Día de la Biblioteca

BIBLIOTECA eSTELLA

Vista general de la biblioteca de Estella, sita en el antigua casa-palacio de los Eguía

En los últimos lustros se han instituido efemérides de variado signo y condición titulados “Día de”. Suelen ser ocasión propicia para dar a conocer problemas de variada índole, conmemorar fechas o personas especialmente significativas, o reflexionar sobre cuestiones que nos atañen a todos como comunidad globalizada. En el ámbito de la cultura, y más concretamente en el del libro, el más conocido es el “Día del libro”, celebrado el 23 de abril coincidiendo con los aniversarios de las muertes de Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso. Curiosamente el origen de la fiesta es español, propuesta por el escritor valenciano, afincado en Cataluña, Vicente Clavel. Vigente en España desde 1930, en 1995 la UNESCO proclamó oficialmente el 23 de abril “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor”.

Pero hay otro día que se ha incorporado algo más tarde al acerbo conmemorativo. Durante el conflicto serbobosnio, conocido popularmente como la Guerra de los Balcanes, la Biblioteca de Sarajevo fue pasto de las llamas. En 1997, como recuerdo de su destrucción, la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil decidió instituir el “Día de las Biblitocas”, fijando la fecha del 24 de octubre para tal evento. Se pretende con ello reconocer y poner en valor el papel que desempeñan las bibliotecas, no sólo en la transmisión y conservación del patrimonio cultural, sino también en el afianzamiento de la formación lectora de los niños y jóvenes y en la democratización del acceso a la cultura. Este día pretende también difundir la existencia de un servicio público de proximidad al ciudadano y reconocer el esfuerzo, dedicación y motivación a la lectura de los profesionales que allí trabajan.

Navarra dispone de una buena red de bibliotecas, fruto del esfuerzo continuado de las administraciones, los profesionales y los usuarios. Pese a que la crisis ha golpeado severamente al sector, como a todo el mundo de la cultura en su conjunto, las bibliotecarias y bibliotecarios han conseguido sustraerse al desánimo general y han convertido espacios y libros en unos rincones acogedores donde los sueños y los amaneceres todavía son posibles.

Yo, que soy usuario de las bibliotecas de Oteiza y Estella, también he querido unirme al homenaje que todos nos damos ese día. Tengo sobre mi mesilla de noche, a punto de concluir, un libro que recogí de la estantería de novedades en Oteiza porque su autor acababa de morir: En la orilla de Rafael Chirves, Premio Nacional de Narrativa 2014. Precisamente era Chirves quien debía de haber estado en Burlada el pasado día 24 para celebrar el Quinto Encuentro de los Clubes de Lectura de Navarra. Lo hizo en su honor Jorge Herralde, editor, amigo y gran conocedor de su obra. Tras leer sus declaraciones en los medios de comunicación, no tengo nada que añadir. Sólo subrayar que el texto me está pareciendo difícil y pesimista, pero deslumbrante. Literatura sin concesiones.

Pero toda biblioteca tiene su espacio, su microclima y su propia vida interior, que no es necesariamente la misma en todos los casos. Pasé buena parte de la tarde del lunes en la biblioteca de Estella. Y fue una jornada gozosa. El palacio de los Eguía es un marco arquitectónico hermoso donde bulle la vida y se disfruta de un clamoroso silencio. La biblioteca estaba atestada de usuarios de lo más diversos: inmigrantes, ante las pantallas del ordenador; niños con sus padres, en la sección de lectura de revistas y periódicos; alumnos de secundaria y universitarios, en los puestos de lectura de los pisos superiores. Casi todos, eso sí, con los móviles cerca y los portátiles como bajage ordinario. Recorrí con detenimiento los pasillos, me deleité con la belleza del espacio central, donde las columnas renacentistas estaban tan asombradas como yo del espectáculo y me acerqué al anaquel de novedades. Y allí estaba la Orquesta de desaparecidos de Francisco Javier Irazoki, con dedicatoria personal del propio autor que lo había presentado allí mismo días antes. Me senté junto a los estudiantes, mis antiguos alumnos y disfruté con la lectura. Tampoco me atrevo a hablar mucho de un libro que es una verdadera joya. Lo hizo mucho mejor que lo pueda hacer yo Juan Gracia Armendáriz el pasado domingo en su columna semanal de este mismo medio. Un libro que según él aúna dos elementos difíciles de hallar: verdad y belleza. Vean un apunte sobre el recuerdo de su padre: “Nunca practicaba la pequeñez humana de escucharse a sí mismo. Tuvo abierta la quietud para recibir las turbaciones ajenas, y nos daba cita en una habitación bien iluminada por la ironía. La maldades le aburrían, y a todas las reuniones aportó los panes y el escepticismo con deseos de ayudar”. ¡Qué hermosa semblanza! Y solo es uno de los muchos párrafos memorables que el libro contiene en sus poco más de cien páginas.

Diario de Navarra, 29/10/2015

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Veinte años del Consejo Social

20 aniversario

El pasado jueves, 22 de octubre, el Consejo Social celebró un acto institucional para conmemorar los 20 años de su puesta en marcha en la UPNA. La jornada, que contó con la intervención del consejero de Educación del Gobierno de Navarra, José Luis Mendoza, el presidente de la Conferencia de Consejos Sociales de España, Manuel Pizarro, y el rector de la Universidad, Alfonso Carlosena, reunió a más de ochenta personas muy representativas de la sociedad y de la Universidad: empresarios, sindicalistas, antiguos y actuales vocales, cargos públicos relevantes, y un grupo de profesores muy relevante de la comunidad académica.

El acto permitió que Manuel Pizarro expresara de forma clara su apuesta por la mejora de la Universidad y la necesidad de que empresa y universidad trabajen conjuntamente en beneficio de la sociedad a la que sirven. Supuso, una vez más, la constatación de que el Gobierno de Navarra se encuentra comprometido con la institución. Y, finalmente, la apuesta del rector por la calidad, la excelencia, la innovación y la relación con la sociedad.

A mí, en mi condición de presidente del Consejo Social de la UPNA, me tocó intevenir en primer lugar para hacer balance de los 20 años transcurridos, valorar la aportación de los dos anteriores presidentes, Fernando Redón y Jesús Irurre, ponderar el trabajo de las tres personas que han ejercido tareas administrativas, y subrayar el trabajo de los 105 vocales que han formado parte del Consejo.

Tras esta mirada al pasado pasé a enumerar los objetivos de la actual etapa, reiterando los cinco principios de actuación que me marqué el día de mi toma de posesión: cumplimiento de la ley del propio Consejo como objetivo irrenunciable, lealtad e independencia como fórmula de actuación, mejora de todo lo referido a la relación con la sociedad como horizonte, mayor proyección del Consejo y su labor como meta, y disposición a trabajar en todo lo que redunde en la mejora de la Universidad como mandato imperativo. El Pleno del Consejo ha aprobado también por unanimidad las líneas de trabajo para los próximos años, con un notable incremento de las referidas al ámbito de las relaciones con la sociedad; se ha abierto una relación directa con el tejido empresarial de Navarra, incluidas las visitas a algunas de las empresas más innovadoras de nuestra Comunidad, línea que consideramos prioritaria para 2016; se ha incrementado el contacto fluido con las instituciones que nutren de vocales al Consejo; y hemos reforzado la colaboración con el G9 y la Conferencia de Consejos Sociales de España.

Y ya, en lo que hace referencia a la proyeccción hacia el futuro, expresé mi visión de la Universidad en el inmediato futuro: “La Universidad del siglo XXI exige compromiso, calidad, cambios organizativos, especialización e internacionalización”.

Si desea conocer el contenido de las intervenciones, el vídeo de la jornada está a su disposición en la web del Consejo Social, al que se puede acceder pinchando en la casilla “Consejo Social” que se encuentra en el carrusel inferior de la primera página de la web de la UPNA www.unavarra.es

Un fin de semana de cine

AmamaTaxi TEherán

En los últimos años ha sido casi un ritual para mi ir con mi mujer al cine los domingos por la tarde. A veces lo hago con cierto disgusto, porque el futbol televisivo también me llama, pero en general se trata de una costumbre agradable que nos suele reportar buenos ratos. Eso sí, hay que acomodarse a la cartelera de Estella, que no siempre ofrece lo que nos gustaría. Lamentablemente pasaron los tiempos en los que debíamos hacer cola ante la taquilla y hoy no es desgraciadamente inhabitual que no seamos más de una docena, casi siempre los mismos, los espectadores. Y eso que la digitalización emprendida en el último año ha mejorado la cartelera y podemos acceder a títulos más actuales.

Este fin de semana ha sido especialmente cinéfilo, porque no hemos tenido oportunidad de ver una película sino dos. Y ambas, muy distintas entre sí, unidas por una mirada cálida y amorosa al entorno más próximo. Ambas también, películas de bajo coste y muy poco convencionales.

La primera es “Taxi Teherán”, toda ella rodada desde el interior de un taxi al que se montan una serie de personajes variopintos. Lo que se ofrece, en consecuencia, es un visión de una gran ciudad en la que conviven personas de mentalidad mucho más diversa de lo que la propaganda oficial nos quiere hacer ver. La película, rodada con escasísimos medios, ofrece sin embargo hora y media de buen cine, por más que por momentos pueda decaer el interés de la historia que se narra. En consencuencia, cantidad no es igual a calidad y la película es un ejemplo de que el cine es, sobre todo, un buen director y una historia bien contada.

Más próxima en el tiempo y en el sentimiento es “Amama”, una historia familiar que narra el conflicto entre padres e hijos, entre lo urbano y lo rural, entre el pasado y el presente. Pero además de una historia que es un canto al caserío vasco que desaparece, la película es una metáfora del mundo que conocimos y se nos va, sumidos como estamos en una globalización que todo lo homogeneiza. Y en ese bellísimo paisaje en el que la casa y el haya alcanzan valores simbólicos, tan importante como las palabras son los silencios. De tal manera que aunque la película sea en euskera, subtitulada en castellano, apenas somos conscientes de ello, porque las frases son cortas, las miradas penetrantes y los planos largos, muy largos. Y al fondo, tan ausente y tan presente, la amama, la abuela, un personaje real y un concepto a la vez. La película tiene el valor añadido de haber sido rodada en parte en Navarra, en concreto en Aldatz y Artikutza, dos enclaves de un valor paisajístico indudable.

En definitiva, dos buenas películas que, por razones diversas, resultan altamente recomendables.

Tesis en 3 minutos

tesis en 3 minutos

Javier Osés Martínez de Zúñiga, ganador de la edición 2013

La Universidad es una institución académica que hunde sus raíces en la Edad Media. Sirva como ejemplo que la Universidad de Salamanca, y no es la primera, celebrará en 2018 el octavo centenario de su creación. Desde entonces hasta ahora los cambios han sido muy grandes, pero algunas cosas permanecen casi inalterables. Entre otras, la relación de grados, con el doctorado como culminación de la carrera académica. Era tal la importancia del evento, que en la propia Universidad de Salamanca, el doctorando permanecía encerrado en la capilla de Santa Bárbara de la vieja catedral la noche anterior a su defensa -de ahí la conocida expresión de “entrar en capilla”- y algunos se entrampaban sufragando de su bolsillo espectáculos taurinos para celebrar el acontecimiento.

En los tiempos actuales, además de obtener la suficiencia investigadora, el doctorando debe defender ante un tribunal su tesis, un trabajo monográfico en el que plantea una investigación original sobre un asunto concreto en el que ha trabajado de forma intensa durante un periodo en general no menor de tres años. Hoy, el acceso a la cultura se ha democratizado y, pese a la dificultad objetiva de la empresa, el número de doctores ha crecido extraordinariamente. Solo en Navarra, el curso pasado se leyeron 221 tesis, 170 en la UN y 51 en la UPNA.

Todavía recuerdo como si fuera hoy, la primera vez que asistí a la lectura de una tesis doctoral. Acababa de incorporarme a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, y uno de nuestros profesores, José Antonio Ferrer Benimeli, jesuíta, hoy catedrático jubilado y tal vez el máximo especialista en la historia de la masonería española, defendía su tesis sobre “La masonería en Aragón”. Sentados en el aula magna de la facultad, de pronto vimos aparecer al tribunal vestido con boato académico, y a los bedeles llevando con dificultad en sus manos los varios tomos que componían el trabajo del doctorando. Ni que decir tiene que la obra recibió el premio extraordinario de doctorado en 1972.

Obviamente cantidad no es sinónimo de calidad. Lo que se juzga es la originalidad de la aportación y el alcance de la investigación, y ésta puede hacerse de igual manera en forma expansiva o sintética. En general, las tesis de humanidades y ciencias sociales suelen optar por el formato amplio, mientras que las tesis de corte más estrictamente científico-técnico tienden a la síntesis. Pero lo que tal vez ni unos ni otros podrían imaginar hace unas décadas se ha producido. Si de divulgar se trata, nada mejor que ser capaces de expresar en un lenguaje sencillo y en un tiempo muy limitado, en competencia con otros colegas, lo esencial del trabajo efectuado. Eso es lo que pretende el concurso “Tesis en 3 minutos” que la Universidad Pública de Navarra puso en marcha en 2012 y que acaba de cerrar la convocatoria de su cuarta edición. 50 doctorandos de las cuatro universidades que conforman el Campus Iberus -15 de la Pública de Navarra, 28 de Zaragoza, 4 de La Rioja y 3 de Lleida- competirán por el premio en Pamplona el próximo mes de noviembre. Los participantes dispondrán de tres minutos para exponer su discurso. Deberán presentar el tema de su investigación, qué problema han identificado, cómo contribuye su estudio a buscar una solución y qué impacto tendrá su trabajo en la sociedad en general o en la comunidad académica e investigadora en particular. Los concursantes que superen el tiempo máximo de tres minutos serán automáticamente eliminados. Las sesiones serán abiertas al público y podrán ser retransmitidas por los medios de comunicación y, en su caso, a través de internet. Además, los finalistas tendrán que resumir en aproximadamente un minuto su investigación para su emisión radiofónica. Los participantes podrán asistir a una sesión de formación en técnicas de oratoria, habilidades para hablar en público, y comunicación y lenguaje radiofónico. El jurado tendrá en consideración los siguientes criterios a la hora de valorar a los participantes: comprensión, implicación y comunicación. Tal vez los 1.000 euros del premio sean lo menos importante, aunque el reto bien merecería una mayor dotación para ediciones posteriores financiada por una empresa o institución ajena a la Universidad.

Si tiene interés en conocer lo sucedido en años anteriores, la página web de la UPNA le permite acceder a los  vídeos de los ganadores. Quedamos a la espera de conocer los ganadores de esta convocatoria. Pero es de justicia felicitar a la UPNA por la iniciativa, agradecer a los jurados su tarea y animar a los participantes a batirse en buena lid. ¡Que gane el mejor!

Diario de Navarra, 15/10/2015

 

 

Una monografía cabal

Cristo Lekaroz

Navarra atesora un patrimonio artístico extraordinario, con la ventaja añadida de estar magníficamente estudiado y razonablemente bien conservado. La sucesión de monografías abordadas en los últimos decenios, buena parte de las cuales han sido en origen tesinas de licenciatura o tesis doctorales, unido a la culminación del Catálogo Monumental de Navarra, obra que recoge en 9 volúmenes una descripción exhaustiva de dicho patrimonio, han permitido abordar en los últimos lustros trabajos de conjunto de especial interés. Así han aparecido tres volúmenes dedicados respectivamente al románico, al renacimiento y al barroco, y cabe esperar que el correspondiente al gótico no se demore en exceso.

Aunque son muchos los autores que han hecho posible este positivo balance, hay un foco emisor indudable que es la cátedra de historia del arte de la Universidad de Navarra y una persona que ejemplifica un magisterio indiscutible, la profesora García Gaínza. A ella se deben la dirección del  Catálogo Monumental, el aliento de buena parte de las tesis doctorales y, hasta su reciente jubilación,  la dirección de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, institución de ejemplar trayectoria en materia de estudio y divulgación de este mismo patrimonio. Toda esta tarea que justifica una vida dedicada a la docencia y a la investigación, fue reconocida con el premio Príncipe de Viana del año 2000, máximo galardón cultural concedido en nuestra Comunidad.

Pero en este panorama artístico surgen de vez en cuando figuras memorables, insuficientemente conocidas dado el carácter periférico de nuestra ubicación geográfica, que por razones diversas han dejado en nuestra tierra obras señeras. Así ocurre con el escultor Luis Salvador Carmona, figura cumbre en los medios artísticos cortesanos del siglo XVIII del que conservamos en Navarra obras en Olite, Azpilkueta, Lesaka, Arizkun, Santesteban, Sesma y Falces. De todo ello dio fe la profesora García Gaínza en un libro del ya lejano 1990, titulado “El escultor Luis Salvador Carmona”.

Pero una universitaria vocacional, aunque se jubile administrativamente, no abandona el trabajo que le ha apasionado de por vida. De ello son testigos los miembros de la Cátedra de Patrimonio que siguen disfrutando diariamente de su compañía y de su magisterio.

Como fruto de esta actividad, 25 años después, en el contexto del curso sobre el barroco en Navarra celebrado hace escasos días, se presentó la que, hasta el momento, es la última monografía de nuestra autora: “Alonso Cano y el Crucificado de Lekaroz”, una de las esculturas maestras del barroco español, sita en estos momentos en la capilla penitencial de la iglesia de los padres capuchinos de Pamplona.

En las 75 páginas de las que consta la publicación se abordan, en primer lugar, el perfil biográfico y artístico de Alonso Cano, pintor, escultor, arquitecto y dibujante, una de las figuras más sobresalientes y completas del barroco hispano; y, a continuación, se realiza un detenido estudio del Crucificado de Lekaroz, que abarca su agitada historia y el análisis de la imagen. Una imagen en la que “clasicismo, proporción e idealización son utilizados para conseguir con el desnudo la expresión del sentimiento religioso”, en acertadas palabras de la autora.

Aunque García Gainza no ha podido sustraerse a su condición de concienzuda investigadora y la publicación va acompañada de numerosas notas a pie de página, el texto está dotado de una prosa limpia e inteligible que lo hace asequible a cualquier persona con mediana sensibilidad.

Es preciso subrayar, además, sus hermosas fotografías, su acertado diseño y maquetación, y la participación de la Fundación Fuentes Dutor en su patrocinio. En definitiva, una monografía cabal que hace honor a una obra memorable de la que podemos disfrutar en pleno centro de Pamplona. Si tras su instructiva lectura, que no le llevará más de una tarde, tiene alguna duda de su excelsa belleza, acérquese a verla. Caerá rendido a sus pies.

Diario de Navarra, 1/10/2015