La campaña de Manos Unidas

mnaos-undias

Manos Unidas es la ONG de desarrollo de la Iglesia católica y de voluntarios, que trabaja para apoyar a los pueblos del Sur en su desarrollo y en la sensibilización de la población española.

Aunque todo el año activa, es ya tradicional que el segundo viernes de febrero tenga una especial actualidad propiciando el Día del Ayuno voluntario, al que sigue el domingo siguiente una colecta para recabar ayuda para sus proyectos. El lema de este año es “1/3 de nuestros alimentos acaba en la basura”, mientras 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo.

En la misa dominical en la parroquia de Oteiza he recogido hoy el folleto que resume la actividad del año anterior y los proyectos para el 2017. El informe central del folleto se titula “El mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida” De él tomo las siguientes párrafos.

“Todavía hay cientos de millones de personas que pasan hambre en el mundo. Según el último informe del Programa Mundial de Alimentos, el hambre representa el mayor riesgo para la salud en el mundo. De hecho, mata a más personas cada año que el sida, la malaria y la tuberculosis juntos. Podemos destacar algunos datos recogidos en el informe:

– Dos tercios del total de personas que pasan hambre se encuentran en Asia, ya que es el continente más poblado. Sin embargo es el África subsahariana la región del mundo donde se encuentra el porcentaje más alto de hambrientos: una de cada cuatro personas está desnutrida.

– La desnutrición es la causa del 45% de las muertes de niños y niñas menores de cinco años, más de tres millones al año.

– Aproximadamente 100 millones de niños en los países en desarrollo tienen un peso inferior al normal, son uno de cada seis. Uno de cada cuatro niños y niñas en el mundo padecen retraso en su crecimiento, una cifra que se incrementa a uno de cada tres en los países en desarrollo.

– En estos países hay 66 millones de niños y niñas que asisten al colegio con hambre. Solo en África hay 23 millones. Se estima que con 2.300 millones de dólares al año se podría solventar esta terrible situación.

Las cifras nos apabullan, pero no conviene dejarse amilanar por su dimensión. Y tampoco sirve dejar en manos de los gobiernos la resolución de los problemas. ¿De verdad que no resulta posible poner cada uno nuestro granito de arena? La campaña de Manos Unidad es un aldabonazo a nuestra conciencia, sea ésta cívica o religiosa.

 

Un estilo pastoral

20161105_143256

Vista parcial de los asistentes a la misa de acción de gracias

Ha sido un tópico, que tiene algo de verdad, señalar que en nuestros pueblos quienes mandaban, además del alcalde, eran el cura, el médico y el boticario. Esta estampa, por hablar de lo que nosotros hemos vivido, corresponde a una época histórica que corre paralela al franquismo. Con un nacionalcatolicismo que lo imbuía todo, desde el púlpito, el confesonario o la clase de religión, el cura dictaba la moral, dictaminaba las buenas o malas costumbres, influía en las relaciones familiares y marcaba conductas. Era, en definitiva, un guía y una referencia en la vida del pueblo.

Esta visión moralista de la religión, la mayoritaria en la época, conoció una crisis profunda con la llegada del Vaticano II. Y los curas de nuestros pueblos fueron en muchos casos la cara visible de la nueva etapa eclesial. Nuevos usos litúrgicos, nuevas relaciones con la feligresía, nuevas preocupaciones sociales, nuevas homilías y nueva visión de la figura de Jesús y de su Iglesia acompañaron un proceso rico, complejo y convulso en el que nos hemos movido en los últimos cincuenta años. El periodo fue acompañado de una crisis vocacional profunda, que supuso la secularización de un buen número de sacerdotes y la escasez de nuevas vocaciones, una progresiva presencia del laicado, todavía claramente insuficiente, y una reducción casi drástica de la asistencia a la misa dominical, que de ser mayoritaria ha pasado a ser minoritaria incluso en la otrora oficial y católica Navarra. Para completar esta visión de la Iglesia navarra hoy, añadiré que creo apreciar una involución en la última generación de sacerdotes, tanto en mentalidad como en apertura eclesial, respecto a la que desarrolló su tarea pastoral siguiendo la estela del Vaticano II, muchos de ellos ya en edad de jubilación a la que no pueden ni quieren acceder dada la escasez de vocaciones.

Dicho lo anterior, debo subrayar que aprecio mucho la tarea que los curas realizan en la sociedad secularizada de hoy. Una tarea que juzgo especialmente complicada. Ya no son los hombres socialmente importantes de antaño, ni los faros referenciales en la vida de nuestros pueblos, pero su trabajo y presencia siguen siendo importantes, ahora desde la modestia y el buen ejemplo de su compromiso y su vida. Los hay conservadores, volcados en el culto y los sacramentos, y me merecen respeto. Los hay más abiertos, sabedores de que la Iglesia debe acompañar y no imponer y me merecen respeto también. Y los hay quienes, al margen de su ideología, confunden vocación con profesión y parecen funcionarios más o menos cumplidores de una misión que tienen encomendada, y éstos me gustan menos. De todo hay en la viña del Señor.

Vivo en Oteiza desde hace 35 años y he tenido la fortuna de conocer a dos párrocos bien distintos, pero igualmente queridos por la población. La salida algo traumática de Enrique Moreno no fue bien vista por la feligresía, que removió Roma con Santiago para tratar de impedirla. Enrique salió físicamente, pero permaneció en el corazón de los oteizanos que vieron en él una persona sencilla, trabajadora y honesta que era uno más entre los suyos.

Hace casi 20 años llegó Ángel Mauleón, misionero del Verbo Divino. Supo abordar bien el desgarro afectivo de la salida de Enrique, y desde la modestia y el buen hacer, supo hacerse un hueco en el corazón de los vecinos de Oteiza. Si el balance hubiera de hacerse por la asistencia a la misa dominical, ese no sería brillante. ¿Pero se atreve alguien a tirar la primera piedra si esa es la pauta para medir la eficacia de la acción pastoral? Afortunadamente, hay otras pautas de actuación. Unas homilías bien preparadas y actualizadas, un sentido bíblico visiblemente marcado, una liturgia austera y centrada en la figura fundante de Jesús, una Iglesia para los fieles y no una feligresía para la Iglesia, y una participación activa en la vida religiosa y civil de la población, son algunas de las características de su paso entre nosotros. La respuesta del pasado 5 de noviembre, en la que se despidió como párroco, fue el digno colofón a una trayectoria de servicio. Una eucaristía, convertida en verdadera acción de gracias, permitió a toda la comunidad parroquial participar en una fiesta alegre y sentida. Por el ambón desfilaron jubilados, representantes de las distintas asociaciones del pueblo, el colegio entero representado por profesores, padres y madres y alumnado, el coro parroquial del que formaba parte, y las mejores voces de niños y mayores que desgranaron para él jotas alusivas. Y tras la misa, la mesa. Más de 250 personas nos reunimos para continuar una fiesta con bingo solidario y música para finalizar. Era la forma de decir gracias a una persona, a un estilo pastoral sencillo y cercano que solo intentó acompañar a sus hermanos en el camino.

Diario de Navarra, 11/11/2016

 

 

El mundo es mi patria

mapa-mundi

Amo mi patria chica, Navarra, con contenida pasión. He nacido aquí, le he dedicado muchas horas de estudio, y he pasado mi vida profesional enseñando su historia y tratando de hacer un poco mejor la vida a sus ciudadanos desde mis responsabilidades políticas. Pero estos mismos estudios y mis convicciones socialdemócratas me han permitido vislumbrar que mi nacimiento aquí fue un feliz accidente, pero accidente al fin y al cabo. De ahí que observe con respeto, pero con recelo y aprensión, a los que hacen de su patria chica un ídolo al que inmolan su vida, ideas y convicciones.

Si esto lo tenía claro antes, algunos acontecimientos que me han sucedido en los últimos meses subrayan todavía más mis creencias en este sentido. Cada vez me siento más ciudadano del mundo y me parecen más reduccionistas las visiones nacionalistas y estrechas en las que nos movemos por estos pagos. Mi bisabueno paterno, de apellido Felloni, llegó de Italia a finales del siglo XIX en busca de una vida mejor para los suyos. Se estableció en Bernedo y de allí pasó a Los Arcos donde se estableció. En Bernedo el secretario decidió españolizar su apellido y pasó a denominarse Felones.

Mi hijo mayor, un viajero impenitente, lleva recorridos ya muchos países en su mochila, México y Australia, entre ellos. Y, tras una estancia de dos años en China, ha contraido matrimonio con una ciudadana china, Carmen para nosotros, con estudios de psicología en Burdeos. Mi nieto, que no tardará en llegar, será un niño hispano-chino, ciudadano del país más poderoso del mundo cuando llegue a la mayoría de edad. Por supuesto que intentaré que conozca España y Navarra, parte esencial de su cultura paterna. Pero será, sin duda, un ciudadano global del mundo en que vivimos al que le resultarán muy extraños las vivencias de los nacionalismos tan en boga por estos lares.

He asistido en directo a la boda, vía skype, de Carmen y Javier. Y no sé que me depararán las nuevas tecnología en los próximos años. Pero todo me servirá para fijar la vista en un mundo cada vez más pequeño y más global en el que todos sus habitantes deberían sentirse partes de una misma patria y un mismo destino: una humanidad lo más feliz posible.

 

 

Tres rincones de paraíso

IMG_2295

San Tirso entre el párroco y María Luisa

Hoy, 30 de abril, Oteiza ha celebrado su romería a San Tirso. La mañana ha amanecido fresca y desapacible, con riesgo de lluvia que ha caído molesta pero sin fuerza a lo largo de toda la mañana. Los campos están esplendentes, con el triunfante verde vestido de mil tonalidades, aunque la colza también se deja notar con su brillante amarillo. Las que han venido a menos son las esparragueras, aunque la presencia de familias andaluzas todavía se dejar notar, al igual que el producto de abril, especialmente suave y jugoso.

La cosecha apunta francamente bien, sólo falta un buen chaparrón por San Isidro y que junio no caliente demasiado para que la cabeza madure y el grano sea abundante. Eso es lo que le hemos pedido al santo en la bendición de los campos habida al terminar la misa al aire libre, celebrada en la campa del antiguo poblado romano, miliario incluido, que acabó de estar habitado a lo largo del siglo XIV, tras la peste negra.

Por el camino me he topado con dos mujeres magrebíes que, acompañados de los niños, caminaban también hacia la ermita, seguramente con la intención de participar del día de fiesta.

En la homilía, que el párroco don Ángel prepara con esmero, ha realizado una pequeña reflexión al hilo de las lecturas, la primera tomada del Génesis y referida a la creación del mundo, y la segunda del evangelio de Juan y referida al episodio de la última cena.

El párroco nos ha propuesto que ese paraíso del que habla el Génesis y que Dios tenía reservado al hombre y la mujer, intentemos conseguirlo en este mundo, concretado en tres rincones a nuestro alcance. El primero con la participación familiar y festiva en la campa de San Tirso, invitando a que no solo hoy, sino durante todo el año, la ermita y su paraje sirvan para disfrutar, pasar buenos ratos y conservarlo dignamente entre todos. El segundo, invitando a esforzarnos para conseguir que la antigua casa situada en la plaza del Raso, herencia de la parroquia que ha sido cedida al ayuntamiento para levantar un parque, sea espacio de convivencia y de disfrute. Y el tercero, el más difícil de todos, haciendo lo posible para que nuestros hogares sean eso, hogares, y no solo hostales de comida y alojamiento.

La jornada ha continuado con buena parte de los oteizanos y foráneos distribuidos por la campa, comiendo en familia, tras recoger el pan y el vino repartido por los miembros del ayuntamiento. Los amagos de borrascas han perturbado, pero no han podido con la buena costumbre. Y al final, la lluvia nos ha dado una tregua y hemos disfrutado de un buen rato de sol y cierzo fresco.

Hermosa, muy hermosa y oportuna la homilía de don Ángel. Ojalá que haya acierto y consigamos durante este año pergeñar esos tres rincones de paraíso.

Dos obras musicales cimeras

Bruckner Haendel

Los conciertos convencionales de música clásica suelen estar articulados en torno a varias obras. El que lo ocupe solamente una suele responder a dos criterios: o la duración de la misma, o lo acabado de la producción, en cuyo caso suele interpretarse sin descanso intermedio.

Esta semana hemos tenido ocasión de disfrutar en Pamplona de dos ejemplos memorables de ambos modelos. El pasado 18 de diciembre, como culminación del 150 aniversario del Orféon Pamplonés, se celebró un concierto extraordinario con una única obra en el repertorio: la Gran Misa de Anton Bruckner, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Navarra y el Orfeón Pamplonés, dirigidos por Juanjo Mena. La obra fue presentada en los PROMS de Londres el verano pasado, junto con otras piezas de Schubert y Bedford, con éxito. En Pamplona, con buen criterio, se decidió interpretarla sóla. Fueron casi setenta minutos de una música intensa, que requiere un extraordinario esfuerzo sobre todo para el coro, ya que apenas tiene respiro en la obra. En ella el autor explora todas sus posibilidades, desde los pianísimos hasta los números en los que al coro se le exige desplegar toda su rotundidad y fuerza. De todos salió airoso el Orfeón Pamplones que fue, jugando además en casa, el gran triunfador de la noche. Seguí el concierto junto a Juan Ángel Vela del Campo, prestigioso crítico madrileño desplazado a Pamplona expresamente para la ocasión. Al finalizar el concierto no pude menos de preguntarle su opinión de lo visto y oido. Lo repito para ustedes. Muy bien el Orfeón y sobresaliente el público, con un comportamiento impecable. De todos los números me quedo con el Benedictus, que me pareció a la vez tierno y sublime.

El día 23, como feliz aperitivo navideño, se presentó el Pamplona el Mesías de G.H. Haendel, interpretado por el Gabrieli Consort and Players y dirigido por Paul Mccreesh. Mientras escuchaba la celebérrima obra, magníficamente interpetada, me acordé varias veces del añorado Fernando Pérez Ollo que, ante los coros ingleses, siempre recordaba lo mismo: he ahí un ejemplo de que cantar no es gritar. Sorprende lo reducido de los intérpretes, probablemente en la mejor tradición de la época, que contrasta con los buenos resultados obtenidos, sean en los números corales, en los orquestales o en su conjunto. Es preciso subrayar además la calidad de algunos intérpretes, caso del fagot y las trompetas. Que todo ello Haendel fuera capaz de componerlo en tres intensas semanas, no deja de ser un un dechado de inspiración, que habla de la calidad del maestro.

Como bien decía el programa de mano, El Mesías es mucho más que un famoso Aleluya, aunque algunos espectadores, acostumbrados a la duración convencional de un concierto, abandonaran sus butacas al final de la segunda parte. Lo siento por ellos, pero la parte tercera resultó espléndida con el colofón inconmensurable del Amén.

He aquí dos ejemplos de un música religiosa que está en el corazón de nuestra cultura occidental. ¿Cuando seremos capaces de discernir con claridad lo religioso de lo cultural y, en aras a un trasnochado laicismo, pretender borrar tradiciones que nos honran como pueblo y nos religan a lo mejor de nuestra historia?

 

Un fin de semana de cine

AmamaTaxi TEherán

En los últimos años ha sido casi un ritual para mi ir con mi mujer al cine los domingos por la tarde. A veces lo hago con cierto disgusto, porque el futbol televisivo también me llama, pero en general se trata de una costumbre agradable que nos suele reportar buenos ratos. Eso sí, hay que acomodarse a la cartelera de Estella, que no siempre ofrece lo que nos gustaría. Lamentablemente pasaron los tiempos en los que debíamos hacer cola ante la taquilla y hoy no es desgraciadamente inhabitual que no seamos más de una docena, casi siempre los mismos, los espectadores. Y eso que la digitalización emprendida en el último año ha mejorado la cartelera y podemos acceder a títulos más actuales.

Este fin de semana ha sido especialmente cinéfilo, porque no hemos tenido oportunidad de ver una película sino dos. Y ambas, muy distintas entre sí, unidas por una mirada cálida y amorosa al entorno más próximo. Ambas también, películas de bajo coste y muy poco convencionales.

La primera es “Taxi Teherán”, toda ella rodada desde el interior de un taxi al que se montan una serie de personajes variopintos. Lo que se ofrece, en consecuencia, es un visión de una gran ciudad en la que conviven personas de mentalidad mucho más diversa de lo que la propaganda oficial nos quiere hacer ver. La película, rodada con escasísimos medios, ofrece sin embargo hora y media de buen cine, por más que por momentos pueda decaer el interés de la historia que se narra. En consencuencia, cantidad no es igual a calidad y la película es un ejemplo de que el cine es, sobre todo, un buen director y una historia bien contada.

Más próxima en el tiempo y en el sentimiento es “Amama”, una historia familiar que narra el conflicto entre padres e hijos, entre lo urbano y lo rural, entre el pasado y el presente. Pero además de una historia que es un canto al caserío vasco que desaparece, la película es una metáfora del mundo que conocimos y se nos va, sumidos como estamos en una globalización que todo lo homogeneiza. Y en ese bellísimo paisaje en el que la casa y el haya alcanzan valores simbólicos, tan importante como las palabras son los silencios. De tal manera que aunque la película sea en euskera, subtitulada en castellano, apenas somos conscientes de ello, porque las frases son cortas, las miradas penetrantes y los planos largos, muy largos. Y al fondo, tan ausente y tan presente, la amama, la abuela, un personaje real y un concepto a la vez. La película tiene el valor añadido de haber sido rodada en parte en Navarra, en concreto en Aldatz y Artikutza, dos enclaves de un valor paisajístico indudable.

En definitiva, dos buenas películas que, por razones diversas, resultan altamente recomendables.

Apertura de curso en la UPNA

Apefrtura UPNA

Esta mañana, 11 de septiembre, ha tenido lugar en el aula Fernando Remacha de la UPNA la apertura del curso académico. La sesión había levantado no pequeña expectación, dado que la presidenta del Gobierno de Navarra y el rector de la institución académica se estrenaban en sus cargos. La presencia de autoridades e invitados ha sido muy notoria, sensiblemente mayor que en años precedentes. Hay que destacar, sobre todo, la participación del Gobierno foral en pleno, con lo que ello supone de apoyo específico en el comienzo de la nueva legislatura. Una Memoria bien presentada y visualmente atractiva ha dado paso a la lección inaugural, que ha corrido a cargo de Manuel López-Amo Sainz, catedrático de Ingeniería Eléctrica y Electrónica.  La lección ha versado sobre “La fotónica y el año internacional de la luz”. López-Amo, buen docente y prestigioso investigador, ha dejado claro en los lúcidos y escasos minutos disponibles algunas dos ideas básicas: que la luz es ya importante en nuestra sociedad y tiene más aplicaciones que la mera iluminación, como demuestra el desarrollo de la fotónica; y que algunas propiedades de la luz se han comenzado a utilizar muy recientemente y se espera que la fotónica nos proporcione numerosas alternativas en los campos de la computación, los sensores y las redes de telecomunicación.

Tras la entrega simbólica de un detalle a quienes llevan 25 años trabajando en la universidad y a los jubilados de la misma en el curso anterior, ha llegado el turno de los discursos, breves y enjundiosos ambos.

El rector, en un discurso bien construido conceptualmente y bien articulado formalmente, ha apelado al carácter de “frontera” de la UPNA, entendida la expresión no tanto como territorio que separa, sino como espacio de avanzadilla a la búsqueda de nuevos horizontes, con los riesgos que esto implica. Ha apelado al gobierno y a la sociedad para que la UPNA no sea solo una línea en el presupuesto de la Comunidad, sino una institución que acompañe al cambio social de esta misma sociedad.

La presidenta del Gobierno, en un texto fluido en castellano y euskera, con buena dicción y excelente puesta en escena, ha apoyado expresamente a la institución, ha abierto la puerta a la posibilidad de nuevos grados y ha apelado al trabajo conjunto en beneficio de la sociedad.

Desde la perspectiva del Consejo Social, órgano de participación de la sociedad en la Universidad, no puedo menor que sentirme identificado en buena parte con lo dicho. Esa y no otra es nuestra tarea. Acercar la Universidad a la sociedad, para que los intereses de una y de otra converjan en beneficio de todos. Lo escuchado no es sino una razón adicional para seguir adelante con la tarea que tenemos encomendada.

El grupo de metales del Conservatorio Superior de Música de Navarra y la Coral de Cámara de Navarra han entreverado con su actuación los diferentes discursos. Un magnífico broche musical a una jornada interesante que ha respondido a las expectativas suscitadas.