senectute política. Carta sin respuesta a Cicérón (I)

Senectute

“Es precisamente esa otra consolación ante la vejez (…) lo que me mueve a mí (…) a dirigirte ahora esta larga misiva desde Atenas (…) Tú has dejado claro en tu obra, al hablarnos de que las dificultades de la vejez no provienen tanto de la edad como del carácter y de la actitud vital de las personas, que envejecer es, en alto grado, un empeño ético; y yo deseo ahora que reflexionemos sobre si el hecho de que nuestra sociedad esté o no organizada y facultada para posibilitar dicho empeño no hace del envejecer, también, un propósito político”.

La senectud ha existido desde que el hombre existe, pero a diferencia de lo que ocurría en tiempos de Cicerón, nuestras sociedades han perdido la capacidad de pensar en la vejez sin asociarla a la decrepitud. En esta carta sin respuesta , Pedro Olalla entabla un vívido diálogo con Cicerón y pretende probar – y creo que lo consigue- hasta qué punto el paso del tiempo no siempre significa decadencia.

Las 95 páginas de que consta constituyen una densa reflexión sobre la vejez y el papel de la senectud en la conformación de una sociedad inequívocamente democrática, no sólo en las formas, sino sobre todo en el fondo de lo que tal expresión significa.

A continuación, subrayaré algunas de las ideas expresadas en el libro que más me han llamado la atención.

“Sé que tu hermoso diálogo entre Catón, Escipión y Lelio lo escribiste no porque la vejez sea buena, sino tú bien lo sabes, para que la vejez sea buena” (pág. 11)

“Envejecer es, en un alto grado, un empeño ético. Pero no basta para una buena vida ser buen autor de la biografía propia, sino también ser coautor y bueno, de la biografía colectiva” (pág. 13)

“Fuiste servidor de todas las virtudes políticas y humanas que sostuvieron en tu tiempo la Res publica: auctoritas, nobilitas, dignitas, veritas, libertas, aequitas, iustitia, firmitas, laetitia, fides, pietas, humanistas” (pág. 14)

“A decir del propio Pitágoras, los cielos, la tierra y todo lo que está sobre ella están llenos de sietes; y que las fases de la luna se rigen por el número siete, y así también los movimientos de los cuerpos celestes y la música y las edades del hombre y de su cuerpo. Hipócrates, Solón y otros sabios nos cuentan que la vida humana se encuentra dividida, a modo de escalones, en tramos de siete años, y que el punto más crítico del tránsito entre ellos es el cierre del noveno tramo, que por eso conocen como el gran climaterio, el año en que empieza la vejez propiamente dicha” /pág. 15)

“Era el irrepetible Galeno quien decía que no es viejo quien tiene muchos años, sino quien tiene mermadas sus facultades; y, si hemos de atenernos a esta idea, que me parece sabia, debemos convenir que lo justo para definir la vejez no es hacerlo con fronteras numéricas -que dejan fuera al que, tal vez, ya es viejo, e incluyen con frecuencia al que aún no lo es-, sino atendiendo a ese criterio de degeneración y pérdida. Así entendida, Marco, la temible vejez -que no la edad tercera- es el efecto cruel de perder con el tiempo facultades primordiales que precisamos para ser autónomos y plenos. Así, si no me engañó, la vejez, esa carga más pesada que el Etna, no comienza al cruzar el umbral de una edad: comienza, en realidad, cuando otros toman el lugar de uno; cuando uno, tristemente, pasa de ser su propio soberano, capaz de servirse a sí mismo y dueño de unas facultades plenas, a verse dependiente de otro, incapaz de valerse, y privado de aptitudes que tuvo y que nunca recuperará. Espectro deplorable de mí mismo, como dijo en Colono el viejo Edipo”. (pág. 17-18)

“Llegar a la vejez mejor. Creo que ese es el reto del que, pensando en nuestra senectud, debemos extraer nuestro lema de vida: Senescere addiscentem Envejecer aprendiendo, como diiste tú acordándote del viejo Solón. O como dijo él de si mismo:cada día envejezco aprendiendo. Aprendiendo, ganando, haciéndome mejor”. (págs. 22-23)

“Creo que hemos dejado clara la injusticia del discurso de todos cuando, por pereza y por miedo, asociamos a la tercera edad, sin discriminación ni reflexión serena, la pérdida de facultades esenciales, la enfermedad, la decadencia intelectual, la inutilidad, el aislamiento, la renuncia al disfrute, el empeoramiento del carácter y -de forma especial- el conservadurismo político, la inflexibilidad moral y la querencia hacia el inmovilismo” (pág. 34)

Fitero y la Virgen de la Barda

Barda

Ayer, 15 de agosto, la Iglesia Católica celebró la festividad de la Asunción de Nuestra Señora, el día grande y festivo por excelencia en muchos pueblos de Navarra. En los días previos, en algunas de estas localidades, se ha celebrado la tradicional novena, que reúne a vecinos del pueblo, residentes y foráneos, en una ceremonia que concita devoción, emoción, tradición e historia, bajo la advocación propia de cada lugar. Y también ayer, a primera hora, en una mañana limpia y radiante en la que a los auroros tradicionales se unen otros devotos de la Virgen que quieren honrarla en su día, sonó la aurora en honor a la Excelsa Patrona. Con variantes, perfectamente aplicables a las demás localidades, el estribillo de la novena a la Virgen de la Barda reza así: “Pues sois imán verdadero/que roba los corazones/Colmadnos de bendiciones/ Oh Patrona de Fitero”.

Aunque en fecha distinta, pocas localidades como la villa monástica han conservado el ritual propio de una celebración de estas características: una hermosa imagen gótica, varias veces retocada a lo largo de los siglos; una gran capilla y un baldaquino barrocos, además de un camarín levantado por suscripción popular, sede definitiva de la Patrona después de otras ubicaciones; una amplia documentación de la historia, arte y devoción a la Virgen a lo largo de ocho siglos; y una fiesta con su novena, sus gozos, el rosario general y la salve, la aurora, la misa y la procesión.

El pasado día 14, en el marco de unas jornadas sobre “Historia, arte, música y espiritualidad en el monasterio de Fitero”, que se extenderán hasta el próximo día 20, tuvo lugar la presentación del libro Ocho siglos de historia, arte y devoción en Fitero. La Virgen de la Barda: de titular del monasterio a patrona de la villa, obra de Ricardo Fernández Gracia. El autor reúne una doble condición especialmente oportuna para abordar este trabajo: es hijo de la villa y, en consecuencia, ha mamado -como así queda patente en la dedicatoria a su madre- lo que la devoción a la Virgen supone de raigambre, devoción y tradición familiar; y es un reputado historiador del arte navarro en general y del fiterano en particular.

El libro trasciende con mucho su carácter de monografía local, para abordar rigurosamente, a partir de un exhaustivo acopio de fuentes documentales, una trama histórica en la que la historia, el arte y la religiosidad se aúnan para ofrecer una síntesis que puede servir de modelo a estudios vinculados a otras advocaciones o localidades. El solo enunciado de su índice da cumplida cuenta de su riqueza y del tratamiento integral del tema: la imagen gótica, los relatos legendarios sobre su origen y advocación, el culto en el periodo abacial hasta 1785, la celebración en su honor acordada por el ayuntamiento en el mismo año, patrona y signo de identidad de Fitero, la capilla y el camarín, la reproducción de la imagen, la fiesta, la restauración de la imagen en 1965, y un apéndice literario mariano. Nadie mejor que el autor para resumirnos su contenido: “Este libro, por tanto, trata de la historia, de la reconstrucción de una parte del pasado común de la villa de Fitero, en este caso centrado en su patrona y en la celebración de la fiesta desde los albores del siglo XVII a nuestros días”.

En el caso de Fitero se da una doble y feliz paradoja: la villa estuvo sometida a la jurisdicción del abad y tuvo que conformarse durante siglos con una capilla situada en el lado de la epístola de la iglesia abacial como parroquia de la localidad. La imagen de Santa María la Real, como titular del monasterio, presidió el templo hasta 1583, en que se colocó el retablo mayor y pasó a presidir la nueva capilla parroquial. Solo a finales del siglo XVI tomó la nueva advocación, que culminó en 1785 con la institución de la fiesta de “la Madre de Dios de la Barda”, debido a la “devoción suma de todos los habitadores de este pueblo”. Con la desamortización, a diferencia de lo ocurrido con el resto de monasterios de Navarra, la iglesia abacial continuó su culto, ahora ya como parroquia local, conservando buena parte del ajuar monástico. Y Fitero, que durante siglos vivió de prestado, pasó a tener la parroquia más monumental y una de las más bellas, si no la más, de todo Navarra.

El libro se sitúa en la mejor tradición de los estudios marianos navarros, con antecedentes espléndidos, caso de Jesús Arraiza o Clara Fernández-Ladreda, puntualmente citados por el autor en la amplia bibliografía que cierra el trabajo.

Primorosamente editado con las ayuda de Jesús Irisarri por la parroquia de Santa María la Real de Fitero, a cuyo frente se encuentra Javier Goitia; con abundantes ilustraciones en blanco y negro y color, buena parte de ellas obra de Jesús Latorre; su precio es de 25 euros y sus beneficios irán destinados a la restauración de la capilla de la Virgen de la Barda, en el centenario de su dedicación en 1918. El libro está encabezado por una presentación debida a la pluma del cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia y sucesor de uno de los hijos más ilustres de la villa, don José María García Lahiguera.

Un texto, en suma, no solo para los fiteranos, que lo tendrán a partir de ahora como libro de cabecera, sino para todos los amantes de la historia, el arte y la devoción mariana. Enhorabuena al autor y a cuantos lo han hecho posible.

Diario de Navarra, 16/8/2018

 

Mil y una muertes

 

Sergio2

Los grandes premios literarios suelen suscitar en mí, lector errático e intermitente, el deseo de conocer algo de sus autores. Así ocurre con los premios Nobel o los Cervantes. Este año, el Cervantes recayó en Sergio Ramírez, escritor nicaragüense.

Las personas de mi generación vivieron con interés e incluso entusiasmo el final de la dictadura de Somoza y el acceso al poder de los sandinistas, entre los cuales emergían dos poderosos intelectuales como Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez. Pero aquella revolución que tanto entusiasmo suscitó, en el contacto con la dura realidad centroamericana, pronto perdió sus aura intachable, el desapego de algunos de sus líderes valiosos, hasta devenir en una cruenta dictadura en la que el otrora comandante Ortega no ha dudado en masacrar a su pueblo para mantenerse en el poder.

Sergio Ramírez, claro, rotundo y ponderado, denunció dicha situación en el acto celebrado en el mes de abril en Alcalá, y aprovechó su discurso para ofrecer el premio a los jóvenes que estaban muriendo por una Nicaragua en libertad.

Pues bien, en este contexto, la biblioteca de Estella situó en el apartado de novedades la novela Mil y una muertes, publicada por el autor en 2004. La he leído con interés y cierto desconcierto, porque no he acabado de captar el caleidoscopio que Ramírez nos ofrece. Un fresco donde Flaubert, Turguéniev, George Sand, Chopin, y el omnipresente Rubén Darío toman vida de la mano del fotógrafo Castellón, hilo conductor de las diferentes historias.

Me han sorprendido gratamente las muchas lecturas que soportan la novela, el lenguaje utilizado, que prueba la extraordinaria riqueza del español del otro lado del mar, la exuberancia de las imágenes utilizadas y la prosa florida de Ramírez, no sé si homenaje a su autor de referencia, Rubén Darío. Tal vez haya entendido poco, dado la complejo de la narrativa empleada, pero he disfrutado mucho con una lectura que me ha hecho viajar de un lado al otro del Atlántico, por situaciones poco usuales y a veces disparatadas.

¿Ficción o realidad, lo aquí narrado? Tal vez la respuesta esté en el epitafio de Xavier Villarreal que abre el libro: Duerme aquí, silencioso e ignorado/ el que en vida vivió mil y una muertes/ Nada quieras saber de mi pasado./ Despertar es morir. ¡No me despiertes!

Ficha bibliográfica: RAMÍREZ, Sergio, Mil y una muertes, Alfaguara, Cali, 2004.

 

Alberto Urroz y el festival de Mendigorría

Urroz

Alberto Urroz en la nave mayor de la parroquia de Mendigorría

En la columna del pasado domingo, titulada Pamplona de estío, Juan Gracia Armendáriz se hacía eco de las bondades de la ciudad en verano, concluyendo que “la estación en que Pamplona luce mejor es ahora, cuando el calor aprieta (…) redescubrimos nuestra ciudad con nuevos ojos, pues luce un sol casi levantino (…) y disfrutamos del latido atemperado por la sombra musgosa que proyectan los parques”.

Si esta amable versión de Pamplona la trasladamos al conjunto de Navarra, tampoco faltan razones para solazarnos en lo que hemos venido en llamar, no sin razón, nuestra alta calidad de vida, fruto de políticas continuadas y bien orientadas en los más variados frentes: urbanístico, paisajístico, gastronómico, cultural y turístico. Lo digo, porque tendente como es al adanismo, conviene recordar al actual gobierno que no es sino un eslabón más en la cadena de los que fueron y serán, habiendo aportado cada uno su granito de arena para que podamos disfrutar de esta Navarra que nos incluye a todos.

Durante un tiempo fue un lugar común decir que Navarra en verano era fundamentalmente una tierra de procesiones y vacas. Pero siendo esto verdad, con lo que tiene de positivo mantener dos tradiciones que no es por casualidad que congreguen al mayor número de personas de cada localidad, no sería justo dejar de señalar que en los últimos lustros determinados programas culturales amenizan, bien sea en locales cerrados o en nuestras frescas noches con chaqueta, nuestro verano menguante. Los hay más institucionales: Festival de Teatro de Olite, Kultur, Flamenco On Fire, o la Semana de Música Antigua de Estella; pero los hay también menos conocidos, más modestos y recoletos, ubicados en espacios a veces insospechados, y vinculados a localidades o personas. Quisiera poder hablar de todos ellos, y lo hago fijando mi atención en uno en concreto que los representa muy bien a todos, pretendiendo dos cosas: rendir homenaje a los que los hacen posibles y animar a disfrutarlos.

Mendigorría es una hermosa población de la zona media, situada en una soleada colina sobre el Arga, con un apretado caserío del que sobresale la imponente iglesia de San Pedro. Unos kilómetros más abajo, siguiendo el curso del río, se encuentra Andelo, la importante ciudad romana hoy musealizada, que permite una visita cómoda y muy recomendable. Una población, pues, repleta de historia y de arte.

Aunque nacido en Pamplona, Alberto Urroz está vinculado a Mendigorría. Músico y pianista versátil, se graduó en el Real Conservatorio de Música de Madrid y amplió estudios en Tel Aviv y Nueva York. A su doble faceta de docente en la Universidad Alfonso X el Sabio e intérprete en festivales nacionales e internacionales, une una tercera de investigador, con una tesis leída en 2017 y vinculada a la enseñanza-aprendizaje de la técnica pianística.

Probablemente sin saber muy bien donde se embarcaba, en 2004, con escasos recursos materiales, pocos apoyos institucionales y mucho ánimo y no menor energía, inició el Festival de Música de Mendigorría, que estos días cumple su XV edición. Rodeado de alumnos venidos de fuera, acompañado de profesores amigos o conocidos por él, Alberto Urroz ejerció desde el primer año como hombre orquesta: organizador, director y, sobre todo, intérprete principal de los variados

programas que ha ido presentando con el correr de los años. Evidentemente, es el alma mater del festival.

El de este año, iniciado el día 27 y que se prolongará hasta el 12 de agosto, incorpora algunas novedades: se inició con un recital de canciones míticas de Broadway en el centro cultural de Tafalla -magnífico para eventos de este tenor- e incluirá un recital de arpa en el museo romano de Andelos. Pero el plato fuerte lo constituyen los conciertos que tienen lugar en la iglesia parroquial, nada menos que cinco más. En familia, con el piano situado en medio de la nave central, bien solo o acompañado de otros instrumentos o la voz humana, las veladas tienen un encanto especial, porque a la calidad musical hay que añadir un bellísimo marco que constituye un lujo para los sentidos: un interior en el que conviven las naves gótico-renacentistas y una buena colección de retablos romanistas y barrocos.

Si pueden, acérquense a Mendigorría estos días. Ni la música ni el marco artístico les dejarán indiferentes. En todo caso, de vacaciones o no, permítanme una sugerencia: ojeen la agenda diaria del DN. No les faltarán propuestas de interés.

Diario de Navarra, 2/8/2018