Buenas prácticas en educación

Tierra Estella

La enseñanza es una actividad inherente a la vida del hombre desde la más remota antigüedad. Aunque el proceso se extiende a lo largo de la vida, adquiere una especial importancia en las primeras etapas de la misma, las correspondientes a la infancia y la juventud. Y, en estas etapas, se da en las más variadas formas: formal e informal; en habilidades y destrezas; en conocimientos y valores. Así lo señala la primera acepción de enseñar del vocabulario de la RAE: “instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos”.

La enseñanza es una digna profesión y, para algunos de los que la ejercen, además una vocación. Entre los que nos dedicamos a este noble arte, los hay quienes ponen el acento en los estrictos conocimientos y se llaman a sí mismos “enseñantes” -palabra muy de moda en los años de la transición-; existen los que prefieren llamarse “docentes”, haciendo hincapié en la mezcla de conocimientos y valores; y quienes, más exigentes y precisos aún, prefieren denominarse “educadores”, plenamente imbuidos del valor de su tarea. Yo, recién jubilado, me he sentido cómodo con la segunda de las acepciones, porque considero que a pesar de que no es poco ser un buen profesional, he aspirado a compaginar conocimientos y valores en mi tarea diaria.

En este proceso de enseñanza-aprendizaje, hay unas etapas más complicadas que otras. Aunque la unanimidad no existe, si preguntáramos a los componentes del cuerpo, probablemente la mayor parte coincidirían en que la ESO, especialmente los cursos 2º y 3º, son los años más complicados. Todos los sistemas educativos, sean del país que sean, y todos los centros, sean públicos, concertados o estrictamente privados, saben que ése es uno de los retos del sistema, y que de su aceptable resolución depende la buena marcha del conjunto del centro. Refiriéndonos a Navarra, este reto se acrecienta en los centros públicos, aquellos en los que no existe selección académica ni social, y todo alumno, por el mero hecho de serlo y cumplir determinados requisitos de proximidad, debe ser admitido en un determinado centro.

Comienza el curso y ya tenemos al alumnado en clase. Y aparecen los problemas: falta de respeto, de disciplina, de interés, que en determinados colectivos comienzan a acumularse. El conjunto de la clase sufre por las continuas molestias, los profesores intentan hacer frente con paciencia y habilidad a la situación, hasta que, como mal menor, se recurre a lo inevitable. Por supuesto, conozco docentes que jamás han echado de clase a un alumno, pero la actuación de los primeros también es comprensible. ¿Qué hacer con los expulsados? Se han ensayado múltiples fórmulas con resultados desiguales: sacarlos al pasillo, reunirlos en la biblioteca, expulsarlos a casa durante varios días, etc. ¿Es esto lo más recomendable? Dada la finalidad educativa del sistema, no parece que deban primar los aspectos punitivos, pero la realidad es tozuda y a veces lo vuelve inevitable.

Y ante esta situación, aparecen los buenos docentes para ensayar nuevas propuestas y, con gran esfuerzo, aportar soluciones. Eso es lo que hace unos años implantó el IES Pablo Sarasate de Lodosa, de la mano de su directora, Rosario Sucunza, que lamentablemente perdió la vida el año pasado en un accidente de tráfico en su vuelta diaria a Estella, donde vivía. Y eso es también lo que acaba de implantar el IES Tierra Estella desde este mismo curso. Frente a los días de expulsión, que era la solución existente hasta ahora, siempre que las familias lo acepten, el alumnado de la ESO y Bachillerato podrá acogerse a las nuevas propuestas de trabajo en beneficio de la comunidad: leer un cuento o ayudar en el aseo de los niños de la Escuela Infantil Arieta, como apoyo en el ciclo 0 a 3 años; ayudar en la limpieza, los paseos y la huerta con los mayores de la Residencia San Jerónimo; o ayudar a poner en marcha el ropero de la Cruz Roja, en colaboración con la Asamblea Local de Estella. Puede que usted esboce una media sonrisa, pero le aseguro que la iniciativa no es de broma, que detrás de ella hay mucho trabajo y que merece nuestro respeto, aliento y aplauso.

Para aquellos que dicen que en los institutos y colegios de Navarra no hay orden ni disciplina, les invito a que hagan una prueba. Acérquense a cualquiera de los centros. Verán que, pasados los cinco minutos entre clase y clase, de pronto el silencio se apodera de los pasillos y, cerrada la puerta de cada aula, se produce el milagroso y diario encuentro, siempre el mismo y siempre diferente, entre alumnos y profesores. Mis colegas de Lodosa y Estella no se han contentado con ello. Han decidido asumir un reto más: convertir la sanción en un instrumento educativo. A todos ellos, mi doble enhorabuena.

Diario de Navarra, 18/9/2014

Una selección personal

Acaba de terminar la Semana de Música Antigua de Estella. De todo lo visto y oído, mucho y bueno, me quedo con tres conjuntos por razones distintas.

El primero, Hilliard Ensemble, es uno de los conjuntos corales más reputados del mundo en música antigua. Sus cuatro componentes, ya veteranos, han estado en Estella por última vez, ya que su gira era la de despedida de los escenarios internacionales. No cabe mayor perfección: la afinación, el empaste, la musicalidad alcanzan en ellos cotas dificilmente superables. Para comprobar lo dicho les dejo con una de sus grabaciones.

El segundo es la Coral de Cámara de Navarra. El programa dedicado a Tomás Luis de Victoria fue denso, bien preparado y magníficamente interpretado. David Guindano tiene una peculiar manera de enfentarse a esta música, pero el concierto no desmereció en una semana reputada por la que pasan los mejores conjuntos. Un digno representante de la música que hoy se hace en Navarra, en medio de las dificultades acrecentadas por la crisis.

El tercero, tal vez la mayor novedad, fue el grupo Gli Incogniti, dirigido por la violinista Amandine Beyer. Para mí fue todo un descubrimiento. El programa dedicado a Vivaldi lo saldó con un gran éxito. ¿Cabe una interpretación distinta de las conocidas de las famosas cuatro estaciones? Después de oir a Beyer, la respuesta tiene que ser afirmativa. Técnica, musicalidad, originalidad y estilo propio se unieron en una interpretación antológica.

Que disfruten de las audiciones.

Candi López de Dicastillo, un hombre cabal

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Todos conocemos en nuestra vida personas sobresalientes en los más variados frentes: económicos, sociales, políticos, deportivos o culturales. Les sobra dinero, acaparan portadas, tienen poder, son estrellas mediáticas, rebosan cultura. Pero no todas están dotadas de eso que hemos venido en llamar la calidad humana. Candi López de Dicastillo, fallecido el pasado 7 de septiembre, no pertenecía a ninguno de esos primeros grupos, pero su muerte no ha pasado inadvertida porque era un digno representante del segundo.

El guión de su vida se parece mucho al de los que nacieron en la década de los cuarenta: el mayor de una familia de seis hermanos, vivo y de inteligencia natural despierta, fue a la escuela de Oteiza, comenzó a trabajar desde muy joven en los más diversos oficios, hasta que la industrialización de los años sesenta lo llevó a Salvat, donde permaneció hasta la jubilación . Aquí se casó con Consuelo, crió a sus tres hijos y vio crecer a sus nietos, el último nacido hace escasos meses, aunque la muerte le haya impedido conocer al que está próximo a llegar.

A la hora de hacer el balance de su vida, cuatro facetas creo que sobresalen en su trayectoria vital. En primer lugar, su amor a la familia. Ser el mayor imprime carácter, y Candi ejercía de ello. Consuelo, su hacendosa y discreta mujer que todo lo hace fácil, y sus tres hijos eran su vida. Le he oido y visto emocionarse con la trayectoria de los tres, vivos y emprendedores; disfrutar con los nietos; discutir y gozar con sus hermanos, cuidar amorosamente a su padre y llevarle las verduricas del huerto. Ese amor por la familia lo tenía en sentido expansivo. Llevo 20 años asistiendo con él a la comida de los Martínez de Eulate, de la que ambos somos consortes, y en la que Consuelo y él eran parte esencial de la fiesta.

En segundo lugar, su compromiso social, firme y nítido. Afiliado a la UGT, Candi estuvo siempre con la causa de los trabajadores a la que pertenecía. Remiso a ocupar cargos en el comité, su voz era, sin embargo, una referencia en la fábrica y en el sindicato, y sin tener el poder gozaba de eso que los antiguos llamaban la autoridad. No fueron años fáciles los de Salvat. Candi defendió valientemente sus ideas, y no se arrugaba ante otras opciones más radicales. Pero todo sin sectarismos, sin rencor, sin violencia. Ideas firmes y capacidad de diálogo marcaron su trayectoria. Así lo ratificaron ayer sus compañeros de Salvat que, en masa, acudieron a un funeral multitudinario para despedir a un amigo. Y, junto a la militancia sindical, la coherencia política, expresada en un compromiso sin carnet, pero con fe de vida.

En tercer lugar, su amor por la vida. Hombre inquieto y de gran iniciativa, la pronta jubilación le permitió viajar, una de sus pasiones, y conocer mundos y culturas distintos. Y junto a ello, disfrutar de la lectura, la conversación, la viña y el huerto.

Y en cuarto lugar, su pasión por el deporte, en especial por el futbol, representado en dos equipos, el Idoya y el Barça. Fueron sus dos amores. Iturtxipia ha perdido a uno de sus referentes. Allá, en lo alto de la tribuna, justo al lado del bar, se alzaba la voz de Candi, sabio y exigente, reclamando más orden, más actitud ofensiva o los cambios pertinentes, según los casos. Y con el Idoya, el Barça, el club de sus amores. En los últimos años visitaba las instalaciones del equipo y la Masía, recorría todas sus secciones y conocía uno por uno a los jugadores de los equipos inferiores. Munir ya lo tenía en mente antes que Del Bosque. Era tal sus barcelonismo, que su hijo Daniel depositó una bufanda sobre el féretro al llegar a la iglesia, que le arropó durante el funeral. Y, como contrapartida, un directivo del club llamó a la familia para dar el pésame por el fallecimiento de un culé de una pieza.

Pero una vida, intensa y breve como la suya, pasa su prueba de fuego en la hora decisiva. No es fácil enfrentarse cara a cara con la muerte a los 66 años, pese a que es una realidad incontestable. El cáncer pronosticado hace cuatro años lo vivió con entereza y sin dramatismo. Y aparentemente lo venció. Así se lo reconocieron los médicos en la revisión de este junio. Pero, lamentablemente, apareció de nuevo de improviso. En pocos meses, lo ha llevado a la tumba. Pero Candi, tampoco en esta ocasión se arrugó. Sabedor de que había perdido la batalla, se enfrentó con dignidad y gran sentido ético a lo inevitable. Llegado el tramo final, pidió que no se le alargara la vida, se levantó de la cama para despedir uno a uno a los suyos y, tras este trance que la familia dificilmente olvidará, mandó al equipo médico que procediera a sedarle. Dos días después, falleció entre el cariño de los suyos.

El funeral fue todo un acontecimiento. Rodeado de familiares, amigos, vecinos y multitud de personas que quisieron despedirlo, el acto tuvo más de celebración de vida, que de recuerdo de muerte. Angel, el párroco, nos transmitió el mensaje que el propio Candi le había dado para todos nosotros, concretado en dos palabras: perdón y gracias. En la celebración, se proclamó el evangelio de las bienaventuranzas. Candi, hombre de poca iglesia, pero de gran calidad vital, estoy seguro que las escucharía con gusto: bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Confiamos en que él, que luchó por la justicia y la equidad, encontrará el lugar que le corresponde. Esta es nuestra esperanza.

Diario de Navarra, 13/9/2014

Informe sobre España

Informe España

Las reflexiones sobre España, su ser y sus problemas, son una constante en el ensayismo hispano. Desde los arbitristas de los siglos XVII y XVIII, pasando por la generación del 98 y la del 14, y siguiendo por los grandes políticos e intelectuales de la II República, todos se aprestaron a repensar un país que no conseguía entrar en la modernidad propia de su tiempo. Parecía que la Transición iba a resolver buena parte del mal fario histórico. Y, efectivamente, vista con perspectiva, fue un periodo especialmente brillante en el que se avanzó y mucho en la articulación del Estado y la convivencia entre los españoles, dos de nuestros males endémicos. Pero cuarenta años después de la muerte del dictador, algunos fantasmas reaparecen, y de nuevo la línea regeneracionista se reactiva. En este contexto se inserta el libro que les comento “Informe sobre España. Repensar el Estado o destruirlo”, obra de Santiago Muñoz Machado, uno de nuestros grandes administrativistas. El autor reconoce dos motivaciones a la hora de escribirlo: el interés intelectual del especialista y la congoja del ciudadano.

El ensayo, breve y muy enjundioso, no se anda con medias tintas: “Avanza inexorablemente el proceso de deterioro de las instituciones constitucionales. Ninguna de ellas, de los parlamentos a los partidos políticos, del Tribunal Constitucional al Consejo General del Poder Jucidial, de la justicia ordinaria a los sindicatos, de la administración estatal a la municipal, funciona adecuadamente en España. Son las manifestaciones más generales de una crisis constitucional de enorme hondura, y que resulta más grave para España, y será más duradera y difícil de resolver, que la crisis económica”.

El capítulo I, dedicado a la crisis constitucional, tras alabar las virtudes de nuestra Constitución del 78 en materia de derechos y libertades, concluye con este inequívoco diagnóstico: “El Título VIII dee la Constitución, que ha dado lugar a la organización del sistema autonómico, es un desastres sin paliativos (…) La crisis institucional ha convertido la reforma en indispensable. Ahora es momento de poner punto final a la mitología, porque o la Constitución se arregla en los extremos precisos de modificación, o puede producirse una seria deblacle en un futuro inmediato”.

En los capítulos siguientes Muñoz Machado aborda las grandes preguntas y esboza algunas respuestas. Señala el error originario de intentar extender el derecho a la autonomía a todas las regiones españolas, hasta el punto de crear entes de difícil viabilidad y futuro. Se pregunta quién inventó todo esto y las posibilidades de arreglarlo que se nos ofrecen. Desde la perspectiva navarra, resulta especialmente oportuno destacar su opinión sobre las fusiones de Comunidades: “Deberían ponerse en práctica (excluyo Navarra, donde la tradición de autogobierno es incomparable con la del cualquier otra provincia, y por los grandes problemas políticos que acarrearía cualquier proyecto de fusión con el País Vasco)“. Navarra, como se ve, de nuevo cuestión de Estado. Estudia los hechos diferenciales, llegando a la conclusión que fuera de la lengua y de la cuestión fiscal, resulta difícil señalar con claridad su existencia. Se sumerge en cuestiones más técnicas como el inextricable universo de las competencias, la igualdad o no de las leyes, el problema de la ejecución de la legislación estatal, especialmente en tiempos de crisis. Pone en evidencia la multiplicación arbitraria de los organismos públicos y la hiperregulación del mercado. Y se pregunta finalmente quién defiende en nuestro país la Constitución, patrimonio de todos. El epílogo final, tiene el significativo título de “Epílogo para inmovilistas, reformistas y separatistas”. Opta, obviamente, por la segunda posibilidad y enumera algunas de las reformas posibles.

La reflexión global me parece muy pertinente, pese a que creo que al autor se le ha ido la mano a la hora de achacar al modelo autonómico buena parte de nuestros males. No es libro de fácil lectura, pero tiene un indudable interés y resulta de rabiosa actualidad. La próxima Diada del 11 de septiembre, el posible referéndum del 9 de noviembre, el inmovilismo del Gobierno de España, las inconcretas propuestas del Estado federal del PSOE, y la irrupción de nuevas fuerzas político-sociales abren un otoño caliente que nos llevará a las citas municipales, autonómicas y generales sin solución de continuidad. El tiempo apremia. Harían bien los partidos en acotar un espacio para el encuentro y poder orientar así el inmediato futuro. La Constitución de 1978 y el país que alumbró se lo merecen.

Diario de Navarra, 4/9/2014