SOS por la Navarra vacía

Aguilar

Valle de Aguilar, en la merindad de Estella, un ejemplo de la Navarra vacía

La mañana del martes, mientras volvía de Pamplona a Oteiza, venía escuchando en la radio un debate entre los candidatos a la presidencia del gobierno foral sobre los problemas de la despoblación en Navarra y cómo combatirlos. Les confieso que no me dejó buen sabor de boca: lugares comunes, apelaciones a la situación heredada, referencias a programas extraordinarios que apenas se esbozan y nunca se cumplen, y muy poca concreción, podría ser el resumen de lo dicho.

Y, sin embargo, no me resisto a reclamar una vez más la atención a un problema que crece a medida que pasan los años y disminuye la población asentada en las zonas rurales. Solo les daré a ustedes un dato, suficientemente revelador del problema. Pese a que la población de Navarra ha crecido en 120.000 personas desde 1990 hasta la actualidad, el número de navarros que vive en poblaciones de menos de 500 habitantes se ha reducido casi a la mitad, pasando del 7% al 4% del total.

Aunque buena parte de mi vida profesional la he pasado en Pamplona, nací en Los Arcos y vivo en Oteiza desde hace 36 años. Habito, en consecuencia, en la Navarra rural, participo de los pros y contras de la vida en un pequeño municipio, y creo conocer las necesidades de un territorio que, aunque pobre en habitantes, es rico en identidad histórica, constituye el eje vertebrador de su territorio y reúne algunas de las señas culturales y sociales que nos caracterizan como pueblo. De ahí que, en vísperas de las elecciones municipales, forales y europeas, me atreva a sugerir algunas pautas de actuación para el tiempo que se nos abre.

Creo que la primera obligación de los poderes públicos es tomar conciencia del problema. Y, tras la toma de conciencia, articular medidas para paliar a corto plazo la situación y tratar de solucionar a medio y largo plazo la muerte demográfica de estas zonas de Navarra. Esto requiere no medidas partidistas, sino un pacto global que abarque a todos los grupos presentes en el Parlamento y trascienda legislaturas y colores políticos. En consecuencia, la política de cohesión territorial debe ser prioritaria en la agenda de la próxima legislatura y debe reflejarse en presupuestos -lo más importante- y normas legales. Dado que la la Ley Foral de Administración Local de Navarra, recientemente aprobada, me temo que será papel mojado, debería aprovecharse la ocasión para pactar una nueva que, por consenso mayoritario, tratara de ayudar en esta búsqueda de la cohesión territorial.

Con carácter general, la Navarra rural no tendrá futuro si no se garantizan algunas condiciones básicas: mejores infraestructuras, una sanidad, educación y servicios sociales de calidad y un acceso a las nuevas tecnologías que permitan iniciativas en el ámbito del sector servicios. Y junto a ello, un apoyo efectivo a alcaldes y concejales, que se encuentran más solos que la una, y a las mujeres emprendedoras, motor del desarrollo en los últimos años. En las poblaciones entre 500 y 1000 habitantes, que no son pocas en Navarra, subrayaré de nuevo la importancia de la escuela rural para el futuro de nuestros pueblos. Hasta el presente, la escuela rural, necesariamente pública porque la concertada no está presente, ha respondido bien a lo que se esperaba de ella. Pero corre serios riesgos para el futuro si no solventamos razonablemente la aplicación de los modelos lingüísticos y no primamos los costes de la etapa infantil y el comedor para hacerla viable y posible.

Pero hay otras zonas, en las que ni siquiera esto es suficiente. Los valles pirenaicos, la zona noroeste de la merindad de Estella, las cuencas prepirenaicas de la merindad de Sangüesa y algunas zonas de la merindad de Olite se nos mueren. No hay parejas jóvenes, no hay niños y, en consecuencia, nuestros pueblos son un gran geriátrico desperdigado y atendido por los servicios sociales y un número creciente de inmigrantes, casi todas mujeres sudamericanas, que viven y acompañan a nuestros mayores. No negaré lo positivo de la situación si lo comparamos con nuestro entorno: mayor atención, mejores condiciones de vida, y una longevidad que nos sitúa en los primeros puestos del mundo. Pero convendría no caer una vez más en la autocomplacencia. Es obligación de los poderes públicos atender adecuadamente a nuestros mayores, siquiera sea para devolver el esfuerzo que ellos han hecho para disfrutar de la Navarra en la que hoy vivimos, pero debemos prever medidas a medio y largo plazo para incentivar la presencia de quienes les vayan a sustituir. Si no, a los despoblados históricos aparecidos en Navarra en el siglo XIV, después de la peste negra de 1348, la historia del futuro deberá añadir los correspondientes a los de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Depende de todos nosotros el variar esta página de nuestra historia futura.

Diario de Navarra, 16/5/2019

 

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Pharus UPNA

UPNA

E L pasado 12 de abril, la Universidad Pública de Navarra celebró el día de la Universidad. La Ley Foral 8/1987 de 21 de abril (BON de 27 de abril) —hace ya, por tanto, 32 años— materializaba definitivamente un anhelo histórico largamente perseguido, dotando al territorio de un proyecto de nueva planta, integrador de los centros públicos existentes, con una oferta inicial no duplicada respecto a la de la universidad privada, una atención preferente a las áreas técnicas y científico-técnicas, de dimensiones medias, ubicado en un campus único sito en Pamplona, y con una estructura decididamente departamental.
El proyecto, en sí mismo considerado, trascendió claramente los estrictos límites educativos, para convertirse, en línea con la previsión de las fuerzas políticas que lo aprobaron, en un motor de desarrollo cultural, social y económico de Navarra, llamado a liderar el futuro de nuestra Comunidad.  Desde entonces, la Universidad ha venido celebrando este día con un campus cerrado por ser festivo y un acto institucional dedicado a reconocer básicamente la aportación de alumnos y profesores distinguidos. En esta edición, y adelanto que creo que con acierto, el acto tuvo importantes novedades. La primera, de carácter simbólico: el lugar de acogida no fue la enorme y fría aula magna del Sario, sino el ámbito probablemente más emblemático de la institución, la biblioteca, verdadero corazón del campus universitario. La segunda, de forma: frente al carácter algo seriado y rutinario de los actos institucionales, la reunión resultó ágil, interesante y ajustada en tiempo. La tercera, de contenido: se trataba, ante más de 200 representantes del mundo académico, empresarial, social y político, de
dar a conocer algunas de las novedades en las que la UPNA trabaja en el campo de la investigación, y de presentar el programa “Pharus UPNA”, el proyecto que pretende vincular de una manera más decidida a la Universidad con la sociedad navarra, que la paga y a la que sirve preferentemente. Los profesores Mar Rubio, Humberto Bustince, Idoia Labayen y Javier Fernández-Montalvo nos brindaron cuatro breves y apretadas intervenciones sobre proyectos de investigación en marcha. El rector Alfonso Carlosena, en una de sus últimas intervenciones públicas, tras su sorpresivo anuncio de no concurrir a las elecciones que se celebrarán el mes que viene, presentó el programa “Pharus UPNA”, que recoge una serie de líneas de actuación ya conocidas, vinculadas con la relación Universidad-Sociedad, articulándolas en un todo conjunto bien presentado. Esta vinculación, no por obligada menos conveniente y necesaria, presenta algunas cifras económicas dignas de ser tenidas en cuenta: La UPNA ingresó en 2017, 60,4 millones de euros procedentes del Gobierno de Navarra, y casi 17 millones más procedentes de la facturación de sus servicios. Sin duda, una buena línea de actuación en la que cabe mucha mejora. De ahí la necesidad de hacer más efectiva, intensa y visible esta vinculación. Subrayaré por especialmente importante, el programa A3U (Amigos y Antiguos Alumnos de la Universidad Pública de Navarra), que trata de anudar unas relaciones más estrechas con los casi 40.000 egresados de la Universidad en estos 32 años, muchos de ellos ya líderes de la Navarra del siglo XXI en los más variados campos. En este ámbito, casi todo está por hacer. Pero no puedo terminar estas líneas sin hacerme eco de un aspecto claramente deficitario que sigue sin solucionarse. En 1995, el Parlamento de Navarra aprobaba la Ley Foral de Creación del Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra, modificada en 2008. El Consejo Social es el órgano de participación de la sociedad en la Universidad y tiene funciones relevantes asignadas por la ley foral: la planificación y el desarrollo institucional, la supervisión de la gestión económica, la promoción de la colaboración de la sociedad en la financiación de la Universidad y la adaptación de la actividad formativa e investigadora a las necesidades sociales. Parecería lógico que ante el enunciado anterior, Rectorado y Consejo Social fueran de la mano en la consecución de estos objetivos. Nada más lejos. Pese al trabajo desarrollado por el Consejo Social en la tarea de acercar el mundo de la empresa a la Universidad, concretado en la presencia de un importante número de profesionales en tareas de evaluación, intercambio y mentorización, ni una sola vez fue citado el Consejo Social en toda la sesión, ni para agradecer su trabajo, ni para solicitar su ayuda. Una pena, porque con la voluntad de una de las partes no es suficiente para avanzar adecuadamente. Es, sin duda, uno de los retos del próximo cuatrienio. En todo caso, el formato y contenido de la sesión fue, en mi opinión, positivo en el fondo y en la forma, y constituyó un buen broche para un intenso y fructífero cuatrienio en el que las luces han brillado más que las sombras, que también las ha habido.

Diario de Navarra, 18/4/2019

 

Educación, un balance personal de la legislatura

Educaciòn

La atención a las necesidades educativas especiales mide en buena medida el nivel de la educación de un territorio

La semana pasada, DN dedicó un buen número de páginas a realizar un balance de la legislatura en el ámbito de la Educación. El resumen del mismo, elevado a titular, fue el siguiente: “Polémicas lingüísticas, docentes e ideológicas marcan la gestión en Educación”. Como ven ustedes, un titular más descriptivo que valorativo, aunque las polémicas en Educación casi nunca son para bien. He seguido con mucho interés las opiniones de los diferentes actores intervinientes, porque aunque ahora estoy jubilado, he dedicado mi vida profesional a la enseñanza, dividida a partes iguales entre la docencia directa y la gestión educativa. Creo, por tanto, conocer el sistema y estar en condiciones de realizar un balance de la legislatura, sin otro ánimo que mover a la reflexión y propiciar que los partidos políticos le concedan el valor que tiene -que es mucho- en sus programas, mítines, compromisos y acuerdos futuros, en los que un Pacto Educativo debería de ocupar un lugar relevante.

Comencemos por lo obvio. Desde hace 35 años, Navarra disfruta de un buen sistema educativo, al margen del color ideológico del gobierno de turno. Y ello ha sido posible porque los sucesivos ejecutivos de PSN y UPN que han gobernado esta tierra, alentados por la ciudadanía, alcanzaron un pacto educativo no escrito pero estable, que se ha mantenido con ligeras variantes hasta la actualidad. El modelo es el siguiente: una doble red de centros públicos y concertados, estos últimos sostenidos en su totalidad con fondos públicos, una escuela rural prestigiada y bien dotada, un profesorado suficiente, aunque la crisis haya dejado su huella, unos centros en general bien equipados, y una preocupación creciente por la atención a la diversidad y las nuevas tecnologías. Junto a ello, un desarrollo gradual y progresivo del euskera de acuerdo a lo previsto en la ley y un impulso decidido del inglés, concretado en el PAI como modelo cuasi oficializado. Es obvio que cada partido subrayó lo que le era más propio en su ideología en cada uno de los ámbitos, con especial preferencia por lo público en el caso del PSN y lo concertado en época de UPN, sin que ello desencadenara ninguna guerra nociva para el día a día escolar. Precisamente esta tranquilidad y la paz escolar subsiguiente han sido uno de los grandes logros de nuestro sistema educativo.

El cuatripartito está a punto de finalizar su legislatura. Prometió que la educación sería uno de los ejes de su acción de gobierno y que la situaría en el primer plano de la actualidad. La segunda parte, convertirla en actualidad, creo que lo ha conseguido, pero no tengo tan claro que haya sido precisamente para bien.

Educación ha sido en esta legislatura sinónimo de lío, confusión y problemas, y esto en varios órdenes que someramente enuncio. La falta de liderazgo ha sido una constante en el equipo directivo del departamento. El gobierno tuvo que prescindir del primer consejero sin llevar dos años en el cargo y la consejera que lo sustituyó no ha mejorado el panorama. Sirvan como ejemplo las reiteradas dimisiones habidas en el equipo, hecho insólito por su cuantía en la etapa democrática.

La política lingüística merece un capítulo aparte. Su obsesión por extender el euskera dando toda clase de facilidades en las zonas mixta y no vascófona, corre pareja a sus reticencias en la implantación del PAI. El resultado es un doble fracaso: el euskera apenas ha crecido en la zona no vascófona, mientras que el inglés ha experimentado un auge notable en toda la Comunidad.

Como navarro que habita en el ámbito rural, me preocupa especialmente el futuro de nuestros centros públicos, una de las joyas de la corona de nuestro sistema educativo y elemento clave en la sostenibilidad de nuestros pueblos. Dado el escaso número de alumnos, nuestros centros no pueden absorber los múltiples modelos lingüísticos que se ofrecen. Como lo mejor es enemigo de lo bueno, pretenderlo todo, castellano, euskera e inglés, supone correr el riesgo de quedarnos sin nada. Para mí el objetivo está claro: hay que racionalizar y ofrecer un modelo mixto que permita la continuidad de los centros.

¿Y qué decir de un gobierno que pretendiendo defender a ultranza la enseñanza pública ha conseguido que la enseñanza concertada no solo no disminuya, sino que aumente levemente en estos cuatro años?

No tengo sitio para más. Solo me queda, a modo de balance, señalar que desde mi perspectiva la legislatura educativa ha tenido cosas buenas, pero globalmente hablando ha sido manifiestamente mejorable. Y pedir para la próxima, sea del color que sea, que se cimente en un pacto educativo estable, al margen de lo que haga o deje de hacer el Gobierno de España. Tras la experiencia acumulada, creo que la sociedad navarra se lo merece.

Diario de Navarra, 21/3/2019

Mujeres navarras adelantadas a su tiempo

Huici

Matilde Huici, maestra, abogada y pedagoga

Recordemos, una vez más, lo evidente. Las verdaderas heroínas de la historia de Navarra de cualquier época, no son aquellas pocas mujeres que han sobresalido en los más variados campos y de las que tenemos noticia, sino las innumerables y anónimas mujeres que han poblado esta tierra. Ellas han luchado por sobrevivir, objetivo básico de buena parte de los navarros hasta bien entrado el siglo XX, lo han hecho en circunstancias especialmente difíciles, y han sido depositarias de un legado que fundamentalmente de forma oral han transmitido a las generaciones futuras.

La historia de esta mitad de la población navarra ha permanecido casi olvidada hasta el siglo XX, y sólo en los últimos decenios comienza a esbozarse una historia global que abarca a ambos sexos, en la destacan algunos personajes femeninos que emergen como auténticas adelantadas a su tiempo. Parece oportuno, en consecuencia, que en vísperas del 8 de marzo en que todo el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer, fijemos nuestra atención en algunas navarras ilustres del siglo XX. Ellas fueron pioneras de una época en la que la mujer ha accedido a la igualdad legal, aunque todavía quede un largo trecho para alcanzar la igualdad real a la que debemos aspirar, incluso en países desarrollados como el nuestro.

Por razones de espacio y representatividad, fijaremos nuestra atención en tres mujeres nacidas en la última década del siglo XIX: Emiliana de Zubeldia (1888-1987), Matilde Huici (1890-1965) y María Lacunza (1900-1984). Las tres tienen en común algunas características que las definen: el ser adelantadas a su tiempo en los ámbitos profesionales en los que se embarcan, normalmente monopolizados por hombres; el vencer dificultades sin cuento para llevar adelante su carrera profesional; el desarrollar su vida profesional fuera de Navarra, a la que recuerdan en sus cartas pero visitan en contadas ocasiones; y, en el caso de Zubeldia y Huici, el vivir buena parte de su vida en el extranjero, donde ambas dejaron un importantísimo legado educativo en Chile y México, países en los que murieron.

Pero junto con las características que las definen, son también evidentes sus diferencias. Emiliana de Zubeldia fue pianista y compositora de éxito. Casada con Joaquín Fuentes, único doctor en química en la región y director del Laboratorio Agrícola de Navarra, en una boda que la prensa tituló como “la unión de la ciencia con el arte”, lo abandona todo y decide huir de su hogar y proseguir sola su camino. París, América de Norte a Sur y México, como última estación, enhebran un ciclo vital en el que la composición, la interpretación y la educación musical de las nuevas generaciones mexicanas lo son todo. Una biografía de Leticia Varela, titulada Emiliana de Zubeldia. Una vida para la música, editada por el Gobierno de Navarra en 2012, es el libro de referencia para conocer su vida y obra.

Matilde Huici fue maestra, abogada y pedagoga. Vinculada a la Residencia de Señoritas de Madrid, formó parte del grupo de intelectuales modernas que reivindicaron los derechos sociales y políticos de las mujeres. Las campañas en favor del sufragio femenino, el divorcio, o el acceso en igualdad a los puestos laborales son temas frecuentes en sus escritos en prensa. Militante del PSOE desde 1931, mantuvo un compromiso firme con el Gobierno de la República y tuvo que partir al exilio en Chile, donde falleció en 1965. Una magnífica biografía de su intensa vida, realizada por Ángel García-Sanz, fue publicada por la UPNA en 2010, bajo el título Matilde Huici (1890-1965. Una “intelectual moderna” socialista.

Si el exilio exterior marcó la vida de Matilde Huici, el interior lo hizo para María Lacunza, la más joven de las tres. Nacida en Pamplona en 1900, fue la única alumna oficial de su clase en la carrera de Derecho y la primera mujer colegiada en los Colegios de Abogados de Pamplona y San Sebastián. El ser funcionaria del Instituto de Reforma Agraria y servir lealmente como tal al Estado, fue motivo suficiente para ser depurada al finalizar la guerra civil y ver truncada una carrera profesional por la que tanto había luchado. Un libro de recientísima aparición editado por KEN, obra de Luis Garbayo, titulado Un momento en la luz. Vida, contexto y circunstancia de María Lacunza, da cumplida cuenta de su figura. Espero poder hablarles más largamente del mismo en la sección “La historia de Navarra al día” correspondiente al mes de marzo.

Como ven ustedes, tres personas tan iguales y tan distintas ilustran la emergencia de un sector de la población prácticamente invisible hasta ahora. Llegarán más, y ello nos permitirá conocer mejor la historia de una Navarra también en femenino de la que forman parte esencial, y que no hubiera sido posible sin su concurso.

Diario de Navarra, 7/3/2019

 

El Museo de Navarra se renueva

Museo

A comienzos del siglo XX, en 1910, se inauguró en el edificio de la Cámara de Comptos de Pamplona el Museo Artístico-Arqueológico de Navarra. Tras la guerra civil, convertido el edificio de la Cámara de Comptos casi en un almacén por la acumulación de materiales recogidos, se decidió acondicionar el antiguo hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, contiguo al lienzo de las murallas. Del edificio primitivo, que continuó siendo hospital civil hasta 1925, solo quedaba la fachada plateresca, obra de Juan de Villarreal, ejecutada en 1556. El edificio fue inaugurado en 1956, iniciándose un periodo de añadidos y mejoras considerables. En 1985, tras un cambio de forjados, el nuevo Gobierno de Navarra encargó un proyecto de renovación total a los entonces jóvenes arquitectos Jordí Garcés y Enric Soria que, inaugurado en 1990, es el que ha llegado hasta nuestros días.

Se trataba de resaltar la colección del museo, representativa del devenir artístico de la Comunidad, y subrayar algunas de las piezas, de indudable alcance nacional e incluso internacional. Un diseño muy cuidado, un lenguaje moderno en su concepción y planteamiento, y el deseo de convertirlo en referente cultural de la ciudad, serían algunas de sus características, acompañadas de importantes premios nacionales.

Los años transcurridos no han sido fáciles para el museo. Fracasaron las iniciativas para dotar al edificio de una sección específica de arte contemporáneo, se redujeron las inversiones necesarias para su puesta al día, palidecieron los esfuerzos por programar exposiciones temporales de altura, y sus sucesivos gestores tuvieron que emplearse a fondo para mantener viva una llama que no alumbraba esplendorosa. Sin que ello sea óbice para subrayar y agradecer la gestión ordinaria de una institución abierta a la ciudadanía, de la que doy fe en mis frecuentes visitas con todo tipo de alumnado.

El pasado 1 de febrero, este mismo medio abría el d2 con este titular: “El Museo de Navarra entra en el siglo XXI con una renovación total. La pinacoteca aplica un cambio ‘radical’ a su discurso museológico”, y desplegaba tres páginas de profusa información sobre los cambios.

Tras una detenida visita realizada el pasado martes, estas son mis impresiones iniciales, que probablemente necesitarían de nuevos recorridos y contrastes. Aplaudo la iniciativa de actualizar discurso, contenido y lenguaje. Me gusta la inclusión de nuevos nombres -muchas de ellas mujeres-, la subsanación de algunas carencias, el diálogo entre autores de épocas distintas, la nueva presentación de espacios y la disposición de algunas de las salas temáticas. Pero no estoy nada convencido de que esta apuesta, llevada a todo el museo, sea la mejor opción. La renovación integral de las plantas tercera y cuarta ha soportado bien el cambio. Pero no deja de ser verdad que cualitativamente es lo menos interesante del museo y que los verdaderas obras maestras -el marqués de San Adrián- no han sido objeto de cambios sustanciales. Su nueva ubicación es ejemplo de una neutralidad que prima la obra en sí misma, sin aditamentos de ningún tipo. Me preocupa más el impacto que esta apuesta pueda tener en el ámbito de la prehistoria, la romanización, los capiteles románicos de la catedral de Pamplona o la colección de pintura gótica, algunas de las piezas estrella de la colección. ¿Se diluirán entre lecturas más complejas? ¿Perderán su carácter de hitos en la cronología artística de Navarra?

Bienvenidos sean los cambios, si estos ayudan a conseguir lo que todo museo debe aspirar a lograr: emocionar, interpelar y sentir. En su día, todo arte fue contemporáneo, Que lo sea hoy, no es tarea fácil. El icono de la nueva exposición, el marqués de San Adrián de Goya con móvil y cascos, es todo un símbolo. Como imagen tiene fuerza y llama poderosamente la atención, pero el valor intrínseco de la imagen se lo da la calidad de la pintura, no los aditamentos que lo acompañan.

Reconozco el trabajo y la valentía de la apuesta. Tranquiliza pensar que el equipo multidisciplinar que lo ha diseñado merece crédito, y que estamos ante un proyecto que durará cinco años y que después se revisará. Tómense estas notas como un aporte y un acicate a esa necesaria reflexión.

Diario de Navarra, 21/2/2019

 

El mapa local, otra oportunidad perdida

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El capítulo segundo del Amejoramiento, que abarca los artículos 11 al 22, está dedicado al Parlamento o Cortes de Navarra. El artículo 11 señala que al Parlamento, que representa al pueblo navarro, le corresponde, entre otras, la potestad legislativa. El 20 concreta que las leyes forales se aprobarán por mayoría simple -más votos a favor que en contra-, excepto aquellas que estén expresamente citadas en el propio Amejoramiento y aquellas otras que sobre organización administrativa y territorial determine el reglamento de la Cámara, que requerirán mayoría absoluta -la mitad más uno de los miembros de la Cámara-. La Ley Foral de Administración Local de Navarra es una de ellas y, en consecuencia, fue aprobada el pasado 31 de enero, por 26 votos a favor y 24 votos en contra. Parecería, por tanto, que nada hubiera que reprochar a una ley que cumple todos los requisitos previstos en nuestra LORAFNA.

Por haber formado parte del ejecutivo y de legislativo navarros, soy perfectamente consciente de la dificultad de consensuar una ley que tiene muchas aristas, obedece a múltiples intereses y afecta directamente a la vida diaria de todos los ciudadanos de la Comunidad. Prueba de su dificultad es que todos los partidos y organizaciones están de acuerdo en la necesidad de su modificación y, pese a ello, desde el año 1990, ni unos ni otros han sido capaces de sacar adelante una nueva ley razonablemente consensuada.

A la vista de ello, uno debería preguntarse si no resulta posible alcanzar dicho consenso. No hay sino que recurrir a la hemeroteca para constatar que gobiernos ampliamente minoritarios como los de los años ochenta del pasado siglo, sacaron adelante leyes de igual o mayor dificultad, utilizando el diálogo y el acuerdo como instrumentos básicos en su forma de hacer política. En la legislatura 83-87 fueron aprobadas 8 leyes de mayoría absoluta, entre ellas la de Zonificación Sanitaria o la del Vascuence. Y entre 87 y 91, otras 6, entre ellas la Ley Foral de Administración Local de Navarra, la última de desarrollo de la LORAFNA, que es la que se acaba de modificar.

Este consenso, palabra clave especialmente necesaria en esta ley que afecta a municipios que han sido, son y previsiblemente serán gobernados por partidos de signo distinto a lo largo del tiempo, es lo que se ha echado en falta a lo largo del proceso. No negaré los esfuerzos realizados, pero lamentablemente no han sido suficientes. Me resisto a creer que resulte imposible alcanzar unos mínimos entre partidos llamados a ejercer el gobierno de la Comunidad y de sus entidades locales en el corto y medio plazo. La ley exige, al menos, el consenso de UPN, el primer partido de la Comunidad, Geroa Bai y el PSN si queremos que tenga un mediano recorrido. ¿Que se suman los demás? Sería lo deseable, pero este núcleo es el que le aporta viabilidad a futuro.

No entro en detalles, porque no es el objeto de este artículo. Pero no puedo menos que mostrar mi disconformidad, desde la Navarra rural en la que vivo, con el sistema de comarcas planteado. ¿No sería mejor mantener las merindades, de tan larga trayectoria histórica, y crear un ente nuevo para el área metropolitana de Pamplona que, aunque escasa en kilómetros cuadrados, engloba ya a la mitad de la población de Navarra?

En resumen, dados los cambios experimentados por la Comunidad Foral en los últimos veinte años, creo imprescindible una reforma del mapa local a fondo, que aborde los nuevos retos a los que se enfrenta la sociedad navarra del siglo XXI. Pero no le veo futuro a una ley aprobada con el mínimo de votos necesarios, sin el apoyo de UPN y PSN, partidos sólidamente implantados en buena parte de la Comunidad. Una ley que, además, alberga en si misma el germen de la inviabilidad. Exigir tres quintos de votos favorables de quienes la componen para poder crear una comarca, es provocar que algunas de las más significativas, por dimensión, población e importancia histórica resulten inviables, dado que los partidos contrarios a la ley gobiernan en buena parte de sus municipios.

La palabra clave sigue siendo “consenso”, hoy más necesario que nunca en un parlamento muy fragmentado, que probablemente lo estará todavía más en la próxima legislatura. Lo que fue posible ayer, y hoy no lo ha sido, deberá serlo necesariamente mañana. No perdamos la esperanza.

Turquía, entre Oriente y Occidente

efeso

Biblioteca de Celso en Éfeso

En el artículo anterior les señalaba que me encontraba de viaje con mis alumnos del Aula de la Experiencia de la UPNA. Aunque ya hace casi tres lustros que colaboro con el programa, aprovechando mi situación de jubilado, desde hace unos años terminamos el cuatrimestre dedicado al arte antiguo y medieval con un viaje de estudios que nos permita admirar in situ ejemplos relevantes de lo estudiado. Los viajes anteriores nos llevaron a Sicilia y la Grecia continental. Pocos destinos resultan tan satisfactorios para un alumno interesado como estas regiones, que recogen una síntesis de casi todos los estilos, en el caso de Sicilia, y la quintaesencia del mundo clásico, en el caso de Grecia.

Este año, el destino intentaba abarcar el emblemático enclave de Troya; algunos de los grandes centros del mundo helenístico -caso de Mileto, Éfeso y Pérgamo-; y la ciudad de Estambul, síntesis de civilizaciones y culturas distintas por ubicación geográfica y vocación política y cultural, que la han convertido en uno de los centros urbanos más importantes del mundo.

Desde el punto de vista cultural y artístico, nuestra satisfacción ha sido plena. Ni las malas condiciones meteorológicas, con Mileto visitado con frío intenso y Estambul bajo paraguas, consiguieron enfriar el entusiasmo del grupo. Porque al inconveniente del tiempo se añadió la ventaja de la privacidad. Mileto fue todo nuestro por un buen rato, Éfeso distó mucho de ser una riada humana, sino un paseo peatonal para el disfrute del grupo, y Pérgamo y su complejo de Esculapio, el espacio donde las buenas voces de algunas de las componentes del viaje nos permitieron contrastar la calidad de la acústica, tan pregonada en los teatros griegos y romanos. ¿Y qué decir de Troya? Ni siquiera una pequeña horda de japoneses que llegaron y desaparecieron casi por ensalmo, consiguió entorpecer una visita que, aunque aparentemente pobre en los restos, de la mano de la Iliada y con las explicaciones de nuestra guía, nos permitió rememorar a dioses y héroes, arqueólogos y cineastas, y artistas y escritores de ayer y de hoy.

Y finalmente, Estambul. Si París bien vale un misa, Constantinopla y Bizancio, redivivas en la actual Estambul, constituyen una visita que debía ser obligada para cualquiera que desee conocer nuestra historia y sus conexiones con oriente. Al enclave geográfico, absolutamente extraordinario, ejemplificado en el Cuerno de Oro y el Bósforo, la ciudad une un patrimonio inigualable, con monumentos señeros situados en la cima del arte universal: entre otros, la siempre sorprendente Santa Sofía, tan audaz en su planteamiento como bella en sus proporciones; la mezquita de Solimán el Magnífico, obra de Sinan, uno de los grandes arquitectos de todos los tiempos; o los mosaicos de San Salvador en Chora, llenos de vida, riqueza y exquisitez técnica en sus pequeñas dimensiones.

Pero un país no es solo su pasado, sino su presente y su futuro. Y el de Turquía, una verdadera potencia en ciernes con casi 100 millones de habitantes, presenta algunas asignaturas pendientes. El país ha progresado mucho desde el punto de vista económico. La megalópolis de Estambul, con casi 20 millones de habitantes, las infraestructuras viarias y el desarrollo turístico son buena prueba de ello. Pero, al igual que en España, la diferencia entre regiones y entre el mundo urbano y rural, no solo decrece sino que se acrecienta grandemente. Además, este desarrollo económico no está acompasado con un desarrollo político y social, que ha retrocedido en los últimos años. La radical separación Iglesia-Estado, promulgada por Ataturk, el padre de la actual nación turca, sufre la involución representada por Erdogan, con una deriva cada vez más conservadora y autoritaria. Mucho tendrán que cambiar las cosas para que la Unión Europea, reticente a un país que representa una potencia demográfica de tradición islamista, se avenga a su ingreso en la Unión.

Pero un país joven, con una tasa de natalidad todavía alta y una población femenina que demanda apertura y nuevos horizontes, tiene necesariamente futuro. Convendrá, por tanto, tenerlos muy en cuenta. Son puerta de entrada a inmigrantes procedentes de una región del mundo especialmente explosiva y dique de contención de un islamismo radical, que llega a sus fronteras.

Si pueden, visítenlo. Es uno de los grandes destinos del mundo y no les defraudará. Así lo acreditan los alumnos del Aula de la Experiencia, incluida Ana, con sus 81 años, que paseó su vitalidad y entusiasmo por lugares que, me decía, quedarán para siempre en su retina.

Diario de Navarra, 24/1/2019