Tú no eres como las otras madres

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Animado por el comentario de Víctor Manuel Arbeloa, que en su cuaderno de bitácora valoraba la novela como excepcional, inicié la lectura del libro con los mejores augurios. Terminada ésta, no dudo de haber leído un buen libro, pero no tengo la sensación de haber tropezado con una obra maestra.

La novela reconstruye la vida de una madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía del Berlín de entreguerras, liberada de los prejuicios de su tiempo y casada sucesivamente con tres hombres bien distintos. Es madre de tres hijos tenidos con hombres a los que ha amado, además de otras muchas relaciones ocasionales. La vida nos la cuenta una de sus hijas, Angelika Schrobsdorff, que coincide con las autora de la novela, por lo que tiene mucho de biográfico.

Dos épocas bien distintas se describen en la obra. En la primera parte, el Berlín desenfrenado de los locos años veinte, con sus fiestas, sus conciertos y sus cabarets, se nos presenta un periodo de pasión, juventud, energía y loca actividad política en el que se incuba el nazismo. El fresco que se nos propone es amplio, brillante y bien articulado, y la sociedad alemana, con las fracturas que se adivinan, se nos describe desde la perspectiva de una clase media donde soñadores, artistas, agitadores, conspiradores, espías, criados, intelectuales y falsificadores tienen su asiento.

Pero esa mujer liberada y poco temerosa es judía y esta condición marcará el resto de su vida. La preocupación inicial da paso a un miedo progresivo que se convierte en preocupación obsesiva por ella y su familia a medida que los nazis se asientan en el poder. Si quiere sobrevivir tendrá que aceptar un matrimonio de conveniencia, y exiliarse a Bulgaria con sus dos hijas, desconocedoras en buena medida de lo que se les viene encima. El hijo, que toma conciencia de su condición de judío, se alista en el ejército francés y muere en la batalla. Las cartas entre madre e hijo alcanzan una gran intensidad y constituyen momentos especialmente afortunados de la novela. Y todo ello, teniendo que dejar a sus padres en Berlín, con el consiguiente final esperable. Esta segunda etapa, en la que la madre conoce la pobreza y el dolor del exilio, le hará replantearse el sentido de la vida. Pero incluso en los peores momentos y circunstancias, visible sobre todo en las cartas finales a sus hijos, su mensaje siempre será optimista: la vida merece la pena vivirla.

La novela, publicada en 1992, ha sido uno de los grandes éxitos de 2016 en España.

Ficha bibliográfica: SCHROBSDORFF, A., Tú no eres como las otras madres, Periferica & Errata naturae, Madrid, 2016.

 

Del Plan Moderna al Plan Navarra S3

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Presentación del Plan Navarra S3

En los últimos años, acrónimos y siglas proliferan en los textos de periódicos y revistas, llegando a encaramarse incluso a los titulares. Eso ha sucedido en este caso, con un titular que a muchos lectores no iniciados les habrá dejado desconcertados. Espero que al final del artículo el galimatías quede aclarado y haya tenido para ustedes algún interés.

Navarra es una región que abandonó su carácter preferentemente agrícola a mediados del siglo XX, inició la senda de una sólida industrialización en la segunda mitad y aspiró a convertirse en una región de servicios a partir de los años ochenta del pasado siglo. Esto la llevó a escalar posiciones en la lista de regiones europeas más desarrolladas, hasta situarse en el año 2007, justo antes de la crisis, en el puesto 32 de las 270 que conformaban la Unión Europea. A ello contribuyeron de forma notable los cuatro Planes Tecnológicos que se pusieron en marcha entre 2000 y 2015. Azuzados por la crisis, que ha impactado seriamente en nuestra economía, y el contexto europeo, concretado en el Tratado de Lisboa de 2007 y la Estrategia Europa 2020, Navarra puso en marcha el Plan Moderna en 2010. Moderna era un plan estratégico a medio y largo plazo que impulsaba el cambio de modelo de desarrollo económico en Navarra hacia una economía basada en el conocimiento y centrada en las personas. La Comunidad Foral fue la primera región española en lanzar un plan de estas características, que hacía de la participación ciudadana y el consenso institucional dos elementos claves de su estrategia. El plan fue impulsado por las principales instituciones políticas, educativas, empresariales y sindicales, y fue aprobado por el Parlamento de Navarra con el voto favorable del 76% de sus representantes. Moderna recogía los retos que afrontaba la economía navarra y definía la estrategia y los grandes ejes de actuación entre 2010 y 2030, en las áreas de la economía de la salud, la economía verde y la economía del talento, con unos objetivos muy ambiciosos: situar a Navarra entre las 20 primeras regiones europeas en PIB per cápita (hoy está en el puesto 58) y entre las 10 primeras regiones europeas en el Indicador de Desarrollo Humano, mediante una asistencia sanitaria de máxima calidad y un sistema educativo excelente.

La severidad de la crisis, el optimismo de las cifras, la insuficiente imbricación de las instituciones educativas, empresariales y sindicales, y la llegada de un nuevo gobierno, han provocado una revisión del plan y su sustitución por la Estrategia de Especialización Inteligente, denominada Navarra S3. Se trata de un plan a medio y largo plazo liderado por el Gobierno de Navarra junto con empresas, universidades, centros tecnológicos e instituciones sociales, que busca la mejora económica de Navarra a través de la especialización de su economía en las áreas donde cuenta con mayores perspectivas de futuro. La Navarra S3 tiene tres grandes objetivos: mayor calidad de vida, mayor prosperidad y mayor sostenibilidad; y para alcanzarlos se fija un desarrollo regional basado en cinco ejes: una Navarra cohesionada, saludable, sostenible, industrial y competitiva. Estos ejes, a su vez, se concretan en las áreas económicas prioritarias: automoción y mecatrónica, cadena alimentaria, energías renovables y recursos, salud, turismo integral, e industrias creativas y digitales.

Sobre el papel, poco que reprochar y mucho que aplaudir. Pero esto también sucedió con el Plan Moderna. Lo que hace falta es no caer en los mismos errores que lastraron el plan anterior. Por ello, frente a la catarata de palabras casi siempre huecas como diagnóstico, estrategia, implementación o monitorización, que normalmente acompañan a estos planes, convendría insistir en lo obvio: la importancia de los objetivos claros y compartidos, la necesaria interacción de los agentes políticos, económicos, educativos y sociales en todas y cada una de las fases del proceso, la necesidad de un presupuesto suficiente y sostenido para llevar adelante los planes, y la búsqueda incansable de fondos externos, nacionales y europeos, que complementen los presupuestos forales. Con una premisa básica: a mi juicio, la educación debe jugar un papel esencial en el desarrollo del plan. En el ámbito escolar, generalizando la apuesta por el inglés como elemento ordinario en primaria y secundaria, y reforzando la autonomía de los centros. Y en el ámbito universitario, dando a las dos universidades presenciales, la Pública de Navarra y la de Navarra, un papel destacado en todo el proceso, tanto en docencia como en investigación. El Plan es bueno, hace falta que lo sean también sus resultados.

Diario de Navarra, 12/1/2017

 

1912+1

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Me encuentro estos días de navidades inmerso en la preparación de un viaje a Sicilia con mis alumnos del Aula de la Experiencia de la UPNA. Los autores que he ojeado coinciden en recomendar algunos nombres como especialmente representativos de la literatura de autores sicilianos o sobre Sicilia. Verga, De Roberto, Pirandello y Sciascia son los cuatro autores más citados.

En mi biblioteca encontré un librito de Leonardo Sciascia, titulado 1912+1, que he leído con cierto interés, El 8 de noviembre de 1913 (1912+1, como escribió en cierta ocasión D´Annunzio, autor a la vez admirado y odiado por Sciascia), en San Remo, la condesa Tiepolo mata de un disparo al asistente de su marido, un capital de los Bersaglieri, Quintilio Polimanti, quien, según la condesa, había intentado forzarla sexualmente. A pesar de los débiles argumentos de la defensa, las incongruencias y las comprobaciones contradictorias, vence el sacrosanto concepto de la familia y el honor, y la condesa es declarada inocente. El libro narra minuciosamente los distintos aspectos del juicio, lo que sirve al autor para reflexionar acerca de uno de los temas que más le han obsesionado: el concepto de justicia, en un país como Italia, dominado por las convenciones sociales, el poder de la Iglesia y una casta judicial básicamente conservadora. Pero la nueva Italia, la de la modernidad, pugna por salir. El divorcio, la guerra de Libia, los futuristas o Pirandello aparecen entreverados en un relato de interés.

Como nada hay nuevo bajo el sol, he aquí el retrato que hace Sciascia del abogado Raimondi, el defensor de la condesa Tiepolo. “La condesa Tiepolo podía, pues, considerarse en buenas manos: el abogado Raimondi era de militancia socialista y herencia liberal; de copioso y vibrante verbo, según constaba en las crónicas parlamentarias. Que luego, ocho meses después, los periódicos aludan a él como un “exsocialista oficial”, no quiere sino decir que había dejado el partido aunque, eso sí, declarando que seguía siéndole fiel en las ideas: caso no muy distinto del de otros tantos que hemos podido ver en los últimos cuarenta años. Más que cualquier otro partido, el socialista brinda la posibilidad del desacuerdo, del abandono del mismo: en la presunción -o en la retórica- de ser más socialista de lo que el partido permite en ese momento. Pero no es infrecuente el caso de que el declararse más socialista y dejar el partido esconde el serlo menos o el no serlo ya nada”.

La reflexión nos suena a candente actualidad.

Ficha bibliográfica: SCIASCIA, L., 1912+1, Tusquets editores, Barcelona, 1987.

 

Menos héroes y más ciudadanos

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“Esfuerzo eminente de la voluntad y de la abnegación, que lleva al hombre a realizar hechos extraordinarios en servicio de Dios, del prójimo o de la patria”. Esta definición, que tal vez merezca una revisión, es la primera acepción de “heroísmo” contenida en el diccionario de la RAE. De los tres ámbitos que la definición señala, les propongo que nos fijemos en el tercero, el heroísmo en favor de la patria, normalmente unido, aunque no necesariamente, al mundo militar. Sobran ejemplos de todo ello, ya que el mundo del cine, sobre todo en estas fechas, nos ofrece ejemplos paradigmáticos.

Como pueblo lamentablemente curtido en mil batallas y creador de uno de los grandes imperios de la historia, los soldados españoles han protagonizado un sinnúmero de hechos memorables. Desde las gestas de las guerras contra los romanos, hasta llegar a la guerra civil, pasando por la etapa medieval, las gestas de la conquista y colonización de América, los tercios de Flandes, la guerra de la independencia, las guerras carlistas, el fin del imperio y los tristes episodios de la guerra de África. En casi todos ellos, los soldados, fueran de reemplazo, profesionales o de fortuna, pusieron el valor y la vida y estuvieron muy por encima de gobernantes y jefes militares. Para muchos de estos episodios sigue teniendo validez el famoso verso 20 del Cantar de Mío Cid: “¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!”.

Estas ideas me rondaban por la cabeza el lunes por la noche a la salida de la película 1898. Los últimos de Filipinas, que acababa de ver en el cine: un episodio memorable en sí mismo, menor en el transcurso de la guerra, y absolutamente absurdo en el contexto en el que se desarrolló. Los hechos sintéticos fueron los siguientes: Un destacamento de 60 militares españoles, al mando del teniente Martín Cerezo, se refugió en la iglesia de San Juan de Baler, en la isla de Luzón (Filipinas) y fue sometido a un asedio que duró 337 días, desde el 30 de junio de 1898 al 3 de junio de 1899. Desde diciembre de 1898, con la firma del tratado de Paz de París entre España y los Estados Unidos, se ponía formalmente fin a la guerra y España cedía la soberanía a la nueva potencia. Durante seis largos y durísimos meses, el teniente Martín Cerezo se resistió a entregar la plaza dudando de la veracidad de los hechos, hasta que convencido de ello por una noticia menor se entregó a las autoridades filipinas, que aceptaron unas condiciones honrosas de capitulación y permitieron con honores su repatriación a España. La lista de muertos y heridos por parte de los revolucionarios filipinos ascendió a 700, mientras que de los españoles, 15 murieron de beri-beri o disentería, 2 lo hicieron por heridas de combate -uno de los cuales fue el soldado de segunda Julián Galbete Iturmendi, natural de Morentin (Navarra) que falleció debido a las heridas el 31 de julio de 1898-, 6 desertaron y 2 fueron fusilados por intento de deserción.

El sitio de Baler ha merecido dos películas españolas de signo bien distinto. La primera, de 1945, en pleno franquismo, es un canto inequívoco al valor, el honor y el heroísmo visto desde una rígida y tradicional disciplina castrense de amor a la patria. La segunda, la estrenada estos días, presenta un perfil menos unívoco y se presta a variadas interpretaciones.

Dejando al margen los valores cinematográficos de la película, que a mí personalmente me gustó mucho por la ambientación, la recreación histórica y la buena interpretación de los actores, ¿qué visión nos da de los hechos?, ¿triunfo, mito, honor, heroísmo, desastre, absurdo, traición, triste realidad? Todos estos ingredientes y algunos más aparecen en el filme. Un teniente que, pese a su humanidad demostrada y su sentido del honor, hace de la ordenanza su regla de vida, aunque ésta se dé de bruces contra el sentido común. Otro teniente médico que, acostumbrado a tratar de salvar vidas en condiciones difíciles, es partidario de capitular, no discute la jerarquía, pero se muestra comprensivo con todos, incluso con los desertores. Y una serie de soldados de reemplazo, verdadera carne de cañón procedente de las clases más humildes, cuyas familias no disponían de las 2000 pesetas necesarias para impedir su enrolamiento en el ejército, que se debaten entre su deseo de vivir, su amor por una España que los ha dejado abandonados y el absurdo de una situación para la que no encuentran explicación.

Estoy, por supuesto, mucho más cerca de la segunda visión que de la primera. Respeto el valor y el heroísmo, pero desearía para el presente y el futuro de mi país, que es España, que nadie fuera inmolado en el altar de la patria. En definitiva, menos héroes y más ciudadanos. De aquéllos, ya hemos tenido suficientes a lo largo de la historia.

Diario de Navarra, 30/12/2016

 

Una lectura cívica

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Este año que se nos va ha sido el primero de mi vida como efectivamente jubilado. Y una de las cosas buenas que me ha traído ha sido un mayor tiempo para mis aficiones, entre ellas la lectura. Repasando mentalmente los títulos, el libro que más me ha impactado en 2016 ha sido Patria, la obra de Fernando Aramburu sobre la historia reciente del País Vasco (y yo añadiría que de Navarra) a través de dos familias rotas por la infamia terrorista.

Nuestra gran tragedia en la segunda mitad del siglo XX ha sido la existencia de ETA, que ha dejado en nuestra Comunidad 42 asesinatos, cientos de heridos, y muchísimo dolor en la sociedad. Los que tenemos una cierta edad recordamos con horror los años de plomo, los entierros casi clandestinos de policías y guardias civiles, y el miedo metido en el cuerpo de casi todos. Y, por supuesto, los lazos sentimentales rotos en familias, cuadrillas y grupos de variado signo, en función de adscripciones ideológicas. Pero pasados apenas unos años, el relato de lo vivido empieza a ser irreconocible. Con la excusa de pasar página, se blanquean trayectorias, se habla con calculada ambigüedad de “todas las víctimas”, se deploran “todas las violencias”, y el lenguaje resulta tan borroso como los acontecimientos que pretendemos soslayar. Pero los hechos siguen interpelándonos, a pesar de todo. Dos ejemplos de las últimas semanas han puesto de actualidad el relato: los sucesos de Alsasua y la gestión en materia de paz y convivencia del Gobierno de Navarra. ¿Trifulca de bar o kale borroka? ¿Visión positiva o manifiesta utilización?

A nuestra generación le cabe una especial responsabilidad. Nosotros hemos vivido los acontecimientos de primera mano, pero las próximas generaciones los conocerán a través de los testimonios escritos. Y cualquier medio es excelente si sabe utilizarse. A la memoria impagable de las víctimas, testimonio perenne de entereza y altura moral en casi todos los casos, se unieron hace unos años los tres tomos de la Historia del terrorismo en Navarra, coordinados por Javier Marrodán. En ese mismo anaquel, habrá que situar a partir de ahora Patria, que es mucho más que una excelente novela. Paso por alto sus valores literarios y formales, su atmósfera inquietante, su acertada recreación de ambientes, lugares y costumbres, para centrarme en lo esencial: el retrato fiel de una época y de una sociedad que hemos vivido tan de cerca. Nunca había visto tan bien escritas frases que retratan en un solo párrafo la sociedad que hemos conocido. Les selecciono algunas, tomadas de determinados personajes de la novela. “Les meten malas ideas y, como son jóvenes, caen en la trampa. Luego se creen héroes porque llevan pistola. Y no se dan cuenta de que, a cambio de nada, porque al final no hay más premio que la cárcel o la tumba, han dejado el trabajo, la familia, los amigos. Lo han dejado todo para hacer lo que les mandan cuatro aprovechados y para romperles la vida a otras personas, dejando viudas y huérfanos por todas la esquinas”. “Con su cautela habitual, Patxi, el nunca protagonista, el jamás detenido, y eso que era el amo del cotarro abertzale del lugar, les procuró alojamiento, por medio de un tercero”. “Nadie me ha echado una mano. La calle, sola. Las ventanas, cerradas. Y qué manera de llover. Ya te digo, nadie. Alguno que habrá visto todo desde detrás de un visillo, ha debido de llamar a la polícía y a la ambulancia. De otro modo no me explico cómo han venido tan pronto”. “Se ofició el funeral, sonaron las campanas a muerto, había pocos vecinos de la localidad en la iglesia (…) ¿Empleados de la empresa? Ninguno. En la homilía, ni una palabra sobre el atentado. Trágico suceso que a todos nos conmociona”. “-Algún día no muy lejano pocos recordarán lo que pasó. -No te hagas mala sangre, hermano. Es ley de vida. Al final, siempre gana el olvido. -Pero nosotros no tenemos por qué ser sus cómplices. -No lo somos. Nuestra memoria no se borra con agua a presión. Y ya verás cómo nos echan en cara a las víctimas que nos negamos a mirar hacia el futuro. Dirán que buscamos venganza. Algunos ya han empezado a decirlo”. “ ¿Y cuál era esa verdad? Cuál va a ser. Pues que había hecho daño y había matado. ¿Para qué? Y la respuesta le llenaba de amargura: para nada”.

No dudo de los bienintencionados objetivos de la Dirección General de Paz y Convivencia del Gobierno de Navarra. Pero sugiero a quien corresponda una medida para el inmediato futuro: enviar con cargo a su presupuesto un ejemplar a todos los centros educativos de Navarra y recomendar vivamente su lectura a toda la comunidad educativa. Sería, en mi opinión, una buena iniciativa, un acertado gesto hacia las víctimas, una contribución a la memoria, la verdad, la justicia y la reparación y una aportación a la paz y la convivencia. No lo olvidemos, antes de cerrar el libro, es preciso leer adecuadamente todas sus páginas, sin borrar ni arrancar ninguna.

Diario de Navarra, 15/12/2017

 

La educación en Navarra, algunas pautas de mejora

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La noticia educativa de este fin de año es, sin duda, el informe PISA-2015, una evaluación internacional estandarizada, desarrollada de forma conjunta por los países y regiones participantes, y aplicada al alumnado escolarizado que cumple 16 años. Abarca tres áreas de competencia: lectora, matemática y científica. Dado que la evaluación se realizó en 2015, su resultado refleja el estado de la educación en Navarra justo antes de acceder al gobierno el cuatripartito, por lo que no es imputable a éste ni lo positivo ni lo negativo de dicha evaluación. Haríamos mal en sacralizar sus resultados, pero erraríamos si no le diéramos la importancia que tienen, ya que el informe PISA se ha convertido en el instrumento más prestigioso sobre evaluación comparada.

En el presente artículo pretendo concretar mi reflexión sobre el mismo en tres aspectos: evaluar brevemente el sistema educativo navarro; hacer una lectura crítica de los resultados del informe; y proponer algunas pautas de mejora para el inmediato futuro.

Creo que nuestro sistema educativo es bueno, pero claramente mejorable. Algunas razones de su buena salud son las siguientes: la existencia de una red de centros públicos y concertados bien financiados y bien dotados de recursos humanos y materiales; la existencia de un pacto educativo no escrito a partir de 1986, que se tradujo en un largo periodo de paz escolar que ha dotado de estabilidad al sistema; el progresivo aumento de la escolarización universal, obligatoria y gratuita, que hoy se extiende casi generalizada entre los 2 y los 18 años; la extensión progresiva y exitosa de programas vinculados a la atención a la diversidad; la aplicación normalizada de la Ley del euskera y la progresiva extensión del inglés en sus diversos programas. Y, junto a esto, una excelente escuela rural; una formación profesional en alza; un profesorado motivado y bien preparado, aunque con lagunas, y una sociedad que presiona positivamente para mantener el excelente nivel alcanzado.

El informe PISA-2015 es el resultado de esta buena trayectoria. Aunque el informe es mucho más que unas meras cifras, las más significativas referidas a Navarra son las siguientes. En competencia lectora España obtiene 496 puntos y Navarra 514, por detrás de Castilla y León y Madrid. En competencia matemática, España obtiene 486 puntos y Navarra 518, por encima de Castilla y León y La Rioja. Finalmente, en competencia científica, España se sitúa con 493 puntos, mientras que Navarra alcanza los 512, tras Castilla y León y Madrid. Si comparamos los resultados de 2015 con los de 2009 y 2012 se observa una clara mejoría en competencia lectora (497, 509 y 518), mientras que hay más estabilidad en matemáticas (511, 517 y 518) y en ciencias (509, 514 y 512). Estas cifras traen aparejada otra muy buena noticia: la mejora se ha producido en un periodo en el que han descendido los presupuestos de educación y el número de profesores disponibles. Habrá que convenir, en consecuencia, que el profesorado, por un lado, y las familias, por otro, han sostenido el sistema en un momento de especial dificultad. En conclusión, PISA-2015 nos deja el siguiente retrato: Navarra se sitúa a la cabeza de España junto con Castilla y León y Madrid, supera claramente la media de España y de la OCDE y se ubica en el grupo cabecero, junto a los 10 mejores países del mundo.

Pero Navarra puede y debe mejorar posiciones en el inmediato futuro. Decía esta misma semana José Antonio Marina, probablemente el autor que más y mejor expresa la necesidad de un pacto y la mejora de nuestro sistema educativo, que España está en condiciones de situarse en el grupo de cabeza para el año 2020 si aplica a la educación un PIB del 5% anual y logra un pacto que logre sacar del debate político permanente el sistema y dotarlo de estabilidad y certidumbre. Si esto es válido para España, en Navarra lo tenemos al alcance de la mano, porque nuestro sistema es mejor, nuestro PIB es mayor, la paz social ha sido una realidad hasta hace bien poco y el compromiso de nuestra sociedad es incuestionable. En mi opinión, sin esperar al pacto educativo nacional, deberíamos abordar unas pautas de mejora, algunas de las cuales se mencionan a continuación. Entre las que conllevan aumento presupuestario destacaría como fundamental una perfectamente factible: el aumento mínimo y progresivo de una décima anual del PIB en los próximos 6 años para recuperar las cifras anteriores a la crisis y atender los programas que, previa negociación de las partes, se juzguen prioritarios para avanzar hacia la equidad y la excelencia. Pero también son importantes las que no conllevan aumento presupuestario: el tratamiento del sistema escolar como un todo; la vuelta a una paz escolar perdida en los dos últimos años; la búsqueda de un acuerdo en los programas lingüísticos que dé tranquilidad y certidumbre a la comunidad educativa; y el refuerzo del valor social del profesorado.

Los objetivos están a nuestro alcance y conseguirlos es tarea de todos.

Diario de Navarra, 12/12/2016

Renoir íntimo

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El paseo, 1870

Una visita a Madrid siempre plantea alicientes. Algunos amigos que aprovecharon el puente de Todos los Santos vinieron sorprendidos de la cantidad de visitantes que encontraron en monumentos, museos y exposiciones. Lamentablemente es el peaje que hay que pagar por visitar la Villa un fin de semana especialmente frecuentado. Pero siempre existen fórmulas para aminorar las colas y evitar aglomeraciones. Las tres más socorridas, si de un puente festivo se trata, son hacerse amigo del museo en cuestión, con las ventajas adicionales que esto tiene si la visita va a ser frecuente; proceder a la compra on line, cada vez más sencilla y conveniente para asegurar la entrada; y aprovechar los horarios menos frecuentados, que siempre son de dos a cuatro de la tarde.

Tuve la oportunidad de disfrutar de una visita en familia el pasado fin de semana. Y aunque literalmente estuvo pasado por agua, eso no nos impidió disfrutar de algunas exposiciones inolvidables. Se acercan unos días especialmente festivos. El 3, el 6 y el 8 de diciembre son fechas señaladas en el calendario foral y el puente invita al viaje, actividad altamente recomendable siempre que se pueda. Y como serán muchos los navarros que visiten la capital de España en las próximas fechas, me permito aconsejarles algunas exposiciones, en el bien entendido de que todas les harán disfrutar en mayor o menor medida. Hay mucho y bueno donde elegir. Además de las colecciones permanentes, que siempre merecen una visita, el Museo del Prado nos ofrece dos especialmente notables: Ribera. Maestro del dibujo y Maestro Mateo en el Museo del Prado. El Palacio Real, además de la espectacular Armería, nos presenta El Retrato en las colecciones reales. De Juan de Flandes a Antonio López. CaixaForum, la titulada Los pilares de Europa. La edad media en el British Museum. Y la Fundación Mapfre, Los Fauves. La pasión por el color. Pero si hay una que, por su calidad, su interés, y su planteamiento les recomiendo especialmente es Renoir. Intimidad, ubicada en el Museo Thyssen-Bornemisza.

La exposición Renoir. Intimidad es una muestra retrospectiva dedicada a Pierre Auguste Renoir (1841-1919). A través de 78 obras autógrafas, realizadas a lo largo de seis décadas de trabajo, nos permite disfrutar y conocer su evolución, desde su etapa pre-impresionista hasta sus pinturas finales fuertemente modeladas e influidas por la tradición clásica.

Está articulada en ocho salas y seis bloques temáticos: impresionismo, retratos, paisajes, escenas familiares y domésticas, y bañistas. En todos ellos, Renoir, conocido como el pintor de la alegría de vivir, crea escenas amables a veces cargadas de una fuerte sensualidad. Una sensualidad que se vincula con el placer de tocar las cosas hermosas de la vida. Los personajes de sus obras se tocan y las superficies de lo pintado empujan al espectador a aproximarse, a acariciar, a intimar. La pintura, decía el autor, debe “apresarte, envolverte, llevarte”.

Debo confesar que no toda la exposición me parece igualmente interesante. A una primera etapa, la más propiamente impresionista realmente magnífica, le sigue un distanciamiento del grupo y un progresivo éxito comercial y social que le llevaría a ser nombrado en 1900 Caballero de la Legión de Honor francesa. Justamente esa primera etapa, que se extiende hasta 1882, está representada por algunos de sus cuadros más memorables. En ellos destacan ya sus rasgos impresionistas: pinceladas rápidas, factura abreviada y nerviosa, intensidad cromática, búsqueda de la atmósfera, y permanente presencia de la figura, que es como se presenta él en las cuatro exposiciones del grupo impresionista en las que participa. “Lo que queríamos en nuestras pinturas en 1874 eran unos acordes alegres, vida sin literatura”.

Pese a su mala salud, el autor se mantiene en una evolución constante, que le llevará a buscar el ideal clásico, teniendo como fuente de inspiración la Afrodita de Cnido, Rafael, Velázquez o Ingres. Y ahí de nuevo las figuras, que nunca le habían abandonado, alcanzan una especial relevancia: los retratos y las bañistas son buena prueba de ello.

La exposición termina con una sala muy sugerente titulada “Un hermoso jardín abandonado”. Ha sido concebida como un espacio de intimidad donde, a través de sutiles referencias a los aromas, los sonidos y las texturas, el visitante pueda tener la vivencia de transitar por el jardín que Renoir pintó en Mujer con sombrilla en el jardín. Como él mismo decía: “Me gustan los cuadros que me den ganas de pasearme por ellos, cuando es un paisaje”.

Sea puntual con el horario, dótese -si es posible- de una audio-guía, abstráigase de la multitud, y déjese llevar por el placer de vivir. El goce está asegurado.

Diario de Navarra, 1/12/2016