Viaje a Madrid. Paradas de ida y vuelta (2) Soria

“Barbacana hacia Aragón en castellana tierra” (A. Machado)

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Estatua de Antonio Machado en la fachada del instituto que lleva su nombre

Campos de Soria

En esta ocasión no seguimos la ruta de Ólvega, el puerto de la Carrasca, con sus 1196 metros de altitud, y la carretera que, vía Gómara, nos llevará entre extensos campos de cereal hasta Almazán. Optamos por la carretera de Soria, vía Matalebreras y el puerto del Madero. Antonio Machado, que nos acompañará en nuestras paradas sorianas, reflejó en sus Campos de Soria con precisión y maestría el paisaje que nos acoje:

“Es la tierra de Soria árida y fría.

Por las colinas y las sierras calvas,

verdes pradillos, cerros cenicientos,

la primavera pasa

dejando entre las hierbas olorosas

sus diminutas margaritas blancas.

La tierra no revive, el campo sueña./

Al empezar abril está nevada

la espalda del Moncayo;

el caminante lleva en su bufanda

envueltos cuello y boca, y los pastores

pasan cubiertos con sus luengas capas.

La carretera, de largas rectas, nos permite contemplar dos elementos comunes a buena parte de las poblaciones hasta la capital de la provincia: iglesias románicas y torreones de vigilancia de la vieja frontera contra los musulmanes.

Soria histórica

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Vista de conjunto desde San Juan de Duero. En primer lugar, las junqueras y álamos del rio. A la izquierda, el puente y el parador sobre el viejo castillo. A la derecha, el caserío de la ciudad

El sistema de variantes, generalizado en los últimos lustros en todas la ciudades de España, supone una gran ventaja para el viajero, obsesionado por ganar tiempo, y para el tránsito ciudadano en la larga y sorda batalla entre vehículos y peatones por el dominio de la ciudad. Pero tiene también sus inconvenientes. Las ciudades han visto devaluadas sus entradas tradicionales, sus perspectivas urbanas y sus referencias históricas. Esto es muy visible en nuestro caso. La nacional 122, procedente de Zaragoza y Pamplona vía Ágreda, se ha convertido en las afueras de Soria en una áspera variante que bordea la ciudad, buscando sobre todo los accesos a Logroño, Burgos, Valladolid y Madrid. Su mejor virtud no es la belleza, pero si continuamos por ella, pasaremos por la curva de ballesta de la que habla Machado para referirse al Duero a su paso por la ciudad, y otearemos el cerro de Garray con las ruinas de la antigua Numancia, tan ponderada en nuestros viejos libros de historia como ejemplo de la lucha indígena frente a Roma.

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Vista general de la calle Collado con sus arcadas porticadas, arteria principal de la ciudad histórica

Les recomiendo que tomen la primera salida y entren en la ciudad por el camino tradicional. Casi de repente, se toparán con el arrabal, el Duero con sus junqueras y álamos, el puente medieval de datación incierta y un apretado caserío situado a 1.063 metros de altura, del que destacan el actual parador de turismo sobre las ruinas del castillo y las torres de sus iglesias y palacios.

Sobre los orígenes de Soria nada se sabe a ciencia cierta. La arqueología solo constata la existencia en el cerro del castillo de un asentamiento prerromano habitado por pastores, vinculado a la cercana Numancia. La huella romana tampoco es notable. Sin embargo, la ciudad acoge un museo especialmente interesante para conocer un territorio rico en yacimientos paleontológicos y arqueológicos, que nos llevarán desde Paleolítico inferior (yacimientos de Torralba y Ambrona en torno al 300.000 a. C.) hasta la Edad Media ( la Soria musulmana y la conquista cristiana). El periodo mejor representado es el correspondiente a la cultura celtíbera, con Numancia y sus restos como referencia indiscutible. El Museo, ampliado y remodelado a finales de los ochenta del pasado siglo, se encuentra situado en pleno centro de la ciudad y es una visita obligada que dejará huella.

Retomando el curso de los siglos, se especula que sería Fernán González, primer conde independiente de Castilla, quien habría erigido aquí una fortificación para proteger el paso del Duero. Conquistado posteriormente por Almanzor, retornaria a manos castellanas a comienzos del siglo XI, junto con otras plazas fuertes como Osma y San Esteban de Gormaz.

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Fachada de la iglesia de Santo Domingo, uno de los emblemas del románico soriano

Territorio fronterizo en disputa con el vecino reino de Aragón, la primera constancia documental de Soria aparece en el Cantar del Mío Cid. En 1134, reinando Alfonso VII, Soria quedaría definitivamente unida al devenir de Castilla. Durante el reinado de Alfonso VIII conoció un gran auge urbano, alcanzando con Alfonso X en 1256 nuevos privilegios. Soria se convirtió en un burgo dinámico, habitado por comerciantes, artesanos y clérigos, que creció en torno al collado que separa el monte del castillo y los cerros de alrededor, llegando a tener 36 parroquias.

La creación del Honrado Concejo de la Mesta en el último tercio del siglo XIII y el consiguiente auge del comercio de la lana, supusieron el definitivo florecimiento de la ciudad. Pese a que los siglos siguientes conocieron un lento y progresivo declive, el urbanismo soriano contiene buenas muestras de edificios de los siglos XVI, XVII y XVIII.

La ciudad comenzó a desperezarse a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Capital de provincia, y formando parte de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, Soria es hoy básicamente una población cercana a los 40.000 habitantes dedicados al comercio y los servicios, con modestos polígonos industriales en sus alrededores.

Soria artística

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Pocas imágenes tan evocadoras como las arcadas del claustro de San Juan de Duero, nutrido de influencias varias

Soria es una ciudad de reducidas dimensiones, propicia para el paseo sosegado y tranquilo, con bellísimos rincones y hermosas vistas. Permite además, dado su pequeño tamaño y lo apretado de su caserío, realizar un paseo por los estilos artísticos habidos en nuestro país entre los siglos XII al XX. De ahí que el románico, el gótico, el renacentista, el barroco, el neoclásico, el modernista y algún ejemplo de arte actual, convivan en su limitado espacio urbano.

Una visita planificada en sentido clásico, nos permite proponer dos itinerarios esenciales. El primero nos lleva desde la Alameda a la plaza Mayor, y pasa por las plazas, parques, monumentos y edificios civiles y religiosos más importantes de la población, vertebrados a lo largo del paseo del Collado, arteria de la Soria más tradicional. Es el espacio urbano por excelencia de la ciudad histórica. El segundo nos lleva desde la plaza Mayor hasta el Duero, pasando por ruinas, palacios y templos también indispensables en una visita a la ciudad.

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Fachada del palacio de los Ríos y Salcedo, hoy Archivo Histórico Provincial, principal edificio plateresco de la ciudad

En esa relación de estilos que señalábamos, el románico es el más característico y abundante. Coincide con el periodo de máximo esplendor urbano, sobre todo en su etapa final. A este estilo pertenecen la monumental portada de Santo Domingo; el claustro, la sala capitular, la portada y el museo de la concatedral de San Pedro; las ruinas del monasterio de San Juan de Duero, con el peculiar y evocador armazón de su primitivo claustro; y la bien articulada iglesia de San Juan de Rabanera, con su espectacular cimborrio.

El gótico nos dejó nuevos espacios remodelados en el grupo de iglesias románicas, además de capillas como la de los Calderones en la iglesia de Santa María la Mayor o la llamada torre de Doña Urraca.

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La fachada del palacio de los Condes de Gómara es una de las grandes  del renacimiento hispano

La euforia constructiva del siglo XVI también dejó huella en Soria. Destacan los palacios, sobre todo el de los Ríos y Salcedo, sede del Archivo Histórico Provincial y el de los condes de Gómara, uno de las grandes fachadas renacentistas españolas; y buena parte de la concatedral de San Pedro, con la fachada, el interior de bóvedas estrelladas y el retablo del altar mayor, entre otros. Sorprende que la ciudad no haya sido sede episcopal en su larga historia. Pero la existencia de la diócesis de Osma desde el siglo VI supuso un lastre del que no pudo zafarse. Los conflictos entre la catedral de Osma y la colegiata de San Pedro de Soria fueron constantes desde el siglo XIII, pero no fue hasta 1959 cuando Juan XXIII creó la diócesis de Osma-Soria y elevó a la colegiata de San Pedro al rango de concatedral.

El barroco nos dejó cuatro edificios bien conocidos: el palacio de los Linajes, hoy ayuntamiento, las ermitas de San Saturio, patrón de la ciudad, situada sobre el Duero, y la Virgen de Mirón, y el antiguo convento de jesuitas, hoy IES Antonio Machado, en el que el poeta dio clases de francés entre 1907 y 1912. Neoclásicos son el palacio de la Audiencia y la fuente de los Leones, ambos en la plaza Mayor.

La actual Alameda de Cervantes, un hermosísimo parque de propiedad municipal desde el siglo XVII, abre los espacios de los siglos XIX y XX. El Casino, con la imagen de Gerardo Diego en bronce, tomando un café y leyendo un libro en su portal; algunas casas modernistas; y el Museo Numantino son exponentes de esta arquitectura.

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El autor no pudo resistirse a tomar un café con el maestro Gerardo Diego a las puertas del Casino

Pero si algo llama la atención en la Soria de hoy es el cuidado aspecto de sus calles, su limpieza y el acertado mantenimiento de su casco histórico. Llegar hasta el centro con el aparcamiento subterráneo bajo el parque y encontrar una eficaz y amable oficina de información en la plaza de Mariano Granados, verdadero centro neurálgico de Soria, es otro de sus aciertos. Lo comprobarán cuando lleguen.

Soria, el Duero y los poetas

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Evocadora estampa machadiana con el olmo seco, la iglesia de la Virgen del Espino y el cementerio donde reposa Leonor

Soria y el Duero, ayer defensa y hoy lugar de esparcimiento, están indisolublemente unidos por varios motivos. El primero, el orográfico. Dionisio Ridruejo lo dice con poéticas palabras: “el Duero da a Soria un ceñido abrazo en sus roquedales grises antes de verdecerle la ribera de álamos y alejarse entre peñas”. Pero, más importante aún, es el poético. No hay río en la península ibérica más cantado por los poetas, ni ciudad española más vinculada a la poesía que la capital soriana. Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado -que encontró el amor en la joven Leonor y en el cementerio del Espino la dejó para siempre- y Gerardo Diego dieron vuelo a un territorio que tuvo continuidad en Dionisio Ridruejo y José García Nieto, entre otros poetas.

Así canta Machado sus riberas:

“He vuelto a ver los álamos dorados,

álamos del camino en la ribera

del Duero, entre San Polo y San Saturio,

tras la murallas viejas

de Soria -barbacana

hacia Aragón, en castellana tierra-”.

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Lápida de Leonor Izquierdo, esposa del poeta. Su rápida y sentida muerte la reflejó el poeta en estos versos: “Señor, ya estamos sólos mi corazón y el mar”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gerardo Diego, docente en el instituto de Soria como Machado, le canta así en su célebre poema:

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Vista del Duero, río poético por excelencia entre los peninsulares

Río Duero, río Duero,

nadie a acompañarte baja,

nadie se detiene a oír

tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde

la ciudad vuelve la espalda.

No quiere ver en tu espejo

su muralla desdentada (…)

Río Duero, río Duero,

nadie a estar contigo baja,

ya nadie quiere atender

tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados

que preguntan por sus almas

y siembran en tus espumas

palabras de amor, palabras”.

Para saber más

La visita a Soria puede prepararse de dos maneras distintas y complementarias: con las guías turísticas o con los libros de autor.

Entre las primeras destacamos PAZ SAZ, P., Soria, Anaya Touring, Madrid, 2016

Soria es tierra especialmente fértil en libros de autor. Aunque distintos entre sí, destacamos los siguientes:

RIDRUEJO, D., Soria, Gadir, Madrid, 2013. Político y escritor soriano muy notable, se trata del tomo dedicado a Soria que el autor publicó en 1975 con el nombre de Guía de Castilla la Vieja.

HERNÁNDEZ, A., Donde la vieja Castilla se acaba: Soria, Rimpego, León, 2015. Gran conocedor de Soria por ser durante muchos años cronista oficial de la ciudad, En palabras de Julio Llamazares, su prologuista, es “una declaración de amor y una introspección poética”.

LLAMAZARES, J., Cuaderno del Duero, Edilesa, León, 1999. Buen escritor de viajes, se trata de un libro poético e introspectivo en línea con el estilo del autor.

 

 

 

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Viaje a Madrid. Paradas de ida y vuelta (I) Ágreda

1.- Vista general

Vista general del caserío donde destacan, además de su privilegiada ubicación,  las siluetas de iglesias y palacios

A modo de introducción

Tengo sobre la mesa dos libros especialmente notables en la literatura de viajes del siglo XX: Castilla, de Azorín, publicado en 1912 y Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela, escrito a finales de 1947. Ambos textos, en lenguajes tan personales y distintos, nos relatan las andanzas de los autores por Castilla la Vieja, el primero, y la comarca de la Alcarria, hoy parte de Castilla La Mancha, el segundo. Los dos hicieron su recorrido de forma premiosa, sea en autobús o ferrocarril, visitaron ciudades y pueblos, se hospedaron en ventas, posadas y fondas, hablaron con los vecinos y contemplaron campos de cereal con escasa cosecha, hermosos paisajes, poblaciones decadentes y mucha amabilidad y hospitalidad.

La Castilla y la Alcarria de Azorín y Cela responden a una España ya desaparecida, la primera todavía sumida en la crisis existencial derivada de la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, y la segunda inmersa en una dura posguerra que todavía perduraría algunos lustros. El turismo entonces era cosa de extranjeros, intelectuales o excéntricos y la preocupación fundamental de los vecinos era llevarse algo a la boca y tirar para adelante.

3.- Azulejo

Azulejo. La imagen es tan modesta como representativa. las tres culturas presentes en el callejero de las casas

Hoy, pese a las dificultades y la dureza de una crisis que da la sensación de que ha venido para quedarse, la situación es bien distinta. Somos una potencia turística mundial, 70 millones de personas nos visitarán durante 2016, el turismo supuso un 11% del Producto Interior Bruto (PIB) de España en 2015 y, dadas las dificultades geopolíticas del mundo, nuestro país se ofrece como lugar seguro para pasar unas vacaciones. Y esto no solo en el turismo de sol y playa, sino también en el de interior, con atención especial a las rutas culturales, paisajísticas y gastronómicas.

Fruto del desarrollo y de la mejora social y cultural, el viaje es hoy también una actividad en alza entre nosotros. Los navarros, junto a vascos, catalanes y madrileños estamos a la cabeza en viajes realizados y dinero gastado, lo cual es una prueba más de nuestro desarrollo. La proliferación de guías de viaje no es sino la constatación de esta realidad.

Pero frente a la actitud de Azorín o Cela, nuestros viajes no son en general premiosos y contemplativos. Tendemos más bien a lo contrario: visitar muchas ciudades, recorrer muchos kilómetros y hacerlo en un reducido número de días. En consecuencia, nos limitamos a picotear algunos lugares de algunas ciudades para decir a continuación que conocemos España o cualquier otro país que apenas hemos entrevisto.

Nos sucede lo mismo en nuestro ámbito más cercano. Estoy seguro que muchos de los que leerán este líneas habrán estado en Madrid. ¿Quién no ha viajado a la capital de España por motivos de trabajo, estudio, familia u ocio? Ahora bien, serán muchos menos, por no decir muchísimos, los que hayan pasado una y otra vez por la puerta de ciudades y pueblos del camino sin haberse parado nunca en ninguno, a excepción de un café o un bocadillo en Medinaceli o el 103, antigua venta de Almadrones. ¡Pues no saben ustedes lo que se han perdido!, porque la ruta Pamplona-Madrid, vía Soria y Guadalajara conserva algunas poblaciones especialmente interesantes.

Pero, afortunadamente, esto todavia tiene remedio. El objetivo de esta serie, que constará de seis entregas este verano, es paliar este desconocimiento, sugerir algunas visitas y animarles a disfrutar de lugares que les esperan a la vera de la carretera. Llegar pronto es lo más rápido, pero no lo más aconsejable. Tómense su tiempo y disfruten. Ágreda, Soria, Almazán, Medinaceli, Guadalajara y Alcalá de Henares les esperan. ¡Feliz viaje!

Ágreda

4.- Ayuntamiento

La sobria belleza del edificio renacentista del Ayuntamiento es ejemplo del esplendor experimentado por la villa en el siglo XVI. La oficina de información se encuentra situada a pie de calle.

No les ha pasado sólo a ustedes. También puedo hablar en primera persona. He ido a Madrid decenas de veces, vía Ágreda, Ólvega y Almazán, por la carretera conocida como “la ruta de los navarros”. Pues bien, a diferencia de las otras poblaciones, que las conozco bien por parar con frecuencia en ellas, en Ágreda no había estado nunca hasta este año. Aunque no es excusa, dos cosas ayudan a pasar de largo por la población: el escaso tiempo recorrido desde la salida y el aspecto poco sugestivo que ofrece la antigua carretera que la cruza. A ello se ha añadido en los últimos tiempos un problema adicional. La sempiterna por inconclusa autovía de Navarra, que un día unirá Medinaceli con Tudela, tiene en funcionamiento un tramo como variante, lo que nos aleja todavía un poco más del núcleo urbano. Pero la desangelada estampa que se ofrece a nuestra vista, cambia radicalmente una vez estamos en la población.

A la vera del Moncayo

Desde el cruce a Fitero, Ablitas y Cascante, una vez pasado Cintruénigo y en pleno valle del Ebro, la carretera comienza a empinarse leve y continuadamente. Con el Moncayo al fondo, dejamos Navarra, atravesamos durante algunos kilómetros La Rioja, con Valverde como población de referencia, y entramos en la provincia de Soria, antigua Castilla la Vieja de nuestros mapas infantiles, hoy Comunidad Autónoma de Castilla y León. El paisaje se transforma en un abrir y cerrar de ojos y llegados a la planicie soriana, Ágreda se ofrece de forma recatada a nuestros ojos, recostada a la vera del Moncayo. Situada en un lugar estratégico, entre la depresión del Ebro y la meseta castellana, supone un paso inmejorable en el sistema ibérico. Ayer lugar de paso y tierra de frontera, hoy es puerta de acceso de las gentes de Aragón, Navarra y La Rioja a tierras de Castilla y Madrid.

5.- Palacio de los Castejones y jardin renacentista

Palacio de los Castejones. Hermosa foto que condensa la síntesis artística de la villa. En primer término, el jardín renacentista del palacio de los Castejones, el gran edificio civil de Ágreda

Pero si uno se acerca un poco más y deja la autovía o la carretera generaL comprueba que la orografía de la vieja población es especialmente apropiada para la defensa. Aunque la zona conoció la presencia de celtíberos y romanos, Ágreda entra en la historia propiamente dicha en la época de la dominación musulmana. Fue bastión de la frontera con los reinos cristianos entre los siglos VIII al XI. En estos siglos, el promontorio rocoso de La Muela y el Barrio Moro fueron dos baluartes casi inexpugnables. Conquistada por Alfonso el Batallador en 1119, pasó a manos aragonesas hasta que en 1134, a la muerte de éste, Alfonso VII la incorporó definitivamente a la Corona de Castilla.

De este siglo XII datan sus tres barrios de San Miguel, Santa María de la Peña y San Juan, con sus respectivas e iniciales iglesias románicas, Cada uno de estos barrios se dotó de muralla interior, además de la muralla general que defendía el conjunto de la población. En torno a 1140 se forma la Comunidad de Villa y Tierra de Ágreda, favorecidos sus habitantes con privilegios, franquicias, exenciones y fueros.

Ágreda esencial. La ciudad de las tres culturas

Pasear por Ágreda hoy, con sus escasos 3.000 habitantes, es acercarse a una villa con un patrimonio artístico de primer nivel, que bien merece su catalogación de Conjunto Histórico-Artístico. No hay un solo estilo desde el siglo VIII hasta nuestros días que no tenga una muestra representativa. Pero, a mi juicio, más interesante que los monumentos individualmente considerados, es el conjunto y su emplazamiento. Pasear por sus calles; recorrer el Barrio Moro con sus lienzos de muralla y su centro de interpretación; observar el espectáculo milenario de las huertas árabes situadas en bancales; topar con la sinagoga, hoy convertida en restaurante; visitar sus primitivas iglesias románicas ampliamente rtemodeladas en los siglos siguientes; extasiarse con las crucerías estrelladas de la basílica de la Virgen de los Milagros; recibir una información profesional y precisa sobre la población en la oficina de turismo, sita en el elegante edificio renacentista del Ayuntamiento; descubrir el palacio de los Castejón con sus hermoso jardines renacentista y barroco; y caminar pausadamente al convento de las concepcionistas siguiendo la huella de su fundadora e hija más ilustre, Sor María de Jesús de Ágreda, son algunas de las muchas posibilidades que la villa ofrece.

Cuando terminen la visita, estoy seguro que compartirán la misma reflexión que yo hice: ¿Pero cómo es posible que hayamos olvidado una población que lo da todo sin pedir casi nada a cambio? No queda sino disfrutar y agradecer a los muchos voluntarios que atienden palacios e iglesias su disposición y su amabilidad.

Sor María de Ágreda, personaje singular

7.- La dama de azul

La Dama azul. Cartel del acto celebrado el pasado año en la Universidad de St. Mary´s en Texas

Nuestra monja nació en la villa de Ágreda en 1602. La peculiar familia, compuesta por padre, madre, dos hermanos y dos hermanas, decidió separarse y entrar en religión. Los tres varones ingresaron en distintas órdenes religiosas, mientras que la madre y las dos hijas fundaron un convento en su propia casa. En 1627, Sor María de Jesús de Ágreda fundó el convento de la Inmaculada Concepción del que fue nombrada abadesa a las 25 años de edad por dispensa papal, cargo que ostentó hasta su muerte en 1665.

Sor María pertenece a la saga de místicas españolas más conocidas y fue una importante escritora de literatura religiosa. Su obra cumbre es la Mística Ciudad de Dios, en la que narra la vida de la Virgen María. Pese a no salir nunca del convento de Ágreda fue consejera del rey Felipe IV con el que mantuvo una nutrida correspondencia a lo largo de 22 años. Más exótica si cabe es su faceta evangelizadora. Mediante el don de la bilocación (fenómeno paranormal, sobrenatural o divino, según el cual una persona u objeto estaría ubicado en dos lugares diferentes al mismo tiempo), sor María fue vista repetidas veces por los indios de Nuevo México, Tejas y Arizona donde preparaba a los indígenas para su bautismo por los misioneros. Allí era conocida como la Dama azul por el color del hábito conventual. Hoy, y a consecuencia de ello, la villa de Ágreda está hermanada con el Estado de Nuevo México en los Estados Unidos de América.

En el convento que ella fundó podemos admirar su iglesia, el cuerpo incorrupto de la Venerable y un pequeño museo de su vida y obra de gran interés artístico, histórico y devocional.

Para saber más

ALCALDE CRESPO, G., Ágreda, Ayuntamiento de Ágreda, Edilesa, 2005. Una guía actualizada, útil y bien editada de la población.

FERNÁNDEZ GRACIA, R., Arte, devoción y políica. La promoción de las artes en torno a sor María de Ágreda, Diputación Provincial de Soria, Soria, 2002. Excelente estudio del profesor Fernández Gracia en el marco del IV centenario del nacimiento de Sor María de Jesús.

SIERRA, J., La dama azul, Planeta, Barcelona, 1998. Primera novela del famoso escritor, basada en las bilocaciones de sor María de Jesús y sus predicaciones a los indígenas de Nuevo México.

 

 

 

El origen de la fiesta

San Fermín

Hoy es siete de julio, festividad de San Fermín. Y son tantos los matices que tiene esta fiesta que no he podido sustraerme a glosar algunos, hoy tal vez postergados, pero que constituyen los cimientos de lo que, con el paso de los siglos, han llegado a ser los sanfermines.

Todas las culturas han tenido sus fiestas, ocasión propicia para el encuentro de la comunidad y la vertebración del sentido de pertenencia a una familia, un pueblo o una religión. La Biblia es un ejemplo paradigmático del valor de la fiesta en el desarrollo del pueblo de Israel. Lo mismo sucede en las llamadas culturas clásicas.

El cristianismo penetró en Navarra en el siglo III a través del valle del Ebro, llegando inmediatamente a Pamplona, eje vertebrador del territorio de los vascones. En los siglos IV y V el territorio más romanizado se cristianiza y Pamplona se dota de una sede episcopal que continuará hasta nuestros días.

El culto a los santos, entendido en sentido amplio, constituye una de las mayores expresiones de la piedad cristiana. Prácticamente todas las poblaciones navarras tienen un santo titular, sea Dios Padre, Jesús, la Virgen en sus múltiples acepciones, los santos propiamente dichos o la corte celestial. Y las fiestas patronales se articulan en torno a la celebración del santo patrón, con novena previa, procesión y misa solemne en el día grande, y espectáculos que lo acompañan. Con el correr de los siglos, son clásicos la música y el baile, los fuegos artificiales, los toros y los gigantes y cabezudos. Por supuesto, a todos ellos acompañan la comida y la bebida en unos tiempos en los que aquella escasea y la mesa bien surtida es parte obligada del evento.

Y comienzan a aparecer las advocaciones. La primera, en el corazón de la diócesis, ya que el culto a la Virgen en la catedral de Pamplona se remonta al siglo V. En ese mismo siglo comienzan a titularse los templos, dotándolos cuando resulta posible de reliquias. Las primeras advocaciones conocidas son las referidas a San Martín de Tours, San Esteban protomártir, San Pedro, San Juan Bautista y San Andrés. A ellos se unió en el siglo VIII San Miguel, que se adueña de las alturas y se convierte en patrón de la reconquista con Sancho Garcés I en el siglo X.

Tal vez a más de uno le habrá sorprendido la ausencia de mención alguna a San Fermín, un santo que hoy recorrerá en olor de multitud las calles de los burgos pamploneses, acompañado del cabildo catedralicio, las cruces parroquiales, las cofradías y el ayuntamiento en cuerpo de ciudad. Un santo que probablemente será glosado en la homilía de hoy en su capilla siguiendo las pautas de su leyenda, una composición tardía y desprovista de veracidad histórica, como reconoció en su día don José Goñi Gaztambide al comienzo de su Historia de los obispos de Pamplona. El supuesto primer obispo pamplonés, San Fermín, no fue conocido en Navarra hasta el año 1186, desarrollándose a partir de entonces un incremento cultual sostenido y constante, que a finales de la Edad Media apenas traspasaba la capital del reino, salvo en su festividad litúrgica. Las ideas que acabo de exponer muy sucintamente están tomadas básicamente del libro de Roldán Jimeno, El culto a los santos en la cuenca de Pamplona. De San Fermín, como de Santiago en Compostela, lo importante son los frutos, no tanto la veracidad de su origen.

Lo que sucede después es más conocido y menos discutido. Las fiestas de San Fermín están relacionadas con tres celebraciones: los actos religiosos, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas desde el siglo XIV. En 1466 su culto se extendió a toda la diócesis. En 1591, el sínodo trasladó su celebración del 10 de octubre al 7 de julio, fecha de tiempo más seguro coincidiendo además con la feria, lo que hizo que se popularizara el culto. En 1622, a los pocos meses de su canonización, las Cortes de Navarra propusieron que San Francisco Javier fuera proclamado patrono universal del reino de Navarra. Pero el obispo, el cabildo y el clero secular, enfrentados a una influyente Compañía de Jesús, defendieron con ardor el patronazgo tradicional de San Fermín. En 1657, la Santa Sede, con el pragmatismo que le caracteriza, determinó que los dos santos fueran nombrados copatronos igualmente principales. Y, a partir de ahi, una advocación en alza que ha articulado una fiesta de renombre universal.

¿Los sanfermines son solo eso? Evidentemente no, pero no serían los sanfermines sin eso. Cada generación los ha ido completando con sus aportaciones. En la fiesta todos tenemos cabida, solo hace falta respeto, tolerancia y deseo de disfrutar. ¡Felices sanfermines a todos!. A los presentes y a los ausentes, que también ellos los recordarán con especial fervor y cariño.

Diario de Navarra, 8/7/2016

 

Historia oculta de la conquista de América

Historia oculta

El libro que les gloso se presenta con el siguiente subtítulo: “Los hechos omitidos de la historia oficial y la leyenda negra del Descubrimiento del Nuevo Mundo”. Tal vez demasiado para lo que el libro ofrece, porque en el fondo no deja de ser una historia bastante convencional del descubrimiento y colonización de América, centrando el foco sobre todo en los grandes conquistadores.

El libro se inscribe en una pretendida divulgación histórica, apoyada en una abundante bibliografía, con presencia notoria de textos de primera mano de autores que vivieron la conquista.

Por sus páginas pasan el jugador Cortés; Pizarro entre el oro; Lope de Aguire, el puño de Dios: Pedrarias el duro; Mendoza, el fundador de Buenos Aires; Cabeza de Vaca, espíritu de león; Orellana y las amazonas; además de unos aputnes sobre aspectos peculiares del mundo indígena.

Me parecen de especial interés las conclusiones. Serían las siguientes:

– La conquista fue muy intensa y voraz, y duró no más de 50 años en términos históricos

– El motor determinante en las capas más bajas de la sociedad fue la sed de oro

– Las campañas no eran un “sálvese quien pueda” al estilo forajido como los fenicios, portugueses e ingleses. Los españoles se tomaron el trabajo de fundar, segmentar, documentar, convertir, levantar actas, misiones y liturgias propias. Todas las capitales americanas están fundadas antes de 1567.

– Además del botín, la mejor recompensa era el título de nobleza y extensas propiedades territoriales, o ser designado alto funcionario.

– La conquista fue una empresa comunal en la que las decisiones eran en muchos casos colectivas.

– América fue una aventura para pocos, no más de 30.000 personas en los 70 primeros años. La constante no fue la riqueza, sino el hambre.

– La empresa no hizo ricos a los soldados a excepción del reducido grupo que derrotó a aztecas e incas.

– De allí nació un Nuevo Mundo que no estaba planeado.

– Los propios expedicionarios plantaron la semilla independentista que brotaría dos siglos después.

– “La conquista , en definitiva, produjo la demarcación de un flamante espacio geográfico-social, de una cosmovisión universal en la cual prosperaría la vanguardia misma del iluminismo y todas sus ramificaciones, hasta engendrar las propias culturas iberoamericanas que -aún hoy jóvenes- pasarían a redefinir la historia de la humanidad.

Ficha bibliográfica: SÁNCHEZ SORONDO, G., Historia oculta de la conquista de América, Nowtilus, Madrid, 2009

 

 

Una lectura navarra del 26-J

reSULTADOS nAVArra

El pasado 26 de junio se celebraron en España elecciones generales. Ganó con holgura el PP, lo que le legitima para intentar gobernar y le obliga a buscar los apoyos necesarios para ello. Los resultados del PSOE fueron malos, pero las expectativas no cumplidas del sorpaso le permiten respirar momentáneamente con alivio. Que un partido emergente se coloque a los dos años de su nacimiento en 71 escaños es objetivamente un gran logro, pero las expectativas eran tales que casi todos consideran el resultado un fracaso sin paliativos. Y, finalmente, Ciudadanos ha comenzado a experimentar en sus carnes que el tan deseado centro es un espacio difícil de alcanzar y más difícil de sostener. En definitiva, ni el bipartidismo ha muerto, ni los partidos emergentes están en condiciones de sustituirlos.

Navarra ha participado con su escaso peso demográfico en estas elecciones generales. Y lo ha hecho dejando claro cuatro cosas: la primacía de UPN-PP, el éxito indudable de Podemos, la resistencia del PSN-PSOE y el fracaso de los nacionalistas, estruendoso en el caso de Geroa Bai.

Pero dejando claro que han sido unas elecciones generales y que sus resultados no pueden ser miméticamente convertidos en forales, una lectura detenida de los mismos nos permite apreciar algunos datos que tal vez estén llamados a marcar tendencia en próximas citas electorales.

UPN apunta a que seguirá siendo el primer partido de Navarra. Tiene por delante tres años para consolidar el liderazgo de su presidente, recuperar buena parte del poder municipal perdido y representar a la ciudadanía navarra que no se siente cómoda con el PP de Rajoy.

Podemos es, sin duda, la fuerza emergente. Ha sabido aglutinar el voto juvenil y del descontento que le exige fundamentalmente mejoras sociales, limpieza absoluta y otra forma de gobernar. Hasta ahora, su balance es muy pobre. Sostiene disciplinadamente, pese a algunas salidas de tono, a un gobierno que ha primado lo identitario sobre lo social y apenas ha condicionado sus políticas, pese a disponer de una fuerza similar en escaños a la de los dos grupos nacionalistas. Ahí está su reto. Tras las dos últimas elecciones es el grupo más fuerte del cuatripartito y está en situación de condicionar la segunda parte de la legislatura. De que lo haga en un sentido o en otro dependerá que sea visto por su electorado como comparsa o como verdadera alternativa al nacionalismo, al que ha puesto en evidencia.

El PSN-PSOE, tras una etapa de descensos continuados, apunta a un cambio de tendencia. Un liderazgo progresivamente consolidado, una relativa paz interna, y una oposición nítida y constructiva, como se evidencia en Educación, le están permitiendo convertirse en la verdadera alternativa socialdemócrata frente al nacionalismo exacerbado de unos y al populismo de otros. Pero su espacio, achicado por los extremismos de uno y otro signo, y su escaso eco urbano y joven, requieren un esfuerzo adicional y continuado, ideas claras y políticas transversales nada fáciles.

Los nacionalistas se encuentran en un difícil dilema. Estarían ciegos si no apreciaran los peligros que les acechan. Aunque las elecciones generales no sean su campo más propicio, los resultados no pueden ser ocultados: malos en el caso de Bildu y desastrosos en el caso de Geroa Bai. Este último, no lo olvidemos, es el partido de la presidenta, que aparecía en los carteles electorales como referencia. Supongo que para Daniel Innerarity, intelectual al que leo con interés, habrá sido todo un ejemplo práctico de la diferencia entre teoría y realidad en el complejo mundo de la política. Que esto suceda tras un año de gobierno, añade todavía más gravedad al panorama. Podemos le ha arrebatado el voto joven y el del descontento, que parecía patrimonio de Bildu, y las cifras del voto nacionalista han menguado significativamente. ¿Traerá esto consecuencias?

Aún hay un último dato digno de interés. Pese a que Ciudadanos haya perdido 4.500 votos, todavía conserva 20.343, ¡6.000 votos más que Geroa Bai! y el 6,09% de los sufragios. Si los traducimos en escaños, los suficientes para conformar una mayoría alternativa, susceptible de dar un vuelco al mapa foral. Los votos que faltaron a Ciudadanos en las forales de 2015 y permitieron la conformación del cuatripartito, podrían ser, de continuar esta tendencia, los que decantaran el balance en un sentido o en otro en las próximas elecciones. Atinar en su programa foral, verdadero punto débil de la formación en Navarra, es su reto inmediato.

¿Ciencia ficción? Puede ser, pero los partidos navarros deberían tomar buen nota. Los ciudadanos les hemos pedido a unos que gobiernen y a otros que hagan oposición. Y a todos que primen el interés general. Dado lo apretado del resultado, cada voto es un tesoro que están obligados a conquistar.

Diario de Navarra, 3/7/2016