La catedral de Tarazona

Esta sección, atenta en general a la actualidad navarra, suele hacerse eco de las novedades más importantes acontecidas en nuestra Comunidad en materia de patrimonio cultural. Pero estamos inmersos ya en pleno verano, aunque el termómetro nos haya dado una larga tregua en el mes de julio. Y como en esta tierra una costumbre repetida durante varios años se considera ya tradición inveterada, les propongo continuar con una que ya tiene más de un lustro: visitar enclaves próximos de las provincias limítrofes que han experimentado una importante transformación y han sido abiertos a lo largo del último año.

Tarazona es una pequeña ciudad aragonesa, situada a la vera del Moncayo, apenas a 20 kilómetros de Tudela con la que tiene un indudable parentesco histórico. La dilatada historia de la ciudad, cuyo origen se remonta al siglo IV antes de Cristo con la fundación de Turiazu por los celtíberos, pasando a ser romanizada en el siglo I a. C. como Turiaso y adquiriendo el título de sede episcopal probablemente en el siglo V, nos ha dejado un importante patrimonio material e inmaterial que hace que en la ciudad se respire todavía la influencia de las culturas cristiana, musulmana y judía, de las luchas fronterizas entre reinos, y del arte gótico, mudéjar, renacentista y barroco.

Si el lector ha pasado por allí en los últimos 30 años, le habrá llamado la atención un imponente edificio situado no en el corazón del núcleo histórico, sino al otro lado del río, en la zona baja de la ciudad. Es la catedral de Santa María de la Huerta. Y si alguna vez ha intentado visitarlo, se habrá encontrado siempre con un molesto cartel que anunciaba: “cerrado por obras”. Pues bien, tras 15 años de ininterrumpidos trabajos de restauración, siguiendo las directrices de un concienzudo plan director, la seo acaba de abrir parcialmente sus puertas con un resultado sorprendente.

El edificio que hoy contemplamos es la suma de intervenciones continuadas, más o menos afortunadas, que se han sucedido a lo largo de casi nueve siglos: una primitiva construcción románica iniciada tras la reconquista de la ciudad a los musulmanes en 1119 -situación paralela a Tudela-; una catedral gótica a la manera francesa totalmente nueva, consagrada en la temprana fecha de 1235; un cascarón exterior de ladrillo, junto con la torre y el cimborrio con una inequívoca impronta mudéjar; una remodelación interior del templo en el siglo XVI siguiendo la estética renacentista; y una serie de aportaciones barrocas como el pórtico mayor y el trascoro, constituyen algunos de los momentos estelares del templo.

De la visita, que recomiendo vivamente, destaco dos cuestiones complementarias: en primer lugar, la propia restauración, realizada con pulso firme y resultado final esplendente. Además de un espacio para el culto, la cultura ha rescatado un complejo edificio, síntesis de los estilos y formas de hacer propios de una tierra de frontera. En segundo lugar, la metodología utilizada. La restauración de la catedral ha permitido poner en marcha la Fundación “Tarazona monumental” en la que la difusión y divulgación del patrimonio, su restauración, la promoción de la ciudad, la formación y las actividades culturales son elementos que pretenden empujar en la misma dirección: el desarrollo de un territorio que no pasa por su mejor momento histórico.

No sé si lo conseguirán, pero el camino me parece el adecuado. ¿Para cuándo la constitución de unas fundaciones similares en nuestra tierra, caso de Tudela, Estella o Sangüesa, que mejoren las prestaciones de la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra? Si estamos en época de escasez, he aquí una vía para aunar esfuerzos y optimizar recursos. Buena falta nos hacen ambas cosas.

Diario de Navarra 28/7/2011

Rubalcaba, candidato

El pasado 9 de julio, el Comité Federal del PSOE, máximo órgano entre congresos, proclamó candidato a la presidencia del Gobierno de España a Alfredo Pérez Rubalcaba. Este acto constituye el pistoletazo de salida para las próximas elecciones generales, se celebren estas el próximo noviembre o en marzo, cumplida en su integridad la actual legislatura.

Comencemos por un diagnóstico de la situación del PSOE en el momento presente. Ser militante del mismo desde la década de los ochenta no me impide apreciar que el partido, y la socialdemocracia en general, no pasan por su mejor momento. La profunda crisis económica, asumida de forma tardía por el presidente Rodriguez Zapatero, ha eclipsado los importantes avances en materia de ampliación de derechos y desarrollo del estado del bienestar que caracterizaron su primera legislatura y le han obligado a desarrollar una dura política de ajuste que poco tenía que ver con el programa presentado a los electores. Esto y su rémora consiguiente de parados ha dejado profunda huella en la ciudadanía, que castigó severamente al partido y sus candidatos -tanto en las elecciones municipales como autonómicas- y ha colocado al PP claramente por delante en la intención de voto.

El panorama, en consecuencia, no es muy alentador para el PSOE. Si esto es así, ¿qué ha podido mover a un hombre como Alfredo Pérez Rubalcaba que lo ha sido todo en el partido y en el gobierno, y que no es precisamente un jovenzuelo, a asumir una responsabilidad tan alta como arriesgada? Me precio de conocer bien a Alfredo, con quien sigo manteniendo una afectuosa relación que se inició en la década de los ochenta, cuando juntos trabajamos por sacar adelante un proyecto que hoy es una cuajada realidad, la Universidad Pública de Navarra.  A mi juicio, tres son las razones de la aceptación del envite: su compromiso con el partido, la creencia en sus posibilidades y una sana ambición por ser primero de quien ha sido un extraordinario segundo en casi todo.

¿Y qué aporta el candidato al panorama general? Básicamente tres cosas. En primer lugar, unas cualidades personales bien contrastadas como  son la solvencia, la experiencia y la fiabilidad. En segundo lugar, un programa de clara raíz socialdemócrata, que lo veremos dibujado en la conferencia política que los socialistas celebraremos en octubre, y que excede con creces el horizonte de la legislatura para proyectarse en el medio plazo. Esto trae aparejada la necesidad de asumir también la secretaría general del partido, con victoria electoral o sin ella, que creo es lo que debería suceder tras el congreso del próximo año. Y en tercer lugar, un ánimo renovado en la militancia del PSOE que, con Rubalcaba al frente, se dispone a dar una batalla que no está necesariamente perdida. Como decía un medio nacional tras su elección: “hay partido” y, sin duda, este durará 90 minutos, sin descartar la necesidad de prórroga. Su talón de Aquiles, la credibilidad de su mensaje y su persona en la nueva etapa, estoy seguro que irá mejorando en los próximos meses, porque si algo destaca en su biografía es que sabe lo que quiere y lo explica como nadie.

Y una reflexión final desde Navarra. El candidato conoce bien la Comunidad Foral y está comprometido con su encaje institucional. Lo dejó claro en su mitin del Labrit en la última campaña electoral. Por eso, pese a las querencias naturales de Barcina y Miranda hacia el PP nacional, a UPN le convendría se cauto en esta materia. Siquiera sea porque el Gobierno de Navarra está compuesto por dos partidos, uno de los cuales es el PSOE. Me parece innecesario e incluso temerario que las cargas de profundidad las coloquemos desde dentro.

Diario de Navarra 20/7/2011

El Códice Calixtino y Navarra

Una de las noticias culturales más importantes de la quincena, si no la más, ha sido el robo del Códice Calixtino, un bello manuscrito de 225 folios, con escritura del siglo XII, que se conservaba desde hacía ocho siglos  en el archivo catedralicio de Santiago de Compostela. Consta de cinco secciones o libros de los que el más interesante, sin duda ninguna, es el quinto, conocido como Liber peregrinationis.

La revisión o edición final fue realizada muy probablemente hacia 1160 por el clérigo francés Aymeric Picaud. Se trata de un breve tratado, mezcla de relato de viajes, libro de consejos morales y guía del peregrino jacobeo y constituye el primero y más importante de los 74 relatos de peregrinos que conocemos hasta el siglo XVIII.

Para ponderar la importancia del Códice y la pérdida que supone su desaparición, apelaré al testimonio de autoridad de Fernando García de Cortázar: “El Códice Calixtino es probablemente el documento más importante de la Historia de España, junto con el Beato de Liébana y las Cantigas de Nuestra Señora”.

Si la importancia es grande para la historia de España, no lo es menos para la historia de Navarra. En 1162, Sancho VI el Sabio toma una decisión trascendental: abandona el título de “rey de los pamploneses” y comienza a intitularse “rey de Navarra”, acentuando la proyección territorial y no personal de la soberanía y marcando un proyecto de integración social. Este es el territorio vertebrado que describe indirectamente el libro: un reino habitado por distintos grupos sociales, en el que se hablan dos lenguas dominantes, romance navarro y euskera, y en el que la división entre campo y ciudad es ya muy nítida. De los once capítulos del sumario, en cinco hay referencias a Navarra. Sin ánimo de ser exhaustivo, estas son las fundamentales.

El capítulo I, los itinerarios hacia Santiago, nos muestra una ruta ya consolidada: “Cuatro son los itinerarios que conducen hacia Santiago y que en Puente la Reina, en tierras españolas, confluyen en uno solo“.

El capítulo II señala las jornadas del Camino de Santiago: Jaca-Monreal, Monreal-Puente la Reina, Sant Michel-Viscarret, Viscarret-Pamplona, Pamplona-Estella, y Estella-Nájera. Son de extensión variable y él las recorre a caballo.

El capítulo III cita los nombres de las villas jacobeas. Los enclaves navarros mencionados son: Monreal, Hospital de Roldán, Roncesvalles, Viscarret, Larrasoaña, Pamplona, Puente la Reina, Estella y Los Arcos.

El capítulo VI señala los ríos buenos y malos. Entre los buenos, el Aragón, el Arga, el Runa y el Ega “de agua dulce, sana y extraordinaria“. Entre los malos, el Salado “¡cuidado con beber  en él ni tú ni tu caballo, pues es un río mortífero!”, además de los de Torres, Los Arcos y Cuevas.

El capítulo VII glosa los nombres de las regiones y características de sus gentes. Al margen del interés lingüístico y etnológico del texto, el relato destaca por el descarnado retrato que hace de sus gentes, con algunas virtudes y muchos defectos y vicios poco confesables. Pero no todo el territorio le resulta hostil. Frente a la tierra de navarros, campesinos de condición servil, destaca los núcleos de francos, dedicados a la hospitalidad y al comercio y habitados por gentes que utilizan su mismo idioma. Estella “fértil en buen pan y excelente vino, así como en carne y pescado, y abastecida de todo tipo de bienes” es buen ejemplo de ello. El librito, editado en Sahagún en 1991, lo tienen a su disposición en la Red de Bibliotecas.

Una pequeña reflexión final: ¿están razonablemente seguras las piezas más valiosas de nuestros  museos, iglesias e instituciones? Que sirva lo ocurrido de llamada de atención y acicate para su mejora.

Diario de Navarra 14/7/2011

Induráin en París

Nuestra tierra navarra, históricamente un territorio pequeño, pobre y poco poblado, se ha caracterizado a lo largo de su historia por un aceptable tono medio de sus gentes en muchas de sus manifestaciones: política, economía, cultura, arte o  religiosidad. En todas ellas encontramos navarros ilustres, pero tenemos pocas figuras verdaderamente excepcionales. Lo mismo sucede en el ámbito deportivo, con una salvedad: Miguel Induráin no es solamente nuestro deportista más brillante, sino que esa brillantez supera la frontera regional y nacional para situarse en el olimpo internacional. Con una ventaja adicional, que a la grandeza deportiva une una serie de cualidades humanas admirables -bonhomía, sencillez, afán de superación, generosidad- que le convierten en la quintaesencia del deportista en el que valores y clase se conjugan de forma admirable. En el momento presente, en un panorama donde abundan niñatos y engreídos, a mi juicio sólo Nadal representa lo que Induráin fue en décadas pasadas.

Diario de Navarra está dedicando esta misma semana una serie de reportajes para conmemorar los 20 años del primer Tour conseguido por el navarro el 28 de julio de 1991. Permítanme sumarme al homenaje con mis recuerdos de aquellos días.

En 1980, con el patrocinio de la empresa navarra de aluminios, nació el equipo ciclista profesional Reynolds, un ámbito donde García Barberena, José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué, con la ayuda de otros muchos, lograron el milagro. Los triunfos comenzaron a llegar y en mi condición de consejero de Educación, Cultura, Deporte y Juventud, los viví muy de cerca. Inolvidable fue la victoria de Pedro Delgado en el Tour de 1988, con Miguel Induráin de gregario, y la fiesta a la que asistimos, primero en los Campos Elíseos, después en la embajada de España, y finalmente en el Folies Bergère.

Aunque sin triunfo final, la última etapa del Tour del 89 fue especialmente emotiva. Con José Miguel Echávarri pude recorrer el escenario de salida en Versalles y observar y fotografiar a Lemon preparando su “cabra” con la que iba a disputar la contrarreloj a Fignon y ganar el Tour !por ocho segundos¡ Pero aquella jornada todavía me tenía reservado el momento más pletórico de mis siete años de consejero de Deporte. Junto a Eusebio Unzué acompañé en el coche a Miguel Induráin en su cabalgada de Versalles a París y pude recorrer los Campos Elíseos en una imagen que tengo guardada en la retina para siempre: una enorme avenida que picaba suavemente hacia arriba, en la que solo se apreciaba la formidable silueta de Miguel y al fondo el Arco de Triunfo. Esta vez la recorrió en solitario, cual intrépido explorador, sin tener todavía claro que en los años siguientes la vuelta de honor, del Arco de Triunfo al Obelisco, iba a ser la lógica culminación de sus éxitos. No hubo victoria, pero se oteaba en el horizonte lo que estaba por venir.

El Banesto, liderado por Mario Conde en la cumbre de su efímero éxito, tomó las riendas de Reynolds. Y en el año 91, llegó la apoteosis. Aquel año, acompañé a la familia Induráin en su estancia en París. Tras la fiesta en los Campos Elíseos y la multitudinaria recepción en la embajada de España, Mario Conde ofreció una exquisita cena que compartí con los padres del ciclista.

Pero no todos los días fueron así. Seguí al equipo en varias etapas y la modestia de hoteles y ritmo de vida, siempre bajo la atenta mirada de José Miguel Echávarri, me llamaron mucho la atención. Para llegar al triunfo hizo falta esfuerzo, tesón, sacrificio y disciplina. Y nada le cambió: “ganar un Tour te complica la vida si tú quieres”, nos decía Miguel el otro día en su entrevista. Él no quiso y, afortunadamente, tras cinco tours y dos giros siguió siendo el mismo. ¡Enhorabuena, campeón!

Diario de Navarra 30/6/2011

El nuevo gobierno

El pasado día 2 de julio, los consejeros del nuevo Gobierno de Navarra tomaron posesión de sus cargos. Los dos partidos mayoritarios (UPN y PSN-PSOE) han conformado un gobierno de coalición inédito hasta el momento presente. En décadas anteriores se han ensayado casi todas las otras fórmulas posibles, pero un gabinete integrado por los dos partidos supone una novedad y un reto. A tiempos excepcionales, soluciones excepcionales, podría ser el resumen de lo vivido. Y de conformidad con ello, los dos partidos han negociado un programa común plasmado en un acuerdo suscrito con luz y taquígrafos en el que han aparcado las diferencias más evidentes de sus respectivos programas y han tratado de aproximar posiciones en temas con notorias diferencias ideológicas. Está por ver el resultado, pero al menos creo que merecen el beneficio de la duda.

¿Y quiénes componen ese gobierno? Nueve personas, la presidenta y ocho consejeros, de los cuales UPN ha designado a cinco y el PSN-PSOE a tres. El gobierno perfecto, a mi juicio, si es que existe, es el que reúne impecables currículos profesionales junto a acreditadas experiencias políticas y de gestión. No es el caso. Los currículos profesionales no son especialmente brillantes y, en consecuencia, predominan los perfiles netamente políticos. Esto no inhabilita, ni mucho menos, al ejecutivo así conformado. No es el modelo que más me gusta a mí personalmente, pero conozco casos del mismo corte que han tenido resultados francamente buenos. El balance final dependerá en gran medida de dos factores: el nivel de coordinación y lealtad que tengan sus componentes, y la capacidad de los nuevos consejeros de liderar grupos cohesionados donde el componente técnico y profesional de los equipos directivos interactúe equilibradamente con la dirección política de su titular.

No es tarea fácil la que les espera. A los retos habituales de todo gobierno, éste une dos dificultades adicionales: la crisis y la cohabitación. Confiemos en que no defrauden las expectativas.