Museo Diocesano de Zaragoza

Vista de una de las salas del museo

España es un país con una riqueza cultural y artística extraordinaria. Sin duda, ocupa un puesto de privilegio entre los países europeos, alzándose al podio en dura pugna junto a Italia y Francia. Este patrimonio incluye todas las épocas, estilos y ámbitos, eso sí, irregularmente repartidos por todas las regiones.

Nuestro país ha vivido en los últimos cuarenta años, coincidentes con la etapa democrática, una cierta euforia en materia de conservación del patrimonio. La renovación urbana de los cascos históricos, la reutilización de palacios y otros edificios para nuevos usos ciudadanos, la restauración de catedrales e iglesias, y la puesta al día de museos civiles y religiosos es un programa que se ha repetido miméticamente en casi todas las comunidades autónomas. El balance es globalmente satisfactorio, aunque no falten en todas las regiones ejemplos de incuria, intervenciones inadecuadas y desatinos varios que, afortunadamente, constituyen la excepción y no la regla.

Los museos diocesanos, último grupo en unirse a esta renovación, suelen reunir en entornos próximos a los conjuntos catedralicios de las respectivas diócesis, un conjunto de piezas, básicamente escultura, pintura, orfebrería y ajuar litúrgico, relacionadas con el culto. Suelen acumular material muy variopinto, aumentado en las últimas décadas con las piezas procedentes de las iglesias cerradas como consecuencia de la emigración y del progresivo envejecimiento de las poblaciones. De ahí que, pese a la importancia cualitativa de sus piezas, en muchos casos eran poco más que almacenes más o menos ordenados, poco sugestivos y escasamente visitados.

A este modelo respondían los museos diocesanos de Pamplona, Tudela, Jaca, Zaragoza o Barbastro-Monzón, por citar algunos relativamente próximos del Valle del Ebro. Todos ellos han sido objeto de intervenciones importantes, habiéndonos hecho eco en años anteriores de los de Jaca y Pamplona. En esta misma línea, permítanme que les recomiende vivamente una visita al Museo Diocesano de Zaragoza, inaugurado hace ahora dos años. Cuatro aspectos merecen destacarse: la ubicación, la arquitectura, la colección y el proyecto museográfico.

El museo está ubicado en el palacio arzobispal, que tiene su origen en el torreón de la muralla entregado por Alfonso el Batallador a don Pedro de Librana, una vez tomada la ciudad de Zaragoza en 1118. Con la Seo enfrente y el Ebro y el puente de piedra a sus espaldas, se encuentra en el corazón de la ciudad.

El edificio que lo alberga resume en buena medida el recorrido histórico-artístico de la ciudad. En el siglo XIV se eleva la diócesis al rango de metropolitana y se convierte en residencia de la familia real. En el XVI, don Hernando de Aragón, nieto de Fernando el Católico, amplía y reforma el palacio, construyendo a la vez la nueva capilla palatina. Y  en el XVIII se construye la fachada neoclásica y la escalera imperial. Todo ello es hoy más fácil de apreciar con la restauración de las estancias, uno de sus logros.

La colección es espléndida. Destacan las salas dedicadas a la escultura medieval, los grandes maestros de la pintura gótica aragonesa, las obras de Damián Forment, las excelentes piezas de orfebrería, los tapices flamencos diseñados por Rafael, y la galería de retratos de los arzobispos, incluido un Goya.

El proyecto museográfico tiene indudables aciertos y actuaciones discutibles. Entre los primeros, no olvidemos que es un museo religioso, algunas reconstrucciones históricas, la cuidada selección de piezas y los espectaculares  audiovisuales. Entre las segundas,  los metacrilatos que pretenden ofrecer la reconstrucción de una procesión eucarística en torno a la magnífica Custodia del Pelícano.

Como ven, Zaragoza es mucho más que el Pilar y la Seo. Él Museo Diocesano es una razón más para visitar una ciudad que siempre la tenemos a mano.

Diario de Navarra, 25/7/2013

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Una página difícil de arrancar

Reconozco que nunca he sido lo que en el partido se considera un guerrista. Tampoco he tenido mayor trato con él, pese a que según Uranga en aquellas y frecuentes notas  que me dedicaba antaño, yo fui el brazo ejecutor de una decisión tomada por él: crear la Universidad Pública de Navarra para hacer frente al Opus. Creo haber departido una vez con él en la Universidad Menéndez y Pelayo de Santander en la que ambos nos encontrábamos, él por cierto del brazo de la que era por entonces su pareja, la joven sevillana de familia aristocrática, madre de su hija Alma.

Sin embargo su personalidad política y humana me ha interesado mucho. Alfonso Guerra es un hombre poliédrico, de compleja personalidad y largo aliento, que queda reflejado, en parte, en el libro de memorias. Un  libro que entre otros perfiles autobiográficos, nos da el siguiente autorretrato del autor, leído el 28 de febrero de 2011, con motivo de la concesión del título de Hijo Predilecto de Andalucía: “Mi vida es un compendio de muchas actitudes, niño estudioso que habría de ayudar empujando carros de batea cargados de chatarra; estudiante en la universidad, el único de mi familia; más educador que profesor después; combatiente contra un régimen oprobioso; librero consejero de libros, por la estúpida ceguera, prohibidos; amante del teatro, de cuanto arte creador pueda descubrir el hombre; político de verdades y de consenso, consciente de que el país que encontré a mi nacimiento era el contramodelo de una civilización, pues una civilización no es más que una sociedad que no necesita de violencia para promover cambios políticos”.

Toda autobiografía es, en buena medida, autojustificativa. La anécdota de la página 141 es buena prueba de ello. Fernández Ordóñez y Guerra intercambiaban opiniones sobre lecturas y libros antes de los consejos de ministros. Semprún se unía al dúo y normalmente ratificaba las opiniones de ambos. Hasta que un día le colocaron ante un libro y un personaje inexistente, que también él ratificó sin pestañear. Lo curioso es la versión que yo, personalmente, le he oído contar a Semprún: la afición de Alfonso Guerra a alardear de lecturas en los consejos de ministros. Creo, decía Semprún, que no leía más que las contraportadas..

Tres rasgos me gustaría destacar de la lectura del libro: el desdén hacia el poder, las lecturas y la fidelidad a las ideas.

El desdén hacia el poder ¿es pose o es verdad? El libro de memorias comienza con una cita de Robertson Davies, al que no conozco, que dice así: “Es una de las crueldades del teatro de la vida: todos pensamos que somos protagonistas, y cuando se hace evidente que somos simples personajes secundarios o figurantes, raramente lo reconocemos”. El libro es un permanente alegato contra el poder y su boato, y a favor del poder como capacidad para transformar la sociedad. No obstante, eso difícilmente se compadece con su imagen de hombre dominador y dominante, acostumbrado a imponer sus tesis. Que se lo pregunten si no a José Bono, que hace un descarnado retrato de Alfonso Guerra en las primeras páginas de su último libro.

Si algo aparentemente obsesiona a Alfonso Guerra es su pasión intelectual. Siempre me ha parecido algo forzada. Pero hay que reconocer que la lista de lecturas, las citas de autores y las conferencias y trabajos realizados nos sitúan ante un político mucho más culto que la media, y con una sensibilidad hacia las bellas artes no demasiado abundante.

Finalmente, la fidelidad a las ideas. Da la sensación que en un mundo tan cambiante, Alfonso Guerra tiene algunas ideas claras, entre otras el valor de lo público, el compromiso con la libertad y la justicia, y el valor de la amistad y la palabra dada.

Un libro, en suma, que tal vez no interese ni a Felipe González ni a Pepe Bono ni a algunos renovadores, pero que sin levantar pasiones, resulta interesante, porque pocos como Guerra representan lo mejor y lo peor de una etapa que cambió España.

GUERRA, Alfonso, Una página difícil de arrancar, Planeta, Barcelona, 2013

Viaje a Turquía. De vuelta a casa. Impresiones en el avión. 7 de abril (XI)

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Vista de Santa Sofía desde la entrada a Topkapy

Redacto estas líneas en el viaje de vuelta a España. Madrugamos menos. Nos recreamos en el desayuno, ración de yogur incluida, y echamos el último vistazo a Estambul desde la terraza del hotel.

El viaje al aeropuerto es rápido y sencillo, tal vez el único trayecto sin agobios en estos tres días. Es domingo y se nota. Las gestiones de embarque se desarrollan con normalidad y a la hora prevista estamos en disposición de embarcar. El aeropuerto es nuevo, eficiente, limpio y estandarizado.

Volamos a 10.000 metros de altura, en torno a 50º bajo cero y nos separan de Madrid 4 horas de vuelo y 2.736 kilómetros de distancia. Mientras recorremos en línea recta el mismo trayecto que a la ida, tal vez un poquito más al norte, me atrevo a dejar mis últimas impresiones resumidas en mis 10 edificios y lugares,  mis 10 impresiones de Estambul y mis 10 impresiones de Turquía.

Mis 10 edificios o lugares de Estambul

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Vista parcial del deslumbrante interior de Santa Sofía

1.- Santa Sofía

2.- Mezquita de Solimán el Magnífico

3.- Museo Arqueológico

4.- San Salvador en Chora

5.- Cisterna-Basílica

6.- El Bósforo y el Cuerno de Oro

7.- Mezquita Azul

8.- Palacio de Topkapi

9.- Gran Bazar

10.- Hipódromo

Mis 10 impresiones de Estambul

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El difícil equilibrio entre islam y occidentalización queda patente en esta imagen

1.- La riqueza artística

2.- La extraordinaria posición estratégica

3.- La belleza del emplazamiento: Bósforo, Cuerno de Oro y Mármara

4.- La continuidad histórica y urbana

5.- La tolerancia y el civismo

6.- Los extraordinarios jardines

7.- La potencia demográfica que atesora

8.- El difícil equilibrio entre islam y occidentalización

9.- El optimismo vital de las gentes

10.- La capacidad de supervivencia de una urbe tan hermosa como caótica

Mis 10 impresiones de Turquía

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Una imagen para el recuerdo: unidos con el Bósforo al fondo

1.- Un país de gran riqueza artística y cultural

2.- Un país de gran diversidad geográfica

3.- Un país en rápido crecimiento

4.- Un país básicamente verde y feraz, a excepción de la meseta anatólica, en parte

5.- Un país con un gran potencial demográfico

6.- Un país clave en el equilibrio Europa/Oriente Medio

7.- ¿Un país modelo en la transición a la democracia parlamentaria y representativa en el mundo islámico?

8.- Un país laico con presencia ostensible pero no definitiva del islamismo

9.- Un país donde el ejército parece estar controlado y en los cuarteles

10.- Un país candidato a la Unión Europea, si ésta es espacio para la libertad y los valores democráticos

Respeto institucional

No venían fáciles los sanfermines. La fiesta ha sido a lo largo de la historia espacio propicio para la crítica a la autoridad, sea esta cual fuere, y para la transgresión. Esta crítica, vestida con mil caras, sean carnavales, chirigotas, pancartas o paloteados, está presente en buena parte de las manifestaciones festivas. Y sanfermín no podía ser  una excepción. Las pancartas de las peñas, los cánticos en el coso taurino, los pitos  más o menos atemperados a la autoridad en la vuelta de la corporación al ayuntamiento tras el acompañamiento al cabildo hasta la catedral, forman parte del ritual sanferminero de las últimas décadas. Un ritual que, como la propia fiesta, se renueva con actos que se encumbran -el chupinazo, el apartado, el pobre de mí-, mientras que otros decaen como las dianas o desaparecen, al menos temporalmente, como la marcha a vísperas.

Pero este año, el ambiente proporcionaba nueva munición, susceptible de ser utilizada en sentido sustancialmente festivo o radicalmente reivindicativo. Ya sé que hay quien piensa que ambas cosas no son incompatibles, e incluso algún joven dirigente abertzale la ha elevado a frase categórica tras el incidente de la ikurriña al que luego me referiré: “ni la fiesta debe impedir la reivindicación, ni la reivindicación ahogar la fiesta”. Bonita frase, si fuera verdad, pero los hechos la han desmentido claramente.

La crisis política, económica y social, especialmente virulenta en los últimos doce meses; la imputación judicial de las dos principales autoridades navarras, la presidenta del Gobierno y el alcalde de Pamplona, cuestión trascendente, como se ha visto; y la actitud del mundo nacionalista especialmente crecido, más en expectativas que en realidades, hasta el punto de creer que la calle es suya, eran ingredientes susceptibles de enconar posiciones y abonar actitudes poco propicias a la convivencia.

Y efectivamente aparecieron. Viví con la misma sorpresa e incredulidad de casi todos los presentes, desde el interior de la casa consistorial, el incidente de la ikurriña. No suelo frecuentar este acto multitudinario porque, en contra de lo que mucha gente cree,  los invitados presenciamos el disparo del chupinazo a través de las pantallas de televisión. Pero este año acepté la invitación de mis compañeros de partido, dado que Eduardo Vall era el encargado de iniciar las fiestas. Saludé a representantes de todas las formaciones, desde Bildu al PP, y a todos deseé felices fiestas. Y pude ver la reacción de unos y otros ante un hecho, a mi juicio, intolerable. Impecables Maya y Vall, que supieron estar a la altura que se espera de dos representantes institucionales, por encima de sus diferencias ideológicas. En su sitio, los representantes de Geroa Bai, que reprobaron un acto que no hace ningún favor a su causa. Y fuera de tono,  Bildu y su entorno, que daba la sensación de que se caían de un guindo y aquello no iba con ellos. Por cierto, ¿no es Casa Seminario un local municipal?  ¿Cómo es posible una operación que exige, además de ingenio, preparación y tiempo?

Lo de la calle Curia, tras la vuelta de la procesión, obliga a la reflexión y al debate. No es imprescindible conservarlo a cualquier precio. La condición debe ser la dignidad y el respeto a los que han sido elegidos por los ciudadanos. Dignidad y respeto a los que están también obligados los propios electos, que representan a esta misma ciudadanía. Pasar de las barricadas al debate político e institucional requiere decisión, coraje y tiempo. Requiere también compromiso con las instituciones a las que se pretende representar. Mal está que vociferen e insulten los ciudadanos de a pie. Pero que lo hagan altos representantes institucionales contra sus adversarios políticos los delata doblemente. Como señalaba Iñaki Gabilondo hace escasas fechas al referirse al mundo de Batasuna, es preciso recordarles que no empujen, por favor. Con todos nuestros errores, otros llevamos mucho tiempo aquí comprometidos con la libertad y la democracia. Y ellos, siempre dando lecciones, no acaban de llegar.

La pulsión de cambio en Navarra es evidente. Pero las actitudes mostradas por algunos no ayudan a que este cambio se produzca. Sus empujones  a lo único que ayudan es a retrasar un cambio que ellos dan por hecho y que los demás está por ver si damos por inevitable.

Pero sin ánimo ninguno de equidistancia, la reflexión no quedaría completa sin una última pregunta. En el actual contexto político-social, desde el respeto político y el aprecio personal que me merece Enrique Maya, ¿puede un alcalde imputado presidir las fiestas de San Fermín? En mi opinión haberlo hecho ha sido, cuando menos, una osadía y una grave imprudencia.

Diario de Navarra, 12/7/2013

Atapuerca y sus secretos

Una caja de luz  en la que explicar la evolución humana

Hay lugares que ocupan un lugar de privilegio en la historia de la humanidad. Una historia que vamos conociendo cada día un poco mejor, gracias a la ciencia y al denodado esfuerzo del hombre, ayudado en ocasiones por la casualidad o la fortuna.

Eso es lo que sucedió en una sierra próxima Burgos a finales del siglo XIX. La apertura de una trinchera para dar paso al ferrocarril minero permitió descubrir una serie de yacimientos que solo comenzaron a ser excavados sistemáticamente a partir de 1978. Desde entonces, Atapuerca es el yacimiento más conocido de la arqueología prehistórica mundial.

“Durante 70 millones de años hemos saltado, trepado, deslizado, caminado y corrido para llegar a este lugar. Sabemos que no es el final del viaje y que el nuestro es un largo camino inacabado”, señala uno de los textos de presentación. Pero puedo asegurarles que ustedes no encontrarán en ningún otro lugar del mundo un espacio más propicio para conocer  dicho pasado. Con una ventaja adicional: lo tenemos a dos horas de viaje que, además, si lo hacen por la carretera Pamplona-Logroño-Burgos, coincide en su totalidad con el Camino de Santiago, lo cual es un doble premio.

La visita al complejo de la evolución humana, que es muy aconsejable realizarla en familia, porque el desplazamiento es corto y el interés trasciende de generaciones, puede comenzarse en Ibeas de Juarros, un pueblecito a pie de carretera donde se inauguró en marzo de 2012 el centro de atención de visitantes. Desde aquí, se pueden visitar los yacimientos y el parque arqueológico.

El equipo de investigaciones de Atapuerca está sacando a la luz importantes fósiles que nos van a permitir escribir la historia del continente europeo y conocer cómo han evolucionado los diferentes grupos humanos en Europa desde hace más de medio millón de años. Hasta ahora se han encontrado restos fósiles y evidencias directas de la presencia de cinco especies diferentes: Homo sp. (aún por determinar, 1.200.000 años), Homo antecessor (850.000 años), Homo heidelbergensis (500.000 años), Homo neanderthalensis (50.000 años) y Homo sapiens (nuestra especie). La arqueología nunca es fácil, pero visitar la Sima del Elefante, el Complejo Galería y la Gran Dolina de la mano de los especialistas es una experiencia que perdurará en el recuerdo.

Junto al pueblo de Atapuerca se encuentra, asimismo, el Parque Arqueológico, un espacio que nos permite viajar por millones de años en el espacio de una hora. Se trata de un centro, básicamente didáctico,  que recrea la vida en la Prehistoria.

Pero la pieza clave del complejo es el Museo de la Evolución Humana, situado en pleno centro de Burgos, al otro lado del río Arlanzón, justo enfrente de la ciudad histórica. La primera sorpresa es el edificio en sí. Juan Navarro Baldeweg ideó una caja de luz y de transparencia, donde el acero, el cristal y el color blanco permiten albergar un espacio amplio y diáfano, especialmente apto para explicar el relato de la evolución humana.

El contenido del museo, tan interesante como complejo, permite apreciar en su planta -1  el gran legado de la Sierra de Atapuerca y sus restos fósiles más emblemáticos. La planta 0 está dedicada a la evolución en términos biológicos, resaltando tres espacios propios: los dedicados a Darwin, Ramón y Cajal, y las reconstrucciones escultóricas de las más emblemáticas especies que poblaron la Tierra a lo largo de los últimos siete millones de años. La planta 1 despliega una reflexión  más compleja de la evolución en términos culturales: hominización y humanización. Y finalmente, la planta 2 se destina a mostrar tres de los ecosistemas que más influyeron en el devenir humano: la selva tropical, la sabana y la tundra-taiga.

Con crisis, las visitas culturales también son posibles. No tengan envidia. Por muy lejos que vayan otros, pocas cosas verán tan estupendas como estas que tenemos tan cerca.

Diario de Navarra, 11/7/2013

Viaje a Turquía. La ciudad de las colinas. 6 de abril (X)

2013-04-06 09.32.44Vista del complejo de Eyup, con Ali Isan y el grupo en primer término  

Tras la consabida llamada a la oración, repetida en las múltiples mezquitas de la ciudad, amanece en Estambul. El patio interior del hotel se abre a una colina repleta de edificaciones de las que emerge una mezquita más, amplia y solemne, del selecto grupo de las grandes. Un desayuno amplio con el yogour como pieza estrella, nos da fuerzas para abordar el intenso tercer día.

 

2013-04-06 11.08.32Vista exterior de San Salvador en Chora, un reclamo turístico de primer orden

Comenzamos por el mirador de Pierre Loti, el gran escritor francés enamorado de Estambul y de su gente. Desde la colina, hoy ocupada por un sereno cementerio, en parte histórico y en parte en uso, se divisa con precisión el Cuerno de Oro y la evolución sufrida por el barrio en los últimos años. Su resultado ha consistido en el derribo de fábricas y una mejora ambiental considerable del brazo de mar. Al fondo, como siempre, Topkapi, Santa Sofía y la Mezquita Azul, el Mármara y los rascacielos que han surgido por doquier.

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El nártex de San Salvador en Chora contiene el grupo de mosaicos más completo de Estambul

Por un camino empedrado, en medio de las tumbas, descendemos hasta el complejo de Eyup  que, además del mausoleo del fundador, acoge la mezquita del mismo nombre. Es lugar santo para los turcos, algo así como la Meca local, y la unción de hombres y mujeres en el exterior y en el interior es manifiesta. El local, hermoso y sosegado, será la última de las mezquitas visitadas.

2013-04-06 10.24.13Vista de la radiante cúpula de San Salvador en Chora

De ahí, tras pasar por el cinturón de murallas de la ciudad, especialmente rico en este tramo, nos acercamos a los extramuros de la urbe histórica. Eso es lo que significa San Salvador en Chora, la iglesia bizantina que vamos a visitar. El lugar no defrauda. A lo complejo de su planta, con ante-nártex, nártex y nave propiamente dicha, fechable entre los siglos VI y XII-XIII, se une un extraordinario conjunto de mosaicos, los más espectaculares de la ciudad junto con los de Santa Sofía. Escenas completas de la vida de la Virgen, verdadera biblia musivaria, se unen a episodios históricos dedicados a la Anástasis y el Juicio final. Un conjunto recoleto, excepcional en calidad y estado de conservación, que sin duda permanecerán en nuestra retina.

2013-04-06 13.09.44Un momento de relajo tras la comida frente al Már de Mármara

Pese al infernal tráfico, la comida la tenemos en las orillas del Mármara, en un restaurante situado entre dos bloques de muralla. Limpia, rápida y apetitosa, ya que nos esperan otros rincones de la ciudad.

2013-04-06 13.11.08El detalle del capitel  y la flor situados en el lienzo interior de la muralla dan cuenta de la riqueza artística de Estambul

Una vez más, cruzamos el puente intercontinental para pasar a la orilla asiática. Dejamos Dolmabaçe, pero nos acercamos a Beylerbeyi, otro de los palacios mandados construir por los sultanes del siglo XIX para emular a sus coetáneos los reyes de las potencias occidentales, Inglaterra y el Imperio Austro-Húngaro, sobre todo. El lujo insultante, la decoración excesiva y el gusto, a veces dudoso, dominan todos los detalles y todos los rincones. Un ejemplo más de la separación existente entre una oligarquía ajena al tiempo histórico y un pueblo sumido en la pobreza y la opresión. Nada extraña que, como fruta madura, las monarquías absolutas acaben cayendo una tras otra y que las llamadas parlamentarias tengan cada vez más difícil encaje en nuestro tiempo. La imputación de la infanta Cristina es un aviso para navegantes que el rey y el príncipe harían muy bien en tener en cuenta. Veo factible la llegada de Felipe VI, pero me parece difícil el acceso  al trono de su hija y sucesora.

2013-04-06 15.53.27La bruma y la contaminación apenas permiten apreciar laa conurbación de Estambul que aparece al fondo

Para culminar la visita a la ciudad accedemos a la colina Camlica, la más alta del lado asiático. Lástima que la bruma y la contaminación impidan unas vistas nítidas sobre la ciudad histórica y disfrutar de un horizonte abierto. Pero, una vez más, enumeramos ahora  casi de carretilla los edificios emblemáticos de la misma. Definitivamente, Estambul ya es de la familia. De las familias es también la colina en la que estamos. Todos disfrutan de un fin de semana de temperatura agradable. Abuelos, padres e innumerables hijos, que es una de las imágenes típicas de la ciudad.

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La bandera turca, onmipresente en cada rincón del pais

Entre los grupos sobresalen las parejas de novios, occidentales más, con velo otras, pero todas ataviadas en blanco o tonos turquesas para la ocasión. Y todo ello presidido por la bandera turca, omnipresente en colinas, promontorios y edificios oficiales. Un símbolo orgulloso de la joven república que se perfila como una de las potencias claves en la zona del medio oriente.

Finalizamos la jornada en la Estambul moderna, visitando la calle Bagdag, habitada por la clase media alta. Buena urbanización, tiendas elegantes, coches de alta  gama y extraordinarios jardines componen la estampa en la que apenas se dejan ver los pañuelos y abundan los estereotipos occidentales.

2013-04-06 16.52.07Una de las sorpresas de Estambul son los primorosos jardines que abundan en toda la ciudad

Hemos pasado a lo largo de estos tres días por los nuevos estadios del Galatasaray, El Besiktas y el Fenerbaçe. El fútbol y sus héroes son otra de las pasiones turcas.

El paseo por la ciudad nos permite apreciar, además del intenso tráfico de vehículos, el ir y venir interminable de las gentes de un lado a otro. Aceras repletas, parques atestados, edificios en rehabilitación, son el paisaje constante. Ni un solo incidente de importancia hemos podido presenciar. Y esto, en una ciudad como Estambul, tiene su mérito.