Velázquez, Rembrandt y Vermeer en el Prado

Prado

Que Madrid tiene una bien ganada fama de ciudad de museos es un hecho incuestionable. Desde hace un par de décadas se ha consolidado una ruta artística de proyección internacional, “ El Paseo del Arte”, que permite visitar tres museos de primer nivel: el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía, cada uno con sus propias especificidades.

La primera colaboración de este año la dediqué precisamente al bicentenario del Prado, dado que en 2019 se cumplen los 200 de su creación como Museo Real por el rey Fernando VII. En el artículo les subrayaba que el verdadero acontecimiento no es el bicentenario, sino el museo en sí. Las más valiosas exposiciones no son las temporales, sino la colección permanente, esa que está a nuestro alcance durante todo el año.

Pero el bicentenario bien merecía un esfuerzo extraordinario por tratar de completar, siquiera provisionalmente, algunas ausencias que el Prado tiene, aunque sea probablemente el mejor museo de pintura del mundo. Nuestro Siglo de Oro presenta una nómina nutridísima de grandes pintores, entre los que sobresale Velázquez, el más genial de todos ellos. Las circunstancias históricas contribuyeron a que en el Prado estén representados también algunos de los grandes `pintores europeos de su tiempo. En cantidad y calidad ninguno como Rubens, el extraordinario y prolífico pintor de Flandes. Pero en los Países Bajos, en trance de separación del Imperio Hispánico por intereses políticos, económicos y religiosos, brillaban otros dos pintores, Rembrandt y Vermeer poco o nada representados en nuestro museo. Por eso, que Velázquez reciba en su casa a los otros dos autores citados en una exposición titulada “Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines” es una idea excelente y una oportunidad única para observar y disfrutar del diálogo fecundo entre tres de los más grandes en el universo pictórico de todos los tiempos.

De la exposición del Prado, verdaderamente memorable y que justifica sobradamente una escapada a Madrid, podemos deducir, al menos, cuatro conclusiones.

Muchos pintores españoles y holandeses del siglo XVII comparten una técnica de pincelada suelta y aspecto abocetado, como si los cuadros estuvieran sin terminar. Esta forma de trabajar, heredera de los pintores venecianos del siglo XVI, en especial de Tiziano, tuvo en España y en los Países Bajos una especial incidencia. He aquí una afinidad que no había sido suficientemente puesta de relieve y que queda patente si uno analiza las obras presentes en la exposición.

Sin embargo, entre los historiadores del arte de los siglos XIX y XX primaron una visiones más políticas que artísticas y subrayaron, a veces en exceso, las diferencias existentes como una forma más de afirmar las diferencias entre naciones en lucha.

Es obvio, en consecuencia, que la pintura europea se expresa en variantes regionales herederas de una tradición paneuropea, que pone en evidencia que esa tierra común a la que aspiramos es mucho más que la Europa de los mercaderes, y que probablemente lo que la salvará o le permitirá seguir a flote es la existencia de valores culturales comunes que alimentan a cada una de las partes que la componen.

Finalmente, una última constatación. La exposición pone de manifiesto que no hay una única manera de acceder al Olimpo pictórico. La genialidad es el fruto complejo y maduro de la inspiración, la técnica y la habilidad para reflejar situaciones y sobre todo estados de ánimo, y en ese sentido los tres pintores de la muestra son verdaderamente excepcionales.

Aunque la exposición sea un verdadero acontecimiento artístico, dado el reducido número de piezas y la corta duración de la visita, bien merece que la acompañemos de otra, también estupenda, dedicada a Fray Angélico y los inicios del Renacimiento en Florencia.

Y no olviden que están ustedes en el Prado y que ninguna exposición temporal, por extraordinaria que sea, puede compararse con la visita de la exposición permanente. Perderse en sus salas, disfrutar de los autores, sorprenderse con sus obras, puede hacer de cualquier día de 2019 una jornada inolvidable. Reitero lo que les dije en mi colaboración de enero. Elijan si pueden las horas menos concurridas y no traten de abarcarlo todo. El Prado exige espíritu abierto, dosificación y paciencia. Opten por el banquete, no por el atracón. Y no se preocupen, las obras no caducan. Probablemente en materia artística, no habrá regalo igual en todo el año.

Diario de Navarra, 26/7/2019

 

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Escapadas de verano. Ángeles y música celestial

Lerma

Vista parcial de la exposición en la colegiata de San Pedro, sede principal de la muestra

En el ya lejano 1988, la Fundación Las Edades del Hombre puso en marcha una iniciativa especialmente exitosa, que pretendía no sólo exponer el imponente patrimonio artístico de carácter religioso que acumulan las 11 diócesis de Castilla y León, sino aprovechar tal patrimonio para enmarcarlo en un servicio evangelizador y catequético de la Iglesia dirigido a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. A Valladolid, siguieron exposiciones en cada una de las cabeceras de las once diócesis, con dos paradas intercaladas en Amberes y Nueva York. Finalizado el periplo, este ha continuado por otras ciudades que, sin ser propiamente sedes episcopales, acumulan un rico patrimonio, enriquecido con las aportaciones que cada exposición lleva consigo.

Tales exposiciones, de acuerdo a su carácter evangelizador y catequético, están amparadas bajo un tema que aborda un aspecto concreto de la vida y creencias de la religión cristiana, lo que permite que la exposición se articule armónicamente en torno a este tema o idea predominante.

En más de una ocasión, hemos tenido la oportunidad de comentar algunas de estas exposiciones, sobre todo las celebradas en provincias próximas, que permiten una cómoda excursión de un día. Este es el caso de la de este año, abierta en Lerma, provincia de Burgos, entre abril y noviembre de 2019, que les recomiendo vivamente. Está dedicada a esa enigmática figura de los ángeles, tan presentes en la religión de nuestra niñez y que tan difíciles nos resultan abordar hoy. La guía de mano de la exposición los presenta así: “El término ángel significa mensajero. En total consonancia con el título, la muestra pretende ser un acercamiento a la realidad espiritual de los ángeles, servidores celestes que tienen encomendada la misión, entre otras, de asistir a los que han de heredar la salvación (Hebreos 1, 14) y, por tanto, están vinculados directamente a la vida del ser humano. Aunque constituyen un mundo misterioso y por tanto difícil de comprenderlo en su totalidad y de objetivarlo y formularlo con absoluta precisión, los ángeles son realidades simbólicas, fantásticas o mitológicas. Su existencia y su presencia han sido reveladas paulatinamente por Dios a lo largo de la historia de la salvación humana, y por tanto forman parte de los contenidos de la fe católica”.

Como es obvio, no pretendo adoctrinar, sino simplemente subrayar la doble lectura de la exposición: es una imponente muestra artística que, además, tiene esa segunda lectura para el que la desee.

Ubicada en tres sedes, la ermita de la Piedad, la colegiata de San Pedro y el monasterio de la Ascensión, las tres muy próximas y en el casco histórico de Lerma, destaca especialmente el contenido expuesto en San Pedro, un hermoso edificio del siglo XVII, marco extraordinario de la muestra. Dividida en capítulos, esculturas, pinturas, tapices y orfebrería, ofrecen un recorrido selecto por el arte castellano-leonés, con algunos añadidos sorprendentes: la Coronación de la Virgen, de El Greco, procedente de Illescas; el San Rafael Arcángel, de Luis Salvador Carmona, venido de Sesma, o el espectacular San Miguel Arcángel, también de Carmona, llegado desde Bergara, que preside la exposición.

La muestra es también una magnífica ocasión para recorrer pausadamente la hermosa villa ducal castellana, con iglesias, palacios y conventos vinculados a su hijo más ilustre, don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, valido de Felipe III, primer duque de Lerma.

Si me permiten una propuesta, les indico la que efectué hace unas semanas, Tras un cómodo viaje por carretera, que no excederá de dos horas y media, incluida una breve parada, dediquen la mañana a recorrer Lerma, incluido un pequeño descanso en el hermoso patio del suntuoso palacio del duque, hoy parador de turismo, y a visitar la exposición. No desdeñen, si les resulta posible, un buen lechazo en cualquiera de los restaurantes de la zona. La buena gastronomía, no necesariamente cara, forma parte de nuestra mejor cultura. Y completen la tarde con una visita detenida al monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos, lugar de procedencia de los monjes de Leire, tras la restauración de la vida monástica. Silos condensa en grado superlativo dos manifestaciones artísticas de primer orden: el románico y la música gregoriana. Casi todos los autores están de acuerdo en que el claustro de Silos constituye la quintaesencia del románico en la Península Ibérica. Menos conocida, pero igualmente emocionante, resulta la experiencia de asistir a vísperas en la iglesia de la abadía. Si van con tiempo, porque no estarán solos, pueden recoger su folleto y seguir el canto hecho oración de los monjes en un gregoriano pausado y de calidad, que lamentablemente ya no es habitual ni siquiera en los monasterios.

Ángeles y música celestial. Como verán, un menú tan peculiar como sugestivo. Degústenlo, seguro que no se arrepienten.

Diario de Navarra, 11/7/2019

 

Víctor Urrutia, un navarro cabal

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Hace unas semanas, mi buen amigo Javier Pagola, periodista jubilado y comprometido en causas varias, me invitó a la presentación del libro de Víctor Urrutia Memoria de silencios, que iba a tener lugar en la Biblioteca de Navarra. No pude asistir, pero le pedí que me enviara el texto, un escueto libro de poemas, que tanto me ponderaba. Y la tarde del día 26, en vísperas de conocer los resultados de la triple cita electoral, la dediqué a leer, reflexionar y escribir el texto que ahora les ofrezco.

Si tuviera que resumir su vida en pocas líneas, diria que Víctor Urrutia Abáigar fue un hombre de fuertes ideas políticas, un socialista honesto, un excelente profesor universitario, un cristiano comprometido y un poeta tardío.

Nació en Andosilla en 1945, y allí, en una villa que sufrió muy mucho la represión de la guerra y la posguerra, vivió durante su infancia. Pasó su juventud en Pamplona, comenzó a trabajar en un banco, y se inició en las primeras acciones políticas. De allí pasó a Bilbao, donde redescubrió su fe cristiana al calor del concilio Vaticano II, militó en la clandestinidad, fue detenido y sufrió torturas.

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En la democracia, Víctor Urrutia supo combinar su pasión por la acción política y la gestión pública con la docencia universitaria. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Deusto y catedrático de Sociología Urbana en la UPV, pronto se convirtió en una autoridad de la investigación urbana. Como sociólogo ha dedicado muchos años a tratar de entender cómo funcionan las sociedades, a descubrir sus grandes problemas, a realizar un diagnóstico acertado y a proponer políticas y soluciones.

Esta docencia universitaria, unánimemente alabada por sus alumnos, la compatibilizó con tareas de gestión en la propia universidad. Fue vicerrector de profesorado en los duros años de plomo y un abanderado de la defensa de un campus pluralista frente al fanatismo y el crimen. En este difícil contexto, él hizo de la coherencia una forma de estar y de servir que abarcaba todos los ámbitos de su personalidad y de su vida: como profesor, como socialista, como cristiano y como ciudadano. La contrapartida, la imaginan ustedes: escolta durante varios años, mal visto en determinados ambientes y malinterpretado por quienes prefirieron contemporizar con los amigos de los verdugos y sus aledaños.

Y junto a la docencia y la gestión universitaria, la política activa. Ocupó en 1994 la dirección de Asuntos Religiosos en la Secretaría de Estado de Justicia, en el gabinete de Felipe González. En 2005 fue designado senador del PSE por el Parlamento Vasco, partido al que llegó desde Euskadiko Ezkerra. Y en tiempos de Patxi López como lehendakari, fue responsable del Gabinete de Prospecciones Sociológicas del Gobierno Vasco.

Pero a esta vida fructífera y plena le faltaba todavía una sorpresa. Vio publicado en vida El libro de los días, y tras su muerte acaba de ver la luz Memoria de silencios. Su poesía, nada académica ni edulcorada, es recia, firme, honda y sentida. Más que exégesis, sus poemas requieren una lectura atenta en conexión con la sociedad y la vida que nos ha tocado vivir. Permítanme que escoja para ustedes algunos fragmentos:

¿Quién no ha visto odio en nuestra sociedad? Víctor lo aprecia así: “He visto el odio:/es oscuro,/ y es desprecio./ También ignominia culpable./Habita los arrabales del alma,/ y de pronto se dispara/ chulesco, envalentonado,/ curvo el torso,/ diente afuera./ ¿Qué hacer?/Aguantar. (…) Conviene, pues, mostrarlo así,/ desnudo./ Reírse de él si se puede./ y ofrecer enseguida/ otra estampa”.

El odio, a veces, se traduce en muerte. Un poema titulado “Silencio”, lo traduce así: “Sobre el ala rota del pájaro/ se hizo el silencio./ ¿Quiénes son los héroes: los que predican el horror/ o los que se resisten a él?/ Las miradas se hicieron sospecha, / las palabras susurros,/ los cuerpos materia invisible./ ¿De qué os quejáis,/ si aquí se vive muy bien?/ Se lo decían a los heridos,/ a los familiares de los muertos,/ a los amenazados,/ a los exiliados./ Lo decían por radio y televisión,/ lo siguen diciendo/ como si nada hubiera pasado,/ como si ellos no hubieran estado aquí/ y nosotros tampoco”. Esas muertes, que durante años solo provocaron silencio, le afectan especialmente: “Silencio sobre silencio/ (…)Silencio que lo calla todo:/ amistades, conciencias,/ ciudades,/ miradas./ (…) No dejaré que me venza,/ no dejaré que me calle/ ese pertinaz silencio”.

Tras aquellos duros años que no conviene olvidar, llegó el final y la luz, la vida, siendo las mismas se volvieron diferentes: “Salir/ caminar con tu rumbo/ ligero de peso/ abierto y libre/ como el aire/ en el campo./ Salir/ recorrer las calles/ tocar a la gente/ conversar/ escuchar el rumor de la vida./ Salir/ sin nadie a tu espalda, libre”.

Sirvan estas líneas para agradecer el trabajo y el testimonio de este navarro cabal, ciudadano coherente y comprometido. Y si pueden, lean su poemario. Rezuma vida.

Diario de Navarra, 30/5/2019

 

SOS por la Navarra vacía

Aguilar

Valle de Aguilar, en la merindad de Estella, un ejemplo de la Navarra vacía

La mañana del martes, mientras volvía de Pamplona a Oteiza, venía escuchando en la radio un debate entre los candidatos a la presidencia del gobierno foral sobre los problemas de la despoblación en Navarra y cómo combatirlos. Les confieso que no me dejó buen sabor de boca: lugares comunes, apelaciones a la situación heredada, referencias a programas extraordinarios que apenas se esbozan y nunca se cumplen, y muy poca concreción, podría ser el resumen de lo dicho.

Y, sin embargo, no me resisto a reclamar una vez más la atención a un problema que crece a medida que pasan los años y disminuye la población asentada en las zonas rurales. Solo les daré a ustedes un dato, suficientemente revelador del problema. Pese a que la población de Navarra ha crecido en 120.000 personas desde 1990 hasta la actualidad, el número de navarros que vive en poblaciones de menos de 500 habitantes se ha reducido casi a la mitad, pasando del 7% al 4% del total.

Aunque buena parte de mi vida profesional la he pasado en Pamplona, nací en Los Arcos y vivo en Oteiza desde hace 36 años. Habito, en consecuencia, en la Navarra rural, participo de los pros y contras de la vida en un pequeño municipio, y creo conocer las necesidades de un territorio que, aunque pobre en habitantes, es rico en identidad histórica, constituye el eje vertebrador de su territorio y reúne algunas de las señas culturales y sociales que nos caracterizan como pueblo. De ahí que, en vísperas de las elecciones municipales, forales y europeas, me atreva a sugerir algunas pautas de actuación para el tiempo que se nos abre.

Creo que la primera obligación de los poderes públicos es tomar conciencia del problema. Y, tras la toma de conciencia, articular medidas para paliar a corto plazo la situación y tratar de solucionar a medio y largo plazo la muerte demográfica de estas zonas de Navarra. Esto requiere no medidas partidistas, sino un pacto global que abarque a todos los grupos presentes en el Parlamento y trascienda legislaturas y colores políticos. En consecuencia, la política de cohesión territorial debe ser prioritaria en la agenda de la próxima legislatura y debe reflejarse en presupuestos -lo más importante- y normas legales. Dado que la la Ley Foral de Administración Local de Navarra, recientemente aprobada, me temo que será papel mojado, debería aprovecharse la ocasión para pactar una nueva que, por consenso mayoritario, tratara de ayudar en esta búsqueda de la cohesión territorial.

Con carácter general, la Navarra rural no tendrá futuro si no se garantizan algunas condiciones básicas: mejores infraestructuras, una sanidad, educación y servicios sociales de calidad y un acceso a las nuevas tecnologías que permitan iniciativas en el ámbito del sector servicios. Y junto a ello, un apoyo efectivo a alcaldes y concejales, que se encuentran más solos que la una, y a las mujeres emprendedoras, motor del desarrollo en los últimos años. En las poblaciones entre 500 y 1000 habitantes, que no son pocas en Navarra, subrayaré de nuevo la importancia de la escuela rural para el futuro de nuestros pueblos. Hasta el presente, la escuela rural, necesariamente pública porque la concertada no está presente, ha respondido bien a lo que se esperaba de ella. Pero corre serios riesgos para el futuro si no solventamos razonablemente la aplicación de los modelos lingüísticos y no primamos los costes de la etapa infantil y el comedor para hacerla viable y posible.

Pero hay otras zonas, en las que ni siquiera esto es suficiente. Los valles pirenaicos, la zona noroeste de la merindad de Estella, las cuencas prepirenaicas de la merindad de Sangüesa y algunas zonas de la merindad de Olite se nos mueren. No hay parejas jóvenes, no hay niños y, en consecuencia, nuestros pueblos son un gran geriátrico desperdigado y atendido por los servicios sociales y un número creciente de inmigrantes, casi todas mujeres sudamericanas, que viven y acompañan a nuestros mayores. No negaré lo positivo de la situación si lo comparamos con nuestro entorno: mayor atención, mejores condiciones de vida, y una longevidad que nos sitúa en los primeros puestos del mundo. Pero convendría no caer una vez más en la autocomplacencia. Es obligación de los poderes públicos atender adecuadamente a nuestros mayores, siquiera sea para devolver el esfuerzo que ellos han hecho para disfrutar de la Navarra en la que hoy vivimos, pero debemos prever medidas a medio y largo plazo para incentivar la presencia de quienes les vayan a sustituir. Si no, a los despoblados históricos aparecidos en Navarra en el siglo XIV, después de la peste negra de 1348, la historia del futuro deberá añadir los correspondientes a los de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Depende de todos nosotros el variar esta página de nuestra historia futura.

Diario de Navarra, 16/5/2019

 

Pharus UPNA

UPNA

E L pasado 12 de abril, la Universidad Pública de Navarra celebró el día de la Universidad. La Ley Foral 8/1987 de 21 de abril (BON de 27 de abril) —hace ya, por tanto, 32 años— materializaba definitivamente un anhelo histórico largamente perseguido, dotando al territorio de un proyecto de nueva planta, integrador de los centros públicos existentes, con una oferta inicial no duplicada respecto a la de la universidad privada, una atención preferente a las áreas técnicas y científico-técnicas, de dimensiones medias, ubicado en un campus único sito en Pamplona, y con una estructura decididamente departamental.
El proyecto, en sí mismo considerado, trascendió claramente los estrictos límites educativos, para convertirse, en línea con la previsión de las fuerzas políticas que lo aprobaron, en un motor de desarrollo cultural, social y económico de Navarra, llamado a liderar el futuro de nuestra Comunidad.  Desde entonces, la Universidad ha venido celebrando este día con un campus cerrado por ser festivo y un acto institucional dedicado a reconocer básicamente la aportación de alumnos y profesores distinguidos. En esta edición, y adelanto que creo que con acierto, el acto tuvo importantes novedades. La primera, de carácter simbólico: el lugar de acogida no fue la enorme y fría aula magna del Sario, sino el ámbito probablemente más emblemático de la institución, la biblioteca, verdadero corazón del campus universitario. La segunda, de forma: frente al carácter algo seriado y rutinario de los actos institucionales, la reunión resultó ágil, interesante y ajustada en tiempo. La tercera, de contenido: se trataba, ante más de 200 representantes del mundo académico, empresarial, social y político, de
dar a conocer algunas de las novedades en las que la UPNA trabaja en el campo de la investigación, y de presentar el programa “Pharus UPNA”, el proyecto que pretende vincular de una manera más decidida a la Universidad con la sociedad navarra, que la paga y a la que sirve preferentemente. Los profesores Mar Rubio, Humberto Bustince, Idoia Labayen y Javier Fernández-Montalvo nos brindaron cuatro breves y apretadas intervenciones sobre proyectos de investigación en marcha. El rector Alfonso Carlosena, en una de sus últimas intervenciones públicas, tras su sorpresivo anuncio de no concurrir a las elecciones que se celebrarán el mes que viene, presentó el programa “Pharus UPNA”, que recoge una serie de líneas de actuación ya conocidas, vinculadas con la relación Universidad-Sociedad, articulándolas en un todo conjunto bien presentado. Esta vinculación, no por obligada menos conveniente y necesaria, presenta algunas cifras económicas dignas de ser tenidas en cuenta: La UPNA ingresó en 2017, 60,4 millones de euros procedentes del Gobierno de Navarra, y casi 17 millones más procedentes de la facturación de sus servicios. Sin duda, una buena línea de actuación en la que cabe mucha mejora. De ahí la necesidad de hacer más efectiva, intensa y visible esta vinculación. Subrayaré por especialmente importante, el programa A3U (Amigos y Antiguos Alumnos de la Universidad Pública de Navarra), que trata de anudar unas relaciones más estrechas con los casi 40.000 egresados de la Universidad en estos 32 años, muchos de ellos ya líderes de la Navarra del siglo XXI en los más variados campos. En este ámbito, casi todo está por hacer. Pero no puedo terminar estas líneas sin hacerme eco de un aspecto claramente deficitario que sigue sin solucionarse. En 1995, el Parlamento de Navarra aprobaba la Ley Foral de Creación del Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra, modificada en 2008. El Consejo Social es el órgano de participación de la sociedad en la Universidad y tiene funciones relevantes asignadas por la ley foral: la planificación y el desarrollo institucional, la supervisión de la gestión económica, la promoción de la colaboración de la sociedad en la financiación de la Universidad y la adaptación de la actividad formativa e investigadora a las necesidades sociales. Parecería lógico que ante el enunciado anterior, Rectorado y Consejo Social fueran de la mano en la consecución de estos objetivos. Nada más lejos. Pese al trabajo desarrollado por el Consejo Social en la tarea de acercar el mundo de la empresa a la Universidad, concretado en la presencia de un importante número de profesionales en tareas de evaluación, intercambio y mentorización, ni una sola vez fue citado el Consejo Social en toda la sesión, ni para agradecer su trabajo, ni para solicitar su ayuda. Una pena, porque con la voluntad de una de las partes no es suficiente para avanzar adecuadamente. Es, sin duda, uno de los retos del próximo cuatrienio. En todo caso, el formato y contenido de la sesión fue, en mi opinión, positivo en el fondo y en la forma, y constituyó un buen broche para un intenso y fructífero cuatrienio en el que las luces han brillado más que las sombras, que también las ha habido.

Diario de Navarra, 18/4/2019

 

Educación, un balance personal de la legislatura

Educaciòn

La atención a las necesidades educativas especiales mide en buena medida el nivel de la educación de un territorio

La semana pasada, DN dedicó un buen número de páginas a realizar un balance de la legislatura en el ámbito de la Educación. El resumen del mismo, elevado a titular, fue el siguiente: “Polémicas lingüísticas, docentes e ideológicas marcan la gestión en Educación”. Como ven ustedes, un titular más descriptivo que valorativo, aunque las polémicas en Educación casi nunca son para bien. He seguido con mucho interés las opiniones de los diferentes actores intervinientes, porque aunque ahora estoy jubilado, he dedicado mi vida profesional a la enseñanza, dividida a partes iguales entre la docencia directa y la gestión educativa. Creo, por tanto, conocer el sistema y estar en condiciones de realizar un balance de la legislatura, sin otro ánimo que mover a la reflexión y propiciar que los partidos políticos le concedan el valor que tiene -que es mucho- en sus programas, mítines, compromisos y acuerdos futuros, en los que un Pacto Educativo debería de ocupar un lugar relevante.

Comencemos por lo obvio. Desde hace 35 años, Navarra disfruta de un buen sistema educativo, al margen del color ideológico del gobierno de turno. Y ello ha sido posible porque los sucesivos ejecutivos de PSN y UPN que han gobernado esta tierra, alentados por la ciudadanía, alcanzaron un pacto educativo no escrito pero estable, que se ha mantenido con ligeras variantes hasta la actualidad. El modelo es el siguiente: una doble red de centros públicos y concertados, estos últimos sostenidos en su totalidad con fondos públicos, una escuela rural prestigiada y bien dotada, un profesorado suficiente, aunque la crisis haya dejado su huella, unos centros en general bien equipados, y una preocupación creciente por la atención a la diversidad y las nuevas tecnologías. Junto a ello, un desarrollo gradual y progresivo del euskera de acuerdo a lo previsto en la ley y un impulso decidido del inglés, concretado en el PAI como modelo cuasi oficializado. Es obvio que cada partido subrayó lo que le era más propio en su ideología en cada uno de los ámbitos, con especial preferencia por lo público en el caso del PSN y lo concertado en época de UPN, sin que ello desencadenara ninguna guerra nociva para el día a día escolar. Precisamente esta tranquilidad y la paz escolar subsiguiente han sido uno de los grandes logros de nuestro sistema educativo.

El cuatripartito está a punto de finalizar su legislatura. Prometió que la educación sería uno de los ejes de su acción de gobierno y que la situaría en el primer plano de la actualidad. La segunda parte, convertirla en actualidad, creo que lo ha conseguido, pero no tengo tan claro que haya sido precisamente para bien.

Educación ha sido en esta legislatura sinónimo de lío, confusión y problemas, y esto en varios órdenes que someramente enuncio. La falta de liderazgo ha sido una constante en el equipo directivo del departamento. El gobierno tuvo que prescindir del primer consejero sin llevar dos años en el cargo y la consejera que lo sustituyó no ha mejorado el panorama. Sirvan como ejemplo las reiteradas dimisiones habidas en el equipo, hecho insólito por su cuantía en la etapa democrática.

La política lingüística merece un capítulo aparte. Su obsesión por extender el euskera dando toda clase de facilidades en las zonas mixta y no vascófona, corre pareja a sus reticencias en la implantación del PAI. El resultado es un doble fracaso: el euskera apenas ha crecido en la zona no vascófona, mientras que el inglés ha experimentado un auge notable en toda la Comunidad.

Como navarro que habita en el ámbito rural, me preocupa especialmente el futuro de nuestros centros públicos, una de las joyas de la corona de nuestro sistema educativo y elemento clave en la sostenibilidad de nuestros pueblos. Dado el escaso número de alumnos, nuestros centros no pueden absorber los múltiples modelos lingüísticos que se ofrecen. Como lo mejor es enemigo de lo bueno, pretenderlo todo, castellano, euskera e inglés, supone correr el riesgo de quedarnos sin nada. Para mí el objetivo está claro: hay que racionalizar y ofrecer un modelo mixto que permita la continuidad de los centros.

¿Y qué decir de un gobierno que pretendiendo defender a ultranza la enseñanza pública ha conseguido que la enseñanza concertada no solo no disminuya, sino que aumente levemente en estos cuatro años?

No tengo sitio para más. Solo me queda, a modo de balance, señalar que desde mi perspectiva la legislatura educativa ha tenido cosas buenas, pero globalmente hablando ha sido manifiestamente mejorable. Y pedir para la próxima, sea del color que sea, que se cimente en un pacto educativo estable, al margen de lo que haga o deje de hacer el Gobierno de España. Tras la experiencia acumulada, creo que la sociedad navarra se lo merece.

Diario de Navarra, 21/3/2019

Mujeres navarras adelantadas a su tiempo

Huici

Matilde Huici, maestra, abogada y pedagoga

Recordemos, una vez más, lo evidente. Las verdaderas heroínas de la historia de Navarra de cualquier época, no son aquellas pocas mujeres que han sobresalido en los más variados campos y de las que tenemos noticia, sino las innumerables y anónimas mujeres que han poblado esta tierra. Ellas han luchado por sobrevivir, objetivo básico de buena parte de los navarros hasta bien entrado el siglo XX, lo han hecho en circunstancias especialmente difíciles, y han sido depositarias de un legado que fundamentalmente de forma oral han transmitido a las generaciones futuras.

La historia de esta mitad de la población navarra ha permanecido casi olvidada hasta el siglo XX, y sólo en los últimos decenios comienza a esbozarse una historia global que abarca a ambos sexos, en la destacan algunos personajes femeninos que emergen como auténticas adelantadas a su tiempo. Parece oportuno, en consecuencia, que en vísperas del 8 de marzo en que todo el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer, fijemos nuestra atención en algunas navarras ilustres del siglo XX. Ellas fueron pioneras de una época en la que la mujer ha accedido a la igualdad legal, aunque todavía quede un largo trecho para alcanzar la igualdad real a la que debemos aspirar, incluso en países desarrollados como el nuestro.

Por razones de espacio y representatividad, fijaremos nuestra atención en tres mujeres nacidas en la última década del siglo XIX: Emiliana de Zubeldia (1888-1987), Matilde Huici (1890-1965) y María Lacunza (1900-1984). Las tres tienen en común algunas características que las definen: el ser adelantadas a su tiempo en los ámbitos profesionales en los que se embarcan, normalmente monopolizados por hombres; el vencer dificultades sin cuento para llevar adelante su carrera profesional; el desarrollar su vida profesional fuera de Navarra, a la que recuerdan en sus cartas pero visitan en contadas ocasiones; y, en el caso de Zubeldia y Huici, el vivir buena parte de su vida en el extranjero, donde ambas dejaron un importantísimo legado educativo en Chile y México, países en los que murieron.

Pero junto con las características que las definen, son también evidentes sus diferencias. Emiliana de Zubeldia fue pianista y compositora de éxito. Casada con Joaquín Fuentes, único doctor en química en la región y director del Laboratorio Agrícola de Navarra, en una boda que la prensa tituló como “la unión de la ciencia con el arte”, lo abandona todo y decide huir de su hogar y proseguir sola su camino. París, América de Norte a Sur y México, como última estación, enhebran un ciclo vital en el que la composición, la interpretación y la educación musical de las nuevas generaciones mexicanas lo son todo. Una biografía de Leticia Varela, titulada Emiliana de Zubeldia. Una vida para la música, editada por el Gobierno de Navarra en 2012, es el libro de referencia para conocer su vida y obra.

Matilde Huici fue maestra, abogada y pedagoga. Vinculada a la Residencia de Señoritas de Madrid, formó parte del grupo de intelectuales modernas que reivindicaron los derechos sociales y políticos de las mujeres. Las campañas en favor del sufragio femenino, el divorcio, o el acceso en igualdad a los puestos laborales son temas frecuentes en sus escritos en prensa. Militante del PSOE desde 1931, mantuvo un compromiso firme con el Gobierno de la República y tuvo que partir al exilio en Chile, donde falleció en 1965. Una magnífica biografía de su intensa vida, realizada por Ángel García-Sanz, fue publicada por la UPNA en 2010, bajo el título Matilde Huici (1890-1965. Una “intelectual moderna” socialista.

Si el exilio exterior marcó la vida de Matilde Huici, el interior lo hizo para María Lacunza, la más joven de las tres. Nacida en Pamplona en 1900, fue la única alumna oficial de su clase en la carrera de Derecho y la primera mujer colegiada en los Colegios de Abogados de Pamplona y San Sebastián. El ser funcionaria del Instituto de Reforma Agraria y servir lealmente como tal al Estado, fue motivo suficiente para ser depurada al finalizar la guerra civil y ver truncada una carrera profesional por la que tanto había luchado. Un libro de recientísima aparición editado por KEN, obra de Luis Garbayo, titulado Un momento en la luz. Vida, contexto y circunstancia de María Lacunza, da cumplida cuenta de su figura. Espero poder hablarles más largamente del mismo en la sección “La historia de Navarra al día” correspondiente al mes de marzo.

Como ven ustedes, tres personas tan iguales y tan distintas ilustran la emergencia de un sector de la población prácticamente invisible hasta ahora. Llegarán más, y ello nos permitirá conocer mejor la historia de una Navarra también en femenino de la que forman parte esencial, y que no hubiera sido posible sin su concurso.

Diario de Navarra, 7/3/2019