Aceite de oliva todo mal quita

Tostada

Imagen del Día de la Tostada. Foto tomada de Diario de Navarra

Atento como procuro estar a la realidad navarra, y más si ésta se produce en Tierra Estella, la merindad en la que habito, he seguido con detenimiento e interés la evolución del Día de la tostada y Fiesta del aceite de Navarra, que Arróniz instituyó el año 1998 y que hoy celebrará su XX edición.

Aunque nacido en Los Arcos y nieto de jornaleros por vía materna, nunca he tenido vinculación especial con el campo, pero muchos de mis recuerdos infantiles y juveniles están vinculados a un pequeño olivar familiar situado en Yániz, junto a la ermita de San Vicente y muy próximo al camino de Santiago. En el momento de redactar estas notas me vienen a la memoria aquellos inviernos tan fríos con mi padre y mis hermanos, los cestos al hombro o recogiendo la olivas del suelo; aquella innovación de los guantes de cuero que nos permitió combatir la “ganchera”; o la llegada de la máquina vibradora, que ha reducido el trabajo para los ayudantes entre los que me encuentro a desplazar las redes y recoger el fruto. Todo ello en un ambiente familiar, con tres generaciones presentes en la tarea. Como especialmente familiar era el momento estelar del almuerzo en torno a la hoguera, frente a la cazuela de los huevos con pimientos encima del pan, que mis hijos y sobrinos siguen conociendo todavía como huevos de viña. Atrás quedaron la entrega de la oliva y la “pringada” en el trujal de Los Arcos y el carraspeo de la garganta a la hora del huevo frito debido a la acidez del producto. Hoy, la variedad Arróniz, ésa que tan bien se adapta a los crudos inviernos de nuestra zona, es sinónimo de vigor y calidad, y las pequeñas garrafas de 3 litros de Mendía, el hermoso paisaje de olivares que contemplo desde mi casa hacia la Solana y el olivo trasplantado de Yániz a mi pequeño jardín cuando aquél fue arrancado hace unos años, son elementos que forman parte de mi vida cotidiana.

A veces el azar provoca buenos maridajes. Con motivo de la Navidad, recibí un hermoso libro de mi buen amigo Lalo Azcona, titulado Aceite de oliva todo mal cura, un hermoso ejemplar de bibliófilo en el que Augusto Jurado recopila textos relacionados con el poder sanador del aceite de oliva en todas las épocas y en todos los campos, especialmente los médicos y cosméticos, sin olvidar el renovado y creciente interés como producto gastronómico. Una relación de refranes que ensalzan las virtudes del aceite de oliva, cierra el texto. Por otra parte, el pasado 9 de febrero me llegó una comunicación del Ayuntamiento de Arróniz en la que se me invitaba al acto del XX Día de la tostada y Fiesta del aceite de Navarra, con el aliciente añadido de ser investido en el acto Caballero de Honor de la Orden.

Dejando al margen la siempre recurrente apelación a lo inmerecido del nombramiento, no puedo menos que agradecerlo y tratar de vivir gozosamente y en familia la fiesta que Arróniz nos depare. Será un recuerdo a cuantos convivimos en un momento o en otro en torno al olivar de Yániz. Lástima que mi padre no pueda contemplarlo, porque estoy seguro que hubiera disfrutado especialmente. Y será también un compromiso renovado de predicar las bondades del aceite, que probablemente es a lo único que me obliga pertenecer a orden tan distinguida.

Así que predicando con el ejemplo, les traigo a colación algunos refranes tomados de un libro casi mítico en este campo: Refranes y proverbios en romance, que nuevamente coligió y glosó el Comendador Hernán Núñez, profesor eminentísimo de retórica y griego en Salamanca. Jubilado de su cátedra de griego y retórica, pero docente aún de hebreo, reunió -siguiendo a Erasmo- casi 6.000 refranes que fueron publicados en Salamanca en 1555. No son muchos los dedicados al tema del aceite y su mundo, sobre todo si los comparamos con los dedicados al vino. Algunos tienen su gracia, y otros siguen sin perder vigencia y actualidad.

– Aceite de oliva, todo mal quita.

– Aceite y romero frito, bálsamo bendito.

– Déjese usted de bálsamos, que ya tengo aceite.

– Duelen llagas, y no tanto untadas.

– El aceite es armero, relojero y curandero.

– En habiendo aceite, vino y manteca de cerdo, media botica tenemos.

– Cuando Santa María por el mundo andaba, con el aceite del candil todo lo curaba.

– Si tienes un ojo malo, úntatelo con aceite; si no se pone bueno, se te pondrá reluciente.

– Úntate de aceite, que si no te pones bueno, quedarás reluciente.

Este último va dirigido a los varios miles de personas que hoy en Arróniz degustarán, a veces con lamparón incluido, la tostada. ¡Feliz jornada!

Diario de Navarra, 25/2/2018

 

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La religión islámica en la escuela navarra

Islam

El pasado 10 de febrero, Diario de Navarra publicaba un excelente reportaje a doble página de su redactor de educación, Íñigo González, en el que con el titular “La religión islámica llegará por primera vez a las aulas a partir del próximo curso” daba amplia información de los datos demográficos de los alumnos musulmanes en Navarra, los requisitos que deberá cumplir el profesorado, las características básicas del currículo, y unas declaraciones del presidente de la Unión de comunidades islámicas de Navarra.

Sobre el papel, nada que reprochar. Desde 1992 la Ley de Libertad Religiosa, además de la católica, permite a las familias recibir la asignatura de religión islámica, judía y evangélica, siempre que se cumplan una serie de requisitos -los más importantes, petición de los padres y un número mínimo de solicitudes-. Pero, pese a eso, en los últimos 26 años, apenas se ha puesto en marcha en España y nunca en Navarra.

Los números comienzan a ser significativos. El alumnado musulmán en España supera las 200.000 personas, de los que se calcula que en torno a 16.000 reciben la asignatura de religión islámica en colegios públicos de primaria. En Navarra, se calcula que los musulmanes son unos 24.000 de los que 3.273 están en edad escolar, 980 navarros y 2.293 extranjeros. Gracias al acuerdo con el Gobierno de Navarra, la prematrícula ha registrado 1.400 solicitudes de enseñanza religiosa islámica en los diferentes colegios de la Comunidad.

Si estos alumnos estuvieran homogéneamente distribuidos en toda la geografía navarra y en las dos redes sostenidas con fondos públicos, la pública propiamente dicha y la concertada, la cuestión podría suscitar un debate ideológico, al igual que sucede con la enseñanza de la religión católica, pero no llevaría aparejados otros problemas que sorprende y mucho que ésta, precisamente esta administración educativa parece no haber tenido en cuenta.

El artículo anterior lo dediqué a un hecho de estricta actualidad cual era el inicio del proceso de matriculación. Y aproveché para reflexionar sobre los problemas que siguen lastrando nuestro sistema educativo que, reitero, es bueno pero manifiestamente mejorable. El tercero de los que enumeraba era el reparto equitativo de derechos y deberes en los centros públicos y concertados, insistiendo en que era imprescindible que el porcentaje de atención a las minorías étnicas y de otro tipo fuera proporcional al peso que tiene cada una de las redes. Pues bien, si no quieres taza, taza y media. A nadie se le oculta que estos 3.273 alumnos musulmanes, que es verdad que tienen derecho a recibir enseñanzas de religión islámica en las aulas, se encuentran concentrados básicamente en una serie de municipios del sur de Navarra y casi en su totalidad en centros públicos. ¿Ha escuchado el departamento la opinión de las direcciones de los centros, el profesorado, los ayuntamientos e incluso la inspección educativa? ¿No es consciente del difícil equilibrio en el que viven muchos de estos centros, con unas minorías excesivas en no pocos de ellos, que están expulsando literalmente a bastantes alumnos autóctonos hacia redes donde apenas existen los primeros? Y estas redes tienen nombres y apellidos: toda la concertada tanto en castellano como en euskera, con excepciones dignas de aplauso, y el modelo D público que apenas integra a este alumnado. Se me dirá que lo que de verdad importa es la opinión de los padres y madres, pero he sido docente y consejero de educación durante siete años como para conocer los procedimientos que se utilizan para condicionar la opinión de las familias y más si éstas tienen dificultades sociales y educativas.

Concluyo, por lo tanto, señalando dos cosas: que los alumnos tienen derecho a recibir enseñanzas de la religión islámica, si bien este derecho lleva 26 años sin hacerse efectivo; y que esta iniciativa, en los términos en los que se pretende realizar, va a provocar más problemas de los que pretende solventar. En consecuencia, ante la colisión de intereses, es preciso acordar un procedimiento equitativo que no penalice al sistema público del sur de Navarra, aquejado de una severa problemática vinculada al excesivo número de alumnos de minorías étnicas en sus aulas. A no ser que se pretenda justamente desarticular una red que funciona magníficamente. Apelo, por tanto, una vez más a los grupos políticos a llegar a un acuerdo, en especial a Podemos e I-E, firmes defensores sobre el papel de la escuela pública. Apoyar la iniciativa del gobierno en esta cuestión sin medir las consecuencias de la misma es hacer un flaco favor a la escuela a la que dicen defender. Si queremos hacer efectivo este derecho resulta más necesario que nunca repartir la gracia del Dios en el que se cree.

Diario de Navarra, 15/2/2018

 

Nada es lo que parece

Canción dulce

A lo largo de esta semana que acaba de terminar he leído un libro y he visto una película que me gustaría comentarles brevemente. El libro, Canción dulce de Leila Slimani, ganó el prestigioso premio Gongourt en 2016. Frente al impresionante bagaje económico del Planeta -600.001 euros-, el Goncourt contrapone sus modestos 10 euros de premio, aunque está rodeado de un aura de prestigio al que acompaña una tirada de ejemplares muy nutrida. La película, El autor, dirigida por Martín Cuenca y protagonizada por Javier Gutiérrez, también ha obtenido premios y buena crítica, sobre todo la interpretación del protagonista, que está soberbio.

Tanto en el libro como en la película, los protagonistas son dos personas caracterizadas por su bondad, dedicación y ayuda al otro. Pero en ambos, sin necesidad de destripar las tramas, se ocultan personajes especialmente complejos.

El estilo directo, amable y descriptivo de la novela se va llenando progresivamente de sombras hasta acabar de una forma totalmente inesperada. Louise, la niñera, se convierte en una figura imprescindible en un hogar con dos padres absorbidos por el trabajo y dos niños que la consideran más que su segunda madre. Y esta interdependencia cada vez más explícita acaba en un drama en el que se confunden amor y asesinato.

El protagonista de la película, obsesionado por ser escritor de verdad, no autor de novelas de éxito como su esposa de la que se separa, decide contar la vida de sus nuevos vecinos en el piso de alquiler que ha ocupado en Sevilla. Para conseguir material para su novela no repara en medios: espía al matrimonio de inmigrantes, vecinos suyos; se lía ocasionalmente con la portera para conseguir información de primera mano de los vecinos; y entabla relación con el militar jubilado, que tiene mucho dinero guardado en la caja fuerte de su casa. Su amabilidad es impostada, y solo es un medio para conseguir material para su obra. Aprovechando la mala situación económica del matrimonio inmigrante induce el asesinato del militar hasta que finalmente se produce. Pero le sale el tiro por la culata. La portera lo delata, el matrimonio lo incrimina utilizando su caja de herramientas y todo ello lo conduce a la cárcel.

Son dos formas exitosas de abordar lo complejo de la condición humana. Dos obras que, además de pasar una buena velada, dan que pensar. Lo cual no es poco en los tiempos que corren.

Ficha bibliográfica: SLIMANI, L., Canción dulce, Cabaret Voltaire, Barcelona, 2017.

 

 

La matriculación, el comienzo de un proceso

Foto

Hoy, 1 de febrero, comienza en Navarra el proceso de matriculación. Es el gran tema para las familias con niños de nuevo ingreso, ya que lo que hasta no hace muchos años era un acto casi administrativo se ha convertido en una prueba de fuego donde es preciso estudiar cuidadosamente las numerosas ofertas que se presentan: público o concertado; castellano o euskera; PAI en sus múltiples variantes o modelos trilingües; jornada partida, continua o flexible; con transporte y comedor o sin ellos, por citar solo algunas de las múltiples alternativas posibles. Y semejante despliegue, para algo más de 6.000 alumnos y en medio de campañas institucionales o propias de cada centro en las que se subrayan los medios humanos y materiales de los que se dispone y los valores e ideario que se pretende fomentar. ¿Y qué hay de malo en todo ello -se preguntará más de uno? Las múltiples ofertas ¿no son símbolos de un sistema educativo avanzado, adaptado a la sociedad y abierto a los nuevos tiempos? Sin duda, pero aprovechando el proceso de matrícula deberíamos preguntarnos si hemos solventado bien algunos problemas previos que siguen lastrando nuestro sistema educativo, que es bueno pero manifiestamente mejorable. Enumeremos algunos.

– La consideración del sistema educativo como un todo indivisible e integrado al servicio de la sociedad en su conjunto. El presupuesto, que no es malo pero necesita ser progresivamente aumentado, debe servir para atender a las necesidades de la ciudadanía desde la educación infantil a la universidad. Y eso exige equilibrio y ponderación, sin abandonar sectores o ámbitos específicos especialmente necesitados. Atender bien a estos sectores es un excelente síntoma de la salud de nuestro sistema educativo.

– Garantízar un puesto escolar digno para todos en cualquier lugar del territorio en el que se habite. Esto exige un compromiso específico con la escuela pública rural, la única existente en la mayor parte de los municipios, con especial atención a un problema: garantizar su supervivencia -que es sinónimo de garantizar la vida de los propios pueblos-, dotándola de un modelo propio, flexible y viable, dado que la multiplicación de las ofertas dispersa a los escasos alumnos existentes e impide en no pocos casos la continuidad de los propios centros.

– Reparto equitativo de derechos y deberes en los centros públicos y concertados. En Navarra no existen centros privados propiamente dichos, sino concertados, es decir, todos están sostenidos con fondos públicos. Es imprescindible, en consecuencia, que el porcentaje de atención a las minorías étnicas y de otro tipo sea proporcional al peso que tiene cada una de las redes. Esto resulta especialmente obligado en razón del ideario, ya que la mayor parte de los centros concertados pertenecen al grupo de escuelas católicas, que deberían hacer de este mandato evangélico una prioridad educativa.

– Atención a la demanda efectiva de la sociedad en materia lingüística. Da la sensación de que el actual gobierno pone inconvenientes a la generalización del PAI, ampliamente demandada por las familias, y da toda clase de facilidades para la extensión del euskera, incluso donde la demanda de los ciudadanos escasea.

– Una administración educativa ecuánime y al servicio de la comunidad. Gestionar la educación nunca ha sido fácil, y creo hablar con conocimiento de causa, pero probablemente los dos últimos años han sido el bienio más caótico que ha conocido la educación en toda la etapa democrática. Cambios permanentes en los equipos, falta de principios claros de actuación, excesos en la gestión de la normativa en torno al euskera y su aplicación, y chapuzas administrativas poco explicables jalonan la actuación del departamento. Menos mal que la lista única, verdadero torpedo en la línea de flotación del sistema, se consiguió frenarla a tiempo. Con un agravante de libro: un gobierno que se declara partidario de la enseñanza pública y alardea de ello está consiguiendo que el porcentaje de la enseñanza concertada, sea en castellano o en euskera, aumente significativamente año a año. Y eso que en el cuatripartito están presentes I-E y Podemos, defensores a ultranza de la misma.

– Optar por educar a las personas y no solo por educar en competencias, destrezas o habilidades. Soy de los que piensan, y acabo de leer un clarificador artículo de José Antonio Marina al respecto, que la escuela no tiene solo que instruir, sino que educar. Esto tal vez nos impida sobresalir en el PISA, pero nos garantizaría a medio plazo una sociedad en la que debemos conocer para comprender, y debemos comprender para tomar buenas decisiones y actuar. Como el propio Marina señala en su artículo citando a Gracián, “de nada vale que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda”.

Suerte a los padres y madres, no se agobien en exceso, más importante que el centro que elijan para su hijo o hija es su compromiso de acompañarles en todo el proceso educativo.

Diario de Navarra,1/2/2018