Domingo de Resurrección: Las mujeres ante el sepulcro. Portada de San Miguel de Estella (hacia 1200)

 

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Vista global del relieve situado en la portada norte

La portada de San Miguel de Estella es una de las cumbres del románico navarro. En el relieve situado a la derecha de la puerta de entrada, se sitúa la escena de la visita de las tres mujeres al sepulcro, probablemente la de mayor calidad del conjunto.

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Dos ángeles se sitúan en la parte izquierda de la escena. Uno, de pie, y el otro, sentado sobre el sepulcro vacío. Una inscripción señala: “Resurrexit, non est hic”. Ha resucitado, no está aquí.

Las tres mujeres portan vasos de perfumes. Una atiende a la explicación del ángel, y las otras dos intercambian sorprendidas miradas entre ellas. Es una escena de gran realismo y naturalidad.

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El detalle del sepulcro nos habla de una estética que ya se acerca a los cánones góticos que se otean al otro lado de los Pirineos. Las elegantes telas aparecen sobre el sepulcro vacío, subrayando la Resurrección de Jesús.

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La inscripción situada bajo las tres mujeres las identifica con claridad: “María Magdalene, María Iacobi, altera María”.

La naturalidad de los rostros, la relación existente entre las dos últimas mujeres, de charla entre sí, la elegancia de los vestidos y el canon de las figuras nos hablan claramente de un estilo que se va, el románico, y otro que llega, el gótico. Y todo ello en torno al cambio de siglo, cifra de especial actividad en cantidad y calidad en la ciudad de Estella y su entorno.

 

 

Viernes Santo: Crucificado (1656). Alonso Cano

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Vista de conjunto de la capilla penitencial presidida por el Cristo de Alonso Cano

La Capilla Penitencial tiene unos pocos bancos en el centro, cuatro confesonarios a cada lado y, en la cabecera, el impresionante Cristo en la cruz del artista granadino Alonso Cano (Granada 1601–1667). Es, sin duda, la joya artística de esta iglesia de San Antonio. Una verdadera sorpresa para muchos, situada no en un lugarprincipal, sino en esta apartada capilla penitencial, donde cobra toda su fuerza gracias al realismo y al dramatismo con que supo plasmar Alonso Cano a Jesús crucificado.

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La belleza sublimada del Crucificado brilla en todo su esplendor

Se trata de una de las mejores obras del artista granadino. Fue un encargo para el monasterio benedictino de Montserrat, en Madrid, hecho por la reina doña Mariana de Austria en 1656. El monasterio se encontraba en la calle de San Bernardo, justamente en el lugar en el que unos pocos años más tarde se levantaría la que hoy sigue siendo Iglesia de Montserrat, regentada por la comunidad benedictina de Silos. Sebastián de Herrera realizó el proyecto en 1668.

Allí estuvo el Cristo de Alonso Cano hasta que a principios del siglo XIX, con la invasión francesa, fue llevado a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la madrileña calle de Alcalá, para regresar al monasterio unos años más tarde, hacia 1814. Con motivo de la desamortización y definitiva supresión del monasterio, pasó de nuevo a la Academia de San Fernando en 1837. Allí permaneció hasta 1891, año en que fue donado al Colegio de los Padres Capuchinos de Lekaroz. El Colegio se inauguró en 1891 y fue una iniciativa del padre Joaquín María de Llevaneras. Fue el propio Padre Llevaneras quien consiguió que la Academia donara la obra de Alonso Cano a Lekaroz. Cano planteó en el Cristo de Lekaroz un modelo original del que existe una versión pintada en la Real Academia de Bellas Artes de Granada. Según la profesora García Gaínza es “un Cristo sublimado, idealizado, casi divino en el que la belleza del cuerpo se traduce en hermosura espiritual”.

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Vista de detalle de la cabeza y el torso del Crucificado

En el Catálogo Monumental de Navarra, en el apartado correspondiente a la iglesia de Lekaroz, se puede leer lo siguiente de esta obra: “El cuerpo de Cristo, tratado con gran naturalidad, destaca por la exactitud de sus proporciones y el perfecto estudio anatómico. Se le representa exangüe, con la cabeza levemente inclinada sobre su hombro derecho; su rostro de finos rasgos refleja un cierto expresivismo de tradición granadina, con los ojos entornados, cabellos de mechones lacios de gran efecto plástico y barba rizosa partida, de apurado tratamiento.

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La expresividad del rostro queda patente en esta imagen nacida para la oración

El resto del cuerpo presenta un canon esbelto en el que cada uno de sus miembros ha sido cuidadosamente modelado. Al igual que en sus demás crucificados, los dedos de las manos no aparecen extendidos sino que se contraen. Cubre el cuerpo un reducido paño de pureza que se ajusta al vientre por una cuerda, cuyos dinámicos y complicados pliegues caen por detrás de la figura. La policromía, aunque retocada, contribuye a lograr un efecto dramático tanto por la palidez que aflora en su rostro como por la multitud de hilillos de sangre que caen por la cabeza, brazos, torso y piernas”.

(Texto tomado de la página oficial de la iglesia de San Antonio, padres capuchinos, de Pamplona)

Jueves Santo: La oración en el huerto(1752). Francisco Salcillo

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Vista de la escena en su conjunto

Un paso del mismo tema fue propiedad de la Cofradía desde sus primeros tiempos en el que los apóstoles acompañando a Jesús eran imágenes de vestir. El escultor murciano planteó un conjunto de gran calidad y de novedad compositiva e iconográfica. Puede que ninguna otra obra haya dado pie a tanta literatura encomiástica.

Recoge el paso el momento en que Jesús se retira con Pedro, Santiago el Mayor y Juan al huerto de Getsemaní y, puesto en oración, sintiendo “angustias de muerte” (Marcos XIV, 34) “se le apareció un ángel del cielo, confortándole”, como indica el versículo de Lucas XXII.

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El ángel de Salcillo es una de las cumbres de la imaginería hispana

Retirados se encuentran los apóstoles, con sus ojos “cargados de sueño”, al decir de San Mateo y San Marcos. La tradición asegura que cada uno de ellos simboliza los diferentes estados de la vida: sueño confiado y profundo el del joven San Juan, sosegado el del maduro Santiago, ligero y en vela el del más anciano, San Pedro, que en su mano porta la espada presta a intervenir. Esta última es una figura muy lograda, por su expresivo rostro, la perfecta anatomía del brazo en alerta, los magníficos pliegues del pie.

La figura de Cristo, imagen de vestir, se representa arrodillada e implorante, como hundido ante el peso del destino que se avecina, con todo el sufrimiento concentrado en un rostro de mirada suplicante, que contrasta con la serena belleza del Ángel, figura que lo conforta, que a su mismo nivel evita que desfallezca, con las alas aún desplegadas, pues acaba de posarse en la tierra.

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Imagen de Jesús consolado por el ángel

Este Ángel, elogiado por su belleza, muestra el cáliz que en la procesión se encuentra sobre una palmera cargada de dátiles, enfrentada a una rama de olivo, para representar el huerto de Getsemaní.

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Primer plano del rostro de Pedro dormido en el huerto de los olivos

Aunque se han propuesto diferente fuentes para explicar la novedad del paso, acaso uno de los más bellos de Salzillo hecho en 1754, nada puede compararse a la originalidad del conjunto. Pinturas y grabados mostraban la forma de solucionar el desfallecimiento de Cristo mediante artificios propios de las dos dimensiones del lienzo, la tabla o el papel. El verdadero mérito del paso fue el de dar el salto a las tres dimensiones de la realidad que representa la escultura. Sólo el gran Gregorio Fernández había abordado una solución similar -.el Descendimiento de Cristo – trasladando a la madera las ficciones de la pintura. En este caso Salzillo se adentró en una aventura similar, destacando planos compositivos, integrando diferentes atmósferas, buscando un pasillo visual que condujera a los protagonistas de la escena y, sobre todo, modulando el color desde diversas tonalidades que inevitablemente conducen a la etérea y rosada figura del ángel que conforta a Cristo. Incluso en la indagación de sentimientos se expresó con rotundidad. La policromía – y el visitante ha tenido la oportunidad de contemplar su soberbio manejo en el Belén – ayuda, así como el espléndido juego de intencionalidades fisiognómicas, a explicar el significado de este paso renovado. La abatida figura de Cristo, un héroe de tragedia que acepta su trágico destino, cae pesadamente en tierra.

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Santiago y Juan también dormidos en el huerto

Su rostro amoratado, de suaves entonaciones violáceas, impresiona tanto por su lacerada humanidad como por su sumisa aceptación del símbolo que el mensajero le señala. Y el Ángel, intermediario entre el héroe y su destino, es ligero e inmaterial como los sueños. Apenas posa sus pies sobre la tierra, sus alas, de un colorido fantástico e irreal, parecen humedecidas por la noche.

(Texto tomado de la página oficial del Museo Salcillo, Murcia)

La procesión del Encuentro

Encuentro

Los Arcos es una villa histórica caracterizada, entre otras cosas, por cuidar con mimo sus tradiciones. Entre éstas, ocupan lugar de honor sus procesiones de Semana Santa. En los últimos lustros se habían perdido algunas de las costumbres que acompañaban estos días, pero el interés y la perseverancia de un grupo de personas especialmente amantes de su pueblo han conseguido recuperarlas.

El Domingo de Pascua, festividad de la Resurrección de Jesús, asistí después de muchos años a una procesión especialmente simpática y simbólica a la vez, que me trajo indudables recuerdos de mi niñez. Es la conocida como procesión del Encuentro.

En la plaza de San Francisco, enclave que conserva el viejo convento de capuchinos, convertido posteriormente en convento de clausura de religiosas concepcionistas franciscanas, y hoy una lamentable ruina, tiene lugar la ceremonia. En la plaza esperan los componentes de la cofradía de la Vera Cruz, institución que ha recuperado el verdadero protagonismo durante la Semana Santa. Los cofrades, vestidos con túnicas negras y ampulosas capas verdes, esperan, presididos por el impresionante pendón negro de la cofradía, la llegada de la procesión que ha partido de la parroquia. Junto a los miembros de la cofradía, aguardan una imagen femenina pequeñita y adornada con tirabuzones y guirnaldas que representa a María Magdalena, portada por unas niñas con túnicas también verdes, y una figura de candelero de María, adormada con vestiduras blancas de fiesta, portada por los cofrades de la Vera Cruz. Pero María, aparece cubierta con un tela negra, porque todavía desconoce la Resurrección de su Hijo.

A la llegada de la comitiva que ha partido de la parroquia, se produce un protocolario encuentro lleno de simbolismo. La cruz procesional que inicia el cortejo llega a la plaza y realiza una venia al pendón de la Vera Cruz que le responde, a su vez, inclinándolo ante la Cruz. A continuación, uno tras otro, los grandes pendones con sus respectivos colores que representan a los cuatro elementos que componen la naturaleza, el primero de ellos verde y portado por un miembro de la cofradía de San Isidro, realizan un colorista y reverencial saludo ante el pendón de la Vera Cruz, respondido por éste. Las estandartes, más recientes, de la Adoración Nocturna masculina y femenina, realizan el mismo saludo.

Y llega el momento culminante. El sacerdote desciende de la carroza eucarística la custodia y la presenta a los fieles que presencian la escena. Entonces, el pendón de la Vera Cruz, hasta ese momento el auténtico protagonista, consciente de que su hora ha terminado, se inclina ante la custodia que contiene al mismo Cristo y realiza el similar y reverencial saludo que él había recibido. Tras él, las niñas que portan la imagen de María Magdalena, en un paso casi de danza, se acercan hasta la custodia y le hacen una profunda reverencia. Y tras la imagen diminuta, llega el momento del encuentro de la Madre con el Hijo. Los cofrades repiten la acción de las pequeñas y, tras acercarse, en el momento de ponerse de rodillas y realizar la reverencia, un persona situada detrás levanta el velo negro que cubría la imagen y la Virgen Madre aparece con las vestiduras blancas propias de la fiesta de la Resurrección. Aquella Virgen Dolorosa y de la Soledad, que cerrada el cortejo de la procesión del Viernes Santo con sus vestiduras negras de luto, viste hoy las ropas blancas de la fiesta y celebra con todos los fieles la Resurrección de su Hijo. En mis tiempos de niñez, en pleno nacionalcatolicismo, en ese momento la banda de música municipal entonaba el himno nacional. Hoy, a falta de banda y música más apropiada, los asistentes prorrumpen en un sonoro aplauso que es reconocimiento de fe, tradición y cariño.

Finalizado el Encuentro, se inicia la procesión propiamente dicha por las calles del pueblo, en este caso por la calle mayor, recién pavimentada y con recuperados aires jacobeos. La Eucaristía de la Misa Mayor tuvo la solemnidad acostumbrada, con los bancos repletos de fieles, solo visibles en los días de la novena de la Virgen de agosto y los funerales.

Lo quer comenzó el Domingo de Ramos con la procesión, continuó con las carranclas y el Monumento el Jueves Santo, siguió con las carranclas, la escenificación del Descendimiento y la gran procesión del Viernes Santo, y culminó con la procesión del Encuentro del Domingo de Resurrección, terminará definitivamente el lunes de Pascua con la quema del Judas. Pero la Semana Santa en Los Arcos no solo es tradición y folklore. Todos los actos están incardinados en la esplendorosa liturgia de estos días, celebrada con digna solemnidad.

Es de agradecer el esfuerzo de todos los que contribuyen a salvaguardar unas tradiciones que son una rica herencia de nuestros mayores. Constituye un hermoso ciclo que merece la pena ser preservado y divulgado.

Diario de Navarra 8/4/2015

Cultura, arte y devoción

Juan de Juni

Entierro de Cristo, Juan de Juni (1545)

Escribo estas notas en la tarde del Sábado Santo, justo antes de iniciar la preparación de la Vigilia Pascual que celebraré un año más, y van más de 30, en Alloz, junto con la comunidad de monjas cistercienses y algunos amigos del monasterio.

No resulta fácil conjugar en los tiempos que corren la inmensa riqueza de estos días. ¿Retirarse a orar? ¿Preparar más deternidamente las celebraciones? ¿Marcharse de vacaciones? Las tres formas las he ensayado a lo largo de los años, dependiendo de la programación familiar, según los casos.

En el presente año, he intentado aunar las dos caras de la Semana Santa, tan separadas a lo largo de la historia: la pìedad popular, centrada en las procesiones y los pasos de la Pasión, y las celebraciones litúrgicas, parcialmente recuperadas tras el Vaticano II.

Tengo por costumbre escuchar de forma tranquila y en actitud contemplativa el Officium Hebdomadae Sanctae de Tomás Luis de Victoria. En mi viejo tocadiscos, ya casi una reliquia inutilizada, escucho la versión que en el año 1974 gravaron para Hispavox el Coro de monjes del monasterio de Silos y el Coro de voces blancas de Burgos, bajo la dirección de Ismael Fernández de la Cuesta. Pese a lo deficiente de la audición, Tomás Luis de Victoria me parece que ha logrado una de las cumbres de la música religiosa de todos los tiempos. Y en sus melodías, el drama de la Pasión se vuelve arte, cultura y devoción de primer nivel.

El jueves, tras la celebración de la Cena del Señor, tuve ocasión de seguir algunos tramos de las procesiones de Ávila y Málaga. De la primera me interesó más el contexto histórico-artístico, con la muralla como fondo permanente, que la calidad de los pasos, portados sobre ruedas en casi todos los casos. De la segunda me impresionó justamente lo contrario. En medio de la Alameda principal de la ciudad, atiborrada de público que seguía expectante y aplaudía a legionarios e imágenes, el desfile del Cristo de la Buena Muerte a los sones del himno de la legión “Soy el novio de la muerte”, me causó un impacto estético indudable. Otra cosa es esas mezclas explosivas de la cruz y la espada, el Crucificado y la guerra.

El viernes, también tras la celebración litúrgica, tocó el turno de Oteiza. En los últimos años la modesta procesión no había salido, mitad por inclemencias meteorológicas, mitad por cierto desinterés general, concretado en ausencia de personas para portar los pasos. Pero todo es cuestión de proponérselo. Empujados por algunas personas de indudable gancho y perseverancia con las costumbres locales, un grupo de voluntarios nos presentamos a la puerta de la iglesia y pudo salir una procesión completa: cruces, pasos, coro y feligresía. Había emoción en algunos rostros, herencias recibidas, recuerdos de los ausentes. A Iñigo, mi hijo pequeño y a mí nos correspondió portar la Virgen de la Soledad. Vestidos de blanco y con el rostro cubierto, recorrimos las calles por las que tantas generaciones anteriores a las nuestras habían portado sus imágenes. ¿Será posible repetirlo en otras generaciones venideras? No parece fácil, pero el tiempo lo dirá. Por la noche contemplé durante un rato las procesiones de Granada: desfile en el mejor sentido de la palabra, con graderíos a lo largo de las calles para poder seguirlo y hermosas imágenes de la escuela barroca granadina portadas a hombros.

Hoy sábado, ha sido un día tranquilo. Por la mañana hemos entrado por primera vez, con mucho esfuerzo, la imagen de la Cruz a cuestas en la iglesia, tras descartar subirla de nuevo a la iglesia de San Salvador donde tradicionalmente ha estado, debido al penoso estado en la que se encuentra. Faltaban manos, sobre todo jóvenes, que ayudaran en el empeño, pero por esta vez ha sido posible.

Me dispongo ahora a preparar la celebración de la Vigilia Pascual, noche auténticamente memorable. Asistiremos gozosos a la liturgia de la Luz, recorreremos en las lecturas la historia de la salvación, asistiremos a la liturgía del Agua y finalmente celebraremos la Eucaristía y la Resurrección del Señor.

¡Feliz Pascua Florida!

Maestros que se nos van

CabodevillaElías Cabodevilla

En la educación católica que acompañó nuestra niñez y juventud, la figura del director espiritual ocupaba un lugar relevante. Ni que decir tiene que su importancia era todavía mayor en los seminarios o colegios apostólicos que preparaban a los jóvenes de ambos sexos para la vida religiosa. Su práctica constituye una línea de actuación que hunde sus raíces en la historia de la Iglesia y ha dado como fruto una escuela abundante, variada y fecunda de figuras señeras y de textos escritos para acompañar a este proceso siempre delicado.

Tras los cambios aportados por el Vaticano II, la estricta figura del director espiritual, onmipotente conductor de almas, ha perdido fuerza, pero la necesidad de acompañar un proceso de búsqueda personalizada de la fe se mantiene inalterable. Y esto, cualquiera que sea el modelo de vida del creyente, laico o consagrado, que no es, ni de lejos, lo más importante.

En este panorama ciertamente confuso, donde algunos pretenden seguir a Jesús de Nazaret en la vida ordinaria, aparecen personas especialmente dotadas par el discernimiento espiritual, que constituyen un verdadero don de Dios para quien lo necesita. Este fue mi caso. En un determinado momento de mi vida, especialmente crucial, por sugerencia de un amigo, recurrí a Elías Cabodevilla. Me recibió en un modesto despacho de la iglesia de San Antonio de Pamplona, me escuchó con atención, y en un rasgo que le honra, me sugirió plantear la cuestión a un franciscano, Javier Garrido, del que no había oido hablar. Me fié de ambos, y con Javier Garrido, además de encarrilar mi vida, puedo decir que comencé a intuir, entre tropiezos y dificultades, una nueva vida espiritual en la que Dios es Padre Bueno, más que Juez implacable. En los últimos treinta años, no son pocas las ocasiones en las que Elías Cabodevilla, en la capilla penitencial de San Antonio, bajo la atenta mirada del bellísimo Crucificado de Alonso Cano, me ha recordado esa misma realidad. Por eso, hace unas semanas, cuando me enteré de su muerte repentina, me uní a una iglesia abarrotada, y recé y di gracias a Dios por su vida y por su obra.Galarreta

José Enrique Ruiz de Galarreta

Esta misma búsqueda, siempre a través de amigos interpuestos, me ha llevado a recabar el apoyo de otra persona especialmente dotada para el discernimiento y el acompañamiento espiritual, Teresa Iribarnegaray. Sus retiros y ejercicios, nada fáciles por lo intenso de los mismos, constituyen momentos propicios para la reflexión y el encuentro con Dios y con uno mismo. Suelen terminar con una eucaristía compartida, donde la cercanía y el calor humano y espiritual se hacen presentes. En algunas ocasiones, el sacerdote que ha presidido la celebración ha sido José Enrique Ruiz de Galarreta, jesuita recientemente fallecido. He aquí otra referencia en materia de acompañamiento espiritual. Sus celebraciones, sus charlas y sus escritos han dejado profunda huella entre nosotros. No pude ir a su funeral, que seguro que fue emocionante, pero me acerqué el día anterior al colegio de San Ignacio y visité su capilla ardiente, escasa en flores, como seguramente él previó, pero llena de personas que testimoniaban su cariño para decirle simplemente gracias.

Se nos han ido dos maestros, a los que muchos creyentes, entre ellos yo, debemos mucho. Es el momento de recordarlos, dar gracias a Dios por su vida y por su obra, y tratar de poner en práctica su mensaje.

Un ejemplo de superación

Hoy he asistido a la entrega de la Medalla de Oro de Navarra a la ONCE. El acto ha sido entrañable y la ovación que han recibido los representantes de la institución, en el momento de recibir el galardón, es la más nutrida y sonora que recuerdo. Como reconocimiento a la ONCE, con un galardón tan trabajado como merecido, reproduzco el artículo que publiqué hace unos días.

Esta semana comienzan los actos conmemorativos del Día de Navarra. La ley foral que lo instituyó señala como objetivos esenciales de la celebración “el fortalecer la concordia, la solidaridad y la conciencia de hermandad en una serie de actos que simbolicen la unidad y la identidad en un proyecto histórico común y permitan exaltar de manera señalada la personalidad del territorio, de su cultura y de sus gentes”. En línea con lo enunciado, el acto central de la celebración institucional lo constituye la entrega de la medalla de oro de Navarra, el máximo galardón que otorga la Comunidad a personas, colectivos o instituciones. Este año 2013 la distinción, muy merecida, ha recaído en la Organización Nacional de Ciegos de España, la ONCE, en reconocimiento a su importantísima labor de integración de personas con discapacidad.

El colectivo está formado en Navarra por 805 afiliados. Todos son merecedores de la distinción y a todos pertenece, pero me van a permitir que la personalice en un joven, excepcional por muchas razones, que constituye un ejemplo de superación digno de ser  contado, elogiado e imitado. Para los aficionados a la música culta, la estampa de un joven ciego con sus gafas oscuras, impecablemente vestido, que camina del brazo de su madre, es una imagen habitual en las salas de conciertos. Se llama Xabier Armendáriz, tiene 25 años, es licenciado en LADE Grupo Internacional en la UPNA, con premio extraordinario fin de carrera. Es también titulado superior en Piano por el Conservatorio Superior de Música de Navarra y estudiante de musicología del mismo centro. Entre otros reconocimientos ha recibido el premio literario Prometeo, la beca para participar en el Aula Ortega y Gasset de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, y la beca de la fundación Universia del Banco de Santander por su trayectoria. Domina el inglés, el francés y el alemán, y ha realizado estancias en otros países como Canadá, Inglaterra y Alemania donde realizó el curso 2009-2010 como estudiante Erasmus. Ese mismo curso obtuvo el premio Erasmus, incluyéndose su experiencia en el libro conmemorativo de los 25 años de existencia del programa.

Su faceta como músico abarca la interpretación, la creación, la divulgación y la crítica musical. Y arrestos no le faltan, ya que desde febrero de 2012, es el crítico musical en el Diario de Navarra, sustituyendo en su función al exigente, temido, cultísimo y añorado Fernando Pérez Ollo.

¿Y cómo vive un joven como Xabier Armendáriz su peculiar situación vital? Él mismo nos lo cuenta en su blog “Música clásica en Pamplona”, en una entrada que es una verdadera declaración de principios, titulada “Ser ciego”. “Ser ciego es un reto continuo porque me obliga cada día de mi vida a adaptarme a un mundo que está preparado para los que ven (…) Pensando en positivo: no podemos dejar pasar la vida sin más, habrá que aprovecharla a tope para compensar. Los ciegos podemos hacer muchas más cosas que las que la gente generalmente imagina, si cuenta con un poco de apoyo. Tu apoyo (…) Piensa cómo serías tú si dejaras de ver. Para compensar tu torpeza te concentrarías más, pero tu coeficiente intelectual no cambiaría. Para obtener más información de todo lo que te rodea prestarías más atención a los demás sentidos, pero no adquirirías poderes sobrenaturales. Tendrías más miedo, pero lo superarías para poder vivir, porque si te quedas bloqueado y te encierras en casa tu vida se limitaría. ¿Te haces una idea, verdad? Vale, pues lo mismo me ha pasado a mí. Soy más vulnerable que los otros chicos de mi edad que ven, necesito ayuda porque hay muchas barreras arquitectónicas y también sociales que son más difíciles de superar. Tengo que adaptarme y lo hago porque me compensa vivir, aunque tenga que asumir más riesgos”.

Tras escuchar estas palabras, solo nos queda felicitar a la ONCE y a Xabier por la medalla, acompañarles y gritar todos juntos ¡Qué bello es vivir!