Examen de ingenios

Caballero

El bajonavarro Juan Huarte de San Juan editó en 1575 en Baeza, de donde era médico titular, una obra de gran éxito en su tiempo: Examen de ingenios para las ciencias. Precursora de ciencias varias, entre otras la psicología diferencial, se propuso con ella mejorar la sociedad, seleccionando la instrucción más adecuada a cada persona según sus aptitudes físicas e intelectuales derivadas de la constitución física y neurológica específicas de cada una. Así lo explica él mismo: “Considerando cuán corto y limitado es el ingenio del hombre para una cosa y no más, tuve siempre entendido que ninguno podía saber dos artes con perfección sin que en la una faltase y, porque no errase en elegir la que es natural estaba mejor, había de haber diputados en la República, hombres de gran prudencia y saber, que en la tierna edad descubriesen a cada uno su ingenio, haciéndole estudiar por fuerza la ciencia que le convenía y no dejarlo a su elección, de lo cual resultaría en vuestros estados y señoríos haber los mayores artífices del mundo, no más de por juntar el arte con la naturaleza”. Dado lo avanzado de algunas teorías, la obra tuvo problemas con la Inquisición que obligó a expurgarla para poder seguir editándose en España y Portugal.

Casi cuatrocientos cincuenta años después, José Manuel Caballero Bonald acaba de reunir “un centón de retratos de escritores y artistas hispánicos que me han atraído por alguna razón y a los que he tratado de manera asidua o eventual”. El hecho de que el título de este libro copie el del muy divulgado tratado de Huarte de San Juan no tiene otro sentido que el de una oportuna coincidencia onomástica, señala el autor, que deja claro desde el principio que “la perspectiva de las semblanzas no pretende ser lisonjera, tampoco desapacible, o sólo a cuenta de alguna sobrevenida mordacidad. Siguiendo un poco la tónica de otros ejemplos afines, me ha tentado la idea de retratar a los escritores y artistas elegidos valiéndome de unas pinceladas de índole retórica, pensando sobre todo en que se trataba de unos textos de muy preciso acomodo en los márgenes de la literatura. O sea, que aparte de soslayar la definición de semblanza en sentido estricto, mi propósito nunca dejó de estar regulado por mis particulares nociones sobre el arte de escribir. Lo cual tampoco ha desplazado del texto propiamente dicho alguna que otra disquisición relativa al carácter de la obra del autor correspondiente”.

El resultado es un libro brillante, chispeante e instructivo del que me gustaría subrayar algunas características.

La primera, y tal vez más importante, es la propia calidad de la escritura. Las semblanzas son una excusa perfecta para componer verdaderos retratos con la técnica de la pincelada suelta que, en unas pocas páginas, utilizando la anécdota, el ingenio y la buen pluma permitan al lector acercarse al personaje en cuestión.

Pese a la larga vida del autor, ya superados los 90 años, sorprende la nómina de los retratados, ya que aquí están buena parte de los literatos más representativos del siglo XX, vinculados a los grupos generacionales de 1898, 1914, 1927, 1936 y 1950, además de pintores, músicos y cantantes.

Tal como nos anunciaba en su prólogo, las pinceladas no son lisonjeras, tampoco desapacibles, aunque abunden las mordacidades revestidas de buen decir. Es obvio que al nonagenario Caballero Bonald no le preocupa gran cosa la respuesta de los autores, casi todos ellos ya fallecidos, pero sin duda que el libro no pasa por alto rasgos, hechos y dichos que subrayan el carácter de muchos de los artistas, propensos a excesos y ruindades como el común de los mortales.

El autor, hombre desprejuiciado, cae sin embargo en algunos de los tópicos que pretende combatir. ¿Por qué tanto interés en subrayar la homosexualidad de no pocos de los autores, como si esto fuera necesariamente un rasgo esencial para su producción literaria?

El libro supone también un particular selección de obras de la literatura del siglo XX. Él, que conoce muy bien la obra de casi todos ellos, no duda es subrayar los libros que le parecen esenciales de cada uno y aquellos que han resistido especialmente bien o mal al paso del tiempo, lo cual tiene su interés.

No son pocas las ideas y frases ingeniosas que aparecen diseminadas por el texto. Subrayo algunas.

Finaliza así su semblanza de Bergamín: “Acaso le correspondía esa muerte, si es que la muerte puede corresponderse con alguien, incluso con alguien que consideraba que morir no es perder la vida, sino perder el tiempo”.

De José Antonio Muñoz Rojas señala: “Daba la impresión de que se parapetaba detrás de quien era realmente para sustituir al que no era. Nadie sabe las palabras que caben en un silencio, pronosticó en algún poema”.

A mi juicio, se trata de un texto de gran interés, oportuno para disfrutar a pequeños sorbos, con la ventaja de no tener que seguir ningún itinerario cronológico.

Ficha bibliográfica: CABALLERO BONALD, J.M., Examen de ingenios, Seix Barral, Barcelona, 2017.

 

 

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Historia mínima de la Guerra Civil española

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No es la primera vez que tengo la oportunidad de comentar un libro de esta colección singular por varios conceptos: Se trata de obras de síntesis, elaboradas por autores prestigiosos y con claro afán divulgativo no exento de rigor científico. Así han surgido la Historia mínima de España, de Juan Pablo Fusi, la Historia mínima del País Vasco, de Jon Juaristi, y la Historia mínima de Cataluña, de Jordi Canal, previamente comentadas.

En esta ocasión el libro trata de resumir un acontecimiento excepcional, que ha marcado como ningún otro la vida española del siglo XX: Historia mínima de la guerra civil española. La obra le ha reportado a su autor, Enrique Moradiellos, catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Extremadura, muy justamente por cierto, el Premio Nacional de Historia 2017, el más importante galardón de su especialidad en nuestro país.

El texto intenta responder a las preguntas básicas que todavía nos formulamos hoy respecto a la guerra civil. Sin demasiado aparato crítico, pero con un conocimiento profundo de la bibliografía, Moradiellos divide el libro en ocho capítulos. El propio autor en el prefacio nos enmarca el objetivo: “este libro quiere ser una introducción panorámica sobre los antecedentes, curso, desenlace y significado histórico de la Guerra Civil librada en España durante casi tres años, entre julio de 1936 y abril de 1939. Fue una cruel contienda fratricida que constituye el hito trascendental de la hisotria contemporánea española, y está en el origen de nuestro tiempo presente, transcurridos justo ahora ocehnta años desde su comienzo. Y la obfra aspira a cumplir esa tarea informativa e interpretativa con elmayor grado posible de rigor historiográfico, dentro de las coordenadas propuestas por el historiador italiano Enzo Traverso que figuran al comienzo. Esto es: presentando en toda su complejidad los perfiles básicos del conflicto español que puso fin a la Segunda República y dio origen a la dictadura del general Franco, con sus pertinentes matices de luces y sombras, sin ánimo beligerante sectario, ni propósito maniqueo intencionado”.

Creo que el autor alcanza con creces los objetivos perseguidos y convierte el libro en una aportación singular que hace honor al título de la serie: una historia mínima -que no sencilla ni simple- que proporciona luz sobre lo sucedido y permite explicar razonablemente lo sucedido.

El capítulo II está dedicado a la Segunda República, titulada como “política de masas en democracia”. El capítulo III, el estallido de la guerra, recibe el titular de “un golpe militar parcialmente fallido”. El capítulo IV, dedicado a la reacción y militarización de la España insurgente, se subraya con la idea “la construcción de una dictadura caudillista”. El capítulo V, guerra y revolución en la España republicana se desarrolla bajo el epígrafe “del colapso del estado a la precaria restauración democrática”. El capítulo VII desarrolla la dimensión internacional, con una frase lapidaria ”el reñidero de toda Europa”. El capítulo VII dedicado al curso militar de la contienda se desarrolla bajo la idea de “de una guerra breve de movimientos a una guerra larga de desgaste”. Y finalmente, el VIII, dedicado a los vencedores y vencidos subraya “el coste humano de la Guerra Civil”. Todos los capítulos van precedidos de un párrafo introductorio que constituye un brevísimoy lúcido microrrelao de lo acontecido.

Una bibliografía básica, seleccionada de entre el inmenso caudal que la Guerra Civil ha generado, cierra el contenido del libro.

Aunque son muchos los libros recomendables, a partir de ahora habrá uno que recomendaré para todo aquel que quiera acercarse, con la perspectiva que dan los ochenta años transcurridos, a lo acontecido en la Guerra Civil. Es la mejor prueba del interés que a mi juicio tiene el libro de Enrique Moradiellos.

Ficha bibliográfica: MORADIELLOS, E., Historia mínima de la Guerra Civil española, Turner, el Colegio de México, Madrid, 2016.

 

Dos títulos pendientes en materia artística

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En estos días de comienzo de año, los medios de comunicación están llenos de peticiones y buenos deseos. Como estamos en la sección cultural del periódico, formulo también el mío, que a muchos parecerá una nimiedad sin importancia.

Es casi un lugar común -y no está exento de razón- señalar que Navarra es una tierra bien estudiada y conocida. La larga línea de publicaciones iniciada por la Institución Príncipe de Viana en los años cuarenta del pasado siglo, ha tenido una continuidad apenas modificada por regímenes políticos distintos y sucesivos gobiernos de variado signo. No obstante, la llegada de la democracia y la plasmación de Navarra en una Comunidad Foral propia y diferenciada, unido a la presencia de las universidades, incrementaron el interés por el pasado del territorio en sus múltiples facetas. En consecuencia, el estudio y la investigación fueron concretándose en sucesivas tesis doctorales que abordaron aspectos o etapas específicas, convertidos en no pocos casos en libros de referencia.

Pero estos textos beneméritos no estaban pensados para el lector no especializado en la mayor parte de los casos. De ahí la necesidad de abordar la elaboración de síntesis que, en lenguaje más asequible y sin perder su carácter científico, pusieran a disposición de la ciudadanía interesada, pero no especialista, compendios dignos de tal nombre. Esta labor, para el estricto ámbito de la historia, la abordó el Gobierno de Navarra en los años 1993-1995, con la publicación de la Historia de Navarra en cinco volúmenes, a cargo de destacados especialistas en cada una de las épocas citadas: Antigüedad y Alta Edad Media, La Baja Edad Media, Pervivencia y Renacimiento (1521-1808), El Siglo XIX y El Siglo XX. Lo escueto de sus páginas, el acertado diseño y el planteamiento global supusieron un esfuerzo meritorio que veinticinco años después resulta oportuno subrayar.

Un esfuerzo similar se ha llevado a cabo en el ámbito de la historia del arte. Tras el enorme esfuerzo que supuso la elaboración del Catálogo Monumental de Navarra, dirigido por la profesora García Gaínza, sucesivas tesis doctorales fueron estudiando etapas y movimientos artísticos con rigor y profundidad académica. Había llegado, por tanto, el momento de abordar las síntesis correspondientes que, como fruta madura, han ido apareciendo en los últimos lustros: El arte románico en Navarra (2003), El arte del renacimiento en Navarra (2005), El arte barroco en Navarra (2014) y El arte gótico en Navarra (2015). Los que nos dedicamos básicamente al ámbito de la divulgación en sus más variados frentes, agradecemos y de qué manera la existencia de estas síntesis elaboradas por consumados especialistas, presentadas además con mimo, buen diseño y gusto estético dignos de resaltar. Pero falta el último eslabón de esta cadena, probablemente el más difícil y necesario. Es verdad que el arte navarro en los siglos XIX y XX no tiene el empuje ni la importancia cualitativa alcanzada en las épocas precedentes. Tampoco abundan los estudios parciales, aunque en los últimos años han aparecido algunas obras de interés. Pero creo que, pese a todo, debería hacerse un esfuerzo por alumbrar el último tomo que queda por cubrir, el arte de los siglos XIX y XX en Navarra, Somos muchos los navarros que lo estamos esperando.

Finalmente, la propia administración se decidió a publicar una serie que aportara una visión global de Navarra en algunos ámbitos especialmente importantes. Prima también en estos textos el carácter básicamente divulgativo, con un aparato gráfico y una presentación casi de lujo. La serie está compuesta, hasta el día de hoy por seis volúmenes: Navarra-Historia (2002), síntesis lúcida y abierta de Fermín Miranda; Navarra-Geografía (2002), obra de Javier Pegenaute; Navarra-Literatura (2003), redactada por Carlos Mata; Navarra-Etnografía, desarrollado por Gabriel Imbuluzqueta; Navarra-Fotografía (2012), un verdadero compendio con un aparato gráfico espectacular de Carlos Cánovas; y Navarra-Música (2016), una síntesis especialmente meritoria por la falta de estudios previos , debida a María Gembero-Ustárroz. Como en el bloque anterior, se echa en falta un texto: Navarra-Arte, una síntesis de la historia del arte en Navarra para el que sobran estudios y autores competentes que puedan llevarlo a cabo.

Hay además una razón adicional en este comienzo de 2018 para ser optimistas: el responsable del Patrimonio en el departamento de Cultura es Carlos Martínez Álava, un reputado especialista en arte románico y gótico y autor de buenos textos de divulgación artística. Confiemos en que el nuevo Plan Estratégico de Cultura, el presupuesto de 2018 y el impulso del profesor Martínez Álava hagan factible esta doble petición que formulo en nombre de los que amamos la historia y el arte de Navarra.

Diario de Navarra, 18/1/2018

 

Los secretos de la defensa de Madrid

Chaves

Portada del libro

El 17 de octubre de 2016 les daba cuenta en el blog de un libro que me impactó especialmente entre mis lecturas veraniegas: A sangre y fuego, una serie de relatos sobre la guerra civil de Manuel Chaves Nogales. .

En la primavera del año 2017 ha sido reeditado, en una edición aumentada y corregida, el libro que Chaves Nogales dedicó en 1938 a la epopeya de la defensa de Madrid. Los hechos son bien conocidos. Franco quiso tomar la capital de la república en los primeros días de noviembre de 1936. El día 6, ante la que parecía inminente caída de la ciudad en manos de los rebeldes, Largo Caballero encarga al general Miaja la defensa de la ciudad. Éste toma el mando y procede con carácter de urgencia a preparar la defensa de una población que carece de lo necesario para ser defendida: plan de actuación, medios humanos y materiales, líneas de defensa y la mínima disciplina necesaria en tiempos de guerra. Pero un militar profesional y leal, firmemente comprometido con la defensa de la república, consigue de forma sorprendente hacer frente con éxito a la situación. Es el general Miaja. El autor, periodista autocalificado como “liberal y pequeñoburgués”, simpatizante del partido de Azaña, nos presenta así al defensor de Madrid: “Ser general de la República en los primeros meses de la guerra civil no es, ni mucho menos, una situación envidiable. Los generales más prestigiosos de España se han sublevado contra esta República antimilitarista que ha respondido a la rebelión lanzando las masas proletarias al asalto de los cuarteles. El pueblo en armas ha fusilado a los que han caído en sus manos y luego se ha puesto a hacer la guerra improvisando el más incongruente ejército del mundo; un ejército en el que las virtudes militares son consideradas como delitos (…) Un general del ejército regular en este trance es un triste personaje, un superviviente, un ser anacrónico que no se sabe aún por qué está allí y por qué está aún vivo si está allí (…) Olvidado en uno de los lóbregos y desiertos salones del caserón que fue la Capitanía General de Madrid se ha quedado un viejo general que se obstina en seguir siendo leal a la República. Pocos le conocen y nadie se acuerda de él. No es hombre brillante ni tiene historia política, cosa extraordinaria en un general español. Es, sencillamente, un hombre que ha cumplido siempre con su deber y que por seguir cumplíéndolo se ha quedado en su sitio. Este general olvidado es nada menos que el comandante general de Madrid y general en jefe de la división del ejército que tiene encomendada la defensa del casco de la ciudad”.

Chaves Nogales, al igual que sucedía en su libro A sangre y fuego, no se casa con nadie. Rechaza por igual a los marrulleros políticos, encabezados por Largo Caballero, jefe del gobierno y ministro de la Guerra, y a los dirigentes sindicales para los que la guerra no era sino un pretexto favorable para hacer la revolución. En medio de ambos, y como representante de un pueblo honesto y sufridor emerge la figura de José Miaja, valiente en lo personal, brillante en lo profesional, comprensivo con los débiles, y duro e inflexible en lo militar. Solo así consiguió revertir momentáneamente una situación, que tres años después acabaría con la victoria inapelable de los rebeldes.

El libro, escrito con prosa limpia y acción casi cinematográfica, es una retrato fiel del Madrid de la época. Por él desfilan, entre otros, militares, partidos políticos, sindicatos, voluntarios convertidos en soldados llenos de arrojo y fe, todos descritos con la lucidez y eficacia de la que hace gala nuestro autor. ¿Quién provocó la guerra? Fue él quien explicó antes que nadie que la guerra civil no fue fruto de la confrontación entre la libertad y la tiranía, la justicia y la opresión, sino por el choque irremediable entre dos totalitarismos igualmente criminales: “las potencias destructoras de Europa, la fuerzas del mal, las monstruosas concepciones de odio que ha ido formando esa nueva barbarie del Estado Totalitario, rojo o blanco, comunista o fascista”.

El libro es una amarga y lúcida reflexión sobre los efectos de la guerra, de toda guerra, en la sociedad. Y su lectura resulta por igual impactante y fascinante. Tiene todo el sabor de una crónica histórica, escrita por un periodista que traducía como nadie todos los ingredientes que una guerra lleva consigo.

Ficha bibliográfica: CHAVES NOGALES, M., Los secretos de la defensa de Madrid, Espuela de plata, Sevilla, 2017.

El Plan Estratégico de la Cultura de Navarra

Como responsable que fui durante siete años de la educación, la cultura y el deporte de Navarra -aunque de eso ya ha pasado más de un cuarto de siglo-, les confieso que sigo con atención las novedades que se producen sobre todo en los dos primeros ámbitos. Dejo aparte para una próxima ocasión el mundo de la educación, que bien merece un balance detenido tras más de dos años de gobierno del cuatripartito.

Centrándonos en el mundo de la cultura, ésta ha conocido en Navarra desde la restauración democrática varias etapas. La primera, entre 1976 y 1983, se caracterizó por la inexistencia de una política global de carácter cultural, aunque el periodo conoció actuaciones notables en varios frentes, sobre todo patrimonio, bibliotecas y acción cultural con el comienzo de los Festivales de Olite. La segunda, entre 1984 y 1991, coincidente con el gobierno socialista, se caracterizó por la creación del departamento de Cultura, del que la Institución Príncipe de Viana pasó a ser una dirección general, y la puesta en marcha de un programa global de actuación en el que a los ámbitos clásicos del patrimonio, museos, bibliotecas y archivos, se añadió el amplio campo de la acción y difusión cultural, hasta entonces casi inexistente. El programa fue acompañado además de un importante incremento del presupuesto, hasta alcanzar niveles próximos al 1%, cifra de referencia en los países europeos desarrollados. La tercera etapa, la más larga en el tiempo, entre 1992 y 2015, básicamente coincidente con los gobiernos de UPN, se caracterizó por una política continuista respecto de los programas y dos etapas bien diferenciadas: una primera, de expansión presupuestaria, en la que florecieron las infraestructuras culturales, sobre todo Baluarte y la red de casas de cultura; y una segunda, coincidente con la crisis económica, en la que el departamento de Cultura, sin apenas presupuesto, apenas pudo hacer frente a las necesidades más perentorias. A eso hay que añadir que la oposición presionó sobre un gobierno en minoría para sacar adelante dos iniciativas de futuro: una serie de estudios conducentes a evaluar la situación de la cultura en la Comunidad a fin de poder abordar un plan estratégico de la misma, y la aprobación por el Parlamento de una Ley Foral de Mecenazgo cultural, con unos incentivos fiscales sin parangón en la legislación española.

Finalmente, en el año 2015 se inicia la última etapa, coincidente con el gobierno cuatripartito, que solo ahora, dos años después, tras los balbuceos e indefiniciones iniciales, empieza a dar sus frutos, precisamente basados en las dos iniciativas a las que acabo de hacer referencia. Como si de una lotería se tratara, la consejera de Cultura presentó el pasado 22 de diciembre el Plan Estratégico de Cultura de Navarra (2017-2023). Bajo el título “El árbol de la cultura de Navarra”, el documento fija una política cultural a medio y largo plazo que integre tradición y modernidad, y el mundo urbano y el rural; que impulse nuevas oportunidades para los sectores culturales y creativos, y que garantice la continuidad de los procesos participativos durante su desarrollo. El Plan se articula en diez ejes estratégicos que engloban una serie de acciones en cada uno de ellos. Los tres objetivos básicos, en palabras de la propia consejera, son los siguientes: detectar las necesidades culturales de Navarra, poner en valor los sectores culturales y generar una hoja de ruta para todo el territorio en los próximos años.

Mi impresión inicial del plan es el siguiente. El primer hecho positivo es su propia existencia. No es fácil llevarlo a cabo, y más si se pretende participativo. El hecho de que sea el primero resulta indicativo de su dificultad. El segundo aspecto positivo es su alcance en el tiempo. Superar el horizonte de la legislatura es buena cosa, ya que las políticas culturales necesitan tiempo para desarrollarse con una cierta estabilidad. El tercer aspecto a destacar es su propio contenido, que parece sensato y abordable. Cabe pensar, en consecuencia, que a partir de ahora la cultura adquirirá un peso del que ha carecido en los últimos años. Eso implica una mejora sustancial del presupuesto, un aprovechamiento de la Ley de Mecenazgo a la que no se le está sacando las potencialidades que contiene, un reforzamiento de las políticas vinculadas al patrimonio, desasistidas en los últimos años, y una mayor presencia del equipo del departamento en el día a día de la cultura de la Comunidad, que a menudo brilla por su ausencia.

Pero la noticia en el comienzo de 2018 es ¡al fin! la existencia de un Plan. Mi felicitación a cuantos con el esfuerzo de antaño y la iniciativa de hogaño lo han hecho posible.

Diario de Navarra, 4/1/2018

 

Adiós a Manolo

En la tarde del día 21 de diciembre, de forma repentina, nos dejó Manolo, uno de mis mejores amigos de la cuadrilla de Los Arcos. Con él son tres los amigos a los que he despedido en el año que acaba de terminar. Por iniciativa de algunos amigos, tomé la palabra en el funeral celebrado en Los Arcos el pasado 29 de diciembre para despedirlo y decirle adiós en nombre de todos ellos.

Querido Manolo:

Cuando el pasado 21 de diciembre los amigos de tu cuadrilla fuimos recibiendo a lo largo de la tarde-noche la noticia de tu fallecimiento repentino, nos quedamos literalmente sin habla. Apenas pudimos verbalizar unas frases en el whatsapp ante la sorpresa de tu partida. Prácticamente todos fuimos convocados, una vez más, por tí y te acompañamos a tí y a los tuyos, que son también nuestros, en el tanatorio y en el funeral celebrado en Tudela: Pili, tu mujer; Manuel y Eva, tus hijos; Carmen, tu madre; Mari Carmen y Joaquín, tus hermanos y el resto de la familia.

Pero teníamos claro que donde de verdad queríamos despedirte era en Los Arcos, rodeado de todos los tuyos y en una iglesia que tú has frecuentado; ante una imagen, Santa María de Los Arcos, a la que tú has rezado; y junto a otra, la de San Roque, a la que has sacado en procesión durante muchos años.

Lo que queremos decirte se resume en una palabra: gracias. Fuiste una buena persona, un buen hijo, un buen marido y un buen padre. Y para todos nosotros, un muy buen amigo.

No soy yo el que debería estar aquí, sino alguno o alguna de los componentes iniciales de una cuadrilla singular por muchos motivos. Al núcleo inicial nos fuimos incorporando otros sin oír jamás un reproche ni una mala cara. Todos vivimos fuera, pero eso no impedía que al llegar las fiestas nos reuniéramos en el cuartillo que tú nos proporcionabas y pasáramos ratos inolvidables. Allí vivimos los noviazgos respectivos. Algunos, como el tuyo, lleno de kilómetros difíciles entre Sansol y Oviedo casi todos los fines de semana para estar con Pili. Allí conocimos las fechas de las bodas y los nacimientos de nuestros hijos, que pronto llenaron, primero pegados a nosotros y luego en visita fugaz para dar un beso y recibir la paga, los bancos del cuartillo. Allí vimos crecer a Manuel y Eva, hasta que volaron solos. Y, apenas sin darnos cuenta, en la última década hemos ido celebrando las respectivas bodas de plata, a la espera de conocer a los nietos que poco a poco van llegando.

En esta cuadrilla, en la que el respeto siempre ha estado presente, tú jugaste un papel de primer orden. Siempre activo, dispuesto y servicial. Afortunadamente, los años transcurridos no la han mermado, sino que el deseo de estar juntos ha aumentado y ya nos juntamos no solamente en fiestas, sino en otras fechas.

Permítenos, Manolo, una cosa más. No le va a ser fácil a Pili olvidarte, vosotros que estabais tan unidos y formabais una pareja tan bien avenida. Sabemos que tu deseo es que ella permanezca con nosotros, participe de nuestras reuniones y disfrute de nuestras alegrías. Por nosotros no quedará. Y que sepas que en ella veremos siempre al amigo que la acompañó, la amó y la hizo feliz.

No eres el único que nos ha dejado, pero sí el último. Por eso recordamos también a Javier, Chus, Ana, Ramón, Amparo y Miguel Ángel, que también compartieron en algún momento mesa con nosotros.

Te deseamos que descanses en la paz del Señor. Hasta siempre, Manolo.