Alberto Urroz y el festival de Mendigorría

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Alberto Urroz en la nave mayor de la parroquia de Mendigorría

En la columna del pasado domingo, titulada Pamplona de estío, Juan Gracia Armendáriz se hacía eco de las bondades de la ciudad en verano, concluyendo que “la estación en que Pamplona luce mejor es ahora, cuando el calor aprieta (…) redescubrimos nuestra ciudad con nuevos ojos, pues luce un sol casi levantino (…) y disfrutamos del latido atemperado por la sombra musgosa que proyectan los parques”.

Si esta amable versión de Pamplona la trasladamos al conjunto de Navarra, tampoco faltan razones para solazarnos en lo que hemos venido en llamar, no sin razón, nuestra alta calidad de vida, fruto de políticas continuadas y bien orientadas en los más variados frentes: urbanístico, paisajístico, gastronómico, cultural y turístico. Lo digo, porque tendente como es al adanismo, conviene recordar al actual gobierno que no es sino un eslabón más en la cadena de los que fueron y serán, habiendo aportado cada uno su granito de arena para que podamos disfrutar de esta Navarra que nos incluye a todos.

Durante un tiempo fue un lugar común decir que Navarra en verano era fundamentalmente una tierra de procesiones y vacas. Pero siendo esto verdad, con lo que tiene de positivo mantener dos tradiciones que no es por casualidad que congreguen al mayor número de personas de cada localidad, no sería justo dejar de señalar que en los últimos lustros determinados programas culturales amenizan, bien sea en locales cerrados o en nuestras frescas noches con chaqueta, nuestro verano menguante. Los hay más institucionales: Festival de Teatro de Olite, Kultur, Flamenco On Fire, o la Semana de Música Antigua de Estella; pero los hay también menos conocidos, más modestos y recoletos, ubicados en espacios a veces insospechados, y vinculados a localidades o personas. Quisiera poder hablar de todos ellos, y lo hago fijando mi atención en uno en concreto que los representa muy bien a todos, pretendiendo dos cosas: rendir homenaje a los que los hacen posibles y animar a disfrutarlos.

Mendigorría es una hermosa población de la zona media, situada en una soleada colina sobre el Arga, con un apretado caserío del que sobresale la imponente iglesia de San Pedro. Unos kilómetros más abajo, siguiendo el curso del río, se encuentra Andelo, la importante ciudad romana hoy musealizada, que permite una visita cómoda y muy recomendable. Una población, pues, repleta de historia y de arte.

Aunque nacido en Pamplona, Alberto Urroz está vinculado a Mendigorría. Músico y pianista versátil, se graduó en el Real Conservatorio de Música de Madrid y amplió estudios en Tel Aviv y Nueva York. A su doble faceta de docente en la Universidad Alfonso X el Sabio e intérprete en festivales nacionales e internacionales, une una tercera de investigador, con una tesis leída en 2017 y vinculada a la enseñanza-aprendizaje de la técnica pianística.

Probablemente sin saber muy bien donde se embarcaba, en 2004, con escasos recursos materiales, pocos apoyos institucionales y mucho ánimo y no menor energía, inició el Festival de Música de Mendigorría, que estos días cumple su XV edición. Rodeado de alumnos venidos de fuera, acompañado de profesores amigos o conocidos por él, Alberto Urroz ejerció desde el primer año como hombre orquesta: organizador, director y, sobre todo, intérprete principal de los variados

programas que ha ido presentando con el correr de los años. Evidentemente, es el alma mater del festival.

El de este año, iniciado el día 27 y que se prolongará hasta el 12 de agosto, incorpora algunas novedades: se inició con un recital de canciones míticas de Broadway en el centro cultural de Tafalla -magnífico para eventos de este tenor- e incluirá un recital de arpa en el museo romano de Andelos. Pero el plato fuerte lo constituyen los conciertos que tienen lugar en la iglesia parroquial, nada menos que cinco más. En familia, con el piano situado en medio de la nave central, bien solo o acompañado de otros instrumentos o la voz humana, las veladas tienen un encanto especial, porque a la calidad musical hay que añadir un bellísimo marco que constituye un lujo para los sentidos: un interior en el que conviven las naves gótico-renacentistas y una buena colección de retablos romanistas y barrocos.

Si pueden, acérquense a Mendigorría estos días. Ni la música ni el marco artístico les dejarán indiferentes. En todo caso, de vacaciones o no, permítanme una sugerencia: ojeen la agenda diaria del DN. No les faltarán propuestas de interés.

Diario de Navarra, 2/8/2018

 

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Una (casi) completa monografía local

Barbarin

Luis López de Dicastillo Gorricho, licenciado en Filosofía y Letras y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, catedrático de enseñanza media y profesor tutor de la UNED, decidió volver espiritualmente a Barbarin, el pueblo en el que nació, y desentrañar “ese agujero negro escondido detrás del velo de mi infancia”. El resultado es este Memorial de Barbarin dedicado a su familia y “a todos los vecinos que tan amablemente me han ayudado y siguen viviendo en ese arca de Noé que se ha quedado anclada en la Atalaya”.

Barbarin es una pequeña y típica población de la merindad de Estella, situada en el histórico valle de Santesteban de la Solana. Ubicado a media ladera, al pie de la carretera Pamplona-Logroño, su apretado caserío ha oscilado entre los 45 habitantes de 1330, los 190 de 1553, los 208 de 1935 y los 72 de 2010. El autor se atreve a calcular en 2793 los habitantes habidos en Barbarin entre la primera y la última fecha citada. Pues bien, el autor ha querido estudiar esta microcomunidad con una macrohistoria de 796 páginas, que más de uno considerará excesiva. Conozco la dificultad de la síntesis, la otra alternativa posible, y entre una visión sintética y una historia más minuciosa y pausada, Luis López de Dicastillo ha optado por la segunda. Cinco años de trabajo, mucha paciencia, muchas lecturas e innumerables horas de archivo, han decantado una historia que comienza en el primer milenio antes de Cristo y llega hasta el final de la guerra civil de 1936. La primera parte, edades antigua y media es una síntesis de lo escrito por otros autores; la segunda, edades moderna y contemporánea, utiliza fuentes primarias procedentes sobre todo de los archivos municipal y parroquial.

Al lector apresurado le recomiendo una jugosa introducción que resume en cinco páginas la historia de la localidad en sus hitos esenciales. El lector sosegado y con tiempo, si ojea detenidamente sus páginas, tendrá oportunidad de revivir la historia de un pequeño municipio tratada con rigor y con el cariño de quien, a su vez, relata su propia intra-historia.

El libro está magníficamente editado, y solo echo de menos un elemento imprescindible en un volumen editado con el rigor que éste tiene: una relación bibliográfica final de los libros y archivos utilizados y consultados.

Es un aporte más, y nada despreciable, a la rica bibliografía local de Navarra.

Ficha Técnica:

Título: Barbarin. Un lugar en el valle de Santesteban de la Solana

Autor: Luis López de Dicastillo Gorricho

Editorial: Lamiñarra

Páginas: 796

Precio: 25 euros

 

 

Viaje a China. Una visita a Cantón (X)

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Edificio del centro de Dongguan

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Carmen, Mikel y la esposa china de uno de los amigos de Javier

En mis tiempos de estudiante de historia tuve que estudiar más de una vez el desarrollo de los imperios: español, inglés, francés, portugués, e incluso el chino. En las difíciles relaciones entre oriente y occidente, Cantón ha jugado un papel fundamental, porque desde el siglo XI fue la puerta de entrada a la China interior. Situada en un privilegiado espacio al final del estuario del río Perla, Cantón fue el puerto de entrada y salida de mercancías durante todo el milenio. Primero los portugueses, desplazados a Macao, y luego los ingleses y franceses se hicieron con concesiones comerciales beneficiosas, propiciaron las guerras de opio y consiguieron la cesión a perpetuidad de Hongkong en estas disputas.

Cantón es, junto a Pekín y Sanghai, la tríada de las urbes de la nueva China. Es la gran capital del sur y en estos momentos la habitan 14 millones de habitantes.

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Rascacielos a pie de autopista en la entrada de Cantón

Nos despertamos tarde, tras la cena de ayer con los españoles dew Dongguan. Carmen ha tenido que madrugar más, ya que tenía jornada de mañana en el hospital donde trabaja. Salimos de casa a las 11 de la mañana, y pese a que tenemos que recorrer el mismo trayecto que ayer, los minutos son bastantes menos- Es sábado y el tráfico de la autopista libre que une el barrio con el centro de la ciudad es mucho más fluido que ayer. Recogemos a Carmen en el hospital, que está en el mismo centro, y decidimos comer en un restaurante situado al lado, un musulmán que ellos conocen bien. Está lleno, lo que es buena señal. El plato estrella es el cordero en sus diversas opciones. Nos decantamos por un cocido de cordero con patatas, un plato de cordero a la brasa sobre pan ácimo y un plato de albóndigas de carne con tomate y pimiento. Todo tiene buen sabor, y afortunadamente en curry no es el olor dominante. Saludamos a una familia hispano-china, él español del Levante, especialista en calzado, y ella china, con dos niños simpáticos y de facciones bien mezcladas.

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La familia Felones Wu toma el desayuno a la entrada del barrio de Liwan

Tras la comida iniciamos viaje a Cantón. El tráfico es fluido y poco más de hora y media después estamos entrando en la ciudad. El camino a través de la autopista es un todo continuo de bloques de edificios, fábricas y algo, sólo algo de campo. Las torres aisladas de más de 20 pisos, la tipología más frecuente, aparecen como setas. Antes habíamos dejado Dongguan por una zona no conocida hasta hoy, llena de rascacielos y urbanizaciones recientísimas. A veces se me olida que son casi 8 millones de habitantes los que habitan la ciudad, es decir, casi toda la población de Andalucía o Cataluña.

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Vista de una calle peatonal y comercial del centro histórico de Cantón

Sin solución de continuidad, aparece Cantón. Todo más vertical, más denso y mucho más poblado todavía. Entramos por el barrio de los negocios y rascacielos, y el perfil de la ciudad es una sucesión de altos edificios en los que abunda el vidrio y el aluminio. Todo ello dominado por la Canton Tower, el edificio más alto de la ciudad. El google map nos va conduciendo en medio de un tráfico infernal al barrio de Liwan, el centro histórico de la ciudad. Aquí los edificios moderan su altura y la ciudad adquiere un carácter más humano. El hotel en el que nos alejamos, de nombre Lavande, está francamente bien, un cuatro estrellas español, sobrio pero bien equipado. Las conexiones a internet aparecen a pares y el despliegue de luces es algo abrumador y resulta muy oriental.

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Cables y árboles que levantan aceras dominan el barrio histórico

Nuestra primera visita es a la isla de Shamian, la antigua concesión franco-inglesa de Cantón. Es un barrio increíblemente tranquilo respecto al resto de la ciudad, con construcciones de estilo victoriano y segundo imperio en el que destacan edificios administrativos, villas, iglesias católicas como la de Nuestra Señora de Lourdes, gruta incluida, y los banianos, ejemplares robustos que dan sombra a las calles. Hoy es un barrio de hoteles y restaurante, dedicado al paseo tranquilo por las calles peatonales.

Al asomarse al mirador del río, uno aprecia la ubicación privilegiada de Shamian, frente al río que aquí se abre en dos brazos. Hay barcos turísticos de todo tipo que navegan por sus sucias aguas, lo que no impide la pesca en sus orillas.

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Expectaculares vistas de Cantón desde la Canton Tower

Tras descansar y tomar un sabroso café expreso, el mejor hasta la fecha, nos volvemos al hotel, porque Mikel está muy cansado y se está haciendo notar. Un paseo, dos paradas en metro que constituye una ciudad subterránea en si misma, y otro paseo más nos permiten acercarnos al hotel.

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Impresiona la estructura metálica de la torre vista de la que solo nos separa un cristal

Tras bañar y dar la cena a Mikel, salimos los cuatro a cenar. La idea era optar por un restaurante de comida occidental, pero vemos uno, ostentoso y enorme, lleno de gente, dedicado básicamente a pescado fresco, y nos decidimos por él. Elegimos gambas y un pez parecido al mero en el vivero de la entrada, y a los diez minutos ya estamos degustándolo en la mesa.

El día se ha hecho largo y decidimos dejar el paseo nocturno por el río Perla para mejor ocasión. Agradezco la habitación amplia y limpia, la cama enorme y la tranquilidad que se respira. Termino estas notas y a dormir. Por hoy, ya es suficiente.

Viaje a China. Cena de españoles en Dongguan (IX)

 

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Vista del centro de Dongguan, barrio en el que viven algunos de los amigos de Carmen y Javier

El día discurre atendiendo a Mikel, dado que sus padres trabajan mañana y tarde. Hacia las siete de la tarde nos desplazamos hacia el centro, porque estamos invitados a cenar en casa de uno de los amigos de Javier, al que conocimos el otro día en la reunión de españoles con motivo del cumpleaños de uno de ellos.

Viven en una urbanización situada en pleno centro de Dongguan, en la zona frecuentada por extranjeros. Es un barrio de clase alta y la casa es la propia de una familia de buena posición económica, decorada con gusto, ya que nuestra anfitriona se dedica en sus ratos libres a elaborar elementos para la casa, que expone y vende en su propia vivienda dos veces al año. La historia de la pareja tiene su mérito y conviene conocerla. Él era dueño de una fábrica de zapatos en la provincia de Alicante, con 150 empleados, que se desplomó con la crisis. Ni corto ni perezoso, pero confiando en sus posibilidades, cogió los bártulos y sin conocimiento alguno de inglés se plantó en Dongguan. Hoy es el director técnico de una fábrica de zapatos australiana, goza de buen poder adquisitivo, tiene dos niños, chico y chica, trilingües, y reconocen estar bien aquí, sin que por el momento piensen en volver a España. ¡Y ya van para 10 años!

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Javier entretiene a Mikel mientras van llegando los invitados

Poco a poco van llegando el resto de los invitados, amigos todos ellos de trabajo, en unos casos, y en otros, de jornadas de fútbol o salidas nocturnas. Manolo está casado con china, a la que le lleva bastantes años. Ella estudió en España varios años y ahora trabaja en el diseño. Julián vive con española, más jóvenes ambos, y trabajan para varias marcas relacionadas con Zara. La cena es jovial, copiosa, hispana y bien regada de buenos tintos. Y la conversación fluye sin ningún problema, ni siquiera el del idioma. Son gente animosa, emprendedora y trabajadora, que reconoce los valores de su patria a la que quieren, pero no desprecian el mundo en el que viven: más desorganizado, pero con más posibilidades, que todos reconocen inmensas. Trabajan mucho, y los fines de semana procuran disfrutar con amigos y conocidos.

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Mikel duerme en el sofá, una vez avanzada la cena

Al saber de mi actividad política y académica, Manolo, la pareja de la joven y delicada hongkonesa, se interesa sobre todo por la historia de nuestro país y me pregunta por el conflicto catalán y otros temas que le interesan. Hacemos un aparte en la conversación y seguimos intercambiando opiniones sobre temas diversos. Pero Carmen se ha levantado pronto y está cansada. Mikel hace ya un rato que está dormido. Así que con cierta pena nos despedimos, agradecemos la invitación y hacemos votos para que la estancia de todos ellos sea fructífera en lo personal y en lo profesional.

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Carmen y la estilizada hongkonesa, pareja de Manolo, entretienen a Mikel

Me alegra ver lo integrado que está Javier en el grupo y la buena relación que tiene con todos ellos, pese a que sus estudios y trabajo sean tan distintos a los del resto. Incluso le piden que haga un karaoke de Sabina, al que imita francamente bien, con su voz rota y aguardientosa, pero llena de encanto. Esta es una faceta que no conocía de mi hijo. La facilidad para las relaciones y el hacer grupo siempre ha sido un rasgo de su personalidad que atraía en España y veo que afortunadamente también conserva en China.

Las dos casillas en la renta

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En Navarra, este año no será posible

Al igual que muchos de ustedes, estos días me encuentro inmerso en la tarea de la declaración de la renta. Y un año más, se me plantea decidir qué casilla marcar, si la de la Iglesia católica, la de otros fines sociales, ambas o ninguna.

El acuerdo de 3 de enero de 1979 entre la Santa Sede y el Estado español establece el compromiso del segundo de colaborar con el adecuado sostenimiento de la Iglesia católica, estableciendo un sistema de asignación tributaria. El actual está vigente desde 2007 y establece que la Iglesia católica ya no recibe cantidades con cargo a los presupuestos generales del Estado para su sostenimiento básico, sino que los ciudadanos que lo deseen pueden decidir que el 0,7% de su contribución se destine a las necesidades de la Iglesia, marcando la X en la casilla de su declaración de la renta.

En años anteriores no tenía duda de mi decisión. Marcaba las dos casillas, en el bien entendido de que tanto la Iglesia católica como la de otros fines de interés social recibían el 0,7 de mi aportación, lo que suponía el 1,4% de mis impuestos. Pero estos días, al recibir en este mismo medio el cuadernillo “X tantos”, en el que se informa del programa para el sostenimiento económico de la Iglesia, me he topado con una desagradable sorpresa. Mientras que en el régimen común, la aportación puede ser del 0,7 para cada una de las casillas, al igual que sucede en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, en Navarra el tope máximo es del 0,7 en total, de tal manera que si uno marca las dos, cada casilla recibirá el 0,35%. Reitero, solo los navarros de entre todos los españoles tienen el tope del 0,7%. ¿Y quién ha tomado esta decisión? Se supone que la mayoría parlamentaria que sostiene al gobierno, tras escuchar el clamor levantado entre la población por lo escandalosa que resultaba la cifra del 1,4%. Me temo que en esta decisión han pesado más suspicacias ideológicas que verdaderas razones de peso. Y además se me ocurren dos razones adicionales que hacen la medida todavía más incongruente. Todas las estadísticas que conocemos, en las que la población navarra manifiesta su solidaridad con los más necesitados, sitúan a la Comunidad a la cabeza de España en aportación por habitante. Y un gobierno tan amigo de los presupuestos participativos, porque a nadie se le obliga a poner la X en la casilla, decide recortar éstos en un ámbito que ya estaba regulado sin controversia social aparente.

Pese a haberlo intentado, no he podido dar con la norma que regula la aportación navarra del 0,7. Pero creo que como ciudadano que procura cumplir con Hacienda, no estaría de más que alguien procurara dar alguna explicación convincente.

El caso es que, una vez más, y aunque sea por la mitad de lo que me gustaría, marcaré las dos casillas en la próxima declaración de la renta. Ya sé que tanto la Iglesia católica como las ONGs no pasan por sus mejores momentos en la consideración de su tarea. Determinados escándalos habidos en algunas organizaciones sociales y la confusión entre Iglesia y jerarquía, hacen que la excusa parezca perfecta: ni una ni otra se merecen nuestro apoyo. Modestamente les diré que discrepo radicalmente de esta opinión. Todos conocemos a personas cercanas, mujeres y hombres que lo han dejado todo para servir a los más necesitados en los países más pobres de la tierra. Son, sin duda, el rostro más visible y comprometido de la Iglesia. Con la ventaja, además, de que son capaces de sacar de las piedras pan con los escasos recursos que administran. Sé que con ellos el buen uso de mi aportación está garantizado. Pero también aquí, en España y en Navarra, su tarea es encomiable en los más variados ámbitos. Esto exige por su parte la máxima transparencia, a fin de evitar equívocos y lecturas interesadas.

Otro tanto sucede con las ONGs. Resulta también encomiable la tarea realizada por todo tipo de organizaciones del ámbito más variado. En buena parte de ellas hay trabajo, limpieza de espíritu, buenas intenciones y deseo de mejorar la vida de los más necesitados. Que determinados jerarcas no estén a la altura de las circunstancias no debe impedir darles todo nuestro apoyo. Y también aquí la transparencia es un elemento indispensable para disipar reticencias.

Y termino como comencé. Apelo a quien proceda para que nos explique las razones de esta peor situación de los navarros respecto al resto de los españoles. Y si estas razones no convencen, espero que algún partido tome la iniciativa para deshacer el entuerto en los presupuestos de 2019.

Diario de Navarra, 24/5/2018

Viaje a China. Un masaje de jengibre (VIII)

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Nadie diría que estamos en un país oficialmente comunista

El día amanece plomizo, aunque con buena temperatura. Tras el desayuno y la primera siesta, en torno a las 10, acompaño a Carmen y Mikel a la peluquería. El paseo es largo pero resulta de interés. De nuevo, avanzamos con cuidado por la calzada, porque las aceras no resultan fáciles de transitar. Pasamos por un río francamente contaminado y Carmen me muestra su preocupación por Mikel, dado el nivel de contaminación. No entiendo demasiado de ello, es evidente que el nivel es alto, pero no me parece que sea un peligro evidente. Durante la semana que llevo en China no he notado ningún síntoma y eso que estoy habituado al cielo limpio y el aire limpio también de Oteiza.

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Mientras Carmen se corta el pelo, Mikel asiste divertido a la sesión

Llegamos a la peluquería y mi primera sorpresa es encontrar a 12 jóvenes, casi todos chicos, muy modernos de aspecto, peinado y tatuajes, aunque no hay sino tres clientas. Carmen me ha invitado a tomar un masaje chino, cosa que acepto con gusto. Subimos al piso superior, con unas camillas y apenas una luz tenue. El masaje es básicamente de cabeza. Tras masajear la peluquera detenidamente el cuero cabelludo con el escaso pelo que me va quedando, procede a un primer lavado, al parecer de champú. A continuación, con las manos enguantadas, procede a aplicar una serie de friegas. Carmen me ha avisado que me produciría cierto picor. Muy suave al principio, éste va subiendo de intensidad a medida que pasan los minutos hasta que toda la cabeza estalla en un picor ciertamente notable. El jengibre comienza a hacer su efecto, que durará un buen rato. Después me masajea ambos brazos con destreza, desde el hombro hasta las yemas de los dedos. Me pide después que me vuelva de espaldas y, pese a lo diminuto de su figura, sus manos masajean la espalda con reciedumbre. Golpecitos con las manos sobre puntos sensibles hacen que mi cuerpo acuse unas pautas a las que no estoy acostumbrado. Es la primera vez que recibo un masaje de cabeza, pero el cuerpo lo agradece.

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Mikel se entretiene con el espejo mientras los numerosos empleados atienden a las clientas

Descendemos a la peluquería propiamente dicha y allí siguen los jovencitos, ocupados en tareas varias pero sin demasiada clientela. Cuando miro hacia la calle, veo que la lluvia cae torrencialmente. De verdad. De una forma a la que no estamos acostumbrados en nuestras latitudes. Es zona subtropical y el agua cae a plomo durante un buen rato. Mientras, en un rincón de la peluquería, los jóvenes abren sus tápers y en un abrir y cerrar de ojos acaban con la comida sirviéndose de los palillos.

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Dos jóvenes peluqueros hacen prácticas con un maniquí

Cogemos un taxi, porque aunque ha dejado de llover torrencialmente todavía está presente la lluvia. Javier tampoco ha podido volver a casa en su vespino y ha utilizado los servicios de Carmen para pedir un taxi en un modelo parecido a Cabify que es el habitual en China.

La tarde la dedicamos a trabajar los tres sobre un programa de vacaciones de adolescentes chinos en España en el que estamos inmersos desde hace unos meses. Se trata de elaborar un programa de tres semanas que responda a la mentalidad, los horarios y la forma de actuar chinos. Revisamos objetivos, programamos actividades día a día y prevemos salidas para los fines de semana. Mikel asiste alborotado a la reunión y decidimos cenar y continuar la tarea cuando él se haya dormido.

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Mikel ojea mi agenda antes de dormir

Por fin conseguimos contactar con Oteiza. Iñigo está enfermo e intercambiamos opiniones sobre su salud y sus idas y venidas con el empleo. El whatsapp no funciona ordinariamente, tampoco google y youtube. Son los inconvenientes de un sistema político con un fuerte control de los medios de comunicación. Estos días, además, se está celebrando la reunión de la Asamblea Popular China que ha aprobado una reforma de la constitución para posibilitar la elección indefinida del presidente Xi Jin Pin, y parece que se ha incrementado el control. Pero esta noche, de pronto, todos los whatsapps acumulados durante la semana han entrado de repente. Los leo, contesto algunos y me retiro a dormir.

 

 

Viaje a China. Un día entero con Mikel (VII)

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Vista de las calles del barrio,  con pequeños comercios de todo tipo

Hoy es un día un poco especial. Carmen y Javier tienen clase mañana y tarde y, en consecuencia, el abuelo debe quedarse con Mikel todo el día. ¿Qué hacer un día entero?, pues organizarse en función del niño. Tras jugar un rato, desayunar con él y vestirlo, bajamos al mercado. Los alrededores de su casa bullen de pequeñas tiendas y comercio popular. En primer lugar, las frutas: naranjas, mandarinas, plátanos, uva granate de gran tamaño y manzanas. La mamá que nos atiende cuida a su vez de un bebé como Mikel que está entretenido con el móvil de su mamá. No me extraña la pasión y la euforia por los móviles, que supera incluso la de España. Niños, adolescentes y mayores van permanentemente acompañados. Tras las frutas, proseguimos nuestra ruta por el barrio. En la siguiente tienda compramos lechugas, tomates, cebollas y ajos. No está barata la cesta de la compra, teniendo en cuenta el salario medio, que está en los 650 euros. Me comenta Carmen que los salarios, sobre todo de los jóvenes, son bajos y el nivel de consumo cada día es más exigente. De ahí las diferencias sociales que se aprecian, incluso en un barrio de estas características.

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Mikel no le hace ascos a ningún tipo de comida

La simpática guarda-jurado de la urbanización saluda a Mikel con mucho cariño y cierta admiración. No parece serlo tanto con los otros niños chinos, de nuevo la rareza de la mezcla.

Mikel desayunas dos mandarinas que poco a poco, de gajo en gajo, va comiéndose. En general encuentra la fruta gustosa y de buen sabor, a lo que contribuye esta temperatura tan agradable. Tras las frutas, poco a poco empieza a restregarse los ojos y se duerme.

Apenas tengo tiempo para un rato de lectura y redactar algunas líneas. Enseguida se despierta y es preciso jugar con él, porque no descansa. Exige una atención casi permanente.

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Padre e hijo juegan antes de la siesta

Javier llega de la escuela hacia las 12,30. En la bolsa de plástico hay un poco de todo: tofu, pollo con champiñones y verduras, y patas de pavo. Todo mezclado con el inevitable curry que homogeneiza los sabores. De nuevo la fruta supone para mí lo más agradable. Mikel come de todo, a nada le hace ascos y participa como uno más en todos los platos que se ofrecen.

Su padre debe volver a la escuela a los dos de la tarde. Se echa la siesta con el pequeño y mientras descanso yo también un rato.

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Abuelo y nieto se hacen una foto durante el paseo

La tarde la dedicamos a dar un largo paseo. Lo visto con uno de los trajes traídos desde España, y peinado, perfumado y elegante como un principito, salimos de parranda. Hay que tener cuidado, porque las aceras no tienen continuidad y no son transitables. Tampoco tienen vados y, en consecuencia, hay que estar en un sube y baja permanente con la silleta. Optamos por ir con precaución por la calzada, sabiendo que los coches son un peligro, dado su escaso respeto por las señales, las normas y los peatones. Avanzamos despacio, viendo tiendas, locales comerciales y la actividad propia de la ciudad. Me sorprenden determinadas costumbres: unas dependientas bailando en la puerta del establecimiento para recabar la atención de los clientes; otros recibiendo instrucciones y haciendo tablas de gimnasia antes de comenzar la jornada laboral. También perduran usos pocos comunes: veo a dos señoras con su máquina de coser junto a la puerta de su casa, esperando a realizar algún trabajillo. Lo que no veo es mendicidad. Hoy, por primera vez en una semana, he visto a una señora desarrapada, descalza y sucia, que recorría una calle. La excepción que confirma la regla. Carmen me confirma que la mendicidad está mal vista e incluso penalizada. Y me acuerdo de la penosa impresión que le produjo Madrid la primera vez que llegó a España, con la plaza de Oriente y la calle Arenal, en pleno centro, llena de mendigos e indigentes y grupo de voluntarios repartiendo comida.

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Mikel trata de subirse a la mesa mientras tomo el café

Nos paramos en una de las tiendas con juguetes para niños. No resisto la tentación de comprarle a Mikel dos cositas: un grupo de instrumentos de viento, a los que no hace mucho caso, aunque intenta hacerlos sonar sin conseguirlo; y una especie de cangrejo que mueve patas, lengua y ojos al andar llevado por un palo hasta la mano. Espero que le ayude a caminar. Este sí le hace ilusión y, efectivamente, andamos por la acera entre gritos de júbilo, aunque él no acierte a llevarlo del todo.

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Antes de subir a casa, a Mikel le gusta montarse en este artilugio

Son ya más de dos horas de paseo y, de vuelta a casa, decido pararme en un establecimiento que sirve café, cosa poco usual. Tras muchos esfuerzos consigo hacerle entender a la camarera que quiero un café expreso en taza pequeña. Veo que tienen cafetera, lo cual es mucho. Al rato aparece con una taza pequeña y un hermoso cuenco de café negro y una bandejita, que contiene 8 granos que parecen uvas. Cual es mi sorpresa al probar y comprobar que son ¡tomates cherris!

Nos volvemos a casa y pasamos por el parque infantil de la urbanización. El juguetito de Mikel, el cangrejo andarín, les gusta a los niños del parque y uno a uno lo cogen y corretean a gusto con él. Los abuelos, muy amables, lo devuelven y subimos a casa.

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El, cangrejo andarín le ayuda a desplazarse por el cuarto de estar

Llegan enseguida Carmen y Javier. Tras la cena en familia, me retiro enseguida a mi habitación, tras un día tan ajetreado. No puedo menos que acordarme de su abuela china que realiza esta labor no pocos días del año. Y a todos los abuelos para los que una actividad importante de su jubilación es atender a los nietos. ¡Qué oscura e importante labor! Y qué poco valorada por una sociedad que tiene que echar mano de ellos para poder seguir adelante con su tarea diaria. Mi recuerdo para todos ellos en un día en que me ha vuelto un colega más.