De la historia a la hagiografía

Zuza

Mikel Zuza con un ejemplar de su libro

Ficha técnica:

Título: Príncipe de Viana: el hombre que puedo reinar

Autor: Mikel Zuza Viniegra

Editorial: Pamiela

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 382

Precio: 24 euros

La investigación histórica, para ser tal, debe basarse en el estudio de fuentes primarias, además de conocer bien la bibliografía existente sobre la cuestión que se pretende abordar. Estas dos premisas las cumple con creces el libro que les presento, Príncipe de Viana: el hombre que pudo reinar, obra de Mikel Zuza Viniegra. El autor, hombre culto y polifacético, es licenciado en geografía e historia y bibliotecario ejerciente. Su pasión por la historia y el arte medieval navarro la ha vertido en tres facetas distintas: trabajos de investigación propiamente dichos, artículos y conferencias de carácter divulgativo, y un tercer ámbito, situado entre la historia y la ficción, de difícil clasificación.

Con este bagaje nada baladí, y en plena madurez profesional, Mikel Zuza ha abordado una de las figuras más emblemáticas, sugerentes y complejas de la historia de Navarra, Carlos, príncipe de Viana (1421-1461), nieto de Carlos III el Noble, hijo de Blanca de Navarra y heredero legítimo del reino, en pugna con su padre Juan II. El autor podía haber optado por una biografía al uso, como será el caso del libro de Vera-Cruz Miranda que comentaremos a continuación, pero se ha decantado por un propuesta más novedosa, que implica sus riesgos: reconstruir su vida a partir de un pequeño cuaderno de seis folios, conservado en los Archivos Departamentales de los Pirineos Atlánticos (ADPA), que recoje 87 quejas redactadas por los jefes del bando agramontés contra el príncipe de Viana y sus partidarios, presentadas al rey Juan II.

El estudio de estas quejas constituye, cuantitativa y cualitativamente, el núcleo central del libro. Nada menos que 277 páginas en las que con puntillosa minuciosidad se analizan todos los detalles que el memorial de agravios contiene. Mikel Zuza combina en su estudio, además de la fuente primaria y la bibliografía existente, totalmente actualizada, la heráldica, la literatura, la numismática, la cronística y la prosopografía. En todo caso, para el lector más interesado en la síntesis, el autor reserva un epílogo de 40 páginas que resume su vida y obra, y contiene la tesis y opinión del autor sobre el personaje y su peripecia vital.

Aquí reside, a mi juicio, la parte más discutible de su obra: la poca distancia que toma con los hechos narrados y su decantación nítida desde la primera a la última página por la figura del príncipe. Carlos parece no tener aspectos negativos en su haber, por lo que a veces, más que ante una biografía, parece nos encontremos ante una hagiografía.

El libro tiene otras virtudes que conviene resaltar: está hermosamente editado, en la buena línea de los textos de Pamiela. Las 87 quejas, redactadas en una endiablada letra gótica minúscula cursiva de mediados del siglo XV, aparecen reproducidas a lo largo del texto. Abundan las ilustraciones en color, y el libro cuenta con una bibliografía totalmente actualizada y un índice onomástico que se agradece especialmente.

Los que hemos dedicado algunos años a investigar, sabemos que el tiempo empleado en ello se lo hemos robado a otros menesteres, sobre todo a la familia. Por eso, no puedo pasar por alto una dedicatoria a Ainhoa, tan hermosa como inusual: “Alégrense por tanto con nosotros el buen príncipe Charles y messire Jacques de Lalaing, y que rabien de envidia el triste rey Juan y mosén Pierres, porque lo que a tí y a mí nos une no son eslabones ni cadenas, sino la cálida certeza de emprender juntos todos los caminos”. Esto, impensable en la dedicatoria de una tesis doctoral, le cuadra bien al autor y al libro, tan complejo que, como ven ustedes, no descarta la poética.

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Ponga un máster en su vida

Master

Escribo estas líneas en una semana en la que dos títulos oficiales de la universidad española, el máster y la tesis doctoral, hasta ahora casi desconocidos para el gran público, se han convertido en argumentos mediáticos y en armas de primer nivel político que terminaron hace unas semanas con Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, han hecho dimitir a Carmen Montón, ministra de Sanidad, tienen cercado a Pablo Casado, al que le auguro un doloroso viacrucis si se mantiene en el cargo, y han llegado hasta Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, provocando la mayor crisis de su gobierno en su todavía corta existencia.

Al hilo de estos hechos, me gustaría reflexionar no tanto sobre lo que de cotilleo mediático ha tenido el episodio, sino sobre algunos problemas de fondo que se atisban tras estos acontecimientos.

La universidad española de finales del siglo XX y comienzos del XXI ofrecía básicamente tres tipos de titulaciones: la diplomatura, normalmente de tres años; la licenciatura, en casi todos los casos de cinco años; y la tesis doctoral, con sus cursos previos, sin tiempo determinado, pero habitualmente con una duración estimada entre tres y cinco años. La llegada del espacio europeo de educación superior, conocido como plan Bolonia, pretendió, entre otras cosas, homologar las titulaciones en el conjunto de la Unión, y los grados de cuatro años sustituyeron a las diplomaturas y licenciaturas en un proceso nada fácil en el conjunto de las universidades. Añadamos a ello un proceso todavía en ciernes para reducir los grados a tres años, cada vez más abundante en las universidades europeas, a lo que nuestra universidad se resiste no sé por cuanto tiempo. Pues bien, la reducción de contenidos de las antiguas licenciaturas, unido al empuje de departamentos y profesorado para no perder horas de docencia, se plasmó en una infinidad de másteres de todo tipo que inundaron las universidades españolas en un proceso donde lo cuantitativo superó con creces a lo cualitativo. A ello hay que añadir que los citados másteres -que pueden tener una duración de uno a dos años medidos en créditos- tienen un coste de matrícula sustancialmente más alto que el de los grados, con lo que las universidades vieron con buenos ojos esta figura que aportaba financiación añadida, además de prestigio.

En este contexto de cambio de planes e insuficiente regulación y control se han desarrollado algunos de los episodios que hemos conocido, sobre todo los referidos a personas vinculadas a la vida pública. Las facilidades dadas por algunos departamentos a esta minoría, obligada como ninguna a guardar una ejemplaridad de comportamiento, y el deseo de ampliar unos currículos más bien mediocres por parte de algunos de sus componentes, explican en buena medida lo sucedido. Ni que decir tiene que el comportamiento del Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos es bochornoso y sonrojante. Pero episodios menos burdos de mal uso de esta figura no creo que sean excepcionales en otras universidades, sin que debamos de llegar a la conclusión, ni mucho menos, de una generalización que me parece tan abusiva como injusta. A día de hoy, creo que se han corregido buena parte de los excesos detectados: el máster debe estar al servicio de los estudiantes y de la sociedad, no de los profesores que los imparten; el número se ha reducido de forma considerable en prácticamente en todas las universidades, siendo todavía a mi juicio excesivo; y han aumentado las exigencias de tramitación, aunque todavía se aprueban por la Agencia Nacional de Calidad y Evaluación y las agencias autonómicas casi todos los que se presentan.

En todo caso, saludemos la oportunidad que los másteres nos han ofrecido para facilitar un debate serio y sosegado sobre la universidad española en su conjunto. Frente a los catastrofistas, creo que nuestro sistema universitario no es un desastre, sino que ha contribuido de forma notable al despegue de la sociedad española del siglo XXI, cuyos líderes políticos, económicos, sociales y culturales son fruto de este mismo sistema. Pero creo también que nuestra universidad necesita acomodarse a los parámetros europeos de los países más desarrollados: una nueva gobernanza con clara rendición de cuentas a la sociedad a la que sirve; una progresiva desaparición de los compartimentos estancos, llámense cátedras, departamentos, escuelas o institutos, en beneficio de una labor de conjunto; una mayor especialización como forma de diferenciarse; y una creciente internacionalización de alumnos y profesores, entre otras. Y, por supuesto, una menor complacencia y una mayor autocrítica por parte de la institución en su conjunto. Si eso es así, habremos pasado de la anécdota a la categoría. Eso es lo importante.

Diario de Navarra, 20/9/2018

 

Una parte de nuestra historia

Cines

Ficha Técnica:

Título: Los cines de Navarra 1940-1990

Autor: Susana Herreros, Alberto Cañada (coordinadores) y Otros

Editorial: Gobierno de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2017

Páginas: 429

Precio: 20 euros

Los navarros nacidos antes de 1960 guardamos un recuerdo imborrable de aquellas sesiones de cine de nuestros pueblos, con bancos corridos, cortes frecuentes, descansos para cambiar los rollos de las películas y el omnipresente NODO. Lo de menos eran los títulos, porque fueran cuales fueren, suponían un soplo de aire fresco en la gris y anodina etapa franquista que nos tocó vivir. Casi todas las salas han desaparecido y hoy no son sino un recuerdo que acompaña nuestras vivencias infantiles o juveniles.

Creo muy acertado el proyecto “Salón Cinema: cinematógrafos en Navarra (1940/1990)”, cuyo primer fruto visible es el libro que ahora comentamos. Un libro que ofrece mucho más de lo que uno se podía imaginar. La parte central la constituye el catálogo de cines de Navarra organizado por orden alfabético, con una doble página para cada uno. Nada menos que 241 páginas a todo color para documentar una realidad que hoy es ya historia. El libro se completa con una evocación inicial de Montxo Armendáriz; la descripción del proyecto, a cargo de Elena López, Susana Herreros y María Teresa Sola; el estudio de la tipología arquitectónica de los cines de Navarra, acompañada de numerosas ilustraciones y planos de los mismos, obra de Javier Torrens; la programación cinematográfica, desarrollada por Cristina Leza y Francisco Benavent; la evolución técnica y empresarial del sector, a cargo de Alberto Cañada; y una selección de carteles que ilustra la variedad de actos organizados en torno al cine.

Les garantizo que el libro, primorosamente editado y con un precio realmente ajustado, provocará en cuantos lo ojeen cuando menos una sonrisa y el recuerdo de un tiempo que se fue para no volver.

Diario de Navarra, 26/4/2018

Un documento para la concordia

Unión

Imagen el día de la presentación del libro

Ficha técnica

Título: Privilegio de la Unión de la Ciudad de Pamplona otorgado por el rey Carlos III el Noble de Navarra (1423)

Autor: Concepción Martínez Pasamar (versión, transcripción y estudios)

Editorial: Sancho el Fuerte Publicaciones

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 197

En el mundo del libro, la edición de joyas bibliográficas constituye una tradición que afortunadamente se mantiene en nuestros días. En este sector no es infrecuente la edición exclusiva, limitada y certificada notarialmente. Algunos de estos ejemplares han sido editados en Navarra por las editoriales Mintzoa o Sancho el Fuerte Publicaciones. Esta última es la responsable del libro que hoy comentamos, Privilegio de la Unión de la ciudad de Pamplona otorgado por el rey Carlos III el noble de Navarra (1423), sin duda el documento histórico más importante en la historia de la ciudad.

De la lujosa edición de bibliófilo, como lectores nos interesa especialmente, no tanto la reproducción facsímil del excepcional documento original de 245 por 53 centímetros conservado en el Archivo Real y General de Navarra, sino el volumen que lo acompaña.

El cuerpo central del libro lo constituye el triple trabajo de Concepción Martínez Pasamar, autora de una tesis doctoral sobre el tema editada en 1995. La transcripción del texto, escrito en romance navarro, no es tarea sencilla ni de fácil lectura, de ahí el interés de la versión que la autora nos ofrece. Conmigo ya ha cumplido la finalidad perseguida, porque reconozco que es la primera vez que he leído en su integridad dicho documento. Una serie de estudios complementarios, entre los que sobresalen la descripción de los documentos originales y una semblanza del autor material, Simón de Leoz, completan el texto.

Un prólogo de Félix Segura situando el Privilegio en su contexto histórico; un plano histórico de los burgos de Pamplona, obra de Juan José Martinena; y la reproducción del documento del Archivo Real y General de Navarra, completan el libro.

Para que la plausible iniciativa de la edición surta el efecto deseado, cabe esperar que, al menos el libro, está disponible en las principales bibliotecas de la Comunidad.

Diario de Navarra, 26/4/2018

 

Dos citas musicales de interés

Estella

Que la música ha experimentado en Navarra un salto cuantitativo y cualitativo indudable, creo que es una obviedad reconocida por casi todos. A la tradicional música clásica hemos añadido en los últimos años el ciclo Flamenco On Fire, cuya quinta edición acaba de cerrarse con gran éxito y una aceptación difícilmente previsible. Vaya mi felicitación a los promotores y organizadores porque esa sí que fue una apuesta arriesgada y de resultado incierto.

La programación musical para el curso 18-19 que hemos conocido estos días, tanto de Baluarte, como de las orquestas sinfónicas de Navarra y de Euskadi, resultan atractivas en cantidad y calidad. Si a ello añadimos los ciclos del Orfeón, las agrupaciones corales, el Gayarre y la AGAO, deberíamos preguntarnos si no estamos al borde de una saturación que, en todo caso, obliga a extremar la coordinación para no encontrarnos con varios espectáculos en el mismo día, lujo que no deberíamos permitirnos.

Pero esta cierta sobreabundancia es predicable para Pamplona, pero no es tal para el resto de Navarra. Por ello me van a permitir que fije mi atención en aquellos ciclos que tienen lugar fuera de la capital, pero que presentan un interés que trasciende lo local. Durante el mes de agosto se han celebrado en Mendigorría y Larraga, dos hermosas poblaciones de la zona media, sendos programas, beneméritos ambos, que merecerían un mayor apoyo por parte de las instituciones forales. Y sin terminar el mes, para abrir propiamente el curso 18-19, acaban de presentarse la Semana de Música Antigua de Estella y el Ciclo de Música para Órgano en Navarra.

La 49ª Semana de Música Antigua de Estella tendrá lugar entre los días 1 al 9 de septiembre en la ciudad del Ega. Es, sin duda, el más veterano de nuestros ciclos musicales. Nacido al calor de la Semana de Estudios Medievales, en una segunda etapa adquirió vida propia. Por las naves de la iglesia de San Miguel, una joya arquitectónica en sí misma, han desfilado muchos de los grupos más relevantes dedicados a la interpretación de la música antigua, con actuaciones memorables en algunos casos. Bajo la dirección de Íñigo Alberdi y con el título “Los viajes de la música”, se nos invita a disfrutar de 11 conciertos, muy dispares entre sí, que tendrán lugar en la iglesia de San Miguel, el convento de Santa Clara -sede recuperada de la primera etapa, con una acústica excelente-, la basílica del Puy y la escuela de música Julián Romano, además de la iglesia del Crucifijo de Puente la Reina. La presencia de Juan de la Rubia al claviórgano, el Huelgas Ensemble, o les musiciens du Louvre, entre otros, constituyen el meollo de un ciclo con entradas a precios muy asequibles.. Pero el deseo de acercar la música al público ha llevado a la organización a programar otros de corte más didáctico, que constituyen un buen complemento a los anteriores. Por intentarlo, que no quede.

Que la música ha experimentado en Navarra un salto cuantitativo y cualitativo indudable, creo que es una obviedad reconocida por casi todos. A la tradicional música clásica hemos añadido en los últimos años el ciclo Flamenco On Fire, cuya quinta edición acaba de cerrarse con gran éxito y una aceptación difícilmente previsible. Vaya mi felicitación a los promotores y organizadores porque esa sí que fue una apuesta arriesgada y de resultado incierto.

La programación musical para el curso 18-19 que hemos conocido estos días, tanto de Baluarte, como de las orquestas sinfónicas de Navarra y de Euskadi, resultan atractivas en cantidad y calidad. Si a ello añadimos los ciclos del Orfeón, las agrupaciones corales, el Gayarre y la AGAO, deberíamos preguntarnos si no estamos al borde de una saturación que, en todo caso, obliga a extremar la coordinación para no encontrarnos con varios espectáculos en el mismo día, lujo que no deberíamos permitirnos.

Pero esta cierta sobreabundancia es predicable para Pamplona, pero no es tal para el resto de Navarra. Por ello me van a permitir que fije mi atención en aquellos ciclos que tienen lugar fuera de la capital, pero que presentan un interés que trasciende lo local. Durante el mes de agosto se han celebrado en Mendigorría y Larraga, dos hermosas poblaciones de la zona media, sendos programas, beneméritos ambos, que merecerían un mayor apoyo por parte de las instituciones forales.Y sin terminar el mes, para abrir propiamente el curso 18-19, acaban de presentarse la Semana de Música Antigua de Estella y el Ciclo de Música para Órgano en Navarra.

La 49ª Semana de Música Antigua de Estella tendrá lugar entre los días 1 al 9 de septiembre en la ciudad del Ega. Es, sin duda, el más veterano de nuestros ciclos musicales. Nacido al calor de la Semana de Estudios Medievales, en una segunda etapa adquirió vida propia. Por las naves de la iglesia de San Miguel, una joya arquitectónica en sí misma, han desfilado muchos de los grupos más relevantes dedicados a la interpretación de la música antigua, con actuaciones memorables en algunos casos. Bajo la dirección de Íñigo Alberdi y con el título “Los viajes de la música”, se nos invita a disfrutar de 11 conciertos, muy dispares entre sí, que tendrán lugar en la iglesia de San Miguel, el convento de Santa Clara -sede recuperada de la primera etapa, con una acústica excelente-, la basílica del Puy y la escuela de música Julián Romano, además de la iglesia del Crucifijo de Puente la Reina. La presencia de Juan de la Rubia al claviórgano, el Huelgas Ensemble, o Le musiciens du Louvre, entre otros, constituyen el meollo de un ciclo con entradas a precios muy asequibles.. Pero el deseo de acercar la música al público ha llevado a la organización a programar otros de corte más didáctico, que constituyen un buen complemento a los anteriores. Por intentarlo, que no quede.

ciclo_organo_2018

Otra iniciativa muy veterana, nacido en 1984, es el Ciclo de Música para Órgano en Navarra. El ciclo formaba parte de un programa más ambicioso en el que se abordaron en su día la publicación de un libro que pusiera al día el estado y situación de los órganos en Navarra, titulado Órganos de Navarra, cuyos autores fueron Aurelio Sagaseta y Luis Taberna, y una convocatoria continuada en el tiempo para restaurar algunos de los órganos de más interés de nuestra Comunidad. El objeto del ciclo es poner en valor tanto los órganos en uso de las iglesias de Navarra, como la música escrita para este instrumento. Bajo la dirección artística de José Luis Echechipia y la colaboración de la Asociación Navarra de Amigos del Órgano y los ayuntamientos correspondientes, la edición de 2018 se extenderá del 30 de agosto al 3 de noviembre y ofrecerá 14 conciertos que abarcan desde Pamplona hasta Epároz, en Urraul Alto. Les recomiendo especialmente este último, un enclave precioso y desconocido en la Navarra profunda, donde arte, naturaleza y gastronomía conviven en exquisita armonía. Cabe resaltar, además de la calidad de los intérpretes, la celebración de dos días dedicados a los órganos del Bidasoa y de la Ribera, en los que al tradicional concierto se añaden paseos musicales, visitas a los órganos, taller de organería, proyecciones y coloquios. A todos estos alicientes se añade la entrada libre a los conciertos.

Como verán no faltan alicientes al nuevo curso musical. Y no se conformen con los conciertos, que ya es mucho. Conocer los enclaves artísticos en los que se celebran, tanto Estella como las distintas parroquias rurales; disfrutar de la naturaleza tan hermosa en este otoño, estación especialmente atractiva, y acompañarlo con una propuesta gastronómica, por modesta que sea, también están a nuestro alcance. No los desaprovechen.

Diario de Navarra, 30/8/2018

 

 

De senectute política (y II)

Olalla

“Principios de la democracia ateniense: isonomía, la igualdad política; isegoría, la igualdad en el uso de la palabra; parrhesía, la virtud de atreverse a emplearla para decir la verdad; boule, a voluntad de participación en lo común; eunomía, la vocación de la ley por la justicia; diké y aidós, el sentido de la justicia y el de la vergüenza; repartidos por la divinidad a todos como fundamento de la soberanía; dikaiosyne, la justicia en sí misma, cuya falta es el ùnico mal verdadero; seisachtheía, la supresión de las deudas que conducen a la esclavitud; eleos, la piedad, esa otra igualdad ante el dolor y la desgracia ajenos, prueba de que existe la dignidad humana; paideia, en su sentido del cultivo permanente de a personalidad y de sus facultades; aristeia, la excelencia como proyecto personal y colectivo; eleutheria, la libertad como atributo inalienable del ser humano; eudaimonia, la felicidad como realización plena de la persona y como razón de ser del Estado” (pág. 37)

“Hoy, el dinero mando sobre la economía, la economía sobre la política, y la política, de forma coercitiva, se impone sobre la sociedad y la naturaleza” (pág. 44)

“Muchas son las cosas formidables, pero nada hay más formidable que el hombre”. Coro de Antígona (pág. 47)

“Ser viejo, Marco, ya no será lo mismo que ha sido hasta hace poco. Y tampoco ser joven, porque seremos jóvenes durante mucho tiempo, y las cosas que teníamos por propias de la juventud serán también de otras edades avanzadas. Más que una sociedad envejecida, seremos una sociedad insólita de jóvenes de todas las edades, con pocos niños, de momento, y esperemos que pocos ancianos decrépitos. Y esa longevidad inexplorada traerá consigo un desafío enorme que no será científico, sino ético y político: un cambio de mentalidad profundo tanto a nivel social como a la escala íntima de cada uno de nosotros mismos” (pág. 55)

“No hay democracia más segura y más justa que aquella que confía los cargos a los más capaces y otorga a los ciudadanos el control sobre ellos “ Isócrates (pág. 77)

“El reto político de regenerar la democracia no es labor exclusiva de seniores ni iuniores, sino de ciudadanos con libertad y conciencia. Algunos sin embargo temen que la longevidad de nuestro tiempo convierta nuestra democracia en una especie de gerontocracia retrógrada y abyecta. Yo creo que hemos dejado claro que la virtud no está reñida con la edad, pero si fuera necesario demostrar que los vientos retrógrados que hoy soplan por el mundo no salen de un coro de ancianos, bastaría decir que en esta Europa nuestra -donde la cuarta parte de la gente ha superado ya el noveno climaterio-, los organismos de gobierno, las cúpulas de los partidos, el cuerpo judicial y los centros donde se toman decisiones dan a esa población fe edad avanzada una representación mínima o nula” (pág. 79)

“Si hemos sabido imaginar un ars senendi como parte inherente y natural de un ars vivendi, ¿no deberíamos imaginar también un ars moriendi como pieza cabal que lo completa y lo consuma? ¿Cómo afrontar bien este trance? ¿Qué sería sensato pedir ante la muerte? Si quieres que responda, Marco, pediremos que tarde; pero que, llegado el momento, no se demore demasiado. Que no se ensañe con nuestra indefensión. Que no nos obligue a partir sin tiempo de haber dado lo bastante. Que nos regale la ocasión de disponernos ante ella, Y que no nos sorprenda lejos de los que amamos” (pág. 85)

Yo humildemente pienso que, si lo que desaparece con la muerte es la conciencia de la individualidad, decidir sobre dejar o no la vida es potestad legítima del individuo, un dilema ético que atañe en exclusiva a su persona y al uso de su libertad para actuar sobre sí mismo” (pág. 87)

Si he de compendiar para mí, en una sola idea, todo lo que hemos dicho acerca de este empeño, llamado mal o bien senectus politica, me quedo con “crecer haciéndome mejor”. Voluptate animi nulla potest esse maior, Marco: No puede existir un placer mayor para el alma. Cura tu valeas” (pág. 89)

 

De senectute política. Carta sin respuesta a Cicérón (I)

Senectute

“Es precisamente esa otra consolación ante la vejez (…) lo que me mueve a mí (…) a dirigirte ahora esta larga misiva desde Atenas (…) Tú has dejado claro en tu obra, al hablarnos de que las dificultades de la vejez no provienen tanto de la edad como del carácter y de la actitud vital de las personas, que envejecer es, en alto grado, un empeño ético; y yo deseo ahora que reflexionemos sobre si el hecho de que nuestra sociedad esté o no organizada y facultada para posibilitar dicho empeño no hace del envejecer, también, un propósito político”.

La senectud ha existido desde que el hombre existe, pero a diferencia de lo que ocurría en tiempos de Cicerón, nuestras sociedades han perdido la capacidad de pensar en la vejez sin asociarla a la decrepitud. En esta carta sin respuesta , Pedro Olalla entabla un vívido diálogo con Cicerón y pretende probar – y creo que lo consigue- hasta qué punto el paso del tiempo no siempre significa decadencia.

Las 95 páginas de que consta constituyen una densa reflexión sobre la vejez y el papel de la senectud en la conformación de una sociedad inequívocamente democrática, no sólo en las formas, sino sobre todo en el fondo de lo que tal expresión significa.

A continuación, subrayaré algunas de las ideas expresadas en el libro que más me han llamado la atención.

“Sé que tu hermoso diálogo entre Catón, Escipión y Lelio lo escribiste no porque la vejez sea buena, sino tú bien lo sabes, para que la vejez sea buena” (pág. 11)

“Envejecer es, en un alto grado, un empeño ético. Pero no basta para una buena vida ser buen autor de la biografía propia, sino también ser coautor y bueno, de la biografía colectiva” (pág. 13)

“Fuiste servidor de todas las virtudes políticas y humanas que sostuvieron en tu tiempo la Res publica: auctoritas, nobilitas, dignitas, veritas, libertas, aequitas, iustitia, firmitas, laetitia, fides, pietas, humanistas” (pág. 14)

“A decir del propio Pitágoras, los cielos, la tierra y todo lo que está sobre ella están llenos de sietes; y que las fases de la luna se rigen por el número siete, y así también los movimientos de los cuerpos celestes y la música y las edades del hombre y de su cuerpo. Hipócrates, Solón y otros sabios nos cuentan que la vida humana se encuentra dividida, a modo de escalones, en tramos de siete años, y que el punto más crítico del tránsito entre ellos es el cierre del noveno tramo, que por eso conocen como el gran climaterio, el año en que empieza la vejez propiamente dicha” /pág. 15)

“Era el irrepetible Galeno quien decía que no es viejo quien tiene muchos años, sino quien tiene mermadas sus facultades; y, si hemos de atenernos a esta idea, que me parece sabia, debemos convenir que lo justo para definir la vejez no es hacerlo con fronteras numéricas -que dejan fuera al que, tal vez, ya es viejo, e incluyen con frecuencia al que aún no lo es-, sino atendiendo a ese criterio de degeneración y pérdida. Así entendida, Marco, la temible vejez -que no la edad tercera- es el efecto cruel de perder con el tiempo facultades primordiales que precisamos para ser autónomos y plenos. Así, si no me engañó, la vejez, esa carga más pesada que el Etna, no comienza al cruzar el umbral de una edad: comienza, en realidad, cuando otros toman el lugar de uno; cuando uno, tristemente, pasa de ser su propio soberano, capaz de servirse a sí mismo y dueño de unas facultades plenas, a verse dependiente de otro, incapaz de valerse, y privado de aptitudes que tuvo y que nunca recuperará. Espectro deplorable de mí mismo, como dijo en Colono el viejo Edipo”. (pág. 17-18)

“Llegar a la vejez mejor. Creo que ese es el reto del que, pensando en nuestra senectud, debemos extraer nuestro lema de vida: Senescere addiscentem Envejecer aprendiendo, como diiste tú acordándote del viejo Solón. O como dijo él de si mismo:cada día envejezco aprendiendo. Aprendiendo, ganando, haciéndome mejor”. (págs. 22-23)

“Creo que hemos dejado clara la injusticia del discurso de todos cuando, por pereza y por miedo, asociamos a la tercera edad, sin discriminación ni reflexión serena, la pérdida de facultades esenciales, la enfermedad, la decadencia intelectual, la inutilidad, el aislamiento, la renuncia al disfrute, el empeoramiento del carácter y -de forma especial- el conservadurismo político, la inflexibilidad moral y la querencia hacia el inmovilismo” (pág. 34)