El Museo de Navarra se renueva

Museo

A comienzos del siglo XX, en 1910, se inauguró en el edificio de la Cámara de Comptos de Pamplona el Museo Artístico-Arqueológico de Navarra. Tras la guerra civil, convertido el edificio de la Cámara de Comptos casi en un almacén por la acumulación de materiales recogidos, se decidió acondicionar el antiguo hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, contiguo al lienzo de las murallas. Del edificio primitivo, que continuó siendo hospital civil hasta 1925, solo quedaba la fachada plateresca, obra de Juan de Villarreal, ejecutada en 1556. El edificio fue inaugurado en 1956, iniciándose un periodo de añadidos y mejoras considerables. En 1985, tras un cambio de forjados, el nuevo Gobierno de Navarra encargó un proyecto de renovación total a los entonces jóvenes arquitectos Jordí Garcés y Enric Soria que, inaugurado en 1990, es el que ha llegado hasta nuestros días.

Se trataba de resaltar la colección del museo, representativa del devenir artístico de la Comunidad, y subrayar algunas de las piezas, de indudable alcance nacional e incluso internacional. Un diseño muy cuidado, un lenguaje moderno en su concepción y planteamiento, y el deseo de convertirlo en referente cultural de la ciudad, serían algunas de sus características, acompañadas de importantes premios nacionales.

Los años transcurridos no han sido fáciles para el museo. Fracasaron las iniciativas para dotar al edificio de una sección específica de arte contemporáneo, se redujeron las inversiones necesarias para su puesta al día, palidecieron los esfuerzos por programar exposiciones temporales de altura, y sus sucesivos gestores tuvieron que emplearse a fondo para mantener viva una llama que no alumbraba esplendorosa. Sin que ello sea óbice para subrayar y agradecer la gestión ordinaria de una institución abierta a la ciudadanía, de la que doy fe en mis frecuentes visitas con todo tipo de alumnado.

El pasado 1 de febrero, este mismo medio abría el d2 con este titular: “El Museo de Navarra entra en el siglo XXI con una renovación total. La pinacoteca aplica un cambio ‘radical’ a su discurso museológico”, y desplegaba tres páginas de profusa información sobre los cambios.

Tras una detenida visita realizada el pasado martes, estas son mis impresiones iniciales, que probablemente necesitarían de nuevos recorridos y contrastes. Aplaudo la iniciativa de actualizar discurso, contenido y lenguaje. Me gusta la inclusión de nuevos nombres -muchas de ellas mujeres-, la subsanación de algunas carencias, el diálogo entre autores de épocas distintas, la nueva presentación de espacios y la disposición de algunas de las salas temáticas. Pero no estoy nada convencido de que esta apuesta, llevada a todo el museo, sea la mejor opción. La renovación integral de las plantas tercera y cuarta ha soportado bien el cambio. Pero no deja de ser verdad que cualitativamente es lo menos interesante del museo y que los verdaderas obras maestras -el marqués de San Adrián- no han sido objeto de cambios sustanciales. Su nueva ubicación es ejemplo de una neutralidad que prima la obra en sí misma, sin aditamentos de ningún tipo. Me preocupa más el impacto que esta apuesta pueda tener en el ámbito de la prehistoria, la romanización, los capiteles románicos de la catedral de Pamplona o la colección de pintura gótica, algunas de las piezas estrella de la colección. ¿Se diluirán entre lecturas más complejas? ¿Perderán su carácter de hitos en la cronología artística de Navarra?

Bienvenidos sean los cambios, si estos ayudan a conseguir lo que todo museo debe aspirar a lograr: emocionar, interpelar y sentir. En su día, todo arte fue contemporáneo, Que lo sea hoy, no es tarea fácil. El icono de la nueva exposición, el marqués de San Adrián de Goya con móvil y cascos, es todo un símbolo. Como imagen tiene fuerza y llama poderosamente la atención, pero el valor intrínseco de la imagen se lo da la calidad de la pintura, no los aditamentos que lo acompañan.

Reconozco el trabajo y la valentía de la apuesta. Tranquiliza pensar que el equipo multidisciplinar que lo ha diseñado merece crédito, y que estamos ante un proyecto que durará cinco años y que después se revisará. Tómense estas notas como un aporte y un acicate a esa necesaria reflexión.

Diario de Navarra, 21/2/2019

 

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El mapa local, otra oportunidad perdida

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El capítulo segundo del Amejoramiento, que abarca los artículos 11 al 22, está dedicado al Parlamento o Cortes de Navarra. El artículo 11 señala que al Parlamento, que representa al pueblo navarro, le corresponde, entre otras, la potestad legislativa. El 20 concreta que las leyes forales se aprobarán por mayoría simple -más votos a favor que en contra-, excepto aquellas que estén expresamente citadas en el propio Amejoramiento y aquellas otras que sobre organización administrativa y territorial determine el reglamento de la Cámara, que requerirán mayoría absoluta -la mitad más uno de los miembros de la Cámara-. La Ley Foral de Administración Local de Navarra es una de ellas y, en consecuencia, fue aprobada el pasado 31 de enero, por 26 votos a favor y 24 votos en contra. Parecería, por tanto, que nada hubiera que reprochar a una ley que cumple todos los requisitos previstos en nuestra LORAFNA.

Por haber formado parte del ejecutivo y de legislativo navarros, soy perfectamente consciente de la dificultad de consensuar una ley que tiene muchas aristas, obedece a múltiples intereses y afecta directamente a la vida diaria de todos los ciudadanos de la Comunidad. Prueba de su dificultad es que todos los partidos y organizaciones están de acuerdo en la necesidad de su modificación y, pese a ello, desde el año 1990, ni unos ni otros han sido capaces de sacar adelante una nueva ley razonablemente consensuada.

A la vista de ello, uno debería preguntarse si no resulta posible alcanzar dicho consenso. No hay sino que recurrir a la hemeroteca para constatar que gobiernos ampliamente minoritarios como los de los años ochenta del pasado siglo, sacaron adelante leyes de igual o mayor dificultad, utilizando el diálogo y el acuerdo como instrumentos básicos en su forma de hacer política. En la legislatura 83-87 fueron aprobadas 8 leyes de mayoría absoluta, entre ellas la de Zonificación Sanitaria o la del Vascuence. Y entre 87 y 91, otras 6, entre ellas la Ley Foral de Administración Local de Navarra, la última de desarrollo de la LORAFNA, que es la que se acaba de modificar.

Este consenso, palabra clave especialmente necesaria en esta ley que afecta a municipios que han sido, son y previsiblemente serán gobernados por partidos de signo distinto a lo largo del tiempo, es lo que se ha echado en falta a lo largo del proceso. No negaré los esfuerzos realizados, pero lamentablemente no han sido suficientes. Me resisto a creer que resulte imposible alcanzar unos mínimos entre partidos llamados a ejercer el gobierno de la Comunidad y de sus entidades locales en el corto y medio plazo. La ley exige, al menos, el consenso de UPN, el primer partido de la Comunidad, Geroa Bai y el PSN si queremos que tenga un mediano recorrido. ¿Que se suman los demás? Sería lo deseable, pero este núcleo es el que le aporta viabilidad a futuro.

No entro en detalles, porque no es el objeto de este artículo. Pero no puedo menos que mostrar mi disconformidad, desde la Navarra rural en la que vivo, con el sistema de comarcas planteado. ¿No sería mejor mantener las merindades, de tan larga trayectoria histórica, y crear un ente nuevo para el área metropolitana de Pamplona que, aunque escasa en kilómetros cuadrados, engloba ya a la mitad de la población de Navarra?

En resumen, dados los cambios experimentados por la Comunidad Foral en los últimos veinte años, creo imprescindible una reforma del mapa local a fondo, que aborde los nuevos retos a los que se enfrenta la sociedad navarra del siglo XXI. Pero no le veo futuro a una ley aprobada con el mínimo de votos necesarios, sin el apoyo de UPN y PSN, partidos sólidamente implantados en buena parte de la Comunidad. Una ley que, además, alberga en si misma el germen de la inviabilidad. Exigir tres quintos de votos favorables de quienes la componen para poder crear una comarca, es provocar que algunas de las más significativas, por dimensión, población e importancia histórica resulten inviables, dado que los partidos contrarios a la ley gobiernan en buena parte de sus municipios.

La palabra clave sigue siendo “consenso”, hoy más necesario que nunca en un parlamento muy fragmentado, que probablemente lo estará todavía más en la próxima legislatura. Lo que fue posible ayer, y hoy no lo ha sido, deberá serlo necesariamente mañana. No perdamos la esperanza.

Un catálogo digno de recuerdo

zkaba

Ficha técnica

Título: Ezkaba 1938-2018

Autores: José Miguel Gastón y Cesar Layana

Editorial: Gobierno de Navarra

Lugar y fecha de edición: Pamplona, 2018

Páginas: 63

Precio: 5 euros

El trabajo de familiares, asociaciones e investigadores ha permitido recuperar la memoria, olvidada durante demasiados años, de muchos de los fusilados y represaliados en la guerra civil, en su mayor parte vinculados a sindicatos y partidos políticos de izquierda. En 2018 su cumplieron 80 años del aniversario de uno de los episodios más sangrantes de aquella desdichada época: la fuga de 795 presos del Fuerte de Alfonso XII o de San Cristóbal, convertido en penal. 214 de ellos fueros asesinados y enterrados en fosas comunes, algunas de las cuales van saliendo afortunadamente a la luz. Varios cientos más murieron allí, victimas del frío, la humedad, la enfermedad y las durísimas condiciones de vida.

En los últimos años, se han editado varios libros en torno al acontecimiento, del que destacamos estos dos: Los fugados del Fuerte de Ezkaba, de Fermín Ezkieta y Tejiendo redes. Mujeres solidarias con los presos del Fuerte de San Cristóbal de Amaia Kowachs. Para conmemorar esa fecha tan trágica, el Gobierno de Navarra organizó una exposición titulada: “Ezkaba:1938-2018”. El folleto que ahora comentamos recoge el catálogo de la exposición, que recoge en buena medida los contenidos de la misma.

Si una buena exposición se define, entre otras cosas, por la calidad de su catálogo, hemos de señalar que el que comentamos es preciso en su texto bilingüe en castellano y euskera, profusamente ilustrado y magníficamente diseñado y maquetado. Justo lo que un catálogo que se precie debe contener.

Diario de Navarra, 4/1/2019