El Convenio Económico siempre de actualidad

Convenio

Ficha técnica:

Título: Jornada Convenio Económico Navarra-Estado. Origen, implicaciones y retos de futuro

Autores: Mikel Aranburu, Roldán Jimeno, Javier Zabaleta, Luis Esáin y Maite Domínguez

Editorial: Gobierno de Navarra- Cámara de Comptos

Páginas: 205

Precio: 10 euros

No es fácil explicar la complejidad que encierra el Convenio Económico, tanto en sus aspectos histórico-jurídicos como en los económico-fiscales. De ahí la oportunidad de este libro que recoge las ponencias de una jornada monográfica organizada por la Cámara de Comptos y el Gobierno de Navarra, celebrada en marzo de 2018, con el objetivo de “dar a conocer en qué consiste el Convenio Económico: sus orígenes, cómo se calcula la aportación, profundizar en los ajustes y la armonización tributaria, detallar las implicaciones sobre la economía navarra y también reflexionar sobre los retos futuros”.

Mikel Aranburu, Consejero de Hacienda y Política Financiera hasta hace unos días, abre el libro con una introducción dedicada a glosar el Convenio Económico como reto y oportunidad. Para él la principal característica del Convenio en sus 177 años de historia es su gran capacidad de adaptación, devenido hoy en un hecho diferencial clave que es preciso conocer y defender.

Roldán Jimeno analiza en la primera ponencia la evolución de este derecho histórico. Su apretada síntesis nos permite conocer los hitos básicos desde la Ley Paccionada de 1841 hasta el Convenio de 1990, el último negociado hasta la fecha.

Javier Zabaleta, veterano y competente técnico de la Hacienda foral, plantea su nada fácil ponencia en forma de cuatro preguntas a las que da adecuada y entendible respuesta: qué es el Convenio, qué competencias tributarias básicas o generales se derivan del Convenio, sobre qué impuestos tiene Navarra competencias, y qué competencias tiene Navarra sobre cada uno de esos impuestos.

Mas complicado resulta el tema de Luis Esain, director gerente de la Hacienda Tributaria hasta hace escasos días: los ajustes a la recaudación tributaria. En palabras textuales suyas “la Armonización tributaria fija las reglas básicas de tributación de cada administración, los ajustes regularizan la recaudación por los principales tributos convenidos en base a estas reglas y la Aportación tiene en cuenta unos últimos ajustes no contemplados antes”.

Finalmente, Maite Domínguez estudia la aportación económica, en concreto la metodología y fijación para el año base 2015.

No es por casualidad que el capítulo mayor, 56 páginas en forma de Anexo, esté dedicado a la Ley 28/1990, de 26 de diciembre por la que se aprueba el Convenio Económico entre el Estado y la Comunidad Foral de Navarra, aprobada a iniciativa de un ejecutivo socialista en minoría que consiguió involucrar a todo el arco parlamentario en el empeño. Una buena lección para los tiempos que corren.

Diario de Navarra, 27/8/2019

La historia de España en el aula

España

La creación del Estado de las Autonomías, derivado de la Constitución del 78, ha traído muchas consecuencias positivas para España, pero también ha conllevado otras negativas que sería conveniente atajar en una próxima reforma constitucional, de la que mucho se habla y poco se trabaja para lograrla. El último ejemplo lo acabamos de conocer. Los editores de texto denuncian presiones de todas las Comunidades Autónomas para incluir contenidos regionales en los manuales educativos. Si a este dato le ponemos cifras, el resultado es, no solo sorprendente, sino escandaloso: solo en papel, 33.222 libros de texto diferentes. Los ejemplos citados, en unos casos son chuscos, en otros paletos y, en no pocos, de profundo significado político.

Donde se pasa de la anécdota a la categoría es, obviamente, en los contenidos de Historia, sobre todo los referidos a la Historia de España. No es ningún secreto que los Estados nacionales en Europa se sirvieron de la historia para ayudar a conseguir estructuras políticas sólidas, sociedades más cohesionadas y un relato nacional que uniera a los ciudadanos en torno a símbolos comunes, entre otros un himno y una bandera. Las Españas medievales, por utilizar una terminología usada por algunos autores prestigiosos, dan paso a la progresiva creación de la nación española, a través de los estadios de los Austrias, los Borbones y la Constitución de Cádiz, que en su artículo primero y tercero proclama que “la Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios” y que “la soberanía reside esencialmente en la Nación”.

Al atormentado siglo XIX, que vio aparecer en su tramo final el regeneracionismo y los primeros atisbos del nacionalismo periférico, siguió una Segunda República, incapaz de hacer frente a tantos problemas acumulados, un golpe de estado cruento, una guerra civil y cuarenta años de gobierno autoritario, que ahondaron una brecha que venía de lejos. La Constitución de 1978, tan benemérita por muchos conceptos, no acertó enteramente en el diseño autonómico y, pese a que el artículo 2 proclama “la indisoluble unidad de la Nación española” y “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”, el sentimiento de unidad y de pertenencia a España como patria común hace aguas por todos los lados.

Y en estas aguas revueltas, pescan casi todos los gobiernos. Unos, los más, llevados por un espíritu pueblerino y alicorto, como si dar a conocer lo propio tuviera que ser a cuenta de desconocer la labor del conjunto. Lamentablemente esta actitud no distingue ideologías y afecta por igual a la derecha y a la izquierda. Pero hay otros, los menos, pero los más peligrosos, a los que guía un objetivo político claro y determinado: minar la historia común como forma de desacreditar al Estado del que forman parte y preparar el camino para una independencia hoy hipotética y mañana tal vez posible. Los nombres y apellidos los pueden poner ustedes, no hace falta que insista en ello.

¿Y quién puede atajar esto? El Estado tiene mecanismos para ello. Las Cortes legislan, y el Gobierno y las Comunidades Autónomas desarrollan las leyes y dictan los reglamentos. ¿Sería mucho pedir un currículo mínimo común y consensuado para cuantos conformamos un país que se llama España? Obviamente lo tienen Francia y Portugal, países centralizados, Italia, país regionalizado, y Alemania, país federal, por citar algunos. Nosotros caminamos en dirección contraria. Cada reforma, y no han sido pocas, sirve para reducir los contenidos comunes y dar más cancha a los gobiernos regionales. El fruto está a la vista.

¿ Y si las Comunidades y los centros no lo cumplen? También hay mecanismos, pero no se utilizan. Son la Alta Inspección, en el caso de las Comunidades Autónomas, y la inspección ordinaria en el caso de los centros.

Quisiera terminar con una nota positiva. En Navarra, creo poder decir que, con excepciones, la mayoría de los textos que conozco son razonables, pero hay docentes a los que esto les trae al pairo. A veces, unos materiales discutibles y mucha ideología constituyen el bagaje que reciben los alumnos en estos años cruciales.

Una vez más, la educación es la clave de nuestro futuro como sociedad. No está de más recordarlo en este comienzo del curso lectivo.

Diario de Navarra, 12/9/2019

La clausura nos muestra sus secretos

Celosías

Ficha técnica

Título: Tras las celosías. Patrimonio material e inmaterial en las clausuras de Navarra

Autor: Ricardo Fernández Gracia

Editorial: Universidad de Navarra/ Fundación Fuentes Dutor

Páginas: 477

Precio: Edición no venal

En la historia de la Iglesia en Navarra, los monasterios masculinos alcanzan un lugar preeminente, tanto por su valor artístico y cultural como por su importancia económica y social. No ocurre lo mismo con el monacato femenino, pese a que con el paso de los siglos el número de monasterios y conventos superó con creces a los masculinos. La situación en cifras en Navarra, a fecha de 2018, es la siguiente: 17 monasterios femeninos -agustinas, benedictinas, carmelitas descalzas, cistercienses, clarisas, comendadoras, concepcionistas, agustinas recoletas, Sagrada Familia- y solo 2 masculinos -benedictinos y cistercienses-.

La falta de vocaciones y el rigor de la vida conventual han convertido este capítulo de la historia de la Iglesia y de Navarra en un tema que tiene aparentemente mucho de crepuscular. De ahí la importancia de documentar adecuadamente una vida apartada y por naturaleza escondida como es la de las clausuras femeninas. Afortunadamente, en los últimos años dos libros muy distintos entre sí la han abordado desde perspectivas distintas: Silencio tengan en claustra: Monacato femenino en la Navarra medieval, obra de Julia Pavón, Anna Dulska y Ángeles García de la Borbolla, y Tras las celosías. Patrimonio material e inmaterial en las clausuras de Navarra, obra del profesor Ricardo Fernández Gracia.

El libro que les comento es excepcional por varios motivos: tema, contenido, fuentes utilizadas y resultado. A lo largo de los siglos, un número nada despreciable de mujeres de toda condición habitaron una serie de monasterios y conventos de los que apenas volvieron a salir, ni siquiera para ser enterradas. Estas comunidades articularon su vida en espacios dedicados a la oración y al trabajo. Este microcosmos, con un horario y una estructura adecuados al fin perseguido, es el que estudia con conocimiento y maestría Ricardo Fernández Gracia. Articulado en tres grandes capítulos, el libro engloba tres grandes ámbitos: comunidades, vida cotidiana y festiva intramuros; imágenes y propaganda, dotaciones y patrimonio desaparecido; y el trabajo manual y artístico, y la cocina.

Para poder abordar el estudio, el autor ha visitado todos y cada uno de los archivos de los conventos respectivos -algunos ya desaparecidos-, además de los diocesanos y catedralicios. Me atrevo a decir que es el seglar que mejor conoce los monasterios y que más los ha visitado, en muchos casos precedido de una campanilla cuando entraba en clausura. Eso y la confianza que las monjas tienen en su trabajo, ha permitido que este mundo interesante y arcano situado tras la celosías hoy sea posible conocerlo de forma comprensible y ordenada.

El resultado, en consecuencia, es un estudio que no dudo en calificar de excepcional por la abundancia de las fuentes primarias utilizadas, el dominio del tema en su contexto eclesial, cultural y artístico, y la minuciosidad y respeto del tratamiento dado a un sector, unas veces vilipendiado y otras minusvalorado. Estamos ante el libro definitivo que nos permite traspasar el torno y la celosía, y descubrir un mundo rico y peculiar que llamará poderosamente la atención a cualquier lector interesado.

El libro, editado por la Universidad de Navarra y la benemérita Fundación Fuentes Dutor, está primorosamente resuelto y contiene un abundante aparato gráfico, en buena parte ya histórico. Dada su condición de edición no venal, se agradece que el texto pueda ser consultado en la página web de dicha institución y en la biblioteca digital del centro académico.

Diario de Navarra, 27/8/2019

Elogio de septiembre

Septiembre

Chapu Apaolaza, además de corredor del encierro sanferminero, es un excelente periodista del que tenemos la oportunidad de disfrutar los lectores del DN con asiduidad. En su sección La ventana de antes de ayer, titulada “Septiembre”, hace esta hermosa y descarnada descripción del citado mes: “¿Ves a aquel tipo siniestro que entra por la puerta del bar? Es septiembre. Por mucho que uno de

los placeres de esta vida sea el que proporciona echarse la primera cazadora por los hombros, septiembre es un fantasma hecho de frío y de madrugones, rutina, desamor, vaho en los cristales de los coches cuando se detienen en los semáforos camino de la oficina. Septiembre es la irrelevancia”.

Pese a que he pasado uno de los agostos más felices de mi vida ejerciendo de abuelo, les confesaré que a mí septiembre es el mes que más me gusta del año. Pero como sé que a buena parte de ustedes, como a Chapu Apaolaza, septiembre no les despierta demasiadas simpatías, permítanme que les cuente las excelencias -al menos en Navarra- de este mes que despide al verano y nos acerca al otoño, tan colorista y cargado de buenos frutos.

No soy demasiado amigo de calendarios festivos, que en Navarra tienden a la exageración y, en consecuencia, aprecio más el llamado tiempo ordinario que el estival. Comprendo que eso solo puede suceder si el trabajo que uno realiza le gusta y le motiva. Ese ha sido mi caso. He disfrutado mucho en todas mis actividades profesionales, sea la docencia, sea la política. De ahí que septiembre supusiera, tanto en una como en otra, la vuelta a la actividad deseada, tras el parón veraniego.

Pero, al margen de la impresión personal que les he trasladado, el septiembre navarro presenta unos rasgos positivos indudables. Convendrán conmigo que el tiempo atmosférico nos depara unos días muy agradables. El frescor mañanero, la amable temperatura diurna, el ciercillo vespertino que te obliga a sacar la cazadora de la que hablaba Apaolaza, y la manta acogedora por la noche, constituyen un cóctel que lo hace irrepetible.

¿Y qué decir del campo y sus productos? Pasear por caminos y senderos es recuperar una Navarra de la que a veces nos olvidamos. Con los campos de cereal pasando del color pajizo al ocre, las viñas a punto de dar sus mejores frutos, la oliva ya granada, los árboles frutales en su mejor momento, y hasta las modestas moras esperándonos a la orilla del camino, septiembre espera e invita a que lo disfrutemos en contacto con una naturaleza que es madre pródiga en frutos. ¿Quién no recuerda el olor de un melocotón pequeño de tamaño y pleno de sabor, que nos retrotrae a los sabores de la infancia? Y esto, para los habitantes de la Navarra rural y la urbana, porque si algo sigue caracterizando a la sociedad navarra de ayer y de hoy es ese corazón rural que nos invita a volver el fin de semana a nuestro pueblo para reencontrarnos con unos orígenes de los que, afortunadamente, no nos queremos desprender.

No me olvido de los amantes de las fiestas, que son muchos. Tras la Virgen de Agosto, el otro gran empuje festivo lo constituye la Natividad de Nuestra Señora, las fiestas de la Virgen de septiembre, que nos llevarán hasta finales de mes, en los que San Miguel, desde las alturas, dirá adiós casi definitivo al calendario festivo.

Tras un agosto particularmente intenso en lo cultural, con un Flamenco on fire que sigue sorprendiendo a propios y extraños, además de otras manifestaciones de interés, septiembre, en material cultural, no tiene paragón: En música, el extraordinario programa de la Semana de Música Antigua en su cincuentenario, el comienzo de los grandes ciclos de la Sinfónica de Navarra, la Sínfónica de Euskadi, Baluarte, el Orféon y la Coral de Cámara de Pamplona, entre otros; en divulgación cultural, los cursos de las Universidades navarras y de la Cátedra de Patrimonio y Arte navarro; en cine, la programación de la Filmoteca; y en artes escénicas, los ciclos del Gayarre, Escuela Navarra de Teatro, Museo Universidad de Navarra y la Red de Teatros.

Por supuesto, comienza el curso lectivo, el político, el judicial y el deportivo. Pero de estas cosas menores no les hablaré, ya hay secciones que se ocupan de ello.

¿Cómo lo ven? ¿Verdad que es atractivo? Despidan agosto sin melancolía y abróchense los cinturones, porque llega septiembre. Espero que lo disfruten.

Diario de Navarra, 29/8/2019

 

No hay ciclo sin órgano

Organo

Ficha Técnica

Título: El órgano de la iglesia de San Miguel de Larraga (Navarra) Organeros, organistas y músicos

Autor: Jesús María Muneta Martínez de Morentin

Editorial: Fundación P. Muneta

Paginas: 108

Precio: 15 euros

En agosto de 2008 se inició en la villa de Larraga el I Ciclo de Órgano “Diego Gómez”, que en 2019 cumplirá su duodécima edición. A lo largo de estos años, la Asociación Cultural “Diego Gómez”, nacida poco después, el ayuntamiento y la parroquia de San Miguel de Larraga, y el impulso del padre Muneta, ragués de nacimiento e hijo predilecto de la villa, con escasos medios y y mucha ilusión y trabajo, han conseguido dar continuidad a un ciclo que acoge en la propia iglesia a un buen número de vecinos y forasteros, y que tiene personalidad propia: Sabia mezcla de intérpretes consagrados y noveles, música variada con el órgano histórico como elemento central, presencia de estrenos absolutos compuestos para el instrumento, introducciones didácticas a cargo de director del ciclo, padre Muneta, y carácter gratuito para los escuchantes. Como asiduo asistente a los conciertos, doy fe de lo acertado de los programas, la calidad de la música interpretada y la buena organización del evento. A lo largo de esta etapa, echo en falta, eso sí, un mayor apoyo de la administración foral a una iniciativa que bien se lo merece.

Por lo dicho hasta aquí, probablemente hay dos elementos que sobresalen en el ciclo: un órgano y un músico, en el pleno sentido de la palabra. Desde hace unos meses, el segundo, bien conocido, nos ha desvelado al primero. Y bien que se lo agradecemos. El libro de reciente aparición, titulado El órgano de la iglesia de San Miguel de Larraga (Navarra). Organeros, organistas y músicos, obra de Jesús María Muneta, nos permite conocer mejor un órgano que, en palabras del autor “no ha dejado de sonar desde 1565, tiene una gran riqueza sonora, dos teclados con contras en el pedalero, y se halla en muy buenas condiciones. Posee una magnífica trompetería de fachada y algunos registros procedentes del órgano anterior al actual, que Diego Gómez mantuvo. Se le puede catalogar como uno de los mejores órganos históricos que tenemos en Navarra”.

Gracias al libro, conocemos mejor el órgano y sus organistas, en especial el gran organero Diego Gómez (1752-1834), autor del instrumento, al que Miguel de Zufía dotó de una monumental caja a modo de fachada.

Al libro, benemérito, en todo caso, solo le falta una mejor impresión que realce su atinado contenido. No puede haber mejor introducción al ciclo que degustaremos el próximo mes de agosto.

Diario de Navarra, 20/7/2019

Navarra y Martín Duque: el nexo de la historia

Don Angel

Don Ángel Martín Duque, sabio y longevo, nos ha dejado. El pasado día siete de agosto, frente a su capilla ardiente sobriamente adornada por su familia con unos ramos de flores blancas, tuve la oportunidad de resarcirme en parte de esa visita pospuesta en demasía y repasar, me atrevo a decir que más que junto a él, con él, algunos momentos vividos juntos.

Tras mis estudios de Historia en Zaragoza, donde tuve como profesor a José María Lacarra, inicié mi vida profesional como profesor agregado en el instituto de Estella. Fue el propio Lacarra quien me recomendó visitar a don Ángel Martín Duque en la Universidad de Navarra, quien me sugirió el tema de mi tesina de licenciatura, época en la que pude apreciar y disfrutar de su valía académica y humana. Me dedicó tiempo, atención y cariño, y comenzó una relación afectuosa que ha continuado hasta el final de sus días. Mi trabajo como Consejero de Cultura entre 1984 y 1991, me permitió estrechar esos lazos y aprovechar el caudal de su experiencia en múltiples proyectos de interés para Navarra. Juntos nos felicitamos por la concesión de la Medalla de Oro de Navarra a don José María, como ambos le tratábamos, que el Gobierno tuvo a bien concederle en 1984. Juntos fuimos a dar el último adiós a nuestro maestro común a Zaragoza poco antes de su muerte. Y, tras su integración en el Consejo Navarro de Cultura, iniciamos una serie de proyectos, de los que su huella permanece hasta nuestros días: cambios significativos en la Revista Príncipe de Viana, remodelación a fondo de la Semana de Estudios Medievales de Estella, empuje a la publicación de trabajos históricos, y apoyo decidido a los Congresos de Historia de Navarra en forma de presencia, presupuesto y publicación de actas. En todos estos proyectos, a los que hay que sumar las grandes obras de divulgación histórica, promovidas por el Gobierno de Navarra y la Caja de Ahorros de Navarra, la labor de don Ángel fue fundamental. Por ello, fue para mí un honor tener la oportunidad de proponer al Gobierno de Navarra, y que éste aceptara, la concesión de la Medalla de Oro de Navarra a su persona en 1991.

¿Y qué ha aportado Martín Duque a Navarra para merecer tal distinción? Si lo dicho no fuera suficiente, permítanme que añada algunas reflexiones y valoraciones estrictamente personales, tal vez no compartidas por todos. Navarra tiene a gala conocer su historia razonablemente bien, con una especial atención y dedicación a la época medieval. Lacarra es el maestro indiscutible, y el nuevo modo de historiar del estellés, sobrio, científico y muy al día, fue la herencia acrisolada cultivada por Martín Duque. Si Lacarra formula las grandes líneas de la Navarra medieval y elabora su primera gran síntesis moderna, Martín Duque articula el discurso que permite explicar y entender la singularidad de un territorio, de reino de Pamplona a reino de Navarra, con la complejidad política, humana, social y cultural que dicho cambio supone. Pero si el impacto de un historiador se mide no solo por su producción científica, sino también por su capacidad para generar escuela y su implicación en divulgarla a toda la ciudadanía, aunque el propio Martín Duque se ruborizaría y tal vez no lo aceptara, me atrevería a decir que la huella del segundo supera en importancia a la del primero.

Crear escuela no es fácil, y menos en las circunstancias en las que trabajó don Ángel. Sorprende la nómina de sus discípulos, plurales ideológicamente, pero fieles a un magisterio solidario y respetuoso: Juan Carrasco, Javier Zabalo, Raquel García Arancón, Carmen Jusué, Juan José Martinena, Eloisa Ramirez, Fermín Miranda, Luis Javier Fortún, Julia Pavón, Susana Herreros y Roldán Jimeno, son algunos de ellos. Todos coincidirán en que sus tesinas de licenciatura y sus tesis doctorales son, en buena medida, coescritas con su maestro, que las repasaba de forma crítica y escrupulosa.

Y finalmente, la alta divulgación, tan poco valorada en los ámbitos académicos y tan necesaria en sociedades complejas como la nuestra. Las obras de más amplio aliento llevan su impulso, y algunas especialmente notables, su dirección. Es el caso del Gran Atlas de Navarra y Signos de identidad histórica para Navarra.

Esa atracción por la Navarra histórica, Martín Duque la completó como ciudadano de una tierra que amó apasionadamente e hizo suya. Un ciudadano comprometido que durante sesenta años vivió en ella, trabajó para ella, educó a su familia ya alargada hasta los bisnietos y siguió de cerca su actualidad.

Confío en que desde ese horizonte de eternidad que también compartíamos, vele por su familia y por la Navarra toda a la que dedicó sus mejores afanes.

Diario de Navarra, 15/8/2019