La entrevista

papa

Para los que seguimos de cerca la actualidad española, hay una entrevista que está en nuestro imaginario como paradigma de un género tan habitual como difícil: la que Iñaki Gabilondo le hizo a Felipe González, siendo éste presidente del Gobierno de España, en un momento particularmente complicado. A partir del domingo pasado, aunque por motivos distintos, aquella entrevista muchos la acompañaremos con otra, la que durante setenta minutos Jordi Évole realizó al papa Francisco en el Vaticano. Frente a estas dos exitosas, recordemos una fallida: la que hace unos años Jesús Hermida le hizo al rey Juan Carlos, que por excesivamente respetuosa, resultó vacía y sin ningún interés.

En la entrevista emitida el domingo pasado, un éxito indudable de audiencia, cabría distinguir dos planos: la forma y el fondo.

En cuanto a la forma, la heterodoxia estuvo presente de principio a fin: nada de pompa y solemnidad, ni en las personas, ni en el tratamiento, ni en el decorado. Si en vez de la sobria mesa de madera, se hubiese desarrollado en una mesa camilla, nuestra impresión hubiera sido la de una amable conversación ¡en español! entre un abuelo simpático y lúcido y un nieto talludito que recoge sus vivencias a mitad de camino entre el respeto y el desparpajo. Lo del abuelo no me lo invento. Así definió él cariñosamente la presencia del emérito Benedicto XVI en una entrevista: “es como tener al abuelo en casa”.

¿Por qué fue elegido Jordi Évole, un periodista de izquierdas, amable pero incisivo en sus preguntas, tan alejado de la nomenclatura oficial y eclesial? Yo me lo explico desde la apuesta firme de Francisco desde el primer día por las periferias entendidas en sentido amplio: geográficas, sociales, culturales, ideológicas y religiosas. No hay sino que ver los países visitados por el Papa, mayoritariamente del tercer mundo, donde los católicos en muchas ocasiones son una minoría. No es por casualidad que Évole comenzara su programa con unas imágenes del Papa explicando el por qué de su nombre, en alusión a Francisco de Asís, hecho pobre para los pobres.

Pero, afortunadamente, más importante que la forma fue el fondo. Pactada para hablar básicamente de inmigración, la habilidad de Évole y la condescendencia de Francisco -más determinante la segunda que la primera- permitieron abordar otros muchos temas de actualidad, nada fáciles la mayor parte: la pobreza en el contexto del Vaticano, los abusos sexuales, el capitalismo, el periodismo, los nuevos pecados sociales, la riqueza, la homosexualidad, el feminismo, la curia romana, el aborto, la prostitución, la memoria histórica, la exhumación de Franco, las armas, los chismorreos, y hasta su día a día en el Vaticano, por citar los más importantes.

Vi a Francisco, probablemente la mayor referencia moral en el mundo de hoy, rotundo en sus juicios y admoniciones contra la inmigración, la construcción de muros o la venta de armas. Como la entrevista se dirigía básicamente al público español, Évole centró sus preguntas en la actuación de sus dirigentes. Las respuestas, desde las concertinas al Open Arms, no fueron nada complacientes. Hasta me parecieron más rotundas que las dedicadas a Trump, más elusivas, o a su vecino Salvini, que no apareció, paradigma de una infame actuación en la propia Italia.

Pero Francisco, además de referente moral, es cabeza visible de la Iglesia Católica. Y ahí, la doctrina se mantiene inmutable, léase la referida a la homosexualidad o el aborto. No cabía esperar otra cosa. Pero sí cabía esperar más en temas en los que los avances son lentos y en los que las reticencias las tiene en casa: la feminización de la Iglesia, pese a su cálida referencia al femenino del nombre; medidas drásticas contra la pederastia; la reforma de una curia que es más rémora burocrática que palanca de evangelización, por citar algunos casos. Confiemos en que Francisco, como le preguntó Évole, no haya echado el freno y el proceso puesto en marcha sea imparable.

En todo caso, que Francisco es un personaje extraordinario y singular quedó fuera de toda duda. Sus respuestas pudieron gustar más o menos, entusiasmar a unos, defraudar a otros y dejar indiferentes a los más, pero que un Papa se arriesgue a una entrevista con Évole, a tumba abierta y sin cuestionario previo es sinónimo de un deseo de cambio indudable. Y esto en una institución como la Iglesia católica, decantada en dos mil años de difícil y frágil equilibrio entre el mundo espiritual al que aspira y el mundo temporal del que se sirve. Y este cambio lo representa Francisco, un hombre maduro, sereno, con los pies en el suelo, un equilibrio psicológico envidiable que le permite dormir como un tronco en palabras textuales suyas, simpático, e incluso bromista, que el otro día, espoleado por Évole, nos deparó una entrevista inolvidable.

Diario de Navarra, 4/4/2019

 

Anuncios

Bértiz, o la Arcadia perdida

Bertiz

Ficha técnica

Título: El Señorío de Bértiz

Autor: Andoni Esparza Leibar

Editorial: Gobierno de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 159

Precio: 10 euros

El Señorío de Bértiz ha sido objeto de numerosos estudios. Tal vez el libro más conocido para el gran público es el publicado en 2001 por CajaNavarra y el Gobierno de Navarra, titulado El Parque Natural del Señorío de Bértiz, coordinado por Luis Azpilicueta y José María Domench, este último fallecido hace escasas fechas. Sirvan estas líneas de recuerdo y agradecimiento a un hombre que hizo de la edición su profesión y su pasión.

El presente libro, frente a otros que centran su atención en el parque natural, es un texto básicamente histórico, en el que, tras describir el dominio aristocrático, va sucesivamente analizando la familia Bértiz al frente del Señorío, los Alducin, El Señorío bajo los marqueses de Vessolla, la propiedad de los Oteiza, Bértiz en manos de Pedro Ciga, y la historia reciente hasta su conversión en parque natural.

El texto permite hacerse una idea cabal del devenir histórico del Señorío, objetivo último que persigue.

Hoy el enclave ha quedado convertido en un bosque y un paraje de ensueño, y es para muchos navarros sinónimo de la Arcadia perdida, feliz expresión que Javier Eder utiliza en su hermosa introducción. Un territorio que, de haberlo conocido, hubiera deseado para sí el dios Pan, frente a los parajes menos idílicos de la región del Peloponeso en los que la mitología griega ubica la Arcadia genuina.

Diario de Navarra, 15/3/2019

Un álbum familiar de la Navarra que se nos fue

Imaginario

Ficha técnica

Título: Imaginario. Fotofragmentos de vida. Navarra 1900-1950/ Irudiak. Bizitza argazkiak. Nafarroa 1900-1950

Autoras: Celia Martín Larumbe y Maite Pérez Larumbe

Editorial: Gobierno de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 235

Precio: 38 euros

Los fondos fotográficos que custodian el Museo de Navarra y la fototeca del Archivo Real y General de Navarra constituyen una fuente de gran interés para conocer una Navarra que está a punto de desaparecer. Hasta las décadas centrales del pasado siglo, Navarra era todavía una tierra fundamentalmente rural y agraria, gobernada en cuerpos y almas tras la guerra civil por el llamado nacionalcatolicismo. Pero con la llegada de la segunda mitad, Navarra aceleró su proceso de cambios en proporciones muy superiores a lo reflejado a lo largo de su historia. La economía de base agraria dejó paso a una producción industrial y a un incremento de los servicios, que han situado a Navarra entre las regiones españolas y europeas plenamente desarrolladas.

Que los cambios en todos los órdenes han sido particularmente drásticos, queda perfectamente reflejado en este libro, que abarca fragmentos de vida entre 1900 y 1950. Muy probablemente las jóvenes generaciones no se reconocen en ellas, pero para los que nacimos antes de 1960 son la viva estampa de un mundo que se nos fue.

El libro reúne 264 fotografías distribuidas en ocho secciones: infancia, trabajo, campo, ocio, deporte, salud, transporte y progreso. La autora señala con claridad en la muy ilustrativa Introducción que la selección está hecha desde la mirada de mujer del siglo XXI, que es la suya, nutrida de “mi ideología, mi cultura, mi gusto, mi sensibilidad, mis emociones y mis sentimientos”. El resultado en sus propias palabras sería el siguiente: “Ofrecemos pues un mosaico de imágenes heterogéneas que señalan la existencia de una enorme diversidad de gentes, realidades, presencias, sentimientos e identidades, todas ellas coexistentes en un mismo tiempo y espacio (…) Lo que aúna el conjunto de esta selección es la búsqueda de un eco humano (…) en el que nos reconocemos todavía (…) Una amalgama que dista de esa homogeneidad que solemos suponer a ese pasado común, del que tenemos una imagen mental preconcebida y estandarizada por el filtro del tipismo añejo”. Desde mi mirada, que no es la suya, creo que el libro tiene mucho de todo eso, a lo que hay que añadir el reflejo en cada lector de la vida personal y familiar en este caleidoscopio compartido.

El libro, de gran formato, lujosa y primorosamente editado, une a sus valores estéticos y formales, la cualidad de ser una plástica, hermosa y sugerente visión de la historia de Navarra. Un álbum familiar que nos abarca a todos, recomendable para ojear y disfrutar en bibliotecas y casas particulares.

Diario de Navarra, 15/3/2019

María Lacunza, una trayectoria silenciada

Lacunza

Ficha técnica

Título: Un momento en la luz, Vida, contexto y circunstancia de María Lacunza

Autor: Luis Garbayo Erviti

Editorial: Ken

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 315

Precio: 20 euros

En el preámbulo del libro que comentamos, Luis Garbayo suscita un interesante debate: ¿qué debe investigarse, la gran o la pequeña historia? Este dilema, que en otro tiempo tal vez tuviera algún interés, hoy carece de especial importancia. Lo relevante, a mi juicio, no es el tema, sino el procedimiento y el resultado. En definitiva, que se haga buena o mala historia. El autor, modestamente, se ubica en la pequeña historia y trata de justificarla: “esta historia es microscópica, tanto por la envergadura del personaje y su escasa proyección pública como por el tamaño del narrador. Sin embargo, a mi juicio contar esta vida menuda no es insignificante ya que puede servir para abrir una puerta -a mí se me ha abierto- además de al conocimiento de una época y de una sociedad, a un acontecimiento no suficientemente contado ni reconocido como fue la emergencia, el despertar, de un importante número de mujeres que con talento, convicción y arrojo personal reivindicaron su papel en la sociedad y en la historia en el primer tercio del siglo XX. Lamentablemente, la guerra y la posterior dictadura acabaron con todo aquel fervor como el pisotón que acaba con un insecto molesto”.

Aunque no haya sido previamente buscado, porque es la actualidad la que manda, no deja de ser revelador que los libros del mes correspondientes a diciembre de 2018 y febrero y marzo de 2019, hayan sido dedicados a la mujer navarra, individual o colectivamente considerada: Mujer e ideología en la dictadura franquista, de Gemma Piérola, Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi, de Manuel Martorell, y el que ahora comentamos. No me parece mala manera de festejar el Día Internacional de la Mujer, que acabamos de conmemorar.

La vida de María Lacunza Ezcurra (Pamplona 1900-Valencia 1984) está unida a un selecto grupo de mujeres, que brillaron con luz propia en tiempos de la II República, caso de Victoria Kent, Clara Campoamor, o la también navarra Matilde Huici. Pero a diferencia de ellas, María Lacunza no tuvo gran notoriedad pública. Pionera en los estudios de Derecho, fue la única alumna oficial de su clase en los cinco cursos de la carrera. Residió en Madrid en la Residencia de Señoritas, dependiente de la Institución Libre de Enseñanza. Se licenció en 1926 y, entre 1927 y 1931 tuvo bufete propio en Pamplona y San Sebastián. En 1932 ingresó como funcionaria en la dirección que más tarde se convertiría en el Instituto de Reforma Agraria. Al terminar la guerra civil fue depurada por el nuevo régimen y, tras renunciar a su plaza ante un obligatorio traslado a Sevilla, permaneció en Valencia hasta su muerte en 1984, sin volver a ejercer el derecho ni ninguna otra actividad profesional. En palabras de Luis Garbayo, “a pesar de no militar en ningún partido, ni tener una particular significación política, la guerra civil tuvo para María Lacunza un efecto profesionalmente devastador. Fue sancionada, sencillamente, por el delito de hacerse valer como licenciada en Derecho, como abogada, de servir como funcionaria al servicio del Estado. Para eso había estudiado a contracorriente, contra leyes y reglamentos injustos, contra varones temerosos de perder su poder, contra el espíritu de su tiempo”.

Desenterrar la historia de María Lacunza no ha debido de ser fácil. Pero la constancia y el buen hacer del autor han logrado su objetivo. La vida, el contexto y la circunstancia, como reza el subtítulo del libro, se hacen patentes en sus páginas, representadas a modo de imagen icónica por una toga que apenas pudo exhibir, pero que permaneció con ella hasta el fin de sus días.

El libro aúna los ingredientes de un impecable trabajo académico y el estilo fluido y ágil de un periodista bregado en el oficio. Y dado que el proyecto, edición, coordinación editorial y diseño son obra de KEN, editorial de probada y bien trabajada obra, el resultado no puede ser mejor: un libro elegante, austero y manejable que ayuda a conocer y hacer verdad la vida de María Lacunza, “un momento en la luz”, como acertadamente la titula Luis Garbayo, en frase tomada del poeta Eloy Sánchez Rosillo.

Diario de Navarra, 15/3/2019