Eduardo Madina, del aparato a las bases (y III)

MadinaEran las siete treinta de la tarde del lunes 23 de junio, casi ya plena noche de San Juan. El salón de la Casa del Pueblo de Pamplona estaba repleto, con un público más juvenil que el del día anterior. La entrada de Eduardo Madina tuvo algo de cinematográfica. Una música con marcha, desde atrás para poder estrechar manos, micrófono inalámbrico y llegada al estrado entre ovaciones y parte del público puesto en pie.

Las ideas no fueron muy distintas a las de Pedro Sánchez, pero hubo importantes matices. Se reivindicó como un hombre de izquierdas sin complejos, apeló a la situaciòn de congreso extraordinario, pidió la participación directa de los militantes, habló de renovaciòn intergeneracional, reivindicó la unidad de acción, defendió la limitación de mandatos y el principio de una pesona/un cargo, prometíó la rendición de cuentas, pidió pactar “con lo que late fuera”, exigió salir fuera y elegir a los mejores, prometió un programa electoral que se entienda, en el que tenga cabida la reforma constitucional de corte federal, pidió blindar la educación y la salud, avanzar en libertades civiles y ser valientes como nunca.

En el debate, que fue amplio, profundo y sin cortapisas, habló de las renuncias ideológicas que están en el origen de nuestros problemas, antes de las protagonizadas por Zapatero, reiteró la necesidad de conjugar economía y crecimiento y enumeró las reformas clave que propondrá. Pidió crecer para hacer posible un pacto de izquierdas y, respecto a Navarra, prometió más autonomía y mejor coordinación. Reivindicó el papel del PSOE como “productor de convivencia” y apeló a que cualquier cambio que se opere en el sentido de monarquía o república, debe garantizar esa convivencia. Fue nítido respecto a Cataluña, las relaciones Iglesia-Estado (plena aconfesionalidad del espacio público y ruptura educada de los acuerdos) y la corrupción, y pidió la finalización del clientelismo interno y cambios reales en el modelo de partido.

Finalmente, para terminar, enunció un sueño: que España fuera conocida como el país de los profesores, prueba del valor concedido a la educación.

En cuanto a la forma lo encontré más bregado que Sánchez, más suelto en el discurso -no utilizó guión- y con más dominio del escenario.

En cuanto al fondo, es hombre de principios, lecturas e ideas, y se le nota. Me parecióque su poso ideológico era más firme que el Pedro, más rotundos sus juicios y más nítido su lenguaje. Con un punto de populismo en algunos momentos, que no quiso disimular.

Creo que los dos adolecen de un mismo problema. Probablemente, si se les hubiera dado a elegir, los dos hubieron optado por ser candidatos a la presidencia del gobierno y no a secretario general del PSOE. Pero la situación cambiante que hemos vivido, en la que Eduardo Madina ha tenido un papel más activo que Pedro Sáchez, les ha obligado a cambiar de perspectiva. Es conveniente recordar que ambos aspiran a la secretaría general del PSOE, un órgano básicamente interno, aunque con indudable trascendencia pública.

Afortunadamente no tengo todavía el voto definido. Tras escuchar a los dos, veo pros y contras en uno y en otro. Pero tengo una tranquilidad que no tenía la semana pasada. Los dos son personas sólidas y con garantía personal y política. Toca reflexionar.

Una última cuesitón para terminar. !Qué importantes son los percepciones! Eduardo Madina, miembro de la Comisión Ejecutiva Federal y secretario general del grupo parlamentario socialista, se presenta como el candidato de las bases. Y Pedro Sánchez, que no está en la Comisión Ejecutiva ni en el Comité Federal y que es diputado raso al Congreso, pretenden presentarlo como el candidato del aparato. Por una vez, parece que ser amigo de los que mandan no trae buen presagio, y que lo que mola es la base. Algo empieza a cambiar.

Posdata: escribo estas líneas el domingo 29 de junio. Hoy ya es seguro que Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias han superado la barrera del 5% de los avales. Me alegro por Pérez Tapias, del que fui el primer avalista en Navarra, tal como conté en este mismo blog. Ahora queda elegir al secretario general. Es tan importante la decisión, que esta semana pediré en mi partido poder votar en Benicassim, dondes estaré el día 13 asistiendo a un congreso sobre gobernanza universitaria. Todavía tengo algunos días para pensar mi voto, que será para Pedro Sánchez o Eduardo Madina. Cuestión de matices, importantes matices.

 

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Un Corpus más encarnado

CorpusProcesión del Corpus en Pamplona

Como persona amante del arte y de la cultura, siento una gran admiración por la liturgia eclesial, sobre todo en días especialmente solemnes. Y hay pocos a lolargo del año litúrgico que alcancen la simbología y la brillantez del Corpus Christi, sea ésta representada por las grandes procesiones y custodias, caso de Toledo, Granada o Sevilla, o por los más modestos altares y custodias rurales.

Uno de los primeros recuerdos que guardo de niño lo constituye el acompañar a mi padre a recoger en el río hierba verde y aneas para alfombrar nuestro trozo de calle al paso de la custodia eucarística. Una tradición que las vecinas del barrio han mantenido hasta hace un par de años, levantando en nuestra ventana un pequeño altar al que cada una aportaba lo mejor que tenía: el Sagrado Corazón de Jesús, los candelabros, las flores frescas, los tiestos más hermosos, alguna alfombra y los manteles de las “monjillas”. Hasta las campanas de la iglesia conventual han srguido sonando al paso de la procesión, pese a que hace ya una década que la comunidad de concepcionistas dejó el pueblo, camino de Zaragoza.

Pero esa fiesta entrañable, fruto de una espiritualidad propia de un tiempo en el que la Iglesia militante lo dominaba todo, también la calle, está en franca revisión. Y sería preciso adaptarla a los nuevos tiempos, sin tratar de perder su esencia. No es una peregrina idea que se me haya ocurrido a mí, sino que la revista Vida nueva, todo un referente eclesial, propugnaba en su número de esta semana “revisar la fanfarria en el Corpus, ya que el exceso de ostentación choca con la denuncia de las situaciones de pobreza”. En un editorial expresivo y nítido señalaba: “Nacida en Lieja en el siglo XIII, se extendió a toda la Iglesia. En algunos lugares, la procesión aparece como un cortejo de vanidades con vitola turística. Se vacían vitrinas de museos y se saca brillo al oro y la plata de copones, cálices y ajuar litúrgico. Enhiestas custodias, labradas con nobles metales, avanzan raudas por las calles. Entre el incienso asoma un tufo de vanidad. En las filas de la clerecía se reivindica el lugar que la reforma litúrgica conciliar le arrebató. El sacerdote denunciará las situaciones de pobreza sin atreverse a detener la ostentación de riqueza de la procesión posterior. El Misterio de la Eucaristía tirita tras la fanfarria. Se difuminan los pies cansados y las llagas abiertas que acarician y lavan las manos del Maestro, invitando a repetir el gesto supremo del amor entregado. La Iglesia debería revisar las formas de esta fiesta para hacer creíble la Transustanciación. La rodilla que se dobla ante el oropel debe doblarse también ante la injusticia del dolor. Lo demás es fanfarria; y hasta podría ser blasfemia”.

Pensé en ello el pasado domingo, mientras acompañaba a la procesión en Oteiza. Una modesta custodia, sin palio que la cobijara, paseó por el casco histórico en un día veraniego. Y en los tres discretos altares del recorrido, hechos con cariño y buen gusto por las vecinas del barrio, el párroco nos invitó a una triple reflexión: además de procesión y Eucaristía, era el día de la Caridad y, en consecuencia, de los más necesitados, la cara oculta y más real de la jornada que Caritas tan bien ejemplifica.

Y es que el Corpus, en Oteiza, habíamos tenido la ocasión de experimentarlo como sociedad entera el sábado anterior, en el que a iniciativa de un vecino solidario y comprometido, Carmelo Hortaleza, y con el apoyo de muchos otros cooperadores anónimos, 600 vecinos de Oteiza y Muniáin nos reunimos en torno a una mesa, para allegar fondos a fin de proseguir la recuperación de Fatimetou M´Bodj, una joven mauritana que la familia de Carmelo tiene acogida en su casa desde hace varios años para recuperar una de sus piernas. Pasaron muchos: pequeños conjuntos, coros, charangas, joteros, magos y cantautores. Tuvimos bingo y tómbola solidaria. Participamos todos, creyentes y no creyentes, sin distinción de clases, sexos, edad, color de la piel o simpatías políticas. Fue la fiesta solidaria más hermosa a la que yo he asistido en muchos años. Hasta el arroz y el caldero de carne, cocinado por un grupo de voluntarios dirigidos por la mano maestra de Manuel Fernández, estuvieron a la altura del acontecimiento.

La fiesta no tuvo contenido religioso, pero fue profundamente ética y, por entrañablemente humana, casi divina. Hacer más solidaria nuestra convivencia y atender mejor a los más débiles, podrían ser elementos clave en el replanteamiento de la fiesta del Corpus. Se trata de sacar nuevo brillo, y no necesariamente de seda y de oro, a un festividad que lo necesita.

Diario de Navarra, 26/6/2014

 

Pedro Sánchez, el candidato en la carretera (II)

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El próximo Congreso Federal del PSOE es, verdaderamente, un congreso estraordinario. En 135 años de historia será la segunda vez que los militantes elijan directamente al secretario general. La primera se produjo, así lo recordó Pedro Sánchez en su alocución, en tiempos de la Segunda República, y el candidato ganador fue no el del aparato, sino el de las bases. Tal vez un aviso para navegantes.
El ambiente del salón de la Casa del Pueblo de Pamplona, pese a ser un domingo a las siete de la tarde, era el de las grandes ocasiones. Y entre los asistentes, con más presencia de gente madura que de jóvenes, muchas caras conocidas que no había visto desde hacía muchos años. Por lo tanto, primer aspecto positivo que me gustaría remarcar, la elección ha provocado interés y expectación, algo positivo en sí mismo.
Me gustó Pedro Sánchez, tanto en la forma como en el fondo. Con la ayuda de un guión, con muy buena planta, y sobrio en el atuendo y las palabras, desgranó en 45 minutos sus ideas sobre el partido, Navarra y España.
Pedro Sánchez quiere un PSOE laico, feminista, transparente, participativo, paritario, radicalmente honesto, implacable contra la corrupción, abierto a la sociedad, situado a la izquierda y unido, en el que se practique la relación intergeneracional. Su discurso no fue especialmente brillante ni populista, pero demostró conocimiento, responsabilidad, templanza y equilibrio. Para nuestra fortuna, si él es el ganador, tenemos buen timonel.
Esta moderación, en la que se esconde un hombre hecho a sí mismo, trabajador y bien preparado, -es doctor en Economía, cuestión nada baladí- no le impidió responder con firmeza a algunas de las comprometidas preguntas que se le hicieron. Pero ni una palabra negativa salíó de su boca contra ningún compañero, ningún mal gesto, ningún reproche, con el añadido de subrayar que, sí él no es elegido, trabajará desde el minuto siguiente codo con codo con el nuevo secretario general, porque también será el suyo.
El capítulo de preguntas, sin cortapisas ni limitaciones, abarcó todos los temas candentes hoy: el socialismo navarro, cuyo papel reivindicó, y su engarce en el socialismo español, con el que debe compartir las decisiones clave en la política de alianzas; la reforma constitucional, de la quese mostró favorable para llegar a la España Federal; el derecho a decidir, del que discrepó abiertamente; el dilema monarquía-república, del que manifestó no parecerle el tema prioritario; el blindaje del Estado del Bienestar, su verdadera preocupación; la relación con I-E y Podemos, son algunos de los temas tratados.
Un idea final quiso reiterar: El PSOE debe ser el gran cauce que permita canalizar las ansias de cambio de la sociedad española. Un cambio al que él aspira sin ataduras y desde abajo.
Fue una gran velada. Un candidato solvente, un partido expectante y un proceso limpio. No son malas mimbres para construir un buen cesto. Le deseo lo mejor.

El proceso de renovación del PSOE (I)

Reiniciando

Soy militante del PSN-PSOE desde el año 1986. Y simpatizante activo y colaborador desde 1979. El partido que me acogió generaba ilusión, ofrecía cambio y propiciaba una apertura real a la sociedad. Yo soy fiel ejemplo de ello, ya que sin militancia política alguna anterior a esa fecha, se me propuso ser candidato en las listas al Parlamento Foral por la merindad de Estella, primero; director provincial del Ministerio de Educación y Ciencia en Navarra, tras la victoria electoral en 1982, despúes; y, finalmente, consejero de Educación y Cultura en el Gobierno de Navarra. La decisión no fue fácil para quienes optaron por esta apertura, y las presiones para que los puestos se quedaran entre los dos de casa, legítimo y entendible, por otra parte, no doblegaron la voluntad del máximo responsable del partido en ese momento.

En estos casi treinta años de militante, he ocupado puestos de responsabilidad también en el partido. He sido dos veces miembro de la Ejecutiva y, en la última etapa he ocupado el honroso puesto de presidente. Un responsabilidad añadida, porque siempre he pensado que la figura del presidente era, sobre todo, una referencia moral más que política, y esa ha sido mi pretensión a la hora de ejercerlo. De la primera ejecutiva, donde ejercí de secretario de educación y cultura, dimití por juzgar insatisfactorio el cambio en el funcionamiento que se me había prometido. Y, hace solo unos meses, dejé también la presidencia, porque entendí que casi diez años eran un tiempo más que suficiente, unido a la posibilidad de optar al puesto de presidente del Consejo Social de la UPNA, donde fui elegido como tal de forma mayoritaria por los 18 miembros que lo componemos.

No me he caracterizado a lo largo de mi actividad política por actuaciones especialmente disonantes, aunque dimitir sea una excepción en nuestro partido. Pero tampoco me he sentido nunca obligado a comulgar con ruedas de molino, y he procurado expresar mi opinión con libertad, sigiendo, eso sí, los cauces establecidos.

Llegado, por tanto, a la jubilación profesional y política, ese ejercicio de libertad, ahora más necesario que nunca, pretendo ejercerlo con mayor claridad y rotundidad, intentando siempre lo mejor para mi partido, que no es necesariamente lo mejor para las personas que lo dirigen.

Estamos en un momento especialmente crítico de la vida de nuestro partido. El viejo PSOE de Pablo Iglesias, con 135 años a sus espaldas, debe adaptarse a las necesidades de la España y la Navarra del siglo XXI, porque si no, dejará de ser un referente nacional, por mucho que esto nos duela. Y los avisos están siendo muy serios. Elección tras elección, en España y en Navarra, constatamos que la condición de partido mayoritario se debilita y surgen otras formaciones más frescas, que concitan la simpatía y los votos de los que antes nos votaban a nosotros. Por lo tanto, la consigna es clara: o renovarse o morir.

Transparencia, participación y comportamientos radicalmente éticos, son elementos escasamente discutibles en el nuevo proceso. Y, si esto es así, debemos conjugarlos en serio. ¿Qué sentido tiene hacer primarias abiertas o abrir la elección del secretario general los militantes y que sólo se presente un candidato? La ciudadanía entiende que eso es una tomadura de pelo. Las primarias exigen competencia, debate, ideas y respeto.

Precisamente por eso, para favorecer esa competencia y ese debate de ideas, he dado mi aval a José Antonio Pérez Tapias, el candidato de Izquierda Socialista. A muchos les ha podido sorprender, ya que esas no son mis posiciones políticas. Pero quien encarna esta corriente es un viejo conocido mío, participantes ambos en el pasado en el grupo Cristianos Socialistas, que me merece respeto político y simpatía personal. José Antonio es persona bien formada, doctor en filosofía y profesor titular de universidad, y profesionalmente acreditada, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada; es persona honrada y cabal, y tiene acreditada capacidad de gestión, buen dominio de la dialéctiva y buenas maneras. Y se merece, por tanto, superar la nada fácil barrera de los casi 10.000 avales que necesita para optar a la secretaría general. Dicho esto, como así se lo he comunicado a él a través de amigos comunes, no contará con mi voto. Considero que el PSOE no necesita un escoramiento a la izquierda como el que Izquierda Socialista pretende, sino clarificar su posición, ocupar la centralidad política y volver a ser el gran partido del centro-izquierda que le posibilite ser una alternativa real de gobierno. Pero le deseo lo mejor porque, aún a punto de cumplir los sesenta, su persona rezuma frescura, compromiso, hondos valores y honestidad personal. Y todo esto, cotiza al alza.

Los próximos 22 y 23 de junio tendremos en Pamplona a Pedro Sánchez y Eduardo Madina. Los escucharé con atención y les transmitiré a ustedes mis impresiones.

 

Por una izquierda moderna y ejemplar (y II)

Moscoso

Con este subtítulo, completa Juan Moscoso del Prado su libro Ser hoy de izquierdas. Pretendo en esta segunda entrega, recoger las ideas básicas extractadas de su libro y glosadas en la presentación.

Introducción

– La modernización de España es obra básica de la izquierda

– Si el PSOE transformó España en lo democrático y territorial, en la económico y social, y en materia de libertades civiles y derechos, lo puede hacer también en el futuro, pero para ello necesita plantear una alternativa de izquierdas sólida y creible.

– Basta de retórica: La izquierda debe ser capaz de movilizar a los ciudadanos con hechos, con propuestas, abandonando la retórica que ha llegado a agotar y a hartar a grandes sectores de nuestra sociedad que ya no nos votan. No sólo debemos decir qué queremos para todos, sino también cómo queremos conseguirlo. Ese es el reto.

¿Qué es ser de izquierdas?

Moscoso señala su preferencia por la definición de Maravall: “los que nos indignamos ante la injusticia y la ignorancia”. A mí me parece claramente insuficiente. No encuentro seres más metafísicamente de izquierdas, de acuerdo a esta definición, que los misioneros y misioneras, sean religiosos o laicos, que dan su vida por los más débiles. No creo que Maravall y Moscoso, ambos pertenecientes al sector laico del partido, compartan este tesis.

La crisis de la izquierda

– Un concepto polisémico de crisis; inherente a la izquierda, pero que hoy nos obliga a reaccionar de forma radical.

– Somos corresponsables de la crisis: no hemos superado el impacto de las medidas adoptadas por nuestro partido entre mayo de 2010 y noviembre de 2011. Es un gran reto político.

Ideología y ascenso social

– Izquierda y derecha siguen existiendo, pero no nos sirven los clichés de antaño para definirlos.

Asignaturas pendientes

– Inexistencia de simbología democrática

– Insuficiente patriotismo progresista

– Indefiniciones en el modelo territorial: asimetría, federalismo y fiscalidad, vistas desde Navarr, ¿no serían aplicables a Cataluña?

– Causas de la desafección política: sistema electoral, oscurantismo y opacidad en los partidos, corrupción.

Propuestas de futuro. Retos y rutas para la izquierdas

La izquierda como ejemplo

– Reformas constitucionales: mejor juntos, respecto a Cataluña

– Necesidad de ensanchar la clase media

– Más crecimiento con menos desigualdad

– Predistribución: reformar los mercados para que generen una distribución inicial de la renta más equitativa antes de pagar impuestos, y antes de ser objeto de políticas redistributivas.

– Proyecto de crecimiento alternativo y creible

– Necesidad de una izquierda global, europea y planetaria: solos no podemos.

– Liderazgo, equipos y gestión

– Superar la crisis de valores

Terminé mi intervención con una apelación a los clásicos: No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla (Cicerón). El tiempo que viene es especialmente importante para el PSOE, para España y para Navarra, porque el partido socialista es más necesario que nunca. Pero si solo lo pensamos nosotros, mala cosa. Tenemos que conseguir que lo crean de verdad los ciudadanos. La receta nos la da Juan. Buen programa, buen liderazgo, ejemplaridad y trabajo. Lo demás, se nos dará por añadidura.

 

Ser hoy de izquierdas

Imagen del acto de la presentación

Hace unas semanas recibí una invitación para presentar un libro escrito por Juan Moscoso del Prado, titulado Ser hoy de izuqierdas. Aunque liberado de la responsabilidad política directiva, tras mi elección como presidente del Consejo Social de la UPNA, no renuncio ni a la reflexión política inherente a todo ser humano, diga éste lo que diga, ni a mi militancia política personal en el PSN-PSOE, por más que ahora n estemos pasando por los mejores momentos.

Precisamente por esto y porque Juan Moscoso es, además de compañero, persona a la que respeto y aprecio, accedí a la presentación del texto juntamente con Mikel Muez, periodista de la SER, sabedor de que podría suscitar alguna reticencia. En los párrafos que siguen voy a intentar resumir el contenido de mi intervención.

Comencé por glosar la personalidad del autor. Tras citar a Salvador Estébanez, el espléndido último delegado del Gobierno de Navarra en Madrid, que señalaba que a los navarros, tan cómodamente instalados en nuestra tierra, en general nos falta mundo cuando salimos de ella, y a Ángel García Sanz, historiador del socialismo navarro, que subrayaba la afición a la escritura de los socialistas de la Segunda República, frente a su escaso cultivo en la actualidad, comencé por afirmar que Moscoso no es ni lo uno ni lo otro: ni escaso de mundo, ni ágrafo. Es un socialista viajado e ilustrado, acostumbrado a los aviones, las entrevistas en francés y en inglés, las responsabilidades institucionales y de partido, y muy bien relacionado internacionalmente.

No quise dejar de referirme a las circunstancias en las que ha nacido el libro. Frente a su aparición caben dos actitudes: la de considerarlo un inconsciente, dado lo denigrados que están los políticos y, en consencuencia, los libros escritos por políticos, suponiendo que los hayan escrito ellos, cosa que no sucede siempre; o la de verlo como un osado, ya que en plena crisis se atreve con un libro de análisis, reflexión y debate. Opto por la segunda actitud y agradezco su osadía, ya que el libro me ha parecido oportuno y pertinente.

En todo libro es preciso analizar la forma y el fondo. Respecto a la forma, el libro está bien presentado y estructurado, con 12 capítulos de desigual alcance y duración. Dispone de una amplia y actualizada bibliografía. Está escrito en lenguaje asequible, aunque ciertamente especializado, donde la economía tiene un gran peso, aunque no domina a la política, que es la clave para explicar lo sucedido. Me atreví también a señalar que le sobra miedo escénico, atribuible más a la editorial que al autor. El libro tiene valor por sí mismo, y si el prólogo de Alfredo Pérez Rubalcaba tiene interés, el epílogo de Felipe González es perfectamente prescindible.

Respecto al fondo, el libro tiene tres partes claramente diferenciadas. La primera abarca los capítulos 1 al 9: recorrido histórico-crítico de los últimos 40 años de la historia de España, con especial incidencia en la evolución de la izquierda en España. La segunda, constituye un largo capítulo “El futuro que nos espera”, escrito por Matt Browne, miembro del gabinete de Tony Blair y actualmente investigador del Center for American Progress (CAP), uno de los think tanks más influyentes en el Washington de Obama. La tercera, abarca los capítulos 11 y 12 con las propuestas de fututro, ya presente, sobre los retos y rutas de la izquierda.

Desde mi posición actual de ciudadano activo, que ha dedicado buena parte de su vida al servicio público en una viaje de ida y vuelta que le ha llevado de la docencia a la política, estas serían mis primeras tres constataciones:

– Estamos en una crisis profunda y global: económica, social, institucional y de valores, y la clase política no está respondiendo adecuadamente a la situación.

– Los partidos políticos, cauce de participación de la sociedad en la vida pública, son en su configuración actual, más artefactos del siglo XIX que instrumentos eficaces para encarar el siglo XXI.

– La lejanía entre política y sociedad hoy la percibo no como grande, sino como inmensa.

Con todo ello, esta es mi valoración: es un libro que está escrito desde el conocimiento: hay poso, lecturas y análisis. Es políticamente incorrecto, pero no sangrante, de acuerdo al talante del autor. No ahonda con saña en los aspectos negativos, pero los señala. Finalmente, es propositivo y señala pautas de actuación que haríamos bien en tener en cuenta.

 

 

 

 

Bilaketa no se merece esto

Salva Gutierrez

Salva Gutiérrez, el alma de Bilaketa

Sobrepasar la barrera de los sesenta tiene pocos alicientes en buena parte de los órdenes de la vida. Tal vez, uno de ellos sea el acercarse a la jubilación y dejar atrás el oprobio del trabajo, cuando éste es entendido como maldición bíblica, y no como actividad gratificante y liberadora. No es mi caso. De ahí que siga sorprendiéndome cuando me encuentro con amigos y conocidos y me comentan los años, meses, semanas o días que les faltan para la tan ansiada jubilación, como si del final de la mili se tratara. Pero presenta también algunas ventajas, entre otras, ver las cosas con perspectiva y poder evaluar el alcance de trayectorias personales o institucionales, al margen de la coyuntura concreta del momento.

Hagamos un ejercicio de perspectiva en material cultural, desde finales de los setenta del siglo pasado hasta ahora. La actividad cultural de la Diputación Foral, benemérita en el contexto español del momento, se limitaba al ámbito del patrimonio y al de las bibliotecas, con una red digna de tal nombre. La llegada de los Festivales de Olite fue el primer intento de dotar al territorio de un programa de primer nivel de divulgación cultural de alcance nacional. El resto de las actividades se solventaban mediante una convocatoria pública anual que repartía el escaso dinero existente. Si esto era válido para el ámbito urbano, ¿qué decir del rural, absolutamente abandonado a su suerte?

La conversión de la Diputación Foral en Gobierno de Navarra (1983), permitió aumentar sustancialmente el presupuesto, articular un departamento de Cultura y poner en marcha un modesto programa que abarcara por igual los ámbitos patrimoniales -restauración de monumentos, archivos, bibliotecas y museos- y los de la difusión cultural y artística. Fue el momento en el que aparecieron programas que se han mantenido prácticamente hasta nuestros días. Una de las pocas poblaciones donde el yermo no era tal era Aoiz, donde una serie de jóvenes, comandados por Salva Gutiérrez, desplegaban una intensa actividad que abarcaba los más variados frentes. Con inteligencia, buen hacer, infinito trabajo, algunos contactos y pequeñas ayudas, levantaron una estructura que cruzó fronteras y se consolidó como un ejemplo a nivel regional y nacional, con numerosos galardones que lo acreditan. Bilaketa se configuró como una entidad con tres ámbitos de actuación: cultura, juventud y mayores. Al primero corresponden actividades tan conocidas como la academia y la banda de música, y los certámenes internacionales de poesía, narrativa, escultura y pintura. Una buena organización, unos jugosos premios y unos jurados ejemplares conforman su amplio bagaje. El pasado domingo, Juan Gracia Arméndariz, autor bien conocido por todos ustedes, glosaba su ejemplar trayectoria. El área del mayor ha tenido como actividad más conocida la UMAFY (Universidad para mayores Francisco Yndurain). Esta actividad pionera ha tenido su réplica en otros núcleos urbanos y otros programas similares, consolidándose como un programa de éxito. Finalmente, el área de juventud ha sido otra de sus preocupaciones. Los programas de tiempo libre, la comparsa y la charanga acreditan la labor en este campo.

Con dificultades, Bilaketa fue haciendo frente a sus necesidades, acogiéndose a convocatorias y subvenciones. Hasta que llegaron los reconocimientos. Recibió el premio al voluntariado del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (1999), el galardón de juventud del Gobierno de Navarra (1999), y el premio de la fundación Teléfonica (2002). La trayectoria culminó en 2004, año en que el Gobierno de Navarra le concedió la Gran Cruz de Carlos III el Noble. Si uno repasa las razones aducidas para su concesión, hace solo 10 años, y ve la situación actual, siente una mezcla de sorpresa, indignación y bochorno. ¿Como es posible que entonces tanto y ahora tan poco?

En los últimos años, las dificultades para acceder a las subvenciones del Gobierno de Navarra se incrementaron. Salva Gutiérrez, que no tiene pelos en la lengua, las denunció en dos ocasiones en el Parlamento. La excusa del grupo que sostenía al gobierno fue la ya conocida: no hay dinero. Lo que queda por saber es si hubo voluntad y sensibilidad para encontrar una salida aceptable.

Lamento mucho el final de Bilaketa. Solo me queda una duda: ¿la Ley de Mecenazgo, recientemente aprobada por el Parlamento, podría haber sido una solución a sus males? No sé si su disolución es definitiva, pero si no es así, yo les animaría a intentarlo.

Diario de Navarra, 29/5/2014