Viaje al sur de Francia (VII) Tranquilo día de votaciones legislativas

11 de junio. Limoges, Angulema, Burdeos

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Vista general de la estación modernista de Limoges

Esta mañana me he levantado temprano para terminar mis impresiones del día de ayer. Hace calor, se presenta un día espléndido, y Francia celebra la primera vuelta de las elecciones legislativas tras el triunfo incontestable de Macron en las presidenciales de mayo.

Tras un desayuno copioso, salimos hacia la estación modernista de Limoges-Benedictins, en honor a la ubicación de la estación en lo que en otro tiempo fue monasterio de esta orden. Las dimensiones notables de la estación y su gran torre son hoy una referencia en Limoges, emplazada como está delante de la gran plaza donde se celebra, entre otros, el día nacional.

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Vista exterior de la catedral de San Esteban de Limoges

De allí partimos hacia la catedral de Saint Etienne. Dado que está cerrada, recorremos el mercadillo dominguero donde se venden todo tipo de objetos en desuso y de una relativa antigüedad. Una costumbre dominical que se repite en muchas partes de Francia. La catedral abre a las 10 y nos permite apreciar un edificio con una torre románica a los pies, continuada en gótico en los pisos superiores. El interior, armonioso en proporciones y bastante unitario responde a un gótico propio de los siglos XIV y XV.

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Vista de conjunto del armonioso interior

Junto al edificio en sí, destacan algunos sepulcros góticos, un “juvé” renacentista, al igual que un hermoso sepulcro también renacentista de fina labra y algunas otras piezas de interés. Mientras salimos, un coro ensaya algún concierto próximo a celebrar y la atmósfera invita a continuar sentados en las nuevas sillas de anea recientemente renovadas. Pero debemos seguir la marcha hacia Angulema.

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Vista de conjunto de la catedral de Angulema con la torre románica  al fondo

El calor aprieta y el camino hasta Angulema, la capital del departamento de Charente, se produce entre el sopor del calor externo y el paisaje que nos acompaña. Al final del viaje, la ciudad se percibe sobre la colina, otra de las pequeñas ciudades francesas que conservan del esplendor antiguo la sede del obispado. San Pedro de Angulema interesa por varias razones. Es una de las obras maestras del arte románico en su modalidad de bizantino, pero al exterior destacan sobre todo una esbelta torre románica que se ha mantenido casi inalterable, un hermoso juego de volúmenes articulados en torno al gran ábside y la impresionante portada-fachada, pareja a la de Notre Dame de Poitiers, que reflejan lo mejor del estilo románico poitevino.

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Vista de la rica  portada-fachada de la catedral de Angulema

Su interior tampoco carece de interés. Responde muy bien a un tipo de reconstrucción hoy tal vez considerado excesivo, pero que salvó buena parte de los edificios de Francia en el siglo XIX. En esa etapa se reconstruyó por dentro, quitándole adherencias de otros estilos, añadiendo elementos nuevos y dándole una pátina uniforme, encalado además con un blanco que aclara aún más su piedra natural. El sistema de cúpulas, además, está perfectamente claro y visible. El reflejo fiel de un modelo que paenas en visible en España.

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El románico bizantino a base de cúpulas queda patente en la imagen

La comida y el restaurante nos ofrecieron buen menú y mucho calor. Y entre siesta y canciones de María Dolores Pradera, el Dordoña y el Garona ya crecidos nos acompañan hasta Burdeos. La ciudad nos recibe imponente, renovada y muy hermosa. Una ciudad señorial que el vino y el comercio marítimo han convertido en referencia urbanística, arquitectónica y económica.

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El Garona y la proximidad al mar condicionan el desarrollo urbano de Burdeos

La visita es corta, pero de gran interés. Avenidas, calles y plazas desbordan calor humano y atmosférico. El paseo por algunas de sus calles más frecuentadas nos permite tomar el pulso a una ciudad cosmopolita que parece tener más habitantes de los que señala su censo. Y es que desborda porte de gran ciudad europea.

Mañana toca pasearla de nuevo, ya que la salida nocturna ha sido sustituida por estas notas evocadoras escritas en la habitación del hotel próximo a la estación del tren.

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Visto lo visto, no sorprende la elección

La televisión nos trae las noticias de actualidad. Nadal ha ganado su décima Roland Garros y el partido del `presidente Macron ha arrasado en la primera vuelta de las elecciones legislativas. El poder llama al poder. Un partido sin pasado, con presente y un futuro prometedor ha doblegado a la derecha y al socialismo. ¡Suerte para Macron y su tercera via!

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Una tarea digna de encomio

 

Coro

Navarra ha sido tradicionalmente tierra fecunda en canto coral. Los coros parroquiales de antaño, impulsados por una larga tradición de clérigos, acompañaban las celebraciones religiosas, especialmente en los días grandes, con composiciones y polifonías que han quedado en nuestras memorias de niñez y juventud. Desde los años setenta, los cambios aportados por el Concilio Vaticano II, la aparición de las escuelas y conservatorios de música, y la actuación de las instituciones públicas han hecho que el viejo y benemérito modelo de coro parroquial haya sido sustituido por otro donde la relación con la parroquia es menos estrecha, la dirección ha pasado a manos de laicos, el repertorio es mucho más amplio y los vínculos entre los coros se han fortalecido extraordinariamente. Este esfuerzo desembocó en la creación de la Federación de Coros de Navarra en 1988, con intención de unir a todas las formaciones corales de nuestra tierra, dotando de organización a una de nuestras tradiciones más arraigadas.

Los objetivos establecidos apenas han cambiado con los años, aunque hayan crecido muchos los programas en marcha: difundir y transmitir al público el amor por el canto; acercar la música, sobre todo en la Navarra rural, a quienes gusten de ella; formar futuros cantores a través de cursos, conferencias y clases magistrales; y editar publicaciones y grabaciones de interés pedagógico y cultural.

Esta tarea, desarrollada de forma altruista, ha exigido el trabajo y el compromiso de muchas personas a lo largo de los 29 años de vida de la Federación. Y Carlos Gorricho, su presidente, representa hoy la continuidad en una tarea que está compartida por otros muchos nombres. Pero el trabajo no ha sido fácil. Soy conocedor de primera mano de las dificultades para cuadrar presupuestos, de las reiteradas incomprensiones de la administración foral que les ha llevado en ocasiones a denunciar en el Parlamento su situación, y de la dificultad adicional de hacer presente la música, no en los escenarios de las ciudades y pueblos grandes de nuestra Comunidad, sino en las localidades más pequeñas, normalmente en el presbiterio de nuestras iglesias. Pero el esfuerzo ha valido la pena y de él nos beneficiamos anualmente varios miles de navarros.

La página web de la Federación, completa y actualizada, da cumplida cuenta de la situación a día de hoy. Agrupa a 66 coros y ha presentado para el curso 2017-2018 una programación en la que, bajo los eslóganes “Música al alcance de todos” y “Con voz propia”, a los programas de años anteriores añade uno nuevo: Música en red, que pretende llevar el canto coral por todo el tejido de los Civivox de Pamplona. 215.000 euros, de los que 127.000 serán costeados por la propia federación, permitirán ofrecer más de un centenar de conciertos y programas de variado signo.

Pero el programa anual más ambicioso es el Ciclo Coral Internacional, que acaba de cerrar su XXIII edición. Del 27 de octubre al 6 de noviembre, 18 coros de 13 países (Rusia, Francia, Indonesia, Filipinas, Letonia, Estados Unidos, Reino Unido, Ucrania, Eslovenia, Chequia, Argentina, Hungría y Estonia) han ofrecido 29 conciertos en 21 localidades distribuidas por toda la geografía navarra. Y de estos conciertos, en su mayor parte gratuitos, han disfrutado más de 11.000 personas. He tenido la oportunidad de asistir a tres de ellos. El primero, en el cómodo auditorio del Centro Cultural Tafalla, a cargo del coro Maska de Letonia. El concierto fue verdaderamente excepcional. Pocas veces he visto una agrupación con empastes, volúmenes y dominio de las voces tan bien trabajados, además de un programa tan arriesgado y poco convencional. El Sophia Chamber Choir de Eslovenia estuvo bien, pero sin el nivel del letón. Y del auditorio de Tafalla a la iglesia de San Juan de Estella. El coro Sansara del Reino Unido, un grupo de apenas 19 componentes, mostró excelentes cualidades: gran sonoridad, ductilidad y versatilidad. Sin la comodidad de Tafalla, pero con la ventaja añadida de tener enfrente, mientras sonaba la polifonía, uno de los grandes retablos navarros del renacimiento. Me llamó mucho la atención la juventud de los componentes de los diversos coros, que contrasta con la acusada veteranía que presentan los nuestros. De ahí la pertinencia de continuar con los cursos de iniciación a fin de hacer cantera.

Resulta obligado aplaudir el esfuerzo de organización y la calidad de los conjuntos. Y si esto ha sido así este año, ¿qué nos deparará el año que viene, que la Federación cumple 30 años? No dudo que intentarán superarse.

Diario de Navarra, 9/11/2017

 

Viaje al sur de Francia (VI) El santuario de la Virgen negra

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El río Lot abraza casi en su totalidad la población de Cahors

10 de junio. Cahors, Rocamadour, Souillac, Limoges

Tras una noche plácida en la amplia habitación del hotel, el puente Valentré amanece envuelto en la niebla, que añade una lectura poética a la épica de su construcción y emplazamiento. Tras un desayuno completo, salimos hacia Rocamadour, uno de los grandes santuarios de peregrinación de Francia.

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Rocamadour, literalmente colgado de la roca

De nuevo, las estrechas carreteras nos llevan por el departamento del Lot, entre amables paisajes, hasta Rocamadour. El valle abierto en la montaña calcárea por el río Alzou permite situar a la localidad en un lugar inverosímil. Pegado a la roca y colgado literalmente de ella se encuentra el santuario. El cuerpo de San Amador, presuntamente incorrupto, fue encontrado por los monjes benedictinos en el interior del santuario mariano en 1162, en pleno auge de las peregrinaciones. Desde entonces, además de etapa del Camino jacobeo, la imagen diminuta de la Virgen negra ha atraído a peregrinos de toda condición, de reyes a mendigos, pasando por nobles, clérigos, laicos, artistas, sabios  y analfabetos.

Los espacios se estrechan, pero los lugares de interés se acumulan: la cripta del siglo XII, un espacio rotundo cubierto con una elemental bóveda de crucería; la basílica superior, cuya similitud con la de San Juan de la Peña me viene a la memoria, con su pared de roca y su arquitectura acomodada al terreno, mientras una joven dirige el rosario desde el púlpito situado en medio del espacio, junto a una de las columnas centrales; las capillas de San Blas y San Miguel, ya góticas; y el pequeño espacio dedicado a la Virgen de Rocamadour, de especial evocación y recuerdo para los estelleses del barrio del mismo nombre. Tras la salida de los capuchinos, una iglesia románica con la imagen de la titular y un albergue recientemente montado nos recuerdan el carácter jacobeo de una advocación y un enclave que pervive desde el mismo siglo XII en que nació su homólogo francés. Unos peregrinos franceses llegan entre plegarias sentidas. Juntos cantamos la Salve Regina y los que apenas podemos comunicarnos con las lenguas procedentes del latín, cantamos juntos en esta lengua común a la Virgen en la plegaria también secular entonada miles de veces en el santuario. El sonido del órgano nos lleva de nuevo a la iglesia principal. Son las once de la mañana y comienza la misa. No son las afluencias de antaño, pero un grupo de peregrinos acompañados de su párroco asisten a la eucaristía. Una monja canta desde el coro con el escaso pueblo fiel. Pero la tradición continúa.

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Vista parcial de las sucesivas edificaciones medievales en torno al santuario

La población medieval, que vista desde arriba tiene el encanto de lo auténtico, ha quedado convertida en calle comercial, con tiendas abiertas en cada uno de sus portales. Tal vez nos parezca un exceso, pero algo así debieron de ser en la Edad Media si debían de hacer frente a las necesidades generadas por la peregrinación. Tras un descanso en uno de los apacibles lugares de la plaza, subimos de nuevo la escalinata que nos lleva al santuario y cogemos el funicular que nos asciende a la planicie de arriba donde está situado el castillo.

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Vista parcial del pórtico de Souillac, ubicado en el interior tras la restauración de la iglesia

El camino hacia Souillac nos permitirá acercarnos hasta la embocadura del Dordogne, un hermoso río frecuentado por los hombres desde la Prehistoria. Lascaux es para el arte prehistórico lo que Conques y Moissac para el románico, hito indiscutible en la carrera por conocer el origen y la evolución del homo sapiens. Y sus caballos y animales ocupan similar rango en la historia del arte que el Isaías del pórtico de la abacial que visitaremos por la tarde. Pero la sorpresa del mediodía es la comida en uno de los hotelitos de la localidad, que apenas tiene 3.500 habitantes. Comida elaborada, bien presentada y mejor servida. Con servilleta de tela y todo.

Tras la comida nos espera la abacial de Santa María. Su gran iglesia de planta de cruz latina, de grandes dimensiones, con un transepto de 33 metros y ábside con tres capillas,  y bóvedas según modelo románico bizantino, nos permite apreciar de nuevo un modelo absolutamente inusual entre nosotros. Pero la verdadera joya es el pórtico, ubicado en el interior, tras la restauración de la iglesia, y rehecho a partir del primitivo. La leyenda de Teófilo entre San Benito y San Pedro, el enorme parteluz, ejemplo señero del horror vacui con sus tres caras enteramente labradas, acompañan a Isaías, situado junto a la puerta. Nuestro profeta comparte ubicación con Oseas, también del mismo maestro, pero sin la finura y gracia del primero. Sus delicadas facciones, su peinado, el exquisito dominio de los pliegues, en parte drapeados, y el juego casi de baile de sus piernas entrelazadas, hacen del maestro de Souillac una cumbre del románico a la altura del parteluz de Moissac, también de la mano del maestro o su taller.

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Pocas imágenes románicas alcanzan la exquisitez del Isaías de Souillac

El breve paseo por el casco urbano nos permite admirar el bello juego de volúmenes del ábside exterior, visto también en Conques, la limpieza de calles y fachadas, sus numerosos hoteles y los restos de la iglesia de San Martín, dañada en las guerras de religión y hoy convertida en una evocadora ruina externa y un acogedor espacio interno dedicado a oficina de turismo.

Los viaductos nos acompañan en la salida de la población, camino de Limoges. En la centralizada Francia, todas las dificultades de relación transversal se vuelven facilidades en disposición vertical, camino de París. La tarde es calurosa, pero el aire acondicionado de Félix nos permite un viaje cómodo, entre el sueño y los apuntes de Trinitat. Limoges se nos ofrece con un alto campanario destacando en lo alto de la cité. Allá vamos y en la plaza de la República, en pleno corazón de la ciudad, tenemos nuestro hotel, el Royal Limousin Mercure.

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Vista de la planta del monasterio de San Marcial de Limoges, cuyos restos se conservan en la plaza donde está ubicado el hotel

Su ubicación no podía ser más acertada. Estamos en el espacio de la antigua abadía de San Marcial de Limoges, una de las grandes iglesias de peregrinación del Camino francés, literalmente derruida durante la Revolución Francesa y hoy en trance de descubrimiento en forma de excavaciones arqueológicas que ocupan parte de la plaza.

Me quedo en el hotel redactando estas notas hasta la hora de cenar. Tras la cena, un paseo por la ciudad vieja nos permite reencontrarnos con la capital del Limousin, famosa por sus esmaltes. Es sábado, y un buen tiempo y un buen ambiente se apoderan de las calles. Saint Michel des Lions con su airoso campanario, San Pedro y la capilla de San Aureliano, sostenida por los carniceros del barrio, que la salvaron en época revolucionaria, son algunos de los rincones bulliciosos y llenos de gente joven por los que pasamos.

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Buen ambiente en las calles del casco antiguo en la noche del sábado

 

Tras el paseo, a dormir, que mañana nos espera una jornada fuerte en calor e interés. De nuevo, un gran día.

 

Lutero y su legado

García Villoslada

El próximo martes, 31 de octubre, se cumplen 500 años de la aparición del escrito 95 tesis contra las indulgencias del fraile agustino Martín Lutero. Una acción simbólica que ha servido a los historiadores para señalar el comienzo de la Reforma y del protestantismo, un proceso cuya repercusión religiosa, social, cultural y política se extiende hasta el momento presente.

Resulta una temeridad por mi parte intentar resumir en unas líneas la apasionante vida de un hombre complejo y el impacto de su obra en los cinco siglos transcurridos. Y más visto desde la perspectiva española, donde Lutero ha sido durante mucho tiempo la encarnación del mal. Todavía mi generación ha oído con frecuencia en nuestros pueblos la expresión “Eres más malo que Lutero” para subrayar la valoración que merecía el personaje en el acerbo popular. Pero poco a poco, la valoración dominante de hereje enfrentado a la Iglesia católica ha ido dando paso a una visión más desapasionada, más histórica y más ponderada de su vida y de su obra. Fue precisamente un navarro de Los Arcos, el padre Ricardo García-Villoslada, jesuita y profesor de la Gregoriana de Roma, quien protagonizó entre nosotros este cambio de tendencia. Su documentadísima biografía de Lutero, aparecida en 1973, que le llevó 11 años de intenso trabajo, está dividida en dos tomos con títulos bien significativos: El fraile hambriento de Dios y En lucha contra Roma. Pese a los años transcurridos, no hay un solo autor que no cite al padre García-Villoslada como autoridad de referencia.

EgidoPero es en este año 2017, quinto centenario del comienzo de la Reforma, cuando estamos viviendo una eclosión de monografías dedicadas a Lutero y su obra, además de artículos en las revistas de divulgación histórica más prestigiosas. Sin ánimo de abarcarlas todas, me gustaría comentar algunas, subrayando perspectivas muy distintas de su rica personalidad.

Lyndal Roper, prestigiosa historiadora australiana y profesora en Oxford, acaba de presentar en castellano Martín Lutero, renegado y profeta, una extensa biografía histórica del iniciador de la Reforma centrada en un personaje de carne y hueso, complejo y y contradictorio, al que define como profundamente defectuoso, fundamentalista religioso, ferviente creyente que vivía atormentado por las dudas, antisemita y políticamente reaccionario. Y, junto a eso, un brillante escritor que dio forma a la lengua alemana y un polemista violento y malhablado, que liberó a la sexualidad humana del estigma del pecado.

El cardenal Kasper, presidente emérito del Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos, pronunció una conferencia sobre Martín Lutero en la Universidad Humboldt de Berlín el 18 de enero de 2016 que tuvo un eco enorme. Convertida en un librito titulado Martín Lutero (Una perspectiva ecuménica), Kasper propone un Lutero extemporáneo que experimenta la misericordia de Dios y la necesidad de reforma de la Iglesia. El libro sale a la luz como contribución al acercamiento de ambas iglesias cuando ambas se disponen a conmemorar conjuntamente el V centenario de la Reforma.

El historiador Teófanes Egido es el autor del libro Martín Lutero. Una mirada desde la historia, un paseo por sus escritos, en el que se acerca al reformador desde dos perspectivas críticas. La primera, histórica, recorriendo los principales hechos de su vida. La segunda, desde sus escritos, ofreciendo cuatro de sus textos emblemáticos a fin de acercarse a la intimidad del personaje, sus ideas pedagógicas, sus criterios de relectura de la Biblia y, finalmente, su manera apasionada de entender la vida del espíritu.

Lazcano

También desde una perspectiva más espiritual aborda Rafael Lazcano, historiador de la Iglesia, su Lutero. Una vida delante de Dios. Se trata de una vida breve escrita en el contexto de su época y desde la que emerge, en palabras de su autor “el hombre de fe, el teólogo creyente, el personaje y su evolución doctrinal (…) El objetivo de Lutero no fue otro que liberar al cristianismo de las ataduras eclesiásticas del medievo con el fin de recuperar la dimensión espiritual del cristiano. Su meta era la renovación de la Iglesia católica y de todo el cristianismo desde el evangelio de la gracia y el mensaje de la cruz de Cristo”.

Desde diferentes perspectivas, todos los autores coinciden en considerar a Lutero una personalidad compleja, rica e influyente En su persona se encarnan el cristiano ferviente, el teólogo, el polemista, el escritor y el reformador. Un personaje, sin duda, que volverá al primer plano de la actualidad en los próximos meses.

Diario de Navarra, 26/10/2017

 

Viaje al sur de Francia (V) La visita que justifica un viaje

Rodez

odez, una de las grandes catedrales góticas de la<s pequeñas ciudades francesas

9 de junio. Rodez, Conques, Figeac, Cahors

El departamento de Aveyron no tiene la dulzura ni la riqueza de las zonas llanas que siguen al Pirineo. El relieve se ondula, la agricultura intensiva deja paso a parcelas más modestas, y loas masas boscosas modulan un paisaje tapizado de colinas y baja montaña. En esta región francesa, alejada de grandes núcleos urbanos, abundan las pequeñas poblaciones, con un hábitat de ciertra dispersión, y las pequeñas capitales históricas de las que perduran como recuerdo de su grandeza los edificios religiosos, sobre todo sus catedrales, y su condición de ciudades episcopales.

Rodez, la ciudad en la que hemos dormido en un limpio y escueto Ibis de frugal habitación y espléndido desayuno, apenas llega a los 25.000 habitantes. Situada en una colina a 600 metros sobre el nivel del mar, destaca hoy por su imponente catedral, ella misma parte de la muralla de la población medieval. El exterior es imponente, con una construcción gótica de los siglos XIII al XV y una torre exenta al lado del crucero de dimensiones considerables. La catedral resulta impactante por dentro, con algunas novedades dignas de interés: no es la menor la actual orientación de la misma, con la fachada de los pies constituida en presbiterio y el antiguo ábside cerrando el conjunto. Junto a ello, una imponente sillería del coro, una capilla con un hermoso conjunto escultórico del Santo Entierro del siglo XV y una colección de vidrieras recién terminadas que continúan dignamente la antigua tradición, serían otros elementos a destacar. Y ¡cómo no! Un impresionante órgano barroco del siglo XVIII recientemente restaurado. Dos novedades de este viaje a Francia me han sorprendido gratamente: las sillerías de coro o juvés y los órganos.

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Vista de la abacial de Conques, una de las grandes iglesias de peregrinación de Francia

De allí, por carreteras estrechas, entre pueblos pintorescos y hermosos paisajes de media montaña, hasta Santa Fe de Conques, situado en uno de esos sitios inverosímiles que tanto gustaban en la Edad Media. Conques es hito fundamental en la arquitectura románica, como ejemplo canónico de iglesia de peregrinación y ejemplo señero de escultura, uno de los cuatro tímpanos más importantes de Francia junto a Moissac, Vezelay y el pórtico real de Chartres.

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Vista de conjunto del tímpano de Conques, ejemplo señero de la escultura románica europea

La mañana está limpia y la bajada hacia el pequeño núcleo urbano nos permite descubrir la belleza y el emplazamiento de la abadía, y disfrutar de una vista excepcional sobre el edificio: planta de cruz latina, cimborrio, ábside bien articulado y torres a los pies. Un ejemplo de libro, por fuera y por dentro, de una iglesia de peregrinación. La pureza de líneas, desnudez y juego de bóvedas y triforio nos remite a un estilo que emociona y eleva casi tanto como la inusual bóveda de medio cañón canónica y ascensional que cierra el conjunto. La otrora poderosa abadía hoy ofrece su arte y espiritualidad, servida por una modesta comunidad de monjes que entona a las 12 del mediodía una de las horas menores del canto litúrgico.

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Vista del interior de la abacial de Conques

Previamente, en una explicación a dos, Trinitat y yo hemos procurado situar a los miembros del grupo en el contexto de la escultura románica. Poder ver en un viaje Moissac, Conques y Souillac es un privilegio que no podemos desaprovechar y Conques y su pórtico, una vez más, ofrecen vistas y lecturas nuevas que comparto con el grupo.

De Conques a Figeac nos encontramos con la Francia profunda, que también existe. Unas estrechas carreteras, al acondicio0nadas y dudosamente señalizadas, nos conducen hacia Figeac, situada en el departamento del Lot. Tras un buen menú en un restaurante de la localidad, la ciudad de Champolion, con apenas 10.000 habitantes, nos ofrece su rico patrimonio para nosotros reducido a una rápida visita a su vieja abadía. En la plaza, un pequeño obelisco dedicado a su hijo más ilustre, y un monumento a los caídos en la guerra franco-prusiana de 1870, de infeliz memoria para Francia. Sorprende el respeto de los franceses hacia los monumentos públicos erigidos en memoria de sus hijos caídos en las distintas guerras, sobre todo las dos mundiales del siglo XX. Es verdad que el enemigo fue exterior y no se trataba de guerras civiles, pero también en esto tenemos mucho Que aprender: los símbolos unen, no dividen; Francia es una, no múltiple; y el país rezuma patriotismo por los cuatro costados.

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Vista general del Pont Valantré de Cahors, uno de los grandes puentes góticos de Francia

Finalizamos nuestro día en Cahors. Capital de la antigua provincia de Quercy, etapa del Camino de Santiago y especialmente vinculada a Estella, a donde llegaron a finales del siglo XI numerosos francos a poblar los nuevos barrios auspiciados por el fuero de Sancho Ramírez, hoy, con sus 20.000 habitantes, conserva un privilegiado emplazamiento, un casco histórico interesante, una hermosa y distinta catedral, y un puente tan famoso como el nuestro de Puente la Reina, aunque casi tres siglos posterior.

Dos elementos sobresalen especialmente: la catedral y el puente. La catedral, con una fachada gótica en obras, ofrece la singularidad de los modelos de románico bizantino: cúpulas sobre pechinas, algunas de ellas con las pinturas góticas todavía bien visibles. Junto a ello, un amplio ábside del gótico meridional le da al conjunto un aire recogido y espiritual. Apenas hay tiempo para una breve parada en su casco histórico y degustar en grupo una buena cerveza. De allí, siguiendo la curva del Lot, vamos hasta el puente, obra de ingeniería memorable, que todavía guarda torres, matacanes y voladizos en buen estado.

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El románico bizantino queda patente en las cúpulas de la catedral de Cahors

Frente a la modestia de los hoteles de los días anteriores, la sorpresa de Cahors fue la ubicación y calidad del hotel, recientemente inaugurado. Amplias y confortables habitaciones en un entorno excepcional permitían una vista de puente, perfectamente visible, fotografiable y degustable desde la terraza de cada una de las habitaciones. Un lujo inesperado y muy de agradecer. La cena en un restaurante a la orilla del río, al aire libre, tampoco le fue a la zaga. Un buen final para un día casi perfecto. Hasta Nadal se sumó a la fiesta, deshaciéndose com pasmosa facilidad de la gran promesa del tenis, el austriaco Thiem. ¡Bravo por Rafa!, aunque los franceses sigan sin acostumbrarse a ver la enseña española en lo más alto de Roland Garros. El domingo será la décima.

Instrumental

Instrumental

James Rhodes es un buen concertista de piano. Él mismo reconoce que no es está en el top ten de los pianistas actuales, ni mucho menos. Sin embargo, pocos instrumentistas gozan de tanto fervor mediático. Su lengua mordaz e incluso soez, su estilo desenfadado a la hora de presentarse a un concierto, normalmente de vaqueros y camiseta, y sus deseos de romper la norma establecida con explicaciones nada convencionales de las piezas que interpreta, son algunas de las razones de su éxito. Si a ello unimos una vida que él mismo resume de esta manera: “Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida”, no hay duda de que estamos ante un personaje interesante y singular, aunque a continuación lo deba calificar de estrafalario, valiente y poco convencional.

El libro que recoge su corta vida -no tiene sino 42 años-, se titula Instrumental”, el nombre de su sello musical, y se subtitula Memorias de música, medicina y locura.

La historia de su vida, tan dura y descarnada que le trajo problemas con la justicia británica, dado que su exmujer pidió que el libro no se publicara, tiene interés en lo que supone de testimonio personal. Un joven de clase bien, que debido a los abusos, querencias personales y compleja personalidad estaba abocado a ser carne de cañón y acabar mal, se redime gracias a un complejo proceso en el que la música tiene un papel preponderante. Él es consciente de la mala imagen que proyecta en su libro. Tras describir una de sus muchas crisis, señala: “Aquí hay narcisismo y una lástima por mí mismo de manual. Ahora lo percibo. Sin embargo, cuando estás metido en ello, cuando sientes que te ahogas en ese mierda y todo parece de lo más real, no ves las cosas con esa perspectiva. En la depresión, el trauma, el estrés postraumático, como queráis llamarlo, no queda espacio para la realidad. Mi mundo se había desmoronado y solo cabíamos yo, mis delirios y mi ego”.

A medida que el libro transcurre, la esperanza comienza a tomar cuerpo. Mejora en lo personal, lo profesional y lo psicológico. Comienzan los conciertos, los programas de televisión, los escritos en la prensa. Y se enamora de nuevo. Siempre inestable y temeroso, se permite sin embargo dar una serie de consejos relativos a la relación de pareja que sorprenden porque a veces suenan a libros de autoayuda: sé consciente de que te equivocas, alégrate de equivocarte, sé generoso, asume el compromiso de que ni os planteáis dejarlo, no os hagáis preguntas sobre el pasado del otro, adelántate a lo que necesita la otra persona. En dos palabras, sé bueno. Y aspira a lo siguiente para su vejez: “ella y yo nos estamos dando la mano en la parada del autobús con setenta y tantos años, y somos una de esas parejas que arranca sonrisas a la gente”.

Si el libro fuera sólo esto, estaría bien, sin más. Pero tiene una tercera faceta que lo hace particularmente interesante. Todos los capítulos, que él llama temas, están introducidos por una obra para piano, con un comentario sobre la misma y la sugerencia de una grabación concreta. En ella aparecen su trilogía preferida, Bach, Beethoven y Chopin, y algunos de los pianistas y directores de más lustre: Glen Gould -para él el mejor pianista de todos los tiempos-, Kissin, Ohlsson, Ashkenazy, Leonskaja, Tiempo, Pollini, Zimerman, Luisada, Lonquich, Lupu, Kocsis, además de Sokolov, en su opinión el mejor de los pianistas vivos.

Sugiere además que compremos, robemos o escuchemos en streaming estos tres discos: La Sinfonía nº 3 y nº 7 de Beethoven, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres; las Variaciones Goldberg de Bach, interpretadas por Glen Gould; y los Conciertos para piano 2 y 3 de Rajmáninov, con Andrei Gavrilov al piano.

Todas las obras descritas pueden, a su vez, encontrarse en internet, en la página http:/bit.do/instrumental. Por todo ello, me parece un libro muy recomendable.

Ficha bibliográfica: RHODES, J., Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, Blachie books, 7º edición, Barcelona, 2017

 

Viaje al sur de Francia (IV) El país cátaro y el gótico meridional

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Vista de Cordes-sur-Ciel envuelto en la niebla

8 de junio. Toulouse, Cordes, Albi, Rodez

Tras la tranquila y completa jornada en Toulouse, salimos de la gran ciudad para internarnos en el país de los cátaros y la herejìa albigense. Esta herejía dio lugar a la cruzada contra los cátaros, un conflicto armado que tuvo lugar entre 1209 y 1244, por iniciativa del papa Inocencio III con el apoyo de los reyes de Francia, con el fin de reducir por la fuerza el catarismo, un movimiento religioso calificado como herejía por la Iglesia católica y asentado desde el siglo XII en los territorios feudales del Languedoc. Al igual que los maniqueos, creían en un dualismo entre el principio del bien y del mal, y entre el espíritu y la materia. Sostenían además que Cristo fue en verdad un ángel, y que su muerte y resurrección tenían un sentido meramente alegórico. En consecuencia, consideraban que la Iglesia católica, con su realidad terrena y la difusión de la fe en la Encarnación de Cristo, era una herramienta de corrupción.

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Vista de Cordes-sur-Ciel con el sol iluminando como joya engastada su cima

La región, como el momento histórico vivido en los siglos XII y XIII, se vuelve más adusta y comienzan a a aparecer pequeñas poblaciones encaramadas a la montaña. Una de ellas es Cordes sur ciel, cuyo nombre indica a las claras su posición geográfica. No es infrecuente la imagen de la ciudad emergiendo en medio de nubes y nieblas, sin apenas contacto con la tierra y en directa conexión con el cielo. Lo que en otro tiempo fue una población floreciente, con una calle mayor en la que abundan las casas palaciegas góticas de imponentes estructuras, hoy es asiento de una comunidad venida a menos, que vive básicamente del turismo y de los servicios.

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Vista de la calle principal de Cordes-sur-Ciel con las arcadas góticas de una de sus mansiones

Un trenecito, cómodo y algo exótico, nos evita el ascender por las empinadas calles y llegar directa y cómodamente hasta la puerta de entrada del casco histórico propiamente dicho. En la agradable mañana primaveral, los hosteleros preparan las mesas al aire libre para los turistas mientras nos asomamos al balcón natural de la plaza mayor desde el que se divisa un extenso panorama. Tras un paseo por las calles del casco, casi todas ellas convertidas en su planta baja en tiendas de artesanía de cierta calidad y alto precio, bajamos de nuevo a coger el trenecito, que nos devolverá por pintorescos vericuetos a la parte llana de la población.

Nuestra siguiente parada es Albi, sin duda la pieza clave del día. Aunque la ciudad tenga otros alicientes, como la colegiata, el puente viejo o  el palacio de la Barbie, antigua sede episcopal, la verdadera joya es la catedral de Santa Cecilia, la catedral gótica de ladrillo más imponente que yo haya visto nunca. Solo recuerdo una mole de características semejantes en Polonia, concretamente el castillo teutónico de Marienbord, prácticamente reducido a cenizas en la Segunda Guerra Mundial y hoy parcialmente reconstruido. Esta rotundidad exterior, subrayada por la torre campanario y los contrafuertes redondeados, alcanza una calidad especial en el ábside, que emerge como una gran pantalla sobre la plaza circundante.

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Vista del ábside de la catedral desde la plaza mayor

Toda la sobriedad exterior, se convierte en un espacio interior de una sola nave con capillas laterales que constituye asimismo un ejemplo paradigmático del gótico meridional, caracterizado por plantas más diáfanas y menor altura que en el gótico tradicional. En los siglos siguientes, la sobriedad exterior da paso a un inmenso friso coloreado en su interior, con un enorme juicio final en el ábside y el más extenso conjunto de pinturas italianas realizadas en Francia a comienzos del renacimiento.

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La sobriedad exterior da paso a un interior diáfano y deslumbrante

Adosado a la catedral, también imponente, se encuentra el palacio de la Berbie, residencia episcopal y hoy el museo de Touloouse Lautrec, uno de los renovadores de la pintura francesa a finales del siglo XIX. El museo, excelente en su continente y su contenido, reúne la mayor colección de obras del pintor nacido en Albi, compuesta por cuadros de juventud, retratos principales, dibujos, carteles y litografías. La estratégica ubicación del palacio, elevado sobre el río Tarn, es otro de sus alicientes. 

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Vista de conjunto del palacio de la Barbie, hoy sede del museo dedicado a Toulouse Lautrec

Albi es, además, lugar pasear, perderse y descansar en sus numerosos locales. Si, como fue nuestro caso, la comida tiene lugar en un restaurante de la propia plaza, con vistas espléndidas a la catedral, el goce todavía resulta mayor. Todos estos alicientes han permitido que Albi haya sido declarado Patrimonio de la Humanidad, galardón bien merecido.

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Vista de la ciudad de Millau con el viaducto casi suspendido al fundo

La jornada vespertina nos permitió degustar la región de Aveyron, atravesada por el río Tarn, en ocasiones en forma de estrechas gargantas. Una de éstas obligó a levantar el viaducto de Millau, una ingente y bellísima obra de ingeniería proyectado por Foster y Virlogeux. Sus números, 2.460 metros de largo, 32 metros de ancho, 343 de altura máxima (19 metros más que la torre Eiffel), sólo siete pilares de sostén, y un total de 10.100 toneladas de peso, nos hablan de una de las grandes hazañas arquitectónicas de nuestro tiempo.

Poco a poco, por carreteras sinuosas y relativamente estrechas, nos fuimos acercando a otra de las pequeñas ciudades francesas que tanto sorprenden al visitante. Estamos en una de las regiones de Francia que no respira una especial modernidad ni pasa por un momento especialmente dulce desde el punto de vista económico. Pero, pese a todo, el paisaje respira humanidad y las urbanizaciones civilidad.

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La imagen del viaducto de Millau emergiendo en medio de la niebla tiene mucho de poético

La cena, en un restaurante discreto en la calle que sube hacia la catedral y el centro histórico nos permite un breve paseo nocturno. Queda atrás una región hermosa, vinculada a un momento difícil de la historia de Francia. Una época en la que la religión fue motivo de discordia, división y guerra.