Cajal, la cuna como pretexto

Cajal

Ficha técnica

Título: Cajal. Un grito por la ciencia

Autores: José Ramón Alonso y Juan Andrés de Carlos

Editorial: Next Door Publishers

Páginas: 247

Precio: 35 euros

Dos son las razones por las que les presento este libro. La primera, por la condición de nacido en Navarra de su autor. La segunda, por el valor intrínseco del mismo.

La vida de Santiago Ramón y Cajal, probablemente el científico más grande que ha dado España en su historia, ha contado con un cierto equívoco respecto a su nacimiento. Pero no hay lugar a la duda. El propio Cajal lo dejó meridianamente claro en una entrevista concedida a ABC el 4 de mayo de 1922: “Poco importa que cariñosamente se discuta cuál es mi patria chica. Aragoneses fueron mis padres; en el Instituto Provincial de Huesca y en la Universidad de Zaragoza efectué mis estudios; pero nacer, propiamente nacer, nací en Petilla, pueblo navarro que aún continúa llamándose Petilla de Aragón, porque Aragón fue y un rey de Aragón lo cedió a un monarca de Navarra para cancelación de deudas. Soy, y ese es mi orgullo, español”. En un momento de marcado localismo, hermosa lección la que nos da don Santiago.

La vida de este hombre excepcional se extiende desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Segunda República. Mal estudiante en sus inicios, su voluntad de hierro, su profundo patriotismo y la calidad del trabajo desarrollado en difíciles circunstancias, consiguen que su obra sea reconocida mundialmente, recibiendo el premio Nobel en 1906. Considerado el fundador de la neurociencia, es a la vez un dibujante excepcional, uno de los grandes ilustradores científicos de todos los tiempos.

La biografía, repasa en cuatro capítulos sus inicios, la forja de un investigador, su especialización en el mundo neuronal y el mito que acompañó sus últimos años. Escrita por dos admiradores de Cajal, especialistas en neurociencia también, se lee sin especial dificultad, derrocha una contenida pasión y supone un grito más a favor de la investigación en España.

Editado en tapa dura, está magníficamente diseñado e impreso y se acompaña de un conjunto de fotografías y láminas de especial interés. Sin duda, una buena lectura para este periodo vacacional que se inicia.

Diario de Navarra, 21/6/2019

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Eusebius lo hizo posible

Eusebius

Ficha técnica

Título: Eusebius. Capitán de La Nave de Baco

Autor: Daniel Ramírez García-Mina

Editorial: Renacimiento. Biblioteca de la Memoria

Páginas: 494

Precio: 20,80 euros

El 3 de octubre de 1945, Ángel María Pascual comienza a escribir sus glosas a la ciudad, el mejor retrato de la Pamplona de la posguerra. Hacia un año que Eusebio García-Mina había muerto, tras una vida nada convencional pese a su aparente y burocrático oficio de abogado y procurador. Actividad que le permitió formar y alimentar a una familia y vivir sin apreturas, dedicado a su verdadera pasión: la música en toda la acepción del término – estudioso, melómano, correcto ejecutor, crítico, conferenciante y gestor-, la tertulia de altos vuelos, la buena mesa y la literatura de vanguardia.

Que todo esto, ya de por sí poco habitual, haya sido posible en Pamplona, una capital de tercer orden habitada por curas, militares, funcionarios, artesanos y comerciantes, recién salidos de la reclusión de las murallas, lo hace todavía más insólito. Porque la época no fue precisamente fácil. Nacido en Zamora en 1890 y muerto su padre, vuelve con su madre y sus cuatro hermanos a Pamplona donde estudia en los escolapios, se traslada para hacer derecho a Madrid y regresa a la ciudad en la que vivió el resto de su vida. “Queda inscrito en el colegio de abogados en 1917, -nos señala Daniel Ramírez-. Lo pisará poco. Prefiere el Gayarre y Casa Marceliano. Pocos meses más tarde jura ante la Audiencia como procurador hasta su muerte. Se refugia en lo administrativo, que la da dinero, pero sobre todo tiempo. Ni la fiebre le saca de un concierto”. Fueron los años en que él, católico de tradición y de derechas, vio pasar desde su peculiar atalaya la dictadura de Primo de Ribera, la II República, la cruenta Guerra Civil, donde en acertadas palabras del autor “en Pamplona se murió y se mató con nombres y apellidos”, y la tristísima posguerra que, en medio de una escasez generalizada, bien comido y bien bebido, lo llevó a la tumba en 1944.

El libro que les comento ofrece no pocos alicientes. El primero, la trayectoria vital de un personaje singular del que, lo confieso humildemente, no había oído hablar nunca. Puestos a seleccionar, subrayaría sobre todo su trascendencia en el campo de la música: conocedor de los autores de su tiempo, como pone de manifiesto en algunas de sus conferencias; artífice de la presencia en Pamplona de grandes artistas de primer nivel -Ravel, Rubinstein, Landowska-; y crítico punzante, irónico e irreductible al que Victoriano Juaristi le recomendó en una ocasión “a ver si alguna vez en su pundonorosa vida escribe dos líneas sin vinagre”. Un crítico temido y admirado al mismo tiempo. “En cuanto se dispone a entrar en funciones un violín, tiemblan las arpas ante lo que dirá Eusebius al día siguiente”, en palabras de Eladio Esparza. Una situación algo parecida a la vivida posteriormente con Fernando Pérez Ollo, crítico como él también en el Diario de Navarra. Con motivo de su muerte, el diario ABC resume su historial de esta manera: “Eusebius fue un crítico musical de rara personalidad. Agudo, documentado, claro en el concepto, ironizante, cáustico en la forma. No ya en Pamplona, su lugar de actividad. En toda España se le quería y admiraba”.

Y junto a la música, la buena mesa y la tertulia de unos pocos elegidos, reunidos en la Nave de Baco. “El crítico (Eusebius) fue capitán por edad, ingenio e impulso. Lió a sus coetáneos y embarulló aprendices. Marcó la pauta, dibujó líneas maestras y mantuvo la Nave lejos del puerto hasta que el hígado se cayó por la borda. La copa debía tener motivo, conversación y etiqueta negra. Su Baco era el lírico patrón del barco, no el derrochador de taberna desagradable”, nos dice el autor.

La otra gran virtud del libro la constituye la escritura del joven periodista Daniel Ramírez García-Mina. El texto no es una biografía al uso, escrita en correcta prosa. Es mucho más. El resultado es una obra chispeante, sutil, desinhibida y hermosamente escrita. Sirva un párrafo tomado de la página 70 para resumir lo evaluado: “La Nave de Baco es niebla entre los adoquines. Murmullo desordenado, latidos de una ciudad que no existe. El sueño de un viejo café, la carne de la manzana prohibida, el poema más deslavazado de Verlaine, el razonamiento menos ordenado que parió la vieja Atenas. Un barco de madera que recorre el río Aqueronte al borde del naufragio con las almas de sus tripulantes heridas, pero sonrientes. Borrachas, pero inspiradas. Alerta el corazón, de espaldas al mundo. La Nave de Baco es un rito secreto y burgués, exclusivo. Un homenaje a las letras desde el sumidero. Un grito en medio del silencio de que nadie recuerda”. ¡Qué poética manera de describir una inusual y sorprendente tertulia de trabajadores liberales y rentistas en una ciudad de moral estrecha y expectativas alicortas!

El libro, sobria y hermosamente editado, es un doble descubrimiento: del biografiado y del biógrafo.

Diario de Navarra,

Un libro especialmente oportuno

pATRIMONIO INDUSTRIAL

Titulo: La fragilidad de un legado: patrimonio industrial de Navarra

Autoras: Amaya Apraiz (coord.), Ainara Martínez y María Romano

Editorial: Gobierno de Navarra

Páginas: 461

Precio: 22 euros

El cuidado y conservación del patrimonio, especialmente del navarro, es uno de los temas recurrentes en mis colaboraciones en prensa. En un escrito titulado “En defensa del patrimonio industrial”, publicado en DN el 14 de septiembre de 2017, decía: “Pero si la conservación del patrimonio es globalmente razonable, no puede decirse lo mismo de un ámbito que lo tenemos tan cercano como minusvalorado, el patrimonio industrial. Navarra no ha tenido una gran tradición en este ámbito, pero la poca que hemos tenido apenas la hemos valorado. Hemos salvado algunos bienes muebles, hoy en el museo etnológico Julio Caro Baroja, pero hemos dejado caer los inmuebles. La fábrica de municiones de Orbaitzeta, algunas chimeneas de azucareras y otras industrias, restos de fábricas de harinas y alguna nave industrial es todo nuestro panorama. El DN de ayer nos trae la última noticia de esta serie: está a punto de derribarse el gran silo de Potasas en Noáin, ejemplo paradigmático del despegue industrial de la Navarra de los años sesenta del pasado siglo. Me uno a los que piden su conservación. Tal vez no tenga valor estético, pero su potencia monumental en medio del paisaje de la cuenca recuerdan el hacer de una época que ya es historia”.

A la vista de lo anterior, comprenderán ustedes la alegría y el interés que me suscita la crítica de este libro, sin duda un hito en el estudio de nuestro patrimonio industrial.

El simple índice del texto nos permite apreciar su rico contenido. La Introducción nos sitúa en el contexto del patrimonio industrial, un campo muy reciente que en un primer documento, la carta de Nizhny Tagil (2003), definió este patrimonio, identificó sus valores y fijó los criterios generales para su mantenimiento, conservación, presentación e interpretación; y en un segundo, los Principios de Dublín (20111), reconoció la naturaleza única del patrimonio industrial, así como las debilidades y amenazas que le afectan.

El primer capítulo, titulado “los cuatro pilares de la industria”, estudia los componentes básicos de este patrimonio: el patrimonio mueble, el patrimonio construido, el patrimonio documental y el paisaje industrial como una categoría específica del paisaje cultural.

Los cuatro capítulos siguientes repasan los ámbitos en los que este patrimonio industrial se manifiesta con mayor empuje: los paisajes ferroviarios, los vinculados en torno al agua, los paisajes agrícolas y forestales, y los vinculados a la piedra y el hierro.

Una bibliografía prácticamente exhaustiva de lo publicado y una relación de archivos consultados, cierra el volumen.

El libro, como las autoras dejan sentado desde el comienzo, es una primera aproximación a las diversas manifestaciones que el hecho industrializador ha dejado en la Comunidad Foral. No solo en el patrimonio construido, sino en un todo conjunto que dota al estudio de especial interés, ya que incluye la maquinaria, la documentación y el paisaje generado en torno a la industria. Permite además acabar con la idea de que la industria tuvo en Navarra un carácter básicamente agroalimentario hasta bien entrado el siglo XX. Los ejemplos que se citan en el estudio resultan abundantes y palmarios.

Pero el estudio une a la calidad intrínseca de fondo, lo más importante, otras virtudes que no puedo pasar por alto. El texto se lee con fluidez, dada la ausencia de notas a pie de página, tan propia de los libros procedentes de tesis doctorales. Y su formato, presentación y diseño constituyen un acierto, se acomodan muy bien al tema tratado, y el diálogo entre texto e imágenes resulta especialmente atractivo.

Pocos peros se le pueden poner al libro, pero no me resisto a citar uno: ¿quiénes son las autoras? Parecería lógico haber aportado una referencia de su currículo científico y profesional, sin necesidad de recurrir a google para enterarnos de que las dos primeras son doctoras en historia del arte, las tres trabajan como técnicos en patrimonio industrial y son miembros de la empresa Ikusmira Ondarea, dedicada al estudio de este patrimonio, fundamentalmente en el País Vasco.

Esperemos que el texto sirva de acicate y estímulo para conocer mejor este patrimonio industrial y acrecentar la tarea de investigación, protección y difusión del mismo.

Diario de Navarra, 24/5/2019

La Bardena también es luz

Bardenas

Ficha técnica

Título: Bardenas Reales. En busca de la luz

Autor: Eduardo Blanco Mendizábal

Editorial: EBMfoto

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 191

Precio: 35,90 euros

Si uno ojea la página oficial de las Bardenas Reales en su sección de bibliografía, le aparecerán 13 obras referidas a los más diversos ámbitos, y no están todas las que son. Creo que, por derecho propio, el catálogo debería incluir a partir de ahora la obra que les comento, un bellísimo libro que en palabras de su autor, Eduardo Blanco, reconocido fotógrafo de naturaleza y viajes, “no pretende ser un catálogo de especies o rincones de las Bardenas Reales de Navarra, sino una recopilación de momentos fugaces y emociones vividas con mi cámara durante los últimos 20 años. Las imágenes dan protagonismo al momento y a la luz con objeto de transmitir la magia de un entorno único y especial (…) Es un recorrido visual que simula el transcurso de un día y que a su vez muestra el paso de un año, aunque en realidad es el resumen de dos décadas de trabajo fotográfico”.

El resultado no puede ser más hermoso. Paisajes, y especies vegetales y animales componen el grueso de las 137 fotos de que consta el libro. Un parque natural que, pese a contener un campo de tiro, fue declarado por la UNESCO “reserva de la bíosfera” en 2000, en el que la presencia del hombre sólo se hace manifiesta en dos instantáneas: un pastor y la huella dejada en la tierra por la bota de un turista. El autor lo concluye así: “He cultivado mi arte, he pastoreado mi tiempo, he cazado algunas luces, he grabado un episodio de mi vida y he disparado mi cámara de fotos”.

Financiado mediante un campaña de crowfunding, el libro es un derroche de imágenes que van de lo mínimo a lo espectacular, está magníficamente editado y es todo un regalo para los sentidos.

Diario de Navarra, 19/4/2019

De la devoción al lujo

Ficha técnica

Título: Joyería en Navarra 1550-1900

Autor: Ignacio Miguéliz Valcarlos

Editorial: Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 98

Precio: edición no venal

La historia del arte en Navarra ha conocido en los últimos lustros progresos muy considerables, sobre todo en los ámbitos de las artes mayores: arquitectura, escultura y pintura. Conocido en sus líneas básicas este ámbito general, empiezan a aparecer

monografías globales de algunas de las llamadas artes decorativas o menores, que permiten completar adecuadamente la visión de conjunto de cada etapa. Son tres las aparecidas en los últimos años, que merece la pena destacar: Platería en el taller de Pamplona en los siglos del barroco, obra de Mercedes Orbe Sivatte; El arte al servicio del esplendor de la liturgia. Siglos XVI-XVIII, resumen de la tesis doctoral de Alicia Andueza Pérez, ambas editadas por el Gobierno de Navarra; y la que pretendo brevemente comentar para ustedes, Joyería en Navarra 1550-1900, obra de un especialista en el tema, el profesor Ignacio Miguéliz Valcarlos.

El libro traza un panorama general analizando tanto las obras realizadas en Navarra como las venidas de fuera que se conservan en nuestro territorio. Precedido de un prólogo y una introducción, el libro se articula en tres capítulos de desigual tamaño. El primero, muy breve, explica la razón social del enjoyamiento, vinculado a las clases privilegiadas y a las imágenes religiosas. El segundo, algo más desarrollado, está dedicado a los plateros de oro en Navarra, en el que se estudian las ordenanzas del gremio de plateros de Pamplona, la formación del platero de oro y el libro de exámenes de plateros de Pamplona. El tercero, que ocupa los dos tercios siguientes del libro repasa con carácter cronológico la joyería de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Una amplia bibliografía cierra el volumen.

La virtud principal del texto reside en la capacidad de síntesis del autor, que le permite en apenas cien páginas trazar un panorama global de la joyería en Navarra solo posible cuando uno domina fehacientemente el ámbito de estudio, cosa que sucede con el profesor Miguéliz que dedicó su tesis doctoral al arte de la plateria en Gipuzkoa.

Una vez más, el buen hacer del autor y de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro ha ido acompañado del buen gusto derrochado por Calle Mayor en su diseño y maquetación, cosa que se agradece especialmente en un tema por definición exquisito como es éste. El texto, en una pauta digna de destacar, puede descargarse on line en la web de la Cátedra (https://www.unav.edu/web/catedra-patrimonio)

Diario de Navarra, 19/4/2019

Un clásico, recuperado

Libro

Ficha técnica

Título: Alfonso el Batallador

Autor: José María Lacarra

Editorial: Urgoiti editores

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 174

Precio: 15,20 euros

La Vida de Alfonso el Batallador se publicó en Zaragoza en 1971, año en que yo comencé a estudiar Filosofía y Letras en dicha universidad. En el curso 73-74, ya vinculado a la sección de Historia, José María Lacarra fue mi profesor de Historia Media de España y de Instituciones Medievales, y en ese contexto tuve ocasión de leer el libro que hoy les comento, Alfonso el Batallador, editado por Urgoiti. Ya entonces me deslumbró por lo sobrio, austero y ajustado del relato, donde el conocimiento de las fuentes estaba presente pero no abrumaba, y la historia era más que una serie de hechos cronológicos para presentarse como un relato complejo en el que los factores humanos, sociales y religiosos, unidos a los políticos, permitían dibujar un retrato creíble de un personaje singular, Alfonso el Batallador, rey de Aragón y Pamplona. Hoy, cuarenta y ocho años después, he vuelto a leer con delectación una obra que sigue conservando buena parte de su valor, por más que determinados juicios y apreciaciones sobre la poliédrica figura del monarca sean deudores de los años de redacción. Pero el modo de historiar, la aproximación a las fuentes, la ecuanimidad en el juicio y la perspicacia en el análisis, me siguen pareciendo características que definen a un maestro en el oficio.

Pero aunque lo fundamental del libro es el texto del autor, y les animo vivamente a leerlo, la edición que les presento presenta otras novedades dignas de interés, contenidas en el estudio preliminar de Fermín Miranda, colaborador estrecho de Ángel J. Martín Duque, discípulo a su vez del historiador estellés.

Bajo el rótulo “José María Lacarra de Miguel. El oficio de historiar”, Fermín Miranda, fiel a su estilo incisivo y algo heterodoxo, realiza un sucinto repaso a su vida, que abarca periodos nada fáciles y tan dispares políticamente como el turnismo, la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil, el franquismo y la transición democrática. La semblanza del historiador en su contexto, aunque sintética, es la más ecuánime que conozco, sin obviar las críticas de algunos a la etapa del 31 al 39, especialmente compleja por ideologízada.

Como libro paradigmático de “alta divulgación”, nada usual en España en los años setenta, el libro se lee sin especial dificultad, dada la claridad y dominio del autor sobre el personaje y la época tratados. Pero si uno quiere ahondar en el estudio del personaje y situarlo en el contexto historiográfico actual, resulta de gran utilidad la lectura del breve capítulo titulado “José María Lacarra y Alfonso el Batallador”. La pretensión es doble, en palabras de Miranda: “por una parte, analizar los aspectos fundamentales de la visión que (Lacarra) ofrece del monarca y de su obra (…) y por otra, señalar los trabajos y visiones de algunos historiadores que se han acercado a esos temas en los años posteriores, para ofrecer una imagen somera (…) de cómo han evolucionado en el casi medio siglo que ha transcurrido desde entonces”. Poco que añadir, sino que el objetivo ha sido, a mi juicio, perfectamente logrado.

El capítulo más extenso del libro está dedicado a la reconquista de Zaragoza, incluyendo la del valle del Ebro y el Jalón. En palabras del autor, “Sobre Tudela se dirigió la hueste tan pronto como se sometió Zaragoza, y se entregó el 25 de febrero de 1119, firmándose un pacto de capitulación el 15 de marzo, sobre las mismas bases que el de Zaragoza. Esta capitulación fue jurada por Alfonso el Batallador y quince de sus barones.” Acabamos de conmemorar -y no digo celebrar para no suscitar polémicas adicionales- el novecientos aniversario de la conquista y capitulación de la ciudad, evento que ha pasado casi inadvertido. Lacarra ya lo estudió en un trabajo publicado en 1946 en la revista Príncipe de Viana y que afortunadamente su libro nos lo vuelve a recordar.

Termino como comencé, con una evocación personal. Tuve la oportunidad, como consejero de Cultura, de sugerir al Gobierno de Navarra que lo aceptó, la concesión en 1984 de la Medalla de Oro de Navarra al más ilustre de nuestros historiadores, y despedirme de él, acompañando a Ángel J. Martín Duque, en una visita que le hicimos en su domicilio de Zaragoza. Sirvan estas líneas en las que recomiendo la lectura del texto, para homenajear al primero y recordar al segundo, maestro y discípulo, las dos grandes figuras del medievalismo navarro.

Diario de Navarra, 19/4/2019

Bértiz, o la Arcadia perdida

Bertiz

Ficha técnica

Título: El Señorío de Bértiz

Autor: Andoni Esparza Leibar

Editorial: Gobierno de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 159

Precio: 10 euros

El Señorío de Bértiz ha sido objeto de numerosos estudios. Tal vez el libro más conocido para el gran público es el publicado en 2001 por CajaNavarra y el Gobierno de Navarra, titulado El Parque Natural del Señorío de Bértiz, coordinado por Luis Azpilicueta y José María Domench, este último fallecido hace escasas fechas. Sirvan estas líneas de recuerdo y agradecimiento a un hombre que hizo de la edición su profesión y su pasión.

El presente libro, frente a otros que centran su atención en el parque natural, es un texto básicamente histórico, en el que, tras describir el dominio aristocrático, va sucesivamente analizando la familia Bértiz al frente del Señorío, los Alducin, El Señorío bajo los marqueses de Vessolla, la propiedad de los Oteiza, Bértiz en manos de Pedro Ciga, y la historia reciente hasta su conversión en parque natural.

El texto permite hacerse una idea cabal del devenir histórico del Señorío, objetivo último que persigue.

Hoy el enclave ha quedado convertido en un bosque y un paraje de ensueño, y es para muchos navarros sinónimo de la Arcadia perdida, feliz expresión que Javier Eder utiliza en su hermosa introducción. Un territorio que, de haberlo conocido, hubiera deseado para sí el dios Pan, frente a los parajes menos idílicos de la región del Peloponeso en los que la mitología griega ubica la Arcadia genuina.

Diario de Navarra, 15/3/2019