Reflexiones poselectorales

Ayer, 20 de noviembre, España entera celebró elecciones generales. Y digo celebró porque, pese a los años transcurridos desde el inicio de la transición democrática en España, sigue siendo un gozo como ciudadano poder elegir a las personas que nos representarán en los próximos y cruciales años que nos esperan. Y todavía más en la circunstancia presente, en la que los cambios de gobierno en Grecia e Italia, dos países mediterráneos como nosotros, han tenido lugar sin pasar por procesos electorales. El resultado es conocido por todos: victoria arrolladora del PP, debacle socialista, auge del nacionalismo en Cataluña y País Vasco y crecimiento de partidos nacionales menores, caso de IU y UPyD. Ya no hay excusas. Solo queda esperar que el PP tenga de verdad un programa para salir de la crisis y lo aplique a la mayor brevedad posible.

Que Navarra es una tierra plural está fuera de duda a estas alturas. Una vez más, los resultados así lo confirman: cinco escaños, cuatro fuerzas políticas y cinco partidos. No cabe mayor pluralidad. La coalición UPN-PP no logra el tercer y esperado diputado; el PSN-PSOE, aunque sigue siendo la segunda fuerza, experimenta una fuerte caída; Amaiur no logra la hegemonía neta en el mundo nacionalista; y Geroa Bai, es decir, Uxue Barkos, logra un escaño muy meritorio con la ayuda del Diario de Noticias.

La situación del Gobierno de Navarra no empeora sustancialmente respecto a la etapa previa a la contienda electoral. La alternativa de mayoría absoluta para UPN-PP en unas nuevas elecciones no está nada clara. Por otro, los previsibles apoyos de UPN al programa de recortes del PP, que llegarán más pronto que tarde, perturbarán la marcha, pero no creo que hagan descarrilar el convoy.

Ya en clave más local, Los Arcos continúa con su habitual predominio conservador, mientras que Oteiza registra un virtual y triple empate técnico entre Amaiur, PSN-PSOE y UPN-PP.  Dos votos nos han faltado para que Oteiza fuera, juntamente con Azagra, los dos únicos municipios de Tierra Estella en los que el PSOE ganara las elecciones. Un motivo más para acrecentar el esfuerzo y recuperar, por la vía de los hechos, una hegemonía que ha costado mucho alcanzar.

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Medallas eclesiales

El domingo pasado asistí en la catedral de Pamplona a la entrega de la medalla de la iglesia diocesana 2011. La mañana dominical, en este otoñal y todavía suave noviembre, invitaba a cierta melancolía. Desde la calle Curia, la fachada de la catedral, magníficamente rehabilitada en lo material y cada vez más valorada en lo artístico, brillaba con luz suave envuelta en los sones de las campanas comandadas por el tono grave de la hermana mayor, la campana María. El interior del templo ofrecía un aspecto esplendoroso, con autoridades, galardonados, invitados y feligresía, arracimados en la nave central en torno al sepulcro de Carlos III y doña Leonor.

Dejando a un lado el elemento religioso de la celebración, el esencial en la consideración de un creyente, pocos ámbitos alcanzan hoy la hondura y belleza de la liturgia cristiana, fruto de una decantación histórica y cultural de siglos. Y, una vez más, la celebración catedralicia fue un notable ejemplo de esa tradición. Aun sin la presencia del arzobispo, de visita pastoral en Corella, la novedad de las cruces parroquiales y los coros participantes, la capilla de música de la propia catedral, y los de Espinal-Auritzberri y Tudela añadió un plus de universalidad y solemnidad digno de resaltar.

Bajo el nombre de “iglesia diocesana” se incluyen muy diferentes realidades: desde la estructura administrativa y de poder, hasta el feligrés de la última parroquia; desde sectores de vanguardia en la ayuda social y acompañamiento al necesitado, a comunidades recluidas en el interior de sus iglesias y conventos; desde movimientos conservadores o inmovilistas, hasta sectores mucho más aperturistas, en difícil diálogo con la jerarquía. Todo eso, y mucho más, constituye la rica y plural personalidad de la iglesia diocesana, tan diversa como la misma Navarra. Una iglesia, que afortunadamente perdido parte de su poder e influencia material, busca en un contexto secularizado e indiferente, cuando no crítico, su identidad, su autonomía y una autofinanciación que le permita ser más libre todo poder.

¿Y por qué y para qué una medalla de la iglesia diocesana? Ambas cosas pretende dejarlas claras el señor arzobispo en su carta de presentación: “este galardón tiene como objeto reconocer por parte de las iglesias diocesanas de Pamplona y Tudela, como signo y expresión de agradecimiento, la tarea llevada a cabo por personas, grupos o instituciones, que hagan visibles los valores del evangelio en la sociedad navarra, de manera especial trabajos continuados y trayectorias relevantes”. La medalla será concedida por un jurado encargado de recibir propuestas de sacerdotes, parroquias, agentes de pastoral, organismos diocesanos, etc. Este año, como preámbulo, hechas las consultas oportunas, el arzobispo ha decidido otorgar el premio a la Fundación Caja Madrid por su decisiva participación en la rehabilitación de la fachada de la catedral.

De la misma forma que discrepé de la nueva orientación del Premio Príncipe de Viana de la Cultura que otorga el Gobierno de Navarra, me permito hacerlo ahora, desde el máximo respeto, con esta concesión diocesana por un doble motivo. En primer lugar, y dado el contexto en el que vivimos, no me parece oportuno que la primera medalla se conceda a una institución dependiente de una entidad bancaria y por una razón estrictamente material: la aportación económica a la rehabilitación de la fachada de la catedral. Y la segunda, porque puestos a premiar a instituciones que velen por el patrimonio, me parece que el galardón se lo merece mucho más la Diputación Foral-Gobierno de Navarra que, a través de la Institución Príncipe de Viana y desde hace 71 años, ha dirigido y financiado la restauración de buena parte del patrimonio eclesiástico, incluidas las catedrales de Pamplona y Tudela.

En todo caso, sobran colectivos y personas que hacen visibles los valores del evangelio en nuestra sociedad, merecedoras de esta distinción. En años sucesivos tendremos ocasión de comprobarlo. Mientras tanto, y pese a las reticencias, enhorabuena a los premiados en esta primera edición, porque todos han realizado un buen trabajo.

 Diario de Navarra 17/11/2011

De sueldos y dietas

Tras casi mes y medio sin la habitual tertulia de Ondacero, debido a los horarios del futbol que son prioritarios en la programación, ayer pudo desarrollarse la tertulia quincenal. Tras una breve referencia por parte de los presentes al resultado del debate electoral, centramos toda nuestra atención en un tema de indudable impacto mediático: la decisión del Gobierno de Navarra de utilizar nuevos criterios en relación al sueldo de los consejeros y de los altos cargos del gobierno.
Les resumo brevemente mi posición en este tema. Tradicionalmente, los consejeros del Gobierno de Navarra recibían un sueldo y una serie de dietas por asistencia a consejos y empresas participadas de la CAN, entidad de la que los consejeros del gobierno eran consejeros natos. Para hacerse una idea de la cuantía diré que en 1986, percibí por la asistencia a los consejos una cantidad de 840.000 pesetas, lo que supuso el 17,5% del sueldo total anual. Esta modesta cantidad fue incrementándose progresivamente a lo largo de los años, hasta alcanzar, según hemos sabido por los medios de comunicación, la disparatada cantidad de 1700 euros los consejeros y 2600 euros la presidenta por la asistencia a la Junta de Fundadores y la estrambótica e ignota Comisión Permanente de la misma.
De acuerdo con la pretensión del PSN-PSOE de incorporar la transparencia a la gestión ordinaria del gobierno, se pretende que los sueldos del Ejecutivo navarro queden fijados en la Ley de Presupuestos. Con este paso, somos la cuarta comunidad española que lo hacemos, tras País Vasco, Cantabria y Canarias. Es más, seremos la primera en incorporar también los datos y sueldos del sector público empresarial, especialmente importante por la opacidad que lo ha caracterizado hasta el presente. Queda pendiente la reordenación salarial de departamentos, fundaciones e institutos, que carece de toda lógica.
La pregunta que interesa es la siguiente: la presidenta y los consejeros, ¿ganan poco o mucho? No hay respuesta concluyente. Pero conviene saber que más de 800 funcionarios del propio Gobierno de Navarra ganan tanto o más que la presidenta del ejecutivo. Evidentemente, el nuevo sueldo es mayor que el anterior, pero sustancialmente inferior a lo que de hecho ganaba buena parte del propio gobierno, vía dietas.
Estas cantidades finales han sido fruto del equilibrio de dos partidos que partían de tesis sustancialmente distintas. Bienvenido sea, en todo caso, el ejercicio de transparencia que esto supone. Esperemos que sea el inicio de una serie de medidas que hagan realidad el “gobierno abierto” prometido. Y que lo sea a la mayor brevedad. Reducir la brecha entre administradores y administrados es tarea tan urgente como necesaria.

 

La mujer rural

Que vivimos en un mundo globalizado, es una realidad incontestable. Los efectos de este proceso hasta hace poco prácticamente desconocido están presentes, en sus aspectos positivos y negativos, en nuestra vida diaria. Entre los primeros cabe citar los avances de todo tipo, especialmente los científicos, que se generalizan rápidamente al margen de la zona del mundo donde se haya desarrollado la investigación. Entre los segundos están de rigurosa actualidad los económicos, con impactos que notamos en nuestros bolsillos, aunque el fenómeno que los ha provocado se encuentre a miles de kilómetros de distancia.
Junto con la globalización, existe otro proceso cuya toma de conciencia ha crecido extraordinariamente en los últimos lustros: el sentido de  pertenencia a un único mundo, cuyo futuro es cosa de todos cuantos habitamos el planeta tierra. El nacimiento del habitante número 7.000 millones,  Danica, una niña filipina venida al mundo a las cero horas del día 31 de octubre de 2011, es un buen ejemplo de esta nueva conciencia unitaria.
La ONU, el organismo que debía llevar a cabo la gobernanza mundial, es probablemente el foro internacional más conocido de cuantos existen actualmente en el mundo. Una de sus tareas es la de tratar de concienciar a los habitantes del planeta sobre problemas, enfermedades o colectivos vulnerables. Para ello ha establecido una serie de “días internacionales” distribuidos a lo largo del año, que tratan de llamar la atención sobre un ámbito concreto. La idea, sin duda benemérita, ha perdido parte de su actualidad porque en el momento presente son nada menos que 134 los días internacionales que contempla el calendario. Constituyen casi un calendario alternativo laico, frente al santoral de la iglesia católica, tan presente en la tradicional civilización occidental.
El pasado 15 de octubre, se conmemoró el “Día de la mujer rural”, y tal vez no esté de más una pequeña glosa de su significado, precisamente por lo inadvertido que pasa un fenómeno tan familiar como trascendente.
Es ya casi un lugar común hablar de la importancia de la mujer en el Tercer Mundo. Cuantos visitan estos países nos hablan de que es la mujer quien sostiene no sólo la vida familiar y la estructura social, sino quien protagoniza buena parte de los intentos por salir del subdesarrollo y promover la educación y la cultura. Si del Tercer Mundo nos acercamos a Navarra, el protagonismo de la mujer rural es igualmente significativo. El matriarcado navarro ha sido una de nuestras señas de identidad, pero su incidencia quedaba reservada al estricto ámbito familiar. Sin embargo y afortunadamente, en las últimas décadas el creciente protagonismo de la mujer ha abierto nuevos horizontes a un tipo de vida de por sí cerrado y encorsetado. Su presencia en la vida comunitaria es cada vez más relevante: las APYMAS son, básicamente, asociaciones de madres; las asociaciones culturales están mayoritariamente formadas por mujeres; en los actos cívicos, el público femenino es siempre preponderante; y los cursos que se imparten tienen nombre de mujer. Ni que decir tiene que el ámbito de la salud y el bienestar social es coto casi exclusivo suyo. Solo parecen resistírseles las parcelas de poder, sea este político, económico o religioso. Pero caerán como fruta madura, de la misma forma que lo han hecho otros ámbitos hasta hace poco reservados a la esfera masculina. Es el momento de ponderar, agradecer y estimular. Nuestros pueblos son lo que son porque las mujeres rurales han decidido tomar las riendas. Y este fenómeno en marcha es afortunadamente irreversible.
Diario de Navarra, 3/11/2011