Navarra festiva (VI): Estella, viernes de gigantes

 

Esta mañana, como parte de la representación oficial de mi partido, el PSN-PSOE, he asistido con el secretario general, Roberto Jiménez, y otros compañeros, al cohete con el que se han iniciado las fiestas de Estella.

Es éste, junto con los de Pamplona y Tudela, un cohete multitudinario en el interior de la casa consistorial. El antiguo convento de San Francisco, remodelado como ayuntamiento a comienzos del siglo XX, apenas podía contener en su piso principal a corporación, participantes e invitados. A la sensación de agobio coadyuva la estrechez de las instalaciones, la pequeña dimensión de la sala de comisiones, desnuda de ajuar a excepción de los cuadros barrocos de San Andrés y la Inmaculada, y el estrecho espacio del propio balcón ocupado en el centro por el cohete festivo.

Entre un pasillo humano conformado por familia e invitados, ha accedido al balcón la concejala de Servicios, la regionalista María José Irigoyen. Con emoción contenida, ha lanzado los vivas de rigor, ha pedido a los estelleses que cuiden su ciudad y el cohete ha subido al cielo limpio de la vieja Lizarra.

Mientras corporación e invitados departían en el salón de plenos y degustaban un aperitivo, yo me he asomado a una de las ventanas para disfrutar, una vez más, de un espectáculo peculiar y distinto. Porque el cohete de Estella presenta, a mi juicio, dos características que lo definen y lo diferencias de otros cohetes festivos.

En primer lugar, es un cohete casi familiar. El espacio del Paseo de la Inmaculada y la  plaza de San Francisco, que además permanece vallado para acotar una zona para las actuaciones, apenas deja lugar para grandes aglomeraciones que no existen. Los estelleses, además, reservan el vestirse de blanco para la tarde, coincidiendo con la subida de la corporación a vísperas al Puy y la salida de los gigantes. De ahí que el cohete no sea ni multitudinario, ni especialmente festivo en la vestimenta.

Sin embargo, el espectáculo inmediatamente posterior, apenas existe en ningún otro lugar de Navarra. Esta es su segunda característica. Es el espacio de la música y de la danza. Danzaris de generaciones varias, diferentes grupos de gaiteros y txistularis, charangas de viento, rondallas y banda de música local se suceden con el mismo ritual. Se sitúan frente al ayuntamiento, interpretan una pieza, son aplaudidos por el público e inician un paseíllo de salida hacia la calle Mayor.

Afortunadamente no ha existido confrontación política a propósito de las banderas, como fue habitual en lustros anteriores. Solo unos cuantos jóvenes han exhibido algunas pancartas con la inscripción “freedom for the basque country”.

Tras el aperitivo, buena parte de los asistentes nos hemos desplazado a la peña San Andrés, un acto casi oficial del inicio de las fiestas. Buen ambiente, camaradería, jotas y una mesa bien surtida han sido los ingredientes que ha aportado la peña.

Un paseo hasta La Aljama, un hermoso bar de la calle de la Rúa, y un vino más sosegado y tranquilo con los compañeros del partido, ha puesto final a la mañana estellesa. Mañana compartiré con ellos la comida de la agrupación en la que, seguro, habrá lugar para la charla política. Pero antes, deberé acercarme a Lodosa en el día grande de sus fiestas. Les mantendré informados.

Los Caminos de la Ribera

 

En los últimos años, fruto de la revitalización jacobea general, los Caminos de la Ribera han experimentado un cierto impulso. Sobresale, entre ellos, el tramo navarro del llamado “Camino del Ebro”. Normalizado ya y completamente señalizado a su paso por Cataluña, Aragón, Navarra y La Rioja, gracias sobre todo a la labor de las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, esta ruta une lógica natural, documentación e historia, con grandes altibajos en su discurrir de siglos.

El valle del Ebro contaba desde antiguo con caminos naturales, algunos de los cuales se habían convertido en vías romanas de cierta importancia. Por ellas ascendían los peregrinos procedentes del sur de Europa que, por tierra o por mar, arribaban a las ciudades de Barcelona o Tarragona. Belén Beloqui, autora de la guía “Los Caminos de Santiago en Aragón”, nos recuerda que “Zaragoza, desde su reconquista por el rey Alfonso I en 1118 fue lugar de peregrinación (…) y etapa hacia Logroño, donde enlazaba con el Camino francés”.

Los listados de peregrinos con salvoconductos se repiten en la documentación de los siglos XIV, XV y XVI. Este fue el recorrido del infante don  Carlos, el futuro Carlos III el Noble, en 1382. Tras salir de Barcelona y visitar Monserrat, vía Tarragona, Lérida y Zaragoza, llegó a tierra navarra para continuar viaje a Compostela. Otros testimonios complementarios avalan esta ruta. Por un lado, la interesante red hospitalaria que nos ha quedado en Aragón. Por otro, la cita que dejó recogida Cervantes en el Quijote: “Sucedió, pues, que no habiéndose alongado mucho de la ínsula del su gobierno (…) vio que por el camino por donde él iba venían seis peregrinos con sus bordones”.

Así pues, el paso de peregrinos por el valle del Ebro, con la lógica escala en Zaragoza, ofrece pocas dudas. Otra cosa es que el actual trazado oficial del Camino responda inequívocamente a estrictas sendas históricas. Como sabemos, en la Edad Media los viajeros iban por el camino más adecuado en cada momento, dependiendo de factores muy variados. En todo caso, señalizar una única vía, sin traicionar estrictamente la historia, permite aunar esfuerzos y sacar adelante la ruta.

En la Ribera, una vez alcanzado el territorio navarro, las alternativas eran varias. La más directa  atravesaba Ablitas, Cascante y Calahorra, para empalmar con el Camino francés en Logroño o Navarrete. Otros, una vez reconquistada Tudela en 1119, seguían el curso del Ebro desde Ribaforada hasta la capital de la Ribera. Desde allí, por Castejón y Alfaro, alcanzaban Logroño. Finalmente, los establecimientos asistenciales documentados en Valtierra, Caparroso y Olite, nos hablan de otra ruta que penetraba hacia el interior de Navarra, a la búsqueda del Camino por antonomasia. Y es que, en cuestión de peregrinaje, la línea recta no era siempre ni la más conveniente, ni la más segura, ni la de mayor interés. No obstante, de los Caminos de la Ribera, el más normalizado, señalizado y transitado es el llamado “Camino Jacobeo del Ebro”. La ruta penetra en Navarra por Cortes y, a lo largo de 24 kilómetros, discurre paralela a la vía del ferrocarril  por el camino adosado al Canal Imperial. La vía, tras atravesar Ribaforada, villa que perteneció a la Orden Hospitalaria, y dejar a un lado El Bocal, llega a Tudela, ciudad monumental digna de una detenida visita. Aunque perteneciente a otra etapa, el tramo Tudela-Castejón, discurre también por territorio navarro. Son 20 kilómetros de  trayecto llano, entre el Ebro y sus sotos y la vía del ferrocarril. Tras abandonar Castejón, la vía penetra en La Rioja a la búsqueda del Camino francés.

El Camino es desnudo, solitario y poco abastecido todavía. Un tramo idóneo para encontrarse consigo mismo. El libro más actualizado para recorrerlo es el de C. MENCOS, Guía práctica del Camino Jacobeo del Ebro y Camino Catalán, Jacobeo.net, Pamplona, 2006.

Diario de Navarra, 29/7/2010

Poesía de alto voltaje

 

No soy persona especialmente lectora de poesía. Me parece un género difícil, exigente y que necesita de un estado de ánimo peculiar. Sin embargo, reconozco que algunas de las páginas más sublimes de la literatura y, en consecuencia, algunos de mis mejores momentos como lector me los han proporcionado textos como los Salmos, el Cantar de los Cantares, o San Juan de la Cruz, que me sigue pareciendo sublime.

Estos días, y recogido del expositor de novedades de la biblioteca de Estella, he ocupado algunos ratos en un libro peculiar y distinto: “Tornado”, el último poemario de Pere Gimferrer, autor que sustituyó nada menos que a Vicente Aleixandre en su sillón de la Real Academia Española de la Lengua.

Los 73 poemas en verso libre o rimado, junto con algunos en prosa, son un verdadero torbellino. Resulta difícil imaginarse  al sesudo caballero Ginferrer exultando en torno a un cuerpo concreto, el de Cuca, y celebrando todas y cada una de sus partes.

El poemario nos muestra a un autor virtuosista, dueño de un riquísimo lenguaje,  fruto de la decantación de muchísimas lecturas, en el que las referencias al mundo clásico se asoman en muchos de sus poemas perfectamente insertadas en el ámbito de la cotidianeidad. Y todo ello envuelto en una fastuosidad verbal, una sensualidad desbordante y un erotismo naturalmente interiorizado.

Una agradable sorpresa la del maestro Pere Ginferrer. Esperemos que la estantería de novedades nos siga deparando perlas del mismo calibre.

Navarra festiva (V): Viana

 

Repito Viana en menos de una semana. La ciudad se encuentra en plenas fiestas de la Magdalena y de Santiago y, pese a la vorágine festiva, también hay un pequeño hueco para la convivencia partidaria. La agrupación local del PSN-PSOE ha convocado a sus militantes a un almuerzo y ha querido que algunos dirigentes compartamos con ellos este rato de ocio. Anai Astiz y yo hemos aceptado la invitación. Sin la sombra omnipresente de Goyo Galilea, el alcalde, que se encuentra de boda en Autol, quince compañeros nos sentamos a media mañana en uno de los bares de la calle mayor para degustar un bien nutrido almuerzo: huevos fritos con jamón, ajoarriero o toro. Me inclino por los consabidos huevos fritos, que me saben a gloria.

El ambiente es distendido y familiar. Miguel y Conchi ejercen de anfitriones. La agrupación nos obsequia con un pañuelo festivo y un elegante pin con el escudo de Viana. Las conversaciones giran en torno a las fiestas y la situación política, dado que todos los militantes llevamos un gusanillo dentro que nos impide olvidar nuestras ideas y militancia. La situación del Gobierno de España, el estado anímico de nuestro presidente y secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, la tarea (escasa o nula) de la oposición, las perspectivas electorales en Navarra, el próximo curso político, son algunos de los temas que están sobre la mesa.

A la salida, departimos con unos y otros en una mañana fresca donde buena parte de Viana ya está en la calle. Suena un pequeño grupo de músicos llegados de Segovia, que animan el ambiente y dan sabor a una fiesta netamente familiar. Los niños, ensimismados con los gigantes. Los mayores, tomando el aperitivo. Los jóvenes,  ausentes tras una noche probablemente muy larga. Un buen ambiente que relaja y permite coger fuerzas para el encierro y los demás actos del día.

Hacer partido es algo más que asistir a los grandes actos de la organización: mítines, comités o reuniones. Es compartir también, aunque sea en fin de semana, un rato distendido con los militantes, personas beneméritas y anónimas en muchos casos, que soportan diariamente el peso de la presencia del partido en el municipio. Por ello, la pequeña incomodidad que supone la visita queda compensada con creces por su cariño, cercanía y gratitud. Vaya para todos ellos, de Viana o de cualquier otro lugar, en nombre de la Comisión Ejecutiva Regional, mi ánimo y mi agradecimiento.

El trienio que hizo Europa (1212-1214)

 

Hoy, 23 de julio, acaba de terminar la XXXVII Semana de Estudios Medievales de Estella. A lo largo de cinco días, profesores y alumnos procedentes de universidades españolas y europeas, han abordado en sesiones de gran interés el estudio del primer tercio del siglo XIII bajo el significativo y periodístico título de “El trienio que hizo Europa”.

La primera novedad de este año ha sido el lugar de celebración. El Palacio de los Reyes de Navarra ha dado paso, incomprensiblemente, al centro parroquial de San Juan. Objetivamente no es mal sitio, incluso supera en comodidad al anterior, pero el halo que despedían las paredes del Palacio son difícilmente olvidables. Confiemos en que se reconsidere la ubicación.

He tenido la oportunidad de seguir, en parte, los debates de la Semana. Eloísa Ramírez, flamante catedrática de la Universidad Pública de Navarra trazó en la lección inaugural un brillante y un punto iconoclasta panorama de Rodrígo Ximénez de Rada, un navarro ilustre que no hizo demasiada profesión de tal. Por la tarde, en una jornada de gran interés, tres profesores procedentes de Extremadura, Madrid y Pricenton nos presentaron las tres batallas decisivas: Las Navas, Muret y Bouvines. Fueron, al decir de todos ellos, mucho más que simples batallas convencionales. Su influencia, dejando al margen participantes, contingentes, y muertos y heridos, fue decisiva y forjaron en buena medida los destinos de esa Europa del siglo XIII.

La excursión del miércoles, que tradicionalmente dirijo como miembro del Centro de Estudios Tierra Estella (CETE), nos trasladó a Tulebras y Fitero, dos monasterios cistercienses de primera hora. Yo me encargue de Tulebras y Ricardo Fernández Gracia, su mejor conocedor,  explicó ejemplarmente Fitero. Entre ambos, una parada en la Hacienda Queiles, por deferencia de su propietario Alfredo Barral, nos permitió aproximarnos al funcionamiento de una almazara modélica que ha recuperado uno de los cultivos tradicionales de la zona, el aceite.

La tradicional visita a la ciudad, que también suelo dirigir, este año ha sido sustituida por otra actividad de interés: la visita a la iglesia de San Pedro de la Rúa, conjunto monumental que se encuentra en pleno proceso de restauración. Tres grupos de asistentes, alumnos y profesores, han tenido la oportunidad de apreciar el trabajo en marcha, aunque el programa probablemente les haya sabido a poco.

La Semana, un año más, ha contado con la participación de instituciones estellesas que hacen posible un ambiente casi familiar: Asociación de Amigos del Camino de Santiago, Centro de Estudios Tierra Estella y sociedad Basaula. Y cabe concluir que el balance, un año más ha sido claramente positivo.

Finalmente, se anunció el tema objeto de reflexión para el próximo año. Tema que no va a estar exento de polémica, dada su formulación: ”En los albores de España: la incorporación de Navarra a la monarquía hispánica”. Confiemos en una visión plural y en el triunfo del debate científico.

Navarra festiva (IV): Estella

 

Ayer dio comienzo la Semana de Estudios Medievales de Estella, un acontecimiento científico que con regularidad anual trae a la ciudad del Ega a algunos de los mejores medievalistas españoles y europeos para abordar un tema o periodo significativo de nuestra historia.

Pero junto a la Semana científica, en los últimos años han ido tomando cuerpo una serie de actividades de animación, en torno a la misma época, que cada vez tienen mayor presencia y aceptación. La ciudad se engalana y los comerciantes y hosteleros se visten con supuestas ropas de época a fin de animar un comercio que no pasa por sus mejores momentos.

En este contexto, las autoridades forales y municipales, arropadas por los comerciantes locales, procedieron ayer a abrir mediante un pregón, en plena escalinata de San Pedro de la Rúa, la semana medieval. No podía dar crédito cuando vi aparecer al Consejero de Cultura y Turismo vestido de peregrino, con esclavina, bordón, capa y demás artilugios. Los vestidos de la alcaldesa y el director general de Turismo no les iban a la zaga. ¿Resulta necesario vestirse de esta guisa y posar con semejante indumentaria? Lo dudo, pero reconozco también que es difícil sustraerse a la situación. Empujado por los propios comerciantes, aunque me resistí, acabé enfundándome un modesto peto, rojo eso sí, para no desentonar en semejante contexto.

Tras la inauguración procedimos a recorrer la iglesia de San Pedro de la Rúa, inaugurando una serie de visitas al conjunto monumental que se encuentra en pleno periodo de restauración.

La sesión de la tarde, con inauguración oficial en plena Plaza de los Fueros resultó multitudinaria. Aunque el gusto de lo expuesto y representado fuera dudoso y el resultado discutible, no hay duda de que la Edad Media sigue teniendo un tirón considerable. Así los acreditan el éxito de los mercados y las novelas ambientadas en la época, entre otros aspectos.

Bienvenidas sean estas iniciativas que ayudan a animar la ciudad y su entorno. Con una condición, que no pretendan vendernos gato por liebre y se conformen con no pasar de lo que son, un entretenimiento. La historia y el arte medieval es mucho más que eso. Exige estudio, esfuerzo y mucha dedicación. Que lo digan si no los profesores y alumnos que participan en la Semana científica. De ella les hablaré en los próximos días.

Navarra festiva (III): Viana

 

Gregorio Galilea es un hombre discreto y trabajador. Se levanta pronto y acude a su despacho situado en el ayuntamiento de Viana. Esa es la hora de entrada. La de salida, no la conoce, porque depende de las circunstancias y de lo que dé el día. Y esta forma de trabajar, continua y constante, unido a una coyuntura favorable en la ciudad, acaba por dar sus frutos. Cocinero antes que fraile -fue concejal en la oposición- Goyo ha visto incrementar su popularidad en las legislaturas sucesivas a las que se ha presentado. Hoy disfruta de una holgada mayoría absoluta ganada a pulso, que no le impide acordar con los otros grupos las cuestiones granadas de la ciudad. Por eso, los vecinos y vecinas ven en él la encarnación del buen alcalde: preocupado, sencillo, cercano y eficaz, muy eficaz.

Hoy hemos tenido la oportunidad de comprobarlo de nuevo. Era la cuarta inauguración en un año, como ha recordado el párroco, y no va a ser la última: plaza Félix Cariñanos, centro 0-3, escuela de idiomas y el Balcón de Toros.

El motivo de la visita, a punto de comenzar las fiestas patronales de la Magdalena, ha sido la inauguración de la rehabilitación de un edificio importante y maltrecho que Viana ha conseguido sacar de la ruina y del olvido. Corría el año 1685 y el municipio encargó a Juan de Raón el levantamiento de un edificio que, como indica su propio nombre, tenía por finalidad servir de espacio público para que la corporación municipal pudiera ver y presidir los festejos taurinos tan habituales en esas fechas. El edificio forma un austero bloque de sillería de marcada horizontalidad, compuesto por dos cuerpos, cada uno de ellos abierto en nueve arquerías de medio punto sobre pilares, que en el bajo configuran un largo pórtico y en el superior sirven de balcones para la contemplación de los espectáculos. Culmina la fachada un doble alero de madera provisto de ménsulas talladas y pinjantes con rica decoración de hojarascas carnosas, típicas de los últimos años del siglo XVII.

En medio de una nutrida concurrencia, arropado por la Delegada del Gobierno, los consejeros de Cultura y Administración Local, compañeros de partido y miembros de la corporación, Goyo nos ha contado en una larga disertación los avatares de la rehabilitación del edificio. La suya ha sido una labor de ensamblaje: ayudas del Plan E del Gobierno de España, de los departamentos de Cultura y Bienestar Social, enmiendas del PSN-PSOE a los presupuestos de 2010. Todo ha hecho falta para cuadrar las cuentas y rehabilitar un hermoso edificio de la mano de técnicos y empresas de la localidad. No ha faltado tampoco la jota alusiva de otro vianés ilustre, Félix Cariñanos, perejil de todas las salsas y más si estas se cocinan en su ciudad.

He ahí un ejemplo de cooperación, afortunadamente nada inusual en Navarra, como han dejado dicho la Delegada del Gobierno y el Consejero de Cultura y Turismo.

Ha sido una fiesta cívica que ha unido a un nutrido número de ciudadanos de Viana. Para mí ha sido un honor haber participado modestamente, desde la portavocía de Cultura y Turismo del Parlamento, en su génesis y desarrollo. Espero que todos, ya que va a dedicarse a tareas relacionadas con bienestar social y juventud, la disfruten con salud.