El Estatut desde Navarra

 

Tras cuatro años de espera, un proceso cuajado de incertidumbre, presiones de todo tipo e intentonas sin éxito, el Tribunal Constitucional dictó sentencia sobre el Estatuto de Cataluña. Conozco personalmente a Elisa Pérez Vera, la ponente progresista que no consiguió conformar una mayoría para sacar adelante la sentencia. Sé de su capacidad, flexibilidad y mano izquierda y su aparente fracaso da idea de la dificultad de la tarea. Por ello, hay que aplaudir el trabajo de la presidenta, María Emilia Casas, que en el último minuto y tras algunas puntualizaciones, ha conseguido sacar adelante la sentencia por mayoría.

Desde Navarra, parte inequívoca de la nación española, pero con un encaje peculiar en la estructura constitucional, resulta posible hacer, a vuelapluma, algunas consideraciones.

El primer valor de la sentencia es su propia existencia. El Tribunal Constitucional, sin duda herido y con problemas, ha cumplido con su tarea: juzgar la constitucionalidad de un estatuto aprobado por el Parlamento y los Cortes Generales.

La sentencia, al parecer, sanciona positivamente la mayor parte de la arquitectura estatutaria. Quedan derogados una serie de artículos e interpretados otros, que no afectan a lo esencial de la norma.

Parece deducirse de lo dicho que la estructura del Estado de las Autonomías se mantiene básicamente intacta, lo que resulta una noticia positiva para este país, y más vista desde Navarra.

Haríamos todos bien en moderar nuestras expresiones, sean las de condena por exceso, sean las de rechazo por defecto. El horno no está para bollos y añadir a la delicada situación actual más leña al fuego no parece sensato. Ahora sí, necesitamos altura de miras y perspectiva histórica.

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Cuestión de justicia

 

Hay días en que ser parlamentario no tiene precio. Hoy ha sido para mí uno de ellos. Tras un Pleno monótono y cansino, que sólo ha generado prensa y morbo en el punto referido a la aprobación de la proposición de ley que garantiza la práctica del aborto en Navarra en los supuestos contemplados en la legislación, el Parlamento ha debatido una moción presentada de forma conjunta por Nabai, PSN-PSOE, CDN e IU instando al Gobierno de Navarra a cumplir determinados aspectos de la Ley de Memoria Histórica, aprobada por las Cortes en 2007.

El debate ha revestido cierta solemnidad, apreciable incluso en el tono de los intervinientes. En la tribuna se encontraban miembros de la Junta directiva de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra, lo que le ha dado al debate el punto de emoción de necesitaba.

Joseba Eceolaza, parlamentario de Nabai y persona muy comprometida con todo lo relacionado con la Memoria Histórica, ha hecho un discurso brillante y bien construido, apelando al sentimiento y al corazón. Su interpelación directa a UPN, con incisivas preguntas sin respuesta, ha hecho subir el tono del debate, sin que éste perdiera en ningún momento una razonable compostura. Juan Cruz Alli ha adoptado un tono más profesoral y técnico, reprochando también a UPN su tradicional rechazo a iniciativas relacionadas con la Guerra Civil y el franquismo. Ion Erro, en una breve intervención, también ha puesto el acento en el recuerdo, el reconocimiento y la reparación de las víctimas.

Mi intervención, en nombre de mi grupo, también ha tenido un punto de emoción contenida. Tras resumir en una frase la historia de España, como una realidad política y social fruto de una difícil y fecunda convivencia de siglos, he señalado que esta convivencia se forjó en la paz y en la guerra. De entre estas,  la Guerra Civil del 36 fue una de las más inicuas de nuestra historia. En el caso de Navarra, más de 3.000 fusilados y represaliados lo fueron por defender el sistema legalmente vigente, buena parte de los cuales pertenecieron a la UGT y el PSOE.

La transición política supuso un generosísimo acuerdo entre vencedores y vencidos en  el que el odio y la revancha dejó paso a la reconciliación y a la convivencia. En este contexto pudieron recuperarse muchos de los cuerpos enterrados en tapias y cunetas, pero la labor quedó inconclusa.

He citado a continuación algunos hitos memorables en la recuperación de la Memoria: la declaración del Parlamento de Navarra de 2003, el Parque de la Memoria de Sartaguda, inaugurado en 2007, la labor continuada de las Asociaciones de Familiares, el ciclo de conferencias patrocinado por el propio Parlamento de Navarra y, finalmente, la moción que hemos aprobado hoy.

¿Qué hay que hacer ahora? me he preguntado de forma un tanto retórica. La respuesta ha sido la siguiente: todo lo necesario par enterrar dignamente a los muertos. Y he apelado a UPN. Les he pedido altura de miras para cerrar un capítulo negro de nuestra historia con dignidad y justicia. He apelado al futuro y les he instado a recorrerlo juntos, desde el reconocimiento de lo sucedido. Y, aunque no sea por mis palabras, la sorpresa ha llegado. Por primera vez en 71 años, UPN ha votado a favor de un acto de reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil y la moción se ha aprobado por unanimidad. Tras la proclamación de resultados por la presidenta de la Cámara, Elena Torres, un sentido aplauso ha salido de casi todos los escaños.

Como parlamentario y socialista he sentido una triple satisfacción: la moción ha salido adelante, se ha producido la unanimidad, y los familiares de los fusilados han respirado tranquilos. La legítima representación del pueblo de Navarra les ha manifestado su calor y su cariño. Que los suyos, que son también los nuestros, descansen en paz.

La importancia de un maestro

 

Razones de tipo profesional, un Pleno del Parlamento de Navarra, me impiden estar hoy presente en el merecido homenaje que la comunidad educativa de Oteiza, a la que estoy seguro se unirá buena parte del pueblo, va a tributar a José Luis de Antonio. Permitidme, por tanto, que me haga presente mediante estas líneas en un acto que fundamentalmente pretende decir GRACIAS.

A lo largo de nuestra vida hemos tenido infinidad de profesores. Como reflejo que son de la misma sociedad, en el lote los ha habido buenos, malos y regulares. Pero hay algunos, que han dejado una huella imborrable. Por su saber, por su humanidad, por su cercanía, por su saber estar y decir, por tantas cosas… Estoy seguro que uno de ellos, para muchos oteizanos y oteizanas es José Luis, mucho más que un maestro, aunque esto sea lo más importante.

Vivo en Oteiza desde el año 1982. Y he tenido la oportunidad de conocer a José Luis en una triple faceta: como profesor del centro, como maestro de mis hijos y como director de una escuela, el colegio público “San Salvador” que de su mano ha pasado de ser un modesto centro del siglo XX a estar en la vanguardia de la escuela rural del siglo XXI. Porque José Luis siempre ha tenido claro que esta escuela debía de ser, además de la única, la mejor, para que nadie tuviera necesidad de salir de nuestro pueblo hasta la etapa de secundaria.

Como profesor del centro, José Luis ha sido un profesional comprometido y cabal. Una persona para la que la tarea docente no consistía sólo en impartir conocimientos, sino en despertar y desarrollar en sus alumnos y alumnas valores, principios, normas y conductas de vida. Es decir, un verdadero maestro en el pleno sentido de la palabra.

José Luis ha sido también el maestro de mis hijos. Y la tarea de tutor, una misión delicada y difícil para la que no todos estamos dotados, la ha realizado con discreción, sensibilidad y cercanía. Siempre con la palabra adecuada para no molestar, pero también con la claridad suficiente para saber cuál era la situación concreta. Uno no puede menos que echar la vista atrás y recordar las múltiples ocasiones en que, allá abajo o aquí arriba, se ha acercado a recibir notas, a comentar problemas o a recibir alguna que otra advertencia. En nombre propio y de Javier e Iñigo, que así me lo han manifestado, muchas gracias.

José Luis ha sido también la columna vertebral de un colegio que ha experimentado en pocas décadas cambios extraordinarios, y casi todos para bien. Ayudado por el discreto y eficaz Jesús Mari, conoció cómo las instalaciones de las escuelas viejas se quedaban pequeñas. Ayudó y mucho a que el actual colegio pudiera ser una realidad en su actual ubicación, limando asperezas con ayuntamientos de uno y otro signo, animando a involucrarse a la Asociación de Padres y Madres en todas las actividades de la vida del centro, y siendo un interlocutor respetado y apreciado por la Administración Educativa correspondiente.

Y finalmente, la actual ampliación, satisfacción y orgullo de nuestro pueblo, le debe a él buena parte de su posibilidad y de su éxito. Con pulso firme para buscar la mejor solución, paciencia para soportar una temporada incómoda de obras, mano izquierda para sortear todas las dificultades. Y todo ello entre el cariño de sus alumnos y alumnas, el agradecimiento de los sucesivos consistorios y el respeto de los muchos compañeros y compañeras que han pasado por las aulas del centro.

Querido José Luis, puedes jubilarte con la satisfacción del deber cumplido. Varias generaciones de oteizanos y oteizanas te recordarán con cariño y gratitud. Y siempre que pasen por los alrededores de la escuela o vuelvan a ella con sus hijos y nietos, recordarán: yo tuve un maestro que me enseñó y me educó, que se llamaba José Luis. Este es tu éxito y tu corona.

Por todo ello y en nombre de todos y todas, Felicidades y Enhorabuena.

Pregunta oral a Pleno en relación con la ampliación prevista del Museo de Navarra

 

Román Felones Morrás, parlamentario foral adscrito al grupo “Socialistas del Parlamento de Navarra”, al amparo de lo previsto en el artículo 191 del Reglamento de la Cámara, solicita respuesta  oral en Pleno en relación con el protocolo a suscribir con el Ayuntamiento de Pamplona para la ampliación del Museo de Navarra.

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

El Ejecutivo foral acordó en su sesión del día 21 de junio aprobar el texto del protocolo general que se suscribirá con el Ayuntamiento de Pamplona para la cesión de un inmueble municipal situado en la calle Descalzos 72 de Pamplona para la construcción de un nuevo centro de primer ciclo de Educación Infantil. Dicho inmueble alberga hoy las dependencias del área de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona, que van a ser trasladadas a otro lugar de la capital.

En dicho lugar, el Gobierno de Navarra pretende ampliar la actual sede del Museo de Navarra, lo que permitirá, en opinión del Ejecutivo, mejorar su misión cultural, programar actividades culturales y de ocio creativo y aumentar el número de visitantes, además de activar económicamente a las empresas de servicios relacionadas con este sector cultural.

Para hacer posible tal actuación, el Gobierno de Navarra se hará cargo de los gastos derivados de las obras necesarias para albergar en el inmueble municipal de Descalzos el centro de primer ciclo de Educación Infantil, así como de las obras de ampliación del Museo, una vez finalizada la construcción del nuevo centro infantil.

A la vista de todo eso, interesa conocer:

TEXTO DE LA PREGUNTA

¿Cuál es el horizonte temporal de esta actuación?

¿Qué coste aproximado tendrá la doble inversión prevista?

¿Qué uso básico tendrá la nueva zona ampliada?

Pamplona a 22 de junio de 2010

Román Felones Morrás

Portavoz de Cultura y Turismo

Discrepancia, desde el respeto

 

Nací a comienzos de la década del cincuenta, y me eduqué en la muy católica Navarra, dentro de la doctrina del nacional-catolicismo imperante en aquellos años. Lo digo sin rencor alguno y agradecido a un tipo de educación, hija de su tiempo, con algunas cosas malas y muchas cosas buenas que me han servido de guía a lo largo de mi vida. En aquella Navarra de mi niñez la imagen del Corazón de Jesús era omnipresente: figuras en las puertas y fachadas, estampas en los libros de oración, imágenes sedentes presidiendo el cuarto de estar donde lo había. Y, por supuesto, una imagen ya clásica en todas las iglesias, coincidiendo con la propagación de su culto desde el siglo XIX.

Aquella época de fervor, que pretendía reivindicar el protagonismo de lo cristiano en una sociedad progresivamente secularizada, culminó con la inauguración de un monumento en el Cerro de Los Ángeles, centro geográfico de la Península, y  la consagración de España al Corazón de Jesús el 30 de mayo de 1919 por el rey Alfonso XIII, en una ceremonia solemnísima presidida por el nuncio de Su Santidad. En definitiva, una ceremonia hija de su tiempo difícilmente trasplantable a la España de hoy.

Pues bien, lo que parecía difícil, ha sucedido. El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, monseñor Francisco Pérez, siguiendo la estela de otras diócesis españolas, ha procedido a renovar la consagración de Navarra al Corazón de Jesús. Este es el resumen de la ceremonia tomado de la propia web diocesana: “Las diócesis navarras renovaron este fin de semana la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, presididas por el arzobispo Mons. Francisco Pérez, acompañado de decenas de sacerdotes y de miles de fieles. La celebración tuvo lugar en Tudela en la tarde del sábado y el domingo por la tarde en Pamplona. Durante la celebración en Pamplona, Mons. Francisco Pérez bendijo la estatua de bronce de 6 metros de altura situada en el recinto del Seminario Diocesano y sufragada con las aportaciones de los fieles. Los actos de consagración dieron comienzo con la oración de vísperas en la parroquia de San Miguel y una solemne procesión por toda la ciudad hasta el monumento al Sagrado Corazón de Jesús. En la procesión participaron las secciones de la Adoración Nocturna de Navarra, los auroros de Navarra, los niños de primera comunión, un grupo de cien monaguillos, las cofradías y asociaciones religiosas de la diócesis, así como autoridades civiles, académicas y militares, un centenar de sacerdotes y miles de fieles”.

¿Es esto lo que la Iglesia navarra necesita? Lamento, desde el respeto, no compartir ni el diagnóstico ni los métodos utilizados. En una sociedad secularizada, en la que la presencia de lo religioso afortunadamente ha perdido prestancia social, económica y mediática, no me parece oportuno gastar los esfuerzos en fastos externos que corresponden a otra mentalidad religiosa y son más propios de otro tiempo. El desafío de la comunidad cristiana en Navarra hoy es que el liderazgo de la Iglesia, en cuanto poder institucional o de grupo, dé paso al hombre. A todo hombre, pero especialmente a aquel que menos tiene. Porque el señorío de Jesús sobre la historia se hace efectivo por el amor a los hambrientos, sedientos, desnudos, forasteros, enfermos, encarcelados… y de estos en Navarra los tenemos cada vez más abundantes. No es el hombre para la Iglesia, sino la Iglesia para el hombre.

Desde mi condición de cristiano y católico, desde el respeto a la Iglesia navarra que también es la mía, lamento no compartir esta iniciativa.

El circuito de Los Arcos

 

Ayer participé en la inauguración del Circuito de Velocidad de Navarra, ubicado en Los Arcos, mi localidad natal. A lo largo de su construcción sólo lo había visitado una vez, y en el contexto de un plan de actuación para poner en marcha el Plan Director de Santa María de Los Arcos, del que les hablaré a ustedes en otra ocasión. Ya entonces me pareció una obra faraónica, de difícil justificación para quienes no vivimos de cerca el apasionante y apasionado mundo del motor. He seguido con inquietud y preocupación su desarrollo, la ampliación de capital y las preguntas parlamentarias que el Gobierno de Navarra no ha tenido demasiado interés en contestar. Pero la obra se ha culminado, y en medio de un cierto caos en los accesos, fue inaugurado ayer en una jornada de puertas abiertas exitosa y multitudinaria.

El circuito pretende cumplir varios objetivos: ser, en primer lugar, una instalación deportiva de primer nivel que empuje y dinamice el sector del motor en la Comunidad y en su zona de influencia. Los próximos campeonatos nos permitirán apreciar si ese objetivo es alcanzable o es una pretensión quimérica que quedará en agua de borrajas.

El segundo objetivo es dinamizar económica y socialmente Tierra Estella, empezando por el propio municipio de Los Arcos. Resulta sorprendente que por el momento sólo se haya levantado una gasolinera y un modesto hotel de escasas habitaciones en sus inmediaciones. Si las cifras que se barajan son verdad, el municipio verdaderamente beneficiado de su construcción será Logroño, ya que dispone de infraestructura hotelera y está a solo veinte minutos por autoría. En consecuencia, queda mucho camino por recorrer y el empuje público y la iniciativa privada serán claves para complementar la inversión efectuada.

Y Los Arcos, ¿qué beneficio sacará de esta instalación? Cabe esperar que grande, pero los datos de ayer resultaron algo decepcionantes. Las barras instaladas por los bares para servir a los varios miles de personas que se presumía se acercarían a la localidad, prácticamente no se utilizaron y la presencia de visitantes fue mucho menor de la esperada. He ahí una asignatura pendiente que las autoridades forales y municipales tendrán que estudiar para que el circuito repercuta de forma positiva en la mejora de la calidad de vida de los habitantes del entorno y no sufran sólo sus inconvenientes.

Victor Pastor y yo, autores del Panorama dedicado a Los Arcos, en un aparte tras la inauguración, hacíamos una referencia al pasado y al futuro. ¡Cuánto nos gustaría que la próxima edición del texto tuviera que incorporar un nuevo capítulo de la historia de la villa dedicado al Circuito de Velocidad y su impacto! Sería la mejor señal de que el circuito, junto con el polígono industrial, se había convertido en una verdadero hito. Como arqueños y como historiadores, quedamos a la espera.

Los nuevos “Principe de Viana”

 

El 15 de marzo de 1990, el Gobierno de Navarra instituyó el premio Príncipe de Viana de la Cultura con carácter único y periodicidad anual. La nómina de premiados, 20 años después, resulta representativa y fecunda. Navarros todos ellos o directamente vinculados a Navarra, la cultura está representada en su amplia y poliédrica dimensión. El grupo dominante lo constituyen hombres y mujeres vinculados directamente a las humanidades,  pero también hay arquitectos, científicos, músicos e ingenieros. Y, junto a ellos, como ejemplo de apoyo a instituciones y colectivos, una masa coral tan querida y respetada como el Orfeón Pamplonés. Una nómina que prestigia a una pequeña  Comunidad como la nuestra y permite reconocer a algunas de sus personalidades más ilustres. Los premios se entregaban en Leire, sin duda un ámbito emblemático. El monasterio legerense representa como ningún otro nuestras raíces y el empeño por recordar nuestra identidad, anclados armoniosamente en los nuevos espacios que nos son propios: la España constitucional y la Europa democrática.

La presencia de la familia real casi desde sus inicios, y la ceremonia religiosa de homenaje y recuerdo a los reyes del antiguo reino de Navarra, le dieron al premio solemnidad, consistencia y un marco difícilmente repetible. Los que hemos tenido la fortuna de asistir asiduamente a su entrega sabemos de sus relativas incomodidades y estrecheces, pero también de su poesía, arte y encanto.

En los últimos años comenzaba a dibujarse una cierta dificultad para sostener la calidad de los premiados y se fue abriendo paso la idea de buscar un nuevo marco y enfoques más amplios. Finalmente, el Gobierno de Navarra, en enero de este mismo año, instituyó los Premios Internacionales de Navarra Príncipe de Viana. Con esta decisión se reordenó el funcionamiento de dos de los premios más destacados establecidos hasta ese momento, el de Cultura y el de Solidaridad, y se creó un tercero, el de Atención a la Dependencia. Tres sectores, sin duda, en los que Navarra ha realizado un esfuerzo encomiable y que constituyen un exponente de algunos de nuestros mejores logros como sociedad. La principal novedad es que son premios internacionales y, en consecuencia, reconocen iniciativas y trayectorias no sólo de Navarra o de España, sino de cualquier lugar del mundo.

El pasado día 9 de junio, se celebró en Baluarte la entrega de los premios en su segunda etapa. Fueron galardonados el lingüista alemán Jünger Untermann, la misionera española Isabel Martín, creadora de la organización Creative Handicrafts, enraizada en India, y la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA). El marco resultó más amplio y cómodo, pero también menos evocador y entrañable. La ceremonia, correcta e impecable desde el punto de vista organizativo y protocolario, pecó de falta de agilidad y cierta monotonía. Y la ausencia de premiados de casa restó calor y cercanía a unos galardones que corren el riesgo de pasar inadvertidos a escala nacional e internacional –donde difícilmente competirán con otros de mayor lustre y antigüedad- y perder el carácter propio que tenían los anteriores.

No es fácil resolver este dilema. Algunos pensarán que Navarra, como región puntera europea que pretende ser, necesita salir de sus mugas forales, abrirse al mundo y darse a conocer en determinados ámbitos aprovechando la presencia de los Príncipes de Asturias y de Viana. Otros, sin embargo, opinarán que el carácter internacional nos viene grande y que Navarra debería centrar sus esfuerzos en premiar a sus hijos e hijas más ilustres. En todo caso, por ser esto obligado, habrá que repensar otros premios como la Medalla de Oro de Navarra o la Cruz de Carlos III el Noble.

¡Que acertemos con jurados y premiados y que los galardones sean un éxito!

Diario de  Navarra, 17/6/2010