Lutero. Una vida delante de Dios

Lazcano

El pasado día 31 de octubre se cumplieron 500 años de la misiva que Lutero envió a su arzobispo presentando las 95 tesis sobre las indulgencias. Probablemente, frente a lo publicado por Melanchthon, Lutero nunca clavó en la iglesia del castillo de Wittenberg el documento, pero esa anécdota añadió carácter épico a una iniciativa que tendría graves consecuencias religiosas y políticas en el futuro.

Entre los numerosos libros que han aparecido estos meses dedicados a la figura de Lutero, Rafael Lazcano, historiador, bibliógrafo y editor, especializado en historia de la Iglesia, ha publicado uno que califica como vita brevis, titulado Lutero, una vida delante de Dios. “Una vida, en palabras del propio autor, escrita en el contexto de su época y desde la que emerge el hombre de fe, el teólogo creyente, el personaje y la evolución doctrinal a lo largo de su andadura personal al compás de los tiempos y las circunstancias”.

Martín Lutero fue universitario en Erfurt, religioso en el convento de San Agustín, estudiante, profesor y doctor en teología en Erfurt y Wittenberg, y catedrático de Sagrada Escritura a la que dedicó treinta y dos años de enseñanza. El libro nos permite seguir su evolución humana y cristiana que le llevó desde su creencia radical en una imposibilidad de salvación a intuir una nueva doctrina basada en la teología de la cruz y la certeza de la salvación por la fe sola. Por medio quedan sus 95 tesis contra las indulgencias, los conflictos con el papado y el emperador, el apoyo de los príncipes alemanes, la bula de excomunión de León X, la ruptura definitiva con la Iglesia católica, la hora de la espada y la cólera en la guerra de los campesinos, su matrimonio con Catalina de Bora, su vida matrimonial en Wittenberg dedicada a la cátedra, el púlpito y la pluma, la ratificación de su doctrina de la justificación por la fe y su última etapa como padre de la Reforma.

Pero ¿cuál fue el legado de Lutero tras una vida convulsa, compleja y rica? Esta es la conclusión del autor. “Con un estilo fácil y elocuente, popular y acerado, sobre todo una vez que deja el catolicismo. La teología de Lutero quiere hallar a un Dios propicio en medio del sentimiento íntimo que experimentaba de su propia debilidad moral. Desconfiaba del amor de Dios, y su interior estaba lleno de angustia y desesperación religiosa. Un pesimismo radical invadió su alma impulsiva, radical y fogosa hasta el alumbramiento de una nueva doctrina: la salvación del hombre no se consigue por el cumplimiento de la ley, sino por el Evangelio; no por las obras, sino por la sola fe, entendida como fiducia, confianza y esperanza en Dios. En efecto, la doctrina de la justificación por la fe es la columna vertebral de todo el sistema teológico y de su pensamiento. Volcado hacia la predicación transmitió las bases doctrinales del edificio de la Reforma con sutileza teológica y no escasa belleza literaria.

Por la traducción de la Sagrada Escritura al alemán merece el título de forjador de la moderna lengua alemana. El proporcionó al pueblo alemán una versión maestra de la Biblia por sencilla y castiza.

Lutero y la Reforma protestante insistieron con mantenida relevancia en que era más importante que el buen cristiano se ocupase de pensar y sentir la fe dentro de sí mismo que de mostrar su adhesión a la práctica externa de ritos y devociones. El doctor de Wittenberg, fuerza motriz de la Reforma, en cuanto testigo del evangelio e instrumento en las manos de Dios, nos recuerda y plantea, a su vez, la raíz religiosa del hombre y del mundo. Este vivir delante de Dios es todo cuando representa la vida de la fe que ofrece al creyente la certeza de la salvación”.

Como se ve una visión de Lutero y su legado muy distinta de la que ha sido habitual en la tradición de la Iglesia católica. El libro es relativamente fácil de leer y resulta de utilidad para conocer su figura y su obra de en el 500 aniversario de la Reforma.

Ficha bibliográfica: LAZCANO GONZÁLEZ, R., Lutero. Una vida delante de Dios, San Pablo, Madrid, 2017.

 

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Instrumental

Instrumental

James Rhodes es un buen concertista de piano. Él mismo reconoce que no es está en el top ten de los pianistas actuales, ni mucho menos. Sin embargo, pocos instrumentistas gozan de tanto fervor mediático. Su lengua mordaz e incluso soez, su estilo desenfadado a la hora de presentarse a un concierto, normalmente de vaqueros y camiseta, y sus deseos de romper la norma establecida con explicaciones nada convencionales de las piezas que interpreta, son algunas de las razones de su éxito. Si a ello unimos una vida que él mismo resume de esta manera: “Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida”, no hay duda de que estamos ante un personaje interesante y singular, aunque a continuación lo deba calificar de estrafalario, valiente y poco convencional.

El libro que recoge su corta vida -no tiene sino 42 años-, se titula Instrumental”, el nombre de su sello musical, y se subtitula Memorias de música, medicina y locura.

La historia de su vida, tan dura y descarnada que le trajo problemas con la justicia británica, dado que su exmujer pidió que el libro no se publicara, tiene interés en lo que supone de testimonio personal. Un joven de clase bien, que debido a los abusos, querencias personales y compleja personalidad estaba abocado a ser carne de cañón y acabar mal, se redime gracias a un complejo proceso en el que la música tiene un papel preponderante. Él es consciente de la mala imagen que proyecta en su libro. Tras describir una de sus muchas crisis, señala: “Aquí hay narcisismo y una lástima por mí mismo de manual. Ahora lo percibo. Sin embargo, cuando estás metido en ello, cuando sientes que te ahogas en ese mierda y todo parece de lo más real, no ves las cosas con esa perspectiva. En la depresión, el trauma, el estrés postraumático, como queráis llamarlo, no queda espacio para la realidad. Mi mundo se había desmoronado y solo cabíamos yo, mis delirios y mi ego”.

A medida que el libro transcurre, la esperanza comienza a tomar cuerpo. Mejora en lo personal, lo profesional y lo psicológico. Comienzan los conciertos, los programas de televisión, los escritos en la prensa. Y se enamora de nuevo. Siempre inestable y temeroso, se permite sin embargo dar una serie de consejos relativos a la relación de pareja que sorprenden porque a veces suenan a libros de autoayuda: sé consciente de que te equivocas, alégrate de equivocarte, sé generoso, asume el compromiso de que ni os planteáis dejarlo, no os hagáis preguntas sobre el pasado del otro, adelántate a lo que necesita la otra persona. En dos palabras, sé bueno. Y aspira a lo siguiente para su vejez: “ella y yo nos estamos dando la mano en la parada del autobús con setenta y tantos años, y somos una de esas parejas que arranca sonrisas a la gente”.

Si el libro fuera sólo esto, estaría bien, sin más. Pero tiene una tercera faceta que lo hace particularmente interesante. Todos los capítulos, que él llama temas, están introducidos por una obra para piano, con un comentario sobre la misma y la sugerencia de una grabación concreta. En ella aparecen su trilogía preferida, Bach, Beethoven y Chopin, y algunos de los pianistas y directores de más lustre: Glen Gould -para él el mejor pianista de todos los tiempos-, Kissin, Ohlsson, Ashkenazy, Leonskaja, Tiempo, Pollini, Zimerman, Luisada, Lonquich, Lupu, Kocsis, además de Sokolov, en su opinión el mejor de los pianistas vivos.

Sugiere además que compremos, robemos o escuchemos en streaming estos tres discos: La Sinfonía nº 3 y nº 7 de Beethoven, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres; las Variaciones Goldberg de Bach, interpretadas por Glen Gould; y los Conciertos para piano 2 y 3 de Rajmáninov, con Andrei Gavrilov al piano.

Todas las obras descritas pueden, a su vez, encontrarse en internet, en la página http:/bit.do/instrumental. Por todo ello, me parece un libro muy recomendable.

Ficha bibliográfica: RHODES, J., Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, Blachie books, 7º edición, Barcelona, 2017

 

Atravesé las Bardenas

Bardenas

Portada del libro

 

Acaba de salir al mercado “Atravesé las Bardenas”, la última novela de Eduardo Gil Vera. Dados el autor, nació en Tudela, y el título, de tanta raigambre navarra, tomé el texto de poco más de 100 páginas de la estantería de novedades de la biblioteca pública de Estella y lo he leido con gusto estas últimas tardes. El autor, traductor y buen conocedor de la literatura griega y romana, lo encabeza con unas cita tomada de Heráclito: “Uno vale por 10.000 si es el mejor”.

La historia, toda una alegoría, no es precisamente ni grandilocuente ni referida a vencedores. En 1956, pasado ya lo peor de la posguerra, el señor Yaben, un ingeniero del Instituto Nacional de Colonización, idea un pueblo de colonización que construirán y habitarán presos en una inhóspita zona de las Bardenas. El proyecto no solo servirá para que los reos rediman sus condenas, sino que además los convertirá en colonos sin el componente del origen carcelario, justo lo que sucedió con algunos pueblos existentes en la zona: Gabarderal, San Isidro del Pinar o Figarol, por citar los tres más conocidos.

Dámaso Torrentera, nombre del protagonista, así llamado por el cura del hospicio de Calatayud que lo bautizó por haber nacido el día del santo y haber sido encontrado en una torrentera, fue aprendiz de soguero, repartidor de la leche de Cáritas en el hospicio de Calatayud, interno del reformatorio y aprendiz en el canal de Tauste. Era un mozo de ojos grandes y oscuros, tez sonrosada y expresión seria, cuando el señor Yaben lo llamó y lo hizo el jefe del grupo. Precisamente a él, al que su justicia y rectitud no le habían deparado sino malas consecuencias, porque fue condenado por ayudar a un compañero tratado injustamente por el capataz, mutilado de guerra, con la mala fortuna de morir en el canal tras el empujón propinado por Dámaso.

La realización de esta utópica población, que tendría todos los elementos de un pueblo moderno, incluida una plaza de toros, es una alegoría de la naturaleza de los sueños humanos, y permite al autor ahondar en las contradicciones de la condición humana en toda su desnudez. Con una idea añadida, el texto tiene un aire de fábula con tintes bíblicos.

Dividida en tres capítulos que tienen título de jota bardenera: aunque nevaba y llovía, pero cómo te iba a ver, me pareció primavera, el texto está bien compuesto, se lee con gusto y presenta un fresco de perdedores dotados de sentimientos, buen corazón y solidaridad grupal. Una novela que he leído con interés y agrado.

Ficha bibliográfica: GIL VERA, E., Atravesé las Bardenas, Acantilado, Barcelona, 2017.

Me rindo

2666

Ahora que dispongo de más tiempo, he decidido intentar la lectura de algunos autores, que hasta ahora no me había sido posible abordar, sobre todo por su dificultad de escritura. He tenido en las últimas semanas en mi mesilla de noche, modo ebook, la titulada 2666.

2666 es una novela póstuma del escritor chileno Roberto Bolaño( 1953-2003) publicada en el año 2004. Consta de cinco partes que el autor, por razones económicas, planeó publicar como cinco libros independientes para asegurar así, en caso de fallecimiento, el futuro de sus hijos. No obstante, tras su muerte, los herederos ponderaron el valor literario y decidieron editarla como una única novela. La decisión la tomaron junto con su editor, Jorge Herralde, y el crítico literario, Ignacio Echeverría, que revisó y preparó para su publicación los manuscritos del autor.

Gran parte de la acción de los cinco libros transcurre en la ciudad ficticia de Santa Teresa, que se ha identificado con Ciudad Juárez. La primera parte se titula La parte de los críticos, y los personajes principales son el francés Jean-Claude Pelletier, el italiano Piero Morini, el español Manuel Espinoza y la inglesa Liz Norton, profesores de literatura que se embarcan en la búsqueda del escritor alemán Benno von Archimboldi. En La parte de Amalfitano el personaje principal es Óscar Amalfitano, un profesor chileno que se trasladó a Santa Teresa desde Barcelona junto con su hija para dar clases en la universidad de dicha ciudad. En La parte de Fate, un periodista estadounidense, Quincy Williams, cuyo apodo es Fate, debido al fallecimiento de un compañero se desplaza a la ciudad mencionada a cubrir la noticia de un combate de boxeo. La cuarta parte se titula La parte de los crímenes y describe los asesinatos de mujeres acontecidos en la ciudad de Santa Teresa, junto con las investigaciones que se llevan a cabo y que normalmente no arrojan ningún resultado. La novela finaliza con La parte de Archimboldi, donde se narra la vida del escritor Benno von Archimboldi, y los intentos de su hermana para sacar al hijo de esta de la prisión de Santa Teresa. El nexo de todas las partes de la novela parece ser los asesinatos de las mujeres en Santa Teresa.

Después de esta pequeña síntesis, tomada de Wikipedia, y de los premios obtenidos, lo lógico hubiera sido que disfrutara del texto. No me ha sido posible. Funcionaba como un somnífero, una vez que lo cogía en la mesilla de noche. No ha sido el ambiente adecuado, me dije optimista. Y comencé uno recientemente editado, titulado “El espíritu de la ciencia ficción”. El resultado no ha sido mejor. No he podido pasar de la página 50, sin que pueda resumirles su contenido, porque apenas me he enterado de nada.

Por eso, desisto. Me rindo. Lamentablemente, para mí Bolaño, por supuesto que desde el respeto, siempre será un escritor maldito.

BOLAÑO, R., 2666, Anagrama, Barcelona, 2004.

El monarca de las sombras

Cercas

Reconozco que Javier Cercas es un autor que me resulta próximo por razones literarias y cívicas. Los libros Soldados de Salamina y Anatomía de un instante me causaron una excelente impresión en su día, y su visión lúcida del tiempo presente, unida a la defensa de los valores democráticos y constitucionales en la Cataluña de hoy, son facetas que avalan estas dos razones a las que me refería anteriormente.

La lectura de la nueva novela del autor no me ha decepcionado, ni mucho menos. El monarca en las sombras, curioso título de profunda raíz literaria, narra la búsqueda del rastro casi perdido de un joven anónimo que peleó por una causa injusta y murió en el lado equivocado de la historia. Se llamaba Manuel Mena, y en 1936, al estallar la guerra civil, se incorporó al ejército de Franco. Dos años después murió combatiendo en la batalla del Ebro, la más dura de las contiendas de la guerra, y durante décadas se convirtió en el héroe oficial de la familia. Era tío abuelo de Javier Cercas, quien siempre se negó a indagar en su historia, hasta que se sintió obligado a hacerlo. El resultado de esa indagación es una novela peculiar, llena de emociones y hasta de humor, que nos enfrenta a algunos de los temas esenciales de la narrativa de Cercas: la naturaleza poliédrica del heroísmo, la pervivencia de los muertos o la dificultad de hacerse cargo del pasado más incómodo, que casi todos llevamos en la mochila.

La primera sorpresa de la novela es el carácter de la misma. ¿Puede llamarse novela a un texto que narra la indagación sobre un hecho histórico, trufado de recuerdos personales, en los que el autor participa en muy primera persona? En todo caso es un complejo y poliédrico modo de narrar una historia que resulta apasionante y que nos lleva del caso particular de Manuel Mena a la reflexión lúcida sobre una guerra que condicionó radicalmente la vida de nuestros abuelos, marcó la trayectoria de nuestros padres y todavía vive en la memoria de muchos de nosotros, la tercera generación tras la guerra.

El título de la novela también me llamó la atención desde el principio. Y es el propio autor quien nos da una explicación larga y razonada al final de la misma. “Es mil veces preferibles ser Ulises que ser Aquiles, vivir una larga vida mediocre y feliz de lealtad a Penélope, a ïtaca y a uno mismo, aunque al final de esa vida no aguarde otra, que vivir una vida breve y heróica y una muerte gloriosa, que es mil veces preferible ser el siervo de un siervo en la vida que en el reino de los sombras el rey de los muertos”.

La valoración de la vida y obra de Manuel Mena le lleva al autor a algunas páginas de especial interés. Tomo dos párrafos que reflejan bien la ambivalencia del autor sobre el balance de una vida tan corta como intensa. Cuando tras muchos años regresa con su madre a Bot, el pueblo donde murió Manuel Mena y se encuentra sólo con ella en la habitación donde exhaló el último aliento, se pregunta qué le habría dicho al joven alférez moribundo si le hubiese acompañado en ese trance: “Me contesté que habría intentado, que habría hecho lo posible por ayudarle a bien morir. Pensé que le habría dicho que era verdad, que iba a morir, pero que no moría solo ni anónimo en la habitación en penumbra de una posada, lejos del combate y de la gloria, sin haber podido dar la medida de sí mismo en el campo de batalla. Pensé que le habría dicho que era verdad, que iba a morir, pero que debía de morir tranquilo, porque su muerte no era una muerte absurda. Que no moría peleando por unos intereses que no eran los suyos ni los de su familia, que no moría por una causa equivocada (…) que su muerte tenía sentido. Que moría por su madre y sus hermanos y sus sobrinos y por todo cuanto era decente y honorable. Que su muerte era una muerte honorable. Que había estado a la altura y había dado la talla y no se había arrugado. Que moría en combate como Aquiles en la Iliada. Que su muerte era Kalos thanatos y él moría por valores que lo superaban y que la suya era una muerte perfecta que culminaba una vida perfecta. Que yo no iba a olvidarlo. Que nadie iba a olvidarlo. Que viviría eternamente en la memoria volátil de los hombres, como viven los héroes. Que su sufrimiento estaba justificado. Que era el Aquiles de la Ilíada y no de la Odisea. Que en el reino de los muertos no pensaría que es preferible conocer la vejez siendo el siervo de un siervo que no conocerla siendo el monarca de las sombras. Que nunca sería como el Aquiles de la Odisea, que nadie le había engañado, que no le mataba un malentendido. Que la suya era una bella muerte, una muerte perfecta, la mejor de las muertes, Que iba a morir por la patria”. Recuerdo que el libro se abre con la cita de Horacio: Dulce et decorum est pro patria mori”.

Pero se impone su propia opìnión, que no se atreve a comunicar a su madre: “Que tío Manolo no murió por la patria, mamá. Que no murió por defenderte a tí y a tu abuela Carolina ni a la familia. Que murió por nada, porque le engañaron haciéndole creer que defendía sus intereses cuando el realidad defendía los intereses de otros y que estaba jugándose la vida por los suyos cuando el realidad sólo estaba jugándosela por otros. Que murió por culpa de una panda de hijos de puta que envenenaban el cerebro de los niños y los mandaban al matadero. Que en sus últimos días o semanas o meses de vida lo sospechó o lo entrevió, cuando ya era tarde, y que por eso no quería volver a la guerra y perdió la alegría con que tú lo recordarás siempre y se replegó en sí mismo y se volvió solitario y se hundió en la melancolía. Que quería ser Aquiles, el Aquiles de la Ilíada, y a su modo lo fue, al menos lo fue para tí, pero en realidad es el Aquiles de la Odisea, que está en el reino de las sombras maldiciendo ser en la muerte el rey de los muertos y no el siervo de un siervo en la vida. Que su muerte fue absurda”.

Porque para el autor, Manuel Mena había perdido la guerra tres veces: “la primera, porque lo había perdido todo en la guerra, incluida la vida; la segunda, porque lo había perdido todo por una causa que no era la suya sino la de otros, porque en la guerra no había defendido sus propios intereses sino los intereses de otros; la tercera, porque lo había perdido todo por una mala causa: si lo hubiera perdido por una buena causa, su muerte habría tenido un sentido, ahora tendría sentido rendirle tributo, su sacrificio merecería ser recordado y honrado. Pero no, la causa por la que murió Manuel Mena era una causa odiosa, irredimible y muerta”.

En definitiva, un libro interesante, distinto, escrito con brillantez literaria y honradez intelectual.

Ficha bibliográfica: Javier Cercas, El monarca de las sombras, Literatura Random House, Barcelona, 2017.

 

La desfachatez intelectual

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El propósito de este libro, provocador desde la primera a la última página, lo deja claro y explícito el autor en la página 21 del mismo, tras ilustrarnos con una serie de textos de intelectuales muy conocidos de nuestros días, habituales en las páginas de los diarios y revistas tenidas por serias: “El objetivo es señalar los excesos lamentables que se producen en nuestra esfera pública como consecuencia de la falta de filtros en la publicación de opiniones y de la impunidad reinante en el mundo de las letras (no pasa factura escribir de oídas o decir tonterías como las que he citado al principio de estas páginas)”.

La actitud del autor es muy poco frecuente: “Casi nadie señala con nombres y apellidos a los responsables de propalar en la esfera pública malos argumentos y emplear un estilo de intervención más estético que analítico. Al contrario, lo que domina es una actitud generalizadamente hipócrita, consistente en hablar bien en público de las ideas de cierto autor y luego ponerle a caer de un burro en privado”. Y no se trata de autores cualquiera. Por sus páginas aparecen nombres tan rutilantes como Félix de Azúa, Fernando Sabater, Antonio Muñoz Molina, Luis Garicano, Javier Marías, Javier Cercas, Jon Juaristi o Mario Vargas Llosa.

El capítulo primero, titulado “La maldición del escritor” sostiene la tesis, con ejemplos variopintos, de que en España los escritores intervienen demasiado en los asuntos públicos y que esa sobreabundancia de literatos es en última instancia reveladora sobre cómo se concibe el debate público en nuestro país, “lleno de apelaciones ideológicas muy genéricas, de exhibicionismo moral, de afirmación del subjetivismo más ramplón y con poco gusto por el detalle y el rigor analítico (…) No se molestan en averiguar lo que se sabe sobre ciertos temas ni lo que se opina fuera de nuestras fronteras”. Ejemplo paradigmático de este modo de proceder es lo que Diego Gambetta llama “machismo discursivo” o la cultura del ¡claro!, extendido en el sur de Europa y Latinoamérica. “El punto de partida es la expresión de una opinión tajante y contundente, rotunda, que no deja resquicio a la duda. Gambetta distingue dos tipos de cultura occidental: la analítica y la holística. La analítica se basa en ir construyendo un argumento mediante pequeños elementos. Los argumentos tienen una preparación lenta, pues requieren pericia en la cuestión que se esté tratando y cierta habilidad intelectual para ir uniendo las diversas partes que componen el razonamiento. Por el contrario, en la cultura holística se supone que el conocimiento constituye un bloque compacto, sin fallas, de manera que quien interviene en la esfera pública tiene opiniones fuertes sobre todo, sea cual sea el objeto del debate. Dichas opiniones se fundamentan en la autoridad de quien las emite. Por supuesto, la autoridad es tanto mayor cuanto mayor sea el desparpajo y la osadía con la que se presenten las opiniones. Ejemplos de Azúa, Marías, Vargas Llosa o Cercas sirven para ilustrar estas posiciones. La conclusión del autor es la siguiente: “Debido a la peculiar tradición intelectual española, mucho más orientada hacia la literatura y el ensayo que hacia la investigación y la ciencia, los escritores continúan ocupando un espacio excesivo en el debate público. Llevados por la fuerza de la cultura holística, los escritores acaban expresando sus puntos de vista acerca de la crisis del bipartidismo, la tarifa de la luz, la reforma constitucional y cuanto asunto cobre fuerza y protagonismo en la espera pública. En España sobran figurones y santones.

El segundo capítulo, titulado “la obsesión nacional” está dedicado al debate sobre el nacionalismo. Tras citar párrafos de los intelectuales más conspicuos en este tema, el autor llega a la siguiente conclusión nada complaciente: “Los intelectuales más furiosamente antinacionalistas han acusado siempre a los políticos nacionalistas de ser sectarios y dogmáticos, de contar milongas a sus seguidores, de apelar a los sentimientos más primitivos, primando la emoción sobre la razón. Y parte de razón tienen, qué duda cabe. Pero viendo cómo esos intelectuales se jalean entre sí, se publican unos a otros, se prestan unos a otros argumentos prefabricados, se ríen las gracias y se callan siempre ante los excesos que los más bocazas entre los suyos cometen, me temo que en la carrera del sectarismo intelectual no se distancian tanto de los detestados nacionalistas, Van tan cargados de razón y tienen siempre tanto campo abierto en los medios de comunicación y casas editoriales que se les olvida argumentar con el rigor que sería exigible”.

Otro de los temas recurrentes es la crisis, a la que dedica el autor el capítulo tercero, titulado “La crisis: merecíamos algo mejor”. De nuevo, tras analizar algunos de los escritos más significativos, concluye: Mi principal crítica, en cualquier caso, ha consistido en mostrar que la mayor parte de las propuestas se formulan sin haber realizado un estudio previo sobre la cuestión. Careciendo, por tanto, de soporte empírico, y, sobre todo, sin pararse a pensar en los factores que impiden que el país cambie en la dirección que sus autores propugnan. Suponer que son las “élites extractivas”, la transición o el bipartidismo lo que impide que España tenga un sistema educativo excelente y una política limpia y eficaz resulta, sin duda, infundado. Nuestros reformistas proporcionan unos diagnósticos simplistas, que no tienen en cuenta ni los aspectos distributivos y de justicia social que toda reforma requiere para ser puesta en práctica con un mínimo de consenso social ni los aspectos sociales y de largo plazo que pueden acabar neutralizándola. Súmese a todo esto un enfoque muy insular, en el que España es el principio y final de todas las preocupaciones, sin que se preste mayor atención a la perspectiva comparada, y ya tenemos todos los elementos que configuran el tipo de análisis sobre la crisis que ha dominado en nuestro país durante estos años. Merecíamos algo mejor”.

El libro termina con un breve capítulo titulado “El ocaso de los figurones”. El autor señala que hay cuatro elementos para valorar la aportación de un autor: estudio previo, crítica abierta, garantía de valor añadido y cuestionamiento de la autoridad. “En comparación con las nuevas voces que han ido surgiendo, las opiniones políticas de los Savater, Cercas, Muñoz Molina, Juaristi, Azúa, Vargas Llosa, Marías, Espada, etc., tienen a estas alturas algo de pintoresco. Siempre es agradable leer su prosa, resulta entretenido estar al tanto de sus obsesiones, pero es difícil tomárselos muy en serio cuando hablan de política. Lo cual no impide que su obra literaria o ensayística merezca los elogios más encendidos. Frente a los figurones de siempre, con su ego hinchado y su opinión tajante e idiosincrática, van surgiendo aquí y allá autores mejores preparados y más especializados, menos visibles, pero más numerosos, con menor sello personal, pero mayores dosis de análisis y reflexión, menos brillantes, pero más rigorosos. Tal vez sus personalidades no resulten tan arrolladoras, pero tienen más recursos intelectuales. Nuestra conversación colectiva sobre política debería ser más abierta e inclusiva y estar más inspirada por los ideales que rigen la investigación”.

Ignacio Sánchez Cuenca, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid no sé si habrá salido bien parado de este envite. Pero no cabe duda de que el autor tiene arrestos, lo cual se agradece en aras del propio debate.

Ficha bibliográfica: SÁNCHEZ CUENCA, I., La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política, Catarata, Madrid, 2016.

Tú no eres como las otras madres

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Animado por el comentario de Víctor Manuel Arbeloa, que en su cuaderno de bitácora valoraba la novela como excepcional, inicié la lectura del libro con los mejores augurios. Terminada ésta, no dudo de haber leído un buen libro, pero no tengo la sensación de haber tropezado con una obra maestra.

La novela reconstruye la vida de una madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía del Berlín de entreguerras, liberada de los prejuicios de su tiempo y casada sucesivamente con tres hombres bien distintos. Es madre de tres hijos tenidos con hombres a los que ha amado, además de otras muchas relaciones ocasionales. La vida nos la cuenta una de sus hijas, Angelika Schrobsdorff, que coincide con las autora de la novela, por lo que tiene mucho de biográfico.

Dos épocas bien distintas se describen en la obra. En la primera parte, el Berlín desenfrenado de los locos años veinte, con sus fiestas, sus conciertos y sus cabarets, se nos presenta un periodo de pasión, juventud, energía y loca actividad política en el que se incuba el nazismo. El fresco que se nos propone es amplio, brillante y bien articulado, y la sociedad alemana, con las fracturas que se adivinan, se nos describe desde la perspectiva de una clase media donde soñadores, artistas, agitadores, conspiradores, espías, criados, intelectuales y falsificadores tienen su asiento.

Pero esa mujer liberada y poco temerosa es judía y esta condición marcará el resto de su vida. La preocupación inicial da paso a un miedo progresivo que se convierte en preocupación obsesiva por ella y su familia a medida que los nazis se asientan en el poder. Si quiere sobrevivir tendrá que aceptar un matrimonio de conveniencia, y exiliarse a Bulgaria con sus dos hijas, desconocedoras en buena medida de lo que se les viene encima. El hijo, que toma conciencia de su condición de judío, se alista en el ejército francés y muere en la batalla. Las cartas entre madre e hijo alcanzan una gran intensidad y constituyen momentos especialmente afortunados de la novela. Y todo ello, teniendo que dejar a sus padres en Berlín, con el consiguiente final esperable. Esta segunda etapa, en la que la madre conoce la pobreza y el dolor del exilio, le hará replantearse el sentido de la vida. Pero incluso en los peores momentos y circunstancias, visible sobre todo en las cartas finales a sus hijos, su mensaje siempre será optimista: la vida merece la pena vivirla.

La novela, publicada en 1992, ha sido uno de los grandes éxitos de 2016 en España.

Ficha bibliográfica: SCHROBSDORFF, A., Tú no eres como las otras madres, Periferica & Errata naturae, Madrid, 2016.