Ése es el camino

Rectores

Imagen conjunta de los rectores de la UPNA y la UN,  Alfonso Carlosena (izquierda) y Alfonso Sánchez Tabernero (derecha)

La educación superior, en el sentido que se entiende el término en nuestros días, fue una creación del occidente europeo en los siglos XII y XIII. Este año celebraremos el octavo centenario de la creación de la Universidad de Salamanca, la más antigua de España y la tercera de Europa. El reino de Navarra también se sumó desde fecha temprana a los intentos de creación de una “universidad general” en el territorio (Tudela, 1259), aunque por razones distintas, básicamente económicas, ninguno fructificó hasta bien entrado el siglo XX.

En 1952 se fundó el Estudio General de Navarra, que pasó a denominarse Universidad Católica de Navarra en 1960 y que hoy conocemos con el nombre de Universidad de Navarra. En 1973 se crea el centro asociado de la UNED de Pamplona, extendido a Tudela en 1989. Como culminación del proceso, el Parlamento de Navarra crea la Universidad Pública de Navarra en 1987. La Comunidad Foral dispone, por tanto, de un sistema universitario compuesto por dos universidades presenciales, una pública y la otra privada y sin ánimo de lucro, y una tercera, pública y no presencial. Y todo ello, recordémoslo, para una población que apenas supera los 600.000 habitantes.

La convivencia entre las dos universidades presenciales no resultó ni cómoda, ni fácil, pese al diseño inicial de la UPNA basado en no duplicar titulaciones. La aparición en ambas universidades de titulaciones nuevas que ya existían anteriormente tensionó la relación durante los primeros años, hasta que poco a poco las aguas volvieron a su cauce y, siempre desde la corrección y el respeto, la cercanía física se concretó en una mayor y mejor relación personal. La llegada de los actuales rectores, ambos con buena trayectoria académica, sintonía y capacidad de liderazgo, propició un paso más en la relación : la institucionalización de los encuentros de los respectivos equipos, con un calendario estable de visitas para buscar áreas de cooperación.

Pero el paso dado el pasado domingo 8 de abril, en el que los dos rectores firman conjuntamente un artículo publicado por este periódico, titulado “El sistema universitario de Navarra” es un salto cualitativo que se debe ponderar en su justa medida. Al hilo de la valoración de dos de los rankings españoles más prestigiosos, el U-Ranking del BBVA-IVIE y el de la Fundación CyD, en el que el sistema universitario navarro se coloca en segunda posición, tras el catalán y por delante del madrileño y el vasco, los rectores realizan una verdadera declaración de intenciones de indudable impacto para el futuro: la colaboración universitaria es un valor y una necesidad; juntos somos más fuertes y ganamos más que si lo hacemos en solitario, ya que en muchos casos unirse no es una opción, sino una necesidad. Pese a que ambas tengan mucha capacidad de mejora si las situamos en el ámbito europeo al que pertenecen, la conclusión es clara: “Navarra puede sentirse satisfecha de su sistema universitario por la calidad y variedad de la oferta docente, por la fortaleza de sus equipos de investigación y especialmente por su aportación al desarrollo y a la mejora en el nivel de vida de la Comunidad. Estos buenos resultados se deben en gran parte al apoyo que reciben las universidades y a la eficiencia con que se usan los recursos disponibles”. Un estudio reciente de la UE avala esta misma opinión: “Navarra constituye un ejemplo de buenas prácticas, en el que conviven dos modelos de universidades que se complementan y configuran un ecosistema innovador”.

Para terminar, los propios rectores señalan un doble reto: conseguir más fondos para la investigación, y lograr que Navarra sea percibida como región líder en conocimiento e innovación. Yo sugeriría la posibilidad de plantearse un tercero: abordar para el futuro, con el aval del Gobierno de Navarra, una planificación conjunta de las nuevas titulaciones, en función de las fortalezas de cada una, teniendo en cuenta el interés general de la Comunidad.

Poco me resta por añadir. Simplemente, felicitar a ambos rectores por la iniciativa. Subrayar que, una vez más, queda de manifiesto que la negociación y el acuerdo siempre resultan más beneficiosos que la confrontación. Recordar que nada sucede por casualidad y que una política de apoyo permanente y cercanía con las partes ayuda y mucho a conseguir los objetivos perseguidos. Y finalmente, desear que los rectores impulsen decididamente lo enunciado, pese a las zancadillas de uno y otro signo que encontrarán en su puesta en práctica. Ellos conocen mejor que nadie que el camino emprendido está recién iniciado y que resta mucho trecho por recorrer. Pero las condiciones son idóneas: desde posiciones ideológicas bien distintas, tienen liderazgo, apoyo de las instituciones, empuje de la ciudadanía y afán de servicio. Y tienen claro el objetivo: complementarse y cooperar en beneficio de Navarra. Ése es el camino.

Diario de Navarra, 12/3/2018

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Impresiones de un abuelo en China

Dongguan

Vista parcial de la ciudad de Dongguan

Permítanme que hoy, día festivo para muchos y jueves santo con clara evocación religiosa para otros, mi reflexión tenga un tono marcadamente personal. Pero acabo de llegar de China y quiero trasladarles mis impresiones sobre lo que he visto y vivido en mis dos semanas largas de estancia.

A finales del siglo XIX, un italiano de apellido Felloni, natural de Bedonia, en la región de Emilia-Romagna, se instaló en el pueblo alavés de Bernedo. Desconozco la razón exacta de su llegada, pero probablemente tuvo que ver con la situación económica de la familia, que no era precisamente voyante. Aquel emigrante, que era mi bisabuelo paterno, tenía un apellido que le sonó raro al secretario municipal y decidió castellanizarlo. Años después la familia se trasladó a Los Arcos donde Román Felones, mi abuelo, echó raíces. Mis otros apellidos -Morrás, García de Galdeano, Arbizu- me vinculan más a una tierra que considero la mía, y a la que he dedicado buena parte de mi tarea profesional. Convencido como estoy de que la pureza está en la mezcla, como cantaba Pau Donés, el cantante de Jarabe de Palo, he intentado no sacralizar nunca mi tierra de pertenencia, pero agradezco haber nacido en ella en una época en la que ha pasado de ser una región pobre y agraria a otra caracterizada por su alto nivel de bienestar, aunque no falten problemas que solventar ni retos a los que enfrentarse.

Ese espíritu inquieto del antepasado Felloni italiano parece haberse encarnado de nuevo en mi hijo Javier que, tras recorrer varios continentes, ha recalado como profesor de español en la Guanmei International School, una escuela internacional situada en la ciudad china de Dongguan, a mitad de camino entre Hongkong y Cantón. Allí conoció a la psicóloga del centro, que hoy es su esposa, y allí nació mi nieto, un niño oficialmente chino llamado Mikel Felones Wu. ¡Como para creer en esencias patrias! Los tres estuvieron este verano en España, pero para celebrar su primer aniversario decidí trasladarme a Dongguan donde he pasado con ellos dos semanas. Lo más hermoso que me ha ocurrido es poder compartir con mi nieto unas jornadas inolvidables, solos los dos mientras sus padres trabajaban: comer juntos, disfrutar juntos, salir al mercado, pasear por el barrio, compartir el parque infantil con otros niños y abuelos chinos, y visitar en familia la ciudad y las dos urbes próximas. Y todo ello sin poder intercambiar todavía palabras, pero felices y unidos por un sentimiento de pertenencia que espero que perdure mientras viva, pese a los mundos tan distintos en que previsiblemente habitaremos. Para empezar, el del lenguaje. Me consuela pensar que mi torpeza con los idiomas nunca será para él obstáculo alguno. Su padre le habla en castellano, su madre en inglés y sus abuelos chinos en mandarín y cantonés. En conjunto los tres idiomas con mayor número de hablantes de la tierra. Idiomas, por cierto, que los hijos de algunos españoles amigos de Javier residentes en la ciudad hablaban con fluidez entre ellos, en una velada en la que tuve el gusto de participar.

Pero más que las andanzas de familia, a ustedes probablemente les interesará mi impresión de lo visto estos días. Se lo resumo no en dos palabras como Jesulín, sino en una: impresionante. Guangdong, la provincia en la que vive Javier, es aproximadamente una tercera parte que España y tiene más de 100 millones de habitantes, con Cantón (14) y Hongkong (8) como ciudades más conocidas. Es el principal centro fabril de China y se le considera “el taller del mundo”. Mi foto de situación es la siguiente: La que está llamada a ser la primera potencia mundial en no más de 20 años, es oficialmente un régimen comunista que ha conseguido sacar globalmente de la pobreza a la nación más poblada de la tierra, vive un sistema de capitalismo salvaje propiciado por la desregulación casi total de las condiciones laborales, está inmersa en un consumismo frenético y con la euforia propia de quienes van mejorando a marchas forzadas su situación económica, y está dotando de infraestructuras gigantescas al país para modernizarlo y articularlo. Pero a esta cara más positiva se contrapone otra más negativa: aumento creciente de las desigualdades sociales y grandes deficiencias en los tres ámbitos en los que se define un estado del bienestar: salud, educación y servicios sociales. En el ámbito político, la ausencia de libertades se concreta sobre todo en una rígida censura de prensa que hace que ni whatsapp, ni youtube, ni google estén disponibles, y que la televisión china, con sus 16 canales, marque la postura oficial y casi única. Pero seamos conscientes de la realidad. Hoy, el mapa del mundo ya no tiene a Europa como centro neurálgico. Ese centro se ha desplazado a China y la vieja Europa y la península ibérica son el extremo occidental, el auténtico Finis terrae del nuevo mundo. Aún dentro de la globalización creciente, no dejo de preguntarme: ¿cómo vivirá mi nieto estas dos realidades?

Diario de Navarra, 29/3/2018

 

El euskera ante el espejo

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Matías Múgica, filólogo, traductor y escritor

 

Para que un país civilizado y moderno esté bien gobernado deben concurrir al menos dos factores: tener una clase política honesta que aspire al bien común y sostenerse en una administración profesional y competente. Pese a que todo sea mejorable, creo honestamente que el bienestar de la Comunidad Foral se debe en primer lugar al trabajo y esfuerzo de la ciudadanía, sin olvidar la parte imputable a la clase política -pese a su mala prensa actual- y a los funcionarios.

Todos conocemos casos de funcionarios probos -mujeres y hombres, hoy día internacional de la mujer-, eficientes, bien preparados y con criterio propio. Personas que no necesariamente ocupan los niveles más altos de la administración, sino que desarrollan su tarea como funcionarios rasos o, como máximo, jefes de negociado y de sección. Uno de ellos, Matías Múgica, fue entrevistado por Íñigo Salvoch el pasado domingo en Diario de Navarra. Las dos densas páginas de la magnífica entrevista están llenas de conocimiento, lecturas y plurilingüismo.

El pamplonés Matías Múgica es nativo en castellano y francés, aprendió la lengua vasca por la curiosidad que sintió de niño al oir a su abuela hablar el dialecto labortano al otro lado de los Pirineos, domina el inglés, el alemán y el italiano, ejerció como traductor hasta 2001, y actualmente trabaja como editor en la sección de Publicaciones. Los que de una u otra forma estamos vinculados al mundo del libro sabemos de su buen gusto, sus buenas maneras, su sabiduría y su buen hacer. Suyos son algunos textos de la colección didáctica Chipi-Txapa, Margarita de Angulema. Una princesa del Renacimiento y Con letra aguda y fina. Navarra en los textos de Julio Caro Baroja, del que es compilador. Como traductor, acaba de recibir el Premio Euskadi de Literatura por la traducción al euskera del poemario Le Testament, obra del poeta francés del siglo XV François Villon.

Lo dicho hasta aquí le acredita como un funcionario culto, ejemplo no inusual en nuestra administración. Pero lo que me ha movido a dedicarle estas líneas es su opinión autorizada, clara y rotunda sobre un tema que valora, conoce y ama como pocos: el euskera. Como lingüista lo tiene claro: “el euskera es lo más interesante que hay en este entorno, en un radio de varios miles de kilómetros a la redonda. Es un prodigio lingüístico que en este rincón de Europa quede una lengua prerromana.” Tiene claro también cuál debería de ser el objetivo de la política lingüística: “centrar el esfuerzo en la comunidad tradicional de hablantes para los que el euskera es la lengua propia”. En consecuencia tacha de “error brutal haber pasado el foco de las políticas lingüísticas de las comunidades tradicionales de hablantes a la reimplantación en Tafalla o a la implantación en Tudela”. Lo que llama “purpurina nacionalizadora” tal vez sirva para la construcción nacional, pero muy poco para garantizar el futuro de la lengua. Sostiene que “lo que indica la vitalidad del idioma es el uso espontáneo y no inducido” y, en consecuencia le parece “que el aumento del conocimiento no tiene nada que ver con el aumento de uso. Si alguien pensaba hace unos años que en Pamplona se iba a hablar euskera hasta por las esquinas, eso era puro delirio”.

Frente a la muy extendida opinión de que la Ley del Vascuence -título elegido con el visto bueno de José María Satrústegui, secretario de Euskaltzaindia, en las negociaciones en las que participé de forma directa-, frena el desarrollo del euskera, Múgica opina que “la zonificación responde perfectamente a la realidad. Ahora, cuando el objeto de la política no es respetar la realidad, sino crear a martillazos una realidad nueva, la zonificación no sirve”. Y aún avanza un paso más. Está a favor de que el euskera se contemple como requisito allá donde sea necesario para atender al administrado, pero que cuente como mérito para un puesto para el que no tiene relevancia laboral es un peligro. Y culmina su lúcida flexión con la siguiente frase: “Si hubiera un poco mas de racionalidad y un poco menos de visceralidad emocional y ventajismo ideológico, tendría que ser posible llegar a un acuerdo político para defender el euskera en Navarra sin que nadie se vea mermado en sus derechos”.

Perdonen que el entrecomillado sea especialmente abundante. Pero yo, que no hablo euskera pero que luché denodadamente para que, de acuerdo a lo previsto en la ley, todo aquel que quisiera pudiera hacerlo, me siento totalmente identificado con sus reflexiones. Nadie tiene la verdad absoluta en este tema. Pero a Matías Múgica le sobra amor a la lengua, conocimiento y cordura como para que sus reflexiones no caigan en saco roto.

Diario de Navarra, 8/3/2018

Aceite de oliva todo mal quita

Tostada

Imagen del Día de la Tostada. Foto tomada de Diario de Navarra

Atento como procuro estar a la realidad navarra, y más si ésta se produce en Tierra Estella, la merindad en la que habito, he seguido con detenimiento e interés la evolución del Día de la tostada y Fiesta del aceite de Navarra, que Arróniz instituyó el año 1998 y que hoy celebrará su XX edición.

Aunque nacido en Los Arcos y nieto de jornaleros por vía materna, nunca he tenido vinculación especial con el campo, pero muchos de mis recuerdos infantiles y juveniles están vinculados a un pequeño olivar familiar situado en Yániz, junto a la ermita de San Vicente y muy próximo al camino de Santiago. En el momento de redactar estas notas me vienen a la memoria aquellos inviernos tan fríos con mi padre y mis hermanos, los cestos al hombro o recogiendo la olivas del suelo; aquella innovación de los guantes de cuero que nos permitió combatir la “ganchera”; o la llegada de la máquina vibradora, que ha reducido el trabajo para los ayudantes entre los que me encuentro a desplazar las redes y recoger el fruto. Todo ello en un ambiente familiar, con tres generaciones presentes en la tarea. Como especialmente familiar era el momento estelar del almuerzo en torno a la hoguera, frente a la cazuela de los huevos con pimientos encima del pan, que mis hijos y sobrinos siguen conociendo todavía como huevos de viña. Atrás quedaron la entrega de la oliva y la “pringada” en el trujal de Los Arcos y el carraspeo de la garganta a la hora del huevo frito debido a la acidez del producto. Hoy, la variedad Arróniz, ésa que tan bien se adapta a los crudos inviernos de nuestra zona, es sinónimo de vigor y calidad, y las pequeñas garrafas de 3 litros de Mendía, el hermoso paisaje de olivares que contemplo desde mi casa hacia la Solana y el olivo trasplantado de Yániz a mi pequeño jardín cuando aquél fue arrancado hace unos años, son elementos que forman parte de mi vida cotidiana.

A veces el azar provoca buenos maridajes. Con motivo de la Navidad, recibí un hermoso libro de mi buen amigo Lalo Azcona, titulado Aceite de oliva todo mal cura, un hermoso ejemplar de bibliófilo en el que Augusto Jurado recopila textos relacionados con el poder sanador del aceite de oliva en todas las épocas y en todos los campos, especialmente los médicos y cosméticos, sin olvidar el renovado y creciente interés como producto gastronómico. Una relación de refranes que ensalzan las virtudes del aceite de oliva, cierra el texto. Por otra parte, el pasado 9 de febrero me llegó una comunicación del Ayuntamiento de Arróniz en la que se me invitaba al acto del XX Día de la tostada y Fiesta del aceite de Navarra, con el aliciente añadido de ser investido en el acto Caballero de Honor de la Orden.

Dejando al margen la siempre recurrente apelación a lo inmerecido del nombramiento, no puedo menos que agradecerlo y tratar de vivir gozosamente y en familia la fiesta que Arróniz nos depare. Será un recuerdo a cuantos convivimos en un momento o en otro en torno al olivar de Yániz. Lástima que mi padre no pueda contemplarlo, porque estoy seguro que hubiera disfrutado especialmente. Y será también un compromiso renovado de predicar las bondades del aceite, que probablemente es a lo único que me obliga pertenecer a orden tan distinguida.

Así que predicando con el ejemplo, les traigo a colación algunos refranes tomados de un libro casi mítico en este campo: Refranes y proverbios en romance, que nuevamente coligió y glosó el Comendador Hernán Núñez, profesor eminentísimo de retórica y griego en Salamanca. Jubilado de su cátedra de griego y retórica, pero docente aún de hebreo, reunió -siguiendo a Erasmo- casi 6.000 refranes que fueron publicados en Salamanca en 1555. No son muchos los dedicados al tema del aceite y su mundo, sobre todo si los comparamos con los dedicados al vino. Algunos tienen su gracia, y otros siguen sin perder vigencia y actualidad.

– Aceite de oliva, todo mal quita.

– Aceite y romero frito, bálsamo bendito.

– Déjese usted de bálsamos, que ya tengo aceite.

– Duelen llagas, y no tanto untadas.

– El aceite es armero, relojero y curandero.

– En habiendo aceite, vino y manteca de cerdo, media botica tenemos.

– Cuando Santa María por el mundo andaba, con el aceite del candil todo lo curaba.

– Si tienes un ojo malo, úntatelo con aceite; si no se pone bueno, se te pondrá reluciente.

– Úntate de aceite, que si no te pones bueno, quedarás reluciente.

Este último va dirigido a los varios miles de personas que hoy en Arróniz degustarán, a veces con lamparón incluido, la tostada. ¡Feliz jornada!

Diario de Navarra, 25/2/2018

 

La religión islámica en la escuela navarra

Islam

El pasado 10 de febrero, Diario de Navarra publicaba un excelente reportaje a doble página de su redactor de educación, Íñigo González, en el que con el titular “La religión islámica llegará por primera vez a las aulas a partir del próximo curso” daba amplia información de los datos demográficos de los alumnos musulmanes en Navarra, los requisitos que deberá cumplir el profesorado, las características básicas del currículo, y unas declaraciones del presidente de la Unión de comunidades islámicas de Navarra.

Sobre el papel, nada que reprochar. Desde 1992 la Ley de Libertad Religiosa, además de la católica, permite a las familias recibir la asignatura de religión islámica, judía y evangélica, siempre que se cumplan una serie de requisitos -los más importantes, petición de los padres y un número mínimo de solicitudes-. Pero, pese a eso, en los últimos 26 años, apenas se ha puesto en marcha en España y nunca en Navarra.

Los números comienzan a ser significativos. El alumnado musulmán en España supera las 200.000 personas, de los que se calcula que en torno a 16.000 reciben la asignatura de religión islámica en colegios públicos de primaria. En Navarra, se calcula que los musulmanes son unos 24.000 de los que 3.273 están en edad escolar, 980 navarros y 2.293 extranjeros. Gracias al acuerdo con el Gobierno de Navarra, la prematrícula ha registrado 1.400 solicitudes de enseñanza religiosa islámica en los diferentes colegios de la Comunidad.

Si estos alumnos estuvieran homogéneamente distribuidos en toda la geografía navarra y en las dos redes sostenidas con fondos públicos, la pública propiamente dicha y la concertada, la cuestión podría suscitar un debate ideológico, al igual que sucede con la enseñanza de la religión católica, pero no llevaría aparejados otros problemas que sorprende y mucho que ésta, precisamente esta administración educativa parece no haber tenido en cuenta.

El artículo anterior lo dediqué a un hecho de estricta actualidad cual era el inicio del proceso de matriculación. Y aproveché para reflexionar sobre los problemas que siguen lastrando nuestro sistema educativo que, reitero, es bueno pero manifiestamente mejorable. El tercero de los que enumeraba era el reparto equitativo de derechos y deberes en los centros públicos y concertados, insistiendo en que era imprescindible que el porcentaje de atención a las minorías étnicas y de otro tipo fuera proporcional al peso que tiene cada una de las redes. Pues bien, si no quieres taza, taza y media. A nadie se le oculta que estos 3.273 alumnos musulmanes, que es verdad que tienen derecho a recibir enseñanzas de religión islámica en las aulas, se encuentran concentrados básicamente en una serie de municipios del sur de Navarra y casi en su totalidad en centros públicos. ¿Ha escuchado el departamento la opinión de las direcciones de los centros, el profesorado, los ayuntamientos e incluso la inspección educativa? ¿No es consciente del difícil equilibrio en el que viven muchos de estos centros, con unas minorías excesivas en no pocos de ellos, que están expulsando literalmente a bastantes alumnos autóctonos hacia redes donde apenas existen los primeros? Y estas redes tienen nombres y apellidos: toda la concertada tanto en castellano como en euskera, con excepciones dignas de aplauso, y el modelo D público que apenas integra a este alumnado. Se me dirá que lo que de verdad importa es la opinión de los padres y madres, pero he sido docente y consejero de educación durante siete años como para conocer los procedimientos que se utilizan para condicionar la opinión de las familias y más si éstas tienen dificultades sociales y educativas.

Concluyo, por lo tanto, señalando dos cosas: que los alumnos tienen derecho a recibir enseñanzas de la religión islámica, si bien este derecho lleva 26 años sin hacerse efectivo; y que esta iniciativa, en los términos en los que se pretende realizar, va a provocar más problemas de los que pretende solventar. En consecuencia, ante la colisión de intereses, es preciso acordar un procedimiento equitativo que no penalice al sistema público del sur de Navarra, aquejado de una severa problemática vinculada al excesivo número de alumnos de minorías étnicas en sus aulas. A no ser que se pretenda justamente desarticular una red que funciona magníficamente. Apelo, por tanto, una vez más a los grupos políticos a llegar a un acuerdo, en especial a Podemos e I-E, firmes defensores sobre el papel de la escuela pública. Apoyar la iniciativa del gobierno en esta cuestión sin medir las consecuencias de la misma es hacer un flaco favor a la escuela a la que dicen defender. Si queremos hacer efectivo este derecho resulta más necesario que nunca repartir la gracia del Dios en el que se cree.

Diario de Navarra, 15/2/2018

 

La matriculación, el comienzo de un proceso

Foto

Hoy, 1 de febrero, comienza en Navarra el proceso de matriculación. Es el gran tema para las familias con niños de nuevo ingreso, ya que lo que hasta no hace muchos años era un acto casi administrativo se ha convertido en una prueba de fuego donde es preciso estudiar cuidadosamente las numerosas ofertas que se presentan: público o concertado; castellano o euskera; PAI en sus múltiples variantes o modelos trilingües; jornada partida, continua o flexible; con transporte y comedor o sin ellos, por citar solo algunas de las múltiples alternativas posibles. Y semejante despliegue, para algo más de 6.000 alumnos y en medio de campañas institucionales o propias de cada centro en las que se subrayan los medios humanos y materiales de los que se dispone y los valores e ideario que se pretende fomentar. ¿Y qué hay de malo en todo ello -se preguntará más de uno? Las múltiples ofertas ¿no son símbolos de un sistema educativo avanzado, adaptado a la sociedad y abierto a los nuevos tiempos? Sin duda, pero aprovechando el proceso de matrícula deberíamos preguntarnos si hemos solventado bien algunos problemas previos que siguen lastrando nuestro sistema educativo, que es bueno pero manifiestamente mejorable. Enumeremos algunos.

– La consideración del sistema educativo como un todo indivisible e integrado al servicio de la sociedad en su conjunto. El presupuesto, que no es malo pero necesita ser progresivamente aumentado, debe servir para atender a las necesidades de la ciudadanía desde la educación infantil a la universidad. Y eso exige equilibrio y ponderación, sin abandonar sectores o ámbitos específicos especialmente necesitados. Atender bien a estos sectores es un excelente síntoma de la salud de nuestro sistema educativo.

– Garantízar un puesto escolar digno para todos en cualquier lugar del territorio en el que se habite. Esto exige un compromiso específico con la escuela pública rural, la única existente en la mayor parte de los municipios, con especial atención a un problema: garantizar su supervivencia -que es sinónimo de garantizar la vida de los propios pueblos-, dotándola de un modelo propio, flexible y viable, dado que la multiplicación de las ofertas dispersa a los escasos alumnos existentes e impide en no pocos casos la continuidad de los propios centros.

– Reparto equitativo de derechos y deberes en los centros públicos y concertados. En Navarra no existen centros privados propiamente dichos, sino concertados, es decir, todos están sostenidos con fondos públicos. Es imprescindible, en consecuencia, que el porcentaje de atención a las minorías étnicas y de otro tipo sea proporcional al peso que tiene cada una de las redes. Esto resulta especialmente obligado en razón del ideario, ya que la mayor parte de los centros concertados pertenecen al grupo de escuelas católicas, que deberían hacer de este mandato evangélico una prioridad educativa.

– Atención a la demanda efectiva de la sociedad en materia lingüística. Da la sensación de que el actual gobierno pone inconvenientes a la generalización del PAI, ampliamente demandada por las familias, y da toda clase de facilidades para la extensión del euskera, incluso donde la demanda de los ciudadanos escasea.

– Una administración educativa ecuánime y al servicio de la comunidad. Gestionar la educación nunca ha sido fácil, y creo hablar con conocimiento de causa, pero probablemente los dos últimos años han sido el bienio más caótico que ha conocido la educación en toda la etapa democrática. Cambios permanentes en los equipos, falta de principios claros de actuación, excesos en la gestión de la normativa en torno al euskera y su aplicación, y chapuzas administrativas poco explicables jalonan la actuación del departamento. Menos mal que la lista única, verdadero torpedo en la línea de flotación del sistema, se consiguió frenarla a tiempo. Con un agravante de libro: un gobierno que se declara partidario de la enseñanza pública y alardea de ello está consiguiendo que el porcentaje de la enseñanza concertada, sea en castellano o en euskera, aumente significativamente año a año. Y eso que en el cuatripartito están presentes I-E y Podemos, defensores a ultranza de la misma.

– Optar por educar a las personas y no solo por educar en competencias, destrezas o habilidades. Soy de los que piensan, y acabo de leer un clarificador artículo de José Antonio Marina al respecto, que la escuela no tiene solo que instruir, sino que educar. Esto tal vez nos impida sobresalir en el PISA, pero nos garantizaría a medio plazo una sociedad en la que debemos conocer para comprender, y debemos comprender para tomar buenas decisiones y actuar. Como el propio Marina señala en su artículo citando a Gracián, “de nada vale que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda”.

Suerte a los padres y madres, no se agobien en exceso, más importante que el centro que elijan para su hijo o hija es su compromiso de acompañarles en todo el proceso educativo.

Diario de Navarra,1/2/2018

 

Dos títulos pendientes en materia artística

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En estos días de comienzo de año, los medios de comunicación están llenos de peticiones y buenos deseos. Como estamos en la sección cultural del periódico, formulo también el mío, que a muchos parecerá una nimiedad sin importancia.

Es casi un lugar común -y no está exento de razón- señalar que Navarra es una tierra bien estudiada y conocida. La larga línea de publicaciones iniciada por la Institución Príncipe de Viana en los años cuarenta del pasado siglo, ha tenido una continuidad apenas modificada por regímenes políticos distintos y sucesivos gobiernos de variado signo. No obstante, la llegada de la democracia y la plasmación de Navarra en una Comunidad Foral propia y diferenciada, unido a la presencia de las universidades, incrementaron el interés por el pasado del territorio en sus múltiples facetas. En consecuencia, el estudio y la investigación fueron concretándose en sucesivas tesis doctorales que abordaron aspectos o etapas específicas, convertidos en no pocos casos en libros de referencia.

Pero estos textos beneméritos no estaban pensados para el lector no especializado en la mayor parte de los casos. De ahí la necesidad de abordar la elaboración de síntesis que, en lenguaje más asequible y sin perder su carácter científico, pusieran a disposición de la ciudadanía interesada, pero no especialista, compendios dignos de tal nombre. Esta labor, para el estricto ámbito de la historia, la abordó el Gobierno de Navarra en los años 1993-1995, con la publicación de la Historia de Navarra en cinco volúmenes, a cargo de destacados especialistas en cada una de las épocas citadas: Antigüedad y Alta Edad Media, La Baja Edad Media, Pervivencia y Renacimiento (1521-1808), El Siglo XIX y El Siglo XX. Lo escueto de sus páginas, el acertado diseño y el planteamiento global supusieron un esfuerzo meritorio que veinticinco años después resulta oportuno subrayar.

Un esfuerzo similar se ha llevado a cabo en el ámbito de la historia del arte. Tras el enorme esfuerzo que supuso la elaboración del Catálogo Monumental de Navarra, dirigido por la profesora García Gaínza, sucesivas tesis doctorales fueron estudiando etapas y movimientos artísticos con rigor y profundidad académica. Había llegado, por tanto, el momento de abordar las síntesis correspondientes que, como fruta madura, han ido apareciendo en los últimos lustros: El arte románico en Navarra (2003), El arte del renacimiento en Navarra (2005), El arte barroco en Navarra (2014) y El arte gótico en Navarra (2015). Los que nos dedicamos básicamente al ámbito de la divulgación en sus más variados frentes, agradecemos y de qué manera la existencia de estas síntesis elaboradas por consumados especialistas, presentadas además con mimo, buen diseño y gusto estético dignos de resaltar. Pero falta el último eslabón de esta cadena, probablemente el más difícil y necesario. Es verdad que el arte navarro en los siglos XIX y XX no tiene el empuje ni la importancia cualitativa alcanzada en las épocas precedentes. Tampoco abundan los estudios parciales, aunque en los últimos años han aparecido algunas obras de interés. Pero creo que, pese a todo, debería hacerse un esfuerzo por alumbrar el último tomo que queda por cubrir, el arte de los siglos XIX y XX en Navarra, Somos muchos los navarros que lo estamos esperando.

Finalmente, la propia administración se decidió a publicar una serie que aportara una visión global de Navarra en algunos ámbitos especialmente importantes. Prima también en estos textos el carácter básicamente divulgativo, con un aparato gráfico y una presentación casi de lujo. La serie está compuesta, hasta el día de hoy por seis volúmenes: Navarra-Historia (2002), síntesis lúcida y abierta de Fermín Miranda; Navarra-Geografía (2002), obra de Javier Pegenaute; Navarra-Literatura (2003), redactada por Carlos Mata; Navarra-Etnografía, desarrollado por Gabriel Imbuluzqueta; Navarra-Fotografía (2012), un verdadero compendio con un aparato gráfico espectacular de Carlos Cánovas; y Navarra-Música (2016), una síntesis especialmente meritoria por la falta de estudios previos , debida a María Gembero-Ustárroz. Como en el bloque anterior, se echa en falta un texto: Navarra-Arte, una síntesis de la historia del arte en Navarra para el que sobran estudios y autores competentes que puedan llevarlo a cabo.

Hay además una razón adicional en este comienzo de 2018 para ser optimistas: el responsable del Patrimonio en el departamento de Cultura es Carlos Martínez Álava, un reputado especialista en arte románico y gótico y autor de buenos textos de divulgación artística. Confiemos en que el nuevo Plan Estratégico de Cultura, el presupuesto de 2018 y el impulso del profesor Martínez Álava hagan factible esta doble petición que formulo en nombre de los que amamos la historia y el arte de Navarra.

Diario de Navarra, 18/1/2018