Atravesé las Bardenas

Bardenas

Portada del libro

 

Acaba de salir al mercado “Atravesé las Bardenas”, la última novela de Eduardo Gil Vera. Dados el autor, nació en Tudela, y el título, de tanta raigambre navarra, tomé el texto de poco más de 100 páginas de la estantería de novedades de la biblioteca pública de Estella y lo he leido con gusto estas últimas tardes. El autor, traductor y buen conocedor de la literatura griega y romana, lo encabeza con unas cita tomada de Heráclito: “Uno vale por 10.000 si es el mejor”.

La historia, toda una alegoría, no es precisamente ni grandilocuente ni referida a vencedores. En 1956, pasado ya lo peor de la posguerra, el señor Yaben, un ingeniero del Instituto Nacional de Colonización, idea un pueblo de colonización que construirán y habitarán presos en una inhóspita zona de las Bardenas. El proyecto no solo servirá para que los reos rediman sus condenas, sino que además los convertirá en colonos sin el componente del origen carcelario, justo lo que sucedió con algunos pueblos existentes en la zona: Gabarderal, San Isidro del Pinar o Figarol, por citar los tres más conocidos.

Dámaso Torrentera, nombre del protagonista, así llamado por el cura del hospicio de Calatayud que lo bautizó por haber nacido el día del santo y haber sido encontrado en una torrentera, fue aprendiz de soguero, repartidor de la leche de Cáritas en el hospicio de Calatayud, interno del reformatorio y aprendiz en el canal de Tauste. Era un mozo de ojos grandes y oscuros, tez sonrosada y expresión seria, cuando el señor Yaben lo llamó y lo hizo el jefe del grupo. Precisamente a él, al que su justicia y rectitud no le habían deparado sino malas consecuencias, porque fue condenado por ayudar a un compañero tratado injustamente por el capataz, mutilado de guerra, con la mala fortuna de morir en el canal tras el empujón propinado por Dámaso.

La realización de esta utópica población, que tendría todos los elementos de un pueblo moderno, incluida una plaza de toros, es una alegoría de la naturaleza de los sueños humanos, y permite al autor ahondar en las contradicciones de la condición humana en toda su desnudez. Con una idea añadida, el texto tiene un aire de fábula con tintes bíblicos.

Dividida en tres capítulos que tienen título de jota bardenera: aunque nevaba y llovía, pero cómo te iba a ver, me pareció primavera, el texto está bien compuesto, se lee con gusto y presenta un fresco de perdedores dotados de sentimientos, buen corazón y solidaridad grupal. Una novela que he leído con interés y agrado.

Ficha bibliográfica: GIL VERA, E., Atravesé las Bardenas, Acantilado, Barcelona, 2017.

Anuncios

En torno a los panteones reales de Navarra

Lescar

Lápida en bronce de la catedral de Lescar

En 1991, el Gobierno de Navarra editó un libro institucional titulado “Sedes reales de Navarra”, en el que colaboraron un buen elenco de prestigiosos historiadores, dirigidos por Luis Javier Fortún. El texto pretendía ofrecer una exposición sistemática de la huella histórica y artística que el Reino de Navarra ha dejado en las ciudades y lugares que albergaron la sede de sus monarcas o los panteones regios durante los siete siglos en los que Navarra fue reino independiente. Pese a los años transcurridos, el texto, profusamente ilustrado y bellamente editado, sigue conservando el interés de antaño.

La parte tercera del texto está dedicada a los panteones regios. Fruto de su rica y azarosa historia, los restos de los monarcas se encuentran dispersos por distintos lugares. Pese a las reducidas dimensiones del reino, sorprende la larga lista de panteones reales: Leire, Monjardín, Oña, Nájera, San Juan de la Peña, Huesca, Pamplona, Roncesvalles, Saint Denis, Ujué, Santa María de Nieva, Poblet y Lescar.

El mausoleo regio es una constante de civilizaciones y pueblos distintos. Se trataba no solo de contener los restos mortales de los monarcas, sino de convertir a los mismos en foco de atención y punto de referencia para los súbditos. El lugar unía intereses religiosos y políticos y tendía a ser el mismo para toda la dinastía, a fin de convertirlo en un símbolo visible de la misma. Los casos de Leire y Pamplona, por señalar los dos panteones más ilustres, son los más representativos.

Leire es un curioso caso de mausoleo itinerante, que acogió a personajes de la familia real durante los siglos IX, X y XI. A raíz de la desamortización de Mendizábal, los restos han estado en un arcón de madera en Yesa, en dos ocasiones; de nuevo en el monasterio en un ataúd marmóreo “bizantino”; y finalmente en una arqueta de madera situada en un arcosolio del muro norte de la iglesia. Una placa de bronce describe los nombres de los monarcas cuyos restos contiene el arca.

El panteón de la catedral de Santa María de Pamplona es el más importante de la monarquía navarra. A partir de 1134, con García Ramírez el Restaurador, se convirtió en el panteón habitual de los soberanos navarros, que manifestaron su deseo de reposar en el mismo lugar donde habían recibido la unción y coronación real. El hundimiento de la catedral en 1390 hizo desaparecer casi todos los sepulcros previos a Carlos III. Hoy el mausoleo por excelencia es el de Carlos III y doña Leonor, obra maestra del llamado gótico borgoñón, labrado por el maestro Jean Lome entre 1413 y 1419. A sus pies, una lápida instalada en 1903, recuerda los numerosos miembros enterrados bajo el mausoleo, correspondientes a las dinastías reales de los siglos XII al XV.

Tienen también carácter colectivo, aunque en menor número, los panteones de Nájera (García Sánchez III el de Nájera, 1035-1054 y Sancho Garcés IV el de Peñalén, 1054-1076); San Juan de la Peña (Sancho Ramírez, desde 1076 rey de Pamplona y su hijo y sucesor Pedro I, 1094-1104); y Saint-Denis, a las afueras de París (dinastía Capeta, reyes de Francia y de Navarra entre 1274 y 1349).

En algunos casos, fueron los propios monarcas quienes eligieron un destino peculiar, normalmente por razones afectivas. A ese modelo responden los casos de Monjardín (Sancho Garcés I, 905-925 y García Sánchez I, 925-970); Oña (Sancho el Mayor, 1000-1035); Huesca (Alfonso el Batallador, enterrado en 1134 en el castillo de Montearagón, hoy en San Pedro el Viejo); Roncesvalles (Sancho VII el Fuerte, 1192-1234); y Ujué (corazón de Carlos II, 1350-1387);Pero no siempre pudieron ser respetados los designios reales, debido a la coyuntura política de cada momento. De ahí la existencia de sepulcros aislados, situados en lugares inicialmente no previstos. Es el caso de Santa María de Nieva (Blanca de Navarra, 1425-1441); Poblet (Carlos Príncipe de Viana, muerto en 1461 y Juan II, rey de Navarra y Aragón, muerto en 1479); y Lescar (Francisco Febo, Juan de Albret y Catalina, todos en la segunda mitad del siglo XV y primeros años del siglo XVI).

El pasado 5 de junio, en el marco de un viaje de estudios al sur de Francia con mis alumnos del Aula de la Experiencia de la UPNA y Los Arcos, del que les hablaré en la próxima entrega, nuestra primera parada fue Lescar, pequeña localidad situada cerca de Pau, en el Bearne. Su catedral románica posee un valor artístico indiscutible, pero para los navarros, monárquicos o no, tiene un evidente valor sentimental. En el presbiterio, una modesta placa de bronce señala: “Aquí están inhumados los reyes de Navarra de la familia Foix-Bearn”. También ellos pidieron en su testamento ser enterrados en la catedral de Pamplona, pero los avatares políticos lo impidieron. Afortunadamente, una iniciativa presentada hace unos años por Bildu en el Parlamento de Navarra, más política que histórica, pidiendo su vuelta, no prosperó. Allí reposan en paz. Pero si ustedes pueden acercarse, merece la pena hacerlo. En el recinto, sentirán el latido su historia.

Diario de Navarra, 22/6/2017

 

Viaje a Sicilia. La quintaesencia clásica (V)

Tras algunos problemas de intendencia, recupero el relato del viaje a Sicilia que dejé interrumpido en el mes de marzo.

IMG_0418[1]

Vista del teatro griego de Siracusa

El viaje de Catania a Siracusa es un compendio de las bellezas de la isla. El mar, siempre el mar azul, a uno de los lados. Al otro lado, la mole del Etna en todas sus expresiones: entre nubes, con nieve en la cumbre, limpio o con fumarolas, según horas y condiciones meteorológicas. Y en medio, un territorio feraz, que en el tramo que nos ocupa abarca la buena agricultura mediterránea, sobre todo naranjos.

IMG_0432[1]

Entrada a la Oreja de Dionisio

Siracusa es, sobre todo, la presencia griega en la isla. El primer monumento visitado es el teatro, excavado en la roca de la colina con todos los elementos perfectamente visibles. Las fotos se suceden por doquier, ¿quién puede resistirse a inmortalizar su imagen en el espacio que conoció la interpretación de tragedias griegas, comedias romanas y espectáculos variados durante ocho siglos, hasta que la prohibición a finales del Imperio Romano acabó con todo tipo de espectáculos.

En la misma cantera rocosa se encuentra otra sorpresa de la ciudad, la llamada Oreja de Dionisio, un espacio natural utilizado como cárcel en determinadas épocas. El grupo no se resiste a experimentar su sonido natural y entona una melodía tradicional que suena muy bien entre el eco y la inmensidad del espacio.

IMG_0437[1]

Restos de edificios de época griega en Ortigia

De los aledaños de la ciudad griega, dejando a un lado el moderno santuario de la Virgen de las Lágrimas, pasamos a la isla de Ortigia, verdadero corazón de Siracusa. Toda ella es un monumento, pero la palma se la lleva la catedral. He ahí un ejemplo de continuidad cultural de un edificio que se levantó como templo dórico en el siglo V a.C. y que, tras las adaptaciones propias de cada etapa, ha devenido en un conjunto dórico empotrado en un hermoso cascarón barroco.

IMG_0444[1]

Vista de las columnas dóricas en el exterior de la catedral de Siracusa

Las columnas dóricas, con su friso y su arquitrabe todavía visibles, articulan el exterior e interior de una manera sorprendente. La gran portada barroca añade exotismo a la construcción y una hermosa interpretación de la columna en la articulación de la fachada. La plaza de la catedral probablemente deba añadirla a ese elenco de plazas que a veces cito como especialmente representativas. Completan el conjunto el palacio arzobispal, la iglesia del fondo y una serie de palacios hoy convertidos en veladores y restaurantes.

 

IMG_0452[1]

Vista de las columnas dóricas en el interior

Recorremos a pie la isla de Ortigia para buscar el restaurante para la comida, que se encuentra enclavado en una callejuela con encanto. Su nombre, Ostrería de Mariano, nos remite a los restaurantes familiares tradicionales, con un menú aceptable.

IMG_0449[1]

Vista de la fachada barroca de la catedral de Siracusa

Tras la comida tenemos un rato para pasear por el entorno marítimo, particularmente hermoso. El paseo marítimo dispone de unos gigantescos ficus, que sorprenden por su porte y elegancia.

La vuelta a Catania nos sigue deparando buenos paisajes, entre ellos la perspectiva del Etna, ya con la luz cambiante del atardecer. Y a esa hora en la que el sol enciende las fachadas e ilumina torres y estatuas, llegamos a Catania, la gran urbe del sur de la isla.

IMG_0474[1]

Vista de la fachada barroca de la catedral de Catania

La plaza de la catedral es el punto de encuentro. De nuevo, el barroco siciliano se hace presente, en este caso con el color oscuro de la piedra basáltica que lo caracteriza. El elefante con su columna a cuestas, emblema y símbolo de la ciudad, nos reúne junto a un espacio jovial y animado.

 

IMG_0476[1]

Vista de la plaza mayor de Catania con el ayuntamiento al fondo

Pero la ciudad ofrece mucho en un espacio acotado. La tumba de su hijo más ilustre, Vincenzo Bellini, al que está dedicado también el teatro de ópera, ocupa la primera de nuestras visitas. Sus iglesias son abundantes y ricas, barrocas en su mayor parte. Sus palacios, también barrocos y que sin exagerar pueden contarse por docenas, nos hablan de su antiguo esplendor, aunque buena parte de ellos necesitan alguno más que una buena mano de pintura. Y también, como sorpresa adicional, sus fiestas religioso-festivas.

 

IMG_0482[1]

Tumba de Vincenzo Bellini en la catedral de Catania

Es 24 de enero y dentro de unos días se celebrará Santa Águeda, patrona de la ciudad. La calle principal, la vía Etnea, está cortada porque una estructura a modo de baldaquino, a mitad de camino entre paso procesional y templete gastronómico, es llevada en andas por unos jóvenes entunicados que procesionan acompañados de una banda de música más profana que religiosa.

 

IMG_0487[1]

Vista de la procesión cívica en honor de Santa Águeda

De nuevo la expresión religiosa mediterránea aparece en una de sus características representaciones. Es casi de noche, pero no queremos privarnos de un paseo por una de las colinas adyacentes al centro de la ciudad, dedicada a albergar los colegios y conventos masculinos y femeninos que se levantan en la urbe tras la última erupción del Etna. Da la impresión de que se ha producido una verdadera competición entre las órdenes religiosas y sus donantes para levantar el edificio más amplio y lujoso. Un reto entonces, y un reto ahora para encontrar financiación y nuevos usos a un patrimonio desbordante.

 

Catania, estoy seguro, ofrece mucho más, pero la noche se ha echado encima. Tomamos una cerveza al aire libre en una de las concurridas cafeterías de la calle principal. Es una noche fresquita pero agradable, no en vano estamos en enero.

IMG_0489[1]

Exterior de uno de los conventos situados en la colina

Un día sin duda intenso, del arte clásico al barroco. En una y en otra época, Sicilia parece encontrarse como pez en el agua. Y Catania, la resurrecta nueve veces, quiere unirse a la fiesta. Nada ha podido con ella, ni la naturaleza, ni la mafia, ni la mala praxis política. El futuro no lo tiene fácil, pero con estos antecedentes uno no puede ser pesimista.

 

Una tendencia preocupante

Salesinaos2

Vista aérea del colegio actual

Aunque no exenta de borrones, la morfología urbana de Pamplona es ordinariamente definida como equilibrada, bien articulada y de una calidad más que aceptable. Hasta comienzos del siglo XX, la ciudad apenas experimentó variaciones significativas respecto del modelo medieval, caracterizado por casas de planta rectangular, largas y profundas, con la fachada estrecha, una tipología gótica que perdurará a través de los años. Las murallas, en los siglos XVI y XVII, los palacios urbanos en el siglo XVIII, y la creación de infraestructuras y equipamientos ciudadanos en el XIX, marcarán los hitos básicos de su desarrollo y evolución. Es a comienzos del siglo XX cuando la ciudad experimenta el tirón definitivo que le dará el aspecto que hoy presenta.

La primera etapa de este siglo corresponde a la época de los Ensanches, con pequeñas experiencias de ciudad jardín, vivienda barata o monumentalismo de posguerra. La segunda etapa, que se inicia con el Plan General de Ordenación Urbana de 1957, nos trajo la eclosión de los principios del Movimiento Moderno, con mejor o peor fortuna. La tercera etapa comienza en la década de los setenta, y sus manifestaciones se podrían sintetizar en la recuperación de formas y teorías que la repetición de la herencia del Movimiento Moderno había soslayado. La cuarta etapa se concreta en una expansión de la comarca de Pamplona que no tiene precedentes, con actuaciones dispares como Mendillorri, Sarriguren, Ezcaba, Buztintxuri o Ripagaina, además de otros desarrollos de ciudad extendida en diferentes puntos de la comarca. El balance, en palabras de José María Ordeig y Laura Rives, podría ser el siguiente: “En definitiva, tenemos una ciudad que muchos visitantes envidian. Estamos creciendo, para bien o para mal, como nunca hacia la Comarca. Hay un buen hacer profesional a nivel de diseño y podemos, además, realizar una reflexión teórica sobre el particular con el apoyo académico. Falta quizá una mayor toma de conciencia de lo que significa el salto comarcal, a la luz de los parámetros actuales. Pero Pamplona, durante todo el siglo XX ha tenido recursos suficientes para acometer los nuevos retos y planteamientos urbanísticos que se le presentaron”.

En este panorama que podríamos denominar, sin ánimo peyorativo, de “aurea mediocritas”, se han sucedido las polémicas urbanísticas. La última a la que estamos asistiendo es la correspondiente al Plan Salesianos, que básicamente consiste en la construcción en el extrarradio pamplonés de un nuevo centro educativo adaptado al siglo XXI, pagado básicamente con las plusvalías generadas por la venta de la parcela, lo que implica necesariamente, para que la operación sea viable, la aparición de unas torres que rompen la relativamente armoniosa línea de los ensanches.

La polémica ha suscitado un jugoso debate en este mismo medio: por un lado, acreditados arquitectos partidarios y detractores del plan; por otro, articulistas que aducen argumentos educativos y urbanísticos para mostrarse a favor o en contra del proyecto. Sin duda, todos tienen su parte de razón. Permítanme, por tanto, que yo exprese la mía, abordando un punto de vista complementario que no ha aparecido todavía en el debate.

Salesianos1

Simulación de las nuevas torres en el terreno ocupado por el colegio

La ciudad, a lo largo del siglo XX, ha acumulado en su recinto urbano una serie de centros educativos, normalmente vinculados a órdenes religiosas, que han desarrollado un importante papel en la formación de las clases medias y populares. Algunos de estos centros se han quedado obsoletos y con demasiada alegría y poca reflexión, en algunos casos previo pelotazo urbanístico, han sido desplazados a la periferia. ¿Qué ha perdido la ciudad? Mucho, especialmente la ciudad central, envejecida y con poco tránsito infantil y juvenil. El colegio servía al barrio, daba vida, hacía ciudad y articulaba la trama ciudadana. El nuevo colegio periférico es menos ciudadano, no tiene vínculo con la ciudad y a la postre es mucho más caro y menos ecológico, dado que casi todos los alumnos deben ser transportados. Y esto, no un día, sino todos los días del año y todos los años de vida del centro, que se cuentan por décadas. El ejemplo de maristas o el nuevo colegio Izaga, son buenos ejemplos de esta tipología.

Hecha esta reflexión, aunque mi propuesta ya no sea factible, me atrevo a verbalizarla: Salesianos debería quedarse donde está. Y dada su contribución innegable al desarrollo de la educación en Navarra, debería de recibir las ayudas necesarias para que el nuevo proyecto, racional y medido, fuera factible. Eso sí, inserto dentro de la planificación general de la enseñanza que corresponde a la administración. Creo que la educación, la ciudad y el ecosistema urbano saldrían ganando. Y si no es posible hacerlo, que sirva al menos de reflexión para otros casos futuros que, sin duda, se presentarán.

Diario de Navarra, 8/6/2017

 

Me rindo

2666

Ahora que dispongo de más tiempo, he decidido intentar la lectura de algunos autores, que hasta ahora no me había sido posible abordar, sobre todo por su dificultad de escritura. He tenido en las últimas semanas en mi mesilla de noche, modo ebook, la titulada 2666.

2666 es una novela póstuma del escritor chileno Roberto Bolaño( 1953-2003) publicada en el año 2004. Consta de cinco partes que el autor, por razones económicas, planeó publicar como cinco libros independientes para asegurar así, en caso de fallecimiento, el futuro de sus hijos. No obstante, tras su muerte, los herederos ponderaron el valor literario y decidieron editarla como una única novela. La decisión la tomaron junto con su editor, Jorge Herralde, y el crítico literario, Ignacio Echeverría, que revisó y preparó para su publicación los manuscritos del autor.

Gran parte de la acción de los cinco libros transcurre en la ciudad ficticia de Santa Teresa, que se ha identificado con Ciudad Juárez. La primera parte se titula La parte de los críticos, y los personajes principales son el francés Jean-Claude Pelletier, el italiano Piero Morini, el español Manuel Espinoza y la inglesa Liz Norton, profesores de literatura que se embarcan en la búsqueda del escritor alemán Benno von Archimboldi. En La parte de Amalfitano el personaje principal es Óscar Amalfitano, un profesor chileno que se trasladó a Santa Teresa desde Barcelona junto con su hija para dar clases en la universidad de dicha ciudad. En La parte de Fate, un periodista estadounidense, Quincy Williams, cuyo apodo es Fate, debido al fallecimiento de un compañero se desplaza a la ciudad mencionada a cubrir la noticia de un combate de boxeo. La cuarta parte se titula La parte de los crímenes y describe los asesinatos de mujeres acontecidos en la ciudad de Santa Teresa, junto con las investigaciones que se llevan a cabo y que normalmente no arrojan ningún resultado. La novela finaliza con La parte de Archimboldi, donde se narra la vida del escritor Benno von Archimboldi, y los intentos de su hermana para sacar al hijo de esta de la prisión de Santa Teresa. El nexo de todas las partes de la novela parece ser los asesinatos de las mujeres en Santa Teresa.

Después de esta pequeña síntesis, tomada de Wikipedia, y de los premios obtenidos, lo lógico hubiera sido que disfrutara del texto. No me ha sido posible. Funcionaba como un somnífero, una vez que lo cogía en la mesilla de noche. No ha sido el ambiente adecuado, me dije optimista. Y comencé uno recientemente editado, titulado “El espíritu de la ciencia ficción”. El resultado no ha sido mejor. No he podido pasar de la página 50, sin que pueda resumirles su contenido, porque apenas me he enterado de nada.

Por eso, desisto. Me rindo. Lamentablemente, para mí Bolaño, por supuesto que desde el respeto, siempre será un escritor maldito.

BOLAÑO, R., 2666, Anagrama, Barcelona, 2004.

Universitarios navarros en la Edad Moderna

Distritos

Mapa universitario español durante buena parte del siglo XX

En nuestra entrega anterior, dejamos a los escasos universitarios navarros de la Edad Media acogidos a los “erasmus” de la época, básicamente el patrocinio real o clerical, en algunas de las más prestigiosas universidades europeas: París, Toulouse, Avignon, Salamanca o Bolonia. A fin de completar el panorama, echaremos hoy una mirada sobre el periodo siguiente, el de la Edad Moderna, hasta llegar al momento de la creación de la Universidad Pública de Navarra en 1987.

Los intentos de creación de una universidad pública en el territorio se suceden también en estos siglos. A lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, las cortes de Navarra abordaron temas relacionados con la cuestión universitaria en 151 ocasiones, de las cuales 28 fueron acuerdos de creación, 19 discusiones sobre la financiación y 54 referidos al acceso de navarros a los colegios mayores, sobre todo a los de Alcalá. Se crearon además dos universidades dependientes de instituciones religiosas: La Universidad benedictina de Iratxe y la Universidad dominicana de Santiago en Pamplona.

¿Dónde estudiaban nuestros universitarios y quiénes eran? La respuesta, en síntesis, podría ser la siguiente: Nuestros universitarios, religiosos, clérigos seculares o laicos, vinculados tradicionalmente a las universidades francesas, vuelven poco a poco sus ojos hacia las universidades peninsulares, especialmente las situadas en Castilla, sobre todo Alcalá, Salamanca y Valladolid.

El procedimiento ordinario de entrada lo constituyen los colegios menores y mayores, primer paso y medio principal para poder conseguir más adelante distintos cargos de relevancia en la alta administración civil y eclesiástica castellana, ya que gran parte de las plazas se surtía con gente procedente de tales centros de enseñanza. Como ejemplo, de los 47 ingresados en el colegio de Santa Cruz de Valladolid, 22 fueron catedráticos de la Universidad de Valladolid; 14 desempeñaron cargos en audiencias y chancillerías; 1 fue médico del emperador Carlos; 7 estuvieron vinculados a la inquisición; 3 fueron obispos; 1, arzobispo; y además, 9 fueron miembros del Consejo de Navarra. En conjunto, Navarra aportó un número de estudiantes a las universidades castellanas superior al conjunto de aragoneses, catalanes y valencianos, si bien es cierto que los tres territorios tenían universidades propias.

En el siglo XVIII, la progresiva decadencia y desprestigio de las universidades hizo que el número de estudiantes descendiera de forma significativa, incluso en las de mayor rango y solera. Las universidades dejan paso a nuevas instituciones educativas y culturales que preparan y sostienen a la selecta minoría que domina los ámbitos económicos y culturales. La simbiosis de unos y de otros, hará posible la “hora navarra” del siglo XVIII, con la presencia de minorías selectas e influyentes de navarros en la corte madrileña, que ya tenemos acreditada a finales del siglo XVII.

En el siglo XIX, los intentos de creación de una universidad pública se suceden y a los de las cortes de Navarra del primer tercio del siglo, se unen los de la Universidad Vasco-Navarra de 1866 y la Universidad de Navarra del mismo año.

En el siglo XX continúan las iniciativas: La Universidad Vasco-Navarra de 1918; el proyecto de Universidad Católica en Pamplona de 1936; el Estudio General de Navarra (1952), convertido en 1960 en la Universidad Católica de Navarra -nombre oficial del centro creado-; el Centro Asociado de la UNED en Navarra en 1973; y, finalmente, la creación de la Universidad Pública de Navarra en 1987.

¿Y dónde estudian nuestros estudiantes? La tendencia iniciada en el siglo XVI se acentúa y la salida más allá del Pirineo queda reservada a clérigos seculares y religiosos. Toman el relevo, de forma progresiva, la Universidad de Salamanca para los clérigos y religiosos, y para los laicos las universidades centrales que se crean en España con las sucesivas reformas liberales, Madrid y Barcelona especialmente, además de otras universidades del entorno más próximo: Zaragoza, Valladolid, Oviedo, Santiago, a la que, ya en el franquismo, se añadirá la Universidad del País Vasco.

La creación de la Universidad de Navarra, primero, y la Universidad Pública de Navarra, después, a la que se unirá el creciente peso de la UNED, harán que Navarra, en los últimos 25 años, pasé de ser una tierra de emigración universitaria a una tierra de inmigración. Y en este contexto de vuelta a los orígenes, hay que situar el fenómeno Erasmus. Bienidos sean los que salen y bienvenidos los que llegan. No hay mejor forma de hacer honor a la palabra que define a la institución.

Diario de Navarra, 25/5/2017