Memoria histórica, una nueva legislatura

El pasado 22 de septiembre el Parlamento de Navarra celebró el primer pleno de la 8ª legislatura. Uno de los puntos del orden del día fue el debate y votación de una moción presentada por Nabai por la que se “instaba a los Gobiernos de España y de Navarra a condenar y reprobar la sublevación militar del 18 de julio de 1936 y la dictadura franquista”. El debate volvió a retratar de nuevo a los grupos en un tema que, pese a los años transcurridos, sigue de permanente actualidad. En estas líneas pretendo reflejar la opinión del PSN, defendida por mí en el citado debate.

En primer lugar, dejé de manifiesto la oportunidad de la moción –presentada el 18 de julio para conmemorar el 75 aniversario del inicio de la sublevación militar- y la actualidad de la misma. La última comparecencia de la anterior legislatura fue una comparecencia del consejero de Presidencia para dar cuenta del cumplimiento de la memoria histórica; estos días hemos asistido a un cruce de opiniones sobre el tema entre un senador y un diputado navarros; y el primer pleno de la presente legislatura aborda de nuevo la cuestión.

A fin de evitar equívocos, dejé claros tres principios inequívocos:

1.- El gobierno legítimo era el republicano, los ilegítimos fueron los que se alzaron contra la república.

2.- Aunque en Navarra no hubo guerra propiamente dicha, hubo una represión interior sangrienta que se cebó fundamentalmente en ciudadanos de izquierdas, básicamente socialistas y ugetistas.

3.- El periodo franquista fue una dictadura, con ausencia palmaria de libertades públicas, entre otras cosas.

Desde el año 75 hubo una serie de progresivas iniciativas para reivindicar la memoria de fusilados y represaliados, dentro del espíritu de concordia auspiciado por la Constitución. Entre estas iniciativas destacan:

–          La propia Constitución

–          El proceso de recuperación de restos a iniciativa de familiares

–          La Resolución sobre “el recuerdo, reconocimiento y reparación moral de las personas fusiladas y represaliadas durante la guerra civil en Navarra”,  celebrada en el Parlamento de Navarra el 10 de marzo de 2003.

–          La ley de Memoria Histórica de 2007

–          La inauguración del Parque de la Memoria de Sartaguda

–          El ciclo de conferencias ”Víctimas de la Guerra Civil y la memoria histórica”, celebrada en el mismo parlamento

La valoración de Nabai fue la siguiente: aunque había desacuerdos en la forma, había un acuerdo básico en el fondo, a excepción de un tercer punto que suscitó una enmienda de sustitución por parte de nuestro grupo que fue aceptada por Nabai. La moción salió adelante con los votos de Nabai, PSN, Bildu e I-E, y la abstención de UPN y el PP.

La actuación de estos grupos merece un pequeño comentario. El PP presentó, defendida por Eloy Villanueva, una enmienda de sustitución que supuso un salto cualitativo indudable. UPN continuó en su tónica: mirar hacia otro lado, sin asumir la necesidad de condenar explícitamente lo sucedido y reivindicar la dignidad de las víctimas.

Pero el Gobierno de Navarra es de coalición, y la memoria histórica, lo quieran o no, va a estar presente en su agenda en la actual legislatura.

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La dimensión de la crisis

A la hora de hacer balance de la evolución histórica y social de Navarra, sobre todo en la época contemporánea, aparecen con nitidez dos corrientes historiográficas claramente diferenciadas: una más conservadora, que pone el acento en los rasgos y virtudes de la sociedad tradicional, con ausencia de graves conflictos sociales, y otra más moderna que tiende a subrayar las similitudes de Navarra con el resto de regiones españolas, con presencia significativa de minorías de todo tipo –políticas, sociales, culturales y religiosas- sin perjuicio de las especificidades propias. Por decirlo de manera resumida, una Navarra idílica y tradicional frente a otra más conflictiva y plural. Dos visiones bien distintas de una misma tierra.

Navarra ha acelerado su proceso de cambios en el siglo XX y comienzos del XXI en proporciones muy superiores a lo reflejado a lo largo de toda su historia. La economía de base agraria dejó paso a una producción industrial y a un desarrollo de los servicios que han elevado considerablemente los niveles de riqueza. Un solo dato refleja como ninguno el avance experimentado. En el año 2010, Navarra ocupaba el puesto 32 entre las 271 regiones que componen la Unión Europea, solo superada por la Comunidad de Madrid entre el conjunto de las españolas.

La sensación general hasta este año 2011 era que la crisis nos afectaba relativamente, pese a que la significativa subida de las cifras de paro, tras haber alcanzado casi el pleno empleo en años anteriores, había hecho sonar todas las alarmas. Pese a todo, la situación general tendía a grave, pero no resultaba alarmante. Y a ello coadyuvaba no poco la estructura social de la Comunidad, con una red familiar muy sólida y una cultura arraigada de apoyo, que amortiguaba el golpe y mitigaba los problemas emergentes.

Han pasado las elecciones, hemos dejado atrás el verano y su burbuja festiva, hemos asistido entre sorprendidos e impotentes a las turbulencias monetarias de agosto, hemos introducido el concepto de estabilidad presupuestaria en la mismísima Carta Magna, y aquí estamos en septiembre  con un panorama nada halagüeño: los presupuestos familiares, municipales y forales se quedan cortos, la actividad económica apenas experimenta avances significativos, las familias en renta básica casi se han triplicado y el horizonte no despeja. La consecuencia más palpable es que la crisis se ha asentado también entre nosotros con el riesgo de pervivencia que esto implica. Con el peligro añadido, además, de que los problemas  coyunturales se cronifiquen: desregulación casi absoluta del mercado de trabajo, crecimiento del paro juvenil hasta niveles casi intolerables, generalización de los sueldos mileuristas que impiden una real emancipación, crecimiento de las tases de pobreza severa y avance de la dualización de la sociedad.

Estas líneas no pretenden trasladar una visión especialmente negativa. Históricamente, cualquier tiempo pasado fue peor. Pero ser conscientes del problema es el primer paso para intentar solucionarlo. Navarra tiene recursos humanos y económicos para hacer frente a la situación, está acostumbrada a superar retos de similar o mayor envergadura y dispone de una mayoría política cualificada para acometer las reformas pertinentes. Empréndanse sin dilación los cambios y ajustes necesarios. Exíjanse los esfuerzos adicionales y proporcionales imprescindibles. Si se explican con claridad y sin demagogia, sin duda se entenderán. Pero no sacrifiquemos a los más necesitados en el altar de la aparente modernidad. El Estado del Bienestar ha costado mucho levantarlo. Precisamente, su mantenimiento y la cohesión social que lleva implícito, son las palancas que nos impulsarán hacia el futuro.

Diario de Navarra, 22/9/2011

Cultura, los planes de la legislatura

Durante estos días están compareciendo los consejeros del Gobierno en el Parlamento para dar cuenta de sus planes en la legislatura que ahora se inicia. El viernes pasado lo hizo el nuevo consejero de Cultura, Turismo y Relaciones Institucionales, Juan Luis Sánchez de Muniáin, que además es el portavoz del ejecutivo.

Su intervención fue larga, prolija y desigual, aunque no falta de interés. Leyó pausadamente un texto que nos había sido entregado y apenas varió un ápice lo contenido en el mismo. Como era previsible, dedicó a Cultura buena parte de su intervención, pasando casi de soslayo por el apartado de Turismo y Comercio, y dejando casi inédito el ancho campo de las Relaciones Institucionales.

El apartado de Cultura tuvo, a su vez, un irregular tratamiento. La acción cultural, campo del que procede la directora general, Ana Zabalegui, lo desarrolló de forma minuciosa y fue el ámbito que aportó más novedades. Sin embargo, en materia de museos, archivos, bibliotecas y patrimonio el programa fue básicamente continuista.

Para mí, portavoz de mi partido en la comisión, fue una jornada cargada de novedades. No fue la menor el cambio de rol que ahora tengo asignado: de azote de Corpas a co-portavoz en materia de Cultura, siendo exigible, en consecuencia, un apoyo al nuevo ejecutivo. Ello no fue óbice para expresar  con claridad algunas ideas que trato de resumir en estas líneas.

Comencé señalando lo obvio, pese a la polémica suscitada en los pasados días: este es nuestro gobierno, seguimos creyendo firmemente en él, garantizamos lealtad y compromiso, y exigimos reciprocidad de UPN. Pasé, a continuación, a enumerar los cuatro principios específicos que aparecen en el Acuerdo de gobierno referidos a Cultura y que son los siguientes: redacción de un Plan Estratégico de la Cultura, desarrollo de los programas en red, impulso a un nuevo concepto de patrimonio según lo pactado en el Plan Trienal de Patrimonio Cultural de Navarra, y despolitización de la lengua.

El texto leído por el consejero recoge básicamente estos principios, acercándose más a los contenidos del programa del PSN que a los de UPN. De ahí que no hubiera gran dificultad por mi parte para apoyar el programa presentado.

Pero del dicho al hecho va un trecho y parece que los recortes va a afectar y mucho al departamento en este año 2011. Parece inevitable que así sea. Solo cabe esperar que no afecten a cuestiones verdaderamente cruciales. Pero el panorama para el 2012 no es halagüeño y la cosa todavía puede ser peor. Ya se han caído varios grandes proyectos a corto plazo: el museo etnológico Julio Carlo Baroja de Estella, la ampliación del Museo de Navarra y el Centro Temático del Encierrro y de los Sanfermines. La bibliotecas están en parte hipotecadas por la gran inversión de la Biblioteca y Filmoteca de Navarra. En archivos no hay novedad alguna y el patrimonio apenas contempla la terminación de las grandes obras en marcha. Casi todo está confiado al ámbito de la acción cultural. El objetivo de hacer más con menos es muy loable, pero como no se agudice el ingenio en este ámbito me temo que la legislatura no se presenta precisamente prometedora.

Ojalá me equivoque, pero me temo que la Cultura no va a ser, como lo fue en la anterior, una preocupación preferente ni del gobierno ni de los partidos de la oposición. Desde mi difícil posición intentaré que este augurio no se cumpla.

Tertulias en radio y televisión

Ha comenzado el curso político y la actividad se incrementa progresivamente. Uno de los datos que reflejan esta etapa es la reanudación de las tertulias, un formato clásico en radio y televisión. Desde hace varios años formo parte de la tertulia de Onda Cero, que tiene lugar cada quince días, los miércoles, de 7,20 a 8 de la tarde. Dirigidos por el eficaz Javier Lorente, una serie de políticos veteranos en casi todos los casos, debatimos sobre los temas de actualidad: Javier Marcotegui por UPN; Santiago Cervera por el PPN; José Miguel Nuin por I-E; Fermín Ciaurriz por Bildu; Aritz Romeo, el más joven, por Nabai; y yo mismo representando al PSN. El debate es sosegado y correcto, aunque no carece de polémica. Pero la confrontación de ideas y el buen ambiente son las características más notorias del mismo. El correspondiente a este miércoles se centró en buena medida en dos cosas: el diagnóstico de la crisis, realizado por Roberto Jiménez en su comparecencia parlamentaria, y los efectos del acuerdo UPN-PP sobre el gobierno de coalición de Navarra.

En síntesis, mi posición fue la siguiente. Respecto al alcance de la crisis, subrayé dos cosas: la tradicional autocomplacencia del gobierno para referirse a la situación de Navarra y el compromiso del PSN de decir la verdad de la situación, ahora que conocemos mejor las cifras por estar dentro del gobierno. Respecto al impacto del acuerdo UPN-PP sobre la estabilidad del gobierno de coalición, mi posición también fue nítida: supone un clara deslealtad de UPN hacia el PSN y, sin duda, hace más difícil el quehacer del ejecutivo. La confianza es un elemento básico en el funcionamiento de todo gobierno, y este acto lo mina de forma sustancial.

El mismo miércoles, asistí por primera vez a la tertulia televisiva de Canal 6, que se repetirá cada quince días, los miércoles, en un programa que comienza a las 10 de la noche. Los interlocutores, fijos con carácter general, son los siguientes: Sergio Sayas por UPN; José Miguel Nuin por I-E; Manu Aierdi por Nabai; Maiorga Ramírez por Bildu; y yo mismo por el PSN. Santiago Cervera declinó acudir porque, en palabras de la presentadora, no acudían los portavoces de los grupos parlamentarios. Los temas del debate, sin duda más formal que el de la radio porque el medio impone, fueron los mismos y mìs argumentos apenas difirieron de los expresados en la radio.

Las tertulias son un buen medio para confrontar y debatir los asuntos que interesan a la ciudadanía. Espero poder contarles a ustedes lo más granado de dichos debates, una vez que estos se produzcan. Confío en que tengan algún interés.

Los retos del nuevo gobierno

Una de las características que ha definido a la Comunidad Foral de Navarra desde los primeros tiempos de la transición ha sido su pluralidad política. A lo largo de las casi cuatro décadas transcurridas, ningún partido alcanzó la mayoría absoluta y, en consecuencia, la gobernación de Navarra se ha movido entre los gobiernos en minoría, los más, y los gobiernos de coalición, los menos. Ello ha generado una cultura política basada en el acuerdo y el diálogo que, a diferencia de lo ocurrido en el conjunto de España, ha sido, aunque con altibajos, una de nuestras señas de identidad. Los resultados del pasado 22 de mayo volvieron a dar similar resultado: una fragmentación evidente, con presencia de seis grupos pertenecientes a las tres familias clásicas y ya recurrentes en Navarra: derecha, izquierda y nacionalismo.

Tras algunos titubeos, más aparentes que de fondo, se conformó un inédito gobierno de coalición UPN-PSN que, tras un verano dedicado a la estructuración de los equipos y a la toma de contacto, comienza de verdad su andadura con el curso político que se inicia estos días. La verdadera novedad de esta legislatura no reside, por tanto, en el acuerdo entre dos partidos de origen e ideología nítidamente diferenciada -UPN y PSN- ya ensayado en legislaturas anteriores aunque limitado a pactos presupuestarios, sino en el salto cualitativo del paso al gobierno de coalición, con las ventajas e inconvenientes que ello implica. Entre las primeras cabe señalar la posibilidad de abordar las grandes cuestiones de futuro que afectan a Navarra desde una cómoda posición parlamentaria, o la oportunidad de consolidar una amplia mayoría de la sociedad navarra en torno a un proyecto basado en la identidad propia y diferenciada, integrada en España y abierta a Europa. Entre los inconvenientes, que también los hay, el gobierno conjunto de quienes están llamados a alternarse en el poder sin que podamos hablar estrictamente de una época de emergencia o el posible deterioro de ambos partidos azuzados en sus respectivos flancos por una oposición nada difícil en un momento de especial dificultad económica y social.

En todo caso, ambas formaciones han contrastado sus compromisos electorales, han aparcado sus diferencias ideológicas más evidentes y han convenido un programa común, concretado en el “Acuerdo entre UPN y PSN-PSOE para el gobierno de la Comunidad Foral de Navarra”. Es el documento clave de la legislatura y a él habrá que remitirse para otear el horizonte y dirimir conflictos que sin duda aparecerán.

Los principios en los que se sustenta el gobierno de coalición, sucintamente enunciados,  son los siguientes:

– Compromiso con Navarra y su modelo institucional dentro del marco de la Constitución y la LORAFNA.

– Superación de la actual situación de crisis económica mediante el impulso del desarrollo económico y la creación de empleo.

– Mejora y potenciación de las políticas sociales y el desarrollo del Estado del Bienestar.

– Apuesta por la transparencia, la agilización administrativa y la austeridad.

Su solo enunciado nos permite apreciar la complejidad de los mismos, ya que en su estricta literalidad pretenden fundirse el neoliberalismo y la socialdemocracia. No debería haber mayores problemas para avanzar en los principios primero y cuarto; de hecho algunas de las medidas adoptadas en las primeras semanas apuntan en la buena dirección. Más dificultad tiene cohonestar los principios segundo y tercero. Este es el reto fundamental del gobierno y a él deberían dedicar ambos partidos sus mejores afanes e ilusiones. Unos y otros tienen culturas diferentes pero necesariamente conciliables. El criterio está claro: lo que es bueno para los navarros lo será para ambas formaciones, que están a su servicio.

Ni unos ni otros deben olvidar que este gobierno es de coalición y que el programa que deben ejecutar contiene aportaciones de las dos fuerzas políticas. Esta mixtura es la fuerza y la debilidad de este ejecutivo. El balance final dependerá, en gran medida, del esfuerzo y lealtad que unos y otros aporten para su cumplimiento.

Diario de Navarra, 10/9/2011

Nuevo curso en la UPNA

Ayer, 9 de septiembre, la UPNA celebró la solemne apertura del curso 2011-2012. Cuatro palabras definen lo que, a mi juicio, fue lo más sobresaliente del acto académico: corrección, ausencias, frialdad y desencuentros.

El aula Fernando Remacha, que hace las veces de aula magna de la universidad, acogió un evento que la UPNA tiene ya suficientemente rodado. Todo el acto se desarrolló con una corrección formal digna de encomio: el folleto explicativo y bilingüe del acto, el cortejo académico, la memoria del curso, la lección inaugural, los discursos del rector y la presidenta del Gobierno de Navarra, y las intervenciones musicales de la coral universitaria y el grupo de metales del Conservatorio Superior de Navarra. Pese a ser digna de elogio la labor de la coral, es una pena la escasez de alumnos que la conforman, ya que buena parte de sus componentes pertenecen a los cuerpos docentes  y personal de administración y servicios.

El acto contó con una menor afluencia que en años anteriores. Sorprende el escaso número de profesores en un acto que, por definición, debía ser de casi obligada presencia. Pero no fueron los únicos: el consejo social apenas estaba representado, faltaron los vicepresidentes del gobierno, los parlamentarios no abundaban y el resto de invitados apenas cubrían las sillas habilitadas. Es evidente que un aula de estas dimensiones ayuda a magnificar el acto, pero también subraya las carencias, como fue el caso de ayer.

Pese a la presencia de la música, que humaniza y anima una ceremonia que tiende a ser plúmbea una vez pasada la novedad de las primeras ocasiones, la frialdad fue la nota dominante en el acto de ayer. El escaso entusiasmo y la brevedad en los aplausos fueron las notas dominantes a lo largo del mismo. Hasta los corrillos del final fueron más breves que en años anteriores. N sé si la ausencia de aperitivo, sustituido por vino, agua y refrescos, tuvo alguna culpa en el desarrollo del mismo.

Lo que, en todo caso, no fueron de circunstancias fueron los respectivos discursos del rector y de la presidenta del Gobierno de Navarra. Julio Lafuente, fiel a su estilo, fue mesurado y prudente. Recordó el importante papel desarrollado por la UPNA en el desarrollo de Navarra, reivindicó una financiación acorde a las necesidades, abogó por la eficiencia, demandó nuevas titulaciones para el futuro y deseó que la UPNA, en el contexto de la crisis,  fuera parte de la solución y no del problema. Otro tono tuvo el discurso de la presidenta, que se presentó como persona de la casa, dada su condición de catedrática de Nutrición y Bromatología. Los datos que manejó, discutidos dentro de la propia UPNA, y las referencias a la solidaridad y el sacrificio apuntan a una rebaja en la financiación para el curso próximo. Pero más que las palabras, que también, fue el tono de la presidenta, entre altanero y conminatorio, el que provocó cierto malestar y desasosiego entre los asistentes. Y eso que explícitamente subrayó los compromisos recogidos en el pacto de gobierno de hacer frente a la financiación  plurianual y de aumentar la partida de becas y poner en marcha las becas salario.

En definitiva, unas tensas relaciones las que se apuntaron, que deberán concretarse en cifras en las próximas semanas. Confiemos en que reine la cordura y sea posible llegar a un acuerdo.

El Aula de la Experiencia

Buena parte de las universidades españolas han incorporado en los últimos años a su quehacer un nuevo modelo de enseñanza: un título propio encaminado a proporcionar conocimientos a quienes por una u otra razón no habían podido en su día acceder a los estudios universitarios. El título recibe el nombre de “Diploma en Humanidades y Ciencias Sociales” y está dirigido a ciudadanos mayores de 50 años que dispongan de tiempo suficiente para afrontar las obligaciones académicas que conllevan estos estudios. Su plan de trabajo, con clases las mañanas de martes, miércoles y jueves, ofrece una formación generalista, diseñada para adecuarse al perfil y circunstancias personales del público al que va dirigida.

Por invitación de la UPNA, desde que comenzó el programa imparto la asignatura de “Arte Antiguo y Medieval” que se ofrece en primer curso. Ayer comencé las clases en un aula abarrotada con 75 alumnos y la misma ilusión que el primer día. Además de darles la bienvenida a la UPNA, iniciativa de la que cada vez me siento más orgulloso de haber ayudado a hacerla posible, les insistí en que se planteen la nueva etapa no para sufrir sino para disfrutar. Lo importante es la búsqueda del conocimiento, no la nota, porque afortunadamente para ellos la sola asistencia a clase les garantiza el aprobado.

El programa -al que los profesores acceden por invitación- es objeto de un riguroso seguimiento y evaluación final por parte del alumnado, y ha constituido un éxito indudable. De los primeros 25 hemos pasado a los 75 actuales, cifra tope para poder impartir una materia que no sea simplemente una serie de lecciones magistrales.

En la asignatura de “Arte Antiguo y Medieval”, además de estudiar lo básico de los estilos griego, romano, románico y gótico, aprovecharemos para conocer algunos de los lugares más emblemáticos de la Comunidad: Andelo y Arellano, un tramo del Camino de Santiago, y la catedral y el Museo de Navarra.

Yo agradezco mucho tener la posibilidad de seguir impartiendo clases y complementar mi tarea principal en estos momentos de representar a los ciudadanos en el Parlamento de Navarra. Solo espero poder devolver a mis alumnos lo mucho que ellos me ofrecen y deseo que disfruten de las clases tanto como disfruto yo.