Corpus en Los Arcos

Habitualmente, el Corpus es festividad ya plenamente primaveral y, en consecuencia, el sol radiante suele acompañar a la procesión por las calles de nuestras ciudades y pueblos de Navarra. Pero este año, la tardanza de la Pascua ha traído consigo un Corpus veraniego y el calor tórrido, que igualaremos pocas veces en el resto del verano, ha sido la nota dominante de la efemérides.

El cambio social experimentado por Navarra en los últimos decenios ha sido enorme. Quienes nacimos en la década de los cincuenta, justo cuando la guerra y el hambre habían dejado paso a la penuria y la escasez, nos criamos bajo la euforia dominante del nacional-catolicismo. La omnipresencia de lo religioso dominaba todos los órdenes de la vida, incluyendo, cómo no, las relaciones sociales y laborales. Aún recuerdo a don Ramiro, el párroco de Los Arcos, eximiendo a los segadores de la obligación de guardar fiesta laboral el domingo, pero instándoles a no faltar a la misa matutina de las seis de la mañana antes de salir a segar las mieses ya tostadas de los campos de la villa. Ahora bien, si había una manifestación que representaba como ninguna la omnipresencia de lo religioso, ésa era la procesión, de las que Los Arcos tuvo y sigue conservando, un buen ramillete. Probablemente tres son las que sobresalen a lo largo del año: la del Viernes Santo, con su hermosa colección de pasos procesionales portados por las diferentes cofradías todavía existentes; la del Corpus, en la que la custodia recorre bajo palio, entre pétalos de rosa, incienso y hierba verde las calles de la localidad; y la del 15 de agosto en honor de Santa María, la patrona, hoy paseada entre músicas en una réplica de la excepcional imagen protogótica del último tercio del siglo XIII.

La misa mayor, con presencia de una corporación municipal disminuida, no fue tan multitudinaria como las de antaño, pero hay que reconocer que las celebraciones de la parroquia tienen feligresía, dignidad y empaque, aunque respondan a un modelo de corte claramente conservador. Las homilías del párroco que se nos va tras doce años de fecunda tarea pastoral, José Miguel Arellano, nunca improvisadas, el sonido del órgano y el pundonor del veterano coro parroquial ayudan y mucho a dar lustre a la celebración dominical.

La procesión todavía conserva la vieja costumbre de los altares de barrio. La hermosa custodia de principios del XIX, instalada bajo palio en una estructura procesional rodante, recorrió en familia las calles de la villa. Fiel a una costumbre que probablemente está ya en sus años finales, mi madre había instalado en la puerta de casa un modesto altar adornado con flores, jarrones y plantas allegados por las vecinas del barrio. En el momento de la adoración, me acordé de mi padre, al que de muy niño acompañaba en día como hoy al río para recoger las ramas verdes con las que cubrir nuestro trozo de calle. Pero cincuenta años después las cosas no son como fueron, pese a que nos resistamos a prescindir de las viejas tradiciones. Sirva un detalle para subrayar el cambio: dos de los niños que acompañaron a mis sobrinos desde el balcón lanzando pétalos de flores eran inmigrantes musulmanes, vecinos del barrio. Puede que a algunos le parecieran fuera de lugar. A mí, sin embargo, me pareció el detalle más fraternal de todos, porque además del Corpus -o precisamente por serlo- se celebraba también el día de la caridad. “Donde hay caridad y amor, allí está Dios“, nos dice Jesús en el evangelio. El mismo Jesús que nos recuerda que sigue vigente su mensaje: “lo que hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis“.

Debate de investidura

El pasado jueves, 23 de junio, tuvo lugar en el Parlamento de Navarra el debate de investidura de Yolanda Barcina como presidenta del Gobierno de Navarra. La gran incógnita ya estaba desvelada de antemano, y la votación no deparó ninguna sorpresa: 28 votos a favor (UPN y PSN-PSOE) y 22 votos en contra (Nabai, Bildu, PPN e I-E) Sin embargo, fue un gran día parlamentario, dado que tuvimos la oportunidad de escuchar a todos los portavoces, algunos de ellos de estreno absoluto.

La candidata de UPN, ya presidenta, planteó un discurso aseado, que recogía en gran parte el acuerdo suscrito en días anteriores por los dos partidos de gobierno. Correcta en las formas, pero dura en el fondo, su discurso tuvo dos partes: un duro alegato contra ETA y el desglose de las medidas en cada uno de los ámbitos. Las réplicas, momento en el que se conoce la talla parlamentaria, no tuvieron excesiva viveza, ya que al ser realizadas por la tarde, las llevó preparadas de antemano, aunque fueran expresadas con soltura.

Carlos García Adanero, el escueto portavoz de UPN, siguió fiel a su estilo: incisivo, parco en palabras y poco convencional. Con él, a buen seguro que las sesiones no serán interminables.

La tarea de Roberto Jiménez, portavoz del PSN-PSOE y próximo vicepresidente primero del gobierno, no era nada fácil. No podía salirse de lo pactado en el discurso, dado que recogía el acuerdo suscrito, y debía lealtad al socio mayoritario, copartícipe del gobierno a partir de ahora. En una breve intervención se limitó a recordar las razones que avalaban el acuerdo, la necesidad del mismo y los objetivos que se pretendían alcanzar.

Patxi Zabaleta, portavoz de Nafarroa Bai, leyó un texto en el que las referencias a lo identitario y el énfasis en los temas ausentes fueron los dos ejes de su discurso. Un discurso bien construido, expresado en las dos lenguas y con cierta viveza en las réplicas, como corresponde a dos políticos veteranos que se conocieron ya hace muchos años en el ayuntamiento de Pamplona.

Mayor novedad supuso la intervención de Bakartxo Ruiz, flamante portavoz de Bildu en demérito de Maiorga Ramírez, cabeza de lista de la coalición. La buena dicción y la soltura, pese a ser su primera intervención, acompañaron un discurso duro en el fondo, donde el soberanismo quedó patente en cada uno de sus párrafos. La alusión permanente a un tiempo nuevo, para el que no sirven las viejas recetas, fue la idea clave de su disertación. Aunque estuvo más floja en las réplicas, la portavoz promete no dejar a nadie indiferente.

La brillantez parlamentaria y dialéctica vino representada por Santiago Cervera. Otra cosa fueron las ideas que expresó, que no solo no comparto, sino que me parecieron poco pertinentes. Pero la presencia en el estrado con su tableta electrónica y sus réplicas de gran tribuno, a pelo y sin papeles, auguran debates de mucho interés.

José Miguel Nuin es persona razonable y de principios. Y expresó los suyos con rigor, eficacia y moderación. Será la suya una voz a tener presente a lo largo de la legislatura, que habrá que seguir con atención.

En definitiva, la situación de mayoría parlamentaria hace que, objetivamente, el interés de la política navarra durante los cuatro próximos años bascule más del lado del ejecutivo que del legislativo. Pero al margen de los resultados, a los amantes del parlamentarismo nos esperan días de gran interés. Los portavoces prometen y el debate no será ni anodino ni de trámite.

Semprún en el recuerdo

El balance de una dilatada vida política, como la que modestamente puedo exhibir, tiene sus sombras y sus luces. Entre las primeras, la más evidente es el inexorable paso del tiempo, como deja de manifiesto con alguna frecuencia este mismo medio en su sección “Hace 25 años” de la que soy protagonista ocasional. De las segundas, junto a la posibilidad de servicio, una de las que más satisfacciones me ha dado ha sido el conocimiento de personas singulares en los más variados campos, cosa a la que jamás hubiera podido acceder desde mi condición de funcionario docente.

Una y otra me han venido a la memoria estos días con motivo de la muerte de Jorge Semprún, glosada en este mismo medio en días pasados con una fotografía del 2 de junio de 1989, en la que el ministro, el delegado del Gobierno y yo mismo observamos uno de los ejemplares del fondo antiguo de la biblioteca de Roncesvalles, mientras escuchamos las explicaciones de don Emilio Linzoáin, entonces y hoy bibliotecario de la colegiata.

No son pocos los ministros de Cultura que he conocido, exactamente 10 desde 1982 hasta hoy, claramente divisibles en tres etapas. La primera, a mi juicio la más brillante, abarca los cuatro ministros de los gabinetes de Felipe González:  el todoterreno Javier Solana (1982-1988), cuya vocación natural parecía ser el ministerio, cualquiera que fuera éste; Jorge Semprún (1988-1991), el intelectual por antonomasia; Jordi Solé Tura (1991-1993), uno de los padres de la constitución; y Carmen Alborch (1993-1996), expansiva, mediterránea y moderna donde las haya. La segunda etapa se corresponde con los años de José María Aznar y abarca los ministerios de Esperanza Aguirre (1996-1999),  Mariano Rajoy (1999-2000) y Pilar del Castillo (2000-2004), todos ellos con un doble gabinete (Educación y Cultura) donde la primera parcela prevaleció claramente sobre la segunda. Y la tercera, los gabinetes de José Luis Rodríguez Zapatero, con la presencia menos sólida de la pinturera Carmen Calvo (2004-2007), el poeta César Antonio Molina (2007-2009) y la guionista Ángeles González-Sinde (de 2009 hasta hoy).

La sorpresa fue mayúscula cuando, en 1988, Javier Solana pasó a dirigir Educación y el ministerio de Cultura fue encomendado a Jorge Semprún, luchador antifranquista, superviviente del campo de concentración de Buchenwald, miembro expulsado del politburó del Partido Comunista de España, y destacado autor de novelas y guiones de cine. Semprún no conocía los entresijos del ministerio de Cultura, ni falta que le hacía. Él estaba para otra cosa. Lo expresó con claridad en su libro Federico Sánchez se despide de ustedes con estas palabras: “Al elegirme contra lo esperado, Felipe González ha hecho un gesto de apertura, de inconformismo podría decirse casi”. Esta misma idea la acaba de reiterar Felipe González en su despedida: “Jorge Semprún fue, sobre todo, un símbolo”.

Pues bien, a ese intelectual elegante y refinado, de blanca cabellera y conversación reposada, ávido de preguntas y sobrado de respuestas, bruñido en mil lecturas y batallas, tuve la oportunidad de disfrutarlo en el viaje conjunto de Pamplona a Roncesvalles que reflejaba la foto el otro día. Le interesaba todo: la política, la vida, la historia, el paisaje, la peregrinación. Yo, que soy poco mitómano, me sentí como un alumno afortunado que durante un rato puede disfrutar a solas de un maestro.

Sirva el recuerdo como homenaje a uno de los grandes. Uno de los hombres que mejor representan la memoria viva y sangrante del siglo XX que hace poco terminó.

Diario de Navarra, 16/6/2011

 

El nuevo Parlamento

Ayer, 15 de junio, se constituyó el nuevo Parlamento de Navarra. La ceremonia de apertura tuvo todos los ingredientes de las grandes ocasiones: presencia nutrida de autoridades institucionales en el palco, abrazos cordiales entre los veteranos, cierto retraimiento y despiste entre los nuevos, votaciones con un punto de suspense y definitiva configuración de una mesa plural, condicionada por el acuerdo previo UPN-PSN.

A las 11 de la mañana, los 50 parlamentarios, heterogéneos en todo: política, sexo, edad e indumentaria (19 de UPN, 9 del PSN-PSOE, 8 de Nabai 2011, 7 de Bildu, 4 del PP y 3 de I-E) iniciamos la sesión. La Marcha para la entrada del Reino, precisamente el pasaclaustro que acompañaba a las Cortes de Navarra en su camino a la catedral, convertido en nuestro himno oficial, dio comienzo a la ceremonia. La mesa de edad fue todo un referente de la pluralidad existente en su seno. La compartieron Koldo Amezketa, representante de Bildu, como presidente, y Eloy Villanueva (PPN) y Sergio Sayas (UPN) como secretarios. Los tres, primera sorpresa para muchos, impecablemente institucionales.

El juramento o promesa reflejó la pluralidad política existente: desde la jura de los representantes del sector conservador a la promesa del sector progresista, con alguna excepción en ambos casos, pasando por la presencia de los valores republicanos en I-E, y el euskera y el imperativo legal en los hombres y mujeres de Nabai y Bildu.

Las votaciones apenas depararon sorpresas. El pacto UPN-PSN permitió el acceso a la presidencia de Alberto Catalán, un político experimentado y prudente tendente al consenso. La vicepresidencia primera fue para Samuel Caro, un hombre cordial y amable con el que se puede discrepar pero con quien resulta casi imposible enfadarse. La vicepresidencia segunda recayó en Txentxo Jiménez, el hombre del aparato de Nabai, sustancialmente mejorado tras su paso por el Parlamento en la anterior legislatura. La secretaría primera fue para Maite Esporrín, persona nada conflictiva y de fácil relación. Y la secretaría segunda fue para Koldo Amezketa, hombre que conoce el oficio, representante de Bildu, anterior vicepresidente primero de la Cámara por Nabai. Pese a que todos tengan aristas, no parecen los peores mimbres para componer una cesta.

Me sorprendió la actuación del presidente en su brevísimo discurso de inauguración de la legislatura. Era su momento y una ocasión pintiparada para expresar algunas reflexiones e ideas políticas en una coyuntura especialmente difícil para todos, pero sobro todo para la clase política, lamentablemente convertida más que en la solución en uno de los problemas, al decir de sondeos nacionales y forales. Pero una cosa es la sobriedad, que siempre se agradece, y otra la faena de aliño con que despachó a un toro que se merecía otra lidia.

La Cámara foral salida de las urnas se presenta más plural que nunca y con algunas incógnitas que se irán resolviendo en los próximos días. Cabe desear que los representantes de la ciudadanía navarra, sin limitación alguna en esta ocasión, sepan estar a la altura de las circunstancias. Nos han puesto para tratar de resolver los problemas y a ello debemos dedicar todo nuestro empeño.

Medallas en Palacio

Esta mañana he asistido en el Palacio de Navarra a la entrega de las condecoraciones “Cruz de Carlos III el Noble de Navarra” concedidas por el Gobierno a tres instituciones beneméritas de Navarra: Banco de Alimentos, Manos Unidas y Proyecto Hombre, y dos navarros del exterior: Agustín Otondo, historiador y heraldista, expresidentes del Centro Navarro de Chile, y Crisanto Ayanz, presidente del Centro Navarro de Buenos Aires.

Reservada la medalla de oro de Navarra para instituciones y personas de méritos excepcionales, y redirigidos los premios “Príncipe de Viana” al ámbito internacional, la cruz de Carlos III el Noble está llamada a tener una mayor presencia y a premiar las trayectorias singulares de instituciones y personas de nuestra tierra que sobresalgan en algún ámbito concreto. El Decreto Foral de creación señala expresamente que se hace “para distinguir a las personas o entidades que han contribuido de forma destacada al progreso de Navarra o a la proyección y prestigio de la Comunidad Foral, desde el ámbito concreto de su actividad“.

Pese a ser un premio relativamente reciente, nació en 1997, la nómina de los galardonados es ya muy nutrida, 27, a los que hay que sumar los 5 del acto de hoy. Los hay de todo tipo: intelectuales y empresarios, hombres y mujeres de letras y de ciencias, juristas y entidades del mundo asociativo y solidario. Sin duda, todos con méritos para optar al galardón, por más sorprenda la inclusión o presencia de algunos de ellos.

El acto, como siempre, protocolario, solemne y bien desarrollado. Las palabras de agradecimiento de los galardonados reflejan sus propias trayectorias vitales: expansivas las de los navarros del exterior, escuetas las de las instituciones que trabajan aquí, sobre todo las dirigidas por mujeres, Manos Unidas y Proyecto Hombre.

Dos apreciaciones para terminar. Sería interesante quitar algo de protocolo y altisonancia a los galardones y dotarlos de un poco más de aire fresco. Siguen siendo espacios herméticos en los que sólo tienen cabida las instituciones y algunos familiares. Y sería conveniente también, aprovechando que el decreto foral lo permite, explorar otros ámbitos y otros perfiles de navarros y navarras que contribuyen y mucho al progreso, proyección y prestigio de la Comunidad. La Navarra plural que somos debe estar representada también en su galardones. El Palacio no deber ser patrimonio de los de siempre.

 

De Leire a Baluarte

El pasado martes, los príncipes de Viana, don Felipe y doña Leticia, realizaron su  visita anual institucional a Navarra. El acto de homenaje a los reyes de Navarra en Leire por la mañana, y la entrega de los premios internacionales “Principe de Viana” en Baluarte por la tarde, me suscitaron algunas reflexiones que me gustaría compartir con ustedes.

Navarra es tierra de rico pasado y, lo que es más importante, de un futuro venturoso que tendremos que construir entre todos. Es, además,  un pequeño territorio que engloba un acervo en el que lo tradicional se anuda sin solución de continuidad a la modernidad, y en el que una sociedad agraria y conservadora ha dejado paso, en una sola generación, a una sociedad plural, secularizada e industrial. Los dos ámbitos donde se desarrollaron los actos institucionales del martes representan muy bien este cambio.

La misa y funeral posterior por los antiguos reyes de Navarra en Leire fue instituido por la antigua Diputación Foral en el año 1973. Se ha desarrollado, sin solución de continuidad, con un formato y un protocolo muy hermoso en lo simbólico, pero que no resulta inocuo desde un punto de vista ideológico y ello, pese a que la Navarra de 2011 se parece muy poco a la Navarra de 1973. ¿Es lógico, si esto es así, que el acto se mantenga incólume e inalterable al paso del tiempo?

La institución monárquica es por definición hereditaria y hace de la continuidad el valor fundamental de su existencia. Ahora bien, la monarquía no está exenta de riesgos y deterioros en una sociedad que valora sobremanera la radical igualdad del ciudadano y no deja de ver como una anomalía la sucesión heredada en la Jefatura del Estado. Don Juan Carlos ha sabido ganarse esta aceptación a lo largo de los años y su figura goza de una especial simpatía entre los españoles. Precisamente, coincidiendo con la visita del príncipe, ha sido noticia el enfado del monarca con la prensa especializada por el tratamiento que esta da a su estado de salud. Le deseo larga vida, pero la institución está en buenas manos. Don Felipe ha ganado en presencia, poso, madurez y saber estar. El discurso de Baluarte, además de atinado en el fondo y adecuado en la forma, tuvo la virtud de contar con buenos reflejos. A la referencia del presidente Miguel Sanz  a su marcha definitiva del Gobierno de Navarra, respondió con un párrafo ad hoc que añadió bolígrafo en mano. La Jefatura del Estado exige calidad y dedicación y, afortunadamente, a don Felipe no le faltan ninguna de las dos.

El presidente del Gobierno de Navarra se despide voluntariamente del primer plano de la vida política. Aunque soy partidario de la limitación de mandatos, no puedo menos de reconocer que el Miguel Sanz que ahora se retira es, con creces, el más maduro y capaz que yo he conocido. Nobleza obliga y aunque las discrepancias han sido muchas desde su primera etapa como alcalde de Corella hasta la última como presidente de Navarra, su tarea, dedicación y pasión merece mi reconocimiento.

Los premios internacionales “Príncipe de Viana” están en compás de espera. Ya manifesté en un escrito anterior mi discrepancia con el nuevo formato, en el que los grandes perjudicados serán los creadores navarros. Dicho esto, el acto de ayer tuvo empaque, dignidad y buen desarrollo. Faustino Menéndez Pidal tiene un impecable currículo y es la máxima autoridad en su especialidad. Como buen investigador fue modesto y breve. Manuel Elkin Patarroyo, de personalidad extrovertida y palabra fácil, resultó cercano, pero un punto excesivo en su énfasis. Pedro Palomo y José Mari Arrazola, promotores de la empresa Iriscom, fueron ejemplo de competencia profesional y compromiso social.

Un día interesante, aunque todo es mejorable.

Diario de Navarra, 2/6/2011