Id por todo el mundo

PAJARESLos sacerdotes Miguel Pajares y George Combey, ambos fallecidos por ébola 

La crisis general de desconfianza que afecta a buena parte de nuestras instituciones no parece remitir. Es más, determinadas noticias aparecidas en los últimos meses sobre comportamientos individuales, tenidos hasta hace poco como modélicos, parecen profundizar en el divorcio existente. De ahí que virtudes que hasta hace poco tiempo creíamos convenientes -honestidad, solidaridad, austeridad, eficacia, transparencia- resulten ahora imprescindibles, no ya para salir definitivamente del pozo, sino para no caer definitivamente en él. Tampoco la Iglesia como institución se libra de esta crisis y eso que la llegada del Papa Francisco la ha dotado de aires nuevos y una credibilidad en alza que él solo no podrá sostener si no viene acompañada de un mayor compromiso, una solidaridad más real y una sencillez más visible en formas y maneras.

Pero esta Iglesia contiene los más variados colectivos. Y hoy hay dos, referidos a nuestro país, que están en la vanguardia del compromiso con los más necesitados, ese compromiso que resume el mensaje de Jesús de Nazaret: “me envíó a evangelizar a los pobres”, y que la Iglesia asumió desde el inicio, haciendo efectivo su mandato: “id por todo el mundo y predicad el evangelio”. Un evangelio proclamado y vivido como buena noticia. Estos colectivos son Caritas y los misioneros, hombres y mujeres, mujeres y hombres que lo dejaron literalmente todo para ir en busca de los más pobres y acompañarles humana y espiritualmente en sus necesidades.

Atrás han quedado las imágenes que nos acompañaron durante la infancia y la adolescencia: el cliché del misionero con la cruz en una mano y la biblia en la otra, convirtiendo a los nativos. Hoy, ese religioso o religiosa, normalmente sin hábito, más maduro humanamente, mejor preparado profesionalmente, pero movido por la misma fe, no busca tanto el bautismo del nativo, como el acompañamiento y la ayuda a la persona en su depauperada existencia. Esta simbiosis entre lo humano y lo espiritual está más presente que nunca en el trabajo de los misioneros. Sin descuidar el acompañamiento espiritual, propio de todo ser humano y, de acuerdo con su carisma específico, estos hombres y mujeres trabajan en los más variados frentes: escuelas y hospitales, campo y ciudad, promoción y servicios sociales. Y lo hacen sin imposiciones, mimetizándose con ellos y acompañándolos en su cultura, sus vivencias y su mentalidad, en la medida de lo posible.

Todo esto, tan habitual y familiar para nosotros los navarros, por la presencia nutrida aunque menguante de tantos misioneros navarros en los cinco continentes, se ha puesto en evidencia, una vez más, con motivo de la epidemia de ébola en algunos países de África Central. La figura de Miguel Pajares y sus compañeros de la orden de San Juan de Dios, fallecidos en acto de servicio, nos han permitido conocer, apreciar y valorar la tarea que desarrollan y el efectivo riesgo que han corrido hasta llevarles a la muerte. Al hilo de la noticia, como serpiente veraniega, hemos tenido ocasión también de ver las diferentes varas de medir de algunos tertulianos y medios de comunicación, incapaces de distinguir el grano de la paja y de ponderar en su justa medida la tarea realizada por el misionero, dada su pertenencia a la Iglesia Católica. ¿Acaso no era ciudadano español Miguel Pajares? ¿No representaba, al igual que cientos de voluntarios y cooperantes, ONGs y comunidades religiosas, consagrados y laicos, lo mejor de un país que practica la solidaridad y mira por sus hijos, pioneros en esa avanzadilla? Otra cosa es que, como sucede a menudo, el valor o el comprosimo de esos mismos hombres y mujeres les obligue a permanecer con aquellos que consideran suyos y decididos a correr su misma suerte. Una vez más, navarros de sangre o adopción nos han dejado sus ejemplos. Es el caso de la hermana Juliana Bohi, afortunadamente libre de la enfermedad, que ha pasado sus temporadas de descanso en Mélida con su familia de acogida durante muchos años. Y lo es también el de José Luis Garayoa, misionero agustino en Sierra Leona, que confiesa sin dramatismo ni aparente heroicidad que, si la cosa continúa así, no podrá permitirse, aunque lo desee, volver a España en septiembre y dejar a los suyos a la intemperie.

El caso de Miguel Pajares y los misioneros me permite realizar una doble reflexión final: La primera, referida a la ciudadanía, para que no descalifique globalmente la tarea de una institución con colectivos tan ejemplares. Y la segunda, a la propìa Iglesia como institución. Haría bien en tratar de imitar el ejemplo de estos dos colectivos. Su cotización subiría muchos enteros a los ojos de Dios y de los hombres.

Diario de Navarra, 21/8/2014

 

Sala de espera

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“La muerte me lleva de la mano, pero se está portando bien porque me está dejando pensar”.

José Luis Sampedro es uno de nuestros pensadores contemporáneos más conocidos y apreciados por la ciudadanía. Hombre de amplia cultura -catedrático de Estructura Económica, escritor, miembro de la Real Academia Española , premio nacional de las Letras- conservó hasta sus últimos días su compromiso ético y su capacidad de análisis crítico, que ejercía con brillantez y dotes pedagógicas. A mí me han interesado tres facetas de su vida: la literaria – me gustó mucho en su día La sonrisa etrusca-; la de pensador y ensayista -el prólogo a ¡Indignaos! de Stephane Hessel me parece admirable para un anciano, y la de hombre comprometido con la libertad y la justicia social.

Muerto en Madrid en 2013, aparece esta obra aparentemente menor que Olga Lucas, su compañera, encontró entre sus papeles. Es la historia de los últimos 10 años de su vida, contada a dos voces. Es la historia del río José Luis y el río Olga, que se conocieron en Alhama de Aragón y decidieron unir dos vidas diametralmente opuestas en un tramo final común.

La segunda parte del libro, las reflexiones de sus últimos años, meses y días, son un mosaico de sus preocupaciones, sentimientos y rabias, a caballo entre la autobiografía y el ensayo. El libro tiene también numerosas fotos y documentos manuscritos que prueban la manera de hacer y trabajar de un hombre comprometido hasta el final de sus días.

Hay ideas que me han gustado mucho. Recojo algunas de las más interesantes:

Recordando el ambiente del Tánger en el que vivió de niño, señala: “La libertad era amplia y alegre, `porque, al coexistir múltiples dogmas, el acogido a uno está protegido contra los otros y tiene, además, dónde refugiarse si ha de abandonar el propio. Así era, aunque temo que no se lo expliquen quienes están seguros de vivir en posesión de la verdad”.

De su amistad con Odette, su amiga de la infancia, recuerda: “Mucho después supe lo que estuve entonces viviendo sin saberlo; que el río de la vida no se interrumpe nunca, ni cuando parece sumirse en un remanso. Continúa fluyendo, pero fondo abajo, hacia lo profundo, haciéndose más verdad, puro río sin riberas”.

Su percepción ante la llegada de la muerte es la siguiente: “Por fin he llegado a recalar en esta Sala de espera, ya definitiva cuando se han cumplido los 90 años. Todos estamos siempre en una, desde luego, y podemos ser llamados para el despegue, como en los aeropuertos, pero no se suele pensar en ello salvo una minoría que lo vive angustiada. Yo me siento sereno, satisfecho de haber dejado fuera casi todo, para concentrarme a gusto en mi permanente afán: hacerme quien soy. Aprendiz del vivir embarcado en el viaje hacia mí mismo. Y está casi acabada la figurilla; no queda tiempo para novedades”.

Y respecto a su actitud ante la vida, dice: “No es extraño que, durante años, pasemos junto a esas verdades sin reconocerlas, porque descreer correctamente es mucho más difícil que asumir creencias. Ëstas son suministradas en abundancia por fuentes presumiblemente fiables, sobre todo en la niñez, cuando aún carecemos de sentido crítico. Salimos de la infancia prácticamente programados y después seguimos siendo acosados por “instrucciones generales”, lo cual será muy útil para el llamado orden social, pero muy restrictivo para desarrollar vidas personales, cuyo florecimiento exige elegir cada cual sus verdades propias. Ya sé que a esta opinión la llaman relativismo, y que está condenada hasta con penas infernales, pero yo no soy supersticioso. Pues, además, los que así condenan lo hacen por pensar lo contrario; es decir, por ser absolutistas. Algo para mí mucho más grave porque tiende a imponerse obligatoriamente, en contra de la libertad de pensar”.

Ficha técnica: José Luis SAMPEDRO, Sala de espera, Barcelona, 2014

Una invitación al viaje

Imagen desde San Donato (Diario de Navarra)SXzn Dponato

Si algo caracteriza a nuestro tiempo es la ruptura de las distancias y la cercanía a los acontecimientos. Hoy más que nunca somos habitantes del planeta tierra y casi nada de lo que sucede en él resulta desconocido para nosotros, sea un guerra, un terremoto, un acontecimiento deportivo o un espectáculo cultural o artístico. Con la ventaja de que la noticia no es solo textual, sino también gráfica. De ahí que los grandes monumentos de la historia del arte o los hitos más significativos de las grandes ciudades nos resulten, en muchos casos, conocidos y hasta familiares.

 Pero esta propensión al viaje, con lo que tiene de exigencia social en muchos casos para poder responder a la inevitable pregunta posvacacional -¿dónde has estado este verano?-, hace que a menudo nos olvidemos de nuestro entorno más próximo, ése que por estar cerca visitaremos un fin de semana que nunca llega. Es frecuente haber admirado en nuestros viajes yacimientos romanos y no haber estado nunca en Andelo o la villa de Arellano. Resulta casi obligado viajar a Santiago y, sin embargo, es corriente desconocer el Camino navarro que, como espinal dorsal, recorre nuestra Comunidad a lo largo de más de 200 kilómetros. Hemos admirado los monasterios de Silos o Poblet, pero desconocemos la profunda impresión que produce la liturgia en Leire o la rigurosa y desnuda inmensidad de Fitero. No es inusual conocer las catedrales de Toledo o París y no haber estado nunca en las de Pamplona o Tudela. Es frecuente asombrarse ante los grandes templos barrocos europeos y no haber tenido la ocasión de extasiarse ante los impresionantes interiores de las parroquias de Los Arcos o Corella, todo oro y esplendor. Y así podríamos continuar.

Tras esta larga introducción justificativa, mi propuesta es clara: aproveche el verano para conocer mejor Navarra, que merece la pena. A esta razón estrictamente artística, de goce formal, podríamos añadir tres razones más para incentivar el viaje: es, sin duda ninguna, la vacación más barata que usted pueda programar, y constituye una alternativa razonable a un agosto que, si sigue la estela de julio, nos deparará escasos días calurosos, especialmente idóneos, por tanto, para recorrer Navarra por mil caminos. Y hay una última razón que no puedo dejar de subrayar. Durante la mayor parte del año, buena parte de las iglesias navarras, nuestro principal patrimonio artístico, se encuentran cerradas o con horarios muy limitados. Esta situación mejora en verano. En concreto, los 37 monumentos más representativos del patrimonio jacobeo navarro permanecen abiertos durante los meses de julio y agosto, con un amplio horario de visitas. Y en ellos se engloban los 22 ubicados en el Camino Francés, los 9 de la vía aragonesa, los 3 de la ruta de Baztán y los 3 de la ruta del Ebro.

Pero, con ser mucho, no es todo. El tradicional yermo cultural navarro, aunque todavía sustancialmente mejorable, ha experimentado un importante avance en los últimos lustros. Si de muestra sirve un botón, el Diario 2 del pasado 31 de julio es un buen ejemplo de ello. A las dos páginas dedicadas a las novedades arqueológicas de la catedral de Pamplona, en el marco de la exposición Occidens, le seguía un reportaje sobre el programa de iglesias abiertas en el Camino navarro, una referencia a Cultur, programa cultural del Gobierno de Navarra con una actividad diaria durante todo el mes en los más variados ámbitos, el programa de la XI edición del Festival de Música de Mendigorría, una benemérita iniciativa digna de encomio, y la actuación de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) en dos ocasiones a lo largo de la primera semana de agosto. A ello se unirá la programación cultural de Pamplona, con un festival de flamenco de primer nivel en la segunda quincena.

Pero el goce cultural y artístico, en el caso navarro, puede perfectamente complementarse con las otras dos facetas que nos caracterizan como región: una naturaleza privilegiada y una gastronomía extraordinaria y variada a unos precios, además, que la crisis ha sujetado en forma de menús tan jugosos como asequibles. ¿Qué monumento navarro no es compatible con un paisaje singular y una mesa recomendable en un radio de acción de 50 kilómetros? Los que van cumpliendo años me reconocerán que el maridaje es espléndido y que cuidar el espíritu y el cuerpo es una opción recomendable y en auge. Si además lo realizas en pareja, familia o amigos, miel sobre hojuelas.

Solo queda ponerse en camino. Eso nos permitirá, entre otras cosas, curarnos de dos peligros que nos acechan: pensar que no hay nada como lo nuestro y creer que solo merece la pena lo foráneo.

Elija itinerario No se preocupe, tiene tanto para seleccionar que le faltarán días para completar el periplo. No ha errado, aunque se ha quedado aquí, en casa, ha elegido usted un buen destino.

Diario de Navarra, 7/8/2014

 

Lo que nos cuentan las imágenes

Gombrich

Siento verdadera fascinación por la Historia del Arte de E.H. Gombrich. Desde que la conocí, además de ferviente y asiduo lector, me ha servido para recomendarla vivamente a alumnado y amigos cuando me han preguntado sobre un texto que les aproximara a la historia del arte. La facilidad para describir poética y sencillamente las más bellas obras de arte, y para explicar determinados fenómenos en torno a las mismas, solo está al alcance de los más sabios, y Gombrich, sin duda, es uno de ellos.

Por esta razón, abordé con interés el contenido de este libro en el que, en forma de conversación con el periodista Didier Eribon, Gombrich evoca la atmósfera cultural, intelectual y social de su ciudad natal, Viena, en el confuso momento del ocaso imperial. Gombrich nos cuenta sus niñez como miembro de la burguesía ilustrada vienesa, el exilio en Londres huyendo del nazismo, los duros años de la guerra, y su trabajo, ya asentado y reconocido, como director del prestigioso instituto Warburg. Al hilo de estas conversaciones, surgen retazos y testimonios de figuras destacadas de la filosofía, Karl Popper, el arte, Oskar Kokoschka, o la teoría del arte, como Erwin Panofsky.

Pese a su interés, el libro no me ha acabado de enganchar, pese a que me ha sorprendido su erudición y su interés por mundos tan alejados aparentemente del arte como la psicología, la biología o la zoología.

A lo largo de sus páginas destacan su actitud siempre escéptica y alejada de todo dogmatismo, y su respeto por colegas y estudiosos, coincidan o no con sus tesis. El significado de la pintura, la relación entre arte y percepción, son algunos de los temas más destacados tratados en la amplia entrevista.

Estos autores siempre nos traen sorpresas. Ninguna respecto al pintor más admirado para él, nuestro Velázquez, pero sí respecto a otros que denotan un gusto personal difícilmente transferible.

El libro tiene su interés, pero nada como su Historia del Arte. Sigue siendo incomparable.

 Ficha técnica: E.H. GOMBRICH, Lo que nos cuentan las imágenes, Elba, Barcelona, 2013.