Una tarde en el Arqueológico

Arqueológico

La milla de los museos de Madrid, por denominarla con la terminología anglosajona comúnmente utilizada, ha convertido a la capital de España en uno de los referentes mundiales en este ámbito. Al inigualable Museo del Prado, que ha accedido a la modernidad de la mano de Moneo y Zugaza sin perder un ápice de su depurado clasicismo, se han unido en los últimas décadas el Reina Sofía, con el Gernika de Picasso como buque insignia, y el Thyssen, un extraordinario complemento a las conocidas insuficiencias de las colecciones pictóricas españolas.

Existe un cuarto museo nacional, el Arqueológico, ubicado unos cientos de metros más arriba en el espléndido edificio que comparte con la Biblioteca Nacional, que reunía condiciones objetivas para unirse a la selecta nómina anterior. Pero sus instalaciones caducas, lo inadecuado de su propuesta museológica, y la dificultad añadida de los materiales expuestos hacían que pasara inadvertido, cuando no olvidado. Pero afortunadamente, también le ha llegado el tiempo de la redención. 12 años de preparaciones y obras, 65 millones de inversión, una  ejemplar rehabilitación dirigida por el arquitecto Juan Pablo Frade, y una novedosa propuesta museográfica en la que han jugado  un papel relevante las instalaciones audiovisuales y  los vídeos explicativos han cambiado por completo la faz del museo. Hoy el Arqueológico está a la vanguardia de los de su especialidad en el mundo.

El primer y fundamental acierto del museo es su limpia y diáfana claridad, favorecida por el cierre de su espacio central en torno al cual se articulan sus recorridos cronológicos. Ese mismo espacio, que hace posible ámbitos propios de un museo moderno -gran vestíbulo de entrada, sala de actividades, cafetería, tienda y espacios auxiliares- es atravesado por una escalera de nueva planta que permite un cómodo acceso a los diferentes pisos y compartido por dos amplios espacios expositivos que reúnen algunas de las más valiosas piezas de las épocas prerromana y romana. Esta disposición es uno de sus aciertos indiscutibles.

El cuerpo central del museo lo ocupa una exposición articulada cronológicamente bajo el significativo y acertado título de “España, lugar de encuentros culturales”. Todo él es espléndido, pero las salas de prehistoria, protohistoria e Hispania romana me parecen las más logradas museológicamente hablando, a pesar de ser las más difíciles. Quizás por ello se ha puesto más esfuerzo en su explicación y contexto, y el resultado es más llamativo. Las Damas de Elche y Baza, referencias indiscutibles del arte ibérico, han mejorado su ubicación y han ganado en prestancia artística y expositiva, y Livia luce espléndida envuelta en luz y rodeada de lo mejor de la estatuaria romana. Sobresale también  la buena colección de mosaicos, entre los que se encuentra el de las Musas, procedente de la villa de Arellano.  La antigüedad tardía, el mundo medieval y la edad moderna están también bien tratadas, pero un cierto abigarramiento de las piezas le da un aire más convencional y clásico. Y eso que no son pocas las obras maestras que contiene. Las coronas votivas del tesoro de Guarrazar en época visigótica; el bote de Zamora, ejemplo de la perfección técnica y artística en el taller de marfiles de Madinat al-Zahra; o el crucifijo de don Fernando y doña Sancha, una de las más importantes creaciones en marfil de la época románica, son algunos de estos tesoros.

Pero el museo presenta otras novedades. El inicio de la exposición, dedicado a la arqueología y el patrimonio, se abre con una presentación audiovisual, obra de una empresa navarra, Arena Comunicación, dirigida por Pablo Iraburu. El impactante y monumental damero, hecho con las más modernas técnicas audiovisuales, se ha convertido en un icono en sí mismo y es uno de los referentes del museo.

Como ven, sobran razones para la visita. No dejen de ir a verlo cuando puedan. Es una joya.

Diario de Navarra, 17/9/2015

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Apertura de curso en la UPNA

Apefrtura UPNA

Esta mañana, 11 de septiembre, ha tenido lugar en el aula Fernando Remacha de la UPNA la apertura del curso académico. La sesión había levantado no pequeña expectación, dado que la presidenta del Gobierno de Navarra y el rector de la institución académica se estrenaban en sus cargos. La presencia de autoridades e invitados ha sido muy notoria, sensiblemente mayor que en años precedentes. Hay que destacar, sobre todo, la participación del Gobierno foral en pleno, con lo que ello supone de apoyo específico en el comienzo de la nueva legislatura. Una Memoria bien presentada y visualmente atractiva ha dado paso a la lección inaugural, que ha corrido a cargo de Manuel López-Amo Sainz, catedrático de Ingeniería Eléctrica y Electrónica.  La lección ha versado sobre “La fotónica y el año internacional de la luz”. López-Amo, buen docente y prestigioso investigador, ha dejado claro en los lúcidos y escasos minutos disponibles algunas dos ideas básicas: que la luz es ya importante en nuestra sociedad y tiene más aplicaciones que la mera iluminación, como demuestra el desarrollo de la fotónica; y que algunas propiedades de la luz se han comenzado a utilizar muy recientemente y se espera que la fotónica nos proporcione numerosas alternativas en los campos de la computación, los sensores y las redes de telecomunicación.

Tras la entrega simbólica de un detalle a quienes llevan 25 años trabajando en la universidad y a los jubilados de la misma en el curso anterior, ha llegado el turno de los discursos, breves y enjundiosos ambos.

El rector, en un discurso bien construido conceptualmente y bien articulado formalmente, ha apelado al carácter de “frontera” de la UPNA, entendida la expresión no tanto como territorio que separa, sino como espacio de avanzadilla a la búsqueda de nuevos horizontes, con los riesgos que esto implica. Ha apelado al gobierno y a la sociedad para que la UPNA no sea solo una línea en el presupuesto de la Comunidad, sino una institución que acompañe al cambio social de esta misma sociedad.

La presidenta del Gobierno, en un texto fluido en castellano y euskera, con buena dicción y excelente puesta en escena, ha apoyado expresamente a la institución, ha abierto la puerta a la posibilidad de nuevos grados y ha apelado al trabajo conjunto en beneficio de la sociedad.

Desde la perspectiva del Consejo Social, órgano de participación de la sociedad en la Universidad, no puedo menor que sentirme identificado en buena parte con lo dicho. Esa y no otra es nuestra tarea. Acercar la Universidad a la sociedad, para que los intereses de una y de otra converjan en beneficio de todos. Lo escuchado no es sino una razón adicional para seguir adelante con la tarea que tenemos encomendada.

El grupo de metales del Conservatorio Superior de Música de Navarra y la Coral de Cámara de Navarra han entreverado con su actuación los diferentes discursos. Un magnífico broche musical a una jornada interesante que ha respondido a las expectativas suscitadas.

El valor del docente

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Tras un verano ardiente en lo meteorológico, expectante en lo político, turbulento en lo económico y desolador en lo social -¿de qué otra forma podríamos calificar la reacción de la civilizada Europa ante el drama de los refugiados que llaman a  nuestras puertas?- llega septiembre con su aire de normalidad y su vuelta a la rutina diaria y a los buenos propósitos en los más variados frentes.

El primer síntoma de este cambio progresivo de escenario es la vuelta a las aulas. Hace unos años este retorno era escalonado: primera quincena de septiembre para primaria, segunda quincena para secundaria y la primera de octubre para la enseñanza universitaria. Hoy las cosas han variado sustancialmente y a finales de la segunda semana de septiembre todo el alumnado navarro estará ya en sus aulas, comenzando un curso que será tan igual y tan distinto como los anteriores. He ahí una de las razones de los cambios de fechas de nuestras fiestas patronales que, frente a la avalancha de la Virgen de septiembre y San Miguel, han buscado un calendario más propicio en julio o agosto a fin de no perturbar la marcha académica o laboral.

Y ha sido ahora, en época vacacional, cuando los padres y madres de nuestro alumnado de primaria y secundaria se han acordado, en muchos casos para bien, del profesorado de sus hijos e hijas. ¿Cómo pueden tener tanta paciencia, día sí y día también,  con grupos de adolescentes a los que nosotros soportamos difícilmente en casa un fin de semana? ¿Cómo no pierden los nervios cuando nosotros estamos deseando en muchos casos que termine la temporada vacacional porque entre piscinas, fiestas patronales y voy y vengos vivimos en un sin vivir? Tampoco los sacralicemos, son humanos,  pierden la paciencia y los nervios de vez en cuando, pero son sobre todo profesionales y, en muchos casos, vocacionales en su trabajo.

Por eso, tal vez convenga en este comienzo de curso glosar brevemente su tarea y ponderar una labor no diré que denostada pero sí excesivamente poco valorada. Y eso, pese a que el trabajo docente se ha vuelto más complejo educativa y socialmente hablando. En sociedades complejas, y la navarra lo es en gran medida, los centros también lo son. Política, social, cultural y lingüísticamente son el reflejo de la propia sociedad. Una sociedad en parte confusa y desorientada que a veces pretende cargar sobre la escuela o el instituto lo que aquella no quiere o puede asumir.

Y a partir del 1 de septiembre, con las aulas pintadas o sin pintar, con centro nuevo, remodelado o antiguo, con las plantillas completas o incompletas, con una administración o con otra, con equipos elegidos o designados, con pacto educativo o sin él, el milagro se sigue produciendo. El profesor cierra la puerta del aula y la interacción se pone en marcha. Habrá pizarra electrónica o tiza, libro de texto o apuntes bienintencionados, ordenador o bolígrafo, Todos serán medios para un fin: la mejor educación para nuestros niños y jóvenes. Una educación que no serán solo conocimientos, sino también valores que impregnen la vida y la cultura de nuestro tiempo, tan ayuno de ellos en muchos casos.

Lo que hasta ahora no ha encontrado sustituto es el profesor, el pedagogo o docente que, siguiendo la etimología de las palabras griega y latina, guíe los pasos del niño o el adolescente. El educador, hombre o mujer, capaz de suscitar curiosidad y emoción ante el conocimiento, y hacer del aula un espacio propicio para la enseñanza y el aprendizaje.

Por ello, en este comienzo de curso les invito a todos a sumarse a la fiesta de la gratitud. A los padres en particular y a la ciudadanía en general. Que el sistema educativo, pese a sus defectos muchos de ellos subsanables, funcione razonablemente bien es un éxito de todos que dignifica a nuestra sociedad y prueba nuestro nivel de desarrollo y bienestar. Y, finalmente, desde la perspectiva de la jubilación jubilosa en la que me encuentro,  mucho ánimo a mis colegas los profesores a los que esperan días duros, intensos y gratificantes. Lo mejor de Navarra, que es su futuro, está en sus manos.

Diario de Navarra, 3/9/2015

Lazarillo de Tormes

Lazarillo

Ópera de Cámara de Navarra es un grupo artístico que reúne a profesionales de los más diversos ámbitos, unidos en su noble tarea de crear un espectáculo total, que eso es lo que en el fondo persigue la ópera. Tienen en su haber un importante número de obras puestas en escena y su buen hacer les ha permitido recorrer, además de los escenarios navarros en los que ya son un clásico, otros teatros españoles de reconocido prestigio.

En esta ocasión, su apuesta ha sido especialmente arriesgada, ya que se han atrevido con una de las obras más clásicas e importantes de nuestra literatura, el Lazarillo de Tormes El riesgo también ha existido para los responsables institucionales de la Comunidad, porque la obra abrió ayer la 46 Semana de Música Antigua de Estella. Y creo poder decir que el éxito acompañó ayer esta doble apuesta, aunque el público asistente no fuera tan numeroso como la obra y el esfuerzo de montarla se merecían.

Un texto adaptado y cuasi versificado sirvió de soporte a una música en la que Íñigo Casalí demostró sus dotes de compositor y director. Con un eco claramente renacentista en la que los entremeses de Mateo Flecha tampoco estaban ausentes, la obra fue desarrollándose en números que permitieron escuchar arias, dúos, tríos, coros reducidos y concertantes. Nuestro autor incluso se permitió un guiño que tuvo su gracia, con la introducción de un número que evocaba la opereta en medio de los acordes polífónicos propios del siglo XVI.

El espectáculo tuvo su mérito y basó su éxito, además de lo apuntado, en tres pilares básicos: el reparto vocal, la orquesta y el equipo artístico.

Las cinco voces sostuvieron bien una obra nada fácil, aunque unos estuvieran más sólidos que otros. Pero debe destacarse a Raquel Andueza, que no tuvo reparos en aceptar una obra complicada y de riesgo, ella que ya empieza a gozar de las mieles del éxito del público y la crítica.

La orquesta, con solo nueve componentes, rayó a buena altura, con instrumentos que acompañaban a los solistas o dialogaban entre ellos con limpieza, soltura y buen hacer, dirigidos por el maestro Casalí,

Y junto a cantantes y orquesta, el equipo artístico hizo posible una puesta en escena ágil y lucida con medios muy escasos. Adecuada la escenografía, eficaz la iluminación, aparente el escenario y medido el vestuario, la peluquería y el maquillaje. El conjunto de tres piezas móviles y los artefactos a modo de esculturas que acompañaban la representación resultó ingenioso y visualmente atractivo.

La sesión de ayer, celebrada en la sala principal de los cines Golem de Estella, suscita algunas reflexiones finales: el buen espectáculo no necesita necesariamente ni grandes inversiones ni elencos numerosos; dar cancha a lo que tenemos en casa, si tiene calidad, es obligado y oportuno; un espectáculo de estas características debería circular, al menos, por las principales espacios escénicos navarros antes de salir al exterior.

Un buen, distinto y prometedor comienzo de la Semana de Música Antigua de Estella.