La Coral Nora en su cincuentenario

Nora

Una de las características definitorias de la vida musical navarra es la pujanza de la música coral. Sus dos conjuntos más representativos, el Orfeón Pamplonés y la Coral de Cámara de Pamplona, tras los avatares que les han acompañado en los últimos lustros, viven un momento dulce que se ha concretado en nuevos y asentados directores, un repertorio renovado, una preocupación creciente por la música creada en Navarra o por autores navarros, una proyección nacional y un reconocimiento de su trayectoria por parte de las instituciones forales, concretado en la medalla de oro de Navarra para el Orfeón Pamplonés en 2010 y en el premio Príncipe de Viana de la Cultura para la Coral de Cámara de Pamplona en 2018.

Pero, afortunadamente, estas dos agrupaciones están sólidamente asentadas en un numeroso grupo de corales, distribuidas por toda la geografía foral, como tenemos ocasión de comprobar si ojeamos la página de la Federación de Coros de Navarra. Además de los coros federados, existen otras formaciones corales más o menos estables, asociadas a veces a instituciones educativas o colectivos de variado signo. En su mayor parte están integradas por músicos aficionados y su origen está vinculado, en buena medida, a las parroquias de sus poblaciones de origen. Acompañar la liturgia ha sido su cometido inicial y principal, y de ahí han saltado a participar en los actos cívicos de la localidad, después de las poblaciones vecinas, y finalmente del conjunto de Navarra y regiones limítrofes.

¿Quién no ha iniciado estas fechas con un concierto prenavideño, bien sea de su coral parroquial o de otro grupo invitado para el evento? En la parroquia, en la casa de cultura, en centros educativos, asistenciales o de tercera edad, o por las calles de nuestros pueblos y ciudades, la imagen de nuestros coros cantando villancicos forma parte de nuestra tradición y actualidad.

Por citar mi propia experiencia, perfectamente intercambiable por la de cualquiera de ustedes, mi fin de semana prenavideño incluyó dos conciertos de dos corales navarras veteranas y de calidad: la coral San Blas de Burlada en Oteiza y la coral Nora de Sangüesa en Los Arcos. Permítanme que glose la trayectoria de esta última, que este año celebra el cincuenta aniversario de su fundación.

Los orígenes de la coral Nora se remontan a un pequeño grupo de hombres ligados al convento de los capuchinos de la ciudad, que decidieron unirse para cantar. Poco tiempo después, se les incorporaron un grupo de mujeres de la localidad y, en 1968, se convirtieron en una coral mixta con el nombre de una las vírgenes sangüesinas, titular de la ermita de la Nora. Un joven director de 23 años, Fermín Iriarte tomó las riendas del grupo en el que ha permanecido nada menos que 43 años, con algunos pequeños intervalos en los que la dirigieron Carmen Pombo, Ricardo Elizalde y Pedro de Felipe. Sus objetivos estuvieron claros desde el principio: conocer la música coral de todas las épocas y estilos, desde el gregoriano hasta el actual, pasando por los grandes maestros del canto coral; e investigar y difundir la música de compositores navarros, especialmente de los sangüesinos, entre los que sobresalen las figuras de Juan Francés de Iribarren y Luis Elizalde. Fruto de su buen hacer, la coral ha acompañado asiduamente los actos oficiales que el Gobierno de Navarra ha celebrado con carácter anual en la abadía de Leire y en el castillo de Javier.

Pero, por encima de su proyección regional y nacional, nada despreciable, la coral Nora está fuertemente enraizada en la vida local y comarcal de una ciudad, Sangüesa, que ha sabido cuidar como pocas en Navarra toda la riqueza musical y folclórica acumulada a lo largo de los siglos.

Hoy, de la mano de Bruno Jiménez, la coral sigue siendo la referencia musical de su entorno. El concierto de Los Arcos, presentado por Miguel Ángel Osés, un capuchino tan querido en Los Arcos, su pueblo, como en Sangüesa, en cuyo convento de San Francisco vive y sirve, fue un buen ejemplo de esta dilatada y fructífera trayectoria. Sirvan estas líneas como homenaje, no solo a la coral Nora, que se lo merece, sino a todas las corales navarras de cualquier punto de nuestra geografía que han sostenido, y en muchos casos todavía sostienen y alientan la vida musical, religiosa y social de nuestra Comunidad.

Les deseo que disfruten de la Navidad y de nuestras corales. Están ustedes es muy buena compañía.

Diario de Navarra, 27/12/2018

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Pasado y presente del vino navarro

Bodega

Bodega Nekeas, con Añorbe al fondo

Ficha técnica

Título: Para una historia del vino y de la Bodega Nekeas de Añorbe

Autores: Javier San Martín

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 345

Precio: edición no venal

Javier San Martín es un profesor navarro, catedrático de filosofía y profesor emérito de la UNED en su sede central de Madrid. Hombre de vasta cultura y autor prolífico vinculado a los ámbitos de la fenomenología y la antropología filosófica, cultiva también otras parcelas del saber tan interesantes como inusuales. Nacido en Añorbe de una familia de agricultores con honda raigambre en la villa, a ella vuelve todos los veranos y en ella disfruta y estudia los aspectos más vinculados a su familia y a su tierra. Fruto de este interés son sus “Ensayos de etnohistoria de Añorbe”, publicados en la revista Cuadernos de Etnografía y Etnología de Navarra, en 2007, en cuya continuación sigue trabajando en la actualidad.

Vinculado a esta faceta, y aprovechando el 25 aniversario de la creación de la bodega Nekeas, la propia bodega acaba de publicar Para una historia del vino y de la bodega Nekeas de Añorbe. El título refleja con claridad el contenido del libro, dividido en dos partes de desigual extensión.

En la primera se incluyen una serie de noticias sobre la historia del vino en Añorbe, procedentes de documentos de los archivos parroquial y diocesano, y algunos particulares. Con discontinuidad histórica, se repasan temas como algunas medidas utilizadas; la primera noticia del vino de Añorbe, que data de 1572; el precio de la tierra; y la extensión, el precio y el rendimiento de la viña a lo largo de los siglos XIX y XX.

Esta historia centenaria había terminado casi por extinguirse en la segunda mitad del siglo XX con el arranque de la inmensa mayoría de las viñas. Pero el tesón y la fe de un grupo de agricultores del pueblo, dirigidos por Francisco San Martín, hizo variar el curso de la historia. Con pulso firme, el autor desgrana la historia de éxito, aunque no exenta de riesgos y dificultades, de la bodega Nekeas, que este año cumple su cuarto de siglo de historia. Una historia que, como señala Javier San Martín, ha colocado a Añorbe en el mapa y ha supuesto un impulso para la economía del pueblo.

Pero la vida sigue. Y en un corto apéndice, Francisco San Martín, alma mater del proyecto, fusiona sus recuerdos y sus realidades, y nos narra la corta historia de la nueva plantación de olivos y la creación del trujal de Nekeas.

El texto excede con mucho el mero carácter de libro conmemorativo, para convertirse en un hito más, nada desdeñable, en la larga historia del vino en Navarra.

Diario de Navarra, 7/12/2018

Etxezarra, un diálogo en el tiempo

Etxezarra

Ficha técnica

Título: Etxezarra. 1912-Baztan-2012. Fr. Pedro de Madrid-José Luis Larrión. Elkarrizketak-Diálogos

Autores: José Javier Azanza, Roberto San Martín

Editorial: Analecta

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 191

Precio: 22 euros

En el 2012, año del centenario del álbum fotográfico de caseríos baztaneses de Fray Pedro de Madrid, y año también en que José Luis Larrión refotografió dichos caseríos, Carlos Cánovas publicó el excelente libro Navarra/Fotografía, el texto de referencia para conocer la historia de la fotografía en nuestra Comunidad. Sorprende, sin embargo, que en el índice onomástico del citado texto, de nada menos que 518 páginas, no aparezca citado Fray Pedro de Madrid, de nombre civil Pedro Satué Blanco, pese a ser el gran triunfador del concurso de fotografía celebrado en Pamplona para conmemorar el VII Centenario de la batalla de las Navas de Tolosa.

Fruto de los intereses convergentes de un bibliotecario y bibliófilo acreditado, Roberto San Martín; de un historiador del arte polivalente e inquieto, José Javier Azanza; de un fotógrafo profesional de mirada fina y penetrante, José Luis Larrión; unido al legado del entonces fraile capuchino de Lekaroz, Fray Pedro de Madrid, surge este libro coral, que presenta muchos alicientes.

El núcleo central del libro lo constituye un conjunto de fotografías de indudable interés en si mismo. Este diálogo etnoartístico de las fotografías de los 23 caseríos baztaneses tomadas por Fray Pedro de Madrid a comienzos del siglo XX y las tomadas por José Luis Larrión a estas mismas construcciones a comienzos del XXI, permite a los autores reflexionar sobre cuestiones conexas, que enriquecen la estricta visión fotográfica.

La semblanza de Fray Pedro de Madrid (1880-1936); la descripción y valoración del álbum fotográfico Echezarra; un capítulo dedicado a la refotografía; y una reflexión sobre la arquitectura y el caserío en el Valle de Baztan, completan el contenido.

El libro se abre con una semblanza de Fray Pedro de Madrid (1880-1936) “polifacético personaje, fraile capuchino durante casi veinte años, músico, pintor y fotógrafo en el colegio de Lekaroz, tardío fotógrafo profesional especializado en retratos artísticos al frente de su propio establecimiento y colaborador en las revistas gráficas más importantes del momento”. A la semblanza le sigue una descripción y valoración, tanto técnica como sociológica, del álbum fotográfico Echezarra, formado por doce hojas con veinticuatro fotografías, conservado actualmente en el archivo del convento de capuchinos de Pamplona, e inédito hasta el momento como tal colección completa.

La visión de Fray Pedro de Madrid dialoga, un siglo después, con la expresada por José Luis Larrión, en un jugoso capítulo titulado “Refotografía: cuando la fotografía se mira a sí misma”. La refotografía es un género que pretende recuperar momentos ya vividos con la simple repetición de la toma desde el lugar preciso en que fue captada la imagen anterior. Ello permite, en palabras de Ricard Martínez “una interacción entre dos momentos, una comunicación no verbal entre las imágenes que se convierte en vehículo de emociones y sentimientos profundos”.

Tras presentar a los autores y sus obras, el texto aporta una reflexión sobre la arquitectura del caserío en el Valle de Baztan, analizando tanto los caseríos de comienzos el XX, como estos mismos edificios evolucionados a comienzos del siglo XXI. Frente a la visión y función de los caseríos fotografiados por Fray Pedro de Madrid, que podrían resumirse, al decir de los autores, en “paisaje, heredad, familia y trabajo”, los del siglo XXI, refotografiados por José Luis Larrión, obedecen a otras pautas más multifuncionales, vinculadas a las nuevas formas de vida del valle. En todo caso, como señala el acertado epílogo del libro, “pervivencia, ausencia y transformación, son los tres sustantivos que definen el acontecer del caserío en Baztan durante el último siglo”.

En línea con lo anterior, los autores se permiten incluso un guiño al futuro: emplazan a la generación de principios del siglo XXII, a elaborar un nuevo trabajo de refotografía, que permitiría conocer “lo inmutable y lo mutable en doscientos años en torno al caserío”.

El libro, magníficamente editado por Analecta, tiene formato apaisado y presentación bilingüe. Constituye un ejemplo de cómo fotografías y texto pueden apoyarse mutuamente. Hasta tal punto, que las hermosas fotografías y el enjundioso texto le permiten trascender de su aspecto de libro de regalo y ámbito baztanés, para pasar a ser una aportación muy estimable en la bibliografía del paisaje y la etnografía de Navarra.

Diario de Navarra, 7/12/2018

El callejero como arma política

Ejercito

Avenida del Ejército, con la ciudadela a la izquierda

Foto tomada de Diario de Navarra

El callejero de una ciudad constituye la decantación histórica de los gustos y querencias de una determinada comunidad a lo largo de los siglos. En nuestro caso, casi todos los núcleos urbanos de cierta entidad contienen los siguientes elementos: calles con nombres relativos a la posición en el propio núcleo (mayor, medio, bajera) o ubicación topográfica (castillo, eras), advocaciones del santoral (Santa María, San Salvador, San Martín, San Fermín, San Francisco Javier), gremios que lo habitaron (carpintería, herrería, zapatería, mercaderes), iglesias y conventos existentes en su recinto urbano (Carmen, descalzos, recoletas, Compañía), y referencias geográficas varias (ríos, montes, pueblos y ciudades), entre otras. A ellas se fueron añadiendo, con motivo de la expansión urbana, nombres de reyes y figuras relevantes de la política, la religión, la cultura y las artes. Fue a lo largo de los siglos XIX y XX, cuando buena parte de las calles existentes cambiaron de nombre con motivo de guerras, revoluciones, cambios drásticos de forma de Estado o de gobierno, y golpes militares. Fueros, república y constitución fueron denominaciones intercambiadas con frecuencia a lo largo de estos dos siglos. Por supuesto, la llegada de la dictadura franquista incorporó al callejero la inevitable Francisco Franco, unido a una serie de personajes vinculados al régimen.

La llegada de la etapa democrática supuso una cierta limpia en el callejero tradicional. Se añadieron algunas, Constitución sobre todo, y se eliminaron otras, Franco, la más frecuente. Todo ello generó un cierto debate en los medios, pero apenas pasó de ahí dado lo razonable de las propuestas. Finalmente, la ley de memoria histórica en vigor, exigió la eliminación del callejero de nombres vinculados al franquismo, y con alguna reticencia mayor, tampoco generó mayores problemas.

Pero el sorpresivo anuncio del alcalde de Pamplona de la eliminación de la avenida del Ejército del callejero de la ciudad, supone un salto cualitativo que no puede ser obviado. ¿Qué razones lo justifican? Si nos guiamos por lo reflejado en los medios de comunicación “continuar visibilizando a las mujeres relevantes en el callejero de la ciudad”. No parece mala idea si se aprovecha para dotar de nombre a las nuevas calles o sustituir las que resulta obligado hacerlo. ¿Pero qué obliga a cambiar de nombre a la avenida del Ejército, arteria consolidada, nacida en 1963, siendo alcalde de Pamplona Miguel Javier Urmeneta, y que ocupa un espacio donde se ubicaron los cuarteles e instalaciones militares de la ciudad? La respuesta es simple: nada, solo la voluntad de eliminar la referencia al ejército español. Dudo mucho que esto se hubiera producido si hubiera estado dedicada al ejército navarro, si alguna vez existió como tal.

Y es que ese ejército español, al que Asiron y los suyos parecen querer identificar con el ejército franquista, también es el ejército que luchó en la guerra de la independencia, el de los golpes de estado liberales, el ejército de la república o el que no se sumó al golpe de estado del 23F. Es, sobre todo, el ejército al que la Constitución española de 1978 encomienda “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Y, en este contexto, es el ejército que por su aportación en misiones de paz propició que la plaza mayor de Mostar en Bosnia, lleve el nombre de plaza de España. Ironías del destino, uno de sus servidores, Pedro Bereterra, nacido en el valle de Roncal, enrolado con el nombre de Pedro Navarro en las filas del Gran Capitán, recibió por sus servicios en la batalla de Ceriñola (1503) -reinando en Navarra precisamente Catalina de Foix- el título de Conde de Oliveto. calle que linda con la avenida del Ejército.

Como verán ustedes no hablo de Catalina de Foix, porque me merece todo el respeto y es solo la excusa utilizada. A sus cualidades añadiré una que yo valoro mucho: el intento de creación de una universidad en Pamplona en 1499. Para evitar ser catalogado de beaumontés, les diré que el año pasado, con motivo de un viaje con mis alumnos de arte navarro al sur de Francia, iniciamos nuestro periplo acercándonos hasta Lescar para recordar a los reyes navarros que allí descansan. Viaje que este año repetiremos con los alumnos de historia de Navarra a Oña, Nájera y de nuevo Lescar, No con ánimos irredentistas, sino para conocer mejor una historia que nos ha situado en Navarra, España y Europa, un ámbito privilegiado en un mundo convulso como el que nos encontramos.

Conozco y respeto al que fue mi colega docente en historia del arte, el doctor Asiron, al que tengo por persona razonable, instruida y culta. Pero reconozco que el alcalde Asiron presenta un perfil bien distinto. Como uno es bien pensado, achaquémoslo a las malas compañías.

Diario de Navarra, 13/12/2018

 

La mujer en la Navarra de la posguerra

Pierola

Ficha técnica

Título: Mujer e ideología en la dictadura franquista. Navarra (1939-1960)

Autora: Gemma Piérola Narvarte

Editorial: Pamiela

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 352

Precio: 24 euros

Pese a constituir la mitad de la población, la presencia de la mujer en la historiografía tradicional ha sido a la largo de la historia meramente testimonial. Limitada a personajes singulares, normalmente vinculados a relevantes ejemplos en el orden político, religioso, social o cultural, el resto parecen no existir. Este relato monocorde, realizado además por varones, llega hasta el mismísimo siglo XX en el que la perspectiva de género, unida a la presencia activa de destacadas historiadoras, consigue hacerse un hueco en la historiografía académica. Este hecho cabe situarlo para España en los años setenta, concretado en publicaciones y debates de indudable interés.

En este contexto cabe situar la tesis doctoral de Gemma Piérola, Mujer e ideología en la dictadura franquista. Navarra (1939-1960), leída en la Universidad Pública de Navarra en 2011. Siete años después, acaba de aparecer el libro del mismo título, que paso a comentarles.

Dejemos bien sentado un asunto no menor: una tesis doctoral -ahora que están en solfa algunas de personajes notorios- es un trabajo original de investigación, normalmente arduo y complejo, realizado con una metodología científica. Pese a que tesis y libro no son, ni deben ser, la misma cosa, el texto de nuestra autora deja bien a las claras el origen y la metodología del mismo: las abundantes notas a pie de página, las relación exhaustiva de fuentes de todo tipo utilizadas, y la completa bibliografía que cierra el volumen, así lo acreditan.

Gemma Piérola, consciente de las limitaciones de los escasos e incompletos estudios existentes, limita su estudio a la mujer navarra durante el primer franquismo, el periodo más difícil y oscuro de la dictadura. Ello le permite abrir líneas de investigación y profundizar en el objeto de estudio, valiéndose además de la utilización de fuentes orales ideológicamente dispares, sin ocultar sus limitaciones, que ella misma enumera: la presencia de otros grupos de mujeres vinculados a partidos y sindicatos de izquierda y nacionalistas, y la represión, cárcel o formas de resistencia femenina durante la dictadura.

El volumen aborda cuatro cuestiones básicas, en palabras de Inmaculada Blasco, autora del prólogo: “la situación que vivieron las navarras en la inmediata posguerra, presidida por la represión, el hambre y el miedo; el modelo de feminidad ideal que impuso la Iglesia católica, uno de los principales aliados, y pilar, del franquismo; los roles de género que la publicidad difundió a través de los medios de comunicación provinciales; y, por último, la implantación de las organizaciones femeninas de encuadramiento permitidas por el régimen de Franco”, concretadas en la Sección Femenina de Falange, las Margaritas carlistas y las ramas femeninas de Acción Católica.

El resultado es francamente satisfactorio. Sin las orejeras y visión unidireccional que a veces acompañan a otros trabajos radicalmente feministas, Gemma Piérola ofrece una visión sólida y equilibrada de un periodo al que pertenecen las navarras de hoy que tienen más de 70 años. Ante el cambio tan brusco experimentado, no puedo menos que subrayar la capacidad de adaptación de dicha generación, elemento clave para entender nuestro presente. Tras un texto de tanto interés, solo echo en falta un mayor desarrollo de las conclusiones que, tal vez, el libro se merecía.

Cabe subrayar, para terminar, la limpia y adecuada presentación de la edición, en la buena línea de Pamiela.

Diario de Navarra, 7/12/2018