Impresiones tras una tarde aciaga

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Les confieso a todos ustedes que la tarde del martes la pasé delante del televisor, pendiente de la tertulia y el debate anunciado en el Parlamento de Cataluña. Era la culminación de una semana de vértigo, tras el referéndum ilegal celebrado el pasado día 1 de octubre, con la repercusión mediática que supuso la inacción de los mossos y la actuación de la policía nacional y la guardia civil; la “huelga de país” -curiosa y novedosa expresión acuñada para la ocasión- que siguió a estos acontecimientos; el discurso del rey, valiente, necesario y oportuno en un momento de zozobra nacional; el traslado de la sede social de una serie de empresas relevantes de Barcelona a otras ciudades de fuera de Cataluña; y la manifestación constitucionalista del domingo, en la que los silenciosos y silenciados demostraron que son muchos más de los que pensábamos y muchos más también de los que los nacionalistas, acostumbrados a que la calle fuera suya, hubieran deseado. Para mí resultó especialmente significativo, no sólo el rescate de la bandera de España, necesitada de manos y corazones transversales que la arropen más que envolverse en ella, sino también de la bandera catalana, la senyera, bandera histórica y constitucional hoy arrumbada por los independentistas de uno y otro signo. No deja de ser paradójico que buena parte de los que enarbolaron la senyera procedieran del cinturón de Barcelona, inmigrantes para los que Cataluña, en acertada frase de Arrimadas, es su tierra, España su pais y Europa su futuro. Permítanme también una alusión de Josep Borrel, que en un alarde de racionalidad y pasión contenida, dotó de discurso a una ciudadanía desmotivada, poco cuidada y huérfana de liderazgo.

Y tras todo ello, llegó el día D. Como la política catalana no se priva de nada, el pleno comenzó con una hora de retraso, lo cual hacia presumir que las cosas estaban siendo especialmente complicadas en el bando nacionalista. Tras una apelación a la moderación y a las buenas formas, Puigmedon realizó su relato de parte; una historia de agravios por parte de España, culminada con una actuación absolutamente desproporcionada de las fuerzas de orden público contra un pueblo indefenso. Conocidos los resultados, sin una solo palabra sobre quién y cómo se validaban estos resultados, solo quedaba cumplir lo previsto en las leyes de desconexión aprobadas los días 6 y 7 de septiembre: proclamar solemnemente la independencia y declarar formalmente constituida la república catalana. Pero no sucedió esto, sino algo que todavía está por concretar, hasta el punto que el Consejo de Ministros ha tenido que requerir al presidente de la Generalitat para que explique el alcance de su declaración. Huelgan las calificaciones sobre los fuegos de artificio montados a continuación: Una sesión parlamentaria sin debate, presencia en la tribuna de Mas y otros próceres del independentismo -solo faltaba Puyol, el impresentable-, unas caras largas de la mayoría que denotaban que aquel no era precisamente una día de fiesta, una firma exterior para suplir lo que no se había hecho en el salón de plenos, un fin de fiesta que recordaba mucho al de los partidos perdedores en noche electoral y, haciendo de la necesidad virtud, un relato de los responsables políticos y las fuerzas que lo apoyan, la Asamblea nacional catalana y Omnium cultural, subrayando la apuesta por el diálogo de Puigdemon.

Desde mi perspectiva, tras los fastos y días históricos, llega la hora de verdad, que no admite retraso. Urge recuperar la legalidad constitucional, piedra angular de nuestra convivencia. Quien tiene que decidir el cuando y el cómo es el gobierno de España, pero haría mal en no ir acompañado de otras fuerzas políticas, el PSOE especialmente, en este desafío. Debería pactarse, en consecuencia, el alcance de los mecanismos utilizados para recuperar la legalidad transgredida. Y pasado un tiempo prudencial, se impone que los catalanes vuelvan a las urnas para conocer, ahora sí, la verdadera voluntad de la ciudadanía de Cataluña.

¿Y cómo debe ser el encaje de Cataluña en España? Ese es un debate que necesariamente se debe abordar en el marco de una reforma constitucional. Si algunos estamos en condiciones de entenderlo bien somos los navarros y los vascos, que tenemos nuestras propias especificidades recogidas en la Constitución. Para terminar, añado un detalle no menor del que dependerá el éxito de esta operación nada fácil. Con lealtad por ambas partes, todo es posible, pero debemos reconocer que dicha lealtad es un valor del que históricamente no pueden alardear los nacionalistas.

Diario de Navarra, 12/10/2017

 

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Viaje al sur de Francia (III) San Sernin, entre Toulouse y Pamplona

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7 de junio. Toulouse

Toulouse es una hermosa ciudad con un casco histórico muy notable. Capital del departamento del Alto Garona y de la región de Aquitania, es también la capital histórica del Languedoc.

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Conchita, Paco y Pío posan en la plaza del Capitolio

La plaza del Capitolio es el corazón de la ciudad. Lugar de reunión y celebración de eventos multitudinarios, mercado callejero, y sede de los cafés y terrazas más clásicos de la ciudad, su amplio espacio está presidido por el imponente edificio del Ayuntamiento y el teatro. Construido a lo largo de los siglos XV y XVI, presenta un interior visitable, con hermosa arquitectura y decoración en paredes y techos.

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Típica iglesia gótica de ladrillo y fachada pantalla, situada en la calle Taur

Tras la visita al Capitolio, nos adentramos en una de las calles más representativas, la rue du Taur. Frente a otras ciudades visitadas, Toulouse es la capital del ladrillo y edificios religiosos y civiles tienen el característico color del barro del Garona, convertido en material de construcción.

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La calle Taur une la plaza del Capitolio con la basílica de San Sernin

En medio de la calle, se nos aparece la iglesia del mismo nombre, una pantalla gótica con una soberbia fachada de ladrillo que se eleva sobre los tejados del conjunto. Unos metros más adelante, en uno de los edificios históricos hoy utilizados por la Universidad, una placa nos recuerda que Toulouse fue una de las ciudades que acogieron a los republicanos españoles tras la derrota en la guerra civil. “Los números 67 y 71 de la calle Taur fueron, durante la dictadura franquista, la sede del PSOE y la UGT”.

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Vista exterior de las naves y cimborrio de la basílica de San Sernin

Pero la verdadera joya de Toulouse, superior a la catedral de San Esteban, es la basílica de San Sernin, el edificio más emblemático de la ciudad. Se trata de una inmensa fábrica de cinco naves con crucero, deambulatorio y girola, una de las iglesias de peregrinación más hermosas de Francia. Impresiona recorrer la nave central con bóveda de cañón sujetada con arcos fajones y sus bóvedas de crucería, un ejemplo paradigmático del quehacer románico. Su desnudez y ausencia de decoraciones posteriores añaden verosimilitud al conjunto.

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Vista de conjunto de la nave central, con galería de triforio y bóveda de cañón con arcos fajones

Un sosegado paseo por sus naves, alzar la vista a las bóvedas y al crucero, todo ayuda a reencontrarnos con uno de los edificios singulares que, al igual que la catedral de Santiago de Compostela, con quien guarda evidentes similitudes, marca un hito en la historia de la peregrinación. Y si espectacular es su interior, no lo es menos su exterior, con una esbeltísima torre sobre el cimborrio, emblema de la ciudad, y el juego de ábsides y absidiolos de su cabecera.

Como complemento de las palabras de Trinitat, subrayo la estrecha relación de esta abadía con nuestras tierras de Pamplona y de Navarra. Compartimos el mismo patrón, San Saturnino, procedente -dice la leyenda- de estas tierras. Y los canónigos de San Sernin gozaron de importantes propiedades en el reino, con la zona de Artajona y su iglesia de San Saturnino en el cerco, levantada según modelos meridionales por esta comunidad.

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Vista de una de las naves laterales cubiertas con bóveda de arista

Tras la visita a San Sernin, nos acercamos a los otros dos edificios representativos de la ciudad: la catedral de San Esteban y el convento de los jacobinos. La catedral es un enorme edificio básicamente dividido en dos partes, una primera de una sola nave, y una segunda añadida a finales de la Edad Media. Le falta unidad estilística, pero no carece de empaque y detalles de interés.

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Vista del hermoso claustro de los jacobinos con la torre característica de los edificios tolosanos

Más emoción transmite el sorprendente convento de los Jacobinos, hoy desacralizado y en su día la casa central de los dominicos, nacidos precisamente aquí para combatir la herejía albigense. El gótico meridional de ladrillo rojo brilla en todo su esplendor en el exterior, pero el interior es sencillamente deslumbrante. Los enormes pilares brillan en todo su esplendor, que alcanza el éxtasis en el conocido como la Palmera. Virtuosidad técnica a la que se une una gran belleza formal. Una placa junto al altar recuerda a Santo Tomás de Aqino, el filósofo más influyente de la Edad Media, profesor que fue de este centro. El edificio y sus historia contrasta con el alegre exterior, literalmente tomado por grupos de adolescentes de un liceo próximo.

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Vista de la espectacular palmera de la iglesia de los jacobinos

Tras la comida, la tarde la reservamos para un tranquilo y agradable paseo por el Canal du Midi. Sorprende encontrar en una ciudad de interior un red de canales y esclusas como esta. Obra cumbre de la ingeniería fluvial del siglo XVIII, está declarado Patrimonio de la Humanidad.

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L´hotel Dieu, a la orilla del Garona

Tras la finalización de la visita oficial, Toulouse ofrece un sinfín de paseos. Nosotros optamos por la orilla del Garona, el gran río del sur de Francia, plagado de grupos de adolescentes expectantes ante la llegada de la primavera que ya se hacía presente en la buena temperatura. Un gran rodeo por calles y boulevares no llevó de nuevo a la zona próxima a la plaza del Capitolio, donde cenamos al aire libre una salchicha típica de la zona.

Toulouse se nos ha presentado como una ciudad amable y seductora. Una ciudad que, además de un gran pasado, tiene un presente productivo y un prometedor futuro. La aeronáutica y los estudios universitarios constituyen buenos tractores hacia el siglo XXI.

Retos y cifras para la reflexión

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En este mes de septiembre que se nos va, tres noticias han acaparado buena parte de los debates en los medios de comunicación internacionales y nacionales: la crisis nuclear provocada por Corea del Norte, una dictadura en toda regla que pretende acceder por las bravas al pequeño grupo de potencias atómicas; el cambio climático que, pese al escepticismo de algunos grandes países, se ha hecho dramáticamente presente una vez más en diversas zonas de la tierra; y, entre nosotros, el proceso independentista de Cataluña, con el deplorable espectáculo ofrecido por la mayoría del Parlament dispuesto a conseguir sus objetivos aún al precio de arrumbar principios democráticos que creíamos inherentes a sociedades avanzadas.

Y mientras esto sucede, los verdaderos problemas enquistados siguen siendo una realidad a la que a menudo no acabamos de poner cifras que nos permitan medir su gravedad extrema. Permítanme hoy hacerme eco de algunas de ellas, tomadas del suplemento nº 237 de los Cuadernos de Cristianisme i Justícia, de los que hemos hablado en otras ocasiones.

Tal vez el primer problema de nuestro mundo de hoy sea el hambre, la pobreza y la desigualdad. 795 millones de personas no disponen en el planeta de alimentos suficientes para llevar una vida saludable y activa, lo que equivale a 1 de cada 9 personas. La malnutrición provoca el 45% de las muertes de niños menores de 5 años: 3,1 millones de niños al año. En España, pese a lo que pudiera parecernos, la pobreza también es un problema de primer orden. Una persona está en riesgo de pobreza cuando su renta anual es inferior a un determinado umbral. La UE ha fijado ese umbral en el 60% de la renta media disponible. En 2015, para España se situaba en 8.011 euros por individuo o 16.823 euros por familia compuesta por pareja y dos hijos menores de 14 años. ¿Sabe usted cuantos millones de personas hay en España bajo este umbral de ingresos?: en torno a 10 millones de personas. Y si lo concretamos en menores de edad, el riesgo de pobreza se eleva en España hasta el 29,6, un total de 2,46 millones de niños y niñas.

Las migraciones son otra de las plagas de nuestro tiempo. En 2015, según ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, se llegó a los 65,3 millones de refugiados, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Más de la mitad (el 51%) son menores de edad y, pese a lo que sería lógico y razonable, el 86% de los desplazados son acogidos por países en vías de desarrollo. Los cinco primeros países son Turquía, Pakistán, Irán, Jordania y Kenia. Mientras tanto, en el horizonte asoma otra nueva oleada. Unos 480.000 refugiados rohingya han llegado a Bangladesh. Escapan de la ola represiva lanzada por el Gobierno de Birmania en una operación que cabe caracterizar de limpieza étnica. Nos resulta escandaloso que Donald Trump pretenda construir un muro de 1.600 kilómetros entre Estados Unidos y México, pero somos menos estrictos con los 1.200 kilómetros que se pretenden levantar en Europa, incluidos los 18,7 de Ceuta y Melilla. Para más inri, esta semana ha finalizado el plazo de dos años que se concedió la vieja Europa para acoger a 160.000 refugiados. La cifra final ha sido de 30.000 y solo cuatro países han cumplido con su cuota: Malta, Finlandia, Irlanda y Suecia. El resto no ha llegado ni a la mitad, Y en la cola se sitúa España, con apenas el 10% de los previstos.

El cambio climático y la crisis ecológica es el tercero de los grandes problemas de nuestro tiempo. Entre 1880 y 2012 la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados. La previsión del grupo intergubernamental de expertos señala que, dada la actual concentración y las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que se supere los 1,5 grados. En consecuencia, los océanos del mundo seguirán calentándose y continuará el deshielo. Se prevé una elevación media del nivel del mar entre 24 y 30 centímetros para 2065 y entre 40 y 63 centímetros para 2100. Según ACNUR, entre 250 y 1.000 millones de personas podrían desplazarse en los próximos 50 años a causa de desastres producidos por el cambio climático: inundaciones, sequías, huracanes, etc. Sería uno de los mayores desplazamientos de personas de la historia de la humanidad.

Estas cifras nos desbordan y nos abruman, y tendemos a pensar que no es cosa nuestra, sino de la ONU y los diferentes gobiernos. Pero el cambio requiere una concienciación personal que acabe siendo colectiva. Dado que hoy, más que nunca, tenemos los medios para acabar con tales plagas, tenemos derecho a soñar con un mundo en el que nuestros descendientes las consideren simplemente como parte de una historia que afortunadamente logró superarse.

Diario de Navarra, 28/9/2017

 

Viaje al sur de Francia (II) Los caminos de la peregrinación

6 de junio. Pau, Saint Bertrand de Comminges, Moissac, Toulouse

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Vista de la mole catedralicia de Saint Bertrand de Comminges desde el parking

El día amenaza lluvia. Estamos en la región pirenaica y Saint Bertrand de Comminges está situado en la ruta de peregrinación que enlazará con los caminos jacobeos al otro lado el Pirineo. La llegada impresiona. Sobre una colina, se alza una pequeña población de la que sobresale la mole descomunal de su antigua catedral, coronada por una torre que alcanza los 55 metros de altura.

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Vista de la nave gótica del siglo XIV

Dejamos el autobús en el parking habilitado en el llano y ascendemos a pie, en compañía de una fina lluvia, la colina en la que aparecen restos de una antigua ciudad romana Lugdunum Convenarum, devastada por los vándalos en el año 409. Pasados unos cuantos siglos, Bertrand de L´isle (1050-1123), de familia noble y canónigo de Toulouse, es nombrado obispo de Comminges en 1083 y levanta la catedral. El edificio actual alberga bajo un único techo tres épocas y estilos bien diferenciados: una iglesia románica del siglo XII, fundada por el propio Bertrand, algunas de cuyas partes se han conservado; una iglesia gótica del siglo XIV, diseñada y financiada por el papa Clemente V, que también había sido obispo de Comminges;

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Antonio Merino fotografía “la iglesia de madera”, el gran coro capitular inserto en el interior

y en su interior “una iglesia de madera” verdaderamente espectacular, inaugurada en 1535. Sorprende también en su interior, además de las capillas y los sepulcros, un inusual órgano, ubicado en una esquina y elevado sobre cinco columnas acanaladas ante la ausencia de coro.

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El original órgano barroco situado en una esquina se sustenta sobre 5 columnas

La torre de los pies, rotunda y de claro carácter defensivo, se eleva sobre un pórtico románico y un nártex con pilares que soportan un bóveda de 8 nervaduras. Por si todo esto no fuera suficiente, el claustro románico en tres de sus galerías y una cuarta gótica, constituye un jugar de paz y relajo. Un muy buen sistema de audífonos entregados a la entrada nos permite seguir cómodamente las explicaciones del conjunto.

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El claustro ofrece buenas perspectivas e imágenes para el recuerdo

Sorprende encontrar todavía hoy conjuntos perdidos, acompañados de apenas un puñado de casas, de un magnitud y rotundidad difícilmente explicables. Es lo que sucede con Ujué o Roda de Isábena, que me vienen a la memoria al contemplar el caserío de Comminges.

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La rotundidad y carácter defensivo de la torre quedan en evidencia en la imagen

Tras este primer hito del día, subimos de nuevo al autobús para desplazarnos hasta Moissac, uno de los lugares emblemáticos de todo el viaje.

Hoy Moissac es conocido como uno de los cuatro grandes pórticos románicos de Francia, junto con Conques, que también veremos, Vezelay y Chartres, pero en origen fue mucho más.

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El grupo escucha atento las explicaciones de Trinitat en el claustro de Moissac

En el siglo XI, al calor de Cluny y su reforma religiosa, Moissac conoce una gran prosperidad espiritual y material: nueva iglesia de grandes proporciones, consagrada en 1063, claustro finalizado en 1100, y el pórtico que comentamos, levantado en la primera mitad del siglo XII. Del XIV al XIX es un periodo de decadencia, dispersión y venta de edificios y bienes. En 1845, la construcción de la nueva vía férrea Toulouse-Burdeos destruyó el refectorio. El claustro se salvó de milagro, por haber sido catalogado años antes como Monumento Histórico.

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Una vista de conjunto del claustro con María Puy, Pili y María Luisa en primer término

El pórtico de Moissac, mil veces visto y explicado en clase, no decepciona, sino todo lo contrario. La gran escena del tímpano, Cristo en Majestad, el Tetramorfos y los 24 ancianos portando copas e instrumentos musicales, ordenados en tres registros y con la cabeza vuelta es un clásico de la escultura románica. Variedad de actitudes, vigor en los movimientos, detalles de los pliegues, drapeados de los ropajes, todo coadyuva a la calidad del conjunto. Muy interesantes son también las escenas que ilustran las paredes laterales del tímpano.

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El relieve de Jeremías probablemente es la cumbre del pórtico de Moissac

Pero donde el conjunto alcanza los elementos más sublimes es en los rosetones del dintel, el parteluz y las bellísimas figuras de Jeremías y Pablo, dulce y melancólico el primero, probablemente la pieza más exquisita, y severo el segundo. Los cuerpos adosados a la columna se estiran extraordinariamente en un adelanto de los modelos manieristas.

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Parte de la pequeña comunidad monástica de Moissac en el rezo de vísperas

La iglesia gótica tiene interés, pero no alcanza el climax del pórtico, aunque su visión desde el primer piso de la torre románica situado a los pies es muy hermosa.

Si emocionante resulta la visión del pórtico, no lo es menos el claustro, el más antiguo de los claustros historiados conservados en el sur de Francia. Afortunadamente podemos degustarlo sin prisa y con pausa. Fotos, recuerdos, capiteles vegetales e historiados, todo cabía en un espacio armónico pese a que las galerías que nos han llegado son las reconstruidas en ladrillo en la segunda mitad del siglo XIII. Junto a los capiteles, es preciso destacar las placas de mármol esculpidas en las pilastras de las esquinas.

Pero antes de dejar Moissac, todavía nos quedaba una agradable sorpresa. Una pequeña comunidad de monjas de clausura nos invitaba a vísperas, que casi todo el grupo siguió con interés. Lejos de aquella comunidad monástica masculina, rica y abundante en la edad media, la media docena de hermanas eran una réplica tenue de la gran tradición monástica de la Europa Occidental. Con una advertencia, tampoco en esto hay que confundir cantidad con calidad.

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Imagen de un órgano portátil situado en el coro de la iglesia de Moissac

Tras la visita a Moissac, que nos dejó una profunda huella, salimos hacia Toulouse, la gran ciudad del Midi. La sorpresa fue encontrar una ciudad con una red de canales que convivían con carreteras y calles en medio de la aglomeración urbana. Tras divisar la alta torre de San Sernin, nos acercamos hasta la zona de la estación de ferrocarril donde teníamos nuestro hotel. El encanto de la zona, en fase de peatonalización, y del edificio -una vieja posada reconvertida- no nos acompañó en las habitaciones y sobre todo en la cena. Pero ahí estaba nuestra Trinitat poniendo los puntos sobre las íes. Su esfuerzo se agradece.

 

Pablo Domínguez, misionero paúl

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El pasado 27 de julio les daba noticia del fallecimiento de Carmelo Velloso, un misionero paúl de Larraga, que había pasado su vida entre los presos de la cárcel de Martutene y los más pobres de Honduras. Hoy, sin cumplirse dos meses, debo hacerme eco de la muerte de Pablo Domínguez, también misionero paúl, en los últimos cinco años responsable de la iglesia de La Milagrosa de Pamplona.

Carmelo y Pablo, mis dos grandes amigos de la adolescencia y primera juventud en los paúles, han pasado los últimos meses de su vida, unidos por el dolor y la enfermedad, entre la residencia de La Milagrosa y el hospital de San Juan de Dios. Y han tenido ocasión de asumir, aceptar y pasar por el crisol de la reducción y el sufrimiento una vida de entrega, según el ideal y el carisma de su fundador, San Vicente de Paúl.

Pablo nació en Tornos (Teruel) en 1950. Huérfano de padre desde muy joven, su familia se trasladó primero a Zaragoza y después a Cataluña. Él ingresó con 10 años en el colegio de Teruel para estudiar humanidades. Durante 5 años, en Cuenca, Madrid y Zaragoza, fuimos compañeros y amigos y compartimos inquietudes humanas y espirituales. Gocé de su amistad y admiré sus virtudes humanas y cristianas, concretadas en una personalidad sana y alegre, una actitud de servicio siempre presente y una vocación firme.

Cuatro ámbitos han centrado su vida y su misión, todos ellos perfectamente acordes con el carisma vicenciano: la formación de seminaristas en los años ochenta, un periodo convulso en el que las vocaciones religiosas empezaban a disminuir drásticamente; el acompañamiento a los jóvenes, una pastoral difícil a la que él dedicó algunos de los mejores años de su vida; el acompañamiento a las hijas de la caridad, una tarea casi permanente y especialmente querida en su actividad; y las misiones populares, la actividad más conocida de los paúles a lo largo del siglo XX. Pero los años del padre Langarica ya habían pasado, y el viejo y altisonante modelo de misión que tantos éxitos había cosechado no se adecuaba a las nuevas necesidades pastorales. Pablo se aplicó con entusiasmo y entrega, junto a otros compañeros suyos como Luis Mª Martínez Sanjuán, a diseñar nuevas fórmulas, nuevos estilos y nuevos equipos de sacerdotes, hermanas y seglares para continuar la misión tradicional. Los últimos años los pasó al frente de la iglesia de La Milagrosa, animando el culto y acompañando a emigrantes y marginados a través del programa Manos Abiertas.

El funeral, celebrado el pasado 20 de septiembre en esta misma iglesia, fue todo un compendio de su vida y estuvo pleno de simbolismo. En el recinto eclesial, levantado por Víctor Eusa en forma de nave ascensional -la nueva arca de Noé-, nos reunimos, presididos por el provincial, David Carmona, representantes de toda la familia vicenciana. Su familia de sangre, con su hermana Pili al frente, que venida de Cataluña le ha acompañado durante toda la enfermedad; buena parte de sus compañeros de congregación, llegados para despedir a una persona especialmente querida; una nutrida representación de hijas de la caridad, prueba del cariño y el poso que Pablo ha dejado entre ellas; y amigos varios de uno y otro signo, muchos de ellos feligreses de La Milagrosa.

La confianza que él tuvo en Dios y que dejó patente en conversaciones con unos y otros (“Lo tengo asumido, Román”, me dijo en mi última visita al hospital) se hizo presente en los cantos y las palabras pronunciadas en el funeral. Examinado de amor al atardecer de su vida, y puesto que Dios es amor, no tengo duda de que lo ha recibido en su amistad y que descansa junto a Él. Quiero pensar además que su funeral fue un aldabonazo positivo para todos. Así creí apreciarlo en el símbolo de la luz. Pese a las tormentas, la nave continúa, y allí en las vidrieras del techo apareció un rayo de luz que parecía decirnos: “No temáis, yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”.

Diario de Navarra, 25 de septiembre de 2017

 

 

Viaje al sur de Francia (I) Sepulturas reales al otro lado del Pirineo

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El edificio del Parlamento de Navarra nos habla de la relación existente entre las dos Navarras

5 de junio de 2017. Estella- Pamplona- Oloron – Lescar- Pau

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El ritmo de vida pirenaico se hace patente en la imagen. Las vacas invaden la carretera y nos obligan a reducir el paso

De nuevo, un deseado madrugón. Son las 6.30 de la mañana y María Luisa , Pili y yo cogemos el autobús de Latasa con Félix, el chófer que nos ha acompañado a tantas salidas, camino de Estella. Allí nos espera un grupo heterogéneo de personas, entre las que se cuentan las alumnas de Bargota y Los Arcos que asisten al curso de arte navarro que se está desarrollando en la casa de cultura de Los Arcos a lo largo de todo el año. De allí, a Pamplona, donde aguardan, ya algo impacientes, el grupo de alumnos del Aula de la Experiencia que constituyen el grueso de la expedición que se dispone a disfrutar del segundo viaje de estudios de la asignatura “Arte Antiguo y Medieval” que imparto desde hace años en la UPNA. El primero nos llevó hasta Sicilia, un destino siempre recomendable, que nos permitió conocer algunas obras maestras del arte griego, romano, románico, normando, gótico, renacentista y barroco, además de espacios naturales de ensueño.

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Pórtico de Oloron Saint Marie, tan bello como excesivamente restaurado

Este segundo tiene un carácter más específico. Se trata de conocer algunas obras maestras del románico y el gótico, estilos magníficamente representados en el sur de Francia.

Iniciamos el viaje recorriendo el camino aragonés, que a través de la autovía del Pirineo nos llevará hasta Jaca y el hospital de Santa Cristina en Somport. Ya en la frontera francesa nos esperan lugares estrechamente vinculados a nuestra historia. El primero es Oloron Saint Marie, fruto de la unión de dos ciudades bien diferenciadas: la vizcondal y la episcopal. Las estrechas carreteras de la vertiente pirenaica recorren paisajes bellísimos en los que el tiempo parece detenerse. Rebaños de vacas transitan la via deteniendo la circulación, conducidos por hombres y mujeres que continúan con un oficio centenario.

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Vista del interior de la iglesia de Oloron Saint Marie, robusto. armónico y de traza gótica en sus bóvedas

En Oloron dejamos la ciudad vizcondal y su espléndida iglesia de cimborrio octogonal que la emparenta con San Miguel de Almazán y el Santo Sepulcro de Torres del Río para detenernos en la abadía de Santa María, la primera de una larga serie que iremos degustando a lo largo de los próximos días. La primera sorpresa nos la ofrece su pórtico, tan bello como excesivo en su restauración. Su interior es robusto, armónico y ya de traza gótica. A la salida, un mojón nos recuerda que estamos en la Vía de Arlés y que restan 948 kilómetros para llegar a Compostela.

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Mojón que nos recuerda que estamos en el Camino de Santiago, con al vista puesta en Compostela

Tras la comida, a buena hora como es de obligado cumplimiento en Francia, nos trasladamos a Lescar, apenas una población menor en el entorno de Pau. Su aspecto exterior es sobrio y solemne, pero más interés artístico e histórico, incluso afectivo, conserva su interior. Un espacio de tres naves, la mayor cubierta con bóveda de cañón reforzado con arcos fajones y las laterales cubiertas con bóveda de arista, culminan en un crucero y un vistoso ábside con arquillos ciegos en el piso inferior y ventanas abovedadas en el superior. Tres elementos se insertan en este suelo del presbiterio: una hermosa imagen mariana sobre pedestal, un mosaico románico del siglo XII con escenas de caza, con un lisiado con una pata de palo como elemento etnográfico de interés, y una modesta placa de bronce en el suelo, entre el altar y el pedestal de la Virgen.

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La camina a buena hora nos sirve para reponer fuerzas e intercambiar impresiones

No es una placa cualquiera. “Aquí están inhumados los reyes de Navarra de la familia de los Foix-Bearn. Francisco Febo, rey de Navarra, muerto en 1483; Juan de Albret, muerto en 1516; Catalina de Foix, reina de Navarra, muerta en 1517; Francisco de Albret, muerto en 1532; Margarita de Angulema, reina de Navarra y escritora ilustre, muerta en 1549; Enrique III de Albret, rey de Navarra, muerto en 1555”. Monárquicos o no, legitimistas o no, aquí se encuentra parte de nuestra historia.

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La catedral de Lescar soprende por su espacioso interior románico

Tras Lescar, Pau se nos presenta como una ciudad señorial, limpia, aseada y llena de encanto. Capital del Bearne, territorio histórico de gran enjundia, paseamos por su casco histórico rehabilitado, su hermoso castillo renacentista, cuna de Enrique III de Francia, su Parlamento de Navarra, hoy sede administrativa, su impresionante Bulevar de los Pirineos, su casino y sus hermosas mansiones inglesas con jardín delantero. Ciudad turística, administrativa y comercial, los yacimientos gasísticos de Loc, le han dado también un plus industrial que la ciudad agradece.

Aunque en dos países distintos, esta vinculación navarra con ambas vertientes pirenaicas ha quedado palpable para todos. A ello han contribuido las explicaciones de Trinitat, nuestra guía, que he procurado complementar en algunos momentos.

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El castillo palacio renacentista de Pau representa el poder de los Albret en la nueva Francia

Tras la cena, nos retiramos pronto a descansar. El día ha sido largo e intenso y mañana promete no serlo menos.

Ciudades que fueron del Reino (y VI) San Juan de Pie de Puerto

Plaza fuerte, villa jacobea y centro comercial y administrativo

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Vista de la población de San Juan de Pie de Puerto desde los viñedos de Irulegi

Desde su creación a finales del siglo XII, la villa de San Juan de Pie del Puerto ha sido el principal núcleo urbano de las Tierras de Ultrapuertos -la Baja Navarra-. Situado, como su nombre indica, al pie del Pirineo, su orografía pasa del cielo al suelo, de los 1.456 metros del pico de Okhabe hasta los 40 metros sobre el nivel del mar. Y en medio, un paisaje de colinas dividido en tierras, valles o “países”, según la denominación tradicional. El suelo calcáreo, unido al clima oceánico con abundantes lluvias, articulan una tupida red de regatas y ríos. La Nive, el río que atraviesa, articula y defiende la villa es el caudal más conocido hasta desembocar en Bayona en el Adour. La principal actividad ha sido históricamente la agricultura y ganadería. La cebada y la avena, antes de la introducción del maíz y la patata, y el castaño, el nogal y el manzano definieron su economía. Hoy los viñedos de Irulegi, un vino con denominación de origen, constituye una de sus principales actividades agrarias y económicas.

En este paisaje rural, solo la villa de San Juan se configuró como un centro mercantil y artesanal, al servicio de viajeros y peregrinos en vísperas de abordar una etapa especialmente difícil del camino, la ascensión a Roncesvalles. Este carácter comercial lo compaginó con un importante papel defensivo, lo que convirtió a la villa en la sede política y religiosa de la zona, que se ha mantenido casi hasta nuestros días.

Hoy, San Juan de Pie de Puerto es una activa localidad, básicamente comercial y turística, que apenas alcanza los 1.500 habitantes, y que forma parte de la mancomunidad de Garazi-Baigorri, departamento de los Pirineos Atlánticos, región de Nueva Aquitania.

Un lugar de paso lentamente configurado

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Los montes y brumas que cierran la imagen recuerdan el nombre de la ciudad, situada al pie del puerto

Pese a que nos interesa especialmente la etapa en la que San Juan de Pie de Puerto formó parte del reino de Navarra, no podemos dejar de señalar algunos hitos en el devenir histórico del territorio. El imperio romano, como sucedió en Hispania, acabó fragmentando la primitiva provincia de la Galia en provincias menores. La Aquitania primigenia, la que va del Garona al Pirineo, pasó a denominarse Novempopulonia. Tras la caída del imperio romano, fueron los godos quienes ocuparon la antigua Galia. Derrotados por los merovingios en Vouillé (507), aquéllos emigraron a la Península Ibérica, dando paso a los francos en el dominio de la zona. Sus pobladores, los vascones, protagonizaron numerosas insurrecciones y, aunque no lograron romper la soberanía franca, obligaron a los monarcas a una continua vigilancia sobre el terreno. Uno de estos episodios, sin duda el más conocido, fue la cruenta emboscada en el desfiladero de Ibañeta, la batalla de Roncesvalles. Estos vascones, que poco a poco descendieron del monte al llano, dieron su nombre al territorio de Vasconia, ya acuñado en el siglo VII, y que evolucionó hasta la forma actual de Gascuña. Desde el punto de vista eclesiástico, sus tierras se dividieron entre las diócesis de Dax y Bayona, aunque políticamente formaran una única entidad administrativa.

Los lazos familiares establecidos en los siglos X y XI entre linajes de uno y otro lado del Pirineo evidencian buenas relaciones de vecindad. Algunos magnates ultrapirenaicos participaron activamente en las empresas bélicas de los monarcas hispanos, sobre todo en la toma de Zaragoza por Alfonso el Batallador (1118), que premió su participación con importantes concesiones de tierras.

Entre los historiadores hay un recurrente debate sobre si los Pirineos unen o separan. En principio, la cadena montañosa supone una indudable frontera natural que delimita espacios bien definidos, pero eso no ha impedido tradicionalmente la relación entre habitantes de uno y otro lado de la muga. Desde los primeros siglos de nuestra era ambas vertientes estaban unidas por la vía romana que enlazaba Burdeos con Astorga, y en San Juan el Viejo, justo al lado de nuestra villa, se ha descubierto un importante campamento romano. La torre de Urkulu, situada en Ibañeta, es otro hito en esta romanización. La cristianización parece fuerte y temprana si tenemos en cuenta los hagiónimos en la zona, al decir de Roldán Jimeno. La ruta de los puertos de Cisa es probablemente el itinerario seguido por Carlomagno en el año 778 en la ida y vuelta a Zaragoza, con la subsiguiente destrucción de las murallas de Pamplona en el retorno. Más tarde, esta ruta se convierte en Camino de Santiago. A Aymeric Picaud, que viajó a Compostela a mediados del siglo XII, debemos la primera descripción detenida de la ruta: “En territorio todavía de los Vascos, el Camino de Santiago pasa por un monte muy alto denominado Port de Cize, bien por ser la puerta de España, o porque por ese monte se transportan las mercancías de un país a otro. Tiene ocho millas de subida y otras ocho de bajada. Su altura es tanta que parece que toca el cielo. A quien lo sube le parece que que puede palpar el cielo con su propia mano. Desde su cumbre puede verse el mar británico y occidental, así como los confines de tres regiones: Castilla, Aragón y Francia”. Aymeric Picaud cita también la rapiña de los cobradores de peaje y los barqueros de la zona, que no respetan los derechos de los peregrinos. A lo largo de la vía surgen los principales núcleos de población y centros asistenciales: Garris, Saint Palais, Ostabat y San Juan de Pie de Puerto, desde su creación a finales del siglo XII.

Una villa navarra al pie del puerto

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La Puerta de Santiago nos recuerda la especial vinculación de la población con el camino jacobeo

En entregas anteriores hemos visto la crucial dimensión del reinado de Sancho VI el Sabio a la hora de fortalecer la monarquía con el cambio de nombre y de defender las fronteras occidentales frente a la doble amenaza castellana y aragonesa, mediante la diplomacia, el ataque militar o la construcción de plazas fuertes. A finales del reinado, aprovechando la debilidad de la monarquía inglesa y el estado de insumisión de de los vizcondados pirenaicos englobados en el condado de Gascuña, Navarra inicia su expansión al norte del Pirineo. En 1189 la Tierra de Cisa reconocía la soberanía del rey de Navarra, y Sancho el Sabio nombra a Martín Chipia tenente, al igual que otros distritos del reino. Sin duda, el castillo de San Juan será el centro defensivo más importante de Ultrapuertos y el único no dependiente del merino de Sangüesa, sino de su propio castellano. Cabe pensar que en 1189 todavía no habían finalizado las obras de construcción del castillo, ya que en el documento de nombramiento de Martín Chipia como tenente no se menciona el castillo de San Juan. Pero pocos años después, recién iniciado el reinado de Sancho VII el Fuerte (1191) el castillo levantado al pie del puerto estaba terminado y constituyó, junto con Rocabruna, la dote de la infanta Berenguela, casada con Ricardo Corazón de León y coronada reina de Inglaterra en Limassol, antes de que su marido partiera a Tierra Santa. Pese a las disputas habidas con el soberano inglés, Sancho VII el Fuerte siguió encomendando el castillo de San Juan de Pie de Puerto a hombres de su confianza que le habían acompañado en la batalla de las Navas de Tolosa, reafirmando el papel de la villa como núcleo articulador del territorio. La villa contaba con un recinto amurallado que a lo largo del siglo XIII se articuló en tres barrios, el Burgo Mayor, San Pedro y San Miguel.

La villa, que como el resto de la Tierra de Cisa pertenecía a la diócesis de Bayona, contó con dos iglesias anejas, Santa Eulalia de Ugange y Nuestra Señora del Puente, citándose una tercera, San Pedro, que desapareció a comienzos del siglo XIII. La influencia de Roncesvalles resultó decisiva tanto en su advocación como en la estructura artística gótica de la iglesia de Nuestra Señora. Pese a que su silueta, junto al río y el puente, sea la imagen más típica de la villa, hoy apenas quedan restos del edifico original. La acción de las tropas calvinistas, primero, y la radical restauración llevada a cabo en el siglo XIX, le confirieron el aspecto actual.

Castillo y río vertebran la villa

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El río Nive, el puente  y la iglesia componen la imagen más característica de San Juan de Pie de Puerto

Situada a orillas de la Nive, antiguo río Errobi, la villa de San Juan de Pie de Puerto comenzó su trayectoria histórica con la instalación de una guarnición navarra a finales del siglo XII en el castillo erigido sobre el puyo de Mendiguren. En torno al castillo se fue configurando un núcleo burgués que acabó rigiéndose por el fuero concedido por Juan Sin Tierra a la villa de Bayona, renovado en los siglos siguientes por otros monarcas. A fines del siglo XIII la villa aparece dividida en tres burgos -Mayor. San Miguel y San Pedro- y convertida en el centro administrativo de la zona y residencia del castellano, máximo representante del rey en Ultrapuertos. En calidad de buena villa contó con asiento en las Cortes de Navarra. Su presencia en las asambleas de la Cort General se documenta desde 1274 y asistió ininterrumpidamente a las reuniones por el brazo de las universidades o buenas villas durante toda su vinculación a Navarra hasta comienzos del siglo XVI. Fue además sede de reunión de cortes en dos ocasiones, ambas durante el reinado de Catalina y Juan de Albret. El régimen municipal corría a cargo del concejo de la villa, elegido anualmente por los vecinos. Entre sus competencias destacan el ejercicio de la justicia y la elección de procuradores en cortes.

Como en otras muchas villas medievales, San Juan se articulaba en torno a un curso fluvial, el Errobi, Ugarra o la Nive. Susana Herreros y Alain Zuaznavar, a quien seguimos en la descripción de los pormenores históricos, resumen así la trayectoria de la ciudad. “”Se puede decir que se trata de una ciudad puente en la que el río domina el paisaje urbanístico de este núcleo ultrapirenaico. Las aguas del río proporcionan suministro a los ciudadanos, al mercado, al hospital, permiten regar las huertas que se sitúan en sus orillas; pero además moverán los ingenios de los molinos harineros y batanes, facilitarán el transporte de los maderos que, dese los frondosos bosques pirenaicos, se trasladaban a Bayona para la construcción de los remos y mástiles de las embarcaciones, proporcionarán con la construcción de nasas o pesqueras la captura de salmónidos y harán de foso para la protección del castillo emplazado sobre el puyo de Mendiguren”.

Centro burocrático, demografía y mercado

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La calle de la Citadelle, todavía hoy,  es el centro neurálgico de la población

El paulativo desarrollo del núcleo urbano configurado en torno al castillo hizo que, además de núcleo defensivo, se convirtiera en el centro administrativo de la monarquía navarra de la zona. El control del territorio exigió un mayor aparato burocrático y los soberanos fueron estableciendo nuevos nuevos cargos encargados del gobierno, de la ejecución de penas judiciales, de la recaudación de rentas y del control de sus bienes patrimoniales. Los cargos principales fueron el castellano, representante máximo de la autoridad regia en la zona, encargado de la custodia de la fortaleza y de la defensa de la zona circundante; el baile de la villa, con función meramente económica y de recaudación de rentas del patrimonio regio; y el recibidor y los comisarios, recolectores de pechas, rentas y tributos. El territorio se articula con rapidez, de tal forma que el Rediezmo de 1268 recoge la aportación de Cisa, Bayguerr, Arbeloa, Yolt y Armendaritz, Nantasvayles, Hostabales y Mixa,con sus respectivos lugares. Como se, un territorio ya perfectamente articulado.

El rolde de 1370, el más completo de los conservados, nos ofrece un censo de 141 hogares, entre 600 y 700 habitantes. De nuevo citamos a Herreros y Zuaznavar: “La situación fronteriza del territorio, su condición de punto de acceso al mar a través de los cursos fluviales y su definición como principal vía de peregrinación y ruta de mercaderes hacia la capital del reino, explican sin duda el progresivo desarrollo mercantil de este minúsculo territorio (…) San Juan era el principal centro comercial no sólo de la castellanía sino de toda la Tierra de Ultrapuertos”. La villa estaba compuesta básicamente de artesanos, mercaderes y algunos labradores.

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El ayuntamiento está alojado en una hermosa casona del siglo XVIII

La ocupación castellana de Ultrapuertos no supone ninguna novedad respecto al resto del territorio. Los Agramont y los Luxa polarizaron las disputas nobiliarias, acentuándose la disposición filofrancesa de los primeros. La ocupación del reino, incluido Ultrapuertos, por Fernando el Católico fue más sencilla de lo esperado. Unos años después, en 1530, Carlos I optó por abandonar las tierras de Ultrapuertos. No se conserva, si es que existió, la renuncia expresa del emperador a este apéndice navarro en Francia. Parece que se trató de un abandono tácito y táctico. En su concepción estratégica, la paz con Francia primó sobre la ocupación de un apéndice minúsculo de difícil defensa. La pugna por la capitalidad con Saint Palais, el azote hugonote, el paso de castillo a ciudadela bastionada en una frontera entre dos reinos rivales, el desarrollo urbano de los siglos XVI, XVII y XVIII, la llama revolucionaria y los cambios habidos en los siglos XIX y XX son nuevos capítulos en la historia de la villa. Hoy, San Juan de Pie de Puerto, hermanada con Estella desde 1964, es un enclave jacobeo, un destacado lugar turístico y una población que forma parte de “los pueblos más hermosos de Francia”. Visitarla es, además de rememorar nuestra historia, un regalo para los sentidos. Y sigue estando ahí, al pie del puerto.

Patrimonio artístico y monumental

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Vista de la puerta del Mercado o de Navarra, todavía con inequívoco sabor medieval

Las oficina de turismo de San Juan de Pie de Puerto se encuentra ubicada en el centro de la villa, en la Plaza Charles de Gaulle, justo enfrente del edificio del ayuntamiento. Les atenderán en correcto español y les ofrecerán tres folletos de interés: Un díptico sencillo y manejable con el mapa de la villa y una pequeña selección de sus monumentos más significativos; una Guía turística 2017-2018 de San Juan de Pie de Puerto y Saint Etienne de Baïgorry, de 39 páginas, con lo más significativo de la mancomunidad de Garazi-Baigorri; y una Guía de alojamientos de todo tipo.

Teléfono: 0033559 370357

www.pyrenees-basques.com

Para el visitante que llega en coche, todo son facilidades. Aparcamientos gratuitos en el entorno de la villa permiten pasearla con tranquilidad y sosiego y disfrutar de sus tiendas, comercios especializados y restaurantes. Los hay de todo tipo, desde establecimientos con estrella michelin hasta locales junto al río Nive con menús gustosos y asequibles. Déjese llevar y, como verá, se encontrará usted en su casa.

El patrimonio artístico de la villa permite unos paseos que deparan rincones con encanto, fachadas impolutas, una exhuberante disposición floral y vistas hermosamente verdes. El itinerario esencial deberá abarcar, al menos, lo siguiente:

– Paseo por la villa medieval, con las puertas de Navarra o del mercado; de Notre Dame, enfrente del viejo puente que cruza el río Nive y la calle de España; de Francia; y de Santiago, entrada histórica de los peregrinos a Compostela.

– Camino de ronda por la muralla medieval, camino pavimentado hasta la ciudadela y visita a la ciudadela, obra del siglo XVII que sustituyó al viejo castillo.

– Iglesia de Notre Dame du Bout du Pont, un edificio gótico del siglo XIII, fuertemente remodelado en el siglo XIX.

– Casa Arcanzola, las más antigua de la localidad, datada en 1510; y casa Mansard, construida a principios del siglo XVIII, hoy ayuntamiento de la localidad.

– Cárcel de los obispos, hoy sede de exposiciones.

Para saber más

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El eco de Navarra es constante en edificios, calles, liceos y tiendas

ARBELOA MURU, V.M., La corte protestante de Navarra (1527-1563), col. Panorama, nº 20, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1992.

FORTÚN, L.J. y FLORISTÁN, A., Navarra: Los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Como en el resto de la serie, sigue siendo una de las referencias ineludibles.

HERREROS LOPETEGUI, S., Las tierras navarras de Ultrapuertos (siglos XII-XVI), Gobierno de Navarra, Pamplona, 1998. Se trata de la tesis doctoral de la autora y el estudio definitivo sobre el terrritorio ultrapirenaico.

HERREROS, S. Y ZUAZNAVAR, A., San Juan de Pie de Puerto. Una villa navarra al pie de los Pirineos, col. Panorama, nº 39, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Es el libro esencial para conocer la historia de la villa, que ha servido de referencia para elaborar el presente reportaje. Un texto de alta divulgación histórica, disponible como el resto de la serie a un precio módico de 10 euros.

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San Juan de Pie de Puerto es un buen ejemplo de la utilización del patrimonio como elemento dinamizador de la ciudad