Los secretos de la defensa de Madrid

Chaves

Portada del libro

El 17 de octubre de 2016 les daba cuenta en el blog de un libro que me impactó especialmente entre mis lecturas veraniegas: A sangre y fuego, una serie de relatos sobre la guerra civil de Manuel Chaves Nogales. .

En la primavera del año 2017 ha sido reeditado, en una edición aumentada y corregida, el libro que Chaves Nogales dedicó en 1938 a la epopeya de la defensa de Madrid. Los hechos son bien conocidos. Franco quiso tomar la capital de la república en los primeros días de noviembre de 1936. El día 6, ante la que parecía inminente caída de la ciudad en manos de los rebeldes, Largo Caballero encarga al general Miaja la defensa de la ciudad. Éste toma el mando y procede con carácter de urgencia a preparar la defensa de una población que carece de lo necesario para ser defendida: plan de actuación, medios humanos y materiales, líneas de defensa y la mínima disciplina necesaria en tiempos de guerra. Pero un militar profesional y leal, firmemente comprometido con la defensa de la república, consigue de forma sorprendente hacer frente con éxito a la situación. Es el general Miaja. El autor, periodista autocalificado como “liberal y pequeñoburgués”, simpatizante del partido de Azaña, nos presenta así al defensor de Madrid: “Ser general de la República en los primeros meses de la guerra civil no es, ni mucho menos, una situación envidiable. Los generales más prestigiosos de España se han sublevado contra esta República antimilitarista que ha respondido a la rebelión lanzando las masas proletarias al asalto de los cuarteles. El pueblo en armas ha fusilado a los que han caído en sus manos y luego se ha puesto a hacer la guerra improvisando el más incongruente ejército del mundo; un ejército en el que las virtudes militares son consideradas como delitos (…) Un general del ejército regular en este trance es un triste personaje, un superviviente, un ser anacrónico que no se sabe aún por qué está allí y por qué está aún vivo si está allí (…) Olvidado en uno de los lóbregos y desiertos salones del caserón que fue la Capitanía General de Madrid se ha quedado un viejo general que se obstina en seguir siendo leal a la República. Pocos le conocen y nadie se acuerda de él. No es hombre brillante ni tiene historia política, cosa extraordinaria en un general español. Es, sencillamente, un hombre que ha cumplido siempre con su deber y que por seguir cumplíéndolo se ha quedado en su sitio. Este general olvidado es nada menos que el comandante general de Madrid y general en jefe de la división del ejército que tiene encomendada la defensa del casco de la ciudad”.

Chaves Nogales, al igual que sucedía en su libro A sangre y fuego, no se casa con nadie. Rechaza por igual a los marrulleros políticos, encabezados por Largo Caballero, jefe del gobierno y ministro de la Guerra, y a los dirigentes sindicales para los que la guerra no era sino un pretexto favorable para hacer la revolución. En medio de ambos, y como representante de un pueblo honesto y sufridor emerge la figura de José Miaja, valiente en lo personal, brillante en lo profesional, comprensivo con los débiles, y duro e inflexible en lo militar. Solo así consiguió revertir momentáneamente una situación, que tres años después acabaría con la victoria inapelable de los rebeldes.

El libro, escrito con prosa limpia y acción casi cinematográfica, es una retrato fiel del Madrid de la época. Por él desfilan, entre otros, militares, partidos políticos, sindicatos, voluntarios convertidos en soldados llenos de arrojo y fe, todos descritos con la lucidez y eficacia de la que hace gala nuestro autor. ¿Quién provocó la guerra? Fue él quien explicó antes que nadie que la guerra civil no fue fruto de la confrontación entre la libertad y la tiranía, la justicia y la opresión, sino por el choque irremediable entre dos totalitarismos igualmente criminales: “las potencias destructoras de Europa, la fuerzas del mal, las monstruosas concepciones de odio que ha ido formando esa nueva barbarie del Estado Totalitario, rojo o blanco, comunista o fascista”.

El libro es una amarga y lúcida reflexión sobre los efectos de la guerra, de toda guerra, en la sociedad. Y su lectura resulta por igual impactante y fascinante. Tiene todo el sabor de una crónica histórica, escrita por un periodista que traducía como nadie todos los ingredientes que una guerra lleva consigo.

Ficha bibliográfica: CHAVES NOGALES, M., Los secretos de la defensa de Madrid, Espuela de plata, Sevilla, 2017.

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El Plan Estratégico de la Cultura de Navarra

Como responsable que fui durante siete años de la educación, la cultura y el deporte de Navarra -aunque de eso ya ha pasado más de un cuarto de siglo-, les confieso que sigo con atención las novedades que se producen sobre todo en los dos primeros ámbitos. Dejo aparte para una próxima ocasión el mundo de la educación, que bien merece un balance detenido tras más de dos años de gobierno del cuatripartito.

Centrándonos en el mundo de la cultura, ésta ha conocido en Navarra desde la restauración democrática varias etapas. La primera, entre 1976 y 1983, se caracterizó por la inexistencia de una política global de carácter cultural, aunque el periodo conoció actuaciones notables en varios frentes, sobre todo patrimonio, bibliotecas y acción cultural con el comienzo de los Festivales de Olite. La segunda, entre 1984 y 1991, coincidente con el gobierno socialista, se caracterizó por la creación del departamento de Cultura, del que la Institución Príncipe de Viana pasó a ser una dirección general, y la puesta en marcha de un programa global de actuación en el que a los ámbitos clásicos del patrimonio, museos, bibliotecas y archivos, se añadió el amplio campo de la acción y difusión cultural, hasta entonces casi inexistente. El programa fue acompañado además de un importante incremento del presupuesto, hasta alcanzar niveles próximos al 1%, cifra de referencia en los países europeos desarrollados. La tercera etapa, la más larga en el tiempo, entre 1992 y 2015, básicamente coincidente con los gobiernos de UPN, se caracterizó por una política continuista respecto de los programas y dos etapas bien diferenciadas: una primera, de expansión presupuestaria, en la que florecieron las infraestructuras culturales, sobre todo Baluarte y la red de casas de cultura; y una segunda, coincidente con la crisis económica, en la que el departamento de Cultura, sin apenas presupuesto, apenas pudo hacer frente a las necesidades más perentorias. A eso hay que añadir que la oposición presionó sobre un gobierno en minoría para sacar adelante dos iniciativas de futuro: una serie de estudios conducentes a evaluar la situación de la cultura en la Comunidad a fin de poder abordar un plan estratégico de la misma, y la aprobación por el Parlamento de una Ley Foral de Mecenazgo cultural, con unos incentivos fiscales sin parangón en la legislación española.

Finalmente, en el año 2015 se inicia la última etapa, coincidente con el gobierno cuatripartito, que solo ahora, dos años después, tras los balbuceos e indefiniciones iniciales, empieza a dar sus frutos, precisamente basados en las dos iniciativas a las que acabo de hacer referencia. Como si de una lotería se tratara, la consejera de Cultura presentó el pasado 22 de diciembre el Plan Estratégico de Cultura de Navarra (2017-2023). Bajo el título “El árbol de la cultura de Navarra”, el documento fija una política cultural a medio y largo plazo que integre tradición y modernidad, y el mundo urbano y el rural; que impulse nuevas oportunidades para los sectores culturales y creativos, y que garantice la continuidad de los procesos participativos durante su desarrollo. El Plan se articula en diez ejes estratégicos que engloban una serie de acciones en cada uno de ellos. Los tres objetivos básicos, en palabras de la propia consejera, son los siguientes: detectar las necesidades culturales de Navarra, poner en valor los sectores culturales y generar una hoja de ruta para todo el territorio en los próximos años.

Mi impresión inicial del plan es el siguiente. El primer hecho positivo es su propia existencia. No es fácil llevarlo a cabo, y más si se pretende participativo. El hecho de que sea el primero resulta indicativo de su dificultad. El segundo aspecto positivo es su alcance en el tiempo. Superar el horizonte de la legislatura es buena cosa, ya que las políticas culturales necesitan tiempo para desarrollarse con una cierta estabilidad. El tercer aspecto a destacar es su propio contenido, que parece sensato y abordable. Cabe pensar, en consecuencia, que a partir de ahora la cultura adquirirá un peso del que ha carecido en los últimos años. Eso implica una mejora sustancial del presupuesto, un aprovechamiento de la Ley de Mecenazgo a la que no se le está sacando las potencialidades que contiene, un reforzamiento de las políticas vinculadas al patrimonio, desasistidas en los últimos años, y una mayor presencia del equipo del departamento en el día a día de la cultura de la Comunidad, que a menudo brilla por su ausencia.

Pero la noticia en el comienzo de 2018 es ¡al fin! la existencia de un Plan. Mi felicitación a cuantos con el esfuerzo de antaño y la iniciativa de hogaño lo han hecho posible.

Diario de Navarra, 4/1/2018

 

Adiós a Manolo

En la tarde del día 21 de diciembre, de forma repentina, nos dejó Manolo, uno de mis mejores amigos de la cuadrilla de Los Arcos. Con él son tres los amigos a los que he despedido en el año que acaba de terminar. Por iniciativa de algunos amigos, tomé la palabra en el funeral celebrado en Los Arcos el pasado 29 de diciembre para despedirlo y decirle adiós en nombre de todos ellos.

Querido Manolo:

Cuando el pasado 21 de diciembre los amigos de tu cuadrilla fuimos recibiendo a lo largo de la tarde-noche la noticia de tu fallecimiento repentino, nos quedamos literalmente sin habla. Apenas pudimos verbalizar unas frases en el whatsapp ante la sorpresa de tu partida. Prácticamente todos fuimos convocados, una vez más, por tí y te acompañamos a tí y a los tuyos, que son también nuestros, en el tanatorio y en el funeral celebrado en Tudela: Pili, tu mujer; Manuel y Eva, tus hijos; Carmen, tu madre; Mari Carmen y Joaquín, tus hermanos y el resto de la familia.

Pero teníamos claro que donde de verdad queríamos despedirte era en Los Arcos, rodeado de todos los tuyos y en una iglesia que tú has frecuentado; ante una imagen, Santa María de Los Arcos, a la que tú has rezado; y junto a otra, la de San Roque, a la que has sacado en procesión durante muchos años.

Lo que queremos decirte se resume en una palabra: gracias. Fuiste una buena persona, un buen hijo, un buen marido y un buen padre. Y para todos nosotros, un muy buen amigo.

No soy yo el que debería estar aquí, sino alguno o alguna de los componentes iniciales de una cuadrilla singular por muchos motivos. Al núcleo inicial nos fuimos incorporando otros sin oír jamás un reproche ni una mala cara. Todos vivimos fuera, pero eso no impedía que al llegar las fiestas nos reuniéramos en el cuartillo que tú nos proporcionabas y pasáramos ratos inolvidables. Allí vivimos los noviazgos respectivos. Algunos, como el tuyo, lleno de kilómetros difíciles entre Sansol y Oviedo casi todos los fines de semana para estar con Pili. Allí conocimos las fechas de las bodas y los nacimientos de nuestros hijos, que pronto llenaron, primero pegados a nosotros y luego en visita fugaz para dar un beso y recibir la paga, los bancos del cuartillo. Allí vimos crecer a Manuel y Eva, hasta que volaron solos. Y, apenas sin darnos cuenta, en la última década hemos ido celebrando las respectivas bodas de plata, a la espera de conocer a los nietos que poco a poco van llegando.

En esta cuadrilla, en la que el respeto siempre ha estado presente, tú jugaste un papel de primer orden. Siempre activo, dispuesto y servicial. Afortunadamente, los años transcurridos no la han mermado, sino que el deseo de estar juntos ha aumentado y ya nos juntamos no solamente en fiestas, sino en otras fechas.

Permítenos, Manolo, una cosa más. No le va a ser fácil a Pili olvidarte, vosotros que estabais tan unidos y formabais una pareja tan bien avenida. Sabemos que tu deseo es que ella permanezca con nosotros, participe de nuestras reuniones y disfrute de nuestras alegrías. Por nosotros no quedará. Y que sepas que en ella veremos siempre al amigo que la acompañó, la amó y la hizo feliz.

No eres el único que nos ha dejado, pero sí el último. Por eso recordamos también a Javier, Chus, Ana, Ramón, Amparo y Miguel Ángel, que también compartieron en algún momento mesa con nosotros.

Te deseamos que descanses en la paz del Señor. Hasta siempre, Manolo.

 

Azul de medianoche

Azul de medianoche

En la estantería de novedades de la biblioteca pública de Los Arcos, recogí el otro día una novela que me llamó la atención. Su título Azul de medianoche, venía envuelto en un faldón que decía: “en la estela de la Joven de la perla”, libro y película que me fascinaron hace unos años. Precedida de un enorme éxito en Holanda, país natal de su autora, Simone Van Der Vlugt, la leí en unos pocos días pese a mi escaso entusiasmo por las novelas históricas. Pero la época, el siglo de oro neerlandés, la presencia de Vermeer, un pintor que admiro especialmente, y la trama de la novela me animaron a su lectura.

No quedé defraudado. Catrijn, nacida y criada en la pobreza, debe casarse con un hombre mucho mayor que ella al que no ama. Tras enviudar al poco tiempo de contraer matrimonio, la herencia recibida le permite vender sus propiedades y salir a buscarse la vida fuera de su pueblo, en las ciudades emergentes dedicadas a la industria y el comercio. Su gran sueño, ser decoradora de cerámica, lo consigue al fin tras un intenso periplo vital, en el que el amor no está al margen. En el fondo, la novela narra la historia de una mujer valiente, como muchas que lo han intentado pese a las dificultades a lo largo de los siglos, en busca de su propio destino.

El fresco de la vida en la Holanda del siglo XVII resulta vívido y creíble. La recreación del ambiente opresivo en su primera relación conyugal – con muerte del marido incluida, que no la conoceremos hasta casi el final de la novela-, el trabajo febril de una urbe comercial, la vida cotidiana tanto en el campo como en la ciudad, junto a detalles técnicos del trabajo de la pintura cerámica, están muy bien descritos y engarzados. El estilo tiene algo de cinematográfico, no siendo desdeñable que nos encontremos pronto con una película del mismo nombre. Como se señala en la portada, “Arte, amor y misterio se entrelazan en una gran novela histórica”.

Una obra, en consecuencia, recomendable para la temporada que ahora se inicia.

Ficha bibliográfica: VAN DER VLUGT, S., Azul de medianoche, Duomo ediciones, Barcelona, 2017.

 

Una pequeña historia del belén

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Nacimiento del Belén del Príncipe. Palacio Real de Madrid

Pese a las nuevas y recientísimas costumbres que nos han inundado, estoy seguro que muchos de ustedes han dedicado parte de este mes de diciembre a poner el belén familiar. Y muy probablemente, pese al cuidado con el que envolvimos las figuras el año anterior, alguna habrá perdido un brazo o un pie. Así lo cantan los niños y mayores de Oteiza en su villancico más popular: “Otra vez he puesto/ y es un año más/ el belén de siempre/ que está en el desván./Nos trae alegría/ de la navidad/ recuerdo y nostalgia/ de los que no están./ La pastora es coja/ baila con un pie/ el pastor es manco/ así está el belén/ uno sin cabeza/ otro sin los pies/porque siendo niños/ jugamos con él…”

Con permiso de mi buen amigo el profesor Ricardo Fernández Gracia, el verdadero especialista navarro en el tema, permítanme que les resuma en unas pocas líneas una pequeña historia del belén.

Sus orígenes se relacionan más que con los escuetos relatos evangélicos, con los apócrifos y el teatro de Navidad, que tuvo un amplio desarrollo desde la Edad Media. Un hito en su historia fue la escenificación que ideó San Francisco de Asís en 1223. De ahí que los franciscanos, en su ramas masculina y femenina, se convirtieran en los propagadores de esta costumbre navideña. Pero, aunque se han conservado algunas figuras, apenas tenemos noticias de belenes y montajes durante la Edad Media y el Renacimiento. Fueron los siglos del Barroco los que dieron el impulso definitivo a los belenes, en una época en que la piedad y la religiosidad tendían a cautivar a los fieles a través de los sentidos.

Este carácter teatral, tan propio del barroco y tan bien adaptado a la historia que se pretende contar, es el hilo conductor de los belenes desde el siglo XVIII. Entre las múltiples calificaciones que pueden hacerse, me gustaría subrayar tres tipos que nos han dejado algunos de los mejores ejemplares históricos que han llegado a nuestros días.

El primero corresponde al belén conventual. En los monasterios de clausura, su preparación tenía carácter de rito litúrgico, y las figuras se iban incorporando a medida que avanzaban las fiestas que se celebraban: natividad, circuncisión, reyes, etc., variando la disposición de los componentes del conjunto. Fruto de la religiosidad de la época, no es inusual además que incorporaran ángeles con los atributos de la pasión o al propio Niño Jesús de la Pasión abrazado a una enorme cruz. Dado el hermetismo de la clausura, muchos de estos belenes son de uso exclusivo de la comunidad y no han podido ser mostrados hasta fechas muy recientes.

Más conocidos y populares resultan los vinculados a modelos napolitanos. Con destino a la corte o a casas nobles llegan figuras de terracota o madera, algunas articuladas, llenas de colorido y vida. De entre las que nos quedan en la Península Ibérica hay tres sobradamente conocidas: el belén del príncipe Carlos, hijo de Carlos III, compuesto de 180 figuras de 50 centímetros de altura, obra del valenciano José Esteve, y que puede admirarse en el Palacio Real de Madrid; el belén de Francisco Salcillo, conjunto encargado en 1776 al artista por un prócer murciano, en el que las figuras recrean un ambiente popular y pastoril vestidos a la usanza murciana; y el belén de la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella de Lisboa, creado por Machado de Castro y consistente en más de 500 extraordinarias figuras de corcho y terracota.

El tercer grupo lo constituyen los belenes hogareños o particulares, que se generalizaron en España bien avanzado el siglo XIX. Las figuras de calidad, denominadas “de fino”, patrimonio de familias acomodadas e instituciones religiosas, se adquirían por encargo, Las más populares o “de vasto” se compraban en tiendas y mercadillos, importadas de tierras levantinas o granadinas. A estas figuras tradicionales de barro cocido le siguieron las procedentes de los talleres de Olot, correctas, uniformes y dulzonas que acabaron por generalizarse a lo largo del siglo XX. Lamentablemente, el paso del campo a la ciudad de buena parte de la población hizo que muchos belenes quedaran arrumbados y desaparecieran. Solo en los últimos años, gracias a la labor encomiable de los belenistas y otras instituciones, parece que la tradición se recupera en los espacios públicos, y el belén vuelve a estar presente, siquiera en su versión más escueta del portal, en muchas de nuestras casas.

Navarra conserva hermosos ejemplos de estos belenes históricos. Si usted tiene interés en conocerlos, el profesor Ricardo Fernández Gracia publicó el año 2005 un libro primorosamente editado, titulado Belenes históricos en Navarra. Figuras para la memoria. Dedíquele un rato estos días. Disfrutará como un niño. ¡Felices Navidades!

Diario de Navarra, 21/12/2017

 

Derecho natural

Pisón

Estos días de final de año abundan las listas de “mejores libros del año”. Entre las novelas, Berta Isla, el último libro de Javier Marías, ocupa un lugar destacado en casi todas ellas. Pero me ha sorprendido haber visto seleccionado en alguna Derecho natural, la última novela de Ignacio Martínez de Pisón.

Hace unos días terminé su lectura y me adelanto a señalar que me pareció un buen libro. La trama de la novela nos cuenta la historia de una familia española de los años ochenta, compuesta por un padre, actor de películas de serie B e imitador de Demis Roussos, cantante que gozó en aquellas décadas de gran predicamento; una madre, trabajadora de El Corte Inglés, y ama de casa abnegada que debe aguantar a un marido pretencioso y egoista al que termina por dejar; y varios hermanos, entre los que sobresale Ángel, el protagonista de nuestra historia, el único que llegará a la universidad, que es el hilo conductor del relato, en el que se incluye su propia vida.

No hay acciones memorables, ni hechos gloriosos, sino una historia que narra lo próximo y lo cotidiano, la letra pequeña de muchas de las familias de nuestro país en un tiempo interesante y convulso. El autor recrea este mundo con prosa limpia, maestría narrativa y gran soltura. Al final, me queda la sensación de una buena novela a la que le falta la hondura y profundidad que sí he encontrado en la de Marías, recientemente glosada en el blog. En todo caso, sin ser apasionante, se lee con gusto y facilidad y resulta por ello recomendable.

Ficha bibliográfica: MARTÍNEZ DE PISÓN, I., Derecho natural, Seix Barral, Barcelona, 2017.

 

Celebrar y conocer Navarra

Villafranca

Vista del casco antiguo de Villafranca

He llegado a la edad de la jubilación, a Dios gracias, con buena salud, curiosidad creciente y ganas de hacer cosas. Y un interés por Navarra, mi tierra, que ahora que dispongo de más tiempo intento conocer, disfrutar y compartir. Pero, afortunadamente, esta visión optimista es ampliamente generalizada en buena parte de mi propio segmento, los jubilados, a los que me encuentro mayoritariamente presentes en las actividades a las que asisto: cursos, conferencias, cine, conciertos y viajes, por enumerar algunas. De ahí que no me haya resultado difícil vincular mis intereses a los del grupo, bien sea como profesor o como alumno. He de reconocer, además, que como alumnos son mucho más fáciles y gratificantes que los adolescentes, ya que la disciplina la tienen interiorizada y la atención está garantizada. Exige, eso sí, tablas y un cierto dominio de la materia, porque con los adultos cualquier pregunta es posible y no sirve cualquier respuesta. En mi condición de profesor, durante todo el año 2017 he impartido por primera vez un Curso de Arte Navarro, en el que hemos recorrido las principales manifestaciones artísticas de nuestra Comunidad desde la prehistoria hasta nuestros días, con especial atención a nuestros cuatro grandes momentos: románico, gótico, renacimiento y barroco. El grupo, heterogéneo y variopinto, lo componen cincuenta alumnos procedentes de 15 localidades de la merindad de Estella, que nos reunimos semanalmente en la casa de cultura de Los Arcos. Vernos cada miércoles, fieles y puntuales a la cita, dispuestos a estudiar y conocer nuestro patrimonio en el que se incluye el de sus respectivas localidades, es para ellos una satisfacción y para mí un acicate. Pero no acaba ahí nuestra actividad. Tras el estudio de cada etapa, programamos una salida para conocer in situ algunos hitos fundamentales de nuestra historia artística. Tras la prehistoria y la romanización, visitamos Las Eretas de Berbinzana, la ciudad de Andelo y la villa de Arellano; el románico nos llevó hasta la merindad de Sangüesa, para ver Leire y Sangüesa; Pamplona, Artajona y Olite nos permitieron acercarnos a lo más selecto del gótico entre nosotros; el renacimiento lo apreciamos en la merindad de Estella, con paradas en El Busto, Viana, Lapoblación, Genevilla y Los Arcos; y esta semana disfrutamos del buen barroco de la merindad de Tudela, con citas en Villafranca, Corella y Tudela. Nos restan por visitar los palacios y casas señoriales del Baztán y los tres museos abiertos recientemente y vinculados al arte contemporáneo: Oteiza, Huarte y Universidad de Navarra.

Esta misma semana hemos celebrado dos fechas que me gustaría glosar juntas: el día de Navarra -3 de diciembre- y el día del voluntariado -5 de diciembre- , utilizando para ello el ejemplo de la visita a la Ribera -2 de diciembre- . En un día especialmente gélido, con muchas dificultades para llegar a Los Arcos desde las localidades vecinas, iniciamos la visita en Villafranca. Llamaré por su nombre a personas que no conocía y que nos hicieron el día especialmente cálido. José Mari, párroco de Villafranca, nos esperaba en la puerta de su convento de carmelitas. Con la calefacción puesta, realizamos la visita a la monumental y espléndida iglesia de Santa Eufemia en las mejores condiciones posibles. Frente a tantas iglesias cerradas y frías, José Mari fue un ejemplo de acogida, amabilidad y servicio. De allí a Corella, donde ocho ciudadanos voluntarios se encargan de mostrar a todo el que lo desee las bellezas de la ciudad barroca navarra por excelencia. Joaquín y José, nos acompañaron en la visita al Museo Arrese y a la iglesia de San Miguel. Donde no llegan las instituciones, allí están ellos, atentos e instruidos, sin aceptar ni una propina, solo al servicio del arte y de su pueblo al que aman apasionadamente. Y de allí a Tudela. También aquí, primero Maite, la responsable del ayuntamiento, y después Maria Ángeles, religiosa de la Compañía de María, nos dieron toda clase de facilidades. Con la última visitamos la iglesia de la Enseñanza, una exquisitez barroca lamentablemente poco conocida.

Sin duda, hay muchas maneras de celebrar el Día de Navarra, pero encuentro pocas tan satisfactorias como conocer el patrimonio artístico heredado de nuestros mayores y comprobar cómo más de 30.000 navarros ayudan a los demás en los ámbitos más variados, uno de los cuales es el cuidado y conservación de este patrimonio. De ello dan fe algunos de los miembros del curso, también ellos voluntarios para que los peregrinos a Santiago puedan admirar la iglesia de Los Arcos. Entre todos hacemos posible la Navarra actual, una sociedad urbana de corazón rural, solidaria y abierta al futuro. Todavía quedan algunos días en el puente para conocerla y disfrutarla. Anímense, tenemos mucho y bueno y está a la vuelta de la esquina.

Diario de Navarra, 7/12/2017