La Semana Santa en el arte. Sábado Santo

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El entierro de Cristo. Juan de Juni, siglos XVI. Catedral de Segovia

(Álef) Yo soy el hombre que ha conocido/ el sufrimiento bajo la vara de la cólera;/ me ha conducido y llevado/ a la tiniebla y no a la luz; contra mí ha vuelto sin parar/ su mano todo el día.

(Bet) Ha consumido mi carne y mi piel/ ha quebrado mis huesos;/ la levantado un cerco y me ha rodeado/ de veneno y pesadumbre;/ me ha confinado en las tinieblas,/ como a los muertos de antaño.

(Guimel) Ma ha tapiado y no puedo salir,/ me ha cargado con pesadas cadenas;/ aunque grito y pido socorro,/ cierra sus oídos a mis súplicas;/ ha cerrado mis caminos con sillares,/ la retorcido mis sendas.

Jeremías, tercera lamentación, 1-10.

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La Semana Santa en el arte. Viernes Santo

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Relieve de la Crucifixión. Claustro de Santo Domingo de Silos, siglo XII.

´”Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque lo mantenía en secreto por miedo a los judíos, solicitó de Pilato el permiso para hacerse cargo del cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió y él se hizo cargo del cuerpo. También vino Nicodemo, el que con anterioridad había ido de noche a entrevistarse con Jesús, trayendo cien libras de una mezcla de mira y áloe. Entre ambos se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas de lino bien empapadas en aromas, según acostumbraban hacer los judíos para sepultar a los muertos. Cerca del lugar donde Jesús fue crucificado había un huerto, y en el huerto, un sepulcro nuevo en el que nadie había sido sepultado. Y como el spulcro estaba cerca y era para los judíos el día de la Preparación, depositaron allí el cuerpo de Jesús”. Juan, 19, 38-42.

La Semana Santa en el arte. Jueves Santo

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Capitel de la Última Cena. Claustro de San Juan de la Peña, siglo XII.

Segunda lectura: 1 Corintios 11, 23-26

“Por lo que a mi toca, os he transmitido una tradición que yo recibí del Señor; a saber: que la noche misma en que iba a ser entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que entrego por vosotros; haced esto en memoria de mí”. Después de cenar, tomó igualmente la copa y dijo: “Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre; cada vez que bebáis de ella, hacedlo en memoria de mí”. Y, de hecho, siempre que coméis de este pan y bebéis de esta copa, estáis proclamando la muerte del Señor, en espera de que él venga”.

El euskera ante el espejo

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Matías Múgica, filólogo, traductor y escritor

 

Para que un país civilizado y moderno esté bien gobernado deben concurrir al menos dos factores: tener una clase política honesta que aspire al bien común y sostenerse en una administración profesional y competente. Pese a que todo sea mejorable, creo honestamente que el bienestar de la Comunidad Foral se debe en primer lugar al trabajo y esfuerzo de la ciudadanía, sin olvidar la parte imputable a la clase política -pese a su mala prensa actual- y a los funcionarios.

Todos conocemos casos de funcionarios probos -mujeres y hombres, hoy día internacional de la mujer-, eficientes, bien preparados y con criterio propio. Personas que no necesariamente ocupan los niveles más altos de la administración, sino que desarrollan su tarea como funcionarios rasos o, como máximo, jefes de negociado y de sección. Uno de ellos, Matías Múgica, fue entrevistado por Íñigo Salvoch el pasado domingo en Diario de Navarra. Las dos densas páginas de la magnífica entrevista están llenas de conocimiento, lecturas y plurilingüismo.

El pamplonés Matías Múgica es nativo en castellano y francés, aprendió la lengua vasca por la curiosidad que sintió de niño al oir a su abuela hablar el dialecto labortano al otro lado de los Pirineos, domina el inglés, el alemán y el italiano, ejerció como traductor hasta 2001, y actualmente trabaja como editor en la sección de Publicaciones. Los que de una u otra forma estamos vinculados al mundo del libro sabemos de su buen gusto, sus buenas maneras, su sabiduría y su buen hacer. Suyos son algunos textos de la colección didáctica Chipi-Txapa, Margarita de Angulema. Una princesa del Renacimiento y Con letra aguda y fina. Navarra en los textos de Julio Caro Baroja, del que es compilador. Como traductor, acaba de recibir el Premio Euskadi de Literatura por la traducción al euskera del poemario Le Testament, obra del poeta francés del siglo XV François Villon.

Lo dicho hasta aquí le acredita como un funcionario culto, ejemplo no inusual en nuestra administración. Pero lo que me ha movido a dedicarle estas líneas es su opinión autorizada, clara y rotunda sobre un tema que valora, conoce y ama como pocos: el euskera. Como lingüista lo tiene claro: “el euskera es lo más interesante que hay en este entorno, en un radio de varios miles de kilómetros a la redonda. Es un prodigio lingüístico que en este rincón de Europa quede una lengua prerromana.” Tiene claro también cuál debería de ser el objetivo de la política lingüística: “centrar el esfuerzo en la comunidad tradicional de hablantes para los que el euskera es la lengua propia”. En consecuencia tacha de “error brutal haber pasado el foco de las políticas lingüísticas de las comunidades tradicionales de hablantes a la reimplantación en Tafalla o a la implantación en Tudela”. Lo que llama “purpurina nacionalizadora” tal vez sirva para la construcción nacional, pero muy poco para garantizar el futuro de la lengua. Sostiene que “lo que indica la vitalidad del idioma es el uso espontáneo y no inducido” y, en consecuencia le parece “que el aumento del conocimiento no tiene nada que ver con el aumento de uso. Si alguien pensaba hace unos años que en Pamplona se iba a hablar euskera hasta por las esquinas, eso era puro delirio”.

Frente a la muy extendida opinión de que la Ley del Vascuence -título elegido con el visto bueno de José María Satrústegui, secretario de Euskaltzaindia, en las negociaciones en las que participé de forma directa-, frena el desarrollo del euskera, Múgica opina que “la zonificación responde perfectamente a la realidad. Ahora, cuando el objeto de la política no es respetar la realidad, sino crear a martillazos una realidad nueva, la zonificación no sirve”. Y aún avanza un paso más. Está a favor de que el euskera se contemple como requisito allá donde sea necesario para atender al administrado, pero que cuente como mérito para un puesto para el que no tiene relevancia laboral es un peligro. Y culmina su lúcida flexión con la siguiente frase: “Si hubiera un poco mas de racionalidad y un poco menos de visceralidad emocional y ventajismo ideológico, tendría que ser posible llegar a un acuerdo político para defender el euskera en Navarra sin que nadie se vea mermado en sus derechos”.

Perdonen que el entrecomillado sea especialmente abundante. Pero yo, que no hablo euskera pero que luché denodadamente para que, de acuerdo a lo previsto en la ley, todo aquel que quisiera pudiera hacerlo, me siento totalmente identificado con sus reflexiones. Nadie tiene la verdad absoluta en este tema. Pero a Matías Múgica le sobra amor a la lengua, conocimiento y cordura como para que sus reflexiones no caigan en saco roto.

Diario de Navarra, 8/3/2018

La fiesta del chivo

Acabo de terminar la lectura de una novela que me ha impresionado hondamente por una doble razón: su continente y su contenido.

El continente es un cofre donde la buena literatura aparece magníficamente guardada y expuesta a la vez. Me ha sorprendido la riqueza del lenguaje, con todos los modismos propios del habla dominicana, que engrandece al conjunto de la lengua española. Una riqueza que va desde el lirismo al más crudo realismo en escabrosas descripciones de la desenfrenada vida sexual, adolescentes incluidas, del generalísimo Trujillo. Es de destacar el ritmo de la narración, que te atrapa desde el primer momento, saltando de las escenas familiares de Urania “disparatado nombre que sus padres le infligieron al nacer”, a la descripción del ambiente político del Santo Domingo del dictador Trujillo o la preparación del magnicidio con las consecuencias que comportó. Todos los recursos de Vargas Llosa, que son muchos, se ponen al servicio de una historia que atrapa, estremece y enfada a partes iguales. Sólo al final, cuando todo está ya contado y a uno le parece que ya no queda nada por decir, el autor introduce unas páginas durísimas en las que Urania, la hija del senador Cabral infelizmente caído en desgracia, es ofrecida a Trujillo con solo catorce años y con el consentimiento de su padre para satisfacer los deseos del Padre de la Patria, un anciano de 70 años que se resiste a aceptar la inexorable consecuencia de sus años. Ese acto de vejación impecablemente narrado, marcará su vida afectiva, frustrada y frustrante, pese a sus éxitos profesionales.

Y junto con el continente, el contenido. Dudo que pueda haber una historia más vívida de la época del Santo Domingo trujillista que la novela de Vargas Llosa. Toda la corrupción del régimen, las drásticas diferencias sociales, el sometimiento a la voluntad del Jefe, la miseria moral acumulada, la doble vida de la clase dirigente, el escaso valor de la vida sujeta al capricho de los que mandan, aparece expresada con nitidez. La novela trasciende además el periodo al que se refiere para convertirse en un fresco que refleja en buena medida el periodo en el que toda la América hispana estuvo dominada por dictaduras militares, gobiernos de pandereta sometidos a los intereses de las compañías extranjeras o de los Estados Unidos directamente.

El libro, además de recibir todos los elogios, ha sido elegido por un centenar de escritores, editores, agentes y otras personalidades de la cultura, la novela española del siglo XXI, dado que fue publicada en el año 2000. Obviamente, queda mucho siglo por contar, pero ésta, sin duda, se une al elenco de las obras que llevaron a Vargas Llosa al merecido Premio Nobel que recibió en 2010.

En todo caso, hoy mismo en El País, Juan Cruz glosa los que en su opinión son los cinco libros esenciales del escritor: El pez en el agua, La verdad de las mentiras, La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral y Piedra de toque I, II y III. Dado el crédito que me merece Juan Cruz los tendré en cuenta. El placer de la escritura con Vargas Llosa está asegurado.

Ficha bibliográfica: VARGAS LLOSA, M., La fiesta del chivo, Alfaguara, Madrid, 2006.