Impresiones tras una tarde aciaga

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Les confieso a todos ustedes que la tarde del martes la pasé delante del televisor, pendiente de la tertulia y el debate anunciado en el Parlamento de Cataluña. Era la culminación de una semana de vértigo, tras el referéndum ilegal celebrado el pasado día 1 de octubre, con la repercusión mediática que supuso la inacción de los mossos y la actuación de la policía nacional y la guardia civil; la “huelga de país” -curiosa y novedosa expresión acuñada para la ocasión- que siguió a estos acontecimientos; el discurso del rey, valiente, necesario y oportuno en un momento de zozobra nacional; el traslado de la sede social de una serie de empresas relevantes de Barcelona a otras ciudades de fuera de Cataluña; y la manifestación constitucionalista del domingo, en la que los silenciosos y silenciados demostraron que son muchos más de los que pensábamos y muchos más también de los que los nacionalistas, acostumbrados a que la calle fuera suya, hubieran deseado. Para mí resultó especialmente significativo, no sólo el rescate de la bandera de España, necesitada de manos y corazones transversales que la arropen más que envolverse en ella, sino también de la bandera catalana, la senyera, bandera histórica y constitucional hoy arrumbada por los independentistas de uno y otro signo. No deja de ser paradójico que buena parte de los que enarbolaron la senyera procedieran del cinturón de Barcelona, inmigrantes para los que Cataluña, en acertada frase de Arrimadas, es su tierra, España su pais y Europa su futuro. Permítanme también una alusión de Josep Borrel, que en un alarde de racionalidad y pasión contenida, dotó de discurso a una ciudadanía desmotivada, poco cuidada y huérfana de liderazgo.

Y tras todo ello, llegó el día D. Como la política catalana no se priva de nada, el pleno comenzó con una hora de retraso, lo cual hacia presumir que las cosas estaban siendo especialmente complicadas en el bando nacionalista. Tras una apelación a la moderación y a las buenas formas, Puigdemon realizó su relato de parte; una historia de agravios por parte de España, culminada con una actuación absolutamente desproporcionada de las fuerzas de orden público contra un pueblo indefenso. Conocidos los resultados, sin una solo palabra sobre quién y cómo se validaban estos resultados, solo quedaba cumplir lo previsto en las leyes de desconexión aprobadas los días 6 y 7 de septiembre: proclamar solemnemente la independencia y declarar formalmente constituida la república catalana. Pero no sucedió esto, sino algo que todavía está por concretar, hasta el punto que el Consejo de Ministros ha tenido que requerir al presidente de la Generalitat para que explique el alcance de su declaración. Huelgan las calificaciones sobre los fuegos de artificio montados a continuación: Una sesión parlamentaria sin debate, presencia en la tribuna de Mas y otros próceres del independentismo -solo faltaba Puyol, el impresentable-, unas caras largas de la mayoría que denotaban que aquel no era precisamente una día de fiesta, una firma exterior para suplir lo que no se había hecho en el salón de plenos, un fin de fiesta que recordaba mucho al de los partidos perdedores en noche electoral y, haciendo de la necesidad virtud, un relato de los responsables políticos y las fuerzas que lo apoyan, la Asamblea nacional catalana y Omnium cultural, subrayando la apuesta por el diálogo de Puigdemon.

Desde mi perspectiva, tras los fastos y días históricos, llega la hora de verdad, que no admite retraso. Urge recuperar la legalidad constitucional, piedra angular de nuestra convivencia. Quien tiene que decidir el cuando y el cómo es el gobierno de España, pero haría mal en no ir acompañado de otras fuerzas políticas, el PSOE especialmente, en este desafío. Debería pactarse, en consecuencia, el alcance de los mecanismos utilizados para recuperar la legalidad transgredida. Y pasado un tiempo prudencial, se impone que los catalanes vuelvan a las urnas para conocer, ahora sí, la verdadera voluntad de la ciudadanía de Cataluña.

¿Y cómo debe ser el encaje de Cataluña en España? Ese es un debate que necesariamente se debe abordar en el marco de una reforma constitucional. Si algunos estamos en condiciones de entenderlo bien somos los navarros y los vascos, que tenemos nuestras propias especificidades recogidas en la Constitución. Para terminar, añado un detalle no menor del que dependerá el éxito de esta operación nada fácil. Con lealtad por ambas partes, todo es posible, pero debemos reconocer que dicha lealtad es un valor del que históricamente no pueden alardear los nacionalistas.

Diario de Navarra, 12/10/2017

 

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El gatopardo

El Gatopardo

La preparación de un viaje a Sicilia con mis alumnos del Aula de la Experiencia de la UPNA , me ha dado la ocasión de volver los ojos a la buena literatura que ha dado la isla. Dante asegura que en la corte de Federico II, que reinó entre 1197 y 1250, nació la literatura italiana: “todo lo que de poético se creó antes de nosotros los toscanos, se llama siciliano”. Pero es en los últimos cien años cuando la gran tradición cultural de la isla cristaliza en un magnífico conjunto de hombres de letras que recogen una característica señalada por Leonardo Sciascia: “tener como materia y como objeto Sicilia, representándola como un medio de llegar a través de ella a la comprensión y al destino de toda la humanidad”. Y para subrayar la misma idea, remachaba: “Sicilia es el mundo”.

Puestos a resumir lo más selecto, éstos serían los autores más representativos: En el siglo XIX, Verga y De Roberto, autor de Los virreyes, su obra maestra, en la que realiza un retrato despiadado de la degeneración de una clase social, coincidente con la dominación española. En el siglo XX, Pirandello, autor de El difunto Matías Pascal, premio Nobel en 1934; Lampedusa, al que luego nos referiremos; Quasimodo, poeta que obtuvo el Premio Nobel en 1959; y Sciascia, del que hace escasas semanas les glosé su libro El contexto. El siglo XXI tiene un líder indiscutible, Camilieri, autor de los relatos policiacos de Montalbano, el culto, melancólico y fatalista comisario de provincias que permite al autor hacer un retrato crítico pero entrañable de la Sicilia provinciana. Por cierto, una interesante entrevista con el escritor acaba de aparecer en el Diario de Navarra del 17 de julio.

De entre todos los citados, El gatopardo de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, tal vez sea el más conocido, apoyado en la película del mismo nombre, magistralmente dirigida por Visconti.

 

El gatopardo es una novela escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa entre 1954 y 1957, y publicada una vez muerto su autor. Narra las vivencias de don Fabricio Corbera, Príncipe de Salina y su familia entre 1869 y 1910. El título se refiere al leopardo jaspeado que aparece en el escudo de armas de la familia. En mayo de 1860, tras el desembarco de Garibaldi en Sicilia, don Fabricio, personaje inspirado en el bisabuelo del autor, asiste con distancia y melancolía al final de una época. La aristocracia va a ser sustituida por la burocracia y la burguesía, la nueva clase social emergente, aprovechando la llegada del nuevo régimen generado por la unificación italiana. Su sobrino Tancredi, un oportunista que combate en las filas garibaldinas, destinado inicialmente a casarse con Concetta, hija del Príncipe, lo terminará haciendo con la bellísima Angelica, hija de Calogero Sedára, un prestamista y usurero burgués de origen humilde, que hará carrera como político. La vida del Príncipe transcurre con monotonía y desconsuelo, hasta que muere en una anónima habitación de hotel en Palermo en 1883, cuando regresaba de Nápoles adonde había acudido para unas visitas médicas. En su palacio próximo a Palermo vivirán sus tres hijas, dedicadas a coleccionar falsas reliquias hasta su muerte en 1910.

Cartel

Más importante que la historia en si misma, la novela es un magistral fresco de una familia, una época y un territorio. De su lectura, que recomiendo vivamente, extraigo algunos párrafos memorables:

– “Un Falconeri debe estar a nuestro lado, por el rey.

Los ojos volvieron a sonreir.

-Por el rey, es verdad, pero ¿por qué rey?

El muchacho tuvo uno de sus accesos de seriedad que lo hacían impenetrable y querido.

– Si allí no estamos también nosotros -añadió-, ésos te endilgan la república. Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. ¿Me explico?”.

“Después de cenar, a las nueve, tendremos el placer de ver a todos los amigos. Donnafugata (el feudo propiedad de Don Fabricio) comentó extensamente estas últimas palabras. Y al príncipe, que no había encontrada cambiada a Donnafugata, se le halló, en cambio, muy cambiado, a él que nunca antes hubiera empleado tan cordiales expresiones. Y en aquel momento, invisible, comenzó la declinación de su prestigio”.

“Un castigo de Dios, excelencia, un castigo de Dios. Y todavía no vemos más que el principio de la carrera de don Calogero: dentro de unos meses será diputado en el Parlamento de Turín. Dentro de unos años, cuando se pongan en venta los bienes eclesiásticos, pagando cuatro cuartos, se quedará con los feudos de Marca y Fondachello y se convertirá en el mayor propietario de la provincia. Este es don Calogero, excelencia, el hombre nuevo como debe ser. Pero es una lástima que deba ser así”.

“El sueño, querido Chevalley, el sueño es lo que los sicilianos quieren; ellos odiarán siempre a quien los quiera despertar, aunque sea para ofrecerles los más hermosos regalos. Y, dicho sea entre nosotros, tengo mis dudas con respecto a que el nuevo reino tenga en la maleta muchos regalos para nosotros”.

“Esta violencia del paisaje, esta crueldad del clima, esta tensión continua en todos los aspectos, estos monumentos, incluso, del pasado, magníficos, pero incomprensibles porque no han sido edificados por nosotros y que se hallan en torno como bellísimos fantasmas mudos; todos estos gobiernos que han desembarcado armados viniendo de quién sabe dónde, inmediatamente servidos, al punto detestados y siempre incomprendidos, que se han expresado sólo con obras de arte enigmáticas para nosotros y concretísimos recaudadores de impuestos, gastados luego en otro sitio: todas estas cosas han formado nuestro carácter, que así ha quedado condicionado por fatalidades exteriores además de una terrible insularidad de ánimo”.

“El príncipe estaba deprimido: Todo esto no tendría que durar, pero durará siempre. El siempre de los hombres, naturalmente, un siglo, dos siglos… Y luego será distinto, pero peor. Nosotros fuimos los Gatopardos, los Leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra”.

Ficha bibliográfica: LAMPEDUSA, G.T. de, El gatopardo, Seix Barral, Barcelona, 1983.

 

Viaje a Sicilia. Del Jónico al Tirreno (VII)

El día se inicia de muy primera hora, ya que a las 7,30 estamos en ruta. Son muchos los kilómetros que nos separan de Palermo y debemos llegar de buena hora, porque Verdi nos espera.

Desandamos el camino transitado el día anterior, todo a pie del Etna, con la ventaja añadida de que el gigante hoy se nos muestra casi al completo. Y la vista no deja de ser sorprendente. El mar, con sus irisaciones plateadas al fondo; tras la ciudad y sus urbanizaciones, que se han apoderado de toda la costa, los feraces campos de cultivo mediterráneos con los naranjos como elemento dominante; y a los pies del Etna, una serie de pueblos que conviven con un volcán que de vez en cuando asusta, pero da más de lo que perjudica: tierra buena, turismo en alza y fuente de riqueza. Hoy la cumbre está nevada y presenta una vista de postal.

La autopista serpentea la costa, horadada por túneles y con numerosos viaductos. Es una lástima que una obra de infraestructura tan costosa tenga un mantenimiento tan deplorable: Firme en malas condiciones, continuos cierres de carriles y obras interminables en marcha. Enzo nos ratifica que nunca la ha conocido sin obras.

Tras pasar por Taormina, divisamos en lo alto Calatabiano, uno de los lugares inmortalizados por Andrea Camilieri y el comisario Montalbano. Al fondo, los montes Peloritani dejan entrever pueblos encaramados a la montaña, esa Sicilia rural que nunca visitamos, hermosa en su decrepitud y que tanto nos recuerda a nuestra España rural. Una gran iglesia normalmente barroca dedicada a la Virgen, una serie de casas en laderas, muchas personas mayores, escasos jóvenes que se han ido a la ciudad y al norte en busca de mejores condiciones de vida, y ausencia casi absoluta de niños. En mis tiempos universitarios, cuando pasé tres veranos en Ginebra allegando recursos para el curso siguiente y practicar el francés, uno de mis compañeros de trabajo era un joven de Trapani. ¿Qué habrá sido de él? ¿A dónde le habrá conducido la vida?

Nos acercamos a Messina, la punta nororiental de la isla, donde solo tres kilómetros la separan de Calabria y la punta de la bota de la Italia peninsular. Cien veces azotada por los terremotos y cien veces reconstruida, Messina espera pacientemente la construcción del puente atirantado sin pilares más grande del mundo. ¿No sería mejor con ese dinero mejorar radicalmente las infraestructuras de la isla para facilitar un desarrollo equilibrado y sostenido? Esas y otras reflexiones nos desgrana Laura, nuestra guía siciliana, que ama profundamente su tierra y la conoce como la palma de su mano.

El enclave, pese a estar marcado por viaductos y urbanizaciones de escasa calidad, es de una gran belleza. No sorprende que la mitología griega situara aquí a Scila y Caribdis, porque las corrientes del estrecho hacían muy peligrosa la navegación por estas aguas, cosa que ahora, con los grandes ferris, no plantean gran dificultad. Su posición estratégica convierte a Messina en el segundo puerto de Sicilia, tras Palermo.

Y del Jónico, el mar griego por excelencia, al Tirreno, que nos vincula ya más directamente al mundo romano. Continuamos por la autopista, igualmente desvencijada, hasta llegar a a Milazzo, con fortaleza española y salida de los barcos hacia las islas Eolias, conocidas sobre todo por su actividad volcánica y hoy dedicadas al turismo de calidad. Vulcano, Lípari y Strómboli son las más conocidas.

Allá arriba, casi colgando como balcón sobre el mar, se alza Tyndaris, la ciudad griega y sus restos arqueológicos. Junto a ellos se levanta el santuario más popular de toda Sicilia. Una Virgen negra procedente de Oriente de origen bizantino, del tipo Monserrat, es la patrona del santuario. Se celebra una gran romería el 8 de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen María y día mariano por excelencia junto con el 15 de agosto. El santuario está reedificado muy recientemente, sin especial interés artístico, pero digno y respetuoso con las formas de la tradición siciliana. Hay celebración litúrgica, cánticos incluidos. Pero son solo cuatro fieles los que asisten un 26 de enero a la misa de las 11 horas. Las vistas sobre el Tirreno, las islas Eolias, los montes Peloritani, la Rocca di Novara y el golfo de Patti y sus pequeños lagos es especialmente hermosa.

Tras la parada y la visita, de nuevo al autobús hacia Cefalú, siempre a la orilla del mar, entre túneles y viaductos. Divisamos otro de los parques naturales de la isla, los montes Nebradi y, poco a poco, nos acercamos a Cefalú, la principal visita artística del día.

Cefalú nos retrotrae de nuevo a la edad media y la época normanda, con la ventaja añadida de que el enclave y el urbanismo no han perdido el encanto de antaño. En el interior de la catedral realizamos una pequeña síntesis de todo lo visto, dado que es el último edificio que visitamos. La catedral contiene restos griegos en las columnas monolíticas reaprovechadas; el edificio responde al mejor momento árabe-normando del siglo XII, con el espectacular Pantocrator del ábside; y el barroco siciliano está presente en el crucero y en detalles del conjunto. Un buen ejemplo de convivencia de estilos y del esplendor del arte en esta isla privilegiada.

Un restaurante junto al puerto nos permite apreciar una buena cocina marinera. Mejillones con tomate y un pescado muy agradable son los ingredientes de la comida en un espacio que mira al mar.

El tramo hasta Palermo nos depara la sorpresa de que nuestro chófer, Enzo, debe comenzar mañana otro servicio y debe dejarnos. Adelanto la despedida prevista para la noche y agradezco en nombre del grupo la labor siempre ingrata y no demasiado valorada del chófer. Un viaje es el resultado de muchos elementos que deben estar bien coordinados: un buen destino, una buena preparación, una buena organización, un tiempo aceptable, una buena guía y un buen chófer, entre otros. Enzo ha demostrado profesionalidad, amabilidad y buen trato, y ha respondido en condiciones extremas. El día de Érice puso a prueba todas estas cualidades. Y Laura también ha demostrado conocimiento, saber hacer, disponibilidad y buena mano. A ella debemos, en buena medida, la sorpresa que nos deparará esta tarde la ópera.

 

Universitarios navarros en la Edad Moderna

Distritos

Mapa universitario español durante buena parte del siglo XX

En nuestra entrega anterior, dejamos a los escasos universitarios navarros de la Edad Media acogidos a los “erasmus” de la época, básicamente el patrocinio real o clerical, en algunas de las más prestigiosas universidades europeas: París, Toulouse, Avignon, Salamanca o Bolonia. A fin de completar el panorama, echaremos hoy una mirada sobre el periodo siguiente, el de la Edad Moderna, hasta llegar al momento de la creación de la Universidad Pública de Navarra en 1987.

Los intentos de creación de una universidad pública en el territorio se suceden también en estos siglos. A lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, las cortes de Navarra abordaron temas relacionados con la cuestión universitaria en 151 ocasiones, de las cuales 28 fueron acuerdos de creación, 19 discusiones sobre la financiación y 54 referidos al acceso de navarros a los colegios mayores, sobre todo a los de Alcalá. Se crearon además dos universidades dependientes de instituciones religiosas: La Universidad benedictina de Iratxe y la Universidad dominicana de Santiago en Pamplona.

¿Dónde estudiaban nuestros universitarios y quiénes eran? La respuesta, en síntesis, podría ser la siguiente: Nuestros universitarios, religiosos, clérigos seculares o laicos, vinculados tradicionalmente a las universidades francesas, vuelven poco a poco sus ojos hacia las universidades peninsulares, especialmente las situadas en Castilla, sobre todo Alcalá, Salamanca y Valladolid.

El procedimiento ordinario de entrada lo constituyen los colegios menores y mayores, primer paso y medio principal para poder conseguir más adelante distintos cargos de relevancia en la alta administración civil y eclesiástica castellana, ya que gran parte de las plazas se surtía con gente procedente de tales centros de enseñanza. Como ejemplo, de los 47 ingresados en el colegio de Santa Cruz de Valladolid, 22 fueron catedráticos de la Universidad de Valladolid; 14 desempeñaron cargos en audiencias y chancillerías; 1 fue médico del emperador Carlos; 7 estuvieron vinculados a la inquisición; 3 fueron obispos; 1, arzobispo; y además, 9 fueron miembros del Consejo de Navarra. En conjunto, Navarra aportó un número de estudiantes a las universidades castellanas superior al conjunto de aragoneses, catalanes y valencianos, si bien es cierto que los tres territorios tenían universidades propias.

En el siglo XVIII, la progresiva decadencia y desprestigio de las universidades hizo que el número de estudiantes descendiera de forma significativa, incluso en las de mayor rango y solera. Las universidades dejan paso a nuevas instituciones educativas y culturales que preparan y sostienen a la selecta minoría que domina los ámbitos económicos y culturales. La simbiosis de unos y de otros, hará posible la “hora navarra” del siglo XVIII, con la presencia de minorías selectas e influyentes de navarros en la corte madrileña, que ya tenemos acreditada a finales del siglo XVII.

En el siglo XIX, los intentos de creación de una universidad pública se suceden y a los de las cortes de Navarra del primer tercio del siglo, se unen los de la Universidad Vasco-Navarra de 1866 y la Universidad de Navarra del mismo año.

En el siglo XX continúan las iniciativas: La Universidad Vasco-Navarra de 1918; el proyecto de Universidad Católica en Pamplona de 1936; el Estudio General de Navarra (1952), convertido en 1960 en la Universidad Católica de Navarra -nombre oficial del centro creado-; el Centro Asociado de la UNED en Navarra en 1973; y, finalmente, la creación de la Universidad Pública de Navarra en 1987.

¿Y dónde estudian nuestros estudiantes? La tendencia iniciada en el siglo XVI se acentúa y la salida más allá del Pirineo queda reservada a clérigos seculares y religiosos. Toman el relevo, de forma progresiva, la Universidad de Salamanca para los clérigos y religiosos, y para los laicos las universidades centrales que se crean en España con las sucesivas reformas liberales, Madrid y Barcelona especialmente, además de otras universidades del entorno más próximo: Zaragoza, Valladolid, Oviedo, Santiago, a la que, ya en el franquismo, se añadirá la Universidad del País Vasco.

La creación de la Universidad de Navarra, primero, y la Universidad Pública de Navarra, después, a la que se unirá el creciente peso de la UNED, harán que Navarra, en los últimos 25 años, pasé de ser una tierra de emigración universitaria a una tierra de inmigración. Y en este contexto de vuelta a los orígenes, hay que situar el fenómeno Erasmus. Bienidos sean los que salen y bienvenidos los que llegan. No hay mejor forma de hacer honor a la palabra que define a la institución.

Diario de Navarra, 25/5/2017

 

Universitarios navarros en la Edad Media

Item un privilegio con la bula del papa Alexandre IV que otorgó al Rey de Navarra que podiese facer Estudio General en Tudela et los estudiantes que hubiesen sus beneficios así como los estudiantes de París. Datum Anagnie, VIII idus maii, pontificatus nostri anno quinto

Nota del inventario del notario Martín Périz de Cáseda, de 1328

La Unión Europea, aliviada con la victoria de Macron en Francia, celebró antesdeayer el Día de Europa. Con tal motivo, la UPNA dedicó una jornada a estudiar el impacto del programa ERASMUS, feliz iniciativa nacida hace 30 años, coincidente con el nacimiento de la propia Universidad Pública de Navarra. ERASMUS es el acrónimo del nombre oficial en inglés (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios), coincidente con el nombre en latín del filósofo, teólogo y humanista holandés Erasmo de Roterdam (1465-1536), una de las figuras claves del renacimiento europeo. La importancia del programa ha desbordado el mundo académico, habiéndose convertido en un elemento importante para fomentar la movilidad y conocimiento de la Unión Europea entre la población joven. Las cifras de curso 2016-2017 son incontestables: más de 400 jóvenes navarros procedentes de las dos universidades saldrán a otros países europeos, mientras que nos visitarán 450 estudiantes foráneos.

Esta iniciativa de salir a estudiar al extranjero, para sorpresa de muchos, no es nueva entre nosotros. Como es bien sabido, el reino de Navarra intentó dotarse de una universidad pública desde muy pronto. A lo largo de la Edad Media tenemos documentados los siguientes intentos: el Estudio General de Tudela por parte de Teobaldo II en 1259; el proyecto de universidad en Ujué de la mano de Carlos II en 1378; y el proyecto de universidad en Pamplona, promovido por Catalina y Juan de Albret, en 1499. Tras la enumeración de los repetidos fracasos, algunas preguntas queda en el aire: ¿tenemos noticia de los universitarios navarros de la época? ¿Quiénes eran? Qué condición tenían? ¿Qué y dónde estudiaban? Los estudios de José Goñi, Luis Javier Fortún y el recientemente fallecido Pascual Tamburri nos permiten responder básicamente a las preguntas formuladas, que resumo para ustedes.

La hilazón de Navarra con el movimiento cultural europeo es preciso buscarla en la presencia de las órdenes mendicantes y la partida hacia las universidades extranjeras. Las órdenes mendicantes se expandieron rápidamente por Navarra. Las principales ciudades y villas del reino vieron instalarse en sus recintos urbanos a franciscanos y dominicos. Agustinos, carmelitas y mercedarios completaron esta nutrida trama conventual. A diferencia de otras órdenes existentes, la finalidad apostólica y la importancia de la predicación, explican su interés por el estudio y la necesidad de contar con centros docentes propios. A veces, estos centros docentes reunían alumnos procedentes no sólo del convento propio, sino de otros conventos de la orden. De ahí la existencia de Studia Generalia que, pese a su nombre, no cabe confundir con los propiamente universitarios.

La presencia de navarros, clérigos y laicos, en universidades extranjeras completa el panorama de la época. De los 440 universitarios navarros documentados, conocemos la condición de un tercio de ellos. El grupo más importante (90) corresponde a canónigos, siendo Pamplona el cabildo que aportó un mayor número (63), seguido de Tudela y Roncesvalles, con 20 y 7 respectivamente.

Le siguen las órdenes mendicantes, con 50 universitarios conocidos. Franciscanos (26) y dominicos (14) ocupan los lugares preeminentes, mientras que agustinos, mercedarios y carmelitas tienen cifras reducidas.

Las preferencias de los universitarios navarros aparecen también claramente definidas en la documentación: 152 se inclinaron por el derecho canónico, 61 por teología, 33 por derecho civil, 31 por medicina, 18 por artes y 8 compaginaron ambos derechos. Las universidades en las que cursaron los estudios son conocidas en un centenar de casos. En 71 ocasiones son universidades francesas las elegidas: París, con 36 estudiantes, sobre todo teología; Toulouse, la más cercana, con 23; y Avignon, con 11 estudiantes de derecho canónico, son las más representativas. Completan la cifra la Corona de Aragón con 13 casos, Salamanca con 8 y Bolonia con 6.

La conclusión es evidente: el pequeño reino navarro, necesitado de cuadros competentes que se hicieran cargo de una administración cada vez más compleja y desarrollada, envía a sus hijos, a veces con la protección real, a las universidades más prestigiosas de la época. Las fronteras peninsulares, tal como hoy las conocemos, son una entelequia. La posición geográfica, la querencia natural francesa propiciada por las dinastías reinantes y las mayores facilidades encontradas, explican una diáspora tan peculiar como interesante.

Como ven ustedes, poquita cosa, pero la semilla estaba echada. En la próxima entrega les contaré las vicisitudes de los siglos XVI al XX. Pero, incluso para los optimistas, una cosa queda clara: en este ámbito, como en otros muchos, cualquier tiempo pasado fue peor.

Diario de Navarra, 11/2017

 

 

Viaje a Sicilia. Un diluvio en tierra hostil (III)

 

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Desde el parque, entre una cortina de agua, apenas era visible el entablamento del santuario. Vista del mismo en un día claro

Tras la apoteosis de Palermo, tocaba salir a descubrir la isla. Y nada más abandonar la ciudad se desató el diluvio. La lluvia era intensa, prolongada y pertinaz. Con el agravante de que la deforestación de la isla y la inclinación del relieve hacía que las carreteras y caminos parecieran cauces incómodos con piedras y tierra arrastrada. En las tierras llanas, charcos enormes inundaban las buenas parcelas de viñas y naranjos que encontrábamos en nuestro camino hacia Segesta.

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Los alumnos no se resignaron. Empapados de agua y de belleza contemplaron el santuario que luce así en los días claros 

El santuario dórico era un hito del día. ¿Qué hacer ante esta situación? La propuesta de la guía, compartida por mí, era ver el edificio dórico desde abajo y admirar lo que la colina dejaba ver, básicamente el entablamento. Pero nada pudo con el entusiasmo de la mayor parte de los alumnos. Con material inapropiado, paraguas de circunstancias y mucho ánimo ascendieron la colina y se empaparon de agua y de belleza. Estoy seguro que los dioses tomaron buena nota de su disposición y actitud. La llamada de la belleza griega, hecha piedra excelsa en Segesta, caló su cuerpo y su espíritu.

 

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Érice nos recibió hermético, iglesia incluida, en medio de una tormenta

La incomodidad nos acompañó a lo largo del día. La humedad continuó en el camino hacia Érice, el pueblo medieval situado encima de Trápani, en el extremo occidental de la isla, a 900 metros de altura. Una ventisca azotaba la montaña de Érice al llegar a la puerta de la población. Como la iglesia mayor estaba cerrada, pese a ser domingo, tuvimos que refugiarnos en un restaurante situado al pie de la larga calle que asciende hasta la plaza y el castillo.

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La subida hacia la plaza mayor no estuvo exenta de dificultad, entre lluvia y viento

Aprovechando un momentáneo claro, subimos calle arriba buscando refugio y cobijo. Poco pudimos ver. Solo un impecable empedrado convertido en un río que dificultaba la subida. El comedor del restaurante, convertido en improvisado espacio con botas y chubasqueros junto a la chimenea, fue templando los cuerpos humedecidos. También contribuyó a ello la sopa, el couscous de pescado y el pastel del postre.

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Una paradita en lugar estratégico, hasta que escampe

La penosa subida desde Trápani, apenas entrevista entre la lluvia, se convirtió en una bajada peligrosa, pero muy hermosa en sus vistas. Los tonos del Mediterráneo, los límpidos verdes de la vegetación y las salinas próximas a Trápani ofrecían un conjunto admirable. Menos mal que Enzo, nuestro chófer, ofrecía profesionalidad, seguridad y confianza.

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Mientras unos admiran la plaza, otros buscan ansiosos el restaurante

Eso salvó una tarde aciaga en la que las tres horas largas de viaje hasta Agrigento, recorriendo la costa occidental de Sicilia, nos permitieron apreciar una tierra fértil e inundada, unos ríos desbordados y unas carreteras maltrechas.

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La chimenea y el  couscous de pescado hicieron recuperar al grupo el calor del cuerpo y del espíritu

Ya de noche llegamos a Agrigento. Tras dejar las maletas en el hotel situado a orillas del mar, junto al puerto, María Luisa y yo tuvimos la oportunidad de acercarnos a misa en una capilla situada muy cerca. La misa vespertina de la siete de la tarde fue concelebrada por dos sacerdotes jóvenes. La feligresía, no muy numerosa, la constituían personas mayores y matrimonios, algunos de ellos relativamente jóvenes. La participación fue buena, con lecturas de los fieles, cantos y folleto de las ediciones paulinas para seguir la liturgia. Una misa tranquila, sentida y participada con despedida personal de los sacerdotes a cada uno de los fieles allí congregados.

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Impertérrita, la iglesia de Érice nos despide hasta una nueva ocasión

Tras la cena, a dormir. No fue precisamente un gran día artísticamente hablando. En el programa era de transición, pero no teníamos previsto que fuera literalmente pasado por agua.

La educación en Navarra, algunas pautas de mejora

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La noticia educativa de este fin de año es, sin duda, el informe PISA-2015, una evaluación internacional estandarizada, desarrollada de forma conjunta por los países y regiones participantes, y aplicada al alumnado escolarizado que cumple 16 años. Abarca tres áreas de competencia: lectora, matemática y científica. Dado que la evaluación se realizó en 2015, su resultado refleja el estado de la educación en Navarra justo antes de acceder al gobierno el cuatripartito, por lo que no es imputable a éste ni lo positivo ni lo negativo de dicha evaluación. Haríamos mal en sacralizar sus resultados, pero erraríamos si no le diéramos la importancia que tienen, ya que el informe PISA se ha convertido en el instrumento más prestigioso sobre evaluación comparada.

En el presente artículo pretendo concretar mi reflexión sobre el mismo en tres aspectos: evaluar brevemente el sistema educativo navarro; hacer una lectura crítica de los resultados del informe; y proponer algunas pautas de mejora para el inmediato futuro.

Creo que nuestro sistema educativo es bueno, pero claramente mejorable. Algunas razones de su buena salud son las siguientes: la existencia de una red de centros públicos y concertados bien financiados y bien dotados de recursos humanos y materiales; la existencia de un pacto educativo no escrito a partir de 1986, que se tradujo en un largo periodo de paz escolar que ha dotado de estabilidad al sistema; el progresivo aumento de la escolarización universal, obligatoria y gratuita, que hoy se extiende casi generalizada entre los 2 y los 18 años; la extensión progresiva y exitosa de programas vinculados a la atención a la diversidad; la aplicación normalizada de la Ley del euskera y la progresiva extensión del inglés en sus diversos programas. Y, junto a esto, una excelente escuela rural; una formación profesional en alza; un profesorado motivado y bien preparado, aunque con lagunas, y una sociedad que presiona positivamente para mantener el excelente nivel alcanzado.

El informe PISA-2015 es el resultado de esta buena trayectoria. Aunque el informe es mucho más que unas meras cifras, las más significativas referidas a Navarra son las siguientes. En competencia lectora España obtiene 496 puntos y Navarra 514, por detrás de Castilla y León y Madrid. En competencia matemática, España obtiene 486 puntos y Navarra 518, por encima de Castilla y León y La Rioja. Finalmente, en competencia científica, España se sitúa con 493 puntos, mientras que Navarra alcanza los 512, tras Castilla y León y Madrid. Si comparamos los resultados de 2015 con los de 2009 y 2012 se observa una clara mejoría en competencia lectora (497, 509 y 518), mientras que hay más estabilidad en matemáticas (511, 517 y 518) y en ciencias (509, 514 y 512). Estas cifras traen aparejada otra muy buena noticia: la mejora se ha producido en un periodo en el que han descendido los presupuestos de educación y el número de profesores disponibles. Habrá que convenir, en consecuencia, que el profesorado, por un lado, y las familias, por otro, han sostenido el sistema en un momento de especial dificultad. En conclusión, PISA-2015 nos deja el siguiente retrato: Navarra se sitúa a la cabeza de España junto con Castilla y León y Madrid, supera claramente la media de España y de la OCDE y se ubica en el grupo cabecero, junto a los 10 mejores países del mundo.

Pero Navarra puede y debe mejorar posiciones en el inmediato futuro. Decía esta misma semana José Antonio Marina, probablemente el autor que más y mejor expresa la necesidad de un pacto y la mejora de nuestro sistema educativo, que España está en condiciones de situarse en el grupo de cabeza para el año 2020 si aplica a la educación un PIB del 5% anual y logra un pacto que logre sacar del debate político permanente el sistema y dotarlo de estabilidad y certidumbre. Si esto es válido para España, en Navarra lo tenemos al alcance de la mano, porque nuestro sistema es mejor, nuestro PIB es mayor, la paz social ha sido una realidad hasta hace bien poco y el compromiso de nuestra sociedad es incuestionable. En mi opinión, sin esperar al pacto educativo nacional, deberíamos abordar unas pautas de mejora, algunas de las cuales se mencionan a continuación. Entre las que conllevan aumento presupuestario destacaría como fundamental una perfectamente factible: el aumento mínimo y progresivo de una décima anual del PIB en los próximos 6 años para recuperar las cifras anteriores a la crisis y atender los programas que, previa negociación de las partes, se juzguen prioritarios para avanzar hacia la equidad y la excelencia. Pero también son importantes las que no conllevan aumento presupuestario: el tratamiento del sistema escolar como un todo; la vuelta a una paz escolar perdida en los dos últimos años; la búsqueda de un acuerdo en los programas lingüísticos que dé tranquilidad y certidumbre a la comunidad educativa; y el refuerzo del valor social del profesorado.

Los objetivos están a nuestro alcance y conseguirlos es tarea de todos.

Diario de Navarra, 12/12/2016