Las elecciones a presidente del Consejo Social de la UPNA

Despedida

Imagen de mi despedida en la toma de posesión del nuevo presidente

El pasado día 12 de mayo tomó posesión como presidente del Consejo Social de la UPNA Joaquín Ansa, vocal designado por el Gobierno de Navarra. En la toma de posesión, celebrada sin presencia de la prensa, tuve ocasión de intervenir como presidente saliente, juntamente con el nuevo presidente, el rector y la presidenta del Gobierno de Navarra.

Mi nueva situación de jubilado tiene algunas ventajas. Entre otras, poder expresar con claridad mis opiniones sin preocuparme de que sean o no políticamente correctas. Y las que pronuncié en el acto no lo fueron, puesto que señalé ante las autoridades presentes que mi independencia me había costado el puesto, además de agradecer el trabajo de algunas personas presentes en la sala que habían intentado desde el primer día que mi estancia al frente del Consejo Social fuera lo más corta posible. Ni fue fácil de decir ni resultó cómodo de escuchar. Pero los hechos son tozudos y los ciudadanos se merecen, en aras a la tan predicada transparencia, una explicación que ni la UPNA ni el Gobierno de Navarra han proporcionado. Este es mi relato.

El pasado día 6 de abril, mediante sendos decretos forales, fui cesado como vocal del Consejo Social de la UPNA en representación del Gobierno de Navarra y nombrado vocal en representación de la UGT de Navarra. Cualquier persona no avezada en derecho tendería a pensar que nada había cambiado y que, dado que continuaba como vocal, seguía también como presidente hasta agotar mis cuatro años de mandato. No lo interpretó así un informe elaborado por la asesoría jurídica de la UPNA, expresamente pedido por el rector, que señalaba que, perdida la condición de vocal, perdía también la condición de presidente, aunque un decreto posterior volviera a nombrarme vocal. Pese a estar en desacuerdo con el mismo, di por buena la interpretación, me despedí por carta de los vocales y les comuniqué que no descartaba la opción de presentarme de nuevo si encontraba apoyo suficiente para ello.

Pero era obvio que no habíamos llegado hasta aquí para que esto fuera posible. Gobierno y rectorado decidieron de entrada apoyar a un candidato alternativo al que el propio consejero de Educación ofreció el puesto y garantizó la mayoría. Les eximo de más detalles, pero estoy dispuesto a darlos si alguien se atreve a desmentir la información que estoy facilitando.

Aún así, pensaba que todavía era posible competir en buena lid. Lo hice hace dos años y, aún con la oposición del gobierno y del equipo rectoral de entonces, una mayoría de vocales me eligió como presidente. Y, pese a la dificultad, estaba dispuesto a competir de nuevo porque creo firmemente en la importante labor del Consejo. La sorpresa fue que la convocatoria del pleno para elegir al nuevo presidente se hizo para el día 26 de abril sin la presencia de los representantes del profesorado, del alumnado y del personal de administración y servicios, que el Consejo de Gobierno de la UPNA debía designar ¡dos días después! La petición por escrito de cuatro vocales veteranos de posponer la elección de presidente, además de sendas peticiones previas de los representantes del alumnado y del PAS, no contó con la opinión favorable de la mayoría de los vocales asistentes al pleno, por lo que se procedió a la votación correspondiente con el resultado que ustedes conocen. La razón argüida para no retrasar el pleno fue la urgente necesidad de aprobar el Plan Estratégico, cosa que previsiblemente sucederá el próximo 23 de mayo, ¡27 días después!.

Manifesté expresamente, y así pedí que constara en acta, que mi intención era presentarme si se daban las condiciones de equidad entre los candidatos, es decir si votaban los 19 vocales que conformamos el Consejo. Pero dado que el pescado estaba vendido, renuncié a presentarme porque el resultado, con 15 vocales presentes, estaba cantado.

Y, después de todo lo sucedido, ustedes probablemente se preguntarán. ¿Y todo esto por qué? La respuesta para mí es sencilla. Por tratar de cumplir escrupulosamente lo previsto en la Ley Foral del Consejo Social aprobada unánimemente por el Parlamento de Navarra el año 2008. De nuevo me atrevo a retar a quien quisiere hacerlo a enumerar una sola actuación a lo largo de estos dos largos años en la que se haya conculcado lo señalado en la ley foral. Y dado que mis principios de actuación han sido el cumplimiento de la ley, la lealtad institucional y la independencia funcional, que prometí cumplir el día de mi toma de posesión, lo sucedido no ha sido sino el precio que he tenido que pagar por ser fiel a mis promesas y principios.

Este debate no se hubiera producido en ninguna otra universidad española, porque la UPNA es la única institución en la que, por decisión de la ley aprobada por el Parlamento de Navarra, la presidencia no es designada por el gobierno ni tutelada por el rectorado sino decidida por los vocales que componen el pleno. Es más, presidente sólo lo puede ser uno de los vocales que representan los intereses sociales, precisamente como garantía de independencia.

Continuaré como vocal hasta que se agote el tiempo de mi mandato. Y hoy, como desde hace muchos años, trabajaré para ayudar a conseguir que la UPNA sea la mejor universidad posible. El futuro no es fácil y requiere del esfuerzo de todos. Y ahí debe de estar el Consejo: supervisando, animando e impulsando el servicio público de la educación superior que le encomendó la ley foral de 2008.

Como señalé en mi intervención, le deseo al nuevo presidente buen tino, acierto y éxito. Eso será bueno para él, pero también para el Consejo Social, que debe seguir actuando lo más autónomamente posible; para la UPNA, en favor de la cual trabajamos; para Navarra, a la que nos debemos; y para la universidad española, a la que pertenecemos. Espero y deseo que esos sigan siendo el objeto de nuestros desvelos.

Con este escrito termina por mi parte la polémica en torno a la elección del presidente del Consejo Social. Ahora bien, me reservo el derecho de réplica si otros escritos lo hacen necesario. Y adelanto que hay pocas cosas tan potencialmente peligrosas como un jubilado con buena memoria que no necesita ser políticamente correcto, una agenda minuciosa y actualizada, y una causa que defender.

Diario de Navarra, 17/5/2016

 

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Un paso más en la relación con el entorno

Imágenes institutos

Logos de los institutos de investigación de la UPNA

 

El Consejo Social es una institución nacida para representar los intereses de la sociedad en la Universidad. De ahí que en su composición, además de 6 representantes de la Universidad, haya 13 vocales más que representan los intereses sociales. Proveen estos 13 miembros el Parlamento (5), el Gobierno (4), la patronal (2) y los sindicatos (2).
La Ley Foral del Consejo Social de 2008 le atribuye tres funciones básicas: la supervisión económica, la supervisión del rendimiento y de la calidad de los servicios, y la ayuda a la sociedad en la financiación de la Universidad.
Esta financiación procede básicamente de los fondos públicos (80%), de las tasas (17%)  y solo un 3% de recursos privados. Aumentar estos recursos, en consecuencia, es objetivo perseguido por todos los Consejos Sociales con escaso éxito, pese a que a los ojos de la comunidad universitaria sea casi su única finalidad.
Desde hace dos años, en los que tengo el honor de ocupar la presidencia de este órgano por elección de mis compañeros vocales, hemos iniciado un camino nada sencillo para tratar de acercar la empresa a la Universidad y la Universidad a la empresa. Parece mentira que, pese a los pasos dados, el conocimiento y la relación siga siendo tan escasa entre ambas partes.
Para paliar esta lejanía que a nadie favorece y a todos perjudica, la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) y el Consejo Social hemos puesto en marcha un programa titulado “Empresa y Universidad” en el que pretendemos propiciar el encuentro entre estos dos mundos. La primera de las sesiones la celebramos el pasado viernes y, dado el interés de la misma, me gustaría subrayar algunos rasgos de la jornada.
En el salón de reuniones del edificio de Administración y Gestión, presidimos el acto José Antonio Sarría, presidente de CEN y yo mismo, en mi condición de presidente del Consejo Social. La sala presentaba un magnífico aspecto: 50 personas, de las cuales 30 eran empresarios de diversos signo, procedentes sobre todo de Tierra Estella convocados con la ayuda de LASEME y CONSEBRO, y 20 académicos vinculados a los cuatro institutos de investigación de que dispone la UPNA. Tras unas palabras de bienvenida, tomó la palabra Rafael Miranda, uno de los grandes empresarios españoles, presidente de Acerinox, de la APD y del Consejo Social de la Universidad de Burgos. Su disertación sobre “el mundo de la empresa hoy” fue panorámica, rigurosa e inteligible, un buen pórtico para el resto de la sesión. A continuación, Ramón Gonzalo, vicerrector de investigación de la UPNA, presentó básicamente los institutos de investigación y sus líneas fundamentales. Tras él, Iosune Pascual, gerente de la Fundación Universidad-Sociedad, resumió brevemente los servicios que ofrece dicha Fundación.
La jornada terminó con una visita a los institutos de investigación dirigida por sus cuatro responsables: Ignacio Matía, Iñaki Pérez de Landazábal, Pablo Arocena y María José Beriáin. En ella, los empresarios pudieron comprobar la tarea realizada y conocer algunos ejemplos de la colaboración exitosa entre empresa y universidad.
La jornada es, sin duda, mejorable. Constituye, no obstante, un primer paso en el acercamiento de ambos mundos. Acercamiento no solo posible y deseable, sino imprescindible en el tiempo que viene.

Las Universidades son la clave

UPNA

Vista parcial del campus de la UPNA

UNAV

Vista parcial del campus de la UN

 

Para hablar hoy de los beneficios que pueden derivarse de una intensificación de las relaciones de las empresas con las universidades creo que es preciso partir de dos afirmaciones importantes. La primera, que el principal problema de nuestro sistema productivo sigue siendo el de su baja productividad. Los indicadores económicos no muestran cambios sustanciales respecto al periodo pre-crisis, y nuestra actividad económica, en una visión comparada con las economías más vigorosas,  sigue basada en productos y servicios de limitado valor añadido y escaso contenido en innovación. La segunda afirmación es que las universidades constituyen las mayores empresas del conocimiento de las regiones. También esto puede afirmarse de nuestra Comunidad Foral, y en particular creo poder ratificarlo desde la perspectiva que me da mi condición de Presidente del Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra. Nuestro futuro va a depender de dos factores: primero, del nivel de cualificación que alcance nuestros trabajadores y profesionales; y segundo, de nuestra capacidad de crear conocimiento y tecnologías, de crear productos cuyo principal valor añadido sea la innovación. Por lo tanto, en buena medida, nuestro futuro depende de la Universidad. La relación Universidad-Empresa  es en mi opinión el principal factor sobre el que habría que actuar de manera inmediata para que se produzca un verdadero salto en nuestro modelo productivo. Hay que volcar en la empresa el saber de la Universidad.
¿Cómo hacerlo? Las posibles vías de colaboración de los dos mundos son variadísimas, y no es posible resumirlas aquí, pero mencionaré algunas que veo fundamentales. En primer lugar, la transferencia de tecnología. En 2015 he tenido ocasión de visitar 9 empresas importantes de Navarra para hablar de estos temas. Estas son mis conclusiones: En primer lugar, existe un generalizado desconocimiento del enorme potencial de colaboración que atesora la UPNA. En segundo lugar, la imagen que de la Universidad tienen algunos empresarios está poco actualizada.  Hoy la Universidad aglutina buena parte de su oferta en Institutos de Investigación de carácter interdisciplinar,  dispone de servicios de interfaz ágiles y es capaz de responder a las necesidades de la empresa con rapidez y llegando a un producto final competitivo en precio y alineado con el último conocimiento. Y finalmente, la Universidad puede ayudar a la innovación en ámbitos cruciales y no solo en la mejora del producto: logística, recursos humanos, dirección estratégica, internacionalización, software de gestión, finanzas… terrenos en los que los investigadores de la Universidad están conectados a redes internacionales de conocimiento y pueden ayudar a los equipos empresariales en el conjunto de sus actividades.
Pero además de los contratos de investigación hay otras fórmulas que facilitan grandemente la imbricación de las empresas con la Universidad. Las cátedras de empresa se revelan como utilísimos foros permanentes de encuentro entre ambas partes, ocasión para la generación de nuevos proyectos conjuntos, formación permanente de los profesionales de la empresa e incorporación de titulados adaptados a sus específicas necesidades.
Por su parte las empresas colaboran y pueden hacerlo en mayor medida a orientar la formación de los estudiantes de la UPNA en grados, másteres y doctorados. En 2015, por ejemplo, el Consejo Social ha facilitado la participación intensa de más de 100 profesionales de Navarra en la orientación de las actividades formativas de la Universidad en todos los ámbitos.
Las empresas son hoy eficientes en la gestión del presente y el inmediato futuro. Pero para imaginar una visión de la empresa que sea sostenible y tenga un futuro exitoso es necesario disponer de capacidades de investigación y de creatividad que bien puede venir de la colaboración con académicos y de la incorporación de doctores universitarios con perfil empresarial a las labores de dirección.
Lo repito con convicción: para el futuro del modelo productivo de Navarra las universidades no son un actor más. Son hoy, de la mano de las empresas, la clave.
Navarra Capital, diciembre de 2015

Desde el Consejo Social, gracias

Foro

Imagen de una reunión del Foro Social y Empresarial

Ocurre siempre por estas fechas, cuando diciembre va avanzando. Toca hacer balance del año que se acaba. Y pensando en las tareas que ha desarrollado el Consejo Social de la UPNA, creo que 2015 ha sido un año especialmente rico en colaboraciones de personas del entorno con la  Universidad. El Consejo Social es, según su Ley Foral, el órgano de participación de la sociedad en la universidad, y debe ejercer como elemento de interrelación entre la sociedad y la universidad. Y a eso, entre otras cosas, nos hemos dedicado con la complicidad de muchas personas generosas que, comprendiendo la importancia de la labor que desarrolla la Universidad, han dedicado su tiempo y su talento a tratar de mejorar la sintonía de la Universidad con las necesidades de la sociedad. Por supuesto que las primeras personas del entorno que aportan su conocimiento y su tiempo a esta tarea son los miembros externos del propio Consejo Social, 12 personas designadas por el Gobierno, el Parlamento, los sindicatos y los empresarios que participan en la vida de este Consejo a través del pleno y las comisiones, sin otra compensación que la de servir a la Universidad y a la ciudadanía de Navarra. Pero el Consejo se nutre de manera muy importante de las ideas que surgen de su Foro Social y Empresarial, un ámbito de debate creado por el propio Consejo que reflexiona cada año sobre un tema importante para el futuro de la Universidad y es el semillero de buena parte de las líneas de trabajo del propio Consejo. En este Foro participan, junto con representantes del Equipo Rectoral y del Consejo, 23 personalidades del ámbito empresarial, social y cultural que se implican a fondo en la búsqueda de ideas creativas para mejorar en aspectos como el emprendimiento, el empleo de los doctores universitarios en el ámbito empresarial o la participación de la Universidad en las estrategias regionales de especialización económica. Otras 6 personas de gran prestigio profesional forman parte, designadas por el Consejo Social, de las Comisiones de Garantía de Calidad de cada una de las Facultades y Escuelas, y colaboran con los profesores que dirigen esos centros para evaluar y mejorar de manera permanente la calidad de las titulaciones. Como puede ir viendo quien lea estas líneas, la Universidad Pública de Navarra responde al principio de orientación al entorno comprometiéndose con la sociedad en sus propios órganos internos. Esto es particularmente claro en su Fundación Universidad-Sociedad, orientada por un Patronato en el que 5 patronos también son nombrados por el Consejo Social.
Quisiera destacar por su carácter pionero el programa llevado a cabo este año junto con la Fundación y el Rectorado para que todos los títulos de grado de la Universidad sean valorados por grupos de entre 6 y 10 profesionales prestigiosos externos a la Universidad, como paso previo a la renovación por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) del visto bueno que permite seguir impartiendo estos títulos. Este es un programa que ya ha cubierto casi todas estas enseñanzas. El análisis de la actividad formativa de cada carrera ha sido exhaustivo, y las recomendaciones de mejora que han expresado estos profesionales servirán para que toda la actividad formativa de la Universidad, que ya responde de manera muy notable a las necesidades sociales, se ajuste todavía más al futuro de las profesiones y de las empresas. En esta exigente tarea han participado 80 personas. Un reto parecido es el que asume la Escuela de Doctorado de la Universidad, que en estas fechas y con la colaboración del Consejo Social está realizando una tarea profunda de prospectiva con una veintena de empresarios para enriquecer la orientación de la formación doctoral. Por otro lado, la Universidad Pública de Navarra trabaja estos días en la elaboración de su nuevo Plan Estratégico, para lo que pulsa la opinión de la comunidad universitaria, pero también cuenta con el criterio de un grupo de 10 expertos externos, la mitad de los cuales han sido invitados por el Consejo Social.
Unas 140 personas, por lo tanto, han participado con un importante nivel de compromiso, invitadas por el Consejo Social, en la mejora de la actividad formativa de la Universidad. Estas líneas quieren servir, por un lado, para que la sociedad conozca la profunda implicación y compromiso de la UPNA con su entorno. Desde el Consejo Social procuramos facilitar esta implicación, en 2015 con las acciones que he descrito, que se añaden a otras muchas iniciativas que surgen del ámbito académico. Y por otro, para agradecer a todas estas personas su generosidad y el entusiasmo con el que nos ayudan a intensificar el impacto de la Universidad Pública de Navarra en el desarrollo de la Comunidad Foral.
Diario de Navarra, 4/1/2016

Veinte años del Consejo Social

20 aniversario

El pasado jueves, 22 de octubre, el Consejo Social celebró un acto institucional para conmemorar los 20 años de su puesta en marcha en la UPNA. La jornada, que contó con la intervención del consejero de Educación del Gobierno de Navarra, José Luis Mendoza, el presidente de la Conferencia de Consejos Sociales de España, Manuel Pizarro, y el rector de la Universidad, Alfonso Carlosena, reunió a más de ochenta personas muy representativas de la sociedad y de la Universidad: empresarios, sindicalistas, antiguos y actuales vocales, cargos públicos relevantes, y un grupo de profesores muy relevante de la comunidad académica.

El acto permitió que Manuel Pizarro expresara de forma clara su apuesta por la mejora de la Universidad y la necesidad de que empresa y universidad trabajen conjuntamente en beneficio de la sociedad a la que sirven. Supuso, una vez más, la constatación de que el Gobierno de Navarra se encuentra comprometido con la institución. Y, finalmente, la apuesta del rector por la calidad, la excelencia, la innovación y la relación con la sociedad.

A mí, en mi condición de presidente del Consejo Social de la UPNA, me tocó intevenir en primer lugar para hacer balance de los 20 años transcurridos, valorar la aportación de los dos anteriores presidentes, Fernando Redón y Jesús Irurre, ponderar el trabajo de las tres personas que han ejercido tareas administrativas, y subrayar el trabajo de los 105 vocales que han formado parte del Consejo.

Tras esta mirada al pasado pasé a enumerar los objetivos de la actual etapa, reiterando los cinco principios de actuación que me marqué el día de mi toma de posesión: cumplimiento de la ley del propio Consejo como objetivo irrenunciable, lealtad e independencia como fórmula de actuación, mejora de todo lo referido a la relación con la sociedad como horizonte, mayor proyección del Consejo y su labor como meta, y disposición a trabajar en todo lo que redunde en la mejora de la Universidad como mandato imperativo. El Pleno del Consejo ha aprobado también por unanimidad las líneas de trabajo para los próximos años, con un notable incremento de las referidas al ámbito de las relaciones con la sociedad; se ha abierto una relación directa con el tejido empresarial de Navarra, incluidas las visitas a algunas de las empresas más innovadoras de nuestra Comunidad, línea que consideramos prioritaria para 2016; se ha incrementado el contacto fluido con las instituciones que nutren de vocales al Consejo; y hemos reforzado la colaboración con el G9 y la Conferencia de Consejos Sociales de España.

Y ya, en lo que hace referencia a la proyeccción hacia el futuro, expresé mi visión de la Universidad en el inmediato futuro: “La Universidad del siglo XXI exige compromiso, calidad, cambios organizativos, especialización e internacionalización”.

Si desea conocer el contenido de las intervenciones, el vídeo de la jornada está a su disposición en la web del Consejo Social, al que se puede acceder pinchando en la casilla “Consejo Social” que se encuentra en el carrusel inferior de la primera página de la web de la UPNA www.unavarra.es

Universidad y desarrollo

CYD

Los expertos presentan el informe 2014

El pasado día 6 de julio, la Fundación Conocimiento y Desarrollo que preside Ana Patricia Botín, con presencia del Rey, el ministro de Educación, el presidente de la conferencia de rectores y  varios empresarios relevantes, presentó en Madrid el informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo sobre la contribución de las universidades españolas al desarrollo, correspondiente al año 2014. El informe, que se puede consultar en la web de CYD, es voluminoso y muy rico. Aporta datos y estadísticas que conforman una información amplísima, y a la vez ofrece valoraciones de síntesis en aspectos clave de nuestra enseñanza superior: sobre la oferta y la demanda de estudios universitarios en España, un análisis económico del sistema universitario, datos sobre la inserción laboral de los titulados, prospectivas sobre la actividad desarrollada en los centros universitarios en materia de investigación y emprendimiento, entre otros. Finalmente incluye un apartado que busca procesar toda esa avalancha de datos mediante indicadores que a la postre se concretan en rankings.

Resulta imposible en el breve espacio de este artículo entrar a valorar siquiera mínimamente los contenidos de este informe, pero pienso que de su lectura se desprende una conclusión principal que, en este tiempo en el que Navarra afronta un nuevo ciclo en el ámbito público, es muy oportuno destacar. El informe muestra que ya es una realidad plena lo que hace años aventuraban los expertos en desarrollo económico y social: en España, como en el resto de los países de nuestro entorno, la educación y en particular las universidades son el agente decisivo para el cambio hacia una sociedad del conocimiento, donde tanto la vida social (el desarrollo personal y profesional, la calidad democrática, e incluso el ocio) como el sistema productivo se basan en un uso intensivo del conocimiento. La crisis ha puesto de manifiesto que la actividad económica en España tiene que migrar hacia actividades en las que la innovación sea su valor principal. Si esto no ocurre, seguiremos encontrando muy serias dificultades para sostener las estructuras básicas de nuestro estado de bienestar.

El informe recoge la opinión de un amplio panel de expertos que identifica las tres tendencias que han mejorado con mayor intensidad en la Universidad española en los últimos años, en cuanto a su papel de motor del desarrollo: el fomento de la cultura emprendedora, el reforzamiento de las relaciones de las universidades con el sector empresarial sobre todo en la transferencia de tecnología, y la contribución de la universidad como formadora de capital humano. Sin embargo el informe identifica algunas sombras que también pueden verse como oportunidades: las universidades, por ejemplo, todavía tienen que asumir su papel en la formación permanente de los profesionales en ejercicio, como lo demuestra que sólo una sexta parte de los titulados han vuelto a su universidad por razones no ligadas a trámites administrativos. Todas estas vías de interrelación entre la universidad y el entorno constituyen factores de la mayor importancia para apoyar la recuperación económica. Esta recuperación, que ya está presente, es a su vez una buena ocasión para reforzar las actividades de la universidad que tienen un impacto más directo en el entorno productivo. Y como indica el informe este reforzamiento no debe ser entendido tan solo como una mejora de la financiación pública: como señala Botín en la presentación, “es preciso  involucrar a todos los agentes sociales y económicos que tienen un interés directo en el futuro de la universidad”. Si las cosas son como indica este riguroso informe, y a mí así me lo parece, se presenta un tiempo apasionante para la universidad y para la sociedad que a la que sirve. Recomiendo a todas las personas concernidas por este reto que estudien este informe en profundidad. El Consejo Social, que según reza su Ley Foral debe ejercer como elemento de interrelación entre las instituciones y la sociedad de Navarra y la Universidad Pública de Navarra, mantendrá su empeño en propiciar que la relevante contribución de esta Universidad al desarrollo de Navarra sea cada vez mayor. A ello dedicamos nuestros mejores esfuerzos.

Diario de Navarra y Diario de Noticias, 25/8/2015

Elecciones a rector en la UPNA

Rectorables

Jorge Nieto y Alfonso Carlosena, candidatos a rector de la UPNA

Sin la parafernalia del mundo político, hoy ha comenzado en la UPNA la campaña electoral para la elección de rector. A ella se presentan dos ilustres candidatos, profesionales ambos acreditados en la doble tarea de la docencia y la investigación. Por un lado, Alfonso Carlosena, catedrático de Teoría de la Señal y de las Comunicaciones, y vicerrector de investigación durante los últimos ocho años. Por otro, Jorge Nieto, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico y también vicerrector en etapas anteriores.

La campaña electoral durará una semana, por lo que el 13 de mayo conoceremos la persona elegida por la comunidad universitaria para regir los destinos de la institución durante los próximos cuatro años.

La elección de rector de la UPNA no es una cuestión menor, ni para la Universidad ni para la sociedad navarra a la que sirve. Se trata de una figura institucional de primer nivel en una Comunidad como la nuestra y dirigirá una institución clave en el presente y futuro de Navarra. De ahí el interés que suscita el programa presentado por ambos candidatos.

Concurren dos estilos muy diferentes, tanto en la forma como en el fondo. Si tuviera que resumir en una sola frase cada uno de los programas, optaría por las siguientes. El objetivo de Jorge Nieto reside en “hacer normal lo que en las universidades excelentes es normal”. Mientras que para Alfonso Carlosena “ la UPNA debe aspirar no solo a seguir siendo una buena universidad, sino a distinguirse y diferenciarse del resto apoyándose en sus fortalezas”.

Como presidente del Consejo Social de la UPNA debo mantener una exquisita neutralidad institucional, ya que yo represento al conjunto de la institución, donde estoy seguro habrá vocales partidarios de uno y otro programa. Manifiesto desde ahora, eso sí, que trabajaremos codo con codo con el rector electo buscando lo mejor para la UPNA bajo los principios de la lealtad institucional y la autonomía funcional.

Dicho esto, no puedo pasar por alto una cuestión que nos afecta directamente. Y son las alusiones al Consejo Social en los programas de los candidatos.

En el caso de Alfonso Carlosena, pese a ser el más extenso y prolijo, no hay una sola referencia al Consejo Social. En el de Jorge Nieto, pese a su brevedad, hay dos referencias muy concretas: “La UPNA, a través del Consejo Social presentará el Programa de Master a las empresas e instituciones de Navarra y del resto de España y recabará fondos para su financiación específica”. “De ser elegido, este candidato pondrá su cargo a disposición del Consejo Social. De no ser avalado por una amplia mayoría, se compromete a dimitir y convocar nuevas elecciones a las cuales no se presentará”.

La comunidad universitaria tiene la palabra.