Un buen ejemplo de estudio multidisciplinar

Sancha

Ficha técnica

Título: Sancha de Aibar, una mujer necesaria en una encrucijada histórica

Autor: Begoña Martínez Jarreta (coordinación)

Editorial: Gobierno de Aragón y Ayuntamiento de Aibar

Páginas: 163

Precio: 12 euros

La primera sorpresa, y no la única, de este libro singular es la profesión de la coordinadora del texto, catedrática de Medicina Legal de la Universidad de Zaragoza. Y es que el libro forma parte de los trabajos de investigación de un proyecto titulado “Estudio antropológico y genético de los reyes privativos de Aragón”. Con buen criterio y mejor iniciativa, los resultados del estudio dedicado a Doña Sancha de Aibar, madre de Ramiro, primer rey de Aragón, fruto de sus relaciones con el rey de Pamplona Sancho III el Mayor, se han plasmado en este libro, titulado Sancha de Aibar, una mujer necesaria en una encrucijada histórica, editado conjuntamente por el ayuntamiento de Aibar y el Gobierno de Aragón.

El trabajo, obra de un amplio equipo multidisciplinar, consta básicamente de tres capítulos y unas conclusiones finales. En el primero, Rosa y Ana Iziz Elarre -la parte navarra del equipo, como denotan sus apellidos- estudian la figura de Sancha de Aibar y Sancho III el Mayor de Pamplona, padres del primer rey de Aragón y origen de la dinastía. En el segundo, el equipo de investigadoras compuesto por Carolina Núñez, Miriam Baeta y Begoña Martínez, plantean en clave de divulgación científica el papel de la ciencia forense para intentar descifrar la historia de Sancha de Aibar. En el tercero, Carlos Laliena desarrolla un amplio y documentado estudio de la vida de Sancha de Aibar en el contexto del año mil.

Si el texto no les resulta fácil, pueden acudir a las conclusiones finales redactadas por la coordinadora, que constituyen un atinado resumen del conjunto de la obra. Rescato para ustedes un párrafo de especial interés: ”Los restos atribuibles a Sancha de Aibar no aparecieron de forma separada, no se encontró un esqueleto solitario en un lugar aislado. Estos restos aparecieron unidos a un conjunto de restos femeninos dentro del sarcófago de la condesa Sancha, nieta de Sancha de Aibar y posiblemente el personaje femenino más importante de esta dinastía (…) Allí aparece el esqueleto de una anciana mujer, rodeado de los restos atribuidos a las hijas del primer rey de Aragón y compartiendo un espacio particular y expresivo de una consideración distinguida”. Como ven, una lectura en clave femenina, normalmente ausente en la historiografía al uso.

Resulta preciso, para terminar, citar también la tarea del recordado Pedro Lanas y de Aritz Burguete, alcaldes de Aibar. El impulso del primero y el compromiso del segundo han hecho posibles que Sancha de Aibar esté presente en efigie y mediante este trabajo en la memoria histórica de su pueblo.

Diario de Navarra, 20/7/2019

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Los últimos de Filipinas

Baler

La Pamplona postsanferminera, fresca y bienoliente, depara a vecinos y foráneos una de sus mejores estampas en esta segunda quincena de julio. El frescor de sus parques, la tranquilidad de sus calles, la temperatura que casi nunca aprieta en demasía, y los aparcamientos abundantes y gratuitos, animan al paseo y el disfrute ciudadano. Si además uno lo completa con una visita cultural, una librería o una biblioteca, sin olvidar el aperitivo, no sienta envidia de los que se van lejos, porque su día puede ser casi perfecto. Para completar el menú, déjenme que les sugiera la visita a una exposición que está pasando más inadvertida de lo que merece: “Héroes de Baler”, situada en el edificio de la Comandancia Militar, en la calle General Chinchilla, justo detrás de Baluarte, de la yo disfruté hace unos días.

“Como pueblo lamentablemente curtido en mil batallas y creador de uno de los grandes imperios de la historia, los soldados españoles han protagonizado un sinnúmero de hechos memorables. Desde las gestas de las guerras contra los romanos, hasta llegar a la guerra civil y las actuales misiones de paz, pasando por la etapa medieval, la conquista y colonización de América, los tercios de Flandes, la guerra de la independencia, las guerras carlistas, el fin del imperio y los tristes episodios de la guerra de África. En casi todos ellos, los soldados, fueran de reemplazo, profesionales o de fortuna, pusieron el valor y la vida y estuvieron muy por encima de gobernantes y jefes militares. Para muchos de estos episodios sigue teniendo validez el famoso verso 20 del Cantar de Mío Cid: “¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!”.

Estas ideas las expresé en un artículo publicado en esta misma sección el 30 de diciembre de 2016, tras ver la película 1898 Los últimos de Filipinas: un episodio memorable en sí mismo, menor en el transcurso de la guerra, y absolutamente absurdo en el contexto en el que se desarrolló. Los hechos sintéticos fueron los siguientes: un destacamento de 60 militares españoles, al mando del teniente Martín Cerezo, se refugió en la iglesia de San Juan de Baler, en la isla de Luzón (Filipinas) y fue sometido a un asedio que duró 337 días, desde el 30 de junio de 1898 al 3 de junio de 1899. Desde diciembre de 1898, con la firma del tratado de Paz de París entre España y los Estados Unidos, se ponía formalmente fin a la guerra y España cedía la soberanía a la nueva potencia. Durante seis largos y durísimos meses, el teniente Martín Cerezo se resistió a entregar la plaza dudando de la veracidad de los hechos, hasta que convencido de ello por una noticia menor se entregó a las autoridades filipinas, que aceptaron unas condiciones honrosas de capitulación y permitieron con honores su repatriación a España. La lista de muertos y heridos por parte de los rebeldes filipinos ascendió a 700, mientras que de los españoles, 15 murieron de beri-beri o disentería, 2 lo hicieron por heridas de combate -uno de los cuales fue el soldado de segunda Julián Galbete Iturmendi, natural de Morentin (Navarra) que falleció debido a las heridas el 31 de julio de 1898-, 6 desertaron y 2 fueron fusilados por intento de deserción.

El Museo del Ejército muestra en su exposición permanente algunos bienes culturales de interés relacionados con el Sitio de Baler. Además, en los últimos meses se ha mostrado una exposición monográfica en la sala de exposiciones temporales. El núcleo de esa exposición es lo que podemos contemplar en Pamplona, en una ubicación muy adecuada pero poco usual como es la Comandancia Militar de Navarra, situada en pleno centro de la ciudad, junto a Baluarte. Un edificio que muchos no habrán pisado desde sus días de mili para recoger su cartilla.

La exposición, bien ubicada y ambientada, situada en la primera planta, es modesta en sus pretensiones y alcance, pero tiene un interés indudable. A través de maquetas, cuadros, gráficos, fotografías, ajuar, armas y vídeos, podemos rememorar un episodio bélico en el que el cumplimiento del deber y el heroísmo de los más convivió con la enfermedad, la muerte, el miedo, la deserción y el fusilamiento de algunos. Todo comprensible en unos soldados de reemplazo, verdadera carne de cañón, que probablemente se preguntarían con frecuencia qué hacían allí defendiendo una bandera y un país que permitía dispensar a otros hijos de ese esfuerzo si tenían dinero para pagarlo. A la repatriación con honores, siguió la memoria, el olvido y la leyenda, hasta que una visión más ecuánime de la historia nos ha permitido conocer el episodio y su contexto. Sin duda, lo más honesto y valioso fueron, una vez más, la tropa y la parte baja del escalafón, mientras que los altos mandos y la clase política dejaron mucho que desear.

Es de resaltar también que sea el propio Ministerio de Defensa el promotor de esta iniciativa y lo haga en la sede de la Comandancia Militar, en mi opinión, un acierto. Para la visita, todo son facilidades. Aprovechen la oportunidad, porque la muestra finaliza el ya próximo 15 de agosto.

Diario de Navarra, 1/9/2019

Velázquez, Rembrandt y Vermeer en el Prado

Prado

Que Madrid tiene una bien ganada fama de ciudad de museos es un hecho incuestionable. Desde hace un par de décadas se ha consolidado una ruta artística de proyección internacional, “ El Paseo del Arte”, que permite visitar tres museos de primer nivel: el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía, cada uno con sus propias especificidades.

La primera colaboración de este año la dediqué precisamente al bicentenario del Prado, dado que en 2019 se cumplen los 200 de su creación como Museo Real por el rey Fernando VII. En el artículo les subrayaba que el verdadero acontecimiento no es el bicentenario, sino el museo en sí. Las más valiosas exposiciones no son las temporales, sino la colección permanente, esa que está a nuestro alcance durante todo el año.

Pero el bicentenario bien merecía un esfuerzo extraordinario por tratar de completar, siquiera provisionalmente, algunas ausencias que el Prado tiene, aunque sea probablemente el mejor museo de pintura del mundo. Nuestro Siglo de Oro presenta una nómina nutridísima de grandes pintores, entre los que sobresale Velázquez, el más genial de todos ellos. Las circunstancias históricas contribuyeron a que en el Prado estén representados también algunos de los grandes `pintores europeos de su tiempo. En cantidad y calidad ninguno como Rubens, el extraordinario y prolífico pintor de Flandes. Pero en los Países Bajos, en trance de separación del Imperio Hispánico por intereses políticos, económicos y religiosos, brillaban otros dos pintores, Rembrandt y Vermeer poco o nada representados en nuestro museo. Por eso, que Velázquez reciba en su casa a los otros dos autores citados en una exposición titulada “Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines” es una idea excelente y una oportunidad única para observar y disfrutar del diálogo fecundo entre tres de los más grandes en el universo pictórico de todos los tiempos.

De la exposición del Prado, verdaderamente memorable y que justifica sobradamente una escapada a Madrid, podemos deducir, al menos, cuatro conclusiones.

Muchos pintores españoles y holandeses del siglo XVII comparten una técnica de pincelada suelta y aspecto abocetado, como si los cuadros estuvieran sin terminar. Esta forma de trabajar, heredera de los pintores venecianos del siglo XVI, en especial de Tiziano, tuvo en España y en los Países Bajos una especial incidencia. He aquí una afinidad que no había sido suficientemente puesta de relieve y que queda patente si uno analiza las obras presentes en la exposición.

Sin embargo, entre los historiadores del arte de los siglos XIX y XX primaron una visiones más políticas que artísticas y subrayaron, a veces en exceso, las diferencias existentes como una forma más de afirmar las diferencias entre naciones en lucha.

Es obvio, en consecuencia, que la pintura europea se expresa en variantes regionales herederas de una tradición paneuropea, que pone en evidencia que esa tierra común a la que aspiramos es mucho más que la Europa de los mercaderes, y que probablemente lo que la salvará o le permitirá seguir a flote es la existencia de valores culturales comunes que alimentan a cada una de las partes que la componen.

Finalmente, una última constatación. La exposición pone de manifiesto que no hay una única manera de acceder al Olimpo pictórico. La genialidad es el fruto complejo y maduro de la inspiración, la técnica y la habilidad para reflejar situaciones y sobre todo estados de ánimo, y en ese sentido los tres pintores de la muestra son verdaderamente excepcionales.

Aunque la exposición sea un verdadero acontecimiento artístico, dado el reducido número de piezas y la corta duración de la visita, bien merece que la acompañemos de otra, también estupenda, dedicada a Fray Angélico y los inicios del Renacimiento en Florencia.

Y no olviden que están ustedes en el Prado y que ninguna exposición temporal, por extraordinaria que sea, puede compararse con la visita de la exposición permanente. Perderse en sus salas, disfrutar de los autores, sorprenderse con sus obras, puede hacer de cualquier día de 2019 una jornada inolvidable. Reitero lo que les dije en mi colaboración de enero. Elijan si pueden las horas menos concurridas y no traten de abarcarlo todo. El Prado exige espíritu abierto, dosificación y paciencia. Opten por el banquete, no por el atracón. Y no se preocupen, las obras no caducan. Probablemente en materia artística, no habrá regalo igual en todo el año.

Diario de Navarra, 26/7/2019