Un aniversario jacobeo

El 23 de octubre de 1987, el Consejo de Europa proclamaba de forma oficial el Camino de Santiago como Itinerario Cultural Europeo. Una placa de granito colocada en el centro de la Plaza del Obradoiro recuerda este histórico momento. Y hoy, 20 años después, en la misma plaza de Santiago de Compotela va a tener lugar un acto institucional conmemorativo de aquel evento con la lectura de la nueva Declaración Oficial de los Itinerarios Culturales Europeos.La relevancia de esta declaración no es una cuestión menor.  “La ruta jacobea, decía el Consejo de Europa, es uno de los grandes espacios de la memoria colectiva continental y su revitalización debe servir de base y ejemplo para acciones futuras, en atención a su carácter altamente simbólico en el proceso de construcción europea”. Un proceso de continuo crecimiento de todo lo vinculado a la peregrinación, y 24 nuevos itinerarios culturales europeos son un balance nada desdeñable vinculado a aquel evento.La recuperación y revitalización del Camino de Santiago en Navarra conoce dos etapas claramente diferenciadas. La primera abarca de 1940 a 1988. En ella, la restauración de monumentos del Camino no forma parte de ningún plan previamente establecido, sino que constituye un elemento más, aunque importante en lo cualitativo y lo cuantitativo, de las actuaciones anuales que se realizan. Intuiciones como la del “Camino de Santiago, Camino de Europa” que enarbolaron los Amigos del Camino de Santiago de Estella en la década de los sesenta, son hitos también relevantes de este periodo.La segunda etapa se extiende desde 1988 hasta la actualidad y se caracteriza por la existencia de un programa global de actuación para la protección, revitalización y fomento del Camino de Santiago en Navarra. Tres hitos básicos de su desarrollo lo constituyen el convenio suscrito por los distintos ministerios del Gobierno de España, la adhesión al mismo de las comunidades del Camino, y su declaración como Itinerario Cultural Europeo, actuaciones las tres del año 1987. Navarra concretó para su territorio un programa de actuación cuyas grandes líneas de actuación se concretaron en siete ámbitos: la protección legal del Camino, la recuperación física e histórica del mismo, la difusión del fenómeno jacobeo, el apoyo al peregrino, la protección del patrimonio histórico, y la creación de infraestructura.El balance de lo realizado en estos 20 años es razonablemente satisfactorio. La continuidad de los programas, no sometidos a los cambiantes vaivenes políticos, la importancia de las cuantías anuales previstas en los presupuestos, la más que correcta relación existente entre las instituciones civiles, eclesiásticas y sociales, y el aliento de las Asociaciones de Amigos, que tiene en la reciente inauguración del Albergue de la calle Compañía de Pamplona un ejemplo paradigmático de actuación, han hecho posible que Navarra ocupe un destacado lugar entre las regiones españolas por las que discurre la ruta de peregrinación.Pero no conviene dormirse en los laureles. El Camino necesita un señalización clara y eficiente, que permita al peregrino que mayoritariamente lo transita a pie o en bicicleta no perderse, y hay zonas en el tramo navarro en que esto no sucede. El Camino necesita proporcionar información suficiente mediante paneles y señalización vertical, y tampoco en esto Navarra es el mejor ejemplo. El Camino, en fin, necesita ser transitado con cierta comodidad, y las lluvias y torrenteras convierten a veces el camino en senda impracticable. Finalmente, aunque el camino francés sea el más importante, las últimas décadas han puesto en valor los otros Caminos navarros, especialmente los de Baztán y del Ebro. El Camino goza de buena salud. Es de desear que en los inciertos tiempos que corren continúe siendo, además de una ruta religiosa, artística, cultural y turística, un corredor para la amistad, la solidaridad y el cultivo del espíritu.                                

                               Román Felones Morrás, parlamentario Foral, portavoz de Cultura y Turismo

                                                                Diario de Navarra, 23/10/2007  

José María Lacarra, el maestro

José María Lacarra, el más grande de los historiadores navarros del siglo XX, nació en Estella en 1907 y falleció en Zaragoza en 1987. Se cumplen, por tanto, cien años de su nacimiento y 20 de su defunción. Motivos sobrados para que la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra le dedique como memoria y homenaje el curso “Historia de las Historias de Navarra” que hoy se inicia.

El profesor Lacarra logró edificar, en una época nada fácil, una obra ingente y una escuela prestigiosa. Todos los especialistas resaltan sus amplios conocimientos, su modernidad, su agudeza de juicio, su técnica historiográfica extraordinariamente depurada y su prosa limpia y precisa.

Estella y Navarra, su tierra de origen, cuya vecindad foral conservó de por vida, tuvieron un papel relevante en su investigación, hasta el punto de que a partir de él, el maestro por excelencia, podemos hablar de una escuela navarra de historiadores que ha rendido magníficos frutos en el siglo XX.

Medalla de Oro de Navarra e Hijo Predilecto de Estella, José María Lacarra descansa, por voluntad propia, en el panteón familiar de su ciudad natal.

  

                                                            Román Felones Morrás

                                                            Co-director del curso

                                                            Sociedad de Estudios Históricos de Navarra

                                                            Diario de Navarra, 10/9/2007

El pactismo es el camino

 Las últimas encuestas de opinión conocidas coinciden en señalar que los navarros se sienten mayoritaria y razonablemente satisfechos de su nivel de autogobierno y de su peculiar incardinación en el sistema constitucional español. Y preguntados estos mismos ciudadanos por los elementos que a su juicio nos hacen diferentes a otras Comunidades, citan el nombre peculiar y distinto de la Comunidad -Foral frente a Autónoma-  y de su ley fundamental -Amejoramiento frente a Estatuto-, una difusa idea de fuero, y el Convenio Económico.

La relación del reino de Navarra frente a la común monarquía de los Austrias en los siglos XVI, XVII y XVIII osciló entre el acuerdo y el enfrentamiento, del que los cuadernos de Cortes son un claro y permanente ejemplo. Esta situación continuó en la siguiente etapa en la que, como consecuencia de la Ley de Modificación de Fueros de 1841, Navarra perdió su condición de reino y buena parte de sus instituciones propias, además de homogeneizar su sistema político, judicial y militar al del conjunto de España. La ley garantizó, además, la vigencia del derecho civil navarro, el control de los ayuntamientos por la Diputación y la recaudación de los principales impuestos, previo pago de un cupo. El propio nombre de la ley, que una interpretación interesada y foralista de buena parte de la historiografía navarra convino en denominar “Ley Paccionada” nos indica la tendencia general dominante en los dos últimos siglos.Desde esa fecha, una línea básica de actuación ha guiado la política de Navarra respecto al Estado, al margen de ideologías, sistemas de gobierno o formas de Estado: la defensa inequívoca del régimen foral. Objetivo que ha ido acompañado, a su vez, de tres actitudes sabiamente administradas por las instituciones navarras: la lealtad institucional, la discreción en las relaciones externas, y la propensión al acuerdo frente al conflicto.Los últimos años nos han permitido apreciar con claridad los pros y contras de las dos últimas actitudes. La mayoría absoluta conseguida por los partidos UPN-CDN en las elecciones forales de 2003, unido a la victoria socialista en las elecciones generales de 2004, provocaron un choque frontal en el que los intereses partidistas primaron sobre los intereses generales. El presidente de UPN y del Gobierno de Navarra, partido coaligado con el PP, se convirtió en un ariete especialmente activo de este último frente al secretario general del PSOE y presidente del Gobierno de España. Las consecuencias no se hicieron esperar: distanciamiento institucional y ralentización de las grandes obras, vitales para la configuración de la Navarra del siglo XXI. La manifestación del 3 de marzo de este mismo año, de infausta memoria, señala el punto álgido del enfrentamiento.Los resultados electorales de las elecciones forales de 2007, tras el fracasado intento del gobierno de convivencia y de progreso, supusieron un cambio de tendencia. Haciendo de la necesidad virtud, Miguel Sanz moduló sus críticas, José Luis Rodríguez Zapatero recibió al presidente de Navarra y el PSN tendió puentes para el entendimiento. Los resultados está a la vista. El próximo lunes, 5 de noviembre, en el Salón del Trono del Palacio de Navarra, con la solemnidad de las grandes ocasiones, las comisiones de Navarra y el Estado firmarán la actualización del Convenio Económico para el quinquenio 2005-2009, uno de los pilares fundamentales de nuestro autogobierno. El trabajo de los técnicos ha sido encomiable. Pero sólo la voluntad política de las dos partes, apoyada de forma unánime por los partidos políticos presentes en el Parlamento de Navarra ha hecho posible el entendimiento. El día 5 de noviembre será una fecha para la reflexión y el recuerdo. Y en la historia de Navarra, un hito más en la larga serie de acuerdos con el Estado. De nuevo, afortunadamente, ha triunfado el pactismo.                                         Román Felones Morrás                                        Presidente del PSN-PSOE                                        Parlamentario foral                                         Diario de Navarra, noviembre de 2007        

     

Un nuevo tiempo político

Nos encontramos a finales de septiembre, comienzo de curso en las universidades navarras y en otras instituciones de la Comunidad. Y, tras el convulso verano, la vida política vuelve también paulatinamente a la normalidad. Pocos días han transcurrido, pero los suficientes como para detectar cambios en el Gobierno y en la oposición y poder hablar, sin temor a equivocarnos, de que estamos ante un nuevo tiempo político.

Tras varios meses con la respiración contenida, Miguel Sanz pudo formar gobierno a mediados de agosto. En su última etapa como presidente se ha rodeado de un equipo a su medida, en el que sobresalen varios elementos dignos de ser tenidos en cuenta: la presencia de dos vicepresidentes, lo que unido a las aspiraciones de la alcaldesa y el secretario general, deja el camino de la sucesión muy abierto y no exento de problemas;

una importante cuota femenina, que rompe con una clara tendencia en la vida del partido; un perfil político relativamente bajo, que contrasta con los deseos expresados de un mayor liderazgo y diálogo con la oposición; y un generoso cupo de consejerías concedido al CDN, ocupadas por políticos con ganas de pelea y de hacerse notar en el gobierno.

Este Ejecutivo en minoría configurado supone una diferencia cualitativa fundamental respecto a la anterior legislatura. Haciendo de la necesidad virtud,  los guiños a la oposición, en especial al PSN-PSOE, aunque trufados en ocasiones de expresiones innecesarias de dudoso gusto, han sido una constante en estas primeras semanas: aceptación inicial de sus propuestas en la sesión de investidura, un tono mucho más mesurado en las relaciones con el Gobierno de España, con potenciales enrtendimientos a la vista, y coincidencia, que no acuerdo, en las votaciones para determinados puestos, como el de senador autonómico. Una fase de tanteo que tendrá sus dos momentos estelares en la comparecencia de los consejeros ante la comisión parlamentaria correspondiente y los próximos presupuestos de Navarra para el 2008, que merecerán capítulo aparte.

¿Y cómo ha respondido la oposición ante el nuevo escenario? Da la impresión de que Nabai e IU siguen anclados en lo que pudo ser y no fue. Y alimentan la esperanza de conformar un bloque alternativo que gobierne desde el Legislativo, obligando al Ejecutivo a realizar políticas pactadas previamente entre los tres partidos de la oposición. Vano intento, porque el PSN, ayer y hoy fundamental para desarrollar una política alternativa, no participa de ese objetivo. En medio de la incomprensión de extraños, e incluso de propios, luchó contra el frentismo, basó su discurso en la necesidad de fomentar la convivencia y el progreso social, y va a seguir haciendo de esta idea el eje esencial de su discurso y de su acción política.

En consecuencia, el PSN-PSOE, que no tiene vocación de bisagra sino de alternativa, pretende liderar el centro-izquierda navarro y se apresta a hacer una oposición propia, autónoma y diferenciada, como la Comunidad a la que quiere servir, situándose en un espacio donde el centro sea el ciudadano y sus demandas y necesidades, sin obsesionarse por ideales identitarios que alimenten el nacionalismo vasco o el navarrismo conservador. Y en esta búsqueda de la persona, en especial de la menos favorecida, coincidiremos con unos y con otros o nos quedaremos solos, ya que los tres supuestos se darán a lo largo de la legislatura.

En consecuencia, nuestra declaración de intenciones a comienzo de curso debe quedar meridianamente clara, a fin de que los navarros puedan pedirnos cuenta de nuestras acciones: dedicación exclusiva a la actividad parlamentaria para trabajar más y mejor; defensa de Navarra como Comunidad propia y diferenciada; un compromiso de atender prioritariamente los ámbitos sociales, especialmente las necesidades de los más necesitados; y una oposición exigente y útil que, liderando el centro-izquierda, incentive o acuerde, en su caso, con la oposición o con el Gobierno en beneficio de todos los ciudadanos. Con el compromiso de que los contratos, también los políticos, están para ser cumplidos.

  

Román Felones Morrás es presidente del PSN y parlamentario foral

Diario de Navarra, 29/9/2007

El PSN-PSOE: balance y perspectivas

Son muchos los que, tras la toma de posesión del nuevo gobierno, se me han acercado estos días manifestando su disgusto y su decepción, y pidiéndome explicaciones de lo sucedido. Una explicación y unas excusas que juzgo especialmente obligadas a cuantos se sienten particularmente agraviados con la decisión final adoptada por la Comisión Ejecutiva Federal de nuestro partido de permitir, con nuestra abstención, un nuevo gobierno conservador en Navarra.

¿Qué ha sucedido para que no haya sido posible un gobierno alternativo que garantizara, además, el estatus de Navarra, la convivencia y la profundización en las políticas sociales, resumen esencial de todo lo contenido en nuestro programa?

 La larga precampaña electoral presentó tres elementos novedosos que conviene tener en cuenta. El primero, el objetivo estratégico de UPN de jugárselo todo a la carta de la mayoría absoluta, le obligó a tensar las relaciones con el Gobierno de España hasta límites no conocidos hasta ahora, como dejó en evidencia la manifestación del 17 de marzo, intentando dividir a los navarros en buenos y malos y acusando a los socialistas de vender Navarra y otras lindezas del peor estilo. El segundo elemento lo constituyó la presentación de todo el nacionalismo  democrático bajo una única sigla, Nabai, y con un programa electoral donde primaron los aspectos sociales sobre los identitarios, lo que se tradujo en un importante avance electoral en escaños. Y, finalmente, en el caso del PSN-PSOE, un complicado proceso de elección de candidato, y una difícil campaña donde la palabra “convivencia”, eje vertebrador de nuestro discurso, apenas se dejó oir, atrapada en medio de un frentismo identitario, personificado en el navarrismo conservador de UPN y el vasquismo semicamuflado de Nabai.

Conseguido el primer objetivo, romper la mayoría absoluta, faltaba materializar el segundo, articular un gobierno alternativo que hiciera visible el cambio, garantizara la identidad de Navarra y profundizara en las políticas sociales defendidas por la izquierda y el nacionalismo. Una fórmula inédita que entrañaba riesgos evidentes y que necesitaba legitimarse por su eficacia, su estabilidad y su adecuación a la realidad actual de la Comunidad.

Las dificultades fueron muchas. Unas, de orden interno: los procesos de constitución de los Ayuntamientos y del Parlamento; los debates internos de la coalición de partidos que conforman Nabai; el acuerdo, nada sencillo, en un programa de gobierno común impecablemente democrático y escrupulosamente respetuoso del estatus actual de Navarra;  el desacuerdo en la composición del gobierno; la bisoñez exhibida por unos y por otros en la administración de los tiempos; y la dificultad de transmisión de las propuestas a la opinión pública. Otras, de orden externo y, a la postre, las definitivas: la ruptura de la tregua por parte de ETA; las conversaciones mantenidas por José Blanco y Miguel Sanz, al margen de las anteriores; y el veto de la Comisión Ejecutiva Federal de nuestro partido, órgano competente según nuestros estatutos, a la decisión unánime adoptada por los órganos directivos en Navarra.

Tras barajar todas las opciones, se decidió mayoritariamente gestionar la decisión impuesta, que unos achacarán a cobardía, otros a exceso de responsabilidad y otros más a apego desmedido al poder. La dimisión de Fernando Puras, nuestro candidato, un hombre valioso, comprometido y consecuente, vino a añadir una cierta confusión y a aumentar la temperatura emocional del proceso. Finalmente, la abstención de nuestros 12 parlamentarios facilitó la investidura de un Miguel Sanz componedor y dialogante, muy distinto del aguerrido y montaraz que habíamos conocido en los meses anteriores.

Quedan, no obstante, cuestiones pendientes que, a fin de suscitar la reflexión y el debate, paso a enumerar:

La decisión final adoptada ha provocado una dura reacción en militantes y votantes, que resulta comprensible. Son muchos los que no se explican cómo se puede facilitar el gobierno al que es nuestro principal adversario político en casi todos nuestros pueblos, y no pocos los que se cuestionan la pertenencia a un partido que no ha permitido el cambio prometido y proclamado durante la campaña electoral. Por ello, es preciso apelar a los militantes de buena fe, indignados y ofendidos, para dar explicaciones, pedir sosiego, aunar esfuerzos e intentar salir robustecidos de cara a los próximos compromisos que se nos avecinan.

Este proceso ha puesto en evidencia una inadecuada relación entre la organización federal, el PSOE, y la federación navarra, el PSN, que también es PSOE. Es evidente que Navarra es cuantitativamente muy poca cosa, pero tiene un valor simbólico muy grande. Por lo tanto, su política de alianzas no puede ser tratada como la de una federación más. Dicho en pocas palabras, el PSN debe ser al PSOE lo que Navarra es a España. Esto debe traducirse en una cláusula  de nuestro próximo Congreso Federal o fórmula similar, que recoja la especificidad de la actual situación.

Un partido es, sobre todo, un proyecto ideológico coherente y sólido y unas personas que lo lleven a cabo. El proyecto de un navarrismo progresista, inclusivo y no excluyente, generador de convivencia, opuesto a los frentismos de uno y otro signo, respetuoso del actual estatus de la Comunidad, con una inequívoca vocación social, y anclado en la ciudadanía como sujeto y fuente de la acción política, debe ser ratificado, matizado o perfilado. Y junto al proyecto, las personas, con decisiones claves a tomar en el horizonte del próximo congreso: secretario general, portavoz y candidato, entre otras. Mientras tanto, el grupo parlamentario actual debe ser capaz de realizar una oposición tan dura y eficaz, como útil y constructiva.

 Finalmente, nuestro mejor activo, como ha quedado demostrado en el proceso, son los militantes, los hombres y mujeres que no están dispuestos a que esto sea el final, sino un punto y seguido. Sépanlo nuestros dirigentes nacionales, estamos dolidos y desilusionados, pero seguimos siendo miembros del PSOE y ayudaremos en la medida de lo posible a que nuestro partido siga rigiendo los destinos de España. Sépanlo también nuestros adversarios forales, en especial el gobierno UPN-CDN, el PSN y su grupo parlamentario van a ser fieles al compromiso adquirido con Navarra y van a luchar  por controlar a un gobierno conservador en minoría, y por hacer que la justicia social llegue a todos los ciudadanos, haciendo especial hincapié en aquellos que más lo necesitan. Ellos van a ser los destinatarios predilectos de nuestras acciones.

  

                                                            Román Felones Morrás

Presidente del PSN-PSOE

                                                           

                                                            Diario de Navarra, 28/8/2007

Carta abierta a don Fernando Sebastián

Como usted bien conoce, Cristianos Socialistas es un grupo institucional vinculado al PSOE, que tiene por objetivo principal tender puentes entre la Iglesia y el Partido, dos realidades muy queridas para nosotros.

Hemos leído con atención su conferencia de León y su carta “votar en conciencia” y la polémica posterior suscitada, y concernidos directamente por las mismas, expresamos:

1º.- No es cierto que usted haya propuesto que los católicos deban votar a los partidos de extrema derecha, pero sí es verdad que ha dicho que estos partidos “son dignos de consideración y apoyo” por los católicos. Esta afirmación parece otorgar carta de ciudadanía a una extrema derecha a la que debería de haber planteado con igual claridad una ineludible exigencia moral: la aceptación del orden democrático y constitucional.

2º.- Tampoco es verdad que haya dicho expresamente que los católicos pueden votar sólo o preferentemente a la derecha, de hecho apela a la necesidad de admitir las legítimas diferencias políticas entre católicos, pero sí afirma que el criterio básico de conciencia para otorgar el voto es “el aceptar y favorecer lo que esté conforme con la ley natural”, en sus implicaciones respecto al aborto, la eutanasia, el matrimonio y la familia, y la tranquilidad y estabilidad de la convivencia.

3º.- Un cristiano socialista, de izquierda o liberal, que defiende la familia, el derecho a la vida y la convivencia en paz, con implicaciones políticas diversas, no puede menos de observar en su posición, además de un pesimismo excesivo, una evidente toma de partido. ¿No hay otros criterios morales a la hora de fundamentar el voto?

4º.- Si su agenda discursiva quiere seguir inspirándose en el evangelio y ejercer un ministerio de comunión, debería, a nuestro juicio, incorporar al diagnóstico de las cuestiones morales que se deciden en unas elecciones forales y municipales, algunas como las siguientes:

a.- La suerte de las personas inmigrantes y el desafío de un modelo de integración laboral y social basado en la igualdad y la dignidad de las personas, de acuerdo con “el fui extranjero y me acogisteis”.

b.- La prioridad de la vivienda como derecho básico y no como factor de desigualdad y exclusión social, en conformidad con “la prioridad del bien común”.

c.- El desarrollo de políticas sociales que repartan los bienes de modo justo, especialmente para personas en situación de discapacidad, dependencia, precariedad y exclusión social, según el mandato de “la opción preferencial por los pobres”.

d.- El reto de un buen gobierno regional y local, guiado por el servicio a los ciudadanos y al bien común, la gestión honesta y austera de los bienes públicos, y la promoción de la participación solidaria de la ciudadanía.

En la confianza de que el voto católico actuará guiado por una conciencia moral y política inspirada en los criterios anteriormente expuestos, le saludan:

Carlos García de Andoin, coordinador federal de Cristianos Socialistas-PSOE

Eduardo Ortiz, coordinador regional de Cristianos Socialistas-PSN-PSOE

Román Felones, miembro del grupo Cristianos Socialistas-PSN-PSOE

                                                                                    Diario de Navarra, 12/5/2007

  

El PSN-PSOE y Navarra

Comencé mi andadura política en la primavera de 1979. Faltaban apenas unas semanas para las primeras elecciones al Parlamento Foral. El socialismo navarro era una endeble organización de apenas unos centenares de militantes que a duras penas podía cubrir sus listas electorales. Sólo puse una condición para participar en la lista por la merindad de Estella: si una vez constituido el Parlamento Foral, llegara a votarse la posible integración de Navarra en Euskadi, yo votaría en contra. La condición se me aceptó y aquella eventualidad nunca llegó a materializarse. Como puede apreciarse, mi compromiso y el de mi partido con el proyecto de una Navarra propia y diferenciada no es de antesdeayer, sino que viene de lejos.Tres años después, en 1982, al igual que la LORAFNA, nació el Partido Socialista de Navarra-PSOE, comprometido  con una Navarra democrática, cuyas dos supremas leyes, la Constitución y el Amejoramiento, han garantizado y hecho posible una etapa de progreso, paz y libertad.Los logros de esta etapa son responsabilidad y mérito de todos. Pero creo no pecar de inmodestia, sino ajustarme a la verdad,  si proclamo que el PSN-PSOE ha contribuido como el que más al desarrollo de la Navarra que hoy disfrutamos. Fuimos parte activa en el proceso de recuperación de nuestras instituciones, y el Amejoramiento no hubiera llegado a buen puerto sin nosotros. Durante años gozamos de la confianza mayoritaria de los navarros y el balance, con luces y sombras, bien lo conoce la ciudadanía. Defendimos con ardor nuestra singularidad y ahí están los Convenios Económicos para corroborarlo. En estos 25 años, no ha habido momento especialmente relevante de la historia de Navarra en el que el PSN-PSOE no haya participado activamente, en el gobierno o en la oposición, en la gestión interna o en las relaciones con el Estado.Y así hemos llegado a 2007. Y en los días en que la mayor parte de los navarros deberíamos celebrar gozosamente el éxito de los logros alcanzados y animarnos mutuamente para continuar la tarea emprendida, una decisión poco meditada, electoral y alicorta de quien aún es presidente de Navarra ha encendido una mecha de imprevisibles consecuencias. Si el lema de la marcha del próximo sábado todavía permitía mantener alguna esperanza de unidad, las actuaciones y declaraciones de don Miguel Sanz en los días posteriores no dejan lugar a dudas: insinuaciones, medias verdades, acusaciones directas al presidente del gobierno de la Nación, José Luis Rodríguez Zapatero, y calificativos de buen o mal navarro en función de la asistencia o no a una marcha a la que se llama a rebato a toda la cúpula del PP. ¡Si los fueristas levantaran la cabeza!.Y si el PSN-PSOE, partido clave en el autogobierno queda además arrinconado, miel sobre hojuelas. Precisamente nosotros, que somos la garantía del actual status institucional, somos ahora las víctimas directas de esta maniobra.Sabe bien el señor presidente que Navarra será lo que los navarros quieran que sea. Conoce bien la posición del PSN-PSOE, nítidamente expuesta por su secretario general, Carlos Chivite, y su candidato, Fernando Puras. Hemos oído la respuesta del gobierno de la Nación, aunque les merezca poca garantía la palabra de la vicepresidenta. Nada es suficiente, porque el objetivo es otro: sacar tajada y rédito electoral, aunque para ello se juegue con símbolos que nos pertenecen a todos.Como presidente del PSN-PSOE, y desde una indignación serena que recorre el corazón y la mente de las mujeres y hombres socialistas navarros, me veo en la obligación de denunciar la manipulación que envuelve a la convocatoria del próximo sábado. Nadie nos va a dar lecciones de patriotismo constitucional y foral, nadie puede exhibir mayor compromiso que el nuestro en la defensa de esta tierra que también es la nuestra.En los próximos meses los ciudadanos de Navarra hablarán y nos pondrán a cada uno en nuestro sitio. Y después, llegará el turno de los partidos. Entonces, como ahora, el PSN-PSOE seguirá garantizando el proyecto de Navarra como Comunidad Foral propia y diferenciada, y la convivencia entre los navarros. Una convivencia que la actual convocatoria no ayuda precisamente a fortalecer.Con el máximo respeto a los asistentes al acto del sábado, esta es nuestra posición: esta manifestación, no, “Navarra, siempre”, si. Es, sépanlo los ciudadanos, un eje fundamental de nuestro partido y el lema de nuestra campaña electoral.   

                                                       Román Felones Morrás                                                                                                       Presidente del PSN-PSOE      

                                                       Diario de Navarra, 16/3/2007