Nuevo curso político

 

Con un par de días de adelanto, ya que, aunque lunes, es 30 de agosto, comienza propiamente para mí el curso político. He disfrutado de quince  días de vacaciones, dedicados básicamente a  saborear las fiestas patronales de Los Arcos y Oteiza, cansar el cuerpo y aligerar la mente y el espíritu para la intensa temporada que se avecina.

A primera hora de la mañana hemos celebrado la primera reunión del grupo parlamentario, todavía sin orden del día de próximos plenos y comisiones. Esta semana es propicia para tomar contacto, ordenar agendas, adelantar algunos trabajos pendientes y reiniciar la tarea de control e impulso al Gobierno, aunque no la haya abandonado del todo en las vacaciones. Así que, a partir de ahora, el blog recogerá las nuevas iniciativas parlamentarias de cara al próximo periodo de sesiones.

El verano no ha sido en lo político especialmente tranquilo. La ruptura de la derecha va pasando la correspondiente factura y creo que la brecha se incrementará a partir de ahora. Los líderes de UPN y PP, con Yolanda Barcina y Eloy Villanueva a la cabeza, porque Santiago Cervera se prodiga poco, han rivalizado en presencias festivas en muchas  localidades  navarras donde sus candidaturas concurrirán y competirán. El CDN  no acabo de saber a qué carta juega, como no sea la de la estricta supervivencia. Nabai sigue inmersa en sus propias contradicciones, sus dimes y sus diretes. Lo que es seguro es que la novedosa y refrescante coalición del año 2007 ya no volverá a ser la misma, dado que la Aralar y EA se han adueñado prácticamente de la marca en demérito de los partidos menores y de los independientes. Y finalmente, IU, está a la espera de la decisión de Batzarre, cada vea más lejano de Nabai. Cuantitativamente no es mucho lo que aporta, pero hay que reconocer que cualitativamente sí es importante para IU, porque no creo que los que ellos llaman  escindidos y descontentos del PSN-PSOE le aporten mucho.

Afortunadamente para nosotros, el PSN-PSOE no se suma a este guirigay. Continúa sólido y firme, empeñado en garantizar la estabilidad de la Comunidad y paliar el impacto de la crisis atendiendo a los sectores más necesitados. No es fácil hacer llegar este mensaje a la ciudadanía, pero en su consecución tenemos que dejar lo mejor de nosotros mismos en los próximos meses.

El objetivo último está ya fijado en las próximas elecciones. No son muchos los meses que quedan hasta mayo para someternos al veredicto de las urnas. Lo que sí queda es un  periodo intenso de trabajo y todo el optimismo del mundo para abordar con éxito esta reválida. Este es nuestro trabajo y nuestro reto. Por mi parte pretende hacerlo con el máximo respeto al adversario político. No es preciso perder las formas ni insultar para hacerte con un hueco en la vida pública. Lo que sí es imprescindible es tener ganas de trabajar, ideas firmes y voluntad de explicarlas a la ciudadanía.

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Navarra festiva (XII): Oteiza

 

Sin solución de continuidad, las fiestas de Oteiza se encadenan con las de Los Arcos. De ahí que, en mi maratón festivo particular, mis fiestas patronales duren diez días y las tenga que dosificar si no quiero morir en el empeño.

Las fiestas de Oteiza, mi segundo pueblo, comienzan con un espectáculo lleno de simbolismo: la quema del Roñoso, un muñeco que representa lo negativo del ser humano, aquello que hay que desechar, el año viejo que termina. Tras el desfile por las calles del pueblo, el Roñoso es quemado en la plaza del Raso entre la expectativa de los vecinos que saben que constituye el comienzo de la fiesta. Y con las brasas del fuego, la corporación municipal en persona, además de algunos colaboradores, prepara cientos de tostadas untadas con aceite, ajo y sal que los vecinos recojemos disciplinadamente mientras suena la música de la charanga. El espectáculo ha ido a más en los últimos años, y se está convirtiendo en uno de los actos esenciales de las fiestas. Todo ello además, con el fervor y el calor de lo que está a punto de comenzar entre la ilusión de los niños, las expectativas de los jóvenes, la experiencia de los adultos y la resignación satisfecha de los más mayores que ¡un año más! viven para contarlo.

Las fiestas de Oteiza tienen un marcado signo participativo, que este año ha tenido que intensificarse como consecuencia de la crisis. La razonable propuesta de la corporación, reducir dos días festivos, chocó con la lógica discrepancia de los más jóvenes y no pudo llevarse a efecto la inicial previsión municipal. Como contrapartida, los dos días han debido llenarse con actividades autoorganizadas a fin de estirar un presupuesto que no daba para más. Una de estas actividades, sin duda el espectáculo estrella de las fiestas, fue el concierto de los Zamaka, formación compuesta por un grupo de jóvenes oteizanos que hace 15 años decidieron disolverse después de protagonizar algunos conciertos por Oteiza y la comarca. La muerte de Pedro Mari Lasa, uno de sus componentes, hace diez años fue el detonante para realizar el concierto en su honor. Honor que compartió también con Pizo, otro miembro de la cuadrilla muerto hace escasas fechas. Y los Zamaka armaron el taco. Nunca había tenido ocasión de ver la plaza del Raso llena hasta la bandera, con gente de todas las edades que aplaudía a rabiar las clásicas mexicanas del grupo. Rubén y su buen estilo y Arguiñano y su pundonor llenaron de voz y decibelios una plaza que vibró y se emocionó en el recuerdo a los ausentes, sobre todo cuando Miguel, hermano de Pedro Mari subió al escenario para dar las gracias en nombre de la familia. Se despidieron hasta dentro de otros 15 años, pero me temo que el éxito obtenido no se lo va a permitir y tendrán que volver el año próximo para satisfacer a un público incondicional.

La fiesta grande, el día del patrón San Miguel, se desarrolló dentro de la más absoluta normalidad institucional. Atrás quedan los años en que Oteiza era una isla a la que nadie llegaba y a nadie se invitaba. El presidente en funciones del Gobierno de Navarra, Javier Caballero, cuyo abuelo era oteizano, varios parlamentarios del PSN-PSOE entre los que me encontraba, alcaldes y concejales de los pueblos vecinos, nos acompañaron en la celebración cívica y religiosa. Hasta don Ángel, el párroco de la villa, se unió a la celebración con una homilía adecuada que fue un canto a la unión, la participación y el trabajo en común. Un modesto aperitivo terminó con la fase oficial y abrió la celebración más personal de estos días entrañables. Fueron muchos los ingredientes dignos de resaltar: las extraordinarias pochas de Benito, los agresivos toros de fuego, la estupenda charanga de Cirauqui, el buen ambiente y el sofocante calor que nos ha acompañado estos días. Todo terminó con un “Pobre de mí” cálido y multitudinario en el que los ocho cabezudos de Oteiza saludaron desde el balcón.

Acabadas las fiestas, la corporación, formada mayoritariamente por ciudadanos independientes acogidos bajo las siglas PSN-PSOE, tiene un año por delante para terminar proyectos y someterse al veredicto de las urnas. Los vecinos, jueces últimos, juzgarán la tarea realizada.

El Camino del valle de Aibar

 

Situémonos en el mes de marzo de cada año. Aunque las noches son todavía frías y las mañanas aparecen embebidas en rocío, decenas de peregrinos toman las carreteras navarras y se lanzan a Javier. Mochila al hombro, con buen calzado y mejor humor, unos solitarios, otros en compañía, desgranan kilómetros desde los más variados confines y por los cuatro puntos cardinales. Hay  una ruta mayor, la que va de Pamplona a Javier, que absorbe el mayor porcentaje de caminantes. Pero ni siquiera ésta se recorre por un solo trazado. Arcenes de carretera, caminos de concentración, ramales paralelos, tramos alternativos, todos son medios válidos y utilizados para llegar a Javier. Los que procedemos de otras zonas de Navarra, especialmente los del sur y del oeste, lo hacemos por ramales secundarios, tan válidos como los anteriores, pero sin duda menos utilizados. Y, en consecuencia, los caminos son menos nítidos, más dispersos, con itinerarios alternativos que constituyen un pequeño dédalo reticular, más que una única ruta poco menos que obligatoria.

Esta constatación palmaria, que volveremos a vivir en la próxima primavera, nos permite apreciar con claridad la peculiar tipología de la cuarta y última ruta que proponemos para este Año Santo Compostelano de 2010, el conocido como Camino del valle de Aibar. La ruta, hoy fragosa, escarpada y un tanto deforestada, recorre básicamente dos comarcas históricas bien definidas: la val d´Aibar y la Valdorba.

El camino aragonés, que siguiendo la vía tolosana desciende de Somport,  aparece acompañado a partir de Sangüesa de un ramal secundario, que corre paralelo por el sur.. Tras dejar la cabeza de la merindad, el camino se interna en el valle de Aibar, un distrito político-militar ya existente a partir del siglo XI. Este comprendía a efectos fiscales en el siglo XIII, el gran siglo de la peregrinación, los lugares de Cáseda, Eslava, Gardaláin, Izco, Loya, Olaz, Sabaiza, Sangüesa (la vieja) y Usumbelz. En la siguiente centuria el Libro de Fuegos de 1366 incluyó además a Gallipienzo, Sada, Lerga, Aldea, Abaiz, Leache, Moriones, Guetadar, Peña, Javier e incluso Yesa y Petilla de Aragón. La multitud de lugares, hoy en buena parte despoblados, nos habla de épocas más gloriosas para una comarca que no pasa por sus mejores momentos demográficos y económicos. Pero ahí siguen sus poblaciones, formando uno de los conjuntos defensivos más hermosos de Navarra. La comarca la recorrían dos caminos de los que tenemos constancia histórica. El del sur se internaba por Aibar, con airoso caserío medieval, Eslava, Lerga, con iglesia dedicada a San Martín y, tras atravesar el puerto del mismo nombre y dejar a un lado la sierra de Guerinda, hoy plagada de molinos, llegar a San Martín de Unx, de nuevo una advocación jacobea, y alcanzar el valle del Cidacos. El del norte, menos conocido y probablemente menos transitado, cruzaba los términos de Sada, Ezprogui y Leache para alcanzar, por Guetadar y Sabaiza, la Valdorba.

El segundo de los valles históricos es la Valdorba, hasta el siglo XIX  una unidad administrativa única compuesta por 25 poblaciones divididas en cuatro cendeas. La pobreza de la tierra y la superpoblación  lo han convertido históricamente en una reserva demográfica. Queda de épocas mejores un conjunto monumental de primer orden, articulado en torno al románico, con la clavería de Cataláin, vinculada a Roncesvalles como elemento jacobeo más característico.

Unos caminos y otros volvían a juntarse en Artajona, donde el priorato de San Saturnino rememora viejas relaciones ultrapiranaicas. Tras cruzar Mendigorría y la ermita de Santiago Navas, se unían al Camino francés en Puente la Reina. Pero con ser los más conocidos de los secundarios, no hemos enumerado todos los caminos existentes. El hospital de Lapoblación, el camino de Mauleón a Leire y otros más, ratifican lo que ya conocemos: que el Camino de Santiago es uno, pero los caminos a Santiago son innumerables.

Diario de Navarra, 26/8/2010

Navarra festiva (XI): Los Arcos

 

El calendario festivo de Navarra tiene uno de sus hitos más señalados a mediados de agosto. Buen número de localidades celebran las fiestas de la Virgen de la Asunción, y Los Arcos es una de ellas. Pero para mí no son unas fiestas cualquiera. Son las fiestas de mi pueblo, con lo que eso conlleva de vivencias personales y familiares.

Este año mi presencia comenzó el 14 de agosto con la asistencia a la novena a Santa María y la Salve, acto que cuenta con la presencia de la corporación municipal. La novena es la preparación para las fiestas y uno de los actos centrales de las mismas. Pese a la crisis religiosa y existencial, indudable en la Navarra de nuestros días, la monumental iglesia de Santa María casi se nos aparece a la antigua usanza. Llena, repleta de arqueños y de plegarias, con el altar mayor rodeado de hijos de la villa, la mayor parte misioneros, y entonando el himno “Cante Los Arcos a su patrona, la Virgen reina de sus amores” con emoción y sentimiento. La presencia del arzobispo da un realce, por momentos un punto excesivo, a una celebración litúrgica solemne y tradicional.

No le va a la zaga la celebración del día siguiente, solemnidad de la Virgen. Desde hace trece años, con puntualidad autoexigida, los componentes de nuestra cuadrilla nos disponemos a pasear a San Roque por las calles de la villa en procesión. Hemos de reconocer que la palma se la lleva la imagen mariana, copia de la imponente escultura gótica que preside la parroquia, pero nuestro San Roque, más modesto, es una buena talla barroca que cuidamos con esmero y dedicación. ¿Y por qué vosotros?, nos preguntan de vez en cuando. Pues, porque fuimos invitados a ello en un momento delicado donde no había nadie para hacer el relevo generacional  y ahí continuamos a la espera de poder hacer nosotros el nuestro. Pero no tenemos el monopolio y si alguien manifiesta el deseo de acompañarnos, San Roque también es suyo por unos momentos.

En cuanto pasa la celebración religiosa, las vacas se apoderan de Los Arcos en un calendario casi ininterrumpido.  Mañana, tarde, y algunas noches, el ganado bravo subirá y bajará en multitud de ocasiones la calle mayor, enardecerá a unos, atemorizará a otros, rodeará porches y husmeará entradas para regocijo de casi todos. Gustarán más o menos, pero hay un hecho indiscutible. Las dos noches de vacas nocturnas han sido los únicos momentos en que los vecinos de Los Arcos han dejado cuartillos y chabisques y se ha echado a la calle para animar unas veladas que ya no son lo que eran.

El único espectáculo que le hace la competencia a las vacas, novedad de éxito en los últimos años, es la pochada. Es el único acto oficial al que asisto en mi condición de parlamentario de todas las fiestas. Acto que la alcaldía ha convertido en multitudinario, con presencia de miembros del Gobierno y del Parlamento, alcaldes y concejales de los pueblos vecinos e invitados de todo tipo y color. Tras la recepción oficial en el ayuntamiento y un aperitivo en la casa de cultura, todos compartimos mesa -pochas, pollo guisado con patatas y sorbete- en medio de una calle tomada por los vecinos y llena de algarabía y buenos platos complementarios. Buen nivel el de las pochas y grata conversación en torno a las mismas en el entorno presidencial. Sale a relucir el próximo curso político y todos convenimos en que, además de duro e incluso extenuante, será sobre todo emocionante. Con una visita a la mesa de mi familia, bien surtida en platos y comensales, termina este día ya clásico en el calendario de verano.

Un año más, Los Arcos ha congregado a más de mil personas en torno a la mesa. Un año más, la alegría y el buen ambiente han llenado calles y plazas de la villa. Esperemos que siga la racha y podamos disfrutar muchos años más de este día que alimenta la moral de un pueblo con solera, que mira con esperanza al futuro.

Carlos Hugo, la última esperanza

 

El pasado 23 de marzo se inauguró en Estella el Museo del Carlismo. La jornada, histórica por varias razones, contó con la presencia de personajes pertenecientes a casi todas las familias carlistas, entre los que sobresalieron el Jefe de la dinastía, Carlos Hugo de Borbón y Parma, su hermana María Teresa y el primogénito de aquel, Carlos Javier. En el reducido espacio del patio de columnas del Palacio del Gobernador, apretados en torno al estrado, Juan Cruz Allí me presentó a Carlos Hugo con esta ajustada y protocolaria expresión: “Señor, el presidente del Partido Socialista de Navarra”. Crucé con él unas palabras de saludo y bienvenida y seguí de cerca sus pasos, porque me sorprendieron tres cosas: su aspecto elegante y frágil, su afabilidad, y su modestia en el vestir, con un traje no precisamente de estreno. Tras el recorrido por las salas del museo, en buena medida el acta de defunción del movimiento, se limitó a ponderar la idoneidad de sus fondos y, en tono educado, a señalar algunas insuficiencias, como la finalización del recorrido en la guerra civil, sin abordar la etapa del franquismo y la transición. Pero si las anécdotas definen al personaje, dos detalles me parecieron reveladores de su rica personalidad. En primer lugar, el afecto hacia un carlista de toda la vida, Germán Barandalla, que con su boina roja hacía profesión de una fe incombustible e inmarcesible. “Con éste las cosas habrían ido de otra manera”, me confesaba con emoción y orgullo, después de haber conversado con su rey. En segundo lugar, el gesto humano hacia otro carlista histórico, José Ángel Zubiaur, que empujado por su hijo accedió en silla de ruedas hasta el patio del museo. A fin de facilitar la conversación, Carlos Hugo postró su rodilla junto a la silla de ruedas y allí estuvieron durante unos momentos dos hombres que, procedentes de mundos distantes y estratos sociales radicalmente distintos, dedicaron al carlismo muchos de los momentos de mayor intensidad vital de su vida personal y política.

La figura y la obra de Carlos Hugo es compleja, llena de matices y contradicciones, y muy sugestiva para el historiador. Al carácter claramente antiliberal y contrarrevolucionario que definió históricamente al movimiento, el carlismo le añadió en Navarra otras connotaciones que le dotaron de carácter propio: una tardía reivindicación foral, unas difusas demandas sociales y un sustrato popular sólidamente asentado que lo diferenció de otros grupos, articulados en torno a notables, sin bases que sostuvieran la militancia partidaria. Ello unido a los condicionantes del franquismo, que utilizó al carlismo en su propio beneficio tras su relevante apoyo en la contienda civil, hacía especialmente difícil la renovación ideológica de un movimiento vinculado a los sectores más tradicionalistas de la política española.

Carlos Hugo lo intentó. Una triple coyuntura le ayudó en el empeño: sus propias convicciones personales y su capacidad intelectual, acreditada con licenciaturas en derecho y económicas en La Sorbona y Oxford, la apertura eclesial del Vaticano II, que le permitió definir una nueva visión social del movimiento, y la transición política española, propicia a los cambios de todo tipo en el contexto de una sociedad democrática. Y aquí tuvo su talón de Aquiles. Su apuesta por transformar el carlismo, un movimiento legitimista y dinástico, en un partido político afín a los postulados del socialismo autogestionario de vocación federalista, no tuvo la acogida por él esperada. Su respuesta fue la retirada de la política y su paso a la docencia en la prestigiosa universidad de Harvard. Pero eso conllevó, a su vez, la enésima ruptura del carlismo, y la rapidísima disolución de un movimiento político-social pujante  en las dos décadas anteriores en una fuerza política simplemente residual a partir de los años ochenta del pasado siglo. Una vez más, la distancia de la teoría política a la praxis democrática y partidaria se reveló demasiado grande. Aunque en esta ocasión el aliento utópico característico del movimiento no estaba cargado de pasiones irracionales, guerras cruentas, y batallas y generales, como había venido sucediendo históricamente, sino de reflexivas razones teóricas  poco contrastadas, eso sí, con la realidad, tampoco le acompaño el éxito.

En la historia nada está escrito definitivamente. Pero da la sensación de que con Carlos Hugo el carlismo ha perdido su última esperanza. Intentó su modernidad, y ese ha sido su principal mérito. Su último comunicado, la semana pasada, en el que se despedía de sus seguidores, está lleno de cordura y constituye un buen programa de futuro: “Lo único que os pido es serenidad y que sigáis adelante con nuestro proyecto de libertades, expresión moderna de nuestros antiguos fueros”. Descanse en paz.

Diario de Navarra, 21/8/2010

Pregunta oral en Comisión sobre declaración de “Fiestas de interés turístico”

 

El Gobierno de Navarra, mediante Decreto Foral aprobado en su sesión de 9 de agosto de 2010, creó la distinción “Fiesta de Interés Turístico de Navarra” con el propósito de dar a conocer más allá del ámbito de la Comunidad Foral aquellas celebraciones que puedan contribuir a incrementar el turismo debido a su originalidad, tradición popular o valores socioculturales.

Por otra parte, las seis fiestas que ostentan la distinción de Fiestas de Interés Turístico Nacional adquirirán de forma automática la declaración propia de la Comunidad Foral.

Asimismo, contar con la calificación de “Fiesta de Interés Turístico de Navarra” facilitará el reconocimiento como fiesta de interés turístico nacional e internacional y el acceso a ayudas específicas.

A la vista de todo ello, interesa conocer:

 TEXTO DE LA PREGUNTA

 ¿Considera el Gobierno de Navarra que la declaración de “Fiesta de Interés Turístico de Navarra” es una iniciativa eficaz para el desarrollo del turismo en nuestra Comunidad?

¿Qué nuevas Fiestas de Interés Turístico de Navarra pretende proponer de oficio el Departamento de Cultura y Turismo, tal como recoge el decreto foral de referencia?

¿Considera el Gobierno de Navarra coherente que una Fiesta declarada de Interés Turístico Nacional como el Misterio de Obanos no haya podido celebrarse en 2010, Año Santo Jacobeo, al no recibir ninguna ayuda del mismo Gobierno, cuando el decreto señala que su declaración “facilitará el acceso a ayudas específicas”?

Pamplona a 10 de agosto de 2010

Román Felones Morrás

Portavoz de Cultura y Turismo

El Camino de Santiago (V)

 

Cuarta etapa: Pamplona-Puente la Reina (29 de mayo de 2010)

 1º.- Guión de la etapa

 1.- Hitos fundamentales de la etapa

            1º.- Cuenca de Pamplona

–         Encomienda Sanjuanista de Cizur Menor

–         Anillo de pequeñas iglesias medievales: Cizur Menor, Zizur Mayor, Gazólaz, Sagüés, Paternáin

2º.- El Perdón

–         Divisoria geográfica

–         Fuente de la Reniega

–         Monumento al peregrino

3º.- Valdizarbe

–         Paso a la Navarra Media

–         Basongáiz, Legarda, Uterga, Muruzábal, Obanos

4º.- Puente la Reina

–         Al principio existió el puente

–         Todos los Caminos se hacen uno a Compostela

 2.- Programa aproximado

8…………………             Salida del parking del rectorado de la UPNA

8,15……………              Salida del puente sobre el Sadar, camino de Cizur Menor

8,45…………..               Llegada a Cizur Menor

–         Visita de la Encomienda Sanjuanista

9,30…………..               Salida hacia Guenduláin

10,30…………               Llegada a Zariquiegui

11,15…………               Alto de la Reniega. Monumento al peregrino. Pausa para el almuerzo

12…………….                Salida hacia Uterga, Muruzábal y Obanos

14……………..               Llegada a Puente la Reina

14-16………..               Pausa para la comida

16………………              Visita a Puente la Reina

–         Iglesia del Crucifijo

–         Calle Mayor

–         Iglesia de Santiago

–         Puente medieval

18………………              Salida hacia Pamplona. Parking del rectorado de la UPNA

 Profesor: Román Felones Morrás, profesor de Arte Antiguo y Medieval del Aula de la Experiencia

 Guías y colaboradores: Ricardo Galdeano, Germana Latorre, Goio Ganuza y Loli Latorre, miembros de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella

 3.- Comentarios de etapas anteriores

Blog “El valor de la palabra” romanfelones.wordpress.com

4.- Bibliografía

FELONES MORRÁS, R., Los Caminos de Santiago en Navarra, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1999.

SEGURA URRA, F., El Camino de Santiago en Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, Pamplona, 2004.

VV.AA., Pamplona en el Camino de Santiago, Ayuntamiento de Pamplona, Pamplona, 2001.

 2º.- Desarrollo y comentario de la etapa

 El mes de mayo está casi vencido. Aunque Pamplona es tierra de poca primavera, el día hace honor a la estación y la mañana, fresca y luminosa, anuncia una jornada placentera.

El recorrido en el autobús, un pequeño tramo urbano, nos deja en la Fuente del Hierro, en la puerta del hermoso y cuidado campus de la Universidad de Navarra. Cruzamos el puente sobre el río Sadar, y poco más tarde el del río Elorz. El camino es un tramo peatonal recientemente pavimentado y arbolado, que supera las vías del tren, deja Pamplona y nos conduce hasta Cizur Menor.

El grupo camina unido, ya que la primera parada del día está apenas a un kilómetro. La iglesia de Cizur Menor, único resto reconocible de la Encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén, nos retrotrae a un momento concreto de la historia de Navarra, el final del siglo XII y los comienzos del XIII. El conjunto (dependencias monacales, claustro, torres, iglesia y hospital) ha desaparecido. Sólo subsiste una de las torres y el templo, perfectamente apreciable desde lo lejos, culminado con su pendón de la Soberana Orden de Malta. La iglesia, de planta de nave única dividida en cuatro tramos, se cubre con bóveda de cañón apuntado, que culmina en un ábside semicircular cubierto con cuarto de esfera.

Salvado de la ruina y rehabilitado en la década de los ochenta del pasado siglo, la Orden de Malta continúa con su labor hospitalaria, manteniendo un albergue de peregrinos en un edificio anejo a la iglesia medieval.

Por la nuevas calles de Cizur Menor, bordeadas de plataneros, unifamiliares más o menos afortunados y nuevas infraestructuras, salimos a los espacios cerealísticos de la Cuenca, enfilando el perfil norte de la sierra del Perdón, con el pueblo de Galar en el horizonte. Estamos en campo abierto, en mitad de tierras despejadas, y el horizonte se vuelve terroso y se ensancha. El Camino ha sufrido en este tramo algunas embestidas de terrenos de cultivo. Los setos vivos y árboles del entorno rompen la monotonía de la travesía hacia Guenduláin entre cereales. Uno, que ha nacido y vive en Tierra Estella, recuerda la macro-ciudad prevista en estos campos y no puede menos que reprobar un proyecto que considera disparatado para Navarra y especialmente dañino para el tramo de la Autoría del Camino, ahora que esta vía ha abierto expectativas ciertas de crecimiento y desarrollo para la zona.

Desde Guenduláin la subida es constante hacia Zariquiegui, población que ha visto rodeado su pequeño casco urbano con urbanizaciones de dudoso gusto. El camino ascendente cruza la regata de Erdoitz bordeando cultivos hasta dar con la antigua senda de trazado firme y estrecho. Con cierta dificultad, por camino excavado en la roca del cordal del Perdón, nos acercamos al alto de Santa María de Erreniega.

Es hora de almorzar, que la pendiente aprieta y el calor empieza a hacer mella. El horizonte es hermoso y limpio. A la derecha, la Cuenca, con el cereal a punto de cuajar en una excelente cosecha; a la izquierda,  Valdizarbe, animado con el verde joven y tierno de las cepas que producirán excelentes caldos a comienzos del otoño. Y en medio, los ya inevitables molinos que inundan la zona y el monumento al peregrino, que Vicente Galbete creó y que forma ya parte del paisaje.

El Camino atraviesa la carretera asfaltada del Perdón, la cañada real Valdorba-Andía y desciende por la solana de la sierra por una amplia pista que atraviesa el encinar sobreexplotado. Llegado al límite de los cultivos, el camino convertido en pista agrícola discurre por lenguas de monte, algunas de las cuales todavía conservan algunas encinas, entre campos alargados de cereal. Llegados al Pocico de Irunbidea, una amplia pista nos acerca hasta el casco urbano de Uterga. La villa llama la atención por sus bien cuidadas calles, la anchura de sus plazas, las hermosas viviendas y la fuente, la mejor entre Pamplona y Puente la Reina, como queda reflejado en la leyenda de su sillería. Un moderno y coqueto albergue a la salida de la población da paso a un tramo del Camino especialmente hermoso. Cereales, almendros, viñas, frutales, vegetación natural y sendero florido convergen en este tramo que huele a primavera, vida y feracidad.

De nuevo, otra cañada se cruza en nuestro camino, la que de Milagro conduce a la Aezkoa. Muruzábal es también villa de interés: iglesia, edificaciones y urbanismo nos hablan de un pueblo en alza. Aunque el camino es un paso constante de peregrinos, el pueblo está desierto. Todos están en Eunate, que hoy es la romería general del valle y día de fiesta grande en Valdizarbe. Pero una persona ha querido permanecer y ejercer de anfitriona perfecta: nuestra compañera de curso del Aula de la Experiencia no ha querido olvidarse de sus colegas y nos ha preparado un suculento almuerzo, que a este hora se agradece doblemente. Gracias,                 , por el almuerzo y el detalle. Y gracias también por proporcionarnos la llave de Eunate cada  vez que la hemos necesitado. Así es el Camino y así lo hacen sus gentes.

El Camino deja la carretera para descender por la Guindalera y por un tramo asfaltado e incluso decorado con conchas metálicas, ascender hasta Obanos, la villa del Misterio.

Siempre sorprende la anchura y placidez de su urbanismo. Incluso su iglesia, neogótica, parece haber encontrado un razonable acomodo en el entorno.

El grupo se ha desperdigado y los más presurosos ya se encuentran en Puente la Reina. Pero aún quedan unos amables kilómetros finales, aunque tengamos cansados los pies, para llegar al final de la etapa. El descenso hasta la carretera y el camino junto al río Robo se acompañan de un calor que ya aprieta, pero las torres de la población no dan lugar a la impaciencia.

El autobús situado a la entrada de la población nos permite dejar botas y mochilas y cambiarnos las ropas empapadas en sudor. El tiempo para el descanso, la comida y el reencuentro lo hacemos en pequeños grupos. Unos, en los diferentes restaurantes de la villa, buen surtida para el peregrino. Otros, en los lugares de descanso con los bocadillos traídos para la ocasión. Mis hermanas y yo optamos por una terraza con sombrilla a la entrada de la población. Corre un cierzo agradable y compartimos espacio con otros peregrinos, estos en bici, de varias nacionalidades. 

Nuestro objetivo es andar y ver. Y, de acuerdo a nuestros planes, a las 4 de la tarde nos reunimos de nuevo todo el grupo para iniciar la visita a Puente la Reina. La comenzamos en la iglesia del Crucifijo, peculiar edificio de dos naves contrapuestas de los siglos XII y XIII. De ahí hacia la calle mayor, una de las rúas más emblemáticas del todo el Camino de Santiago. Atentos a su urbanismo y a su estructura de bastida, nos aproximamos hasta la iglesia de Santiago, el gran edificio religioso de la población. En origen del siglo XII, fue reedificada en el siglo XVI y rematada con una hermosa torre a finales del siglo XVIII. Su interior conserva dos hermosas imágenes de Santiago: la gótica del siglo XIV y la titular del siglo XVIII.

La rúa continúa entre palacios y portaladas hasta alcanzar el puente que dio nombre a la población y sortea el río. Impresionante su estructura, se mire por donde se mire. Y más impresionante aún su pervivencia y su articulada belleza. No sorprende que el próximo de la autovía, obra de Javier Manterola, sea un homenaje a éste, el puente por excelencia de todo el Camino.

“Y desde aquí, todos los Caminos se hacen uno a Compostela”, nos dice el Codex Calixtinus. Precisamente para hacerlo realidad, nosotros retrocederemos en las próximas etapas, a la búsqueda del Camino aragonés.  Por hoy, misión cumplida.