Ejercicios de supervivencia

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Hace unos años dediqué uno de mis artículos de “Desde La Solana” a Jorge Semprún con motivo de su muerte. Había leído algunos de sus libros, me interesaba su trayectoria política y su evolución desde el marxismo hasta la socialdemocracia, y compartí con él un viaje de Pamplona a Roncesvalles, él como ministro y yo como consejero de Cultura, que me resultó muy interesante política y personalmente. Hoy vuelvo sobre su persona y su obra para comentar brevemente para ustedes un libro póstumo que acabo de terminar de leer: “Ejercicios de supervivencia”.

Se trata de un libro muy breve, apenas esbozado, en el que el autor, casi al final de sus días, vuelve sobre un episodio especialmente difícil de su biografía vital: su detención por la Gestapo como miembro de la resistencia francesa y su internamiento y tortura en el campo de exterminio de Buchenwald.

El libro y el tema se prestaban a una encendida hagiografía que cuantos hemos visitado alguna vez un campo de concentración hasta hubiéramos entendido. Yo precisamente visité Buchenwald en una viaje oficial a Alemania, al poco de la reunificación alemana, y quedé profundamente impresionado y horrorizado de lo que allí contemplé. Pero Semprún, pese a proceder de una rica y culta familia desgarrada por la guerra civil, se acerca a esa etapa de su vida con un pudor extremo, tanto como preciso es en la enumeración de las diferentes torturas utilizadas con él y sus camaradas.

El libro es una emocionante reflexión sobre la fraternidad y la solidaridad frente a la injusticia y la tiranía y un ejemplo de que en la vida “el idealismo, la generosidad, la valentía y la convicción moral son razones sólidas para sobrevivir”, como indica Vargas Llosa en el prólogo.

He aquí algunos párrafos, que me han llamado la atención:

“Diría mas, fue en Auxerre, en la villa de la Gestapo, bajo la tortura, donde cobré auténtica conciencia de la realidad de mi cuerpo. Antes, mi cuerpo y yo no formábamos más que un ser difuso: era mi cuerpo sin saberlo. A fuerza de ser yo mismo, además, mi cuerpo no existía para sí. No había ninguna distancia, antes de aquellas largas jornadas de interrogatorio, entre mi alma -mi voluntad, mis deseos, mis caprichos incluso- y ese cuerpo disponible, siempre apto para el esfuerzo y el relajamiento. En Auxerre tuve la sensación, retrospectivamente, de no haber tenido nunca cuerpo. Como si me encarnase en el dolor, como si éste me hiciese descubrir al mismo tiempo que mi cuerpo su fragilidad, sus miserias, su finitud. Sentí tanto mi cuerpo que éste se convirtió, en cierto modo, en una entidad separada, quizá autónoma -peligrosamente autónoma-, como un ser distinto. En ciertos momentos, más aún: un para-sí hostil, enemigo de la idea del Yo que había elegido, a la par como herencia y como proyecto”.

Semprún trae a relucir algunas ideas expresadas por Jean Améry, un escritor como él detenido por la Gestapo y autor de reflexiones fundamentales sobre el universo concentracionario:“el que vive inmerso en el dolor de la tortura siente su cuerpo como nunca antes. Su carne se realiza totalmente en la autonegación” o “aquel que ha sido sometido a la tortura es incapaz en lo sucesivo de sentirse en su casa en el mundo. El ultraje del anonadamiento es indeleble. La confianza en el mundo que desquicia ya el primer golpe recibido y que la tortura acaba de apagar por completo es irrecuperable. Semprún subraya que no está de acuerdo con su segunda afirmación. “Mi experiencia personal me dicta todo lo contrario, en efecto. Mi experiencia personal me enseña que no será la víctima sino el verdugo -si éste se salva, sobrevive en una existencia posterior, aun anónima y aparentemente apacible- quien no se sentirá más en su casa en el mundo, por más que diga, por más que finja. La víctima, por el contrario, y no sólo si sobrevive a la tortura, incluso durante ésta, en todos los intersticios de tregua bienvenida, aunque efímera, la víctima aferrada a su silencio ve multiplicarse sus vínculos con el mundo, ve arraigar, ramificarse, proliferar, las razones de sentirse-en-casa en el mundo”.

He aquí la reflexión que le produce la Transición al hilo de un encuentro frío con un comisario que se encargó de seguirle en la clandestinidad: “La Transición española hacia la democracia había tenido, entre otras causas, el doble motor, la doble motivación, extraordinariamente eficaz, fértil -cuando menos en el momento mismo- de la amnistía y de la amnesia, surgidas ambas de las profundidades de la voluntad popular”.

Un libro, en definitiva, breve, reflexivo, profundo y de interés.

Ficha bibliográfica: SEMPRÚN, J., Ejercicios de supervivencia, Tusquets editores, Barcelona, 2016.

 

Cifras para un reto

 

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Esta era la situación de Navarra en 2008, al inicio de la crisis

Navarra accedió a la segunda mitad del siglo XX con las señas de identidad que habían caracterizado en términos socioeconómicos su devenir histórico: una sociedad agraria y tradicional. Pero a partir de ese momento, la Comunidad Foral aceleró su proceso de cambios en proporción muy superior a lo reflejado a lo largo de su historia. La economía de base agraria dejó paso a una producción industrial y a un desarrollo de los servicios que han elevado considerablemente los niveles de riqueza. Un solo dato refleja como ninguno el avance experimentado. En el año 2007, momento previo al estallido de la crisis, Navarra había escalado al puesto 32 de las regiones europeas más ricas, de entre las 270 que componían la Unión Europea, tras aprovechar el intenso crecimiento de las dos décadas anteriores. En ese año, su PIB por persona suponía, medido en paridad de poder de compra, el 132 % de la media europea. Apenas un reducido número de regiones del centro y norte de Europa, además de los principales centros financieros y capitales, superaban a Navarra y, en el caso de España, solo la Comunidad de Madrid estaba por delante.

Han pasado 9 años desde entonces y la crisis nos ha afectado más de lo que hubiéramos deseado. Ésta se ha asentado también entre nosotros con el riesgo de permanencia que implica. Con el peligro además de que los problemas coyunturales tienden a cronificarse: desregulación casi absoluta del mercado de trabajo, crecimiento del paro juvenil hasta límites intolerables, generalización de los sueldos mileuristas que impiden una real emancipación, crecimiento de las tasas de pobreza severa y avance de la dualización de la sociedad.

Este impacto lo han recogido de forma palmaria las cifras de Eurostat, la oficina europea de estadística. En 2010, Navarra había perdido 6 posiciones, pero se mantenía en el puesto 38, sólo por detrás en España de la Comunidad de Madrid y la Comunidad Autónoma Vasca, que nos adelantó. Pero lo peor estaba por llegar. Según los datos de 2014, Navarra había descendido hasta el puesto 58 de las 272 regiones que actualmente componen la UE. Nada menos que 26 puestos desde el año 2007, frente a 11 puestos de la Comunidad de Madrid y 10 de la Comunidad Autónoma Vasca. El último dato publicado sitúa a Madrid en el puesto 39 con un PIB del 128% de la media europea, a la Comunidad Autónoma Vasca en el 48, con un 122%, y a Navarra en el 58 con un 116%. Vistos estos datos, el optimismo del Plan Moderna resulta cuando menos sorprendente. Preveía el puesto 30 para 2015, el 25 para el 2020 y el 20 para el 2030. Como se ve, el papel lo aguanta todo.

¿ Y cómo nos vemos nosotros? El Panel de Tendencias de Navarra que la asociación Co.Ciudadana lleva dos años elaborando, nos da el siguiente mapa de situación: Navarra es un tierra con sólidos valores cívicos, fuerte conciencia medioambiental, mayor responsabilidad fiscal que la media de nuestro entorno, fuerte apuesta por la igualdad de género y la participación ciudadana, y creciente desapego hacia la clase política. Como fortalezas se subrayan el autogobierno, la educación y nuestro peso industrial. Y como debilidades aparecen la alta dosis de autocomplacencia y la falta de emprendimiento que se percibe en la sociedad.

También en esto, los últimos datos de Eurostat resultan preocupantes. Según el Cuadro de Indicadores de Innovación Regional 2016, las regiones se clasifican en cuatro grupos: líder en innovación (36 regiones), fuerte en innovación (65 regiones) , innovación moderada e innovación modesta. En el estudio que ofrece una evaluación comparativa del rendimiento de la innovación de 214 regiones de la Unión Europea, Navarra se ha descolgado en los últimos años del grupo “fuerte en innovación”, en el que estaba con la Comunidad Autónoma Vasca hasta 2014. Lamentablemente hemos abandonado la lista de los cien primeros, habiendo descendido en los dos últimos años un 22%, la mayor caída de todas las regiones españolas.

Si la carrera de la innovación es un factor determinante para la prosperidad futura, ¿a qué esperamos para revertir la situación? En nuestro caso se trata de revisar el modelo, involucrar a todos los sectores interesados, en especial a la Universidad Pública de Navarra y a la Universidad de Navarra, además de centros de investigación y empresas, incrementar los recursos públicos y privados y recabar las ayudas europeas pertinentes.

Estas políticas deberían primar por encima de obsesiones identitarias e ideologicas. ¿No es posible un acuerdo mayoritario, si no unánime, en torno a estos temas? El estudio y aprobación del presupuesto de 2017 es un buen momento para intentarlo.

Diario de Navarra, 27/10/2016

 

Vísperas de investidura

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Miembros de la Gestora del PSOE

He asistido con mucho interés, preocupación y cierto desconcierto al proceso de reflexión llevado a cabo por el PSOE, partido en el que milito desde 1986, tras los resultados electorales de diciembre de 2015 y julio de 2016. He sido presidente del PSN-PSOE y, en consecuencia, no he querido interferir públicamente en la toma de postura de mi organización. Pero a quien me lo ha preguntado, también de la dirección, le he manifestado claramente mi posición. Resultaba obligado intentar formar gobierno alternativo al del PP, y aplaudo el intento. Pero una vez demostrado que no era posible sin violentar principios para nosotros infranqueables, fui partidario desde primera hora de dejar gobernar al partido más votado, con unas claras contrapartidas que permitieran apreciar a la ciudadanía que no era el interés del partido lo que nos guiaba. Estas contrapartidas tenían que ver con dos ámbitos bien distintos: el primero, superar problemas que nos aquejan como país, caso del intento de independencia de Cataluña y una reforma, por limitada que fuera, de nuestra Constitución que abarcara el título VIII, que hace aguas por todos los lados; el segundo, tratar de revertir leyes dañinas para el conjunto de la población, en especial de los sectores más necesitados, caso de la reforma laboral o la LOMCE. Si esto se hubiere llevado a efecto entonces, ambos bloques hubieran estado en la agenda de las negociaciones, sin descartar la exigencia de la retirada de Rajoy. Hoy esto no es posible y, una vez más, queda demostrado que en política el principio de la oportunidad debe ser tenido muy en cuenta.

No discutiré las razones de los partidarios del no, que son poderosas y tienen todo el sentido, pero llegados a este punto se trataba de minimizar el daño, y yo creo, respetando opiniones de compañeros a los que aprecio y valoro mucho, que la abstención es el mal menor.

Pero hay dos cosas que restan por solventar y que no son menores. La primera es el trance de votar la abstención, que corresponde a los 84 diputados del Congreso. He vivido una situación similar, cuando el PSOE obligó al PSN a abstenerse y facilitar la investidura de UPN hace unos años. Todavía recuerdo que fue un 16 de agosto. Fernando Puras, coherente con su propuesta, dimitió y el resto del grupo parlamentario nos abstuvimos en bloque. ¿Qué pasará en esta ocasión? Corresponde a la gestora conducir con criterio y cintura una situación que puede tensar todavía más el partido. Por ello, soy partidario de propiciar solo 11 abstenciones, para evitar una quiebra del grupo parlamentario. Caso de que no sea posible, sería partidario de la objeción de conciencia, sabiendo que en un partido como el nuestro, esto abre una espita peligrosa que podría ser invocada en más de una ocasión. Si finalmente se opta por la votación en bloque, creo que se debería actuar con magnanimidad con los discrepantes. Intentar cerrar filas y optar por un modelo cerrado de partido no me parece prudente ni oportuno en la situación actual.

Y a partir de ahora, a ejercer una oposición constructiva. No es fácil gobernar desde el Parlamento. También en eso los socialistas navarros podríamos contar nuestra propia experiencia. Pero hay margen para intentarlo. Confío en que después de una etapa convulsa, vuelva a instalarse en el sentir de todos el deseo de superar la crisis y trabajar al servicio de las clases más necesitadas, verdadera razón de nuestra existencia.

 

A sangre y fuego

chaves

“Yo era eso que los sociólogos llaman un pequeñoburgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio -como dicen los marxistas-, ganaba mi pan y mi libertad con relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo (…) De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros”.

Estos son algunos párrafos del prólogo del libro que quiero presentarles brevemente, sin duda el más impactante por desconocido y sorpresivo para mí, de los que he leído este verano.

Manuel Chaves Nogales nació en Sevilla en 1897. Entre 1927 y 1937, alcanzó su cénit profesional como periodista, ejerciendo desde 1931como director de Ahora, diario afín a Manuel Azaña, de quien Chaves era reconocido partidario. Al estallar la guerra civil se pone al servicio de la República y sigue trabajando como periodista hasta que el gobierno abandona definitivamente Madrid, momento en que el que decide exiliarse en Francia, para trasladarse a Londres, tras la llegada de los nazis, donde falleció a los 47 años.

En el presente libro, A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, nos presenta una serie de relatos, a cada cual más impresionante, en el que describe episodios sobre fondo histórico que constituyen piezas maestras sobre nuestra cruenta guerra civil.

Lo que más sorprende de los relatos es la denuncia de las atrocidades cometidas por ambos bandos y el respeto con el que se acerca a los hechos acaecidos. “Cada uno de sus nueve episodios ha sido extraído fielmente de un hecho verídico; cada uno de su héroes tiene una existencia real y una personalidad auténtica”, nos dice en el prólogo.

Ochenta años después de su inicio, los relatos de Chaves Nogales nos dejan dos lecciones sobre el tapete. La primera la recoge el título. En toda guerra, y más si es civil como la nuestra, conviven héroes, bestias y mártires, y todos, para bien y para mal, forman parte de nuestra memoria. La segunda es que la guerra civil no solo puede conocerse a través de su historia , afortunadamente cada vez menos vindicativa y partidaria, y más propiamente histórica. Ensayos y relatos nos acercan también a un tiempo y a un contexto tan real como el abordado con el método histórico. La velada en Benicarló de Manuel Azaña y A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales son dos magníficos ejemplos de ello.

Ficha bibliográfica: CHAVES NOGALES, M., A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, Libros del Asteroide, Barcelona, 2013.

 

Tres siglos entre dos reinos

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Alcaldes y organizadores presentan el curso (foto tomada de Diario de Noticias)

El primer fin de semana de octubre se celebraron en toda Europa las Jornadas Europeas sobre el Patrimonio, promovidas por el Consejo de Europa. En Navarra, esta iniciativa se concretó en más de cien actividades programadas, que incluínan rutas y paseos, conferencias y visitas a museos, iglesias, ermitas, casas-cueva, castillos, villas romanas, molinos o monasterios. El tema escogido para esta edición era “Patrimonio de todos” y se centraba en el papel de las personas como portadoras y herederas del patrimonio cultural, poniendo de relieve el reconocimiento de las interrelaciones de las personas y su entorno, y en la importancia de la ciudadanía en la investigación del patrimonio, su interpretación y conservación.

Afortunadamente, el buen hacer de las instituciones, unido a la tarea de universidades e investigadores, ha hecho que en Navarra este patrimonio haya llegado hasta nosotros en líneas generales bien conservado y bien estudiado. De ahí la posibilidad y pertinencia de abordar una necesaria tarea de difusión para que, efectivamente, ese patrimonio lo sea de todos y para todos.

Esta función, desde el año 2005, la realiza de forma brillante y eficaz la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro de la Universidad de Navarra. La docencia, la difusión, la investigación, un foro de debate y un centro de documentación son los pilares sobre los que asienta su tarea. A quienes deseen conocer más detenidamente la misma les invito a ojear sus ejemplares memorias anuales, donde se da cumplida cuenta del trabajo realizado. En los últimos años sobresalen los ciclos y conferencias en la Navarra rural, donde todavía es más necesaria si cabe esta tarea de divulgación del patrimonio. Las conferencias previstas para hoy y mañana en Villafranca en torno a su pasado barroco son buena prueba de ello.

Pero en este elenco de actividades desarrolladas hay una especialmente notable que no quiero pasar por alto, dado lo simbólico y emblemático de la misma. Durante casi tres siglos, de 1463 a 1753, Los Arcos y su partido, es decir, El Busto, Sansol, Torres del Río y Armañanzas, fueron territorio de Castilla como consecuencia de la enésima guerra habida entre ambos reinos. Y esta situación generó consecuencias negativas, sobre todo desde el punto de vista político, pero también positivas, en los ámbitos económicos y culturales. Esta ambigüedad legal, aprovechada por las autoridades y vecinos de las villas, les permitió eludir impuestos, trasegar productos, sobre todo vino, y aprovechar su peculiar condición de ser navarros en Castilla y castellanos en Navarra. Todo ello se reflejó en unos cascos urbanos en los que resaltan iglesias muy notables y casonas de gran porte.

¿Por qué no dar a conocer esta situación tan peculiar a los vecinos de todas las localidades, mediante conferencias de divulgación a cargo de especialistas en todas las parroquias? Y nos pusimos manos a la obra. El curso de verano “Los Arcos y su partido. Tres siglos entre dos reinos (1463-1753)” pretendía básicamente dar a conocer el contexto histórico y subrayar lo esencial del patrimonio religioso y civil de cada una de las localidades. La cátedra de Patrimonio, a través de su convenio con el Gobierno de Navarra, aportó ponentes y financiación; los ayuntamientos corrieron con el coste de la salida cultural; y las parroquias dieron todas las facilidades para desarrollar las conferencias en unos recintos religiosos impecablemente mantenidos. Pero lo más importante de todo fue la respuesta masiva y entusiasta de los vecinos, con llenos en recintos que hoy solo conocemos en funerales.

El día 14 de septiembre, en el marco de la esplendorosa parroquia de Los Arcos, Víctor Pastor Abáigar, vecino de la villa, hermano marista e historiador, el mejor conocedor de su historia y arte, recibió una placa de homenaje como agradecimiento a su tarea. Román Felones y Ricardo Fernández en Los Arcos, Pedro Echeverría en El Busto, Pilar Andueza en Sansol, María José Tarifa en Torres del Río y Javier Azanza en Armañanzas dieron a conocer el valor de sus respectivos patrimonios. Aquellos que un día fueron partido y trabajaron juntos para sacar ventaja de una incómoda posición, conocieron también juntos, en una jornada festiva de sábado, el patrimonio de sus cinco localidades para terminar en un aperitivo fraterno en la casa de cultura de Los Arcos. Y allí surgieron proyectos: un libro que recogiera lo vivido, un curso que permitiera conocer mejor el patrimonio navarro, y otras iniciativas en común. A la espera de todo ello, quedémonos con lo vivido: el reencuentro de unos pueblos que se necesitan mutuamente y la constatación de que la historia y el arte son un excelente nexo de unión. Una vez más queda demostrado que la unión hace la fuerza y permite abordar nuevos retos.

Diario de Navarra, 13/10/2016

 

El laberinto

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El verano pasado, por sugerencia de José Antonio Asiáin, leí la novela Bomarzo, obra cumbre de Manuel Múgica Laínez. Quedé literalmente fascinado por su hermosa y barroca escritura, su erudición, su recreación de ambientes y el colorido fastuoso de una obra que lo tiene todo: historia, arte, literatura, intrigas y amor en un país y una época, el renacimiento italiano, especialmente fascinante.

El propio José Antonio me recomendó El laberinto, otra novela histórica que junto a Bomarzo y El unicornio, completa el célebre tríptico de grandes novelas históricas del escritor argentino.

En esta ocasión asistimos a la vida, narrada en primera persona, de Ginés de Silva, el niño pintado por el Greco en el “Entierro del conde de Orgaz”, desde su infancia hasta su muerte, ya octogenario y convertido en ermitaño con su amigo y compañero Gerineldo, en tierras americanas, acribillado por las flechas de los nativos a quienes soñó con redimir.

Aunque, en mi opinión, El laberinto no alcanza el nivel literario de Bomarzo, la novela es excelente por muchas razones: una documentación rigurosa y sólida le permite recrear el mundo de las dos orillas con una pasmosa facilidad. El don poético, la invención verbal y la recreación de ambientes son una constante en la obra. A título de ejemplo, esta es la descripción de Toledo y Sevilla: “Si Toledo era una urbe esencialmente viril, severa, recia, una ciudad con armadura, Sevilla era una ciudad hembra, riente, sonora, mórbida”. No se puede decir más y mejor en tan pocas palabras.

En la primera parte asistimos a la vida en la España del siglo XVI, pintada a través de personajes reconocibles: el hidalgo don Diego de Silva, obsesionado con lucir la cruz de caballero de Santiago; el Greco y su ambiente en la imperial Toledo, tras su fiasco en El Escorial con Felipe II; don Félix Lope de Vega, poeta y mujeriego de proverbial facilidad para conjugar ambos mundos; don Álvaro de Bazán y la felicísima armada, que no fue enviada a luchar contra los elementos; y finalmente Gerineldo, que aparece en la vida de Ginés de Silva para no separarse más de él.

La segunda parte refleja el mundo de la conquista en tierras americanas, más allá de la epopeya y las gestas militares. Ginés de Silva tiene ocasión de vivir, sufrir, gozar y morir, ya octogenario,sin retornar a su Toledo natal Y la recreación del ambiente en el nuevo mundo también alcanza en determinados momentos un altísimo nivel.

A punto de morir, en la batalla de San Bernardo, entre Pedro Chamijo, alias Bohórquez, y Girón, alias el Inca Huallpa, Diego de Silva evoca por última vez a su Toledo de la niñez. “Y anoche soñé que oía ¡tan lejos de Toledo! las pisadas lúgubres del Hombre de Palo. Pero soñé también con el Entierro del conde de Orgaz, al que abarqué, luminoso, cual si me hallara delante de él. Soñé que junto a mí se encontraba, vestido con igual ropilla, Gerineldo, un Gerineldo tan niño y lozano como yo. El pequeño paje que soy en la pintura, apagaba el hachón contra el piso; Gerineldo y él hacían una reverencia al noble de negra armadura; cruzaban en medio de los enlutados señores, que a ambos lados se abrían, para dejarlos pasar; sentían las manos del Greco, rozándoles las frentes con caricia suave; y luego comenzaban a ascender, despaciosos, las nubes, como si fueran peldaños”.

Ficha bibliográfica: MÚGICA LAÍNEZ, M., El laberinto, Seix Barral, Barcelona, 1991

 

El jardín de un caballero

pedro

El pasado lunes, con el alba, nos dejó Pedro Manterola. Y a la hora de evocar su persona y su obra, porque estas líneas pretenden ser más recuerdo que necrológica, no he encontrado otra fórmula mejor para encabezar el escrito que pedirle prestado un título, el que él empleó en un lúcido ensayo para recrear la obra de Mendiburu, Oteiza y Chillida.

Para Pedro Manterola el jardín “es el lugar en el que se encarna el sueño de una Naturaleza para el hombre, y por tanto, el sueño de una idea de hombre”, en línea con lo reflejado por Venturi del jardín como metáfora de la vida.

Conocí a Pedro Manterola a comienzos de los años ochenta. Era ya para entonces una figura señera de la vida artística de Navarra en sus múltiples facetas de pintor, animador, crítico y profesor universitario. Por ello me sorprendió su total disposición a echarnos una mano y participar de forma activa en el equipo, porque como tal nos sentíamos, que trató de poner en marcha una verdadera programación cultural, por muy modesta que ésta fuera, y articular un departamento de Cultura digno de tal nombre. Eran tiempos de ilusión, mucho trabajo y sobriedad administrativa. Y como la estructura orgánica del departamento no daba para más, tuvimos que prescindir de un auxiliar administrativo y ofrecer a Pedro el sueldo correspondiente para integrarlo como asesor en materia de cultura. Durante siete años, en un despacho próximo al mío primero, y en el Museo de Navarra después, Pedro asistió puntualmente al trabajo y realizó una impagable tarea de la que José María Romera e Ignacio Aranaz se han hecho eco en este mismo medio en días pasados. Pedro era casi literalmente nuestro padre y maestro. Acababa de llegar a la cincuentena, lo cual nos parecía una edad provecta entre treintañeros como éramos casi todo el equipo directivo del departamento. Su figura, físicamente rotunda e intelectualmente poderosa, era una referencia que aportaba confianza, sosiego y cierta paz en medio de la refriega constante y la hiperactividad en que vivíamos. Y ofrecía también algo que ahora con la edad aprecio especialmente: una cierta distancia lúcida con el hecho cotidiano, el incidente menor, la zancadilla dialéctica o la crítica desaforada o injusta, frecuentes en todos los órdenes de la vida y habituales en el ámbito político. Lo cual no estaba reñido con su apuesta por el riesgo, la vanguardia e incluso una cierta provocación, de la que dan fe algunos de los programas incluidos en los Festivales de Olite y Navarra de aquellos años. Nunca agradeceré suficientemente las conversaciones tranquilas con el hombre sabio que relativizaba los incidentes menores, por incómodos o dolorosos que fueran, y me animaba a fijar la vista en objetivos a medio plazo y a avanzar en programas sólidos que aportaran progreso, modernidad y tolerancia a nuestro mundo educativo y cultural. Y todo ello, situado en un segundo plano, sin ningún afán de pontificar ni de sobresalir, simplemente de ayudar.

Lo tenía bien claro en su actitud vital. En el ensayo al que he hecho referencia nos dice: “hay una sentencia popular que, ironizando sobre el prestigio que se obtiene por las apariencias, denuncia el engaño que supone tomar el santo por la peana (…) De la que el mencionado refrán quiere prevenirnos en primer lugar y la más patente de todas es la del que utiliza la peana como mediador social, distancia psicológica a la que elevarse para obtener ascendencia -poder por naturaleza- sobre los demás”.

En sus cuadros, en sus escritos, en sus conversaciones y en su vida, Pedro era un hombre reflexivo, con un complejo mundo interior en el que la vida y la muerte ocupaban un importante papel. El último capítulo de su ensayo El jardín de un caballero se titula “Morir por añadidura”. En él se recoge la siguiente reflexión: “Quizá la tarea propia del hombre -siempre eludida- no sea otra que la de hacerse cargo de la propia muerte. La muerte que Adán obtuvo en el Paraíso ha resultado ser nuestro daimon. La conciencia de morir -la extraordinaria herencia que hemos recibido- nos ha hecho únicos, insustituibles e infinitos de finitud. Somos dioses porque solo con ella y por ella no tenemos semejante, dioses porque morimos.

En el vestíbulo de mi casa cuelgan dos pequeños cuadros, un amanecer y un ocaso llenos de poesía y de sabiduría pictórica, que Pedro me regaló con motivo del nacimiento de mis dos hijos. Cada vez que los vea, tendré ocasión de recordar al artista, pero sobre todo al maestro y al caballero que fue.

La muerte, dice Borges en el Aleph, hace preciosos o patéticos a los hombres. Pedro, caballero en el pleno sentido de la palabra, ha querido que la suya fuera discreta y digna, la culminación de una fecunda vida. ¡Que disfrute del jardín!

Diario de Navarra, 29/9/2016