Dialéctica parlamentaria

Congreso

La Constitución española de 1978, que en pocos días cumplirá cuarenta años, proclama en su artículo 1: “1.- España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. 2.- La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. 3.- La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

Sirva esta referencia literal como mi homenaje personal a un texto que, con los achaques propios de la edad, es, en palabras de Jorge de Esteban, “uno de los textos más completos y progresistas entre las Constituciones vigentes”.

El artículo 66 de la misma Constitución, dedicado a las Cortes Generales, dice a su vez: “1.- Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado. 2.- Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución. 3.- Las Cortes Generales son inviolables”.

De estos dos artículos se deduce la crucial misión que la Constitución otorga a los diputados y senadores, verdaderos depositarios de la soberanía nacional. Una soberanía que se expresa en múltiples opciones políticas, lo que exige una renovada capacidad de diálogo y entendimiento para hacer posible la gobernación del país.

El panorama parlamentario actual presenta algunas características que lo condicionan y mediatizan. Enumeradas brevemente serían las siguientes: la preponderancia del poder Ejecutivo en el día a día y su tendencia a condicionar a los otros dos poderes; la tiranía de los partidos, que apenas dejan lugar a la discrepancia y a la libertad de voto, al margen de los argumentos que se expresen para la defensa de unas u otras opciones; la importancia de la televisión, que condiciona los debates de una manera significativa, hasta el punto de que los discursos lo son más para los ciudadanos ausentes que para los diputados y senadores presentes; la pérdida de las cualidades que resultaban inherentes a la dinámica parlamentaria: oratoria, elocuencia, capacidad de repentización, manejo de la palabra, dicción adecuada y otras cualidades conexas; y para enrevesar aún más el panorama, una fragmentación parlamentaria que dificulta alcanzar las mayorías necesarias para dotar de estabilidad a la vida política nacional.

Nuestros diputados han escrito páginas memorables del buen hacer parlamentario: desde los prohombres de Cádiz y la Primera República, pasando por la Restauración y la Segunda República. También nuestras Cortes democráticas han conocido momentos brillantes e ingeniosos. Remito al gran Luis Carandell y su conocido libro de El show de sus señorías. Antología de anécdotas parlamentarias, para quien quiera deleitarse con su lectura.

Lamentablemente, las últimas semanas no se habla de estas cosas. La vida política nacional se ha tensionado en exceso. Los debates ya no son tales, sino zafios intercambios de reproches e insultos que parecen excitar a los diputados presentes en el hemiciclo, jaleados por los suyos, en la misma medida en que nos abochornan a los ciudadanos que asistimos sorprendidos y molestos, cuando no cabreados, a semejante espectáculo. Sin ánimo de generalizar, porque hay honrosas excepciones, a la mayoría parece serle de aplicación la anécdota que se cuenta de un diputado que fue reprobado por sus votantes por no tomar nunca la palabra, a lo que él contexto: ¿vosotros no oís con frecuencia gritos y protestas en el hemiciclo? Yo siempre estoy ahí.

Es hora de cambiar esta penosa dinámica. En la vida parlamentaria la forma es el fondo, y más que en ningún otro ámbito, la palabra deber ser elemento de debate y persuasión, nunca exabrupto zafio lanzado contra el adversario. Reconozcámoslo, no todos valemos para todo, y a un buen número de diputados y senadores, el hemiciclo, sede la soberanía nacional, les viene muy grande.

Lo dicho para las Cortes Generales, es de aplicación para el Parlamento de Navarra. Creo hablar con conocimiento de causa, porque durante siete años ocupé uno de sus escaños. No soy de los que opinan que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero cuando escucho determinadas intervenciones en los medios de comunicación, siento un poco de vergüenza ajena. Seleccionar mejor, preparar adecuadamente los temas -que casi todos tienen dedicación exclusiva-, y buscar el interés general son las pautas que permitirán una mejor valoración por parte de la ciudadanía. Ciudadanía, no lo olviden sus señorías, que los ha votado y a cuyo servicio se deben.

Diario de Navarra, 29/11/2018

 

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Mucho más que San Fermín

Domench

Ficha técnica

Título: Navarra y sus tradiciones

Autor: José María Domench García

Editorial: Almuzara

Lugar y fecha de edición: Córdoba, 2018

Páginas: 171

Precio: 19 euros

Los libros vinculados a la etnografía y la etnología de Navarra no son infrecuentes entre nosotros. La mayoría de ellos han sido editados en nuestra Comunidad y tienen un sello institucional. El libro objeto de nuestro comentario sigue la senda de los descritos pero presenta tres novedades de interés: el autor, sus destinatarios y su planteamiento.

José María Domench es persona muy conocida en el mundo editorial navarro en su doble faceta de editor y autor de numerosas publicaciones, sólo o en compañía de Luis Azpilicueta, a quien está dedicado el libro. Se trata, por tanto, de un autor veterano y curtido que conoce bien el asunto del que habla.

El libro está editado por Almuzara, una editorial con sede en Córdoba, fundada por el exministro de trabajo Manuel Pimentel y está inscrito en la sección de temas locales. De ahí que sus destinatarios sean, no tanto los navarros, sino cualquier ciudadano español interesado por estos temas.

Esto explica en buena medida el planteamiento del libro. Se trata de una síntesis en la que el texto es lo importante, dado que las fotografías, todas en blanco y negro, se limitan a subrayar el contenido. Éste abarca aspectos muy variados, tratados sucintamente. Destacan el calendario y sus fiestas, los santos sanadores y protectores, las romerías, las fiestas de hermandad, las ferias agrícolas y ganaderas, las ferias y mercados, las marchas cívicas y religiosas y la gastronomía tradicional. El libro añade tres pequeños apéndices de interés, sobre todo para foráneos: una nota preliminar sobre las denominaciones de las diferentes localidades de Navarra, una bibliografía sucinta, y un glosario con sustancia que recoge muchas de las expresiones -básicamente en euskera- recogidas en el libro.

Aunque no contenga novedades dignas de destacar, es una buena síntesis para conocer las tradiciones de una tierra que, como subraya el libro en su portada, “es mucho más que San Fermín”.

Diario de Navarra, 9/11/2018

 

La Biblia, su mejor libro

Ficha técnica

Título: 60 años. Historia de Editorial Verbo Divino 1956-2016

Autor: Adam Peter Grondziel Richter

Editorial: Verbo Divino

Lugar y fecha de edición: Estella, 2018

Páginas: 511

Precio: edición no venal

La Congregación de Misioneros del Verbo Divino fundó en Estella en 1956 un “Instituto Profesional de Hermanos Misioneros” dotado de una pequeña imprenta que inició su andadura con la publicación de una sencilla edición de los Santos Evangelios. Sesenta y dos años después, la editorial Verbo Divino, que sigue teniendo su sede principal en Navarra, se ha convertido en una de las casas editoras con mayor producción y difusión de la Biblia, sobre todo en el mundo hispano. Más de 1500 títulos bíblicos, además de ámbitos como la ética o la sociología, componen su copioso legado. La Biblia latinoamericana, Biblia Católica de la familia, La Biblia hispanoamericana, La Biblia joven, La Biblia Verbo Divino, La Biblia Católica para jóvenes, La Biblia. Libro del pueblo de Dios, entre otros, son el resultado de esa historia laboriosa y callada desarrollada en Estella y dirigida a todo el mundo.

La propia editorial acaba de recoger la historia de estos sesenta años de trabajo en un libro homenaje que trasciende con mucho su carácter conmemorativo. El libro consta de tres partes fundamentales bien definidas. La primera narra de forma minuciosa y en ocho capítulos, la historia de la editorial a lo largo de estos sesenta años. Tal vez el más interesante para el lector sea el octavo, titulado “La Biblia, nuestro mejor libro”, en el que se recogen las aportaciones más interesantes en el proceso de difusión de la Biblia por todo el mundo. La segunda, abarca el testimonio de personas vinculadas a la editorial, tanto miembros de la congregación como seglares. Una biografía de cada uno de los directores de la editorial y un amplio reportaje fotográfico cierran la tercera parte.

El libro, de gran formato y primorosamente editado, constituye una interesante aportación a la historia del sector editorial en Navarra

Diario de Navarra, 9/11/2018

 

 

 

Nuestra Iglesia diocesana

iGLEISA

Al leer el enunciado del artículo, más de uno pensará que me he equivocado de sección. Pero quisiera creer que el asunto del que les hablo interesa a no pocos, sean creyentes sociológicos, miembros activos de esta Iglesia diocesana o agnósticos. Desde una perspectiva estrictamente laical, me gustaría contribuir a un debate necesario, que la propia Iglesia nos plantea.

El domingo pasado se celebró en toda España, y por tanto también en Navarra, el día de la Iglesia diocesana. Una jornada en la que se nos invitaba a orar y a colaborar económicamente para ayudar al sostenimiento de la misma “con el deseo de que pueda servir mejor y más adecuadamente en todos los campos en los que trabaja en favor de la sociedad”, en palabras de Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela.

Bajo el lema de “Somos una gran familia contigo”, la diócesis entregó un folleto en el que se pretendía subrayar tres aspectos: una Iglesia que es familia, una Iglesia que es transparente, y una Iglesia que comparte y ayuda. Sin dudar de la buena voluntad de la campaña y los esfuerzos de la propia Iglesia por lograr los objetivos perseguidos, convengamos en que el punto de partida no es halagüeño, el reto no es fácil y la labor resulta francamente ímproba.

La Iglesia católica en Navarra se encuentra inmersa en una sociedad descarnadamente secularizada en la que ha perdido, afortunadamente, buena parte de su poder político y de su influencia social. Una Iglesia, además, que si medimos su éxito por la celebración de los sacramentos -bautizos, comuniones, confirmaciones, matrimonios- y la asistencia a la misa dominical, se encuentra en franca regresión. A ello se une la disminución del número de sacerdotes, religiosos y misioneros, tan abundantes en otras épocas, lo que obliga a plantearse una nueva organización y estructura para hacer frente a los nuevos tiempos.

Ante este panorama, ¿qué debemos hacer?. En esta tarde hermosamente otoñal, desde el rincón de la Navarra rural en la que habito, se me ocurren algunas propuestas que dejo enumeradas, aunque necesitarían un mayor desarrollo.

Lejos del boato de antaño, convertida de nuevo en levadura en la masa, la Iglesia que peregrina en Navarra debe ser consciente de su situación y tener clara su misión fundamental: anunciar la “buena noticia” y acompañar a los creyentes en Jesús de Nazaret en su vida de fe y esperanza. Más que la cantidad, lo que debe primar es la búsqueda de la calidad de esa fe, sabiendo que lo importante no es tanto la palabra que se anuncia como los hechos que se viven.

Esta vivencia y la situación descrita nos obligan a variar la orientación y la estructura radicalmente jerárquica de la Iglesia institucional. Por necesidad y convicción, los laicos debemos aumentar nuestro protagonismo en la vida ordinaria de la Iglesia, reservando a los clérigos lo que les es propio. Son pocos, serán menos y, en consecuencia, la actividad litúrgica y pastoral difícilmente podrá pivotar sobre la misa dominical. Se imponen otros usos y alternativas que no exijan la presencia del sacerdote. Animar la fe vivida en grupos reducidos, y orar juntos, sea en la iglesia o fuera de ella, serán realidades que acabarán imponiéndose.

Consecuencia de lo anterior, esta Iglesia deberemos mantenerla los que formamos parte de ella. Afortunadamente no es poco lo avanzado. En 2017, de los casi 23 millones de euros ingresados por la diócesis, más de 16 millones, el 71% del total, procedieron de las aportaciones voluntarias de los fieles y la asignación tributaria. La autofinanciación nos dará mayor conciencia de pertenencia, mayor responsabilidad y mayor libertad en nuestra actuación.

Nuestra Iglesia de Navarra está compuesta básicamente por una feligresía muy mayor. No hace falta sino ver los asistentes a la misa dominical. Acercarse a los jóvenes, contar con ellos y tenerlos en cuenta en todos los planes de pastoral, con todas las dificultades que esto supone, debería ser una prioridad inexcusable. Y esto nos lleva a plantearnos la tarea educativa desarrollada por los numerosos centros católicos presentes en la Comunidad. ¿Son semilla de cristianos comprometidos y responsables o cumplen otra misión?

Y una última idea para terminar. La Iglesia está para servir, no para ser servida. Y siendo medianamente fieles a la doctrina evangélica, las prioridades están meridianamente claras: los pobres y marginados.

Tras estas reflexiones, confieso que no tengo claro cómo será nuestra Iglesia diocesana del futuro. Solo sé que será más laica y menos clerical, más personal y menos cultual. Y que urge avanzar en esta dirección. Cuanto más tardemos, más difícil será la adaptación.

Diario de Navarra, 15/11/2018

 

Una buena cosecha musical

Müsica

Título: Navarra/Música

Autor: María Gembero-Ustárroz

Editorial: Gobierno de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2016

Páginas: 365

Precio: 24 euros

Sagaseta

Título: Catálogo del archivo de música. Catedral de Pamplona

Autor: Aurelio Sagaseta Aríztegui

Editorial: Analecta

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2015

Páginas: 636

Precio: 58 euros

La web: http://www.archivomusica-catedralpamplona.org

Esta sección inició su andadura en marzo de este año. Pretende dar a conocer las novedades que aparezcan en el ámbito de la historia ampliamente considerada, sean editadas o referidas a Navarra. En consecuencia, quedan fuera del ámbito de la sección las publicaciones anteriores a esa fecha. Pero me van a permitir que haga una excepción, tanto con la fecha como con el formato, porque una novedad aparecida en los últimos meses nos remite a dos obras que, a mi juicio, son lo más importante aparecido en materia musical en Navarra en el último lustro.

La historia de la música en Navarra disponía de textos de interés, pero no había ninguna aproximación de carácter general que permitiera hablar de una historia de la música propiamente dicha. La colección “Navarra”, editada por el gobierno foral, venía presentando libros referidos a la geografía, la historia, la etnografía, la literatura y la fotografía. En 2016 apareció Navarra/Música, obra de María Gembero-Ustárroz. El estudio abarca seis capítulos y un epílogo. Los cinco primeros, que ocupan 250 páginas, hacen referencia a una visión diacrónica que va de la prehistoria hasta mediados del siglo XX. El sexto está dedicado a las músicas tradicionales y populares y presenta un breve apunte sobre algunas músicas populares urbanas en Navarra a partir del siglo XX. El libro incluye también una selección de ediciones musicales, una completa bibliografía y un exhaustivo índice onomástico y toponímico.

La empresa no era ni fácil, pero la autora ha superado con creces las expectativas previstas. Cubierto brillantemente el hueco que faltaba en el ámbito de la historia de la música, la monografía es, sin duda, el libro de referencia para cualquier lector interesado en el tema.

La catedral de Pamplona guarda el archivo histórico de música religiosa más importante de Navarra, con fondos que abarcan desde el siglo XIII hasta mediados del siglo XX. A principios del siglo XIII (1206) se documentan también los estatutos de creación y funcionamiento de la chantría catedralicia y su Capilla de Música ha tenido, con los altibajos propios de toda institución multicentenaria, una actividad musical ininterrumpida hasta la actualidad. Aurelio Sagaseta, su actual maestro de capilla desde 1962, con una dilatada tarea en variados frentes que abarcan la dirección, la composición, la docencia, la investigación y la divulgación musical, es el principal impulsor y responsable de un proyecto trabajado durante muchos lustros, que en este año 2018 ha visto definitivamente la luz: el acceso a todos los fondos musicales de la catedral.

Dicho proyecto ha constado de tres fases claramente diferenciadas. La primera llegó en 2012, cuando se procedió a la digitalización de todo el archivo de música de la catedral. En total, unas 75.000 páginas de música, la mayoría inéditas y exclusivas de la catedral de Pamplona.

Tres años después, una iniciativa conjunta del Cabildo, la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona y la Fundación Cajanavarra, permitió editar el libro Catálogo del archivo de música/ Catedral de Pamplona, obra también de Aurelio Sagaseta, editado por Analecta. Este volumen I abarca los fondos históricos, desde los orígenes a 1962.

La tercera fase, una realidad desde finales de abril del presente año, ha sido la creación de una página web que recoge los fondos del catálogo corregido y aumentado, con imágenes en color y una base de datos que permite interrelacionar todo el repertorio por autores, años, instrumentos, voces, etc, siendo pionero en España en este tipo de presentación.

Es obvio que, a diferencia de la anterior, no estamos ante una obra de divulgación, sino más bien ante un texto para especialistas, sean profesionales de música o del mundo académico. Pero los simples aficionados, curiosos, o amantes de historia, también podemos sacar provecho de su lectura. Para todos ellos recomiendo, tanto las primeras páginas del libro de Sagaseta, como el apartado de la Introducción de la página web. Constituyen una apretada historia de los fondos tanto no históricos como históricos, y son la síntesis de un importante capítulo de la historia de la música en Navarra.

De lo dicho se desprende que estamos ante dos obras tan distintas como complementarias, pero llamadas las dos a ocupar un lugar de primer orden en la bibliografía musical de Navarra. Por un lado, una síntesis divulgativa de la historia de la música en Navarra que nos permite, por vez primera, tener una visión de conjunto. Por otro, un catálogo que ha permitido preservar, mediante la digitalización, edición y puesta a disposición de todos los interesados, el fondo musical de la catedral de Pamplona, el más importante de la Comunidad.

Enhorabuena a los autores y a cuantos lo han hecho posible.

Diario de Navarra, 9/11/2018

James Rhodes, vida y música

Rhodes

Grandes Intérpretes es un ciclo ya clásico en la programación del teatro Gayarre. La propuesta para el curso 2018-2019 contempla la presencia de dos pianistas muy distintos entre sí, pero unidos por su amor a la música y su vertiente provocadora y poco convencional: James Rodhes e Ivo Pogorelich. El domingo nos visitó el primero de ellos. El Gayarre abarrotado, la presencia de un público más joven y distinto al habitual del ciclo, y el comportamiento de los asistentes, muy respetuoso durante la interpretación, pero ruidoso en los vítores y aplausos, eran evidencia clara de que estábamos ante un personaje mediático que desbordaba su perfil de concertista de piano. Y James Rhodes no defraudó: vestido informalmente, presentó sus obras de forma desenfadada en inglés y algo de castellano, interpretó de forma muy personal las obras de Bach, Chopin y Rachmaninov, ofreció cuatro bises muy aclamados y entusiasmó a casi todo el público asistente. Y digo a casi todos, porque a algunos reconocidos melómanos con los que conversé al final del concierto, no les convenció su interpretación. A mi buen amigo Xabier Armendáriz, que ayer publicó en este mismo medio la crítica del concierto, me remito para la valoración artística del intérprete.

James Rhodes es un buen concertista de piano. Él mismo reconoce que no está en el top ten de los pianistas actuales, ni mucho menos. Sin embargo, pocos instrumentistas gozan de tanto fervor mediático. Su lengua mordaz e incluso soez, su estilo desenfadado a la hora de presentarse a un concierto, normalmente en vaqueros, camiseta y playeras, y sus deseos de romper la norma establecida con explicaciones nada convencionales de las piezas que interpreta, son algunas de las razones de su éxito. Si a ello unimos una vida que él mismo resume de esta manera: “Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida”, no hay duda de que estamos ante un personaje interesante y singular, aunque a continuación lo deba calificar de estrafalario, valiente y poco convencional.

El libro que recoge su corta vida, no tiene sino 43 años, se titula Instrumental, el nombre de su sello musical, y se subtitula Memorias de música, medicina y locura. El que yo leí el año pasado iba ya por su séptima edición. La historia de su vida, dura y descarnada, tiene interés en lo que supone de testimonio personal. Un joven de clase bien, que debido a los abusos, querencias personales y compleja personalidad estaba abocado a ser carne de cañón y acabar mal, se redime gracias a un complejo proceso en el que la música tiene un papel preponderante. Él es consciente de la mala imagen que proyecta en su libro, pero a medida que el texto avanza, la esperanza comienza a tomar cuerpo. Mejora en lo personal, lo profesional y lo psicológico. Comienzan los conciertos, los programas de televisión, los escritos en la prensa. Y se enamora de nuevo. Siempre inestable y temeroso, se permite sin embargo dar una serie de consejos relativos a la relación de pareja que sorprenden porque a veces suenan a libros de autoayuda.

Pero el libro ofrece más. Tiene una tercera faceta que lo hace particularmente interesante. Todos los capítulos, que él llama temas, están introducidos por una obra para piano, con un comentario sobre la misma y la sugerencia de una grabación concreta. En ellos aparecen su trilogía preferida, Bach, Beethoven y Chopin, y algunos de los pianistas y directores de más lustre: Glen Gould -para él el mejor pianista de todos los tiempos-, Kissin, Ohlsson, Ashkenazy, Leonskaja, Tiempo, Pollini, Zimerman, Luisada, Lonquich, Lupu, Kocsis, además de Sokolov, en su opinión el mejor de los pianistas vivos. ¡Qué suerte haber podido escuchar en Pamplona, sobre todo de la mano de la Sociedad Filarmónica, a algunos de los autores citados!

Fiel a su estilo, sugiere además que compremos, robemos o escuchemos en streaming estos tres discos: Las Sinfonías 3 y 7 de Beethoven, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres; las Variaciones Goldberg de Bach, interpretadas por Glen Gould; y los Conciertos para piano 2 y 3 de Rachmaninov, con Andrei Gavrilov al piano. Todas las obras descritas pueden, a su vez, encontrarse en internet, en la página http:/bit.do/instrumental.

Bienvenido sea este aire fresco, si la consecuencia es la llegada de nuevos públicos a nuestros conciertos de música clásica. El tiempo dirá dónde llega como intérprete. Pogorelich apuntaba a la cumbre hace 25 años y lo tendremos el próximo mes de mayo en el Gayarre sin llegar a ella. Enhorabuena, en todo caso, al equipo del Teatro Gayarre por apuntarse este tanto en su programación.

Diario de Navarra, 1/11/2018