Universitarios navarros en la Edad Media

Item un privilegio con la bula del papa Alexandre IV que otorgó al Rey de Navarra que podiese facer Estudio General en Tudela et los estudiantes que hubiesen sus beneficios así como los estudiantes de París. Datum Anagnie, VIII idus maii, pontificatus nostri anno quinto

Nota del inventario del notario Martín Périz de Cáseda, de 1328

La Unión Europea, aliviada con la victoria de Macron en Francia, celebró antesdeayer el Día de Europa. Con tal motivo, la UPNA dedicó una jornada a estudiar el impacto del programa ERASMUS, feliz iniciativa nacida hace 30 años, coincidente con el nacimiento de la propia Universidad Pública de Navarra. ERASMUS es el acrónimo del nombre oficial en inglés (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios), coincidente con el nombre en latín del filósofo, teólogo y humanista holandés Erasmo de Roterdam (1465-1536), una de las figuras claves del renacimiento europeo. La importancia del programa ha desbordado el mundo académico, habiéndose convertido en un elemento importante para fomentar la movilidad y conocimiento de la Unión Europea entre la población joven. Las cifras de curso 2016-2017 son incontestables: más de 400 jóvenes navarros procedentes de las dos universidades saldrán a otros países europeos, mientras que nos visitarán 450 estudiantes foráneos.

Esta iniciativa de salir a estudiar al extranjero, para sorpresa de muchos, no es nueva entre nosotros. Como es bien sabido, el reino de Navarra intentó dotarse de una universidad pública desde muy pronto. A lo largo de la Edad Media tenemos documentados los siguientes intentos: el Estudio General de Tudela por parte de Teobaldo II en 1259; el proyecto de universidad en Ujué de la mano de Carlos II en 1378; y el proyecto de universidad en Pamplona, promovido por Catalina y Juan de Albret, en 1499. Tras la enumeración de los repetidos fracasos, algunas preguntas queda en el aire: ¿tenemos noticia de los universitarios navarros de la época? ¿Quiénes eran? Qué condición tenían? ¿Qué y dónde estudiaban? Los estudios de José Goñi, Luis Javier Fortún y el recientemente fallecido Pascual Tamburri nos permiten responder básicamente a las preguntas formuladas, que resumo para ustedes.

La hilazón de Navarra con el movimiento cultural europeo es preciso buscarla en la presencia de las órdenes mendicantes y la partida hacia las universidades extranjeras. Las órdenes mendicantes se expandieron rápidamente por Navarra. Las principales ciudades y villas del reino vieron instalarse en sus recintos urbanos a franciscanos y dominicos. Agustinos, carmelitas y mercedarios completaron esta nutrida trama conventual. A diferencia de otras órdenes existentes, la finalidad apostólica y la importancia de la predicación, explican su interés por el estudio y la necesidad de contar con centros docentes propios. A veces, estos centros docentes reunían alumnos procedentes no sólo del convento propio, sino de otros conventos de la orden. De ahí la existencia de Studia Generalia que, pese a su nombre, no cabe confundir con los propiamente universitarios.

La presencia de navarros, clérigos y laicos, en universidades extranjeras completa el panorama de la época. De los 440 universitarios navarros documentados, conocemos la condición de un tercio de ellos. El grupo más importante (90) corresponde a canónigos, siendo Pamplona el cabildo que aportó un mayor número (63), seguido de Tudela y Roncesvalles, con 20 y 7 respectivamente.

Le siguen las órdenes mendicantes, con 50 universitarios conocidos. Franciscanos (26) y dominicos (14) ocupan los lugares preeminentes, mientras que agustinos, mercedarios y carmelitas tienen cifras reducidas.

Las preferencias de los universitarios navarros aparecen también claramente definidas en la documentación: 152 se inclinaron por el derecho canónico, 61 por teología, 33 por derecho civil, 31 por medicina, 18 por artes y 8 compaginaron ambos derechos. Las universidades en las que cursaron los estudios son conocidas en un centenar de casos. En 71 ocasiones son universidades francesas las elegidas: París, con 36 estudiantes, sobre todo teología; Toulouse, la más cercana, con 23; y Avignon, con 11 estudiantes de derecho canónico, son las más representativas. Completan la cifra la Corona de Aragón con 13 casos, Salamanca con 8 y Bolonia con 6.

La conclusión es evidente: el pequeño reino navarro, necesitado de cuadros competentes que se hicieran cargo de una administración cada vez más compleja y desarrollada, envía a sus hijos, a veces con la protección real, a las universidades más prestigiosas de la época. Las fronteras peninsulares, tal como hoy las conocemos, son una entelequia. La posición geográfica, la querencia natural francesa propiciada por las dinastías reinantes y las mayores facilidades encontradas, explican una diáspora tan peculiar como interesante.

Como ven ustedes, poquita cosa, pero la semilla estaba echada. En la próxima entrega les contaré las vicisitudes de los siglos XVI al XX. Pero, incluso para los optimistas, una cosa queda clara: en este ámbito, como en otros muchos, cualquier tiempo pasado fue peor.

Diario de Navarra, 11/2017

 

 

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