Viaje al sur de Francia (I) Sepulturas reales al otro lado del Pirineo

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El edificio del Parlamento de Navarra nos habla de la relación existente entre las dos Navarras

5 de junio de 2017. Estella- Pamplona- Oloron – Lescar- Pau

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El ritmo de vida pirenaico se hace patente en la imagen. Las vacas invaden la carretera y nos obligan a reducir el paso

De nuevo, un deseado madrugón. Son las 6.30 de la mañana y María Luisa , Pili y yo cogemos el autobús de Latasa con Félix, el chófer que nos ha acompañado a tantas salidas, camino de Estella. Allí nos espera un grupo heterogéneo de personas, entre las que se cuentan las alumnas de Bargota y Los Arcos que asisten al curso de arte navarro que se está desarrollando en la casa de cultura de Los Arcos a lo largo de todo el año. De allí, a Pamplona, donde aguardan, ya algo impacientes, el grupo de alumnos del Aula de la Experiencia que constituyen el grueso de la expedición que se dispone a disfrutar del segundo viaje de estudios de la asignatura “Arte Antiguo y Medieval” que imparto desde hace años en la UPNA. El primero nos llevó hasta Sicilia, un destino siempre recomendable, que nos permitió conocer algunas obras maestras del arte griego, romano, románico, normando, gótico, renacentista y barroco, además de espacios naturales de ensueño.

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Pórtico de Oloron Saint Marie, tan bello como excesivamente restaurado

Este segundo tiene un carácter más específico. Se trata de conocer algunas obras maestras del románico y el gótico, estilos magníficamente representados en el sur de Francia.

Iniciamos el viaje recorriendo el camino aragonés, que a través de la autovía del Pirineo nos llevará hasta Jaca y el hospital de Santa Cristina en Somport. Ya en la frontera francesa nos esperan lugares estrechamente vinculados a nuestra historia. El primero es Oloron Saint Marie, fruto de la unión de dos ciudades bien diferenciadas: la vizcondal y la episcopal. Las estrechas carreteras de la vertiente pirenaica recorren paisajes bellísimos en los que el tiempo parece detenerse. Rebaños de vacas transitan la via deteniendo la circulación, conducidos por hombres y mujeres que continúan con un oficio centenario.

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Vista del interior de la iglesia de Oloron Saint Marie, robusto. armónico y de traza gótica en sus bóvedas

En Oloron dejamos la ciudad vizcondal y su espléndida iglesia de cimborrio octogonal que la emparenta con San Miguel de Almazán y el Santo Sepulcro de Torres del Río para detenernos en la abadía de Santa María, la primera de una larga serie que iremos degustando a lo largo de los próximos días. La primera sorpresa nos la ofrece su pórtico, tan bello como excesivo en su restauración. Su interior es robusto, armónico y ya de traza gótica. A la salida, un mojón nos recuerda que estamos en la Vía de Arlés y que restan 948 kilómetros para llegar a Compostela.

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Mojón que nos recuerda que estamos en el Camino de Santiago, con al vista puesta en Compostela

Tras la comida, a buena hora como es de obligado cumplimiento en Francia, nos trasladamos a Lescar, apenas una población menor en el entorno de Pau. Su aspecto exterior es sobrio y solemne, pero más interés artístico e histórico, incluso afectivo, conserva su interior. Un espacio de tres naves, la mayor cubierta con bóveda de cañón reforzado con arcos fajones y las laterales cubiertas con bóveda de arista, culminan en un crucero y un vistoso ábside con arquillos ciegos en el piso inferior y ventanas abovedadas en el superior. Tres elementos se insertan en este suelo del presbiterio: una hermosa imagen mariana sobre pedestal, un mosaico románico del siglo XII con escenas de caza, con un lisiado con una pata de palo como elemento etnográfico de interés, y una modesta placa de bronce en el suelo, entre el altar y el pedestal de la Virgen.

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La camina a buena hora nos sirve para reponer fuerzas e intercambiar impresiones

No es una placa cualquiera. “Aquí están inhumados los reyes de Navarra de la familia de los Foix-Bearn. Francisco Febo, rey de Navarra, muerto en 1483; Juan de Albret, muerto en 1516; Catalina de Foix, reina de Navarra, muerta en 1517; Francisco de Albret, muerto en 1532; Margarita de Angulema, reina de Navarra y escritora ilustre, muerta en 1549; Enrique III de Albret, rey de Navarra, muerto en 1555”. Monárquicos o no, legitimistas o no, aquí se encuentra parte de nuestra historia.

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La catedral de Lescar soprende por su espacioso interior románico

Tras Lescar, Pau se nos presenta como una ciudad señorial, limpia, aseada y llena de encanto. Capital del Bearne, territorio histórico de gran enjundia, paseamos por su casco histórico rehabilitado, su hermoso castillo renacentista, cuna de Enrique III de Francia, su Parlamento de Navarra, hoy sede administrativa, su impresionante Bulevar de los Pirineos, su casino y sus hermosas mansiones inglesas con jardín delantero. Ciudad turística, administrativa y comercial, los yacimientos gasísticos de Loc, le han dado también un plus industrial que la ciudad agradece.

Aunque en dos países distintos, esta vinculación navarra con ambas vertientes pirenaicas ha quedado palpable para todos. A ello han contribuido las explicaciones de Trinitat, nuestra guía, que he procurado complementar en algunos momentos.

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El castillo palacio renacentista de Pau representa el poder de los Albret en la nueva Francia

Tras la cena, nos retiramos pronto a descansar. El día ha sido largo e intenso y mañana promete no serlo menos.

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Ciudades que fueron del Reino (y VI) San Juan de Pie de Puerto

Plaza fuerte, villa jacobea y centro comercial y administrativo

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Vista de la población de San Juan de Pie de Puerto desde los viñedos de Irulegi

Desde su creación a finales del siglo XII, la villa de San Juan de Pie del Puerto ha sido el principal núcleo urbano de las Tierras de Ultrapuertos -la Baja Navarra-. Situado, como su nombre indica, al pie del Pirineo, su orografía pasa del cielo al suelo, de los 1.456 metros del pico de Okhabe hasta los 40 metros sobre el nivel del mar. Y en medio, un paisaje de colinas dividido en tierras, valles o “países”, según la denominación tradicional. El suelo calcáreo, unido al clima oceánico con abundantes lluvias, articulan una tupida red de regatas y ríos. La Nive, el río que atraviesa, articula y defiende la villa es el caudal más conocido hasta desembocar en Bayona en el Adour. La principal actividad ha sido históricamente la agricultura y ganadería. La cebada y la avena, antes de la introducción del maíz y la patata, y el castaño, el nogal y el manzano definieron su economía. Hoy los viñedos de Irulegi, un vino con denominación de origen, constituye una de sus principales actividades agrarias y económicas.

En este paisaje rural, solo la villa de San Juan se configuró como un centro mercantil y artesanal, al servicio de viajeros y peregrinos en vísperas de abordar una etapa especialmente difícil del camino, la ascensión a Roncesvalles. Este carácter comercial lo compaginó con un importante papel defensivo, lo que convirtió a la villa en la sede política y religiosa de la zona, que se ha mantenido casi hasta nuestros días.

Hoy, San Juan de Pie de Puerto es una activa localidad, básicamente comercial y turística, que apenas alcanza los 1.500 habitantes, y que forma parte de la mancomunidad de Garazi-Baigorri, departamento de los Pirineos Atlánticos, región de Nueva Aquitania.

Un lugar de paso lentamente configurado

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Los montes y brumas que cierran la imagen recuerdan el nombre de la ciudad, situada al pie del puerto

Pese a que nos interesa especialmente la etapa en la que San Juan de Pie de Puerto formó parte del reino de Navarra, no podemos dejar de señalar algunos hitos en el devenir histórico del territorio. El imperio romano, como sucedió en Hispania, acabó fragmentando la primitiva provincia de la Galia en provincias menores. La Aquitania primigenia, la que va del Garona al Pirineo, pasó a denominarse Novempopulonia. Tras la caída del imperio romano, fueron los godos quienes ocuparon la antigua Galia. Derrotados por los merovingios en Vouillé (507), aquéllos emigraron a la Península Ibérica, dando paso a los francos en el dominio de la zona. Sus pobladores, los vascones, protagonizaron numerosas insurrecciones y, aunque no lograron romper la soberanía franca, obligaron a los monarcas a una continua vigilancia sobre el terreno. Uno de estos episodios, sin duda el más conocido, fue la cruenta emboscada en el desfiladero de Ibañeta, la batalla de Roncesvalles. Estos vascones, que poco a poco descendieron del monte al llano, dieron su nombre al territorio de Vasconia, ya acuñado en el siglo VII, y que evolucionó hasta la forma actual de Gascuña. Desde el punto de vista eclesiástico, sus tierras se dividieron entre las diócesis de Dax y Bayona, aunque políticamente formaran una única entidad administrativa.

Los lazos familiares establecidos en los siglos X y XI entre linajes de uno y otro lado del Pirineo evidencian buenas relaciones de vecindad. Algunos magnates ultrapirenaicos participaron activamente en las empresas bélicas de los monarcas hispanos, sobre todo en la toma de Zaragoza por Alfonso el Batallador (1118), que premió su participación con importantes concesiones de tierras.

Entre los historiadores hay un recurrente debate sobre si los Pirineos unen o separan. En principio, la cadena montañosa supone una indudable frontera natural que delimita espacios bien definidos, pero eso no ha impedido tradicionalmente la relación entre habitantes de uno y otro lado de la muga. Desde los primeros siglos de nuestra era ambas vertientes estaban unidas por la vía romana que enlazaba Burdeos con Astorga, y en San Juan el Viejo, justo al lado de nuestra villa, se ha descubierto un importante campamento romano. La torre de Urkulu, situada en Ibañeta, es otro hito en esta romanización. La cristianización parece fuerte y temprana si tenemos en cuenta los hagiónimos en la zona, al decir de Roldán Jimeno. La ruta de los puertos de Cisa es probablemente el itinerario seguido por Carlomagno en el año 778 en la ida y vuelta a Zaragoza, con la subsiguiente destrucción de las murallas de Pamplona en el retorno. Más tarde, esta ruta se convierte en Camino de Santiago. A Aymeric Picaud, que viajó a Compostela a mediados del siglo XII, debemos la primera descripción detenida de la ruta: “En territorio todavía de los Vascos, el Camino de Santiago pasa por un monte muy alto denominado Port de Cize, bien por ser la puerta de España, o porque por ese monte se transportan las mercancías de un país a otro. Tiene ocho millas de subida y otras ocho de bajada. Su altura es tanta que parece que toca el cielo. A quien lo sube le parece que que puede palpar el cielo con su propia mano. Desde su cumbre puede verse el mar británico y occidental, así como los confines de tres regiones: Castilla, Aragón y Francia”. Aymeric Picaud cita también la rapiña de los cobradores de peaje y los barqueros de la zona, que no respetan los derechos de los peregrinos. A lo largo de la vía surgen los principales núcleos de población y centros asistenciales: Garris, Saint Palais, Ostabat y San Juan de Pie de Puerto, desde su creación a finales del siglo XII.

Una villa navarra al pie del puerto

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La Puerta de Santiago nos recuerda la especial vinculación de la población con el camino jacobeo

En entregas anteriores hemos visto la crucial dimensión del reinado de Sancho VI el Sabio a la hora de fortalecer la monarquía con el cambio de nombre y de defender las fronteras occidentales frente a la doble amenaza castellana y aragonesa, mediante la diplomacia, el ataque militar o la construcción de plazas fuertes. A finales del reinado, aprovechando la debilidad de la monarquía inglesa y el estado de insumisión de de los vizcondados pirenaicos englobados en el condado de Gascuña, Navarra inicia su expansión al norte del Pirineo. En 1189 la Tierra de Cisa reconocía la soberanía del rey de Navarra, y Sancho el Sabio nombra a Martín Chipia tenente, al igual que otros distritos del reino. Sin duda, el castillo de San Juan será el centro defensivo más importante de Ultrapuertos y el único no dependiente del merino de Sangüesa, sino de su propio castellano. Cabe pensar que en 1189 todavía no habían finalizado las obras de construcción del castillo, ya que en el documento de nombramiento de Martín Chipia como tenente no se menciona el castillo de San Juan. Pero pocos años después, recién iniciado el reinado de Sancho VII el Fuerte (1191) el castillo levantado al pie del puerto estaba terminado y constituyó, junto con Rocabruna, la dote de la infanta Berenguela, casada con Ricardo Corazón de León y coronada reina de Inglaterra en Limassol, antes de que su marido partiera a Tierra Santa. Pese a las disputas habidas con el soberano inglés, Sancho VII el Fuerte siguió encomendando el castillo de San Juan de Pie de Puerto a hombres de su confianza que le habían acompañado en la batalla de las Navas de Tolosa, reafirmando el papel de la villa como núcleo articulador del territorio. La villa contaba con un recinto amurallado que a lo largo del siglo XIII se articuló en tres barrios, el Burgo Mayor, San Pedro y San Miguel.

La villa, que como el resto de la Tierra de Cisa pertenecía a la diócesis de Bayona, contó con dos iglesias anejas, Santa Eulalia de Ugange y Nuestra Señora del Puente, citándose una tercera, San Pedro, que desapareció a comienzos del siglo XIII. La influencia de Roncesvalles resultó decisiva tanto en su advocación como en la estructura artística gótica de la iglesia de Nuestra Señora. Pese a que su silueta, junto al río y el puente, sea la imagen más típica de la villa, hoy apenas quedan restos del edifico original. La acción de las tropas calvinistas, primero, y la radical restauración llevada a cabo en el siglo XIX, le confirieron el aspecto actual.

Castillo y río vertebran la villa

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El río Nive, el puente  y la iglesia componen la imagen más característica de San Juan de Pie de Puerto

Situada a orillas de la Nive, antiguo río Errobi, la villa de San Juan de Pie de Puerto comenzó su trayectoria histórica con la instalación de una guarnición navarra a finales del siglo XII en el castillo erigido sobre el puyo de Mendiguren. En torno al castillo se fue configurando un núcleo burgués que acabó rigiéndose por el fuero concedido por Juan Sin Tierra a la villa de Bayona, renovado en los siglos siguientes por otros monarcas. A fines del siglo XIII la villa aparece dividida en tres burgos -Mayor. San Miguel y San Pedro- y convertida en el centro administrativo de la zona y residencia del castellano, máximo representante del rey en Ultrapuertos. En calidad de buena villa contó con asiento en las Cortes de Navarra. Su presencia en las asambleas de la Cort General se documenta desde 1274 y asistió ininterrumpidamente a las reuniones por el brazo de las universidades o buenas villas durante toda su vinculación a Navarra hasta comienzos del siglo XVI. Fue además sede de reunión de cortes en dos ocasiones, ambas durante el reinado de Catalina y Juan de Albret. El régimen municipal corría a cargo del concejo de la villa, elegido anualmente por los vecinos. Entre sus competencias destacan el ejercicio de la justicia y la elección de procuradores en cortes.

Como en otras muchas villas medievales, San Juan se articulaba en torno a un curso fluvial, el Errobi, Ugarra o la Nive. Susana Herreros y Alain Zuaznavar, a quien seguimos en la descripción de los pormenores históricos, resumen así la trayectoria de la ciudad. “”Se puede decir que se trata de una ciudad puente en la que el río domina el paisaje urbanístico de este núcleo ultrapirenaico. Las aguas del río proporcionan suministro a los ciudadanos, al mercado, al hospital, permiten regar las huertas que se sitúan en sus orillas; pero además moverán los ingenios de los molinos harineros y batanes, facilitarán el transporte de los maderos que, dese los frondosos bosques pirenaicos, se trasladaban a Bayona para la construcción de los remos y mástiles de las embarcaciones, proporcionarán con la construcción de nasas o pesqueras la captura de salmónidos y harán de foso para la protección del castillo emplazado sobre el puyo de Mendiguren”.

Centro burocrático, demografía y mercado

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La calle de la Citadelle, todavía hoy,  es el centro neurálgico de la población

El paulativo desarrollo del núcleo urbano configurado en torno al castillo hizo que, además de núcleo defensivo, se convirtiera en el centro administrativo de la monarquía navarra de la zona. El control del territorio exigió un mayor aparato burocrático y los soberanos fueron estableciendo nuevos nuevos cargos encargados del gobierno, de la ejecución de penas judiciales, de la recaudación de rentas y del control de sus bienes patrimoniales. Los cargos principales fueron el castellano, representante máximo de la autoridad regia en la zona, encargado de la custodia de la fortaleza y de la defensa de la zona circundante; el baile de la villa, con función meramente económica y de recaudación de rentas del patrimonio regio; y el recibidor y los comisarios, recolectores de pechas, rentas y tributos. El territorio se articula con rapidez, de tal forma que el Rediezmo de 1268 recoge la aportación de Cisa, Bayguerr, Arbeloa, Yolt y Armendaritz, Nantasvayles, Hostabales y Mixa,con sus respectivos lugares. Como se, un territorio ya perfectamente articulado.

El rolde de 1370, el más completo de los conservados, nos ofrece un censo de 141 hogares, entre 600 y 700 habitantes. De nuevo citamos a Herreros y Zuaznavar: “La situación fronteriza del territorio, su condición de punto de acceso al mar a través de los cursos fluviales y su definición como principal vía de peregrinación y ruta de mercaderes hacia la capital del reino, explican sin duda el progresivo desarrollo mercantil de este minúsculo territorio (…) San Juan era el principal centro comercial no sólo de la castellanía sino de toda la Tierra de Ultrapuertos”. La villa estaba compuesta básicamente de artesanos, mercaderes y algunos labradores.

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El ayuntamiento está alojado en una hermosa casona del siglo XVIII

La ocupación castellana de Ultrapuertos no supone ninguna novedad respecto al resto del territorio. Los Agramont y los Luxa polarizaron las disputas nobiliarias, acentuándose la disposición filofrancesa de los primeros. La ocupación del reino, incluido Ultrapuertos, por Fernando el Católico fue más sencilla de lo esperado. Unos años después, en 1530, Carlos I optó por abandonar las tierras de Ultrapuertos. No se conserva, si es que existió, la renuncia expresa del emperador a este apéndice navarro en Francia. Parece que se trató de un abandono tácito y táctico. En su concepción estratégica, la paz con Francia primó sobre la ocupación de un apéndice minúsculo de difícil defensa. La pugna por la capitalidad con Saint Palais, el azote hugonote, el paso de castillo a ciudadela bastionada en una frontera entre dos reinos rivales, el desarrollo urbano de los siglos XVI, XVII y XVIII, la llama revolucionaria y los cambios habidos en los siglos XIX y XX son nuevos capítulos en la historia de la villa. Hoy, San Juan de Pie de Puerto, hermanada con Estella desde 1964, es un enclave jacobeo, un destacado lugar turístico y una población que forma parte de “los pueblos más hermosos de Francia”. Visitarla es, además de rememorar nuestra historia, un regalo para los sentidos. Y sigue estando ahí, al pie del puerto.

Patrimonio artístico y monumental

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Vista de la puerta del Mercado o de Navarra, todavía con inequívoco sabor medieval

Las oficina de turismo de San Juan de Pie de Puerto se encuentra ubicada en el centro de la villa, en la Plaza Charles de Gaulle, justo enfrente del edificio del ayuntamiento. Les atenderán en correcto español y les ofrecerán tres folletos de interés: Un díptico sencillo y manejable con el mapa de la villa y una pequeña selección de sus monumentos más significativos; una Guía turística 2017-2018 de San Juan de Pie de Puerto y Saint Etienne de Baïgorry, de 39 páginas, con lo más significativo de la mancomunidad de Garazi-Baigorri; y una Guía de alojamientos de todo tipo.

Teléfono: 0033559 370357

www.pyrenees-basques.com

Para el visitante que llega en coche, todo son facilidades. Aparcamientos gratuitos en el entorno de la villa permiten pasearla con tranquilidad y sosiego y disfrutar de sus tiendas, comercios especializados y restaurantes. Los hay de todo tipo, desde establecimientos con estrella michelin hasta locales junto al río Nive con menús gustosos y asequibles. Déjese llevar y, como verá, se encontrará usted en su casa.

El patrimonio artístico de la villa permite unos paseos que deparan rincones con encanto, fachadas impolutas, una exhuberante disposición floral y vistas hermosamente verdes. El itinerario esencial deberá abarcar, al menos, lo siguiente:

– Paseo por la villa medieval, con las puertas de Navarra o del mercado; de Notre Dame, enfrente del viejo puente que cruza el río Nive y la calle de España; de Francia; y de Santiago, entrada histórica de los peregrinos a Compostela.

– Camino de ronda por la muralla medieval, camino pavimentado hasta la ciudadela y visita a la ciudadela, obra del siglo XVII que sustituyó al viejo castillo.

– Iglesia de Notre Dame du Bout du Pont, un edificio gótico del siglo XIII, fuertemente remodelado en el siglo XIX.

– Casa Arcanzola, las más antigua de la localidad, datada en 1510; y casa Mansard, construida a principios del siglo XVIII, hoy ayuntamiento de la localidad.

– Cárcel de los obispos, hoy sede de exposiciones.

Para saber más

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El eco de Navarra es constante en edificios, calles, liceos y tiendas

ARBELOA MURU, V.M., La corte protestante de Navarra (1527-1563), col. Panorama, nº 20, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1992.

FORTÚN, L.J. y FLORISTÁN, A., Navarra: Los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Como en el resto de la serie, sigue siendo una de las referencias ineludibles.

HERREROS LOPETEGUI, S., Las tierras navarras de Ultrapuertos (siglos XII-XVI), Gobierno de Navarra, Pamplona, 1998. Se trata de la tesis doctoral de la autora y el estudio definitivo sobre el terrritorio ultrapirenaico.

HERREROS, S. Y ZUAZNAVAR, A., San Juan de Pie de Puerto. Una villa navarra al pie de los Pirineos, col. Panorama, nº 39, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Es el libro esencial para conocer la historia de la villa, que ha servido de referencia para elaborar el presente reportaje. Un texto de alta divulgación histórica, disponible como el resto de la serie a un precio módico de 10 euros.

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San Juan de Pie de Puerto es un buen ejemplo de la utilización del patrimonio como elemento dinamizador de la ciudad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ciudades que fueron del Reino (V) San Sebastián

Villa mercantil, plaza fuerte y ciudad turística

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Vista de la bahía de la Concha. A la derecha, en el Antiguo,  se situaba el monasterio dedicado a San Sebastián; a la izquierda, bajo el monte Urgull, la ciudad nueva.

San Sebastián/Donostia es una ciudad situada en la costa del golfo de Vizcaya, a 20 kilómetros de la frontera con Francia. Es capital de la provincia de Guipúzcoa y forma parte de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Situada a nivel del mar, su población en 2017 alcanza los 181.788 habitantes y su área metropolitana en torno a 450.000. Sus principales actividades económicas son el comercio y el turismo.

En la órbita del reino de Pamplona

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De nuevo la bahía de la Concha con la ciudad nueva en frente, vista desde Igueldo

Los orígenes de San Sebastián resultan especialmente confusos. Los silencios son largos, los documentos escasos y, por si no fuera suficiente, algunos textos iniciales están falsificados. Durante los siglos V, VI y VII, el territorio de Pamplona coincide en buena medida con el territorio histórico de los vascones, prolongado hasta el Cantábrico. Esta situación cambia en el siglo VIII. En la primera mitad, los musulmanes sustituyen a los visigodos en el dominio de Pamplona y se suceden durante toda la centuria alternancias, sublevaciones y una gran inestabilidad. Mientras tanto, al norte, en la zona de Aquitania, se consolida un ducado primero autónomo y posteriormente controlado por los francos, que intentó controlar el territorio pamplonés durante los reinados de Carlomagno (778) y de su hijo Ludovico Pío (824). A fines del siglo IX, Velate parece ser la divisoria entre los dos territorios.

El acceso al trono de Sancho Garcés I (905-925) supone la creación efectiva de la monarquía pamplonesa. En las décadas siguientes a su muerte, se inicia una lenta repoblación de las tierras del Baztán-Bidasoa desde el reino de Pamplona que, con intensidad y modelos diferentes, incorpora al territorio casi toda la cornisa cantábrica de la actual Guipúzcoa.

Es muy probable que desde el siglo XI, un monasterio dedicado a San Sebastián se encontrara ubicado en el término del actual barrio donostiarra del Antiguo. Una iglesia rural de patronato laico, el monasterio al que refieren los textos del siglo XII, sería el polo de referencia inicial de la repoblación y transformación de los entornos de la bahía. Los alrededores se dedicarían a una explotación económica diversificada, con presencia cualitativa de la agricultura y arboricultura, y de una actividad pesquera de recolección. El primer documento auténtico referido a la existencia de San Sebastián data de 1096. En la bula pontificia de Urbano II que delimita la diócesis de Pamplona se señala el límite más occidental de ésta en “Sanctum Sebastianum in ripa maris”, en San Sebastián a la orilla del mar. Apenas cinco años después, en 1101, Pedro I de Aragón y Pamplona confirma la donación de la iglesia de San Sebastián y su villa realizada a favor del monasterio de San Salvador de Leire por el rey Sancho, antepasado suyo. En este siglo XI, se ha ampliado el espacio, la población ha crecido y se han transformado los modos de vida de la población de los valles fluviales y el litoral.

El siglo XII conoce un mayor número de referencias documentales, que reiteran la posición de San Sebastián. Además de señalar su ubicación junto al Cantábrico, “en el litoral del mar”, señala la bula de Alejandro III de 1174, las donaciones reales amplían claramente el territorio. Hacia 1178 con Sancho VI el Sabio las donaciones dibujan un territorio que se extiende entre el Bidasoa, el Oria, Arano y la bocana de Pasajes, emergiendo así el término que se otorgará a la nueva puebla de San Sebastián.

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La calle 31 de agosto, hoy eminentemente gastronómica, une las dos iglesias del casco antiguo

Sancho VI el Sabio otorgó el privilegio de fundación de la villa “a todos los hombres, tanto mayores como menores, presentes y futuros, que tienen poblado y en adelante han de poblar San Sebastián”. El texto que nos ha transmitido este fuero de fundación no lleva fecha, pero la mayor parte de los historiadores dan por buena 1180, propuesta por el gran medievalista estellés, José María Lacarra.

En el preámbulo del fuero queda anotada la existencia de un poblado previa a la concesión que, lógicamente, se situaría en el mismo lugar en que se ubicará y desarrollará el centro urbano: al abrigo del monte Urgull, entre la bahía y la desembocadura del Urumea, el lugar más propicio del entorno donostiarra a los intereses defensivos y económicos que mueven al monarca navarro. La preexistencia de la puebla queda confirmada también en un documento de 1178 en el que el obispo de Pamplona y el abad de Leire acuerdan sus derechos en diversas iglesias, entre las que se nombran a Santa María y San Vicente.

Aunque en las anteriores entregas hemos hablado de los respectivos fueros de las villas y ciudades estudiadas, conviene detenerse someramente en el de San Sebastián. Lacarra, Martín Duque y Orella han puesto de manifiesto la doble composición de la carta: el estatuto de franqueza y libertad deriva del concedido a Estella en 1090. El resto del articulado es original en el fuero de San Sebastián y constituye un código de derecho marítimo que servirá para fomentar la repoblación del litoral guipuzcoano. Los cuarenta artículos del fuero abarcan contenidos muy diversos: concesión de bienes de realengo, concesión del estatuto jurídico de franqueza y libertad de los pobladores, privilegios fiscales, derecho civil privado, derecho civil público y administrativo, derecho procesal, derecho penal y derecho marítimo. Como se ve, un instrumento legal que garantiza la autonomía de la puebla, sin dependencias personales, jurídicas o económicas de signo señorial.

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Vista de la calle mayor del casco antiguo, con la basílica de Nuestra Señora del Coro al fondo

Pocos años duró la tranquilidad en la nueva villa. En 1198, Castilla y Aragón, una vez más, decidieron en el tratado de Calatayud atacar Navarra conjuntamente y repartirse el reino. La ofensiva se inició, el rey navarro consiguió que Aragón no siguiera adelante, pero no pudo impedir que Alfonso VIII atacara Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado. En enero de 1200 cae Vitoria y el reino de Navarra pierde el conjunto de los territorios. En 1199, dominaba la villa un castillo del que era tenente aún del rey navarro Johane de Bidauri. Pero al año siguiente, Alfonso VIII adquirió “la tierra que se llama Ipuscaia, con San Sebastián en el extremo”, según señalan las crónicas de los reyes castellanos.

Aunque los intentos de que la ciudad volviera a obediencia navarra se sucedieron a lo largo de la Edad Media, ninguno fructificó. En 1234, se planteó la devolución de Álava y Guipúzcoa en el proceso de la negociación del matrimonio entre la heredera navarra Blanca y el heredero castellano Alfonso. En 1256, Teobaldo II se hizo vasallo del rey de Castilla Alfonso X a cambio de recibir de por vida las plazas de San Sebastián y Fuenterrabía. Pero ni el homenaje fue efectivo, ni ser produjo la entrega de las plazas. Los choques e incursiones promovidas por ambos bandos fueron frecuentes en la primera mitad del siglo XIV. La derrota de los navarros en Beotívar (1321) es un ejemplo de estos problemas fronterizos. La llegada al trono de Carlos II volvió a agitar las aguas del conflicto. En sucesivas ocasiones, en el marco de la guerra civil entre Pedro I y Enrique II, el rey navarro intentó la devolución de los territorios de Álava y Guipúzcoa, pero ninguno de los varios intentos habidos fructificó.

Evolución de la ciudad

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Su designación como capital de Guipúzcoa y su carácter de ciudad de veraneo real impulsaron su desarrollo urbanístico. Vista del casino, hoy ayuntamiento de la ciudad.

En 1202, al igual que había sucedido en Vitoria, Alfonso VIII confirma a la villa de San Sebastián el fuero otorgado por Sancho VI de Navarra y, como él, harán los sucesivos monarcas castellanos. Aunque no conocemos los episodios concretos del trasvase de soberanía a favor del rey de Castilla, el hecho supuso a medio plazo el fortalecimiento del carácter defensivo de San Sebastián. Éste tendría su primera manifestación en la muralla que, como elemento esencial de toda villa medieval, protege al núcleo. En el fuero no se cita su existencia, pero en 1311 Fernando IV concede 3.000 maravedíes anuales a cobrar del diezmo recaudado en el puerto de la villa para reparar la muralla batida por el mar y ya en tiempos de los Reyes Católicos, en 1477, San Sebastián podrá imponer sisa sobre determinadas mercancías para hacer alrededor de ella baluartes y cercas con sus almenas.

El desarrollo de la villa es evidente en su desarrollo portuario, organizativo y material. Fuerzas navales toman parte en la reconquista de Sevilla, el cerco de Algeciras o el encuentro de La Rochela, compensados por la corona con importantes privilegios. Poco a poco, su extenso territorio se va desgajando. Fuenterrabía, Oyarzun, Rentería y Orio reciben el fuero de San Sebastián. Pero esta reducción del término discurre paralela al fortalecimiento de la entidad urbana. El puerto constituye la salida al mar de Navarra y tiene categoría internacional, lo que exige obras, lonja y hermandades. Dado que la madera era el el material de construcción, los incendios han sido una constante en la historia de la ciudad. El de 1489 fue especialmente pavoroso, reduciéndose a cenizas prácticamente la población, lo que provocó su reconstrucción en piedra en las décadas siguientes.

La época moderna cambiará la forma de vida y la estructura de la ciudad. San Sebastián pasará de ser una villa mercantil a ser plaza militar, debido a su situación estratégica. Pasajes será la base naval de la Escuadra Cantábrica hasta el siglo XIX, encargada de combatir contra las escuadras francesa, holandesa y británica. Esto provocó que la villa sufriera numerosos sitios y que la economía se deteriorara seriamente, motivada por los gastos de las fortificaciones, el mantenimiento de la guarnición y la continua caída del comercio marítimo. Además de los títulos de Noble y Leal, Felipe IV le concedió el título de ciudad en 1662.

La ciudad fue ocupada en dos ocasiones por las tropas francesas. En 1719, en el marco de la Guerra de Sucesión y en 1808, durante la Guerra de la Independencia. En 1813 fue sitiada por el ejército español y sus aliados. El saqueo causó un gran incendio del que solo se salvaron treinta y cinco casas, las iglesias de Santa María y San Vicente y los conventos de San Telmo y Santa Teresa.

El siglo XIX conoció el proceso de expansión de la ciudad, con la creación del ensanche. En 1854, San Sebastián es declarada capital de la provincia de Guipúzcoa y en 1863, tras un intenso debate, se derriban las murallas que limitaban el crecimiento de la ciudad. San Sebastián dota al ensanche de los elementos característicos de una ciudad moderna y de los edificios administrativos que exige la nueva capitalidad.

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Catedral del Buen Pastor, levantada en el imperante neogótico.

Pero una nueva función, que la definirá en el futuro, se abre paso a finales de siglo. La reina María Cristina se enamora de la ciudad y veranea en ella de forma ininterrumpida entre 1892 y 1928. La ciudad se convierte en residencia real estival y lugar de veraneo de la aristocracia y la burguesía. Buena parte de los edificios más representativos de la ciudad, comenzando por la catedral del Buen Pastor, se levantan en estos años.

El siglo XX conoció la Belle Époque, el Pacto de San Sebastián (1930), la II República, la dictadura franquista con la presencia de Franco en agosto en el palacio de Ayete, la Quincena Musical Donostiarra (1939), la creación de la diócesis de San Sebastián por el papa Pío XII (1949) y el nacimiento del Festival Internacional de Cine (1953), entre otros eventos. La ciudad que comenzó el siglo con 37.000 habitantes, lo acabó con 180.000.

El siglo XXI, tras el cese de terrorismo de ETA, ha devuelto a San Sebastián el carácter cimero de ciudad turística, cultural y sostenible. La fallida capital cultural europea 2016 no ha impedido que su despegue continúe y San Sebastián sea hoy una ventana abierta al mundo.

Patrimonio monumental y artístico

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El puente de María Cristina y el Kursaal de Moneo conviven armoniosamente.

La oficina de turismo de San Sebastián se encuentra ubicada en pleno centro, Boulevard, 8. Es uno de los espacios más concurridos de la ciudad, pero la información es amable y profesional. Allí les ofrecerán dos folletos de interés. Un mapa-guía muy elemental y práctico, que contiene referencias de monumentos, museos, parques, ocio e información práctica; y una guía de la ciudad “Donostia/San Sebastián” que cuesta 1 euro y es muy recomendable. La edición 2017-2018 consta de 112 páginas muy manejables, que abarcan los siguientes contenidos: la ciudad, qué hacer, alrededores, dormir, encuentros e incentivos como ciudad de negocios, y una completa información práctica. En la oficina encontrará disponibles también todo tipo de folletos de carácter más específico.

Boulevard, 8

Tf. 943 481166

sansebastianturismo@donostia.eus

www.sansebastianturismo.com

Justo al lado de la oficina de turismo de San Sebastián se encuentra la oficina de turismo de la Diputación Foral de Guipúzcoa. Sin los agobios de la anterior, allí le ofrecerán también amplia información sobre la provincia. Destaca un folleto titulado “Explore San Sebastián región”, que en sus 97 páginas recoge un compendio de propuestas: Donostia/San Sebastián, la costa, el interior, qué hacer e información práctica.

Boulevard, 6

Tf. 943 415151

www.sansebastianregion.com

El Gobierno Vasco dispone también de una excelente colección de material turístico. Destacan un folleto general “Euskadi”, y una serie de folletos temáticos sobre gastronomía, costa vasca y escapadas urbanas, entre otros.

www.euskaditurismo.eus

San Sebastián no es una ciudad donde lo monumental y artístico sea el elemento dominante, pero no le faltan alicientes ni edificios de interés. Una visita a la ciudad debería de incluir ejemplos del arte religioso y del patrimonio civil, además de alguno de los museos. Pero el paseo, las vistas de la bahía y las delicias gastronómicas forman parte también de este patrimonio.

Para saber más

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Pocas imágenes tan típicas de la ciudad como las barras de pinchos de los bares del casco antiguo

FORTÚN, L.J., y FLORISTÁN, A., Navarra, los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Es, al igual que en el resto de las entregas, el libro de referencia para estudiar la evolución de las fronteras del reino,

GÓMEZ PIÑEIRO J. y SÁEZ GARCÍA, J.A. (coordinadores), Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013. El texto es una síntesis actualizada de los conocimientos sobre la ciudad, donde se abordan la geografía física, la historia, la geografía humana, el patrimonio cultural y una extensa bibliografía.

LEMA PUEYO, J.A., “Los orígenes medievales de San Sebastián: la época anterior al fuero de Sancho el Sabio”, en Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013.

MARTIN DUQUE, A.J., “El Fuero de San Sebastián. Tradición manuscrita y edición crítica”, en El fuero de San Sebastián y su época, Sociedad de Estudios Vascos, 1982, págs. 3-25. El trabajo es, en palabras de Orella, otro de sus estudiosos, “desde ahora lugar de referencia para todo estudio subsiguiente del fuero”.

MUÑOZ GABILONDO, P., Donostia/San Sebastián, 2015. Es una guía muy manejable, con un texto en cuatro idiomas y una excelente colección de fotografías.

ORELLA UNZUÉ, J.L., “El fuero de San Sebastián y su entorno histórico”, en Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013. Se trata de un documentado estudio que, además del fuero, analiza el antes y el después de la creación de la villa por Sancho el Sabio.

OTXOTORENA, J.A. e IMAZ, A., Donostia/San Sebastián, Alai, San Sebastián, 2015. Se trata de una guía eminentemente gráfica de la ciudad.

UNSAIN, J.M. y OTROS, San Sebastián, un viaje a través de su historia, Donostia/San Sebastián, Nerea, 2016.

Ciudades que fueron del Reino (IV) Vitoria

Aldea, villa, ciudad, sede episcopal y capital política

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Vista de una de las calles de la “almendra medieval” de la ciudad de Vitoria

La ciudad de Vitoria, capital de la provincia de Álava, se encuentra enclavada en la Llanada alavesa, cruce de caminos y punto estratégico militar y comercial. Situada a 539 metros sobre el nivel del mar, la primitiva ciudad medieval estuvo situada en la colina, aunque la ciudad moderna se ha expandido por los cuatro puntos cardinales. Vitoria es una ciudad industrial, comercial y de servicios, cuenta con 244.634 habitantes y es la sede del Parlamento y el Gobierno Vasco.

De Gasteiz a Vitoria

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Torre de Santa María de Vitoria, la catedral vieja, que todavía hoy domina el paisaje urbano de la ciudad

Uno de los problemas de una serie como ésta es tener que resumir en unos cuantos párrafos una extensa investigación llevada a cabo por especialistas. Este es el caso de Vitoria. Agustín Azkarate, uno de sus mejores conocedores, en el capítulo “La tardoantigüedad”, dentro de la “Historia de Álava” dirigida por Antonio Rivera, resume así el primer milenio de historia de Gasteiz, hoy ya aceptada como la población sobre la que se asentó la “Nueva Victoria”: “Sobre el cerro que, con el tiempo acogió primero a Gasteiz y luego a Vitoria, hubo sin duda alguna algún tipo de asentamiento hace casi dos mil años. Nada se conoce, sin embargo, sobre su entidad, su morfología, su funcionalidad, ni siquiera su duración. Las cerámicas recogidas a día de hoy ocupan una horquilla cronológica que va desde el siglo I al III y se cuenta con una moneda del siglo IV”. Apenas tenemos noticia de lo acontecido entre los siglos V al VIII, solo restos de algunas armas fechables en el siglo VII. El periodo que va desde el siglo VIII a la conquista castellana, coincidente en buena medida con la pertenencia al reino de Pamplona, es mejor conocido. “Los rasgos más significativos serían los siguientes: un primer momento caracterizado por la presencia de una importante arquitectura doméstica construida en madera; otro posterior de arquitectura mixta, también doméstica; y un tercero en el que el espacio se transformó radicalmente con la construcción de una muralla de piedra y la primera iglesia del lugar”. Estas conclusiones, de fecha 2003, se han visto ampliadas y ratificadas tras la publicación en 2014 del libro “Arqueología e historia de una ciudad. Los orígenes de Vitoria-Gasteiz”, un texto multidisciplinar que supone un antes y un después en la historiografía de la ciudad.

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El pórtico de Santa María es, probablemente, el elemento artístico más destacado del conjunto

Hemos tenido la oportunidad en entregas anteriores de referirnos al periodo de la configuración de la monarquía pamplonesa (siglo X); a la máxima expansión del reino de Pamplona bajo Sancho el Mayor (primer tercio del siglo XI) en el que las tierras de Álava se sitúan ya en la órbita pamplonesa; al repliegue y crisis del reino de Pamplona (entre 1035 y 1076), con pérdida de la parte occidental de Álava; al fraccionamiento del reino y la unión con Aragón (entre 1076 y 1134); y a la difícil restauración bajo el reinado de García Ramírez (entre 1134 y 1159). Luis Javier Fortún lo resume así: “Las relaciones con Castilla estuvieron marcadas por el vasallaje del rey pamplonés y conocieron altibajos, que se plasmaron territorialmente. En 1134 el conde Ladrón, jefe del linaje alavés de los Vela, se posicionó a favor de García Ramírez, junto con los otros territorios que controlaba: Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Pero en 1136 el conde Ladrón pasó al servicio de Castilla, junto con el condado de Álava, situación que se prolongó hasta 1143, en que volvió al ámbito navarro. A partir de entonces, las fluctuaciones de estos territorios entre Navarra y Castilla fueron frecuentes”. En este contexto se inserta la historia de la aldea de Gasteiz. Una treintena de casas, dos iglesias, San Vicente y San Miguel y una muralla datable en el siglo XI sería lo existente hacia 1150, año de la llegada al trono de Sancho VI el Sabio (1150-1194).

Sancho VI el Sabio y la creación de Vitoria

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Detalle del lienzo de muralla del siglo XI, anterior a la creación de Vitoria por Sancho VI el Sabio

Los monarcas navarros tuvieron que hacer frente a serios problemas en sus fronteras con el reino de Castilla, debido a la presión de los reyes castellanos y aragoneses, que pretendieron repartirse el reino durante el siglo XII en numerosas ocasiones (1140, 1151, 1179 y 1198). Sancho VI el Sabio, rey de Navarra, logró revitalizar su frontera occidental, se extendió por gran parte de la Rioja, Burgos y Álava, y ocupó en 1162 y 1163 varias plazas fuertes. La ofensiva castellana desembocó finalmente en el acuerdo de paz de 1179, que supuso la conservación del Duranguesado, Guipúzcoa y la mayor parte de la actual provincia de Álava.

Paralelamente, en la segunda mitad del siglo XII, el proceso de configuración de la red urbana estaba en pleno auge. A los casos bien conocidos de Estella (1090), Puente la Reina (1122), San Cernin de Pamplona (1129) y Sangüesa (1122), por citar los más significativos, se unieron los de Laguardia (1164), Los Arcos (1176), San Sebastián (1180), Vitoria (1181), Antoñana (1182), Bernedo (1182), Arganzón (1191), y Labraza (1196), todas ellas villas fundadas en el reinado de Sancho el Sabio.

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El carácter de plaza fuerte aparece reflejado en esta puerta de la muralla

En el caso de Vitoria, en la segunda mitad del siglo XII se inició una nueva urbanización, confirmada por escrito en 1181 por el rey. El fuero, redactado en latín, dice lo siguiente: “Me place con libertad de ánimo y sanamente poblaros en la villa citada, cuyo nuevo nombre puse Vitoria, la cual antes se llamaba Gasteiz”. El documento dice además que “se otorga esta carta de confirmación y afirmación a todos los pobladores suyos de la nueva Vitoria”. La mitad de las heredades se conceden a quienes acudan a poblar nuevamente la villa en los lugares que se les habían asignado. La otra mitad, será para los labradores que hasta entonces tenían intereses económicos en esos términos, con la condición de que vivan en los solares asignados. El fuero señala también que la iglesia juradera serán la de San Miguel “que se encuentra junto a la puerta de vuestra villa”. Estos datos, unidos a estudios arqueológicos muy complejos, han permitido a historiadores y arqueólogos localizar la antigua Gasteiz sobre el cerro y seguir la evolución y expansión de la nueva Vitoria.

La nueva urbanización llevada a cabo en tiempos de Sancho VI, señala Ernesto García Fernández, “tuvo grandes consecuencias para el futuro desarrollo económico, social, demográfico y político de Vitoria, compuesta en esta primera época por gentes de Gasteiz, de las aldeas de los alrededores y de otras zonas del reino de Navarra. La nuevas pueblas, urbanizadas por Alfonso VIII y Alfonso X significaron la consolidación definitiva de un centro urbano que muy poco o nada se parecía al de la vieja aldea de Gasteiz”.

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La ciudad medieval contó con dos iglesias más en la colina, modificadas  en los siglos siguientes

Entre tanto, se alternaban periodos de paz y guerra. Tras el intento, una vez más, de castellanos y aragoneses de repartirse el reino en 1198, Alfonso VIII de Castilla reanudó en 1199 las hostilidades. Consecuencia de las mismas, la Llanada alavesa, casi toda la Montaña -Campezo-, y el condado de Treviño fueron incorporados a Castilla en el año 1200. Dos hechos merecen subrayarse: la resistencia que opusieron los vecinos y habitantes de la villa de Vitoria y la reivindicación permanente de estos territorios por los monarcas y cronistas navarros a lo largo de la Edad Media. El Príncipe de Viana en su “Crónica de los reyes de Navarra” dice que a Vitoria la tuvieron sitiada cerca de un año, e hicieron todo lo posible para defenderse, hasta que tuvieron que rendirse por la fuerza. “De esta manera tomaron los castellanos la tierra de Álava y de Guipúzcoa injustamente”. No son de la misma opinión las crónicas castellanas, que echan la culpa de la guerra al rey navarro.

A partir de ese momento, la frontera occidental se estabilizó y solo se produjeron modificaciones temporales. Entre 1369 y 1373, como consecuencia de una nueva guerra contra Castilla, Carlos II ocupó Vitoria, Salvatierra, Santa Cruz de Campezo y Logroño. El intento oportunista acabó en fracaso (1373), con el agravante de que una nueva guerra terminó con la derrota total de Navarra y la ocupación temporal de una parte del territorio entre 1378 y 1386.

El desarrollo de la ciudad

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Desde las arquerías de la iglesia de San Vicente se puede apreciar el crecimiento de la ciudad con la catedral nueva al fondo

Tras la conquista por Alfonso VIII en 1200, el nuevo rey amplió la ciudad con tres nuevas calles al oeste de la colina, aunque un gran incendio la destruyó en 1202. Alfonso X el Sabio en 1256 realiza la apertura de otras tres calles en la ladera opuesta, con lo que tomó cuerpo la almendra clásica del casco medieval.

La ciudad, que obtuvo tal título de Juan II de Castilla en 1431, no sufrió grandes modificaciones hasta el siglo XVIII, aunque se le fueron agregando palacios y conventos, la piedra y el adobe sustituyó a la madera y las calles se fueron empedrando. El siglo XIX fue periodo de guerras, la más conocida la batalla de Vitoria contra los franceses en 1813, traslado de aduanas y llegada del ferrocarril. En 1851 Pio IX creó la diócesis de Vitoria, que englobaba las entonces llamadas provincias vascongadas, consagrándose la colegiata de Santa María como catedral en 1853. El siglo XX, que lo inicia con apenas 30.000 habitantes, conoció la industrialización, un aumento demográfico espectacular, la aparición de nuevos barrios y la designación de Vitoria como capital de la Comunidad Autónoma del País Vasco. La Vitoria del siglo XXI se caracteriza por ser verde y sostenible, habiendo sido premiada con el galardón de “Capital verde europea 2012”. Vitoria es hoy una ciudad pensada y diseñada para vivir y una de las tres capitales españolas con mejor calidad de vida.

Abierto por obras

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La rehabilitación de Santa María, según un novedoso y pìonero sistema continúa

La década de los noventa conoció una de las restauraciones más ambiciosas llevadas a cabo por la Institución Príncipe de Viana en el conjunto monumental más valioso de todo nuestro patrimonio: la catedral de Pamplona. Durante varios años, el edificio colgó el cartel de “cerrado por obras”, tras lo cual, la oscura y poco conocida seo pamplonesa, se trocó en un edificio limpio y luminoso, lleno de arte y de vida. Una operación de alta cirugía estética, pero de escaso impacto en la vida cultural, turística y económica del casco histórico de la ciudad, mientras el proceso se llevó a cabo. Lo mismo sucedió con la catedral de Tudela, otro de los conjuntos fundamentales de nuestro patrimonio. Sin embargo, veinte años después, lo que entonces no fue posible, comienza a ser realidad. Las restauraciones de las fachadas de Santa María de Sangüesa y Santa María de Olite, y el claustro de la catedral de Pamplona están permitiendo acceder a los enclaves en el momento mismo de la restauración, con el aliciente adicional que ello supone.

Este proceso se popularizó en la catedral de Santa María de Vitoria, acogido bajo el acertado título de “Abierto por obras”. La Fundación Catedral Santa María es la institución creada para gestionar y desarrollar las propuestas del Plan Director de Restauración Integral del templo más emblemático y con mayor valor histórico de Vitoria-Gasteiz.

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Los premios y las visitas internacionales, caso de Ken Follet, han dado renombre al conjunto en los medios internacionales

El desarrollo del proyecto, dada la complejidad de los problemas detectados en la catedral, se ha adaptado a las nuevas realidades, manteniendo siempre el rigor metodológico y los objetivos previstos por el Plan Director. La calidad del mismo ha sido reconocida, entre otros, por la Unión Europea, el Vaticano, el Ministerio de Cultura, y en prestigiosos foros nacionales e internacionales, siendo ya un referente de excelencia en la restauración monumental. El proyecto ha recibido, además, el Premio Europa Nostra (2002), el máximo galardón europeo en recuperación y conservación del Patrimonio Cultural.

La página web de la Fundación, muy completa y actualizada, permite acercarse a un fenómeno que ha desbordado las previsiones iniciales y se ha convertido en un motor científico, cultural, económico y social para la revitalización del caso antiguo y el conocimiento de la ciudad de Vitoria, además de un referente internacional de buenas prácticas.

Provisto del casco correspondiente, la visita a la catedral es altamente recomendable.

Patrimonio artístico y monumental

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La PLaza de España o Plaza Nueva es un buen ejemplo de las mejoras introducidas en los siglos XVIII y XIX

La Oficina de Turismo se encuentra ubicada en los bajos del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, en la Plaza de España (Plaza Nueva). Allí recibirá cumplida información de la ciudad y todas sus actividades. Son de especial interés los tres folletos que indicamos a continuación: Un plano muy sencillo y práctico con los principales puntos de interés, teléfonos útiles, museos y hoteles; un folleto muy manejable de 67 páginas, titulado “Guía del visitante. Vitoria-Gasteiz green capital. La ves, la sientes” que resumen fielmente las múltiples posibilidades que ofrece la ciudad; y un folleto más específico titulado “Ruta verde de Vitoria-Gasteiz”, un itinerario que recorre el anillo verde de la ciudad y sus 6 parques periurbanos conectados entre sí, con un total de 30 kilómetros que atraviesan lugares y equipamientos especialmente diseñados para el ocio y el recreo.

Oficina de Turismo. Plaza de España 1

Tel. 945161598

turismo@vitoria-gasteiz.org

A diferencia de otras entregas, en ésta, por falta de espacio, no ofrecemos información pormenorizada del patrimonio artístico y monumental, del que la ciudad tiene muy buenas muestras. En los folletos recomendados la podrán encontrar

Para saber más

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Monumento a la batalla de Vitoria, situado en la Plaza de la Virgen Blanca

AZKARATE, A. y SOLAUN, J.L. (coords.), Arqueología e historia de una ciudad. Los orígenes de Vitoria-Gasteiz, UPV/EHU, Vitoria-Gasteiz, 2014, (2 vols.) Se trata de un estudio multidisciplinar que recoge las conclusiones de 20 años de un trabajo pionero y científicamente impecable. En la web se encuentra disponible el texto en PDF.

FORTÚN, L.J., y FLORISTÁN, A., Navarra, los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Es, al igual que en el resto de las entregas, el libro de referencia para estudiar la evolución de las fronteras del reino, plasmadas además en una serie de mapas muy expresivos de dicha evolución.

GÓMEZ, A., y GARCÍA, I., Katu en érase una vez Gasteiz, Fundación Catedral Santa María, Vitoria, 2012. Se trata de un librito, con texto y dibujos, dedicado a los niños, ameno y bien planteado. Se puede conseguir por 3 euros en la tienda de la catedral de Santa María.

MARTÍN DUQUE, A.J., Sancho VI de Navarra y el fuero de Vitoria, en “Vitoria en la Edad Media”, Vitoria, 1982, pags. 281-295.

RIVERA, A. (director), Historia de Álava, Nerea, Vitoria-Gasteiz, 2003. Para la etapa vinculada al Reino de Pamplona-Navarra, resulta de especial interés el capítulo V “Clérigos, caballeros, burgueses y campesinos en la Alta Edad Media”, obra de Ernesto García Fernández.

VV. AA., Vitoria-Gasteiz, Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, Vitoria, 2010. Se trata de un hermoso libro con fotos alusivas a la ciudad.

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Logo que identifica a Vitoria como green capital

Ciudades que fueron del Reino (III) Laguardia

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Emergiendo en un mar de viñedos, con la sierra de Cantabria al fondo que dota a la zona de un microclima singular, la villa de Laguardia conserva su perfil defensivo de baluarte navarro frente a Castilla.

Baluarte frente a Castilla

La villa de Laguardia, situada en una colina a 656 metros sobre el nivel del mar, pertenece a la provincia de Álava, uno de los tres territorios históricos de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Se encuentra ubicada al sur de la provincia, y es el centro de la comarca conocida como La Rioja Alavesa, que se extiende desde la Sierra de Cantabria por el norte hasta el rio Ebro por el sur. La población a 1 de enero de 2017 apenas alcanza los 1500 habitantes.

Su historia viene en buena medida condicionada por una privilegiada situación geográfica, que permitió una activa y continuada vida humana desde el neolítico; un rico patrimonio histórico y monumental, consecuencia de su ubicación en la frontera entre Navarra y Castilla, donde hasta el siglo XV Laguardia ejerce de capital de la comarca de la Sonsierra, la parte más occidental de la merindad de Estella;

La ubicación de Laguardia en lo alto de un cerro, unido a la posición de la torre abacial, permiten estas espectaculares vistas. En primer término, el apretado caserío del casco urbano medieval, con la iglesia de San Juan al fondo. Los viñedos y las actuales tierras de La Rioja cierran el conjunto.

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Las bodegas Ysios, levantadas según proyecto de Santiago Calatrava, se encuentran al pie de Laguardia y en plena comunión con la privilegiada naturaleza que las acoge.

 

y una economía basada en el cultivo de la vid, que la ha convertido a comienzos del siglo XXI en el centro de una de las zonas vitivinícolas más pujantes de España, con un importante desarrollo del enoturismo.

Los primeros pobladores de Laguardia

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Dolmen de San Martín
La riqueza arqueológica de la zona es extraordinaria. Junto al yacimiento de la Hoya, destacan un importante conjunto de dólmenes del que forma parte el de San Martín, situado en las afueras de la población.

Hay reportajes que, como queda de manifiesto en la bibliografía, son resultado de múltiples lecturas. Pero hay otros, como sucede en este caso, que en su apartado histórico beben fundamentalmente de una fuente. El libro Laguardia del Viejo Reyno baluarte de Navarra y bodega de Álava, cuyo autor es Miguel Larreina González, presenta la particularidad que señala su título. Se trata de una investigación que pretende subrayar la estrecha conexión entre la villa y el reino de Navarra. Justo lo que pretendemos en este serie. De ahí que sea la fuente principal de información para el resumen que presento a continuación.

Desde hace 5.000 años tenemos constancia de la presencia humana en el entorno de Laguardia. Las cuevas de Peñalarga y los Husos, la sepultura colectiva del yacimiento de San Juan Ante Portam Latinam, la colección de dólmenes y la llegada de grupos celtas con la creación de poblados fortificados como La Hoya, son los hitos más significativos.

Con la llegada de los romanos al Alto Ebro, los poblados berones desaparecen y se inicia un proceso paulatino de romanización, aunque no conservamos ningún resto verdaderamente importante. La llegada de los pueblos bárbaros parece que no fue una época propicia. Vascones y visigodos pelean por el dominio de la zona, muy poco poblada y con presencia de algunos eremitas, producido ya el proceso de cristianización. Los musulmanes se instalan a las orillas del Ebro a mediados del siglo VIII. Durante dos siglos, del VIII al X, los Banu Qasi son los señores de la zona, cuya frontera se sitúa en la doble barrera del río Ebro y la Sierra de Toloño-Codés.

A partir del siglo X, coincidiendo con el reinado de Sancho Garcés I, comienzan a aparecer pequeñas aldeas agrupadas en torno a una pequeña iglesia o ermita, acompañadas de su correspondiente necrópolis. Así ocurre también en el cerro de Laguardia, donde se suceden las cuevas de piedra excavada en el suelo pedregoso, las cabañas de madera y los silos, entre los siglos VIII al X. La explosión demográfica del siglo XI resulta crucial para el devenir de toda la Sonsierra. Los territorios pertenecen al reino de Pamplona, pero las fronteras con musulmanes y cristianos se han alejado considerablemente. A mediados del siglo XI aparecen en la documentación numerosos pueblos y castillos, pero nada se dice de Laguardia, que no pasaría de ser una aldea sin importancia.

Sancho VI el Sabio y el Fuero de Laguardia

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La ubicación de Laguardia en lo alto de un cerro, unido a la posición de la torre abacial, permiten estas espectaculares vistas. En primer término, el apretado caserío del casco urbano medieval, con la iglesia de San Juan al fondo. Los viñedos y las actuales tierras de La Rioja cierran el conjunto.

 

Ya en el siglo XII, tanto el fuero de Logroño como el de Marañón hacen referencia a Lagarde, todavía una pequeña aldea. Los últimos estudios se inclinan por pensar que el nombre de la población tiene más que ver con un origen ganadero que militar, ya que el carácter de frontera de la población llegará justamente en la etapa siguiente. En 1150 accede al reino de Pamplona Sancho VI el Sabio. Su largo reinado es especialmente importante en la articulación del reino medieval: las villas del Camino de Santiago se desarrollan con un urbanismo articulado y presencia de los estilos románico y gótico; comienza a denominarse rey de Navarra en vez de rey de los pamploneses; y tiene un activo papel en la comarca de la Sonsierra, dando fuero a Laguardia y las villas que la rodeaban como San Vicente, Los Arcos, Bernedo, Antoñana, y a otras poblaciones más alejadas a las que nos referiremos en sucesivas entregas como Vitoria y San Sebastián.

El primer fuero dado a la Sonsierra fue el de Laguardia del año 1164, incluyéndose en su jurisdicción todos los enclaves yermos y poblados de la zona, donde Buradón hasta Viana y desde el Ebro hasta Lagrán. Laguardia nace pues en la Baja Edad Media por el afán repoblador de los reyes navarros, que buscan favorecer el asentamiento de francos y facilitar el nacimiento de una burguesía mercantil. Pero Laguardia presenta novedades respecto del elenco de ciudades nacidas en el sgilo XII: se ubica en un terreno yermo, alejado de los grandes centros de poder espiritual o político; se trata de fundar en una comarca pobre una villa para 200 familias, por lo tanto la más grande de la comarca y una de las más grandes del reino (ocupará -según nos señala Miguel Larreina en su libro- 7,5 hectáreas frente a 6 de San Sebastián, 5,5 de Logroño y 4 de Vitoria); está alejada de ríos o arroyos; y el fuero concederá la propiedad sobre las tierras yermas a quienes las cultiven con el fin de potenciar el crecimiento demográfico.

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Vista de una de las calles paralelas a la principal que, todavía hoy, configuran el urbanismo de Laguardia

El modelo para la planificación fue probablemente Puente la Reina, pero el cerco de Artajona, Vitoria y sobre todo Los Arcos, con un paralelismo evidente en su pertenencia a Navarra y posterior ocupación por Castilla, son otras villas navarras especialmente vinculadas a Laguardia. Es en estas fechas, en torno a 1177, cuando restaurada la paz entre Navarra y Castilla, el Ebro se convierte en la frontera comercial y política para toda la zona.

Sancho VII el Fuerte y Laguardia como baluarte defensivo del reino

Las hostilidades entre Navarra y Castilla se reanudaron a finales de siglo. En 1198 Alfonso VIII de Castilla y Pedro II de Aragón acordaron en Calatayud repartirse el reino de Navarra y lanzaron una doble ofensiva por tierras navarras. Entre 1199 y 1200, Alfonso VIII se hizo con Álava y Guipúzcoa, tomando también algunos castillos de la Sonsierra. Tras la pérdida para Navarra de todas sus posesiones en el País Vasco, Sancho el Fuerte decidió fortalecer las fronteras del reino, construyendo una red de fortalezas en sus flancos meridionales, jugando la futura plaza fuerte de Laguardia un papel esencial. De nuevo es Miguel Larreina quien describe su desarrollo: Las murallas de Laguardia se levantan hacia 1209, a los meses de haberle confirmado y ampliado el fuero Sancho el Fuerte. Sus saneadas finanzas le permitieron levantar en los años siguientes los castillos de Labraza, Laguardia y Viana. La obra incidió decisivamente en la organización urbanística, ya que obligó a planificar todo el cerro. La muralla se va componiendo con gruesas paredes de sillería por ambos lados, rellenas de material en su interior. Cada cierto espacio se alza una torre o castillete cúbico que la protege y la refuerza. Los gruesos paños se coronaban mediante un adarve que permitía recorrerla en todo su perímetro. Para compensar la protección en la parte sur, la más desprotegida, se construye una cerca alta con cuatro torreones y una barbacana.

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La torre y el ábside de la iglesia de San Juan forman parte de la muralla de la villa.

El éxito en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 le supuso al rey, además de un cuantioso botín y un enorme éxito, la devolución de todos los castillos y torreones del entorno de Laguardia. Esta devolución supuso una nueva navarrización de la Sonsierra, proceso que se reforzaría con la construcción de la plaza fuerte de Viana. Pero el proyecto de Laguardia no fue solo militar, sino también repoblador y urbanístico, tal como podemos contemplar todavía en nuestros días: tres calles paralelas cortadas por cantones, y una iglesia en cada extremo de la calle principal formando parte del recinto amurallado.

El monedaje de 1254, con 345 fuegos, sitúa a Laguardia como una de las villas más pobladas del reino, a la altura de Sangüesa y muy por encima de Puente la Reina. Y el libro del Rediezmo de 1268 nos dice que Laguardia entregó 111 cahíces de trigo, frente a 50 de Viana y 31 de Los Arcos. Laguardia se ha consolidado como la gran población de la merindad de Estella, tras su capital.

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Imagen rotunda de la puerta y torre de San Juan

La expansión de la viña en tierras de Laguardia, al igual que en Viana y Los Arcos, estuvo muy relacionada con el crecimiento de las villas alavesas en el siglo XIII. La constitución de Vitoria como mercado regional de primer orden va a ser determinante en el devenir de la Sonsierra. Los pleitos entre Logroño y Vitoria se suceden y Laguardia se convierte en suministrador preferente. La ruta que atravesaba la sierra pasa a vertebrar, en buena medida, las tierras de Álava.

La toma de Laguardia y su incorporación a la Hermandad de Álava

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El mimo en los detalles está presente en todo su casco urbano, dedicado hoy básicamente al comercio y al turismo

El reinado de Carlos III el Noble, entre 1387 y 1425, fue un periodo de paz y crecimiento económico para la Sonsierra, gracias a un País Vasco que incrementó su demanda de vino. A esta época corresponde el extraordinario pórtico de la iglesia de Santa María de los Reyes, reflejo del buen momento artístico del reino y del gran momento económico de la propia villa. Pero la Gran Peste de los años 1400-1403 acabó con la prosperidad. Pese a los problemas, Carlos III renueva la muralla de Laguardia y exime de pechas a los vecinos en 1406 y 1407. En 1423, el rey instituye el Principado de Viana -en el que se incluye Laguardia y sus aldeas- en favor de su nieto y heredero, el infante Carlos.

Tras la muerte de Carlos III, le sucede en el trono la reina Blanca (1425-1441). Aprovechando la debilidad política y económica del reino, Castilla desata una nueva guerra. En 1430, el ejército castellano comandado por el obispo de Calahorra, toma al asalto la villa de Laguardia y, atrincherándose en las iglesias de San Juan y Santa María, pone sitio al castillo en el que se hacían fuertes los navarros hasta conseguir la rendición. La reina Blanca firmó al poco tiempo la paz con Castilla, perdiendo Navarra la plaza de Laguardia y otros lugares de la Sonsierra. Logroño, gracias a la lana, el vino y el apoyo de los reyes castellanos -mercado y puente incluidos- se hacía con el liderazgo del territorio.

Los intentos de devolución de Laguardia a territorio navarro se suceden sin éxito. Finalmente, en 1486, presionados por Fernando el Católico, Laguardia y sus aldeas deciden ingresar en las Hermandades de Álava por un periodo de diez años, que ya no tendrá marcha atrás. La progresiva castellanización del territorio, el auge del vino y el gran mercado castellano hará que Laguardia vire definitivamente hacia Castilla, dejando atrás la larga y fructífera etapa en la que fue cabeza de la Sonsierra, parte importante de la merindad de Estella y baluarte defensivo del reino de Navarra.

Patrimonio artístico y monumental

La Oficina de Turismo de Laguardia se localiza en el nº 52 de la Calle Mayor, en la “Casa Garcetas”, justo al lado de la plaza y del ayuntamiento. Se trata de un elegante edificio del siglo XVII recientemente rehabilitado y adaptado para su uso actual. En ella encontrará buena acogida e información suficiente para su visita, bien sea guiada o por su cuenta. Le ofrecerán dos sencillos folletos de gran interés. El primero, titulado “Laguardia” ofrece un plano de la villa, una somera información histórica, y lo más significativo del arte, el urbanismo y las fiestas y tradiciones. El segundo, titulado “Rioja Alavesa con nombre y apellido” ofrece información sobre la comarca, con un apartado especial para los museos, la arquitectura del vino, y la gastronomía.

Tf. 945600845

turismo@laguardia-alava.com

Iglesia de Santa María de los Reyes

PortadaEstá situada al norte de la villa. Comenzada en románico y finalizada a principios del siglo XVI, la mezcla de estilos es su característica preponderante. El edificio es de planta rectangular con tres naves, crucero y cabecera de ábside poligonal. De pies a crucero es construcción medieval (siglos XII- XV) y renacentista en crucero y cabecera (siglo XVI). El retablo del siglo XVII es obra de Juan Bascardo, autor con obra numerosa en Navarra.

La verdadera joya del templo es su portada gótica, de finales del siglo XIV, con una perfecta conservación de la policromía, que data del siglo XVII. El cierre del pórtico en el siglo XVI ha preservado una portada inusual y sorprendente en su extraordinario colorido.

Torre abacial

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Situada junto a la iglesia de Santa María de los Reyes, es una torre que data del siglo XIII, con clara vocación militar y de vigía. Hasta el siglo XIX estuvo unida al templo por un corredor (la pasapuente). Hoy es campanario de la iglesia. Conviene acceder a su plataforma, ya que dispone de las mejores vistas del núcleo urbano de Laguardia.

Iglesia de San Juan

_MG_4827Situada al sur de la villa, es una típica iglesia-fortaleza. Tiene planta de cruz latina con tres ábsides y crucero. La portada sur o “de los abuelos” es de estilo gótico y está decorada con una escena de la Anunciación. La torre gótica fue una de las puertas de la muralla, siendo reformada en el siglo XVI para cumplir la función actual de campanario.

Muralla

La villa de Laguardia fue fortificada en el siglo XIII, durante el reinado de Sancho VII el Fuerte, construyéndose la muralla con sillares de piedra arenisca y diverso material de relleno en su interior. Cuatro puertas comunican con el exterior: Páganos, Mercadal, San Juan y Santa Engracia.

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La puerta nueva o de Carnicerías, hoy día la más concurrida porque por ella se accede a la plaza del ayuntamiento, no se abrió hasta el siglo XV. A pesar de los destrozos sufridos por las distintas guerras, conserva en buena medida su trazado original. Todo ello, unido a  un interior con una estructura urbana bien conservada, ha hecho posible su inclusión en la serie de pueblos más bonitos de España.

Otros lugares de interés

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Unos músicos aportaban a la plaza del Ayuntamiento en una mañana de verano un aire culto y evocador

Plaza Mayor y Ayuntamiento, plaza del gaitero, casa de Samaniego, casa de la Primicia, paseo del Collado, lagunas y embalses de “El Prao”, yacimiento de la Hoya (tf. 945621122) y Red de dólmenes de Laguardia y Rioja Alavesa (turismo@laguardia-alava.com)

Para saber más

FORTÚN, L.J. y FLORISTÁN, A., Navarra: Los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008.

IZQUIERDO, M. y SÁENZ DE TEJADA, J., La historia de Laguardia jamás contada, Ediciones Másquerutas, Logroño, 2016. Se trata de una novedosa propuesta didáctica en la que la historia de Laguardia es contada por personajes de las fábulas de Samaniego. Dedicada a niños de 9 a 99 años, pretende «servir de entretenimiento, pero también de guía turística, histórica, cultural, festiva o gastronómica».

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LARREINA GONZÁLEZ, M., Laguardia del Viejo Reyno, baluarte de Navarra y bodega de  Álava, Laguardia, 2015. Es una publicación especialmente interesante, porque se trata de un texto divulgativo pero muy documentado en el que se subraya especialmente la relación de Laguardia con el reino de Navarra.

 

Ciudades que fueron del Reino (II) Nájera

Nájera, sede y panteón real

Presentación geográfica, histórica y económica

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Entre la peña y el río, García el de Nájera fundó el monasterio de Santa María la Real. En la imagen, la silueta rotunda del ábside presenta buenos muros de sillería, con torreones cilíndricos de aspecto defensivo que sustituyen a los contrafuertes de ángulo y se comunican entre sí por un paso de ronda. A la derecha, el palacio abacial, hoy sede del Museo Najerillense.

La ciudad de Nájera encuentra situada en plena Rioja Alta, protegida de los vientos atlánticos por los cerros Castillo y Malpica. Situada a 484 metros de altitud, dista 26 km de Logroño. Su población actual supera los 8.500 habitantes. El río Najerilla divide la ciudad en dos barrios: en la margen izquierda, el Barrio de Adentro o casco antiguo, que es la zona básicamente histórica y turística; en la margen derecha, el Barrio de Afuera en el que encontraremos construcciones modernas y la zona industrial. Cuatro son los puentes que unen la ciudad: el más antiguo es el de San Juan de Ortega del siglo XII, a los que con el paso de los siglos se han unido tres más. Las principales vías de comunicación para llegar desde Logroño son la autovía A-12 “Autovía del Camino de Santiago” y la Carretera Nacional N-120.

El pasado histórico de la ciudad, cabeza del reino de Pamplona-Nájera en los siglos X y XI, su ubicación en pleno Camino de Santiago y la presencia de importantes monumentos histórico-artísticos, entre los que destaca el monasterio de Santa María la Real, fundado en 1052 por el rey pamplonés García Sánchez III el de Nájera y panteón real de varios monarcas de la dinastía, hacen de Nájera uno de los núcleos históricos de más interés y, en consecuencia, una de las ciudades riojanas de mayor atractivo turístico.

Nájera es el centro económico y comercial de una comarca natural, caracterizada por su buena agricultura, en la que destacan los cultivos de la vid, con presencia de numerosas bodegas de la denominación de origen Rioja, y los frutales, además de los cultivos cerealistas. Tiene también una importante industria en torno al mueble, que supone el 5% del PIB regional, con presencia de numerosos centros manufactureros reunidos en la Asociación El Mueble de Nájera.

Asiento de la monarquía pamplonesa

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La profusa decoración plateresca de las arquerías convive armoniosamente con la serena belleza del pozo, situado en medio del claustro. El conjunto es un ejemplo excepcional de la simbiosis de estilos en la España del primer tercio del siglo XVI. leyenda

Las hipótesis sobre la antigüedad y los orígenes de la ciudad son variadas. Es probable que existiera ya antes de la dominación musulmana, aunque su nombre parece de procedencia árabe (¿”ciudad entre peñas”?, ¿”nido de águilas”?) Tal vez, como consecuencia de las cabalgadas cántabroasturianas de Alfonso I a mediados del siglo VIII y la presión ovetense una centuria después, se produjo un reajuste del poblamiento de la comarca. Emergería entonces el núcleo najerense como entidad organizadora de la zona, al abrigo del talud rocoso por un lado y el río Najerilla por el otro. En esta época Najera formó parte del poder regional de los Banu Qasi, líderes de la zona hasta la derrota y muerte de Lope ibn Muhamad (907). Pocos años después, a primeros de junio de 918, las fuerzas combinadas de Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, acampaban junto a sus defensas, tomando la plaza el año 923.

A partir de entonces, Nájera quedó inscrita en la monarquía pamplonesa. Era el primer centro de vida realmente urbana del reino pirenaico. A su poso demográfico mozárabe, todavía vigoroso, y su activa minoría judía, se unieron nuevos elementos de la nobleza y del clero pamplonés. Se daban, por tanto, las condiciones adecuadas para albergar la sede episcopal del antiguo territorio calagurritano y configurar una segunda y más lucida ciudad regia pamplonesa. Tras la conquista de Calahorra (1045), sus prelados siguieron ostentando todavía el titulo de episcopus Naierensis o episcopus Calagurritanus et Naierensis. De todos modos, la sede najerense no llegó a arraigar.

El rey García Sánchez III de Pamplona, conocido en la historiografía como García el de Nájera, frecuentó habitualmente con su “curia” la ciudad, al igual que lo había hecho su padre Sancho III el Mayor. El hijo fundó en ella el monasterio de Santa María la Real (1052), exponente de la restauración eclesiástica del reino. La jurisdicción del obispo se extendía no sólo sobre la Rioja Alta, sino sobre el extremo suroriental de la actual Navarra, gran parte de las Vascongadas y de la vieja Castilla. De este modo el monarca pamplonés pretendía dejar claro que ningún territorio suyo estaba bajo la jurisdicción de un obispo castellano. El monasterio contaba con una comunidad de clérigos que llevaban vida en común y regular, y una hospedería para albergar a pobres y peregrinos, dada su condición de villa jacobea. La iglesia fue consagrada con gran pompa en 1056 y el propio rey García la eligió como panteón de la dinastía. En ella se conservan los restos del rey y otros treinta y cuatro miembros de su descendencia. Las reliquias de San Prudencio, los mártires Agrícola, Vidal y Vicente, y Santa Eugenia hablan de la importancia que el rey concedió a la creación del monasterio. El rey García fomentó además la población “de debajo de la peña”, en la llanura. Nájera, escala importante en el Camino de Santiago, era el único núcleo urbano del reino de Pamplona y contaba con un importante mercado. La población, constituida por francos, mozárabes y una importante minoría judía, estaba organizada en barrios y contaba con sus correspondientes autoridades locales.

La muerte de García el de Nájera en Atapuerca (1054) supuso una reducción de los territorios de la monarquía pamplonesa y la reanudación de la penetración castellana en La Rioja. Pero Nájera siguió formando parte todavía del reino pamplonés y fue el lugar de enterramiento del monarca fundador del monasterio. Su hijo Sancho IV continuó frecuentando la sede najerense, pero su desgraciada muerte en Peñalén el 4 de junio de 1076, asesinado tras una conjura de sus hermanos y algunos nobles, marcó un giro histórico decisivo para la región. El monarca castellano Alfonso VI se adueñó del llamado “reino de Nájera”. Desde ese momento la ciudad dejó de ser sede regia y posesión de los monarcas pamploneses, aunque esporádicamente siguieron reivindicando el territorio.

Territorio de Castilla

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Vista de detalle de una de las arquerías del claustro. La filigrana en piedra es la base del conjunto

Alfonso VI procuró desde el primer momento atraerse a la población, confirmando y ampliando en 1076 los fueros otorgados por Sancho III y García el de Nájera. Las franquicias del fuero explican precisamente el auge alcanzado por el núcleo urbano. Los judíos gozaban de su propio fuero, que más tarde se aplicó a los judíos de Tudela (1119), Su política de centralización religiosa, sus anhelos europeizadores y su enérgico respaldo a la reforma gregoriana impulsaron a Alfonso VI a ceder el monasterio de Nájera a la orden de Cluny (1079). Buscaba un punto de apoyo para la castellanización de La Rioja. Tras la recuperación de Logroño (1143), Alfonso VII instituyó para su hijo Sancho el “reino satélite de Nájera”, último eco de la notoriedad alcanzada por la ciudad en la época pamplonesa.

Sancho VI el Sabio, un rey del que hablaremos muchos en entregas sucesivas, entre octubre de 1162 y marzo de 1163, aprovechando la crítica situación de Castilla durante la minoría de Alfonso VIII, se apoderó de casi toda La Rioja, pero no pudo conquistar Nájera. Convertida en un centro secundario de la frontera oriental de Castilla, la ciudad solo vuelve a emerger muy esporádicamente en la historia peninsular. Fue escenario de la coronación de Fernando III (1217). En sus campos se enfrentaron los partidarios de Enrique II de Trastamara y Pedro I el Cruel (1367), y dentro de su recinto se entrevistaron en 1451 Carlos, príncipe de Viana, y su padre Juan II.

Durante la edad moderna y hasta la actualidad, Nájera ha seguido desempeñando modestas funciones de centro comarcal, pero con con el sello indeleble de su historia como centro político, eclesiástico, económico y cultural del primitivo reino de Pamplona durante más de un siglo.

Patrimonio monumental

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El carácter comercial y de servicios de la ciudad, unido a su carácter jacobeo, queda patente en esta fotografía. Un reencuentro que nos acerca a los usos y costumbres de la ciudad medieval.

Conviene comenzar la visita a la ciudad acercándose a las oficinas de turismo, bien situadas en cada uno de los dos barrios. Allí recibirán cumplida información con dos folletos sencillos, pero completos. El primero, titulado “Nájera y su comarca”, junto con el plano de la ciudad, señala las visitas imprescindibles. El segundo, titulado “Nájera, reino milenario”, detalla la historia, la arquitectura religiosa y civil, y la ciudad en la actualidad. En hoja aparte les entregarán una relación de horarios de visita a los principales monumentos.

Tf. de la oficina de turismo: 941 360041

najera@lariojaturismo.com

Santa María la Real

El edificio actual apenas conserva restos de la fábrica primitiva de los siglos XI y XII. Su configuración actual data de los siglos XV y XVI, a la que se añadieron otras dependencias en los siglos siguientes. Pero lo que sí queda en evidencia es su carácter monástico: un gran claustro es la pieza referencial del conjunto, en torno al cual se distribuyen racionalmente todas las dependencias conventuales: iglesia con sacristía, refectorio, sala capitular y portería, junto a otros añadidos de época barroca como el palacio abacial.

El grueso del magnífico templo conventual data de las décadas centrales del siglo XV, finalizándose a comienzos del siglo XVI. Su exterior presenta buenos muros de sillería, con torreones cilíndricos de aspecto defensivo que sustituyen a los contrafuertes de ángulo y se comunican entre sí por un paso de ronda. La fábrica, adosada al claustro, presenta planta de cruz latina con tres naves y cabecera plana, pudiendo apreciarse la evolución de pilares y bóvedas. Sobre los dos primeros tramos de la nave se eleva el coro, construido en 1535, que se abre en un arco escarzano en cuya clave se halla el escudo con las armas de Navarra-Evreux, blasón que se repite en otras partes del conjunto.

Destacan en su interior las imágenes medievales de la Virgen, una sillería del coro tardogótica de espectacular y fina filigrana, los sepulcros reales y un buen conjunto de retablos barrocos y rococós.

Otro de los elementos destacados del conjunto es el Claustro de los Caballeros, un extraordinario ejemplo de la arquitectura protorrenacentista en La Rioja, labrado entre 1516 y 1535. La profusa decoración plateresca se une al nuevo lenguaje ornamental del estilo “romano” a base de candelabros, medallones y grutescos. En los muros se alojan bajo arcosolios diferentes sepulcros de ilustres familias riojanas entre los que destaca el de don Diego López de Haro, señor de Vizcaya y fundador de Bilbao en 1300.

Otras visitas de interés

– Real Capilla y Parroquia de la Santa Cruz.

Se trata de una iglesia de planta de salón, de tres naves con tres tramos de igual altura, crucero y ábside, levantada en el primer tercio del siglo XVII, con añadidos posteriores. Destacan en su interior buenos ejemplos de imaginería y un conjunto de relicarios con los restos de San Prudencio de Armentia, patrono de la ciudad. Está declarada Monumento Nacional. – Convento de Santa Elena.

Habitado por una comunidad de clausura de monjas clarisas, se levantó a lo largo del siglo XVII.

Castillo de la Mota

Ocupa toda la cumbre del cerro de su nombre, dominando la vega baja del Najerilla. Es una fortificación de origen musulmán que fue conquistada en el 923 por Ordoño II y Sancho Garcés I. El castillo cumplió un importante papel político y militar hasta el siglo XVI. En él se alojaron Carlos V y Felipe II en varias de sus visitas a Nájera.

Alcázar

El alcázar se sitúa a media ladera, entre el castillo y el casco urbano. Además de defensa sirvió también como residencia real y palacio ducal, erigido por los duques de Nájera a mediados del siglo XVI. – Museo Arqueológico Najerillense.

El edificio que ocupa el museo formó parte del monasterio de Santa María la Real y estaba unido a él por un paso volado sobre la calle. Se construye en el siglo XVIII como palacio del abad del monasterio. Cárcel del partido y juzgado comarcal, el museo se abrió al público en 2001. Los fondos están integrados básicamente por colecciones de arqueología, etnografía y arte.

San Millán de la Cogolla dista 18 kilómetros de Nájera. Allí se encuentran el monasterio de San Millán de Suso (arriba) y el monasterio de San Millán de Yuso (abajo), ambos declarados  Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 1997.

Gastronomía, comercio y cultura

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La sobriedad arquitectónica y la belleza ornamental se dan la mano en la fachada del Hotel Duques de Nájera, ejemplo de la renovación hostelera experimentada por la ciudad, importante enclave del Camino de Santiago, en los últimos años.a leyenda

Nájera goza del carácter hospitalario y acogedor de sus gentes con los visitantes y peregrinos. “Peregrino en Nájera, ¡¡Najerino!!” es el eslogan que recibe a todos ellos a la entrada del municipio.

La cocina riojana, además de por sus extraordinarios vinos, se caracteriza por la gran calidad de sus productos típicos: las verduras, legumbres, embutidos y carnes de la zona.

La oferta comercial tiene personalidad propia con abundancia de negocios familiares. Los encontrará distribuidos en todo el casco urbano dándose la mayor concentración en la calle Mayor.

En verano, Nájera se convierte en la capital cultural de La Rioja, con el Festival Reino de Nájera (19 al 23 de julio), conciertos programados por la Orden de la Terraza, exposiciones y congresos científicos, como la Semana de Estudios Medievales (del 24 al 28 de julio).

El panteón real

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Las estatuas orantes del rey García y la reina Estefanía presiden el panteón real, remodelado según modelos manieristas en la segunda mitad del siglo XVI.

El panteón real se encuentra ubicado a los pies de la iglesia del monasterio de Santa María la Real. Desde el punto de vista artístico merece especial atención la cubierta del sarcófago de doña Blanca, hija de García Ramírez el Restaurador y mujer de Sancho III el Deseado de Castilla, que puede datarse a mediados del siglo XII.

Bajo el coro se encuentra el panteón real propiamente dicho, cerrado por una ostentosa reja neorrenacestista que imita a la original, trasladada al Museo Arqueológico Nacional. El panteón es obra de la segunda mitad del siglo XVI y está organizado en varios planos y altura que conducen gradualmente a la Santa Cueva. Guarda diez sarcófagos de monarcas navarros. Como avanzadilla, custodian el recinto dos reyes de armas barbados con picas y vestidos a la usanza del siglo XVI con casacas de largas caídas que lucen las armas de Navarra y de los reyes fundadores. En un plano posterior, a ambos lados de la cueva, se sitúan las estatuas orantes de los reyes García y Estefanía. Ambas aparecen sobre elevadas urnas decoradas con las armas de Navarra-Evreux. Las figuras de los reyes se hallan arrodilladas sobre cojines. Todavía se encuentran en su primitivo ámbito diez sepulcros de caja prismática que constituían el segundo orden de sepulturas del panteón, guardándose el primero en la capilla de la Cruz. Los nombres de los sepulcros, algunos de atribución dudosa, son los siguientes: Blanca de Navarra, mujer de Sancho III el Deseado; el infante Ramiro; Blanca, mujer de Sancho; Sancho el Noble, hijo de García; Sancho, hijo de García el Mayor; Clara Urraca, mujer de Sancho; Bernudo III de León; Sancho el Valiente y su mujer Beatriz. Algunos conservan escudos de Navarra y restos de policromía sobre la piedra.

El interior de la cueva está bastante alterado, y sólo permanecen dos de los cuatro sepulcros que albergó originalmente, así como una imagen gótica de la Virgen del Alcázar o de la Rosa, de finales del siglo XIII.

Para saber más

FORTÚN, L.J. (director), Sedes reales de Navarra, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1991. Las páginas 87 a 103 están dedicadas a Nájera y son obra de Margarita Martín.

FORTÚN, L.J. y FLORISTÁN, A., Navarra: Los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008.

MONTERRUBIO DEL POZO, R., Santa María la Real de Nájera, Edilesa, León, 2001.

RAMÍREZ MARTÍNEZ, J.M., Guía histórico-artística Nájera, Anavía, Logroño, 1991.

RUEDA ESTRADA, A., Guía de La Rioja Alta y la Sierra, Peñacorada ediciones, Logroño, 2016.

Ciudades que fueron del Reino. (I) Calahorra

A modo de introducción

Cuando se observa a través de los mapas la evolución de las fronteras de Navarra a lo largo de la historia, sorprende comprobar los vaivenes espaciales del reino de Pamplona en la Alta Edad Media, hasta que poco a poco el territorio va delimitando claramente su espacio, cosa que sucede en torno al año 1200. Desde entonces, solo algunos pequeños cambios alteran los límites de la actual Comunidad Foral. En estos espacios de frontera, sin embargo, se asentaron ciudades importantes que con el paso del tiempo se han convertido en centros comarcales o regionales de sus respectivos territorios. No somos pocos los navarros que las hemos visitado con frecuencia, dada su cercanía y su interés turístico, comercial, cultural o gastronómico. Pero tal vez nos haya pasado desapercibida su vinculación con el reino de Pamplona primero y con el reino de Navarra después. Esa es la pretensión de la presente serie veraniega: recordar la vinculación histórica de cada una de las poblaciones con el antiguo reino de Navarra, sin olvidar la evolución posterior y su huella cultural. Además del aspecto histórico, apartado importante de cada reportaje, se glosarán los aspectos artísticos, turísticos y gastronómicos de especial interés. A ello se añadirá un apartado final “Para saber más” a fin de ampliar las aspectos esbozados.

Aunque no están todas las que son, sí son todas las que conforman la serie. Las poblaciones seleccionadas son, por orden de antigüedad, Calahorra, Nájera, Laguardia, Vitoria, San Sebastián y San Juan de Pie de Puerto. Todas ellas ostentan el título de ciudad a excepción de Laguardia y San Juan de Pie de Puerto, que tienen el título de villas.

No se trata con ello de realizar un ejercicio lastimero de irredentismo político, sino de constatar la evolución histórica de una tierra que constituye una comunidad política diferenciada, sólida y bien trabada, solidaria con las otras regiones de España y firmemente enraizada en la Europa que estamos construyendo. La visita a las ciudades propuestas pretende unir, no separar; conocer, no reivindicar; y ampliar horizontes.

Todas son salidas cómodas, susceptibles de realizarse en un día. Una jornada en la que hay tiempo para todo: ver sus monumentos más representativos, pasear su casco histórico, disfrutar de su gastronomía -excelente en todos los casos- y realizar algunas compras, porque todas son poblaciones en las que el comercio tiene un importante papel. Todas ellas pueden ser disfrutadas en familia, que es una manera óptima de realizar un viaje. Los autores del reportaje, que las han recorrido una vez más, también en familia, para rememorar ambientes y realizar fotos, desean que las disfruten al menos tanto como ellos. Anímense, las tienen todas a la vuelta de la esquina.

Presentación geográfica, económica e histórica

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Vista parcial del casco antiguo de la ciudad desde la orilla del Cidacos, con la catedral en primer término

Calahorra es un municipio de la Comunidad Autónoma de La Rioja, situada en una colina a 358 metros sobre el nivel del mar, en la margen derecha del Ebro y en el tramo final del río Cidacos. Sus tierras limitan al norte con la Comunidad Foral de Navarra, siendo el Ebro la frontera natural que le separa de los municipios de San Adrián y Azagra.

Calahorra es el centro histórico, cultural, comercial, administrativo y religioso de la Rioja Baja, y el segundo municipio de la Comunidad. Es cabeza de partido judicial y sede del obispado de Calahorra, La Calzada y Logroño. A 1 de enero de 2016 su población ascendía a 23.827 habitantes. Calahorra es una ciudad de servicios. Mientras el campo sólo supone el 6% de la afiliación laboral de la ciudad, el sector servicios genera el 60% de los puestos de trabajo y la industria representa poco más del 20%. La producción agrícola se centra principalmente en la horticultura y la verdura. La hostelería y la restauración, con las Jornadas Gastronómicas de la Verdura como elemento estrella, representan sectores en alza.

Desde el Paleolítico Inferior hasta nuestros días, la riqueza histórica de Calahorra es excepcional. Si durante el imperio romano la ciudad de Calagurris destacó como una de las urbes importantes de Hispania, no menos importante es el papel desempeñado por Calahorra como ciudad aglutinadora de asentamientos prerromanos, enclave celtíbero aliada de Sertorio, sede episcopal desde los primeros tiempos del cristianismo o ciudad de frontera en la Edad Media. Una continuidad cuyo resultado es la ciudad moderna que hoy podemos disfrutar.

De la romanización al reino de Pamplona

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La estatua del escritor y retórico Quintiliano, situada delante del ayuntamiento,  preside la ciudad nueva,

En el año 187 a.C., las fuentes clásicas nos hablan de un enfrentamiento que tiene lugar en Calagurris entre celtíberos y romanos, siendo la primera vez que Calahorra aparece en la historia.

El apoyo de la ciudad a Sertorio supuso su destrucción en el 72 a.C y su vinculación a los vascones, aliados de Pompeyo en el conflicto. De ahí que Calagurris sea una de las ciudades vasconas citada numerosas veces en las fuentes literarias, epigráficas y numismáticas de época romana. Pocos años después, el 30 a.C., Octaviano, el futuro Augusto, funda Calagurris Iulia Nassica. La población experimenta un importante y progresivo desarrollo urbanístico, dotándose de los elementos urbanos clásicos en el mundo romano. La presencia del escritor y retórico Quintiliano (siglo I) y del poeta cristiano Prudencio (siglo IV) nos hablan de la intensa romanización de la ciudad.

Tras la caida del imperio romano, los visigodos se hacen progresivamente dueños de la Península Ibérica. Los historiadores admiten un esquema de provincias regidas por un duque y territorios gobernados por un conde. El centro de estos territorios sería una ciudad dotada de sede episcopal, una vez producido el proceso de cristianización. En el territorio de los vascones o en sus proximidades existieron de forma permanente tres diócesis en época visigoda: Pamplona, Calahorra y Tarazona. Estas ciudades pudieron ser también capitales de otros tantos condados, destinados a repartirse el espacio próximo y otros colindantes. Aristócratas y obispos, bajo el patrocinio de los mártires Emeterio y Celedonio, son los verdaderos protagonistas del poder en una Calagurris que seguía utilizando las instituciones romanas de gobierno municipal, al mismo tiempo que se convertía en una prestigiosa sede episcopal.

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El final del Paseo del Mercadal acoge la Matrona, símbolo de la resistencia de la ciudad frente a los invasores

Al sur del territorio o condado de Pamplona, en la línea del Ebro, se situaban los distritos de Calahorra, Tarazona y, tal vez, Ejea. En uno de los dos primeros, con más probabilidad en Calahorra, hay que colocar la sede del conde Casius, que en el 714, tras la invasión de la Península Ibérica por los musulmanes, se convirtió al Islam.

La invasión musulmana modificó el esquema de ordenación del territorio y en la segunda mitad del siglo IX el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes fraccionó el espacio y creó una frontera militar de trazado variable entre unos y otros. El territorio pamplonés sufrió dos líneas de acoso por el sur. Por un lado, tras la fundación de Tudela como ciudad fortificada en el 802, peligraban las llanuras y rebordes meridionales del Arga y el Aragón. Por el otro, desde Calahorra, fuertemente islamizada hasta el punto de que sus obispos abandonan la ciudad y se refugian en Asturias a finales del siglo VIII y principios del IX, se podía controlar con facilidad toda la Ribera estellesa e incluso la cuenca baja del Arga.

La línea que va desde la sierra de Codés hasta la sierra de Peña sirvió para diferenciar el territorio cristiano controlado desde Pamplona del territorio musulmán dirigido desde Calahorra y Tudela. Esta frontera entró en convulsión desde mediados del siglo IX, cuando se rompió la tradicional alianza entre Íñigos y Banu Qasi. Durante el gobierno de Fortún Garcés (882-905) el territorio de Pamplona fue acosado permanentemente por los Banu Qasi, con saldo positivo para estos últimos. Pero la situación cambió en el 905, con el ascenso al poder de un experimentado caudillo, Sancho Garcés I, miembro de la estirpe de los Jimeno, el verdadero creador del reino de Pamplona.

Calahorra en la órbita pamplonesa

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Vista del interior de la catedral de Calahorra, edificio levantado básicamente en el siglo XVI

A partir de 907, los pamploneses pasaron de ser atacados a atacar y conquistar nuevos territorios. Tras el castillo de Monjardín, Sancho Garcés I ocupó el valle del Ega hasta llegar al Ebro, con la vista puesta en la ciudad de Calahorra, que cayó fugazmente en sus manos, juntamente con Arnedo, en el 914, aunque al poco tiempo hubo de replegarse. La primera década de su reinado (905-915) la dedicó a frenar a los Banu Qasi e incorporar parte de Tierra Estella y las riberas del Ega, Arga y Aragón.

La segunda parte de su reinado (914-924), Sancho Garcés I la empleó en la conquista de La Rioja. Después del fugaz intento del 914, una primera campaña con voluntad de conquista permanente de La Rioja tuvo lugar en el 918. Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, saquearon los alrededores de Nájera, pero no consiguieron conquistarla. Tomaron Arnedo y Calahorra y volvieron por el distrito de Tudela a sus bases. Era un éxito parcial y su pervivencia no sería larga, pero había demostrado la debilidad de los Banu Qasi. Una gran expedición lanzada por el emir Abderramán III volvió a dejar las cosas como estaban. Después de recuperar Calahorra y Cárcar, el emir remontó la cuenca del Ega, se adentró en el valle de Guesálaz, y entre Muez y Salinas de Oro, en Valdejunquera, derrotó a los dos reyes cristianos. La Rioja quedó de nuevo en manos musulmanas, pero el efecto de la campaña fue efímero.

En el 923 se produjo una nueva campaña para reconquistar La Rioja. Sancho Garcés I obligó a los Banu Qasi a refugiarse en la fortaleza de Viguera y luego la tomó. Mientras tanto, Ordoño II conquistaba Nájera. Toda la Rioja Alta quedó en manos del rey de Pamplona, que también ocupó Calahorra. Al año siguiente Abderramán III lanzó la “campaña de Pamplona” (924) en la que los ejércitos cordobeses recorrieron todo el reino saqueando cuanto encontraron a su paso, incluida la ciudad de Pamplona. Pero el emir no pudo doblegar el poder del reino pamplonés, ni cambiar sus fronteras. Ni siquiera fue capaz de mantener la plaza de Calahorra. La campaña ratificó la conquista de La Rioja, incorporada toda ella al reino pamplonés, y provocó la destitución y desaparición de los Banu Qasi.

El territorio y las fronteras legadas por Sancho Garcés I se mantuvieron esencialmente estables a lo largo del siglo X, con algunas variantes. La presión del califato de Córdoba contra los reinos cristianos se hizo presente en las fronteras navarras. Cuando murió Abderramán III (961), los reyes cristianos quisieron terminar con el yugo musulmán, pero el nuevo califa, Al-Hakam II, reaccionó con dureza y lanzó una serie de campañas militares. En una de ellas el general Galib recuperó para el califato la plaza de Calahorra (968). Para los pamploneses supuso un fuerte quebranto, pues era la única ciudad episcopal de época romano-visigoda que habían logrado conquistar. Con ella se perdió el valle del Cidacos riojano y quedaba amenazada la Rioja Alta.

La ciudad permaneció en manos musulmanas hasta el año 1045. En las primavera de dicho año, reanudada la reconquista del valle del Ebro, García Sánchez III conquistó Calahorra, la vieja ciudad romana que había pertenecido al reino pamplonés entre 923 y 968. Días después de su toma, el rey y su mujer, Estefanía, hicieron una cuantiosa donación a la catedral de Calahorra para celebrar dicha efemérides.

Poco duró la pertenencia de Calahorra al reino pamplonés. En 1087, Sancho Ramírez y Alfonso VI llegan a un acuerdo. El primero reconoce la incorporación a Castilla de los territorios ocupados por el segundo en 1076, La Rioja, entre otros. A su vez, Alfonso VI reconoce la dignidad real de Sancho Ramírez sin cortapisa alguna, aunque tuvo que prestar vasallaje al rey castellano por un territorio que comprendía el corazón del reino pamplonés, el llamado “condado de Navarra”.

A partir de siglo XII, Calahorra es ciudad fronteriza del reino de Castilla. Su importancia estratégica en la frontera del Ebro marcará en buena medida el interés de los distintos monarcas en la concesión de libertades y franquicias a la ciudad, lo que explica su pujante desarrollo a lo largo de los siglos siguientes.

Patrimonio monumental

Oficina de Turismo

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Convento de carmelitas descalzos, que hoy acoge a la Virgen del Carmen, patrona de la Ribera

Conviene comenzar la visita por la Oficina de Turismo, ubicada en el edificio de Abastos, en la plaza del Raso, corazón del casco histórico. Allí le ofrecerán una completa información y una serie de guías actualizadas sobre los principales monumentos de la ciudad. El mapa incluye también información sobre la historia, museos y monumentos, gastronomía, fiestas y tradiciones, y lugares de recreo y senderismo.

Plaza del Raso. 16

Tf. 941105061

www.ayto-calahorra.es

turismocalahorra@ayto-calahorra.es

Entre los edificios dignos de visitar, sobresalen los siguientes:

Catedral de Santa María y Museo Diocesano

Enclavada en el solar del martirio de los santos patronos de la ciudad, Emeterio y Celedonio, y por eso ubicada en la parte baja de la ciudad, es el monumento más importante de la población. Aunque su origen se remonta a los siglos altomedievales, el edificio actual abarca básicamente los siglos XVI al XVIII.

El Museo Diocesano está ubicado en el claustro plateresco de la catedral y contiene básicamente obras de arte pertenecientes a las iglesias de los pueblos ya desahabitados de la diócesis.

Plaza Cardenal Cascajares s/n

  1. 941130098 – 660098293 – 606523923

http://www.catedral calahorra.org

curiacalahorra@teleline.es

Iglesia de San Andrés

El templo actual es fruto de la ampliación dieciochesca de una iglesia del siglo XVI.

Calle San Andrés s/n

  1. 941130596

sanandrescala@iglesiaenlarioja.org

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Iglesia de Santiago el Real, situada en la plaza del Raso, con torre y fachada de Santos Ángel de Ocandátegui

Iglesia de Santiago el Real

Se trata de una gran iglesia de los siglos XVII y XVIII levantada por los Raón. La fachada y la torre, de fines del siglo XVIII, son obra de Santos Ángel de Ochandátegui. Posee una buena colección de escultura, obra de Diego de Camporredondo. Los tres son maestros con abundante obra en Navarra.

Plaza del Raso, 4

  1. 941130573

santiagocala@iglesiaenlarioja.org

Museo de la romanización

Se trata de un centro abierto en los años ochenta del pasado siglo, que pretende dar a conocer la evolución del mundo prerromano, romano y cristiano de los primeros siglos en Calahorra y en el conjunto de La Rioja.

C/ Ángel Oliván, 8

Tf. 941105063

museo@ayto-calahorra.es

Otros puntos de interés

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La Moza, el rollo jurisdiccional para impartir justicia, todavía perdura al comienzo del paseo de Mercadal

Convento de franciscanos de San Salvador, convento de carmelitas descalzas (monasterio de San José), convento de carmelitas descalzos (santuario de Nuestra Señora del Carmen), humilladero, fuente de los trece caños, palacio episcopal, seminario de Santo Toribio de Mogrovejo, arco del Planillo de San Andrés, la Moza (rollo jurisdiccional en el paseo de Mercadal, junto al ayuntamiento), la Matrona (imagen de la resistencia de la ciudad, al final del paseo de Mercadal)

Para saber más

CINCA, J.L. y GONZÁLEZ, R. (coordinadores). Calahorra, una ciudad para descubrir, Amigos de la historia de Calahorra, Calahorra, 2008.

CINCA, J.L. y GONZÁLEZ, R. (coordinadores). Historia de Calahorra, Amigos de la historia de Calahorra, Calahorra, 2011.

FORTÚN, L.J. y FLORISTÁN, A., Navarra: Los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008.

LLAMAZARES. J., ¡Calahorra, Calahorra…!, en “Las rosas de pìedra, Alfaguara, Madrid, 2008, págs. 334-350. Se trata de una jugosa y personal crónica del novelista sobre la catedral de Calahorra, inserta en un libro sobre las catedrales de España.

TOBÍAS, E. y OTROS, Calahorra en ruta hacia Santiago, Instituto de Estudios Riojanos, Gobierno de La Rioja, Logroño, 1999.