Fitero y la Virgen de la Barda

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Ayer, 15 de agosto, la Iglesia Católica celebró la festividad de la Asunción de Nuestra Señora, el día grande y festivo por excelencia en muchos pueblos de Navarra. En los días previos, en algunas de estas localidades, se ha celebrado la tradicional novena, que reúne a vecinos del pueblo, residentes y foráneos, en una ceremonia que concita devoción, emoción, tradición e historia, bajo la advocación propia de cada lugar. Y también ayer, a primera hora, en una mañana limpia y radiante en la que a los auroros tradicionales se unen otros devotos de la Virgen que quieren honrarla en su día, sonó la aurora en honor a la Excelsa Patrona. Con variantes, perfectamente aplicables a las demás localidades, el estribillo de la novena a la Virgen de la Barda reza así: “Pues sois imán verdadero/que roba los corazones/Colmadnos de bendiciones/ Oh Patrona de Fitero”.

Aunque en fecha distinta, pocas localidades como la villa monástica han conservado el ritual propio de una celebración de estas características: una hermosa imagen gótica, varias veces retocada a lo largo de los siglos; una gran capilla y un baldaquino barrocos, además de un camarín levantado por suscripción popular, sede definitiva de la Patrona después de otras ubicaciones; una amplia documentación de la historia, arte y devoción a la Virgen a lo largo de ocho siglos; y una fiesta con su novena, sus gozos, el rosario general y la salve, la aurora, la misa y la procesión.

El pasado día 14, en el marco de unas jornadas sobre “Historia, arte, música y espiritualidad en el monasterio de Fitero”, que se extenderán hasta el próximo día 20, tuvo lugar la presentación del libro Ocho siglos de historia, arte y devoción en Fitero. La Virgen de la Barda: de titular del monasterio a patrona de la villa, obra de Ricardo Fernández Gracia. El autor reúne una doble condición especialmente oportuna para abordar este trabajo: es hijo de la villa y, en consecuencia, ha mamado -como así queda patente en la dedicatoria a su madre- lo que la devoción a la Virgen supone de raigambre, devoción y tradición familiar; y es un reputado historiador del arte navarro en general y del fiterano en particular.

El libro trasciende con mucho su carácter de monografía local, para abordar rigurosamente, a partir de un exhaustivo acopio de fuentes documentales, una trama histórica en la que la historia, el arte y la religiosidad se aúnan para ofrecer una síntesis que puede servir de modelo a estudios vinculados a otras advocaciones o localidades. El solo enunciado de su índice da cumplida cuenta de su riqueza y del tratamiento integral del tema: la imagen gótica, los relatos legendarios sobre su origen y advocación, el culto en el periodo abacial hasta 1785, la celebración en su honor acordada por el ayuntamiento en el mismo año, patrona y signo de identidad de Fitero, la capilla y el camarín, la reproducción de la imagen, la fiesta, la restauración de la imagen en 1965, y un apéndice literario mariano. Nadie mejor que el autor para resumirnos su contenido: “Este libro, por tanto, trata de la historia, de la reconstrucción de una parte del pasado común de la villa de Fitero, en este caso centrado en su patrona y en la celebración de la fiesta desde los albores del siglo XVII a nuestros días”.

En el caso de Fitero se da una doble y feliz paradoja: la villa estuvo sometida a la jurisdicción del abad y tuvo que conformarse durante siglos con una capilla situada en el lado de la epístola de la iglesia abacial como parroquia de la localidad. La imagen de Santa María la Real, como titular del monasterio, presidió el templo hasta 1583, en que se colocó el retablo mayor y pasó a presidir la nueva capilla parroquial. Solo a finales del siglo XVI tomó la nueva advocación, que culminó en 1785 con la institución de la fiesta de “la Madre de Dios de la Barda”, debido a la “devoción suma de todos los habitadores de este pueblo”. Con la desamortización, a diferencia de lo ocurrido con el resto de monasterios de Navarra, la iglesia abacial continuó su culto, ahora ya como parroquia local, conservando buena parte del ajuar monástico. Y Fitero, que durante siglos vivió de prestado, pasó a tener la parroquia más monumental y una de las más bellas, si no la más, de todo Navarra.

El libro se sitúa en la mejor tradición de los estudios marianos navarros, con antecedentes espléndidos, caso de Jesús Arraiza o Clara Fernández-Ladreda, puntualmente citados por el autor en la amplia bibliografía que cierra el trabajo.

Primorosamente editado con las ayuda de Jesús Irisarri por la parroquia de Santa María la Real de Fitero, a cuyo frente se encuentra Javier Goitia; con abundantes ilustraciones en blanco y negro y color, buena parte de ellas obra de Jesús Latorre; su precio es de 25 euros y sus beneficios irán destinados a la restauración de la capilla de la Virgen de la Barda, en el centenario de su dedicación en 1918. El libro está encabezado por una presentación debida a la pluma del cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia y sucesor de uno de los hijos más ilustres de la villa, don José María García Lahiguera.

Un texto, en suma, no solo para los fiteranos, que lo tendrán a partir de ahora como libro de cabecera, sino para todos los amantes de la historia, el arte y la devoción mariana. Enhorabuena al autor y a cuantos lo han hecho posible.

Diario de Navarra, 16/8/2018

 

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Mil y una muertes

 

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Los grandes premios literarios suelen suscitar en mí, lector errático e intermitente, el deseo de conocer algo de sus autores. Así ocurre con los premios Nobel o los Cervantes. Este año, el Cervantes recayó en Sergio Ramírez, escritor nicaragüense.

Las personas de mi generación vivieron con interés e incluso entusiasmo el final de la dictadura de Somoza y el acceso al poder de los sandinistas, entre los cuales emergían dos poderosos intelectuales como Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez. Pero aquella revolución que tanto entusiasmo suscitó, en el contacto con la dura realidad centroamericana, pronto perdió sus aura intachable, el desapego de algunos de sus líderes valiosos, hasta devenir en una cruenta dictadura en la que el otrora comandante Ortega no ha dudado en masacrar a su pueblo para mantenerse en el poder.

Sergio Ramírez, claro, rotundo y ponderado, denunció dicha situación en el acto celebrado en el mes de abril en Alcalá, y aprovechó su discurso para ofrecer el premio a los jóvenes que estaban muriendo por una Nicaragua en libertad.

Pues bien, en este contexto, la biblioteca de Estella situó en el apartado de novedades la novela Mil y una muertes, publicada por el autor en 2004. La he leído con interés y cierto desconcierto, porque no he acabado de captar el caleidoscopio que Ramírez nos ofrece. Un fresco donde Flaubert, Turguéniev, George Sand, Chopin, y el omnipresente Rubén Darío toman vida de la mano del fotógrafo Castellón, hilo conductor de las diferentes historias.

Me han sorprendido gratamente las muchas lecturas que soportan la novela, el lenguaje utilizado, que prueba la extraordinaria riqueza del español del otro lado del mar, la exuberancia de las imágenes utilizadas y la prosa florida de Ramírez, no sé si homenaje a su autor de referencia, Rubén Darío. Tal vez haya entendido poco, dado la complejo de la narrativa empleada, pero he disfrutado mucho con una lectura que me ha hecho viajar de un lado al otro del Atlántico, por situaciones poco usuales y a veces disparatadas.

¿Ficción o realidad, lo aquí narrado? Tal vez la respuesta esté en el epitafio de Xavier Villarreal que abre el libro: Duerme aquí, silencioso e ignorado/ el que en vida vivió mil y una muertes/ Nada quieras saber de mi pasado./ Despertar es morir. ¡No me despiertes!

Ficha bibliográfica: RAMÍREZ, Sergio, Mil y una muertes, Alfaguara, Cali, 2004.

 

Alberto Urroz y el festival de Mendigorría

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Alberto Urroz en la nave mayor de la parroquia de Mendigorría

En la columna del pasado domingo, titulada Pamplona de estío, Juan Gracia Armendáriz se hacía eco de las bondades de la ciudad en verano, concluyendo que “la estación en que Pamplona luce mejor es ahora, cuando el calor aprieta (…) redescubrimos nuestra ciudad con nuevos ojos, pues luce un sol casi levantino (…) y disfrutamos del latido atemperado por la sombra musgosa que proyectan los parques”.

Si esta amable versión de Pamplona la trasladamos al conjunto de Navarra, tampoco faltan razones para solazarnos en lo que hemos venido en llamar, no sin razón, nuestra alta calidad de vida, fruto de políticas continuadas y bien orientadas en los más variados frentes: urbanístico, paisajístico, gastronómico, cultural y turístico. Lo digo, porque tendente como es al adanismo, conviene recordar al actual gobierno que no es sino un eslabón más en la cadena de los que fueron y serán, habiendo aportado cada uno su granito de arena para que podamos disfrutar de esta Navarra que nos incluye a todos.

Durante un tiempo fue un lugar común decir que Navarra en verano era fundamentalmente una tierra de procesiones y vacas. Pero siendo esto verdad, con lo que tiene de positivo mantener dos tradiciones que no es por casualidad que congreguen al mayor número de personas de cada localidad, no sería justo dejar de señalar que en los últimos lustros determinados programas culturales amenizan, bien sea en locales cerrados o en nuestras frescas noches con chaqueta, nuestro verano menguante. Los hay más institucionales: Festival de Teatro de Olite, Kultur, Flamenco On Fire, o la Semana de Música Antigua de Estella; pero los hay también menos conocidos, más modestos y recoletos, ubicados en espacios a veces insospechados, y vinculados a localidades o personas. Quisiera poder hablar de todos ellos, y lo hago fijando mi atención en uno en concreto que los representa muy bien a todos, pretendiendo dos cosas: rendir homenaje a los que los hacen posibles y animar a disfrutarlos.

Mendigorría es una hermosa población de la zona media, situada en una soleada colina sobre el Arga, con un apretado caserío del que sobresale la imponente iglesia de San Pedro. Unos kilómetros más abajo, siguiendo el curso del río, se encuentra Andelo, la importante ciudad romana hoy musealizada, que permite una visita cómoda y muy recomendable. Una población, pues, repleta de historia y de arte.

Aunque nacido en Pamplona, Alberto Urroz está vinculado a Mendigorría. Músico y pianista versátil, se graduó en el Real Conservatorio de Música de Madrid y amplió estudios en Tel Aviv y Nueva York. A su doble faceta de docente en la Universidad Alfonso X el Sabio e intérprete en festivales nacionales e internacionales, une una tercera de investigador, con una tesis leída en 2017 y vinculada a la enseñanza-aprendizaje de la técnica pianística.

Probablemente sin saber muy bien donde se embarcaba, en 2004, con escasos recursos materiales, pocos apoyos institucionales y mucho ánimo y no menor energía, inició el Festival de Música de Mendigorría, que estos días cumple su XV edición. Rodeado de alumnos venidos de fuera, acompañado de profesores amigos o conocidos por él, Alberto Urroz ejerció desde el primer año como hombre orquesta: organizador, director y, sobre todo, intérprete principal de los variados

programas que ha ido presentando con el correr de los años. Evidentemente, es el alma mater del festival.

El de este año, iniciado el día 27 y que se prolongará hasta el 12 de agosto, incorpora algunas novedades: se inició con un recital de canciones míticas de Broadway en el centro cultural de Tafalla -magnífico para eventos de este tenor- e incluirá un recital de arpa en el museo romano de Andelos. Pero el plato fuerte lo constituyen los conciertos que tienen lugar en la iglesia parroquial, nada menos que cinco más. En familia, con el piano situado en medio de la nave central, bien solo o acompañado de otros instrumentos o la voz humana, las veladas tienen un encanto especial, porque a la calidad musical hay que añadir un bellísimo marco que constituye un lujo para los sentidos: un interior en el que conviven las naves gótico-renacentistas y una buena colección de retablos romanistas y barrocos.

Si pueden, acérquense a Mendigorría estos días. Ni la música ni el marco artístico les dejarán indiferentes. En todo caso, de vacaciones o no, permítanme una sugerencia: ojeen la agenda diaria del DN. No les faltarán propuestas de interés.

Diario de Navarra, 2/8/2018

 

Viaje a China. De vuelta a casa (XVIII)

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La aglomeración de Hong Kong es perceptible también en cada uno de los semáforos con paso de peatones

El viaje de vuelta, con la misma compañía y el mismo tipo de avión, presenta caracteres similares al de la ida, con alguna diferencia. La ruta de vuelta está situada más al norte. El avión asciende hacia el norte de China y se interna en Siberia, que recorre en buena medida. Pasamos por la vertical de Novosivirk, Kirov, y entre Moscú y San Petersburgo. El viaje tiene además dos horas más de duración, consecuencia del efecto de rotación de la tierra. Son 14 horas y media lo que tardaremos en aterrizar en Madrid.

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Vista exterior del Palacio de Congresos, herméticamente cerrado al ruido exterior

Y como el vuelo es nocturno, apenas subimos al avión nos sirven la cena, bastante mala por cierto, de la que solo se salva el helado de postre. Son aproximadamente las dos de la mañana cuando se apagan las luces, se hace el silencio y solo se escucha el rugido de los motores que nos transportan por los cielos de Asia. La temperatura exterior es de -75º y la altura a la que volamos de 33.000 pies.

Cuando redacto estas notas estamos cruzando sobre Moscú. Llevamos recorridas 3600 millas, nos quedan 2250 y cuatro horas y media más de vuelo, aproximadamente 2/3 del viaje. Ya es de día cuando las nubes nos dejan ver el paisaje. Está cubierto en buena medida por la nieve. No es de extrañar, dado que estamos recién entrada la primavera y en estas tierras del este de Europa todavía tardará en llegar. Las tierras son llanas y de vez en cuando carreteras rectilíneas de decenas de kilómetros marcan el paisaje desde lo alto.

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Escolares de visita en el corazón de Hong Kong

Estamos saliendo de Rusia, ahora con Putin de nuevo como jefe todopoderoso, para sobrevolar Bielorrusia a la altura de la capital, Minsk. Continúa la nieve y la llanura. A mí no me sorprende la historia de conquistas de estas tierras, donde las fronteras son más hechos políticos que geográficos. La continuidad con Rusia es casi total, sin que se aprecien elementos geográficos que puedan servir de frontera.

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El obligado selfi con la bahía al fondo

Y de Bielorrusia a Polonia. Cruzamos por encima de Varsovia, la capital para ir a la búsqueda de la República Federal de Alemania. Fueron pocos, muy pocos los días que Hitler necesitó para llegar a las puertas de Varsovia, una vez invadida Polonia, y pocos, muy pocos, los minutos en los que nosotros cruzamos el espacio aéreo alemán a la inversa.

El avión avanza entre el límite de las fronteras alemana y checa, dejando Dresde al norte y Praga al sur. Cuando faltan dos horas, 1500 kilómetros nos separan de Madrid, volando sobre la vertical de Nuremberg. El día está relativamente claro y los Alpes, con el Montblanc a la cabeza, son perfectamente visibles. No así el lago Leman, ya que las nubes bajas impiden su disfrute. No puedo por menos que recordar lo veranos de mi juventud, 73, 74 y 75, pasados en Rolle trabajando junto a sus orillas.

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Sobre uno de los pasos elevados, y desde el autobús que nos lleva al aeropuerto se divisan las barcazas que se acercan al puerto

Por la vertical de Lyon entramos en la dulce Francia, que pronto visitaré con los alumnos del Aula de la Experiencia de la UPNA y de Los Arcos para admirar una selección de sus mejores catedrales góticas. Apenas nos queda una hora de viaje y los 800 kilómetros últimos los haga acompañados de música de Beethoven y Brahms. El concierto nº 3 para piano y orquesta del primero y la cuarta sinfonía del segundo me permiten viajar como pocas veces había soñado. Ni siquiera consigue estropear el rato el horroroso desayuno que Cathay Pacific nos ha proporcionado.

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Vista parcial del hermoso, práctico y operativo aeropuerto de Hong Kong

Por primera vez en el mapa aparece Madrid como horizonte, pero todavía tenemos que atravesar el sur de Francia -¡qué hermoso viaje el del año pasado visitando lo mejor del románico y el gótico francés del sur!- y atravesar los Pirineos que, vistos desde aquí, no separan sino que unen. Lo hacemos por su parte central, sobre la vertical de Lourdes. De aquí, en línea recta a Madrid.

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Las dimensiones del aeropuerto quedan patentes en los largos pasillos mecánicos que unen sus diversas partes

Fin de viaje. Una hermosa experiencia de la que me quedo con lo esencial: los gozosos días de convivencia con mi nieto y sus padres.

 

Viaje a China. Un paseo por Hong Kong (XVII)

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Javier selecciona unas gafas en la tienda, mientras su dueña prepara las mías

La mañana del sábado es algo distinta a las anteriores. No se han escuchado los gorjeos de Mikel tocando diana a las 7 y no he dormido nada de bien debido a la pesadez de estómago que me proporcionaron el excesivo número de trozos de pizza, no menos de ocho, que Paulo nos sacó a la mesa la noche anterior, y tal vez a la inquietud de la vuelta ya inminente.

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A las nueve de la mañana, tras un desayuno con huevo frito y panceta que Javier me ha preparado y una taza de café, iniciamos el camino hacia Hong Kong. La venida la hicimos con un taxi-camioneta que cogimos en el aeropuerto de Hong Kong, con la que nos acercamos a la ciudad. Tras hacer los trámites de aduana, llegamos a Shenzhen y allí, con otro taxi parecido, los acercamos a Dongguan, donde Javier tenía su coche aparcado en un hotel hasta donde llegan los taxis. Esta vez hemos optado por acercarnos en su coche hasta el metro más cercano, dejarlo aparcado y tomar un tren suburbano que nos ha acercado hasta Shenzhen. Aunque las estaciones no son pocas, el tren es moderno, cómodo y barato. Los trámites aduaneros de salida no son complicados y me sorprende el número de personas que encontramos a nuestro paso. Shenzhen es una ciudad muy reciente y muy dinámica. Es zona de actuación especial y ha crecido como la espuma.

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Vista del interior de auditorio y palacio de congresos

Antes de pasar la aduana de Hong Kong nos acercamos a un edificio próximo, dedicado todo él a la venta de gafas, todas copias de marcas buenas y a un precio casi de ganga. Y una vez más, el modelo chino de trabajo se pone en evidencia. La tienda elegida es ya conocida por Javier y su dueña une la simpatía y la profesionalidad con el buen hacer comercial. Quiero gafas bifocales, esas que en España tardan unos días y están por las nubes. Me explora cuidadosamente la vista, me habla del ligero aumento que he experimentado y ¡en hora y media! Las gafas son una realidad.

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Vista de la torre portuaria, corazón de la concesión inglesa

No me resisto a abastecerme bien: unas para Iñigo, otras para Javier, mis bifocales a las que añaden unos cristales oscuros para el sol, otras gafas de sol, y unas sólo de lectura que ella me recomienda. Las seis por algo más de 300 euros, precio que encuentro muy razonable. Aprovechamos para dar un paseo por Shenzhen y comer algo para dar tiempo a recoger las gafas. Una comida suave, también en un italiano, para compensar el exceso de anoche.

 

Tras recoger la mercancía, pasamos la aduana de Hong Kong. Una riada de gente que no se de donde sale se arremolina junto a los puestos de entrada. Volvemos a coger un tren que nos llevará hasta el centro de la ciudad. Hong Kong apenas tiene 1000 kilómetros cuadrados, y es una estrecha franja costera muy montañosa con más de 200 islas en su entorno. De ahí que la población crezca en altura y los bloques de entre 20 y 30 pisos sean los ordinarios. Todo distribuido donde se puede, ganando al mar y a la montaña espacios en otros ámbitos inverosímiles.

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Imagen de Javier consultando su móvil en el jardín adyacente a la torre portuaria

Hong Kong es caótico y fascinante. Acompañados de nuestra inseparable maleta, nos acercamos a la bahía, el lugar de la concesión inglesa durante 150 años y contemplamos la archiconocida línea de rascacielos situada enfrente de nosotros. Allí compiten el HSBC de Foster y el Banco de China de Ming, de arquitecturas señeras y divergentes los dos. Descansamos en la orilla, hacemos unas fotos, miramos los primeros whatsssaps que ya entran con normalidad y enviamos los primeros mensajes. Hong Kong es todo lujo, limpieza, verticalidad y comercio, con edificios para el ocio y la cultura. El palacio de la música ocupa un espacio central y está formado por un moderno edificio blindado al exterior, con un interior deslumbrante. Veo magníficos reclamos de óperas y conciertos que van a tener lugar próximamente y todo tiene un aire más occidental que Cantón.

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Aunque la tarde está nublada, la foto permite apreciar el sly-line más característico de Hong Kong con los rascacielos al fondo

El eslogan “un país, dos sistemas” que ha sido una realidad desde el traspaso de poderes a finales de los ochenta del pasado siglo, funciona, aunque el precio sea la reducida libertad política. Las dos banderas, la china y la hongkonesa, ondean en los edificios y el lujo está a la vista en las tiendas y marcas de moda que invaden el centro.

Damos un paseo y nos acercamos a Nathan Road y buscamos los autobuses que llevan al aeropuerto. Javier quiere volver pronto, porque el trayecto para él también será largo y tiene que pasar de nuevo los trámites de aduanas. Nos despedimos, le doy las gracias por su acogida, le manifiesto mi contento por el viaje, nos damos un abrazo. Le pido que cuide de Mikel y de Carmen y nos despedimos hasta el verano. Hemos mirado vuelos y hay uno directo y reciente de Shenzhen a Madrid que parece que le gusta. El aeropuerto está a dos horas de casa y le evita los trámites engorrosos de la frontera. Si Dios quiere, los tres estarán con nosotros un mes el próximo verano.

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Las tiendas de lujo se alinean en una de las calles centrales de la ciudad

El viaje al aeropuerto tiene su interés, con un alarde de carreteras y puentes para salvar desniveles. Mediante puentes, permiten unir las islas y tener un tráfico relativamente fluido. El aeropuerto, inmenso y más hermoso de lo que me había parecido a la venida, es obra gigante de Foster y ocupa una isla artificial.

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Las estructuras verticales predominan en el conjunto urbano de Hong Kong

Está considerado uno de los mejores del mundo y resulta fácil y operativo. En 15 minutos he resuelto los trámites y me dirijo a la zona de embarque. Tengo cuatro horas de tiempo que se me pasa volando. Miro correos y whatssapps acumulados, leo detenidamente la prensa española con Cataluña dando guerra todavía, hablo con María Luisa y comentamos las primeras impresiones.

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El viaje hasta el aeropuerto permite disfrutar de hermosas vistas y grandes infraestructuras

Embarcamos a las doce y cuarto, y a la una y quince despegamos. Espero tener un buen viaje.

 

Viaje a China. La despedida de Mikel (XVI)

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En nuestro paseo matutino descubrimos la presencia del bambú como instrumento para levantar edificios

Es viernes y, tras dos semanas en Dongguan, mi estancia toca a su fin. Pero hoy todavía podré disfrutar de Mikel, ya que sus padres tienen obligaciones adicionales. Javier, en el colegio mañana y tarde; Carmen debe salir de viaje a Pekín por razones de trabajo. He aquí las distancias de la enorme China. Casi cuatro horas para impartir un cursillo de poco más que un fin de semana. Pero está contenta y esperanzada con su trabajo.

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Mikel se entretiene viendo caer las grandes hojas secas de las palmeras

Como dispone de un rato antes de salir hacia el aeropuerto, le pido que me acompañe para hacer unas copias de las fotos que he tomado y enmarcar las que nos hicimos en la Canton Tower el otro día. Así que apenas son las nueve de la mañana y ya estamos los tres en la calle. Una vez más la barrera del idioma se impone. Ni yo hablo inglés, pese a los intentos varios por aprenderlo, ni los empleados lo hablan tampoco, así que Carmen debe traducir en chino mis demandas. Nos contentamos con elegir los marcos, ya que las copias de las fotos son mucho más caras que en España, al menos en este establecimiento. Carmen se despide de Mikel y de mí, lo agradezco su acogida y el cariño de dispensa a Javier y Mikel, le pido que los siga cuidando y nos despedimos hasta el verano en España, si su trabajo se lo permite. Y de nuevo nos quedamos solos Mikel y yo y pasamos la mañana paseando, comiendo un pastel de la panadería donde compramos el pan -un alimento todavía raro en China- y disfrutamos del parque de la urbanización junto a otros niños y abuelos.

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Vista parcial del parque de la urbanización en la que viven Javier, Carmen y Mikel

Es el relajo de la jubilación, la falta de prisas, el dolce far niente al que de vez en cuando me dedico, después de tantos años de vida afanosa. Estoy contento con la adecuación a la nueva vida, entretenido en lecturas, escrituras y cursos, además de viajes, pero sin agobios y solo en la medida en que yo los quiero. Pero este semestre será para mí el tiempo en el que disfrute, pasee y juegue con Mikel en China. Lástima que el privilegio de ser abuelo lo tenga que condensar físicamente en pocos días, dada la distancia. Y aunque todavía no dice nada, ya responde a determinados estímulos en español, lo mismo que lo hace en inglés y en chino. Me enorgullece, siquiera sea por compensar la torpeza en lenguas de su abuelo.

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Zona dedicada a bicis y motos junto a parque infantil de la urbanización

Esperamos que Javier venga de la escuela en el parque y subimos a comer. Hoy tenemos, además de la comida de la escuela, un buen filete a la plancha con ajillos, el regalo de la madre de Carmen que aún perdura. Javier y Mikel se echan un buena siesta, mientras yo me ocupo de las cosas de la casa y comienzo a preparar la maleta. Aprovechamos la tarde para jugar un rato, preparar las cosas de Mikel y, hacia las siete de la tarde, salimos hacia casa de los padres de Carmen. Mikel se va a quedar con ellos el fin de semana. Y llega la hora de la despedida. Felizmente para él, adora a sus abuelos maternos y ellos le adoran a él. Se muestra feliz en sus brazos y me despide con besos y esa sonrisa que hemos convertido en complicidad durante estos 15 días. Me da mucha pena, pero sé que se queda en las mejores manos.

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Mikel me ayuda a hacer la maleta de vuelta a España

También como despedida, Javier y yo nos vamos a cenar a un restaurante italiano, propiedad de un amigo suyo llamado Paulo, un portugués errante que conoce muy bien Navarra. Se abrazan, ya que son amigos de salidas de fiesta y futbol, y nos disponemos a dar cumplida cuenta del menú especial que hoy ofrece: toda clase de pizzas que uno quiera, saladas y dulces, por 100 yuanes cada uno, poco más de 14 euros. Y las pizzas van saliendo a la mesa. Buena masa, buenos ingredientes y excelentes de gusto.

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Mikel se toma la leche antes de salir para casa de sus abuelos chinos Escribir una leyenda

Las acompañamos de un tinto portugués que nos recomienda, que están también estupendo. Finalizamos con una pizza de chocolate y almendras, novedosa y gustosa a un tiempo. Charlamos un poco del negocio, que le va viento en popa, con 8 coches que distribuyen la comida a domicilio, además del pan que elabora para 8 restaurantes de la zona, incluido el suyo, y nos tomamos una copa de oporto.

Son las 11 de la noche, pero Javier no puede resistirse a entrar en el Murray, su pub irlandés de referencia, sede de su equipo de futbol y lugar de encuentro los fines de semana con sus amigos españoles. Pero no solo éstos. Al primero que vemos es a un nigeriano, delantero rompedor y de poca clase, al decir de Javier, que nos saluda efusivamente.

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Con pena despedimos a Mikel, ya en brazos de sus abuelos chinos

No sé si por el alcohol y por la cultura, cuando Javier me presenta y le dice que soy su padre, se pone de rodillas y me besa la mano. Me dice que no tiene ni padre ni madre y que yo soy un padre para él. Le está muy agradecido a Javier ya que lo invitó a su boda, acontecimiento extraordinario para él, ya que nadie le había invitado nunca a ninguna.

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Un selfi como recuerdo de nuestra última cena en la pizzería de Paulo

Nos despedimos y salimos para casa, ahora ya sin tráfico por las carreteras casi siempre colapsadas. La velada me ha permitido intercambiar impresiones, hacer balance de la estancia y hablar un poco del futuro. Creo que Javier está contento y a gusto en China. Aunque lejos, eso es lo importante.