Viaje al sur de Francia (V) La visita que justifica un viaje

Rodez

odez, una de las grandes catedrales góticas de la<s pequeñas ciudades francesas

9 de junio. Rodez, Conques, Figeac, Cahors

El departamento de Aveyron no tiene la dulzura ni la riqueza de las zonas llanas que siguen al Pirineo. El relieve se ondula, la agricultura intensiva deja paso a parcelas más modestas, y loas masas boscosas modulan un paisaje tapizado de colinas y baja montaña. En esta región francesa, alejada de grandes núcleos urbanos, abundan las pequeñas poblaciones, con un hábitat de ciertra dispersión, y las pequeñas capitales históricas de las que perduran como recuerdo de su grandeza los edificios religiosos, sobre todo sus catedrales, y su condición de ciudades episcopales.

Rodez, la ciudad en la que hemos dormido en un limpio y escueto Ibis de frugal habitación y espléndido desayuno, apenas llega a los 25.000 habitantes. Situada en una colina a 600 metros sobre el nivel del mar, destaca hoy por su imponente catedral, ella misma parte de la muralla de la población medieval. El exterior es imponente, con una construcción gótica de los siglos XIII al XV y una torre exenta al lado del crucero de dimensiones considerables. La catedral resulta impactante por dentro, con algunas novedades dignas de interés: no es la menor la actual orientación de la misma, con la fachada de los pies constituida en presbiterio y el antiguo ábside cerrando el conjunto. Junto a ello, una imponente sillería del coro, una capilla con un hermoso conjunto escultórico del Santo Entierro del siglo XV y una colección de vidrieras recién terminadas que continúan dignamente la antigua tradición, serían otros elementos a destacar. Y ¡cómo no! Un impresionante órgano barroco del siglo XVIII recientemente restaurado. Dos novedades de este viaje a Francia me han sorprendido gratamente: las sillerías de coro o juvés y los órganos.

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Vista de la abacial de Conques, una de las grandes iglesias de peregrinación de Francia

De allí, por carreteras estrechas, entre pueblos pintorescos y hermosos paisajes de media montaña, hasta Santa Fe de Conques, situado en uno de esos sitios inverosímiles que tanto gustaban en la Edad Media. Conques es hito fundamental en la arquitectura románica, como ejemplo canónico de iglesia de peregrinación y ejemplo señero de escultura, uno de los cuatro tímpanos más importantes de Francia junto a Moissac, Vezelay y el pórtico real de Chartres.

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Vista de conjunto del tímpano de Conques, ejemplo señero de la escultura románica europea

La mañana está limpia y la bajada hacia el pequeño núcleo urbano nos permite descubrir la belleza y el emplazamiento de la abadía, y disfrutar de una vista excepcional sobre el edificio: planta de cruz latina, cimborrio, ábside bien articulado y torres a los pies. Un ejemplo de libro, por fuera y por dentro, de una iglesia de peregrinación. La pureza de líneas, desnudez y juego de bóvedas y triforio nos remite a un estilo que emociona y eleva casi tanto como la inusual bóveda de medio cañón canónica y ascensional que cierra el conjunto. La otrora poderosa abadía hoy ofrece su arte y espiritualidad, servida por una modesta comunidad de monjes que entona a las 12 del mediodía una de las horas menores del canto litúrgico.

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Vista del interior de la abacial de Conques

Previamente, en una explicación a dos, Trinitat y yo hemos procurado situar a los miembros del grupo en el contexto de la escultura románica. Poder ver en un viaje Moissac, Conques y Souillac es un privilegio que no podemos desaprovechar y Conques y su pórtico, una vez más, ofrecen vistas y lecturas nuevas que comparto con el grupo.

De Conques a Figeac nos encontramos con la Francia profunda, que también existe. Unas estrechas carreteras, al acondicio0nadas y dudosamente señalizadas, nos conducen hacia Figeac, situada en el departamento del Lot. Tras un buen menú en un restaurante de la localidad, la ciudad de Champolion, con apenas 10.000 habitantes, nos ofrece su rico patrimonio para nosotros reducido a una rápida visita a su vieja abadía. En la plaza, un pequeño obelisco dedicado a su hijo más ilustre, y un monumento a los caídos en la guerra franco-prusiana de 1870, de infeliz memoria para Francia. Sorprende el respeto de los franceses hacia los monumentos públicos erigidos en memoria de sus hijos caídos en las distintas guerras, sobre todo las dos mundiales del siglo XX. Es verdad que el enemigo fue exterior y no se trataba de guerras civiles, pero también en esto tenemos mucho Que aprender: los símbolos unen, no dividen; Francia es una, no múltiple; y el país rezuma patriotismo por los cuatro costados.

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Vista general del Pont Valantré de Cahors, uno de los grandes puentes góticos de Francia

Finalizamos nuestro día en Cahors. Capital de la antigua provincia de Quercy, etapa del Camino de Santiago y especialmente vinculada a Estella, a donde llegaron a finales del siglo XI numerosos francos a poblar los nuevos barrios auspiciados por el fuero de Sancho Ramírez, hoy, con sus 20.000 habitantes, conserva un privilegiado emplazamiento, un casco histórico interesante, una hermosa y distinta catedral, y un puente tan famoso como el nuestro de Puente la Reina, aunque casi tres siglos posterior.

Dos elementos sobresalen especialmente: la catedral y el puente. La catedral, con una fachada gótica en obras, ofrece la singularidad de los modelos de románico bizantino: cúpulas sobre pechinas, algunas de ellas con las pinturas góticas todavía bien visibles. Junto a ello, un amplio ábside del gótico meridional le da al conjunto un aire recogido y espiritual. Apenas hay tiempo para una breve parada en su casco histórico y degustar en grupo una buena cerveza. De allí, siguiendo la curva del Lot, vamos hasta el puente, obra de ingeniería memorable, que todavía guarda torres, matacanes y voladizos en buen estado.

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El románico bizantino queda patente en las cúpulas de la catedral de Cahors

Frente a la modestia de los hoteles de los días anteriores, la sorpresa de Cahors fue la ubicación y calidad del hotel, recientemente inaugurado. Amplias y confortables habitaciones en un entorno excepcional permitían una vista de puente, perfectamente visible, fotografiable y degustable desde la terraza de cada una de las habitaciones. Un lujo inesperado y muy de agradecer. La cena en un restaurante a la orilla del río, al aire libre, tampoco le fue a la zaga. Un buen final para un día casi perfecto. Hasta Nadal se sumó a la fiesta, deshaciéndose com pasmosa facilidad de la gran promesa del tenis, el austriaco Thiem. ¡Bravo por Rafa!, aunque los franceses sigan sin acostumbrarse a ver la enseña española en lo más alto de Roland Garros. El domingo será la décima.

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Instrumental

Instrumental

James Rhodes es un buen concertista de piano. Él mismo reconoce que no es está en el top ten de los pianistas actuales, ni mucho menos. Sin embargo, pocos instrumentistas gozan de tanto fervor mediático. Su lengua mordaz e incluso soez, su estilo desenfadado a la hora de presentarse a un concierto, normalmente de vaqueros y camiseta, y sus deseos de romper la norma establecida con explicaciones nada convencionales de las piezas que interpreta, son algunas de las razones de su éxito. Si a ello unimos una vida que él mismo resume de esta manera: “Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida”, no hay duda de que estamos ante un personaje interesante y singular, aunque a continuación lo deba calificar de estrafalario, valiente y poco convencional.

El libro que recoge su corta vida -no tiene sino 42 años-, se titula Instrumental”, el nombre de su sello musical, y se subtitula Memorias de música, medicina y locura.

La historia de su vida, tan dura y descarnada que le trajo problemas con la justicia británica, dado que su exmujer pidió que el libro no se publicara, tiene interés en lo que supone de testimonio personal. Un joven de clase bien, que debido a los abusos, querencias personales y compleja personalidad estaba abocado a ser carne de cañón y acabar mal, se redime gracias a un complejo proceso en el que la música tiene un papel preponderante. Él es consciente de la mala imagen que proyecta en su libro. Tras describir una de sus muchas crisis, señala: “Aquí hay narcisismo y una lástima por mí mismo de manual. Ahora lo percibo. Sin embargo, cuando estás metido en ello, cuando sientes que te ahogas en ese mierda y todo parece de lo más real, no ves las cosas con esa perspectiva. En la depresión, el trauma, el estrés postraumático, como queráis llamarlo, no queda espacio para la realidad. Mi mundo se había desmoronado y solo cabíamos yo, mis delirios y mi ego”.

A medida que el libro transcurre, la esperanza comienza a tomar cuerpo. Mejora en lo personal, lo profesional y lo psicológico. Comienzan los conciertos, los programas de televisión, los escritos en la prensa. Y se enamora de nuevo. Siempre inestable y temeroso, se permite sin embargo dar una serie de consejos relativos a la relación de pareja que sorprenden porque a veces suenan a libros de autoayuda: sé consciente de que te equivocas, alégrate de equivocarte, sé generoso, asume el compromiso de que ni os planteáis dejarlo, no os hagáis preguntas sobre el pasado del otro, adelántate a lo que necesita la otra persona. En dos palabras, sé bueno. Y aspira a lo siguiente para su vejez: “ella y yo nos estamos dando la mano en la parada del autobús con setenta y tantos años, y somos una de esas parejas que arranca sonrisas a la gente”.

Si el libro fuera sólo esto, estaría bien, sin más. Pero tiene una tercera faceta que lo hace particularmente interesante. Todos los capítulos, que él llama temas, están introducidos por una obra para piano, con un comentario sobre la misma y la sugerencia de una grabación concreta. En ella aparecen su trilogía preferida, Bach, Beethoven y Chopin, y algunos de los pianistas y directores de más lustre: Glen Gould -para él el mejor pianista de todos los tiempos-, Kissin, Ohlsson, Ashkenazy, Leonskaja, Tiempo, Pollini, Zimerman, Luisada, Lonquich, Lupu, Kocsis, además de Sokolov, en su opinión el mejor de los pianistas vivos.

Sugiere además que compremos, robemos o escuchemos en streaming estos tres discos: La Sinfonía nº 3 y nº 7 de Beethoven, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres; las Variaciones Goldberg de Bach, interpretadas por Glen Gould; y los Conciertos para piano 2 y 3 de Rajmáninov, con Andrei Gavrilov al piano.

Todas las obras descritas pueden, a su vez, encontrarse en internet, en la página http:/bit.do/instrumental. Por todo ello, me parece un libro muy recomendable.

Ficha bibliográfica: RHODES, J., Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, Blachie books, 7º edición, Barcelona, 2017

 

Viaje al sur de Francia (IV) El país cátaro y el gótico meridional

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Vista de Cordes-sur-Ciel envuelto en la niebla

8 de junio. Toulouse, Cordes, Albi, Rodez

Tras la tranquila y completa jornada en Toulouse, salimos de la gran ciudad para internarnos en el país de los cátaros y la herejìa albigense. Esta herejía dio lugar a la cruzada contra los cátaros, un conflicto armado que tuvo lugar entre 1209 y 1244, por iniciativa del papa Inocencio III con el apoyo de los reyes de Francia, con el fin de reducir por la fuerza el catarismo, un movimiento religioso calificado como herejía por la Iglesia católica y asentado desde el siglo XII en los territorios feudales del Languedoc. Al igual que los maniqueos, creían en un dualismo entre el principio del bien y del mal, y entre el espíritu y la materia. Sostenían además que Cristo fue en verdad un ángel, y que su muerte y resurrección tenían un sentido meramente alegórico. En consecuencia, consideraban que la Iglesia católica, con su realidad terrena y la difusión de la fe en la Encarnación de Cristo, era una herramienta de corrupción.

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Vista de Cordes-sur-Ciel con el sol iluminando como joya engastada su cima

La región, como el momento histórico vivido en los siglos XII y XIII, se vuelve más adusta y comienzan a a aparecer pequeñas poblaciones encaramadas a la montaña. Una de ellas es Cordes sur ciel, cuyo nombre indica a las claras su posición geográfica. No es infrecuente la imagen de la ciudad emergiendo en medio de nubes y nieblas, sin apenas contacto con la tierra y en directa conexión con el cielo. Lo que en otro tiempo fue una población floreciente, con una calle mayor en la que abundan las casas palaciegas góticas de imponentes estructuras, hoy es asiento de una comunidad venida a menos, que vive básicamente del turismo y de los servicios.

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Vista de la calle principal de Cordes-sur-Ciel con las arcadas góticas de una de sus mansiones

Un trenecito, cómodo y algo exótico, nos evita el ascender por las empinadas calles y llegar directa y cómodamente hasta la puerta de entrada del casco histórico propiamente dicho. En la agradable mañana primaveral, los hosteleros preparan las mesas al aire libre para los turistas mientras nos asomamos al balcón natural de la plaza mayor desde el que se divisa un extenso panorama. Tras un paseo por las calles del casco, casi todas ellas convertidas en su planta baja en tiendas de artesanía de cierta calidad y alto precio, bajamos de nuevo a coger el trenecito, que nos devolverá por pintorescos vericuetos a la parte llana de la población.

Nuestra siguiente parada es Albi, sin duda la pieza clave del día. Aunque la ciudad tenga otros alicientes, como la colegiata, el puente viejo o  el palacio de la Barbie, antigua sede episcopal, la verdadera joya es la catedral de Santa Cecilia, la catedral gótica de ladrillo más imponente que yo haya visto nunca. Solo recuerdo una mole de características semejantes en Polonia, concretamente el castillo teutónico de Marienbord, prácticamente reducido a cenizas en la Segunda Guerra Mundial y hoy parcialmente reconstruido. Esta rotundidad exterior, subrayada por la torre campanario y los contrafuertes redondeados, alcanza una calidad especial en el ábside, que emerge como una gran pantalla sobre la plaza circundante.

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Vista del ábside de la catedral desde la plaza mayor

Toda la sobriedad exterior, se convierte en un espacio interior de una sola nave con capillas laterales que constituye asimismo un ejemplo paradigmático del gótico meridional, caracterizado por plantas más diáfanas y menor altura que en el gótico tradicional. En los siglos siguientes, la sobriedad exterior da paso a un inmenso friso coloreado en su interior, con un enorme juicio final en el ábside y el más extenso conjunto de pinturas italianas realizadas en Francia a comienzos del renacimiento.

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La sobriedad exterior da paso a un interior diáfano y deslumbrante

Adosado a la catedral, también imponente, se encuentra el palacio de la Berbie, residencia episcopal y hoy el museo de Touloouse Lautrec, uno de los renovadores de la pintura francesa a finales del siglo XIX. El museo, excelente en su continente y su contenido, reúne la mayor colección de obras del pintor nacido en Albi, compuesta por cuadros de juventud, retratos principales, dibujos, carteles y litografías. La estratégica ubicación del palacio, elevado sobre el río Tarn, es otro de sus alicientes. 

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Vista de conjunto del palacio de la Barbie, hoy sede del museo dedicado a Toulouse Lautrec

Albi es, además, lugar pasear, perderse y descansar en sus numerosos locales. Si, como fue nuestro caso, la comida tiene lugar en un restaurante de la propia plaza, con vistas espléndidas a la catedral, el goce todavía resulta mayor. Todos estos alicientes han permitido que Albi haya sido declarado Patrimonio de la Humanidad, galardón bien merecido.

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Vista de la ciudad de Millau con el viaducto casi suspendido al fundo

La jornada vespertina nos permitió degustar la región de Aveyron, atravesada por el río Tarn, en ocasiones en forma de estrechas gargantas. Una de éstas obligó a levantar el viaducto de Millau, una ingente y bellísima obra de ingeniería proyectado por Foster y Virlogeux. Sus números, 2.460 metros de largo, 32 metros de ancho, 343 de altura máxima (19 metros más que la torre Eiffel), sólo siete pilares de sostén, y un total de 10.100 toneladas de peso, nos hablan de una de las grandes hazañas arquitectónicas de nuestro tiempo.

Poco a poco, por carreteras sinuosas y relativamente estrechas, nos fuimos acercando a otra de las pequeñas ciudades francesas que tanto sorprenden al visitante. Estamos en una de las regiones de Francia que no respira una especial modernidad ni pasa por un momento especialmente dulce desde el punto de vista económico. Pero, pese a todo, el paisaje respira humanidad y las urbanizaciones civilidad.

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La imagen del viaducto de Millau emergiendo en medio de la niebla tiene mucho de poético

La cena, en un restaurante discreto en la calle que sube hacia la catedral y el centro histórico nos permite un breve paseo nocturno. Queda atrás una región hermosa, vinculada a un momento difícil de la historia de Francia. Una época en la que la religión fue motivo de discordia, división y guerra.

Impresiones tras una tarde aciaga

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Les confieso a todos ustedes que la tarde del martes la pasé delante del televisor, pendiente de la tertulia y el debate anunciado en el Parlamento de Cataluña. Era la culminación de una semana de vértigo, tras el referéndum ilegal celebrado el pasado día 1 de octubre, con la repercusión mediática que supuso la inacción de los mossos y la actuación de la policía nacional y la guardia civil; la “huelga de país” -curiosa y novedosa expresión acuñada para la ocasión- que siguió a estos acontecimientos; el discurso del rey, valiente, necesario y oportuno en un momento de zozobra nacional; el traslado de la sede social de una serie de empresas relevantes de Barcelona a otras ciudades de fuera de Cataluña; y la manifestación constitucionalista del domingo, en la que los silenciosos y silenciados demostraron que son muchos más de los que pensábamos y muchos más también de los que los nacionalistas, acostumbrados a que la calle fuera suya, hubieran deseado. Para mí resultó especialmente significativo, no sólo el rescate de la bandera de España, necesitada de manos y corazones transversales que la arropen más que envolverse en ella, sino también de la bandera catalana, la senyera, bandera histórica y constitucional hoy arrumbada por los independentistas de uno y otro signo. No deja de ser paradójico que buena parte de los que enarbolaron la senyera procedieran del cinturón de Barcelona, inmigrantes para los que Cataluña, en acertada frase de Arrimadas, es su tierra, España su pais y Europa su futuro. Permítanme también una alusión de Josep Borrel, que en un alarde de racionalidad y pasión contenida, dotó de discurso a una ciudadanía desmotivada, poco cuidada y huérfana de liderazgo.

Y tras todo ello, llegó el día D. Como la política catalana no se priva de nada, el pleno comenzó con una hora de retraso, lo cual hacia presumir que las cosas estaban siendo especialmente complicadas en el bando nacionalista. Tras una apelación a la moderación y a las buenas formas, Puigdemon realizó su relato de parte; una historia de agravios por parte de España, culminada con una actuación absolutamente desproporcionada de las fuerzas de orden público contra un pueblo indefenso. Conocidos los resultados, sin una solo palabra sobre quién y cómo se validaban estos resultados, solo quedaba cumplir lo previsto en las leyes de desconexión aprobadas los días 6 y 7 de septiembre: proclamar solemnemente la independencia y declarar formalmente constituida la república catalana. Pero no sucedió esto, sino algo que todavía está por concretar, hasta el punto que el Consejo de Ministros ha tenido que requerir al presidente de la Generalitat para que explique el alcance de su declaración. Huelgan las calificaciones sobre los fuegos de artificio montados a continuación: Una sesión parlamentaria sin debate, presencia en la tribuna de Mas y otros próceres del independentismo -solo faltaba Puyol, el impresentable-, unas caras largas de la mayoría que denotaban que aquel no era precisamente una día de fiesta, una firma exterior para suplir lo que no se había hecho en el salón de plenos, un fin de fiesta que recordaba mucho al de los partidos perdedores en noche electoral y, haciendo de la necesidad virtud, un relato de los responsables políticos y las fuerzas que lo apoyan, la Asamblea nacional catalana y Omnium cultural, subrayando la apuesta por el diálogo de Puigdemon.

Desde mi perspectiva, tras los fastos y días históricos, llega la hora de verdad, que no admite retraso. Urge recuperar la legalidad constitucional, piedra angular de nuestra convivencia. Quien tiene que decidir el cuando y el cómo es el gobierno de España, pero haría mal en no ir acompañado de otras fuerzas políticas, el PSOE especialmente, en este desafío. Debería pactarse, en consecuencia, el alcance de los mecanismos utilizados para recuperar la legalidad transgredida. Y pasado un tiempo prudencial, se impone que los catalanes vuelvan a las urnas para conocer, ahora sí, la verdadera voluntad de la ciudadanía de Cataluña.

¿Y cómo debe ser el encaje de Cataluña en España? Ese es un debate que necesariamente se debe abordar en el marco de una reforma constitucional. Si algunos estamos en condiciones de entenderlo bien somos los navarros y los vascos, que tenemos nuestras propias especificidades recogidas en la Constitución. Para terminar, añado un detalle no menor del que dependerá el éxito de esta operación nada fácil. Con lealtad por ambas partes, todo es posible, pero debemos reconocer que dicha lealtad es un valor del que históricamente no pueden alardear los nacionalistas.

Diario de Navarra, 12/10/2017

 

Viaje al sur de Francia (III) San Sernin, entre Toulouse y Pamplona

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7 de junio. Toulouse

Toulouse es una hermosa ciudad con un casco histórico muy notable. Capital del departamento del Alto Garona y de la región de Aquitania, es también la capital histórica del Languedoc.

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Conchita, Paco y Pío posan en la plaza del Capitolio

La plaza del Capitolio es el corazón de la ciudad. Lugar de reunión y celebración de eventos multitudinarios, mercado callejero, y sede de los cafés y terrazas más clásicos de la ciudad, su amplio espacio está presidido por el imponente edificio del Ayuntamiento y el teatro. Construido a lo largo de los siglos XV y XVI, presenta un interior visitable, con hermosa arquitectura y decoración en paredes y techos.

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Típica iglesia gótica de ladrillo y fachada pantalla, situada en la calle Taur

Tras la visita al Capitolio, nos adentramos en una de las calles más representativas, la rue du Taur. Frente a otras ciudades visitadas, Toulouse es la capital del ladrillo y edificios religiosos y civiles tienen el característico color del barro del Garona, convertido en material de construcción.

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La calle Taur une la plaza del Capitolio con la basílica de San Sernin

En medio de la calle, se nos aparece la iglesia del mismo nombre, una pantalla gótica con una soberbia fachada de ladrillo que se eleva sobre los tejados del conjunto. Unos metros más adelante, en uno de los edificios históricos hoy utilizados por la Universidad, una placa nos recuerda que Toulouse fue una de las ciudades que acogieron a los republicanos españoles tras la derrota en la guerra civil. “Los números 67 y 71 de la calle Taur fueron, durante la dictadura franquista, la sede del PSOE y la UGT”.

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Vista exterior de las naves y cimborrio de la basílica de San Sernin

Pero la verdadera joya de Toulouse, superior a la catedral de San Esteban, es la basílica de San Sernin, el edificio más emblemático de la ciudad. Se trata de una inmensa fábrica de cinco naves con crucero, deambulatorio y girola, una de las iglesias de peregrinación más hermosas de Francia. Impresiona recorrer la nave central con bóveda de cañón sujetada con arcos fajones y sus bóvedas de crucería, un ejemplo paradigmático del quehacer románico. Su desnudez y ausencia de decoraciones posteriores añaden verosimilitud al conjunto.

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Vista de conjunto de la nave central, con galería de triforio y bóveda de cañón con arcos fajones

Un sosegado paseo por sus naves, alzar la vista a las bóvedas y al crucero, todo ayuda a reencontrarnos con uno de los edificios singulares que, al igual que la catedral de Santiago de Compostela, con quien guarda evidentes similitudes, marca un hito en la historia de la peregrinación. Y si espectacular es su interior, no lo es menos su exterior, con una esbeltísima torre sobre el cimborrio, emblema de la ciudad, y el juego de ábsides y absidiolos de su cabecera.

Como complemento de las palabras de Trinitat, subrayo la estrecha relación de esta abadía con nuestras tierras de Pamplona y de Navarra. Compartimos el mismo patrón, San Saturnino, procedente -dice la leyenda- de estas tierras. Y los canónigos de San Sernin gozaron de importantes propiedades en el reino, con la zona de Artajona y su iglesia de San Saturnino en el cerco, levantada según modelos meridionales por esta comunidad.

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Vista de una de las naves laterales cubiertas con bóveda de arista

Tras la visita a San Sernin, nos acercamos a los otros dos edificios representativos de la ciudad: la catedral de San Esteban y el convento de los jacobinos. La catedral es un enorme edificio básicamente dividido en dos partes, una primera de una sola nave, y una segunda añadida a finales de la Edad Media. Le falta unidad estilística, pero no carece de empaque y detalles de interés.

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Vista del hermoso claustro de los jacobinos con la torre característica de los edificios tolosanos

Más emoción transmite el sorprendente convento de los Jacobinos, hoy desacralizado y en su día la casa central de los dominicos, nacidos precisamente aquí para combatir la herejía albigense. El gótico meridional de ladrillo rojo brilla en todo su esplendor en el exterior, pero el interior es sencillamente deslumbrante. Los enormes pilares brillan en todo su esplendor, que alcanza el éxtasis en el conocido como la Palmera. Virtuosidad técnica a la que se une una gran belleza formal. Una placa junto al altar recuerda a Santo Tomás de Aqino, el filósofo más influyente de la Edad Media, profesor que fue de este centro. El edificio y sus historia contrasta con el alegre exterior, literalmente tomado por grupos de adolescentes de un liceo próximo.

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Vista de la espectacular palmera de la iglesia de los jacobinos

Tras la comida, la tarde la reservamos para un tranquilo y agradable paseo por el Canal du Midi. Sorprende encontrar en una ciudad de interior un red de canales y esclusas como esta. Obra cumbre de la ingeniería fluvial del siglo XVIII, está declarado Patrimonio de la Humanidad.

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L´hotel Dieu, a la orilla del Garona

Tras la finalización de la visita oficial, Toulouse ofrece un sinfín de paseos. Nosotros optamos por la orilla del Garona, el gran río del sur de Francia, plagado de grupos de adolescentes expectantes ante la llegada de la primavera que ya se hacía presente en la buena temperatura. Un gran rodeo por calles y boulevares no llevó de nuevo a la zona próxima a la plaza del Capitolio, donde cenamos al aire libre una salchicha típica de la zona.

Toulouse se nos ha presentado como una ciudad amable y seductora. Una ciudad que, además de un gran pasado, tiene un presente productivo y un prometedor futuro. La aeronáutica y los estudios universitarios constituyen buenos tractores hacia el siglo XXI.

Retos y cifras para la reflexión

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En este mes de septiembre que se nos va, tres noticias han acaparado buena parte de los debates en los medios de comunicación internacionales y nacionales: la crisis nuclear provocada por Corea del Norte, una dictadura en toda regla que pretende acceder por las bravas al pequeño grupo de potencias atómicas; el cambio climático que, pese al escepticismo de algunos grandes países, se ha hecho dramáticamente presente una vez más en diversas zonas de la tierra; y, entre nosotros, el proceso independentista de Cataluña, con el deplorable espectáculo ofrecido por la mayoría del Parlament dispuesto a conseguir sus objetivos aún al precio de arrumbar principios democráticos que creíamos inherentes a sociedades avanzadas.

Y mientras esto sucede, los verdaderos problemas enquistados siguen siendo una realidad a la que a menudo no acabamos de poner cifras que nos permitan medir su gravedad extrema. Permítanme hoy hacerme eco de algunas de ellas, tomadas del suplemento nº 237 de los Cuadernos de Cristianisme i Justícia, de los que hemos hablado en otras ocasiones.

Tal vez el primer problema de nuestro mundo de hoy sea el hambre, la pobreza y la desigualdad. 795 millones de personas no disponen en el planeta de alimentos suficientes para llevar una vida saludable y activa, lo que equivale a 1 de cada 9 personas. La malnutrición provoca el 45% de las muertes de niños menores de 5 años: 3,1 millones de niños al año. En España, pese a lo que pudiera parecernos, la pobreza también es un problema de primer orden. Una persona está en riesgo de pobreza cuando su renta anual es inferior a un determinado umbral. La UE ha fijado ese umbral en el 60% de la renta media disponible. En 2015, para España se situaba en 8.011 euros por individuo o 16.823 euros por familia compuesta por pareja y dos hijos menores de 14 años. ¿Sabe usted cuantos millones de personas hay en España bajo este umbral de ingresos?: en torno a 10 millones de personas. Y si lo concretamos en menores de edad, el riesgo de pobreza se eleva en España hasta el 29,6, un total de 2,46 millones de niños y niñas.

Las migraciones son otra de las plagas de nuestro tiempo. En 2015, según ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, se llegó a los 65,3 millones de refugiados, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Más de la mitad (el 51%) son menores de edad y, pese a lo que sería lógico y razonable, el 86% de los desplazados son acogidos por países en vías de desarrollo. Los cinco primeros países son Turquía, Pakistán, Irán, Jordania y Kenia. Mientras tanto, en el horizonte asoma otra nueva oleada. Unos 480.000 refugiados rohingya han llegado a Bangladesh. Escapan de la ola represiva lanzada por el Gobierno de Birmania en una operación que cabe caracterizar de limpieza étnica. Nos resulta escandaloso que Donald Trump pretenda construir un muro de 1.600 kilómetros entre Estados Unidos y México, pero somos menos estrictos con los 1.200 kilómetros que se pretenden levantar en Europa, incluidos los 18,7 de Ceuta y Melilla. Para más inri, esta semana ha finalizado el plazo de dos años que se concedió la vieja Europa para acoger a 160.000 refugiados. La cifra final ha sido de 30.000 y solo cuatro países han cumplido con su cuota: Malta, Finlandia, Irlanda y Suecia. El resto no ha llegado ni a la mitad, Y en la cola se sitúa España, con apenas el 10% de los previstos.

El cambio climático y la crisis ecológica es el tercero de los grandes problemas de nuestro tiempo. Entre 1880 y 2012 la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados. La previsión del grupo intergubernamental de expertos señala que, dada la actual concentración y las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que se supere los 1,5 grados. En consecuencia, los océanos del mundo seguirán calentándose y continuará el deshielo. Se prevé una elevación media del nivel del mar entre 24 y 30 centímetros para 2065 y entre 40 y 63 centímetros para 2100. Según ACNUR, entre 250 y 1.000 millones de personas podrían desplazarse en los próximos 50 años a causa de desastres producidos por el cambio climático: inundaciones, sequías, huracanes, etc. Sería uno de los mayores desplazamientos de personas de la historia de la humanidad.

Estas cifras nos desbordan y nos abruman, y tendemos a pensar que no es cosa nuestra, sino de la ONU y los diferentes gobiernos. Pero el cambio requiere una concienciación personal que acabe siendo colectiva. Dado que hoy, más que nunca, tenemos los medios para acabar con tales plagas, tenemos derecho a soñar con un mundo en el que nuestros descendientes las consideren simplemente como parte de una historia que afortunadamente logró superarse.

Diario de Navarra, 28/9/2017

 

Viaje al sur de Francia (II) Los caminos de la peregrinación

6 de junio. Pau, Saint Bertrand de Comminges, Moissac, Toulouse

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Vista de la mole catedralicia de Saint Bertrand de Comminges desde el parking

El día amenaza lluvia. Estamos en la región pirenaica y Saint Bertrand de Comminges está situado en la ruta de peregrinación que enlazará con los caminos jacobeos al otro lado el Pirineo. La llegada impresiona. Sobre una colina, se alza una pequeña población de la que sobresale la mole descomunal de su antigua catedral, coronada por una torre que alcanza los 55 metros de altura.

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Vista de la nave gótica del siglo XIV

Dejamos el autobús en el parking habilitado en el llano y ascendemos a pie, en compañía de una fina lluvia, la colina en la que aparecen restos de una antigua ciudad romana Lugdunum Convenarum, devastada por los vándalos en el año 409. Pasados unos cuantos siglos, Bertrand de L´isle (1050-1123), de familia noble y canónigo de Toulouse, es nombrado obispo de Comminges en 1083 y levanta la catedral. El edificio actual alberga bajo un único techo tres épocas y estilos bien diferenciados: una iglesia románica del siglo XII, fundada por el propio Bertrand, algunas de cuyas partes se han conservado; una iglesia gótica del siglo XIV, diseñada y financiada por el papa Clemente V, que también había sido obispo de Comminges;

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Antonio Merino fotografía “la iglesia de madera”, el gran coro capitular inserto en el interior

y en su interior “una iglesia de madera” verdaderamente espectacular, inaugurada en 1535. Sorprende también en su interior, además de las capillas y los sepulcros, un inusual órgano, ubicado en una esquina y elevado sobre cinco columnas acanaladas ante la ausencia de coro.

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El original órgano barroco situado en una esquina se sustenta sobre 5 columnas

La torre de los pies, rotunda y de claro carácter defensivo, se eleva sobre un pórtico románico y un nártex con pilares que soportan un bóveda de 8 nervaduras. Por si todo esto no fuera suficiente, el claustro románico en tres de sus galerías y una cuarta gótica, constituye un jugar de paz y relajo. Un muy buen sistema de audífonos entregados a la entrada nos permite seguir cómodamente las explicaciones del conjunto.

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El claustro ofrece buenas perspectivas e imágenes para el recuerdo

Sorprende encontrar todavía hoy conjuntos perdidos, acompañados de apenas un puñado de casas, de un magnitud y rotundidad difícilmente explicables. Es lo que sucede con Ujué o Roda de Isábena, que me vienen a la memoria al contemplar el caserío de Comminges.

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La rotundidad y carácter defensivo de la torre quedan en evidencia en la imagen

Tras este primer hito del día, subimos de nuevo al autobús para desplazarnos hasta Moissac, uno de los lugares emblemáticos de todo el viaje.

Hoy Moissac es conocido como uno de los cuatro grandes pórticos románicos de Francia, junto con Conques, que también veremos, Vezelay y Chartres, pero en origen fue mucho más.

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El grupo escucha atento las explicaciones de Trinitat en el claustro de Moissac

En el siglo XI, al calor de Cluny y su reforma religiosa, Moissac conoce una gran prosperidad espiritual y material: nueva iglesia de grandes proporciones, consagrada en 1063, claustro finalizado en 1100, y el pórtico que comentamos, levantado en la primera mitad del siglo XII. Del XIV al XIX es un periodo de decadencia, dispersión y venta de edificios y bienes. En 1845, la construcción de la nueva vía férrea Toulouse-Burdeos destruyó el refectorio. El claustro se salvó de milagro, por haber sido catalogado años antes como Monumento Histórico.

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Una vista de conjunto del claustro con María Puy, Pili y María Luisa en primer término

El pórtico de Moissac, mil veces visto y explicado en clase, no decepciona, sino todo lo contrario. La gran escena del tímpano, Cristo en Majestad, el Tetramorfos y los 24 ancianos portando copas e instrumentos musicales, ordenados en tres registros y con la cabeza vuelta es un clásico de la escultura románica. Variedad de actitudes, vigor en los movimientos, detalles de los pliegues, drapeados de los ropajes, todo coadyuva a la calidad del conjunto. Muy interesantes son también las escenas que ilustran las paredes laterales del tímpano.

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El relieve de Jeremías probablemente es la cumbre del pórtico de Moissac

Pero donde el conjunto alcanza los elementos más sublimes es en los rosetones del dintel, el parteluz y las bellísimas figuras de Jeremías y Pablo, dulce y melancólico el primero, probablemente la pieza más exquisita, y severo el segundo. Los cuerpos adosados a la columna se estiran extraordinariamente en un adelanto de los modelos manieristas.

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Parte de la pequeña comunidad monástica de Moissac en el rezo de vísperas

La iglesia gótica tiene interés, pero no alcanza el climax del pórtico, aunque su visión desde el primer piso de la torre románica situado a los pies es muy hermosa.

Si emocionante resulta la visión del pórtico, no lo es menos el claustro, el más antiguo de los claustros historiados conservados en el sur de Francia. Afortunadamente podemos degustarlo sin prisa y con pausa. Fotos, recuerdos, capiteles vegetales e historiados, todo cabía en un espacio armónico pese a que las galerías que nos han llegado son las reconstruidas en ladrillo en la segunda mitad del siglo XIII. Junto a los capiteles, es preciso destacar las placas de mármol esculpidas en las pilastras de las esquinas.

Pero antes de dejar Moissac, todavía nos quedaba una agradable sorpresa. Una pequeña comunidad de monjas de clausura nos invitaba a vísperas, que casi todo el grupo siguió con interés. Lejos de aquella comunidad monástica masculina, rica y abundante en la edad media, la media docena de hermanas eran una réplica tenue de la gran tradición monástica de la Europa Occidental. Con una advertencia, tampoco en esto hay que confundir cantidad con calidad.

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Imagen de un órgano portátil situado en el coro de la iglesia de Moissac

Tras la visita a Moissac, que nos dejó una profunda huella, salimos hacia Toulouse, la gran ciudad del Midi. La sorpresa fue encontrar una ciudad con una red de canales que convivían con carreteras y calles en medio de la aglomeración urbana. Tras divisar la alta torre de San Sernin, nos acercamos hasta la zona de la estación de ferrocarril donde teníamos nuestro hotel. El encanto de la zona, en fase de peatonalización, y del edificio -una vieja posada reconvertida- no nos acompañó en las habitaciones y sobre todo en la cena. Pero ahí estaba nuestra Trinitat poniendo los puntos sobre las íes. Su esfuerzo se agradece.