Una tarea digna de encomio

 

Coro

Navarra ha sido tradicionalmente tierra fecunda en canto coral. Los coros parroquiales de antaño, impulsados por una larga tradición de clérigos, acompañaban las celebraciones religiosas, especialmente en los días grandes, con composiciones y polifonías que han quedado en nuestras memorias de niñez y juventud. Desde los años setenta, los cambios aportados por el Concilio Vaticano II, la aparición de las escuelas y conservatorios de música, y la actuación de las instituciones públicas han hecho que el viejo y benemérito modelo de coro parroquial haya sido sustituido por otro donde la relación con la parroquia es menos estrecha, la dirección ha pasado a manos de laicos, el repertorio es mucho más amplio y los vínculos entre los coros se han fortalecido extraordinariamente. Este esfuerzo desembocó en la creación de la Federación de Coros de Navarra en 1988, con intención de unir a todas las formaciones corales de nuestra tierra, dotando de organización a una de nuestras tradiciones más arraigadas.

Los objetivos establecidos apenas han cambiado con los años, aunque hayan crecido muchos los programas en marcha: difundir y transmitir al público el amor por el canto; acercar la música, sobre todo en la Navarra rural, a quienes gusten de ella; formar futuros cantores a través de cursos, conferencias y clases magistrales; y editar publicaciones y grabaciones de interés pedagógico y cultural.

Esta tarea, desarrollada de forma altruista, ha exigido el trabajo y el compromiso de muchas personas a lo largo de los 29 años de vida de la Federación. Y Carlos Gorricho, su presidente, representa hoy la continuidad en una tarea que está compartida por otros muchos nombres. Pero el trabajo no ha sido fácil. Soy conocedor de primera mano de las dificultades para cuadrar presupuestos, de las reiteradas incomprensiones de la administración foral que les ha llevado en ocasiones a denunciar en el Parlamento su situación, y de la dificultad adicional de hacer presente la música, no en los escenarios de las ciudades y pueblos grandes de nuestra Comunidad, sino en las localidades más pequeñas, normalmente en el presbiterio de nuestras iglesias. Pero el esfuerzo ha valido la pena y de él nos beneficiamos anualmente varios miles de navarros.

La página web de la Federación, completa y actualizada, da cumplida cuenta de la situación a día de hoy. Agrupa a 66 coros y ha presentado para el curso 2017-2018 una programación en la que, bajo los eslóganes “Música al alcance de todos” y “Con voz propia”, a los programas de años anteriores añade uno nuevo: Música en red, que pretende llevar el canto coral por todo el tejido de los Civivox de Pamplona. 215.000 euros, de los que 127.000 serán costeados por la propia federación, permitirán ofrecer más de un centenar de conciertos y programas de variado signo.

Pero el programa anual más ambicioso es el Ciclo Coral Internacional, que acaba de cerrar su XXIII edición. Del 27 de octubre al 6 de noviembre, 18 coros de 13 países (Rusia, Francia, Indonesia, Filipinas, Letonia, Estados Unidos, Reino Unido, Ucrania, Eslovenia, Chequia, Argentina, Hungría y Estonia) han ofrecido 29 conciertos en 21 localidades distribuidas por toda la geografía navarra. Y de estos conciertos, en su mayor parte gratuitos, han disfrutado más de 11.000 personas. He tenido la oportunidad de asistir a tres de ellos. El primero, en el cómodo auditorio del Centro Cultural Tafalla, a cargo del coro Maska de Letonia. El concierto fue verdaderamente excepcional. Pocas veces he visto una agrupación con empastes, volúmenes y dominio de las voces tan bien trabajados, además de un programa tan arriesgado y poco convencional. El Sophia Chamber Choir de Eslovenia estuvo bien, pero sin el nivel del letón. Y del auditorio de Tafalla a la iglesia de San Juan de Estella. El coro Sansara del Reino Unido, un grupo de apenas 19 componentes, mostró excelentes cualidades: gran sonoridad, ductilidad y versatilidad. Sin la comodidad de Tafalla, pero con la ventaja añadida de tener enfrente, mientras sonaba la polifonía, uno de los grandes retablos navarros del renacimiento. Me llamó mucho la atención la juventud de los componentes de los diversos coros, que contrasta con la acusada veteranía que presentan los nuestros. De ahí la pertinencia de continuar con los cursos de iniciación a fin de hacer cantera.

Resulta obligado aplaudir el esfuerzo de organización y la calidad de los conjuntos. Y si esto ha sido así este año, ¿qué nos deparará el año que viene, que la Federación cumple 30 años? No dudo que intentarán superarse.

Diario de Navarra, 9/11/2017

 

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Lutero y su legado

García Villoslada

El próximo martes, 31 de octubre, se cumplen 500 años de la aparición del escrito 95 tesis contra las indulgencias del fraile agustino Martín Lutero. Una acción simbólica que ha servido a los historiadores para señalar el comienzo de la Reforma y del protestantismo, un proceso cuya repercusión religiosa, social, cultural y política se extiende hasta el momento presente.

Resulta una temeridad por mi parte intentar resumir en unas líneas la apasionante vida de un hombre complejo y el impacto de su obra en los cinco siglos transcurridos. Y más visto desde la perspectiva española, donde Lutero ha sido durante mucho tiempo la encarnación del mal. Todavía mi generación ha oído con frecuencia en nuestros pueblos la expresión “Eres más malo que Lutero” para subrayar la valoración que merecía el personaje en el acerbo popular. Pero poco a poco, la valoración dominante de hereje enfrentado a la Iglesia católica ha ido dando paso a una visión más desapasionada, más histórica y más ponderada de su vida y de su obra. Fue precisamente un navarro de Los Arcos, el padre Ricardo García-Villoslada, jesuita y profesor de la Gregoriana de Roma, quien protagonizó entre nosotros este cambio de tendencia. Su documentadísima biografía de Lutero, aparecida en 1973, que le llevó 11 años de intenso trabajo, está dividida en dos tomos con títulos bien significativos: El fraile hambriento de Dios y En lucha contra Roma. Pese a los años transcurridos, no hay un solo autor que no cite al padre García-Villoslada como autoridad de referencia.

EgidoPero es en este año 2017, quinto centenario del comienzo de la Reforma, cuando estamos viviendo una eclosión de monografías dedicadas a Lutero y su obra, además de artículos en las revistas de divulgación histórica más prestigiosas. Sin ánimo de abarcarlas todas, me gustaría comentar algunas, subrayando perspectivas muy distintas de su rica personalidad.

Lyndal Roper, prestigiosa historiadora australiana y profesora en Oxford, acaba de presentar en castellano Martín Lutero, renegado y profeta, una extensa biografía histórica del iniciador de la Reforma centrada en un personaje de carne y hueso, complejo y y contradictorio, al que define como profundamente defectuoso, fundamentalista religioso, ferviente creyente que vivía atormentado por las dudas, antisemita y políticamente reaccionario. Y, junto a eso, un brillante escritor que dio forma a la lengua alemana y un polemista violento y malhablado, que liberó a la sexualidad humana del estigma del pecado.

El cardenal Kasper, presidente emérito del Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos, pronunció una conferencia sobre Martín Lutero en la Universidad Humboldt de Berlín el 18 de enero de 2016 que tuvo un eco enorme. Convertida en un librito titulado Martín Lutero (Una perspectiva ecuménica), Kasper propone un Lutero extemporáneo que experimenta la misericordia de Dios y la necesidad de reforma de la Iglesia. El libro sale a la luz como contribución al acercamiento de ambas iglesias cuando ambas se disponen a conmemorar conjuntamente el V centenario de la Reforma.

El historiador Teófanes Egido es el autor del libro Martín Lutero. Una mirada desde la historia, un paseo por sus escritos, en el que se acerca al reformador desde dos perspectivas críticas. La primera, histórica, recorriendo los principales hechos de su vida. La segunda, desde sus escritos, ofreciendo cuatro de sus textos emblemáticos a fin de acercarse a la intimidad del personaje, sus ideas pedagógicas, sus criterios de relectura de la Biblia y, finalmente, su manera apasionada de entender la vida del espíritu.

Lazcano

También desde una perspectiva más espiritual aborda Rafael Lazcano, historiador de la Iglesia, su Lutero. Una vida delante de Dios. Se trata de una vida breve escrita en el contexto de su época y desde la que emerge, en palabras de su autor “el hombre de fe, el teólogo creyente, el personaje y su evolución doctrinal (…) El objetivo de Lutero no fue otro que liberar al cristianismo de las ataduras eclesiásticas del medievo con el fin de recuperar la dimensión espiritual del cristiano. Su meta era la renovación de la Iglesia católica y de todo el cristianismo desde el evangelio de la gracia y el mensaje de la cruz de Cristo”.

Desde diferentes perspectivas, todos los autores coinciden en considerar a Lutero una personalidad compleja, rica e influyente En su persona se encarnan el cristiano ferviente, el teólogo, el polemista, el escritor y el reformador. Un personaje, sin duda, que volverá al primer plano de la actualidad en los próximos meses.

Diario de Navarra, 26/10/2017

 

Retos y cifras para la reflexión

Cristinanisme

En este mes de septiembre que se nos va, tres noticias han acaparado buena parte de los debates en los medios de comunicación internacionales y nacionales: la crisis nuclear provocada por Corea del Norte, una dictadura en toda regla que pretende acceder por las bravas al pequeño grupo de potencias atómicas; el cambio climático que, pese al escepticismo de algunos grandes países, se ha hecho dramáticamente presente una vez más en diversas zonas de la tierra; y, entre nosotros, el proceso independentista de Cataluña, con el deplorable espectáculo ofrecido por la mayoría del Parlament dispuesto a conseguir sus objetivos aún al precio de arrumbar principios democráticos que creíamos inherentes a sociedades avanzadas.

Y mientras esto sucede, los verdaderos problemas enquistados siguen siendo una realidad a la que a menudo no acabamos de poner cifras que nos permitan medir su gravedad extrema. Permítanme hoy hacerme eco de algunas de ellas, tomadas del suplemento nº 237 de los Cuadernos de Cristianisme i Justícia, de los que hemos hablado en otras ocasiones.

Tal vez el primer problema de nuestro mundo de hoy sea el hambre, la pobreza y la desigualdad. 795 millones de personas no disponen en el planeta de alimentos suficientes para llevar una vida saludable y activa, lo que equivale a 1 de cada 9 personas. La malnutrición provoca el 45% de las muertes de niños menores de 5 años: 3,1 millones de niños al año. En España, pese a lo que pudiera parecernos, la pobreza también es un problema de primer orden. Una persona está en riesgo de pobreza cuando su renta anual es inferior a un determinado umbral. La UE ha fijado ese umbral en el 60% de la renta media disponible. En 2015, para España se situaba en 8.011 euros por individuo o 16.823 euros por familia compuesta por pareja y dos hijos menores de 14 años. ¿Sabe usted cuantos millones de personas hay en España bajo este umbral de ingresos?: en torno a 10 millones de personas. Y si lo concretamos en menores de edad, el riesgo de pobreza se eleva en España hasta el 29,6, un total de 2,46 millones de niños y niñas.

Las migraciones son otra de las plagas de nuestro tiempo. En 2015, según ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, se llegó a los 65,3 millones de refugiados, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Más de la mitad (el 51%) son menores de edad y, pese a lo que sería lógico y razonable, el 86% de los desplazados son acogidos por países en vías de desarrollo. Los cinco primeros países son Turquía, Pakistán, Irán, Jordania y Kenia. Mientras tanto, en el horizonte asoma otra nueva oleada. Unos 480.000 refugiados rohingya han llegado a Bangladesh. Escapan de la ola represiva lanzada por el Gobierno de Birmania en una operación que cabe caracterizar de limpieza étnica. Nos resulta escandaloso que Donald Trump pretenda construir un muro de 1.600 kilómetros entre Estados Unidos y México, pero somos menos estrictos con los 1.200 kilómetros que se pretenden levantar en Europa, incluidos los 18,7 de Ceuta y Melilla. Para más inri, esta semana ha finalizado el plazo de dos años que se concedió la vieja Europa para acoger a 160.000 refugiados. La cifra final ha sido de 30.000 y solo cuatro países han cumplido con su cuota: Malta, Finlandia, Irlanda y Suecia. El resto no ha llegado ni a la mitad, Y en la cola se sitúa España, con apenas el 10% de los previstos.

El cambio climático y la crisis ecológica es el tercero de los grandes problemas de nuestro tiempo. Entre 1880 y 2012 la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados. La previsión del grupo intergubernamental de expertos señala que, dada la actual concentración y las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que se supere los 1,5 grados. En consecuencia, los océanos del mundo seguirán calentándose y continuará el deshielo. Se prevé una elevación media del nivel del mar entre 24 y 30 centímetros para 2065 y entre 40 y 63 centímetros para 2100. Según ACNUR, entre 250 y 1.000 millones de personas podrían desplazarse en los próximos 50 años a causa de desastres producidos por el cambio climático: inundaciones, sequías, huracanes, etc. Sería uno de los mayores desplazamientos de personas de la historia de la humanidad.

Estas cifras nos desbordan y nos abruman, y tendemos a pensar que no es cosa nuestra, sino de la ONU y los diferentes gobiernos. Pero el cambio requiere una concienciación personal que acabe siendo colectiva. Dado que hoy, más que nunca, tenemos los medios para acabar con tales plagas, tenemos derecho a soñar con un mundo en el que nuestros descendientes las consideren simplemente como parte de una historia que afortunadamente logró superarse.

Diario de Navarra, 28/9/2017

 

En defensa del patrimonio industrial

Silo

Vista de los restos del silo de Potasas en Noáin

El cuidado y conservación del patrimonio, especialmente del navarro, es uno de los temas recurrentes de esta sección desde sus inicios en el año 2004. Hoy este patrimonio no constituye solo una riqueza histórica y cultural de primer orden, reflejo en buena medida de nuestra identidad histórica como pueblo, sino que junto con la naturaleza y la gastronomía, representa también una palanca para el desarrollo económico y social de nuestra Comunidad, en especial en las zonas rurales.

El cuidado del patrimonio ha experimentado cambios muy notables en los dos últimos siglos. Tras las guerras y las desamortizaciones de la primera mitad del siglo XIX, buena parte de este patrimonio quedó primero abandonado y luego malvendido o saqueado. La recuperación de los grandes conjuntos la inició en Navarra la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos, que tuvo vigencia entre 1844 y 1940, tarea magníficamente estudiada por Emilio Quintanilla en su libro del mismo título. A esta siguió la labor mejor conocida de la Institución Príncipe de Viana, iniciada en 1940 y que, inserta en el Departamento de Cultura, continúa hasta nuestros días.

El balance de esta acción continuada en el tiempo, que no han conseguido interrumpir ni los cambios de régimen ni las distintas ideologías de los equipos políticos que se han sucedido al frente del Gobierno de Navarra, es razonablemente positivo. El patrimonio está bien estudiado, las publicaciones, tanto monográficas como de divulgación, son excelentes, los grandes conjuntos están a salvo, y el proceso de mantenimiento e inversión, ralentizado en los últimos años, cabe esperar que mejore de nuevo en próximos presupuestos.

Pero en el horizonte se advierten algunos nubarrones y un problema, a los que me referiré brevemente. Durante mucho tiempo, cultura ha sido entre nosotros sinónimo de patrimonio, y el presupuesto así lo confirmaba. En los últimos años, el patrimonio ha dejado la primacía a la acción cultural y a las industrias culturales y creativas, por lo que el presupuesto dedicado al primero ha descendido notablemente. Ni siquiera el patrocinio privado ha conseguido compensar la pérdida. De ahí la necesidad de recuperar cifras que permitan hacer frente a las nuevas necesidades que se avecinan.

Irati

Restos en pie del complejo del Irati en Aoiz

Aunque el patrimonio civil es importante, entre nosotros el religioso le supera en calidad. Por ello creo que hay que elaborar un plan específico que permita hacer frente al mantenimiento de nuestras parroquias, especialmente afectadas por dos hechos incuestionables: la equivocada política de inmatriculaciones que ha provocado una gran desafección entre las feligresías, y el descenso alarmante de la práctica dominical, que ha dejado a las parroquias sin recursos para hacer frente a las necesidades de sus edificios. Es preciso superar una maniquea visión de la propiedad de este patrimonio y verlo como lo que es: una riqueza que es de todos y que entre todos la debemos mantener.

El tercer nubarrón lo constituye el nada pequeño grupo de conventos que, desaparecidas o en trance de hacerlo las comunidades religiosas que históricamente los han habitado, corren serio riesgo de convertirse en una dolorosa ruina. Y aquí también resulta ineludible un diálogo fructífero entre autoridades religiosas, incluidas las comunidades, y civiles para buscar la mejor salida en beneficio del conjunto de la sociedad.

Pero si la conservación del patrimonio es globalmente razonable, no puede decirse lo mismo de un ámbito que lo tenemos tan cercano como minusvalorado, el patrimonio industrial. Navarra no ha tenido una gran tradición en este ámbito, pero la poca que hemos tenido apenas la hemos valorado. Hemos salvado algunos bienes muebles, hoy en el museo etnológico Julio Caro Baroja, pero hemos dejado caer los inmuebles. La fábrica de municiones de Orbaitzeta, algunas chimeneas de azucareras y otras industrias, restos de fábricas de harinas y alguna nave industrial es todo nuestro panorama. El DN de ayer nos trae la última noticia de esta serie: está a punto de derribarse el gran silo de Potasas en Noáin, ejemplo paradigmático del despegue industrial de la Navarra de los años sesenta del pasado siglo. Me uno a los que piden su conservación. Tal vez no tenga valor estético, pero su potencia monumental en medio del paisaje de la cuenca recuerdan el hacer de una época que ya es historia. Lo más fácil es pasarse la pelota entre administraciones. Pero POSUSA, empresa pública por cierto, el municipio y el gobierno deberían ponerse de acuerdo para conservar un bien del patrimonio industrial del que no estamos sobrados.

Diario de Navarra, 14/9/2017

 

Universidad y opinión pública

Opinión

Cuando me disponía a redactar estas líneas, me ha venido a la memoria la célebre frase de “¿Pensamiento Navarro? El mismo título es una contradicción”. Para verificar el nombre de su autor, que he visto indistintamente atribuir a Unamuno y Baroja, he ido a google y me ratifica que el autor es don Miguel de Unamuno, bilbaíno y uno de nuestros grandes escritores e intelectuales del siglo XX. Es, sin duda, una calificación injusta, y mucho más si la referimos no al periódico carlista, sino al conjunto de los ciudadanos navarros de ésa o de cualquier otra época. Pero como muchas de las grandes frases, encierra un punto de verdad, ya que la capacidad de reflexión no ha sido precisamente una característica de nuestro devenir histórico, guiado más bien por el ardor y la pasión que nos han enzarzado en múltiples contiendas y nos han permitido llegar hasta la actualidad conservando una singularidad muy definida en el conjunto de los pueblos de España, que es nuestra condición foral.

Tierra marcada por el predominio de la ideología conservadora, a la que se unió un clericalismo dominante, cuantitativa y cualitativamente hablando, el Siglo de las Luces y el liberalismo del XIX no consiguieron hacerla brillar en el campo del pensamiento y de las letras, pese a algunos intentos individualizados en estos dos siglos. El siglo XX le reservó un importante papel en el desarrollo de la guerra civil, actuando los requetés de vanguardia del nuevo Estado que pretendió nacer, y dejando a la Iglesia y su nacionalcatolicismo el liderazgo en lo religioso, lo social y lo cultural.

Desde el siglo XIX fueron las élites educadas en el nuevo régimen liberal, con un extractivo y reducido sistema escolar que abarcaba los nuevos institutos de enseñanza media y las universidades, en especial las llamadas centrales, las que se encargaron de propiciar el debate y suscitar reflexiones de interés. Recordemos al respecto la labor de algunos ilustres catedráticos que formaron parte de la Generación del 98 o de la Institución Libre de Enseñanza. Apenas nada de esto se dio entre nosotros, ya que la institución universitaria propiamente dicha llegó en 1960, cuando nace, vinculada al Opus Dei, la Universidad de Navarra, hasta entonces Estudio General de Navarra y, sobre todo, en 1987, cuando el Parlamento de Navarra crea la Universidad Pública de Navarra, “entidad a la que se encomienda el servicio público de la educación superior en Navarra, mediante el ejercicio de la docencia, el estudio y la investigación”.

Parecía llegado, pues, el momento de que la Universidad ejerciera el liderazgo político, social y cultural que en teoría se le asignaba, teniendo presente además las especiales y favorables circunstancias que aquí se daban: cerca de 2.000 docentes de todo signo y condición, para una población que apenas superaba los 600.000 habitantes.

El balance, en mi opinión, no es especialmente positivo. El docente universitario tiende a refugiarse en su especialidad, en la que se encuentra cómodo y a buen recaudo, y acepta con dificultad la tarea de expresar públicamente opiniones que pueden ser contestadas, discutidas o incluso rechazadas. Ni en la época de la transición, ni en los duros años de plomo -cuando el terrorismo etarra hacía particularmente incómodo alzar la voz- ni en los debates sobre el futuro de Navarra del último decenio las universidades han tenido el papel relevante que podía esperarse de ellas. Aún a riesgo de ser injusto con algunos que se quedarán en el tintero, se pueden citar con los dedos de la mano los profesores de la Universidad de Navarra que participan en el debate público en este medio -el profesor Navas probablemente sea el más asiduo- y tampoco son muchos más los profesores de la Universidad Pública de Navarra que lo hacen -Luis Sarriés, Jesús María Osés, Juan María Sánchez Prieto y Francisco Javier Blázquez-. Por ello me parece particularmente relevante el artículo aparecido en el Diario de Navarra del día 1 de julio de 2017, firmado por cuatro catedráticos de la Universidad Pública de Navarra, Josetxo Beriáin, Humberto Bustince, Fernando de la Hucha y Jorge Nieto, titulado “El corredor ferroviario y la modernización en Navarra”. La opinión de los profesores en nítida: “Los planteamientos contrarios al TAV (…) son fácilmente refutables teórica y empíricamente y su endeblez muestra que en la oposición a este pilar fundamental de la riqueza de la región hay mucho más de temor atávico que de racionalidad colectiva (…) Introduzcamos todos los controles públicos necesarios, pero no detengamos el tren de la modernización”. Reputados profesores de ámbitos bien distintos nos dan una opinión fundada sobre un tema controvertido y de especial interés. Es una buena y cualitativa aportación al debate de nuestro futuro. Y un ejemplo de lo que la Universidad debería aportar en éste y en otros temas de alcance. Esperemos que cunda el ejemplo.

Diario de Navarra, 31/8/2017

 

Las villas de Sancho VI el Sabio

Antoñana

Villa de Antoñana (1182)

Cuando don Ángel Martín Duque, mi añorado y retirado maestro, compartía con sus alumnos sus muchos saberes y nos deleitaba con su magisterio, siempre me llamaba la atención el extraordinario juicio y la muy positiva valoración que le merecía la actuación de un rey, Sancho VI el Sabio, que en la historiografía navarra no estaba valorado a la altura de otros monarcas como Sancho Garcés I, Sancho III el Mayor, Sancho VII el Fuerte o Carlos III el Noble. Y a medida que conozco un poco mejor la historia medieval de Navarra, también para mí su figura se agiganta hasta situarse a la altura de los más grandes, si no el que más.

A lo largo del verano, he compartido con ustedes algunos momentos de la historia de Navarra que he titulado “Ciudades que fueron del Reino”. Hemos centrado nuestra atención en Calahorra, Nájera, Laguardia, Vitoria, San Sebastián, y la cerraremos el próximo lunes con San Juan de Pie de Puerto. Pues bien, si hay un rey que ha protagonizado la serie, ése es sin duda Sancho VI el Sabio, verdadero creador de las villas de Laguardia, Vitoria y San Sebastián, mediante la concesión de su respectivo fuero.

Bernedo

Villa de Bernedo (1182)

Una sección como la presente no permite ahondar en los logros del reinado, pero si tuviera que enumerar los fundamentales, éstos serían los siguientes: fortalecimiento y consolidación de la monarquía; defensa inteligente de las fronteras del reino, conjugando diplomacia, acción militar y creación de plazas fuertes; y vertebración del territorio, favoreciendo la creación de burgos, la vida urbana y el comercio.

El origen divino de la realeza se consolida en el reino de Pamplona con Sancho el Mayor (1004-1035), que se proclama rex Dei gratia, rey por la gracia de Dios. Tres signos externos la proclaman: la unción con óleo, la intitulación regia y las inscripciones monetarias. De nuevo es Martín Duque quien resume magistralmente la cuestión: “Sancho VI el Sabio (1150-1194) tuvo que sufrir por lo menos en dos épocas de su reinado el abandono de bastantes ricoshombres que pasaron al servicio de Castilla y Aragón. Mientras tanto, la Santa Sede negaba formalmente el título de rex a los soberanos navarros, pues no se había respetado el testamento del Batallador. Durante sesenta años los documentos papales calificaron al rey de Pamplona como dux, caudillo o jefe militar. Sancho VI el Sabio quiso acabar con esta situación y en 1162 cambió el título de rex Pampilonensium por el de rex Navarrae. Se desplaza a segundo plano la proyección personal de la soberanía y se da preferencia a su proyección territorial. El rey ya no es esencialmente el caudillo de los ricoshombres, más o menos veleidosos, sino que es el soberano de un territorio en el que conviven grupos sociales dotados de estatutos legales diferentes, pero vertebrados por el poder real. La autoridad real saldrá notablemente fortalecida y la dinastía se consolidará, hasta el punto de que su sucesor Sancho VII el Fuerte (1194-1234) bordeará el autoritarismo y a su muerte será preciso nombrar varios tribunales para atender las reclamaciones de sus súbditos”.

Arganzón

Villa de la Puebla de Arganzón (1191)

La defensa de las fronteras del reino fue otro de sus grandes logros. Empotrado en medio de los dos grandes reinos peninsulares, Castilla y Aragón, mayores en dimensiones, habitantes y riqueza, Sancho el Sabio maniobró con habilidad para liberarse de la tutela castellana por el control de una parte del territorio navarro en el corazón del reino, primero; para mantener el statu quo frente a los acuerdos de los dos reinos para repartirse Navarra, consiguiendo retener buena parte de Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado, aunque tuviera que ceder La Rioja y gran parte de Vizcaya a cambio de ver reconocida su soberanía, después; y, finalmente, iniciar su expansión al norte del Pirineo. Y todo ello, conjugando diplomacia en los momentos desfavorables, fuerza militar en los favorables y creando plazas fuertes en la frontera, para consolidar las posiciones. Así nacieron Laguardia (1164), Los Arcos (1176), San Sebastián (1180), Vitoria (1181), Antoñana (1182), Bernedo (1182), Arganzón (1191) y Labraza (1196).

No se olvidó Sancho VI el Sabio del interior de su reino. Corresponde en buena medida a la segunda mitad del siglo XII, por lo tanto a su reinado, la formación de la red ciudadana navarra, según Martín Duque “en un principio marcadamente lineal, sobre los tramos de la ruta compostelana, y conectada pronto con la metrópoli ribereña de Tudela a través de Olite (1149), hasta que en las primeras décadas del siglo XIII (…) alcanzaba la burguesía el punto de equilibrio demográfico y funcional que se mantendría básicamente durante bastantes centurias”.

Labraza

Villa de Labraza (1196)

Como verán, no estamos ante un rey menor. Por ello, tal vez haya llegado el momento de reivindicar una red propia de ciudades y pueblos hermanados y unidos en un padre común, las villas de Sancho VI el Sabio.

Diario de Navarra, 17/8/2017

Una idea fuerte de España

Junco

El pasado 16 de julio, en un medio de difusión nacional, el conocido periodista Juan Cruz le hizo una buena entrevista a Íñigo Errejón, diputado de Podemos. Ninguno de los temas eran menores: la idea de España, las relaciones PSOE-Podemos, el encaje de Cataluña en España, el papel de la izquierda y el patriotismo, y el balance (positivo) de las cuarenta años de democracia. Como se ve, asuntos todos que permiten perfilar un retrato aproximado de un político joven con un discurso interesante, propio y no exento de contradicciones.

Permítanme, aunque estemos en verano, algunas digresiones sobre uno de los temas que me han ocupado con frecuencia en esta sección, y que hoy, casi en vísperas del 1 de octubre, día D de las relaciones entre Cataluña y el resto de España, es particularmente candente: la idea de España y su articulación territorial.

Tengo sobre la mesa, en fase de lectura, un libro particularmente interesante a estos efectos: Dioses útiles. Naciones y nacionalismos, de José Álvarez Junco, catedrático de Historia del Pensamiento y los Movimientos Políticos y Sociales, autor también de otros textos de referencia como Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX y Las historias de España. Visiones del pasado y construcción de identidad. El autor enumera en la introducción las dos ideas esenciales que lo inspiran. La primera es que la identidad española es una construcción histórica, producto de múltiples acontecimientos y factores, algunos estructurales, pero en su mayoría contingentes. Ni existe un “genio nacional” español, ni somos anormales o raros. La segunda se resume en que la distancia y la comparación son la actitud y el método más recomendables para comprender adecuadamente un problema político o histórico. Tras repasar los casos de construcción nacional, analiza con detenimiento el caso español y concluye lo siguiente: “España intentó pasar de imperio a Estado-nación moderno (…) pero en un momento de constantes altibajos políticos y extrema debilidad económica, asociando en el siglo XX el españolismo a dos dictaduras que terminaron siendo muy impopulares. Con lo que sobrevivió, pero seriamente cuestionada por segmentos de población periférica, quizás no mayoritarios, pero sí suficientemente amplios como para crear serios problemas, unos problemas que siguen sin resolverse en el momento de concluir este capítulo”. (2016).

Como señala Álvarez Junco, España llegó a 1975, año de la muerte de Franco, con una idea de nación y una bandera contaminada por la dictadura franquista y muy vinculada a una ideología derechista y conservadora. No fue suficiente el esfuerzo del PCE, aceptando bandera y monarquía, ni el patriotismo constitucional practicado por los gobiernos socialistas, de claro signo regeneracionista y modernizador. Desgraciadamente no fue suficiente, y menos en la España periférica, donde la fuerza de la autonomía, cuando no del independentismo, prevaleció sobre la idea de pertenencia a la Nación española.

Errejón

Íñigo Errejón, en su entrevista, da su explicación: “Creo que los progresistas de España (quizás hay razones históricas para ello) cometieron una irresponsabilidad que no tiene razón de ser: alejarse de España, sentir que España era el problema y que la solución era una especie de cosmopolitismo”.

Por eso sorprende gratamente que un influyente dirigente como Íñigo Errejón, claramente situado a la izquierda, hable de su idea de España: “Creo que ya va siendo hora de reivindicar, desde posiciones inequívocamente progresistas y democráticas, una idea fuerte de España, un patriotismo desacomplejado. Hay muchas razones para estar orgullosos de nuestro país.”.Pero su discurso, como el de todos los partidos, no está exento de contradicciones: “En un país que tiene la diversidad cultural y nacional que tiene España, que siempre ha tenido diferentes pertenencias nacionales, la unión se construye a partir del reconocimiento de esas diferencias y eso implica el acuerdo. Con Cataluña hace falta un nuevo acuerdo, pero un acuerdo que reconozca que los catalanes tienen derecho a decidir su encaje en España”.

No coincidir con él en este último punto, no significa desconocer lo que de positivo tienen sus declaraciones. ¿Será la izquierda, fundamentalmente PSOE y Podemos, capaz de formular una idea de España que le permita liderar el país de nuevo, como sucedió en la década de los ochenta y noventa del pasado siglo? Alfredo Pérez Rubalcaba le ha recordado muy oportunamente en ese mismo medio que el éxito fue de todos los españoles, aunque eso sí, liderados por Felipe González y los gobiernos socialistas.

Diario de Navarra, 3/8/2017