Viaje al sur de Francia (I) Sepulturas reales al otro lado del Pirineo

IMG_1570

El edificio del Parlamento de Navarra nos habla de la relación existente entre las dos Navarras

5 de junio de 2017. Estella- Pamplona- Oloron – Lescar- Pau

IMG_1551

El ritmo de vida pirenaico se hace patente en la imagen. Las vacas invaden la carretera y nos obligan a reducir el paso

De nuevo, un deseado madrugón. Son las 6.30 de la mañana y María Luisa , Pili y yo cogemos el autobús de Latasa con Félix, el chófer que nos ha acompañado a tantas salidas, camino de Estella. Allí nos espera un grupo heterogéneo de personas, entre las que se cuentan las alumnas de Bargota y Los Arcos que asisten al curso de arte navarro que se está desarrollando en la casa de cultura de Los Arcos a lo largo de todo el año. De allí, a Pamplona, donde aguardan, ya algo impacientes, el grupo de alumnos del Aula de la Experiencia que constituyen el grueso de la expedición que se dispone a disfrutar del segundo viaje de estudios de la asignatura “Arte Antiguo y Medieval” que imparto desde hace años en la UPNA. El primero nos llevó hasta Sicilia, un destino siempre recomendable, que nos permitió conocer algunas obras maestras del arte griego, romano, románico, normando, gótico, renacentista y barroco, además de espacios naturales de ensueño.

IMG_1553

Pórtico de Oloron Saint Marie, tan bello como excesivamente restaurado

Este segundo tiene un carácter más específico. Se trata de conocer algunas obras maestras del románico y el gótico, estilos magníficamente representados en el sur de Francia.

Iniciamos el viaje recorriendo el camino aragonés, que a través de la autovía del Pirineo nos llevará hasta Jaca y el hospital de Santa Cristina en Somport. Ya en la frontera francesa nos esperan lugares estrechamente vinculados a nuestra historia. El primero es Oloron Saint Marie, fruto de la unión de dos ciudades bien diferenciadas: la vizcondal y la episcopal. Las estrechas carreteras de la vertiente pirenaica recorren paisajes bellísimos en los que el tiempo parece detenerse. Rebaños de vacas transitan la via deteniendo la circulación, conducidos por hombres y mujeres que continúan con un oficio centenario.

IMG_1554

Vista del interior de la iglesia de Oloron Saint Marie, robusto. armónico y de traza gótica en sus bóvedas

En Oloron dejamos la ciudad vizcondal y su espléndida iglesia de cimborrio octogonal que la emparenta con San Miguel de Almazán y el Santo Sepulcro de Torres del Río para detenernos en la abadía de Santa María, la primera de una larga serie que iremos degustando a lo largo de los próximos días. La primera sorpresa nos la ofrece su pórtico, tan bello como excesivo en su restauración. Su interior es robusto, armónico y ya de traza gótica. A la salida, un mojón nos recuerda que estamos en la Vía de Arlés y que restan 948 kilómetros para llegar a Compostela.

IMG_1556

Mojón que nos recuerda que estamos en el Camino de Santiago, con al vista puesta en Compostela

Tras la comida, a buena hora como es de obligado cumplimiento en Francia, nos trasladamos a Lescar, apenas una población menor en el entorno de Pau. Su aspecto exterior es sobrio y solemne, pero más interés artístico e histórico, incluso afectivo, conserva su interior. Un espacio de tres naves, la mayor cubierta con bóveda de cañón reforzado con arcos fajones y las laterales cubiertas con bóveda de arista, culminan en un crucero y un vistoso ábside con arquillos ciegos en el piso inferior y ventanas abovedadas en el superior. Tres elementos se insertan en este suelo del presbiterio: una hermosa imagen mariana sobre pedestal, un mosaico románico del siglo XII con escenas de caza, con un lisiado con una pata de palo como elemento etnográfico de interés, y una modesta placa de bronce en el suelo, entre el altar y el pedestal de la Virgen.

IMG_1559

La camina a buena hora nos sirve para reponer fuerzas e intercambiar impresiones

No es una placa cualquiera. “Aquí están inhumados los reyes de Navarra de la familia de los Foix-Bearn. Francisco Febo, rey de Navarra, muerto en 1483; Juan de Albret, muerto en 1516; Catalina de Foix, reina de Navarra, muerta en 1517; Francisco de Albret, muerto en 1532; Margarita de Angulema, reina de Navarra y escritora ilustre, muerta en 1549; Enrique III de Albret, rey de Navarra, muerto en 1555”. Monárquicos o no, legitimistas o no, aquí se encuentra parte de nuestra historia.

IMG_1566

La catedral de Lescar soprende por su espacioso interior románico

Tras Lescar, Pau se nos presenta como una ciudad señorial, limpia, aseada y llena de encanto. Capital del Bearne, territorio histórico de gran enjundia, paseamos por su casco histórico rehabilitado, su hermoso castillo renacentista, cuna de Enrique III de Francia, su Parlamento de Navarra, hoy sede administrativa, su impresionante Bulevar de los Pirineos, su casino y sus hermosas mansiones inglesas con jardín delantero. Ciudad turística, administrativa y comercial, los yacimientos gasísticos de Loc, le han dado también un plus industrial que la ciudad agradece.

Aunque en dos países distintos, esta vinculación navarra con ambas vertientes pirenaicas ha quedado palpable para todos. A ello han contribuido las explicaciones de Trinitat, nuestra guía, que he procurado complementar en algunos momentos.

IMG_1567

El castillo palacio renacentista de Pau representa el poder de los Albret en la nueva Francia

Tras la cena, nos retiramos pronto a descansar. El día ha sido largo e intenso y mañana promete no serlo menos.

Anuncios

Ciudades que fueron del Reino (y VI) San Juan de Pie de Puerto

Plaza fuerte, villa jacobea y centro comercial y administrativo

IMG_5094

Vista de la población de San Juan de Pie de Puerto desde los viñedos de Irulegi

Desde su creación a finales del siglo XII, la villa de San Juan de Pie del Puerto ha sido el principal núcleo urbano de las Tierras de Ultrapuertos -la Baja Navarra-. Situado, como su nombre indica, al pie del Pirineo, su orografía pasa del cielo al suelo, de los 1.456 metros del pico de Okhabe hasta los 40 metros sobre el nivel del mar. Y en medio, un paisaje de colinas dividido en tierras, valles o “países”, según la denominación tradicional. El suelo calcáreo, unido al clima oceánico con abundantes lluvias, articulan una tupida red de regatas y ríos. La Nive, el río que atraviesa, articula y defiende la villa es el caudal más conocido hasta desembocar en Bayona en el Adour. La principal actividad ha sido históricamente la agricultura y ganadería. La cebada y la avena, antes de la introducción del maíz y la patata, y el castaño, el nogal y el manzano definieron su economía. Hoy los viñedos de Irulegi, un vino con denominación de origen, constituye una de sus principales actividades agrarias y económicas.

En este paisaje rural, solo la villa de San Juan se configuró como un centro mercantil y artesanal, al servicio de viajeros y peregrinos en vísperas de abordar una etapa especialmente difícil del camino, la ascensión a Roncesvalles. Este carácter comercial lo compaginó con un importante papel defensivo, lo que convirtió a la villa en la sede política y religiosa de la zona, que se ha mantenido casi hasta nuestros días.

Hoy, San Juan de Pie de Puerto es una activa localidad, básicamente comercial y turística, que apenas alcanza los 1.500 habitantes, y que forma parte de la mancomunidad de Garazi-Baigorri, departamento de los Pirineos Atlánticos, región de Nueva Aquitania.

Un lugar de paso lentamente configurado

IMG_5098

Los montes y brumas que cierran la imagen recuerdan el nombre de la ciudad, situada al pie del puerto

Pese a que nos interesa especialmente la etapa en la que San Juan de Pie de Puerto formó parte del reino de Navarra, no podemos dejar de señalar algunos hitos en el devenir histórico del territorio. El imperio romano, como sucedió en Hispania, acabó fragmentando la primitiva provincia de la Galia en provincias menores. La Aquitania primigenia, la que va del Garona al Pirineo, pasó a denominarse Novempopulonia. Tras la caída del imperio romano, fueron los godos quienes ocuparon la antigua Galia. Derrotados por los merovingios en Vouillé (507), aquéllos emigraron a la Península Ibérica, dando paso a los francos en el dominio de la zona. Sus pobladores, los vascones, protagonizaron numerosas insurrecciones y, aunque no lograron romper la soberanía franca, obligaron a los monarcas a una continua vigilancia sobre el terreno. Uno de estos episodios, sin duda el más conocido, fue la cruenta emboscada en el desfiladero de Ibañeta, la batalla de Roncesvalles. Estos vascones, que poco a poco descendieron del monte al llano, dieron su nombre al territorio de Vasconia, ya acuñado en el siglo VII, y que evolucionó hasta la forma actual de Gascuña. Desde el punto de vista eclesiástico, sus tierras se dividieron entre las diócesis de Dax y Bayona, aunque políticamente formaran una única entidad administrativa.

Los lazos familiares establecidos en los siglos X y XI entre linajes de uno y otro lado del Pirineo evidencian buenas relaciones de vecindad. Algunos magnates ultrapirenaicos participaron activamente en las empresas bélicas de los monarcas hispanos, sobre todo en la toma de Zaragoza por Alfonso el Batallador (1118), que premió su participación con importantes concesiones de tierras.

Entre los historiadores hay un recurrente debate sobre si los Pirineos unen o separan. En principio, la cadena montañosa supone una indudable frontera natural que delimita espacios bien definidos, pero eso no ha impedido tradicionalmente la relación entre habitantes de uno y otro lado de la muga. Desde los primeros siglos de nuestra era ambas vertientes estaban unidas por la vía romana que enlazaba Burdeos con Astorga, y en San Juan el Viejo, justo al lado de nuestra villa, se ha descubierto un importante campamento romano. La torre de Urkulu, situada en Ibañeta, es otro hito en esta romanización. La cristianización parece fuerte y temprana si tenemos en cuenta los hagiónimos en la zona, al decir de Roldán Jimeno. La ruta de los puertos de Cisa es probablemente el itinerario seguido por Carlomagno en el año 778 en la ida y vuelta a Zaragoza, con la subsiguiente destrucción de las murallas de Pamplona en el retorno. Más tarde, esta ruta se convierte en Camino de Santiago. A Aymeric Picaud, que viajó a Compostela a mediados del siglo XII, debemos la primera descripción detenida de la ruta: “En territorio todavía de los Vascos, el Camino de Santiago pasa por un monte muy alto denominado Port de Cize, bien por ser la puerta de España, o porque por ese monte se transportan las mercancías de un país a otro. Tiene ocho millas de subida y otras ocho de bajada. Su altura es tanta que parece que toca el cielo. A quien lo sube le parece que que puede palpar el cielo con su propia mano. Desde su cumbre puede verse el mar británico y occidental, así como los confines de tres regiones: Castilla, Aragón y Francia”. Aymeric Picaud cita también la rapiña de los cobradores de peaje y los barqueros de la zona, que no respetan los derechos de los peregrinos. A lo largo de la vía surgen los principales núcleos de población y centros asistenciales: Garris, Saint Palais, Ostabat y San Juan de Pie de Puerto, desde su creación a finales del siglo XII.

Una villa navarra al pie del puerto

IMG_5111

La Puerta de Santiago nos recuerda la especial vinculación de la población con el camino jacobeo

En entregas anteriores hemos visto la crucial dimensión del reinado de Sancho VI el Sabio a la hora de fortalecer la monarquía con el cambio de nombre y de defender las fronteras occidentales frente a la doble amenaza castellana y aragonesa, mediante la diplomacia, el ataque militar o la construcción de plazas fuertes. A finales del reinado, aprovechando la debilidad de la monarquía inglesa y el estado de insumisión de de los vizcondados pirenaicos englobados en el condado de Gascuña, Navarra inicia su expansión al norte del Pirineo. En 1189 la Tierra de Cisa reconocía la soberanía del rey de Navarra, y Sancho el Sabio nombra a Martín Chipia tenente, al igual que otros distritos del reino. Sin duda, el castillo de San Juan será el centro defensivo más importante de Ultrapuertos y el único no dependiente del merino de Sangüesa, sino de su propio castellano. Cabe pensar que en 1189 todavía no habían finalizado las obras de construcción del castillo, ya que en el documento de nombramiento de Martín Chipia como tenente no se menciona el castillo de San Juan. Pero pocos años después, recién iniciado el reinado de Sancho VII el Fuerte (1191) el castillo levantado al pie del puerto estaba terminado y constituyó, junto con Rocabruna, la dote de la infanta Berenguela, casada con Ricardo Corazón de León y coronada reina de Inglaterra en Limassol, antes de que su marido partiera a Tierra Santa. Pese a las disputas habidas con el soberano inglés, Sancho VII el Fuerte siguió encomendando el castillo de San Juan de Pie de Puerto a hombres de su confianza que le habían acompañado en la batalla de las Navas de Tolosa, reafirmando el papel de la villa como núcleo articulador del territorio. La villa contaba con un recinto amurallado que a lo largo del siglo XIII se articuló en tres barrios, el Burgo Mayor, San Pedro y San Miguel.

La villa, que como el resto de la Tierra de Cisa pertenecía a la diócesis de Bayona, contó con dos iglesias anejas, Santa Eulalia de Ugange y Nuestra Señora del Puente, citándose una tercera, San Pedro, que desapareció a comienzos del siglo XIII. La influencia de Roncesvalles resultó decisiva tanto en su advocación como en la estructura artística gótica de la iglesia de Nuestra Señora. Pese a que su silueta, junto al río y el puente, sea la imagen más típica de la villa, hoy apenas quedan restos del edifico original. La acción de las tropas calvinistas, primero, y la radical restauración llevada a cabo en el siglo XIX, le confirieron el aspecto actual.

Castillo y río vertebran la villa

IMG_5123

El río Nive, el puente  y la iglesia componen la imagen más característica de San Juan de Pie de Puerto

Situada a orillas de la Nive, antiguo río Errobi, la villa de San Juan de Pie de Puerto comenzó su trayectoria histórica con la instalación de una guarnición navarra a finales del siglo XII en el castillo erigido sobre el puyo de Mendiguren. En torno al castillo se fue configurando un núcleo burgués que acabó rigiéndose por el fuero concedido por Juan Sin Tierra a la villa de Bayona, renovado en los siglos siguientes por otros monarcas. A fines del siglo XIII la villa aparece dividida en tres burgos -Mayor. San Miguel y San Pedro- y convertida en el centro administrativo de la zona y residencia del castellano, máximo representante del rey en Ultrapuertos. En calidad de buena villa contó con asiento en las Cortes de Navarra. Su presencia en las asambleas de la Cort General se documenta desde 1274 y asistió ininterrumpidamente a las reuniones por el brazo de las universidades o buenas villas durante toda su vinculación a Navarra hasta comienzos del siglo XVI. Fue además sede de reunión de cortes en dos ocasiones, ambas durante el reinado de Catalina y Juan de Albret. El régimen municipal corría a cargo del concejo de la villa, elegido anualmente por los vecinos. Entre sus competencias destacan el ejercicio de la justicia y la elección de procuradores en cortes.

Como en otras muchas villas medievales, San Juan se articulaba en torno a un curso fluvial, el Errobi, Ugarra o la Nive. Susana Herreros y Alain Zuaznavar, a quien seguimos en la descripción de los pormenores históricos, resumen así la trayectoria de la ciudad. “”Se puede decir que se trata de una ciudad puente en la que el río domina el paisaje urbanístico de este núcleo ultrapirenaico. Las aguas del río proporcionan suministro a los ciudadanos, al mercado, al hospital, permiten regar las huertas que se sitúan en sus orillas; pero además moverán los ingenios de los molinos harineros y batanes, facilitarán el transporte de los maderos que, dese los frondosos bosques pirenaicos, se trasladaban a Bayona para la construcción de los remos y mástiles de las embarcaciones, proporcionarán con la construcción de nasas o pesqueras la captura de salmónidos y harán de foso para la protección del castillo emplazado sobre el puyo de Mendiguren”.

Centro burocrático, demografía y mercado

IMG_5115

La calle de la Citadelle, todavía hoy,  es el centro neurálgico de la población

El paulativo desarrollo del núcleo urbano configurado en torno al castillo hizo que, además de núcleo defensivo, se convirtiera en el centro administrativo de la monarquía navarra de la zona. El control del territorio exigió un mayor aparato burocrático y los soberanos fueron estableciendo nuevos nuevos cargos encargados del gobierno, de la ejecución de penas judiciales, de la recaudación de rentas y del control de sus bienes patrimoniales. Los cargos principales fueron el castellano, representante máximo de la autoridad regia en la zona, encargado de la custodia de la fortaleza y de la defensa de la zona circundante; el baile de la villa, con función meramente económica y de recaudación de rentas del patrimonio regio; y el recibidor y los comisarios, recolectores de pechas, rentas y tributos. El territorio se articula con rapidez, de tal forma que el Rediezmo de 1268 recoge la aportación de Cisa, Bayguerr, Arbeloa, Yolt y Armendaritz, Nantasvayles, Hostabales y Mixa,con sus respectivos lugares. Como se, un territorio ya perfectamente articulado.

El rolde de 1370, el más completo de los conservados, nos ofrece un censo de 141 hogares, entre 600 y 700 habitantes. De nuevo citamos a Herreros y Zuaznavar: “La situación fronteriza del territorio, su condición de punto de acceso al mar a través de los cursos fluviales y su definición como principal vía de peregrinación y ruta de mercaderes hacia la capital del reino, explican sin duda el progresivo desarrollo mercantil de este minúsculo territorio (…) San Juan era el principal centro comercial no sólo de la castellanía sino de toda la Tierra de Ultrapuertos”. La villa estaba compuesta básicamente de artesanos, mercaderes y algunos labradores.

IMG_5139

El ayuntamiento está alojado en una hermosa casona del siglo XVIII

La ocupación castellana de Ultrapuertos no supone ninguna novedad respecto al resto del territorio. Los Agramont y los Luxa polarizaron las disputas nobiliarias, acentuándose la disposición filofrancesa de los primeros. La ocupación del reino, incluido Ultrapuertos, por Fernando el Católico fue más sencilla de lo esperado. Unos años después, en 1530, Carlos I optó por abandonar las tierras de Ultrapuertos. No se conserva, si es que existió, la renuncia expresa del emperador a este apéndice navarro en Francia. Parece que se trató de un abandono tácito y táctico. En su concepción estratégica, la paz con Francia primó sobre la ocupación de un apéndice minúsculo de difícil defensa. La pugna por la capitalidad con Saint Palais, el azote hugonote, el paso de castillo a ciudadela bastionada en una frontera entre dos reinos rivales, el desarrollo urbano de los siglos XVI, XVII y XVIII, la llama revolucionaria y los cambios habidos en los siglos XIX y XX son nuevos capítulos en la historia de la villa. Hoy, San Juan de Pie de Puerto, hermanada con Estella desde 1964, es un enclave jacobeo, un destacado lugar turístico y una población que forma parte de “los pueblos más hermosos de Francia”. Visitarla es, además de rememorar nuestra historia, un regalo para los sentidos. Y sigue estando ahí, al pie del puerto.

Patrimonio artístico y monumental

IMG_5119

Vista de la puerta del Mercado o de Navarra, todavía con inequívoco sabor medieval

Las oficina de turismo de San Juan de Pie de Puerto se encuentra ubicada en el centro de la villa, en la Plaza Charles de Gaulle, justo enfrente del edificio del ayuntamiento. Les atenderán en correcto español y les ofrecerán tres folletos de interés: Un díptico sencillo y manejable con el mapa de la villa y una pequeña selección de sus monumentos más significativos; una Guía turística 2017-2018 de San Juan de Pie de Puerto y Saint Etienne de Baïgorry, de 39 páginas, con lo más significativo de la mancomunidad de Garazi-Baigorri; y una Guía de alojamientos de todo tipo.

Teléfono: 0033559 370357

www.pyrenees-basques.com

Para el visitante que llega en coche, todo son facilidades. Aparcamientos gratuitos en el entorno de la villa permiten pasearla con tranquilidad y sosiego y disfrutar de sus tiendas, comercios especializados y restaurantes. Los hay de todo tipo, desde establecimientos con estrella michelin hasta locales junto al río Nive con menús gustosos y asequibles. Déjese llevar y, como verá, se encontrará usted en su casa.

El patrimonio artístico de la villa permite unos paseos que deparan rincones con encanto, fachadas impolutas, una exhuberante disposición floral y vistas hermosamente verdes. El itinerario esencial deberá abarcar, al menos, lo siguiente:

– Paseo por la villa medieval, con las puertas de Navarra o del mercado; de Notre Dame, enfrente del viejo puente que cruza el río Nive y la calle de España; de Francia; y de Santiago, entrada histórica de los peregrinos a Compostela.

– Camino de ronda por la muralla medieval, camino pavimentado hasta la ciudadela y visita a la ciudadela, obra del siglo XVII que sustituyó al viejo castillo.

– Iglesia de Notre Dame du Bout du Pont, un edificio gótico del siglo XIII, fuertemente remodelado en el siglo XIX.

– Casa Arcanzola, las más antigua de la localidad, datada en 1510; y casa Mansard, construida a principios del siglo XVIII, hoy ayuntamiento de la localidad.

– Cárcel de los obispos, hoy sede de exposiciones.

Para saber más

IMG_5128

El eco de Navarra es constante en edificios, calles, liceos y tiendas

ARBELOA MURU, V.M., La corte protestante de Navarra (1527-1563), col. Panorama, nº 20, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1992.

FORTÚN, L.J. y FLORISTÁN, A., Navarra: Los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Como en el resto de la serie, sigue siendo una de las referencias ineludibles.

HERREROS LOPETEGUI, S., Las tierras navarras de Ultrapuertos (siglos XII-XVI), Gobierno de Navarra, Pamplona, 1998. Se trata de la tesis doctoral de la autora y el estudio definitivo sobre el terrritorio ultrapirenaico.

HERREROS, S. Y ZUAZNAVAR, A., San Juan de Pie de Puerto. Una villa navarra al pie de los Pirineos, col. Panorama, nº 39, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Es el libro esencial para conocer la historia de la villa, que ha servido de referencia para elaborar el presente reportaje. Un texto de alta divulgación histórica, disponible como el resto de la serie a un precio módico de 10 euros.

IMG_5148

San Juan de Pie de Puerto es un buen ejemplo de la utilización del patrimonio como elemento dinamizador de la ciudad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En defensa del patrimonio industrial

Silo

Vista de los restos del silo de Potasas en Noáin

El cuidado y conservación del patrimonio, especialmente del navarro, es uno de los temas recurrentes de esta sección desde sus inicios en el año 2004. Hoy este patrimonio no constituye solo una riqueza histórica y cultural de primer orden, reflejo en buena medida de nuestra identidad histórica como pueblo, sino que junto con la naturaleza y la gastronomía, representa también una palanca para el desarrollo económico y social de nuestra Comunidad, en especial en las zonas rurales.

El cuidado del patrimonio ha experimentado cambios muy notables en los dos últimos siglos. Tras las guerras y las desamortizaciones de la primera mitad del siglo XIX, buena parte de este patrimonio quedó primero abandonado y luego malvendido o saqueado. La recuperación de los grandes conjuntos la inició en Navarra la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos, que tuvo vigencia entre 1844 y 1940, tarea magníficamente estudiada por Emilio Quintanilla en su libro del mismo título. A esta siguió la labor mejor conocida de la Institución Príncipe de Viana, iniciada en 1940 y que, inserta en el Departamento de Cultura, continúa hasta nuestros días.

El balance de esta acción continuada en el tiempo, que no han conseguido interrumpir ni los cambios de régimen ni las distintas ideologías de los equipos políticos que se han sucedido al frente del Gobierno de Navarra, es razonablemente positivo. El patrimonio está bien estudiado, las publicaciones, tanto monográficas como de divulgación, son excelentes, los grandes conjuntos están a salvo, y el proceso de mantenimiento e inversión, ralentizado en los últimos años, cabe esperar que mejore de nuevo en próximos presupuestos.

Pero en el horizonte se advierten algunos nubarrones y un problema, a los que me referiré brevemente. Durante mucho tiempo, cultura ha sido entre nosotros sinónimo de patrimonio, y el presupuesto así lo confirmaba. En los últimos años, el patrimonio ha dejado la primacía a la acción cultural y a las industrias culturales y creativas, por lo que el presupuesto dedicado al primero ha descendido notablemente. Ni siquiera el patrocinio privado ha conseguido compensar la pérdida. De ahí la necesidad de recuperar cifras que permitan hacer frente a las nuevas necesidades que se avecinan.

Irati

Restos en pie del complejo del Irati en Aoiz

Aunque el patrimonio civil es importante, entre nosotros el religioso le supera en calidad. Por ello creo que hay que elaborar un plan específico que permita hacer frente al mantenimiento de nuestras parroquias, especialmente afectadas por dos hechos incuestionables: la equivocada política de inmatriculaciones que ha provocado una gran desafección entre las feligresías, y el descenso alarmante de la práctica dominical, que ha dejado a las parroquias sin recursos para hacer frente a las necesidades de sus edificios. Es preciso superar una maniquea visión de la propiedad de este patrimonio y verlo como lo que es: una riqueza que es de todos y que entre todos la debemos mantener.

El tercer nubarrón lo constituye el nada pequeño grupo de conventos que, desaparecidas o en trance de hacerlo las comunidades religiosas que históricamente los han habitado, corren serio riesgo de convertirse en una dolorosa ruina. Y aquí también resulta ineludible un diálogo fructífero entre autoridades religiosas, incluidas las comunidades, y civiles para buscar la mejor salida en beneficio del conjunto de la sociedad.

Pero si la conservación del patrimonio es globalmente razonable, no puede decirse lo mismo de un ámbito que lo tenemos tan cercano como minusvalorado, el patrimonio industrial. Navarra no ha tenido una gran tradición en este ámbito, pero la poca que hemos tenido apenas la hemos valorado. Hemos salvado algunos bienes muebles, hoy en el museo etnológico Julio Caro Baroja, pero hemos dejado caer los inmuebles. La fábrica de municiones de Orbaitzeta, algunas chimeneas de azucareras y otras industrias, restos de fábricas de harinas y alguna nave industrial es todo nuestro panorama. El DN de ayer nos trae la última noticia de esta serie: está a punto de derribarse el gran silo de Potasas en Noáin, ejemplo paradigmático del despegue industrial de la Navarra de los años sesenta del pasado siglo. Me uno a los que piden su conservación. Tal vez no tenga valor estético, pero su potencia monumental en medio del paisaje de la cuenca recuerdan el hacer de una época que ya es historia. Lo más fácil es pasarse la pelota entre administraciones. Pero POSUSA, empresa pública por cierto, el municipio y el gobierno deberían ponerse de acuerdo para conservar un bien del patrimonio industrial del que no estamos sobrados.

Diario de Navarra, 14/9/2017

 

Ciudades que fueron del Reino (V) San Sebastián

Villa mercantil, plaza fuerte y ciudad turística

_MG_4916

Vista de la bahía de la Concha. A la derecha, en el Antiguo,  se situaba el monasterio dedicado a San Sebastián; a la izquierda, bajo el monte Urgull, la ciudad nueva.

San Sebastián/Donostia es una ciudad situada en la costa del golfo de Vizcaya, a 20 kilómetros de la frontera con Francia. Es capital de la provincia de Guipúzcoa y forma parte de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Situada a nivel del mar, su población en 2017 alcanza los 181.788 habitantes y su área metropolitana en torno a 450.000. Sus principales actividades económicas son el comercio y el turismo.

En la órbita del reino de Pamplona

_MG_4940

De nuevo la bahía de la Concha con la ciudad nueva en frente, vista desde Igueldo

Los orígenes de San Sebastián resultan especialmente confusos. Los silencios son largos, los documentos escasos y, por si no fuera suficiente, algunos textos iniciales están falsificados. Durante los siglos V, VI y VII, el territorio de Pamplona coincide en buena medida con el territorio histórico de los vascones, prolongado hasta el Cantábrico. Esta situación cambia en el siglo VIII. En la primera mitad, los musulmanes sustituyen a los visigodos en el dominio de Pamplona y se suceden durante toda la centuria alternancias, sublevaciones y una gran inestabilidad. Mientras tanto, al norte, en la zona de Aquitania, se consolida un ducado primero autónomo y posteriormente controlado por los francos, que intentó controlar el territorio pamplonés durante los reinados de Carlomagno (778) y de su hijo Ludovico Pío (824). A fines del siglo IX, Velate parece ser la divisoria entre los dos territorios.

El acceso al trono de Sancho Garcés I (905-925) supone la creación efectiva de la monarquía pamplonesa. En las décadas siguientes a su muerte, se inicia una lenta repoblación de las tierras del Baztán-Bidasoa desde el reino de Pamplona que, con intensidad y modelos diferentes, incorpora al territorio casi toda la cornisa cantábrica de la actual Guipúzcoa.

Es muy probable que desde el siglo XI, un monasterio dedicado a San Sebastián se encontrara ubicado en el término del actual barrio donostiarra del Antiguo. Una iglesia rural de patronato laico, el monasterio al que refieren los textos del siglo XII, sería el polo de referencia inicial de la repoblación y transformación de los entornos de la bahía. Los alrededores se dedicarían a una explotación económica diversificada, con presencia cualitativa de la agricultura y arboricultura, y de una actividad pesquera de recolección. El primer documento auténtico referido a la existencia de San Sebastián data de 1096. En la bula pontificia de Urbano II que delimita la diócesis de Pamplona se señala el límite más occidental de ésta en “Sanctum Sebastianum in ripa maris”, en San Sebastián a la orilla del mar. Apenas cinco años después, en 1101, Pedro I de Aragón y Pamplona confirma la donación de la iglesia de San Sebastián y su villa realizada a favor del monasterio de San Salvador de Leire por el rey Sancho, antepasado suyo. En este siglo XI, se ha ampliado el espacio, la población ha crecido y se han transformado los modos de vida de la población de los valles fluviales y el litoral.

El siglo XII conoce un mayor número de referencias documentales, que reiteran la posición de San Sebastián. Además de señalar su ubicación junto al Cantábrico, “en el litoral del mar”, señala la bula de Alejandro III de 1174, las donaciones reales amplían claramente el territorio. Hacia 1178 con Sancho VI el Sabio las donaciones dibujan un territorio que se extiende entre el Bidasoa, el Oria, Arano y la bocana de Pasajes, emergiendo así el término que se otorgará a la nueva puebla de San Sebastián.

_MG_4990

La calle 31 de agosto, hoy eminentemente gastronómica, une las dos iglesias del casco antiguo

Sancho VI el Sabio otorgó el privilegio de fundación de la villa “a todos los hombres, tanto mayores como menores, presentes y futuros, que tienen poblado y en adelante han de poblar San Sebastián”. El texto que nos ha transmitido este fuero de fundación no lleva fecha, pero la mayor parte de los historiadores dan por buena 1180, propuesta por el gran medievalista estellés, José María Lacarra.

En el preámbulo del fuero queda anotada la existencia de un poblado previa a la concesión que, lógicamente, se situaría en el mismo lugar en que se ubicará y desarrollará el centro urbano: al abrigo del monte Urgull, entre la bahía y la desembocadura del Urumea, el lugar más propicio del entorno donostiarra a los intereses defensivos y económicos que mueven al monarca navarro. La preexistencia de la puebla queda confirmada también en un documento de 1178 en el que el obispo de Pamplona y el abad de Leire acuerdan sus derechos en diversas iglesias, entre las que se nombran a Santa María y San Vicente.

Aunque en las anteriores entregas hemos hablado de los respectivos fueros de las villas y ciudades estudiadas, conviene detenerse someramente en el de San Sebastián. Lacarra, Martín Duque y Orella han puesto de manifiesto la doble composición de la carta: el estatuto de franqueza y libertad deriva del concedido a Estella en 1090. El resto del articulado es original en el fuero de San Sebastián y constituye un código de derecho marítimo que servirá para fomentar la repoblación del litoral guipuzcoano. Los cuarenta artículos del fuero abarcan contenidos muy diversos: concesión de bienes de realengo, concesión del estatuto jurídico de franqueza y libertad de los pobladores, privilegios fiscales, derecho civil privado, derecho civil público y administrativo, derecho procesal, derecho penal y derecho marítimo. Como se ve, un instrumento legal que garantiza la autonomía de la puebla, sin dependencias personales, jurídicas o económicas de signo señorial.

_MG_4953

Vista de la calle mayor del casco antiguo, con la basílica de Nuestra Señora del Coro al fondo

Pocos años duró la tranquilidad en la nueva villa. En 1198, Castilla y Aragón, una vez más, decidieron en el tratado de Calatayud atacar Navarra conjuntamente y repartirse el reino. La ofensiva se inició, el rey navarro consiguió que Aragón no siguiera adelante, pero no pudo impedir que Alfonso VIII atacara Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado. En enero de 1200 cae Vitoria y el reino de Navarra pierde el conjunto de los territorios. En 1199, dominaba la villa un castillo del que era tenente aún del rey navarro Johane de Bidauri. Pero al año siguiente, Alfonso VIII adquirió “la tierra que se llama Ipuscaia, con San Sebastián en el extremo”, según señalan las crónicas de los reyes castellanos.

Aunque los intentos de que la ciudad volviera a obediencia navarra se sucedieron a lo largo de la Edad Media, ninguno fructificó. En 1234, se planteó la devolución de Álava y Guipúzcoa en el proceso de la negociación del matrimonio entre la heredera navarra Blanca y el heredero castellano Alfonso. En 1256, Teobaldo II se hizo vasallo del rey de Castilla Alfonso X a cambio de recibir de por vida las plazas de San Sebastián y Fuenterrabía. Pero ni el homenaje fue efectivo, ni ser produjo la entrega de las plazas. Los choques e incursiones promovidas por ambos bandos fueron frecuentes en la primera mitad del siglo XIV. La derrota de los navarros en Beotívar (1321) es un ejemplo de estos problemas fronterizos. La llegada al trono de Carlos II volvió a agitar las aguas del conflicto. En sucesivas ocasiones, en el marco de la guerra civil entre Pedro I y Enrique II, el rey navarro intentó la devolución de los territorios de Álava y Guipúzcoa, pero ninguno de los varios intentos habidos fructificó.

Evolución de la ciudad

_MG_4961

Su designación como capital de Guipúzcoa y su carácter de ciudad de veraneo real impulsaron su desarrollo urbanístico. Vista del casino, hoy ayuntamiento de la ciudad.

En 1202, al igual que había sucedido en Vitoria, Alfonso VIII confirma a la villa de San Sebastián el fuero otorgado por Sancho VI de Navarra y, como él, harán los sucesivos monarcas castellanos. Aunque no conocemos los episodios concretos del trasvase de soberanía a favor del rey de Castilla, el hecho supuso a medio plazo el fortalecimiento del carácter defensivo de San Sebastián. Éste tendría su primera manifestación en la muralla que, como elemento esencial de toda villa medieval, protege al núcleo. En el fuero no se cita su existencia, pero en 1311 Fernando IV concede 3.000 maravedíes anuales a cobrar del diezmo recaudado en el puerto de la villa para reparar la muralla batida por el mar y ya en tiempos de los Reyes Católicos, en 1477, San Sebastián podrá imponer sisa sobre determinadas mercancías para hacer alrededor de ella baluartes y cercas con sus almenas.

El desarrollo de la villa es evidente en su desarrollo portuario, organizativo y material. Fuerzas navales toman parte en la reconquista de Sevilla, el cerco de Algeciras o el encuentro de La Rochela, compensados por la corona con importantes privilegios. Poco a poco, su extenso territorio se va desgajando. Fuenterrabía, Oyarzun, Rentería y Orio reciben el fuero de San Sebastián. Pero esta reducción del término discurre paralela al fortalecimiento de la entidad urbana. El puerto constituye la salida al mar de Navarra y tiene categoría internacional, lo que exige obras, lonja y hermandades. Dado que la madera era el el material de construcción, los incendios han sido una constante en la historia de la ciudad. El de 1489 fue especialmente pavoroso, reduciéndose a cenizas prácticamente la población, lo que provocó su reconstrucción en piedra en las décadas siguientes.

La época moderna cambiará la forma de vida y la estructura de la ciudad. San Sebastián pasará de ser una villa mercantil a ser plaza militar, debido a su situación estratégica. Pasajes será la base naval de la Escuadra Cantábrica hasta el siglo XIX, encargada de combatir contra las escuadras francesa, holandesa y británica. Esto provocó que la villa sufriera numerosos sitios y que la economía se deteriorara seriamente, motivada por los gastos de las fortificaciones, el mantenimiento de la guarnición y la continua caída del comercio marítimo. Además de los títulos de Noble y Leal, Felipe IV le concedió el título de ciudad en 1662.

La ciudad fue ocupada en dos ocasiones por las tropas francesas. En 1719, en el marco de la Guerra de Sucesión y en 1808, durante la Guerra de la Independencia. En 1813 fue sitiada por el ejército español y sus aliados. El saqueo causó un gran incendio del que solo se salvaron treinta y cinco casas, las iglesias de Santa María y San Vicente y los conventos de San Telmo y Santa Teresa.

El siglo XIX conoció el proceso de expansión de la ciudad, con la creación del ensanche. En 1854, San Sebastián es declarada capital de la provincia de Guipúzcoa y en 1863, tras un intenso debate, se derriban las murallas que limitaban el crecimiento de la ciudad. San Sebastián dota al ensanche de los elementos característicos de una ciudad moderna y de los edificios administrativos que exige la nueva capitalidad.

_MG_4947

Catedral del Buen Pastor, levantada en el imperante neogótico.

Pero una nueva función, que la definirá en el futuro, se abre paso a finales de siglo. La reina María Cristina se enamora de la ciudad y veranea en ella de forma ininterrumpida entre 1892 y 1928. La ciudad se convierte en residencia real estival y lugar de veraneo de la aristocracia y la burguesía. Buena parte de los edificios más representativos de la ciudad, comenzando por la catedral del Buen Pastor, se levantan en estos años.

El siglo XX conoció la Belle Époque, el Pacto de San Sebastián (1930), la II República, la dictadura franquista con la presencia de Franco en agosto en el palacio de Ayete, la Quincena Musical Donostiarra (1939), la creación de la diócesis de San Sebastián por el papa Pío XII (1949) y el nacimiento del Festival Internacional de Cine (1953), entre otros eventos. La ciudad que comenzó el siglo con 37.000 habitantes, lo acabó con 180.000.

El siglo XXI, tras el cese de terrorismo de ETA, ha devuelto a San Sebastián el carácter cimero de ciudad turística, cultural y sostenible. La fallida capital cultural europea 2016 no ha impedido que su despegue continúe y San Sebastián sea hoy una ventana abierta al mundo.

Patrimonio monumental y artístico

_MG_4963

El puente de María Cristina y el Kursaal de Moneo conviven armoniosamente.

La oficina de turismo de San Sebastián se encuentra ubicada en pleno centro, Boulevard, 8. Es uno de los espacios más concurridos de la ciudad, pero la información es amable y profesional. Allí les ofrecerán dos folletos de interés. Un mapa-guía muy elemental y práctico, que contiene referencias de monumentos, museos, parques, ocio e información práctica; y una guía de la ciudad “Donostia/San Sebastián” que cuesta 1 euro y es muy recomendable. La edición 2017-2018 consta de 112 páginas muy manejables, que abarcan los siguientes contenidos: la ciudad, qué hacer, alrededores, dormir, encuentros e incentivos como ciudad de negocios, y una completa información práctica. En la oficina encontrará disponibles también todo tipo de folletos de carácter más específico.

Boulevard, 8

Tf. 943 481166

sansebastianturismo@donostia.eus

www.sansebastianturismo.com

Justo al lado de la oficina de turismo de San Sebastián se encuentra la oficina de turismo de la Diputación Foral de Guipúzcoa. Sin los agobios de la anterior, allí le ofrecerán también amplia información sobre la provincia. Destaca un folleto titulado “Explore San Sebastián región”, que en sus 97 páginas recoge un compendio de propuestas: Donostia/San Sebastián, la costa, el interior, qué hacer e información práctica.

Boulevard, 6

Tf. 943 415151

www.sansebastianregion.com

El Gobierno Vasco dispone también de una excelente colección de material turístico. Destacan un folleto general “Euskadi”, y una serie de folletos temáticos sobre gastronomía, costa vasca y escapadas urbanas, entre otros.

www.euskaditurismo.eus

San Sebastián no es una ciudad donde lo monumental y artístico sea el elemento dominante, pero no le faltan alicientes ni edificios de interés. Una visita a la ciudad debería de incluir ejemplos del arte religioso y del patrimonio civil, además de alguno de los museos. Pero el paseo, las vistas de la bahía y las delicias gastronómicas forman parte también de este patrimonio.

Para saber más

_MG_4985

Pocas imágenes tan típicas de la ciudad como las barras de pinchos de los bares del casco antiguo

FORTÚN, L.J., y FLORISTÁN, A., Navarra, los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Es, al igual que en el resto de las entregas, el libro de referencia para estudiar la evolución de las fronteras del reino,

GÓMEZ PIÑEIRO J. y SÁEZ GARCÍA, J.A. (coordinadores), Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013. El texto es una síntesis actualizada de los conocimientos sobre la ciudad, donde se abordan la geografía física, la historia, la geografía humana, el patrimonio cultural y una extensa bibliografía.

LEMA PUEYO, J.A., “Los orígenes medievales de San Sebastián: la época anterior al fuero de Sancho el Sabio”, en Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013.

MARTIN DUQUE, A.J., “El Fuero de San Sebastián. Tradición manuscrita y edición crítica”, en El fuero de San Sebastián y su época, Sociedad de Estudios Vascos, 1982, págs. 3-25. El trabajo es, en palabras de Orella, otro de sus estudiosos, “desde ahora lugar de referencia para todo estudio subsiguiente del fuero”.

MUÑOZ GABILONDO, P., Donostia/San Sebastián, 2015. Es una guía muy manejable, con un texto en cuatro idiomas y una excelente colección de fotografías.

ORELLA UNZUÉ, J.L., “El fuero de San Sebastián y su entorno histórico”, en Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013. Se trata de un documentado estudio que, además del fuero, analiza el antes y el después de la creación de la villa por Sancho el Sabio.

OTXOTORENA, J.A. e IMAZ, A., Donostia/San Sebastián, Alai, San Sebastián, 2015. Se trata de una guía eminentemente gráfica de la ciudad.

UNSAIN, J.M. y OTROS, San Sebastián, un viaje a través de su historia, Donostia/San Sebastián, Nerea, 2016.

Universidad y opinión pública

Opinión

Cuando me disponía a redactar estas líneas, me ha venido a la memoria la célebre frase de “¿Pensamiento Navarro? El mismo título es una contradicción”. Para verificar el nombre de su autor, que he visto indistintamente atribuir a Unamuno y Baroja, he ido a google y me ratifica que el autor es don Miguel de Unamuno, bilbaíno y uno de nuestros grandes escritores e intelectuales del siglo XX. Es, sin duda, una calificación injusta, y mucho más si la referimos no al periódico carlista, sino al conjunto de los ciudadanos navarros de ésa o de cualquier otra época. Pero como muchas de las grandes frases, encierra un punto de verdad, ya que la capacidad de reflexión no ha sido precisamente una característica de nuestro devenir histórico, guiado más bien por el ardor y la pasión que nos han enzarzado en múltiples contiendas y nos han permitido llegar hasta la actualidad conservando una singularidad muy definida en el conjunto de los pueblos de España, que es nuestra condición foral.

Tierra marcada por el predominio de la ideología conservadora, a la que se unió un clericalismo dominante, cuantitativa y cualitativamente hablando, el Siglo de las Luces y el liberalismo del XIX no consiguieron hacerla brillar en el campo del pensamiento y de las letras, pese a algunos intentos individualizados en estos dos siglos. El siglo XX le reservó un importante papel en el desarrollo de la guerra civil, actuando los requetés de vanguardia del nuevo Estado que pretendió nacer, y dejando a la Iglesia y su nacionalcatolicismo el liderazgo en lo religioso, lo social y lo cultural.

Desde el siglo XIX fueron las élites educadas en el nuevo régimen liberal, con un extractivo y reducido sistema escolar que abarcaba los nuevos institutos de enseñanza media y las universidades, en especial las llamadas centrales, las que se encargaron de propiciar el debate y suscitar reflexiones de interés. Recordemos al respecto la labor de algunos ilustres catedráticos que formaron parte de la Generación del 98 o de la Institución Libre de Enseñanza. Apenas nada de esto se dio entre nosotros, ya que la institución universitaria propiamente dicha llegó en 1960, cuando nace, vinculada al Opus Dei, la Universidad de Navarra, hasta entonces Estudio General de Navarra y, sobre todo, en 1987, cuando el Parlamento de Navarra crea la Universidad Pública de Navarra, “entidad a la que se encomienda el servicio público de la educación superior en Navarra, mediante el ejercicio de la docencia, el estudio y la investigación”.

Parecía llegado, pues, el momento de que la Universidad ejerciera el liderazgo político, social y cultural que en teoría se le asignaba, teniendo presente además las especiales y favorables circunstancias que aquí se daban: cerca de 2.000 docentes de todo signo y condición, para una población que apenas superaba los 600.000 habitantes.

El balance, en mi opinión, no es especialmente positivo. El docente universitario tiende a refugiarse en su especialidad, en la que se encuentra cómodo y a buen recaudo, y acepta con dificultad la tarea de expresar públicamente opiniones que pueden ser contestadas, discutidas o incluso rechazadas. Ni en la época de la transición, ni en los duros años de plomo -cuando el terrorismo etarra hacía particularmente incómodo alzar la voz- ni en los debates sobre el futuro de Navarra del último decenio las universidades han tenido el papel relevante que podía esperarse de ellas. Aún a riesgo de ser injusto con algunos que se quedarán en el tintero, se pueden citar con los dedos de la mano los profesores de la Universidad de Navarra que participan en el debate público en este medio -el profesor Navas probablemente sea el más asiduo- y tampoco son muchos más los profesores de la Universidad Pública de Navarra que lo hacen -Luis Sarriés, Jesús María Osés, Juan María Sánchez Prieto y Francisco Javier Blázquez-. Por ello me parece particularmente relevante el artículo aparecido en el Diario de Navarra del día 1 de julio de 2017, firmado por cuatro catedráticos de la Universidad Pública de Navarra, Josetxo Beriáin, Humberto Bustince, Fernando de la Hucha y Jorge Nieto, titulado “El corredor ferroviario y la modernización en Navarra”. La opinión de los profesores en nítida: “Los planteamientos contrarios al TAV (…) son fácilmente refutables teórica y empíricamente y su endeblez muestra que en la oposición a este pilar fundamental de la riqueza de la región hay mucho más de temor atávico que de racionalidad colectiva (…) Introduzcamos todos los controles públicos necesarios, pero no detengamos el tren de la modernización”. Reputados profesores de ámbitos bien distintos nos dan una opinión fundada sobre un tema controvertido y de especial interés. Es una buena y cualitativa aportación al debate de nuestro futuro. Y un ejemplo de lo que la Universidad debería aportar en éste y en otros temas de alcance. Esperemos que cunda el ejemplo.

Diario de Navarra, 31/8/2017

 

Ciudades que fueron del Reino (IV) Vitoria

Aldea, villa, ciudad, sede episcopal y capital política

_MG_4879

Vista de una de las calles de la “almendra medieval” de la ciudad de Vitoria

La ciudad de Vitoria, capital de la provincia de Álava, se encuentra enclavada en la Llanada alavesa, cruce de caminos y punto estratégico militar y comercial. Situada a 539 metros sobre el nivel del mar, la primitiva ciudad medieval estuvo situada en la colina, aunque la ciudad moderna se ha expandido por los cuatro puntos cardinales. Vitoria es una ciudad industrial, comercial y de servicios, cuenta con 244.634 habitantes y es la sede del Parlamento y el Gobierno Vasco.

De Gasteiz a Vitoria

_MG_4886

Torre de Santa María de Vitoria, la catedral vieja, que todavía hoy domina el paisaje urbano de la ciudad

Uno de los problemas de una serie como ésta es tener que resumir en unos cuantos párrafos una extensa investigación llevada a cabo por especialistas. Este es el caso de Vitoria. Agustín Azkarate, uno de sus mejores conocedores, en el capítulo “La tardoantigüedad”, dentro de la “Historia de Álava” dirigida por Antonio Rivera, resume así el primer milenio de historia de Gasteiz, hoy ya aceptada como la población sobre la que se asentó la “Nueva Victoria”: “Sobre el cerro que, con el tiempo acogió primero a Gasteiz y luego a Vitoria, hubo sin duda alguna algún tipo de asentamiento hace casi dos mil años. Nada se conoce, sin embargo, sobre su entidad, su morfología, su funcionalidad, ni siquiera su duración. Las cerámicas recogidas a día de hoy ocupan una horquilla cronológica que va desde el siglo I al III y se cuenta con una moneda del siglo IV”. Apenas tenemos noticia de lo acontecido entre los siglos V al VIII, solo restos de algunas armas fechables en el siglo VII. El periodo que va desde el siglo VIII a la conquista castellana, coincidente en buena medida con la pertenencia al reino de Pamplona, es mejor conocido. “Los rasgos más significativos serían los siguientes: un primer momento caracterizado por la presencia de una importante arquitectura doméstica construida en madera; otro posterior de arquitectura mixta, también doméstica; y un tercero en el que el espacio se transformó radicalmente con la construcción de una muralla de piedra y la primera iglesia del lugar”. Estas conclusiones, de fecha 2003, se han visto ampliadas y ratificadas tras la publicación en 2014 del libro “Arqueología e historia de una ciudad. Los orígenes de Vitoria-Gasteiz”, un texto multidisciplinar que supone un antes y un después en la historiografía de la ciudad.

_MG_4881

El pórtico de Santa María es, probablemente, el elemento artístico más destacado del conjunto

Hemos tenido la oportunidad en entregas anteriores de referirnos al periodo de la configuración de la monarquía pamplonesa (siglo X); a la máxima expansión del reino de Pamplona bajo Sancho el Mayor (primer tercio del siglo XI) en el que las tierras de Álava se sitúan ya en la órbita pamplonesa; al repliegue y crisis del reino de Pamplona (entre 1035 y 1076), con pérdida de la parte occidental de Álava; al fraccionamiento del reino y la unión con Aragón (entre 1076 y 1134); y a la difícil restauración bajo el reinado de García Ramírez (entre 1134 y 1159). Luis Javier Fortún lo resume así: “Las relaciones con Castilla estuvieron marcadas por el vasallaje del rey pamplonés y conocieron altibajos, que se plasmaron territorialmente. En 1134 el conde Ladrón, jefe del linaje alavés de los Vela, se posicionó a favor de García Ramírez, junto con los otros territorios que controlaba: Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Pero en 1136 el conde Ladrón pasó al servicio de Castilla, junto con el condado de Álava, situación que se prolongó hasta 1143, en que volvió al ámbito navarro. A partir de entonces, las fluctuaciones de estos territorios entre Navarra y Castilla fueron frecuentes”. En este contexto se inserta la historia de la aldea de Gasteiz. Una treintena de casas, dos iglesias, San Vicente y San Miguel y una muralla datable en el siglo XI sería lo existente hacia 1150, año de la llegada al trono de Sancho VI el Sabio (1150-1194).

Sancho VI el Sabio y la creación de Vitoria

_MG_4889

Detalle del lienzo de muralla del siglo XI, anterior a la creación de Vitoria por Sancho VI el Sabio

Los monarcas navarros tuvieron que hacer frente a serios problemas en sus fronteras con el reino de Castilla, debido a la presión de los reyes castellanos y aragoneses, que pretendieron repartirse el reino durante el siglo XII en numerosas ocasiones (1140, 1151, 1179 y 1198). Sancho VI el Sabio, rey de Navarra, logró revitalizar su frontera occidental, se extendió por gran parte de la Rioja, Burgos y Álava, y ocupó en 1162 y 1163 varias plazas fuertes. La ofensiva castellana desembocó finalmente en el acuerdo de paz de 1179, que supuso la conservación del Duranguesado, Guipúzcoa y la mayor parte de la actual provincia de Álava.

Paralelamente, en la segunda mitad del siglo XII, el proceso de configuración de la red urbana estaba en pleno auge. A los casos bien conocidos de Estella (1090), Puente la Reina (1122), San Cernin de Pamplona (1129) y Sangüesa (1122), por citar los más significativos, se unieron los de Laguardia (1164), Los Arcos (1176), San Sebastián (1180), Vitoria (1181), Antoñana (1182), Bernedo (1182), Arganzón (1191), y Labraza (1196), todas ellas villas fundadas en el reinado de Sancho el Sabio.

_MG_4909

El carácter de plaza fuerte aparece reflejado en esta puerta de la muralla

En el caso de Vitoria, en la segunda mitad del siglo XII se inició una nueva urbanización, confirmada por escrito en 1181 por el rey. El fuero, redactado en latín, dice lo siguiente: “Me place con libertad de ánimo y sanamente poblaros en la villa citada, cuyo nuevo nombre puse Vitoria, la cual antes se llamaba Gasteiz”. El documento dice además que “se otorga esta carta de confirmación y afirmación a todos los pobladores suyos de la nueva Vitoria”. La mitad de las heredades se conceden a quienes acudan a poblar nuevamente la villa en los lugares que se les habían asignado. La otra mitad, será para los labradores que hasta entonces tenían intereses económicos en esos términos, con la condición de que vivan en los solares asignados. El fuero señala también que la iglesia juradera serán la de San Miguel “que se encuentra junto a la puerta de vuestra villa”. Estos datos, unidos a estudios arqueológicos muy complejos, han permitido a historiadores y arqueólogos localizar la antigua Gasteiz sobre el cerro y seguir la evolución y expansión de la nueva Vitoria.

La nueva urbanización llevada a cabo en tiempos de Sancho VI, señala Ernesto García Fernández, “tuvo grandes consecuencias para el futuro desarrollo económico, social, demográfico y político de Vitoria, compuesta en esta primera época por gentes de Gasteiz, de las aldeas de los alrededores y de otras zonas del reino de Navarra. La nuevas pueblas, urbanizadas por Alfonso VIII y Alfonso X significaron la consolidación definitiva de un centro urbano que muy poco o nada se parecía al de la vieja aldea de Gasteiz”.

_MG_4906

La ciudad medieval contó con dos iglesias más en la colina, modificadas  en los siglos siguientes

Entre tanto, se alternaban periodos de paz y guerra. Tras el intento, una vez más, de castellanos y aragoneses de repartirse el reino en 1198, Alfonso VIII de Castilla reanudó en 1199 las hostilidades. Consecuencia de las mismas, la Llanada alavesa, casi toda la Montaña -Campezo-, y el condado de Treviño fueron incorporados a Castilla en el año 1200. Dos hechos merecen subrayarse: la resistencia que opusieron los vecinos y habitantes de la villa de Vitoria y la reivindicación permanente de estos territorios por los monarcas y cronistas navarros a lo largo de la Edad Media. El Príncipe de Viana en su “Crónica de los reyes de Navarra” dice que a Vitoria la tuvieron sitiada cerca de un año, e hicieron todo lo posible para defenderse, hasta que tuvieron que rendirse por la fuerza. “De esta manera tomaron los castellanos la tierra de Álava y de Guipúzcoa injustamente”. No son de la misma opinión las crónicas castellanas, que echan la culpa de la guerra al rey navarro.

A partir de ese momento, la frontera occidental se estabilizó y solo se produjeron modificaciones temporales. Entre 1369 y 1373, como consecuencia de una nueva guerra contra Castilla, Carlos II ocupó Vitoria, Salvatierra, Santa Cruz de Campezo y Logroño. El intento oportunista acabó en fracaso (1373), con el agravante de que una nueva guerra terminó con la derrota total de Navarra y la ocupación temporal de una parte del territorio entre 1378 y 1386.

El desarrollo de la ciudad

_MG_4892

Desde las arquerías de la iglesia de San Vicente se puede apreciar el crecimiento de la ciudad con la catedral nueva al fondo

Tras la conquista por Alfonso VIII en 1200, el nuevo rey amplió la ciudad con tres nuevas calles al oeste de la colina, aunque un gran incendio la destruyó en 1202. Alfonso X el Sabio en 1256 realiza la apertura de otras tres calles en la ladera opuesta, con lo que tomó cuerpo la almendra clásica del casco medieval.

La ciudad, que obtuvo tal título de Juan II de Castilla en 1431, no sufrió grandes modificaciones hasta el siglo XVIII, aunque se le fueron agregando palacios y conventos, la piedra y el adobe sustituyó a la madera y las calles se fueron empedrando. El siglo XIX fue periodo de guerras, la más conocida la batalla de Vitoria contra los franceses en 1813, traslado de aduanas y llegada del ferrocarril. En 1851 Pio IX creó la diócesis de Vitoria, que englobaba las entonces llamadas provincias vascongadas, consagrándose la colegiata de Santa María como catedral en 1853. El siglo XX, que lo inicia con apenas 30.000 habitantes, conoció la industrialización, un aumento demográfico espectacular, la aparición de nuevos barrios y la designación de Vitoria como capital de la Comunidad Autónoma del País Vasco. La Vitoria del siglo XXI se caracteriza por ser verde y sostenible, habiendo sido premiada con el galardón de “Capital verde europea 2012”. Vitoria es hoy una ciudad pensada y diseñada para vivir y una de las tres capitales españolas con mejor calidad de vida.

Abierto por obras

_MG_4877

La rehabilitación de Santa María, según un novedoso y pìonero sistema continúa

La década de los noventa conoció una de las restauraciones más ambiciosas llevadas a cabo por la Institución Príncipe de Viana en el conjunto monumental más valioso de todo nuestro patrimonio: la catedral de Pamplona. Durante varios años, el edificio colgó el cartel de “cerrado por obras”, tras lo cual, la oscura y poco conocida seo pamplonesa, se trocó en un edificio limpio y luminoso, lleno de arte y de vida. Una operación de alta cirugía estética, pero de escaso impacto en la vida cultural, turística y económica del casco histórico de la ciudad, mientras el proceso se llevó a cabo. Lo mismo sucedió con la catedral de Tudela, otro de los conjuntos fundamentales de nuestro patrimonio. Sin embargo, veinte años después, lo que entonces no fue posible, comienza a ser realidad. Las restauraciones de las fachadas de Santa María de Sangüesa y Santa María de Olite, y el claustro de la catedral de Pamplona están permitiendo acceder a los enclaves en el momento mismo de la restauración, con el aliciente adicional que ello supone.

Este proceso se popularizó en la catedral de Santa María de Vitoria, acogido bajo el acertado título de “Abierto por obras”. La Fundación Catedral Santa María es la institución creada para gestionar y desarrollar las propuestas del Plan Director de Restauración Integral del templo más emblemático y con mayor valor histórico de Vitoria-Gasteiz.

_MG_4912

Los premios y las visitas internacionales, caso de Ken Follet, han dado renombre al conjunto en los medios internacionales

El desarrollo del proyecto, dada la complejidad de los problemas detectados en la catedral, se ha adaptado a las nuevas realidades, manteniendo siempre el rigor metodológico y los objetivos previstos por el Plan Director. La calidad del mismo ha sido reconocida, entre otros, por la Unión Europea, el Vaticano, el Ministerio de Cultura, y en prestigiosos foros nacionales e internacionales, siendo ya un referente de excelencia en la restauración monumental. El proyecto ha recibido, además, el Premio Europa Nostra (2002), el máximo galardón europeo en recuperación y conservación del Patrimonio Cultural.

La página web de la Fundación, muy completa y actualizada, permite acercarse a un fenómeno que ha desbordado las previsiones iniciales y se ha convertido en un motor científico, cultural, económico y social para la revitalización del caso antiguo y el conocimiento de la ciudad de Vitoria, además de un referente internacional de buenas prácticas.

Provisto del casco correspondiente, la visita a la catedral es altamente recomendable.

Patrimonio artístico y monumental

_MG_4900

La PLaza de España o Plaza Nueva es un buen ejemplo de las mejoras introducidas en los siglos XVIII y XIX

La Oficina de Turismo se encuentra ubicada en los bajos del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, en la Plaza de España (Plaza Nueva). Allí recibirá cumplida información de la ciudad y todas sus actividades. Son de especial interés los tres folletos que indicamos a continuación: Un plano muy sencillo y práctico con los principales puntos de interés, teléfonos útiles, museos y hoteles; un folleto muy manejable de 67 páginas, titulado “Guía del visitante. Vitoria-Gasteiz green capital. La ves, la sientes” que resumen fielmente las múltiples posibilidades que ofrece la ciudad; y un folleto más específico titulado “Ruta verde de Vitoria-Gasteiz”, un itinerario que recorre el anillo verde de la ciudad y sus 6 parques periurbanos conectados entre sí, con un total de 30 kilómetros que atraviesan lugares y equipamientos especialmente diseñados para el ocio y el recreo.

Oficina de Turismo. Plaza de España 1

Tel. 945161598

turismo@vitoria-gasteiz.org

A diferencia de otras entregas, en ésta, por falta de espacio, no ofrecemos información pormenorizada del patrimonio artístico y monumental, del que la ciudad tiene muy buenas muestras. En los folletos recomendados la podrán encontrar

Para saber más

_MG_4904

Monumento a la batalla de Vitoria, situado en la Plaza de la Virgen Blanca

AZKARATE, A. y SOLAUN, J.L. (coords.), Arqueología e historia de una ciudad. Los orígenes de Vitoria-Gasteiz, UPV/EHU, Vitoria-Gasteiz, 2014, (2 vols.) Se trata de un estudio multidisciplinar que recoge las conclusiones de 20 años de un trabajo pionero y científicamente impecable. En la web se encuentra disponible el texto en PDF.

FORTÚN, L.J., y FLORISTÁN, A., Navarra, los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Es, al igual que en el resto de las entregas, el libro de referencia para estudiar la evolución de las fronteras del reino, plasmadas además en una serie de mapas muy expresivos de dicha evolución.

GÓMEZ, A., y GARCÍA, I., Katu en érase una vez Gasteiz, Fundación Catedral Santa María, Vitoria, 2012. Se trata de un librito, con texto y dibujos, dedicado a los niños, ameno y bien planteado. Se puede conseguir por 3 euros en la tienda de la catedral de Santa María.

MARTÍN DUQUE, A.J., Sancho VI de Navarra y el fuero de Vitoria, en “Vitoria en la Edad Media”, Vitoria, 1982, pags. 281-295.

RIVERA, A. (director), Historia de Álava, Nerea, Vitoria-Gasteiz, 2003. Para la etapa vinculada al Reino de Pamplona-Navarra, resulta de especial interés el capítulo V “Clérigos, caballeros, burgueses y campesinos en la Alta Edad Media”, obra de Ernesto García Fernández.

VV. AA., Vitoria-Gasteiz, Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, Vitoria, 2010. Se trata de un hermoso libro con fotos alusivas a la ciudad.

_MG_4896

Logo que identifica a Vitoria como green capital

Las villas de Sancho VI el Sabio

Antoñana

Villa de Antoñana (1182)

Cuando don Ángel Martín Duque, mi añorado y retirado maestro, compartía con sus alumnos sus muchos saberes y nos deleitaba con su magisterio, siempre me llamaba la atención el extraordinario juicio y la muy positiva valoración que le merecía la actuación de un rey, Sancho VI el Sabio, que en la historiografía navarra no estaba valorado a la altura de otros monarcas como Sancho Garcés I, Sancho III el Mayor, Sancho VII el Fuerte o Carlos III el Noble. Y a medida que conozco un poco mejor la historia medieval de Navarra, también para mí su figura se agiganta hasta situarse a la altura de los más grandes, si no el que más.

A lo largo del verano, he compartido con ustedes algunos momentos de la historia de Navarra que he titulado “Ciudades que fueron del Reino”. Hemos centrado nuestra atención en Calahorra, Nájera, Laguardia, Vitoria, San Sebastián, y la cerraremos el próximo lunes con San Juan de Pie de Puerto. Pues bien, si hay un rey que ha protagonizado la serie, ése es sin duda Sancho VI el Sabio, verdadero creador de las villas de Laguardia, Vitoria y San Sebastián, mediante la concesión de su respectivo fuero.

Bernedo

Villa de Bernedo (1182)

Una sección como la presente no permite ahondar en los logros del reinado, pero si tuviera que enumerar los fundamentales, éstos serían los siguientes: fortalecimiento y consolidación de la monarquía; defensa inteligente de las fronteras del reino, conjugando diplomacia, acción militar y creación de plazas fuertes; y vertebración del territorio, favoreciendo la creación de burgos, la vida urbana y el comercio.

El origen divino de la realeza se consolida en el reino de Pamplona con Sancho el Mayor (1004-1035), que se proclama rex Dei gratia, rey por la gracia de Dios. Tres signos externos la proclaman: la unción con óleo, la intitulación regia y las inscripciones monetarias. De nuevo es Martín Duque quien resume magistralmente la cuestión: “Sancho VI el Sabio (1150-1194) tuvo que sufrir por lo menos en dos épocas de su reinado el abandono de bastantes ricoshombres que pasaron al servicio de Castilla y Aragón. Mientras tanto, la Santa Sede negaba formalmente el título de rex a los soberanos navarros, pues no se había respetado el testamento del Batallador. Durante sesenta años los documentos papales calificaron al rey de Pamplona como dux, caudillo o jefe militar. Sancho VI el Sabio quiso acabar con esta situación y en 1162 cambió el título de rex Pampilonensium por el de rex Navarrae. Se desplaza a segundo plano la proyección personal de la soberanía y se da preferencia a su proyección territorial. El rey ya no es esencialmente el caudillo de los ricoshombres, más o menos veleidosos, sino que es el soberano de un territorio en el que conviven grupos sociales dotados de estatutos legales diferentes, pero vertebrados por el poder real. La autoridad real saldrá notablemente fortalecida y la dinastía se consolidará, hasta el punto de que su sucesor Sancho VII el Fuerte (1194-1234) bordeará el autoritarismo y a su muerte será preciso nombrar varios tribunales para atender las reclamaciones de sus súbditos”.

Arganzón

Villa de la Puebla de Arganzón (1191)

La defensa de las fronteras del reino fue otro de sus grandes logros. Empotrado en medio de los dos grandes reinos peninsulares, Castilla y Aragón, mayores en dimensiones, habitantes y riqueza, Sancho el Sabio maniobró con habilidad para liberarse de la tutela castellana por el control de una parte del territorio navarro en el corazón del reino, primero; para mantener el statu quo frente a los acuerdos de los dos reinos para repartirse Navarra, consiguiendo retener buena parte de Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado, aunque tuviera que ceder La Rioja y gran parte de Vizcaya a cambio de ver reconocida su soberanía, después; y, finalmente, iniciar su expansión al norte del Pirineo. Y todo ello, conjugando diplomacia en los momentos desfavorables, fuerza militar en los favorables y creando plazas fuertes en la frontera, para consolidar las posiciones. Así nacieron Laguardia (1164), Los Arcos (1176), San Sebastián (1180), Vitoria (1181), Antoñana (1182), Bernedo (1182), Arganzón (1191) y Labraza (1196).

No se olvidó Sancho VI el Sabio del interior de su reino. Corresponde en buena medida a la segunda mitad del siglo XII, por lo tanto a su reinado, la formación de la red ciudadana navarra, según Martín Duque “en un principio marcadamente lineal, sobre los tramos de la ruta compostelana, y conectada pronto con la metrópoli ribereña de Tudela a través de Olite (1149), hasta que en las primeras décadas del siglo XIII (…) alcanzaba la burguesía el punto de equilibrio demográfico y funcional que se mantendría básicamente durante bastantes centurias”.

Labraza

Villa de Labraza (1196)

Como verán, no estamos ante un rey menor. Por ello, tal vez haya llegado el momento de reivindicar una red propia de ciudades y pueblos hermanados y unidos en un padre común, las villas de Sancho VI el Sabio.

Diario de Navarra, 17/8/2017