Las memorias como fuente histórica

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Titulo: Una vida al servicio de Navarra. Memorias

Autor: Joaquín Gortari

Editorial: Fundación MTorres

Páginas: Volumen I (618) y Volumen II (229)

La transición política en Navarra ha sido objeto en los últimos años de importantes novedades editoriales de toda índole. Por lo que afecta a la Diputación Foral, su institución más representativa, cabe destacar el estudio de Joaquín Gortari La transición política en Navarra 1976-1979; el estudio conjunto de Joaquín Gortari y Juan Cruz Alli La transición política en Navarra 1979-1982; y el magno estudio de Juan Cruz Alli, del que dimos cuenta en junio de 2018 en esta misma sección, La autonomía de Navarra. Historia, identidad y autogobierno. A todos ellos acaba de unirse el relativo a las memorias de Joaquín Gortari, objeto de estas líneas.

Que Joaquín Gortari tuvo una información de primera mano sobre todo lo acontecido en la vida institucional de Navarra en el último medio siglo, queda fuera de toda duda. Que tuvo un papel relevante en la gestión institucional, también, dado que ocupó el más alto cargo funcionarial de Navarra, como fue la Secretaría de la Diputación Foral. Si a ello se une la convicción del personaje sobre el importante papel que le había tocado en suerte y la ausencia de testimonios escritos dejados por los líderes políticos y sociales de la Navarra contemporánea, se comprende la importancia y el interés de un texto que ayuda a conocer mejor la sociedad y las instituciones navarras de la segunda mitad del siglo XX.

Pero subrayado el interés del texto, ¿a qué género pertenece exactamente un libro que, no por causalidad, se titula Una vida al servicio de Navarra. Memorias? Juan Cruz Alli, autor de un jugoso prólogo, agudo y perspicaz como es, duda en calificar el libro como “autobiografía” o “memoria”, como lo define el autor, y termina por encuadrarlo como ecléctico entre ambos géneros, “siendo el primero recogido en todos los aspectos más biográficos de infancia, juventud, noviazgo, esposa y familia (…) En los dos últimos capítulos sobre su vida en la Diputación, lo institucional trasciende lo individual”.

El texto consta de dos volúmenes. El primero presenta dos partes bien diferenciadas. Los cinco primeros capítulos narran su nacimiento e infancia, el seminario, los estudios y primeros trabajos antes de entrar en la Diputación, la entrada y los inicios en la Diputación y su etapa en la Dirección de Industria. El capítulo sexto, la Secretaría General de la Diputación -algo más de doscientas páginas- es el más denso e institucional. Uno último, dedicado a la jubilación, y un epílogo cierran el texto. Cada capítulo se complementa con un extenso álbum de fotos que tratan de ilustrar los acontecimientos narrados.

El segundo volumen, que se inicia con una larga entrevista, resumen de sus memorias, recoge básicamente artículos de opinión, conferencias y participación en publicaciones.

La interesante lectura del texto me suscita dos reflexiones: ¿es correcta la identificación de Navarra con sus instituciones, sobre todo la Diputación Foral? Así parece pensarlo el autor que titula el libro “Una vida al servicio de Navarra”. Joaquín Gortari encarna hasta tal punto esta visión funcionarial que, en ocasiones, uno no sabe si es el más alto funcionario quien está al servicio de la institución, o es él quien encarna la institución misma. “Me convertí en una referencia institucional en la Diputación y en el Gobierno de Navarra, y todo el mundo lo aceptaba”, dice en una entrevista recogida en el libro.

Aunque la probidad, bonhomía y rectitud de intención son virtudes que le adornaban, no estoy tan seguro, como el propio autor señala y Juan Cruz Alli reitera, que la obra no tenga una parte de apologética. Es el propio autor quien señala que “en estas Memorias he querido demostrar a esas personas que depositaron en mí su confianza que no se equivocaron”. En todo caso, hay que agradecerle su esfuerzo por escribir sus memorias, su tono y su sinceridad, aunque se haya callado determinadas cosas. Todo libro de memorias, por definición, es subjetivo, lo que es exigible es que no sea sectario, y éste no lo es, por más que a veces nos parezca edulcorado.

Antes de terminar es preciso hacer referencia a la labor de Marialuz Vicondoa, periodista de profesión y ejercicio, quien facilitó fuentes, redactó y pulió textos, entrevistó al autor e hizo posible que las memorias se concretaran en este libro. De ahí que en los créditos aparezca como autor: Joaquín Gortari con Marialuz Vicondoa.

Los gastos de redacción, edición y publicación los hizo posible Manuel Torres a través de la fundación que lleva su nombre. El libro es, finalmente, un ejemplo de pulcro diseño y maquetación y de una excelente impresión.

¿Conoceremos en los próximos años nuevas memorias de hombres y mujeres que han liderado la transición en Navarra? Creo que sí. Espero y deseo que las memorias de Gortari animen a ello.

Diario de Navarra, 24/5/2019

 

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La entrevista

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Para los que seguimos de cerca la actualidad española, hay una entrevista que está en nuestro imaginario como paradigma de un género tan habitual como difícil: la que Iñaki Gabilondo le hizo a Felipe González, siendo éste presidente del Gobierno de España, en un momento particularmente complicado. A partir del domingo pasado, aunque por motivos distintos, aquella entrevista muchos la acompañaremos con otra, la que durante setenta minutos Jordi Évole realizó al papa Francisco en el Vaticano. Frente a estas dos exitosas, recordemos una fallida: la que hace unos años Jesús Hermida le hizo al rey Juan Carlos, que por excesivamente respetuosa, resultó vacía y sin ningún interés.

En la entrevista emitida el domingo pasado, un éxito indudable de audiencia, cabría distinguir dos planos: la forma y el fondo.

En cuanto a la forma, la heterodoxia estuvo presente de principio a fin: nada de pompa y solemnidad, ni en las personas, ni en el tratamiento, ni en el decorado. Si en vez de la sobria mesa de madera, se hubiese desarrollado en una mesa camilla, nuestra impresión hubiera sido la de una amable conversación ¡en español! entre un abuelo simpático y lúcido y un nieto talludito que recoge sus vivencias a mitad de camino entre el respeto y el desparpajo. Lo del abuelo no me lo invento. Así definió él cariñosamente la presencia del emérito Benedicto XVI en una entrevista: “es como tener al abuelo en casa”.

¿Por qué fue elegido Jordi Évole, un periodista de izquierdas, amable pero incisivo en sus preguntas, tan alejado de la nomenclatura oficial y eclesial? Yo me lo explico desde la apuesta firme de Francisco desde el primer día por las periferias entendidas en sentido amplio: geográficas, sociales, culturales, ideológicas y religiosas. No hay sino que ver los países visitados por el Papa, mayoritariamente del tercer mundo, donde los católicos en muchas ocasiones son una minoría. No es por casualidad que Évole comenzara su programa con unas imágenes del Papa explicando el por qué de su nombre, en alusión a Francisco de Asís, hecho pobre para los pobres.

Pero, afortunadamente, más importante que la forma fue el fondo. Pactada para hablar básicamente de inmigración, la habilidad de Évole y la condescendencia de Francisco -más determinante la segunda que la primera- permitieron abordar otros muchos temas de actualidad, nada fáciles la mayor parte: la pobreza en el contexto del Vaticano, los abusos sexuales, el capitalismo, el periodismo, los nuevos pecados sociales, la riqueza, la homosexualidad, el feminismo, la curia romana, el aborto, la prostitución, la memoria histórica, la exhumación de Franco, las armas, los chismorreos, y hasta su día a día en el Vaticano, por citar los más importantes.

Vi a Francisco, probablemente la mayor referencia moral en el mundo de hoy, rotundo en sus juicios y admoniciones contra la inmigración, la construcción de muros o la venta de armas. Como la entrevista se dirigía básicamente al público español, Évole centró sus preguntas en la actuación de sus dirigentes. Las respuestas, desde las concertinas al Open Arms, no fueron nada complacientes. Hasta me parecieron más rotundas que las dedicadas a Trump, más elusivas, o a su vecino Salvini, que no apareció, paradigma de una infame actuación en la propia Italia.

Pero Francisco, además de referente moral, es cabeza visible de la Iglesia Católica. Y ahí, la doctrina se mantiene inmutable, léase la referida a la homosexualidad o el aborto. No cabía esperar otra cosa. Pero sí cabía esperar más en temas en los que los avances son lentos y en los que las reticencias las tiene en casa: la feminización de la Iglesia, pese a su cálida referencia al femenino del nombre; medidas drásticas contra la pederastia; la reforma de una curia que es más rémora burocrática que palanca de evangelización, por citar algunos casos. Confiemos en que Francisco, como le preguntó Évole, no haya echado el freno y el proceso puesto en marcha sea imparable.

En todo caso, que Francisco es un personaje extraordinario y singular quedó fuera de toda duda. Sus respuestas pudieron gustar más o menos, entusiasmar a unos, defraudar a otros y dejar indiferentes a los más, pero que un Papa se arriesgue a una entrevista con Évole, a tumba abierta y sin cuestionario previo es sinónimo de un deseo de cambio indudable. Y esto en una institución como la Iglesia católica, decantada en dos mil años de difícil y frágil equilibrio entre el mundo espiritual al que aspira y el mundo temporal del que se sirve. Y este cambio lo representa Francisco, un hombre maduro, sereno, con los pies en el suelo, un equilibrio psicológico envidiable que le permite dormir como un tronco en palabras textuales suyas, simpático, e incluso bromista, que el otro día, espoleado por Évole, nos deparó una entrevista inolvidable.

Diario de Navarra, 4/4/2019

 

Escurrir el bulto

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En los días previos a la Navidad, una fotografía publicada en el Diario Vasco, con los principales dirigentes institucionales del País Vasco -Andoni Ortuzar (PNV), Arnaldo Otegi (Bildu), Idoia Mendia (PSE-PSOE) y Lander Martínez (Podemos-Euskadi) cocinando y brindando en una sociedad gastronómica donostiarra, provocó una auténtica polvareda. Al día siguiente, José María Múgica, hijo de Fernando Múgica Herzog, abogado y dirigente socialista asesinado por ETA en 1996 en San Sebastián, solicitó la baja del partido. “No en mi nombre. Te ruego tramites mi baja del PSOE”, fue la reacción de Múgica tras salir a la luz aquella foto.

Una semana después del suceso, la líder del PSE-PSOE ha publicado un artículo en su página personal de Internet, titulado Nuevos fariseísmos, nuevos populismos, en el que reconoce que “han sido días duros, en los que he tenido que leer y escuchar acusaciones gruesas que no me afectan en lo personal, porque una ya ha visto de todo a estas alturas”.

Idoia Mendía se refugia en la trayectoria casi heróica de su partido que es el mío, para cuestionar las críticas que ha recibido. Mendia reconoce que las críticas “me indignan en la medida que cuestionan, muchas veces desde la cómoda distancia, el compromiso ético y democrático del partido que lidero, de mis compañeros y compañeras, de una organización centenaria que ha tenido que aguantar lo que no está escrito por hacer política en este país”.

“No nos lo merecemos”, dice Mendia en su escrito. Pero, a mi juicio, no es esa la cuestión. Nadie cuestiona, que yo sepa, la trayectoria del partido, sino su decisión de comparecer con Otegi en el reportaje, con lo que ello supone de intento de blanqueo de una trayectoria abominable. Lo más honrado por su parte hubiera sido pedir perdón, o al menos disculpas por el error cometido y la afrenta producida a muchos de sus compañeros. Una pena que la secretaria general del partido en Euskadi no haya aprovechado la ocasión para rectificar. Cuanto más tarde en hacerlo, más ahondará la brecha con una buena parte de su partido y de su electorado.

Alberto Urroz y el festival de Mendigorría

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Alberto Urroz en la nave mayor de la parroquia de Mendigorría

En la columna del pasado domingo, titulada Pamplona de estío, Juan Gracia Armendáriz se hacía eco de las bondades de la ciudad en verano, concluyendo que “la estación en que Pamplona luce mejor es ahora, cuando el calor aprieta (…) redescubrimos nuestra ciudad con nuevos ojos, pues luce un sol casi levantino (…) y disfrutamos del latido atemperado por la sombra musgosa que proyectan los parques”.

Si esta amable versión de Pamplona la trasladamos al conjunto de Navarra, tampoco faltan razones para solazarnos en lo que hemos venido en llamar, no sin razón, nuestra alta calidad de vida, fruto de políticas continuadas y bien orientadas en los más variados frentes: urbanístico, paisajístico, gastronómico, cultural y turístico. Lo digo, porque tendente como es al adanismo, conviene recordar al actual gobierno que no es sino un eslabón más en la cadena de los que fueron y serán, habiendo aportado cada uno su granito de arena para que podamos disfrutar de esta Navarra que nos incluye a todos.

Durante un tiempo fue un lugar común decir que Navarra en verano era fundamentalmente una tierra de procesiones y vacas. Pero siendo esto verdad, con lo que tiene de positivo mantener dos tradiciones que no es por casualidad que congreguen al mayor número de personas de cada localidad, no sería justo dejar de señalar que en los últimos lustros determinados programas culturales amenizan, bien sea en locales cerrados o en nuestras frescas noches con chaqueta, nuestro verano menguante. Los hay más institucionales: Festival de Teatro de Olite, Kultur, Flamenco On Fire, o la Semana de Música Antigua de Estella; pero los hay también menos conocidos, más modestos y recoletos, ubicados en espacios a veces insospechados, y vinculados a localidades o personas. Quisiera poder hablar de todos ellos, y lo hago fijando mi atención en uno en concreto que los representa muy bien a todos, pretendiendo dos cosas: rendir homenaje a los que los hacen posibles y animar a disfrutarlos.

Mendigorría es una hermosa población de la zona media, situada en una soleada colina sobre el Arga, con un apretado caserío del que sobresale la imponente iglesia de San Pedro. Unos kilómetros más abajo, siguiendo el curso del río, se encuentra Andelo, la importante ciudad romana hoy musealizada, que permite una visita cómoda y muy recomendable. Una población, pues, repleta de historia y de arte.

Aunque nacido en Pamplona, Alberto Urroz está vinculado a Mendigorría. Músico y pianista versátil, se graduó en el Real Conservatorio de Música de Madrid y amplió estudios en Tel Aviv y Nueva York. A su doble faceta de docente en la Universidad Alfonso X el Sabio e intérprete en festivales nacionales e internacionales, une una tercera de investigador, con una tesis leída en 2017 y vinculada a la enseñanza-aprendizaje de la técnica pianística.

Probablemente sin saber muy bien donde se embarcaba, en 2004, con escasos recursos materiales, pocos apoyos institucionales y mucho ánimo y no menor energía, inició el Festival de Música de Mendigorría, que estos días cumple su XV edición. Rodeado de alumnos venidos de fuera, acompañado de profesores amigos o conocidos por él, Alberto Urroz ejerció desde el primer año como hombre orquesta: organizador, director y, sobre todo, intérprete principal de los variados

programas que ha ido presentando con el correr de los años. Evidentemente, es el alma mater del festival.

El de este año, iniciado el día 27 y que se prolongará hasta el 12 de agosto, incorpora algunas novedades: se inició con un recital de canciones míticas de Broadway en el centro cultural de Tafalla -magnífico para eventos de este tenor- e incluirá un recital de arpa en el museo romano de Andelos. Pero el plato fuerte lo constituyen los conciertos que tienen lugar en la iglesia parroquial, nada menos que cinco más. En familia, con el piano situado en medio de la nave central, bien solo o acompañado de otros instrumentos o la voz humana, las veladas tienen un encanto especial, porque a la calidad musical hay que añadir un bellísimo marco que constituye un lujo para los sentidos: un interior en el que conviven las naves gótico-renacentistas y una buena colección de retablos romanistas y barrocos.

Si pueden, acérquense a Mendigorría estos días. Ni la música ni el marco artístico les dejarán indiferentes. En todo caso, de vacaciones o no, permítanme una sugerencia: ojeen la agenda diaria del DN. No les faltarán propuestas de interés.

Diario de Navarra, 2/8/2018

 

Una (casi) completa monografía local

Barbarin

Luis López de Dicastillo Gorricho, licenciado en Filosofía y Letras y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, catedrático de enseñanza media y profesor tutor de la UNED, decidió volver espiritualmente a Barbarin, el pueblo en el que nació, y desentrañar “ese agujero negro escondido detrás del velo de mi infancia”. El resultado es este Memorial de Barbarin dedicado a su familia y “a todos los vecinos que tan amablemente me han ayudado y siguen viviendo en ese arca de Noé que se ha quedado anclada en la Atalaya”.

Barbarin es una pequeña y típica población de la merindad de Estella, situada en el histórico valle de Santesteban de la Solana. Ubicado a media ladera, al pie de la carretera Pamplona-Logroño, su apretado caserío ha oscilado entre los 45 habitantes de 1330, los 190 de 1553, los 208 de 1935 y los 72 de 2010. El autor se atreve a calcular en 2793 los habitantes habidos en Barbarin entre la primera y la última fecha citada. Pues bien, el autor ha querido estudiar esta microcomunidad con una macrohistoria de 796 páginas, que más de uno considerará excesiva. Conozco la dificultad de la síntesis, la otra alternativa posible, y entre una visión sintética y una historia más minuciosa y pausada, Luis López de Dicastillo ha optado por la segunda. Cinco años de trabajo, mucha paciencia, muchas lecturas e innumerables horas de archivo, han decantado una historia que comienza en el primer milenio antes de Cristo y llega hasta el final de la guerra civil de 1936. La primera parte, edades antigua y media es una síntesis de lo escrito por otros autores; la segunda, edades moderna y contemporánea, utiliza fuentes primarias procedentes sobre todo de los archivos municipal y parroquial.

Al lector apresurado le recomiendo una jugosa introducción que resume en cinco páginas la historia de la localidad en sus hitos esenciales. El lector sosegado y con tiempo, si ojea detenidamente sus páginas, tendrá oportunidad de revivir la historia de un pequeño municipio tratada con rigor y con el cariño de quien, a su vez, relata su propia intra-historia.

El libro está magníficamente editado, y solo echo de menos un elemento imprescindible en un volumen editado con el rigor que éste tiene: una relación bibliográfica final de los libros y archivos utilizados y consultados.

Es un aporte más, y nada despreciable, a la rica bibliografía local de Navarra.

Ficha Técnica:

Título: Barbarin. Un lugar en el valle de Santesteban de la Solana

Autor: Luis López de Dicastillo Gorricho

Editorial: Lamiñarra

Páginas: 796

Precio: 25 euros

 

 

Viaje a China. Una visita a Cantón (X)

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Edificio del centro de Dongguan

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Carmen, Mikel y la esposa china de uno de los amigos de Javier

En mis tiempos de estudiante de historia tuve que estudiar más de una vez el desarrollo de los imperios: español, inglés, francés, portugués, e incluso el chino. En las difíciles relaciones entre oriente y occidente, Cantón ha jugado un papel fundamental, porque desde el siglo XI fue la puerta de entrada a la China interior. Situada en un privilegiado espacio al final del estuario del río Perla, Cantón fue el puerto de entrada y salida de mercancías durante todo el milenio. Primero los portugueses, desplazados a Macao, y luego los ingleses y franceses se hicieron con concesiones comerciales beneficiosas, propiciaron las guerras de opio y consiguieron la cesión a perpetuidad de Hongkong en estas disputas.

Cantón es, junto a Pekín y Sanghai, la tríada de las urbes de la nueva China. Es la gran capital del sur y en estos momentos la habitan 14 millones de habitantes.

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Rascacielos a pie de autopista en la entrada de Cantón

Nos despertamos tarde, tras la cena de ayer con los españoles dew Dongguan. Carmen ha tenido que madrugar más, ya que tenía jornada de mañana en el hospital donde trabaja. Salimos de casa a las 11 de la mañana, y pese a que tenemos que recorrer el mismo trayecto que ayer, los minutos son bastantes menos- Es sábado y el tráfico de la autopista libre que une el barrio con el centro de la ciudad es mucho más fluido que ayer. Recogemos a Carmen en el hospital, que está en el mismo centro, y decidimos comer en un restaurante situado al lado, un musulmán que ellos conocen bien. Está lleno, lo que es buena señal. El plato estrella es el cordero en sus diversas opciones. Nos decantamos por un cocido de cordero con patatas, un plato de cordero a la brasa sobre pan ácimo y un plato de albóndigas de carne con tomate y pimiento. Todo tiene buen sabor, y afortunadamente en curry no es el olor dominante. Saludamos a una familia hispano-china, él español del Levante, especialista en calzado, y ella china, con dos niños simpáticos y de facciones bien mezcladas.

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La familia Felones Wu toma el desayuno a la entrada del barrio de Liwan

Tras la comida iniciamos viaje a Cantón. El tráfico es fluido y poco más de hora y media después estamos entrando en la ciudad. El camino a través de la autopista es un todo continuo de bloques de edificios, fábricas y algo, sólo algo de campo. Las torres aisladas de más de 20 pisos, la tipología más frecuente, aparecen como setas. Antes habíamos dejado Dongguan por una zona no conocida hasta hoy, llena de rascacielos y urbanizaciones recientísimas. A veces se me olida que son casi 8 millones de habitantes los que habitan la ciudad, es decir, casi toda la población de Andalucía o Cataluña.

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Vista de una calle peatonal y comercial del centro histórico de Cantón

Sin solución de continuidad, aparece Cantón. Todo más vertical, más denso y mucho más poblado todavía. Entramos por el barrio de los negocios y rascacielos, y el perfil de la ciudad es una sucesión de altos edificios en los que abunda el vidrio y el aluminio. Todo ello dominado por la Canton Tower, el edificio más alto de la ciudad. El google map nos va conduciendo en medio de un tráfico infernal al barrio de Liwan, el centro histórico de la ciudad. Aquí los edificios moderan su altura y la ciudad adquiere un carácter más humano. El hotel en el que nos alejamos, de nombre Lavande, está francamente bien, un cuatro estrellas español, sobrio pero bien equipado. Las conexiones a internet aparecen a pares y el despliegue de luces es algo abrumador y resulta muy oriental.

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Cables y árboles que levantan aceras dominan el barrio histórico

Nuestra primera visita es a la isla de Shamian, la antigua concesión franco-inglesa de Cantón. Es un barrio increíblemente tranquilo respecto al resto de la ciudad, con construcciones de estilo victoriano y segundo imperio en el que destacan edificios administrativos, villas, iglesias católicas como la de Nuestra Señora de Lourdes, gruta incluida, y los banianos, ejemplares robustos que dan sombra a las calles. Hoy es un barrio de hoteles y restaurante, dedicado al paseo tranquilo por las calles peatonales.

Al asomarse al mirador del río, uno aprecia la ubicación privilegiada de Shamian, frente al río que aquí se abre en dos brazos. Hay barcos turísticos de todo tipo que navegan por sus sucias aguas, lo que no impide la pesca en sus orillas.

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Expectaculares vistas de Cantón desde la Canton Tower

Tras descansar y tomar un sabroso café expreso, el mejor hasta la fecha, nos volvemos al hotel, porque Mikel está muy cansado y se está haciendo notar. Un paseo, dos paradas en metro que constituye una ciudad subterránea en si misma, y otro paseo más nos permiten acercarnos al hotel.

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Impresiona la estructura metálica de la torre vista de la que solo nos separa un cristal

Tras bañar y dar la cena a Mikel, salimos los cuatro a cenar. La idea era optar por un restaurante de comida occidental, pero vemos uno, ostentoso y enorme, lleno de gente, dedicado básicamente a pescado fresco, y nos decidimos por él. Elegimos gambas y un pez parecido al mero en el vivero de la entrada, y a los diez minutos ya estamos degustándolo en la mesa.

El día se ha hecho largo y decidimos dejar el paseo nocturno por el río Perla para mejor ocasión. Agradezco la habitación amplia y limpia, la cama enorme y la tranquilidad que se respira. Termino estas notas y a dormir. Por hoy, ya es suficiente.

Viaje a China. Cena de españoles en Dongguan (IX)

 

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Vista del centro de Dongguan, barrio en el que viven algunos de los amigos de Carmen y Javier

El día discurre atendiendo a Mikel, dado que sus padres trabajan mañana y tarde. Hacia las siete de la tarde nos desplazamos hacia el centro, porque estamos invitados a cenar en casa de uno de los amigos de Javier, al que conocimos el otro día en la reunión de españoles con motivo del cumpleaños de uno de ellos.

Viven en una urbanización situada en pleno centro de Dongguan, en la zona frecuentada por extranjeros. Es un barrio de clase alta y la casa es la propia de una familia de buena posición económica, decorada con gusto, ya que nuestra anfitriona se dedica en sus ratos libres a elaborar elementos para la casa, que expone y vende en su propia vivienda dos veces al año. La historia de la pareja tiene su mérito y conviene conocerla. Él era dueño de una fábrica de zapatos en la provincia de Alicante, con 150 empleados, que se desplomó con la crisis. Ni corto ni perezoso, pero confiando en sus posibilidades, cogió los bártulos y sin conocimiento alguno de inglés se plantó en Dongguan. Hoy es el director técnico de una fábrica de zapatos australiana, goza de buen poder adquisitivo, tiene dos niños, chico y chica, trilingües, y reconocen estar bien aquí, sin que por el momento piensen en volver a España. ¡Y ya van para 10 años!

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Javier entretiene a Mikel mientras van llegando los invitados

Poco a poco van llegando el resto de los invitados, amigos todos ellos de trabajo, en unos casos, y en otros, de jornadas de fútbol o salidas nocturnas. Manolo está casado con china, a la que le lleva bastantes años. Ella estudió en España varios años y ahora trabaja en el diseño. Julián vive con española, más jóvenes ambos, y trabajan para varias marcas relacionadas con Zara. La cena es jovial, copiosa, hispana y bien regada de buenos tintos. Y la conversación fluye sin ningún problema, ni siquiera el del idioma. Son gente animosa, emprendedora y trabajadora, que reconoce los valores de su patria a la que quieren, pero no desprecian el mundo en el que viven: más desorganizado, pero con más posibilidades, que todos reconocen inmensas. Trabajan mucho, y los fines de semana procuran disfrutar con amigos y conocidos.

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Mikel duerme en el sofá, una vez avanzada la cena

Al saber de mi actividad política y académica, Manolo, la pareja de la joven y delicada hongkonesa, se interesa sobre todo por la historia de nuestro país y me pregunta por el conflicto catalán y otros temas que le interesan. Hacemos un aparte en la conversación y seguimos intercambiando opiniones sobre temas diversos. Pero Carmen se ha levantado pronto y está cansada. Mikel hace ya un rato que está dormido. Así que con cierta pena nos despedimos, agradecemos la invitación y hacemos votos para que la estancia de todos ellos sea fructífera en lo personal y en lo profesional.

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Carmen y la estilizada hongkonesa, pareja de Manolo, entretienen a Mikel

Me alegra ver lo integrado que está Javier en el grupo y la buena relación que tiene con todos ellos, pese a que sus estudios y trabajo sean tan distintos a los del resto. Incluso le piden que haga un karaoke de Sabina, al que imita francamente bien, con su voz rota y aguardientosa, pero llena de encanto. Esta es una faceta que no conocía de mi hijo. La facilidad para las relaciones y el hacer grupo siempre ha sido un rasgo de su personalidad que atraía en España y veo que afortunadamente también conserva en China.