Menos héroes y más ciudadanos

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“Esfuerzo eminente de la voluntad y de la abnegación, que lleva al hombre a realizar hechos extraordinarios en servicio de Dios, del prójimo o de la patria”. Esta definición, que tal vez merezca una revisión, es la primera acepción de “heroísmo” contenida en el diccionario de la RAE. De los tres ámbitos que la definición señala, les propongo que nos fijemos en el tercero, el heroísmo en favor de la patria, normalmente unido, aunque no necesariamente, al mundo militar. Sobran ejemplos de todo ello, ya que el mundo del cine, sobre todo en estas fechas, nos ofrece ejemplos paradigmáticos.

Como pueblo lamentablemente curtido en mil batallas y creador de uno de los grandes imperios de la historia, los soldados españoles han protagonizado un sinnúmero de hechos memorables. Desde las gestas de las guerras contra los romanos, hasta llegar a la guerra civil, pasando por la etapa medieval, las gestas de la conquista y colonización de América, los tercios de Flandes, la guerra de la independencia, las guerras carlistas, el fin del imperio y los tristes episodios de la guerra de África. En casi todos ellos, los soldados, fueran de reemplazo, profesionales o de fortuna, pusieron el valor y la vida y estuvieron muy por encima de gobernantes y jefes militares. Para muchos de estos episodios sigue teniendo validez el famoso verso 20 del Cantar de Mío Cid: “¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!”.

Estas ideas me rondaban por la cabeza el lunes por la noche a la salida de la película 1898. Los últimos de Filipinas, que acababa de ver en el cine: un episodio memorable en sí mismo, menor en el transcurso de la guerra, y absolutamente absurdo en el contexto en el que se desarrolló. Los hechos sintéticos fueron los siguientes: Un destacamento de 60 militares españoles, al mando del teniente Martín Cerezo, se refugió en la iglesia de San Juan de Baler, en la isla de Luzón (Filipinas) y fue sometido a un asedio que duró 337 días, desde el 30 de junio de 1898 al 3 de junio de 1899. Desde diciembre de 1898, con la firma del tratado de Paz de París entre España y los Estados Unidos, se ponía formalmente fin a la guerra y España cedía la soberanía a la nueva potencia. Durante seis largos y durísimos meses, el teniente Martín Cerezo se resistió a entregar la plaza dudando de la veracidad de los hechos, hasta que convencido de ello por una noticia menor se entregó a las autoridades filipinas, que aceptaron unas condiciones honrosas de capitulación y permitieron con honores su repatriación a España. La lista de muertos y heridos por parte de los revolucionarios filipinos ascendió a 700, mientras que de los españoles, 15 murieron de beri-beri o disentería, 2 lo hicieron por heridas de combate -uno de los cuales fue el soldado de segunda Julián Galbete Iturmendi, natural de Morentin (Navarra) que falleció debido a las heridas el 31 de julio de 1898-, 6 desertaron y 2 fueron fusilados por intento de deserción.

El sitio de Baler ha merecido dos películas españolas de signo bien distinto. La primera, de 1945, en pleno franquismo, es un canto inequívoco al valor, el honor y el heroísmo visto desde una rígida y tradicional disciplina castrense de amor a la patria. La segunda, la estrenada estos días, presenta un perfil menos unívoco y se presta a variadas interpretaciones.

Dejando al margen los valores cinematográficos de la película, que a mí personalmente me gustó mucho por la ambientación, la recreación histórica y la buena interpretación de los actores, ¿qué visión nos da de los hechos?, ¿triunfo, mito, honor, heroísmo, desastre, absurdo, traición, triste realidad? Todos estos ingredientes y algunos más aparecen en el filme. Un teniente que, pese a su humanidad demostrada y su sentido del honor, hace de la ordenanza su regla de vida, aunque ésta se dé de bruces contra el sentido común. Otro teniente médico que, acostumbrado a tratar de salvar vidas en condiciones difíciles, es partidario de capitular, no discute la jerarquía, pero se muestra comprensivo con todos, incluso con los desertores. Y una serie de soldados de reemplazo, verdadera carne de cañón procedente de las clases más humildes, cuyas familias no disponían de las 2000 pesetas necesarias para impedir su enrolamiento en el ejército, que se debaten entre su deseo de vivir, su amor por una España que los ha dejado abandonados y el absurdo de una situación para la que no encuentran explicación.

Estoy, por supuesto, mucho más cerca de la segunda visión que de la primera. Respeto el valor y el heroísmo, pero desearía para el presente y el futuro de mi país, que es España, que nadie fuera inmolado en el altar de la patria. En definitiva, menos héroes y más ciudadanos. De aquéllos, ya hemos tenido suficientes a lo largo de la historia.

Diario de Navarra, 30/12/2016

 

Una lectura cívica

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Este año que se nos va ha sido el primero de mi vida como efectivamente jubilado. Y una de las cosas buenas que me ha traído ha sido un mayor tiempo para mis aficiones, entre ellas la lectura. Repasando mentalmente los títulos, el libro que más me ha impactado en 2016 ha sido Patria, la obra de Fernando Aramburu sobre la historia reciente del País Vasco (y yo añadiría que de Navarra) a través de dos familias rotas por la infamia terrorista.

Nuestra gran tragedia en la segunda mitad del siglo XX ha sido la existencia de ETA, que ha dejado en nuestra Comunidad 42 asesinatos, cientos de heridos, y muchísimo dolor en la sociedad. Los que tenemos una cierta edad recordamos con horror los años de plomo, los entierros casi clandestinos de policías y guardias civiles, y el miedo metido en el cuerpo de casi todos. Y, por supuesto, los lazos sentimentales rotos en familias, cuadrillas y grupos de variado signo, en función de adscripciones ideológicas. Pero pasados apenas unos años, el relato de lo vivido empieza a ser irreconocible. Con la excusa de pasar página, se blanquean trayectorias, se habla con calculada ambigüedad de “todas las víctimas”, se deploran “todas las violencias”, y el lenguaje resulta tan borroso como los acontecimientos que pretendemos soslayar. Pero los hechos siguen interpelándonos, a pesar de todo. Dos ejemplos de las últimas semanas han puesto de actualidad el relato: los sucesos de Alsasua y la gestión en materia de paz y convivencia del Gobierno de Navarra. ¿Trifulca de bar o kale borroka? ¿Visión positiva o manifiesta utilización?

A nuestra generación le cabe una especial responsabilidad. Nosotros hemos vivido los acontecimientos de primera mano, pero las próximas generaciones los conocerán a través de los testimonios escritos. Y cualquier medio es excelente si sabe utilizarse. A la memoria impagable de las víctimas, testimonio perenne de entereza y altura moral en casi todos los casos, se unieron hace unos años los tres tomos de la Historia del terrorismo en Navarra, coordinados por Javier Marrodán. En ese mismo anaquel, habrá que situar a partir de ahora Patria, que es mucho más que una excelente novela. Paso por alto sus valores literarios y formales, su atmósfera inquietante, su acertada recreación de ambientes, lugares y costumbres, para centrarme en lo esencial: el retrato fiel de una época y de una sociedad que hemos vivido tan de cerca. Nunca había visto tan bien escritas frases que retratan en un solo párrafo la sociedad que hemos conocido. Les selecciono algunas, tomadas de determinados personajes de la novela. “Les meten malas ideas y, como son jóvenes, caen en la trampa. Luego se creen héroes porque llevan pistola. Y no se dan cuenta de que, a cambio de nada, porque al final no hay más premio que la cárcel o la tumba, han dejado el trabajo, la familia, los amigos. Lo han dejado todo para hacer lo que les mandan cuatro aprovechados y para romperles la vida a otras personas, dejando viudas y huérfanos por todas la esquinas”. “Con su cautela habitual, Patxi, el nunca protagonista, el jamás detenido, y eso que era el amo del cotarro abertzale del lugar, les procuró alojamiento, por medio de un tercero”. “Nadie me ha echado una mano. La calle, sola. Las ventanas, cerradas. Y qué manera de llover. Ya te digo, nadie. Alguno que habrá visto todo desde detrás de un visillo, ha debido de llamar a la polícía y a la ambulancia. De otro modo no me explico cómo han venido tan pronto”. “Se ofició el funeral, sonaron las campanas a muerto, había pocos vecinos de la localidad en la iglesia (…) ¿Empleados de la empresa? Ninguno. En la homilía, ni una palabra sobre el atentado. Trágico suceso que a todos nos conmociona”. “-Algún día no muy lejano pocos recordarán lo que pasó. -No te hagas mala sangre, hermano. Es ley de vida. Al final, siempre gana el olvido. -Pero nosotros no tenemos por qué ser sus cómplices. -No lo somos. Nuestra memoria no se borra con agua a presión. Y ya verás cómo nos echan en cara a las víctimas que nos negamos a mirar hacia el futuro. Dirán que buscamos venganza. Algunos ya han empezado a decirlo”. “ ¿Y cuál era esa verdad? Cuál va a ser. Pues que había hecho daño y había matado. ¿Para qué? Y la respuesta le llenaba de amargura: para nada”.

No dudo de los bienintencionados objetivos de la Dirección General de Paz y Convivencia del Gobierno de Navarra. Pero sugiero a quien corresponda una medida para el inmediato futuro: enviar con cargo a su presupuesto un ejemplar a todos los centros educativos de Navarra y recomendar vivamente su lectura a toda la comunidad educativa. Sería, en mi opinión, una buena iniciativa, un acertado gesto hacia las víctimas, una contribución a la memoria, la verdad, la justicia y la reparación y una aportación a la paz y la convivencia. No lo olvidemos, antes de cerrar el libro, es preciso leer adecuadamente todas sus páginas, sin borrar ni arrancar ninguna.

Diario de Navarra, 15/12/2017

 

La educación en Navarra, algunas pautas de mejora

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La noticia educativa de este fin de año es, sin duda, el informe PISA-2015, una evaluación internacional estandarizada, desarrollada de forma conjunta por los países y regiones participantes, y aplicada al alumnado escolarizado que cumple 16 años. Abarca tres áreas de competencia: lectora, matemática y científica. Dado que la evaluación se realizó en 2015, su resultado refleja el estado de la educación en Navarra justo antes de acceder al gobierno el cuatripartito, por lo que no es imputable a éste ni lo positivo ni lo negativo de dicha evaluación. Haríamos mal en sacralizar sus resultados, pero erraríamos si no le diéramos la importancia que tienen, ya que el informe PISA se ha convertido en el instrumento más prestigioso sobre evaluación comparada.

En el presente artículo pretendo concretar mi reflexión sobre el mismo en tres aspectos: evaluar brevemente el sistema educativo navarro; hacer una lectura crítica de los resultados del informe; y proponer algunas pautas de mejora para el inmediato futuro.

Creo que nuestro sistema educativo es bueno, pero claramente mejorable. Algunas razones de su buena salud son las siguientes: la existencia de una red de centros públicos y concertados bien financiados y bien dotados de recursos humanos y materiales; la existencia de un pacto educativo no escrito a partir de 1986, que se tradujo en un largo periodo de paz escolar que ha dotado de estabilidad al sistema; el progresivo aumento de la escolarización universal, obligatoria y gratuita, que hoy se extiende casi generalizada entre los 2 y los 18 años; la extensión progresiva y exitosa de programas vinculados a la atención a la diversidad; la aplicación normalizada de la Ley del euskera y la progresiva extensión del inglés en sus diversos programas. Y, junto a esto, una excelente escuela rural; una formación profesional en alza; un profesorado motivado y bien preparado, aunque con lagunas, y una sociedad que presiona positivamente para mantener el excelente nivel alcanzado.

El informe PISA-2015 es el resultado de esta buena trayectoria. Aunque el informe es mucho más que unas meras cifras, las más significativas referidas a Navarra son las siguientes. En competencia lectora España obtiene 496 puntos y Navarra 514, por detrás de Castilla y León y Madrid. En competencia matemática, España obtiene 486 puntos y Navarra 518, por encima de Castilla y León y La Rioja. Finalmente, en competencia científica, España se sitúa con 493 puntos, mientras que Navarra alcanza los 512, tras Castilla y León y Madrid. Si comparamos los resultados de 2015 con los de 2009 y 2012 se observa una clara mejoría en competencia lectora (497, 509 y 518), mientras que hay más estabilidad en matemáticas (511, 517 y 518) y en ciencias (509, 514 y 512). Estas cifras traen aparejada otra muy buena noticia: la mejora se ha producido en un periodo en el que han descendido los presupuestos de educación y el número de profesores disponibles. Habrá que convenir, en consecuencia, que el profesorado, por un lado, y las familias, por otro, han sostenido el sistema en un momento de especial dificultad. En conclusión, PISA-2015 nos deja el siguiente retrato: Navarra se sitúa a la cabeza de España junto con Castilla y León y Madrid, supera claramente la media de España y de la OCDE y se ubica en el grupo cabecero, junto a los 10 mejores países del mundo.

Pero Navarra puede y debe mejorar posiciones en el inmediato futuro. Decía esta misma semana José Antonio Marina, probablemente el autor que más y mejor expresa la necesidad de un pacto y la mejora de nuestro sistema educativo, que España está en condiciones de situarse en el grupo de cabeza para el año 2020 si aplica a la educación un PIB del 5% anual y logra un pacto que logre sacar del debate político permanente el sistema y dotarlo de estabilidad y certidumbre. Si esto es válido para España, en Navarra lo tenemos al alcance de la mano, porque nuestro sistema es mejor, nuestro PIB es mayor, la paz social ha sido una realidad hasta hace bien poco y el compromiso de nuestra sociedad es incuestionable. En mi opinión, sin esperar al pacto educativo nacional, deberíamos abordar unas pautas de mejora, algunas de las cuales se mencionan a continuación. Entre las que conllevan aumento presupuestario destacaría como fundamental una perfectamente factible: el aumento mínimo y progresivo de una décima anual del PIB en los próximos 6 años para recuperar las cifras anteriores a la crisis y atender los programas que, previa negociación de las partes, se juzguen prioritarios para avanzar hacia la equidad y la excelencia. Pero también son importantes las que no conllevan aumento presupuestario: el tratamiento del sistema escolar como un todo; la vuelta a una paz escolar perdida en los dos últimos años; la búsqueda de un acuerdo en los programas lingüísticos que dé tranquilidad y certidumbre a la comunidad educativa; y el refuerzo del valor social del profesorado.

Los objetivos están a nuestro alcance y conseguirlos es tarea de todos.

Diario de Navarra, 12/12/2016

Renoir íntimo

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El paseo, 1870

Una visita a Madrid siempre plantea alicientes. Algunos amigos que aprovecharon el puente de Todos los Santos vinieron sorprendidos de la cantidad de visitantes que encontraron en monumentos, museos y exposiciones. Lamentablemente es el peaje que hay que pagar por visitar la Villa un fin de semana especialmente frecuentado. Pero siempre existen fórmulas para aminorar las colas y evitar aglomeraciones. Las tres más socorridas, si de un puente festivo se trata, son hacerse amigo del museo en cuestión, con las ventajas adicionales que esto tiene si la visita va a ser frecuente; proceder a la compra on line, cada vez más sencilla y conveniente para asegurar la entrada; y aprovechar los horarios menos frecuentados, que siempre son de dos a cuatro de la tarde.

Tuve la oportunidad de disfrutar de una visita en familia el pasado fin de semana. Y aunque literalmente estuvo pasado por agua, eso no nos impidió disfrutar de algunas exposiciones inolvidables. Se acercan unos días especialmente festivos. El 3, el 6 y el 8 de diciembre son fechas señaladas en el calendario foral y el puente invita al viaje, actividad altamente recomendable siempre que se pueda. Y como serán muchos los navarros que visiten la capital de España en las próximas fechas, me permito aconsejarles algunas exposiciones, en el bien entendido de que todas les harán disfrutar en mayor o menor medida. Hay mucho y bueno donde elegir. Además de las colecciones permanentes, que siempre merecen una visita, el Museo del Prado nos ofrece dos especialmente notables: Ribera. Maestro del dibujo y Maestro Mateo en el Museo del Prado. El Palacio Real, además de la espectacular Armería, nos presenta El Retrato en las colecciones reales. De Juan de Flandes a Antonio López. CaixaForum, la titulada Los pilares de Europa. La edad media en el British Museum. Y la Fundación Mapfre, Los Fauves. La pasión por el color. Pero si hay una que, por su calidad, su interés, y su planteamiento les recomiendo especialmente es Renoir. Intimidad, ubicada en el Museo Thyssen-Bornemisza.

La exposición Renoir. Intimidad es una muestra retrospectiva dedicada a Pierre Auguste Renoir (1841-1919). A través de 78 obras autógrafas, realizadas a lo largo de seis décadas de trabajo, nos permite disfrutar y conocer su evolución, desde su etapa pre-impresionista hasta sus pinturas finales fuertemente modeladas e influidas por la tradición clásica.

Está articulada en ocho salas y seis bloques temáticos: impresionismo, retratos, paisajes, escenas familiares y domésticas, y bañistas. En todos ellos, Renoir, conocido como el pintor de la alegría de vivir, crea escenas amables a veces cargadas de una fuerte sensualidad. Una sensualidad que se vincula con el placer de tocar las cosas hermosas de la vida. Los personajes de sus obras se tocan y las superficies de lo pintado empujan al espectador a aproximarse, a acariciar, a intimar. La pintura, decía el autor, debe “apresarte, envolverte, llevarte”.

Debo confesar que no toda la exposición me parece igualmente interesante. A una primera etapa, la más propiamente impresionista realmente magnífica, le sigue un distanciamiento del grupo y un progresivo éxito comercial y social que le llevaría a ser nombrado en 1900 Caballero de la Legión de Honor francesa. Justamente esa primera etapa, que se extiende hasta 1882, está representada por algunos de sus cuadros más memorables. En ellos destacan ya sus rasgos impresionistas: pinceladas rápidas, factura abreviada y nerviosa, intensidad cromática, búsqueda de la atmósfera, y permanente presencia de la figura, que es como se presenta él en las cuatro exposiciones del grupo impresionista en las que participa. “Lo que queríamos en nuestras pinturas en 1874 eran unos acordes alegres, vida sin literatura”.

Pese a su mala salud, el autor se mantiene en una evolución constante, que le llevará a buscar el ideal clásico, teniendo como fuente de inspiración la Afrodita de Cnido, Rafael, Velázquez o Ingres. Y ahí de nuevo las figuras, que nunca le habían abandonado, alcanzan una especial relevancia: los retratos y las bañistas son buena prueba de ello.

La exposición termina con una sala muy sugerente titulada “Un hermoso jardín abandonado”. Ha sido concebida como un espacio de intimidad donde, a través de sutiles referencias a los aromas, los sonidos y las texturas, el visitante pueda tener la vivencia de transitar por el jardín que Renoir pintó en Mujer con sombrilla en el jardín. Como él mismo decía: “Me gustan los cuadros que me den ganas de pasearme por ellos, cuando es un paisaje”.

Sea puntual con el horario, dótese -si es posible- de una audio-guía, abstráigase de la multitud, y déjese llevar por el placer de vivir. El goce está asegurado.

Diario de Navarra, 1/12/2016

 

SPQR. Una historia de la antigua Roma

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La historia de Roma sigue teniendo para nosotros un profundo magnetismo. A ella hemos accedido desde varias fuentes: historias más o menos clásicas, entre la que destacan la Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon; novelas históricas memorables como Yo, Claudio de Robert Graves o Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar; y películas inolvidables como Ben-Hur o Gladiador.

Nuestro mundo, incluso ése que acaba de escoger como presidente a Donald Trump, aunque él probablemente no lo sepa, es hijo directo en muchas de sus manifestaciones más nobles de la herencia clásica, concretada en Grecia y Roma, a la que se añadirá posteriormente la herencia cristiana. Esta herencia es conocida como la romanización que se puede definir como “el lento proceso por el cual los habitantes de una determinada zona del Imperio van asumiendo lenta y progresivamente la forma de vida de los romanos”.

Esta misma semana he tenido la oportunidad de visitar con mis alumnos del Aula de la Experiencia de la UPNA dos ejemplos de esta romanización en el territorio de los vascones: la ciudad de Andelo y la villa de Arellano. Sorprende apreciar el cuidado urbanismo de la primera, con calles que Navarra no conoció hasta el siglo XVIII, perfectamente pavimentadas y dotadas de aceras: así como la exquisitez del gran mosaico del salón de la segunda, dedicado a Cibeles y Atis, dos divinidades procedentes del otro extremo del imperio, en la actual Turquía.

Pero, justo es reconocerlo, novelas, películas y obras históricas adolecían de una lectura grandilocuente, al servicio del poder, cuando no claramente tergiversada, además de muy unilateral. Los últimos descubrimientos, los avances experimentados y personalidades abiertas han dado un serio vuelco a estos estudios. Entre estas personalidades sobresale una mujer, Mary Beard, catedrática de Clásicas de la Universidad de Cambridge, miembro de la Academia Británica y de la Academia Americana de Artes y Ciencias, y premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016. Su SPQR es un libro ejemplar por muchas razones: profundamente documentado, abordado desde múltiples perspectivas, escrito con una bella prosa y claramente desmitificador. Entre sus páginas no aparecen solo reyes, cónsules y emperadores, sino que asoman también otros actores, hombres y mujeres, que completan un cuadro más coral. Sin duda, Cicerón y Augusto siguen siendo personajes de relumbrón, pero sus retratos presentan luces y sombras, acercándonos más al verdadero rostro de los personajes.

Se trata de un libro denso, dividido en cinco grandes capítulos que nos llevan desde la Roma arcaica y sus vecinos y el emplazamiento de Roma, pasando por la Italia romana y la ciudad de Roma en la era imperial, hasta desembocar en la concesión de la ciudadanía a todos los habitantes del imperio. Es justamente en el 212 d.C. cuando la profesora Beard finaliza su obra. Coincide con el momento en que el emperador Caracalla “adoptó la medida de convertir a todos los habitantes libres del Imperio Romano en ciudadanos romanos de pleno derecho, erosionando así la diferencia entre conquistador y conquistado y completando el proceso de expansión de los derechos y privilegios de la ciudadanía romana que había comenzado casi mil años antes”.

El libro necesita esfuerzo y atención, pero resulta una lectura altamente recomendable.

Ficha bibliográfica: BEARD, M., SPQR. Una historia de la antigua Roma, Crítica, Barcelona, 2016.

Fernando Redón, un humanista ilustrado

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Fernando Redón ante su exposición retrospectiva en el Parlamento de Navarra

A sus 87 años bien llevados y mejor aprovechados, nos ha dejado Fernando Redón Huici. Glosar su figura y su obra, y más en una ocasión como esta, no resulta fácil y estoy seguro que otras personas, con más mérito y conocimiento que yo, lo harán en sus múltiples facetas de arquitecto, dibujante, pintor, fotógrafo, docente y divulgador cultural. Por todo ello, merecería sin duda el calificativo de humanista, que estos días se repetirá para definir su persona. Pero a este perfil de hombre del renacimiento que lo sabe casi todo, unía un marcado carácter ilustrado. Ideas y valores como racionalidad, libertad, progreso, ciencia, autonomía, emancipación y técnica, puestas en circulación en el siglo de las luces, le eran familiares y consustanciales a su persona. Y ese deseo de mejorar la vida de sus conciudadanos le acompañó en su tarea profesional y vital. Solo así se explica su incursión en proyectos educativos, culturales y cívicos -entre los que destacan su labor en la Casa de Misericordia y en el Consejo Social de la UPNA- que han ocupado buena parte de sus últimos 30 años de vida.

Pero a este retrato de urgencia, con los rasgos inequívocos de humanista e ilustrado, le falta en mi opinión al menos un tercer trazo para completar un somero perfil: su pasión por vivir. Una pasión, convertida en deleite, que estaba presente en todas sus manifestaciones. En su trabajo, realizado con gusto, bella factura y exquisitez; en su amor por el arte y la naturaleza en todas sus manifestaciones, que le animó a ser un viajero lúcido y empedernido, y a dejar constancia de la belleza en sus dibujos, sus lienzos y sus fotos; en su habilidad en las relaciones grupales, siempre dispuesto al acuerdo y a distender situaciones difíciles; en su afición por la conversación y la buena mesa, de las que disfrutaba y hacía disfrutar a todos. Un hombre, en suma, que amó la vida, la saboreó y acostumbró a ver siempre la botella medio llena, incluso en momentos de dificultad.

Pero en Fernando Redón se ha dado una circunstancia especialmente afortunada. Ha sido reconocido en vida. Y eso lamentablemente no es muy frecuente entre nosotros. El 1 de julio de 2004, presidido por los entonces Príncipes de Viana, recibió en Leire el premio Príncipe de Viana de la Cultura. En las palabras de agradecimiento, el propio Redón hacía un un buen resumen de su trayectoria. Tras recordar, ratificar y glosar la cariñosa expresión de su madre, que lo definía como “peregil de todas las salsas”, concluía: “Soy afortunado porque he podido trabajar con ilusión en temas para mí atractivos, porque he procurado olvidarme de lo malo, porque he conocido a mucha gente de buena voluntad y, quizás sobre todo, porque he tenido la fortuna de saber, de verdad, lo que es querer y ser querido”.

Pero quedaba una deuda pendiente: recoger en una exposición antológica la variedad de las aportaciones realizadas por Fernando Redón a lo largo de su trayectoria, como creador de ciudad por medio de su trabajo como arquitecto y urbanista, y también como creador de ciudadanía en virtud de su labor en los ámbitos educativo, social, artístico y cultural. Ese fue el objetivo de la exposición “Fernando Redón Huici: Obra Cívica”, organizada conjuntamente por el Consejo Social de la UPNA, el Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro, el Parlamento de Navarra, el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona, comisariada por Luis M. Fernández Salido, autor de una tesis doctoral sobre el autor, y celebrada en el atrio del Parlamento de Navarra durante la primavera de 2015. Durante muchos de estos días, el propio Redón acompañó a familiares, amigos, colegas y grupos en su visita a la misma, y disfrutó como el que más, rememorando situaciones vividas o explicando pormenores. Aunque su salud ya era quebradiza, supuso una inyección de vida que él agradeció vivamente. Como agradeció también, como colofón a la misma, la entrega de la Plomada de Oro que el Colegio de Arquitectos de Navarra le otorgó como reconocimiento a una vida entera dedicada a la buena arquitectura.

Así me lo reconocía el propio Redón en una carta que me escribió para agradecer mi modesta aportación a la misma. “Para mí este año que se nos va me ha dejado un recuerdo imborrable. Es muy difícil que te des cuenta de todo lo que ha significado para mí aquella secuela de encuentros y reencuentros con antiguos colaboradores y alumnos, con viejos amigos y familiares que dedicaron días e hicieron muchos kilómetros para ver la exposición y darme un abrazo. No te puedes imaginar la cantidad de momentos emocionantes e irrepetibles a que dio lugar aquella exposición. Para mi, 2015 ha sido un año mágico”.

Amor con amor se paga, tituló su buen amigo Rafael Moneo su colaboración en el catálogo de la misma. Hago mías sus palabras, porque reconocer la valía de trayectorias profesionales como la de Fernando Redón nos honra a todos.

Diario de Navarra, 17/11/2016