Entre UPN y EH-Bildu

Conviene comenzar por lo obvio. UPN es, desde hace muchos años, el partido más votado de Navarra. Por lo tanto, aunque las decisiones internas son solo suyas, la repercusión de las mismas en la sociedad es evidente. De ahí el interés que objetivamente tenía el IX congreso de la organización, celebrado el fin de semana pasado. Un interés acrecentado por la dura pugna  por la presidencia en la que estaban involucrados nada menos que Yolanda Barcina, presidenta del partido y del Gobierno de Navarra, y Alberto Catalán, vicepresidente del partido y presidente del Parlamento de Navarra. Una situación si no inusual, ciertamente llamativa. Esta repercusión social me da el derecho democrático a valorar sus decisiones políticas, cosa que pretendo realizar en estas líneas. Sin pretender inmiscuirme en sus contenidos, con el máximo respeto, como espectador doblemente interesado, en mi condición de ciudadano y presidente del PSN-PSOE, me llaman la atención, al menos, cuatro cosas:

1º.- La brevísima duración del congreso.

Pese a celebrarse cada cuatro años, la reunión comenzó a las 10 de la mañana del domingo, día 17, y se clausuró pasadas las tres de la tarde del mismo día. Apenas 5 horas, utilizadas básicamente para elegir los puestos unipersonales y los del comité ejecutivo. Parece evidente que no se dirimían diferencias ideológicas sustanciales, sino solo estratégicas y personales.

2º.- El ajustado resultado de la votación.

Si nos atenemos a los votos depositados, Yolanda Barcina ganó el congreso y Alberto Catalán lo perdió. Pero creo sinceramente que quien lo perdió de verdad fue UPN, porque no cabe mayor división interna. Sé por experiencia que no es fácil administrar la amarga victoria o la dulce derrota, según se mire. Pero sea táctica o estratégicamente, UPN está partido por la mitad, cosa que han reconocido los propios contendientes.

3º.- ¿Dónde están las ponencias?

He sido redactor de las ponencias programáticas de mi partido en más de un congreso de mi organización. Sé que no cabe esperar entusiasmos con su lectura y que éstas pasan más inadvertidas de lo que debieran, pero lo de este congreso no lo había visto nunca: Ni una solo línea han recogido los medios de comunicación del contenido de las mismas. ¿Hubo ponencias? ¿Qué decían? La unanimidad de su aprobación todavía las hace más invisibles. ¿Ni siquiera hubo enmiendas?

4º.- El cuestionamiento de las listas abiertas.

Uno de los grandes haberes de UPN como organización es el principio de “un afiliado, un voto”. Las listas abiertas constituían uno de sus grandes activos. Sin embargo, a la hora de la verdad, las dos candidaturas han actuado como un bloque cerrado y sindicado y apenas se han producido sorpresas. Ni siquiera Amelia Salanueva, persona incuestionada y contrastada electoralmente, ha podido con un cuasi desconocido como Oscar Arizcuren, el nuevo y flamante secretario general. Lo ocurrido es una llamada a la reflexión. En todo caso, las listas abiertas -que yo comparto- no parecen ser la panacea que algunos proclaman.

Dicho todo esto, una pregunta fundamental queda en el aire. ¿La gobernabilidad de Navarra es hoy más o menos viable que antes del fin de semana? Aunque ésta sea compartida, la historia nos enseña que la responsabilidad máxima reside en quien preside el gobierno de la Comunidad, a quien se le supone credibilidad y capacidad de liderazgo. Creo que la actual presidenta no anda sobrada ni de lo uno ni de lo otro. Tenía un gobierno de mayoría absoluta y lo dilapidó. Recibió un partido unido y está dividido. Heredó una “marca Navarra” en alza y hoy está claramente a la baja. Si de Navarra se trata, todos somos necesarios, pero nadie imprescindible. Tras el congreso, no sé si habrá ganado UPN, lo que tengo claro es que no ha ganado la Comunidad.

El PSN-PSOE es consciente de su importancia cuantitativa y cualitativa, y de su papel de centralidad política. Tampoco desconoce el cometido esencial que juega para conformar nuevas mayorías. Enuncia, una vez más, que no apoyará la moción de censura planteada por EH-Bildu por razones éticas, que son previas a las estrictamente políticas. Y reitera su compromiso con Navarra como Comunidad Foral propia y diferenciada. Una Comunidad y un fuero que deben garantizar mediante políticas proactivas, al menos, las cuotas de bienestar que hemos alcanzado en el inmediato pasado. Este fue nuestro objetivo en el gobierno y esta es nuestra preocupación en la oposición.

Sentados estos principios, quedamos a la espera. ¿Hay alguien dispuesto a mover ficha?

Diario de Navarra, 24/3/201

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El papa Francisco

Jesuita, latinoamericano y pastor, no es poco. Estos son los datos objetivos que hoy tenemos del hasta hace unos días cardenal Bergoglio.

Hace algunas semanas, en esta misma sección, definía la imprevista decisión de Benedicto XVI como “más que una renuncia” y analizaba brevemente el alcance de un gesto insólito y de gran trascendencia en la vida de la Iglesia y de la sociedad. Suele ser habitual en el orden civil, que el acceso al poder de un jefe de Estado o presidente del gobierno venga acompañado de su correspondiente programa, enunciado en su discurso de toma de posesión. Pero la peculiaridad de la elección del papa, hace que tal programa de gobierno no sea tan explícito y nos tengamos que guiar por detalles, gestos y signos que más pronto que tarde, dada su edad, tendrán que materializarse. Si a eso unimos que la pesada carga del papado parece que no era el objetivo del cardenal Bergoglio, aunque hubiera hecho muy felices a otros purpurados, se entiende la primera impresión que su salida produjo en el balcón central de la basílica de San Pedro: una cierta sensación de aturdimiento, -miedo escénico lo ha llamado mi colega, el catedrático de psicología de la UPNA,  Emilio Garrido,- que fue el primer rasgo de humanidad que aprecié. Debo reconocer que me dejó un poco frío su primera aparición y tuve la impresión de escuchar un discurso muy clerical y muy convencional. Pero tras ver de nuevo las imágenes, mi opinión varió sustancialmente, ya que hubo algunos gestos que merecen la pena ser destacados. En primer lugar, su vestimenta. No llevaba la muceta escarlata ribeteada de armiño, sólo la sotana blanca, y la cruz pectoral era manifiestamente modesta. En segundo lugar, sus gestos. Saludó afablemente en un correcto italiano con un “buenas tardes”, pidió orar por Benedicto XVI y por él, y resaltó su condición de obispo de Roma. En tercer lugar, su nombre. Ese Francisco a secas, que inicialmente nos recordaba a los dos Franciscos, de Asís y de Javier. No es mala mezcla, porque la pobreza del uno y la universalidad del otro son dos sólidos pilares en los que asentar una Iglesia renovada.

Los días siguientes también han estado llenos de gestos esperanzadores: una cierta contención frente al boato excesivo, una llaneza expositiva y doctrinal propia del pastor más que del teólogo, y rasgos de humanidad y cercanía que permiten entrever un hombre cálido  y cercano, que no carece de sentido del humor.

Los retos que tiene por delante son de gran envergadura. Unos, de orden temporal: el gobierno de la Iglesia, ¡ay la curia!, el papel del laicado, el diálogo con el mundo moderno. Otros, de orden espiritual, sin duda los más importantes: recuperar la Buena Noticia de Jesús para los hombres y mujeres de nuestro tiempo; liberar y no condenar, en línea con el lema de su pontificado “lo miró con misericordia y lo eligió”; encender y animar la fe que, en fórmulas bien distintas a las convencionales, está queriendo brotar en las diferentes culturas y confines del mundo. En definitiva, como él mismo ha señalado, servir a una Iglesia pobre, que sienta predilección por los pobres.

Dicho esto, si de la Iglesia hablamos, procede una cierta contención. Tiene 76 años, una ortodoxia reconocida en lo moral y muchos condicionantes. Pero hoy es día para la esperanza. Es buen pastor, sus feligreses, especialmente los más necesitados, guardan buen recuerdo suyo, sabe enfrentarse a los poderosos civiles –esperemos que también a los religiosos-, y es sencillo, modesto y austero. Y además habla español.

José Enrique Ruiz de Galarreta, un jesuita pamplonés que me merece mucho respeto, ha dibujado estos días en los medios  un retrato humano del nuevo papa realista, esperanzado y esperanzador. Me uno a sus deseos. Y espero que con él, la Iglesia ponga en el centro de su actividad a Jesús de Nazaret y a sus preferidos, los pobres de este mundo.

Diario de Navarra, 21/3/2013

Reflexiones tras el congreso de UPN

Saludo entre los contendientes (Diario de Navarra)

Este fin de semana se ha celebrado el Congreso de UPN. Sin pretender inmiscuirme en sus contenidos, como espectador doblemente interesado en mi condición de ciudadano y presidente del PSN-PSOE,  me sorprenden, al menos, cuatro cosas:

1º.- La brevísima duración del mismo.

Pese a celebrarse cada cuatro años, comenzó a las 10 de la mañana del domingo, día 17, y se clausuró pasadas las tres de la tarde del mismo día. Apenas 5 horas, utilizadas básicamente para dirimir los puestos unipersonales y los del comité ejecutivo.

2º.- El ajustado resultado de la votación.

Sin duda Yolanda Barcina ganó el congreso y Alberto Catalán lo perdió. Pero creo sinceramente que quien lo perdió fue UPN,  porque no cabe mayor división interna. Sé por experiencia que no es fácil administrar la amarga victoria o la dulce derrota, según se mire. Pero sea táctica o estratégicamente, UPN está partido por la mitad.

3º.- ¿Dónde están las ponencias?

He sido redactor de las ponencias programáticas de mi partido en más de un congreso de la organización. Sé que no cabe esperar entusiasmos y que éstas pasan más inadvertidas de lo que debieran, pero lo de este congreso no lo había visto nunca: Ni una solo línea recogen los medios de comunicación del contenido de las mismas. ¿Hubo ponencias? ¿Qué decían? La unanimidad de su aprobación todavía las hace más inanes. ¿Ni siquiera hubo enmiendas?

4º.- El cuestionamiento de las listas abiertas.

Uno de los grandes haberes de UPN como organización es el principio de “un afiliado, un voto”. Las listas abiertas constituían uno de sus grandes activos. Sin embargo, a la hora de la verdad, las dos candidaturas  han actuado como un bloque cerrado y sindicado y apenas se han producido sorpresas. Ni siquiera Amelia Salanueva, persona de valía y contrastada electoralmente, ha podido con un cuasidesconocido como Oscar Arizcuren, el nuevo y flamante secretario general. Lo ocurrido es una llamada a la reflexión. En todo caso, las listas abiertas no parecen ser la panacea que algunos proclaman.

Dicho todo esto, una pregunta queda en el aire. ¿La gobernabilidad es hoy más o menos viable que antes del fin de semana? No sé si habrá ganado UPN, lo que tengo claro es que no ha ganado Navarra.

Una ley de mecenazgo

El Pleno del Parlamento de Navarra, a propuesta del Grupo Parlamentario Socialista, ha aprobado una resolución por la que se insta al Gobierno de Navarra a “presentar en la Cámara, antes del 1 de junio de 2013, una Ley Foral de Mecenazgo Cultural”. La resolución aprobada incluye un segundo punto en el que se precisa que dicha ley tendrá en cuenta las “especificidades de la Comunidad y, en consecuencia, deberá regular no solo el mecenazgo vinculado con la gran empresa o el gran evento, sino también el relacionado con la pequeña y mediana empresa o los particulares a través del micromecenazgo o las fórmulas que se juzguen más oportunas para alcanzar el objetivo propuesto”. En la exposición de motivos, la resolución impulsada por el G.P. Socialistas de Navarra alude al “descenso presupuestario” en materia de cultura, a la “demanda unánime de cambios” procedente del sector y al retraso experimentado en la tramitación de la Ley nacional de Mecenazgo para, obviando la resolución aprobada el 6 de marzo de 2012, solicitar el anticipo de la Ley Foral llamada a regular esta cuestión.

A continuación se reproduce íntegramente la exposición de motivos de la moción socialista: Navarra dispone de un rico patrimonio cultural, fruto de su dilatada historia. Desde 1940 hasta 1984, el cuidado y el impulso de la cultura estuvo vinculado a la Institución Príncipe de Viana que, sobre todo en el ámbito del patrimonio artístico, realizó una encomiable labor. A partir de 1984, con la creación de la dirección general de Cultura, el viejo modelo centrado básicamente en el patrimonio dio paso progresivamente a un programa más amplio con presencia cada vez mayor del ámbito de los museos, los archivos y las bibliotecas, y una eclosión de la acción cultural, concretada en programas tan conocidos como la red de casas de cultura, los programas propios, las convocatorias a terceros, los convenios o las ayudas a los creadores. Esta tarea, aún con diferencias significativas, fue llevada a cabo por gobiernos de distinto color político, con una aportación por parte de la oposición que complementaba las aportaciones finales, por lo que el presupuesto de Cultura fue aumentando progresivamente, tanto en porcentaje como en cifras globales. Este camino ascendente, que conoció su momento álgido en 2008, ha experimentado en los años siguientes un descenso significativo, que a partir de 2011 resulta especialmente acusado. Unas cifras resumen esta penosa realidad. El anteproyecto de presupuesto para 2013, presentado por el Gobierno de Navarra y rechazado por la Cámara, recogía la cantidad de 24,9 millones de euros para Cultura, el 0,73% del presupuesto de Navarra. Baste recordar que el presupuesto de 2000 suponía el 1,5% y el de 1990, el 0,92%, lo que sitúa la cifra actual en niveles de los primeros años de la década de los ochenta. Paralela a esta evolución presupuestaria y como consecuencia del influjo de los países más avanzados en materia de cultura, la legislación española y navarra recogieron el concepto de mecenazgo. Así lo hace la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985 que define el mecenazgo como “los donativos, donaciones y aportaciones realizadas a favor de las entidades recogidas en la ley”. La legislación navarra recoge igualmente dicho concepto en la Ley Foral 14/2005 del Patrimonio Cultural de Navarra, cuyos artículos 87, 88, 89 y 90 los dedica a enumerar los principios generales, sin que haya habido desarrollo legislativo posterior. La necesidad de acometer cambios es un clamor unánime en el sector. Así lo entendió el actual partido gobernante en España, que fijó como objetivo preferente de actuación en materia de cultura la remisión a las Cortes, antes del 31 de diciembre, de una Ley de Mecenazgo Cultural que, en declaraciones de sus responsables, se retrasará considerablemente. Teniendo presente la inicial previsión, los grupos parlamentarios de UPN y PSN presentaron una enmienda de sustitución a la moción del PP, debatida en el Pleno de la Cámara el 6 de marzo de 2012, en la que se instaba al Gobierno de Navarra a elaborar, en el plazo de seis meses, una norma específica que regulara de manera integral el mecenazgo cultural, sustituyéndola por otra que decía literalmente lo siguiente: “El Parlamento de Navarra insta al Gobierno de Navarra a que, transcurrido un plazo máximo de tres meses desde la aprobación por las Cortes Generales de la Ley de Mecenazgo, remita a esta Cámara una proposición de ley que regule esta cuestión en nuestra Comunidad”.

Si lo deseas, puedes seguir el debate, que constituyó el punto 16 del Pleno del día 14 de marzo de 2013, en la siguiente dirección: http://www.parlamentodenavarra.es/47/section.aspx/viewvideo/4706

El papa Francisco

Jesuita, latinoamericano y pastor, no es poco. Estos son los datos objetivos que hoy tenemos del hasta ayer cardenal Bergoglio.

Me dejó un poco frío su primera aparición en el balcón central de la basílica de San Pedro. Parecía aturdido, y tuve la impresión de escuchar un discurso muy clerical y muy convencional. Pero tras ver de nuevo las imágenes, hubo algunos gestos que merecen la pena ser destacados. En primer lugar, su vestimenta. No llevaba la muceta escarlata ribeteada de armiño, sólo la sotana blanca. Y la cruz pectoral era manifiestamente modesta. En segundo lugar, sus gestos. Saludó afablemente en un correcto italiano con un “buenas tardes”, pidió orar por él y por Benedicto XVI, y resaltó su condición de obispo de Roma. En tercer lugar, su nombre. Ese Francisco a secas, que nos recuerda a los dos Franciscos de su orden, Borja y Javier, y a Francisco de Asís. No es mala mezcla, a la espera de que él nos aclare algo más.

No hay que pedir peras al olmo. Tiene 76 años, una ortodoxia reconocida en lo moral y muchos condicionantes. Pero hoy es día para la esperanza. Es buen pastor, está reconocido por sus feligreses, especialmente los más necesitados, sabe enfrentarse a los poderosos civiles –esperemos que también a los religiosos-, y es sencillo, modesto y austero. Y además habla español.

José Enrique Ruiz de Galarreta, un jesuita pamplonés que me merece mucho respeto, ha dejado esta mañana un retrato humano del nuevo papa esperanzado y esperanzador. Me uno a sus deseos. Y espero que con él, la Iglesia ponga en el centro de la actividad a Jesús de Nazaret y a sus preferidos, los pobres de este mundo.

Un acuerdo necesario

Imagen de la Comisión que ha debatido los cambios en la ley

Llevo más de treinta años, con viajes de ida y vuelta, en la vida política. He vivido todas las emociones y todos los estados de ánimo en una época y en una tierra de especial intensidad. Debo reconocer, no obstante, que el descrédito, en muchos casos ganado a pulso, que ahora tiene esta actividad no lo había vivido nunca. Si de muestra sirve un botón, el espectáculo de las dietas de la CAN es el último episodio conocido de una larga lista que parece interminable. Lo que en otras épocas pasaba más o menos inadvertido, hoy, dada la coyuntura socioeconómica en que vivimos, resulta un escándalo considerable. Una vez más habrá que recordar que no todo lo legal es ético, y que el liderazgo político exige un plus de ejemplaridad  que lo legitime.

Pero con ser un sistema con muchos defectos, el democrático es el modelo menos malo posible. Y el que nos permitirá convivir con decencia y articular una sociedad donde se respeten los derechos de todos, en especial el de los que menos tienen. Lo he vuelto a pensar y a verbalizar esta mañana en la comisión de Cultura, Turismo y Relaciones Institucionales a propósito del debate de la modificación de la Ley de Comercio.

Al ser portavoz de cultura, he añadido una responsabilidad nueva en la actual legislatura, la de responsable del área de comercio. Nunca hasta ahora me había preocupado tal cosa, y eso que mi madre detentó una tienda de ultramarinos en Los Arcos, que nos ayudó a sacar adelante la familia numerosa que éramos.

El PP, probablemente empujado por las grandes superficies, ha modificado la Ley de Comercio en vigor en España, ampliando la apertura de horas y de festivos y declarando la normativa legislación básica, lo cual la hacía de obligada aceptación.

UPN trasladó dicha normativa a Navarra de forma casi mimética, sin tener en cuenta sino a una de las partes en juego, los sindicatos del sector que representan a un numerosísimo grupo de trabajadores especialmente afectados por horarios amplios y salarios bajos. Su paso por el Parlamento en forma de Decreto Ley Foral se saldó con un fracaso anunciado. Toda la oposición, excepto el PP, se opuso a la norma.

Nabai presentó una Proposición de Ley que pretendía legislar en contra de la normativa básica nacional, con el consiguiente peligro de liberalizar totalmente el sector.

Ante este escenario solo cabía tratar de acordar entre las partes, comerciantes y sindicatos e intentar aproximar posiciones. No ha sido tarea fácil. Se descolgaron los sindicatos nacionalistas y  las grandes superficies. Pero quedaron UGT y CC.OO. y los pequeños comerciantes en la mesa, con ganas de aproximación y ánimo constructivo. Puedo decir con satisfacción que creo haber ayudado a que el acuerdo haya sido posible. Aunque luego el acuerdo haya tenido que ser compartido con los grupos que han querido firmar las enmiendas que lo hacían posible.

Esta es la grandeza de la vida política. Ayudar a hacer realidad un acuerdo que sin satisfacer a ninguna de las partes, haya dejado razonablemente contentos a todos. El trabajo no ha consistido en la hora que ha durado la comisión, y que ratificaremos en un próximo pleno. Atrás quedan muchas llamadas de teléfono, muchas horas de diálogo con las partes y la satisfacción del deber cumplido. Espero que el acuerdo sea duradero y que sirva a los intereses de las partes: trabajadores y pequeño comercio, que hoy no pasan precisamente por sus mejores momentos.

El legado Casa de Alba

Somos ciudadanos de un país democrático, aunque esté poblado de incertidumbres y lleno de problemas. Desde esta ciudadanía, plena para unos e incompleta para otros, y en todo caso conquistada recientemente si la medimos en tiempo histórico, nuestra sociedad contempla como una antigualla estamentos en otras épocas todopoderosos. Si hasta la monarquía está hoy en cuestión, y eso que el 23F la legitimó a los ojos de muchos españoles, qué no decir de  la nobleza, hoy sin más relevancia aparente que la que le otorgan los ecos de sociedad, y en el pasado dueña de vidas y haciendas. Y si de nobleza se trata, en nuestro país hay un número uno indiscutible: la Casa de Alba, resultado de la conjunción de ramas distintas, fruto de matrimonios y herencias varias, encarnada hoy en la pintoresca, libre y un punto atrabiliaria figura de doña Cayetana, la actual duquesa. Navarra también aportó su granito de arena en tierras, propiedades y títulos a la grandeza de esta casa, ya que Brianda de Beaumont, quinta condesa de Lerín, casó en 1565 con Diego Álvarez de Toledo y, en consecuencia, su hijo Antonio se convirtió en quinto duque de Alba y sexto conde de Lerín. Todavía hoy contemplo casi a diario desde mi casa en Oteiza el palacio renacentista de Baigorri, hermoso edificio  levantado en un cortado sobre el Ega, y convertido en una penosa y acusadora ruina.

En línea con el mecenazgo ejercido históricamente por una parte de la nobleza, sus descendientes, sensibles al arte y a la historia, y conscientes del valor cultural de su patrimonio, han iniciado un camino de evidente interés para ellos mismos y para la sociedad. Para ellos, en la medida en que constituye una vía de legitimación social; y para la sociedad, dado que ponen a disposición y disfrute de la ciudadanía elementos artísticos que han permanecido ocultos durante siglos. Este es el caso de la Casa de Alba y de su fundación, origen de la exposición que paso brevemente a comentarles y que les recomiendo vivamente. Bienvenidas sean, por tanto, estas iniciativas que, en Navarra y en el conjunto de España, nos han permitido acercarnos en los últimos años a patrimonios familiares de primer nivel, vedados hasta ahora a todos nosotros.

El legado de los Alba representa en grado máximo esta línea de trabajo. La exposición se articula en tres capítulos, que se complementan e interrelacionan. El primero, centrado en la relación de la Casa de Alba con la historia de España a través de los siglos; el segundo, dedicado a la labor de la familia como mecenas; y el tercero, ocupado en mostrar las piezas más curiosas de la familia, fruto de sus relaciones personales y familiares.

Consecuencia de todo ello, la exposición es disforme y variopinta, pero alberga, además de elementos llamativos e inusuales, que harán las delicias del público en general, verdaderas obras maestras que constituyen ocasión única de disfrutarlas. Señalo por su importancia la Virgen de la granada de Fra Angélico, excepcional por su calidad y estado de conservación; la duquesa de Alba de blanco, de Goya, un extraordinario retrato cortesano; y dos paisajes de José de Ribera, singulares por su paleta colorista y su destreza compositiva.

La exposición está ubicada en el antiguo Palacio de Comunicaciones de la plaza de Cibeles, uno de los edificios más representativos del Madrid de principios del siglo XX. Fruto de la euforia y megalomanía que nuestro país vivió en la década pasada, las autoridades madrileñas decidieron abandonar el sobrio y elegante edificio de la Casa de la Villa que albergaba el ayuntamiento, y sustituirlo por éste mediante una rehabilitación tan cara como prescindible. De nuevo la legitimación necesaria les llevó a crear el   CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía, que acoge la citada muestra.

He aquí dos ejemplos de la utilización del arte al servicio del poder. Con la ventaja añadida, en este caso, de disfrutar hasta el 31 de marzo de una ocasión doblemente única, por su calidad y su procedencia.

Diario de Navarra, 7/3/2013