Balance del 10º Congreso del PSN-PSOE

Los pasados días 21 y 22 de abril, el PSN-PSOE celebró su 10º Congreso Regional con el lema “Por un futuro solidario y sostenible”. El fin de semana fue intenso y significó la culminación de un proceso que se inició hace varios meses con la redacción de la ponencia marco que sirve para el proceso de discusión, la presentación de enmiendas y el respectivo debate en las agrupaciones locales, y la elección de delegados. Un proceso que no suele aparecer en los medios, pero que condiciona decisivamente el desarrollo del congreso mismo.

El PSN-PSOE tiene la buena costumbre de tomarse en serio la elaboración de la ponencia marco y abordar en la misma los grandes temas de actualidad y los objetivos y preocupaciones del partido para los cuatro años siguientes. Esta no suele ser la tónica dominante en otros partidos con presencia en la Comunidad. Y lo digo con conocimiento de causa, porque por razones que no vienen al caso, he sido responsable de su inicial redacción en varios congresos y, en consecuencia, me he visto obligado a estudiar las ponencias de los partidos más significados de nuestra Comunidad.

Un congreso tiene dos misiones fundamentales: elegir al secretario general y a la ejecutiva que va a dirigir la vida del partido en los próximos cuatro años, y enunciar las líneas programáticas de la acción política a desarrollar en el inmediato futuro.

Tras la aprobación de la gestión de la ejecutiva, validada por un 70,9% de los asistentes, la elección del secretario general enfrentó a dos militantes con personalidades recias y distintas: el actual secretario general, Roberto Jiménez, más curtido políticamente y más bregado en las lides partidarias, y Manuel Campillo, un acreditado docente de relativamente reciente afiliación. Sus discursos de presentación destilaron solvencia, conocimiento, principios y compromiso. El duelo fraternal fue un ejemplo de democracia interna que les honra a ellos y al partido en el que militan. El resultado es bien conocido: Roberto Jiménez se alzó con el triunfo, con el 60,5% de los votos y Manuel Campillo obtuvo el 39,4% de la representación. El gesto del segundo, acercándose al primero en el momento de ser proclamado el resultado para felicitarle, resume bien lo que de digno y cabal tiene la confrontación política.

La nueva ejecutiva presenta novedades dignas de mención: un diseño más operativo, con tres grandes áreas de carácter marcadamente político, que coordinarán el trabajo de las distintas secretarías y darán voz propia al partido; una nítida separación entre partido y gobierno, como anunció previamente el secretario general; y una sustancial renovación de sus miembros, con refuerzo de las áreas municipales, comunicación y nuevas tecnologías.

La ponencia fue un eficaz instrumento para la discusión. 662 enmiendas, de distinto calado e intensidad, pretendían modificar en todo o en parte  los contenidos de la misma. Hubo debate, flexibilidad, negociaciones y acuerdos. Y al final, en comisión y en pleno, ni un solo tema relevante dejó de ser debatido y votado. Los grandes ejes permanecen inalterables: compromiso con Navarra y su modelo institucional; apuesta por el acuerdo entre diferentes para garantizar la gobernación de esta tierra; apuesta por la generación de riqueza y la creación de empleo, como principal preocupación; defensa inequívoca del Estado de Bienestar; y búsqueda de cauces para conseguir un partido más abierto y participativo. Pero ha habido incorporaciones significativas: se ratifica el acuerdo de gobierno con UPN, expresamente avalado en sus discursos por Roberto Jiménez y Alfredo Pérez Rubalcaba, pero se fijan con nitidez las líneas rojas que no podrán ser traspasadas; se apuesta por una Navarra en la que, acabado el terrorismo de ETA, el diálogo sin exclusiones entre los partidos sea una realidad; y se refuerza el compromiso del partido con la defensa del Estado del Bienestar, que en buena medida es defensa del autogobierno, frente a los intentos recentralizadores del PP.

El partido ha hablado y es el momento de la unidad, la lealtad y el trabajo en común. Somos un instrumento al servicio de la sociedad. Como señaló nuestro secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, utilizando un símil futbolístico, ha acabado la concentración y ahora empieza el partido de verdad. Esta sociedad nos demanda trabajo, coherencia y responsabilidad. Somos conscientes de que nuestra tarea no es fácil. Nos preocupan más los problemas cotidianos de la ciudadanía que las identidades, que tanto apasionan a la derecha y a los nacionalistas. Y ayudar a paliar la crisis sigue siendo nuestro principal objetivo. A ello nos aprestamos con fuerza y espíritu renovado. Estamos deseosos de incrementar la confianza que un día no lejano nos otorgó la ciudadanía, pero eso será la lógica consecuencia de nuestra acción política. Ser más y hacerlo mejor son nuestros más fervientes deseos. Tenemos tres años por delante para demostrarlo. En todo caso, acompañar a nuestros conciudadanos en la consecución de un futuro solidario y sostenible, como rezaba el lema de nuestro congreso, es ya un privilegio y un honor. Si además conseguimos mejorar las condiciones de vida de algunos de ellos, especialmente de los que más lo necesitan, el esfuerzo habrá merecido la pena.

Diario de Navarra, 26/4/2012

La UPNA cumple 25 años

El próximo sábado, 21 de abril, la UPNA cumplirá 25 años. Con la aprobación por el Parlamento de Navarra de la Ley Foral 8/1987, de Creación de la Universidad Pública de Navarra,  se cerraba un proceso histórico que había comenzado 728 años antes, con la creación del Estudio General de Tudela por Teobaldo II.

Los intentos de dotar a Navarra de una universidad dependiente del poder público se han sucedido a lo largo de los siglos, siendo los más relevantes los protagonizados por el Rey, las Cortes de Navarra y la Diputación Foral. Estamos, en todo caso, en presencia de un proceso intermitente y continuado, que fracasa las más de las veces por razones económicas vinculadas a una financiación deficiente.

La llegada de la transición democrática aceleró los deseos de contar con una institución de enseñanza superior en la Comunidad. Y en un proceso tan rápido como intenso, que abarca no más de 8 años, las tímidas propuestas de los partidos políticos fueron tomando forma hasta concluir en el proyecto definitivamente aprobado.  La propuesta de una universidad pública para Navarra dividió el arco parlamentario en dos bloques nítidamente definidos: el centro izquierda, constituido por el PSN-PSOE y EA, al que en la última etapa se añadió el Grupo Moderado, frente al centro derecha, donde con matices distintos se alinearon UCD, UPN y el Partido Popular. Los primeros, liderados por el PSN-PSOE, eran partidarios claros de la creación de una universidad pública en el territorio, no subordinada a ninguna otra institución existente. Los segundos, favorables también a esa creación en lo formal, fueron reticentes y restrictivos a la hora de formular propuestas o aceptar iniciativas concretas.  El modelo final resultante se concretó en un proyecto de nueva planta, integrador de los centros públicos en funcionamiento, con una oferta inicial no duplicada respecto a la existente, una atención preferente a las áreas técnicas y científico-técnicas, de dimensiones medias, ubicado en un campus único sito en Pamplona, y con una estructura decididamente departamental.

La lectura de la prensa de aquellos días y las declaraciones de algunos responsables políticos nos indican la importancia histórica del acontecimiento. Importancia que, afortunadamente, el paso de los años ha incrementado hasta el punto de que hoy son pocos los navarros que dudan de que la creación de la Universidad Pública de Navarra es uno de los acontecimientos políticos, sociales, educativos y culturales más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Pero lo hasta aquí narrado es sólo la primera parte del proceso. A partir de ese momento comenzó una frenética carrera de condujo a la aparición de un campus de nueva planta en Pamplona, diseñado por Francisco Javier Sáenz de Oiza, el comienzo de las primeras titulaciones, y la consolidación de centros, escuelas y plantillas. Hoy, 25 años después, el balance es razonablemente satisfactorio. El centro ha contado con el apoyo prácticamente unánime de partidos políticos y grupos sociales. El Parlamento, institución que por primera vez en España propició su creación, ha dotado a la institución de una financiación generosa que ha permitido contar con una holgada plantilla de profesorado y personal de administración y servicios, y unas instalaciones modernas que hacen posible  una docencia e investigación -tareas básicas de la institución universitaria-  de calidad. La respuesta de la institución se concreta en más de 20.000 titulados que, en buena parte desarrollan su actividad profesional en Navarra con todo lo que ello comporta, y su conversión en una institución de referencia para la Navarra del presente y del futuro. Por supuesto que ha habido insuficiencias, pero una felicitación de aniversario tal vez no sea el momento oportuno para abordarlas. Sí es, en todo caso, la ocasión propicia para felicitar a todos los que han hecho posible esta feliz realidad.

 Diario de Navarra, 19/4/2012

Tres miradas de Pasión

Hoy es Jueves Santo. Ya sé que en la secularizada Navarra de hoy, esta es una fecha que tiene múltiples resonancias: la festiva, la vacacional, la cultural y la religiosa. Pese a todo, somos muchos, sobre todo los nacidos antes de los sesenta, para los que el Jueves Santo tiene un indudable olor a ropa limpia y religiosidad popular, procesión y hora santa. Y dando un paso más, para los creyentes es el comienzo del Triduo Sacro, que nos llevará, acompañando a Jesús de Nazaret, desde la Última Cena y Getsemaní, pasando por la Pasión y el Gólgota, hasta la noche gloriosa de la Vigilia Pascual.

La pasión y muerte de Jesús han sido objeto de especial predilección para el arte y la música desde hora muy temprana. Dejo al margen la literatura, que merecería un capítulo aparte. En arte, constituye elemento esencial desde los primeros siglos, convirtiéndose en un ciclo obligado desde el románico hasta nuestros días. Algo parecido sucede en música, con el gregoriano jalonando un camino que transitarán después los estilos y movimientos posteriores  También Navarra, en sus modestas proporciones, participa de esta riqueza. No son pocos los ciudadanos que estos días recorren nuestra Comunidad visitando espacios artísticos, básicamente iglesias, y asisten a conciertos de música sacra. Con el ánimo de contribuir a una costumbre que alimenta cuerpo y espíritu, permítanme que les proponga tres miradas que a mí me han gratificado especialmente.

Navarra posee una importante colección de Crucificados medievales, sobre todo góticos. En ellos, el Cristo doliente sustituye a la imagen serena y menos expresiva del románico. A mitad de camino entre unos y otros se encuentra el Cristo de la cruz de Villamayor de Monjardín, guardada en la parroquia del pueblo, fechable hacia el año 1200. Pese a la dificultad del material, la plata, el orfebre alcanzó a representar en el rostro del Crucificado todo el desgarramiento del dolor, el dramatismo y el sentimiento que impregnarán al gótico que se inicia. Si esta visión se desea acompañar con música, pocas piezas encajarán tan bien como el Christus factus est, el gradual de la misa del Jueves Santo, una de las cumbres del canto gregoriano.

El expresivismo renacentista, conforme avanza el siglo, va dando paso  a un desnudo clasicista e idealizado. El mejor ejemplo navarro es, sin duda, el Cristo de la catedral de Pamplona, tallado por Juan de Anchieta hacia 1577. El cuerpo expresa en toda su perfección los tormentos de una Pasión que ha dejado algo de sangre y moraduras en su apolínea belleza. Esa cabeza inclinada en la que se vislumbra con dificultad un rostro triangular de arqueadas cejas, ojos cerrados y expresión rigurosa pero calmada, en acertada frase de García Gaínza, está hecha para rezar y sentir a sus pies. Tampoco tengo mucha duda en la música para acompañar su contemplación: el Oficio de Semana Santa de Tomás Luis de Victoria, la obra cumbre de nuestro mejor polifonista, rigurosamente contemporánea del Cristo de Anchieta.

El barroco es la época de las imágenes y los pasos procesionales. Pero, con ser importante este ámbito, la tercera mirada la reservamos al Crucificado de Alonso Cano, una imagen excepcional venida de fuera, realizada en Madrid hacia 1656, conservada en el colegio de Lekaroz desde 1891 y que actualmente preside la capilla penitencial de la iglesia de San Antonio de Pamplona. Los excesos del barroco, patentes en la imaginería castellana, son sublimados y contenidos en esta obra excepcional. Hermosura corporal y belleza espiritual se unen en una simbiosis perfecta. Todo ello presidido por un rostro sereno que sufre, perdona y redime. Aunque setenta años posterior al Crucificado, la Pasión según San Mateo de Juan Sebastián Bach, que hemos tenido la oportunidad de escuchar esta misma semana en Pamplona, es el complemento perfecto. Pocas veces escultura y música han alcanzado tan alta cima.

Diario de Navarra, 5/4/2012