Lazarillo de Tormes

Lazarillo

Ópera de Cámara de Navarra es un grupo artístico que reúne a profesionales de los más diversos ámbitos, unidos en su noble tarea de crear un espectáculo total, que eso es lo que en el fondo persigue la ópera. Tienen en su haber un importante número de obras puestas en escena y su buen hacer les ha permitido recorrer, además de los escenarios navarros en los que ya son un clásico, otros teatros españoles de reconocido prestigio.

En esta ocasión, su apuesta ha sido especialmente arriesgada, ya que se han atrevido con una de las obras más clásicas e importantes de nuestra literatura, el Lazarillo de Tormes El riesgo también ha existido para los responsables institucionales de la Comunidad, porque la obra abrió ayer la 46 Semana de Música Antigua de Estella. Y creo poder decir que el éxito acompañó ayer esta doble apuesta, aunque el público asistente no fuera tan numeroso como la obra y el esfuerzo de montarla se merecían.

Un texto adaptado y cuasi versificado sirvió de soporte a una música en la que Íñigo Casalí demostró sus dotes de compositor y director. Con un eco claramente renacentista en la que los entremeses de Mateo Flecha tampoco estaban ausentes, la obra fue desarrollándose en números que permitieron escuchar arias, dúos, tríos, coros reducidos y concertantes. Nuestro autor incluso se permitió un guiño que tuvo su gracia, con la introducción de un número que evocaba la opereta en medio de los acordes polífónicos propios del siglo XVI.

El espectáculo tuvo su mérito y basó su éxito, además de lo apuntado, en tres pilares básicos: el reparto vocal, la orquesta y el equipo artístico.

Las cinco voces sostuvieron bien una obra nada fácil, aunque unos estuvieran más sólidos que otros. Pero debe destacarse a Raquel Andueza, que no tuvo reparos en aceptar una obra complicada y de riesgo, ella que ya empieza a gozar de las mieles del éxito del público y la crítica.

La orquesta, con solo nueve componentes, rayó a buena altura, con instrumentos que acompañaban a los solistas o dialogaban entre ellos con limpieza, soltura y buen hacer, dirigidos por el maestro Casalí,

Y junto a cantantes y orquesta, el equipo artístico hizo posible una puesta en escena ágil y lucida con medios muy escasos. Adecuada la escenografía, eficaz la iluminación, aparente el escenario y medido el vestuario, la peluquería y el maquillaje. El conjunto de tres piezas móviles y los artefactos a modo de esculturas que acompañaban la representación resultó ingenioso y visualmente atractivo.

La sesión de ayer, celebrada en la sala principal de los cines Golem de Estella, suscita algunas reflexiones finales: el buen espectáculo no necesita necesariamente ni grandes inversiones ni elencos numerosos; dar cancha a lo que tenemos en casa, si tiene calidad, es obligado y oportuno; un espectáculo de estas características debería circular, al menos, por las principales espacios escénicos navarros antes de salir al exterior.

Un buen, distinto y prometedor comienzo de la Semana de Música Antigua de Estella.

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