La Huelga General

La huelga es un derecho conquistado con sangre, sudor y lágrimas por la clase trabajadora a lo largo de la historia y materializado en nuestras legislaciones muy recientemente, en los siglos XIX y XX. Es un instrumento poderoso que conlleva costes económicos y riesgos laborales. Y una huelga general es el máximo nivel de esta lucha colectiva, que sólo se justifica en un grave ataque a la clase trabajadora en su conjunto. A lo largo de mi vida he sido muy selectivo con este derecho, que unas veces lo he ejercido, cuando creía que había razones para ello, y otras no.

Hoy, 29 de marzo, está convocada en toda España una huelga general contra la Reforma Laboral auspiciada por el Gobierno del PP. Yo, en mi condición de parlamentario foral, no puedo hacer huelga. Formo parte de una institución básica del Estado, el Parlamento de Navarra, y lo soy en representación de los miles de navarros y navarras que me han votado, entre los cuales intuyo  que hay una mayoría que está a favor de la huelga y un número significativo, que no puedo cuantificar, que está en contra de la misma.

Pero, además de parlamentario foral, soy catedrático de Geografía e Historia del IES Tierra Estella y, por lo tanto, funcionario docente del Gobierno de Navarra. Y en esa condición,  proclamo alto y claro que iría a la huelga si estuviera dando clases en el instituto de Estella, como he hecho en ocasiones anteriores.

¿Cuáles son las razones? Básicamente dos. La primera, por razones estrictamente sociales. La Reforma Laboral prevista me parece un brutal retroceso en la conquista de los derechos sociales conseguidos, tras dura lucha, por la clase trabajadora en su conjunto. La segunda, por razones de solidaridad familiar. A mí no me afectarán mucho las medidas que puedan tomarse, dada mi condición de funcionario próximo a la jubilación. Pero tengo dos hijos en edad laboral, con un apreciable currículo conseguido con el esfuerzo conjunto de ellos mismos, la familia y la sociedad, que tienen unas negras expectativas de empleo y precariedad laboral. Y ante eso, me rebelo en su nombre y en el de los jóvenes que están en la misma o parecida situación.

El derecho a la huelga está recogido en la Constitución española de 1978. Y debe poder ser ejercido en libertad. Lo he predicado siempre, libertad para los que quieran ejercitarlo y libertad para quienes deseen trabajar, al margen de las razones que aduzcan para ello. Si eso se produce, la ciudadanía entera, como sociedad madura y democrática, es la que saldrá ganando.

La Humanidad en la guerra

El Parlamento de Navarra, en línea con la política de apertura a instituciones y colectivos de la sociedad civil, acoge durante estos días una serie de acciones en colaboración con la Cruz Roja de Navarra.

El pasado 21 de marzo se desarrolló un Seminario sobre “La Humanidad en la guerra”, que pretendía contribuir a la promoción y difusión del Derecho Internacional Humanitario (DIH) entre la población navarra. Tras las intervenciones de Alberto Catalán, presidente del Parlamento, y Joaquín Mencos, presidente de la Cruz Roja de Navarra, tomó la palabra José Luis Rodríguez, director del Centro de Estudios de Derecho Internacional Humanitario de Cruz Roja, En una exposición clara y didáctica, ofreció una conferencia en la que abordó la posición del Derecho Internacional Humanitario ante los desafíos armados actuales. La jornada terminó con una mesa redonda bajo el enunciado “Asistencia humanitaria y coordinación de actores”.

Esa misma mañana, se abrió una exposición en el atrio del Parlamento titulada “La Humanidad en la guerra”. Una selección de fotografías visualmente hermosas y emotivamente impactantes sobre los horrores de la guerra, que estoy seguro no dejará indiferente a nadie que pierda/gane un minuto en su contemplación. Junto a las fotografías, una tienda de campaña y los elementos habitualmente utilizados en los planes de ayuda humanitaria en las emergencias bélicas, completan la exposición.

A destacar igualmente, los interesantes folletos que acompañan a una muestra que está abierta en el atrio del Parlamento hasta mediados de abril. Les invito a visitarla, porque merece la pena.

No quiero terminar sin recordar la importante labor de Cruz Roja, aquí y en todos los lugares donde aparece un conflicto o una necesidad perentoria. Una institución que sigue, hoy como ayer, guiada por siete Principios Fundamentales de actuación: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad.

Las Constituciones de España

Una sección como esta, atenta a la actualidad y su incidencia en Navarra, no podía dejar de glosar el aniversario que celebramos el pasado 19 de marzo: los 200 años de la promulgación de la Constitución de 1812. Pero los artículos de Víctor Manuel Arbeloa, Manuel Pulido y Javier Tajadura, publicados en este mismo medio en los últimos días y complementarios entre sí, me eximen de insistir en una cuestión ya suficientemente tratada. Sin embargo, tal vez no sea ocioso remontar un poco el vuelo y trazar un breve panorama de las constituciones habidas en España en los dos últimos siglos.

Dos notas destacan en nuestro azaroso balance constitucional: su temprana aparición en el contexto europeo y su casi permanente inestabilidad. Sorprende saber que, pese a los abusos que representó un absolutismo absorbente y no secularizado, España fue uno de los cinco primeros países del mundo en llegar a poseer una Constitución escrita, tras el camino abierto en 1787 por la Constitución de los Estados Unidos y en 1791 por Francia. Pero esta aparición temprana no fue acompañada, como sucede en el caso de Estados Unidos o Gran Bretaña, por una estabilidad constitucional. Las raíces de esta inestabilidad son variadas, pero podrían resumirse en una doble dicotomía que afecta a dos conceptos-instituciones que definen tradicionalmente nuestra historia como Nación: la monarquía tradicional/nacional y el regionalismo/centralismo. Esto explica en gran parte nuestro constante movimiento pendular constitucional y la orientación de nuestra vida política en la época contemporánea.

Aunque son algunas más las constituciones que suelen considerarse en el elenco, las que han estado vigentes son las siguientes: 1812, 1837, 1845, 1869, 1876, 1931 y 1978. De este conjunto, las de 1812, 1837, 1869, 1931 y 1978 se califican como progresistas, y las de 1845 y 1876 como conservadoras. Puesto que no es posible hacer referencia a todas, permítanme una breve glosa de algunas de ellas.

La Constitución de 1812 presenta las siguientes características: reconoce el principio de soberanía nacional, la división de poderes, aunque de forma aminorada, y el principio representativo: los diputados son elegidos por sufragio universal, dentro del concepto restringido y masculino y mediante una técnica de voto indirecto. Estos principios enunciados en Cádiz impregnarán todas las constituciones progresistas.

La Constitución de 1845 cambia el signo ideológico progresista del 12 y del 37 por el conservador. Desaparece la soberanía nacional, la religión católica pasa a ser oficial, se recortan algunos derechos y libertades, se restringe  el derecho de sufragio y se reducen las competencias de los ayuntamientos.

Tras la experiencia del sexenio revolucionario, se implanta la Constitución de 1876, claramente conservadora. La soberanía es compartida por el Rey y las Cortes, el sufragio es censitario, se proclama la confesionalidad del Estado y el Rey ve aumentar sus poderes. Todo ello apoyado en un sistema electoral de carácter caciquil.

De nuevo, la Constitución de 1931, que define a España como un “Estado integral”, a medio camino entre el unitario y el federal, subrayará los principios progresistas: soberanía nacional, derechos fundamentales ampliados, unicameralismo, y  aparición de un Tribunal de Garantías Constitucionales.

La Constitución de 1978, actualmente vigente, define a España como una monarquía parlamentaria, con un modelo de descentralización territorial. Aquella historia constitucional que comenzó en Cádiz, ha culminado, por fin, en un modelo constitucionalmente estable, aplicado y con valor jurídico en sí mismo.

De la amplísima bibliografía sobre el tema, recomiendo al lector interesado un título tan breve como instructivo: Jorge de Esteban, Las Constituciones de España, BOE, Madrid, 2000. Sin duda, un buen homenaje a la Pepa en su aniversario.

Diario de Navarra, 22/3/2012

A capella

La expresión “a capella” se utiliza en música para designar a una modalidad de canto, normalmente polifónico, sin acompañamiento instrumental. Es también el nombre del certamen que se celebra desde hace 3 años en la coqueta casa de cultura “María de Maeztu” de Artica, organizada por la Federación de Coros de Navarra y el Ayuntamiento de Berrioplano.

En esta tercera edición, el certamen ha invitado a cuatro coros procedentes de distintos lugares de España: dos de Madrid, Lux Aeterna y Vokalars, uno de Valencia, Concordia, y uno de Gipuzkoa, Oñatiko Ganbara. Por invitación de Carlos Gorricho, coordinador general del evento y presidente de la Federación de Coros de Navarra, he asistido a la gala final, celebrada el 18 de marzo, domingo.

Lo escuchado me ha gustado mucho. Buena la organización, aceptable la concurrencia de espectadores, con presencia nutrida de guipuzcoanos seguidores del coro de Oñate, y magnífico el nivel interpretativo. El coro guipuzcoano, ganador global, ha sonado muy bien y muy empastado. Debo destacar, sobre todo, su juventud unida a su buen oficio. Aitor Biain, su joven director de sólo 27 años, recibió también el premio a la mejor dirección. El coro Vokalars, todas ellas mujeres a excepción de un solo componente masculino, se situó cerca del ganador, obteniendo el primer premio en la modalidad de folklore. Impecables de aspecto, sus interpretaciones resultaron novedosas y de calidad. El tercer lugar global fue para el grupo vocal Concordia. Un coro ajustado, eficaz y globalmente muy solvente. Poco que objetar a un jurado contrastado, compuesto por tres personas muy conocidas en el mundo de la música coral: Javier Busto, Igor Ijurra y Iosu Elberdin.

Sorprende la ausencia de representantes institucionales. Nadie, del departamento de Cultura y apenas presencia de la Cámara foral, pese a que todos los grupos habían sido invitados. La Federación de Coros de Navarra se siente injustamente tratada en la última convocatoria de ayudas en concurrencia pública planteada por la Administración. Y a ese trato se une la indelicadeza de la inasistencia.

El Certamen merece la pena y debe ser apoyado, incluso en épocas de crisis. Pero hay algo que no cuesta nada: el cariño y la presencia. Al menos eso, debería exigirse a quienes tienen en la Cultura no sólo su preocupación, sino también su ocupación.

30 años de Amejoramiento

Parlamentarios e invitados, puestos en pie, escuchan el Himno de las Cortes de Navarra (Diario de Noticias)

Ayer 15 de marzo, se cumplieron, entre la indiferencia popular y los protocolarios actos institucionales, 30 años de la aprobación de la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra, conocida popularmente como Amejoramiento o LORAFNA.

Con ese motivo, el Parlamento celebró un Pleno extraordinario, con intervenciones de todos los grupos, la Presidenta del Gobierno y el Presidente del Parlamento. La tribuna era la de las grandes ocasiones, y en ella se encontraban presentes las personas que representaban a las instituciones más representativas de Navarra y de España en la Comunidad.

No es momento de hacer un detenido examen de las intervenciones de los grupos. Pero, al menos en mi condición de historiador, convendría que determinados portavoces fueran conscientes de que estas intervenciones pasan al Diario de Sesiones y, tal vez un día, esas opiniones serán estudiadas por los historiadores. El Parlamento tiene su liturgia, y algunos días solemnes requieren de liturgias solemnes.

José Miguel Nuin, portavoz de I-E, fiel a su estilo, abogó por el autogobierno, denunció los peligros que se ciernen para el Estado social y apeló a la soñada III república. Ana Beltrán, portavoz del PP,  realizó una intervención enjundiosa que llevaba el sello inequívoco de Jaime Ignacio del Burgo. Una intervención hecha para pasar directamente al Diario de Sesiones. En ella subrayó algunas cuestiones que ya resultan indiscutibles -bilateralidad, inserción en la Constitución, devolución de la soberanía foral, democratización y capacidad de autogobierno- y enumeró las razones para celebrar los 30 años de vigencia. Bakartxo Ruiz, en representación de Bildu, tuvo una intervención claramente crítica  y reivindicativa. Tachó al Amejoramiento de antidemocrático y excluyente. Su objetivo para el inmediato futuro consiste en que Navarra recupere su capacidad de decidir. Igualmente crítico, pero en un tono más reflexivo, se mostró Patxi Zabaleta, portavoz de Nabai. Calificó al Amejoramiento de ley española, no navarra, con una terminología reaccionaria, y apeló a la necesidad de una reforma profunda. Juanjo Lizarbe, portavoz del PSN-PSOE, calificó el periodo de claramente positivo y subrayó la triple condición de la fecha: conmemoración, reivindicación y preocupación por el desempleo, además de rendir tributo a los que lo hicieron posible. Carlos García Adanero, portavoz del grupo mayoritario de UPN, desgranó un discurso menor en el que puso en valor algunos de los artículos del propio Amejoramiento.

La Presidenta del Gobierno de Navarra, cuya presencia en el Parlamento pasa bastante inadvertida, tuvo ayer una excelente oportunidad para hacer balance, fijar objetivos y ejercer la tarea de liderazgo que le es propia. No aprovechó la ocasión como cabía esperar.  Finalmente, Alberto Catalán, Presidente del Parlamento y en su condición de tal, subrayó el papel de la institución, la pluralidad ideológica de la misma y reivindicó la autonomía política de Navarra desde los principios de cooperación y lealtad.

Por la tarde, un concierto conmemorativo cerró la fiesta oficial. La Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Navarra, dirigida por el maestro Vicente Egea, estuvo animada, voluntariosa y, por momentos, musicalmente solvente. Tiene capacidad de mejora, pero lo conseguido no es poco y debe ir a más en las nuevas instalaciones. El hall del Parlamento, una vez más, acogió a autoridades e invitados, en un formato que empieza a ser frecuente. Los aperitivos que normalmente acompañaban a estos actos, afortunadamente han desaparecido. La crisis aprieta y la Cámara, solidaria con la ciudadanía, también se aplica el ajuste.

¿Dónde estaba la ciudadanía? A lo suyo, tratando de sacar adelante esta Navarra a la que nosotros representamos. Aunque la distancia sigue siendo importante, bueno es seguir haciendo esfuerzos por reducirla.

La Ley de Mecenazgo

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El largo pleno del Parlamento de Navarra de los días 8 y 9 de marzo, debatió en el punto 14 del orden del día una moción por la que se instaba al Gobierno de Navarra a elaborar una ley sobre mecenazgo cultural, presentada por el Grupo Popular del Parlamento de Navarra. A esa moción, los grupos de UPN y PSN-PSOE  presentaron una enmienda in voce que fue aceptada por el PP y que literalmente decía lo siguiente: “El Parlamento de Navarra insta al Gobierno de Navarra a que, transcurrido un plazo máximo de tres meses desde la aprobación por las Cortes Generales de la Ley de Mecenazgo, remita a esta Cámara un proyecto de ley que regule esta cuestión en nuestra Comunidad”.

El resultado de la moción fue el siguiente: 31 votos a favor (UPN, PSN y PP), 3 votos en contra (I-E) y 15 abstenciones (Nabai y Bildu). Me sorprendió mucho la actitud  y las razones de los grupos nacionalistas y de IU. No acabo de entender las razones de su reticencia, cuando no su negativa. El mecenazgo es una figura que se abre paso en todo el mundo desarrollado, muy propia de una sociedad culturalmente activa, y que, en ningún caso, supone la desaparición del presupuesto clásico de cultura. Tendremos ocasión de volver sobre este tema, porque la ley de mecenazgo llegará al Parlamento de Navarra más pronto que tarde y el debate más minucioso resulta inevitable.

El argumentario básico de mi intevención ha sido el siguiente: Navarra dispone de un rico patrimonio histórico-artístico, fruto de su historia. Desde 1940, la Institución Príncipe de Viana es el organismo encargado de su protección y una política eficaz y unos presupuestos continuados han hecho posible que este patrimonio esté básicamente salvado.

El concepto de cultura se amplió grandemente en los años ochenta, coincidiendo con la aprobación por las Cortes Generales de la Ley de Patrimonio Histórico Español. A esta ley acompaño varios años después (2002) la Ley de Régimen Fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo. En el caso de Navarra, la Ley Foral de Patrimonio Cultural de Navarra del año 2005 incluyó en los artículos 87, 88, 89 y 90 unos principios generales dedicados al mecenazgo, que se han concretado posteriormente en una serie de beneficios fiscales.

Parece evidente la necesidad de revisión de la norma, tanto en España como en Navarra. En el caso de nuestra Comunidad su necesidad es obligada por tres razones: el descenso progresivo de los presupuestos de Cultura, casi el 40% en los tres últimos años, las nuevas necesidades del sector y la demanda generalizada del sector.

Ante esto, nos encontramos con una doble alternativa: adelantarnos y decidir lo que competencialmente podemos hacer, que era la propuesta inicial del PP, o dada la inmediatez y la coyuntura económica, esperar una normativa estatal y proceder posteriormente a aprobar la ley foral, mejorando los porcentajes como es práctica habitual en nuestra administración.

Como partido, hemos optado por la segunda opción: creemos necesaria una nueva ley, consideramos pertinente una norma general y, caso de que se retrase la norma estatal, consideramos oportuno el envío de una norma propia que debería aprobar el Parlamento en la primera mitad de 2013.

Puedes seguir el debate parlamentario en el siguiente enlace:

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Centenario de Sabicas

Que Agustín Castellón Campos, Sabicas, nació en la calle Mañueta de Pamplona en 1912, en una familia de gitanos ambulantes, parece cosa cierta. Menos seguridad tenemos, en línea con el aura que rodea a su raza, con la fecha de su nacimiento. Aunque oficialmente consta en su lápida el día 16 de marzo, Wikipedia recoge el 18 y la crónica que siguió a su muerte hablaba del 15 de febrero. En todo caso, días antes o después, nos encontramos en el centenario de su nacimiento.

La peculiaridad de un gitano navarro, máxima figura del flamenco en su faceta de guitarrista, no ha dejado de ser una rara excepción. Lo fue entonces, cuando en compañía de Carmen Amaya recorrió los principales escenarios de España y América, envuelto el flamenco en los oropeles de un régimen que lo utilizaba como marca tópica de un país supuestamente diferente, y lo es hoy, cuando este mismo flamenco, revalorizado y depurado, ha adquirido el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Una distinción que nuestro Sabicas, con su universalidad y maestría, ayudó a cimentar.

Casi ninguno de nosotros había oído tocar a Sabicas, pero sí habíamos oído hablar elogiosamente de él. Nos llegaban noticias de sus viajes y de su vida en Nueva York, donde el dinero pasaba de la guitarra al juego con prodigalidad y rapidez. Sabíamos del respeto que le profesaban las nuevas generaciones, en su triple dimensión de cante, toque y baile, por lo inimitable de su estilo y lo irrepetible de su guitarra. Y tuvimos noticia de premios y homenajes varios.

No fue mucha su relación con Navarra, pese a que siempre la tuvo en su memoria. A comienzos de la democracia, la Pamplona del alcalde Balduz le rindió un emotivo homenaje en el Gayarre, que todavía recuerdan emocionados sus pocos pero buenos aficionados navarros.

Con la decadencia física, llegó la decrepitud y la nostalgia. Tuve la oportunidad de visitarlo, juntamente con el entonces consejero Carlos Artundo, en un viaje que por razones distintas realizamos a Nueva York en 1989. Elevado a mito del flamenco, se trataba de tantear la posibilidad de un gran homenaje y la vuelta a su tierra. Nos encontramos con un anciano desvalido que traslucía penuria y abandono. No pudimos acceder a su apartamento, y la conversación, amable pero huidiza, tuvo lugar en la planta baja del bloque donde habitaba. Volvió al año siguiente en un enorme ataúd, acompañado de su ex-mujer y su hijo. Sabedores de su muerte y de su deseo final, el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona decidieron repatriar su cadáver y enterrarlo entre los suyos. A hombros de la comunidad gitana y en medio de la expectación ciudadana, recorrió el tramo entre el ayuntamiento y San Cernin y su “duelo de campanas” lo acompañó al nicho en el que reposa en Berichitos. Todavía hoy, alguna flor fresca dejada por sus admiradores acompaña su espera.

¿Y qué nos deparará el centenario? Un grupo de amigos, coordinados por Ricardo Hernández, gitano infatigable y luchador, nos reunimos el otro día a comer y departir sobre su figura. Éramos un grupo variopinto: autoridades forales y municipales, funcionarios que trabajan con la comunidad gitana, personas que lo conocimos, aficionados que lo admiraron, y artistas navarros que nos deleitaron con su arte. Allí se desgranaron ideas y buenas intenciones. Como aportación al centenario me permito sugerir una iniciativa asumible incluso en tiempo de crisis: montar un memorial Sabicas de periodicidad bienal o trienal que, al igual que sucede con los concursos Sarasate y Gayarre, reúna a las jóvenes promesas que destaquen en la guitarra flamenca. El auditorio del Conservatorio Superior, espléndido y poco utilizado, sería el sitio idóneo para ello. ¡Que suene la guitarra! Mientras esto suceda, Sabicas estará con nosotros.

Diario de Navarra, 8/3/2012