Mis intenciones en el Consejo Social (I)

El pasado 22 de enero tomé posesión de la presidencia del Consejo Social en un acto solemne que se celebró en el edificio de rectorado. Con tal motivo, pronuncié un discurso medido, en el que desgrané mis intenciones en el Consejo y mi visión de Navarra. Lo parcelo en tres entregas, a fin de que sea más digerible. Confío en que tenga algún interés para los lectores del blog.

Señora Presidenta

Señor Rector

Señor Presidente saliente

Dignísimas autoridades

Queridos compañeros del Consejo Social

Querida familia

Señoras y señores

Buenas tardes, arratxaldeon denoi

Cuando uno cruza el cabo de los sesenta, siente unas extraordinarias ganas de contar su vida. Ese es mi caso. Pero, no se preocupen ustedes, atenderé a don Quijote cuando señala: “sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo”.

Permítanme, no obstante, que comience por una anécdota que tuvo lugar hace muchos años. Corría la primavera de 1983. Yo era un joven e inquieto profesor sin militancia política alguna, que acababa de acceder a la dirección provincial del Ministerio de Educación y Ciencia en Navarra. Fui invitado por el PSOE a participar en la redacción de su programa electoral para las elecciones forales de ese mismo año. Al llegar al apartado de “universidades”, después de darle muchas vueltas, propuse  la siguiente frase, que pasó tal cual al texto definitivo: “se sentarán las bases para la creación de una universidad pública en el territorio”.  Si yo hubiera sabido que me iba a corresponder a mí la tarea de llevar adelante aquella frase que lo contenía todo, probablemente no me hubiera atrevido a formularla. Pero la insensata, beatífica y adorable juventud no conoce barreras. Y la Universidad Pública de Navarra nació con el esfuerzo de muchos y se consolidó con el apoyo de todos.

Hoy, con la perspectiva que dan los años, no tengo ninguna duda que fue uno de los hechos capitales del último cuarto del siglo XX. La modernización de Navarra no es explicable sin la aportación de la Universidad Pública de Navarra, y su presencia explica también nuestro ranking entre las 35 regiones más desarrolladas de Europa que mantuvimos hasta el año 2010.

Si hay un rasgo que caracteriza la trayectoria histórica de nuestra Universidad  es la estrecha relación entre las instituciones, la universidad y la sociedad, que se tradujo en un hermoso campus, una generosa financiación y  un cálido apoyo a lo largo de los años.

Pocos años después, nació el Consejo Social, la institución a la que por ley foral se le encomienda ser el órgano de participación de la sociedad en la Universidad. Fernando Redón y Jesús Irurre han sido sus presidentes. Y yo, que he trabajado con los dos, puedo dar fe de sus desvelos  y preocupaciones. Por lo tanto, para los dos, pero sobre todo para Jesús Irurre, que deja el cargo después de una presidencia verdaderamente trabajada y fructífera, muchas gracias, en nombre  de todos los que hemos trabajado en el Consejo.

Este Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra presenta una particularidad respecto a sus homólogos de otras universidades. Su presidente es elegido por sus miembros y de entre la representación social.  De ahí que el 13 de diciembre pasado, en una votación no exenta de emoción y de riesgos, mis compañeros del Consejo Social me eligieron para presidir el mismo. Quiero, por tanto, darles las gracias por haber confiado en mi persona y decirles que por esfuerzo no quedará.

El Consejo Social está compuesto por 19 miembros, plurales y variopintos como la misma Navarra, designados por instituciones académicas, políticas y sociales: la propia universidad, gobierno, parlamento, sindicatos y patronal. Estos vocales son su principal activo. Personas que, gratis et amore, dedican parte de su tiempo y de sus conocimientos, que son muchos, a trabajar en favor de la universidad.  Dispone de una ley foral, aprobada recientemente por el Parlamento de Navarra, que señala con claridad las tres funciones que le competen: la supervisión económica, la supervisión del rendimiento y de la calidad de los servicios, así como el fomento de la colaboración de la sociedad navarra en la financiación de la universidad.  Para evitar equívocos, he reproducido textualmente el párrafo correspondiente de la Exposición de Motivos de la ley. Por lo tanto, mi misión está clara: cumplir y hacer cumplir lo previsto en la ley foral de creación del Consejo Social, huyendo de debates nominalistas o artificiales. Y todo ello en favor de la Universidad Pública de Navarra, institución compuesta por profesorado, estudiantes y personal de administración y servicios, que conforman la comunidad universitaria.

Anuncios

Mi despedida como presidente del PSN-PSOE

Moscoso, Felones y Jiménez, en el Comité Regional del PSN.

Mi última foto como presidente, entre Roberto Jiménez y Juan Moscoso del Prado

Ayer fue un día de grandes emociones. Me despedía voluntariamente de la presidencia del PSN-PSOE, que he ocupado en los últimos diez años, para pasar a ocupar la presidencia del Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra, tras mi elección para el cargo el pasado día 13 de diciembre.

Se me ofreció la posibilidad de dirigirme al Comité Regional del partido -máximo órgano entre congresos- y no quise desaprovecharlo. Dirigí un pequeño discurso a mis compañeros no exento de emotividad y algo debió calar entre ellos porque no fueron pocas las lágrimas que vi en algunos rostros. A modo de pequeño resumen, esta fueron las ideas que manifesté:

– Breve recuento de mi vida institucional y política desde que fui llamado a colaborar en la primavera de 1979.

– Principios básicos que han guiado mi actuación: honestidad, trabajo bien hecho, defensa de los más necesitados y lealtad.

– Ligero de equipaje, como diría Machado, 35 años después dejo la primera línea de la política con la satisfacción del deber cumplido

– Para mis compañeros un mensaje en tres palabras: gracias, perdón y ánimo

– Gracias, porque el partido me lo ha dado todo

– Perdón, porque a lo largo de mi vida política he pisado algunos callos, tal vez innecesarios.

– Animo, en nuestra doble condición de socialistas españoles y navarros. Como españoles, preocupación por el estado del bienestar que tanto nos ha constado alcanzar. Hay que defenderlo con uñas y dientes. Como navarros, atención especial al futuro de nuestra Comunidad, pensando más en las personas y menos en los territorios. Todo bajo el siguiente principio: intentar conciliar la Navarra foral y progresista.

– Apelación a nuestra condición de socialistas con la frase de Pablo Iglesias: “sois socialistas no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearos con su grandeza y con el espíritu de justicia que las anima, sino para llevarlas a todas partes”.

El discurso lo finalicé con las palabras que respondí a Alfredo Pérez Rubalcaba cuando me llamó hace dos días para felicitarme y decirme que no me olvide del partido. “Este es mi partido y me tenéis a vuestra disposición para todo lo que necesitéis. Hasta siempre, compañeros”.

La ovación de mis compañeros, puestos en pie, superó todas mis expectativas. No pude soñar mejor final.

Fernando Sebastián, cardenal

sebastiánFernando Sebastián en la ceremonia de imposición del capelo cardenalicio

Sigo de cerca las noticias de la Iglesia como institución. Y esto, por una razón doble: me interesan como creyente y como ciudadano comprometido que, al margen de la estricta separación Iglesia-Estado,  cree que la dimensión religiosa del hombre ayuda en la tarea de edificar un mundo más justo y más humano.

En el caso de la Iglesia navarra, por mi trayectoria profesional y política, he tenido la oportunidad de tratar  a lo largo de los años con una parte significativa de sus  miembros: sacerdotes en demanda de arreglo de las parroquias que tenían encomendadas, comunidades religiosas, monasterios masculinos y femeninos –estos últimos especialmente indefensos-, y miembros de la curia. He tratado también con los tres últimos arzobispos, muy distintos entre sí. Con don José María Cirarda me unía una afectuosa relación, dado que coincidí con él durante mis años de consejero de Educación y Cultura. Firmamos acuerdos, inauguramos albergues de peregrinos y trabajamos juntos, con lealtad e independencia, en años caracterizados por el cuidado del patrimonio. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que al que verdaderamente le hubiera hecho ilusión que le hicieran príncipe de la Iglesia es, precisamente, a Cirarda. Tras una misa en Javier, un 3 de diciembre, bromeé con él y le dije que a él no le hubiera importado nada ser presidente del Gobierno de Navarra. “No le diré a usted que no”, me contestó, en aquel lenguaje rico y algo ampuloso, que tan bien dominaba.

Don Fernando es de otra pasta. Aparentemente más seco y menos jovial, durante años tuve la sensación de saludarlo por primera vez cada vez que teníamos la ocasión de departir educadamente. Participé con él en tertulias en Popular Televisión sobre temas nada fáciles, e incluso me tomé la libertad de discrepar en público a propósito de las siempre difíciles relaciones socialismo-cristianismo. También lo hago ahora ante su afirmación reciente de que la homosexualidad es una deficiencia. Pero esta y otras afirmaciones discutibles no invalidan su trayectoria humana y religiosa. Dice nuestro refranero que  hasta el mejor escribiente echa un borrón.

Sebastián es un hombre que no rehúye el diálogo, por difícil que sea. Él participó, junto a los obispos de Ciudad Rodrigo, Logroño-Calahorra-La Calzada y la Seo de Urgell, y una nutrida representación de dirigentes adscritos al grupo de cristianos socialistas, ocupados en tender puentes entre las dos instituciones, en una jornada de encuentro que tuvimos en la sierra de Madrid para analizar las relaciones Iglesia-PSOE y las respectivas posiciones ante la entonces reforma inminente de la ley del aborto. Los planteamientos distintos no impidieron un debate franco y abierto en el que don Fernando se empleó a fondo.

Aunque no tiene mucho sentido el nombramiento de nuevos príncipes de la Iglesia, cuando el Papado como monarquía absoluta sui generis tiene los días contados,  no es cuestión menor su nombramiento como cardenal. Es, sin duda, el premio a toda una vida dedicada a servir a la Iglesia en los más variados frentes: teólogo reconocido, rector de la Universidad Pontifica de Salamanca, secretario y vicepresidente de la conferencia episcopal, inspirador de buena parte de los documentos eclesiales

de la transición  que tanto ayudaron al tránsito de la dictadura a la democracia, interlocutor apreciado y valorado con el PSOE en el poder –Alfonso Guerra dixit-, y obispo sucesivamente de León, arzobispo coadjutor de Granada y arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela.

Su estancia en Navarra no fue ni fácil ni inane. Hombre de gran austeridad personal y robustos y progresivamente más conservadores principios en una tierra políticamente plural y fuertemente secularizada, más maestro que pastor, ejerció su ministerio con libertad, valentía y sin rehuir los temas más espinosos. Todavía recuerdo con viveza su rotunda diatriba contra los terroristas y sus cómplices en la homilía del funeral por Tomás Caballero en la catedral de Pamplona.

Mi deseo es que, tal y como exige su cargo,  ayude al papa Francisco en la búsqueda de una Iglesia más evangélica, humilde y cercana. Una Iglesia que, más pronto que tarde, deberá suprimir el cardenalato como señal de renovación y modernidad.

Lo que mueve el mundo

Uribe

Hay libros en los que tardas en entrar y te preguntas si merece la pena continuar con su lectura. El de Kirmen Uribe ha sido uno de ellos. Animado por el éxito de Bilbao-New York-Bilbao y la concesión del Premio Nacional de Narrativa, cogí entre mis manos “Lo que mueve el mundo” sin ninguna otra referencia. En sus primeras páginas, parecía no pasar nada, discurrir todo entre cierta inanidad. Sin embargo, poco a poco su lectura me atrapó y el mundo literario comenzó a enriquecerse. Y apareció una novela singular, con muchos matices, a veces crónica narrativa, y otras historia atemporal, con el autor apareciendo en primera persona en medio de sus personajes. En la página 212, casi al final del libro, el autor nos resume su contenido:

“Pero cuéntame, ¿cuál es tu razón profunda para escribir esta novela?(…)

– Llevaba meses sin escribir nada –le dije-, y ni siquiera sabía cómo iba a ser mi próximo libro. La muerte de un gran amigo me había dejado completamente hundido. Aquella pérdida coincidió con la llegada a casa de nuestra hija pequeña. Me sentí desorientado, por un lado contento, por otro triste. Claro que ya conocía algunas historias de los niños de la guerra, siempre me habían llamado la atención sus experiencias, pero me resultaba muy complicado contarlo como estaba mandado.

-No debía de ser el momento.

-Puede que no. Sin embargo, tirando del hilo de Karmentxu, me di cuenta de que sentía muy mía la historia de Robert. Luego apareció Herman, su mejor amigo, también escritor. Y la pequeña Carmen, la hija a la que pusieron el nombre de aquella chiquita vasca. Y sobre todo Vic, la mujer que conservó la memoria para que Carmen tuviera un padre… lo que conservó la biblioteca, las cartas, los escritos, objetos, absolutamente todo. Algo me decía que esta era la historia que debía contar, una historia que coincide plenamente conmigo; una novela que relfeje lo que yo entonces sentía, porque aparecerán en ella el amigo perdido, el amor, la hija. La felicidad y la ausencia. El hundimiento de un mundo y el comienzo de otro. Eso fue lo que me trajo aquí. Sinceramente te digo que conocer la vida de Robert ha sido una manera de calmar el dolor”.

Y esto es justamente lo que la novela da: sentimientos, ambientes, instantes fugaces, ternura, convicciones. Todo contado con buen tono y talento narrativo. Un aicerto.

He aquí, resumidos, algunos párrafos que me han llamado la atención:

“La humanidad será cada vez más consciente de que necesitamos volcar nuestra atención en la poesía para interpretar la vida, para buscar consuelo, para llenarnos de sentido. Sin poesía, la ciencia se queda a mitad de camino” pág. 53.

“Marchaban en fila india, uno detrás de otro, el batallón de los inútiles soldados de buen corazón. Así llegaban a la cima en un suspiro, casi sin darse cuenta” pág, 58.

“Non vobis, sed vos. Es decir, No lo que tienes, sino lo que eres” pág. 59.

“Ante el odio, nadas mejor que el silencio. Una persona bella solo lo es mientras la ven los demás, pero una persona sabia lo es incluso cuando nadie la ve. Si la muerte fuera buena, los dioses no serían inmortales” Frases de Safo, pág. 73.

“Las rupturas no llegan de repente, acostumban a ser consecuencia de una herida que lleva tiempo abierta. Como en los terremotos, las capas interiores de la tierra presionan en silencio, una contra otra, hasta que en un momento dado, desgarran la corteza terrestre. La razón de la ruptura, la causa más profunda, tampoco solemos verla con claridad hasta que ha pasado un tiempo. Y pocas veces suele ser única –un solo desencuentro, una sola riña- la razón que provoca todo el terremoto. Además, con el paso del tiempo, aquella razón que tanto nos ofendió se va difuminando, va perdiendo sus aristas, igual que las figuras de las portadas góticas, y ya no nos hace sufrir tanto” pág. 84.

“Un amigo te aceptará tal como eres, defectos incluidos, aun cuando por un momento lo dejes de lado. Y a pesar de que pase mucho tiempo sin que estéis juntos, no se preocupa; para un amigo, el tiempo tiene otra medida, así que no se apura. Te pondrás a hablar con él como si os hubierais visto la víspera; como si, a pesar del paso de los años, siguieras siendo el mismo de siempre. Saber que siempre estará ahí, que admitirá los excesos que hagas en la vida, aporta una gran tranquilidad, una paz que tal vez no pueda alcanzarse en otro tipo de relación. Quizás sea la amistad la más perfecta de las relaciones, la más humana” pág. 104

“Un viejo poema chino dice que si dos personas se quieren mucho, si han estado muy unidas y una de las dos muere, la que muere en realidad es aquella que sigue andando” pág. 202.

K. URIBE, Lo que mueve el mundo, Seix Barral, Barcelona, 2013

Sobran las razones

Viñas en la Sonsierra, hasta el siglo XV territorio navarro

En la sorprendente supervivencia pluricentenaria del reino de Navarra, hay algunos hitos especialmente relevantes que ayudan a explicar esta difícil continuidad histórica. Uno de ellos se produjo en 1162, cuando Sancho el Sabio sintió la necesidad de dar una nueva formulación a la monarquía. En octubre de dicho año abandonó el título de “rey de los Pamploneses”, que hacía hincapié en una proyección personal de la monarquía en la que el rey era sobre todo caudillo de un reducido círculo de barones, y lo sustituyó por el título de “rey de Navarra”, que ponía el acento en la proyección territorial de la soberanía: el rey dominaba sobre un territorio y era el factor de integración de los diversos grupos sociales que lo habitaban. Se forjó así un poder plenamente soberano sin vínculos de dependencia exteriores ni fisuras o debilidades internas, capaz de resistir  todos los embates que sufrió el reino hasta 1234 y de impulsar su cohesión interna.

La difícil y desigual relación con Castilla y Aragón acabaron por delimitar las fronteras actuales del reino hacia el año 1200. En esa fecha, Guipúzcoa, el Duranguesado y buena parte de Álava pasaron definitivamente a formar parte del reino de Castilla. La comarca de la Sonsierra, con Laguardia como población más importante, permaneció como feudo navarro todavía dos siglos y medio más, hasta que en 1461, en el contexto de la guerra con Castilla, se perdió definitivamente. Unos años antes, en 1423, Carlos III instituyó para su nieto el infante Carlos, hijo de Blanca y Juan de Aragón, el principado de Viana. Su dotación fundacional comprendía las villas y castillos de Viana,

Laguardia, San Vicente, Aguilar, Genevilla, Lapoblación, San Pedro y Cabredo, las villas y lugares de Val de Campezo, los castillos de Marañón, Toro, Ferrera y Buradón, más las villas de Peralta, Cadreita, Corella y Cintruénigo, ya concedidas antes al citado infante. En definitiva, al margen de las fronteras administrativas y políticas actuales, Viana fue la cabeza natural de una comarca singular en la que la vid adquirió un papel preponderante en el paisaje y en la propia configuración urbana, con una red de bodegas en el subsuelo urbano que suman miles de metros cuadrados.

Pasados los siglos, en 1926 se crea el Consejo Regulador de la Denominación Rioja, que a día de hoy engloba a 144 términos municipales, 118 en La Rioja, 18 en Álava y 8 en Navarra: los municipios de Andosilla, Aras, Azagra, Bargota, Mendavia, San Adrián, Sartaguda y Viana.

La singularidad de este paisaje, que en su zona núcleo prácticamente se ha convertido en un monocultivo, ha movido a los gobiernos de La Rioja y del País Vasco a promover su candidatura a Paisaje Patrimonio de la Humanidad. Prueba de la importancia del evento es que solo seis comarcas en el mundo ostentan este título que, además de obligaciones, genera prestigio, riqueza y nombradía universal. Pero para sorpresa de muchos, en la iniciativa no está presente el Gobierno de Navarra, que sigue sin dar razones convincentes de su ausencia. ¿Desidia?, ¿falta de interés?, ¿ausencia de iniciativa?, ¿visión alicorta? Probablemente, de todo un poco. Pero más importante que señalar culpables, es tratar de incluirnos en la iniciativa, ya que todavía estamos a tiempo. Viana debe formar parte de la zona núcleo y los otros siete municipios, como los riojanos recientemente incorporados, de la zona de contacto. Lo demandan los municipios navarros afectados, y no se oponen los gobiernos riojano y vasco. A la presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, le corresponde tomar la iniciativa. Con el apoyo de los grupos políticos del Parlamento, que lo dieron por unanimidad, y la ayuda del PP de Navarra, su leal colaborador, debe dirigirse al Gobierno de España y exigir lo que por razones históricas, culturales y económicas nos corresponde. Es el ministerio de Cultura quien debe presentar a finales de enero en París la candidatura definitiva  ante la UNESCO. Un vistazo a la historia contada más arriba nos recuerda que no siempre la opinión de los grandes se impone a la férrea voluntad de los pequeños. Sobran razones para intentarlo.

Diario de Navarra, 10/1/2014

Meses de despedidas

IF

Acaba de comenzar 2014. 2013 discurría sin otros sobresaltos que los que nos ofrecía, semana sí semana también, las procelosas aguas de la política navarra. Pero el inmediato futuro parecía encauzado: en 2015 fin de la legislatura y, probablemente también, nuevo congreso en el PSN.

Pero las cosas, como recordé hace dos entradas, se han precipitado y el 2014 ofrece una perspectiva inédita que es preciso abordar. Comenzarán en los próximos días las despedidas en dos de las instituciones a las que he dedicado algunos de mis mejores anhelos: el partido y el parlamento. E iniciaré, de forma progresiva, mi presencia en el Consejo Social de la UPNA, tarea en la que se necesita buen temple, tacto, ideas y colaboración. Y no todo está asegurado, por el momento.

Pero la vida no es sólo esta faceta pública. Siempre he dicho que había vida más allá de la política, y ahora es momento oportuno de ejercitarlo. Se abren nuevos horizontes, que espero vivirlos con intensidad, eso sí, la propia de quien ha atravesado ya el cabo de los sesenta.

Pero hay ocupaciones y preocupaciones que se mantienen inalterables. La primera, la familia. La mayor tranquilidad de vida espero disfrutarla especialmente con María Luisa, mi mujer. Tendremos la oportunidad de estar, leer y pasear juntos, un placer cultivado hasta ahora solo intermitentemente. Javier terminará su estancia en Australia y sigue pendiente su acomodo laboral en un tiempo poco propicio. Confío en que su fluido inglés y su mente abierta le ayude  en la empresa. E Iñigo deberá comenzar la segunda parte de su aprendizaje: prácticas, master, idiomas, mundo. Así que 2014 no se presenta precisamente aburrido.

Una vez más, finalizado 2013, no me queda sino dar gracias a Dios y a la vida por todo lo que me ha ofrecido. Sigo trabajando en lo que me gusta, sigo disfrutando de los míos y me faltan horas para abordar las cosas que me gustaría hacer. Espero que 2014 se sitúe, al menos, en parámetros similares.

Mi felicitación para el nuevo año

La leí este verano, en un hermoso libro que Rosa Montero dedicó a Marie Curie, titulado “la ridícula idea de no volver a verte”. Y la recupero hoy para desearos a todos un sosegado y fructífero 2014.

  • Os deseo un año de salud, de satisfacciones, de buen trabajo, un año el cual tengáis cada día el gusto de vivir, sin esperar que los días hayan tenido que pasar para encontrar su satisfacción y sin tener necesidad de poner esperanzas de felicidad en los días que hayan de venir. Cuanto más se envejece, más se siente que saber gozar del presente es un don precioso, comparable a un estado de gracia.

(Carta de Marie Curie a su hija Irene y Frederic en diciembre de 1928)