La divulgación como objetivo

Landa

Ficha técnica

Autor: Luis Landa El Busto

Páginas: 347

Precio: 18 euros

De la larga nómina de reyes pamploneses y navarros, tal vez sea Sancho III el Mayor (1004-1035) la figura más señera. En consecuencia, su figura y su obra han sido minuciosamente estudiadas desde primera hora. Ya en 1950, Fray Justo Pérez de Urbel, historiador y monje en Silos, le dedicó una monografía, editada en Madrid con el título Sancho el Mayor de Navarra. Tras muchos estudios parciales, la obra definitiva la llevó a cabo el decano de los medievalistas navarros, el historiador recientemente fallecido, Ángel J. Martín Duque con su estudio Sancho III el Mayor de Pamplona. El rey y el reino (1004-1035), editado por el Gobierno de Navarra en 2007. Fernando Pérez Ollo le dedicó un extenso, minucioso y elogioso análisis, que todavía conservo junto con el libro, y que tituló “El gran rey, su reino y el maestro”. Su balance es el siguiente: “Fruto de una vida dedicada a la investigación y la docencia, este Sancho III el Mayor condensa las aportaciones granadas de un maestro”.

Con estos precedentes, tratar de escribir un nuevo libro sobre el gran rey era tarea arriesgada y nada fácil. Pero Luis Landa El Busto es autor que no se arredra fácilmente. Docente inquieto y comprometido, es autor de una Historia de Navarra publicada por el Gobierno foral, dedicada fundamentalmente a profesores y alumnos de secundaria; textos dedicados a Sancho VII el Fuerte y el propio Sancho III el Mayor; además de otros temas históricos y relatos novelados. A ello une una posición política bien definida, expresada en frecuentes escritos de actualidad en este mismo medio.

Conviene señalar, por tanto, con claridad, su punto de partida. Tras estudiar lo mucho y bueno escrito sobre él, como queda de manifiesto en las abundantes notas a pie de página, el autor, utilizando sus propias palabras, pretende mostrarnos “un Sancho III el Mayor de carne y hueso”, haciendo hincapié en su entorno para conocer mejor el ambiente que lo rodeaba.

Frente al carácter estrictamente académico del libro comentado más arriba, el presente texto tiene una vertiente básicamente divulgativa. El texto se estructura en cuatro grandes bloques. El primero, el más amplio y detallado, estudia la perspectiva política, con incursiones en temas aparentemente lejanos como el origen de los vascones o la romanización y los primeros pasos del reino de Pamplona. De su reinado se pone atención en los albores del nuevo monarca, su prestigio como rey, su influencia y extensión, y el discutido reparto de su herencia. De la perspectiva religiosa se ocupa el segundo bloque, subrayando el papel de la religión en la vida cotidiana, el impulso espiritual y cultural que imprimió a su reinado y los cenobios más representativos de su época. El tercer capítulo está dedicado a la perspectiva socioeconómica, concretada en el poblamiento y la economía, la estructura familiar, y la ruta jacobea, el fuero y el romance. El cuarto, dedicado a las conclusiones, es el más valorativo de todos, con algunas sugerentes y arriesgadas opiniones sobre lo que pudo ser y no fue, una tentación de la que es difícil sustraerse.

El texto, escrito en un estilo llano y asequible, como corresponde a una obra de divulgación, se complementa con un aparato gráfico abundante, en el que proliferan los mapas, las imágenes y las fotos alusivas al monarca y a su reino. Echo en falta, pese a que las notas palían su ausencia, una bibliografía específica con los estudios dedicados al rey y a su tiempo. Creo que todo texto, por divulgativo que sea, debería contener este apartado.

Estoy seguro que la obra ha supuesto un duro trabajo para el autor, porque ni el rey ni el reino resultan fáciles de abordar. Con el añadido de que toda obra divulgativa, por dejar muchos frentes abiertos, se presta a una crítica que a veces es tal fácil como injusta. Solo queda que los lectores se animen a leer la obra y juzguen en consecuencia.

Diario de Navarra, 7/2/2020

Valores que perduran

Jesus

El pasado miércoles, 5 de febrero, falleció de forma repentina Jesús Chivite Lauroba. Dada la edad del difunto y las circunstancias de su muerte, su trayectoria personal y vital, y lo amplio de su familia -cinco hijos e hijas, entre las que se encuentra la actual presidenta del Gobierno de Navarra-, el funeral constituyó una impresionante manifestación de duelo.

Con el mayor respeto a su familia y a sus amigos, me gustaría trasladarles algunas reflexiones que rondaron por mi mente en el tanatorio, el traslado hasta la iglesia y el funeral celebrado en la parroquia de San Juan Bautista de Cintruénigo, sobre las que tuve ocasión de comentar con algunos de los asistentes y reflexionar durante mi vuelta a Oteiza en coche.

He compartido con su hija María años de militancia política y de actividad en el Parlamento de Navarra y he seguido su trayectoria desde muy primera hora. En algunas ocasiones había coincidido con sus padres y habíamos intercambiado opiniones de todo tipo: políticas, personales, religiosas y vitales. Por vivencias y edad, a Jesús y Mila los sentía próximos, además de ser los padres de mi compañera de partido y parlamentaria. Y sabía de sus esfuerzos por sacar adelante a sus hijos, su compromiso político, sindical y social, su vinculación a la parroquia y su respeto por las ideas y vivencias de cada uno.

En todo funeral se mezclan, y más en los tiempos que corren, dos tipos de personas: las que pretenden manifestar con su presencia la solidaridad con la familia, que tanto se agradece en estas circunstancias, y las que, además, unen a la solidaridad un sentimiento religioso expresado en la participación en la eucaristía de la misa funeral, en la que encomendamos al Padre Bueno el alma del difunto con el deseo y la esperanza de que viva para siempre junto a Él.

El traslado del féretro del tanatorio hasta la iglesia fue multitudinario y respetuoso. Allí estaban muchos de los que, con serias discrepancias ideológicas en otros momentos, las aparcaron para estar cerca de quien, de forma repentina, había perdido a un ser querido. Un gesto que honra a unos y a otros y que nos recuerda que a veces lo accesorio nos impide centrarnos en lo importante.

La iglesia presentaba el aspecto de los días grandes. Su hermosísimo interior, uno de los grandes templos navarros del siglo XVI, presidido por un extraordinario retablo renacentista, estaba abarrotado de personas que venían a despedirse de Jesús y a acompañar a su familia. Las lecturas, bien elegidas; el coro, numeroso y realzando la celebración; la homilía del párroco, ajustada en la glosa de las bienaventuranzas, aplicadas en este caso a una persona que, además de su familia, hizo del trabajo social y la ayuda a los demás un compromiso y el norte de su vida; la intervención de un familiar cercano, reflejo de una fe profunda y una confianza en Dios difícil de escuchar incluso en las celebraciones de despedida; y, lo más emocionante para mí por ser la primera vez que lo veía, la voz agradecida de Mila, la esposa de Jesús, viuda reciente, que expresaba con palabras sentidas la gratitud dolorida de una familia ante las muestras de cariño recibidas. Los asistentes, creyentes o no, estoy seguro que salimos del funeral con una mezcla de sentimientos acumulados: el dolor inevitable de la familia, el cariño afectuoso de los asistentes, la sorpresa de las intervenciones desde el ambón, y el buen hacer de una comunidad parroquial que acogió, agradeció y valoró el trabajo y la cercanía de uno de los suyos. En definitiva, si me permiten la expresión, tuvimos la impresión de haber asistido a un funeral como Dios manda.

Tras los intensos días del tanatorio y del funeral, la vida sigue y llega un periodo de vacío nada fácil de llenar. La nueva vida la deseamos plena para Jesús, sosegada para Mila, su mujer, con bríos renovados para sus hijos, y llena de esperanza para sus nietos. Y para los que tuvimos la fortuna de apreciar lo mucho y bueno que allí vimos y oímos, el deseo de recuperar lo importante y desechar lo accesorio. Una vez más, conviene recordar la frase de San Juan de la Cruz hecha canción, que suele cerrar algunos de nuestros funerales: “Al atardecer de la vida, nos examinarán del amor”. Jesús Chivite Lauroba dio pruebas fehacientes de que el amor por su familia y por los demás llenó su vida. Y los que lo conocimos, lo corroboramos y se lo agradecemos.

Diario de Navarra, 13/2/2020

 

Cuando las elecciones eran cosa de unos pocos

Balduz

Ficha técnica

Título: Exaltados, tibios y retrógrados. Las elecciones de diputados a Cortes en la Navarra isabelina (1833-1868)

Autor: Jesús A. Balduz Calleja

Editorial: Gobierno de Navarra

Páginas: 622

Precio: 20 euros

La serie “Historia” de la Institución Príncipe de Viana -actual dirección general de Cultura- es, junto con las revistas, la más longeva y enjundiosa de las editadas por la institución desde su creación en 1940. Son ya 138 números en los que han aparecido los estudios más prestigiosos relativos a la historia de Navarra y buena parte de las tesis doctorales realizadas en los últimos cincuenta años. Esta ubérima cosecha parece haberse agostado en los últimos años y, a diferencia de otras épocas, los nuevos títulos aparecen con cuentagotas: los cuatro últimos datan de 2016, 2017, 2018 y 2019. El correspondiente a 2019 lo firma Jesús Balduz y con el título Exaltados, tibios y retrógrados da cuenta minuciosa del proceso de elecciones de diputados a Cortes en la Navarra isabelina, entre 1833 y 1868. La contraportada del libro lo resume de forma impecable. “Las medidas electorales incluidas en el Estatuto Real de 1834 abren el camino para transformar el todavía reino de Navarra en una provincia más dentro del nuevo orden. Así da comienzo un proceso, consumado en 1841, que se desarrollará inicialmente en un escenario bélico donde los carlistas no podrán impedir el triunfo de la revolución liberal. A partir de entonces, la burguesía va a controlar las instituciones navarras y también las urnas. Esta nueva élite, en la que se integra buena parte de la antigua aristocracia, monopolizará el acceso a las Cortes a lo largo del periodo isabelino. Es la época del sistema de sufragio censitario hecho a medida de las autoridades liberales, moderadas o progresistas, una práctica electoral caracterizada por la abusiva intervención de los gobernantes y teñida de usos fraudulentos. No obstante, los defensores del trono y el altar también sabrán aprovechar puntualmente sus escasas posibilidades de hacerse oír en las urnas”.

El autor, maestro en ejercicio y profesor de historia contemporánea en la UNED de Pamplona, es historiador de oficio, avezado y sólido, en palabras que comparto de Francisco Miranda, autor del excelente prólogo del libro. El texto responde al contenido de su tesis doctoral del mismo título, leída en la UPNA en abril de 2017. Una tesis, dicho sea de paso, no de juventud ni de inicio de investigación, sino de madurez, tras muchos años de docencia e investigaciones varias. Y estas condiciones se notan: buen dominio de las fuentes, adecuada inserción de los procesos electorales en el marco económico y social de la época, lenguaje claro y preciso, ponderación en el juicio, y un acertado capítulo de conclusiones, que recomiendo especialmente para el que desee un rápido y cabal conocimiento del periodo.

El libro, como hemos señalado, se inserta en la amplia nómina de tesis doctorales leídas básicamente en las universidades navarras y responde a los parámetros propios de un estudio de estas características. El análisis detenido de las 22 convocatorias electorales que conoció el periodo, basado en un sistema de voto minoritario para varones, un extenso y clarificador capítulo de mapas con los distritos electorales, y un amplio capítulo de fuentes y bibliografía, además de un provechoso índice onomástico.

La edición, sobria, limpia y bien maquetada, sigue la buena pauta de los libros vinculados al Gobierno de Navarra, a lo que se une un precio asequible que es digno de ponderar y agradecer.

Para finalizar, formulo un deseo en el comienzo de la nueva legislatura. ¿Sería posible recuperar un ritmo mayor de originales, al menos dos por año, para dar salida a los trabajos de los nuevos investigadores que cada día lo tienen más difícil? No es mucho el esfuerzo, y los jóvenes doctores y los lectores interesados lo agradeceremos.

Diario de Navarra, 7/2/2020

Viaje a Egipto. El Cairo, un resumen de historia (VII)

IMG_6962

Vista exterior de la mezquita de alabastro, situada en la ciudadela

El último día del viaje está reservado para conocer algunos de los monumentos más significativos de la ciudad. Nacida en el siglo IX durante la dominación musulmana, El Cairo conserva importantes restos de su pasado histórico, pero no es una capital a la altura de Constantinopla con la que siempre mantuvo dura pugna.

IMG_6967

El grupo se arremolina en la esplanada de la ciudadela, dispuesto a inmortalizar la visita

En la inmensa vorágine de El Cairo hay lugares o rincones que recuerdan pasados esplendores. Obviamente, una ciudad situada a orillas del Nilo, que a partir de aquí se bifurca para conformar un amplio delta, está sometida a posibles embestidas y ataques. Uno de los más importantes es el sufrido en la época de las Cruzadas, como cabeza de puente para la conquista de Tierra Santa. De ese momento procede la Ciudadela, un entorno heterogéneo en el que los estilos se mezclan y confunden. Un buen cinturón de murallas, buenas rejerías en puertas y ventanas, un palacio de corte típicamente oriental -sobrio por fuera y lujoso por dentro-, sede del poder político hasta el siglo XIX, que hoy se encuentra en proceso de restauración, y sobre todo la llamada Mezquita de Alabastro, son sus elementos esenciales. El dirigente Mohamed Alí, uno de los grandes del siglo XIX, hizo levantar una mezquita palaciega, a imagen y semejanza de modelo turco derivado de Santa Sofía. Sin especial valor artístico por ser de tipología y estilo ampliamente conocidos, la mezquita es un edificio bien resuelto, muy elegante en su patio de abluciones y equilibrado en su interior. Con algunas dificultades sobre el suelo de mármol, dado que había caído un potente chaparrón de buena mañana, visitamos el recinto, entramos en la sala de oración y conocimos algunos pormenores del islam.

IMG_6972

El interior de la mezquita de alabastro nos permite, una vez más, contemplar y subrayar los elementos básicos del edificio más emblemático del arte islámico

La mañana nos ofrecía también la posibilidad de visitar los dos edificios correspondientes a las “gentes del libro”. Además de la mezquita, (al ser viernes era el día feriado para los musulmanes) una sinagoga (el día feriado será el sábado) y una iglesia ortodoxa copta (cuyo día feriado es el domingo).

La sinagoga está situada en el viejo Cairo o barrio copto de la capital. El tránsito de la ciudadela al barrio nos permite continuar con el denso tráfico aminorado por ser día festivo, contemplar el esfuerzo titánico de puentes y viaductos, y apreciar el proceso de modernización de la ciudad. De nuevo, las callejuelas estrechas nos permitieron pasar por un convento de monjas de clausura coptas, antes de visitar la sinagoga. Más estrictos que cristianos y musulmanes, estaba prohibido hacer fotos. El recinto, en origen una iglesia cristiana del siglo IV, no carece de interés, aunque estuviera profundamente modificado.

IMG_6982

El Museo Egipcio de El Cairo, un icono en el momento de su construcción y hoy poco más que un almacén de objetos excepcionales

Y de allí, próxima físicamente, en un barrio donde la convivencia entre las tres religiones vivió etapas de todo tipo, a la iglesia copta de los Santos Sergio y Baco, de especial relieve en el mundo ortodoxo. También en origen de planta paleocristiana, la nave mayor está cubierta de techumbre de madera y las naves laterales terminan en un triple ábside con pinturas murales de origen medieval. El iconostasio cierra casi por completo el recinto del altar a la vista de los fieles, reservando el espacio para los sacerdotes y ministros del altar. Una primorosa restauración ha dejado al descubierto las paredes de piedra y ladrillo, y ha resaltado los escasos restos de pintura que quedaban.

IMG_6986

El Alcalde del pueblo es una de las más famosas esculturas del Imperio Antiguo

Tal vez no en el momento más oportuno, a la vista del cansancio acumulado durante todo el viaje, iniciamos la visita al museo egipcio de El Cairo, toda una institución en el ámbito de la arqueología. El edificio, inaugurado en 1902, supuso todo un hito en el mundo de la museística. Ya para entonces eran conocidas muchas tumbas, restos de edificios y materiales varios que conformaron el museo. Pero afortunadamente, faltaban por descubrir algunos de los hitos más sobresalientes, como el tesoro de Tutankamon, obra del inglés Carter en 1922.

IMG_6987

El escriba sentado, otro hito de la escultura egipcia del Imperio Antiguo

Para tratar de gozar del espectáculo artístico, es preciso abstraerse de las condiciones de exposición, pésimas, y centrar la atención en el contenido. En un relato cronológico tuvimos ocasión de apreciar una serie de obras maestras que tanto hemos visto en los libros: esculturas de Zoser, Keops, Kefren y Micerinos; estatuillas de barro de intenso realismo y feliz expresión como el Escriba sentado; obras en madera como e Alcalde del pueblo; y elementos varios vinculados al Imperio Antiguo. Obras de interés del Imperio Medio, aunque su importancia artística sea menor que la de los otros dos que le precedieron y le siguieron. Y algunas de las obras claves del Imperio Nuevo. Los inevitables Ramsés II, Hatsepsut y el renovador Akenaton con su nuevo estilo y su ambigua figura, además de su mujer Nefertiti, en la época de Tel el Amarna.

IMG_6988

No cabe mayor delicadeza y realismo que el de estos patos, como ejemplo de pintura

Y el divinizado Tutankamon, consecuencia de la aparición de su tumba sellada y el insultante tesoro que su cámara sepulcral contenía: Las grandes estructuras de madera con pan de oro, las cuatro cajas sucesivas incrustadas de oro y piedras que contenía su momia; la máscara de oro macizo que cubría su cabeza; la silla; la imagen de Anubis, a la que hay que añadir joyas, collares y utensilios de todo tipo, que hicieron de este hallazgo el fundamental de la historia de la egiptología.

IMG_6994

Algunos elementos del tesoro de Tutalkamon nos permiten hacernos una idea de su excepcional belleza e importancia

Si esto es lo que tenía un faraón menor que murió a las 19 años, ¿qué no contendrían las grandes tumbas de Ramsés II o Hatsepsut, que vivieron los años suficientes para poder preparar dignamente su sepulcro?

Tras esto, ¿qué nos espera en Madrid el mes próximo, sino pequeños despojos llamados a fijar la atención de los occidentales en los tesoros, a fin de recibir fondos para la culminación del gran museo en fase de finalización de obras?

No dio tiempo para más. Apenas algunas momias bien conservadas, y una rápida vuelta final.

IMG_6995

La silla del faraón, rodeada de curiosos y dentro de su vitrina apenas nos permite apreciar su singular belleza

Al igual que sucedió con el viejo museo de la Acrópolis en Atenas y el nuevo, recientemente inaugurado, que ha marcado un hito en la exposición de objetos, esperemos que el Nuevo Museo de El Cairo traiga modernidad, buen hacer y mucha didáctica en su nuevo emplazamiento junto a las pirámides. La historia y la cultura de Egipto se lo merecen.

IMG_7008

La comida en un barco sobre el Nilo, dejó estas caras sonrientes entre las asistentes

La comida, con la tarde ya avanzada, permitió romper el ritmo del día. La tarde estuvo dedicada a visitar el Kaikili y realizar las pertinentes compras. Desisto de entrar en el laberinto. Junto a Javier y Juanjo, tomamos un té en la terraza del Café de los Espejos, y aprovecho para tomar unas notas de lo vivido. Como ayer, el autobús debe atravesar la marabunta de puestos y viandantes para salir todos indemnes de un atolladero aparentemente imposible.

Nos acercamos al hotel, descansamos un rato y salimos de nuevo para nuestra cena de despedida. El sitio es amable y de buena cocina egipcia. Los consabidos entrantes, una buena hamburguesa de verduras y la carne de cordero y ternera a la brasa, constituyen nuestro menú. A los postres, a modo de despedida, junto a Ahmed, que ha compartido la cena con nosotros, recuerdo los componentes previstos e imprevistos de un viaje para que alcance un alto grado de satisfacción.

IMG_7010

Otro grupo de asistentes, a la salida del restaurante

Doy las gracias a todos los componentes del grupo y pondero la labor del guía, especialmente importante: personalidad, cercanía, disponibilidad, y le entrego en nombre de todos los componentes del grupo un libro firmado de Xabier Aldecoa sobre Los países del Nilo y el megáfono que me ha acompañado en mis clases en los últimos años. Finalmente, Marian y María Jesús le entregan la propina recogida para agradecerle sus servicios.

IMG_7012

Vista de la cena final, con la que dimos por concluida nuestra visita a Egipto

De buena hora, nos retiramos al hotel. La visita al Egipto esencial ha concluido.

 

Viaje a Egipto. El Imperio Antiguo (VI)

IMG_6883

Imagen icónica de la pirámide de Kefrén, con el recubrimiento exterior todavía visible  en la zona alta

Siguiendo nuestra costumbre habitual, a muy buena hora salimos hacia Giza, una parte del Gran Cairo, para visitar las pirámides.

De nuevo el tráfico nos vuelve a sorprender, y eso que es muy de mañana. Ausencia aparente de normas, ausencia de semáforos, incomparecencia de policías de tráfico, todo se junta para hacer de las calles de El Cairo un auténtico oeste donde triunfa el más pillo, el más osado o el más imprudente. Pero apenas hemos visto accidentes. Y es que el medio hostil vuelve al conductor especialmente sensible al peligro.

IMG_6862

La imagen de María Luisa y Román sirve de escala para apreciar el tamaño de los bloques utilizados

El camino de llegada a las pirámides nos lleva por El Cairo menos transitado. Edificios defectuosos, un canal de agua casi estancada que discurre paralelo a la carretera durante varios kilómetros, y una sociedad acumulada casi hasta convertirlo en un vertedero. Resulta difícil pensar en un espacio transitado desde hace 5.000 años, que nos lleva a una de las cumbres de la historia de la humanidad. De pronto, abandonamos el palmeral y la urbanización a donde llega el Nilo e iniciamos un suave ascenso hasta una meseta de piedra, tras la cual se encuentra el desierto. Estamos en la orilla occidental del río, la zona de los muertos. Allí vamos a tener la oportunidad de visitar un conjunto de pirámides que son el ejemplo más señero de la arquitectura del Imperio Nuevo.

IMG_6878

El juego de Conchi y Marian nos permite apreciar todavía mejor la dimensión de los bloques

Comenzamos por las tres más conocidas: Keops, Kefrén y Micerinos. Aparentemente una montaña de piedra, enorme y casi imperecedera. Pero a medida que uno se acerca, el asombro crece. Enormes bloques traídos de uno en uno de una cantera distante más de 20 kilómetros, perfectamente escuadrados y ensamblados sin amalgama alguna. Todo ello sin contar el recubrimiento exterior, del que apenas es visible la parte final de la pirámide de Kefrén. ¿Y todo para qué? Para perdurar en el más allá aquel que ha tenido la fortuna de tenerlo todo en el más acá.

IMG_6885

Vista de las tres pirámides desde el mirador

Con el agravante de que esa supuesta eternidad ha sido un soplo casi efímero, porque solo unas pocas de las 63 pirámides han sobrevivido al expolio de los ladrones en uno u otro momento de la historia. Para acabar, en el mejor de los casos, siendo expuestas en un museo de Egipto o fuera de el, siendo si no violadas sí al menso molestadas por cientos de turistas que, sin rubor y con distancia, echan una cansina ojeada y siguen hacia adelante.

La obligada parada para la foto enfrente de la pirámide de Kefrén y en el mirador nos permitirá recordar dentro de algunos meses o años la frase que escuchamos en Filae “yo estuve allí”, un lugar de peregrinación mítico para toda persona interesada por la historia del arte.

IMG_6888

Yo estuve allí, dirán la familia Merino y allegados, al enseñar esta foto

Tras la visita a las pirámides, nos trasladamos hasta la esfinge, situada más abajo en la meseta, con vía ascendente de acceso hasta la pirámide de Keops. Vista de cerca, sus 20 metros de altura y casi 50 de largo impresionan también por su simbolismo, su inmensidad y su desnuda sencillez.

IMG_6894

Ruinas, esfinge y pirámide componen una imagen por la que no pasan los siglos

Una rápida comida poco afortunada en el camino, nos acerca a Menfis, hoy un melancólico museo al aire libre desaliñado y somnoliento. Apenas queda nada de la antigua capital del Imperio Antiguo. ¿No habría palacios, edificios administrativos y otras estancias e una estructura burocrática capaz de levantar a escasos kilómetros tales moles de piedra, resolviendo problemas técnicos enormes con resultados admirables? Parece ser que en la vida terrena, el adobe fue el material dominante, lo que tal vez explique la ausencia de restos arqueológicos. No obstante, el gran Ramsés II dejó también aquí su huella y una enorme estatua de 15 metros, de una sola pieza, es el elemento más destacado del sitio. Sin pies, con uno de los lados estropeado por el agua y el limo, el resto del cuerpo y la cabeza se encuentran en un estado admirable. Y allí está, en un edificio modesto y vulgar que lo cubre, rodeado de polvo y descuido en todo el entorno.

IMG_6910

Vista parcial de la estatua del gran Ramsés II, sita en Menfis

Nuestra siguiente parada, Sakkara, ofrece mucho más, a diferencia de Menfis, de lo que promete. Para empezar, la visita a la pirámide de Teti (2230 a.C.) es una verdadera sorpresa. Apenas una pirámide menor, convertida en poco mas que un montón de piedras desmoronadas y semicubiertas de arena del desierto, encubren una cámara sepulcral a la que se accede por un largo pasillo inclinado, al que sigue otro recto hasta acceder a la cámara sepulcral.

IMG_6928

Vista de la pirámide de escalonada de Sakkara

Impecable la calidad constructiva en el interior, bloques desmesuradamente grandes en su factura y un conjunto sobrio pero deslumbrante. Estamos bajo decenas de toneladas de piedra, integrados en un espacio que nos aleja del mundo exterior. Es la paz que tanto buscaron los faraones para despertar en el más allá.

IMG_6924

Cámara sepulcral de la pirámide de Teti, que pudimos visitar con asombro y tranquilidad

Pero si interesante es la pirámide, todavía lo es más la mastaba de su visir Kagemmi, encargado de vigilar la construcción de la pirámide del faraón. Creo que nunca había visto relieves egipcios tan realistas, vívidos y bien construídos. Escenas de la vida cotidiana que desmienten fehacientemente el hieratismo y la inmovilidad del relieve egipcio: vida, pura vida es lo que destila esta mastaba del Imperio Antiguo que a partir de ahora incorporaré a mi exposición de la escultura egipcia.

IMG_6917

Los relieves de la mastaba de Kagemmi, son mis preferidos de todo el viaje a Egipto

Junto a ambos monumentos, en un contexto de sepulturas faraónicas y de nobles, se encuentra el complejo de Zoser, el primer faraón con el que comienza el Imperio Antiguo. Una pirámide escalonada magnífica, a la que se accede por un paseo columnado elegantísimo, que da a un gran patio que sirve de marco a la propia pirámide. ¡Deslumbrante! Desde allí apreciamos todo el conjunto piramidal de la zona. La pirámide romboidal (en buena medida fallida), la primera pirámide propiamente dicha, la pirámide escalonada y el conjunto de Giza, tal vez lo más significativo de la primera mitad del III milenio.

IMG_6938

El asedio de los vendedores queda patente en la imagen, en la que Marian apenas puede “desurdirse” de este fervoroso admirador

Escribo estas líneas al día siguiente, sentado en el Café de los Espejos que tanto frecuentaba el premio nobel Amin Malouf, mientras el grupo visita el zoco de Kaikili. Me abruman y me aburren un poco los mercados, y después de visitar Estambul, Alepo, Marrakech y algunos otros, mi cupo ya está casi completo.

IMG_6905

Vista de la planta del papiro, que pudimos ver y manipular en nuestra visita a una tienda especializada

Pero hay que reconocer que el contexto es muy favorable. Junto a mí discurre la vida, tal vez poco exquisita en formas y atuendos, pero es la vida de un país joven y viejo, rico y pobre, culto y analfabeto a la vez, al que le pesa y mucho el legado de la historia. Lástima que ésta parece haberse estancado y apenas se perciben cambios reales en la mayoría de la población.

 

Un trabajo preciso y un libro precioso

Portada Olite

Ficha técnica

Título: La portada de Santa María de Olite, de la vid a la piedra

Autores: Carlos J. Martínez Álava (coordinador)

Editorial: Gobierno de Navarra

Páginas: 176

Precio: 15 euros

La portada de Santa María de Olite es una obra sobresaliente de la escultura gótica en Navarra. A quienes la visitábamos, pese a la suciedad acumulada por el paso del tiempo y otras incurias, nos llamaba la atención la tenue policromía que todavía se percibía en determinadas partes y que nos hacía preguntarnos cómo sería el aspecto original. Con más retraso del deseado, debido a la pérdida de impulso que ha experimentado el cuidado de nuestro patrimonio en los últimos lustros con unos presupuestos menguantes, la respuesta la tenemos ante nuestros ojos.

Entre 2015 y 2017 se llevó a cabo una intervención multidisciplinar en la que, bajo la dirección técnica del servicio competente del Gobierno de Navarra, un equipo formado por seis restauradoras de la empresa Sagarte, con Blanca Sagasti al frente, dio vida y color al conjunto. Violeta Romero, la restauradora responsable del seguimiento de la intervención nos dice: “La restauración recibió numerosas visitas al andamio que enriquecieron como ninguna otra hasta la fecha, la experiencia de una intervención de restauración. Por el andamio pasaron historiadores del arte (…), arquitectos, especialistas en el urbanismo de la localidad, especialistas en restauración de piedra policromada, canteros, investigadores de instrumentos musicales medievales, enólogos, viticultores e ingenieros agrónomos y otros especialistas que han aportado sus puntos de vista”. Y afortunadamente, añado yo, numerosos ciudadanos que, privilegiados ellos, pudieron seguir de cerca, subidos a los andamios, una tarea que pretendía devolver a la fachada parte del esplendor de antaño. El resultado final, cofinanciado por el Gobierno de Navarra y la Fundación Gondra Barandiarán, podemos calificarlo, sin ambages, de espléndido.

Pero faltaba una segunda parte, dar a conocer a toda la ciudadanía el resultado del proceso en un libro que aunara rigor y amenidad, ciencia y divulgación. Afortunadamente, al frente del proceso y coordinándolo todo, se encuentra Carlos Martínez Álava, una persona que por vocación, doctor en historia del arte, y profesión, docente de secundaria, reúne como pocos las cualidades que acabo de enumerar.

Distribuido en ocho capítulos, Javier Corcín, otro docente no universitario al que Olite debe mucho, analiza su ciudad en tiempos de la construcción de la portada y las arquivoltas como retrato de una viña medieval. Carlos Martínez Álava, además de coordinar, es el encargado de estudiar en otros dos capítulos la construcción del templo y la pintura de la fachada. Uno de los grandes capítulos del libro, en extensión y calidad, firmado por Clara Fernández-Ladreda, está dedicado al estudio de la portada, con el sugerente título de “de París a Toledo, pasando por Laguardia”. El otro gran capítulo, también extenso y de gran interés, junto con la introducción, lo desarrolla Violeta Romero, y está dedicado al proceso de restauración de la portada, subrayando las dos singularidades de la misma: la conservación de su decoración cromática original y el diseño vegetal de sus arquivoltas.

Finalmente, la obra se cierra, además de la bibliografía, con dos breves capítulos, el dedicado a la restauración arquitectónica y la protección de la portada, obra de Leopoldo Gil y Laura Elvira, y el resumen de la excavación del pórtico y otras actuaciones arqueológicas, firmado por los miembros de la empresa Trama.

El libro, que hace el 51 de la serie Arte, magníficamente editado y con un despliegue espectacular de imágenes a todo color, es una acertada mezcla de investigación y divulgación, destinado no solo a especialistas, sino a todo ciudadano sensible. Las Navidades son una buena fecha para disfrutarlo.

Diario de Navarra, 20/12/2019

Viaje a Egipto. Del poblado nubio al Gran Cairo (V)

IMG_6797

Uno de nuestros marineros de la faluca, vestido con su impoluta túnica blanca

De buena hora, pero sin el madrugón de ayer, nos levantamos para iniciar un día distinto y de transición. Hasta hoy han sido los monumentos del del viejo imperio los que nos han ocupado y subyugado. Hemos visitado sobre todo el Alto Egipto, con monumentos correspondientes básicamente al Imperio Nuevo y el grecorromano. Y ha sido el Egipto menos habitado y más próximo a la frontera sur. El pueblo autóctono de la zona, dividido básicamente entre el actual Egipto y Sudán del Norte, es el nubio, casi siempre dominado excepto en un periodo de la historia en el que los faraones nubios dominaron el Alto y el Bajo Egipto.

IMG_6793

El grupo se dispone a iniciar el viaje en la faluca

Como hemos comentado anteriormente, la construcción de la presa de Asuán supuso una verdadera tragedia para el pueblo nubio. Directamente afectado por el enterramiento de sus tierras, consecuencia del crecimiento del embalse, los nubios tuvieron que emigrar, perderlo todo y volver a empezar en otras tierras. Y también su cultura recibió un impacto muy negativo.

IMG_6800

Bellísima imagen de una faluca sobre el Nilo, como si los siglos no hubieran pasado

Aunque un punto turistizado y exótico, la visita que realizamos al poblado nubio no careció de interés. Primero, la llegada en faluca y barca a motor. Especialmente interesante resultó la primera, un dechado de adaptación al medio y de probada eficacia para la navegación fluvial. Unos jóvenes polivalentes, que ejercían de marineros, danzantes y vendedores de recuerdos, con su amabilidad y presteza hicieron desplegar la vela y avanzar a mayor velocidad de lo que uno suponía.

IMG_6802

Vista del Nilo con la tumba del Aga Khan en la colina

No faltó el detalle de un niño subido a una tabla de surf, que agarrado a nuestra barca, con desparpajo y habilidad entonaba canciones españolas para ganarse unas propinas. Esta listeza mental, con recursos adecuados en forma de educación, estoy seguro que le permitiría salir adelante con holgura y dignidad. ¡Ay la educación, la asignatura pendiente de los pueblos en desarrollo!

IMG_6807

Vista del grupo a punto de subir a los camellos que nos conducirían hasta el poblado nubio

Paseo en camello hasta el pueblo, visita a una escuela donde un maestro nubio a la antigua usanza intentó enseñarnos las letras del alfabeto en árabe y nubio, visita a una casa del pueblo con patio interior y vistas espectaculares al Nilo, y vuelta al río hasta el barco. La arquitectura a base de techos abovedados y el colorido de sus fachadas son las características más visibles. Todo ello entre mujeres y niños que te asedian para venderte cualquier cosa, y múltiples puestos en la calle mayor del pueblo, sin asfaltar pero relativamente limpia, convertida en un gran bazar con presencia ya de varios hoteles. ¿Tiene futuro el pueblo? Da la impresión que el turismo se abre como una gran ventana de oportunidad, pero también conocemos bien en España lo que supone: sueldos bajos, horarios imposibles y escasa cualificación.

IMG_6827

Conchi y el maestro nubio confraternizan en la escuela

Tras recoger las cosas del barco, salimos hacia el aeropuerto y en poco más de una hora nos plantamos en El Cairo. Pese a la calima existente, el vuelo nos permitió apreciar con claridad la franja verde del oasis del Nilo, literalmente encerrada entre la masa terrosa y desértica situada a uno y otro lado. Una plasmación práctica de lo verídico del aserto de Herodoto: Egipto es un don del Nilo.

IMG_6831

Santiago, María Luisa, Mari Carmen y Toño en el interior del patio de la casa que visitamos con vistas al Nilo

La llegada a El Cairo supuso la entrada en una metrópoli de 22 millones de habitantes. Y de eso da fe, antes que nada, el propio aeropuerto. Inmenso, relativamente renovado y un punto caótico. Nunca había tardado tanto en recorrer el camino desde el avión hasta el edificio de la terminal. Tras vueltas y vueltas interminables, llegamos, recogimos las maletas y salimos camino de la ciudad. Definir el tráfico como un caos organizado sería tal vez excesivo. Caos, por supuesto, pero organizado, muy poco. Sin apenas semáforos, con una conducción temeraria y todas las prisas del mundo, El Cairo pretende sobrevivir a su desquiciado crecimiento. Múltiples ciudades en una, barrios enteros a medio construir, al igual que muchos edificios, fachadas de ladrillo sin lucir, edificios modernísimos junto a bloques deplorables, todo convive en El Cairo. ¿Qué tiene que ser esto en verano, rondando los 40 grados y con una polución increíble?

IMG_6835

Vista de la plaza donde fue asesinado Anuar el Sadat, con su tumba y el monumento al soldado desconocido

Una oportuna excursión opcional nos permitió realizar una visita panorámica a la ciudad, aunque todavía no eran las seis y ya era de noche. Nuestro chofer nos llevó con pericia y un punto de temeridad a recorrer algunos lugares conmemorativos: la plaza en la que fue asesinado Anuar el Sadat, hoy con el monumento al soldado desconocido y su tumba; El Cairo colonial, con sus bellas manzanas de estilo inglés o francés; y El Cairo islámico, con una ciudadela buen amurallada y conservada a ejemplo de otras ciudades musulmanas de la época.

IMG_6841

La visita al interior de la medina nos permitió contemplar hermosos palacios y mezquitas

La visita a pie por el interior de la medina estuvo llena de interés, vida, colorido y juventud. Lo antiguo y lo nuevo dándose la mano, se reflejaban en establecimientos, rostros, edificios y rincones históricos. Mezquitas, palacios y plazas nos introdujeron en un Cairo demasiado visitado por los turistas, pero donde la seguridad, pese a ir acompañados de la policía turística, no nos produjo ni miedo ni sensación de peligro.

IMG_6842

Sentarse en el café de los espejos, parada obligada en la visita, fue toda una odisea

Sentarse en el Café de los espejos para tomar un té, fue una odisea. No así para tomar unos deliciosos buñuelos con los que Ahmed obsequió al grupo en plena calle.

Tras la visita al café, el autobús nos esperaba en la misma plaza. ¿Por dónde había entrado y cómo iba a salir con las calles abarrotadas de puestos y transeúntes? Pues, por allí mismo. Imposible, pero cierto. Enfiló una calle literalmente repleta, y con paciencia y pericia consiguió salir del atolladero. Algo parecido al encierro sanferminero, que uno no sabe cómo pueden los toros pasar por allí, con la diferencia que el autobús no era invisible, sino que ocupaba literalmente toda la calzada.

La última sorpresa fue el hotel. El Conrad está ubicado en la orilla del Nilo y es uno de los grandes hoteles de la ciudad. Su zagüán es inmenso, adornado con cuatro palmeras que lamentablemente no son naturales. A diferencia, todo hay que decirlo, de las flores naturales que, esparcidas por doquier, resaltan el conjunto.

Una cena excelente culminó nuestro día. Estamos en El Cairo. Nos esperan dos días intensos, al encuentro de la cultura más antigua y hay que descansar.