Irán, retazos de un viaje

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Irán, el corazón de una zona caliente del planeta

Un año más, los amigos del Verbo Divino nos han preparado uno de esos viajes exóticos a los que nos tienen acostumbrados. Tras Siria y Jordania, Turquía, Uzbekistán y ahora Irán. Pero la emoción del viaje -Persia es uno de esos destinos inigualables- convive con la zozobra del momento presente. Aunque el país de los ayatolás parece haber entrado en una cierta calma, con el acuerdo nuclear con USA y la victoria de los moderados en las elecciones como hechos recientes, la coyuntura no invita al optimismo. Siria se desangra en una guerra civil interminable. Irak no encuentra un camino de paz, con sunitas y chiitas a la greña permanente. Turquía está inmersa en una involución política, social y cultural, pese al balón de oxígeno que puede suponerle la ayuda europea para contener a los refugiados. Afganistán sigue siendo, tras el fracaso sucesivo de rusos y norteamericanos, coto de los señores de la guerra. Y las monarquías del Golfo alimentan los extremismos con los petrodólares y la indiferencia occidental. Y por si todo esto no fuera suficiente, el atentado reciente de Bruselas ha sacudido los cimientos de una Unión Europea en horas bajas y ha puesto en evidencia, una vez más, lo vulnerables que son nuestras sociedades y lo difícil que resulta abordar el fenómeno del yihadismo, con militantes dispuestos a inmolarse por una causa para nosotros irracional e incomprensible.

Pero Irán nos espera con su historia, su leyenda, su cultura y sus gentes.

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Un grupo de jóvenes iraníes posa con María Luisa en Persépolis

Si yo tuviera que evocar lo que Persia trae a mi memoria debería citar a Zoroastro y Mazda, a Susa y Persépolis, a Ciro, Darío y Jerjes, a Alejandro Magno, al imperio sasánida, a los seljúcidas, a Gengis Kan y Tamerlán que lo arrasaron casi todo a su paso, a las dinastías timúrida y safávida, a los Pahlevi, al ayatolá Jomeini y la revolución islámica, y a sus sucesores hasta hoy. Y, por supuesto, ciudades míticas como Isfahan o Shiraz. Y en todos estos siglos, un pueblo sojuzgado al servicio de dinastías todopoderosas, de fuera o de casa, que incluso hoy, a comienzos del siglo XXI, mantienen al país como una república islámica fundamentalista regida con puño de hierro y una ausencia casi absoluta de libertades religiosas y civiles.

Quisiera no dar lugar al equívoco. Estas líneas no son otra cosa que las impresiones de un viaje realizado con un grupo de amigos que nos ha dejado un regusto muy positivo y que , tal vez, tenga algún interés para los lectores. Diez días no es gran cosa para conocer un país, pero ayudan a hacerse una idea de la situación. Me permito adelantarles tres de mis conclusiones: Irán no es el eje del mal que dibujan los medios occidentales; es un país humana, cultural y artísticamente extraordinario; y se encuentra en una interesantísima encrucijada que le va a obligar a decantarse más pronto que tarde por continuar con un sistema fundamentalista o virar hacia un régimen de mayor libertad y apertura exterior. En mi opinión, las mujeres y los jóvenes, mayoritarios en Irán, les va a obligar a optar por lo segundo.

De la Persia histórica…

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Mapa de Irán con algunos de los lugares visitados

Los diez días de estancia en Irán nos permitieron disfrutar de una de las rutas clásicas: Teherán, la capital; Qom, una de las tres ciudades santas del país, centro del integrismo islámico; las ciudades históricas de Isfahan y Shiraz; y los tres grandes conjuntos arqueológicos de la antigua Persia: Pasargada, la capital fundada por Ciro el Grande; Persépolis, el imponente conjunto dse palacios levantados por Darío y Jerjes; y la necrópolis real de Naqh-e Rastan.

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La visita a la ciudad santa de Qom nos dejó imágenes inolvidables

Teherán, capital del país desde el siglo XVIII, es una ciudad inmensa, caótica y destartalada. Pero no carece de interés. Los dos elementos más sobresalientes, artísticamente hablando, son el complejo Golestán, sede de las dinastías Kajar y Pahlevi, todo lujo y esplendor, y el Museo Nacional de Irán, con colecciones de primer nivel de las culturas meda, aqueménida, seléucida, parta y sasánida. Los famosos arqueros de la escalinata de Persépolis y los relieves vidriados justifican por sí solos su visita.

El acceso a la ciudad santa de Qom nos permitió acercarnos al Irán más integrista y convencional. El complejo de Musumek, tres patios, tres mezquitas y una superficie de 38.000 metros cuadrados tiene más interés como centro de religiosidad popular que como espacio artístico. Pero sus 100.000 alumnos en las diferentes madrazas, de ellos 30.000 mujeres, hablan de la importancia que el Islam tiene en la vida diaria de los iraníes.

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Plaza porticada de Isfahan, un espacio emblemático de la Persia histórica

Isfahan fue capital de Persia con la dinastía safávida, durante los siglos XVI y XVII, la época de máximo esplendor artístico. La ciudad posee un conjunto de edificios articulados en torno a tres tipologías. El primero, las mezquitas, con dos ejemplos excepcionales: la mezquita antigua del viernes, centro de la Isfahan medieval, y la mezquita del “favor de Dios”, levantada en época safávida, cubierta por fuera y por dentro de azulejos vidriados y bellísima en su singularidad. El segundo, los edificios civiles, con la plaza porticada de Nayqsh-e Jahan -el espacio público por antonomasia de todo Irán con sus 510 metros de largo por 165 de ancho- y los artísticos puentes sobre el río. Y el tercero, los palacios públicos y privados, y los jardines, con el agua como fuente de vida y de belleza, distribuidos por toda la ciudad.

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Yazd es un ejemplo del valor artístico del adobe convertido en pantalla teatral

De camino, visitamos Naim y Yazd, dos núcleos urbanos en los que el adobe se hace ciudad, antes de llegar a Shiraz, otro de hitos de nuestro viaje. En otro tiempo ciudad del vino, la poesía y las flores, la ciudad reúne múltiples alicientes. Pero lo mejor se encuentra en sus alrededores. En medio de una llanura se asienta Pasargada, la capital fundada por Ciro el Grande en el siglo VI a.C. El elemento mejor conservado es la tumba de Ciro, hoy emblema nacional, que destaca por su sencilla grandiosidad. No lejos de allí, se levanta Persépolis, uno de los grandes conjuntos arqueológicos del mundo. Persépolis es la quintaesencia de la arquitectura al servicio del poder y sus escalinatas de acceso, con los famosos relieves procesionales de los inmortales, la lucha de toros y leones y las ofrendas de los pueblos, una de las obras presentes en todos los manuales de historia del arte. El tercero de los grandes conjuntos arqueológicos es el conjunto rocoso de Naqh-e Rastan donde descansan los cuatro grandes de la dinastía aqueménida: Darío I, Jerjes, Artajerjes y Darío II. El espacio impresiona por su sencillez expresiva, su plasticidad y su ubicación.

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Las columnas de la Apadana de Persépolis se elevan al cielo

Esto es solo una parte de lo que nos ofrece la Persia histórica, un conjunto excepcional, ya que buena parte de lo visto está declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Al Irán fundamentalista

Pero Irán no es sólo historia y arte, sino un país de más de millón y medio de kilómetros cuadrados, más de 80 millones de habitantes, llamado a ser una potencia regional en un área especialmente conflictiva del mundo.

La prensa occidental nos lo presenta como uno de los países que conforman el “eje del mal”, donde el fundamentalismo lo invade todo, los derechos humanos no existen y las mujeres están sojuzgadas y apartadas de la vida pública. Esta es también la visión que nos traslada la activista Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz, en su libro “La jaula de oro”, la novela que narra la vida de una familia dividida por la Revolución y unida en un destino trágico, el de su país.

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Imagen de la convivencia entre iraníes y extranjeros. La amabilidad y el respeto son la norma

Pero el país que vimos nosotros, viajeros ocasionales, no fue éste. Coincidió nuestra estancia con un periodo de especial interés: el nuevo año persa -algo parecido a nuestras navidades-, que comienza el 21 de marzo. Todo el país disfrutaba de una serie de días festivos, con fábricas y escuelas cerrados y una intensa vida ciudadana al aire libre. De no ser por el obligado pañuelo en las mujeres, acompañado del chador negro en muchos casos, y la omnipresente presencia pública de fotos de los líderes políticos y religiosos, nos hubiera resultado difícil percibir que nos encontrábamos en una república islámica fundamentalista.

El pueblo iraní es amable, respetuoso y limpio. No desdeñan el trato con el extranjero, todavía relativamente escaso, y los jóvenes lo buscan para hacerse una foto o intercambiar unas palabras y una sonrisa.

Todo el trayecto lo hicimos por autopistas y autovías, una agradable sorpresa que facilitó mucho las cosas. El tráfico, dado el reducido precio de la gasolina, es denso, caótico y poco respetuoso con señales, semáforos y personas. Los hoteles, perfectamente homologables a los nuestros, tal vez con una estrella menos, y la comida sabrosa y variada, con el alcohol rigurosamente prohibido.

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Posar con una occidental fue un deseo constante en nuestras visitas a las distintas ciudades

El país está formado en su mayor parte por altas estepas y desiertos, pero las inmensas reservas de petróleo y gas les permiten mirar con optimismo al futuro. No obstante, necesitan aclarar su modelo social, político y religioso. Creo que los jóvenes y las mujeres se impondrán a medio plazo, pero las resistencias no serán pequeñas. También aquí la educación jugará un papel determinante.

Si puedo darles un consejo, les diría que se animen a viajar a Irán. Es un país seguro y hermoso. No les defraudará.

Diario de Navarra, 3/5/2016

El largo camino hacia las Surtopías

Surtopia

El pasado 9 de junio se presentó en el Civican de Pamplona, de la mano del Ateneo, el libro Surtopía, del que dí cuenta hace unos meses. Tras la introducción del acto a cargo del presidente del Ateneo Javier Torrens, y la proyección de un cuidado vídeo, dos de sus autores, Jesús María Ramírez y Julio Mazarico, explicaron el origen y contenido de la obra y el contexto en el que surgió. Posteriormente, Eneko Larrarte, alcalde de Tudela, trató de bajar de las musas al teatro y realizó su propio diagnóstico de la situación y, lo que es más importante, las acciones encaminadas a paliar y revertir una situación ciertamente preocupante. Escuchar a Eneko Larrarte es un alivio. Tiene ideas, ganas e ilusión, pisa la calle y se expresa convincentemente, sin necesidad de otra cosa que un guión en su libreta que, por cierto, afortunadamente no es azul. Un transversal de los que tan necesitados estamos en nuestra tierra, que es Navarra; en nuestro país, que es España; y en nuestra patria grande, que es Europa.

Probablemente como consecuencia de mi artículo en el Diario de Navarra, Jesús Mari Ramírez me invitó a la presentación. Y comencé preguntándome lo que algunos de los asistentes: ¿Éste qué pinta aquí? Yo justifiqué mi presencia en tres razones: me habían invitado, compartía la preocupación y creía representar a otras surtopías forales.

Yo nací en Los Arcos y vivo en Oteiza desde hace 33 años, aunque la mayor parte de mi vida he trabajado en Pamplona. Creo conocer bien, porque la he vivido en propia carne, la polarización del territorio y creo ser un representante genuino de esa Navarra que Fermín Miranda, uno de nuestros mejores historiadores, define como “una sociedad urbana de corazón rural”-

Comencé mi intervención con una pequeña pincelada histórica. Navarra es una sociedad compleja y plural en la que uno de los problemas pendientes y más acuciantes es el del desequilibrio territorial. Hasta la segunda mitad del siglo XX, Navarra fue una sociedad rural y agraria con un cierto equilibrio en su red de ciudades. La mayor, Pamplona, no pasaba de 30.000 frente a un pequeño grupo situado entre los 5.000 y los 10.000 habitantes. A partir de la segunda mitad, el cambio y el desequilibrio se acentúa. Se convierte en una región industrial y de servicios con una conurbación urbana, Pamplona y sus municipios próximos, que se acerca a los 250.000 habitantes. Hoy, la Comunidad Foral es una región industrial y de servicios, con una crisis industrial generalizada de la que solo se salva la cuenca de Pamplona, estancada en el resto de las zonas y desertizada en algunas comarcas.

Este es un diagnóstico que algunos, incluido yo, nos habíamos resistido a aceptar. Pero loa cátedra CIPARAIS de la UPNA nos la presentó de bruces en su estudio de 2014, alertando de importantes desigualdades entre las distintas zonas de Navarra, llevándose la peor parte la Ribera. Este es el contexto en el que nace Surtopía. Para subrayarlo, leí unos breves párrafos del magnífico artículo del mismo nombre de Pedro Blanco, que considero el manifiesto del movimiento.

En el jugoso coloquio que siguió a las intervenciones iniciales, alguien preguntó en voz alta qué medidas habría que tomar. Con la libertad que da el estar jubilado y no representarte mas que a tí mismo sin necesidad de ser políticamente correcto, señalé algunas pautas: Tomar conciencia de la situación, dar a conocer machaconamente y sin descanso la realidad, concienciar por todos los medios posibles a personas e instituciones, realizar en positivo una serie de propuestas en aquellos sectores que se consideren prioritarios y reforzar un liderazgo político-social claro.

Me satisfizo comprobar que Eneko Larrarte insistió en pasar del lamento a la propuesta. Pero no será fácil. Sirva como síntoma que la presentación de un tema y un libro de indudable interés, promovido además por el Ateneo, atrajo a no más de 20 personas, algunos de ellos llegados desde Tudela. Queda, como se ve, un largo camino por recorrer. Pero no hay que desesperarse. -¡Estamos hablando de Surtopías¡

 

 

La Selectividad y sus alternativas

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La palabra “Selectividad” se ha integrado de tal manera en nuestro lenguaje que Wikipedia la recoge en su enciclopedia libre en una larga entrada. Consiste en una prueba escrita que se realiza a los estudiantes que desean acceder a estudios universitarios en universidades públicas y privadas de España. Dicho examen forma parte de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), en los que, además de la selectividad, computan los dos cursos de Bachillerato. Para poder acceder a la universidad es necesario aprobar la selectividad y, en función de la nota obtenida en la PAU, el alumno puede escoger la carrera universitaria con límite de plazas que quiera cursar en función de la nota de corte (nota mínima que se usa como límite para acceder a una carrera determinada) establecida para cada titulación y universidad. Esta nota de corte varía cada año y de una universidad a otra. Para el conjunto de España, la selectividad se inició en 1986 con el 74% de aprobados y acaba de cerrar su última prueba con un porcentaje que supera claramente el 90% de los mismos. ¿Mejores alumnos los actuales? No lo creo, la explicación reside, a mi juicio, en que el Curso de Orientación Universitaria (COU) ya no es tal, sino más bien un curso de preparación de la selectividad, lo que tiene su parte positiva -mejores notas- y su parte negativa -el curso ha perdido interés por el saber en beneficio de la nota, que no es lo mismo-.

El pasado 15 de junio, los estudiantes navarros que se habían presentado al examen de selectividad conocieron sus resultados. Los nervios y las histerias de los días anteriores dieron paso a una amplia sonrisa en la mayor parte de los casos, acrecentada con la expectativa de un viaje a la costa en grupo -iniciático en muchos casos-, una idea que pese a haber nacido antesdeayer parece haberse convertido en costumbre ancestral. Los datos de la selectividad en Navarra resultan apabullantes: aprobaron el 96,76% de los estudiantes presentados, que ascendieron a 2.715. Ello ha implicado un complejo dispositivo en el que han participado un importante número de profesores pertenecientes a la enseñanza secundaria y universitaria que han tenido que corregir en muy pocos días 5.731 exámenes, de los que el 71,10% han alcanzado el aprobado y el 28,90% han sido calificados con un suspenso. En este sistema tan garantista que tenemos, los alumnos disponen todavía de la posibilidad de una segunda corrección o la revisión de la nota inicial, además de una segunda convocatoria para los suspendidos que tendrá lugar los días 29, 30 de junio y 1 de julio.

Los docentes de secundaria sabemos bien que la verdadera criba no está en el examen de selectividad, sino en los dos cursos de bachillerato, especialmente el segundo, donde no son raros los porcentajes de aprobados que apenas superan el 50% del alumnado del curso. Si eso es así, conviene preguntarse por la razón de una prueba cara, compleja y bastante inútil para el objetivo perseguido. Convendría, antes que nada, dejar claro que España no es ninguna excepción en el panorama europeo. Al existir en todos ellos un desajuste entre la oferta y la demanda de plazas de estudios superiores, el acceso está condicionado a la superación de un proceso selectivo. Ahora bien, España sí es una excepción en el modo de obtener el certificado de Educación Secundaria.. Prácticamente en todos existe una prueba de certificación de secundaria, que a la vez abre la posibilidad de acceso a la universidad y, en la mayoría de los casos, es tenida en cuenta para la ordenación de los alumnos con este fin. En definitiva, lo más común en Europa es la existencia de una prueba obligatoria para la obtención del título de bachillerato.

La LOMCE, la ley educativa todavía en vigor, prevé la eliminación de la Selectividad y su sustitución por la reválida final de bachillerato. En 2015 la propuesta estaba clara: una prueba test de 350 preguntas dividida en tres bloques. El revuelo ha sido tal que Gobierno y rectores han pactado un nuevo modelo que nos retrotrae en buena medida al actualmente existente. En definitiva, siguiendo a Lampedusa, se trata de cambiarlo todo para que casi todo siga igual. Eso sin tener en cuenta que la LOMCE tiene los días contados. La idea de un Pacto de Estado por la Educación avanza lentamente y no es seguro que se aborde como tarea prioritaria en el primer año de la legislatura, cuando una ley de calado tiene más posibilidades de aprobarse. No obstante sería deseable, por no decir que obligado, que profesorado y alumnado comenzaran el próximo curso sabiendo qué les espera al final del mismo. Pero me temo que esto no sucederá porque lo que ahora verdaderamente importa no es qué va a hacer el gobierno, sino quién va a presidir ese gobierno. Y así nos va.

Diario de Navarra, 24/6/2016

 

Un homenaje merecido y tardío

Cartel homenaje

Cartel anunciador del acto

A la salida del acto celebrado en Los Arcos el pasado día 4 de junio, un compañero mío de pupitre en la escuela de Los Arcos me decía: ¿por qué se ha tardado tanto en hacer un acto tan aparentemente sencillo y emotivo? Y él mismo se respondía: decía un ilustre escritor que las guerras civiles duran 100 años, y de ésta solo han pasado 80.

Pero más vale tarde que nunca. Y aquellos 22 arqueños de todas las edades -desde José Ábalos con 17 años a Antonio Zurbano con 48- vieron por fin reconocidas sus personas, sus ideales y el dolor de sus familias, en un acto que tuvo de todo, sobre todo calor humano y emoción contenida.

En aplicación de la Ley Foral de Memoria Histórica, aprobada por el Parlamento de Navarra en noviembre de 2013, el Ayuntamiento de Los Arcos aprobó por unanimidad una moción presentada por el grupo de UPN en la que se acuerda celebrar un acto de homenaje a los 22 arqueños asesinados y colocar una placa con sus nombres en la propia Casa Consistorial. Unas ajustadas palabras del alcalde, Javier Chasco, dieron la bienvenida a los asistentes y abrieron el acto.

Una iniciativa de estas características siempre tiene detrás personas e instituciones que las impulsan y las hacen posibles. Entre las personas, cabe citar de forma especial a Inés Biurrun y María José Baquedano, nietas de Galo Biurrun, uno de los asesinados. Entre las instituciones, no podía faltar la benemérita Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (AFFNA36), promotora de buena parte de la labor de búsqueda y exhumación de restos realizados en Navarra en las últimas décadas.

La parte más emotiva del acto, como suele ser propio en estos casos, la constituyó las intervenciones de familiares, iniciadas con la lectura reposada y solemne de los nombres de las 22 personas asesinadas. Inés Biurrun, Merche Bretón, Ester Ganuza y María José Baquedano, cuatro bravas mujeres, recordaron las aciagas jornadas de la guerra civil y las penosas circunstancias que rodearon algunas de las muertes. Los fusilados fueron los hombres, pero las ultrajadas y sufrientes fueron las madres, esposas, hermanas y familiares que soportaron el desprecio, la burla y a veces la rapiña de las escasas propiedades por parte de los vencedores. Y todo ello con respeto, sin deseo de venganza, solo con la satisfacción de que 80 años después, aquellos ciudadanos humildes, la mayor parte jornaleros pertenecientes a partidos de izquierdas y sindicatos de clase, fueran reconocidos con la verdad, la justicia y la reparación que la Asociación busca para todos ellos.

El descubrimiento de la placa, que condensa tanto sufrimiento, tuvo una especial emoción. Mientras Sandro Gastón hacía sonar el Himno de Riego, los familiares directos de algunos de ellos, Aníbal y Alejandro Morrás, Carmen y Dolores El Busto, Carmen Álvarez y Josefina Biurrun, descubrieron la placa que a partir de ahora honrará su memoria.

Panteón

El panteón cubierto con la bandera tricolor y los claveles depositados por los familiares

Con un clavel en la mano, familiares y amigos nos dispusimos a caminar hacia el cementerio municipal para participar en la segunda parte del homenaje. En las plaza de los Fueros, al lado de la cárcel ahora desaparecida en la que muchos de ellos vivieron las horas previas a su fusilamiento, Rafael Bea entonó una jota alusiva que hizo brotar lágrimas de emoción en los asistentes.

La marcha cívica acabó en el cementerio, junto al panteón que recoge los restos de buena parte de ellos, tras el proceso de búsqueda y recolección de sus huesos por varias cunetas de Tierra Estella. A los sones de la Internacional nos arremolinamos todos junto al panteón sobre el que se había depositado la bandera tricolor de la II República. Roberto Ábalos, familiar de José Ábalos y misionero dominico, nos narró su experiencia en Guatemala en el proceso de exhumación de cadáveres tras la sangrienta guerra civil que asoló al país centroamericano. En palabras atinadas y certeras habló de los que buscaban lo mejor para los suyos, el reparto de la propiedad y de la tierra, y un futuro en el que cupieran todos. Él depositó el primer clavel sobre la tumba al que siguieron los otros 21 en honor, memoria y homenaje a todos ellos. La lectura de sus nombres y el compromiso de no cejar hasta encontrar a los que faltan, culminó un acto que abrió emociones pero cerró heridas.

Cuando salíamos del cementerio, pudimos ver el panteón de los entonces vencedores caídos en las trincheras mudo y sin flores que les acompañaran. Todo un símbolo que nos debiera hacer pensar. En las guerras civiles, a la postre, no hay vencedores. Pero no es momento de ninguna revancha, sino de cerrar digna y fraternalmente un doloroso capítulo de nuestra historia. Eso sí, conviene no olvidar que, en palabras de Ramón J. Sender, “todas las guerras civiles están irremisiblemente perdidas”, y todos los enterrados en ambos panteones perdieron también la suya. Tras buscar la verdad, intentar hacer justicia y exigir reparación moral, solo nos queda desear para ellos el recuerdo y el perdón. Para nosotros, la paz. ¡Nunca más ni para nadie tanto horror!

Diario de Navarra, 18/6/2016

Nunca ayudes a una extraña

Extraña

Soy muy poco aficionado a la novela policiaca, negra o de intriga. Apenas he leído alguna novela de Agatha Christie, la más clásica de las clásicas. No obstante, reconozco que la última de Leonardo Padura, Herejes, que comenté hace unas semanas, me interesó bastante. Casi por casualidad cayó en mis manos esta novela de José María Guelbenzu, buen escritor, y acabo de terminarla con un interés creciente.

Javier Goitia, periodista de investigación, acaba de quedar en paro. De visita a un amigo que vive en una ciudad costera del norte de España, toma el tren y allí se topa con una mujer que le impacta sobremanera, aunque no se atreve a entablar conversación con ella. Una noche en que Javier está a la puerta de un local de copas fumando un cigarrillo, oye un gemido en el callejón próximo y trata de defender a una mujer que está siendo atacada. Mientras pelea con el agresor, la mujer desaparece y él debe ir a declarar a comisaría. Tras las primeras diligencias, Javier es llevado ante la juez, que no es otra que Mariana de Marco, la fascinante mujer del tren. La mujer a la que ha ayudado se tira por el balcón de su casa dos horas después y el asunto parece claro: la violación le ha llevado a la desesperación y ésta al suicidio. Y aquí empieza a enmarañarse la historia.

En la novela se mezclan con dosis medida y sabia una novela costumbrista, con tres familias provincianas y de alcurnia en liza; una desasosegante búsqueda de indicios para los que se dispone de poco tiempo; una historia más de deseo que de amor de dos personalidades distintas pero dotadas de buen perfil; además de otros retratos secundarios que dan viveza al conjunto.

El lenguaje no es especialmente académico, recoge el hablar cotidiano que oímos en conversaciones de amigos, que antes tal vez sorprendiera, pero que ha pasado a la literatura actual como trasunto del lenguaje coloquial sin demasiados matices ni tabúes. La trama está bien llevada y se lee con facilidad e interés. En conjunto una novela sin demasiadas pretensiones, que engancha y entretiene.

Ficha bibliográfica: J.M. GUELBENZU, Nunca ayudes a una extraña, Destino, Madrid, 2014.

 

Viaje a Irán. Shiraz, historia, flores y poesía (y IX)

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Mari Carmen y María Luisa escoltan a Morti ante el palacio del Jardín de Eram

Si ayer concentramos la visita en los alrededores de Shiraz, con Persépolis como cita obligada y destacada, hoy ha sido un día intenso dedicado al casco urbano de la ciudad en sus múltiples facetas: la ciudad histórica, la ciudad moderna, los mausoleos, los jardines y el bazar. Con una perspectiva diferente, además. El país ha recuperado el ritmo de trabajo ya que las vacaciones del año nuevo persa han terminado.

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María Luisa y Román posan ante el palacio del jardín de Eram, sede  habitual del último sha en sus visitas a Shiraz

Ayer finalizamos la visita con la tumba de Saadi. El gran escritor persa de la literatura sapiencial, que nació, vivió y murió en Shiraz en el siglo XIII. El espacio tiene el encanto de los jardines en los que el agua y las flores son los protagonistas , aunque el mausoleo, muy visitado por cierto, sea de un discutible estilo fechado en 1952.

 

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Vista de la Universidad de Shiraz, fundada por el último sha en lo alto de la ciudad, desde el Jardín de Eram

Hoy hemos comenzado por el Jardín de Eram. Uno más de la serie de jardines persas inscritos en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Su origen se remonta al siglo XI, en la época seljúcida, pero el jardín actual tomó su forma definitiva en el siglo XVIII con la dinastía kayar y sus sucesores. La fachada es típica de las obras de esta dinastía, con los espejos como elementos dominantes del diwan, complementados con pinturas ya con claras referencias al estilo europeo. Una serie de figuras femeninas vestidas a la europea adornan el techo y las vigas del piso superior. El palacio, hoy convertido en museo de objetos antiguos, fue la residencia del último sha en sus frecuentes visitas a la ciudad. Hoy el jardín pertenece a la Universidad de Shiraz, que lo gestiona y lo cuida. Por cierto, el edificio de la Universidad se alza en lo más alto de la ciudad, subrayando la importancia y la modernidad que el sha pretendía para el que él consideraba su pueblo. Un pueblo que se sintió traicionado por su estrecha vinculación política y económica con los Estados Unidos y que le costó, de la mano de comunistas y fundamentalistas islámicos, primero el exilio y la muerte poco tiempo después.

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El rosa predomina en la decoración de la mezaquita de Nasir al Molk

Tras la visita del jardín nos hemos acercado a la mezquita Nasir al Molk. Construida a fines del siglo XIX, tres cosas sobresalen sobre lo conocido hasta ahora: carece de cúpulas, los minaretes son muy bajos y destacan los colores vivos y alegres, entre los que brilla el rosa. El interior de la mezquita de invierno, una serie de naves de arcos apuntados muy armónicos, destaca por la luz tamizada de las vidrieras que inundan su interior. Un bello espacio sereno y espiritual, aunque su antigüedad sea escasa. Un detalle constructivo me ha sorprendido en su exterior, casi todo él vidriado. Cada cierto número de hiladas, los ladrillos son sustituidos por tacos de madera que sirven para mejorar la resistencia del edificio ante los cambios de temperatura y los terremotos.

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Un ambiente poético e irreal envuelve a las personas en el interior de la mezquita de Nasir al Molk

Tras la mezquita, un nuevo jardín sale a nuestro encuentro. Tras una severa fachada de adobe y ladrillo, se abre a nuestros ojos un paisaje fastuoso: un palacete elegante con columnas de mármol y un jardín bellísimo, donde el agua y los naranjos son los elementos dominantes. Supongo que dentro de algunas semanas, el olor del azahar le dará el aire embriagador tan conocido en al-Andalus.

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Vista de conjunto del bello interior de la mezquita

De nuevo nos espera un mausoleo que es a la vez un hermoso jardín. Se trata de la tumba de Hafez, nacido en Shiraz en el siglo XIV y el más grande de los poetas persas de la historia. Autor de más de 500 poemas conocidos como gazel, su lirismo y profundidad es conocido y apreciado cada vez más en todo el mundo. En el siglo XVIII, Goethe ya le llamaba maestro.

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Vista de los tacos de madera insertos entre ladrillos, para paliar los efectos del cambio de temperatura y  los terremotos

El mausoleo de Sha Cheragh es el santuario más destacado de la ciudad y el tercero en importancia en todo Irán. Contiene en su interior dos sepulcros sagrados que pertenecen a dos nietos del profeta Mahoma, martirizados por los abbasíes. El edificio actual, obra del siglo XIX sorprende por sus dimensiones, suntuosidad e integrismo. Separados por sexos, las mujeres vestidas con chador obligatorio por un lado, y los hombres por otro, ambos dirigidos por voluntarios que en número de 3.000 colaboran en su orden, mantenimiento y acompañamiento para las visitas, recorremos las diversas dependencias.

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Vista del Jardín de los naranjos, tan habitual en los paisajes de al Andalus

La mezquita está en uso y adultos y jóvenes rezan, leen el corán, revisan el móvil e incluso echan un tranquila siesta. Hoy hay pocos visitantes, pero ayer estuvo literalmente saturado, según nos comenta el guía. Un ejemplo más de que la religión sigue profundamente arraigada en el pueblo iraní. El edificio acaba de completarse con una amplísima mezquita recién inaugurada que ejerce de mezquita del viernes en la ciudad.

 

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María Luisa posa con una iraní que pidió una foto de recuerdo

En torno al mausoleo los fieles chiitas besan sus barrotes, posan su frente y recitan oraciones. Nada muy diferente de lo que vemos en los santuarios cristianos, caso de Lourdes o Fátima. El rito se repite insistentemente en los escasos minutos que permanecemos en su interior.

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El grupo confraterniza con las familias iraníes en el mausoleo de Hafez

La visita a la ciudadela es nuestra penúltima actividad en un día ya a punto de saturación. El edificio, una estructura sobria con torretas defensivas en sus cuatro lados, fue sede de la dinastía kayak. Lástima que lo que fue un hermoso palacio pasara a convertirse en prisión, una vez que la capital se trasladó a Teherán. En consecuencia, la destrucción y el deterioro es la nota dominante de uno más de los monumentos que definieron la Shiraz de los siglos XVIII y XIX.

 

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Las chicas del grupo con sus prestados chadores a la entrada del mausoleo de Sha Cheragh

El complejo Vakil, que abarca el hammam, la mezquita y el bazar constituye nuestra última visita del viaje. Es el momento de las compras y del recorrido por el bazar. Las pasminas de seda son el mayor atractivo y al vendedor local se le acumulan peticiones de todo tipo. No hay lugar para el regateo, pero aún así, algunas prueban este difícil arte con desigual éxito.

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Los fieles masculinos en los espacios reservados a los hombres

Casi exhaustos llegamos al hotel. Hasta Morti, nuestro guía, se ha visto afectado en el tramo final. Cena, preparación de maletas y al autobús. Son las 11,15 cuando dejamos el hotel camino del aeropuerto. Nos despide una ciudad limpia, amable y bienoliente. Y eso que no ha explotado todavía la flor del azahar. Un bello final para un viaje que ha transcurrido de la zozobra inicial a la satisfacción postrera. Será para todos un país a cuyo pueblo, más que a sus gobernantes, llevaremos para siempre en nuestro corazón.

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Vista de patio del complejo con los fieles iraníes en primer término

¿Irán?, merece la pena.

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Vista panorámica de uno de los interiores del complejo

El Maeztu, de aniversario

Museo 3

El 7 de febrero de 1947 falleció en su domicilio de Estella Gustavo de Maeztu y Whitney, pintor vitoriano de proyección nacional, asentado en la ciudad desde los comienzos de la guerra civil. Fue tal su comunión con la ciudad que legó a ésta toda su obra, a lo que la ciudad del Ega le correspondió en vida con la concesión del título de Hijo Adoptivo de la misma. Este legado, compuesto por más de 500 obras entre cuadros, litografías, dibujos y otros enseres complementarios, tuvo una vida azarosa durante los cuarenta años siguientes, siempre con la asignatura pendiente de buscar una sede digna y definitiva para la colección.

La creación de un Departamento de Educación y Cultura a a partir de 1983, que englobaba a la antigua Institución Príncipe de Viana como una Dirección General de Cultura, permitió abordar una verdadera programación cultural en los ámbitos clásicos del patrimonio, archivos, bibliotecas, museos y difusión cultural. Entre los edificios susceptibles de restauración se encontraba el llamado Palacio de los Reyes de Navarra que, pese a los múltiples usos y destrozos inherentes a su azarosa historia, seguía siendo pieza clave del románico civil navarro y español.

Y, afortunadamente, la simbiosis se produjo dada la buena buena relación y el interés de las partes. El Gobierno de Navarra financió la rehabilitación del edificio, obra meritoria y nada sencilla, debida a la fina sensibilidad de Miguel Ángel Alonso del Val y su equipo, tarea que mereció en diciembre del 2012 el premio World Architecture Community Awards. El Ayuntamiento de Estella, por su parte, se hizo cargo de la gestión, conservación y financiación del mismo, dando lugar a la figura entonces inusual de un museo municipal y de autor.

El 14 de junio de 1991 se celebra la inauguración y el edificio comienza a recuperar la vida. Poco después se incorpora como directora Camino Paredes, la figura clave que permite explicar lo sucedido en estos 25 años. No era sencillo dotar de contenido a un museo monográfico, ubicado además en una pequeña ciudad de provincias que apenas superaba los 10.000 habitantes. Pero la profesionalidad, las ideas claras y el coraje, envueltos en las dulces maneras de su titular, han configurado en este cuarto de siglo un espacio atractivo, vital y referencial para la ciudad y su entorno. Los pasos se han ido sucediendo en una cadencia no exenta de dificultades. Primero, la recuperación y exposición de los fondos del artista, con una lectura coherente y bien articulada. Segundo, la programación de actividades de todo tipo, con la pretensión de hacer del Maeztu un museo abierto, dinámico, próximo y vinculado a la ciudad. La llegada de la crisis ha afectado directamente al museo, pero yo diría que para bien. La ausencia de recursos económicos, unido a la falta de pulso que la cultura navarra ha experimentado en los últimos lustros, ha obligado a la dirección a renovar el esfuerzo. Como bien dice su directora, “lejos de rendirnos, hemos sabido reinventarnos” y en eso, también está siendo pionero. El museo está totalmente informatizado; su colección es Bien de Interés Cultural (BIC), el máximo nivel de protección que prevé nuestra legislación; se han abierto nuevos espacios al público como el centro de documentación, la biblioteca y un espacio didáctico; y se han reforzado sus cursos, exposiciones y actividades de difusión, con una programación especial y específica para celebrar el 25 aniversario. La memoria de 2015, fácilmente asequible en su limpia, hermosa y práctica página web, reúne en 122 páginas un completo resumen de la actividad del último año. Queden algunas cifras como síntesis de su labor: 18.000 visitantes y 189.617 euros de presupuesto, de los que 178.100 proceden del mecenazgo (90%) y sólo 11.517 (el 10% restante) lo son de subvenciones públicas.

El Museo celebra su 25 aniversario, como se ve, rebosante de salud, de iniciativas y de futuro. Pero le quedan retos pendientes: recuperar el presupuesto y el personal necesario para una apertura a jornada completa; eliminar las barreras arquitectónicas que todavía perduran; y lograr que todo el edificio previsto como tal se convierta en museo. No dudo que se conseguirá, porque lo más difícil está alcanzado.

Mientras eso sucede, disfrutemos del aniversario, agradeciendo al pequeño grupo humano que lo forma -parte esencial del mismo- su trabajo, dedicación y esmero. Solo me queda instar a los de fuera a realizar una visita especialmente obligada en estas fechas. Y a los de casa, reiterarles la fortuna de contar con una institución como ésta en la ciudad e invitarles a su uso y disfrute. Aprendamos la lección. Pese a las dificultades, cuando se quiere, se puede. El Gustavo de Maeztu es un ejemplo de libro.

Diario de Navarra, 9/6/2016