Cambios en la Ley del Euskera

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En sepia, sobre el azul de la zona no vascófona, los municipios que se pretende incorporar a la zona mixta (Diario de Navarra)

En las próximas semanas, el Parlamento de Navarra va a debatir, y en su caso a aprobar, un proyecto de ley para ampliar la zona mixta prevista en la Ley Foral del Vascuence. Como actor directamente involucrado en el proceso histórico-político vivido en el pasado, y como ciudadano interesado y atento al devenir de Navarra en el presente, pretendo expresar con claridad mi opinión ante un hecho no menor que requiere de la clase política ponderación en el análisis, buen criterio en la decisión y claridad en sus consecuencias prácticas.

Navarra culminó el proceso de democratización de las instituciones forales en 1982 con la promulgación de la LORAFNA. El artículo 9 de la misma dice lo siguiente: “El castellano es la lengua oficial de Navarra. El vascuence tendrá también carácter de lengua oficial en las zonas vascoparlantes de Navarra. Una ley foral determinará dichas zonas, regulará el uso oficial del vascuence y, en el marco de la legislación general del Estado, ordenará la enseñanza de esta lengua”.

A comienzos de los ochenta, la situación del euskera en Navarra era de una debilidad manifiesta. La realidad oscilaba entre el voluntarismo de padres y profesores, y la desidia, cuando no una cierta animadversión, de los poderes públicos que consentían dicha enseñanza una vez que era poco menos que inevitable. Únase a ello el contexto político de radicalidad y la falta de regulación legal para concluir que el conflicto estaba servido.

Esta era la situación de partida cuando el gobierno en minoría del PSN-PSOE (20 escaños de 50) accedió al poder en 1984. Inmediatamente se puso manos a la obra para dotar al euskera de una ley que regularizara su uso normal y oficial en los ámbitos de la convivencia social así como en la enseñanza. Durante varios meses, los contactos con los partidos se sucedieron. Los más fluidos y fructíferos se establecieron con los nacionalistas de EA. No obstante, su apoyo crítico resultaba insuficiente para sacar adelante la ley. Estos contactos se ampliaron además a instituciones relevantes vinculadas a la lengua vasca. El 26 de octubre de 1986, el gobierno de Navarra, partiendo del principio de zonificación, aprobó el proyecto de ley foral. El proceso discusión en el Parlamento fue extremadamente lento y minucioso, con cruces dialécticos enfrentados entre posiciones aparentemente irreconciliables. Pero poco a poco el consenso fue abriéndose paso, propiciado por la flexibilidad de la postura socialista y la desunión de la derecha. El grupo moderado hizo de puente entre la derecha y los socialistas; el grupo popular, con Jaime Ignacio del Burgo a la cabeza, flexibilizó su postura y acabó aceptando el texto; EA continuó con su apoyo crítico al proyecto y UPN redujo su beligerancia inicial. El 2 de diciembre de 1986, el Parlamento aprobó la Ley Foral del Vascuence, con un total de 29 votos pertenecientes a socialistas, moderados, populares y grupo mixto. Se abstuvieron los 11 parlamentarios de UPN y votaron en contra, créame si les digo que con la boca pequeña, quienes más habían empujado y participado en su preparación y redacción inicial, los 4 nacionalistas de EA. No estuvieron presenten los 6 parlamentarios de HB. Además del título preliminar, la ley abordaba el uso normal y oficial, la enseñanza, y los medios de comunicación social.

El balance de la aplicación de la ley, 30 años después, puede concretarse en lo siguiente: En primer lugar, el crecimiento del euskera ha sido considerable y el futuro del mismo parece esperanzador. La garantía legal y económica, por un lado, y la aceptación social, por otro, son los pilares en los que se asienta la situación actual. En segundo lugar, la ley ha demostrado ser un instrumento eficaz para la consecución de los logros señalados. En consecuencia, aún siendo susceptible de retoques y mejoras que, en todo caso, requerirían un amplio consenso social y político, sigue manteniendo toda su funcionalidad y validez. Y en tercer lugar, determinados avances no han necesitado de cambios en la ley, sino de una interpretación más o menos flexible de sus reglamentos.

A lo largo de estos 30 años, sólo se ha modificado en dos ocasiones: en 2010 para incluir a los ayuntamientos de Aranguren, Galar, Belascoáin y Noáin en la zona mixta; y en 2015 para permitir enseñanza pública en euskera en todas las localidades donde hubiere demanda suficiente.

Nos encontramos en víspera de una tercera modificación de mayor alcance: hasta una treintena de localidades pretenden pasar a la zona mixta, previa demanda de los ayuntamientos respectivos. La propia ley contempla esta posibilidad, previendo que el Gobierno de Navarra ordene periódicamente la elaboración de estudios de la realidad sociolingüística de los que dará cuenta al Parlamento. Y la pregunta es clara y terminante: ¿dónde están los estudios que avalan esta modificación? Tenemos además dos datos significativos: los últimos estudios lingüísticos nos hablan de que el 85% de los navarros no conocen ni usan ordinariamente la lengua, y algunos de los municipios que han pedido su pase a la zona mixta no han conseguido reunir ni el mínimo de alumnos requeridos para abrir una linea de modelo D. Con un agravante aún mayor: las mayorías de los municipios son coyunturales y en muchos casos no son mayorías sociales. Es más, en bastantes casos los votos de los ciudadanos que apoyaron a partidos contrarios a la ampliación superan a los votos de los partidos favorables a la misma. Y un último dato para terminar. El paso a la zona mixta no solo tiene consecuencias en lo relativo a la enseñanza, sino que afecta también a la oferta pública de empleo, con las consecuencias que ello implica.

En definitiva, ni los estudios sociolingüísticos, ni la demanda social, ni la discontinuidad geográfica, ni la vía municipal utilizada avalan un cambio de esta magnitud. La ley del 86 fue aprobada con 29 votos. Esta reforma, caso de salir adelante, lo hará con 26. Tiene, por tanto, recorrido limitado y fecha de caducidad. Mal asunto para una ley orgánica que requiere garantía de continuidad para el futuro. Justo lo que tenía la ley inicial.

Diario de Navarra, 23/3/2017

En la encrucijada

Alta velocidad

Previsiones iniciales del Corredor Navarro de Alta Velocidad

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Previsiones iniciales del Proyecto Itoiz-Canal de Navarra

 

 

 

 

 

 

 

Las elecciones forales de 2015 dejaron en Navarra un panorama político fragmentado, plural y de obligados consensos. Tras muchos años de gobiernos constitucionalistas, en los que la colaboración PSOE-UPN primero y UPN-PSOE después ha sido, con matices, el factor dominante, el actual Gobierno de Navarra es sostenido parlamentariamente por un cuatripartito, con tres partidos de fuerzas similares -GeroaBai, Bildu y Podemos- y el apéndice de I-E. Frente a los agoreros que presagiaban el hundimiento de la Comunidad, éste no se ha producido. Y esto, por tres razones: la llegada al poder casi siempre atempera lo más radical de los programas; una administración moderna y competente como la navarra tiene una inercia que no es fácil desviar a corto plazo; y el contexto nacional y europeo limita las capacidades de actuación, estrechando el margen de maniobra. Pero, en mi opinión, las políticas puestas en marcha no apuntan en la buena dirección, la presión de Bildu cada día es más evidente, y las rémoras comenzarán a pasar factura más pronto que tarde. Sin ánimo de enumerarlas todas, citaré como especialmente preocupantes la prioridad de lo identitario sobre lo social, -¡y lo que nos espera durante los próximos meses con la ikurriña como bandera!-; la falta de pulso de la economía, sin estímulos adicionales pese a nuestra capacidad fiscal y de autogobierno; la errática y sectaria política educativa -uno de nuestros grandes logros como Comunidad- difícilmente empeorable; y el abandono de las grandes infraestructuras, al que me gustaría dedicar los párrafos que restan.

Los últimos cuarenta años en Navarra, coincidentes con la etapa democrática, han sido un periodo de grandes retos en infraestructuras, Al PSN-PSOE le tocó básicamente diseñarlas y a UPN desarrollarlas. Puedo dar fe, porque estaba en el gobierno, de los ímprobos esfuerzos realizados para sacar adelante Itoiz y el Canal de Navarra, por un lado, y la Autovía de Leizarán, por el otro. Coordinadoras y atentados fueron algunos de los ingredientes utilizados para impedir dos obras discutidas entonces por algunos y hoy consideradas indispensables por casi todos. No señalaré nombres, pero aunque rectificar es de sabios, no conviene olvidar dónde estaba cada uno en aquellos momentos.

Hoy, el reto de futuro tiene dos nombres propios: el Canal de Navarra y el TAV. El primero, debe ser cofinanciado por ambas administraciones. Parece razonable, por tanto, que se negocie cuanto haga falta para garantizar el triple proceso que comporta: la tubería principal, la zona regable y el amueblamiento en parcela. Ahora bien, para el éxito de la operación sería imprescindible la mayor unanimidad posible de las fuerzas políticas navarras y, en este caso, el problema está dentro de los partidos que sostienen al gobierno, lo que supone una dificultad añadida.

Mayor todavía es el problema con el TAV. Recordemos lo que para Navarra supuso históricamente perder el tren en el siglo XIX. 150 años después se nos ofrece otra oportunidad, con una ventaja añadida: las obras deben ser financiadas básicamente por el Gobierno de España. Lo de menos, con ser importante, son las mejoras horarias, lo fundamental es la posibilidad de formar parte de las grandes redes europeas que condicionarán las inversiones futuras. El PNV lo ha visto claro para el País Vasco. Parece que condicionará su apoyo a los presupuestos generales del Estado a un acuerdo en esta materia. El cuatripartito, en este punto, está radicalmente dividido. Y por parte del Gobierno de España hay una tibieza preocupante. Por otro lado, en el actual contexto político, ni el PPN ni el PSN-PSOE, partidarios de la obra, están en condiciones imponer su criterio sobre su partido a nivel estatal. Pero queda un recurso que me atrevo a formular con claridad. Si el PNV puede condicionar el presupuesto del Estado con sus cinco escaños, ¿no puede hacer lo mismo UPN con los dos escaños que tiene en el Congreso, imprescindibles para conformar una mayoría? Con respeto y sin pretensión de injerencia, como navarro me atrevo a pedir a UPN que ejercite su “acción de oro”: apoyo presupuestario a cambio de un compromiso con el Corredor Navarro de Alta Velocidad. Estoy seguro que muchos ciudadanos, votantes o no del partido, se lo agradeceríamos. Y vista la deriva del cuatripartito, a esperar elecciones. Todavía queda mucho, pero hay que evitar que determinadas actuaciones se conviertan en irreversibles. El gobierno, tras una legislatura en el poder, ya no venderá promesas, sino la gestión realizada. La oposición, por contra, tratará de subrayar las insuficiencias detectadas y las alternativas posibles. Serán los navarros con su voto los que marcarán la orientación futura. Y a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga.

Diario de Navarra, 9/3/2017

Viaje a Sicilia. Un sorprendente interior (IV)

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El templo de Juno, en lo alto de la colina, domina el conjunto

Tras el diluvio del día anterior, la mañana amaneció limpia, con un tenue sol todavía con escasa fuerza. La subida desde la orilla del mar hasta el Valle de los Templos nos permitió admirar y contrastar un paisaje humanizado desde hace muchos siglos. En la ladera de la colina, tras la muralla griega, se alza el Valle de los Templos, uno de los conjuntos más completos y espectaculares del mundo griego.

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Vista de la antigua muralla griega, con la llanura que llega hasta el mar

Más arriba, en lo que hoy es un espacio reservado, delimitado por dos ríos, se alzaba la ciudad de Akragas, una colina ya existente en el siglo VI a.C., y más arriba todavía, el Agrigentum romano, rodeado hoy por una muralla de cemento y edificios de una altura excesiva y anodina, que demuestran que desarrollo económico y artístico no siempre van de la mano. En el pecado llevan la penitencia, porque hoy el valle es visitado por infinidad de turistas que no pisan la ciudad a la que pertenecen.

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Hermoso ejemplar de olivo centenario, el árbol más representativo de la antigüedad clásica

El espacio arqueológico destila calma y belleza serena. El templo de Juno, situado a la entrada y ubicado en lo alto de la colina, es un hermoso ejemplar de orden dórico de comienzos del siglo V a.C., relativamente bien conservado. Hoy no es posible acceder a su interior, pero todavía son perceptibles buena parte de los elementos que lo conforman. Dado que Segesta fue visto en adversas circunstancias, para los alumnos fue la primera aproximación a la arquitectura griega que tuvieron ocasión de apreciar en buenas condiciones.

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Las hermanas Martínez de Eulate posan ante el Templo de la Concordia

En el parque se conservan olivos centenarios y hojas de acanto que crecen de forma natural. El paseo va deparando sorpresas arqueológicas: tumbas rupestres reaprovechadas en las antiguas murallas, algunas esculturas encontradas en las excavaciones, y edificios y espacios de variado signo. Todo, antes de llegar a la joya del conjunto, que es el templo de la Concordia, el más completo de los conservados y probablemente el de mayor calidad artística, también del siglo V a.C. y de orden dórico. Su conversión en iglesia cristiana permitió salvarlo de una ruina casi segura.

 

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La imagen permite apreciar la naos horadada para convertirla en un templo cristiana de tres naves, lo que permitió su excelente conservación

Con la sorpresa, además, de que la naos fue horadada con arcos de medio punto para hacer una iglesia de tres naves. Además, el polvo de mármol blanco fue arrancado, dejando al descubierto la piedra de la zona y respetando casi en su totalidad la construcción antigua. Con el sol en lo alto y ya calentando un poco más, el espacio se prestaba a casi todo: fotos, ángulos, recuerdos y evocaciones. Entre otras, la poesía de Píndaro, el poeta griego contemporáneo del propio templo, autor de la oda dedicada a Hierón de Siracusa, que en este contexto alcanza un especial interés y que tuve la oportunidad de recitar para el grupo.

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La poética y explícita imagen de este Ícaro caído, es un homenaje actual al mundo clásico

Para terminar, la visita al templo de Zeus, la enorme construcción levantada en la parte baja, dotada de muros y telamones como elementos singulares.

Eran las 11,30 cuando salíamos del parque, tres horas después de haber entrado. Tres horas en un espacio singular que nos retrotrajo a las primeras semanas del curso dedicadas a la arquitectura griega. Una buena manera, sin duda, de cerrar un círculo que nos ha dado momentos inolvidables.

Dejamos Agrigento y nos adentramos en el interior de la isla, un territorio hermoso pero menos conocido, que nos deparó paisajes y espacios de gran belleza. Vamos a Piazza Armerina, un enclave fortificado, como bien indica su nombre.

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Parte del grupo se aplica a la degustación de verduras

Aunque la población tiene un indudable encanto, nuestro objetivo es la villa romana del Casale, un complejo excepcional que reúne la colección más completa de mosaicos del mundo romano. El camino es amable, con una vegetación mediterránea y algunas sorpresas. La mayor es observar campos de chumberas preparados para la explotación comercial, sobre todo del higo. Una rareza que en esta parte de la isla todavía ocupa abundantes parcelas.

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Otra vista del grupo en la estancia de agroturismo donde tuvo lugar la comida

La comida en un restaurante de agroturismo, preparado para fiestas y eventos en un entorno idílico, es una sucesión de bocados de verduras variadas, a cada cual más sabroso. Un verdadero menú de degustación. Un aplauso final para la familia propietaria y la cocinera, cerró muy acertadamente la velada.

Eran casi las cuatro de la tarde cuando penetramos en la villa romana. Teníamos la experiencia previa de Arellano, muy modesta en dimensiones. Pero la villa del Casale pertenece a otra división. Es la villa de un auténtico potentado, declarada muy justamente Patrimonio de la Humanidad. 40 salas y 3.500 metros cuadrados avalan el formidable trabajo que allí se encierra.

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Vista parcial exterior de las instalaciones de la villa, con sus cubiertas levantadas en madera y plomo

El mosaico, verdadera pintura para la eternidad, en palabras de Ghirlandaio, tiene aquí su cumbre. En mi visita anterior hace ya más de diez años, unos modestos plásticos cubrían los fastuosos mosaicos. Hoy, afortunadamente, la cosa ha mejorado y una estructura de madera y plomo salvaguarda el conjunto. Le falta la belleza del edificio de La Olmeda en Palencia, pero los mosaicos no admiten comparación posible en cantidad. Y junto a ellos, habitaciones con estucos, patios porticados, letrinas y otros elementos permiten apreciar la vida en una lujosa casa del siglo III d.C. Pese a la estrechez de los pasillos, la vimos sin problemas, porque solo nos acompañaban un pequeño grupo de jóvenes norteamericanos, estudiantes de arquitectura.

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El espacio reservado a las letrinas nos habla del esplendor de la casa

Y de allí a  Catania, la gran urbe que da al mar Jónico, la segunda ciudad de Sicilia. Nueve veces destruida y nueve veces reconstruida, Catania tiene un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad. Creada por los griegos y realzada por los romanos, la ciudad actual es en buena medida el fruto de la reconstrucción tras las erupciones y terremotos de finales del siglo XVII. Calles ortogonales, como la espectacular Via Etnea, se llenaron de palacios, conventos e iglesias edificados con la piedra negra basáltica de la región.

Esta vez no fue un palacio rehabilitado, sino un moderno edificio NH el que nos acogió. Tras la cena, un paseo nocturno nos permitió un primer contacto con la ciudad. Mucho que ver en Catania, la ciudad barroca por excelencia. Hoy apenas la hemos entrevisto, mañana tendremos tiempo para degustarla ampliamente.

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Las dimensiones y magnificencia del oecus, son fiel reflejo del carácter de la villa

 

 

 

La desfachatez intelectual

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El propósito de este libro, provocador desde la primera a la última página, lo deja claro y explícito el autor en la página 21 del mismo, tras ilustrarnos con una serie de textos de intelectuales muy conocidos de nuestros días, habituales en las páginas de los diarios y revistas tenidas por serias: “El objetivo es señalar los excesos lamentables que se producen en nuestra esfera pública como consecuencia de la falta de filtros en la publicación de opiniones y de la impunidad reinante en el mundo de las letras (no pasa factura escribir de oídas o decir tonterías como las que he citado al principio de estas páginas)”.

La actitud del autor es muy poco frecuente: “Casi nadie señala con nombres y apellidos a los responsables de propalar en la esfera pública malos argumentos y emplear un estilo de intervención más estético que analítico. Al contrario, lo que domina es una actitud generalizadamente hipócrita, consistente en hablar bien en público de las ideas de cierto autor y luego ponerle a caer de un burro en privado”. Y no se trata de autores cualquiera. Por sus páginas aparecen nombres tan rutilantes como Félix de Azúa, Fernando Sabater, Antonio Muñoz Molina, Luis Garicano, Javier Marías, Javier Cercas, Jon Juaristi o Mario Vargas Llosa.

El capítulo primero, titulado “La maldición del escritor” sostiene la tesis, con ejemplos variopintos, de que en España los escritores intervienen demasiado en los asuntos públicos y que esa sobreabundancia de literatos es en última instancia reveladora sobre cómo se concibe el debate público en nuestro país, “lleno de apelaciones ideológicas muy genéricas, de exhibicionismo moral, de afirmación del subjetivismo más ramplón y con poco gusto por el detalle y el rigor analítico (…) No se molestan en averiguar lo que se sabe sobre ciertos temas ni lo que se opina fuera de nuestras fronteras”. Ejemplo paradigmático de este modo de proceder es lo que Diego Gambetta llama “machismo discursivo” o la cultura del ¡claro!, extendido en el sur de Europa y Latinoamérica. “El punto de partida es la expresión de una opinión tajante y contundente, rotunda, que no deja resquicio a la duda. Gambetta distingue dos tipos de cultura occidental: la analítica y la holística. La analítica se basa en ir construyendo un argumento mediante pequeños elementos. Los argumentos tienen una preparación lenta, pues requieren pericia en la cuestión que se esté tratando y cierta habilidad intelectual para ir uniendo las diversas partes que componen el razonamiento. Por el contrario, en la cultura holística se supone que el conocimiento constituye un bloque compacto, sin fallas, de manera que quien interviene en la esfera pública tiene opiniones fuertes sobre todo, sea cual sea el objeto del debate. Dichas opiniones se fundamentan en la autoridad de quien las emite. Por supuesto, la autoridad es tanto mayor cuanto mayor sea el desparpajo y la osadía con la que se presenten las opiniones. Ejemplos de Azúa, Marías, Vargas Llosa o Cercas sirven para ilustrar estas posiciones. La conclusión del autor es la siguiente: “Debido a la peculiar tradición intelectual española, mucho más orientada hacia la literatura y el ensayo que hacia la investigación y la ciencia, los escritores continúan ocupando un espacio excesivo en el debate público. Llevados por la fuerza de la cultura holística, los escritores acaban expresando sus puntos de vista acerca de la crisis del bipartidismo, la tarifa de la luz, la reforma constitucional y cuanto asunto cobre fuerza y protagonismo en la espera pública. En España sobran figurones y santones.

El segundo capítulo, titulado “la obsesión nacional” está dedicado al debate sobre el nacionalismo. Tras citar párrafos de los intelectuales más conspicuos en este tema, el autor llega a la siguiente conclusión nada complaciente: “Los intelectuales más furiosamente antinacionalistas han acusado siempre a los políticos nacionalistas de ser sectarios y dogmáticos, de contar milongas a sus seguidores, de apelar a los sentimientos más primitivos, primando la emoción sobre la razón. Y parte de razón tienen, qué duda cabe. Pero viendo cómo esos intelectuales se jalean entre sí, se publican unos a otros, se prestan unos a otros argumentos prefabricados, se ríen las gracias y se callan siempre ante los excesos que los más bocazas entre los suyos cometen, me temo que en la carrera del sectarismo intelectual no se distancian tanto de los detestados nacionalistas, Van tan cargados de razón y tienen siempre tanto campo abierto en los medios de comunicación y casas editoriales que se les olvida argumentar con el rigor que sería exigible”.

Otro de los temas recurrentes es la crisis, a la que dedica el autor el capítulo tercero, titulado “La crisis: merecíamos algo mejor”. De nuevo, tras analizar algunos de los escritos más significativos, concluye: Mi principal crítica, en cualquier caso, ha consistido en mostrar que la mayor parte de las propuestas se formulan sin haber realizado un estudio previo sobre la cuestión. Careciendo, por tanto, de soporte empírico, y, sobre todo, sin pararse a pensar en los factores que impiden que el país cambie en la dirección que sus autores propugnan. Suponer que son las “élites extractivas”, la transición o el bipartidismo lo que impide que España tenga un sistema educativo excelente y una política limpia y eficaz resulta, sin duda, infundado. Nuestros reformistas proporcionan unos diagnósticos simplistas, que no tienen en cuenta ni los aspectos distributivos y de justicia social que toda reforma requiere para ser puesta en práctica con un mínimo de consenso social ni los aspectos sociales y de largo plazo que pueden acabar neutralizándola. Súmese a todo esto un enfoque muy insular, en el que España es el principio y final de todas las preocupaciones, sin que se preste mayor atención a la perspectiva comparada, y ya tenemos todos los elementos que configuran el tipo de análisis sobre la crisis que ha dominado en nuestro país durante estos años. Merecíamos algo mejor”.

El libro termina con un breve capítulo titulado “El ocaso de los figurones”. El autor señala que hay cuatro elementos para valorar la aportación de un autor: estudio previo, crítica abierta, garantía de valor añadido y cuestionamiento de la autoridad. “En comparación con las nuevas voces que han ido surgiendo, las opiniones políticas de los Savater, Cercas, Muñoz Molina, Juaristi, Azúa, Vargas Llosa, Marías, Espada, etc., tienen a estas alturas algo de pintoresco. Siempre es agradable leer su prosa, resulta entretenido estar al tanto de sus obsesiones, pero es difícil tomárselos muy en serio cuando hablan de política. Lo cual no impide que su obra literaria o ensayística merezca los elogios más encendidos. Frente a los figurones de siempre, con su ego hinchado y su opinión tajante e idiosincrática, van surgiendo aquí y allá autores mejores preparados y más especializados, menos visibles, pero más numerosos, con menor sello personal, pero mayores dosis de análisis y reflexión, menos brillantes, pero más rigorosos. Tal vez sus personalidades no resulten tan arrolladoras, pero tienen más recursos intelectuales. Nuestra conversación colectiva sobre política debería ser más abierta e inclusiva y estar más inspirada por los ideales que rigen la investigación”.

Ignacio Sánchez Cuenca, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid no sé si habrá salido bien parado de este envite. Pero no cabe duda de que el autor tiene arrestos, lo cual se agradece en aras del propio debate.

Ficha bibliográfica: SÁNCHEZ CUENCA, I., La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política, Catarata, Madrid, 2016.

Viaje a Sicilia. Un diluvio en tierra hostil (III)

 

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Desde el parque, entre una cortina de agua, apenas era visible el entablamento del santuario. Vista del mismo en un día claro

Tras la apoteosis de Palermo, tocaba salir a descubrir la isla. Y nada más abandonar la ciudad se desató el diluvio. La lluvia era intensa, prolongada y pertinaz. Con el agravante de que la deforestación de la isla y la inclinación del relieve hacía que las carreteras y caminos parecieran cauces incómodos con piedras y tierra arrastrada. En las tierras llanas, charcos enormes inundaban las buenas parcelas de viñas y naranjos que encontrábamos en nuestro camino hacia Segesta.

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Los alumnos no se resignaron. Empapados de agua y de belleza contemplaron el santuario que luce así en los días claros 

El santuario dórico era un hito del día. ¿Qué hacer ante esta situación? La propuesta de la guía, compartida por mí, era ver el edificio dórico desde abajo y admirar lo que la colina dejaba ver, básicamente el entablamento. Pero nada pudo con el entusiasmo de la mayor parte de los alumnos. Con material inapropiado, paraguas de circunstancias y mucho ánimo ascendieron la colina y se empaparon de agua y de belleza. Estoy seguro que los dioses tomaron buena nota de su disposición y actitud. La llamada de la belleza griega, hecha piedra excelsa en Segesta, caló su cuerpo y su espíritu.

 

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Érice nos recibió hermético, iglesia incluida, en medio de una tormenta

La incomodidad nos acompañó a lo largo del día. La humedad continuó en el camino hacia Érice, el pueblo medieval situado encima de Trápani, en el extremo occidental de la isla, a 900 metros de altura. Una ventisca azotaba la montaña de Érice al llegar a la puerta de la población. Como la iglesia mayor estaba cerrada, pese a ser domingo, tuvimos que refugiarnos en un restaurante situado al pie de la larga calle que asciende hasta la plaza y el castillo.

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La subida hacia la plaza mayor no estuvo exenta de dificultad, entre lluvia y viento

Aprovechando un momentáneo claro, subimos calle arriba buscando refugio y cobijo. Poco pudimos ver. Solo un impecable empedrado convertido en un río que dificultaba la subida. El comedor del restaurante, convertido en improvisado espacio con botas y chubasqueros junto a la chimenea, fue templando los cuerpos humedecidos. También contribuyó a ello la sopa, el couscous de pescado y el pastel del postre.

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Una paradita en lugar estratégico, hasta que escampe

La penosa subida desde Trápani, apenas entrevista entre la lluvia, se convirtió en una bajada peligrosa, pero muy hermosa en sus vistas. Los tonos del Mediterráneo, los límpidos verdes de la vegetación y las salinas próximas a Trápani ofrecían un conjunto admirable. Menos mal que Enzo, nuestro chófer, ofrecía profesionalidad, seguridad y confianza.

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Mientras unos admiran la plaza, otros buscan ansiosos el restaurante

Eso salvó una tarde aciaga en la que las tres horas largas de viaje hasta Agrigento, recorriendo la costa occidental de Sicilia, nos permitieron apreciar una tierra fértil e inundada, unos ríos desbordados y unas carreteras maltrechas.

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La chimenea y el  couscous de pescado hicieron recuperar al grupo el calor del cuerpo y del espíritu

Ya de noche llegamos a Agrigento. Tras dejar las maletas en el hotel situado a orillas del mar, junto al puerto, María Luisa y yo tuvimos la oportunidad de acercarnos a misa en una capilla situada muy cerca. La misa vespertina de la siete de la tarde fue concelebrada por dos sacerdotes jóvenes. La feligresía, no muy numerosa, la constituían personas mayores y matrimonios, algunos de ellos relativamente jóvenes. La participación fue buena, con lecturas de los fieles, cantos y folleto de las ediciones paulinas para seguir la liturgia. Una misa tranquila, sentida y participada con despedida personal de los sacerdotes a cada uno de los fieles allí congregados.

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Impertérrita, la iglesia de Érice nos despide hasta una nueva ocasión

Tras la cena, a dormir. No fue precisamente un gran día artísticamente hablando. En el programa era de transición, pero no teníamos previsto que fuera literalmente pasado por agua.