Víctor Urrutia, un navarro cabal

Victor1

Hace unas semanas, mi buen amigo Javier Pagola, periodista jubilado y comprometido en causas varias, me invitó a la presentación del libro de Víctor Urrutia Memoria de silencios, que iba a tener lugar en la Biblioteca de Navarra. No pude asistir, pero le pedí que me enviara el texto, un escueto libro de poemas, que tanto me ponderaba. Y la tarde del día 26, en vísperas de conocer los resultados de la triple cita electoral, la dediqué a leer, reflexionar y escribir el texto que ahora les ofrezco.

Si tuviera que resumir su vida en pocas líneas, diria que Víctor Urrutia Abáigar fue un hombre de fuertes ideas políticas, un socialista honesto, un excelente profesor universitario, un cristiano comprometido y un poeta tardío.

Nació en Andosilla en 1945, y allí, en una villa que sufrió muy mucho la represión de la guerra y la posguerra, vivió durante su infancia. Pasó su juventud en Pamplona, comenzó a trabajar en un banco, y se inició en las primeras acciones políticas. De allí pasó a Bilbao, donde redescubrió su fe cristiana al calor del concilio Vaticano II, militó en la clandestinidad, fue detenido y sufrió torturas.

Victor2

En la democracia, Víctor Urrutia supo combinar su pasión por la acción política y la gestión pública con la docencia universitaria. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Deusto y catedrático de Sociología Urbana en la UPV, pronto se convirtió en una autoridad de la investigación urbana. Como sociólogo ha dedicado muchos años a tratar de entender cómo funcionan las sociedades, a descubrir sus grandes problemas, a realizar un diagnóstico acertado y a proponer políticas y soluciones.

Esta docencia universitaria, unánimemente alabada por sus alumnos, la compatibilizó con tareas de gestión en la propia universidad. Fue vicerrector de profesorado en los duros años de plomo y un abanderado de la defensa de un campus pluralista frente al fanatismo y el crimen. En este difícil contexto, él hizo de la coherencia una forma de estar y de servir que abarcaba todos los ámbitos de su personalidad y de su vida: como profesor, como socialista, como cristiano y como ciudadano. La contrapartida, la imaginan ustedes: escolta durante varios años, mal visto en determinados ambientes y malinterpretado por quienes prefirieron contemporizar con los amigos de los verdugos y sus aledaños.

Y junto a la docencia y la gestión universitaria, la política activa. Ocupó en 1994 la dirección de Asuntos Religiosos en la Secretaría de Estado de Justicia, en el gabinete de Felipe González. En 2005 fue designado senador del PSE por el Parlamento Vasco, partido al que llegó desde Euskadiko Ezkerra. Y en tiempos de Patxi López como lehendakari, fue responsable del Gabinete de Prospecciones Sociológicas del Gobierno Vasco.

Pero a esta vida fructífera y plena le faltaba todavía una sorpresa. Vio publicado en vida El libro de los días, y tras su muerte acaba de ver la luz Memoria de silencios. Su poesía, nada académica ni edulcorada, es recia, firme, honda y sentida. Más que exégesis, sus poemas requieren una lectura atenta en conexión con la sociedad y la vida que nos ha tocado vivir. Permítanme que escoja para ustedes algunos fragmentos:

¿Quién no ha visto odio en nuestra sociedad? Víctor lo aprecia así: “He visto el odio:/es oscuro,/ y es desprecio./ También ignominia culpable./Habita los arrabales del alma,/ y de pronto se dispara/ chulesco, envalentonado,/ curvo el torso,/ diente afuera./ ¿Qué hacer?/Aguantar. (…) Conviene, pues, mostrarlo así,/ desnudo./ Reírse de él si se puede./ y ofrecer enseguida/ otra estampa”.

El odio, a veces, se traduce en muerte. Un poema titulado “Silencio”, lo traduce así: “Sobre el ala rota del pájaro/ se hizo el silencio./ ¿Quiénes son los héroes: los que predican el horror/ o los que se resisten a él?/ Las miradas se hicieron sospecha, / las palabras susurros,/ los cuerpos materia invisible./ ¿De qué os quejáis,/ si aquí se vive muy bien?/ Se lo decían a los heridos,/ a los familiares de los muertos,/ a los amenazados,/ a los exiliados./ Lo decían por radio y televisión,/ lo siguen diciendo/ como si nada hubiera pasado,/ como si ellos no hubieran estado aquí/ y nosotros tampoco”. Esas muertes, que durante años solo provocaron silencio, le afectan especialmente: “Silencio sobre silencio/ (…)Silencio que lo calla todo:/ amistades, conciencias,/ ciudades,/ miradas./ (…) No dejaré que me venza,/ no dejaré que me calle/ ese pertinaz silencio”.

Tras aquellos duros años que no conviene olvidar, llegó el final y la luz, la vida, siendo las mismas se volvieron diferentes: “Salir/ caminar con tu rumbo/ ligero de peso/ abierto y libre/ como el aire/ en el campo./ Salir/ recorrer las calles/ tocar a la gente/ conversar/ escuchar el rumor de la vida./ Salir/ sin nadie a tu espalda, libre”.

Sirvan estas líneas para agradecer el trabajo y el testimonio de este navarro cabal, ciudadano coherente y comprometido. Y si pueden, lean su poemario. Rezuma vida.

Diario de Navarra, 30/5/2019